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“Instruir en lo religioso y vigilar en lo moral". La Asesoría Eclesiástica de Sindicatos y la búsqueda de una identidad católica para el sindicalismo vertical, 1944-1959

Bernal García, Francisco

Abstract

Este artículo analiza las relaciones entre el sindicalismo vertical y la Iglesia católica. Para ello, se centra en la Asesoría Eclesiástica de Sindicatos, un organismo integrado por sacerdotes que formaba parte de la Organización Sindical y cuya principal función consistía en el desarrollo de actividades de apostolado entre los obreros. El trabajo consta de dos partes: la primera reconstruye el proceso de creación de la Asesoría, profundizando en las motivaciones que llevaron a la Organización Sindical a solicitar la colaboración de la Iglesia y en los términos en que esta aceptó prestar dicha colaboración; mientras que la segunda analiza las principales actividades religiosas organizadas por la Asesoría, identificando el modelo de espiritualidad y las concepciones sociales en que se sustentaban las mismas. La principal fuente utilizada es la documentación archivística generada por la propia Asesoría. La metodología parte de la revisión crítica de la fuente como vía para contextualizar la Asesoría dentro de la historia institucional y la historia religiosa del régimen franquista.

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Hispania. Revista Española de Historia 83, 273, enero-abril 2023, e010 ISSN-L: 0018-2141, eISSN: 1988-8368 https://doi.org/10.3989/hispania.2023.010 ARTÍCULOS «INSTRUIR EN LO RELIGIOSO Y VIGILAR EN LO MORAL». LA ASESORÍA ECLESIÁSTICA DE SINDICATOS Y LA BÚSQUEDA DE UNA IDENTIDAD CATÓLICA PARA EL SINDICALISMO VERTICAL, 1944-1959 “TO INSTRUCT ON RELIGIOUS MATTERS AND SAFEGUARD MORALS”. THE ASESORÍA ECLESIÁSTICA DE SINDICATOS AND THE SEARCH FOR A CATHOLIC IDENTITY FOR VERTICAL SYNDICALISM, 1944-1959 Francisco Bernal García: Universidad de Sevilla ORCID iD: https://orcid.org/0000-0003-4327-9155 [email protected] RESUMEN: Este artículo analiza las relaciones entre el sindicalismo vertical y la Iglesia católica. Para ello, se centra en la Asesoría Eclesiástica de Sindicatos, un organismo integrado por sacerdotes que formaba parte de la Organización Sindical y cuya principal función consistía en el desarrollo de actividades de apostolado entre los obreros. El trabajo consta de dos partes: la primera reconstruye el proceso de creación de la Asesoría, profundizando en las motivaciones que llevaron a la Organización Sindical a solicitar la colaboración de la Iglesia y en los términos en que esta aceptó prestar dicha colaboración; mientras que la segunda analiza las principales actividades religiosas organizadas por la Asesoría, identificando el modelo de espiritualidad y las concepciones sociales en que se sustentaban las mismas. La principal fuente utilizada es la documentación archivística generada por la propia Asesoría. La metodología parte de la revisión crítica de la fuente como vía para contextualizar la Asesoría dentro de la historia institucional y la historia religiosa del régimen franquista. PALABRAS CLAVE: Asesoría Eclesiástica de Sindicatos; franquismo; sindicalismo vertical; Iglesia católica; apostolado obrero; propaganda católica. ABSTRACT: This article analyses the relationship between vertical syndicalism and the Catholic Church. For this purpose, it focuses on the Asesoría Eclesiástica de Sindicatos, an organization composed of priests that was part of the Organización Sindical and whose main function was the development of apostolic activities among workers. The paper has two parts: the first reconstructs the creation process of the Asesoría, examining the motivations that led the Organización Sindical to request the collaboration of the Church and the terms on which the Church agreed to do so; the second part analyses the main religious activities organized by the Asesoría and identifies the model of spirituality and the social conceptions on which they were based. The main source used is the archival documentation generated by the Asesoría itself. The methodology is based on the critical review of this source as a way to contextualize the Asesoría within both the institutional and religious history of the Francoist regime. KEYWORDS: Asesoría Eclesiástica de Sindicatos; Francoism; vertical syndicalism; Catholic Church; worker apostolate; Catholic propaganda. Recibido: 29 de abril de 2021. Aceptado: 19 de diciembre de 2022. Publicado: 30 de junio de 2023 Cómo citar este artículo / Citation: Bernal García, Francisco, «“Instruir en lo religioso y vigilar en lo moral”. La Asesoría Eclesiástica de Sindicatos y la búsqueda de una identidad católica para el sindicalismo vertical, 1944-1959», Hispania, 83/273 (Madrid, 2023): e010. https://doi.org/10.3989/hispania.2023.010. Copyright: © 2023 CSIC. Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia de uso y distribución Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC BY 4.0). FRANCISCO BERNAL GARCÍA 2Hispania. Revista Española de Historia, vol. LXXXIII, n.º 273, enero-abril 2023, e010, eISSN: 1988-8368, https://doi.org/10.3989/hispania.2023.010 INTRODUCCIÓN En noviembre de 1936 varios de los diarios falangistas que se imprimían en la zona nacionalista publicaron un artículo titulado «El miedo al sindicato», en el cual se defendía el que los sindicatos de la Falange aceptasen entre sus miembros a trabajadores que no practicaban la religión. Es verdad que nuestros sindicatos no son cofradías. No pedimos que lo sean. Si lo fueran, no nos servirían para reconquistar almas. Se olvida a menudo que hay grandes masas de obreros que han apostatado, que no creen ya o que no dan valor a las cosas de la fe. Si les obligamos a hacer una profesión de fe que no sienten, o entrarán en nuestros sindicatos o no entrarán. Si no entran, habrán estos perdido su fuerza de penetración entre las masas. Si entran por el interés, nosotros haremos una triste colección de hipócritas y ellos se sentirán humillados y coléricos de verse obligados a serlo. No; nuestros sindicatos no son escuelas de catequesis. Eso que lo hagan las parroquias y las órdenes religiosas, o las organizaciones de Acción Católica. Es su obligación y no la nuestra. Además, lo harán mejor que nosotros, que para eso no hemos recibido ni preparación ni misión 1. Este artículo constituía una respuesta a diferentes medios católicos que habían criticado que los falangistas estuviesen incluyendo en sus sindicatos a trabajadores que en el pasado habían militado en organizaciones anticlericales. Tales medios habían defendido que cualquier reorganización sindical que se pretendiese llevar a cabo en la «nueva España» debía basarse en la recristianización de los trabajadores, pues mientras se mantuviese el apartamiento de estos con respec- to a la religión el peligro de un resurgimiento de la lucha de clases subsistiría 2. 1 Prisco Romano [pseudónimo de Severino Aznar], «El miedo al sindicato», FE, Sevilla, 27/11/1936. 