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Análisis de la identidad de género en relación con el trabajo, en contextos de crisis y desempleo en el sur de la provincia de Alicante

Téllez, Anastasia; Martínez, Javier Eloy

Abstract

En este texto reflexionamos sobre cómo ha afectado la actual crisis económica y el elevado índice de desempleo a las identidades de género de hombres y mujeres de una comarca alicantina. Lo hacemos desde un análisis antropológico atendiendo a las representaciones ideológicas hegemónicas existentes sobre género y trabajo y a las repercusiones que a nivel personal, social, cultural e identitario ha tenido el denominado estallido de la burbuja inmobiliaria, especialmente en su población masculina.

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REVISTA ANDALUZA DE ANTROPOLOGÍA. NÚMERO 11: TRABAJO Y CULTURAS DEL TRABAJO EN LA GLOBALIDAD HEGEMÓNICA SEPTIEMBRE DE 2016 ISSN 174-6796 [pp. 199-221] http://dx.doi.org/10.12795/RAA.2016.11.09 Recibido: 16/05/2016 Aceptado: 12/07/2016 ANÁLISIS DE LA IDENTIDAD DE GÉNERO EN RELACIÓN CON EL TRABAJO, EN CONTEXTOS DE CRISIS Y DESEMPLEO EN EL SUR DE LA PROVINCIA DE ALICANTE ANALYSIS OF GENDER IDENTITY IN CONNECTION WITH WORK AND CONTEXT OF CRISIS AND UNEMPLOYMENT IN THE SOUTH OF THE PROVINCE OF ALICANTE ANASTASIA TÉLLEZ Universidad Miguel Hernández de Elche JAVIER ELOY MARTÍNEZ Universidad de Murcia Resumen. En este texto reflexionamos sobre cómo ha afectado la actual crisis económica y el elevado índice de desempleo a las identidades de género de hombres y mujeres de una comarca alicantina. Lo hacemos desde un análisis antropológico atendiendo a las representaciones ideológicas hegemónicas existentes sobre género y trabajo y a las repercusiones que a nivel personal, social, cultural e identitario ha tenido el denominado estallido de la burbuja inmobiliaria, especialmente en su población masculina. Palabras Claves. Desempleo; género; identidad; crisis económica; masculinidad; antropología 199 Abstract. In this text we reflect on how the current economic crisis and the high rate of unemployment influence the men’ and women’ gender identities in a territorial district of Alicante. We will carry out this reflection beginning from an anthropological analysis which takes into account the existing hegemonic ideological representations on gender and work and the impact that the crash of the housing bubble had on personal, social, cultural and identity level, especially within the male population. Keywords. Unemployment; gender; identity; economic crisis; masculinity; anthropology 1. INTRODUCCIÓN Este artículo es fruto de una investigación antropológica más amplia que hemos llevado a cabo durante cinco años en el sur de Alicante, concretamente en la denominada comarca de la Vega Baja del Segura, pues ha sido en esta zona donde la crisis y el desempleo ha presentado especial virulencia. Hablamos de un territorio donde los efectos de la crisis económica y financiera que comenzó en 2007 ha afectado de manera sustancial aspectos tan relevantes como: el mercado de trabajo local, el tejido empresarial, el paisaje y sus usos, el nivel de vida de sus habitantes, las estrategias domésticas, la reconfiguración de los tiempos y espacios, el empleo y el desempleo, la economía formal y la sumergida, las relaciones interétnicas y los roles e identidades de género en relación con el trabajo. Tengamos presente que este territorio, principalmente agrícola hasta los años 70 del pasado siglo, fue configurando su mercado laboral en las últimas décadas en torno al sector inmobiliario asociado al turismo residencial. Estos municipios encontraron en la construcción uno de los sectores más dinámicos debido a la importante dinamización derivada del turismo (especialmente todas aquellas actividades ligadas a la segunda residencia), y por el aumento de edificaciones en áreas urbanas o rurales, que también supuso un estímulo sobre la demanda de mano de obra (Esparcia, 2003: 98). Por ello, con la llegada de la crisis, y al haber basado su economía en la construcción, esta zona puede considerarse un ejemplo paradigmático del fenómeno que muchos denominarán “el estallido de la burbuja inmobiliaria”, condenando al desempleo a una parte importante de su población, básicamente masculina. Hemos de tener en cuenta que desde el inicio de la crisis en el año 2007 han aumentado considerablemente las tasas de paro en toda España. Al finalizar este mismo año era del 8,57%, alcanzando 23,7% al terminar el 2014, es decir, elevándose un 15,13%. En la provincia de Alicante, los datos muestran una tendencia similar, con un aumento del 13,68%, pasando de un 11,23% al final del 2007, al 24,91% cuando acabó el 2014. 