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FACULTAD DE GEO GRAFIA E HI STORIA
DEPARTAMENTO DE AN TROPOLOGIA SOC IAL
PROGRAMA DE DOCTORA DO
“ RELACIONES INTERETNICAS EN AM ERICA LATINA: PASADO Y PRESENTE”
TESIS
DINÁMICAS INTER ÉTNICAS Y RE-S IGN IFICACIÓN DE IDENTIDADES, EN EL RITUAL DE LA
ETNOMEDICINA INDÍGENA DEL YAGÉ EN MANIZALES-COLOMBI A
DIRECTOR
DOCTOR PABLO P ALENZUELA CHAMOR RO
JULIO DE 2014
AUTOR
JORG E RONDEROS VALDE RRAMA
SOCIOLOGO
UNIVERSIDAD NACIONA L DE COLOMBIA
MAESTRO Y ESPE CIALISTA EN PLAN IFICACION Y DESARROLLO REGIONAL
UNIVERSIDAD DE LOS AND ES-COLOMBIA
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Agradecimiento s
Aprove cho este espacio para agradecer de manera especial, al Departamento de
Antropología y Sociología y la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales; a los integrantes
del grupo de investigación Cultu ra y Droga y académicos q ue me acompañaron; a los
directivos que ejercieron las funciones de rec tores y vicerrectores académicos e
investiga ciones, entre 1997 y 200 0 y 2004 a 20 06 y 2 011 y 2 013, y en ge neral, a los
integr a ntes de las demás instancias académicas y dire ctivas de la UC , p or el apoyo
académico y ma terial, brindado en los dive rsos momentos a lo la rgo de quince años en
que desa rrollé la investig ación y la entr ega de esta Tesis de Doctorado .
A la J unta d e Andalucía y a su Universidad Internacional de Andalucía (Sede de La Rá bida)
y a los gestores del programa de Doctorado, doctores Pablo Palenzue la , como mi director
de tesis, e I sidoro Moreno, Director del Doctorado. A la Universid ad de Sevilla y a los
directivos que hicieron posi ble la realización del doctorado, entre ellos el D r. Juan
Marchena, activo y emérito profesor; a lo s profesores d el Departamento de Antropología
Social y de la F acultad de Geo grafía e H istoria que participaron como p rofesores y t utores,
como Carme n Gó mez (Q.E.P.D) y demá s; y a lo s comp añeros y compañeras de la cohorte
del doctorado, españoles, argentino s, colombianos y cada uno d e los estud iantes de Perú,
Chile y Cuba, que an imadamente nos acompañaron y ac ompañamos.
Agradecer las enseñanzas y la apertura de los taita s y sus familiares q ue a ceptaron
compart ir m omentos de sus vid as y ceremonias p ara b rindar sus conocimientos. A Pacho
Piaguaje (Siona Q .E.P.D.) y M artí n Ágreda (Camentsá Q .E.P.D). A lo s descen dientes del
linaje Ágreda, Floro y Juan Bautista , a P astora Chind oy y a s u ma dre doña R osario y demás
familiares Camen tsá del Sibu ndoy del Alto Putumayo; a su nie ta Margarita Jacanamejoy y
su familia; a Hugo Jamioy y su esposa Ati, como a su padre tai ta Román y madre d oña
Pastora. A lo s d escendientes d el linaje Piaguaje, su hijo Indio J ulio y J ohn, y sus discípu los,
como Libardo Maniguaje y Domingo Cuatindioy ( Inga). A los sabedores y médicos Kofán
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del lina je Quet a: Universario y Gustavo Queta, Hernando Criollo y Tiberio Lucit a nte. Al
Witoto y mura ne taita Rodolfo Guiagrekudo.
A los mestiz os y también recon ocidos como ta itas, W illiam Torres (Kajuyali Tsamani) y
Hernando Arango, quienes co mo discípulos y aprendices de ta itas hoy tienen s u camino
afianzado s e n sus entornos. A los amigos y líderes espirituales neo-chamane s y ch amanes
en Man izales, en e special H ernando Salaz ar y el colectivo d e Casa Verde -La Gua jira;
Octa vio Moreno, líd er de la A sociación Chamánica y E cológica d e Colombia y demás
compañe ros de la casa temp lo en Neira y Sa n Agustí n; a León idas Giraldo d el colectivo del
Alto del R oble, Neir a y a los curan deros quienes ll egan al Eje Cafetero y Man izales,
provenientes d e M ocoa, Emiro Castilla y Luis A. Pa sos A. y a su s esforzad os y
comprometidos d iscípulos y aprendices.
En general, a mis e x-discípulos y discípulos, especialmente quienes han sido
coordinado res e integrante s d e los Sem illeros Visionari@s y P lantas y Arte, y los colegas y
amigos del grup o de investigación por su compañía y an imación.
Quiero resaltar el aporte in telectual sobre la im portancia antropológica e histórica del
fenómeno contempor áneo de los c hamanismos y n eochaman ismos en sociedades
occident a les parte de Josep Ma ría Fericgla, colo quial y como amigo: “Txema”. Me an imó y
me hizo interesar i nicialmente por est e trabajo y cuan do fu ngió en su mo mento como
director de la te sis y así pude estructurar los p rimero s lin eamientos y capítulos en
borrador. A l a S ocietat de E tn opsicología Aplicada (Sd´EA ), por su apoyo y fin anciamiento
para avanza r en la p rime ra parte d e la Tesis primero en Barcelona y luego en Cam p Benet
Vives. A l os amig os de la E scola de Vid a Simultan eid a d. Con ellos, a todos los amigos y
académicos c omunes que pu de conoce r d e España, E stados U nidos, B rasil, Méxic o, Perú y
Argentina con quienes n os en contramos y seguimos h aciéndolo e n c ircunstancias y
acciones particula res en este camino.
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Dedico este tr abajo i gualmente a mi f amilia, e n especi al a mis h ijas Valeria, Ka lia María,
Vania P aulina, Claudia Gulnara y a mi h ijo Jorg e Da vid y a su s madres; a mi madre M aría
Inés, herman as y sobrinos y al tío Carlos José (Q.E.P.D), Mayit a y sus hijos.
A Ángela, amada y p ermanente compañera de viaje durante la historia d e vida compartida
en Colombia y España, ligada a esta tesis.
No p odría dejar d e lado a q uienes me h an enseñado sus medicinas: l a ma dre tierra, c on
sus p lantas y todos los de más seres que h abitan e l planeta y no s brin dan e n todo
momento sus enseñ anzas. A la s agrada med icina d el y agé, po r sus aprendizajes y en
especial, p or ab rirnos un campo de profundid ad humana numinoso, p ara trab ajar cada día
con mayor clarid ad e intentar e ntender, en el plan o cotidiano y prá ctico, el espíritu de la
Vida co mo Un idad, en este Cosmos qu e h a bitamos en el mo vimiento perenne de la
energía y la Materia.
Sevilla, Andaluc ía, otoño-invierno 2013-2014
Manizales, Caldas -Eje Cafetero -. Los Andes colombianos, 2013-2014
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Fue apr obada , s egún acta de evalua ción de Tesis doc toral de la Univers idad de Sevilla, España . Regula do
por RD. 99/2011(nor mativa regulada p or acu erdo 7.2/CG: 1 7-6-11) en Sevilla a 19 de febrero d e 2015 D/D
a
JORGE RONDERO S VA LDERRAMA . Cali ficada co mo NOTA BLE. Fu ngió como pr esiden te el Dr. IS IDORO
MORENO CHAMORR O, como secretario el Dr. JO AN PRATS I CAR ÓS y com o vocales los
doctores: CARLOS
MARÍA CAR AVANTES, JOSE P FERICGL A GONZ ÁLEZ Y JOAN PALLARÉS GÓMEZ.
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LISTA DE SIGLAS
Agencia de las N aciones Unidas p ara los Refugiados (A CNUR)
ALTO Y BAJO PU TUMAYO (AP y BP)
Asociación Cham ánica y Ecológica de Colombia (ASOCHECO L)
Asociación de Cabildo s Indíge nas de Cald as (ACICAL)
Autodefensas Unid as de C olomb ia (AUC)
Centro de Mon itoreo de D esplazamiento Interno (IDM C )
Constitución Política de Colombia (CPC)
Departamento de Antropolo gía y Sociología (DAYS)
Depa rtamento A dmini str ativo Naciona l de E stadísticas de Colombia (DANE)
Dietilamida de Ác ido Lisérgico LSD- 25. (LSD)
Drug Enforcement Ad ministration (DEA)
N,N-dimetilt riptamina (DMT )
Empresas Protecto ras de la Salud ( EPS)
Estado s Modificados de Conciencia (EMC)
Estado Modificado de Conci encia Chamánico (E MC - CH)
Estados Un idos de América (USA)
Etnomedici na del yagé (EMYA)
Fecha consulta do úl tima vez en Internet ( C .U.V.)
Fondo Mon etario Internacional (FMI)
Fuerz as Armadas Revolu cionarias de Colombia. Ejérc ito del Pu eblo. (FARC-EP)
Guerra cont ra las Drogas (GCLD)
Grupo de In vestigación e n Cu ltura y Droga (GICY D)
Grupo para el Estud ios de las Identidades Socioculturales e n Andalucía (GEISA )
Inhibidor de la Mono amina Oxidasa (IMAO)
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Institut o Colo mbiano de Antropología e Historia (ICANH )
Investigación Acción Pa rticipativa (IAP)
Jorge Ronderos Va lderrama (JRV)
Línea de inve stigación en Cultura y Droga (LICY D)
Maestrí a Culturas y Droga (MCSYD)
Maloca Nabi Nun hue (MNH)
Maloca Rio Claro ( MRC)
Monoamin o o xida sa (MAO)
Nacione s Unidas (NNUU)
N,N-dimetilt riptamina (DMT )
Organización Mundi al de la Sa lud (OMS)
Organización de la N aciones Unidas para la Educación la C iencia y la Cultura (UN ESCO)
Proyecto Educati vo Institucional (PEI)
Que en Paz Desca nse (Q.E.P.D)
Sistema Nervio so Central (SNC)
Universidad de Ca ldas (UC )
United Nations Office on Dru gs and Crime (UNODC)
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TABLA DE CON TENIDO
Página
CAPÍTULO I ....... ..... ....... .......... ......... ............. ........ ......... .......... ......... .............. ......... .......... ......... ... .... 12
1. INTRODUCCIÓN ................ .................... ................... ................... ... ......... ........... .......... ............ .. 12
1.1. Anteced e ntes y context o de la Tesis ............. ................... ............ ............................... .... 12
1.2. Contexto político y social: la Universidad de Caldas y la investi gación como propó s ito .. 24
1.3. Medicinas t r adicionales, r emedios y yagé. C ont e xtos culturales entre lo indí g ena y lo
urbano-rural ........... .......... ......................... ................ ................... ........................ ................... ...... 27
1.4. Chamanis m os y neo-chaman i smos. Las dro g as como disposit iv o de socializa ción y
adapt a ción: Aprendizajes y cul tura. Dinámicas int eré tnicas y globaliza c ión...... ................... ....... 30
1.4.1. Chamanis m os y neo-chamanismo s ......... ............... ............ .......... ................... . ...... .... ... 30
1.4.2. Las drogas como dispo sitivo de socialización y adapt a ción : Apre ndizajes y C ultura ... 35
1.5 La apuesta me todol óg ica .......... ............ .... ............ .......... ............ ............................... ............ . 48
CAPITULO II ............ ................. ...................... .................. ................... .. ............ ................... ............ .. 52
2. FUNDAMENTOS T EÓRIC OS Y MARCO EPI S TÉMICO E INTER DISC IPLINARIO EN C ULTURA Y DROGA
.......... ................... ............ ..................... ............ .......... .......................... ................. ................... ......... 52
2.1 El proceso de c onstruc c ión y ap r opia c ión teórica para el plant ea miento del problema de
investi g ación desde el epistem e cultura y dro g a .......... .......... ............ .......... ............................. ... 53
2.2 El episteme cult ur a y droga: yagé, antropol og ía, chamanis m os y neo-chamani s mos ....... .... 68
2.3. Cultura, rit ual de la medicina del yagé, socializació n, mimetismos y ap r e ndizaj e ...... .......... 73
2.4. De los chamanis mos originarios a l os neo-chamanismo s c ont em poráneos ................ .... 92
2.5. Otros int e rrogantes y alguna s discusiones teó r icas .............. ............... .......... ........ ....... .. 116
CAPÍTULO III ......... ................... ..................... ................... ................... .. ............ ................... ............ 127
3. UNA NE C ESARIA CONTEXTUALIZACIÓN INTERDISI CIPLINARIA SOBRE LA ETN OMEDICINA DEL
YAGE ............ ............ ................... ... ............... .............. ................... ... ........... ................... ............... .. 127
3.1. Una referencia ob l igada y un a crítica interetnobioét ica ...... ............ .......... .................. ... 129
3.2. Etnob o tán ica y farma cologí a del yagé. Definiciones y p rec isio on es ¿yagé o ayahu as ca?
134
3.3. Conceptos bo tánicos, químicos, fa r macol ógicos y antropo l ógicos: Algunas refer encias de
contexto ............ ............. .......................... ............... ......... .......... ........................ ................... ...... 14 8
3.4. La química del y agé ........ .......... ................... ................... ........ ......................... .......... ...... 16 0
3.5. La preparación del remed io . Recetas y apropiaciones ........... .......... ................... ...... ..... 162
8
3.6. El tráfico y com er cio del yagé. E specialización y di vi sión del t r abajo ............ .......... ....... 168
CAPITULO IV .. ....... ............... ......................... ............... .......... ........................ ................... ............. .. 175
4. CULTURA Y BIO LOGÍA vs BIOLOGÍA Y CULTURA. NATURALEZA, CIEN C IA Y ESPIRITUALIDA D 175
4.1. A manera de ep í logo y con texto ....... ........................ ............. .................. ..................... .. 175
4.2. El aporte de Bates on. Espír it u, Naturaleza y Ecología de la mente ............. ................ ... 185
4.3. La Hipótes i s GAIA y El Ant r opoceno ........ ....................... ........ .............. ........... .......... ...... 20 2
4.4. Relaciones inte r étnicas, cri s is ambiental, espi r itualidad y salud ...... ................... ....... .... 213
4.5. Ritual e s chamanísticos, Estado s Mod ificados de C onciencia y Espí r itu ............ .......... ... 216
CAPITULO V ... ............ .......... .......................... .............. .......... ........................ ................... ............ ... 219
5. EL PROBLE M A DE INVESTIGACIÓN. H IPÓT E SIS Y OBJETIVOS. MET O DOLOGÍA Y T ÉCNICAS ... 219
5.1. Focalizand o el pr oblema de i nvestigación ................... ............ .......... ........................... .. 219
5.2. Plant ea mientos ini ciales del problema. A m anera de int r oducción ..... .......... .............. .. 226
5.3. La presencia C ultural del ya gé en el Eje Cafetero ............ ............ ......... .......... .... ......... ... 232
5.4. Otros int e rrogantes para el plan teamiento del pr oble ma .... .................. .......... .............. 23 3
5.5. La dive r sidad en la intercult ural idad y l a globalización. Del pasado a l present e ........... . 234
5.6. Dinámicas interét nicas, chamanismos y neo-ch a manismos .... .......... ................... .......... 240
5.7. Hipó tes is de trabajo para e l plant e amiento del problema ............ ................... .............. 24 1
5.8. Objetivo s ................... ..................... ......... .......... ................... ........................ ................ ... 242
5.8.1. General .. .......... ................... ..... ...... ................... ................. .......................... .............. .. 242
5.8.2. Específicos .................. ..................... ......... .......... ............... ............................ ............ .. 24 3
5.9. Apuest a metodoló g ica. La investigación cualitat i va ... ......... ............. ................... .... ....... 243
5.10. Enfoqu e de la investigación : e ntre la et n ografía y la fen omenología ... ................... ... 247
5.11. Trabajo de campo ........... ............ ................. .......... ............ ............................... ........... 249
5.12. Técnicas: Obse rva ción pa r ti cipante, entrevistas, grupo focal y algunas trayecto r ias de
vida 255
CAPÍTULO VI .. ....... ............... ......................... ............... .......... ........................ ................... ............. .. 261
6. ÁREAS GEOCULTU R ALES DE OBSERVA C IÓN: L AS REGIONES INDÍGENAS DEL A LTO Y BAJO
PUTUMAYO (AP y BP) Y UR BANO-RURALES D E MANIZALES- CALD AS ...... ................... ......... .......... . 2 61
6.1. Dinámicas etn oh ist ór icas e interétnicas ................... ............. .................. ..................... .. 263
6.2. Colombia: Datos sociodemo g ráficos y de localización de las dos regiones y á reas de
observación, ub icadas en lo s de partament os de Putumayo (AP y BP) y Caldas ........ .......... ...... 26 4
6.2.1. Activi dades de la pobl ación urbana y rural .. .......... .......... ............ ......... ..................... . 267
9
6.2.2. La población i nd ígena y el m estizaje en los procesos d e etnicidad .......... ................. . 268
6.2.3. Conformación fa m iliar y es tado conyugal ....... .............. ... ................... ........................ 271
6.2.4. Educación ................. ................. . ............. ................... ............ ..................... ......... .... ... 272
6.2.5. Dinámicas m igratorias y co nflictos de desplazamiento forzado ......... ................... .... . 272
6.2.6 Economía y act i vidad e s industriales ..................... ............. .................. ..................... .. 273
6.3. Bajo y Alt o Putumayo. Pueblos y Com unidades ................. ............ ................... .......... ... 274
6.3.1. Geografía y denominación ....... ..................... .......... ............ ......... .......... .. ................. .. 274
6.3.2. Pobl ación y presencia indíg ena a ncest r al y actual ............ ............. ................... . ......... 276
6.3.3. Pueblos indígenas y territorios del AP y BP ................... ............ .......... ....................... . 277
6.3.4. Los pueblo s del Bajo Putumay o: Ter r itorialidades y mu nic ipios ......... ................... ... . 278
6.3.5. Los pueblo s del Alto Put um ayo: Territorialidades y m unicipio s ................. ............... . 279
6.3.6. Contexto etnohi s tórico ......... ... .......................... .......... ............ ............................... .... 28 0
6.4. Caldas y Maniza les. Territo r ios: fincas, malocas y te mplos. Descripciones et n ohistó r icas y
etnográficas ....... ............... .......... ....... ....... ................ .......... .............. .... .............. .......... .............. . 289
6.4.1. Geografía y denominación ....... ..................... .......... ............ ......... .......... .. ................. .. 289
6.4.2. Pobl ación y presencia indíg ena a ncest r al y actual ............ ............. ................... . ......... 290
6.4.3. Manizales co m o región. El cent r o-sur de C aldas ......... ..... ................. ....................... .. 29 5
6.4.4. Contexto etnohi s tórico y cultural del territorio ........ ............ ................... ......... .......... 2 96
CAPÍTULO VII ............ ................... ....... ........... ............ ......... .......... ........................ ................... ........ 303
7. INTERPRETACIÓN ETNOGRÁFICA Y FENO MENOLÓGICA DE LAS DINÁMI C AS INTERÉTNI C AS Y
LA RESIGNIFI CAC IÓN DE ID ENTID ADES EN E L RITUAL D E LA ETNOMEDICINA DEL YAGÉ (EMYA) .. 303
7.1. El ritual de la EMYA como d isposit ivo de mímesis interétni co ................ .......... ............. 30 4
7.1.2. Ritual e s nativos o propios de taitas/ c uracas/chamanes....... .......... ................... ......... 310
7.1.3. Ritual e s indígenas trans-u rbano-rur al es ................... ........ .............. ......................... ... 311
7.1.4. Ritual e s neo-chamanístico s urbano-rurales ................ ............ .......... ........................ .. 313
7.1.5. Esquema comparati vo y organizativ o i nterétnico del desa rr ollo de los ritua les ....... . 315
7.1.6. El “Óvulo Vita l”: Funcion e s del r itu a l .................. .............. ................. ..................... ... . 321
7.1.7. El Remedio. Su p re paración y comunión . .............. .......... ............ ................... ............ 329
7.1.8. El curande r o: tait a /chamán/neo-chamán. Rol y funciones ............. .......... ................ . 333
7.1.9. El ajuar chamánic o ........ ............ ................. ................... ............ ..................... .......... ... 335
7.1.10. Música e inst r umentos chamánico s y neo-chamánic os ..... ................... ......... .......... .. . 340
7.1.11. Los tiempos del r itual: De lo sagrado y tradicional a lo l aico y neo-ch a mánico ....... .. 342
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como r emedio y med icina indíge na, la cual se con vertiría en el eje central de esta Tesis;
esto a raíz de las potencialidad es c u lturales que apre ciamos en ese momento e n el m arco
de las relaciones interétnicas, en tanto u n fen ómeno de interés antropológico y de las
religiones comparadas, tal y como lo era el chamanismo, temática que consider amos de
profundidad en el ámbito de la ecología humana e hi stórica.
También nos q uedó claro q ue, e n el origen de las cultur as humanas , h ubo ciert as drogas
que tuvieron un carácter sagrado, mi stérico y qu e cumplieron, s egún sus uso s, fun ciones
para confrontar dos de los grand es miedos d e los se res humanos: la mu erte y la
enfermed ad. Dos condiciones d e la vid a q ue los human os en sus orígenes poco conocían,
rode a d as de misterio, pero que e staban n ecesariamente imbricadas en la misma realidad
de la Vid a. Sin embargo, fuer on des c u briendo, progresivamente, la eficacia de a lgunas de
estas sustan cias o drogas pa ra interactuar y confrontarse con t ales “mund o s” o realidad es.
En la actualidad h ay hipó tesis, académicamente r elevantes y aceptadas, de q ue tal
interacción co-evolut iva entre al gunas plan tas y los hu manos que las descubrieron,
facilitaron e incidi eron e n el pro ceso mismo de hom inización, el cual incluyó la
constru cción d e c o smovisiones y p rácticas concret as fren te a la V ida, la muert e y las
enfermed ades; tal y como se ha evidenciado en hallazgos arqueológicos y p aleo-
antropo lógicos, tipo enterramientos, pinturas rupestres y e l tratamientos de los en fermos,
observable en fósiles de plantas y artefactos.
Hacia e l año de 1997, se p lanteó un a hipótesis entre l o s inve stigadores de la LICYD, la c ual
ha ser vido p ara la comprensión ep istémica entre biología y cultura:
palabra m ás d ivulgada en medios masivos en Colo mbia y por hab erse adoptado e n la escritura d e los
diverso s artículos y p onencias o t ex tos que hemos escrito. Cuando se citen aut ores que la escriban con J, se
la referenciará te xtualmente. Sobre es te te ma nos referi mos ampliamente en los dos capít ulos
subs iguientes.
12
“ A y ahua sca. (Del quichu a aya, muerto, y huasca , cuerda). f. Ec uad. Y Pe rú. Liana de la selv a de cu yas
hojas se prepa ra un br ebaje de e fectos alucinógenos , e m pleado por cha manes con f ines curativos ”
(Biblioteca de Consu lta Microsoft® Encarta® 2003. © 1993-2002 Microsoft Corporation . Reservados todos
los derechos) .
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Tras un largo y tedioso pr oceso de hominización, que duró c erca de 4 mi llones y medio de
años (SC HULTES & HOFMANN, 19 82, p. 1 6), por ensayo y error, y co mo produ c to de e sa
tendencia a explorar que caracteriza a todos los s istemas vivos, ha ce aprox imadame nte
1.500.000 años , t opose el Homo habilis c on un as planta s que c ontenían sustan ci as
psicoactivas que producían gran placer. Por plac er q ue le produjeron, el Homo y su grupo
continuaron consumiendo es tas plant as que, por s us efectos, no sólo les dieron ventajas
adapt ativas que favo recieron la supervivencia de s us desc endientes, sino que estimularon el
rápido crecimient o del cerebro que pe r mitió lueg o, la sorprendent e acel eración que
car acteriz ó la e volución del hombre, en los últimos 60.000 años, así c omo la aparición de la
cultura (MARULAN DA , 199 9, p. 112).
En la misma dirección y en fo rma compleme n ta ria, el investigador uruguayo Da nilo Antó n
(2002), e s contundente en su trabajo, en el que aport a y a mplía descriptivamente con otra
hipótesis, señalando:
La hi pót esis c entral de nues tro trabajo es que algunos vegetales generan formas de
comunicación muy espec i alizadas o de gran fue r za que le s permite t r ansmitir mensaje s
complejos a los centros nerviosos de los mamíferos (por Ejempl o a los primat e s y en
particular a los seres humanos (p. 19).
Y agrega:
Plantas que s on parte de nuestra especie humana. Sabemos que existen numerosas plant a s
con propiedades psicoactivas en las tierras afri c anas y euroasi áticas : hongos, hierbas,
enredaderas, arbustos y árboles. Muchas son adopta d as por los primates que habrían de dar
lugar a los seres humanos. Debido a la antigüedad de su presencia e n est os continentes,
hubo sobrado tiempo para probar todas las especies y vari edades una y otra vez hasta
encontrar aquellas que tenían propiedades m edicinales y en part i cular las que producían
efectos psicoactivos y visiona r ios. Gradualmente toda la especi e se fue haciendo
consumidora y consecuentemente, las c apacidades sensoriales e i ntelectuales se adapta r on
a la nueva diet a. A la vez que se extend í an los ter rit or ios poblados se ampliab a el á mbito
ecológico de es tas plantas. En algu no s cas os se crearon asociaciones simbiót icas . L as
comunidades humanas c onsciente o inconscientemente transportab an pla ntas y plantaban
las semillas, brotes o espo ras y de esa manera ayuda ban a su propagación. (p. 38)
Las p erspectiva s b rindadas po r e stas hipótesis sirven de fundamento e n la r elación
epistémica par a e l abordaje d e cultura y dr oga, e specialmente, en la realidad que hemos
concebido co mo cultura y biología, tema que será abordado en el siguiente capítu lo.
18
Conviene precisar que desde 1998, en nuestro trabajo in ves tigat ivo, s e había abiert o
progresivamente u na nueva di mensión teó rica y epist emológica d el análisis cultur al de las
drogas, d efinidas co mo su stancias biológicamente activas (BR AILOVSKY, 199 9, p. 9 y
FERICGLA, 2000 , p. 7), algunas d e las cuales inciden en mayo r o meno r medid a en lo que
se conoce como E stados Modificados de Conciencia (EMC)
13
.
En e l t ema de los EMC, habíamos iniciado desde 1998, u n proceso académico de
formación, invitando a expert os e inv estigadores ex tranjeros y colombianos d e reconocida
trayectoria para realizar seminarios, conjuntamente con la p articipación de algunos
taitas
14
Kamsá. Además, en este cont exto, contribuyó la art ic u lación de la formación
obtenida en el d oc torado, dir igido por el D r. Isidoro Moreno, profesor del Depa rtamento
de Antr opología Social, con el proceso de la LICYD, y así se fortalecieron las ac tividades
investigativas que se d esarrollaban e n e lla; ell o ampliaría la perspectiva int erdisciplinaria y
específicamente, planteaba para la investigación y como algo central, contribuir d esde la
ciencia a crea r puentes de interacción entre los cono cimientos de los s abed ores de
pueblos indí genas y los académicos de las sociedade s occidentales y la ciencia. De esta
forma se p odrían abor dar desde lo étnico y la s etnicidades, las f uncio nes de algunas
sustancia s y dr ogas en marcos ritualizado s de aprendizaje y co nocimiento sobre los usos
de determinadas medicinas, c omo un potencial en salud y espiritualidad , todo ello
asociado a cambi os de pautas en los modos de vida.
13
Este tér m i no (E MC) a veces s e confunde con Estad os Altera dos de Conci encia (EAC). En la revisión hecha
encontra mos s u us o como s in ónimos. Como es el cas o de Josep Fericgla en s u trabajo El Sist ema Diná mico
de l a C ult ura y los Diversos Estados de l a Men te Hum ana. Bases para un i rracionalism o Sistémico. No
obsta nte, el autor posteriormente corrigió el término por EMC, el cual es el result ado de una técnica
específica que indu ce, en un co nte xto cul tural concreto, a la o btención d e un resultad o: la experiencia
trascend ental; mientras que EA C es prod ucto de al guna situaci ón o caus a n o bus cada (dañ os cerebro
vas culares, intoxicaciones, accidentes, si tuacion es t raumáticas ) y el result ado es aleat orio. En e l aparte
teórico correspon diente s e precis ará más al r especto.
14
Taita . Término u sad o po r los ind ígenas par a refer irse a los mayores. Puede ser s in ónimo de autoridad . Es
común su uso en la EMYA, para q uien tiene este conoci miento. Ta mbién s e afir ma que provi ene de la
palabra de origen qu echua Tata , o persona mayor y d e sab iduría . Ha sido ado ptado en el mundo blanco, po r
quienes as isten a cerem oni as y rituales de la EMYA, para dirigirse al sabedo r o médico tradici onal ind ígena.
Tiene un c ontenido se mántico de f amiliaridad y c on fianz a.
19
Fue así, co mo e n la LICYD nos planteamos e l objetivo d e co n ocer u n tipo d e r ealidad en
conflicto, puesto que incluía la d emoniza ción de algun as plant as, cuyos alcaloid es se
habían prohibido por normas inte rnacionales, mientras que en sus conte xtos ancestrales y
cultura les, ha bían sido sagrada s p or miles de años, reivind icando el derecho a s u cultivo y
sus usos tradicionales. Uno d e estos casos en América, era y ha sido el de la planta de
coca, y en O riente la marihuana
15
y el opio.
