Arquitectura oblícua y trazas de montea
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1 <( ~ a: ü: z o o • 1 li r ~ Juan Caramue/ de Lobkowitz, madrileño, monje cisterciense, abad de Me/rose y Disemberg, de los benedictinos de Viena y de Nuestra Señora de Emaús de JV1ontserrat en Praga, obispo de JVlisia, Campagna y Vigevano, arzobispo electo de Otranto, enseñó Teología en Alcalá y Lovaina, disputó con Gassendi acerca de los satélites de Júpiter, defendió Praga de los suecos en la guerra de los Treinta Años y forti'ficó Lovaina contra los holandeses y los franceses en las guerras de Flandes, teorizó por primera vez el sistema binario de numeración, anticipó la lógica borrosa, sostuvo los derechos de la . monarquía española al Reino de Portugal, trabajó en el problema de las longitudes . ~ . " geodésicas en polémica con Mersenne, fue de los primeros en señalar la heterodoxia de algunas proposiciones del Agustinus de jansenio y en consecuencia tuvo el honor de ser atacado por Pascal en Les provinciales, refutó la teoría cartesiana de la~, turbulencias, reformó la plaza bramantesca de Vigevano, escribió más de cincuenta obras sobre teología, criptografía, derecho político, astronomía, lógica, matemáticas, combinatoria y diversas ciencias naturales, y aún le quedó tiempo para publicar en sus prensas episcopales de Vigevano una Arquitectura Civil Recta y Oblicua considerada y · dibujada en el templo de Jerusalén que debió tener apreciable difusión en la Italia de ff na/es del siglo XVII, a juzgar por los insultos de Guarino Guarini en su Architettura Civile. José Calvo lópez Universidad Politécnica de Cartagena a Arquitectura Recta ha despertado en los últimos años un cierto interés en nuestro país, centrado por lo general en su extensión del catálogo de . los órdenes clásicos con los géneros jerosollmifano, ático, gótico, mosaico, atlántico y paranínfico. Los trabajos que se ocupan de la Arquitectura oblicua lo hacen en general de forma puramente descriptiva, recreándose en su carácter insólito o se centran en las realizaciones concretas de las teorías de Caramuel, como las portadas laterales de la colegiata setabense. En el presente trabajo pretendemos demostrar que lejos de tratarse de una construcción mental caprichosa, al modo de las follies que inundarían los jardines de Europa de forma repentina cincuenta años más tarde y que cesarían de un modo igualmente repentino, la Arquitectura oblicua de Caramuel arranca de una serie de tradiciones arquitectónicas y constructivas españolas y francesas con
doscientos años de antigüedad al menos, entre las que juega un papel nuclear el arte de la montea o de la cantería! el antecedente renacentista de lo que después se denominó estereotomía, y que lejos de regirse por el capricho! obedece a leyes geométricas más rigurosas que las que gobiernan las oblicuidades y transformaciones de la arquitectura de nuestro tiempo. ARCOS OBLICUOS Uno de los capítulos del sexto tratado de la Arquitectura caramueliana se refiere a arcos oblicuos. El texto expone tres de ellos [1 ]; comparándolos con textos fundamentales de la cantería renaciente y barroca 1 como los de Philibert De L1 0rme, Alonso de Vandelvira, Ginés Martínez de Aranda y FranQois Derand, se comprende que Caramuel se está refiriendo a tres tipos básicos del arte de la montea, los conocidos como «Arco abocinado» o «Canonniére», ((Arco viaje contra viaje por cara» o <<Biais passé» y «Arco viaje contra cuadrado por lado,,. En los tres casos se trata de abrir arcos en un muro de paramentos planos, verticales y paralelos, con jambas oblicuas. En el «Arco abocinado» las dos jambas son oblicuas a los paramentos 1 pero simétricas al eje del hueco; en el uArco viaje contra viaje por cara)) las dos jambas son