200 Aunque la Encuesta de Población Activa del INE, no llega al nivel de concreción comarcal, si calculamos la tasa de desempleo entendiendo a la población activa como la suma entre la afiliada a la Seguridad Social y la desempleada, la tasa en la Vega Baja del Segura se elevaría al 30,4%, frente al 27,5% que resultaría en la provincia al aplicar esta fórmula, lo cual indica una incidencia del paro todavía mayor. Si nos centramos en los diferentes sectores económicos, y la afectación de la crisis a cada uno de ellos, según los datos del SERVEF vemos cómo el más damnificado fue el de la construcción, donde el número de demandantes de empleo aumentó un 35,4% en 2007, un 118% en 2008 y un 140% en 2009, periodo de tiempo en el que se concentró la caída del sector. Otros como los servicios y la agricultura, también se han visto afectados, pero de una manera más continuada en el tiempo. Debemos advertir, que en esta comarca de la Vega Baja, la economía sumergida ha sido tradicionalmente muy elevada (Téllez, et al. 2009), por lo que muchas personas al llegar la crisis y perder su trabajo, no están recogidas en los datos oficiales del SERVEF. Especialmente las mujeres dedicadas al aparado del calzado o a los cuidados (servicio doméstico, cuidado de personas dependientes o limpieza del hogar) o lo hombres trabajadores de los sectores de la construcción o de servicios. Ello, junto a la desidia y falta de confianza en la administración pública para ofrecerles un empleo, tras años en paro, hace que debamos considerar que hay muchas más personas que han perdido su trabajo que las que aparecen en los datos de desempleo que las cifras oficiales arrojan. Es ante esta realidad, y dado nuestro interés en el análisis de las identidades desde la perspectiva de género y su relación con el empleo y el desempleo, como abordamos este estudio. Nos surgían preguntas del tipo: ¿cómo condiciona el estar en paro a las identidades femeninas y masculinas en esta comarca?, ¿está apareciendo un nuevo modelo de masculinidad y feminidad?, ¿será ahora, con este alto índice de desempleo en el sector masculino cuando los hombres se incorporen al trabajo doméstico?, ¿qué significa a nivel personal, social, cultural e identitario ser un/a parado/a y demandar empleo sin encontrarlo?, ¿coinciden los discursos con las prácticas de estas personas y hay alguna diferencia en función del sexo?, ¿se gestiona de modo diferente el tiempo de empleo en base a las representaciones ideológicas hegemónicas y los mandatos de género? La investigación antropológica en la que se sustenta este texto fue realizada desde 2011 hasta 2015 en los 27 municipios1 de la comarca de la Vega Baja del río Segura (Alicante). El principal objetivo ha sido analizar los efectos de la crisis económica 1 Albatera, Algorfa, Almoradí, Benejúzar, Benferri, Benijófar, Bigastro, Callosa de Segura, Catral, Cox, Daya Nueva, Daya Vieja, Dolores, Formentera del Segura, Granja de Rocamora, Guardamar del Segura, Jacarilla, Los Montesinos, Orihuela, Pilar de la Horadada, Rafal, Redován, Rojales, San Fulgencio, San Isidro, San Miguel de Salinas y Torrevieja. 201 y el desempleo en la población local desde la perspectiva de género, priorizándose el enfoque cualitativo que nos posibilita el estudio de las representaciones ideáticas de los sujetos sobre el trabajo y el género. Nos interesaba adentrarnos en sus prácticas y en sus ideas, así como en los códigos y significados de los comportamientos de mujeres y hombres de esta zona en torno al mundo del trabajo: doméstico (reproductivo, privado) y extradoméstico (público, asalariado). Nos planteamos, entre otros, los siguientes propósitos: a) comprobar si ante el desempleo prolongado de los hombres hay una nueva división sexual y democratización del trabajo en el ámbito doméstico y de los cuidados, y b) estudiar los efectos del desempleo en la construcción de las identidades de género masculinas y femeninas. Para su realización, y en base al trabajo de campo etnográfico, se ha priorizado la conjunción de la observación con los datos obtenidos por las fuentes orales, especialmente a través de entrevistas abiertas, entrevistas estructuradas con cuestionario cerrado y grupos de discusión, información que se ha triangulado con las fuentes documentales utilizadas. Se ha entrevistado a hombres y mujeres de diversos grupos de edad y sectores económicos pertenecientes a la población activa (ocupada o desempleada), al empresariado, a “amas de casa”, a jubilados/as, a políticos/as locales y a personal técnico (del SERVEF2), Agentes de Empleo y Desarrollo Local, etc.). 