2 Así, el diario tradicionalista El Pensamiento Navarro había denunciado que los sindicatos falangistas, al admitir a trabajadores de pasado anticatólico, albergaban a «lobos con piel de cordero»: «¡Cuidado! Lobos con piel de cordero», El Pensamiento Navarro, Pamplona, 1/11/1936. En la misma línea se había manifestado el también tradicionalista La Unión: «Ni están todos los que son, ni son todos lo que están», La Unión, Sevilla, 10/11/1936. Y ya en el mes de diciembre, el Hoy, donde abundaban los planteamientos socialcatólicos, insistía en la cuestión: «¡Ojo! ¡Mucho ojo!», Hoy, Badajoz, 13/12/1936. En 1952, dieciséis años después de la publicación de dicho artículo, tuvo lugar en Barcelona el XXXV Congreso Eucarístico Internacional, convocado por Pío XII. Celebrado entre el 27 de mayo y el 1 de junio, el Congreso incluyó en cada uno de sus días un acto multitudinario especial. El del jueves 29 de mayo llevaba por título «La eucaristía y la paz individual y social» y estaba dirigido al mundo del trabajo. Consistió en una concentración de «productores» en la Avenida de la Reina María Cristina que, según los periódicos de la época, superó la cifra de 500.000 congregados 3. Antes de comenzar el acto, las entidades sindicales de España entregaron sus ofrendas a la Iglesia. La Delegación Nacional de Sindicatos ofreció un sagrario y, a continuación, las cincuenta y dos Delegaciones Provinciales de Sindicatos fueron ofreciendo las suyas. Posteriormente, tres integrantes de los sindicatos verticales, un patrono, un técnico y un obrero, leyeron una oración de consagración de todos los patronos, técnicos y obreros de España a Jesús Eucarístico. El representante de los obreros, Victoriano González Sáez, pronunció las siguientes palabras: Jesús, Hermano nuestro, te adoramos sabiendo que estás en el altar. La fe que queremos para nuestros hijos nadie nos la arrancará de nuestro pecho. Te amamos con la robusta sinceridad de nuestras obras. Te agradecemos cuanto nos has dado; tu Evangelio, tu Sangre, la dignidad de hijos de Dios, la santidad de nuestras esposas, la sonrisa de nuestros hijos, la esperanza de un cielo sin lágrimas, la fuerza para trabajar en el mundo, con amor, por el bien de nuestros hermanos los hombres, de todos sin excepciones, porque por todos sin excepciones ofrecías con amor tu trabajo en el taller de Nazareth, y pues hiciste por fuera tus obras semejantes a las nuestras, queremos que sea por dentro nuestro corazón muy semejante al tuyo 4. Estos dos hechos son altamente representativos de dos momentos distintos en la evolución histórica del sindicalismo vertical. El artículo publica- 3 El sindicalismo vertical contribuyó a este éxito de asistencia, fletando trenes desde distintos puntos de la geografía española. El papa reconoció esta colaboración otorgando al delegado nacional de Sindicatos, José Solís, la Encomienda de San Gregorio Magno: ABC, Madrid, 30/5/1953. 4 La Vanguardia Española, Barcelona, 30/5/1952. «INSTRUIR EN LO RELIGIOSO Y VIGILAR EN LO MORAL». LA ASESORÍA ECLESIÁSTICA DE SINDICATOS… Hispania. Revista Española de Historia, vol. LXXXIII, n.º 273, enero-abril 2023, e010, eISSN: 1988-8368, https://doi.org/10.3989/hispania.2023.010 3 do en 1936 reflejaba un sindicalismo vertical que se veía a sí mismo como un proyecto de nacionalización de la clase obrera capaz de funcionar autónomamente con respecto a las estrategias sociales de la Iglesia, mientras que la participación sindical en el Congreso de 1952 mostraba a un verticalismo transformado, que aspiraba más que nada a reforzar el mensaje recatolizador eclesiástico. ¿Qué había ocurrido para que un proyecto sindical que había nacido con la voluntad de admitir a todos los trabajadores, independientemente de sus creencias religiosas, hubiese terminado haciendo ostentación de una pretendida identidad católica? ¿Qué acontecimientos habían determinado la evolución desde el «nuestros sindicatos no son escuelas de catequesis» de 1936 hasta la «consagración de todos los trabajadores de España a Jesús Eucarístico» en 1952? Este artículo pretende investigar las relaciones entre el sindicalismo vertical y la Iglesia católica. Para ello, se centra en la Asesoría Eclesiástica de Sindicatos, un organismo integrado por sacerdotes que formaba parte de la Organización Sindical. Animada por el lema de «instruir en lo religioso, vigilar en lo moral e impulsar en lo social», tenía como principal función utilizar los recursos de la Organización Sindical para realizar campañas de fomento de la religión entre los trabajadores. El artículo se estructura en dos partes: la primera reconstruye el proceso de creación de la Asesoría, mientras que la segunda analiza las principales actividades religiosas emprendidas por esta. La cronología va desde 1944, año en que se creó la Asesoría, hasta 1959, momen- to en el cual Juan XXIII anunció su intención de convocar el Concilio Vaticano II, el cual habría de poner en marcha una nueva dinámica en la Iglesia española. Aunque ha sido objeto de algunas aproximaciones, la Asesoría ofrece posibilidades de análisis para el conocimiento de la historia del franquismo que permanecen aún inexploradas, habida cuenta de que los trabajos realizados no han contado con la documentación archivística producida por la misma 5. En realidad, esta institución ofrece dos perspectivas de análisis distintas, aunque no ex- 5 LÓPEZ GALLEGOS, 2004: 661-686. BERZAL DE LA ROSA, 2015: 181-214. cluyentes. La primera es la perspectiva institucional: la Asesoría como instrumento para la legitimación política de una institución del franquismo como eran los sindicatos verticales. Mientras que la segunda es una perspectiva religiosa: la Asesoría como organizadora de una serie de manifestaciones de masas que alcanzaron una determinada repercusión sobre las creencias y las prácticas religiosas de la población. Para contextualizar la primera perspectiva contamos con un completo marco bibliográfico general, centrado en las relaciones institucionales entre el régimen franquista y la Iglesia. Gracias al mismo, conocemos cómo durante las décadas de 1940 y 1950 ambos mantuvieron una relación de simbiosis. El franquismo esgrimió su identidad católica como forma de legitimarse ante la sociedad española y ante la comunidad internacional. Por su parte, la jerarquía eclesiástica, con muy pocas excepciones, avaló esta operación de legitimación, obteniendo a cambio toda clase de facilidades para poner en marcha un ambicioso programa de recristianización a través del cual pretendía lograr el restablecimiento de la unanimidad de la población española en torno a la fe católica. No obstante, esta colaboración nunca estuvo exenta de conflictos. Ni el régimen concedió a la Iglesia todo lo que ambicionaba, ni esta se sintió cómoda con todas las decisiones de aquel. Buena parte de las tensiones se produjeron en torno a las organizaciones vinculadas al partido único, Falange Española Tradicionalista y de las Juntas de Ofensiva Nacional Sindicalista (FET y de las JONS). La pretensión de los falangistas de monopolizarlas y de que, al mismo tiempo, funcionasen como el único cauce de relación entre la sociedad y el Estado chocaba con la doctrina social católica, que apostaba por un pluralismo social limitado y, sobre todo, con la pretensión de la Iglesia de mantener sus propias organizaciones de jóvenes, trabajadores o agricultores y de utilizarlas para impulsar su proyec- to de recristianización 6. En este sentido, existe 6 Podemos destacar, en tal sentido, las siguientes referencias bibliográficas: TUSELL, 1984. ANDRÉS-GALLEGO y PAZOS, 1999, vol. II. MARTÍN DE SANTA OLALLA SALUDES, 2003. MONTERO, 2009. Para una bibliografía más detallada, puede consultarse la revisión realizada por: BERZAL DE LA ROSA, 2017: 87-108. FRANCISCO BERNAL GARCÍA 4Hispania. Revista Española de Historia, vol. LXXXIII, n.º 273, enero-abril 2023, e010, eISSN: 1988-8368, https://doi.org/10.3989/hispania.2023.010 una bibliografía que se ha centrado en las relaciones políticas entre el falangismo y el catolicismo durante el régimen franquista que también resulta de utilidad a la hora de contextualizar el estudio de la Asesoría. Esta bibliografía incide en el carácter conflictivo de tales relaciones, si bien también subraya la capacidad de ambos grupos ideológicos para alcanzar acuerdos y situaciones de equilibrio 7. Por lo que respecta a la segunda perspectiva —la de la historia de la religión católica durante el periodo franquista— el panorama bibliográfico dista de ser tan completo. Sabemos que la Iglesia desplegó durante las décadas de 1940 y 1950 un ambicioso proyecto de recristianización, al que se ha dado en llamar «catolicismo de conquista». Este proyecto utilizó como principales herramientas, por una parte, el control sobre el sistema educativo y las manifestaciones culturales y, por otra, la realización de una serie de acciones espectaculares de propaganda religiosa, tales como las misiones interiores. Sin embargo, no sabemos aún lo suficiente acerca de cuál fue la respuesta de la población española a dicho proyecto de recristianización 8. Las fuentes utilizadas para la elaboración de este trabajo proceden, principalmente, del archivo de la propia Asesoría Eclesiástica de Sindicatos, el cual está integrado en el Fondo Sindicatos del Archivo General de la Administración, en Alcalá de Henares (Madrid). Esta colección documental permite reconstruir el desarrollo histórico de la Asesoría, si bien presenta algunos va- 7 Algunos trabajos inciden sobre todo en la dimensión conflictiva de las relaciones entre falangistas y católicos: LAZO, 2008. Otros consideran que, partiendo de una situación inicial de conflicto, el proyecto falangista terminó subordinándose al católico como consecuencia de su fracaso a la hora de imponerse en solitario: SAZ CAMPOS, 2003. Finalmente, hay autores que enfatizan, sobre todo, la capacidad de ambas familias para generar una síntesis que habría servido como base ideológica coherente al régimen franquista: FERRAN GALLEGO, 2014. 