Rodríguez Valls, Francisco. El sujeto emocional. la función de las emociones en la vida humana [Reseña]
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RESEÑAS ANUARIO FILOSÓFICO 49/2 (2016) 474 hábito como de una mezcla de metafísica y poesía. Esto expresa bien las virtudes y las carencias de un ensayo, en general, oscuro, rico en sentencias injustifi cadas, aunque original en su propuesta. Además de la gradación de las formas de existencia, que conectan al ser humano con la naturaleza, el autor refi ere diversas condiciones y leyes del hábito. Ravaisson concede una importancia decisiva a la temporalidad. Escribe: “La existencia inorgánica no tiene por tanto ninguna relación defi nida con el tiempo. La vida implica una duración defi nida, continua; la vida animal, una duración defi nida, entrecortada por intervalos vacíos, y distinguida en períodos, un tiempo dividido y discreto. Ahora bien, es en la intermitencia de las funciones donde más claramente parece manifestarse la espontaneidad” (p. 24). En tanto que proviene de una fundación espontánea libre que deriva en inercia material, el hábito es una degradación hacia el mundo de la naturaleza inconsciente. En tanto que potencialidad para admitir nuevos cambios alternativos, movimientos en otras direcciones, el hábito es un principio de espontaneidad en el más bajo nivel de la conciencia. Aparte de las leyes de la conservación y de la espontaneidad que el ensayo procura elaborar, se trata de un discurso sobre la escala natural. Esta escala metafísica comparece a la hora de describir la conciencia humana en todos sus niveles y graduaciones. El hábito es su “último peldaño” (p. 57). Esta disquisición puede entender como una extensión del apartado especulativo de Essai sur la ‘Métaphysique’ d’Aristote. Álvaro Cortina. Universidad Diego Portales Universidad de Leiden [email protected] RODRÍGUEZ VALLS, FRANCISCO El sujeto emocional. La función de las emociones en la vida humana, Thémata, Sevilla, 2015, 185 pp. Es habitual escuchar que nuestra sociedad avanza a pasos agigantados. Esto puede ser cierto según la noción que uno posea sobre el
ANUARIO FILOSÓFICO 49/2 (2016) RESEÑAS 475 avance y el progreso: mientras que en lo tecnológico el ser humano ha progresado enormemente en el último siglo, todavía hay ciertos aspectos de lo humano que siguen sin ser resueltos. Este es el caso que se nos presenta cuando refl exionamos sobre nuestra propia naturaleza, puesto que todavía no tenemos una respuesta clara a la pregunta “¿qué es el ser humano?”. Valls piensa que ha habido un error al conceptualizar al ser humano. El intento más conocido se encuentra en la concepción aristotélica del ser humano como animal racional, es decir, como un animal al que se le añade lenguaje. Este dualismo se repite en la historia del pensamiento con la distinción ontológica de cuerpo y mente, la cual, junto a la concepción cartesiana del ser humano, nos ha llevado a pensar que lo corporal se encuentra sometido a lo mental, puesto que el ser humano sería como un animal capaz de someter sus pasiones corporales. El objetivo de El sujeto emocional es presentar, mediante la antropología fi losófi ca, una concepción del ser humano que, superando el dualismo, lo contemple como una unidad integrada en el que las emociones juegan un papel primordial. La concepción dualista del ser humano debería ser enterrada para dar lugar a una concepción unitaria que responda a nuestra realidad, y, para ello, es necesario atender a las emociones, puesto que “el estado emocional es nuestra forma habitual de estar en el mundo” (p. 28). Esto rompe con la idea tradicional que trata a la emoción como una instancia irracional que debe ser sometida a la razón, para realizar un enaltecimiento de la emoción como principio de unidad de lo humano. Es sabido que Valls defi ende en otra obra, Antropología y Utopía, que la naturaleza humana está defi nida en su falta de una naturaleza única: el ser humano estaría por tanto defi nido en una apertura a la pluralidad de respuestas (F. R. Valls, Antropología y Utopía, Thémata/Plaza y Valdés, Sevilla/Madrid, 2009, 74). Esa concepción se encuentra subyacente en las ideas presentes en esta obra, y es la que permite, precisamente, el adentramiento en la consideración de las emociones como parte fundamental del ser humano. El libro está dividido en cuatro capítulos y un epílogo conclusivo. El primer capítulo sirve como cimiento del resto de la obra.