2. TRABAJOS E IDENTIDAD DE GÉNERO DESDE LAS CIENCIAS SOCIALES Consideramos el trabajo como una esfera social donde se genera un producto material e ideático, y donde los y las agentes que intervienen establecen relaciones en las que se manifiestan las divisiones sociales que se dan en la sociedad, tales como las originadas a partir de la diferencia de género, clase social, etnia o edad. La base de estas diferencias estructuran el mercado laboral, y por lo tanto determinan las personas empleadas y las desempleadas. Así, la pertenencia a un grupo u otro como componente fundamental actúa en la estructuración selectiva en el mercado de trabajo. Diversos estudios han constatado cómo la división sexual del trabajo y las cualidades y destrezas que se adscriben a cada sexo en nuestra sociedad son un constructo cultural fruto de la socialización y no están determinadas de modo innato por el sexo biológico (Téllez, 2001, 2002, 2011; Téllez y Martínez Guirao, 2007, 2009; Martínez Guirao, 2015). Como ya advirtiera Comas el trabajo es una actividad propiamente humana porque sólo los humanos inscriben las actividades de subsistencia en un marco social y simbólico que amplía las capacidades individuales y las dota de capacidad transformadora (1995: 33-34). Efectivamente, el trabajo que hombres y mujeres desarrollamos no sólo produce bienes y servicios, y genera interacción social sino que se carga de aspectos simbólicos y representaciones ideológicas. Además: 2. Servicio Valenciano de Empleo y Ocupación de la Conselleria de Economía Sostenible, Sectores Productivos, Comercio y Trabajo de la Generalitat Valenciana http://www.servef.gva.es/ 202 “Es mediante el trabajo como los sujetos de una comunidad adquieren un reconocimiento determinado, un status y prestigio, se les permite participar en el ámbito de lo compartido socialmente y se les otorga unos rasgos definidores de su propia identidad. Y es que los grupos humanos, definen una parte de su identidad a través del trabajo, porque por muy instrumentales o impersonales que puedan ser las tareas que se realicen, para el trabajador se trata de una experiencia personal, de una forma de relacionarse con la realidad en que vive, de identificarse y de ser identificado” (Téllez, 2001). Junto a los aspectos señalados, autoras como Jahoda (1987) afirman que el empleo3 cumple también la necesidad de estructurar la jornada diaria, favorecer las relaciones sociales, vincular las metas personales con objetivos colectivos e imponer una obligación de realización diaria. Es por ello por lo que compartimos las afirmaciones de Palenzuela, cuando defiende que el trabajo es un elemento central de la vida social, pues no sólo contribuye, desde su aportación material, a la existencia del grupo cubriendo las necesidades socialmente determinadas (de producción y reproducción) y a garantizar los modelos de acumulación, sino que además, desde las formas que adopta su representación ideática y simbólica aporta argumentos de legitimación de la estructura social, cooperando decisivamente a su reproducción (1996: 11-18). Las situaciones de crisis económicas, por sus consecuencias en el incremento del desempleo y la privación del ámbito laboral, tendrán necesariamente incidencias culturales, sociales e identitarias. Es por ello, por lo que en la última década, y desde la llegada de la crisis económica de 2007, numerosos investigadores desde diferentes disciplinas académicas han puesto su interés científico en el estudio del trabajo y el desempleo (Blanch y Cantera, 2009; Téllez, 2011; Montes y Louzán, 2013; López-Andreu, 2014; Rodríguez, 2014; Sanchis, 2008, 2014; Aguado, 2015). Algunos de ellos, advierten que asistimos a un cambio por parte de la población masculina más joven sobre la propia consideración del trabajo, que lejos del modelo clásico, que aún persiste, valoran, por