8 En ausencia de obras más actualizadas, resulta de interés consultar algunos trabajos sociológicos de la década de 1970, tales como: ORENSANZ, 1974. URBINA, 1977: 11-20. Algunas investigaciones de carácter local realizan aportaciones interesantes, tales como: SÁNCHEZ ERAUSKIN, 1994. MORENO SECO, 1999. RODRÍGUEZ LAGO, 2004. Otros trabajos que profundizan en el diseño de las manifestaciones religiosas por parte de la Iglesia: DI FEBO, 2002. RINA SIMÓN, 2015. cíos temáticos puntuales que se han tratado de llenar a través de la documentación de la Delegación Nacional de Sindicatos, perteneciente también al mencionado Fondo Sindicatos. El método utilizado parte de la revisión crítica de las distintas fuentes como forma de obtener respuesta a una serie de preguntas que se consideran fundamentales a la hora de analizar la Asesoría Eclesiástica de Sindicatos en su doble vertiente institucional y religiosa. Estas preguntas son: ¿Qué objetivos perseguía la Organización Sindical al crear la Asesoría? ¿Qué papel jugó esta en las estrategias de legitimación desplegadas por la Organización Sindical? ¿Qué actividades de propaganda religiosa llevó a cabo la Asesoría y qué concepciones religiosas y sociales subyacían bajo las mismas? LA REDEFINICIÓN EN CLAVE CATÓLICA DEL SINDICALISMO VERTICAL La creación de la Asesoría Eclesiástica de Sindicatos fue una idea de Fermín Sanz-Orrio, quien había sido nombrado delegado nacional de Sindicatos a comienzos de 1942. El proyecto tomó forma a comienzos de 1944, tras una conversación con Leopoldo Eijo y Garay, obispo de Madrid - Alcalá. Este le había expuesto los obstáculos que estaba encontrando la Iglesia para lograr la recristianización de los trabajadores, la cual avanzaba a un ritmo lento debido a la insuficiencia de recursos. A Sanz-Orrio se le ocurrió que la Organización Sindical podía aportar su granito de arena para que la Iglesia llevase a cabo dicha labor más eficazmente. Desde finales de 1941 los sindicatos verticales contaban con una financiación estable: la cuota sindical, pagada conjuntamente por empresarios y trabajadores. Una parte de esta podía ser empleada para fomentar el «bienestar espiritual» de estos últimos, a través de la creación de un servicio religioso en el seno de los sindicatos 9. 9 Carta del delegado nacional de Sindicatos, Fermín Sanz- Orrio, al asesor eclesiástico nacional de Sindicatos, Bernardino Antón Ortiz, 17/5/1944, Archivo General de la Administración, Alcalá de Henares, Madrid (AGA), Sindicatos, Delegación Nacional de Sindicatos (DNS), caja 00349. «INSTRUIR EN LO RELIGIOSO Y VIGILAR EN LO MORAL». LA ASESORÍA ECLESIÁSTICA DE SINDICATOS… Hispania. Revista Española de Historia, vol. LXXXIII, n.º 273, enero-abril 2023, e010, eISSN: 1988-8368, https://doi.org/10.3989/hispania.2023.010 5 El deseo de Sanz-Orrio de contribuir a la recristianización de los trabajadores era sincero, pero es evidente que también perseguía otros objetivos relacionados con el afianzamiento del sindicalismo vertical dentro del régimen franquista. En primer lugar, pretendía poner fin a las tensiones entre partidarios del catolicismo social y falangistas que venían produciéndose desde el inicio de la Guerra Civil. La puesta en marcha del sindicalismo vertical había supuesto la integración forzada en este de los sindicatos católicos y la frustración del proyecto de implantar un ordenamiento corporativo inspirado en la encíclica «Quadragesimo anno» 10. Especialmente dolorosa había resultado la desaparición de la Confederación Nacional Católico Agraria (CNCA), culminada en mayo de 1942, verdadera joya de la corona del catolicismo social por su fuerte implantación entre el pequeño y mediano campesinado 11. La jerarquía eclesiástica no era ajena a este malestar. La actitud que se debía adoptar ante las pretensiones falangistas de monopolizar los sindicatos del régimen constituyó una de las principales preocupaciones del episcopado durante la Guerra Civil. En noviembre de 1937 la Conferencia de Metropolitanos expresó sus reservas ante la «sindicación obligatoria y única de tipo totalitario» que propugnaban los falangistas 12. Posteriormente, ante la constatación de que esa «sindicación totalitaria» era oficializada, la jerarquía optó por una estrategia prudente que contemplaba dos vías de actuación: en primer lugar, evitar todo enfrentamiento con los dirigentes sindicales falangistas y tratar de influir sobre los mismos para que el sindicalismo vertical incorporase un «sentido católico» y, en segundo lugar, ir adoptando las medidas necesarias para que la Acción Católica pudiese desarrollar asociaciones específicas para los trabajadores, de modo que la Iglesia conservase un canal propio para relacionarse con los mismos 13. 10 BERNAL GARCÍA, 2010: 73-132. 11 CASTILLO, 1979: 410-444. MAJUELO GIL, 2004: 29-44. 12 CÁRCEL ORTÍ, 1994: 400. 13 Esta doble estrategia es la que se desprende de las contestaciones que los miembros del episcopado dieron al cuestionario que se les propuso para preparar la Conferencia de Metropolitanos celebrada en mayo de 1939, que podemos encontrar en la edición del Archivo Gomá realizada por: ANDRÉS-GALLEGO y PAZOS, 2007, 2009 y 2010. La jerarquía eclesiástica evitaba cuestionar el sindicalismo vertical, pero sus integrantes albergaban reservas sobre el mismo: su dependencia del aparato del Estado y del partido único era vista como incompatible con el «corporativismo societario» que Pío XI había propugnado en la «Quadragesimo anno». Pero, al mismo tiempo, los prelados eran conscientes de que se debía llegar a alguna forma de entendimiento con los dirigentes verticalistas. Esta postura conciliadora era abanderada por el ya mencionado Eijo y Garay. En octubre de 1937 había dirigido una carta al cardenal primado, Isidro Gomá, en la que había expresado un juicio sumamente crítico sobre sobre el sindicalismo vertical, considerándolo una fórmula «totalitaria» y «extranjerizante» que podía llegar a convertirse en un instrumento «de opresión», en la medida que pretendiese absorber el entramado societario sostenido por la Iglesia. El prelado hacía votos porque tradicionalistas y sindicalistas católicos aunasen sus fuerzas para impedir una sindicación única dirigida por el Estado y establecer, en su lugar, un modelo corporativo basado en la doctrina social de la Iglesia. Pero también señalaba que, si finalmente el régimen optaba por hacer suyo el modelo falangista, no había que desesperar y «retirarse al Aventino», sino que debía adoptarse una estrategia realista y pragmática consistente en que los católicos ofreciesen a los sindicatos verticales su colaboración, en un intento de cambiarlos desde dentro y atraerlos hacia sus posiciones 14. Tras la Guerra Civil, una vez que quedó claro que los falangistas habían logrado el control exclusivo sobre el aparato sindical del régimen, Eijo y Garay fue consecuente con su propio plan de acción y se dedicó a buscar un acercamiento a los dirigentes verticalistas y a potenciar todas aquellas actividades destinadas a conferir una aureola católica a sus sindicatos. En esta tarea adoptó un tono de entusiasmo que, a menudo, hacía dudar de si estaba buscando un pacto con los dirigentes falangistas o si, por el contrario, había experimentado una auténtica «conversión» al verticalismo. Así, en noviembre de 1941, en el transcurso de una conferencia organizada por el Frente de Juventudes, Eijo y Garay no tuvo empacho en defender la legitimidad del sindicalismo vertical y 14 ANDRÉS-GALLEGO y PAZOS, 2005, vol. 8: 26-30. FRANCISCO BERNAL GARCÍA 6Hispania. Revista Española de Historia, vol. LXXXIII, n.