oblicuas al muro pero paralelas entre sí; mientras que en el «Arco viaje contra cuadrado por lado» una jamba es perpendicular a los paramentos pero la otra es oblicua a éstos y a la primera jamba. Aunque Caramuel sólo dedique un capítulo a la materia, parece claro que juega un papel seminal en la Arquitectura oblicua; el autor nos confiesa que «Empece a escribir y delinear estas Ideas [sobre Arquitectura Oblicua] alla en España, siendo mozo 1 año de 1624 con ocasion de una hermosa capilla, que en nuestro Monasterio se erigia : y ahora me hallo harto viejo, y siempre las voy perficionando». En la iglesia monástica no hay balaustres inclinados no columnas elípticas! pero el Monasterio de La Espina es uno de los edificios españoles de todas las épocas más ricos en piezas singulares de cantería. La capilla mayor luce una espléndida composición triple, formada por un «Arco abocinado» con junta en la clave, como el de la Arquitectura caramueliana, flanqueado por dos <(Arcos viaje contra cuadrado por lado»; el crucero se cubre con una bóveda sobre trompas de realización bien cuidada; a la capilla de La Santa Espina se llega a través de una pareja de «Arcos viaje contra viaje»; en otra de las capillas laterales aparece una verdadera pieza de bravura, un 1 <Arco avanzado en bóveda viaje por cara>), esto es, abierto en una bóveda y además esviado; la puerta principal de la cerca exterior del monasterio F D ltthts p,,fh,s e PcJ H Doomti. F t···· Jt:;:wr · se resuelve con una «puerta>>, esto es, una combinación de dintel y capialzado. Se puede comprobar en qué medida Caramuel pensaba en La Espina cuando hablaba de arcos oblicuos observando detenidamente la lámina tercera de la cuarta parte del volumen de estampas que acompaña su obra! grabada para exponer las situaciones que pueden dar lugar a la aparición de arcos oblicuos. Aunque la planta general, vagamente clásica, es muy diferente de la de la iglesia monástica, el singular esquema triple de la cabecera de La Espina, con un arco abocinado flanqueado por dos «viaje por lado)>, se repite literalmente en la lámina; en otros puntos aparecen arcos (<viaje contra viaje», como también sucede en el monasterio. A lo largo de los siglos XVI y XVII los tratadistas de cantería españoles y franceses se habían esfor~ zado en encontrar métodos de labra precisos y eco~ nómicos de las dovelas de estos arcos, que se podían agrupar a grandes rasgos en dos estrategias geométricas. La labra «por robos», basada en proyec- Latur 1) G .E M G Fin<1n1I. ~A ~D Fig11ralll. :•· Arcos oblicuos. Juan Caramuel y Lobkovitz. Arquitectura civil recta y oblicua, tomo 111, parte IV. lám 11
1 r ~ r Arco abocinado. Ginés Martínez de Aranda. Cerramientos y trazas de montea, pi. 33 6: ;,4, J l } ¡ ¡ ciones ortogonales, no exigía trazados complejos, pero obligaba a partir de un sólido capaz que en algunas piezas ., podía superar en volumen varias veces a la dovela final, dando lugar a un derroche de trabajo y material. Por el contrario, el método directo, «por baive!n o «por plantas al justo)) 1 basado en el empleo de plantillas construidas mediante abatimientos, requería un trazado geométrico laborioso a veces pero reducía al mínimo el despilfarro de piedra y labor; en cambio, no era de aplicación fácil en superficies regladas alabeadas. El «Arco abocinado)) brilla por su ausencia en los tratados de De L1 Orme y Vandelvira, quizá por su sencill~z, pero toda una escuela española formada por Cristóbal de Rojas! Ginés Martínez de Aranda y el autor del manuscrito que llamamos de Alonso de Guardia había encontrado poco a poco una solución [2] basada en la obtención de una plantilla de lecho y una plantilla de intradós, que permitían labrar las dovelas del arco sin desperdicio de trabajo ni material; dado