encima de otros aspectos, el valor instrumental debido a la actual inestabilidad laboral del mercado de trabajo en contextos de crisis (Borrás et al, 2012: 419). Por otro lado, las categorías culturales del género son fundamentales para descubrir la relación entre las distintas funciones asignadas a hombres y mujeres en los ámbitos de la producción y de la reproducción social en cada momento histórico (Aguilar, 1993), y es a partir de dicha relación, como se elaboran las premisas culturales que definen a ambos géneros en nuestra cultura. Porque el género es un elemento estructurante de la realidad, y presente en otros ámbitos de la misma, puesto que define las relaciones entre los seres humanos asignándoles diversos papeles que, al ser construidos como desiguales, sitúan a hombres y mujeres en distintas posiciones (Téllez, 2001). 3. Adviértase que en este texto cuando hablamos de “trabajo” no sólo nos estamos refiriendo al empleo (remunerado) sino que incluimos bajo ese término también al denominado trabajo doméstico o del hogar, aunque no todos los autores y autoras así lo entiendan como el caso Jahoda en esta cita. 203 Las categorías de género actuarán en todas las realidades sociales de los sujetos, y por lo tanto en el mundo de la producción laboral, es decir, en el mundo del trabajo productivo y el reproductivo, con sus respectivos espacios y tiempos feminizados y/o masculinizados y el desigual valor que a ambos se les da. Se hace preciso pues profundizar en el nivel de lo ideático, y su función y protagonismo a la hora de guiar, reproducir y justificar las prácticas de los actores sociales en relación con el trabajo y con la ausencia de éste en sentido amplio en función del género. Téngase presente que uno de los grandes acontecimientos que han caracterizado la segunda mitad del siglo XX en nuestro país ha sido la incorporación masiva de las mujeres a la actividad laboral. Esto supuso una profunda transformación que ha afectado al status de la mujer en su identidad, su feminidad, su independencia, su libertad, sus tiempos, sus espacios y su interacción social, entre otros muchos aspectos. Pero esta incorporación femenina al mundo laboral no se vio correspondida en igualdad por la incorporación de los hombres al mundo de lo doméstico y de los cuidados (Comas, 2015; Carrasco, et al, 2011). La mujer se incorpora al mercado de trabajo desde un espacio de distribución de roles totalmente consolidado en una cultura androcéntrica y machista, en la cual ella cumple una función reproductiva y de soporte familiar. Así, su identidad femenina no se sustenta sobre el pilar del trabajo remunerado, sino sobre otros pilares (la casa, la maternidad, etc.), por ello, la situación de estar desempleada puede que le afecte de modo diferente al del hombre. Pues sobre el hombre recae la función productiva y se convierte en el sostén económico de la familia. Esta distribución de estereotipos establecidos en función del sexo y justificada, reproducida y mantenida por las representaciones ideológicas de género y trabajo hegemónicas, tienen un peso importantísimo en la perpetuación de la división del trabajo entre mujeres y hombres, tanto en el ámbito familiar como en el laboral y en la sociedad en general. Estas representaciones ideáticas consagran, así, un círculo cerrado de obstáculos que impiden la consecución de la igualdad real de género, convirtiéndose en uno de los factores que más influencia ha tenido y tiene en la configuración de la situación discriminatoria de la mujer en el terreno laboral. Con respecto a la identidad masculina sabemos, por numerosos estudios, que se construye en gran medida asociada a actividades desarrolladas en el ámbito de lo público, es decir, espacios sociales más allá del ámbito privado-doméstico donde los hombres pueden demostrar su masculinidad, teniendo presente que lo de “demostrar” es condición sine qua non para la identidad masculina. Entre todos estos espacios “públicos” masculinos (espacios de la cultura, la política, el deporte, la educación…), en oposición a los espacios del hogar y de los cuidados, reservados a mujeres, el mundo del trabajo tiene un puesto prioritario. Como se ha advertido (Sanfélix y Téllez, 2014: 387), en todos estos espacios, incluido el del trabajo, competir y mostrar sus logros forma parte sustancial 204 de la construcción de este tipo de masculinidad