º 273, enero-abril 2023, e010, eISSN: 1988-8368, https://doi.org/10.3989/hispania.2023.010 en afirmar que la doctrina sindical de José Antonio concordaba con la «Quadragesimo anno» 15. Durante la posguerra, Eijo y Garay se convirtió en el obispo más propenso a la colaboración activa con los falangistas, convencido de que esta era la mejor manera de salvaguardar los intereses de la Iglesia y de contribuir al afianzamiento del nuevo régimen político 16. En ningún otro dirigente verticalista tenían tan buena acogida estas maniobras de acercamiento como en Sanz-Orrio, quien deseaba fervientemente poner fin a las suspicacias entre falangistas y católicos suscitadas por la cuestión sindical. Este deseo partía de sus propias convicciones, pues su ideología era una amalgama de falangismo y catolicismo social. Como falangista, defendía el sindicalismo vertical y rechazaba el corporativismo. Pero también compartía algunas de las críticas que los católicos sociales dirigían al verticalismo, en particular la de su excesiva dependencia del Estado y del partido 17. Al margen de sus convicciones personales, Sanz-Orrio consideraba que la paz entre falangistas y católicos sobre la cuestión sindical iba en el propio interés del verticalismo, que se 15 La prensa falangista se hizo eco, alborozada, de estas palabras: FE, 28/11/1941, 15/1/1942 y 16/1/1942. El texto completo de la conferencia en: EIJO Y GARAY, 1942. Véase también: GALLEGO, 2014: 509-510. 16 Sin embargo, la postura de Eijo y Garay distaba de contar con el aplauso generalizado de la jerarquía eclesiástica. Muy al contrario, su excesiva implicación política le valió la desconfianza del cardenal primado y de la nunciatura. Como consecuencia de ello, nunca fue nombrado vicario general castrense, arzobispo o cardenal, cargos todos ellos a los que infructuosamente aspiró, debiendo conformarse con la distinción, más bien simbólica, de patriarca de las Indias Occidentales, que le fue concedida en 1946, véase: RODRÍGUEZ LAGO, 64/extra 1 (Madrid, 2012): 220-221. 17 Pese a haber crecido en los ambientes tradicionalistas de Navarra, Sanz-Orrio era un falangista inequívoco, firme partidario de que la Falange actuase como interlocutora única entre la sociedad y el Estado. Al mismo tiempo, su identidad política era decididamente católica, con una tendencia a presentar el falangismo como una aplicación práctica de la doctrina social de la Iglesia. Era también permeable a ciertas críticas que solían dirigirse al falangismo desde el campo católico social, especialmente a la de haber suprimido el entramado asociativo preexistente a los sindicatos verticales, véanse, en este sentido, sus escritos de carácter autobiográfico compilados en SANZ-ORRIO ARRAIZA, 2009. vería así reforzado tanto en el plano ideológico como en el institucional. En este sentido, la necesidad de afianzar el sindicalismo vertical había empezado a ser acuciante a partir de julio de 1943, con la invasión de Sicilia por parte de los aliados. Dicho acontecimiento había desencadenado maniobras de los sectores antifalangistas de la coalición que había sostenido al bando nacionalista durante la Guerra Civil. En agosto de 1943 se había hecho pública una «declaración de la Comunión Tradicionalista», auspiciada por los sectores del carlismo refractarios a la unificación con Falange, en la que se reclamaba la disolución del partido único y de los sindicatos vinculados a los mismos, así como una «restauración orgánica y corporativa» 18. Coincidiendo con estos hechos, habían aparecido varias publicaciones en las que se trataba de reintroducir el debate acerca del corporativismo. La más significativa había sido Manual de sistemas y errores sociales, del jesuita José Luis Díez, quien defendía la fórmula corporativa como la más acorde con la doctrina social de la Iglesia y, en una alusión evidente al sindicalismo vertical, fustigaba a los sindicatos «excesivamente burocratizados y dependientes del Estado» 19. Otro factor de preocupación para Sanz-Orrio procedía de la Acción Católica. La reorganización de la Acción Católica Española llevada a cabo en 1939 no había contemplado el establecimiento de una rama específica para obreros, pero sí había dejado la puerta abierta para ello. Se habían creado cuatro ramas generales —Hombres, Mujeres, Juventud Masculina y Juventud Femenina—, pero se había precisado que «dentro de ellas, sin detrimento de su unidad, se abre campo ancho para todas las especializaciones que sean necesarias, sin límite alguno» 20. Importantes sectores de la jerarquía eclesiástica y de la Acción Católica consideraban urgente hacer uso de esta posibilidad 21. Desde 1941 se venían llevando a cabo algunas experiencias en este sentido, como la creación de hermandades para ferroviarios e 18 Comunión Tradicionalista, 1943. 19 DÍEZ, 1943. 20 Acción Católica Española, 1943: 383. 21 MONTERO, 2015: 151-179. «INSTRUIR EN LO RELIGIOSO Y VIGILAR EN LO MORAL». LA ASESORÍA ECLESIÁSTICA DE SINDICATOS… Hispania. Revista Española de Historia, vol. LXXXIII, n.º 273, enero-abril 2023, e010, eISSN: 1988-8368, https://doi.org/10.3989/hispania.2023.010 7 integrantes de otras profesiones, tales como oficinistas, electricistas o mecánicos 22. Estas incipientes asociaciones obreras de la Acción Católica se presentaban como iniciativas estrictamente religiosas que no pretendían comprometer el monopolio sindical que la legislación atribuía al verticalismo. Pero, a pesar de ello, eran contempladas con preocupación por parte de los falangistas. Así, en 1944 el delegado provincial de Sindicatos de Madrid se preguntaba hasta qué punto resultaba compatible con el principio de unidad sindical la existencia de la Hermandad Ferroviaria de Santa Teresa que había sido fundada, al amparo de la Acción Católica, tres años antes en la capital de España 23. Para los falangistas el monopolio organizativo de sus sindicatos no se restringía al ámbito de lo puramente laboral, sino que debía abarcar la totalidad de la experiencia social de los trabajadores. Por ello veían como amenazante cualquier iniciativa que buscase proporcionarles un ámbito de socialización alternativo. En esta confluencia de situaciones potencialmente amenazantes, Sanz-Orrio creyó encontrar una solución en la creación de una Asesoría Eclesiástica en el seno de la Organización Sindical. Con ella, el sindicalismo vertical adquiriría una identidad católica, de manera que ya nunca más se le podría presentar como algo incompatible con la doctrina social de la Iglesia. Se potenciaría a los sectores eclesiásticos más favorables a la colaboración con el verticalismo y se dejaría sin argumentos a los reticentes. La Iglesia recuperaría un canal propio para relacionarse con los trabajadores, aunque dentro del sindicalismo oficial. Como consecuencia de ello —pensaba Sanz-Orrio—, la tentación de desarrollar la especialización obrera dentro de la Acción Católica quedaría conjurada. Y los intentos de aprovechar el giro operado en la II Guerra Mundial para identificar al verticalismo con los Estados totalitarios resultarían anulados. ¿Quién se atrevería a tachar de totalitario a un 22 HERMET, 1985, vol. 1: 231. FERRANDO, 1991: 114-135. 