Para ilustrar la f o rma en qu e estábamos considerando el tem a, se re a lizó durante el
primer semestr e de 2002, un seminario en el taller Cu ltura y D roga, en el cual
planteáb amos que:
Los problemas de las ident i dades co nt em poráneas, l a pr eocupación po r la s alud y estilos de
vida alternativos, formas neo-religiosas, la eterna pregunt a y atracción de la muerte y su
relaci ón con la vida, el des c ubrimient o paradigmático de la inteligencia de las emociones, las
formas que adoptan socialmente como tribus, grupos, igl e sias y colectividades divers as ,
rituales y ceremonia l es que adoptan símbolos, mitos, creencias y demás, c olocan el tema de
los chamanis mo s, e n un centro de preoc upación intelectual y académico. Los desarrollos de
la psicología y la psicoterapia , pero también l as neurociencias, han c ontribuido a co locar en
el escenario c ont emporáneo de l as pre ocupaciones, un " patrimonio cultural"
tradicionalmente de la ant ropología y con aproximacio nes tímidas, de la sociología.
El taller s e plantea el siguient e problema: ¿De qué manera los chamanismos tradi c ionales
abren posibilidades cognitiva s transdisciplinarias a las c iencias en la actu alidad, res pec to a
campos de interés c ientíf icos como el de las emociones, la concien c ia, la salud, l a
enfermedad, la espirit ualidad, l o s conflictos de identi dades y los c ompo rtamientos sociales
alternat ivos contemporáneos? (RONDEROS, 2 0 02)
Una pr ecisión o bliga desde e l inicio . Lo s conceptos qu e se utilizan como té rminos, lo que
no es igu al, chamanismos y neo-chamanismos y sus diversas fig ura ciones léxicas, son
categorías de análisis y de clasificación, que a doptamos p ragmáticamente p ara
15
C uriosa mente es tas su stancias hoy son reivind icadas para us os rituales, tradiciona les o lú dicos, por
movi m i entos s ociales en p aíses de Europa y de América. Ejem p los de interés actu al: el gobierno boliviano
del presidente Evo Morales reivind icó con un a lucha ideológica, polí tica y jurídica el mambeo tradi cional de
la h oja de co ca p or su tr adición cultural y así quitarl e el mote de es tupefaci ente , an te N NUU. En US A se h a
reivindica do el uso lúdi co en l os es tados de Colorado y Wa shington y medicinal en 12 estados ; en tan to, en
Uruguay se inició un proces o d e legalización aproba do en dici embre del 20 13, y regla mentad a en mayo del
2014.
20
contextualizar y referirnos c omunicativam ente al fen ómeno sociocultural g localizado
16
,
que t iene una div ersidad espirit ual. Son d os categorías c omplejas. H ay expresione s que en
la Tesis se clasifican como n eo-chamanísticas que se a utodenominan como chamánicas
con algún adjetivo o sin él. Aquí d eno minaremo s a l o neo-chamá nic o a las exp resiones
socioculturales cha manísticas su rgidas en socied ade s modernas y contempo ráneas. Y lo
chamánico a la práctica chamaníst ica origin a r ia en su cu ltura an cestral y propia. E n cierta
forma las dinámicas interét nicas d e las prácticas chamanísticas transforman lo chamánico
ancestral en neo - chamánico . Nos a cogemos a Gregory Bateson cuando señala: “lo
nombrad o no es la cosa”.
Desde 200 6 y hasta el 2011 se realizar o n s e is simposio s internaciona les, cinco d e los
cuales trat aron el t ema de la et nomedicina del yagé (en adelant e EM YA) . Es así como se
ha mantenido una permanente actividad investigativa, inclu yendo ob servación d irecta y
participativa en el proceso, incluidos viajes y visitas a comunidades indígenas
especialmente Kamsá
17
e Inga del Alt o Put umayo y lo s Sio na y Kofán
18
d el B ajo Putu mayo,
y en contac to con guías e spirituales y cur anderos mestizos (neo-chamanes).
Vale la p ena aclarar q ue, en el proceso epistémico, no sosla yamos, en n ing ú n momento, el
tema d el cons umo d e cierta s drogas asociado a diversas toxi comanías , algunas de las
16
“Gl ocaliza ción es u n t érmino que n ace de la mezcla e ntre globalizaci ón y localiz ación y que se desarr olló
inicialment e en l a dé cada de 1 980 d entro de las prá cticas comerciale s de Ja pón. El c oncept o pr ocede d el
término ja p onés " d ochakuka " (deri vada d e dochaku, “el que vi ve en su propia tierr a”). Aunq ue muchas
referencias trat an a Ulrich B eck co mo el creador del t érmi no y s u dif usor, el primer autor q ue saca a l a l uz
explícitament e esta id ea es Roland R obertson” . En http://es.wikipedia.org /wiki/Gl ocalizaci%C 3%B3n .
(C.U.V.: 09/06/ 2014). En nu estro m edio un iversitario lo h emos asi milado como “pen sar gl obalmente y
actuar localmente”. Término qu e no s e enm arca en la constr ucción teórica y epistémica qu e plantea Isidoro
Moreno y el grup o GEI SA. Aclara ción que fue necesa rio precisar dur ante la defensa de la Tesis doctoral .
17
Este no mbre del pueblo así denominado, se escr ibe y se ha escrito d e diferent e forma con C o K :
Camëntsa, K a mëntsa, Camsá, Kamsá. En castellano l a pro nunciació n sería aprox imadamen te: c amtcha. Dada
la característica de su l engua as pirad a, la termi n ación tch su ena de esta f orma . El antropólogo y lingüista
Kamsá, Alberto J uajibioy Chin doy (Q.E.P.D ), co locó en s us escritos di éresis en la (s) final. En los t eclados de
los computad ores en cast ellan o no es posib le colocar d iéresis en conson antes sino en vocales y hay te clados
que no a parece la diéresis . En la Tesis o ptaremos po r C amentsá o Kamsá en singu lar. El plural irá en el
artículo: l o s K a msá o Cament sá. Cuando s e ci te un autor q ue l a esc riba de otr a man era ( Kaméntsá,
Kamëntsá, Kamëntsä, Caméntsa , Camëntsá y otras ) respeta remos el términ o textua l de la cita.
18
Este término se ha escrito con K o con C. Con tilde y sin tilde. En la tesis se escribi rá Kofá n. El plural en el
artículo: los Kofán.
21
cuales tenían un carácter est rictamente médico, pero otras no, lo cu al era argumentab le y
evidenciable, d ependiendo de co ntextos micro o macro cu lturales. Algunas supuestas
patologías, desde el epist eme que fuimos construyendo, consideramos se so portaban más
en criterios mo ralistas a unados a la igno rancia, qu e en manifestaciones sintomáticas
objetivas; por e jemplo, casos diagnóstico s (drogodependientes) que no se fund amentaban
en datos precisos y seguimientos que dieran c u enta del contexto sociocultural, de la
condición b iológica y psíquica del indi viduo y su biografía.
En este sentido, progresivament e se fue considerando, en té rminos h ipotéticos, que
exist ía u na contrad icción en Occidente en tre el pro pósito de d esarrollar sociedad es cada
vez má s libres y d emocráticas, y simultáneamente ejercer un mayor control a los
ciudadano s en su s actos voluntarios y de lib re albedrío , especialmente e n rela ción c on las
emociones y los estados de ánimo, mucho de lo s cuales, a su v ez, ten ían que ver con
drogas. Para ilustrar esto, recordemo s a Norber Elías (1995):
En c ontraste c on lo que ocurre en las sociedades m enos d e sarrolladas, las situaciones
cr íti c as, graves, que generan en las personas l a tend e ncia a actuar e mocional mente se han
hecho, por lo que se ve, menos frecuentes en las sociedades industrializa das más avanzadas.
El hecho de que en éstas se haya r estringido más la c apacidad de los individuos para actuar
de esta m anera en público es solo, simple y, otro aspecto del mism o desa rroll o, en el curso
del cual aument an e l c ontrol social y el aut ocontrol sobre las manifest ac iones públicas de
una emo c ión fuerte…hoy los incontrolados e incontrolables e s tallidos d e fue rte te ns ión
pública s on menos frecuent es . L as personas que se dejan llevar abiertament e p or una gran
excitación, es probable que acaben en un hospital o en la cárce l. La organización tan to s ocial
como personal para el control de las emociones, para contener la e xcitación apasionada en
público e incluso en l a vida p r ivada, se ha hecho m ás fuerte y más eficaz . (p. 8 3)
Para controlar los estados emociona les se u sa la fuerza , y para ello existen los disp ositivos
aprop iados y fun cionales, caso fuerza s policivas y ejér cito, que son organizadas p ara
contro la r cualquier manifestación co lectiva que p ueda desbordar e n emociones
incontroladas. E n los esta d os na cionales contemporáne os se aumen tan progr esivamente
las fuerzas represivas, con d ispositivos de alta efic acia y armamento adecuado, ba jo e l
lema d e “seguridad ciudadana”. E sto e stá, en p art e, a sociado a l tema de drogas, en la
medid a en que el consumo n o controlado, dado sus ef ectos farmacocinéticos en el
22
Sistema N ervioso Central (SNC), disminuy e el auto control, lo cual en ciertos conte xtos
19
resulta potencialmente peligroso .
Posteriormente, en lo s estudios y trabajo de campo eviden ciamos qu e existía una
amplitud de t ipos d e a cciones y prá cticas en el consumo, en el co mercio o la producción,
que se fundamentaban má s e n a ctos voluntarios y d e libre albedrío, en con textos de
disfrute y placer, com pe nsaciones y revaloracio n es de éxitos y orgullos d e un resorte
cultura l dominante y legitimador, asociad o a caracte res d e personalidad o estilos y
aprendizajes del mi smo ciclo vital, según pat rones de co nducta est ablecidos so cialmente a
nivel micro.
La c ri minaliza ción ca da ve z m ás numerosa d e c o nducta s rela cionadas c o n distintos tipos
de drogas en occidente, ademá s de lo s mecanismo s q ue se fu er on desarrollando desde
1906 cuando la primera co nvención de contro l de op io, respondía a un contexto h istórico
asociado a intereses económicos y la necesidad del control de mercados. Las demandas en
los mercado s d e d rogas, eran crecientes y el co ntrol d e las más reque rida s y fu ncionales,
exigía marcas y apropiación por p atentes. Aquella s de fácil pr oducción artesanal o
tradicional eran en parte, una amenaza a cier tos me rcados me dicalizados . E l d esarrollo
científico y t ecnológico d e la farma cología y la qu ímica era un p otencial económi co
impen sable y por tanto necesario de control político.
Encontramo s en los e st u dios adelantados en el marco de la LICYD, que las prá cticas de
consumo est aban asociadas a distintos estados d e ánimo, en función de las formas de
sociabilidad, d e la capacidad para un mejor rendimiento en cierta s a ctividades sociales
reconocida s, bien en la dive rsión pero también en el trab ajo (por qué, cómo, para qué)
constituyéndose el momen to de la práctica y lo que su scita e n el esta do de ánimo, en
aprendizajes diversos que reproducen, r eco nfiguran o confrontan prácticas,
19
Es el caso de deportes como el fútbo l, en los qu e el consumo d e bebidas alcohólicas puede desencad ena r
conducta s agresivas e incluso letales.
23
representa ciones e imaginarios cu lturales (RONDEROS, 2003) qu e, finalmente, trascendían
en sí las misma s drogas.
Para ilustrar esto, era suficiente con obse rvar la s actividades de sociabilidad familiar,
grupal o mas ificadas, en las que se expresaban vivencialmente t radiciones, alguna s de la s
cuales se carac terizan por sus celebraciones colectiva s, con sign ificados simbólicos bien
sacralizado s o por el contrario laicos (fiestas re ligiosas, históricas y política s, ferias
artesanales, en cuentros art ísticos, es tudiantiles, despedida s, recibimientos, congresos y
seminari os profesionales, gr emiales, entr e otros); o también las de grupos humanos con
interaccione s p rimarias cotid ianas (parches, amigos d e barrio, barra s o colectivos de
gustos y amig os d e algo); al igual que los grand es encuentros masificados como
aglomerados, en cier tos d ías, semanas o meses del año, en det erminadas ép ocas o por
ritmos de vida, a ctividades lab orales como cosechas o pesca en ciertos lugare s de las
ciudade s, pu eblos y veredas en el cam po. To d o este t ipo de activ ida d es podían e star
asociadas d e manera di recta o indirecta a usos y p rácticas de drog as, tanto legales co mo
ilegales, y en algunos casos, de abstenciones y r ecesos volun tarios de consumo , uso o
práctica comercial o p roductiva.
Así, en el grupo llegamos a c o ncluir que Droga era un término g enérico para r eferir se a
todo tipo de sustancias n aturales o sin téticas para d iversos fines y aplicaciones; y en lo
que a n osotros co mo académico s int eresaba, en los u sos y fines medicinale s, pero
también cognitivos. Estos fueron una pri oridad, au nque, por ciert o, un complejísimo y
vasto campo en el contexto de lo que no s había convocado com o investigadores: la
relación entre las drogas y la salu d y enfermed ad humana , contextua lizadas
cultura lmente.
Debido a e sto, paulatinamente , e n el p roceso invest igativo, n uestra a t ención en el marco
de la s relaciones interétnicas, se fue foc alizando en las m edicinas indígenas d e uso
ancestral, así como también su vigencia y pr e sencia en ciudades y zonas urbanas en
24
Manizales. Finalmente, esta s er ie de logros fue posible obtenerlos por las n u evas
condiciones institucion ales q ue surgieron, lo cual nos obliga a hacer una mención d e e llas
como un aparte espe cífico en la introducción de esta Tesis.
1.2. Con texto político y social: la Un iversidad de Caldas y la in vestigación como
propósito
Este segundo ac ápite int ro du c t orio trata d e las condiciones necesarias para qu e n u estro
progra ma investigativo tuvie ra u n respaldo institucional. E stas se crearon a p artir de la
nueva Ley 3 0 de 1992 de la Educación Superior en Co lombia, resu ltad o de la nueva
Constitución Política de Colombia (CPC) de 1991
20
.
La n ueva CPC e ra un a a spiración d e mucho s colombiano s qu e se fraguó casi por 3 0 a ños,
como un a alternativa política par a superar el conflicto de violencia bipartidista entr e
conservado res y libera les, conocido como la “Violen cia e n Colombia” de lo s añ os 40 y
parte d e los 50, el cual dev ino en la conformación del Frente Nacional (1957 a 1991 ); un
sistema de r epresentación bipartidista a lternad o e ntre conservadores y lib erales, q ue se
había convertido en un campo de g amonalismos y mecan ismos tr a dicionales del p oder,
todo lo cual había debilitado y puest o en entredicho e l camino de Col ombia para
constru irse c omo nación y república realmente d emocrática y soberana, p ara lo cual el
reconocim iento de las d iversida des étnicas y culturales y el p luralismo en un estad o social
de derecho e ra un paso necesario.
Por lo tanto, la educa ción como sistema de co nstrucción de un nuevo p aís era nec esario
reformular la. Espe cíficamente, la Educación Supe rior debía cumplir una función
estratégica del nuevo tipo d e país y de co nstrucción d e democracia desde la ciencia, la
tecnolog ía, las artes, para lo cual se reestructuraron la s Universidades a p artir de esta
nueva Ley.
Hay q ue señ alar que de sde e lla, la democracia y la p articipación en l a estructura
univer sitaria reflejó, desde nu estro pu nto de vista, cambios superficiales, más d e forma
20
http://ww w.cna.gov.co /1741/ articles-186370_l ey_30 92.pdf
25
que de fondo, s olamente co n el fin de incidir en las men talidades cent ralistas
tradicionales; pues apenas si de jó ventanas y pu ertas estre chas p ara avanza r con la
creación de los departamentos como un idades a cadémicas b ásicas de la u niversidad
(“células bá sicas” se escr ibió en las normas), y a los cuales no se le otorgaron lo s med ios y
los mecanismos efectivos p ara su desarro llo autónom o, quedando con po co margen de
maniobra par a la función que se les asignaba.
La L ey obligó a las universidades a recomponerse a p artir de las tradiciones di sciplinarias y
profesionales, para lo cu al se crear o n los d epartamentos matrices, com o fue e l caso del
DAYS (D eparta mento de Antr opología y So ciología). E n este contexto, un a vez s e
fundamentó l a ley al interior de la UC , se estructuró e l Proyecto Edu cativo Institucional
(PEI)
21
, inst rumento estratégico y pedagógico q ue pe rmitió la creació n del DAYS y los
progra mas de formació n en estas d isciplinas (ant ro polo gía y s ociología). De esta man era
se modi ficó formalmente la est ruct ura de la UC como un iversidad pública, p ara superar
una etapa d e u n iversidad profesionalizante
22
, en a ras de pr oyectarla com o un cent ro de
conocimiento intelectual y científico, con la urgencia y ne cesidad de fortalecer la
investiga ción en un ámbito regional d elimitado, exp resado en la misió n, definida a sí p or el
PEI:
La Universidad de Caldas , en cumplimiento d e la función social que co rrespond e a su
natu raleza públic a, tiene l a misión de gener ar, apropiar, difun dir y aplicar conocimient os,
mediante proc esos curriculares, investigativos y de proyecc ión, para contribui r a formar
integralmente ciudadanos útiles a la soc iedad, ap or tar solucio nes a los problemas regionale s
y nac ional y c ontribuir al desarrollo sustent able y a la integración del c ent r o – o c cidente
colombiano (UC-PEI, 1996, p. 5).
21
http://ww w.ucaldas.ed u.co/ docs/PROY ECTO_EDUCATIVO _INSTI TUCIONAL_ 1996_2010. pdf
22
Formación estrictam ente en pro fesiones, hu manidades y artes, sin considerar la investi gación co mo eje
central.
32
Chaman sign i fica en lengua arcaica Tungus: el que sabe. El chamán cumple una función
reguladora y de cohesión del gr upo en tanto conoce los secretos y prácticas que se requieren
en la vida co t i diana. Conoce las téc nicas arcaicas del éxtasis. Son pers onas escogidas o
formadas según circun s tancias. Cada c ultura est r uctura las diferentes persona lidades y
funciones del c haman o de los c hamane s , según el caso. Cumpl en c on una de l as
car acteríst icas que Marvi n Harris haciendo referencia a Wallace en su libro Antropolog ía
cultural considera de los chamanes qu e son e speciali s tas a ti e mpo parc ial. (RONDEROS,
2002, p.284-5)
En el primer capítulo de su lib ro Chamanismo, el arte natu ral de curar , José Ma ría Po veda
(1997) pla ntea que “(…) hay que distinguir entre ch amán y c hamanismo, pues no todos los
actos del chamán son n ecesariamente acto s chamán icos, y personas q ue no sean
chamane s, pueden utiliz a r o desarrollar tareas basadas en tales técnicas” .
Por lo tanto, de sde su perspectiva:
Lo nuclear al chamanismo es l a capac idad de entrar a voluntad en un estado modificado de
conciencia (est ado de conciencia chamánico: E.C .Ch. ) co n u n propósito terapéutico, para
buscar conocimiento , y terminado ese trance, ser c apaz de r ecorda r lo que aconteció
durante el mismo (p.10 ).
Lo ciert o es qu e, conceptualmente, podr ía decirse qu e si por chamanismo n os referimo s a
un sistema t eórico , entonces lo más correcto ser ía defini rlo en singular y no en plural. Con
otro enfoqu e, retomado del clásico Durkheim, el antropólogo Michel Perr in precisa:
Una de las c orrientes etnológ i cas actuales c onside r a el chamanismo como un h e cho social
29
que at añe al conjunto de la sociedad y de s us inst i tuciones, un hec ho a la v ez r eligioso,
simbólico, ec onómico, políti c o, estético... El c hamán puede ser al mi smo tiempo un
administrador de r ecursos y un terapeut a, u n portavoz de los dioses y un estratega político,
un espec ialista en mitos y un hábil psicólogo, un man ipulado r y un ar tista. Pero cada vez lo
será por razones específicas y siempre en c ontext os que habrá que prec isar (Citado por
RONDEROS, 2003, p.89)
La prese ncia del mundo ind ígena, nec esariamente n os coloc ó como a cadémicos en el
conocimiento y exp lora ci ón s obre sus saberes, lo cual es lo q ue la a nt ropología y l as
religiones comp aradas denominaban chamanismo.
29
Recuérdese el concepto de hech o social en la sociología clá si ca de Emile Durkhei m.
33
Había u n proceso y un cont exto histórico social , pero como acció n propiamente
académica se inició en el año de 1998, al d elimitar un fenómeno “r aro” en ese momento
que emergía con e videnc i as, a sociadas a la EMYA ; t al y como se pudo constata r en el
primer seminario que impartimos en el mismo año, con la orientación de antropólogo
catalán Josep M. Feric g la G.
30
E n M anizales era de alguna forma una realidad
“underground”, en t érminos culturales, sobre e l uso d e esta med icina de la selva , es d ecir
de ind ios.
Es decir , se t rataba de una p ráctica ancestral y milenaria que, en los orígenes de la cu ltura
humana, se con fundía con las religiones y que a fin ales del s iglo XX, tenía y mantenía una
vigencia y un vigor sorprendente; si bien no s e trataba d e u na práctica cultural de ma sas y
enor mes co lectividades hu manas, p ues t ampoco se vis ualizaba ni era t ratada en los
medios masivos como algo importante, sino de manera circun stancial, anec dótica y
marginal, “rara” y quizá fo lklorista .
El ritu al del yag é, en cierta forma, podía cons iderarse como u na práctica revita lizada,
mediada p or acciones y co nocimientos que “tocan” en mayor o menor me dida, las
profundidades del ser de maner a cole ctiva; en e ste contexto, la re-sign ificación
preponderante era s a cralizada en la d iversidad cultural amazónica y que
sorprendentemente tenía algun a presen cia en co ntextos n o indígenas. Un a práctica
compart ida po r algunos individu os que , sin se r indio s y que por dinám icas in terculturales
e int erétnicas, históricamente emerg ían y, que en este caso lo afirm o hip o t éticamente,
eran constructores y actores d e lo que se h a d enominad o como “movimientos
espirituale s”. E sto es , movimiento s s ocio culturales, mo tivados y expresados d e a lg una
manera cuando cumplen con algunos criterios diferenc iales. E n aras de precisar l o
espiritua l acudimos a lo q ue, desde la antropología. Gregory Bat eson ha definido c omo
30
Dicho s eminar io se d eno mi nó C hamani smos y Estado s Modif icados de C o nciencia , y fu e desa rrollado en la
Universida d de Caldas, en el mes d e julio d e 1998.
34
“espíritu”, qu ien a d emás plantea seis criter ios, el prime ro de los cuales es bien ilu strativo:
“espíritu es un agregado d e partes o c omponentes interactuantes”.
31
Este criterio, en el caso q ue no s ocupa, significaría expresiones colect ivas interconect adas,
cuyas prácticas y pragm á ticas correspondería con lo que denominamos l o chamanístico ;
es d ecir, en relación con aquellas cosmovisiones e id eologías con proyecciones sociales y
política s, en las que algunos indivi d uo s buscan contactos e spirituales en e l m ismo
“movimiento”. Tales prácticas d enotan significados muy diversos (políticos, a rtísticos y
sociales), de acuerdo a los contextos , y pu eden llegar a ser, e n o casiones, manifesta ciones
contra culturales.
En conse cuencia, ¿existía alguna relació n entre lo s chama nismos y las drogas ? ¿Era
procedente establecer es ta relación? Sí lo era, pu esto que, e n el momento en que
encontramos q ue e n las lógicas p rohibicionistas se inclu ían algunas sustancias,
provenientes de plantas s agradas qu e, a su vez, eran representa ntes de estruct uras
chamanística s de rituales milena rios, nos pareció ento nces que a lguna relación
evidentemente existía. Un ca so e jemplar es el de la coca ína, cuyo alcaloide es p roducido
naturalmente po r la planta de coca ( Ery throxilu m c oca ); o el de la d imetiltriptamina
(DMT) , p rincipio acti vo d e la be bida de la EM YA. Fue un camino sugerente cuando
entendimos la necesidad de c onstruir, par a interpretar el fenómeno, un a gramática
relacional y no objetual.
Así, para ap r ehender el c hamani smo primitivo debo empezar por a c larar que en todo ello
tiene más peso la dimensión relaciones que la dimensi ón objetos, ya que lo básico no es que
exista un chamán al to, pod e roso o feo, blan c o, cobrizo o de piel negra, sino que
existen sistemas culturales c hamánicos: sistemas de int e racción humana c entr ado s en un
tipo de relaciones que tienen su epic entro en e l p apel y l a función que desarrolla el chamán.
En este s entido, puede existir una c omunidad chamá ni ca sin chamán --po r migración o
muerte, por Ejemplo-- y l a propia vida c olectiva ya gene rará otro, pero no puede existir un
chamán fuer a de su contexto c ultural: es posible un embalse de agua s in algas, ya
aparecerán en algún moment o, pero no pueden existir algas vivas fuera del agua. A pesar de
ello, hablar de un sistema c ultural chamánico no implica hablar de un sist ema s ocial
31
Sobre este tema se profund izará en el capí tulo II.
35
espec ífi c o, de una e scala de preferen c ias estét i cas o de una es tructura parenta l , sino que el
chamanismo se hal la to talmente r elacionado con el estilo c ognitivo co lectivo; f ue por esto
que el m arxismo antropológi co nunca pu do entender este sistema de valores y solo se
atrevió a acusar al cha mán de embau c ador, o poco más . (FERICGLA, 1 9 98, Cap. II, pár r .2)
Esto plantea un prob lema ep istemológico, en la medida e n q ue el ritual no se plantea
como un a cosa o un objeto, sino como un proceso din ámico y u n estado vita l, dinamizado
por l a medicina y el c onjunto de elementos que s e in tegran en el lugar y el mo mento b ajo
la o rientación de un sabedor o chamán, en este caso, una ex periencia integradora, entre
lo inte rcultural e interétnico, lo cual p uede en determinados casos, inducir a l individuo o
algunos de los individuos part icipantes (no neces ar iamente tod os y tampoco a todos en la
misma forma e inte nsidad) y de manera colectiva, a esta dos mod ificados de concienci a y
potenciarse en el acto mimét ico u n emerger o un a emergencia espiritual (GRO F,2006,
p.58), en tanto pote ncial cognitivo.
1.4 .2. Las d rogas como d ispositi vo de socialización y adaptación: Aprendizajes y
Cultura
Para empezar, es p ertinente aborda r el tema genérico d e las drogas desde el ámbito de lo
político , geopolítico y jurídico; pero igu a lmente desde las lógicas del co nsumidor, en torno
a su s entir y las razones de su actuar, puesto que, todas van de la mano.
En los ú ltimos 50 añ os, el léxico “ droga”, d ominante en medios masivos y p olíti ca s
públicas gubernamentales, así en Colo mbia como en muchos otro s países, se redu jo a las
sustancia s que por acuerdo s internacionales se d enominaron estupefacientes
32
, prim ero
en la Convención Internacional sobre la fabricación y dis tribución d e estupefacientes de
1931
33
y luego en la Convenc ión Única sobre Estupe facientes d e Nac iones Unidas de
1961
34
, realizada en Nueva York.
32
Véase la nota 8 .
33
Término acomodado en las conv enciones p or los tecnócratas a la fuerza, m ás desde lo ideológico p ero sin
fundamento cient ífico, aso ciado a drogas adictivas , concepto igual mente i mpreciso q ue his tóricamente
viene del latín “ad ictu m” pa ra referirse a la p ersona q ue no podía pagar una d euda y s e declaraba en
servicio vitalicio del acreedor.
34
http://ww w.unodc.org /pdf/co nvention _1961_es.pdf
36
Este “nuevo término” – estupefaciente – ha cía referencia a l as su stanc ia s p sicoactivas
adictivas qu e, por la inciden cia de la política proh ibicionista estadounidense
35
mediada
por las Naciones Unidas, fueron p roscritas, lo qu e ademá s fue impulsado a través de
enor mes y costosas ca mpaña s publicitarias con medios y programas d e edu cación
supue stamente prev entivos, en el ma rco d e una estr ategia p edagógica atem orizante
promovida desde los colegios y en la que la función educativa, al menos en Co lombia y
otros país es, le fue asignada a la policía. Es to trajo consigo, primero, la masificación, y
segundo, lo que podría den ominarse la imposición cu ltural del léxico gene ralizado d e “la
droga”, y así, finalmente, se de sdibujó el significado originario del té rmino. Al respecto,
Antonio Escohotado (1 998) complementa este panorama, al afirmar que:
Un e stupefaciente e n el sentido de los primeros emp resarios mora les es a lgo
imbec ilizador
36
, que p roduce sorda extrañeza sueño e insensibilidad. Cuando este
conc epto – qu e traduce el inglés narcotic - tuvo vig encia indiscutida, a principios d el
siglo, la campaña po r l ibrar a l homb re de sus vicios farmacológicos era since ra y
comple ta, ya que incl uía en sus planes de ilegalizac ión no solo e l op io y sus
derivados, la cocaína y el cá ñ amo , sino el a lcohol, el tabac o , lo s somníferos de
entonc es (c loral, paraldehído) y los a ne stésicos. S a lv o los ba rbitúricos, que n unca
gozaron de estigm a mo ral, e sta lis t a cu b ría prácticamente t odos los p sicofármacos
entonc es empleados en abundancia ( p .108-9)
Al p arecer e l origen de este t érmino, s egún el mismo autor, p roviene d e la literatura
criminoló gica fran cesa de alrededor de 1920, a partir de la c u al stu péfiants s e tradu jo al
castellano matizada p or la cualid ad de criminal, con lo q ue se le imprimió este s ello, para
luego ser legitimado y lega lizado al incluirlo e n l as convenciones internacionales ya
mencionadas.
Ahora bien, a medida que se profundiza en lo s m atices semánticos de l conc e pto de d roga,
se h ace ne cesario e ntrar e n mayores precisiones. A e ste r e spect o, la a dicción e s una
condu c t a inextricablemente ligada c on dich o co ncepto, t al y como se lo ha venido
exponiendo. E n tér mino s mé dicos, se la asume como un tipo específico de enfermedad
36
Esta nota de pie de página no es parte de la cita de Escohotado. Es una precis ión del auto r. Im bécil.