hegemónica. Así, sus logros en la vida no tienen que ver con la parte emocional, ni con sus relaciones personales, sino más bien con aquello conseguido y demostrado, material o simbólicamente en el espacio público, donde el reconocimiento de los iguales y de la misma sociedad reafirma un ideal de masculinidad del que ni siquiera parecen conscientes. Los hombres pues, lo son, en función de su trabajo asalariado, se definen como tales en relación con sus ingresos, lo que les permite cumplir con la principal función asignada socialmente: la proveedora (Gilmore, 1994; Rodríguez, 2014). Sus vidas, en tanto y cuanto hombres, podrían quedar delimitada entre el workaholismo (adictos obsesivos al trabajo) y el concepto clásico de breadwinner (ganapán, proveedor, que mantiene a su mujer, hijos e hijas) (Sanfélix y Téllez, 2014: 388), y ello está determinado por las representaciones ideológicas hegemónicas que existen en nuestra cultura sobre género y trabajo. Cuando hablamos de representaciones ideológicas o sistemas de ideas y creencias nos referimos a un conjunto coherente internamente de símbolos, valores, nociones e instituciones asociadas que proponen una visión del mundo y un código de comportamiento y que inducen a sentimientos y motivaciones culturalmente compartidas por un grupo humano. Las representaciones ideáticas de género se transmiten de generación en generación y se sustentan en procesos de socialización diferentes en función del sexo de las personas. Así podemos afirmar que: “La socialización diferencial tradicional ha llevado a que hombres y mujeres adoptaran comportamientos diferentes y desarrollaran su actividad en ámbitos diferentes. Y estas diferencias entre hombres y mujeres (generadas por la socialización diferencial) han contribuido a confirmar la creencia de que son diferentes y se comportan de forma diferente y a justificar la necesidad de continuar socializándolos/as de forma diferente. Es decir, la socialización diferencial es un proceso que se auto-justifica a sí mismo, con todo lo que ello supone” (Ferrer y Bosch, 2013: 108). Por otra parte, son numerosos los estudios que han puesto de relieve las diferencias estructurales entre mujeres y hombres en cuanto a la experiencia del tiempo, su percepción y su uso, y de manera preferente referido al tiempo de trabajo y “de no trabajo” (Álvaro, 1996; Alfonso y Poeschl, 2006; Amoroso et al., 2003; Borrás, et al, 2007; Callejo, 2005; Carrasco et al, 2003; Carrasco, 2009), de modo que su disposición o carencia en relación con las necesidades personales se ve afectada irremediablemente por la variable género. Estos estudios, entre otros, perfilan una experiencia femenina en la que el “tiempo para los demás” forma parte de las propias expectativas vitales, en contradicción muchas veces con las necesidades de empleo remunerado, independencia y autonomía, frente a la identidad masculina que inculcaría un significado del tiempo en función de un proyecto individual, en el que las expectativas vendrían marcadas por las propias necesidades y deseos, realizadas en el ámbito de lo público. 205 3. EFECTOS DEL DESEMPLEO EN HOMBRES Y MUJERES CON PERSPECTIVA DE GÉNERO Como advierten desde la psicología autores como Montes y Louzán (2013: 29)4 las repercusiones individuales del desempleo comenzaron con las grandes crisis financieras del siglo XX analizando los efectos adversos sobre la calidad de vida y la salud (Eisenberg y Lazarsfeld, 1938; Lazarsfeld, et al, 1996); y se acentuaron a partir de la década de 1970 más centrados en la experiencia individual del desempleo tanto en Europa como en España (Álvaro, 1992; Blanch, 1990, 2001; Garrido, 1999; De Cuyper, et al, 2005; Piqueras, et al, 2008). Y este tema cobra especial atención de nuevo con la actual crisis económica y financiera (Catalano, 2009; Labonte, 2009). Así: “Ha sido ampliamente reconocido y documentado que el desempleo es un acontecimiento estresante que se traduce en una experiencia psicológica negativa (ver McKee-Ryan, Song, Wanberg y Kinicki, 2005; Paul y Moser, 2009). En comparación con las personas que conservan su empleo, los desempleados manifiestan, entre muchos otros síntomas, mayor sintomatología depresiva (Bolton y Oatley, 1987), mayor sintomatología ansiógena (Layton, 1987), mayor sintomatología psicosomática (Viinamäki, Koskela y Niskanen, 1993), mayor afectividad negativa (Kirchler, 