23 Carta del delegado provincial de Sindicatos de Madrid, Fermín del Amo Gili, al delegado nacional de Sindicatos, Fermín Sanz-Orrio, 17/1/1944, AGA, Sindicatos, DNS, caja 00347. sindicalismo que contaba con el aval de la Iglesia católica? EL PROCESO DE CREACIÓN DE LA ASESORÍA ECLESIÁSTICA DE SINDICATOS En diferentes publicaciones realizadas a lo largo de su existencia, la Asesoría Eclesiástica rememoró su creación en términos triunfalistas: la Organización Sindical había propuesto a la jerarquía eclesiástica el nombramiento de unos asesores y esta había aceptado entusiasmada. De este modo, la Iglesia había avalado al sindicalismo vertical como católico o, al menos, como una fórmula que buscaba acercarse lo más posible al ideal señalado por la doctrina social de la Iglesia 24. Sin embargo, el análisis de los hechos que rodearon a la puesta en marcha de la Asesoría revela un proceso más complejo. En marzo de 1944 Fermín Sanz-Orrio expuso su proyecto al cardenal primado, Enrique Pla y Deniel. Este consultó la cuestión con el nuncio apostólico, Gaetano Cicognani y, a continuación, contestó a Sanz-Orrio que no tenía inconveniente en que la Organización Sindical solicitase a cada uno de los obispos su autorización para el nombramiento de asesores en sus respectivas diócesis. Paralelamente, se elevaría una consulta a la Secretaría de Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios de la Santa Sede para que esta estableciese los límites dentro de los cuales los asesores debían desempeñar su labor. De este modo, se daba vía libre a la constitución de la Asesoría. No obstante, esta no era la respuesta esperada por Sanz-Orrio, el cual hubiera preferido que el cardenal primado hubiese avalado explícitamente el proyecto, en lugar de limitarse a autorizarle para que se entendiera con los obispos 25. Recabar la autorización de los obispos era una tarea delicada para la cual se requería a alguien con capacidad para relacionarse con fluidez con 24 Asesoría Eclesiástica Nacional de Sindicatos, 1946: 39-52. 25 Carta del delegado nacional de Sindicatos, Fermín Sanz- Orrio, al asesor eclesiástico nacional de Sindicatos, Bernardino Antón Ortiz, 17/5/1944, AGA, Sindicatos, DNS, caja 00349. FRANCISCO BERNAL GARCÍA 8Hispania. Revista Española de Historia, vol. LXXXIII, n.º 273, enero-abril 2023, e010, eISSN: 1988-8368, https://doi.org/10.3989/hispania.2023.010 los mismos, pero que también fuese leal a la Organización Sindical. El elegido fue Bernardino Antón Ortiz, doctor en Derecho Canónico y en Teología y canónigo de la Catedral de Coria, pero con presencia constante en Madrid, donde ejercía como profesor de la Escuela Social. De ideología falangista, respondía al prototipo de eclesiástico comprometido con el proyecto verticalista, pero al mismo tiempo con el objetivo de redefinirlo en clave católica 26. Tras haber sido nombrado asesor eclesiástico nacional de Sindicatos por Sanz-Orrio, Antón Ortiz procedió a escribir a todos los prelados solicitándoles que autorizasen el establecimiento de una Asesoría Eclesiástica dentro de la Delegación Provincial de Sindicatos correspondiente a su diócesis. Paralelamente, escribió a los delegados provinciales de Sindicatos ordenándoles que seleccionasen a un sacerdote «socialmente preparado y de indudable adhesión a los principios de nuestro Movimiento» para que, cuando llegase el momento, pudiera ser propuesto al prelado para su nombramiento como asesor. Los prelados, en su inmensa mayoría, acogieron la idea con una actitud receptiva: mostraron interés en la propuesta y alabaron los fines que perseguía. Sin embargo, no procedieron a autorizar el nombramiento de un asesor, como pretendía Antón Ortiz, sino que solicitaron más información acerca de las funciones con que se pretendía dotar al nuevo organismo. Antón Ortiz trató de despejar estas dudas comunicando que las normas de funcionamiento serían acordadas por los propios asesores, en una reunión que se pensaba llevar a cabo una vez que hubiesen sido nombrados, pero este argumento no encontró el eco esperado 27. Eijo y Garay fue el único prelado que accedió al requerimiento de Antón Ortiz, nombrando como asesor a Abundio García Román. En el extremo opuesto, la única negativa tajante procedió del cardenal arzobispo de Sevilla, Pedro Segura y Sáenz, quien se había destacado duran- 26 Como podemos ver en su artículo: Antón Ortiz, Bernardino, «Sobre el espíritu social cristiano de la revolución nacionalsindicalista», Revista de Trabajo, Madrid, 21-22, 1941: 80-85. 27 Correspondencia del asesor eclesiástico nacional de Sindicatos, Bernardino Antón Ortiz, con diferentes obispos y delegados provinciales de Sindicatos, 1944, AGA, Sindicatos, Asesoría Eclesiástica de Sindicatos (AES), caja 25. te la Guerra Civil por su defensa del «derecho» de la Iglesia a sostener asociaciones profesionales y era, por lo tanto, hostil al monopolio sindical verticalista 28. En septiembre de 1944, ante la constatación de que el nombramiento de los asesores estaba paralizado, Sanz-Orrio solicitó a Eijo y Garay que redactase unas normas reguladoras de la Asesoría. La idea era ofrecer al conjunto del episcopado un documento que despejase toda suspicacia acerca del nuevo organismo. El obispo de Madrid-Alca- lá atendió esta petición y, acto seguido, la Delegación Nacional de Sindicatos dio carácter oficial a las normas por él redactadas, convirtiéndolas en la Orden de Servicio n.º 80 de 11 de octubre de 1944. Dicha Orden definía a la Asesoría como una «obra católico-social de apostolado» destinada a contribuir a que la Iglesia llevase a cabo su «misión divina cerca de los productores». Los asesores eclesiásticos provinciales serían nombrados por su respectiva jerarquía eclesiástica, reservándose los mandos sindicales el derecho a proponer a los candidatos 29. Antón Ortiz difundió esta normativa entre el episcopado, subrayando que procedía de un documento elaborado por el obispo de Madrid-Alcalá. Esta estrategia logró, solo en parte, el efecto buscado y durante las últimas semanas de 1944 nombraron asesor los obispos de Lérida, Granada, Alicante, Zaragoza, Murcia y Logroño, si bien eran todavía mayoría los que se mantenían a la expectativa. Ante esta situación, Sanz-Orrio y Antón Ortiz juzgaron que lo más conveniente era aguardar a que llegase la respuesta de la Secretaría de Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios, en la esperanza de que esta despejase las dudas de los indecisos 30. Dicha respuesta llegó en abril de 1945 y lo hizo en los siguientes términos: 1.ª- Que toda decisión práctica en esta materia se deje en manos de los Excelentísimos Señores 28 Segura y Sáenz, Pedro, «Instrucción pastoral sobre las asociaciones católico-profesionales en la Archidiócesis», Boletín Oficial del Arzobispado de Sevilla, Sevilla, 1318, 15/1/1938: 33-39. 29 «Orden de Servicio n.º 80 de 11/10/1944», Boletín Oficial del Movimiento, Madrid, 28/11/1944. 30 Carta del asesor eclesiástico nacional de Sindicatos, Bernardino Antón Ortiz, al delegado nacional de Sindicatos, Fermín Sanz-Orrio, 23/1/1945, AGA, Sindicatos, DNS, caja 00350. «INSTRUIR EN LO RELIGIOSO Y VIGILAR EN LO MORAL». LA ASESORÍA ECLESIÁSTICA DE SINDICATOS… Hispania. Revista Española de Historia, vol. LXXXIII, n.º 273, enero-abril 2023, e010, eISSN: 1988-8368, https://doi.org/10.3989/hispania.2023.010 9 Obispos, quienes, teniendo en consideración las diversas circunstancias locales, son los más indicados para juzgar dentro de qué límites sea conveniente designar expresamente un sacerdote que se encargue de esa misión particular. 2.ª- Dada la especial preparación requerida para tan delicada misión, los Excelentísimos Señores Obispos proveerán estos cargos con sacerdotes que, a un celo reconocido por la salvación de las almas, unan el conveniente conocimiento de los problemas sociales, vigilando al mismo tiempo a fin de que la actividad de estos Asesores Eclesiásticos se desenvuelva por encima de toda política de partido 31. Esta respuesta llevaba a cabo un complicado ejercicio de equilibrio, consistente en satisfacer el requerimiento realizado por la Organización Sindical sin que ello supusiese atribuir el marchamo de católico al sindicalismo vertical. Las últimas palabras resultaban significativas: los asesores se abstendrían de participar «en toda política de partido». Los sindicatos verticales estaban sometidos a la disciplina de un partido político —FET y de las JONS—, siendo este uno de los principales aspectos que había sido objeto de crítica por parte de los católicos sociales. La Santa Sede dejaba claro de este modo que su decisión de permitir el nombramiento de asesores no suponía un aval a la faceta política del sindicalismo vertical. Este dictamen permitió que los obispos terminasen de nombrar a los asesores. De este modo, se pudo celebrar en junio de 1945 la Primera Reunión de Asesores Eclesiásticos, con la ausencia, eso sí, del asesor de Sevilla, ya que Segura continuaba negándose a nombrarlo 32. En julio de 1946, Antón Ortiz, en una entrevista concedida a Pueblo, afirmaba que los sindicatos verticales llevaban a cabo una continuación mejorada de la labor realizada en su momento por el sindicalismo católico. Los objetivos eran, en ambos casos, idénticos: «la defensa del productor a la luz del Evangelio y de las doctrinas pontificias». El sindicalismo vertical era «indudablemente católico» y la decisión de 31 Copia de carta dirigida por la Secretaría de Asuntos Eclesiásticos Extraordinarios al nuncio de Su Santidad en España, Gaetano Cicognani, 25/4/1945, AGA, Sindicatos, AES, caja 10. 