Las Cruces y sus pregoneros
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------------------------------------------------------------------ Capítulo 10. Págs. 55 a 61 ----------- Capítulo 10 Las Cruces y sus pregoneros * Juan Carlos Gallardo Ruiz ** Francisco H. Fernández Henry ** José Manuel Gómez y Méndez ** * Intervenciones tenidas en el Encuentro “Medios de Comunicación, Corpus y Sevilla Sacramental”. ** Los nombres de los invitados-intervinientes están por orden alfabético de apellidos, a la inversa, y el ponente-relator ubicado al final. l Panel titulado “Las Cruces y sus pregoneros” fue el que cerró el segundo día de la actividad. Ponentes: Francisco J. Fernández Henry y Juan Carlos Gallardo Ruiz; José Manuel Gómez y Méndez como ponente-relator. José Manuel Gómez y Méndez: Entramos en una dimensión que hay que tocar. Creo que no hay acción en Sevilla que no tenga o use la voz. Una cosa es la dinámica, la convivencia, pero hay un aspecto que se llama la estética de la palabra. Tiene una dimensionalidad, por mucho que se viva. ¿Cómo se interpreta? La palabra fue culto de la civilización, por mucho de la creencia, hay una antropología, la cual parte de la epidermis ciudadana: es la emotividad mezclada con la racionalización del cerebro, encontrando en la palabra su proyección para comunicarse. Cuando uno se pone a ordenar una palabra con otra, se vive del sentimiento, uno proyecta el sentimiento, y ese sentimiento tiene costumbrismo y ese costumbrismo tendrá o no tendrá fe, pero eso es Antropología, sino no tendría razón de ser la Antropología como Ciencia. Hay Exaltación de la Cruz de años perdidos cuando empiezan a hacerse los Juegos Florales. Hay que estar muy metido en el mundo cofradiero de Sevilla para saber qué es la Exaltación de la Cruz de la Hermandad de la Soledad de San Lorenzo. Es algo que puede estar perdido en una imagen del E
ayer, pero es una noche donde el pudiente se encuentra en sociedad, donde hasta hay un pregón de Cruz y se paga una cuota para acceder a ese espacio. Nos acompaña Juan Carlos Gallardo Ruiz, que ha pregonado una institución milenaria, en la Hermandad de la Vera Cruz, a pesar de haber sido reconstruida después de la guerra civil. Esa hermandad monta los juegos florales, la Exaltación de la Cruz de la cual Juan Carlos ha sido pregonero. También está con nosotros Francisco Fernández Henry que ha dado un pregón en un ambiente colectivo en la ciudad de Sevilla, en la Tertulia “La Atarazana” siendo el 15 de mayo de 2011, siendo presentado por Juan Antonio Hoyos González. Es diputado de Juventud de una hermandad en Pino Montano. A través de la hermandad conectamos con él. Hablamos de la palabra, que es ponerse a pregonar la cruz, a decir sobre la cruz desde el culto de la palabra y el orden. Francisco J. Fernández Henry: Me surge un pregón en una tertulia cofrade, en una tertulia que hacemos los que nos reunimos. El primer pregón que se dio fue el de la Semana Santa. Se dio también un segundo. Y, estando en la tertulia, me cogieron de conejillo de Indias y me dijeron: “Cisco, hemos decidido que vas a ser tú quien dé el pregón de las Cruces de Mayo”. Esto me coge de improviso. Nunca he escrito en mi vida un pregón. Fue todo un reto para mí hacer un pregón de las Cruces de Mayo. Un pregón no lo escribe cualquiera; un pregón conlleva muchísimas cosas. Entonces, soy cofrade. A mí la Semana Santa me gusta. Me puse a indagar en los pregones de Semana Santa de Sevilla. Busqué, sobre todo, en los pregones de las Cruces de Mayo. Más o menos viendo lo que era la teoría del pregón, me inspiré en explicar el tema de la Cruz de Mayo y en qué se basa. Para mí fue un privilegio poder dar el pregón de las Cruces