que el arco es una figura derevolución, basta con emplear una sola plantilla de lecho y una sola plantilla de intradós. Los otros dos arcos planteaban problemas más profundos. El ccArco viaje contra viaje», el de jambas oblicuas a los paramentos pero paralelas entre sí, podía resolverse por medio de juntas de intradós horizontales y paralelas a las jambas. En ese caso, resultaba relativamente fácil la obtención de las plan- Arco viaje contra viaje por lado por robos y por plantas. Ginés Martínez de Aranda. Cerramientos y trazas de montea, pi. 15 Biais passé. Mathurin Jousse. Le secret d' architecture découvrant ffdé/ement /es traits géométríques ... nécessaires dans fes bastimens. 11 Z> llt 11 1 G tillas, pero los planos de lecho no eran perpendiculares a la directriz del arco en las cercanías de la clave, lo que da lugar a un (<empuje al vacío)) que queda sin compensar y del que era bien consciente Ginés Martínez de Aranda. La solución a este problema pasaba por disponer los planos de lecho como un haz que tiene como recta común una perpendicular a los paramentos de! arco y al plano de la directriz. Ginés Martínez de Aranda es el primero que plantea el problema por separado de otras «trazas)> y ofrece en el mismo dibujo dos soluciones, una «por robos>) con una construcción que le permite obtener
Viaje contra cuadrado. Cristobal Rojas. Teórica y práctica de fortificación, f 98 v 6 el ángulo que forma !a junta de intradós con la de testa o ((saltarregla»; y otra por plantillas, de ejecución difícil porque el intradós es una superficie reglada alabeada. [3] Los maestros franceses del siglo XVII, como Jousse o Derand sólo resuelven el problema «por robos» con una técnica muy depurada que les permite obtener la «saltarregla» con un esfuerzo de trazado mínimo. [4] El ,<Arco viaje contra cuadrado por lado» presenta dificultades similares, pero aquí el «empuje al vacío)) es menos acusado y Alonso de Vandelvira obtiene un intradós cónico repartiendo en partes Arco en cuadrado y viaje. Alonso de Vandelvira. Libro de trazas y cortes de piedras, f 26 v Orden oblicuo. Juan Caramuel y Lobkovitz, Arquitectura civil recta y oblicua, tomo 111, parte IV, lám XX 7 : , 1.1~1 NT.f-f. 1../l .. . ·• OL "VJ,1.N.A.P- 1fJrf
1 <C ~ a: u: z o o Caracol de emperadores. Alonso Vandelvira. Libro de trazas y cortes de piedras, f. 55 8 iguales los arcos de las dos testas, lo que permite labrar las dovelas «por plantas» sin ninguna dificultad [5]; sin embargo, la solución no encontró mucho • eco, y Cristóbal de Rojas resuelve el problema «por robos» con ayuda de una «saltarregla», exactamente igual que en el arco anterior. [6] Caramuel hace tabla rasa de estos métodos artesanales y pretende hallar una solución general y sistemática al problema de los arcos esviados. En realidad, lo que hace es aplicar a los tres casos la solución ya conocida para labrar el <e Viaje contra viaje por cara», pero prescinde de la «saltarregla» tradicional. La solución pone al descubierto el desconocimiento de Caramuel, monje y no cantero, de los procedimientos de labra, y por tanto, no ya de las soluciones, sino incluso de los problemas que plantea el «arte de la montea». Renunciar a las plantillas de intradós en el <(Arco abocinado)), de intradós cónico y por tanto desarrollable, no ofrece otro resultado que el desperdicio de la cuña de material que hay que «robar>> por debajo de la superficie de intradós; no parece que el objetivo de Caramuel sea evitar el gasto y el trabajo que ocasiona la realización de plantillas de madera, porque precisamente en este arco se puede labrar con una sola plantilla de intradós y una sola plantilla de lecho, dado su carácter de superficie de revolución. Por otra parte, la solución que aporta para el «Arco viaje