32 Delegación Nacional de Sindicatos de FET y de las JONS, 1945: 13. la Santa Sede de autorizar el nombramiento de los asesores así lo demostraba 33. Antón Ortiz consideraba alcanzados los objetivos que la Organización Sindical había perseguido mediante la creación de la Asesoría: legitimar el verticalismo mediante una asociación con la Iglesia y bloquear cualquier proyecto futuro de recuperar el sindicalismo católico. Sin embargo, unos meses antes de dicha entrevista se había producido un hecho que desmentía tal triunfalismo. Durante una visita ad limina del episcopado español a Pío XII, el papa había expuesto al cardenal primado la necesidad de que la Iglesia buscase un canal propio para relacionarse con la clase obrera, siendo la única forma de lograrlo la creación de una rama especializada de apostolado en el seno de la Acción Católica. Pla y Deniel había acogido entusiasmado esta propuesta, y como consecuencia de ello en mayo de 1946 la Acción Católica había aprobado unas «Normas generales para la especialización obrera» que permitirían la creación y puesta en marcha, ese mismo año, de la Hermandad Obrera de Acción Católica (HOAC) y, un año más tarde, de la Juventud Obrera Católica (JOC). Estas nuevas organizaciones de Acción Católica fueron presentadas como asociaciones de apostolado que no se inmiscuirían en el ámbito sindical. Sin embargo, desde un primer momento existió el plan de utilizarlas como plataformas para un futuro sindicato católico en el caso de que el régimen decidiese poner fin, algún día, al monopolio sindical falangista 34. Con la creación de la HOAC y la JOC se frustraba uno de los principales objetivos que la Organización Sindical había perseguido con la creación de la Asesoría: bloquear el desarrollo de una rama obrera dentro de la Acción Católica. De este modo, se ponían de relieve las limitaciones que poseía el aval que aquella había recibido de parte de la Iglesia. Esta había aceptado estar presente en los sindicatos verticales, pero no el que dicha presencia agotase su acción social sobre el proletariado. Muy al contrario, se reserva- 33 La entrevista, publicada el 2/7/1946, aparece reproducida en: Asesoría Eclesiástica Nacional de Sindicatos, 1946: 29-31. 34 LÓPEZ GARCÍA, 1995: 27-35. MONTERO, 2015: 158. FRANCISCO BERNAL GARCÍA 16 Hispania. Revista Española de Historia, vol. LXXXIII, n.º 273, enero-abril 2023, e010, eISSN: 1988-8368, https://doi.org/10.3989/hispania.2023.010 no era del todo voluntaria. En 1958 el misionero encargado de visitar las minas de Aviñante de la Peña, en Palencia, reconocía que muchos mineros se sentían incómodos durante la visita de los misioneros: «en estas misiones no es oportuno ir a los centros de trabajo, ya que automáticamente hace la contramisión. La predicación en estos sitios tiene en la mente del obrero un sentido político; se sienten molestos, así como sojuzgados por una influencia clerical» 65. Estos actos se caracterizaban, además, por su carácter timorato a la hora de abordar las cuestiones sociales. Antes del inicio de cada misión, los misioneros recibían unas instrucciones, redactadas por el propio Teodomiro de Villalobos, en las que se les advertía de que sus predicaciones debían ajustarse al modelo «tradicional». Ello suponía centrarse en los «temas religiosos» y evitar la «cuestión social» 66. Martín Brugarola, el responsable de la Sección Doctrinal de la Asesoría Nacional, no era tan tajante. Pensaba que los misioneros tenían que abordar la cuestión social, pero subrayaba que debían hacerlo con extrema prudencia. Debían medir sus palabras para que ninguna de ellas pudiera «exacerbar la lucha de clases». Las misiones debían dejar tras de sí un clima de reconciliación entre capital y trabajo, nunca de resentimiento. Al obrero había que decirle que tenía derecho a un «salario justo», pero también había que recordarle que la doctrina social de la Iglesia amparaba la «propiedad privada» y establecía la «obligación de trabajar» y de proporcionar al empresario un «rendimien- to adecuado» 67. El conservadurismo de las misiones de la Asesoría contrastaba con otras experiencias misionales de la década de 1950, en las cuales se trató de incorporar una sensibilidad social algo más evolucionada. Así, en 1953 el obispo de Bilbao, Casimiro Morcillo, organizó la «Santa Misión del Nervión» en las localidades situadas a ambas 65 Informe confidencial de la Asesoría Eclesiástica Nacional de Sindicatos sobre el desarrollo y resultado de la misión celebrada en la zona minera de Palencia del 23 de octubre al 1 de noviembre de 1958, AGA, Sindicatos, AES, caja 24-3. 66 Normas generales a las que han de atenerse los padres misioneros, 20/7/1948, AGA, Sindicatos, AES, caja 10. 67 BRUGAROLA, 1960: 20-30 y 85-95. orillas de este río. Esta misión, de dos semanas de duración, fue seguida de una «postmisión social» de una semana, durante la cual un equipo de predicadores difundió la doctrina social de la Iglesia, sin ocultar que existían «injusticias sociales» y llamando a los empresarios a cumplir con sus «obligaciones» 68. Significativamente, esta «postmisión» no fue encargada a la Asesoría Eclesiástica de Sindicatos, sino al Instituto Social León XIII, institución creada en Madrid por Ángel Herrera Oria para difundir la doctrina social de la Iglesia 69. Después de las misiones, los ejercicios espirituales constituyeron el segundo gran programa impulsado desde la Sección de Apostolado Religioso de la Asesoría Nacional. La Asesoría organizaba de manera recurrente ejercicios para obreros, los cuales podían ser «cerrados» o «abiertos». En los ejercicios «cerrados» los ejercitantes se recluían en una «casa de ejercicios» y convivían durante una semana bajo la atenta guía del director espiritual. Por su parte, en los «abiertos» las sesiones se reducían a un número limitado de horas al día y los ejercitantes regresaban cada noche a sus domicilios. En 1959 la Asesoría calculaba haber realizado unas 400 tandas de ejercicios «cerrados» y 670 de ejercicios «abiertos», con una media de 130 ejercitantes por tanda para los primeros y de 200 para los segundos 70. Para la celebración de estos ejercicios resultaba fundamental la colaboración de las empresas, que debían dar permiso a los obreros participantes para abandonar sus puestos de trabajo y continuar pagándoles sus emolumentos durante una semana. Ello explica el desarrollo de la fórmula de los ejercicios «abiertos»: muchas empresas que no estaban dispuestas a pagar a los ejercitantes por estar una semana sin trabajar sí aceptaban liberarlos durante un número limitado de horas al día. A veces, estos ejercicios «abiertos» se llevaban a cabo en la propia fábrica, en la capilla o en un salón de actos cedido por la dirección de la empresa. 68 MORCILLO, 1956: 9-32. 69 Instituto Social León XIII, 1953: 1-3. También: SÁNCHEZ JIMÉNEZ, 2016: 71-87. 70 Sección de Apostolado Religioso. Ejercicios espirituales, 1960, AGA, Sindicatos, AES, caja 11. «INSTRUIR EN LO RELIGIOSO Y VIGILAR EN LO MORAL». LA ASESORÍA ECLESIÁSTICA DE SINDICATOS… Hispania. Revista Española de Historia, vol. LXXXIII, n.