(Del lat. im becillis ). 1. adj. Alel ado, escaso de razón. U. t. c. s. 2. ad j. p. us. Flaco, débil. DR AE
37
pública, causada principalmente por dro gas pro hibida s (estupefacientes). D esde ot ras
posturas y disciplinas, cada día es má s evidente que la adicción, biológica y culturalmente
entendida, no e s necesariamente una enfermedad o una p a t ología. Pu ede tratarse de un
tipo de conducta en relación estre cha con el gu sto y lo s placer es, l os que, al ser
exacerbado s en alto grado e intensidad, podrían deven ir en comportamientos pat ológicos,
pero si n desconocer que normalmente, cumplen u na fu nción de carácter adaptativo e
integr a dor a un medio específico, dadas las t ensiones que producen, además de s er el
resultado de l os complejos pro cesos biológicos y cultu rales que cada individuo o grupo
social ha viv ido.
Conviene una referencia de co ntexto. E s insoslayable no h acer una b reve alu sión a la
relación entre el prohib ic io nismo y la políti ca de la Gu erra Contra Las Dro gas (de aquí en
adelante GCL D); el fenómeno cont racultural del hipismo y la s movilizaciones sociales y
política s d e los estudiantes en USA contra la guerra del Vie tnam; a simismo al encanto por
la liberación sexual y el feminismo , con su consigna suprema de “haz e l amor y no la
guerra” de los 6 0; todo lo cual f u e a sociado al uso y l egitimación d e la ma rihuana y el
ácido lisé rgico (LSD25) . E ste fenómeno fue políticamente capitaliz ado por el
republicanis mo, al a firmar que tales hec hos y conductas eran causados p or las drogas;
luego d e lo cual fu eron decretadas de rie sgo pa ra la seg uridad na cional dur ante l os
gobiernos de N ixon y R eagan. H acia los año s 70 el inve stigador francés Jeán-Michel
Ougourlian (1977) señalaba:
Por encim a de los particularism os nacional e s y de las variaciones locales que ha po dido
experimentar el mo vimien to hippy durante s u mi gración. Es te fenómeno nos parece
estructurado sob r e tres factores:
1. Consti tuye un modo de expresión, entre otros muchos, de la revolución actual de la juventud ,
revolución cuya original i dad esencial r eside en la no violencia, y que no es solament e la de la
juventud ame ricana
37
, sino de la juvent ud occidental entera, a la q ue s e limit a nuestro
estudio, y sin ella perdería s u carácter específi c o y su c oherencia, o rebasaría su o bje to.
37
Preciso : estadouni dens e. La sinon imia de l o ameri cano con l o est adou nidense , se cons truye
progresiv amente de divers as fo rmas, pero es claro q ue no es lo mismo. En la visión imperial de Monroe en el
siglo XIX cu ando h acia 1823 p la smó su fras e América p ara l os A meric anos , fue un factor que in cidió, cu ando
aún los estados nacionales en l a América latina n o estab an aclimatados como ta les esta ban en p roceso d e
independ encia. En el s iglo XX Europa contribu ye en general a fortalecer esta sino nimia, c on l a llegada de los
marines y t ropas de este p aís en l os añ os 4 0 , para confront ar y luego contr ibuir a vencer junto con los ru sos
38
2. El fenómeno hipp y s e apoya en la esperanza. En efecto desde s u nacimient o constit uye un
largo cant o a la esperanza; en el hombre, en la naturaleza y fi nalmente, en Dios . A vec es
este c anto puede convertirse en un lame nt o o un grito, pero no deja de ser la expresión de la
esperanza. Todos l os paso s del movimiento hippy se orientan ha c ia la búsqu e da de un
porvenir mejor, de una mejor comprensión de sí m ismos y de los demás, de una me jor
aprehensión de l as realidad e s fundament ale s y de un mejor arte de vivir. La búsqueda de la
felicidad e s el mo t o r más poderoso del m ovimiento hippy y el comprometerse en una
búsqueda semejante solo puede apoyarse en la e speranza. El hippy quiere pr omover,
primero el s í mis m o, y l uego a su alrededor, el < <mejor de los mundos>>… ¡Y c ree que es
posible!
3. El medio esencial de que se sirve el hippy para al c anzar los fines que se ha fijado, es la droga.
Por el los e n e l cuadro de nuestros e studi os sobre las toxicomanías de nuestro tie mpo-hemos
definido hippy como un toxicómano de grupo o comunitario, para quien la droga e s un
medio de consegui r sus fine s (p. 195-6)
Este autor precisa de manera clara algunas categorías de análisis que compartimos y s e
pueden relacionar par a otr os con textos h istóricos en relación con las drogas. Para tal
efecto, cabe recordar l a época de los 60, en la que el u so de a lg unas drogas adquirió e l
rango de signo y símbolo d e la generación hippie, así co mo de t rasf o rmación cultural. E st e
fue el c aso de la Dietilam i da del ácido lisérgico o LSD 25 y la marihuana.
En a quél e ntonces, hab ía un movimiento a nivel mu ndial en la cultura occidental que
promovía el cambio, en cabeza d e los jóvenes universitario s que se ex presaron
activamente contra la guerra del Vietnam, que luchaban por u na tr ansformación de los
valores estét icos, en especial en la música, la p lástica, el vestuario y la ap a r iencia pe rsonal,
entre ot ros; p ero también ét icos, por eje mplo, respecto a la libe ración sexu a l , la re lación
con la naturaleza, la crítica a la familia nuclear, co n lo cual se manifestaba la urgencia por
cambios p olíticos. En este conte x t o se gen eró un mo vimiento e studi ant il u niversitario
internacional en Estados Unid os, E u rop a y América Latin a. El espí ritu que recorr ía el
mundo era el lib ertario.
Todas esta s e xp resiones se dier on en el contex to ge opo lítico de la Gu erra Fr ía -la
confronta ción Ca pitalismo vs Comunismo-; mientras t anto, en Amér ica Latina se sucedían
las d ictaduras militares, te nía lugar l a insu rgencia d e la revolución cubana y s u p royección
e ingl eses y las resi stencias naci onales existentes, a las tr o pas Nazis al emanas. La población víctima d e la
guerra y los go biernos d e los p aíses víctimas de la invasión militar alemana, deno m in aro n como americanos
a las t ropas estad ounidenses, con lo cua l este término se a fianzó como v oz po pular en Europa, p royectada
en todo tipo de expresión escri ta o visual de carácter lit erario, p eriodís tico, diplo mático, c ine.
39
democrática en Chile, c ontra lo cual, ademá s de las guerras de inteligencia militar q ue se
desplegaron, se e mpleó otra estrategia como lo f ue inventar un chivo expiatorio: las
drogas. Un término simbólico d el mal al que h acía re ferencia, específicamente, desde que
las bautizaron así e n Berna a partir d e 1931 y que luego sería c o nfirmada en 1961, en
Viena : lo s estupefacientes . Un c o ncep to creado s in ma yor fundamen to cien tífico, p ero sí
ideológico para justificar la GCLD, que h ubiese s id o más preciso enunciar como g uerra
contra los estupefacientes . Todo un j uego d e palabras y símbolos que ha estado má s en
función de la confu sión q u e del esclarecimiento.
Así d emonizadas las d rogas, en especial en los Estad os Unidos, faro de l a demo cracia
occident a l, y cuyo régime n las consideró el chivo ex p iatorio al que había que eliminar,
sirvieron p ara legitimar la estrategia de la GCLD y de esta forma intervenir en o tros
gobiernos por med io de recursos p resupuestales p ara supuestas ayudas a aquellos q u e se
acogieran a dic ha estrategia. E ste pr ocedimiento fue instrumentalizad o en la Convención
Única de 1961, política y acción que d evino en una e ntropía (RONDERO S, 2 012) par a sus
propósitos in iciales de p reservar la salud públi ca, pu esto que s e convirtió en un
mecanismo dese stabilizador de la d e mocracia y g enerador de un c a mpo pro picio p ara la
corrup ción y la violación d e lo s derechos humanos, algo que aún sigue vigente.
Por consiguiente, el término d roga se asoció co n e l de crimen, lo qu e pe rmitió la creación
de la United Nations Office o n Drugs and Crime (UNODC) que interviene con p rogramas de
prevenc ió n, tratamiento e in vestigación a nivel internacional en tod os los p aíses a través
de convenios. Su principal fuen te de financia miento proviene del p resupuesto may oritario
que da n los USA a la s Naciones Unidas NNUU, co n el a po yo de la Dr u g Enfo rcemen t
Admin istration (DEA), Oficina Gubernamenta l del Gobierno de l os Estados Unido s, con
amplitud de condicio nes y actuación supranacional.
Hoy son cada vez más los escenar ios acad émicos y e ducativos, en lo s que se reconoce que
esta estrateg ia, supuestamente e ducativa, era el com p lemento de una ma niobra
40
geopolítica general de domi nación en el m arco origina rio de la gu erra fría y qu e formulada
como Gu erra cont ra las droga s , llegó a convertirse en una política in fr u ctuos a, por no
decir fracasada, y causant e además d e complejas ent ropías so cietales. Uno d e s us vacíos
se ha lla en la idea equivocada que desarrolló la in stitucionalidad dominante acerca de
focalizar como objet ivo “u na co sa” (la droga), si n en tender la c o mplejidad relacional del
fenómeno en lo relativo a l as sensaci ones y contextos socio culturales e históricos en que
las drogas se han usado . Gu stavo Ba rona (2012) anota:
El hábit o placentero de drogas diferentes a l café y al ta bac o a p esar d e las amenaza s
tampoco se e xtingui ó. En algunos países de África, así c omo e n China e India, el uso de la
marihuana res istió l as ac ometidas de persecución de los mi sioneros cri stianos . En estas
mismas r egiones, la costumbre del opio comi do o fumado que había s ido lle vado por l as
oleadas del expansionismo m usulmán, se res istió a desaparecer y en el siglo XIV la
marihuana y el opio renacieron c omo sustancias medicinales e n Europa. En Amér ica lo s
alucinógenos, e l tabaco, la c oca y las bebidas ferment adas, sobre todo las der ivadas del
maíz, sobrevivieron a l as duras p r uebas de la persecución. Finalmente el uso m edicinal y
recreativo de café , tabaco, opio, alucinógenos, marihuana , c oca y bebidas alcohólicas fue
aceptado superando l o s brot e s regionales y esporádi cos de la pr ohib ición.
Drogas que posteriormente descubrió la ciencia occ identa l co mo la morfina, la cocaína y la
heroína, se inser taron en las co stumbres m e dicinales y recre ati vas sin s obresalto s,
demostrando en l a práctica que l os c onsumido re s ni e ran inmorale s ni enfermaban, ni
enloquecían ni morí an c omo preg o naban los part idarios de l pecado, la enfermedad y el
desorden social. (P.18-19)
Así lo malo y lo s ma los eran aq uellos que est aban en e l mundo d e los estupefacientes y lo
bueno y l os buenos, q uienes no lo e staban. E sta d icotomía qu e se t radujo en normas de
exclusión y crimin ali zación de amplios sectores d e la pob lación, c ontribuyó al fracaso de
la tal guerra, e n cuanto no disminuyó el consumo, y cuando a sí o currió, surg ieron, en el
mercado ilegal, otras drogas qu e la s reemplazaron y lo siguen haciendo. Es to co nfirma la
evidencia de t odas las guerras históricas q ue se han realizado contra “alguna droga” ( la
droga del momento y c o ntexto ), a la que se le atribuye en tanto objeto, la causa de u n
mal; y e s el hecho que detrás de su imag en externa, se encuent ran intereses económicos y
político s, que h an gen erado ta nt o un alto nivel de corrupción como una crimina lidad
organizada (maf ias y carteles ), t odo lo cual ha provocado n o sól o u na g ra n d ebilida d
institucion al, sino tamb ién la exclusión social, en ca beza d e la p oblación más n ecesitada,
41
así como el sufrimien to de miles d e p ersonas, a cau sa d e lo s vejámenes inh umanos y la
multitud de víctimas que han terminado presos en las cárceles
38
.
Basta rec ordar y mencionar la “guerra del o pio” en tre la Corona Britán ica y los
gobernantes chinos en la segunda mitad del siglo XI X, con la respectiva usu rpación de sus
territorio s; la guerr a contra las bebida s alcohólicas en USA bajo el emb le ma “ley Se ca”
39
,
lo que condujo al sur gimiento de mafias que corrompie ron la estructura del o rden local en
ciudade s como Chicago y Los Á ngeles; la g uerra cont ra la cocaína desde los 80, con las
implicaciones d ramáticas d e des institucionalización y c orrupción política, a u nado a l as
intervenciones c ontra las soberanías na cionales, en especial las l levadas a cabo e n
Colombia, México, Bolivia
40
y Perú , que contaron con la p resencia d e tropa s e
instituciones de s eguridad d e l os USA como la D E A; y f ina lmente, la guerr a cont ra la
marihuana, muy intensa en las fronteras USA - México.
Sobre est a ú ltima sustancia cabe destacar la paradójica situación jurídica y política en USA
a comienzos del presente siglo, puesto que de sd e el 2010, en el inte rio r del país se
presenta un a situa ción contr a d ictoria, e n tanto es tá legalizada en 2012 para uso lúdico de
adultos en dos estado s (Wa shington y C olorado) y en otros 16 se ha despenalizado y s e
permite su uso p ara fines terapéuticos.
38
USA es el país con mayor ca ntidad de preso s y cerca del 80% lo s on por crím enes y delitos relacionado s
con las drogas, según l as leyes es tipuladas . A esto se añade, qu e lo s presidios son esta blecimientos
altamente produ ctivos en términos econó micos y cap italis tas, y cuyos mecanismos admin istra tivos, está n en
manos de empresas particulares para atender demandas de mercados delimitados y estables (Notas
tomadas de con ferencia d e Jonatha n Ot t, Manizal es, 2006 ). La crisis carcelaria en Col ombia , generada en
una pr oporci ón signi ficativa so bre el m is mo fen ómeno, h a s ido calificada por d ivers os sector es social es y
estudio s es pecializad os tan to gu berna me n tal es co mo n o gubernamentales desde el 2011 co mo violación
sistemática a los Dere chos Humanos, por l a cantidad de pres os hacinados (hasta el 4 0 0%) en condiciones
insalubres e inh umanas, lo cu al h a v enido af ectando n egativ amente el s istema judicial. A l respecto se puede
consul tar crón ica de NELSON MATTA COLO RADO, en el Periódico El Colo mbiano, publ icada el 13 d e mayo d e
2013.
39
“Funcionó entre 17 d e enero de 19 20 y el 5 de dici embre de 1933. Fu e es tablecida por la En m i enda XVIII a
la Consti tución de los Es tados Unidos y derogada po r la Enmienda X XI. de la fabri cación , transp orte,
importación, e xportación y la vent a de al cohol. La ley seca , al prohibir el alcohol y no dar respuesta a la
demanda existente, pued e fa vorecer la generación de m e rcados n egros y d inero negro, que consiguen el
licor en otros lugares donde se pro duce, l o int rodu cen ilegal mente y lo vend en para satisfacer tal necesidad
a un precio más alto, debi do a que la de manda sigue s iendo más alta que la ofert a”. R ecuperado de:
http://es.wikip edia.org/ wiki/Ley_seca_ en_los_Es tados _Unidos . (CUV: 28/11/1 3)
40
Ott Jonath an Coca No es Cocaí na http://www.bo liviaco cano escocaina.co m/cocanoes cocaina. pdf
48
mercantilistas que tienen como soporte a colectivos s ociales cohesionados en torno a lo
étnico (lo etnonacional), al género, la o r ientación sexual, la s olidaridad c on y en tre los
excluidos, la defensa del equilibrio e cológico y el patrimonio c ultural o los derechos
humano.
47
¿Son los n eo-chamanismos una forma de resistencia social?; o, p or el contrario, ¿se h an
convertido en mecanismos funcion ales al sistema mercantil dominante? ¿Incorporan
lógicas mercantiles? ¿Sería una estrategia de la construcción ideológica del con cep to
globalizac ión que señala Moreno? ¿Pueden c ontribuir en p arte a que grupos ma rginados,
por ejemplo comunidades in dígenas con lim itaci o nes d e acceso a re curso s económicos, se
les po sibilite e l merc a de o de sus medicinas y sus arte sanías, es d ecir lo propio d e s us
saberes y tradiciones? Por otro lado, las interacciones entre quienes asisten a
congregacione s, r euniones o ceremonias n eo-chamanísticas, ¿qué valoraciones
interétnicas podr ían t ener? ¿Son est rategias de adaptación de algun os g rupos e
individuos?; ¿expresiones d e resistencia?; ¿dispositivo s de aprendizaje y re-significación
de id e ntidades y mimeti smos d e etnicidades? E stos in terrogantes están conectados c on el
planteamiento del pro blema y él, en parte, también los contiene.
1.5 La a p ue sta metodológica
El trabajo in vestigativo rea lizado fue d e carácter cualita tivo, se realiz ó adoptando algunos
supue stos propi os d e es t e tipo de inve stigación, so bre los q ue y a se h abía t rabaj ado y
desarrollado en el campo de e studio de cultura y d ro ga (VELEZ y RONDEROS, 2007): 1)
Ontoló gicamente
48
, u na realidad de las d rogas es su dimensión subjetiva y mú ltiple. Es el
caso de la EMYA. 2) Epist emológicamente, en nue stro ca so, se trata d e un tema que
demanda del investigador hacer p arte de la misma rea lidad, con lo que se asume que la
investiga ción q ue se realiza, puede llegar a tener u n cierto grado de incide ncia en las
47
GEISA. Grupo de Estudi os de las Identi dades sociocult urales en Andalucía. Su núcleo p rincipal d e
investigad ores está adscrito al Depa rta m en to de A n tro polog ía Social de la U SEVIL LA.
Desar rolla sus
actividades en el m arco d e los paradigmas d e la glocaliza ción y l a mat riz cul tural identitari a . En
http://www.g eisa.es./ (C UV: 04 03 14 )
48
En su acepción fi losófica, es l o contra dictorio, se p lantear í a el asunto en una dimensión metafísica, l o cua l
en la prácti ca chamanísti ca c orresp ond e a un nivel d e lo simbólico y comunicativo de l o m íti co y no de l
logos.
49
dinámicas interétnicas del contexto inve stigador. 3) Axiológ icamente, se asume que los
valores d el i nv estigador hacen parte de la realidad a co nocer, si bien hay distancia y
diferen cia, ésta se específica éticamen te y d e maner a clara entre lo qu e se describe y lo
que s iente o pi ensa el investiga d or. 4) En lo metodológ ico se p ueden asumir e i nsertar
categorías y conceptos emergente s en el pro ceso investigativo, p uesto que el diseñ o es
flexible e interact ivo, además d e que se entiende la posibilidad d e la influ encia recíproca
de múlt iples factores. En es te sentido, se p rivilegia el anális is en det alle, descriptivo en
profundidad y en relación al contexto se pr ioriza l a autenticidad y la confianza . La
investiga ción cualitativa, como método científico, responde necesariamente, en el ámbito
social a su cap acidad d e gener ar nu evos c onocimientos y e stá mediada por t res realidades
que le corresponde abordar: la pr áctica social evidente; la t radición teórica; y q ue s e
exprese en determinantes histórico-sociales. Los fu nda mentos teó rico-epistémicos se
ampliarán en lo s capítulos del II al V.
Desde la tradición sociológica en Colombia, en especial la investigación acción
participativa (IAP), a la que Orlando Fa ls B orda le p roporcionó u na fund amentación
teórica e n los años 70 , en el marco de u na educación p opular para e l camb io social y
político , c on lo cual abrió una d iscusión profunda en torno a la objetividad, a partir d e la
evidencia d e los d atos como f und amento cientí fico, que trascendió frontera. L a
antropo logía y la etnografía han jug a d o un p apel de terminante en e ste cuestionamiento a
la obj etividad y cientificidad . Hoy este tipo de investig ación se abre cada vez m ás espacios.
Por ejemplo, desde la t radición s ociológica de Ferraroti, un investigador c o nt emporáneo
señala:
¿Para qué sirve la investigac ión c ualitati va? Defenderé la i dea de que l a invest i gación
cualitati v a sirve para ontolo gía histórica . Estoy adopt ando una frase que M i che l Foucault
acuñó en su artí c ulo –“¿What s is Enlightenment ?”- esc rito hacia el final de su vida (Fouc ault ,
1984). Foucault dibuj ó u na ontología histórica de nosotros m ismos, la c u al pr opuso,
involucraría “ una crítica de lo que dec imos, pensamos y hacemos” atendería a las complejas
interrelaciones entre conocimient os, política y é tica; f omentará la transformación personal y
política sin llegar a la violencia; s ería una i nvestigación que pudiese c rear nuevas maneras
de ser. (PACKER, 2013, p. 7 )
50
Por lo pronto, aquí se q uiere dejar explícito q u e, d e conformidad con el problema de
investiga ción y dada su n aturaleza, esta inves tigaci ón se sitú a e n la d inámica de un a
perspectiva crea tiva y en el ma rco d e lo q ue el sociólo go estad o u nidense W right M ills,
denominar a imaginac ión sociológica y el trabajo in telectual artes anal, al que carac t eri zó
como esencialmente creativo, con el propósito de re alizar una interpretación d esde lo
cultura l de un fenómeno como el que abordamos, tal como lo señala J. Clif for d Gueertz.
Respecto a la imaginación simbólica, el sociólogo Wright Mills (195 9) afirma que:
(…) permite a su poseedor c omprender el escenario histórico más amplio en cuanto a su
significado para la vida interior y para la trayectoria ext erior de diversidad de individuos . Ella
le p e rmite t ener en c uent a cómo los individuos, en el tumulto de su experienc ia cotidiana ,
son c on frecuen c ia falsamente -c onscientes de sus posiciones s ociale s . En aquel tumulto se
busca la trama de la soc ie dad moder na, y dentro de e sa trama se formulan las psicologías
de una diversidad de hombre s y m ujeres. Por tales medios, el malestar personal de los
individuos se enfoca s obre inquiet udes explícitas y la in diferencia de l os públicos se c onviert e
en interés por las c uestiones públ icas. (p.25)
Y, por su lado, e l antropólogo Clifford Gueertz (1973) dice que:
En antropología y en todo c aso en antropología so c ial lo que hace n, los que la p r actican es
etnografía. Y c omprendien do l o que es la etnografía , o más exac tament e lo que e s hacer
etnografía, o se puede c omenzar a c aptar a que eq uivale el análisis ant r opol ó gico c omo
forma de conocimiento no es una cuestión de métod os …hacer etnografía es estab lec er
relaci ones , selecciona r a los informantes, transcribir textos, establecer genealogía, t razar
mapas del área, lleva r un diario etc. (p. 3)
Finalmente , cabe preci sar qu e e n el capítulo VI se d escriben las áreas culturales
relacionadas con el trabajo en el Putumayo, los pu eblos y agecer os Cofán, In ga, Siona y
Kamsá, y el E je Cafetero: M anizales y Cald as. E l VII e s e l más amplio y en él se realiza el
análisis etnoló gico con base en el t rabajo de campo realizado a partir de cinco Ejes: 1 . E l
ritu al del y agé como me canismo de m imesis in terétnico . 2 . Los chamanismos y
pachamamismo s: co gnición e in tegración del ser h umano y la naturaleza. 3. L a
espiritualidad y la salud: cura y san ación como pu ntos d e encuentro. 4 . P roceso s e
interaccione s biosociocultur ales del t rabajo, etnicidad es y de sexo -género con el R emedio.
5. La re-significación d e identidades y el cambio de pautas ecológicas y cosmogónicas p ara
Vivir Mejor. Y, por último, en el capítulo VIII se exponen las considera ciones finales con
base en lo s objetivos y los ejes de la tesis.
51
52
CAPITULO II
2. FUNDAMENTOS TEÓRIC OS Y MARCO EPISTÉ M ICO E IN TERDISCIPLINARIO EN
CULTURA Y DROGA
En el anterior capítulo se hizo un recorrido sucinto del proceso socio-académico en qu e
surgió y se d io inicio a est a in vestigación. A p artir d e los datos y la información que se
articularon a la primera fase d el trabajo investigativo, así como los fu n damen tos teóricos,
epistémicos y metodológicos que se fueron construyend o, lu ego se a sume, por medio de l
doctor a d o, la p erspectiva de las identidades y relaciones interétnicas; con ello se pudo
definir una temática precisa y e xpresa, p ara finalmente focaliz ar la in vestig a ción en lo que
hemos de nominado el e sp acio y estructur a d e socialización d e r elaciones in terétnicas: el
ritu al de la etnomedicin a del ya gé y lo s chamanismos.
Es pertinente hac er la aclaración qu e en est e p roceso d e c o nocimiento como
investiga dores y ser es humanos , fuimos adoptando p rogresivamente u n ca mbio de
posición , a par t ir d e la asistencia y p articipación e n las ceremonias chamanísticas y neo-
chamanística s de la etnomed icina del ya gé, todo lo cual imp licó un a nueva e strategia
metodológica que paso a pa so se fue consolidando a través de un pro ceso cre ativo de
constru cción epistémica, al que denominamos cu lt u ra y droga.
Así es como esta tesis logra u na fundamentación teórica y epistémica, a rticula da e
interdisciplinari a, acompañada d e lo s datos y la información recop ila da en el trabajo
etno gráfico y descriptivo, además del mate rial visual de soporte. También se incluyen
datos co mo aquellos referentes em píricos surgidos en el p roceso d e la investigación, con
base en el enfoque d e teoría fundada . N o se trata, p or t anto, de un mosaico ecléctic o de
teorías -en lo cual se espera no ca er-, pero sí representa u n esfuerzo autónomo y a bierto,
en donde lo clave ha s ido el p roceso mismo de la in vesti gación, del conocimiento creativo,
en tanto el o bjeto d e est udio se ha p resentado co mo una realidad convergente e
incluyente, diríase c ultural, cual ex presión d e lo socialmente humano y bi ológico; es decir,
53
una expresión de la V ida, pero que en esta apuesta cognitiva, r esultó tam b ién cultural, en
cuanto conocimiento acerca de la vida humana.
En el recorrido investigativo se ha o b tenido una creciente y vasta información, d espués de
más de diez años de inv estigación, au nque debido a la s limi taciones de espacio pa ra
exponerla, e s obligada la selección y restricción. Sin embargo, lo importante, más allá de la
información y los d atos, fu e hab er logrado una capacida d analítica, inte rpretativa y
comprensiva , para un fen ómeno sociocultural, p olémi co, tal vez contradictor io y
dialéctico , pero vigoroso y diverso, y que hoy hace presencia e n los lu gares más
insospe chados de la s sociedad es co ntemporáneas, e n planos de dimensiones de
espiritualidad y s acralización que parecían sol o prop ios de s ociedades extinguid as y
arcaicas. Esto n os p lanteó u n p roblema sobre la naturaleza de l fenómeno a investigar,
específicamente en nuestro entorno vital, so cial e histó rico; pu esto qu e, se trataba de una
actuación col ectiva, un ritua l co n una medi cina pro veniente de la selva amazónica que
estaba presente en nu estro ambiente social e histórico de Manizales.
2.1 El proceso de con str u cción y ap rop iaci ón t eórica para el p lanteamiento de l
prob lema de investigación desde el episteme cultura y dro ga
Ahora bien, con e l f in de ir lo grando p r ogresivament e un a a propia ción d el tema y l a
exploración de nuevos p roble ma s de investigac i ón, en el marco de la s rela ciones
interétnicas qu e se había ad optado, se de sarrolló un a intensa act ividad acad émica desde
el año 1998 y hasta el 2 00 6, como pr imera fase d e la investigación
49
. D e forma
49
En esta pr imera fase se cambia el p royecto de Tesis doctoral origin al inscrito en el Tercer Ciclo en la
Universida d de Sevilla y en la Vi cerrectoría de Inv estigacion es de la Univers idad de Caldas y se defi ne como
línea de investigaci ón , la medic ina i ndígen a d el y agé y el proyecto Grupos y Redes Sociales en el Uso del
Yagé, de finiendo como marco teó rico y epistémico la s relaciones interétnicas . La segun da fase fue de 2006 a
2009, perío do en el que s e dio ini cio a la Maestría en C ulturas y D roga, con la c ual se forta lece la
investigación en el p lano concept ual y s e d elimita el fo co de obs ervación desarro llándo se actividades
acadé m i cas e investigaciones co mplementa rias. L a etapa f inal va de 2010 a 20 14 en la que s e actualiza
infor m a ción de campo y se in icia la escritur a d e la tesis doctoral, luego de ha ber lograd o u na comisión para
cumplir una est ancia a cadémica en la un iversid ad de S evilla y formaliza r de n uevo la matri cula en el
doctorad o, para, finalmen te, d efinir la estructur a de la Tesi s con el director Dr. Pablo Palenzu ela Cha morro.
54
complementar ia al trabajo inicial sobre dro gas, se organizaron y dirigi eron eventos, como
una es t rategia d e proyección un iversitaria, en los q ue s e privilegió el tema d el remedio
50
y
la etnomedicin a del yagé, de manera d irecta o indirecta: tr es seminarios impartidos por e l
Dr. Jose p M. Fericgla (1998, 199 9 y 2000); y do s s obre Chamanismos y E nteógenos
dirigido s por el in vestigador Jonathan Ot t (2001 y 2 002). A demás s e obtuvo el ap oyo d e la
Agencia Españ ola de Coopera ción I nternacional (AE CI) con Seg undo Tercero, antropólogo
becario
51
, con quien asistimos co mo pon entes al 52º Con greso de Ame ricanistas, realizado
en Chile en el 2 003, evento que brindó la posibilid ad de est a b lecer contactos con los
destacados investigadores en chamanismo co mo Manuel Co nstantino To r res y su espo sa ,
la artista e ilu stradora b otánica, D o n na Torres, de la Universidad Internaciona l de La
Florida (USA)
52
; e l inv estigador colombiano Luis E. Luna
53
, pro fesor de la Escuela Superior
de Ec onomía y Ciencias Empresa riales de He lsinki en Finlandia; la D ra. Stacy B. Sc haefer
54
de l a Universi dad d e Califor nia, Chico, US A y su es poso Jim B aum del J ardín Botánico de
Los Ángeles (USA).