de Mayo y las vivencias fueron aceptables. Hablar de Sevilla y de cómo se viste Sevilla en ese mes, la manera en la que los sevillanos nos tomamos esta fiesta. Juan Carlos Gallardo Ruiz: Curiosamente, en Sevilla, que es una ciudad de pregones, el pregón de la Cruz de Mayo no es un pregón que haya calado. El pregón por antonomasia es el pregón de Semana Santa. Tampoco han calado el pregón taurino, de feria ni de carruajes. No hay un pregón que sea exactamente un pregón de las Cruces de Mayo. La Hermandad de la Vera Cruz, hace unos veinticinco o treinta años instituyó un pregón, el de las Cruces de Mayo. Al final, se disolvió en el tiempo y en 2001 volvió a retomarlo. Dicho pregón fue dado por mí, siguieron un par de ediciones y volvió a desaparecer. Mi pregón estuvo muy basado en lo que son las sensaciones de un sevillano en el mes de mayo porque es el último mes de la primavera. Hay
algunos años que coincide el Corpus. En mayo tiene lugar la festividad de El Rocío y, evidentemente, es el mes de María y los sevillanos somos devotos. De este pregón de la Vera Cruz y de otro que di en la parroquia de San Julián son las sensaciones de un sevillano en el mes de mayo. También, uno que di a la Virgen de la Paz he extraído unos fragmentos que leí: “En mayo Sevilla, aún es primavera. Con calor de estío, pero aún primavera. En su más alto esplendor, y como un ejemplo más del desbordamiento de nuestro sentimiento cada año acontece mayo. Mayo en Sevilla es la imagen perfecta del derroche del color, es derroche de la luz, es el derroche de la luminosidad, es el derroche de la fragancia que siempre nos acompaña. Es la conjunción de la armonía del olfato, el oído, la vista y el tacto. Calles que en mayo se inundan de flores. Flores que engalanan los pasos de las gloriosas vírgenes. Flores que son los altares de las iglesias que sornan por vez primera la comunión niña y niños sevillanos. Flores que llenan los ramos de las novias que contraen matrimonio en el altar donde reciben culto sus imágenes devocionales. Flores que sornan las cruces. Cruces que adornan las plazas de nuestras calles y los patios de nuestras casas. Casas de vecinos de antaño que llenaban de alegrías, cante, baile, nostalgia, ilusión… Ilusión de esos niños jugando a ser cofrades. Mayo irrumpe con la elegancia en el jardín que se convierte Sevilla, donde se instalan en sus plazuelas, en sus patios, en sus corralones; las Cruces de Mayo. Mayo es, desde tiempo inmemorial, el mes que la iglesia consagra la madre de Dios, y eligieron este mes porque es el mes de la transparencia, es el mes de la luminiscencia, es el mes de la comunión primera, es el mes donde se consolida la primavera. La Cruz de Mayo es la fiesta de las calles; es un lugar de diversión, de reunión de los vecinos que se congregan en torno a un barrio, en torno a una hermandad o una asociación y montan su cruz con una sola finalidad, la de convivir, la de disfrutar, la de recrearse del entorno mientras dura la fiesta. Prevaleciendo la amistad, el afecto, el encanto, la gracia y el embrujo. La Cruz no es sentida en el pueblo sevillano como instrumento de tortura ni como símbolo de martirio que abruman al Salvador. En Sevilla la Cruz es el eje de la redención, es el trono en el que Jesucristo se nos aparece eternamente cada vez que lo contemplamos en el reposo de la buena muerte. Las Cruces de Mayo son reducto de una religiosidad atada al pasar de los tiempos. Las Cruces se levantaban cuajadas de flores en las plazas, pasajes y recintos abiertos; adornados con la misma naturaleza que el mes de mayo nos proporciona. Además de mantones bordados con motivos florales, colchas multicolores y la sabiduría popular en el exorno.