1985), menor autoeficacia (Lang y Lee, 2005), menor calidad de vida (Del Pozo, Ruiz, Pardo y San Martín, 2002), mayor probabilidad de alcoholismo (Dooley, Catalano y Hough, 1992) e, incluso, mayor probabilidad de comportamientos suicidas (Platt, 1985)” (Montes y Louzán, 2013:29). Por su parte, sociólogos y antropólogos (Poveda, 2006; Téllez y Martínez Guirao, 2007, 2009; Aguado, 2015) han centrado su interés en la vivencia diferenciada del desempleo en mujeres y hombres analizando desde la óptica de género los factores subyacentes a estas desiguales percepciones y experiencias. Recordemos, como ya apuntara Izquierdo (2013), que el orden social en nuestra sociedad se sustenta en la subordinación en donde el sistema sexo/género no es un orden caracterizado por relaciones de complementariedad sino de desigualdad y de división sexual del trabajo. A su vez, como afirma Aguado “Los cambios en la división sexual del trabajo y las dinámicas identitarias de los hombres pueden verse afectadas por las transformaciones acontecidas en el mundo del empleo. Para Merla (2006), la inestabilidad, la precariedad de las trayectorias laborales así como las deficientes condiciones de empleo constituyen factores explicativos del distanciamiento entre identidad y empleo también en los hombres” (Aguado, 2015: 213). 4. En un reciente estudio Montes y Louzán (2013) examinan el impacto del desempleo en el bienestar psicológico de las personas que lo han padecido como consecuencia de la crisis económica española actual, centrándose en el sector de la construcción, y atendiendo al tipo de contrato (contrato temporal, autónomos, contrato indefinido) o a su ausencia. 206 3.1. Cambios en la interacción social Uno de los efectos que más hemos observado y más se ha repetido en las entrevistas ha sido el cómo el desempleo ha afectado negativamente a las relaciones de pareja y al entorno familiar de nuestros informantes. “Pues ¡ni te cuento!...yo he estado en paro dos años seguidos…y ahora él lleva ya tres…Y todo son quejas…y se deprime…y está de mal humor desde que se levanta hasta que se acuesta…Yo lo entiendo…pero lo sufrimos su hija y yo…y su padres también…¡bueno! Creo que empezando por él…lo sufre toda la familia…Está mal y ya no es el mismo…” (Mujer, empleada, sector servicios, 34 años, Albatera) En relación con la anterior cita queremos precisar que este conflicto es más evidente en el caso en el que sea el hombre el desempleado en la unidad doméstica. Efectivamente, como nuestro trabajo de campo nos ha puesto de relieve, la construcción cultural de la masculinidad tradicional y hegemónica está muy presente en estas situaciones problemáticas familiares. Aún a sabiendas de que éste es un tema muy complejo, qué duda cabe de que el malestar dentro de la pareja y del entorno familiar más amplio, basado en la situación prolongada de desempleo y falta de ingresos, así como por la “desesperante” situación, sobre todo del varón, de “estar en paro mucho tiempo” incrementa directamente los problemas conyugales, desembocando, en ocasiones, en episodios de violencia intrafamiliar, de separaciones, de estrés y de múltiples formas de “disconfort”. Como expertas como Cucco han evidenciado, el desempleo en estos hombres con mentalidad patriarcal les sumerge en una situación de malestar, al verse privados de un elemento clave de identificación, el rol de proveedor, que hace que “en la vida cotidiana normal está presente la queja, queja que denuncia malestares” (2006: 65). Y es especialmente importante considerar “todos aquellos malestares que la población sufre y que habitualmente no analiza, ni cuestiona porque los considera normales, que no generan demanda explícita, sino que ocupan el lugar de la queja, que no tiene interlocutor válido y que sin embargo se cobran altos precios en Salud y Bienestar” (Cucco y Losada, 2002: 32). Del mismo modo, en el trabajo de campo, se ha desvelado cómo un gran número de estas personas desempleadas, de nuevo principalmente hombres, van aislándose cada vez más y ven reducir su círculo de amistades. Y es que a menudo comprobábamos en numerosas entrevistas cómo, una cantidad significativa de hombres entrevistados, de mediana edad, que llevaban un tiempo prolongado sin empleo, admitían su desolación y apatía, su falta de confianza en sí mismo y su soledad. Reconocían que no tenían ganas de “dar explicaciones” sobre su situación, ni de “escuchar consejos sobre cómo encontrar trabajo”, por lo que optaban por no relacionarse con los vecinos, conocidos, amigos, e incluso, familiares. 