La pa rticipación en e sto s evento s, así como las rela ciones académicas con reconocidos
investiga dores, contribuyeron en el proceso de const rucción del episteme cultura y droga .
Por consig uiente, a c o n tinuació n se ha rá referen cia a alg unos conceptos y plante amientos
de dicho epistem e, para luego entrar en detalle en el tema de investigación de la tesis.
50
En el cont exto del co mple jo cultural del yag é entendido este co mo “un conjunto fu ncionalm ente integ rado
de rasgo s c ultura les que p ersiste como u na u nidad e n el espaci o y en el ti emp o ” (GIN ER, 1998, p.11), el y agé
es el Gran Remedio, en co mpara ción a otras plantas cu rativas y s anado ras. Es co mún la expresión en tre los
indios yageceros y los taita s decir, cua ndo se t rata de aliviar, curar o adivina r: “va mos a tomar r e medito”.
Nota de trabajo de campo en el Putu mayo. Enero de 2004.
51
S e tra ta d el antrop ólogo Segun do Tercero I., qui en realiza ba en es e momento sus est udios de docto rado
en la Universida d Complutense. En este espac io, el proce so se f ortaleció y s irvió además pa ra i niciar el
trabajo de ca mpo y análi sis del fen ó m eno de la m edicina in digna del yagé en el Quind ío y Risaral da, en su
pri m era etapa.
52
Con ellos se realizó el se minar io sob re Cha m anis mos en el 2 004 y un taller de ilustrac ión bo tánica d e
plantas visionar ias.
53
Luis E. Luna v isitó la Universida d de Caldas en el 2009 p ara particip ar como exposito r central del IV
Simposio Internac iona l de Cultura y Droga: Yagé un a mirada multidiscipli naria y cogniti va del r emedio .
54
Am bo s fueron co nferencian tes en el 2006 en el I Simpo sio Internacional Cultur a y D roga: Una mir ada
hacia ad entro , evento inau gural de la Maestría Culturas y Droga.
55
“El térm ino cultura proviene d e la raíz latina cultus que a su vez deriva d e la voz co lere que
significa c ult iv o de l ca m po o ga nado ”. O tra versió n metafórica, es tomada d e “Ci cerón, en
su Tusculanae Disputation es , qu ien e scribió acerca d e una cultivación del alma o ‘cultura
animi ’ para ento nces utilizando una metáfora agrícola p ara describ ir el des arrollo de un
alma filosófica, q ue fue comprendida teleológicamente como uno de los ideales má s al t os
posible s p ara el desarro llo hu mano” (Wikipedi a, “Cultu ra”, 201 4). Cultura, es un concepto
que e voluciona d esde el siglo XVIII con su significación ori ginal de lo q ue se cultiva y
refiere a la producción agrícola y ganadera, para luego, bajo la influencia de la Ilustración y
las id eas de Rousseau, hacer relación a las p ersona s cult ivadas y p or ta nto a s ociado a la
educación, el arte, la espiri tualidad, la religiosidad y t odo aquello qu e permite
experiencias y d a conocimiento en determinados ámbitos, confiriendo además es tatus.
Posteriormente cuando entr a en el campo de la cien cia, cultu ra se c onvierte en un campo
y objeto de disciplinas co mo la sociología, la psic ología y la antropología. Para “el
sociólogo alemán Georg Sim mel, l a cultura se ref e ría a ‘la cultivación de lo s individuos a
través de la injerencia de formas ext ernas q ue han sido objetivadas en el trans c u rso de la
histo ria’" (Wikipedia, “Cultura”, 2014); es d ecir, cult ura e s aprendizaje. Para la psicología,
lo cu ltural resu lta un campo p rivilegiado en el co n oci miento sobre la conducta. Pa ra la
antropo logía, es el ob jeto propio d e esta nu eva disciplin a y cuyo interés se dirige a las
creencias, los conocimiento s, la s costumbres, in c lu yendo también, de manera especial, las
tecnolog ías, las técnicas, los instru mentos y t oda cosa materia l creada y c o nstruid a por el
ser h umano en un contexto social y cult ural; esto es, todo aquello q ue tien e significado,
que re presenta o simboliza, pero t ambién los artefactos o elementos materia les creados
para algo. E l concepto de cu ltura h a s ido incluso e mple ado co mo sinón imo de civilización.
Una interes ante controversia ha sido la planteada desd e el Materialismo Histórico en la
escuela soviética, al discutir si cultura cor r espondería o no al concep t o “burgués” de
civilización
55
.
55
C uando existía la antigua Acade mia de Cienci as de la U R SS, f ue un tema rel evan te en algun as discusio ne s
de los científico s a acadé micos de la antigua URSS Cuan do Civiliza ción se entiende en sentido a mplio.
56
C ivil ización pasa a ser sinónimo de Cultura (englobando las visiones del mundo o ideologías ,
las creencias , los valores , las c ost umbr es , la s leyes e instit uc iones ); que se suele aplicar con
carácter más genera l ” (GRIAZNOV, 1978, p. 209)
En la LICYD, la d efinición de cultura q ue se h a a dopta do proviene e n parte de fuentes
clásicas como Edwar d Taylor, Franz B oas y B ronislaw M alinowski. Vale la p ena recordar
algunas de ellas.
Por e jemplo, E dward Taylor, en 1890, definía así cultura:
La cultura o civi lización, en sentido etnográfico ampl io, es aquel t odo complejo que incluye
el cono c imiento, las creencias, el arte, la moral, el derecho, las cos tumbres y cualquier otros
hábito s y capacidades adq uir idos por el hombre en cuant o mie mbro d e l a sociedad (TAYLO R
E., 1975, p. 29)
Esta es u na defin ición con suficiente claridad. Lo adq uirido, lo a prendido por el indi vid uo
en una sociedad y lo que es parte co nstitutiva de e lla, es cultu ra. Creencias, saberes,
prácticas, t radiciones, técnicas, etc. Un to do complej o. Cultura e s entonces una t ota lida d
que es ap rendida y al s erlo por el individuo, él se vuelve pa rte de ella. Para Taylor cultu ra y
civilización son conceptos sinón imos.
Franz Bo as se s itúa más en las p rácticas qu e se expresan por me d io de la co nducta y las
pautas establecidas, incluyendo en ellas la s a cciones de reacción, es decir, l a forma en que
se da la comunicación en las in terrelaciones hu manas, lo cual e stá de t er minado p or la
cultura y las costumbres. E ste antropólo go la define de l a siguiente m a n era:
La cult ura incluye todas las manifestaciones de los hábitos sociales de una comunidad, las
reacciones del individuo e n la me did a en que se ven afectada s por las costumb r es del grup o
en que vive y l os produ c tos de las actividade s humanas en la medida en qu e se ven
determinadas por di chas costu m bres (BOAS, 1975, p.1 4 )
Otro ant ropólogo, Bronislaw Malinowsk i y como buen funcionali sta, dice s encillamente
que cultura es “ un todo funcionalmente integrado” . Co n ello puso las b ases p ara el
57
estructur al funcionalismo Parsoniano
56
, par a q uien la cu ltura es un subsistema d el gran
Sistema de la A cción Social que teóricamente formuló como paradigma .
Por otro lado, la p ropuesta del sociólogo y a ntropólogo lat inoamericano Néstor García
Canclini, ha sido muy su gestiva. En nuestro tr abajo de fundamentación t eórica y
epistemológica, era ne cesario precisar lo cultural , en tanto acción y organizacional social,
como un fenómeno de pro ducción hu mana y por tanto s imbólica y social. E l discípulo de
Bourdieu nos brinda la siguiente definic ión:
Cultura: producción de fenómenos que contribuy e n mediante la repres entación o
reelaboración simbólica a las estructuras materiales, a comprender, reproducir o
transformar el sistema social, es decir tod as las prácticas e insti tuc ion es d edicadas a la
administración, reno v ación y reestruct ur ación del sen t ido. (GARCIA , 1986, p.41)
Como se puede observar, en su defin ición articula lo simbólico y la repre sen tación a l as
estructur as materiales crea d as por el ser humano y p or esto p recisa: todas las prácticas e
institucione s , es decir, estructuras sociales que admin istran, r enuevan y reestructuran el
sentido, c on lo q ue da a ent ender q ue la significación es lo prop iamente cultu ral. P odría
decirse entonces que para Canclini, lo cultural se sit uaría como produ cci ón y consumo en
la sociedad capitalista contemporánea , es d ecir, en un sentido ideológic o . De igual forma,
se podría afirmar que aquellos fen ómenos, en relación c on lo cultural, corresponderían
con la supe restructura, claro está, desde el pun t o d e vista de la teoría del materialis mo
histó rico.
La sup erestructura es un a con strucción ideo lógica impues ta por la clase d ominante -la
burguesía en el capitalis mo-, la cual confund e la realida d h istórica, es decir, la h istoria
humana, por cuanto la supe restructura cuenta co n un mecanismo jurídico y educativo,
construye signos y símbolos, y actúa a tr avés de las leye s, las n ormas, fabrica creen cias y
56
Talcott Parso ns. Sociólogo es tadouni dens e (1902 USA - 1979, Al emania) qu ien fu ndame nta la Teoría d e la
Acción Social y pa dre del Funcionalis mo Estr uctura l, cuyo vigor ac adém ico, res iste y p ers iste en las escuel as
de sociología del siglo XXI, inclu ida la Universida d de Caldas. El elemento más origin al expu esto en s u ob ra es
el concept o de "acto un ida d", formado p or cuatro co mponentes: un act or, u n fin, una acción -dividida a su
vez en i ntelectu al, e xpresiva, moral e i nstru mental- y u nas n ormas y val ores q ue deter minan los tres
anteriores; el ob jetivo es obtener d e sus accion es el má ximo de grati ficación y el mínimo d e priva ción,
influido además por un comple jo sis tema d e pautas variables y dimension es interdepend ientes ”.
(Biografíasyvi das, “Talcott Parso ns”, 2014)
64
Es decir que la muerte pr opia la vive ncia uno mismo , a la vez qu e, evidentemente, e sa
misma m uerte también es vivenciada por el otro. El individuo q ue muere, de saparec e
biológicamente mie n tras qu e c ulturalmente e s resc atado simplemente e n t é rminos d e
registro . E l Ser huma no y s us acciones des aparecen , pero siguen sie ndo suje t os a
interpretación fenomenológ ica por sus registros. (MUÑOZ, 2012, p.242-3)
Vida y Cultur a constituyen la re alidad h umana, en l a med ida en que la m uerte es parte de
la Vida, así como toda m uerte deja rastros y huellas, aquellas que retro a limentan y dan
“aire” a la vida humana .
Tal y como se ha p odido ob servar, en la funda mentación d el epis teme cu ltura y drog a, el
enfoque del materialismo h istórico ha sido u n pilar de gran relevancia. E n cierta f orma, lo
que se h a i do construyendo, se ha visto en todo mo mento ligado a lo s desarrollos q ue le
han d ado suste n to a esta cien cia de la socieda d, la que ju stamente tiene co mo punt o de
partida la re lación y dimensión de unid ad entre el ser humano y la naturaleza.
Genial para su ép oca, fue la in tuición cient ífica que ya poseía E ngels al mo mento de
esbozar las b ases de la que llamó la nueva Ciencia d e la Concatenación t otal, la Dialéctica
de la Naturaleza, con base en los desarrollos y ava nces d e las ciencias hasta el siglo X IX. Al
respecto , señaló:
Las lagunas e n los anales de la paleont ología iban s iendo llenadas una tr as otra, lo que
obligaba a los más ob stin ados a reconocer el asombroso paralelismo e xistent e ent r e l a
historia del desarrollo del mundo orgánico e n su conjunto y la h istoria del desarrollo de c ada
organismo por s eparado , ofre c iendo el hi lo de Ariadna, que debía i ndicar la sal i da del
laberinto en que la bo tánica y la zoología parecían ca da vez m ás perdidas . (ENGELS, 1974)
Y luego a gregaba :
Y así hem os vuelto a la c oncepción del mundo que tenían los grandes fundadores de la
filosofía griega, a la concepción de que toda la naturaleza, desde sus part í culas más ínfimas
hasta sus c uerpos más gigant esc os, desde lo s granos de are na hasta los sole s, desde los
protistas hasta el hombre , se halla en un estado pere nne de nac imiento y m uerte, en flujo
65
constante, sujeto a inc esant es c ambios y movimientos. Con la sola diferencia ese nc ial de que
lo que fuera para l os griegos una intuición genial es en nuestro caso el res ult ado de un a
estricta investigación cientí fica basada en la experie ncia y, por ello, tiene una forma m ás
terminada y más clar a. Es cierto que l a prueba empírica de este movimiento cíclico no está
exenta de lagunas, pero éstas, insignificantes en compara ción con lo qu e se ha l ogrado ya
establecer firmement e , son menos cada año (Ibíd em)
Lo p aradójico es q ue a quello que la ciencia p ositiva d esarro llara en sus comienzos y en los
avances logra dos entre los siglos XVI y mitad de l XIX – el moment o en que se da el quiebre
a pa rtir de la t eoría de la ev olución y lo s funda mentos de la genética- luego se reafirmara
con los descubrimientos de la física d e la r elatividad y despu és cuántica. Hay que rec ordar
que cuando el dominio ideológico positivista de las c ie ncias naturales era d eterminante,
incidió con fu erza en la s ciencias sociales, para afirmar que el p ensamiento s alvaje y
primit ivo era fantasios o , inge nuo e in fantil, y que ademá s su s creencias sobre la relación
entre e l ser humano y la nat uraleza se expresaban en la forma de m itos. Ho y éste se
reivind ica y se reconfigura, en especial, cuando al profundizar en la esencia humana, se
encuent ra que los meta lenguajes de lo s r ituales eviden cian formas d e conoci miento s obre
tipos de realid ades de la Vida, que ex isten no sólo en el planeta tierr a sino en el Co smos,
todo lo cual pare ciera ho y ser con vergente con los avances científicos
59
.
Un autor qu e h a ce antro p olo gía filosófica y se convierte en u n refere nte es E duardo
Subirats, quien relaciona magia, mito y m ímesis, todos componentes centrales para la
descripción, a nálisis e interpretación del rito. El au tor en una b úsqueda ontológica y
filosófica ha cia la re-significación y revitalizació n del mito en el pr esente siglo XXI, plantea
que:
El mito "es la 'palabra' de lo que es actualmente cósico [ta tsüchlich] [...]" e s cribió también en
este sentido Walter F. Otto. "Es la 'palabra' c omo tes timonio i nmediato de lo que era, es y
será. La palabra como auto revelación del ser en u n sentido r everencial-arcai c o, que no
distingu e entre las palabras y las cosas " ( Otto, 1951: 58 y ss.).
59
La hipó tesis GA I A s ugiere qu e el planeta co mo u n s er vivo, es una evidencia. Se afirma que tod o s er vivo,
tiene s u t ipo de conciencia y q ue es cap az de esta blecer interacciones co munica tivas con los ot ros s eres,
inclusive con la especie hu mana. “Fue ideada p or el q uímico James Lovelo ck en 1969 (aunque publ icada
en 1979) siendo apoy ada y extendida por la bióloga Ly nn Margulis. Lovelock estaba trab ajando en ella
cuand o se lo co mentó al escr itor Willia m Golding, fue ést e qu ien l e s ugirió q ue la denom inase ‘Gaia ’, dios a
griega de la Ti erra (Gaia, Gea o Gaya) ” . (Wikipedia , “Hipóte sis de Gaia ”, 2014).
66
El mito e s una palabra real, una palabra actualizada a través del relato, el canto y la danza,
una palabra vinculada a la acción realizada en el senti do dramático d e l dromenon griego.
Palabra c olectiva, emocional y mágicamente real. Ja ne Ellen Harrison lo definía c omo un a
realidad no s olamente formulada y reformulada a través de l os r elatos or ales, sino al mismo
tiempo pre Ejecutada y r e Ejecut ada, y vinculada a un a presencia emo c ional in te nsa, y
dotada, a demás, de una intención y una fuer za m ágic as. Mito, drama y magia co nstitu yen
en esta misma medida un a tríada indivisible (Harrison, 1 912: 330).
Esta palabra m ítica no es subjetiva. No p uede considerarse ni siquiera como una palabra
individual , inclus o si t e nemos en cuenta que la p ronuncia necesar iament e una persona
determinada que r ecrea y transforma su expr esión, su re lato y los momentos constitutivos
de su pre s entación ritual de una manera individua l y psicológica m ente idi osincrásica. La
palabra mítica vin c ula las voces individuales en un g r upo humano solidario. Es la palabra
que une e sta c olectividad a t ravés de un vínculo cósmico y sagrado. E sta unión o v ínculo
solidarios entraña una dimensión ética y normat iva para la comunidad humana. Pero no e s
moral porque no comprend e n or mas fundadas en una voluntad subjetiva elevada a principio
rac iona l universal, en el sentido de la areté aristotélica o e l principio moral categó r ico de
Kant. Mucho menos puede identi ficarse con una norma jurídica sancionada por un principio
de violencia y poder. La solidaridad, la unión y el vínculo m itológicos comprenden más bie n
la forma or iginal del ser s agrado compartido ética y r eligiosamente por una comunidad
humana. (SUBIRATS , 2012, p .3 4-35)
La per spectiva epis témi ca que se fue con struyendo en e l GICYD, en rel ación con la
interacción de la V ida entre humano s y naturaleza, fue dando pautas para acercarn os a
uno y o tro campo d isciplinario, constituyéndose así un proceso de int erdiscip linar iedad e
integr alidad en el camb io y el movimien to, en las f ormas de conocer desde el s entir y el
ser con lo s otro s y n osotros mis mos, a part ir del acercamien to a u na realida d diversa y
profundamente heter ogénea. E sto nos obligó a buscar p ara la descr ipción, a nálisis e
interpretación , un lenguaje y una aproxima ción cognitiva relacional y no objetual, en t anto
era claro que nad a existe de por sí ni por sí mismo, ni siquiera una idea o una estructura de
pensamien to en abstracc ión pura .
Por otro lado, el t ema de drogas y la forma como en el co n texto público e ideológico
dominante se insertaba el discu rso del prohibicioni smo, por medio del cu al se restringían
algunas drogas , comen zó a pa recernos de d ébil argumentación, y a q u e girab a solo en
torno a patologías que eran , por cierto, muy discutibles d esde algunos análisis cient íficos
interdisciplinari os. L a perspectiva cultural y antropológica permitía ampliar y precisa r ta l
67
discurso, abriendo la p osibilidad de considerarlo también como un p roblema social y rea l,
de evidente interés médico y, po r tant o, r elacionado con l a salu d pública. No obstante, las
argumentaciones y lo s discurso s médicos que se enfo caban solo sobre algunas drogas, no
resultaban tan convincentes, dado q ue a l observa r las en su entorno cultural, adqui rían
otras imágenes, representaciones y constituían divers as re alidades. Una situación
ejempla r, s e encontraba en la pla nta de coca y sus uso s ancestra les, por un lado , y el
alcaloide de la cocaína en su uso consumista y mod erno, p or o tro. Tambi én incidía, d esde
una p erspectiva cu ltural, lo qu e denomi nó Durkheim, la moral de las pro fesiones; a sí fue
como se pudo evidenciar las d iversas lectu ras que se h acían de las sust ancias desde l as
mismas ciencias y profesiones .
Era claro, por tanto, que hab ía n o só lo una varieda d d e contextos, con aspecto s m orales
diversos y q ue aun desde enfoques fun cionales resultaban me nos convincentes los
argumentos dominantes, e n e special cu ando nos movía mos en zon as d e cono cimien to
interdisciplinari o y con otros saberes ancestrales o ciertas t radiciones de conocimient os
de o r den m istérico, esotérico o gn óstico, o simplemente d e otros á mbitos cu ltural es tan
diferentes y aparentemente dist antes como eran las filosofías, los sabe res y la s p rácticas
orientale s, pero presentes en e l me d io social y académico; s ino que además, se hizo
evidente que e l observad or, desde el luga r y la forma que tenga, incide en lo observado.
Cada vez se ha cía má s claro que lo a p arente de un a forma, no es realmente lo que
percibimo s del contenido en u n momento o en otro y, que realmente e l observador, como
acabamos de afirmar, sí in fluía en una d eterminada d escrip ción o in t erpretación de la
realidad observada. N o sotro s mismos como seres vivos, al en trar en acción con lo
aparentemente inanimado, influimos y ca mbia m os ta l re alidad. Por tal motivo, fuimos
tomando distancia de los enfoques cuantitativos y p ositivistas, o ptando p or los enfoques
cualitativos, en lo concerniente al conocimiento de lo hu mano y lo social, y par a este caso
puntua l, de las drogas.
68
2.2 El episteme cu ltura y d ro g a : yagé, ant ropología, chamanismos y neo -
cham anismos
En alguno s artículos y en los documento s iniciales de trab ajo, se había planteado que:
El e nfoque multidisciplinario de cultura-droga incluye campos c omo: “Salud – enfermedad.
Cognición – conciencia. Esp i ritualidad – r eligiosidad. Práctic a – traba j o. Diversión – pl acer.
Ec onomía – política. Es de trascendencia a part i r del conocimiento científico existent e sobre
la r elación cultura y droga, entendido c omo un e pisteme que permite ace rcar y m overse
hacia ot ros t errenos de con oci mientos culturales no c ientí fi cos, c omo los tradicionales y
saberes propios de culturas y pueblos ancestrales y populares, que asumen problemas
relaci onado s con l as enfermedades, angustias, dolores, s ituaciones emoc ional es de las
personas (VELEZ & R O NDEROS, 2007, p.1 0 )
Conviene te ner presente que para la inter pretación de los ejes y l as dimensione s en torno
a las pr ácticas, representaciones e imaginarios de las dr ogas, es necesario ten er e n cuenta
los entornos y la for ma en que se insertan y actúan socialmente en tanto “rea lidades”. La
descripción de lo s fenómenos cone x os es fundament al. Este es, pr ecisamente, uno de los
vacíos que aún se tiene p ara los análisis. E n esta tesis se a p unta a contribuir so b re este
aspecto en con cre t o.
Ámbitos de r eali dad como las drogas y los alimentos, son ejes c entrales y trasversales en
las sociedades humanas y su relación con la Naturalez a, en tanto im plican relaciones
sociales con d iversas significaciones simb ólicas, i deática s o ideac io n es como l o d enomina
Godelier (1989).
Porque la nat uraleza no c esa jamás de a c tuar sobre el hombre, si bien no de idéntico modo
según que él la conozca o no, la domine o no . Éstos s on l os pr oblemas que abordamos en la
primera parte de esta obra, donde analizamos las distintas formas de apropiación material y
social de la naturaleza, tratand o de descubrir, en la organiza c ión de los di s tinto s sistemas
económicos y sociales, el efe cto de las constricciones materiales i m puestas por la s
condiciones de r eprodu cc ión de los eco sistemas naturales en que s e hallan inmer sas las
sociedades que act úan sobre e llos c on objeto de reproducirse. (p. 22. El resaltado es mío)
69
Tales intera cciones dan or igen en la cotidianidad a formas habituales de c omunicación e
intercambio s d iversos, materiales e inma teriales, d e tipo s y especialidades de trabajos,
traducidos en el actuar práctico -la praxis-, de lo cual emerge lo que so ciológica y
antropo lógicamente se han denominado estructuras.
Al recon ocernos como académicos del camp o de la s ciencias , era necesario a cercarnos y
observar la práctica socia l d e la cot idianidad en las d iversas poblaciones, de co ndiciones y
característi cas sociales y é tn icas pa rticulares, het erogéneas, en t or no a l a v ariedad de
sustancia s con sus características y formas de u sos so ciales, y sobre las cuale s se han
constru ido conocimientos que incid e n, con mayor o m enor eficacia, en algún tipo de
reconocim iento de tradición respecto a las e nfermeda des, la salud o la potencialización de
las capacid a d es vitales.
El concepto y té rmino chamanismo p roviene del vocablo c hamán, qu e define de ma nera
muy clara e l reconocido a ntr opólogo Vitebsky (2001):
La palabra << c haman>> p roc e de d el lenguaje de los e venkis, un pequeño g rupo de
cazado res y pastores de renos d e h abla tungu sa de S iberia. Fue u sad a por p rimera
vez p ara design ar a un esp ecialista religioso de esta región. A p rincipios del siglo X X
ya se usaba en No rtea m érica para designar a un am plio g rupo d e curanderos,
hombres y m ujeres, mientras que a lgunos practicante s del New Age (Nueva Épo ca)
usan ho y la palabra para describir a personas a las que co nsideran que están en
algún contac to con los espíritus. (p.10)
Como sabemo s, la di fusión amplia y universal d el término se la d ebemos en gra n parte al
reconocido i nvestigador de religiones comparadas Mirc ea Elia de, en su clásica pub licación
titulada E l Cham anismo y las técnicas arc aicas del éxtas is , el cual marcó un referente p ara
el mundo a cadémico y científico, y que fue adoptado e n especial por la antropo logía.
Como lo destacan los Grof (2006):
Chamán es un término que usan los antropól ogos para un t i po es pecial de curandero o
cur ande r a, brujo o sanador , que utiliza es tados no ordinarios de c onciencia para curarse as í
mismo o a los demás, prever el futuro, abrir canales de perc epción extrasensorial y
70
comunicarse con animales, elementos de la naturaleza y s eres del mundo del más allá. En el
auténtico corazó n del chamanismo está la idea de que un estado no habitua l de conciencia
se puede ll evar a cabo viajes vis iona r ios beneficiosos a otros ámbitos y dimens i ones de
realidad. Los primeros chamanes fueron los primeros exploradores y cartógrafos de e stos
paisajes interiores. El c haman i smo es un fenómeno universal. Es también muy antiguo; s us
inicios pueden r emont arse al paleolítico hombre de Cromagnon. Muchas pinturas y relieves
de las paredes de las cuevas de Altamira, Font de Gaume, L es Troires Freres, así como otras,
representan moti v os chamáni c os. (p.150. El resalt ado es mío)
Antes de estos nuevos enf o qu es y el conocimiento d el que hoy disponen las ciencias sobre
los E MC, e l chamán simplemente e ra un hechicero con su respe ctiva prá ctica de la
hechicería , un brujo que con “int eligencias y ast ucia” (SUNE, 1960, p.9) se gan aba la
confianza de la comunidad; o s i mucho –a causa d e es a carga histór ic a neg ativa de la
brujería medioeval en occiden te, típica del co lonialismo y a la que la ant ropología no
escapó, los primitiv os eran descritos como s eres igno rantes; si acaso se le a sociaba
posit ivamente al mag o (Ibídem., p.4), lo que, e n últimas, tampoco se aproxima a las
definicione s con temporáneas(ELIADE, 1994, p,29); (PO VEDA, 19 97, p. 23); (FERI CGLA,
2000, p.22); (VITEBSKY, p.6).
El antropólogo co lombo-austriaco Gera rdo Reichel-Do lmatoff, en su i nvestigación sobre
las sustancias narcóticas, d escribe los EMC del p ayé -nombre dado al chamán entre los
Desana, también con ocidos como Tuka nos- y destaca la experiencia ext ática para ofrecer
una interpretación simbólica d e la experiencia cogn itiva qu e queda y se re-crea en el mito
de este pueblo , co n base en su t rabajo de campo. E sto p uede asumirse como u na mue stra
de lo que ocurre en el ritual del yagé, en tanto espacio de significaciones etn oc ulturales,
cuando el ritual de esta etn omedicina se tr aslada al mundo urbano-rur al , pue s a llí es re-
significado. Reichel-Do lmatoff (1986) señala que:
El poder de transformación de un payé es uno de los aspectos más impo rtantes del ofic io que
desempeña en s u g r upo. Esta facultad de transforma c ión s e denomina “ ye ’ema xs a
uári=payé-gente- pasar de un lugar a otro ”. Sobre un p lan horizon tal , den tro de l a biosfera,
el payé puede trasladarse geográfic ament e, por ejemplo a un cerro, o puede convert i rse
( doxpá y egë = hacer l as v eces ) en un jaguar o e n una anaconda. Que el jaguar represente un
concepto fálico, de activa energía bi o-espermática, mient ras que la anaconda tiene más bien
el cará c ter de un f alo i nactivo, e s de interés aquí, ya que in di ca tanto la ambivalencia
energética del payé, c omo su identifi c ación c on animal e s selváticos y acuáticos…En un pla n
tridimensional, el payé se transforma al pasar de la bi osfera a e xosfera cuand o, en su
71
éxtasis, vuela a la Ví a Lácte a. Esta transformació n esta inducida generalmente por la
ingestión de una droga al uci nógena ( vixó o yajé ) pero se dic e que un payé experimentado
puede caer en un tran ce alucinat or io sin ingerir ningu na droga. (p. 163-4)
Aquí conviene hacer una aclaración res pecto al concepto farmacoló gico que usa el autor,
el cual era recurr ente para la época de sus estudios. Reichel-Dolmatoff se expresa así:
“narcótico que usan los indios”, y con e llo está h acien do la r eferencia farmacológica a l
yagé, en términos de u na sust ancia alucinógena y el re spectivo tran ce como a lucinación,
conceptos qu e en esta tesis se replantea n al conside rar el yagé como un e nteógeno. A
este respecto, se hará una precisión en el siguiente cap ítulo, así como también a l Remed io
como “pl anta sagrada o vision aria”, teniendo en cuent a su estricto context o etnocultural.
Por otra parte, hay que de stacar el significado de la transfor mación a q ue alude el a utor,
puesto q ue si se interpreta d esde la t eoría d e Jung , esta ex p eriencia co gn itiva t endría el
carácter d e inducir un proceso d e indi viduación del p ayé, lo que en E liade re presentaría al
éxtasis arcaico y que, finalmente, es una referencia ex plícita al EMC en el que s e expresa
el poder de la percepció n, pero eso sí, s iempre e n el contexto del ri t ual. Estos t emas se
retomarán en ot ros capítulos y a lo largo de la tesis.