contra viaje por cara), y el <cArco viaje contra cuadrado por lado>) es básicamente la misma de De L'Orme, Vandelvira y Aranda; eliminar el trazado de la «saltarregla)), el ángulo que forman la junta de intradós y la de testa, sólo puede ocasionar una pérdida de precisión; tampoco se puede pensar aquí que se ahorra esfuerzo, pues el trazado de la «saltarregla» es muy sencillo y el instrumento que la transporta desde el trazado a la pieza a la labrar era reutilizable y de uso muy común entre los canteros. Por tanto, a pesar de su escasa utilidad práctica, el capítulo que Caramuel dedica a los arcos oblicuos tiene interés por varias razones: incluye el «arte de la montea)) entre los temas de la Arquitectura oblicua, nos indica que desempeña un papel generador en la construcción de ésta y también deja bien claro que fue en su etapa de juventud en el Monasterio de La Espina donde empezó a conocer el arte de los canteros y a interesarse por !a arquitectura oblicua. En los apartados que siguen veremos cómo la relación entre el arte de la montea y la arquitectura oblicua también se manifiesta de manera indirecta, pero inequívoca, en otros temas. RAMPANTES Nada más comenzar el sexto tratado, Caramuel critica duramente <da escalera principal del Vaticano)>, es decir, la Scala Regia berniniana, por precisar dados sobre los capiteles de las columnas que la flanquean para adaptarse al entablamento oblicuo que las corona; más adelante propondrá como solución trazar todo el orden, incluidas basas y capiteles, sin emplear líneas horizontales, sino únicamente líneas con la inclinación de la escalera. [7] Aunque la propuesta pueda parecernos sorprendente, no era en absoluto nueva. Un siglo antes, Philibert De L'Orme había dirigido un ataque idéntico a otra escalera vaticana, la construida por Bramante en el palacio del Belvedere: He visto un escalera parecida [ ... ] en el lugar llamado Belvedere }unto al palacio del Papa en Roma una escalera redonda bastante grande con hueco en el centro, por el que recibe la luz[ ... ] es una obra bella y bien hecha. Pero si el Arquitecto que la dirigió hubiera conocido los trazados de Geometría [ ... ] la hubiera hecho rampante en todas sus partes, incluso las basas y capiteles, que los ha hecho todos cuadrados, como si fueran para un pórtico que fuera derecho y a nivel; por encima de los capiteles y por debajo de las basas [ ... ] ha puesto cuñas de piedra para ganar la altura de la rampa. Esto muestra que el obrero que la ha hecho no sabía lo que el Arquitecto tiene que saber. Porque en lugar de hacer la bóveda de ladrillo, la habría hecho de piedra labrada 1 y de una columna a otra arcos rampantes [ ... ] Así hubiera demostrado conocer bien su arte de Arquitectura. Es un buen tema para hacer una bóveda, [ ... ] acompañada de compartimentos y molduras todas rampantes y hubiera sido cosa sin par[ ... ] De L'Orme no incluye dibujos de su propuesta en el Premier Tome, pero la solución aparece en el Libro
de trazas de cortes de piedras de Alonso de Vandelvira, en el ((Caracol de Emperadoresn, que consta de dos escaleras helicoidales, una dentro de otra. Como propone De L'Orme, las basas y capiteles se trazan siguiendo líneas inclinadas, en este caso las hélices de la escalera [8]; sobre los capiteles apoyan, no el entablamento helicoidal de Bramante, sino arcos por tranquil; y la bóveda que cubre la escalera exterior no es de ladrillo, sino de piedra labrada, y no de cualquier traza, sino resuelta precisamente con el más difícil de los «cortes» de la época, la cima del saber canteril: la mítica ((Vis de Saint-Gilles» o (<Vía de San Gil». Merece la pena observar en el dibujo de Vandelvira que las tres decisiones son independientes; es decir, que se podrían haber trazado las basas y