207 trampa” (Waisblat y Sáenz, 2011: 8). Así, en los casos analizados, en los que es el varón el que se encuentra en desempleo por periodos prolongados, en ocasiones, tienen una postura ambivalente: de un aparte se quejan de la situación, pero de otra, no les gusta “quejarse” o “que les vean como víctimas”…Como apuntan los expertos: “El hombre, en la apariencia de no tener la carga de los niños y la casa, no tiene peso visible, por tanto es un privilegiado, el hombre es “superior y poderoso”, ser trabajador y estar fuera de casa es un privilegio, el hombre no tiene carga. Por tanto si es un privilegiado, no puede denunciar sus malestares, ya que de ese modo “atentaría” contra sus privilegios” (Waisblat y Sáenz, 2011: 8). 3.4. La “no” democratización de la vida doméstica Uno de nuestros objetivos, como expusimos al comienzo del artículo, era comprobar si el desempleo de la población masculina de esta comarca ha conllevado que estos hombres se incorporasen a las tareas domésticas y de los cuidados. Hemos analizado el tiempo de hombres y mujeres lo que nos ha permitido comprobar que aún apenas se da la conciliación de la vida familiar y la vida laboral, desde la corresponsabilidad de los dos sexos en igualdad. Fijándonos en la relación entre el tiempo, la acción y las prácticas de estos sujetos seleccionados a partir de la distribución diferencial que hacen en el uso del tiempo como hombres y mujeres, desde la perspectiva de género, se ha constatado cómo, en la socialización de las mujeres y hombres en el sistema patriarcal respecto al tiempo, se encuentra una de las dificultades para conseguir el objetivo de la igualdad propuesto desde los actuales marcos legales y feministas. Y afirmamos esto porque hemos comprobado que sigue existiendo mayoritariamente una discriminación en la construcción del tiempo de las mujeres con respecto a la del tiempo de los hombres, a pesar de encontrarse muchos de ellos desempleados. “Hasta hace un par de años en mi casa no me ayudaba nadie. Ni mis hijos ni mi marido hacían nada en casa. Cuando él trabajaba, él venía del trabajo, yo ponía la mesa y todo, él no. Ahora, que está en paro, parece que se han concienciado un poco y me ayuda más. Parece que me ayudan los hijos y él más, lo que pasa es que se les olvida y tengo que pedírselo. Hasta hace un par de años todo lo hacía yo” (Mujer, empleada, servicios, 46 años, Orihuela) Para expertos como Sanchis: “El paro masculino provoca una reorganización del trabajo doméstico en el sentido de mayor participación del hombre (en el trabajo reproductivo), si bien por lo general el aumento es modesto y la situación sigue estando muy lejos del reparto equilibrado de tareas. En todo caso la posición laboral de la mujer ejerce una gran influencia al respecto, ya que cuando está empleada la participación del hombre es mayor” (2008: 234). 214 Aunque es cierto que aparecen casos, aún minoritarios, en los que esta construcción se hace cada vez más igualitaria, sobre todo, en el reparto de tiempo dedicado a las tareas del hogar y a la familia, estos casos de hombres “más igualitarios” son muy pocos representativos. “Mi marido apenas ha hecho nada durante años…. me refiero en mi casa. Pero cuando ya se quedó parado y yo me rompí la cadera, entonces la cosa cambió… Él está mucho más volcado en las tareas domésticas que antes…, aunque yo sigo asumiendo la mayor parte de ellas. Pero no termina de asumir que también es su responsabilidad. Yo hago los desayunos, limpio la casa, preparo las comidas, hago las camas, plancho… él colabora puntualmente en algunas cosas, poner y quitar la mesa, tiende la ropa, va a la compra… En este tiempo está haciendo más que en todos los años de matrimonio anteriores”. (Mujer, empleada, servicios, 52 años, Torrevieja). Ello, depende, en gran medida, de cómo estas personas estén socializadas sobre el tema de la igualdad, y cobra especial interés el cómo socializan, a su vez, a las nuevas generaciones en base a diferentes representaciones sociales e ideológicas con relación a roles de género más igualitarios. Las mujeres estudiadas, al preguntarles qué es lo que más necesitaban para mejorar su calidad de vida, solían nombrar la falta de dinero, trabajo o estabilidad