Como s e h a podido apre ciar, las discusion es son s ugerentes y desde po sturas
antropo lógicas bien fundamenta das, se pueden hacer plantea mientos crítico s, como los
que y a se h an formulad o c on anterioridad. P ero ta mbién ha y otros investigadores como
Alhena Caiced o (2007), quien aporta en la co ntroversia sobre la vigencia d e este
fenómeno. Dice la autor a :
Frente al disciplinamient o y la coerción biopo l ítica del s istema, está la uto pía de
transformación, de conexión con el universo, la libertad, la cr eat ividad, el retorno a lo
orgánico, la e sencia de lo vivo, representad o en el chamanismo. El chamanismo es fuente de
emancipación, es la “e xpe rimenta c ión sagrada de la existencia (...) y chamán es quien vive
esa experiencia”, dir á W illiam T orres (James y Jiménez , 2 004: 147). Pe ro ¿Por qué par a los
seguido-res del neo-chamanismo, la po tencia trasfor madora y emancipadora de la
experiencia vital e stá c ontenida en e l chamanismo c omo significante? Tal vez las posibles
respuestas puedan ser tan insatisfactorias, c omo desconcertant e la pregunta. Cuando
Roberte H amayon ( 2 003) afirmó q ue el c hamanismo es una he rramienta para p e nsar y
apunt ó a desc ubrir en el concepto un e spejo de las relaciones entre Occidente y su alteridad,
tal vez no hab í a c ontemplado qué tan lejos se puede i r tras este ar gumento. Desde este
72
punto de vista, el carác ter universal atribuido al chamanismo es un r eferente interesante. La
idea de estar frente a un fenómeno que a pesar de la multipl i cidad de sus manifestaciones
cuenta con característ icas comunes y comparable s, fue el argument o de la antropología
para invent ar la noc ión de chamanismo. Ese e fecto de generaliz ación terminó por disolverse
en un sentido de unive r salidad, y apare ce ahora desde el chamani s mo occidental
contraponiénd ose a la mirada ant r opológica clásica y abogando incluso por una refundación
de l a antropología com o disc iplina. La emergencia de una nue v a an tr opologí a, co mo lo
plantea J ere my Narby, a utor del controvertido libro Le serpent c osmique. L’ ADN et les
origines du savoir ( 1995) , se funda en una aproximac ión derivada de la experien c ia del
chamanismo que va m ás al lá de l a dicotomía es tabl e cida entre e l materia l ismo o ccidental y
la capacidad de los grupos chamánicos de relaciona rse con los espír itus . La experiencia como
lugar privilegiado de legitimación se convierte en la prueba que reivi ndica el carácter
universal del chamanismo. Desde e sta perspectiva, el chamanismo entendido como
conciencia chamáni c a, es de c ir, como d imens ión existencial, es a s u vez as umido como
explícitamente fundamental, independient e de la cultura y autón omo frente al c ontext o.
Cualquier persona, más allá de s u c ondición cultural puede acceder a est e tipo de
experiencia y, en esa medida, puede c onvertirse en la versión de c hamán que se desprende
de este presupuest o. (p. 11)
Ante el chama nismo, la a utora se sitú a desde una ortodoxia antro pológica, con lo cu al
contextualiza, exactamente, la an tropo-lógica, para señalar q ue al inventarse l a
antropo logía e l concepto de chamanismo, con base e n la universal idad d el fenómeno, él
emergiera como realid ad
60
; es decir , a partir de la idea y la abstracción que, ad emás s e
asocia a la n oción libert aria, pareciera expresarse en la e xperiencia sagrad a para
trascender lo que se ha d enomin a d o la coerción bio p olí ti ca, mediante la u topía y a p artir
de esto, explorar la opción de una refundación de la antropología c omo disciplina,
apoyándose en N arby. En este sentido, será el chamán el antropólogo o e l antropólogo el
chamán y como tal, ab rir un a brech a en una “human ología”
61
q ue posibilitará construir
como un a alteridad antropológica, desd e la conciencia chamá nica, una “ chamano logía ”.
Intere sante tema para una tertulia.
60
Co n ant erioridad se dejó clar o que el au tor a sume u n presupu esto explicito, s iguiendo a Bates on ( 2006),
en el sentido que Lo nombrado no es la cosa , así como el Mapa no es el territorio.
61
Int roduzco es tos términos co mo un ejerci cio reflexivo y críti co, lógico-gra matical y neolo gista, pa ra colocar
en discus ión la deno m i nació n de l o antropo= ho mbre-género y lo humano como especi e. Con seguri dad,
esta discusión se v iene da ndo con los nuevos enfoques de l a antro pología en su re-si g nifica ción co mo
ciencia social clásica o ciencia de la interpretación, aunque debo reconocer que sobre esto mi s
conocimientos son mínimos.
73
Lo objetivo y real es que los ( y no él) neo-chamani smos constituyen un fenómeno
interétnico diverso, de significativa imp ortancia hu mana, a juicio del a utor, y de in terés
para la antropología y s o ciología contem poránea, así como t ambién p ara determinadas
áreas d e la psicología -c o mo la tra nspersonal y soc ial- y para p otenciales c ampos
psicoterapéuticos
62
. A la compr ensión e in terpre t ación de este fenómeno, también l e
aportan ca mpos interdisc i plin arios como la etnopsicología y la bioética .
Lo ante rior se e ncuentra e n est recha relación con lo re ligioso y lo espiritual, con la
diversidad eso térica contemporán ea. E sto in cl u ye d imen siones de re-significación ent re lo
sagrado y lo p rofano, a l igu al qu e d el ch amanismo ancestral, todo lo c u al se d a en el
marco d e tensiones de los conflict os sociales actu ales, en el caso colombia no,
relacionados finalmente, con a suntos importantes para las p ersonas y los p olíticos en el
sistema capitalista, como lo son: la salud y la enfermed ad, la espirituali da d y religiosidad,
la cognición y l a conciencia.
2.3 . Cultura, ritual de la medicina del yagé, socialización, mimet ismos y
aprend izaje
Salvador Giner señala de manera ca t egórica “la cultura e s aprendizaje”. Pero ¿cómo se
hacen prác ticos lo s ap rendizajes en cualquier ritual y , d e mane ra específica, e n el ritual de
esta medicina del yagé?
Este so ciólogo parte d e una hipóte sis que comparto:
Los homb r es viven en sociedad no porque sean hombr es, sino porque s on animales. Algunas
espec i es animales poseen c onductas aprendidas en l a interacc ión así como a través de la
imitación, aunque tales proc esos son r udiment ar ios si se c omparan c on los que les
corresponden en l a soc ieda d humana. Hay un hecho c apital que s epara la sociedad humana
de la animal: la c ultu r a. La cultura es el m odo humano de satisfacer l as exigencias
biológicas .
62
Sobre el tema, ver el art ículo de mi autorí a Chamanis mos, neo cha m a nis mos y la medicin a tradicional del
yagé en el Eje Cafetero, 200 s eñalába m o s: “La dis cus ión y a nálisis entr e cha m anis mos y n eo cha manis m os es
un tema que en este escr ito n o se ab orda. Es compl ejo y ha sido ya tratad o de manera pol émica por di versos
investigad ores. A q uí s e menciona d e esta forma, por su n eces aria imbrica ción e intera cción cultural entre el
conocimiento ancestral y sus adapt acion es a l a vida urbana contemporánea ”
80
evidentes, e n tendido como una construcción cu lt ural de grupos étnicos, pero también
sociales, la cual define la e ntidad cultura l que denominamos MANIZALE S.
La formación te rritorial la en tiendo co mo un p rodu cto sociocultura l e h istóri co que
delimita pr o cesos de id entidad. El t er ritorio es construcción, transformación o
reproducción d e un "sen t ido colectivo " o expresión ideacional de una etnicidad regional.
"Según la teoría pr áctica de la e tn icidad, las sensaciones de afinidad étnica se fundan en
experiencias de l a vida común que generan disposiciones habi tuales similares. Si bien, la
gente perc ibe (correcta o inc orrectament e) similitud e s y dife r encias entre e llos mismos, el
dominio prác tico de estos patrone s no requiere conocimiento de sus bases objetivas. L o que
da a los miembros de una cohorte étnica su s entido familiar es la s i mi litud de experiencias y
el hábito preconsciente que ello gene r a" (Citado po r ASHER Kiran, 1996, p. 12-13)
Sociológicamente lo étnico se e nmarca en la a cción social , contextualizada h istóricamente
como formas étnica s regionales. (RONDEROS, 1999, p.3)
65
.
Sobre la base de estas cons ideraciones, se puede ahora precisar en lo rela tivo a las
relaciones interétnicas entre M anizales y la prese ncia de las culturas y ageceras del
Putumayo. Aquí se asume, por ta nto, a Manizales como un co nstructo teór ico y é tnico,
pero tamb ién dive rso, si bie n geográfica, po líti ca y adm inistrativamente con stituye un
centr o urbano-rural vin c u lado a la const rucción polí tica y de planeación regional que se h a
denominado, desde hace cerca de 20 años, como Eje Cafetero.
Ha sido de gran importancia para el trabajo inves tiga tivo la definición s obre droga y
conexo cualquie r tipo de med icina, que se ado pta de sde la neurociencia y l a
neuropsicofarma cología, para entender la rea lida d en la relación entre cerebro-mente y
cultura . A este respecto, el médico e investigador Simón Brailowsky (1995) señala:
65
Ponencia pr eparada p ara un evento a cadémico del pr ograma Pris ma 2.000 de Tolou se, Francia, realizado
entre el 25 y 26 de febre ro de 1.999, al cua l por limitacione s m a teria les fue imposibl e asisti r.
81
Cuando hab l amos de drogas nos referimos a lo que en general se cono c e como fármacos
definidos c omo todas aquellas sustancias c apa c es de modificar la sustancia v iva. Y en este
sentido, se conside ran fármacos t anto el perfume (o s i no ¿cómo no s podría gustar o
disgustar?) como la cocaína, pasando por la aspirina o el té de tila. Así es. No hay que
asustarse. Se trata, en ef ec to , de tod as las sustancias que nos hacen " se nt i r alg o": las
"naturales" que conseguimos con el yerbero del mercado , y las ampolletas de t r anquilizantes
que adquirimos en la farma c ia. No pensemos, al l eer esta obra, que c uando hablamos de
"drogas" sólo nos refe ri m os a las sustancias prohibi das o dañinas. En este contexto, por lo
tanto, s erá equivalente hablar de fármac o o de droga, esta última tal y como se uti liza en
francés o inglés (v. gr., en i nglés drugstore —literalm ente ' t i enda de drogas'— = farmacia).
Es quizás la acepción cient ífica más amplia de dicho término. (p.5)
Esto se a plica para cualquier comp onente o elemen to q ue incida e n la fo rma d e sentir o
percibir, que pot encie o no la energí a para a ctuar, para realizar cu alquier tipo de t rabajo,
en el sentido de la capacidad tr ansformadora que ti ene el ser hu mano y que además lo
hace hu mano. Tal en ergía se expresa en la s emociones humanas. El aprendizaje s obre las
emociones relacionadas con e l sentir, históricamente y de sde los rituales arcaicos
humanos, t iene que v er con pautas y normas ét ic a s, so bre las cuales las religio nes, d esde
épocas muy antiguas, t ienen influencia y sobre ellas decidieron qu e entre su s funciones y
misiones est a b a i mponer u n determinado orden a la s ociedad humana.
Es t ambién oportuno c omplementar y precisar la co nceptua lización que hace Giner sobre
la imitación, acción qu e e stima rudimentaria y más pr opia de lo s animales no humanos ,
contra rio al en foque de Durkheim, para quien la imitación es justamente un hecho social.
En sí mis ma la acción de imitar es comp leja en cuanto r eacción estrictamente p síquica y
biológica; sin embargo es n ecesario tener en cue nta la situac ión en qu e emerge como
experiencia, lo cual es también cultural, pero es muy impor tante destacarla como una
capacidad casi de to dos de los anim al es y vita l en los aprendizajes. Ya lo mencionaba
Aristóteles, que el ser humano e ra el animal que mejor capa cidad tenía para imit ar. Desde
nuestra const rucción teórica, la imita ción constitu ye un r esorte e sencial en el aprendiz aje,
adoptando lo que pl antea Girard (2006) sobre el me canismo d el deseo m imético , eje d e su
teoría sobre e l origen de la cultura.
82
Como se seña laba con ante rioridad, D urkheim h ace u na di ferencia y preci sión entre
imitación y acciones miméticas. E n la imitación, d esde lo sociológico, ex iste una referencia
teórica a l o cultur al, lo cr eado y que se imita. Si n señalarlo, Du rkhei m indica qu e, de
alguna forma, tal imitación se enmarca en un hecho social, tal y como lo afirma en su
investiga ción so bre el suicidio (DUR KHEIM, 1974). E l suicidio no es un acto est rictamente
psicológico e individu al, s ino qu e es un h e cho social imitativo que se d a en circunstancias
específicas so ciales; con base en es to, p lantea los diferentes t ipos de suic idio en rel ación
con las caracter ísticas sociales y culturales de la époc a, todo e llo sustentado en l os d atos
estadísticos y empír icos de la población que comete ta l acto.
Esta afirmación teórica s e asemeja, en parte, a lo que en la sociolo gía contemporánea se
denomina co mo moda; e s decir, una co nducta, una acti tud, un valor, un comportamiento,
que es seguido por un colect ivo social en u n deter minado mome n to . Pero no es
simplemente un re flej o producto de un proceso psicológico, sino q ue t iene una
intenciona lidad y un fin social. Sin embar go, no ha y que olvidar que lo genético es un
factor muy importante en las condu ctas y que, por t anto, no se puede so slayar en un
análisis antr opológico.
Durkh eim planteaba como hipótesis que en la imitació n existían d isposic io nes o rgánicas,
psicológicas y del medio, in fluy entes e n la conduct a social imitat iva, con lo cual se le
puede d ar un origen empíric o a lo que teóricamente se define como un hecho social .
Respecto a la moda, pued e t ener en mayor o meno r medida, un compone nte de
imposición social a p artir de una valoración dete rminada a un estatu s. E l esnobis mo
podría ser un buen ejemplo d e ello. E n una sociedad de me rcado, esto c onstituye un
mecanismo de grandes repe rcusiones e conómicas, al es t ab lecer por m oda un gusto que
se tra duce e n cualq uier cosa, in cluso una idea , una imagen o un bien fantasio so y curioso,
que se convierte en una mercancía que incluy e como p lus una propiedad privada
establec ida, con u n valor de cambio q ue e s alto segú n e l momento de la imitació n, y que
puede aparec er como “original” o de “marca reconocida” .
83
Los pro cesos de aprendizaje t ienen sus espa cios y lugares más o m enos id entificados e
instituidos, lo q ue en sociología se d efine como relaci ones de inte racción pr imaria o
secunda ria y que, a su vez, g enera grupos primarios o secundarios. Algo interesante es
que h istóric a y e tn ohistóricamente el rito es una de es ta s construcciones sociales, un
mecanismo matricial y social que surgió y se ha manten ido como u n espacio de
socialización y a pren d izaje d e tradiciones y re-significaciones.
Si se h a propuesto que el ritual del y agé es u n dispositivo de socialización int erétnico -lo es
con las especificidades pro pias de la dimens ión vit al de la existencia-, se puede afirmar
que cu ando e mergen en el r itual expe riencias as o ciada s a la m uerte, como un tr ánsito y
cambio o como exp eriencia de un emerger es piritual, hay entonces e lementos suficientes
para considerar que existen pl anos y contactos inte rétnicos e n la c omprensión de nuevas
dimen siones de la muerte. Por co n siguiente, se p ueden g enerar aprendizajes con
implicaciones y p autas que orientan tal realidad p síq uica bajo el E MC-CH. Sobre esto se
harán a cont inuación alg una s precisiones.
El concepto d e dispositivo ha sido adopt ado en el GICYD, a partir del plante amiento de
Luis Carl os Restr epo (199 4), e n el q ue propone qu e la s drogas cumplen el p apel de
mediadoras y disp ositivos de socialización.
Hay ámbi tos de socialización donde el psicoactivo es c ent r al, si nos va m os aqu í mi smo en
Manizales para un bar. Ahí nuestra c arreta o sea e l bar llama la cervecit a, ll ama al
aguardienti co, y se va p as and o la noche, pues lo llama a la otra cos a además cualqui er otro
licor e t c ., y además este tiene su música que se articula perfectament e c on el ag uardientico;
eso es un dis p ositiv o de so ci alización donde los cuerpos y los símbolos se en t recruzan a
través de un psicoac t ivo especial ; pero lo mismo pasa con cualqu ier otro ps i coactivo ,
también con la marihuana… y es que hay unos c iertos c ódigos relacionad os , ciertos
mecanismos de comunicación de reciprocidad, de mediación, de legitimación, hay ciertos
símbolos que circ ulan alrededor de los consumos e incluso de los policonsu mos que son
muy sutiles pero están pres ent e s; entonces tambi én valdría la pena describirlos, pero hay
más cosas; hay una identidad , si uno e s borrachito tiene una identidad, y si mete m arihuana
también la tiene, lo mismo si mete coc aína y toma café por supuesto, es dec ir ha y una
representación de uno mismo y esa i dentidad me perm it e interlocución ; es curios o que la
gente para hablar de c ierta s cos as ti e ne que e mborra c harse; pe ro igualmente yo me meto
en unos agujeros pero no me to bazuco; obvio, sobro , no puedo gene rar una int e rlocución
84
con ellos; (…) lo interesante es que esta s micro culturas están cruzadas por el psico ac tivo que
se convierte en un mediador fundament al y en estas medidas podemos hablar de
microculturas de la droga y m icroculturas del consumo ( …) .hay dispositivos de
socialización, identida des , interlocuciones, códigos y pertenencias y eso viene a ser reforzado
por un psicoactivo. (P.7 8 -80)
Este concepto es fun d amental cuando hablamos de re laciones inte rétnicas en el marco de
un ritual, el cual estruct ura la lógica d el consumo y de u na micr o cu ltura de l yagé en
mundos urbanos y rurales, en los cuales ju stamente la so cialización está mediada po r el
dispositivo q u e s e expresa en el EM C-CH con sus dinámicas de identidades interétnicas,
pero en e l qu e e merge, d urante el ritual, la mimesis y l os aprendizajes como resultado de
los “ m ecanismos de comunicación de re ciprocidad, de m ediación, de legit imación… ”, y
“donde los cuerpos y lo s sím bolos se entrecruzan a tra vés de un p sicoactivo especial ”, en
este caso, a t ravés de la medicina del y agé. Es necesaria una complementación conceptual
sobre la mímesis:
Mimesis: que y como se imita. La mímesis es una analogí a.
La literatura, no es r ealidad, sin o una imitación de la realidad. Si nos remontamos a
Aristóteles, e s él quien fund ame nta s obre dos puntos: cómo se imita y q ué se imita (es decir,
cómo se mimet i za y qué se mimetiza). Sobre estas dos c uestiones y at endiendo siempre y
exclusivamente a la épica y a la tragedia, Aristóteles crear á un cuadro de los géneros
literarios tan flexible y est r ucturado que las generaciones posteriores simplement e lo han
agrandado, dejando como base el es quema propuesto por el fi lósofo. D e hecho, hay quien
ha asegurado que la teoría de l os géneros actual, la más exte ndida, no es sino una "vasta
paráfrasis de Aristóteles" y lo c ierto es que no se hallaba tan lejos de la verdad.
Como dijimos al pri ncipio son estas tres las diferencias que hay en la mímesis: la de lo s
medios de imitación, la de l os objetos y la de c ómo se imita” (Yahoo respuestas, “ Mimesis”,
2014)
¿Cómo emergen los fenómenos de mímesis en lo s ritua les d e la e tnomedicina d el y agé?
¿Qué fun ción c umplen los pro cesos d e curación, las em ergencias espi rituales y los
cambios de pautas cu lturales, en las d inámicas in terétnicas? ¿Cómo comprender en el
sentir, des de l o bioético, lo ecológico y las cos movisiones indígenas, la s interacciones que
comienzan a emerger en los seres h umanos respecto a los a nimales no humanos, las
aves, las p lantas y los demás sere s y e lementales de la Naturaleza? Est os son algun os de
los interrogantes que aparece n ante el fenómeno de la mímesis.
85
El trabajo a cadémico , en el ca mpo interétnico, se forta lecería desde el 2006
66
con el I
Simposio inte rnacional y co lombiano de Cultura y D roga: una m irada hacia adent ro , un
puent e intercultural e interétnico qu e marcó la ruta a segu ir. En este primer Simposio, se
destacó la p resencia de sabedores y cur anderos como el taita Kamsá Juan B. Ágreda, el
mamo A. Izquierdo, integrantes y líderes de la E scuela de Formación E spiritua l Chakra
Vidya de Pe reira y la Asociación d e Parteras del P acifico. E n el campo a cadémico y
científico se vin cularían, en e l p roceso de f orta lecimiento científico y t eórico, además de
Fericgla, Ott, Schaefer y Baum, y a mencionados, ot ros inve stigadores como Joaqu ín
Muñoz de Mendoza (E scuela de Educación Superior en Ciencias Histó ricas y
Antropológicas, d e San Luis Pot osí, Mé xico), y los p sicólogos José Carlos B o uso y Manuel
Villaescusa. También participa ron a cadémicos colo mbianos de la UC, como Tulio
Marulanda M. (médico f arma cólogo), José H. Os o rio (bioqu ímic o ), Jorge E . Duque Parr a ,
Elmer Castaño R ., María E. Bernal y Sig rid Castaño; d e i gual forma, José M . Borrer o Navia
(Celambiental) y Ricardo Díaz M . (director de la revista y portal web Visión Chamán ica ).
En el II I Simposio, re ali zado en el 2008, el tema fue A lucinógenos y Farmacología , en el
cual participaron los doctores Manuel Barbanoj
67
, J osé C. Bouso y Jordi Riba, del Cent re
d’Investiga ció d el Medica men t (CIM- S ant Pa u) d e l Institut de R ecerca d e l´Hospital d e la
Santa Creu i Sa nt Pau, Ho spital Santa d e Barcelona. E l IV evento se llevaría a ca bo en
octubre de 20 09 y se denominó: Y AGE : Un a Mira da Mu ltidisciplinaria y Cognitiva del
Remedio , a él asistió como investigador pr incipal Luis Eduardo Luna Porras; además contó
con la participación de profesores y estudian tes de l a m aestría Culturas y Dr oga, así como
de chamanes y líderes esp irituales como Oc t avio Moreno, de la A sociación Ch amánica y
66
En el No. 1 3 de la revist a Cultura y Droga, a ño 2006, se incl uyeron a lgunas ponencias y el progra ma
desarrolla do. Para mayo r info r m ación se puede consu ltar en la página web d e la Uni versida d de Calda s:
www.ucaldas .edu.co
67
Manue l B arbanoj m ur ió en el 2011, p ero el equipo c onti núa traba jando en Sant Pau ba jo la di rección d e
Jordi Riba. Hay que destacar que la psicóloga y Magister en Culturas y Droga, O felia Gallego B., hizo una
pasan tía en el 2009 en dicho instituto, en el marco de l as alianzas acad ém ic as que s urgieron en el 2008
duran te u na pas antía qu e el autor realizó en Barcelona, la cual le servi ría d e s oporte a su tes is y de la que fui
su presid ente. Dicha tesis se consti tuye en uno de los soportes teóricos de esta invest igació n doctoral.
86
Eco lógica de Colombia, y W illiam T o rres (K AJUYALI TSAMANI), an tropó logo de l a malo ca
Nabi-Nunhue de N ariño.
Estos s imposios, articulados al trabajo académico y la inve stigación q ue había iniciado
desde e l 2001
68
, abrieron un campo cen tral de estudio: la relación entre drogas
enteogénicas, cogniciones ( c erebro y mente ), estados mod ificados d e conciencia y cultura,
en los m arcos rituales chamaní sticos. Asimismo, se r ealizaron cinco semina rios que
contar o n c on la asisten cia de confere ncistas extran jeros y n acionales, y cuatro talleres, en
los cuale s hubo encuentros co n sabed ores (“taitas”) Kamsá del Sibundoy y líd eres y
maestro s mestizo s
69
. Hay q ue anotar que este proceso se con ectó a cadémicament e con la
apertura de la Maestr ía Cultu ras y Droga en e l 2006. H asta el 2011 además de los
simposios internacionales (4), se l levaron a cabo do s nacion ales – reg ionales, en l os que se
había abo rda d o el tema des de diversos enfoques
70
.
Respecto a la produ cción académica de nuestr a aut oría, en el tema de in vesti gación de
esta tesis doctoral, destac o : sie te artículos pub licados, cinco confere ncias y ponen cias en
eventos internacionales en Barcelona (2001 y 2008 ), S antiago (Chile, 2 003) en coautoría
con Segundo Tercero, San Luis P otosí (México, 2 00 9), Tarapoto (P erú, 2009 ); Quito
(Ecuador, 2009) y Buenos Aire s (2 010). Ig ualmente participé en la estructuración de
propuesta s curri culares, en la dirección de t rabajos fin ales e n p regrado y tesis de maestr ía
centr a d as en el te ma d e la etnomedicina del yagé, las cuales estuvieron vin culadas a u na
de las líne as específicas de investigación del grupo.
68
En Barcel ona, en novie mbre de 2001, fui i nvitad o p or l a Fundació n La C aix a y la Societat de Etno psicología
y Estudios Aplicados Sd`E A, co mo ponente en u nas Jorna das s obre Xamanisms , en l a cual present é el es crito
titulado Neo-chamanismo urbano en los Andes Colombian os , que servi ría de bas e pa ra l a pub licación del
pri m er artícul o so bre el t ema de est a tes is, en la revista Novum de la Universidad Nacion al de Colombia, en
el año 2002.
69
Destaco la presen cia de los m édi cos indígenas y ageceros K a msá, M a rtín Ágreda (quien falleció en
noviembre d e 2012), su hijo J u an B. Á gr eda, Do mingo Cuatind ioy, In ga-Siona, y los ya mencionado s Wil liam
Torres (Ka j uyal i Tsamani) y RICARDO DIAZ M.
70
Aparte d e los an teriorment e re ferenciados, se realiza ron los simposios Cultura y Droga: Cie ncia y Arte
(2010) y Bioética, salud, es piritualidad y etnicidades: nuev as perspecti vas ( 2011), ambo s de carácter l ocal e
interno del grupo y la LICY D.
87
En el actual m omento y en lo correspon diente con la última fase en la escri tura de la tesis
-primer y segundo semestre de 20 13-, d esarrollé complem entariamente y con el fin de
actualizar el trabajo de campo , t res contenidos cur riculares
71
de pregrado relacionados
con el tema de esta i nvestigación. E n septiembre d e 2013 participé en la formu lación de
un proyecto
72
que integra int erdisciplinariamente, en el mar co de la s rela ciones
interétnicas en el Centro Sur-Occidente d e Caldas, c onocimientos de sde las ciencias
sociales y las artes, con p r ofesores del Depa rtamento de Artes Plásticas.
De lo antes me ncionado reseñamos a continuación, alg unos trabajos y artícu los (ver
bibliogr afía) del quehacer in vestigativo
73
, direc tamente relacionados con la Tesis do ctoral
y cuyos con tenidos hacen parte de la ella.
• 200 0. Yagé p lanta sagrada de los pueblos amazónicos d e América. Pr esentación al
artículo de Adalberto Idárraga: Rito del y agé en Ma ticurú, Caquetá, Colombia. Fue el
primer ar tículo sobre el tema del yagé en la revista Cultura y Droga No 5.
• 200 1. E n este año se hizo un primer es tudio explorator io y des criptivo
74
, q ue luego
fue pre sentado en un ev en to académico en Barcelona (España), y que sirvió de apoyo
par a la publicación del artículo titulado Neo-chamanismo urbano en los an des
colomb ianos. Aproximación a un ca so: Manizales y e l Eje Cafetero e n C olombia . En
este tr abajo se exploró el fenómeno socio c u ltural de los neo-chamanismos en el
ámbi to regional, co n el f oco de atención e n s u a rticulación co n l as identid ades y
formas d e neo-espiritualidad es, alternativas t erapéutica s y médicas en el mun do
glob alizado contemporáneo.
• 2002. La presencia cultural de l yagé. E n coautoría con e l antropólogo ext remeño y
españ ol, Segun d o Tercero I. Sirvió d e ponencia al evento En Busca de la Alt eridad ,
prese ntado en octubre en la Universidad Nacional de Colomb ia, se de M anizales.
71
Las asignaturas de pregrado: Prác t ica Invest igativa de lo social I, Seminario tal l er Cul tura y Droga, y
Mimetismos Cult urales. Además de la dirección de dos t esis en desarroll o de la Maestría Cul turas y Droga.
72
Título: Estéti cas i nterétnicas e xpand idas: Identi ficación de narrat ivas artísticas desp legadas en el r itual d el
yagé en d iferentes g ru pos po blacionales del centro su r-occ idente cal dense, haci endo énfa sis en las p rácticas
estéticas contempo ráneas. P r oyecto a desarrollar en conju nto con los p rofesores J orge E. Rodríguez y Lu is
Alfonso C eba llos C., para la convocato ria de i nvestigació n 20 1 3-201 5. En Diciembre de 2013 es taba en
evaluación.
73
Tanto en los art ículos public ados com o en l a s ponencias presentad as en diferentes eventos, se hizo
expreso que tal es desarrol los hacían parte de la tesis doctor al.
74
En el t rabajo d e ca mpo real izad o en el 2 001, parti ciparon Ángela Patricia Zea B . (entrevi sta s y encuesta s) y
Ángela María Palacio (foto grafía).