capiteles oblicuos sin cerrar la bóveda en piedra, o apoyar la «Vía de San Gil>i sobre un entablamento y éste sobre los capiteles 1 sin mediación de los arcos. Si De L'Orme relaciona las basas y capiteles oblicuos, los arcos, y la bóveda pétrea, no es porque sintácticamente sea necesario, sino porque para trazar y ejecutar unos y otras es necesario a los ojos de De L'Orme un conocimiento específico, el de los cttraits de Geometrie», es decir, el conocimiento tradicional de los canteros tardomedievales, el «art du trait», potenciado en el siglo XVI por la geometría de Euclides, que por primera vez se traduce en esa época a la lengua vulgar y se expone de una manera asequible. Capiteles semirectos. Juan Caramuel y Lobkovitz, Arquitectura civil recta y oblícua, tomo 111, parte IV, lám XIX : Balaustres de la : escalera del • Obradoiro de la catedral de Santiago • de Compostela. Ginés : Martínez de Aranda : 1608-1608. Dibujo del : autor. Pero a su vez la propuesta de De L'Orme sólo era nueva en parte; su aportación consiste en extender a órdenes completos lo que ya se hacía con los .. balaustres de las escaleras, al menos desde la • época de la célebre escalera del castillo de Blois, hacia 1515-1518. La idea llega a España muy pron- to; si los balaustres de la escalera del castillo de La 10
1 <( ~ a: u: z o o Rótulo de letras concurrentes. Juan Caramuel y Lobkovitz. Arquitectura civil recta y obficua, tomo 111, parte " 11, lám.11 1 1 Calahorra, importados de Génova en 151 O, se trazan con horizontales, los de la escalera capitular de la catedral de León, entre 1510 y 1523, la del Colegio Mayor del Arzobispo Fonseca en Salamanca hacia 1530 1 la del Hospital de Santa Cruz de Toledo, de Alonso de Covarrubias, hacia 1535, o la de Soto en San Esteban de la misma ciudad, hacia 1553 ~ 1557, entre otras muchas, se resuelven con líneas inclinadas. Especial interés tiene la escalera que baja del Pórtico de la Gloria compostelano a la Plaza del Obradolro, construida o al menos reformada casi completamente por Ginés Martínez de Aranda en 1606, pues incluye unas pilastras singulares, mitad rectas, mitad oblicuas, [1 O] que reaparecen como capiteles en el tratado de Caram~el. [9] Incluso podríamos remontarnos más atrás, pues ésta forma de trazar balaustres corresponde a una transformación afín; es decir, los puntos originales y sus transformados están unidos por rectas paralelas, mientras que las rectas originales y sus transformadas se cortan en un eje de afinidad, que puede corresponder al eje de la columna. Desde este punto de vista, tal transformación se puede relacionar con los nervios revirados o con «bulco)) de la tradición gótica española o a las claves esviadas del claustro de la catedral de León o de! atrio de la catedral de Oviedo. De esta manera, lo que hace Caramuei es teorizar, sistematizar y dibujar con exquisita precisión lo que se construía y dibujaba en Francia y en España desde hacía ciento cincuenta años al menos. Los balaustres de las láminas primera, sexta y décimo quinta de la cuarta parte del volumen de grabados que acompaña su obra son derivados de los de Blois y Santa Cruz, los arcos de la decimosexta y la vigésima y los capiteles de la novena, décima, duodécima, décimocuarta, décimoquinta y décimo octava de los de De L'Orme y Vandelvira 1 las pilastras y capiteles híbridos de la primera y décimonovena recuerdan a los del Obradoiro e incluso algunas figuras como el