º 273, enero-abril 2023, e010, eISSN: 1988-8368, https://doi.org/10.3989/hispania.2023.010 17 No obstante, los ejercicios espirituales para obreros fueron también objeto de una enconada polémica. Sus detractores señalaban que no eran «verdaderos ejercicios», ya que no se ajustaban al método desarrollado por san Ignacio de Loyola en el siglo XVI. En concreto, subrayaban que muchos de los obreros que acudían a los mismos carecían de fe, mientras que los ejercicios ignacianos presuponían la existencia de fe. En este sentido, denunciaban que, a menudo, los obreros ejercitantes eran, en realidad, «oportunistas» que lo único que deseaban era transcurrir una semana sin trabajar, «descansando y comiendo bien» 71. La Asesoría adoptó una posición favorable a los ejercicios para obreros, refutando las críticas que se les dirigían. El que se presentase a los obreros una versión simplificada de los ejercicios no iba en contra del modelo ignaciano, pues el propio san Ignacio se había mostrado partidario de que su método fuese adaptado para que pudiese beneficiarse de este la «gente ruda». Se reconocía que los ejercicios no eran el método ideal para quienes habían perdido la fe, pero se apuntaba que no era descartable que el ambiente recogido de los mismos llevase a algunos descreídos a convertirse. Se restaba importancia al hecho de que algunos obreros fuesen solo para «descansar y comer», pues siempre existía la posibilidad de que, a pesar de ello, terminasen siendo «tocados por Dios» 72. Sin embargo, esta flexibilidad de la que la Asesoría alardeaba a la hora de afrontar los ejercicios para obreros no siempre se veía plasmada en la práctica. En 1951 una tanda organizada en Albacete para obreras de la industria del esparto que habían sido seleccionadas por la Sección Femenina desembocó en un incidente. Los ejercicios marcharon mal desde el primer momento, debido a los constantes choques entre el director 71 La crítica a los ejercicios para obreros, en: Toni Ruiz, Teodoro, «Los ejercicios espirituales de San Ignacio. El complemento del IV Centenario», Hechos y Dichos, Madrid, XXIV/167, 1949: 3-14. Los argumentos favorables, en: Del Valle, Florentino, «Redención espiritual del proletariado. Los obreros opinan sobre sus ejercicios espirituales en retiro», Fomento Social. Revista Trimestral de Sociología y de Moral Económica, Madrid, IV/15, 1949: 287-306. 72 ¿Ejercicios a obreros?, 1947, AGA, Sindicatos, AES, caja 28. espiritual, designado por la Asesoría, y las ejercitantes, que no guardaban silencio y se dormían durante las meditaciones. Cuando llegó el momento de confesar, muchas se resistieron, alegando que les daba vergüenza, pues no lo hacían desde su primera comunión. El penúltimo día, un grupo de obreras obtuvo permiso del director para abandonar la casa de ejercicios, con la excusa de acudir a las oficinas de su empresa para cobrar unas cantidades que esta les adeudaba, circunstancia que aprovecharon para pasar toda la noche fuera. Cuando regresaron a la mañana siguiente, el director se negó a darles la comunión y les increpó, diciéndoles que solo habían venido «por el bollo y el chocolate». La delegada provincial de la Sección Femenina intervino, rogando al director que no dejase a las obreras en una situación «tan penosa», pero no logró hacerle cambiar de opinión 73. Finalizados los ejercicios, la Asesoría pidió explicaciones a la Sección Femenina. Diferentes responsables de esta enviaron informes en los que señalaban que el director había sido advertido de que las jóvenes obreras poseían un nivel cultural muy bajo. No se podía esperar de ellas que guardasen silencio todo el tiempo. Conseguir que confesasen y comulgasen era lo más a lo que se podía aspirar. El asesor religioso de la Sección Femenina, Justo Pérez de Urbel, señaló que al director le había sobrado «intemperancia», pues la evangelización de obreros requería altas dosis de «comprensión» 74. Este incidente ejemplificaba el choque de culturas que se producía en torno a los ejercicios: la cultura obrera, refractaria a la disciplina eclesiástica; la cultura clerical del director, rigorista y punitiva; y el paternalismo condescendiente de la Sección Femenina. La Voz de Cristo en las Empresas fue el tercer gran proyecto impulsado por la Sección de Apostolado Religioso. Consistía en la organización de ciclos de conferencias para obreros que se impartían en los centros de trabajo. La iniciativa surgió en Madrid, en 1946, a partir de una 73 Informe sobre los ejercicios espirituales de obreras, 31/7/1951, AGA, Sindicatos, AES, caja 27. 74 Carta del asesor religioso nacional de la Sección Femenina, Justo Pérez de Urbel, al asesor eclesiástico nacional de Sindicatos, Bernardino Antón Ortiz, 23/7/1951, AGA, Sindicatos, AES, caja 27. FRANCISCO BERNAL GARCÍA 18 Hispania. Revista Española de Historia, vol. LXXXIII, n.º 273, enero-abril 2023, e010, eISSN: 1988-8368, https://doi.org/10.3989/hispania.2023.010 propuesta de Eijo y Garay. Cada año se programaban tres conferencias que se iban repitiendo en diferentes centros de trabajo. Así, en 1946, el año inaugural, los temas elegidos fueron: «Cris- to, redentor de los humildes y prototipo del trabajador», «La Iglesia, propulsora de las más avanzadas reivindicaciones sociales» y «La función santificadora de los Sacramentos». Mientras que en 1952 el programa giró en torno al tema común de «El retorno de la familia a Cristo»: «Jerarquía y deberes del padre», «Función de la madre en el hogar» y «Los hijos» 75. A partir de la experiencia piloto de Madrid, la Asesoría fue extendiendo La Voz de Cristo en las Empresas por toda España. Las conferencias eran programadas a lo largo de la Cuaresma, produciéndose la última de ellas dentro del tiempo pascual. De este modo, la actividad servía para preparar a los obreros para cumplir con el mandamiento de comulgar al menos una vez al año, durante la Pascua. Inmediatamente después de la última conferencia, se celebraba una misa de comunión y, con anterioridad a la misma, se daba a los obreros la oportunidad de confesar. Así, en Palencia, en 1947 y 1948, la Asesoría impartió conferencias en la Fábrica Nacional de Armas, en la Yutera Palentina, en la Azucarera de Venta de Baños y en varias de las empresas mineras del norte de la provincia. Las conferencias incidieron sobre la necesidad de confesar y comulgar cuando llegase la Pascua, algo que se consiguió con un «éxito insospechado» 76. Indudablemente, una actividad como La Voz de Cristo en las Empresas requería una colaboración activa por parte de los directivos de las empresas, dado que las conferencias se realizaban en las instalaciones de las mismas y durante el horario de trabajo. En Ceuta, en 1951, la Asesoría, al contactar con los patronos para solicitarles la correspondiente autorización, les recordó «la gran obligación que sobre ellos recaía, ya que al 75 Circular del director nacional de La Voz de Cristo en las Empresas, Abundio García Román, a los asesores eclesiásticos provinciales, 20/2/1952, AGA, Sindicatos, AES, caja 28. 