88
• 200 3. Chaman ismos y neo-chamanismos y la medicin a tra dicional d el yagé en el E je
Cafetero .
• 200 3. Identidades, Neo-chamanismos u rbanos y la cultura del y agé en el Eje Ca fetero,
Colombia (Identidades y encuentros subj etivos e in ter subjetivos de la presen ci a
cultura l del yagé, en la prá ct ic a so ciológica y ant ropológica de est u dios n eo-
chamán icos y chamánicos, en un contexto u rbano). Pone ncia p resentada en e l 51
Congres o internacional de Americanista, en el mes de julio en Santiago de Chile.
• 200 4. El yagé l os cu racas (tait as, payés o “chamanes”) en el Amazonas y el alto y b ajo
Putumay o, brujería y magia.
• 200 5. Ritos y mitogonías indígenas en torn o al yagé. Una reflexión sobre los orígenes
de la s conciencias humanas
• 200 9. R ituales del yagé en zonas urbanas del Eje Cafetero: prácti cas y dinámicas de
intercultur alidad y mentalidades emergentes.
• 201 1. Etn ofarmacognosias y Est ados Modificados de Co n ciencia (EMC) como
pot encial cognitivo en las dinámicas interculturales.
Este material académico ha qu edado registrado tanto por e scrito como en medios
audio vis uales y ha servido de apoyo para lo s cursos y otro s artículos publicados. Algun os
apartes de este trabajo investigativo han sido seleccionados y se han articulado a es ta
tesis
75
.
Ahora veamo s, la apropiación del tema se fu e d ando a medida q ue e n la investiga ción se
hacía el t rabajo de cam p o; así, progr esivamente , s e o bservó q ue el fenómeno obj eto de
estudio contenía un problema difícil d e abordar, pu esto que , por momentos, parecía que
se trataba de algo que la socied ad modern a h abía ju zgado como del p asado e in existente
y de es t a forma se co mprendió que s e t rataba, aparentemente, de un regres o de l o
pasado , pe ro que h a est ado pre sente en la Vida humana, como si estuviera oculto bajo la
piel.
Lo p aradójico del fenómeno sociocultural que s e est a ba p resentando, con may or claridad
en la ciudad y la región, y que ad emás se lo sentía con mayor “realidad” en las p ersonas
con quienes intera ctuábamos, fu e cua ndo se iniciaron las entrevistas, y se entr ó en
diálogo con los involucrados, da ndo lugar con ello un acercamiento a los ritua les. A p artir
de esto , se opt ó p or tomar “distan cia” del entorno social y geo gráfico, para viaj ar a lo s
75
C uando se incluyen textos proveni entes d e artí culos publ icados , po nencias , o escritos inéditos, s e lo h ace
siguiendo e l mismo f ormat o aplicado para las citas.
89
pueblos originarios en e l Putumayo
76
y al lí aproximarnos a sus t erritorio s de resguardo o
en sus casas, con algunos taitas y curanderos in dígenas (t ambién llamado s cu racas ),
específicamente los C amentsá y los Siona.
Al llegar por primera vez a sus luga res de origen en enero del 2004, se pudo contrastar y
confronta r en la práctica las n ociones y los conceptos d e la literatura rev isada, ba sada en
investiga ciones principalmente antropológicas e históricas , clásicas y contemp oráneas,
que trataban temas chamanísticos y neo-chamanísticos referentes a l contexto ind ígena
que visitábamos .
Todo allí resultaba extraño y exó geno, aunque existía un hilo conec tor e ntre lo que estaba
sucediendo en un o y otro lu gar, ent re el Alto y e l Bajo Pu tumayo con re specto a Manizales
y el E je Cafetero: la medicin a del y agé. D e un lado, su demanda por parte de núcleos
humanos de una so cieda d con sumista, centrada en el dinero y forjada en par ámetros
utilitarios y “profano s”; y del ot ro, por la tradición conservada d e los p ueblos y ageceros,
los mismos q ue p or me dio d e la medicina del ya gé, se veía n influenciad os por las
dinámicas intercultur ales que se suscitaban.
Desde estas nueva s realidades int erétnicas emergentes, producto de p rocesos de
socialización en los rituales, entre los participantes se comienzan a juzgar los desar rollo s
científicos y tecnológicos, como destructivos para la Vida en la nat ural eza y se a dqu ier e
una mayor conciencia Vital ecológica; de esta forma se evidencia, en la s sociedades
capitali stas contemporáneas, la for ma negativa en q ue se relacionan los seres humanos
con sus nichos ecológicos. E l imp acto sociocultural de este fenómeno, sobre e l que se
profundizará en otro aparte, ha abierto caminos re -vitalizados a la presencia d el s upuesto
y extinguid o in dio u hombre salvaje ; en pocas p alabr as, lo s primitivos en lo mod erno,
como pas ado, presente y futu ro.
En cuanto expres ión soc iocultural tangible y observabl e, deviene u n fenómeno que se
percibe como la apertura de p osibilidades a individu os y colectivos hum a nos, en t érminos
de p rofundizar en la conciencia sobre la Vid a Hu mana y s u estrecha relación con la
76
Hay d os region es clara mente delimitadas: el Alt o ( Valle del Sibu ndoy y zon a Andina: pu eblos y resgua rdos
Kamsá e Inga; naci miento d el río P utu mayo); y B ajo P utumayo (selva, p ueblos y resgu ardos: S iona, Kofán e
Inga, trayectoria navegab le del río Putumayo hasta Pto. Le guíza mo).
96
Oblig a por su imp ronta t e órica en este tema, rec o rd ar a Eliade (1998):
En el rit ual de i niciación d e la gran socie dad m édica de los Ojibwa:... “La ini c iación de los
candidatos sigue grandes trazos de cualquier iniciación c hamáni c a. Lleva aparejada la
revelación de los mis t eri os (e sto es, en primer luga r el mito de Minabozsh o y la inmortalida d
de la nutria) la muerte y la resurrección del candidato, y la introducción en su cuerpo de un
gran número de mïgis (cosa que r ecuerda del extraño m odo las “ pied ras mágicas” co n las
que se embut e el c uerpo del aprendiz de mago en Australi a y otros lugares...en la “ Gran
Logia Mé dica”, (especie de recinto de 25X8 m.),y entre las estacas se coloca el follaje para
defenderse de las indi screciones.. Se reúnen to dos los midë . Después de haber f umad o
mucho tiempo en silen ci o, e ntonan cánticos ritua les que descubren aspectos secretos (y casi
siempre inteligib les) de l a tr adición primordial. En un momento dado todos los midë se
levantan y, acerc ándose al candidato, lo “matan” to c ándole con unas mïgis . El candidat o
tiembla, cae de rodillas y, cuando le meten una mï gi en la boca, r ueda exánim e por el suelo.
Lo tocan enseguida c on la bolsa, y “resucita”. Le e ntregan un canto mágic o y el jefe le
presenta una bo lsa de piel de nutria en la que el candidato d eposita sus pr opias mïgis. P ar a
comprobar el poder de estas c onchas, toca sucesiva me nte a todos sus colegas que caen
como ful minados y resucitan por el mismo con tac to. Ya se tiene la prueba de que las conchas
pueden dar tanto l a mue rte c omo la vida. En el banquete que cierr a, e l midë más antiguo
cuenta la tr adición de la midewiwin y para terminar el acto, el nuev o mie mbro enton a su
cantico y toca el tambori l . (p. 255-56)
Al respe cto, en un t rabajo m uy p osterior a E liade, en el resumen de su tesi s d octora l en
filosofía del a utor, é ste describe co n vigencia lo me ncionado e n la cita an terior, lo que
permite inte rpretar que a un en sociedades co ntemporánea s como Canad á, perviven
prácticas ar caicas. Dice M ICHEL ANG E L ( 1997) :
Euro-American acc ouats of the Mi dewiw i n, o r Grand M edicine Society, have f ocused
primarily on the i nitiat ion rituals of t he ceremony it s elf. The earliest survivin g Wntten
accounts wer e created to impr ess audiences w ith th e e xotic nature ofthe rituais, which were
ofien f elt to be ins pired by demoni c forces. Succeeding gendom of Eur o-A mericafls
dociuwnt e d the ceremonies in m ore detai l, believing that such "primitive" pract ic es wou ld
shortly die out as the Anishinaabeg became accultunited. Mos t Euro-American studie s have
focused on the Midewiwin as practiced at a particular tirne and place, rather than
considering th e Midewiwin w i thin the wider context of Anishinaab e culture. (p. 1).
El c lá sico E liade (1994), en su p rofunda y gen ial o br a, no obstan te su concepció n d e dos
Américas, contribuye a la contextu alización de esta tesi s con las a preciaciones y supuestos
que formula acerca del or igen del cham anismo en A mérica y otros lu gares del mundo,
además de la supervive ncia de ciertas prácticas mágico-religiosas:
97
El problema del “ origen ” del chamanismo e n las dos Américas está aún muy lejos de poder
despejarse. Es probable que ci ert o nú m ero de prácticas mágico r eligiosas han venido en el
curso del tiempo, a unir se c on las c reencias y las prácticas de los p r imeros habitantes de las
dos Am éricas. Si s e considera a l os Fueguinos c omo los descendientes de una de las prim era s
olas de inmigrantes que l leg aron a América, puede suponerse que su r eligión representa la
supervivencia de una ideol ogía arcaica que abarcaba, desde el punto de v ista que nos
interesa, la creencia en un D ios c eleste, la iniciaci ón chamánica p or vo c ación o búsqueda
volunta r ia, las relaciones con l as almas de los c hamanes muer tos y l os es píritus familiares
(relaciones que e n ocasiones llegan hasta la pose sión ) la c oncepción de la enfermed ad como
la in troducción de un objeto mágico o como la pér dida del a lma , la insensibilidad del
chamán al fuego. Ahora par ece que la mayor parte de estos rasgos se encuentran tanto en
las zonas en que el chamanismo domina la vida religiosa de la comunidad (América del
norte, grupo s e squimales y siberianos) c omo en las regiones en las que no es sino uno de lo s
fenómenos c onstitu tivos de l a v ida mágico religiosa (Aust r alia, Oceanía, el surest e asiático)
Puede, por consigu i ente, suponerse que un a d e terminada forma de c hamanismo se h a
difundido en los dos co nt i nentes americanos c on l as primer as olas de inmigrante s ,
cualquiera que haya sido la “patria originaria ”. (p. 266 -7 )
En nuestro trabajo inicial sobre Chamanismos y neo-chamanismos
82
se planteó :
De hecho, el fenómeno de los chamanismos e n el mundo “está de m oda” (FERICGLA: 2000:7)
como lo evidencian trabajo s antropológicos diversos sobre el tema, pero especialmente por
la existencia de un “mercado de c reencias” con diversas formas artísticas, científi c as, neo
religiosas y demás, expresadas en produc tos comerciales, por supuesto que turístic os,
editoriales, cine, televisión e n torno a la preocupación de la salud y búsq uedas de
espiritualidad en donde el c uerpo y la mente configuran el t erritorio con formas cu l turales de
territorialidad e s mimetizad as . (RONDER O S, 2001, p.9)
Y Fericgla (200 0)
83
afirma lo siguiente:
También cabe añadir que si tanto interés despierta actualmente toda inves t igación s obre e l
chamanismo clásico se debe a que, en términos gener ales, se sitúa en un ámbito de
vivencias probablemente común a toda la humanidad. S e trat a de técnicas que, s egún
muchos inve stigadores entre los que me cuento, favorecen el contacto directo con lo que
82
A h ora y pr ovisionalmente u so lo s plura les, si bien en mi pri mer artículo utilicé el s ingular. Me apoy o en l os
argumentos de Fericgla. El ch amanismo y el neo -chamanis mo, tien e una raíz y un eje e n s us relaciones: el
chamán. Cada ch amán cons truye s u mun do rela cional chamáni co de una tradi ción con base en el m isterio,
sus conocimi ento s, en su capacidad de poder curativ o. Desde es te punto de v ista, no podría afirmarse l a
existencia de un único chamanismo o neocha manis mo. L a dis cusión y an álisis entre chamanis mos y neo-
chamanis mos es un tem a que en este escrit o no se ab orda. Es complejo y ha sido ya trata do de manera
polémica por diverso s i nvestigado res. Aquí se men ciona de est a forma , po r su ne ces aria i mbricación e
interacción cultural entre el cono cimiento ances tral y sus adaptacion es a la vida urbana cont emporánea.
Para profundi zar en la discus ión, re mito al traba jo de Fericgl a, titulado Los Cham anismos a Revisión .
83
Aprovecho este mo mento par a resaltar qu e este au tor, por el vínculo académ ico qu e se t uvo con él des de
el i nicio de esta tes is en su p rimera fase inves tigativ a y p or va rios años , constituyó un p unto d e referencia
teórico obli gado, explicito e implícito.
98
llamamos sobrenatural , l o númic o, con e l oscuro misterio que en último tér min o arrastra
consigo el s er humano y de donde puede sacar alg una idea sobre su propio lugar en el
mundo, a nivel individual y soc ial, y al mi smo tiempo el chamanismo se proyecta en
estrategias concretas que fac ilitan la adaptaci ón activa del ser humano a los c ambios que s e
producen en s u entorno o que él m ismo genera. En e ste sentido, las pr ácticas c hamánicas se
resuelven hab i tual me nte como fue nte de re velación interior en res puesta a los grandes
interrogante s pragmáticos (el origen de la enferme da d y el dolor, cuál será el porvenir ) a
través de los estados disociados de la mente inducidos por el consumo de drogas
enteógenas, por trances rítmicos o de otro origen, y con ello s e convierte histó ricamente en
el primer sistema hu m ano organizad o para bus c ar el equi l ibrio psíquico y fís ico: de nuevo
estamos trata ndo c on categorí as de validez unive r sal. (p. 1)
Etnohistóricamente la c ie ncia se h a o cu pado de inve stigar estos t emas del chamanismo,
en especial desde la a ntropología y las h istorias de las religiones c omparadas, que s e
focalizan así en los rituales como en el origen de las culturas, en donde confluyen lo
chamanístico y las manifesta ciones más arcaicas de la religio sidad, en sociedades de todos
los cont inentes. Lo qu e aquí intere sa es su proyección a ctual. Por ejemplo, un investigad or
contemporáne o, siguiendo el pensamiento de Lévi-Str auss, afirma que el ritual es un
“paralengua je actuado” y señala que:
No s abemos c on certeza si los humanos de hace cien mil años hablaban como nosotros, pero
sí t enemos constancia de que r ealizaba n ritos en momentos importantes de su vida , como
ante una expedición de caza y al dar sepultura a un mi embro del grupo. Desde e ntonces, el
ser humano e s un ani mal ritu al. Y lo se guirá siendo, por muc ho que va r íen sus ritos, i gual
que cambian las c reencias, las len guas o las formas del parent e sco….
…Lo pr opio de t o do ri t ual estriba en conferir un sentido a la vida, o a al guna de sus facetas o
momentos. El ritual comuni c a, transmite un sentido compa r tido y valorado, del que se
derivarán normas de acción”
Surgido de una realidad soc iocult ural, cada r ito se r elaciona con e lla de una forma c ompleja
y cumple alguna función. En conjunto, la r itologí a de una s ociedad form a parte del pro ceso
de r eprodu c ción y evolu c ión social. La adhesión al r itual contribuye a la c ohesi ón social, al
mantenimiento de l a homeostasis del sistema. Como actuación culturalme nt e c odi fi cada, el
rito posee la virtua l idad de poner e n c omunica c ión a la s ociedad (o a un grupo sectorial) c on
su herencia c ultural, poniendo en acc ión resort e s más básicos que el discurso rac ional. Va
dirigido a l a exper iencia profunda, a renovar l a fe vivida, es t o es, las e mociones de
participación en el cuerpo social o comunitario al que se per tenece. Sirv e a l a regeneración
del tejido simbólico y real de la convivencia. Su lenguaje no se re duce a producir un efecto no
ético, o expresivo, o informat ivo, sino que incide e n la conformación de l a realidad social, del
cuerpo soc ial, modelando los individuos c on las propiedades adecuadas para oc upar las
posiciones preestablecidas en el sistema ri tual y en su correlativo s istema social.
Generalmente el pr imero legitima al s egundo, aunq ue a v ec es lo i mpugne. Se da un a
circ ula ridad construct i va ent re el tiempo ritual y el tie m po real.
99
El ritual cumple una f un ción s ociológi c a, reforzando las estruct uras s ociales. En cualquier
colectividad, los ritos codifi c an y ex presan experiencias básicas, cosmovision es, valo r es y
actitudes vitales para su superv iven cia y r eproducción. En las sociedades i gualit ar ias y en las
jerarquizadas, son los chamanes o los ancianos quie nes controlan la práctica ritual. En las
sociedades est r atificadas, alguna clase d e c lero os tent a el mono po lio de la relación con el
poder divino, media nte el control institucional de los m itos y los ritos.
El ritual desempeña, a la ve z, fun c iones psicobiológicas, adaptan do las e structuras mentales
los individuos que i ntervienen. Hay r itos para acoger al que nace y c onformarlo a lo que aún
no es. Y hay ritos para despedir el que muere, como si aún pudieran ha c erl e ser lo que y a se
les escapa. Entre un ext remo y otro, la c elebración ritual introduce principios d e orden: l os
individuos son adscritos a un puesto social o confirmado s e n é l, los c onflictos e ntre e llos s e
postulan simbólicamente s uperados; l os cuerpos son ordenad os en la acci ón simbólica,
adiestrados para s ituarse en su lugar jerárquico, y has t a los procesos orgánicos son
estimulados o inhibidos; las i deas quedan enmarcadas en un paradigma de s ent i do
englobant e ; los afectos r esultan moldeados, modulados con un signo posi tiv o o negativo.
Ahora bien, es el pensamiento (sim bóli co e imagi nari o), enviscado e n la trama de la
actuación ri tual , el que canaliza la afectividad, en la me dida en que es el que e structura,
articula, jerarquiza, impone formas y gestos y r itmos. Así atraviesa la pantalla del
pensamiento reflexivo de los actuant es y alcanza hasta el inconsciente. No es raro que se
consiga la cohesión, la cata r sis, la salud. (G ÓMEZ , 2002, párr., 1 y ss.)
Los r ituales pueden convertirse en configuraciones de emergencias micro-culturale s en
una cultura mayor o dominante , e n una matriz d e interacción socializadora de
reproducción , revalor ación o re significación e ntre lo s individuos de cualquier pueblo o
comunidad soci etal del pasado y el presente. En algun os casos y en lo que aquí trata mos,
son forma s particulares de expresión del chamanismo universal y la s reli gi o nes ar caicas.
En una tesis doc t oral reciente, el a ntropólogo chileno Rodrigo Moulian Tezmer, hace un
planteamiento introductor io que res ume, a mi modo d e ver, la importancia y vigen cia de
investiga r en torno a lo s rituales como p ráctica hum ana, y resalta además la tra yectoria de
estudios desta cados que s e han r ealizado. Dice Moulian (2008):
Los rituales son fenóm enos soc iales universales, p o limórficos, mul tif uncionales.
Se tra ta de un tipo de comportamiento asociado evolutivament e a las pautas de conduc ta
animal (Huxley 1966, Lorenz 1 966 y d’Aquili, Laughlin y McManus 197 9). Evidencias
arqueológicas del perí od o paleolítico re velan su e xistencia desde los orígene s de la
humanida d. Éstas permi ten postular la prác tica de r itua l es entre las 1 4 poblaciones
Neanderthal y Cr omagnon, asociadas a l a sepultación de restos humanos, el e nterramient o
100
de animales y c ultos de c aza y fertilidad, en un lapso comprendido e nt re los 150 y 5 0 mil
años atrás (Wallace 1966). Su pres encia se destaca en las culturas dominadas po r formas de
pensamiento mágico y r e ligioso (Tylor 1981, Frazer 1994, D urkheim 1995 ), pero se
manifiesta igualmente e n la vida política y social en las s ociedades secularizadas modernas
(Moore y Myerhoff 1 977, Kertzer 1988, Rivière 1 995). Por su d iv ersidad, c onsp i cuidad y
complejidad, las múltipl es dimensiones que convergen en su acción han c o nc itado e l int e rés
de espe cialist as de disciplina s tan divers as c omo la teolog í a y la eto l ogía, l a so ciología y la
neurología, l a psicología y l a estét ica, la h i storia y las ci encias de la comunicación, la
arqueología y el teatro. S u estudio es uno de los o bjetos predilectos de la antropolo gí a,
desde su nacimiento como ciencia, donde se los ha considerado un lugar privilegi ado para la
observación de l a c ultura, el conoc imient o de las estructuras so c iales y el acceso a las
representaciones cognitivas. D e allí que, según Díaz (1 998), el ri tual sea como el Aleph del
relato de Jorge L uis Borges, un lugar que c ontiene a todos los lugares a la vez. Este int erés
privilegiado por su estudio ha pr oducido un corpus de conocimientos tan vasto como diverso
y di fíc il de manejar. Como sentencia Boud ewijnse (1 995:31) “Se ha escri t o mucho s obre la
materia, más de lo que un e studios o del ritual pod r ía aspirar a leer en su tiempo d e vida”. (p.
14)
El chamanismo se origi n ó con l o s ritos, a los que t ambié n se ha lla ma do, en cuanto
práctica sacralizada en l os or ígenes de la cultura, como ac to s religiosos. Su co mprensión
contribuyó en la co nstrucción de las dimensiones y los eje s del episteme cultura y droga.
El rito ha sido registrado, analizado e interpretado po r la tradición antropológica, des de
diferentes enfoques y no h ay duda q ue, si bien los ritos están inmersos en u na d imensión
sacralizada que remit e a la Vida mi sma, en ellos se ex presan los mitos con to dos sus
significados, bien sea com o r epresentaciones, símbolo s, imá genes y sonido s o co mo
figuraciones mentales asociadas a la n atura leza; aun que, en alg unos casos, en esp ecial e n
el tipo de formación s ocial, se d istancian d e la pe rcepción qu e sobre la naturaleza han
constru ido las diver sas cult uras. Un caso: las práct icas de uso y cam bio en el capi talismo
de lo qu e podríamos caracterizar como an álogos y en los que lo s agrado, trasformado
desde lo laico, está asociado al espíritu del capitalismo.
En cuanto a lo s diferentes estudios sobre el rito, a quí se hará re ferencia, po r supue sto,
solo a aque llos qu e han incid ido d e forma más direc ta en la construcción teórica y
epistémica. Se han abordado alguno s a uto res clásicos de di stintas es cuelas como Frazer,
Malinowsk i, Lévi-Strauss y Durkheim ; pero también otros m ás contemporáneos como
Bateson, Ge ertz, Turner, Feri cgla y R estrepo. Igualmen te autores como Caicedo, Moulan y
101
Lópe, cuyas tes is doctorales son muy sugerentes y aportan d ando vigen cia académica a l
tema.
Con to d a la cont roversia que se armó con l a fa mosa p ublicación del diario de campo de
Malinowsk i y el de scrédito que se le d io en ciertos ámbitos cientí fico s, p e ro también
moralistas, se t omará una referen cia sobre el ritual qu e h ace M alinowski, aunque
situándonos en la apr eciación e interpretación epistemológica que sobre el caso hizo
Clifford Geertz (1994),
Naturalmente , la disputa que suscitó la publicaci ón del Diario (D iario de campo en
melanesia, Madrid , J úc ar, 1989 Trad. Albert o Cardin), se concentró en los aspectos
superficiales, y como era de esp erar, soslayó las partes esenciales. Parece que gran parte del
revuelo l o c ausó el mero desc ubrimiento de que Malinowski no era, por dec irlo con
delicadeza, un chi co m od é lico. Tenía cosas bastante groseras que decir acerca de l os nativo s
con los que c onvivía, y les dedicó rudas palab r as (...) e l Diario proye ctó la imagen de un
hombre extremadamente descortés. (Asimismo, proyectó la image n de un hombre
consagrado a una extraña vocación hasta el punto d e auto inmolarse, aunque e sa imagen
pasara más des apercibid a.) La controversia se produjo al c entrar la at ención en l a talla
moral de Malinowski (o en la au sencia de é s ta), mient r as se ignoraba la cuest ión
verdaderamente important e que planteaba su li bro; esto e s, si, como nos habían enseñado a
creer, el antropólogo no recurre a algún tipo de s ensibilida d e xtraordinaria, a una capacidad
casi sobrenatural para pensar, sentir y percibir c omo un nativo (me apr esuro a señalar que
empleo esa palabra «en el sentido estricto del término), ¿cómo se alcanza el conoc imient o
antropoló gi co del modo en que piensan, sienten y perciben los nativos? El problema que e l
Diario p resent a con una fuer za que tal vez s ólo un etnógrafo e n el terreno puede aprec iar,
no es moral. (La idealización mor al de los investigadores de c ampo es en pri mera instancia
simple sentiment alism o, cuan do no aut o congratulación o mero pret ex to gremial ) (p.5)
Consideremos los hechos en primer luga r y, para no estrecha r el campo de nuestro estudi o,
tomaremos como s anto y seña e l más vago y más general de los índices: la « Vida». Es u n
hecho que incluso la más ligera i dea de bi bliografía etnológ i ca conven c e a c ualqu ier a de
que, de hecho, l as fas e s fi siológicas de la vida hu mana y, ante todo, sus c risis, cual la
concepción, e l embarazo, la pubertad, e l mat r imonio y la muerte, forman los núcleos de
numerosas creencias y ritos. De esta s uert e existen, en casi todas las t r ibus y revistiendo una
u otra forma, creencias sobre la resurrección, la posesión por un espíritu o el e mbarazo
mágico. Y las tales están a menudo asociadas c on dif eren te s r itos y pr ácticas. E n lo que dura
el embarazo la madre ha de guardar dete rminados ta búes y e jecutar ciertas ceremonias, en
ocasiones acompañada, en ambas cosas, por su marido. Antes y de spués del par to ex isten
varios ritos m ágicos de stinados a evita r peligros y conjurar la brujería, ceremoni as de
purificación, festividades comunitarias y ac tos de pr esentación de l r ecién nacido a podere s
superiores o a l a comunidad. Más tarde, los muchachos, y c on mucha menor frecuencia las
muchachas, habrán de pa sar por los a menud o prolo ngados ritos de iniciación que, por lo
general, tienen lugar en u na atmósfera de misterio y están acompañados por pr ueba s
obscenas y crueles. (MALIN OW SKI , 1948, p.11)
102
Compart imos e l p lanteamiento centr al d e articular l a acción ritual en las sociedades
humanas, a parti r de este re levante reconocimiento d e prin c ipio: La Vida y todo s los
eventos qu e en este ciclo se dan, incluyendo su fina lización o tra nsformación, según el
contexto cultural en q ue se dé la muerte. Pero no hay que olvidar cómo culturalmente
puede ten er la Vida, en c uanto signo y símbol o aprehendido, de acuerdo al e ntorno social
–entiéndase “ superestru ct ural”-, múltiples configuraciones y formas de creación hu mana.
Una falencia del citado texto, a nuestro juicio, es que el autor no d a rel evancia a lo
económico y el tr abajo, algo que también hace parte de l ritua l y que, en mayor o meno r
medid a, p uede estar asociado a los mitos que, en cierta fo rma, co nstituyen “el espíritu”
del rito en la medida en que lo sacraliza:
Esta palabra mí t i ca no e s cualqu i er r elato, ni es s implement e una narración o fábula . Mucho
menos se puede equiparar c on el significado contemporáneo de ficción. Y no es una
representación. El mito es la palabra, la voz y la imagen ligadas a una disposic ión originaria
del ser. En el m ito lo real s e "funde" co n lo ideal, según una definición c lásica de Karl Otfried
Müller (Müller, 1825: 6 7 y 170).
La palabra mítica es la voz de la memoria or alme nte transmitida por los anciano s de l as
tribus. Es la palabra ligada a los orígene s de la natural eza y de la vi da, y al mismo tiempo al
fundamento de l a c omunidad humana. Por ello, por e ncontrarse en los f undame ntos del ser,
la p alabra y el relato m ito l ógicos poseen una func ión ritual y u na c onsistencia sagrada. L a
palabra c readora y la pala br a poét ic a r estituy e n s u memoria de los orígenes en el tiempo
presente, a la vez q ue p r oyectan este presente a la edad de sus ancestros, a la dimensión
arc ai c a de un tiempo p rimordial. (SUBIRATS, 2012 )
La antropóloga colombiana Alhena Caicedo (2010), estudio sa del neo-chamanismo
contemporáne o, anota crítica y un tanto prosaicamente, su visión , por demás sug erente,
en el debate a cadémico, al afirmar que:
El chamanismo es una invención antropológica historizable, c on sus el aboraciones teóricas,
sus cambios paradigmáticos y sus adalides académicos (podemos nombrar, entre otras, l as
obras de M . El iade, R. Ha mayon, M . Hoppal y G . Reichel-Dolmatoff). Es una i nvención que
comenzó a c ircular por fuera del c ampo académi c o y que ha sido retomada por diferentes
actores sociales, quienes han h ec ho un uso estratégico del término. Por eso resulta ta n
complicado unificar cri terio s sobre e l chamanismo como concepto. Es por es t o que desde
diferentes ámbitos del m ercado, en los medios d e comunicación l igados a las indust ri as
culturales, vemos cómo l a fi gura d e l chamán indí gena encarna hoy en día un i de al de
bienestar alternati v o para e l mundo moderno. El chamán-médico cura las e nferme dades
existenciales de la modern idad, el chamán-sabio conoce los poderes de la naturaleza, el
103
chamán-mago descono c e arbitrariament e los límites de la razón, e l chamán-ancestral no s
recuerda con nostal gia la herencia de un pasa do olvidado. El chamán representa una
alteridad radical. En este sentido, el c ambio de valor de l as r epresentaciones sobre e l ser y el
mundo in dígena no sólo se evidencia en u na coyuntura nacional. S e trat a, c omo afirma F.