Fueron pasando los años, llegando hasta principios del siglo pasado, donde las celebraciones de las Cruces de Mayo llegan a alcanzar su máximo esplendor. Tanto en las casas señoriales de la ciudad como en los corralones de vecinos, donde de verdad se celebraba la auténtica, espontánea y sincera fiesta popular. Las celebraciones de las Cruces de Mayo tuvieron una época en nuestra ciudad donde se participaba igual que hoy días se hace la Feria de Abril. Se visitaba a los amigos y familiares de las distintas Cruces, como hoy actualmente lo hacemos con las casetas de feria. Se cantaba, se bailaba, se comía y se bebía, y el final de fiesta eran los buñuelos con chocolates. Costumbres estas que fueron exportadas de las Cruces de Mayo a la actual Feria de Abril. En estos corralones y patios de vecinos es donde se palpaba todo el sentimiento desde los días previos. El montaje de la cruz, que habría sido instalada celosamente en las vísperas por las mujeres, que habrán estado trabajando sin descanso, no sólo la decoración de la cruz, sino en la labor de hacer vecindad, de hacer hermandad, de compartir los problemas y las ilusiones. También en ahuyentar el desarraigo y en fortalecer la convivencia. El centro del patio era el altar donde se colocaba la Cruz de Mayo que, sin duda, era y es la protagonista del acontecimiento. Días antes se “valdeaba”, y se fregaba de rodilla en tierra con estropajo y jabón verde, y se encalaba de blanco impoluto todo el patio. Se pintaba de verde esperanza todas las rejas y barandillas que asomaban al patio. Se hacían guirnaldas, cadenetas y flores de papel multicolores. Se abrían baúles y armarios para airear el olor del alcanfor. Los mantones y las colchas que primeramente estaban guardados por formar parte del ajuar de las hijas mayores de las casas. Llegada la primavera, la noche de la llegada de la Cruz de Mayo aparecerían las mujeres de las casas de vecinos alineando sobre el colindante de sus mejillas extensos corales engarzados en oro; sus cabellos adornados con una moña de jazmines que ellas mismas habrían hecho con las flores del jazminero del corralón. Y aparecerán en el patio vestidas de flamenca con batas de volantes y engalanadas con mantones bordados en sedas de colores. Y en sus manos revuelos de abanicos. Y en sus rostros llenos de satisfacción. Y prestas a vivir la intensa noche de la Cruz de Mayo. El mes de mayo, tiene la magia de esa fiesta que se adornan de soñadas tradiciones, que se envuelven en el mito y en la leyenda. Las Cruces de Mayo deben de volver a ser lo que fueron, noches de fiesta en los patios de corralones, engalanados de sencilla arquitectura popular, aparentemente de blanco y suntuoso encaje de farolillos y mantones de diversos colores. Patios repletos de vecinos donde se reunían mocitas y mocitos que se
pretendían, sintiéndose quebrados los corazones en la primera presunción primaveral. Y, en donde se presentía que se aproximaba el acontecimiento de una fecha señalada. Amorosa como es la de la primavera y que como culmen tenía la cita con la Cruz de Mayo”. Son pequeños fragmentos escritos con cariño y amor al transcurrir sevillano. Sigo recreando lo que eran los últimos estertores de las Cruces de Mayo en los patios de Sevilla. Nada tienen que ver las Cruces de Mayo que relato con la de finales de los años setenta. Ahora mismo, las Cruces de Mayo son un símbolo, una forma de divertirse. Las hermandades tienen sus festejos como ingresos, puesto que montan tómbolas, montan una barra... Pero, en sí el culto como se vivía en los patios se ha perdido. Os voy a leer algo así para terminar: “Hemos cruzado los brazos y Sevilla se nos va. Se nos va no sólo la Sevilla histórica o tradicional, cada vez más hay dos Sevillas. La Sevilla del centro y la Sevilla de los barrios de la periferia, la Sevilla de las grandes avenidas, de los grandes centros comerciales en detrimento del comercio tradicional, del mercado de abastos donde el contacto del tendero con la ama de casa era aquel de -“Niña llévate hoy esta pescadita para tu madre que a ella le gusta”- En la ciudad, cada vez menos se palpa este trato. Actualmente la compra se hace por teléfono o por Internet. Os decía que cada vez hay más dos Sevillas, ésta y la de los grandes edificios; la de altas torres de cemento con zaguanes, con ascensores mudos, la del portazo en tu cara