76 Carta del asesor eclesiástico provincial de Sindicatos de Palencia, Aniceto Martínez, al consiliario nacional de la Asesoría Eclesiástica de Sindicatos, Bernardino Antón Ortiz, 28/4/1948, AGA, Sindicatos, AES, caja 25. vivir los obreros bajo su autoridad y en su centro natural de trabajo, que es la fábrica, el taller o la obra de construcción, solamente en sus manos estaba el procurarles el alimento para sus almas» 77. Y en Orense el Asesor se congratulaba porque en varias empresas los obreros habían comulgado «con sus patronos al frente», oyendo estos la misa «en los primeros bancos de la iglesia». Una vez finalizada esta, los patronos habían obsequiado a los obreros con un desayuno 78. De este modo, se llevaba a cabo el ideal de Martín Brugarola: que en los centros de trabajo se celebrase la eucaristía y que en la misma participasen juntos obreros y patronos. La empresa no debía limitarse a ser una comunidad de trabajo, sino que, además, debía ser una comunidad espiritual. Solo de ese modo se conjuraría el fantasma de la lucha de clases. Los patronos se harían más conscientes de sus obligaciones sociales, especialmente de la de proporcionar a sus empleados un salario justo y de la de destinar parte de sus beneficios a obras sociales, preferentemente a las relacionadas con la evangelización de la clase obrera. Los obreros, por su parte, aprenderían a aceptar sin rebeldía su condición social: Los trabajadores, con la práctica eucarística, se resignarán en su trabajo humilde, al contemplar la profunda humillación de Jesucristo en la Eucaristía y en el Calvario, que la primera recuerda. Aprenderán así a ser dóciles como lo es Jesucris- to para ponerse en la hostia a las palabras de la consagración que pronuncia un sencillo sacerdote. Se mostrarán así más respetuosos de la autoridad. Es a veces doloroso el trabajo monótono que se impone al trabajador, pero este sacrificio se esclarece con un rayo divino a la luz del sacrificio no menos conmovedor de que está hecho el misterio de la Eucaristía 79. Los tres programas impulsados desde la Sección de Apostolado Religioso de la Asesoría Nacional —misiones, ejercicios espirituales y conferencias en empresas— nos permiten constatar que la Asesoría sostenía una visión fuertemente 77 Boletín de Información de la Asesoría Eclesiástica de Sindicatos, 6, 1951: 23-24. 78 Boletín de Información de la Asesoría Eclesiástica de Sindicatos, 5, 1951: 21-22. 79 BRUGAROLA, 1960: 114. «INSTRUIR EN LO RELIGIOSO Y VIGILAR EN LO MORAL». LA ASESORÍA ECLESIÁSTICA DE SINDICATOS… Hispania. Revista Española de Historia, vol. LXXXIII, n.º 273, enero-abril 2023, e010, eISSN: 1988-8368, https://doi.org/10.3989/hispania.2023.010 19 conservadora de la problemática social. La evangelización de los obreros era concebida como un instrumento para apaciguar y prevenir los conflictos sociales. Al mismo tiempo, las actividades de la Asesoría requerían de una colaboración activa por parte de las empresas, en la medida en que se celebraban en sus instalaciones y durante el horario de trabajo. Esto provocaba que tales actividades terminasen imbricándose en las estrategias paternalistas que las empresas desplegaban hacia su personal, contribuyendo a reforzar la idea básica sobre la cual se asentaban: la existencia de un vínculo personal entre empresario y trabajador en el que el primero recompensaba con generosidad la fidelidad del segundo. CONCLUSIÓN El sindicalismo vertical nació como un proyecto que buscaba resocializar a las clases trabajadoras españolas a través de la difusión entre las mismas de valores nacionales que, en principio, podían ser asumidos tanto por quienes profesaban activamente la religión católica como por quienes no. Sin embargo, a mediados de la década de 1940, fue redefinido para conciliarse con el proyecto de resocialización de las clases trabajadoras sostenido por la Iglesia católica, el cual pasaba ineludiblemente por una recristianización sin excepciones. Este giro estuvo determinado por las circunstancias políticas que rodearon a los meses inmediatamente anteriores a la derrota del Eje en la II Guerra Mundial. El sindicalismo vertical estaba perdiendo el empuje político del que había gozado en sus años iniciales, que le había llevado a ser reconocido como la fórmula sindical oficial del régimen franquista, y corría el riesgo de ser cuestionado en tanto elemento que contribuía a la identificación de dicho régimen con los totalitarismos derrotados en la contienda mundial. Este contexto llevó al delegado nacional de Sindicatos, Fermín Sanz-Orrio, a buscar un acercamiento a la Iglesia, como forma de consolidar institucionalmente el sindicalismo vertical y de blindarlo ante posibles cambios en el equilibrio entre las fuerzas políticas que sostenían al régimen. La propuesta de crear una Asesoría en el seno de la Organización Sindical contó con el respaldo entusiasta de Eijo y Garay, que fue uno de sus impulsores, y con el rechazo frontal de Segura y Sáenz. En el resto del episcopado, dominó una actitud de aceptación cauta. La supresión de los sindicatos católicos de obreros y de campesinos a manos del sindicalismo vertical había provocado una honda preocupación en los obispos, pero, una vez que había sido llevada a cabo, la mayoría de estos había optado por una actitud pragmática, consistente en buscar un acercamien- to a los dirigentes verticalistas en aras de que aceptasen incorporar un sentido católico al sindicalismo oficial. La petición de Sanz-Orrio, en el sentido de que la Iglesia nombrase unos asesores en el seno de los sindicatos verticales, fue por lo tanto bienvenida, en la medida que abría la puerta a la influencia eclesiástica en los mismos, así como a la utilización de sus recursos en beneficio de actuaciones de apostolado obrero. No obstante, la Iglesia se cuidó de otorgar a la Organización Sindical un cheque en blanco. Los asesores no fueron nombrados hasta que no existió un marco normativo preciso para el desenvolvimiento de sus funciones; la colaboración con el sindicalismo vertical fue planteada como estrictamente religiosa y no política; y, lo más importante, no se otorgó un reconocimiento pleno a la Asesoría —mediante el nombramiento de un obispo para encabezarla— hasta que no quedó resuelta la cuestión de la especialización obrera en el seno de la Acción Católica, mediante la creación de la HOAC y la JOC. Una vez puesta en marcha, la Asesoría centró su actuación en una serie de actividades de apostolado obrero que incidían, particularmente, en la preparación para recibir los sacramentos y en la administración de los mismos. Asimismo, se interesó por la moralización de la vida pública, haciendo especial hincapié en la moralidad sexual, en la represión de la blasfemia y en el respeto al precepto del descanso dominical. La formación religiosa de los aprendices y el fomento de las devociones públicas a través de las cofradías profesionales fueron también ámbitos que atrajeron su atención. En todas estas actividades la Asesoría dejó plasmada una concepción tradicionalista de la religión que FRANCISCO BERNAL GARCÍA 20 Hispania. Revista Española de Historia, vol. LXXXIII, n.º 273, enero-abril 2023, e010, eISSN: 1988-8368, https://doi.org/10.3989/hispania.2023.010 hacía hincapié en los aspectos más clericales y formalistas de la misma. Por lo que respecta a sus concepciones sociales, la Asesoría se adhirió a una versión altamente restrictiva de la doctrina social de la Iglesia que incitaba a los empresarios a ser generosos con los trabajadores y a estos a guardar fidelidad a los primeros. Se trataba de un planteamiento social que eludía cualquier análisis crítico de las condiciones laborales y de vida de la clase obrera, remitiendo la solución de los problemas sociales a la buena voluntad y la armonía entre las partes. Los principales programas de apostolado que fueron impulsados desde la Asesoría Nacional —misiones interiores, ejercicios espirituales y conferencias en empresas— requerían para su celebración de una colaboración activa por parte de las empresas, lo que les convertía en herramientas complementarias de las estrategias paternalistas que estas desarrollaban para lograr la aquiescencia de sus empleados. La Asesoría recogía, de este modo, la tradición más conservadora del catolicismo social español, caracterizada por un predominio de los objetivos recristianizadores —el fomento de los sacramentos y de la moralidad sexual— sobre los estrictamente sociales —la difusión de un mensaje de justicia social que favoreciese la reconciliación entre la Iglesia y la clase obrera—, así como por la complicidad con el empresariado. BIBLIOGRAFÍA Acción Católica Española, Guía de la Iglesia y de la Acción Católica Española, Madrid, Secretariado de Publicaciones de la Junta Técnica Nacional de la Acción Católica Española, 1943. Almarcha Hernández, Luis, La cooperación como sistema económico-social, Madrid, Diana, 1945. Andrés-Gallego, José, «Práctica religiosa y mentalidad popular en la España contemporánea», Hispania Sacra, 46/93 (Madrid, 1994): 331-340. Andrés-Gallego, José y Pazos, Antón, La Iglesia en la España contemporánea, II, 1936-1939, Madrid, Encuentro, 1999. 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