Coronil (1997), de la manera como se ha manifestado históric amente una suerte de
Occidentalismo, entendido est e como una prá c tica re presentaciona l , cuyo efecto es
presentar pueblos no occident ales c omo el "ot ro" del occi dental .
El ch amanismo como invención antro pológica, es decir ta mbién cultural, ha sido asumido
por académicos, al menos en Colombia, e n una d iscusi ón diversa, debido al origen del
término chamán, e l que sabe , en lengua tungús.
El chamanismo e s la p ráctica y el conocimiento que t iene e l chamán , persona especia l que
cumple una función so cial destacada, con poderes de curar, sanar, ordenar el mun d o, ir y
venir a “otros mundos” y tener c ontacto co n espíritu s; es un co nocedor de las p lantas, los
animales, d el tiempo, el agua, el a ire y e l entorno, y todo lo que sucede en determinados
momentos en la sociedad o a los individuos. Es, por tan to, quien t iene la c apacidad d e
arreglar los asuntos de la sociedad. D el t érmino sha manism en inglés , traducido al
castellano como chamani s mo . Si hubiese sid o d e raíz griega o latin a, e s pro bable qu e l a
discusión fuera diferente, pues q u izá s sería más acep tado p or los académicos d ado su
origen occidentalizado . ¡T o do un problema cultural!
De todas fo rmas, lo q u e quedará para la historia es qu e el título de la obr a d e E liade lo
impuso e n el mu ndo a c a démico y así se generalizó, recorriendo p rácticamente to dos los
idiomas e n el mun do contemporáneo. Todo término o l éxico, en mate ria comunicativa , es
muy importante que se con textualice. En la ciencia la precisión co nceptual como logos es
necesaria. Hoy chamanismo, como en esta tesis se evidencia, inc luye diversas p rácticas
espirituale s, rel igiosas, conocimientos de curanderí a, adivinación y es sinónimo , en
ocasiones, de o tros términos histó ricamente má s d eterminantes como brujo, médi co
indígena y demá s. Por est o se ha considerado más ad ecuado emp lear el término de neo -
chamanismo. Quizá en su d iversidad está la potencia de su uso.
104
En la ant ropología col ombiana, al parecer q uien pri mero cue stionó e l término p ara
delimitar el fenó meno en Colombia , fue el arqueólogo colomb o-austriaco Reichel-
Dolmatoff y lo h izo d esd e un an álisis semántico, al señalar que q uien cumplía es ta labo r
en cad a p ueblo t enía su denomin ación. Propuso, por ejemplo, el t érmino de payeísmo ,
por cuanto entre los Tukan o, pue b lo con el cual hizo sus investiga cione s, el nombre del
sabedor era payé . Lo i n teresante es qu e el té rmino cha m án, con e l pasa r del tiempo ha
sido adoptado p or algunas cu lturas indígenas, a raíz d e los procesos d e intercambio
mimético s, con lo q ue ha se ha ido incorporándolo a s u léx ico para referirse al que sabe.
Esto es producto, en parte, t ambién de la s dinámicas i nterétnicas generadas con la
medicina del ya gé en Colo mbia. A este re specto se h arán algun as p recisione s más
adelante, bas a d as en la s observaciones y evidencias del trabajo de camp o.
Si b ien es cierto qu e pu ede resultar un térm ino impreciso e in cluso contradictorio -d esde
la lógica for mal-, no nece sa riamente es incorrecto en ciertas posturas
84
.
Etnohistóricamente no hay duda par a la ciencia contem poránea, que han sid o en esp ecial
la antropología y la historia de las religiones compara das, las que le han da do un lu gar
preferente a l a investigación de estos campos, y por ello tie nen una ma yor trayector ia ,
especialmente, en el de la relación entre los rituales y el origen de la cultura, u n punto de
encuent ro en el que confluyen lo chamanístico y las manifestaciones más arcaic as de lo
religioso en los seres humanos. Y más recientemente , la etnopsicología y la psicología
transpersonal han contri b uido en este campo de c on o cimiento.
En est os ámbito s t ambién h a s ido clave la r elación interétnica abordada desde la
farmacognosia, puesto que aporta a nuestro objeto de inter és, en e specia l en lo t ocante a
84
El antrop ólogo Carlos A. Uribe ( 2008) se e xpresa de u n mod o sarcásti co en un a rtículo que su rgió de una
entrevista a la artista co lombiana Andrea Echev erri, real izada en una revista de amplia circul ación, en l a qu e
comenta sobr e el impacto e mocional qu e tuv o en una ceremonia de yagé y có m o la co ndujo a aceptar ser
madre, algo qu e an tes de la experiencia r echazab a en su v ida. En nuestra interpreta ción lo q ue l a artista
relata, podría ser lo que denomina Grof, un e merger espirit ual.
105
los aprendizajes d e las med icinas indígenas de sde l a mir ada de la ciencia. E n el sigu iente
aparte, esto se evidencia e n el conflicto profundo de lo inte rétnico e intercultur al en lo
que atañe a la mora l, lo que en nuestro juicio, en términos c ulturales, se aso cia a lo que
Durkh eim (1966) planteab a sob re la mo ral profesional. Para ilu strar el co nflicto
interétnico, Ros a Giove ( 2 01 2) proporciona un buen ejemplo:
La mayor dificultad para aprender la m edicina tradicional sanmarti nens e no fue lograr
localizar los c uranderos ni l ograr que esto s acept as en compartir sus conocimientos.
Tampoco el zarandeo de la s c amionet as hacinadas de pers onas y de gallinas, ni el surcar los
ríos que c onectan los c ase r íos y poblados e n pre c arios bo tes…lo más dif í cil fue vencer el
miedo, el prejuicio y e l ego, ac epta r que hay otras formas de ha c er c ie ncia y c urar difere nt es
a las aprendidas en las au las universitarias. (p. 36 9)
El r itual se convierte en un e spacio d e conocimiento intercultural e interétnico, cu ando a
él se incorporan y en él participan científicos occide n tales.
Los tema s Vitales d el ser h umano, de cualquier cultura o d esarrollo histó rico de
determinada sociedad, a quí abordados d e u na u otra fo rma, son por supuesto,
transcultu rales y en nu estras sociedades co ntemporáneas o ccidentales igualmente se han
reconfigurado for mas c eremon iales con su s propios ethos y estéticas espirituales,
religiosas, laicas o artísticas, que co ntienen en sí sus p ropios significados socia les en el
marco d e la sociedad capitalista y de mer cado. E stas ex presiones ad quieren, a su vez,
diversas formas inst itucionalizadas, se gún creencias y gustos, sean persona lizados o
colectivos, y h oy toda s ellas c onviven con algún g rado de plu ralidad. Esto es a lgo que se
puede observar en ceremonias c omo el nacimiento, el ba utizo, la mayoría d e edad , la
celebración de los 15 años en la mu jer, una promesa de m atrimon io, el matr imonio
mismo, un grado de estudios de bachiller o p rofesional, un mejor y nuevo empleo, un
viaje, u na recepción y p or supuesto , la muerte. Son eventos que suscitan emociones y que
se comparten con otros, o con los otros a quienes correspondan
El origen del rito es ancestral y marca la pauta en la construcción de sociedades y
colectividades, a la vez qu e s irve p ara explorar y co nocer acer ca de la vida m isma,
112
Frazer (1927) también hace alusió n a l proceso qu e se da en las re laciones en tre las fo rmas
de poder, la d ivisión del tra baj o y la espe cialización, referido a épocas religiosas arcaicas:
Los hombres que, por una u otra razón, a causa de la f ortaleza o debilidad de sus
condiciones na turales, pensaron que poseía n estos poderes m ágicos en el más a l t o grado,
fueron paulatinamente apartándose de sus compañeros y llegaron a s er una clase separada
destinad a a Ejerce r la influencia d e mayor a l cance e n la e volución política, re ligiosa e
intelectual del género hum ano. El pro greso so c ial, s egún creemos, c onsiste prin c ipalmente
en una diferenciación prog resiva de funciones; dicho más sencillamente, en una división del
trabajo. La obra que en la so ciedad primiti v a se hace por to dos igual y po r todos igualmente
mal o muy c erc a de ello, se distribuye gradualmente e ntre las diferent es c lases de
trabajad or es, que la Ejecutan cada vez con mayo r perf e cción; y así, tant o más cuant o que los
productos mat e riales o inmateriale s de est a labor especializada van siendo gozad o s por
todos, la sociedad en conjunto s e beneficia de la especial iza c ión c reciente. Ahora, ya, los
magos o c uran de ros aparecen constit uy endo la c lase profes iona l o artificial m ás anti gua en
la evolución de la sociedad, pues hechiceros se encuent r an en cada una de las tribus sal vajes
conocidas por nosotros, y entre los más incultos salvajes, como los australianos aborígenes,
es la única c lase p rofesiona l que ex iste. Co m o se siguen sucediendo los días, los años, los
siglos y el proceso de diferenciación continú a, la clase de curanderos se subdivide e n diversas
subclases de "saludado r es", "hacedores de l luvias" y otros; mientras el m ás poderos o
miembro de la profe sión alcanza por sí mismo la posición de jefe , que gradualment e se
convierte en r ey s agrado , s us antigua s funciones mágicas van c ayendo en el olvido,
cambiándose sus deberes por los sacer dotal es y aun los divinos, en la proporción que la
magia va siendo lenta m ente sustit uida por la religión. (p. 119)
El in vestigador español Jo sé Mar ía Poveda (2002), ha r ealiza do un inte resante tr a bajo de
obligada referencia, en el que realiza pertine ntes precision es t eóricas para diferenciar el
chamán d el mago, del s a cerdote, d el brujo, del cura ndero. Independi entemente de sus
criterios y a portes a la discusión , hay q ue de jar en claro que cuando se h ace alusió n al
chamán, necesa riamente hay que hacer un ejercic io de c ontextualización cultural, a ni vel
micro y de comunidad, de la pe rsona q ue desempe ña este papel, además de la forma en
que está est ablecido el reconocim iento d e s us funci ones. De a lguna for ma, po dría
afirmarse que l o que permite marcar límites es su papel en el ritual, su trabajo.
Lévi-Strauss (1968 ) abor d a esta temática, por supuesto, desde su perspe ct iva analítica y
estructur alis t a, la q ue, a mi modo de ver, t iene un carácte r objetivista. Veamos, al hacer
referencia, retoma algunos texto s etnográficos d e investigadores de campo; es d ecir,
trabaj a so bre do cumentos d e etnógrafos, lo q ue h a s ido clásico en los estu dios
113
etnológicos, y q ue además le permite distanciarse de l objeto para elaborar sus aportes
teóricos, co n los qu e cont ribuye a visualizar la forma en qu e opera el ritual en un
chamanismo contemporáneo , observado en Canadá hacia los años 40.
En su trabajo relata las relacion es interétnicas, en el campo chamanístico, entre p ueblos
indígenas vecin os, a par tir de la h istoria de có mo un per sonaje que se lla ma Qua salid, se
convertirá en un chamán p oderoso, p ero con la pa rticularidad de ser con sciente de sí
mismo -muy occidental al parecer-, y d e sus ca pacida des para engañ a r así como sus
limitaciones fren te a otro s chamane s; cons ciente también de sus aprendizajes, con los
cuales se confronta e inc luso requiere d errotar para hacerse reconocer como más
poderoso y de spierto frente a los chama nes más a nti guos. En e l relato el cha mán aprende
su t rabajo con una part icular capacidad racionalizad ora y d e distanciamiento crít ico frente
a lo que ha aprendido y la maner a en que lo ha aprend ido. Aunque la historia tiene un
tinte un ta nto occidenta l, es sugerente y aporta al tema que se está desarrollando.
Hay que no tar que para Lévi-Strauss la actuación del ch amán en el rit o es fabulad a, es
decir como si fu era actuada. Incluso señala qu e tiene un component e psicológico que, de
alguna manera, co nsidera patológico. Su descripción l a hace d e la siguiente forma:
( …) Quasalid sigu ió su c arrera rica en secretos, desenmasca r ando a los im posto r es y ll eno de
desprecio por la p r ofesión. “ Tan solo he visto u na vez a un sh aman que t r ataba a los
enfermos mediant e succión y nu nc a pude des c ubrir s i era un verdadero shaman o un
simulador. Por e sta única razón creo que e ra un shaman: no permitía a aquellos a quienes
cur aba que le pagaran. Y al decir v erdad, nun c a lo he visto r eír una sola vez.” La actitud del
comienzo se h a m odificado sensiblemente . E l negativismo radical del li bre pensador ha dado
lugar a sentimient os matizados. Exi sten verdaderos shamanes. ¿Y el mi smo? Al final del
relato es imposible s aberlo. Resulta clar o que en cambio, e jerce s u profesi ón a c onciencia,
que está orgul loso de s us éxit os y que defiende calurosa m ente c ontra to das las ot r as
escue la s rivales, la técnica del plumón ensang rentado, cuya c arácter engañoso de l o que
tanto se había burla do, parece ahora haberlo olvi dado complet ame nte.
El relato constituye un referente histórico a ntropológ ico que resulta in teresante, sobre
todo, pa ra contrastar y evidenciar cómo los a n tropólo gos han abordado estos temas. Son
trabajos etnográ ficos qu e ilustran en la i nterpretación el pape l del observa dor en la
114
constru cción de la realidad, e n e ste caso ch amanística, d esde e l ejercicio de ob jetivar, en
este caso d esde e l e structuralismo. É ticamente y desde la mor al o ccidental jud eocristiana,
resulta evidente una po sición de reco nocimiento val orativo que coincide en su afirmación:
“Ejerce s u profesión a conciencia ” y resa lta el orgullo qu e se g e nera cuando la a cción es
correcta y e x itosa. Defiend e lo es o térico del plumón ensangrentado, algo que el nue vo
chamán había aprendido co n su maestro, pero sobre l o cu al también le había discutido si
tal p lumón era real o no . E sto coinci de c on la teoría del notable antrop ólogo,
específicamente, e n lo tocant e a la e ficacia simbólica e n el contexto en que el símbo lo es
asimilado más allá de lo que objetivamente se pudie ra afirmar.
Por lo que se refiere al ri tual de t ipo chamánico, Lévi-Strauss (1968) contribuye al
establec er la estructura del mismo, a partir del caso que analiza y la cual gene raliza:
Esta r ealidad es una fabulación en sí misma desc onoc ida, hecha de procedimientos y
representaciones en s í misma, depende de una triple experiencia: la del shaman mismo que
si su vocación es real (inc lusive si no l o es, como re sultado del s olo e jerc icio) expe riment a
ciertos estados específicos de naturaleza psicosomática; la del enfermo que logra o no una
mejoría; la del público, en fin, que también participa e n la cura c ión y para quien e l
entusiasmo que experimen ta l a satisfacción intelectua l y afec tiva que obtiene determina una
adhesión colectiva que inaugu r a a su vez un nuevo ciclo (p. 6)
En un o de sus libros, e l tema que aborda, l e permite t itular uno de sus capítu los con l a
frase: La E ficacia Simb ólica” (Lévi-Strau ss, 199 6: 195)
88
. E n e ste texto d estaca co mo la
cura chamanística , tiene a su juicio, una gran import ancia por las enseñan zas que pu ede
aportar al psicoan álisis freud iano pero también destaca las limitac iones de éste, p ara
aceptar las, dada su b ase racionalista y o bjetivista, digamos que se fundamenta en un
hecho reprimido y co mo tal olvidado, por lo cual el mito, c omo lo describe y caracteriza la
antropo logía, también Lévi- St rau ss, no es una reali dad. E l texto ha ce referencia a una
curación de un a mujer en proceso de parto, que ha sido pos eída por un as fuerzas que
hacen p arte de su mitos lo s c uales so n reales (“ im ágene s esculp idas en materiales
prescritos que les oto rgan ef icac ia…son imágenes sagradas o nuchu y represe ntan los
88
Ver para ilust rar: http ://ww w.onirogenia.co m/cha manis m o s /la-maravillos a-magia-del -chamanis mo-de-
los-kun as/ . Esta precisión en la tesis se amplía, posteri or a l a defens a, por sug erencia del Dr. Carlos
Carava ntes García.
115
espíritus protectore s ”); en este contexto el ch amán (En lengua Cuna : Nele ) realiza su
trabajo, interviene por solicitud de la partera, d ada la s dificultades que tiene la madre en
el parto, todo en el contexto de su tr adiciones y costumbres en estas situac iones, es decir
son realidades y en ta l nivel, el m ito como es un e xistente se r, es la fuerza curadora , que
es activada en espe cial por el cant o y demás elementos q ue maneja y ha ce ver el chamán
y así los ve la madre e n el p arto, todo lo cual se ex presa y está presentes en el aj u ar y los
mediadores q ue usan en la ceremonia: gr anos de cacao quemad os, invocaciones, las
imágene s mencionadas por el Nele, está inserta y hace parte de la madre que esta p oseída
y en este nivel de re alidad, se encuentran en el mito la enferma y el chamán. Escribe:
“…el pri mer gran texto m ági c o-religioso c ono c ido e n el áre a de las cultu ras s udamericanas
publicado por Wassen y Holmer, arroja nueva luz sobre ci ert os aspectos de la cura
chamanística, y plantea problemas de interpretación teórica…Se t r ata de un largo
encantamiento, cuya versión indígena ocupa dieciocho páginas divididas en quinient os
treinta y c inco versículos, r ecogida de un viejo informante de su tribu por el indio c una
Guillermo Haya” (195)…La comparación con e l psi c oanálisis nos ha permitido aclarara
algunos aspectos de la cur a shaman í stica. No pue de asegurarse que, inv ersamente, el
estudio de l shamanismo sea incapaz de aclarar un día ciertos punt os osc uros de la teoría de
Freud. Pensemos part i cularmente en la n o ción de mito y en la no ci ón de in c onscient e . Hemos
visto que la ú nic a d iferencia entre ambos m é todos, que seguiría en pie descubierto el
sustrato fisiológico de la neurosis, estaría referida al ori gen del mito, reencont r ado e n un
caso c omo un tesoro individu al , y recibido, en el otro, de la tradici ón colectiva. En re alidad,
muchos psicoana l istas se negaran a aceptar que las c onstel ac iones psíqui c as que reaparecen
en la conciencia del enfermo pueden const i tui r un mito: son dir án ellos, acont ecimientos
reales, cuyas fe c has a veces es posible d e terminar y cuya autenticidad es verificable por
entrevistas hechas a l os padres o los cria dos. Por nuestra parte, no ponemos en duda los
hechos. Pero conviene pr eguntarse si el valor terapé ut ico de la cura depende del ca r ácter
real de las situaciones rememoradas o si el po der traumati zante de es tas situaciones no
deriva más bien del hecho de que, en el momento, e n que se pres e nta, el sujeto l as
experimenta inmediatamente bajo la forma de mito. Entendemos por esto que el poder
traumatizant e de una si tuación cualquiera no puede resultar de sus caracteres intrínsecos,
sino de la capacidad que poseen ciertos acont ec imient os que surgen en un contexto
psicológico, históric o y social apropiado, de ind uci r una cristalización afectiva que tiene
lugar en el molde de u na estruct ura p re existente” ( 225)
Ese molde sería el mito, lo cual co mo se señala, hace pa rte de una dimensión prop iamente
humana desde épocas arcaicas y q ue a ún en la socied ad oc cidental, no obstante su
fundamento en el logos, también como creación de alguna forma, “mítica”, desde la
perspectiva en que me plan eo, plantea re alidades di stintas. Al res pecto conviene invitar a
este dialog o y re flexión a Mauro Torre s (1972,69), cuando hace énfasis en la im portancia
116
de “d escubrir” en “ el fósil vivo” en e l cual podría est as la gén esis de los sueñ os, como
dispositivo comunicativo, e n ciertos nivele s autónomo, prop io de vida, que emerge en la
función creativo-alucinatoria, en los mundos de realidades infinitos en el c aso del mito, la
poesía y los sueños o e l len guaje, lo cual en nuest ra interpretación sobre el tema, lo
asociaríamos a la amera como l a física cuánti ca, es lo qu e en este co ntexto se int erpreta,
se entremezcla con la química para situar e l “observador”, y todo como energía actuante,
y b uscar desde la ciencia de lo posible, lo “ re al de la vid a y la existencia”, para lo cu al
acide a la neurociencia a la neurociencia par a enc on trar en este nivel de l s er , la co ncreción
cósmica de la naturaleza c omo espíritu.
2.5. Otros interrogantes y algunas d isc u siones teóricas
Sobre l a ba se de alg u nas d e las id eas presentadas con a nt erioridad, se podrían f or mular
algunos interrogantes c omo guía en el trabajo y así estab lecer l a relación entre el ritual y
sus context os hist órico-culturales; todo el lo en el marco de lo interétnico, para de sarrollar
algunas con sid eraciones te óricas n ecesarias so bre los neo-chamani smo s. Estos son lo s
cuestionamiento s que se presentan:
Si se apr ecia el rit ual desde lo etnohistórico e inte rcultural, ¿podría caracterizarse c omo
mecanismo de so cialización interétnico y de curación en las socieda des hu manas? ¿Cómo
han incidido los cambios y las innovacion es tecn ológicas en algunos de sus elementos
prácticos? P or otra p arte, si se pudier a afirmar q ue cada cultura posee su propio carácter
y p ersonalidad ¿de qué ma nera se expres aría esto e n los individuo s?; ¿qué formas de
identid a d o id entificación p ueden asumi r?
89
¿Qué papel han jugado los rituales
tradicionales o revitalizados? ¿Cómo se han trasmitido la s p autas para el ap rendizaje y el
modelaje de tal ca rácter o personalidad?
En el caso d e la investigación r ealizada ¿cómo han o perado los dispositivos de
socialización en el ritual y cuál ha sido su incidenci a en los camb ios de id entidades o
89
Suponga mos, por eje mplo, el caso de la cul tura o su bcultura pachamá mica, ecológica o “gaia na”.
117
marcadores de identificac ión y p ersonalidad? Por ej emplo, en lo que se ha caracterizado
como pachamámico. O por el contrario, ¿puede el ritual asumirse como u na matriz
cultura l d e las t radiciones ancestr ales y , a su vez , re-significarse como un m eca nismo
interétnico en contextos urbanos? ¿Cómo se trasmiten paut as en la cultura ?
90
Como referent e de alteridad e identidad ¿cómo enten der lo p achamá m ico? ¿Cómo un
referente sim b ólico de la madre t ierra? El a rqu etipo de la madre h a es tado p resent e
siempre en la cu ltura humana, con toda su carga simbó lica como generador y c reador de
vida. Pero la voz pacham ama es voz aimara o lengua de los Collas, como la den ominaron
los cronistas Ciez a de León y Pedro Pizarro, léxico q ue r efiere a la deidad de la Madre
Tierra. E sto quiere d ecir que el térm ino s e ha int erculturalizado e ntre los mun dos
indígenas y lo s urbanos.
Obsérvese la siguiente definición: “ E s el núc leo d el sist e ma de c reencias de a ctuación
ecológico-social e ntre los pueblos indígenas de los Ande s Cen t rales de América del S ur ”
(Wikipedia, “Pachamama”, 2014) . A destacar la creatividad y diversidad estética,
antropocéntrica en especia l, que hay en internet pa ra comunicar reproducción de la vida.
Del inmen so y diverso “deposito” de figuras e n l a r ed, sele ccionamos d os p or su contrast e
en técnica y épo ca, pero que dice bien de la psiquis humana.
Figura 1
Monolito Bennet o Es tela Pachama ma el día de su descu brimient o en junio d e 1932
Fuente: http ://es.w ikipedia.or g/wiki/Pach amama
90
¿Actúa el r ito como u n “catalizador”? En un sentido m et afórico ¿ mantendría el rito su e sencia y no se
“degradaría ”? O s i en el ri to se presentan ot ros co mponentes , propi am ent e no indí genas pero sí urban os
¿inhibir ían ellos s u acción en algunas enseñ anzas interétni cas? En este caso, ¿có m o lo ur ban o-rural inci de en
el cambio de t radicional es ancest rales? ¿Qué y cómo aprend e el cha m án indígena del neo-cha mán o el
chamán urban o? ¿Cómo so n las ens eñanzas pachamámicas? , ¿y las asoci adas a Vivir mejor ?
118
Figura 2
La Mama Pacha (Madre Tierra )
Fuente: Filolab erinto: la Pachama ma (en me moria de Vicente Traver y Ann Margaret Sharp (21 /07/2010)
Filolaberintobach .blogsp ot.com
Incluso la hipótesis GAIA en ci erta m anera se re-significó p achamámicamente, con la voz
MAMA que tiene t an p rofundas r aíces emo cionales. Así, adq uiere r esonancia con la crisis
ambiental y los m ovimientos ecoló gicos qu e ad optaron paulatin a mente, ancestrales
sabidurías ind ígenas en s us discursos contemporáneos de carácter p olítico, social y
ambientalista, en torno a la naturaleza humana y su vínculo vital co n la madre tierra o
naturaleza.
Conviene ahora s ituarse en el ámbito de lo interétnico, tal y como Caicedo lo planteara
para un e scenario académico, pu es representa un tipo de mediación “cultural”. Es
inevitable la interpretación como res u ltado de la e tno grafía y la e tn ología, e s decir d e la
antropo logía
91
. M ediar es en s í mismo, si s e t rata de una invención o se p lantea una
hipótesis, algo qu e h ay que examinar en su co nt exto y hacerlo ex plicito, para no
confundirnos o des-configura r u n co ntenido. E s a lgo relevan te, pu es en cualq uier cien cia
necesariamente se pa rte de una descripción y una delimitación.
91
En esta tes is lo etnológico l o concebi mos como antr opoló gico, sin q ue seamos a jenos o ignor antes de las
discus iones teóricas e hist órica s y de las diferenc iacion es d e escu ela s y desarr ollos de es tas discipl inas. Los
temas y ob jetos d e con ocimi ento co mo l os estudios compara tivos y sobr e la diversi dad cultural, más de la
tradición francesa y “propios ” en u na etap a de la etn olo gía, d e alguna forma están incorp orados en la
antro pología. En cierta manera , las confront aciones acad émicas na cionales, p or ejemplo entr e lo franc és y lo
británico o los estad ounidenses, incidieron en estas discusiones teóri cas y e pistémicas. La p osición q ue aquí
se asum e lo etno contin úa siendo un campo propi cio y s ugerente para el cono ci m i ento s obre las
diversidad es, las variab ilidades y los alter en l as culturas.
119
Ahora bien, lo chamánico -en esta tesis se usará pre ferencialm ente e l térmi no
chamanístico - tal y como lo afirmab a Al hena Ca ic e do (2 010), es una construcción ilu strada
y occidental q ue h a sido mediada por el d iscurso an tropológico. En es t e sentido, la v o z
xaman-tungus se convi er te po r su u so y tratamiento académico, en u na in vención
antropo lógica historiable . Paulatinamente se irán h aciendo la s p r ecisiones respectivas,
sobre t odo, p ara e xplicitar la forma e n q ue se p lante aron e l problema y los ob jetivos d e
esta tesis, la cual sin ser est rictamente an tropológica, puede ser tr atada
antropo lógicamente co n div ersidad de e n foques. P or ello, es pertinente recordar que
aquí, básicamente, se está tomando u na posición a pa rtir de la construcción del episteme
interdisciplinari o de cultura y droga. E n con secuencia, a lgunas de las c aract erísticas y los
supue stos en que se e nmarca, inco rporan “ lo cult uralista, lo b iologista, lo bioéticist a y lo
espiritualist a”.
Sobre esta s consideracio n es, se escribió un artículo en el 2003, en el que decíamos:
En los neochamanismo s modernos y urbanos, existe n fuent e s ideológicas y filosóficas
provenientes de diversas corrientes de pensamie nto y práctic as culturales como las
orientales, del r esurgimient o de tradiciones gnósticas, espiritistas y mágico r eligiosa s
populares, de tendencias neo-cr isti anas y de tradicio nes chamánicas raizales americanas,
una de ellas precisamente la que nos ocupa, r elacionada con las m edicinas tradicionales de
origen amazó ni ca, c omo e l yagé.
92
T odo l o cual, r e sulta de gran i nterés y de posibi l idades
prácticas para ind i viduos y grupos de amplia diversidad social, tanto en hombres c omo en
mujeres, j óv e nes, adultos e incl uso ancianos, de diversos niveles educativos, pero e n donde
predomina los profesionales y e studiante s univer sitarios que encuentran atractivos
espirituales y de sanación, de curaci ón, de mejoramien to en gener al de su s alud, e incluso de
aumento de sus capacidad es de aprendizaje. (R O NDEROS, 20 0 3, p., 95)
Y agregábamos:
En es te contexto, delimitamos l os neochamanismos del yagé, como una expres i ón par t i cular
del fenómeno sociocult ural y gener al de l os neochamani s mos en O ccidente. Es c ondición e l
uso del y agé. Se trata de un proceso que se o ri gina e n “territ or ios an c estrales y en la
actualidad se ha ido afirmando en c entros urbanos c ontemporáne o s”.
93
En la región del Eje
Cafetero tiene una trayectoria permanente y en proceso de crecimi ento desde finales de la
década de los 80; (Ronderos, 2001) pero con antecedent es que hemos docume ntado desde
92
También co nocida en otras latitu des como ayahuas ca. Especial mente en Perú, Ecuador, B rasil y Europa. El
término ya gé o yajé, es más usad o en Colombia. Person almente lo uso con g.
93
Con este títul o ori entamos u n s eminario taller en el 2003 a trav és del Tall er Permanent e Cultura y Droga
de la Univers idad de Caldas .