ELa,iche ..l. 13 D rótulo radial del segundo grabado de la segunda parte [11] y la balaustrada curva de la vigésimo quinta de la cuarta parte, propuesta como alternativa a la escalera berniniana que baja a la Confesión de San Pedrol podrían relacionarse con una construcción expuesta por Martínez de Aranda en los Cerramientos y trazas de montea. [12J Aunque estas cuestiones no pueden encuadrarse dentro de lo que hoy conocemos por estereotomía, han estado siempre ligadas a los tratados de cantería; en época de Caramuel, Abraham Bosse, que antes había publicado Le trait a preuves de M. --··' -·-. -~,,,-.· . ... ~ - .. . D.esargues por la coupe des pierres, incluye los balaustres oblicuos en el Traíté des Manieres de desinner les Ordres de l'Architecture antique en toutes leurs parties, que en realidad es una recopilación de temas muy diversos sin más objeto aparente que poner a disposición de los canteros los hallazgos de : Transformaciones geométricas en molduras. Ginés Martínez de Aranda. , Cerramientos y trazas de montea, pl 222 12 Balaustres oblicuos. : Amédée-Fram;oís : Frézier, La theorie et a : pratique de la coupe : des pierres et des bois ... : ou traité de : stéréotomie ... tomo 1, : iárn 13, fig 146 13 ' .. , . .... - .. ~ ... "' " . Columnas en un edificio circular:. Juan Caramuel y Lobkovítz, Arquitectura civil recta y oblicua, tomo 111, parte 111, !ám XLV 14
1 Columnas en un lugar elíptico. Juan Caramuel : y Lobkovitz, Arquitectura; civil recta y oblicua, : tomo IV, parte 111, lám : XXIV : , ·~ I:n11arúan r/ Pí.truvto ,:;;. lib.3. t:ap. u.lt.aJ'..rertorum~ Jra.11ullnrii ratio, Desargues acerca del art du trait; más adelante la seguirán recogiendo obras dedicadas a la talla de la piedra como el manuscrito de Juan de Portar y Castro! el tomo V del Compendio mathernático del Padre Vicente Tosca, dedicado a la arquitectura civil, la montea y la cantería! o el Traité de stéréotornie de Amedeé-Fran9ois Frézier. [13] La insistencia de los tratados de cantería en este detalle no puede explicarse argumentando que los canteros labraban esos balaustres; también labraban los órdenes rectos y apenas hay rastro de ellos en Vandelvira o Portar. Por el contrario 1 hay que entender que la razón últi- '.1. F l!': iguales. [15] rna de la relación entre el arte de la montea y el terna de los balaustres y órdenes oblicuos es la que apunta De L'Orrne: una y otros requieren del arquitecto el dominio de los trazados geométricos: no sólo el conocimiento teórico de la geometría, sino también la soltura en ei empleo de los instrumentos de trazado. COLUMNAS ELÍTICAS Más orlginal parece el terna planteado por Cararnuel en !os artículos VI, VII y VIII del sexto tratado. Las columnas que cierran un teatro de planta redonda no deben ser precisamente circulares! pues no se inscriben en cuadrados con las de una columnata recta, sino en trapecios mixtilíneos, que circunscriben elipses. [14] Por otra parte 1 si la columnata circular constc:1 de varias filas de columnas, las secciones de las columnas de cada fila serán diferentes, pues los lados radiales, rectos, de los trapecios mixtilíneos, se van separando conforme se alejan del centro y por tanto los lados curvos son mayores en las filas exteriores. Si la columnata no es circular, sino elíptica, Caramuel propone además jugar con la dimensión de estos lados curvos para dar una impresión de regularidad, trazando un círculo con centro en el centro de !a elipse 1 marcando sobre este círculo anchos iguales y proyectándolos sobre la elipse; corno resultado, vistas desde el centro todas las columnas parecerán Se ha señalado que todo esto es un nuevo ataque, escasamente solapado, contra la plaza bemíniana de San Pedro. Si al exponer e! problema Cararnuel habla de un teatro, cuando se refiere a los edificios de Roma moderna no pierde ocasión de dirigir sus dardos contra Bernini. Pero es dudoso que la solución de Cararnuel sea preferible a la ejecutada. Como es sabido, la plaza no está trazada como una elipse, sino corno un óvalo, y por tanto los brazos laterales son sendos arcos de círculo; el observador