y hasta mañana. En los años setenta fueron desapareciendo estos lugares donde tantos y tantos sevillanos vieron por primera vez, el azul inmaculado del cielo de Sevilla. Me refiero así a los corrales tan nombrados en las coplas sevillanas, ya sólo queda eso, la remembranza y la evocación de unos abuelos. Los mismos que al pasear por el solar ven cómo se levanta ante él un gran bloque de pisos o una parca y fría oficina bancaria mientras le dice al nieto con nostalgia -“Aquí es donde vivíamos mi familia; aquí nació tu padre”- En aquellos corralones se vivía en familia sin serlo, se compartía las alegrías y las penas, ya que las alegrías compartidas son más extensas y las penas son consideradas menos penas entre todos”. Y, por último: “Sevilla, cada mayo, ve jugando a los pasos con tableros y faldones, velas y flores y estampas de santo. Imitando a los mayores, soñando lo que les gustaría ser en la hermandad de su barrio. Sevillanos, que hemos cruzado los barrios y sin apenas darnos cuenta se nos va de las manos. Sevillanos, vamos a mantener lo nuestro, lo de antaño, las Cruces de Mayo. Cruces de Mayo de
Sevilla, tradición que el tiempo ha roto, ¿Dónde están las sevillanas que se cantaban en coro por las rejas de los patios que tienen recuerdos moros? Mayo, mes de María, mes de la flor, mes del tercio en azul que atardeciendo no quiere anochecer. Mayo, mes del color, mes de la melancolía; mayo que vio como la feria terminó y que ve con delirio como se prepara el camino hacia El Rocío. Mayo florío, mayo de gloria, mayo de camino, mayo de procesiones de impedido; calles en mayo con cruces engalanadas, adornadas con mantones bordados en seda y en lino. Mayo mariano, mayo de la Virgen María, de la Señora de la Salud en San Isidoro y en San Bartolomé, la Virgen de la Alegría. Mayo de ofrendas florales a la madre de Dios que está en los cielos. Mayo de María Auxiliadora en la ofrenda de colegios. Mayo de Corpus Christi, de luz y sahumerio; de calles alfombradas con música de campanas, que lanza la Giralda con aroma de juncia y romero, perfumando y coloreando el paso de Dios por las calles sevillanas. Mayo de balcones floríos de clavellinas y geranios de macetas apostadas en los tiestos de barro. Si la flor vuelve a nacer y en Sevilla nunca falta ‘pa’ lucirla en el pelo de una mujer. ¿Por qué las Cruces de Mayo se tuvieron que perder? Mayo de patio engalanados de cruces y encaje, de cante y baile, y que por los años de los años cuando llegue mayo nos demos cita al pie de la cruz; con sevillanía, con alegría, con arte y salud, cantando y bailando”. J. M. Gómez y Méndez: Quizás se ha perdido esa Cruz de la velá, del patio, pero hay otra dinámica de Cruz en estos momentos: hay procesiones, hay barrio. ¿Hay una evolución en el tiempo o no? F. J. Fernández Henry: La verdad es que se ha perdido. J. M. Gómez y Méndez: Entonces, ¿las procesiones que hay de barrio no son Cruces? F. J. Fernández Henry: Es otra manera de interpretar lo que son las Cruces de Mayo. J. M. Gómez y Méndez: ¿Puede ser debido a que se hayan sufrido una evolución en el tiempo? J. C. Gallardo Ruiz: Las Cruces de Mayo procesionales, los pasitos de niño distan mucho de lo que acabo de leer y de lo que pregoné en su día. Para mí, eso es jugar a la Semana Santa. La Cruz de Mayo es la convivencia en el patio de vecinos. Lo que pasa es que ya no existen patios de vecinos. Es impensable porque todo el mundo pertenece a distintas hermandades y comparte la actividad con su hermandad. El origen que la Cruz de Mayo tuvo en
su día actualmente está perdido. Algunas asociaciones de vecinos están intentando recuperarla en las hermandades con un fin económico. También es verdad que depende del calendario porque hay veces que se aproximan otros festejos y deja poco espacio. J. M. Gómez y Méndez: Hay lo que es hermandad y cofradía de penitencia o alguna de las nuevas de viernes y de sábado anteriores al Domingo de Ramos que están organizando desde la estructura oficial su procesión de cruz. ¿Eso es la transformación del ayer en el hoy de las Cruces de Mayo? J. C. Gallardo Ruiz: Son Cruces de Mayo adaptadas a los nuevos tiempos. Lo que la sociedad ahora mismo demanda es el costal y la música. Entonces, la Cruz de Mayo es el perfecto acicate para procesionar y para jugar a ser costaleros y músicos. (ir al inicio del Capítulo) (ir al Índice)