RESEÑAS ANUARIO FILOSÓFICO 49/2 (2016) 476 En él se explica el problema del dualismo y cómo la emoción fundamenta la unidad del ser humano: la emoción no debería ser entendida como irracional si nos atenemos a su estatus epistemológico, sino que formaría parte de la naturaleza de la inteligencia. Esta naturaleza hace referencia a la capacidad que poseen los seres para poner en práctica ciertas conductas que le han permitido sobrevivir evolutivamente. Las emociones en lo humano, en tanto que poseen un marcado carácter evolutivo, formarían parte de esa inteligencia de la naturaleza. Por ello, el humano es un ser eminentemente emocional y la emoción es un tipo de conocimiento orgánico que se hace presente mediante el impulso. En el segundo capítulo, Valls presenta una defi nición global del término emoción y refl exiona sobre las aportaciones de la psicología y de la neurobiología en el estudio de las emociones. Para ello recurre a William James, Gregorio Marañón, Antonio Damasio y Daniel Goleman, entre otros infl uyentes científi cos y pensadores, para de ese modo arrojar luz en el asunto y poder comenzar una refl exión fi losófi ca sobre las emociones. Con base en ello, Valls afi rma que la estructura de la emoción quedaría establecida en el estímulo, la evaluación y el impulso, y que la emoción no es un fenómeno únicamente corporal, pues en ocasiones la voluntad puede triunfar sobre el impulso emocional en servidumbre de decisiones morales o sociales. El tercer capítulo está centrado en el análisis de dos clasifi caciones de las emociones. Una es la clasifi cación descriptiva del psicólogo Paul Ekman, a la que ha llamado de ese modo por estar basada en estudios empíricos sobre la conducta; y la otra, la clasifi cación explicativa de Tomás de Aquino, basada en la refl exión fi losófi ca. Por otra parte, Valls dedica el cuarto capítulo a estudiar las emociones que son propiamente humanas, separándolas, por tanto, de aquellas que compartimos con los animales y que han sido tratadas con anterioridad. Éstas incluyen emociones que aparecen a través del intelecto y de la voluntad, y que por tanto no pertenecen a la estructura biológica del ser humano, como son la angustia, el aburrimiento o el pudor. Para terminar, en el epílogo Valls perfi la sus últimas hiladas argumentativas.
ANUARIO FILOSÓFICO 49/2 (2016) RESEÑAS 477 Dos aspectos destacan en El sujeto emocional. El primero es la reivindicación absoluta de las emociones como parte fundamental de la realidad humana. Ignoradas por los tratados científi cos y rechazadas por los fi losófi cos durante siglos, esta reivindicación es necesaria, puesto que es innegable que el aspecto emocional de nuestra naturaleza nos determina como seres. El segundo es que Valls no estudia una ni dos emociones (como es el caso de LeDoux, quien se dedicó a estudiar el miedo como paradigma del resto de emociones), sino el conjunto todas ellas partiendo desde la singularidad de las más básicas. Además, da comienzo a su estudio desde el trabajo realizado por otros científi cos y fi lósofos (como las clasifi caciones de Ekman y Aquino), buscando de este modo la interacción continua de disciplinas. Todo ello facilita la creación de una perspectiva real del problema de la emoción en el ser humano centrada en la experiencia vital y en contraposición a una experiencia sesgada fruto de experimentos de laboratorio, que, si bien poseen un importante papel en este asunto, no podrán presentar una visión completa de las emociones al tratarse de una cuestión fi losófi ca. Por otro lado, si bien una de las intenciones de El sujeto emocional es superar el dualismo como paradigma ontológico del ser humano, Valls lidia continuamente con el dualismo sin llegar a superarlo. Afi rma que él divide la estructura de lo humano en el ámbito de la vida práctica en tres partes: deseos, impulsos y voluntad, rechazando la explicación ontológica de la realidad humana como una unidad mente-cuerpo. Sin embargo, esta tríada perteneciente a la vida práctica está construida sobre un dualismo ontológico en el que el ser humano se encuentra entre afecciones corporales y afecciones emocionales. Bajo ese esquema, los deseos, los impulsos y la voluntad pertenecerían al ámbito mental mientras que las emociones animales y los aspectos determinados biológicamente no dejarían de pertenecer al cuerpo. Por tanto, la teoría de las emociones de Valls no impide que sigamos entendiendo al ser humano como cuerpo e intelecto, como espíritu y carne. A pesar de ello, el ejercicio de Valls no es nada desdeñable: intenta acoger la complejidad del ser humano para presentarlo de modo comprensible y objetivo. Sin embargo, es posible que precisamente la búsqueda de objetividad sea
RESEÑAS ANUARIO FILOSÓFICO 49/2 (2016) 478 imposible en el ser humano y sólo pueda defi nírsele en ese proceso íntimo autobiográfi co de confi guración en el mundo. Miguel Palomo. Universidad de Sevilla [email protected] ROSENZWEIG, FRANZ El país de los dos ríos. El judaísmo más allá del tiempo y la historia, Ediciones Encuentro, Madrid, 2014, 364 pp. El pensamiento de Franz Rosenzweig (1886-1929) sigue despertando un creciente interés en la fi losofía actual. Prueba de ello son los numerosos trabajos de investigación y las recientes traducciones que se van realizando últimamente sobre el autor en lengua española. El trabajo que hoy reseñamos ha sido traducido por Iván Ortega y presentado por Olga Belmonte, especialista en la fi losofía del pensador judío. El país de los dos ríos (Zweistromland) recoge una selección de artículos y lecciones impartidas en el Centro Libre de Estudios Judíos, institución fundada por Rosenzweig en Frankfurt en 1920, procedentes del tercer tomo de los Gesammelte Schriften de Rosenzweig. No se trata pues de una traducción íntegra, sino más bien de una cuidada y acertada selección de textos en los que ha primado una unidad temática. El libro ha sido dividido en cuatro bloques y, en cada uno de ellas, los textos elegidos siguen un orden cronológico. Redactados entre 1914 y 1927 coinciden con el período de mayor fecundidad de nuestro autor, y vienen a completar la panorámica de su fi losofía que desgraciadamente se truncó en 1929 como resultado de una esclerosis lateral amiotrófi ca diagnosticada siete años antes. El título del libro expresa el Neues Denken de Rosenzweig. El país de los dos ríos representa a Mesopotamia, la gran “Y” metafórica que constituye el diálogo y la conjunción viva entre la fi losofía y la religión, el judaísmo y el cristianismo, el germanismo y el judaísmo, el tiempo y la eternidad. Constantes que el lector encontrará a lo