monetaria, en una proporción menor que los hombres. Sin embargo, la gran mayoría dijeron que necesitaban más tiempo, más ayuda en casa y un mejor reparto doméstico, lo cual resulta muy significativo. Como hemos comentado anteriormente, muchos son los hombres de la comarca que desempleados pasan varias horas al día en los bares de su localidad. Hay que resaltar, que estos hombres no han cambiado en absoluto su modo de ver y vivir el tiempo masculino y femenino, y lejos, de aprovechar su nueva situación personal e incorporarse al mundo de lo doméstico corresponsablemente, al disponer ahora de todo el tiempo “desocupado”, reproducen los roles machistas de género, y “se van de casa” aunque no tengan que “trabajar” (fuera del hogar se entiende), pues no considerarán el trabajo doméstico como trabajo. Para concluir este apartado, queremos apuntar que hemos constatado cómo los hombres y mujeres investigados, además de socializarse de modo diferente en relación con el uso y valor de sus respectivos tiempos, están a la vez produciendo mediante sus prácticas, el espacio-tiempo del propio mundo de forma “generizada”. Esto, nos lleva a profundizar sobre el papel de la construcción cultural del tiempo y el cómo la temporalización está permeada por el sistema de género, para analizar su influencia en la conformación de la identidad de hombres y mujeres, como proceso cultural estructurador. 215 4. REFLEXIONES FINALES A través de este estudio hemos podido comprobar, a nivel microsocial, algunas de las consecuencias básicas de la actual crisis económica con respecto a las identidades de género en relación con el trabajo y el constante aumento del desempleo. La crisis y el paro se manifiestan de diversos modos en estas familias, conllevando cambios en las interacciones sociales, las relaciones conyugales, tensiones en las identidades de género, desencuentros familiares, conflictos en la relaciones intrafamiliares e interfamiliares, etc. Y nos ha parecido de especial interés, constatar que en ciertos casos en los que la mujer es la sustentadora de la economía familiar se genera en muchos hombres un sentimiento de amenaza a su masculinidad, basada en un sistema de género patriarcal, dando lugar esto a conflictos identitarios y de pareja que propician que, en algunos casos pudieran, derivar incluso en situaciones de violencia de género (física, psicológica y simbólica). Se ha comprobado que aún es muy minoritario el porcentaje de hombres de esta comarca que se corresponsabilizan con el trabajo en el hogar y los cuidados del ámbito doméstico, y ello, a pesar de que en no pocas familias el hombre se encuentra parado y su mujer es la que trabaja fuera de casa, dada la especial coyuntura del mercado de trabajo local. Así pues, queda aún mucho por conseguir para que exista una igualdad real en el ámbito del reparto del trabajo doméstico y en la democratización de los cuidados. A esto hay que añadir el efecto sobre la salud de la situación prolongada de desempleo, manifiesta de diversas formas, y con diferencias de género, entre hombres y mujeres en relación con el deterioro físico y psíquico: depresión, ansiedad, dependencia de psicofármacos, alcoholismo, etc. Pero sobre todo, esta situación de desempleo, en especial el masculino, está incidiendo de cierto modo en contradicciones en la identidad masculina hegemónica hasta este momento. Van surgiendo ambivalencias y diversas masculinidades o aspectos de la masculinidad tradicional que conviven en la misma persona, en el mismo hogar y en la misma familia extensa. Aunque aún de manera minoritaria, quizás este contexto de desempleo forzoso de los hombres haga que no sólo surjan sino que se consoliden social el ideológicamente nuevos pactos más igualitarios entre los roles sexuales en el ámbito laboral y doméstico, lo que conlleva nuevas reformulaciones identitarias de ambos sexos en relación con el mundo del trabajo y a sus identidades. 216 REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Aguado, E. (2015) “El género del paro. Desempleo y masculinidades”. Arxius, 32, pp.207- 224. Aguilar, E. (1993) “Trabajo e ideología sobre el género en la producción doméstica”. En C. Diez. y V. Maqueira (eds.) Sistema de Género y construcción (deconstrucción) de la desigualdad. Tenerife: Asociación Canaria de Antropología, pp. 81-96. Agulló, E. 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