120
hace más de 30 años. Se trata de chamanismos prov e nientes y/o afincados en
conocimientos ancestrales indígenas, que ofrecen i gualmente una re s puesta pa r ticular y
sugestiva para det e rminados grupo s de la población (p ., 98 )
Sobre la r elación entre los neo-chamanismos, los cha manismos y l a nueva e ra, Karina
Malpika
94
coordinadora de u na lista y red sobre lo que denomina chamanismo esencial ,
presenta la discusión de man era sencilla pero clara , en u n escrito en el que de staca como
eje central del debate, lo que denomina estaría e n el or igen del chamanismo ancestral: el
chamanismo esencial . S e gún la autora, en él s e encontraría el sig n ificado original d el
chamanismo ancestral en la forma de un n eo-chamanismo , representado como un camino
o lu z es piritual en la contempor aneidad, para las diversas expresiones d e los actu ales n eo-
chamanismos. Karina presenta en su web , por c ie rt o muy d estacada y visitada p or miles
de personas, información privilegiadamente a cadémica y científic a , aunque también ha y
datos e información de po co ri gor, pero esto e s algo que no le rest a importancia al trabajo
que viene realizando. Se convierte, p or t anto, en un a web de obligada r eferencia
académica, como portal d e d ivulgación, la cual surgió en un acto c reativo de e xperiencia
espiritual, como lo relata la aut ora.
En el t exto a l que aquí h acemos r eferencia, Ma lpica p resenta un a d escripción que
contextualiza científica e inte rc u lturalment e, d iferentes trabajos de autores relevantes y
destacados en el tema (Eliade, Harner, Fericgla, Pove da, Mabit, Gri nberg, T o wnse nd, entre
otros ). Igualmente se apoya en un ch amán peruano, Juan Ru iz Naupari, p ara tratar la
discusión de manera su cinta e ilustrada, entre chamani smos, n eo-chamanismos y su
relación con la Nueva E ra. E ste es un debate abierto desde f in ales del siglo XX y q ue s igue
vigente a comienzos del XXI. E s d e resa ltar la propuesta que ofrece Malpica para a bordar
esta discusión, a partir de los es tudios d e una a ntropó loga can adiense e inve stigadora en
actividade s de la Nu eva E ra, Joan B. Towsend, quie n define el neo-chamanismo c omo un
movimiento "que combina aspec tos específicos del ch amanismo tradicional, procedente
de diver sas s ociedades alred edor del mund o, con un n uevo complejo d e pr ácticas y
94
A 2013 s e co noc e como R ed Iberoa m er ica na de Luz. Se creó el 20 de febr ero de 2002 p o r K ari na Malpi ka,
investigad ora mexicana en dr ogas y chamanis mos. Mantiene la r eferencia s ingular d e El Ch amanismo.
121
creencias". E sta in vestigadora igu almente afirma que este mo vimiento est á ej erciendo
una g ran influencia en la mística moderna:
Este r esurgimiento t iene lugar p rimordialmente en un pequeño p ero importante
segmento de la pob lación que experimenta una n ueva esp iritualidad caracterizada po r su
interés en sist emas religiosos n o o ccidentales. Y r esulta especialmente significativo este
interés por cuant o incluye g en te educada, de clase media a lt a, pers onas que ocu p an
posicion es desde las q ue pueden influir , a s u vez, sobre las ideas y te n dencias d e su
sociedad. E n d icho grupo s e están redefiniendo y mod elando distintos sis temas de
creencias q ue cobran apariencia d e un nuevo movimie nto místico … Así pues, creo que el
neocha manismo y el resto del movimiento místico n o constituyen una moda pasajera de
una sociedad seglar y co nsumista, sino qu e suponen una t endencia impor tante, en
potencia, ca paz de cambiar radicalmente la s creencias de la sociedad occidental .
(TOWNSEND , 1998)
En n uestro criterio, su argumentación tiene coincid encias con el enfoque de la psicología
transpersonal d e Stanislav Grof; aunq ue su po stura es veh emente y en ella evidencia
fuertes cr íticas al con sumis mo de la sociedad de me rcado capitalista . La autora t am bién se
apoya en el chamán peruano Juan Ruiz Naupari, a quien l e da un merecido
reconocim iento, como ya lo tiene en cier tos ámbitos espiritualistas neo-chamánicos , y que
aporta al nodo de este contexto. Townsend (1998) afirma que:
Lo que diferencia a unos d e otros es, en primer lugar, su propósito y en segun do luga r la
tradición a la que pert enecen y la formación que han re c ibido.
Según no s ha contado Juan Ruiz Naupari, el propósito or iginal de c hamanismo era el
autoconocimiento y como tal, constit uye uno de los caminos más antiguos hacia el despertar
del s er humano o la iluminación, c omo se le llama e n otras doc trinas. A ést e ti po de
chamanismo Juan lo lla ma chamanismo esencial para diferenciarlo de los propósitos
ulteriores que, al paso del tiempo, fueron adqui ri endo los herederos d e la tradición que se
separaron cada vez más del antiguo cono c imiento .
A part ir de las primeras indagacione s teóricas y de trabajo de campo realizada s en el 2000,
en nu es tro i n terés por c ono cer este fenóm eno sociocultura l, el c u al, por cie rto, se venía
estudiando e i nvestigando ya p or más de u n a década en ese entones, por científicos
sociales de la antropología, l a sociología y la psicología , en diversos países de Eu ropa y
128
Para empezar, las refle x iones del psicólogo israelita y profesor de la u niversidad H ebrea
de Jerusalem, Ben ny Shan on (2008), investigador que, entre ot ros a spectos, aborda el
interés de la ciencia sobre el yagé (ayahuasca), son adecuadas para la perspectiva de esta
tesis:
Las diferent es disc iplinas que estudian la ayahuasca. La mayoría de las investigacione s sobre
ayahuasca encuadran en dos c ategorías. La primera de las cien cias naturales, botánica,
etnobotánica, far macología, bioquímica o f isiología del cerebro. Una s egunda categoría la
de las ciencias sociales, en especial la antropologí a. Las disciplinas de l a pr imera categoría
determinan características de las p lanta s con los cuales l a ayahuasca es pre parad a, analizan
sus principios a c tivos químicos, descubren s us bases farmacológicas que tienen y los efecto s
fisiológicos que el los prod uc en e n los s eres huma nos . Parec e que los científicos han
descubierto las bases bast ante definit i vas de esto (Ver Schultes 1972, 1982. Para una
revisión más recient e Ott 1994). Los a ntropólogos estudian a s u v ez como es usada la
ayahuasca en varios grupos y sociedades. Ellos registran los rituales-r eligiosos y c urativo- en
que la be bida e s consumida y el c omportamient o de las p e rsonas que parti c ipan. Ellos
estudian como la ayahuas ca en sus r ituales se re la cionan y tiene divers as facetas en c ulturas
próximas, sus estructuras sociales, mitologías, mús ica , creencias reli gio sas, arte y artesanía
(ver por ej emplo D obkin d e R io 1972, R ei c hel-Dolmatoff 197 5, 1 978; Langdon 1979, 19 9 2,
Luna 1986 y también núme ro espe c ial de América indíg e na 1986. Para una bibl i ografía m ás
amplia ve r Luna, 1986 ). P ar a m í son importantes estos tipos d e investigación pero quedan
preguntas. Ambas ven la ayahuasca de lado de afuera, por así decir. Pero la ayahua s ca es
intrigant e, despierta curiosidad , a causa de l as exper ienc ias extraordinarias que tienen las
personas. Cla r amente ella s son psi c ológicas. Las ciencias naturales nos i nforman de la
composición de l as cosas del lado de afuera tam bién. Usualmente los antropól ogos
describen c omo las personas de un grupo soci al o étnico dado (Por regla general distinto al
que pertenecen), us an l a bebida. Se c entran no en el contexto del cons umo, más lo que
pueden decir sobre la e x periencia es bast ante limitado.
Sin duda l a aya huasca no sería conocida en oc cidente sino hub i ese sido por las experiencias
directas de los botánicos y los antropólogos. Entretanto, una vez desc ubierta, las
experiencias que se han pres ent ado ha s ido po r botánicos y antropólogos. Como he
afirmado antes, lo especial en la ayahuasca es las experiencias extraordi nari as que genera.
(p.3)
Compart o con el autor q ue es justa mente el mis t erio y la diversidad de esta ex periencia
cognitiva, es decir lo que está en el p rofundo cam i no d e la mente y el ser humano, que se
manifiesta en un marco ritual como el tradicional y ance stral legado amazón ico, en el que
el experimentador o el habituado c on sumidor de esta m edicina logra sentir una especial
conex ión vital y trascendental , a veces incluso c omo un e stado de gracia y s alud , lo grado a
partir de una ex p eriencia difícil y en ocasiones traumática, lo que ha generado gran int eré s
y atracción por conocer m ás sob re esta medicina.
129
Este inter és se ha hecho ma nifiesto e n los even tos académicos y científicos en los q ue el
yagé ha sido el centro de atr acción, los qu e, por cierto h an sido numerosos y muy
diversos. En ellos se han presentado con segur idad miles de t rabajos de in vestigación y
experiencias, sustentados e n un a d iversidad d i sciplin aria q ue h a permitido establecer
puent es entre la ciencia occident a l y la ciencia de las cult uras an cestrales. Algunos d e ellos
se han r ealizado en p aíses como B rasil, Perú, Colombia , Ecu ador, México, Es tados Un idos,
España, Su iza, entre otros.
3.1. Una referencia obligada y una crítica interetnob io é t ica
97
De entrada , no se puede sosla yar el debate y las con tradiccion es entre las medic inas
alopáticas y an c estrales. Un a de ellas se pone de manifiesto cuando o curren suceso s
lamentables, como aquellos en los q ue se presentan muertes d e p ersonas que ha n
asistido a las ceremonias. D e inmediato , es noticia. E l contraste es no table cuando se
trat a de muertes ocasionadas por lo s efectos de fármacos medicad os, pues no resulta ya
tan d istinguible en los medio s noticiosos, a me nos que haya sido un suceso con amplio
impacto negativo que implique víctimas en g rupos po blacionales. En cambio, el otro tipo
de “noticias” que abordan la eficacia o n o del Rem edi o desde el p unto vista científico, las
investiga ciones así co mo los eventos académicos rea lizados, no resultan tan destacadas y
apenas si se men ciona en los medios.
Otro aspecto que genera conflicto s es la d emanda creciente que ha t enido esta medicina
en el mundo urb ano y qu e ha provocad o toda una serie d e debates, puntualmente,
cuando el yagé llega a p a íses en los que es cons id era do un psico activo ilícito o e x t raño,
exótico al mundo médico, a c onsecuencia de las dinámicas p ropias d el ritual y las
interpretaciones éticas o e stéticas que se ha cen de la s conductas q ue se ven o se pe rciben
97
N eologis mo qu e s e usará puntu almente en este acáp ite pa ra referirnos a los c onflic tos sociopo lítico s
asociado s a las construccion es éticas coloni alistas y neocoloni alistas qu e emergen en el marco d e las
diversidad es étnicas . Nos tomamos autó nomamente este per m iso siguien do el camin o de los acuñadores
postmodernos de con ceptos. Pero acept amos d iscusi ones y disqui siciones.
130
en el mismo ritual, so bre to do desde las lógicas o ficiales como la p olicía, pues se han
presentado ca sos que han estimulado algunos debates en España
98
.
En el ins tante mismo en que un caso de estos o similares llega a los medios masivos, el
remedio y e l ritual q uedan en e l “ ojo del huracán”. L os ca sos de muertes, que son los más
sonado s, resultan cuantitativamente mínimos respect o aquellos causados por otras
drogas legale s o ilegales. Con esto no se le q uier e restar gravedad a este t ipo de
situaciones, en la s que se dan intoxicaciones letales por bebidas alcoh ólicas,
tranquilizantes, cocaína, drog as sintéticas, hero ína , en tre otras. Durante el tiempo de es ta
investiga ción, un poc o más de diez años si se tienen en cuent a los a nt ecedentes, en
Colombia se presentar on cu a t ro c asos de muertes oc u rridas en ceremoniales realizados
en Bogotá, Bucaramanga y Mo coa en el Putumay o
99
, d e lo s que se hay a t enido
conocimiento.
En relación a u n caso ocurr ido e n e l 20 08, algu nos t aitas hicieron público un
pronun ciamiento por correo electrónico, el cual d a elemento s y criterio s de análisis para
apreciar el fen ómeno que se ha venido describiendo:
Date: Wed, 5 Mar 2 0 08 19:01:0 9 -0500
100
98
En el ABC de Madrid, enero 6 de 20 08 , se pub licó un a n ota q ue decía: “ Viajes a strales y o rgías a 30 euro s” .
La Policía ha d esmant elado u na or ganizació n qu e s e d edicaba, en un c halé de L as Rozas, a org anizar fi nes de
semana en los q ue grupos de 30 persona s p agaban por t omar yajé, una droga mu y pe ligrosa qu e v endían
como beb edizo mágico . De l o qu e sabe mos por fuentes bastan te confiables , quienes fueron j u dicializados
salieron l ibres. P ero el “follón” fue gra nde. Un o de los comen tarios al momento de l a no ticia: “1.Vaca ciones
legales| 06/Ja n/2009 | 22:5 6:43h Pu e s s i h abía médi cos y gen t e informada dis f r utando del viaje, no cr eo
que sea t an peligros o como dicen. A ver si i nventan de un a vez u na droga que no c ree a dicción, ni perjudiq ue
(por lo t an t o no s ería ilega l) para disfrut ar de unas profundas vac aciones oyen do olores, to cando y
saboreando s onidos y cosas que no se puedan ni i ma ginar. Eso sí, tod o legal” Recup erado d e:
http://www.abc.es/ 20090 106/ madrid-madrid/via jes-as trales-orgi as-euros- 2009010604 06.ht m l ( En l a CUV
de la fecha en que se registr a, ya no está v isible el co mentario) (CU V: 08/05/ 14)
99
El más re ciente y sonad o caso, fue el d e un joven britá nico Henry Miller, d e 19 año s, o currido según
infor m a ción de medios, el 20 de abril de 2014 en M o coa, capital de Putumay o. ¿Qué a rrojarán l as
investigaciones ? ¿Cómo s erá la interv ención en e l proceso judicial de los británicos? ¿Qué impacto pod rá
tener en l as co munida des in dígenas ? En lo hu mano, l a muerte del joven, es irr eparab le. Con seguridad
quedar án lecciones, incluso para los taitas i nvolucrado s directa mente o no y s us comunidades. Tam bién
para la com u nidad acadé mica. La noticia puede consulta rse en:
http://www.eles pectador .com/no ticias/naciona l/muere -joven-brit anico-tras-rito-d e-yage-pu tumayo-
articulo-4 89313 (CUV 05/05/ 14)
100
O mitimos el lis tado d e no mbres a q uien fu e enviado es te correo. El remitente lo de ja m os pero no
tenemos información si es un correo activo.
131
From: edwin.bonel [email protected]
PRONUNCIAMIENT O DE TAITAS D EL PUTUMAY O SOBRE EL YAGE C O MO RITUAL D E
MED ICINA TRADICIONAL INDIGENA EN BOGOTA
En relación con lo su c edido el pasado sábado 2 3 de febrero en la casa del Tait a Rúber
Garreta Chindoy y se gún el rumbo que h an tomado los acontecimiento s l os tait as Víctor
Jacanamijoy, (Inga), Flo re n tino Agreda Chindoy (Kament sa), Oscar Mojomboy, (In ga), Nel son
Díaz Queta (Ko fán), r eunidos el 27 de febre r o de 2008 en Bogotá, nos permitimos informar a
la opinión publ i ca lo siguien te- :
1. Que respaldamos f irmemente al taita Garreta Chindo y en sus actuaciones como médi co
tradicional indígena, de s cen die nte de ancestros cono cedores de la naturaleza y de sus
medicinas;
2. Que exigimos respeto por parte del Es tado c olombia no, así como de los medios d e
comunicación, para c on nuestra cult ura indígena q ue hoy día aú n se conserva, a p e sar del
genocidio a que hemos sido so metidos hist ór icamente ;
3. Que los medios de comu nicac ión impli c ados en la t area de difamación y d escrédito, deben
dar lugar a réplica s por parte de quienes considera m os que esta situación pone en pe ligro
nuestra condición de mé dicos tradicionales, que manejamos el yagé, de a cue rdo al marco
legal que nos brinda la Con stitución Política de 1991
4. Que el yagé no produ c e efectos tóxi co s ni contrario s al ser humano, por lo c ual vemos co n
bastante preocupa ción las expresione s injuriosas con que s e han venido trat ando nuestras
culturas;
5. Que convocamos a qui ene s se han benefi c iado en su salu d a través del yagé para que s e
pronuncien con sus t es timonios de vida y d en fe de nue s tra labor como médi c os tradicional e s
indígenas;
6. Que en adelan te nos segui r emos reuniendo con e l fin de anal izar y discut i r cuales van a ser
las medidas a toma r por nuestra part e, para que el se r indígena sea respet ado con la
dignidad qu e nos merecemos como s e res humanos hijos de Dios.
Víctor Jacanamijoy Jajoy Flo re ntin o Agreda Chindoy
18.112.122 97.470.583
Oscar Mojomboy Nelson Díaz Queta
8.101.698 18. 1 55.937
(C o mu nicación pe r sonal)
Se h an dado , igu almente, otras situaciones en la s que ha habido d etenciones cole ctivas o
individuales d e asistentes a ceremoni as, de personas que transportan el y agé e incluso,
cuando la s autoridades han calificado la bebida como u n estupefaciente -e l caso ilustr ado
ante riormente- del taita bajo la acusación de traficante de drogas.
En el caso mencionado del joven brit ánico, a l co nver tirse los hechos en noticia h an s ido
magnificados ampl iamente en prensa y medios nacionales e int ernacionales, hasta el
132
punto de incluso tergiv e rsar la información
101
. Llama la atención e inclu so podría ser
objeto de investigación y análisis, la forma en que se hace tal magnificación n oticiosa del
hecho y la in formación divulgada –h ay que a clara r qu e no se p retende restarle graved ad a
los hechos-, lo qu e deja entrever la fa l ta de p reocupación y c onciencia crítica en los
medios, en especial, a la hor a de abordar el te ma intercu ltural de las med icina s
ancestrales y s u relación con l as alopáticas con información o bjetiva. E sto es una
condición mínima p ara abr ir lo s d iálogos interc ultu rales en v istas a concertar p rotocolos
en el marco d e la d iversidad, la r elación con la sa lud pública y el d erecho fu ndamenta l a
ella en Colombia.
Lo usual en e ste t ipo de eventos, es q ue se culpabiliza al remedio como la causa y a l taita
como e l victima rio , con l o cu al se contr ibuye a exp andir d iscursos r acistas q ue t ienen su
carga histó rica y detrá s d e los cuales se esconden, h asta cierto punto, inte reses políticos y
económicos , y de esta forma se le gitiman concepcion es col onialistas qu e obstacu lizan los
diálogos i nterétnicos desde la d iversidad y la m ult iculturalidad. E n tal forma d e
divulgación por los medio s masivos, es comú n observ ar la ausencia de una
fundament ación científica. Por ej emplo, ex p resar q ue el ya gé es un veneno, es a lgo que
carece to talmente de rigor in fo rmativo; p uesto q ue, la evidencia cien t ífica d esde los
campos de la toxicología , la q uímica o la farmaco logía, prueban lo contrario. Es d ecir, la
bebida d el y agé tiene un m argen d e segu ridad conocido y por tan to sería prácticamente
imposible para el ser humano tomarse una dosis letal
102
.
Esta información podría co mplementarse desde la antropología, explicitando la función
reguladora que cumple el remedio en las costumbres d e los pueblos y a g eceros, así co mo
los logros te rapéuticos alcanzados. Además, en su co mplejidad cultural ha sido una
101
Al es cribir la frase “Muerte jov en br itánico ceremonia de ya gé” a parecieron 166.000 res ultad os en 0.39
segs. La infor mación tergiversad a aparece en un diar io austral iano:
http://www.hera ldsun .com.au/ news/breaking -news/colombian -sha man-has-no-re morse-for -death/sto ry-
fni0xqll-12269 02945818 (C UV 07 05 14)
102
“La Dr a. Mirt a C ostas en Br asil señ aló en s us estudios que la dosi s h abitual de ayahuasca en u na s esión es
50 veces por debaj o de l a do sis neces aria par a DL50 (dosis l etal p ara la mit ad d e animales de laborato rio
intoxicados inte ncionalment e). E n vista de la am argura e xtre ma del b rebaje y la cantid ad enorm e que ha br í a
que in gerir, es compl etamente i mposible la int oxicación volunt aria del ser hum ano y de hecho la lit eratura
científica n o reporta ni un solo caso”. (MABIT, 2012, p.2)
133
medicina eficaz pa ra individ uos y co lectivos h umanos en sociedades contemporáneas
occident a lizadas, ta l como se lo h a sostenido en es ta tesis pero sin agotar todavía todos
los recursos pa ra ello.
Recap itulando, e n las situacion es en que se hace es te ma nejo de la información, como se
ha ven ido mostr a n do , el Remed io ter mina en un lugar “moved izo” d e tránsitos
interétnicos y etnohistóricos, en fr o nteras doctrina rias entre el b ien y el ma l,
predominando la información po co informada en la mayoría de medios de comunicación.
Para estos, esta debería ser, como mínimo , la oportunidad de dar relevancia a lo s t rabajos
científicos multidisplinarios, com o po r e jemplo la incorporada e n esta Tesis, a un cua ndo
muchas otras fuen tes n o fueron referenciadas, si bien consultadas en este pro ceso.
Igualmente se d ebería divulgar de una man era más obj etiva y respetuosa, la visión d e los
mismos médicos indígenas, sus logros en la or ga niz ación de mé dicos yageceros y los
princip ios éticos de esta medicina.
Por otra parte y d esde otra pe rspectiva, quizás resultaría útil para evitar la desinfo rmación
en t orno a l y agé y además propiciar un me jor conocim iento de él, aboga r por la
declaración de esta medicina como patrimonio cultural, ta l y como lo hizo el Perú, pa ís en
el que se d io este gran logro. Aunque h oy en día las propuesta s alrededor d e la
institucion alización de la e tnomedicina de l yagé, se encuentran en un álgido debate.
Al r especto, ano ta el d irector d el p ortal web, más destacado en Colomb ia, Visi ón
Chamánica
103
.
Pero, más allá de reconoce r a la medicina tradicional in dígena, y la satisfacción de su
derecho al e jercicio de una práctica c ultural pr opia ; asimismo, l a utilización de dic ha
medicina y de sus recursos entre el conjunto d e la poblac ión rebasa su consideración como
un problema exclusivamen te étnico. En los niveles actuales de difusión, esta cuest i ón no
tiene que v er s olamente con l as autono m ías indíge nas , sino c on la s orientacione s y polít ic as
de la Salud Pública. Por eso, un enfoque adecuado debe es tar dentro de la temática de las
diferentes terapéuticas a l as que accede el conjunto de la pobl ación, y no como si, unas
terapéuti c as fuesen para un puebl o y otras para otro.
Lo peor, y más retardata rio, es la segrega c ión del m undo indíg e na, y considerar que sus
prácticas mé di c as no puede n salir del espacio geográfico de sus c omunidades ; esta e s l a
peor interpret ac ión de la multiculturalidad , o mejor, su nega c ión, y u na pérdi da para la
riqueza cultural de nuest r a nación. U n enfoque multicultu r al de la m edicina, y no
103
http://ww w.visionch amanica.co m/ (CUV 05/05/14)
134
exclusivamente étnico o polí t ico, permi tirá poner la cue stión en términos de posibilidad de
aproximación y e ntendi m iento e ntre las terapéuticas, y no en térmi nos políticos de derechos
de las cultu ras, aun que sean le gítimas l as reclamacione s de cada cultura a su existencia y
derechos. (DIA Z, 2011, p.312)
Lo anterior permite si t uar es ta medicina tradicional e n el marco de un d ebate act u al y
contemporáne o, un conflic t o interétnico e n el que se mu e ven y exi sten diversos int ereses
y concepciones, y respecto al cual n o s e p uede ser aj eno, en aras de situarlo en e l marco
de lo que aquí se ha denominado una crítica inter e tnobioética.
3.2. Etnobo tánica y fa rmacología del yagé . Definiciones y p recisiones ¿yagé o
ayahuasca?
En este aparte se rea liza u na aproximación inte rdisciplinaria desde u na p erspectiva
cultura l
104
, con vistas a e laborar precisiones s emán t icas, b otánicas y etnob otánicas, sobr e
los comp onentes quí mi co s y la s acciones farmacológicas de la bebida del yagé o
ayahuasca, t eniendo en cuent a para ello, e l contexto histórico de su descubrimiento para
la ciencia occidental, así como lo s resu ltados del e jercicio investig ativo que se ha estado
desarrollando.
Aquí se hará, por tanto, una descripción e interpretación de la et nomedicina del yagé,
alrededor de la cu al se est ructuró etnohistóricamente u n ritual cha mán ico diverso de
acuerdo a cada con t exto s ociocultural. En este caso, dich o ri t ual co n stituye el núcleo d e
socialización p ara comprender e interpretar un tipo de dinámica interétnica específica,
entre una tradición de c o nocimiento c ha manístico – con sus sabedores originarios d e las
cultura s indígenas d el Pu tuma yo, quienes h an tr asmitido y co mpartido su sabe r con
neocha manes- y otra de carácter urbano-rural –con colectivos de us uarios provenientes
104
¿Acaso en el campo de l a ci encia, cada discipl ina h istóricamente en su d esarrollo ha constru ido su p ropi a
“cultura”? ¿Acaso esto n o ha sido una limitación p ara ava nzar en el tr aba j o interdis ciplinari o? El cas o de la
investigación interdi sciplina ria y monodis ciplinari a s obre el yagé o ayahuasca, podría ser un “cam p o”
sugerente para o tra Tesis docto ral.
135
de Manizales y el eje c afetero, quiene s aprend en y se apropian el saber co mpartido por
los taitas-.
En es t e orden de ide as, surgen algunos interrogantes, que quedarán a biertos por no ser
parte de l problema y el objetivo de esta inve stiga ció n. Por ejemplo , ¿cuáles son las plantas
que dieron or igen a la medicin a del ya gé? ¿Exactamente q ué pueblos o etn ias fuero n los
que “descubrieron” el remedio y cómo aprendieron a p repararlo? ¿Cómo fu e adaptada la
medicina a di ferentes co ntextos culturales? ¿P or q ué se convirtió prog resivamente e st e
remedio, en e l Gran Rem edio Amazónico , e n una medicina que hoy se con oce en casi todo
el mu ndo y q ue y a se pueden contar por d ecenas de miles las p ersonas de múltiples
nacionalidades que han participado en rituales y to mado el sagrado remedio
105
?
Conviene ah ora compartir un a reflexión ampliamente difundid a en medios académi cos,
que h izo el a ntropólogo Jeremy N arby en su tr abajo con los Ash áninca
106
y q ue des cri be
así:
La pr imera vez que un hombre asháninca me dijo que las pr opiedades medicinale s de las
planta s se aprende absorbi endo una mixtura alucinóge na, creí que se trata ba de una
broma…<<es bebi endo ayahuasca que u no apre nde estas c osas>>” (NARVY J. 1997:19)…El
principal enigma qu e enc ontré en el curso de mi i nves tiga c ión sobre l a ecol ogía de los
Asháninca fue, pues, el s iguient e: esta gen te extraordinariamente práctica, que vive casi en
auta rquía en el bosque amazónico y que responde habi tualmente con fr anqueza a mi s
preguntas, afir ma que su desta c ado s aber botánico proviene de alucinaciones in duc idas por
ciertas plantas. ¿Cómo esto puede ser posible? ...Est a cu e stión e ra tanto m ás intrigante
cuando que los conocimient os de los pueblos i ndígenas de la Amazonía no había n c es ado de
asombrar a los etnobotá ni cos - c omo lo ilustra el Ejemplo de la c ompo sición química de la
ayahuasca. En efe cto, esta mixtura alucinógena, c onocida sin duda desde hace mil enios, es
una combinación de dos pl antas. La pr imera contiene una hor mona que el c erebro humano
produce naturalmente, la dimetil triptamina , que, sin em bargo, es inactiva por vía oral,
105
La estimación que hacemos es resultad o del trabajo de ob servación d irecta e investiga ción tanto de
campo co mo d e rev isión de fuentes, realizad o d esde el 2000. Hasta antes d e finaliz ar la tesis , s e había hecho
un regis tro de eur opeos: al e m anes , portugu eses, franc eses, holand eses, suecos, no ruegos, finlandeses ,
suizo s, esp añoles , it alianos, belgas; igual mente de Nort eamérica: estado unidenses y c ana dienses; así como
también latin oamericanos , prá cticamente d e tod o los paí ses, desde mexicanos hasta argentinos ; d e m edio
oriente: israelitas y turcos; y de ori ente: j ap oneses y nepaleses. El térm ino gran remedio o sag rado
elemental , e s un a expr esión qu e han a doptado del m u ndo i n díg ena, lo s neo-cha manes en M an izales p ara
referirse al yag é.
106
“El puebl o asháni nca o asháni nka es una etnia amazónica perten eciente a la fami lia lingü ística arawak ,
llamados en épo cas anteriores como antis, chunchos, c hasc osos, campas, thampas, ko mparias, kurup arias y
campitis, los ashánink as han sido tr adicionalm ente más conoci dos como c ampas” (W ikip edia, “ A s háni nca”,
2014).
136
puesto que esta inhibida por una e nzima de l ap ar ato digestivo, la mon oamina oxidasa.
Ahora bien, la segunda planta de la mix tura conti ene precisamente las substancias que
protegen la horm ona d el asalto de la enzima. Esto ha hecho decir a Richard Ev an s Schult e s,
el etnobotánico mas renombrado del s iglo XX: < <Uno s e pregunta cómo pueblos de
sociedades primiti vas , sin conocimiento de química ni de psicología, han l ogrado encontrar
una solución a l a activación de un alcaloide vía i nhibido r de mo noamina oxidasa. ¿Por pura
experimentación? Tal vez no. Los E jemplos son dema siados nume rosos y podrían aún ser
más con investigaciones supl ementarias>> (p. 19)
Así resum e Narby de man era muy c lara y p recisa, el tipo de plantas involucrad as en la
prep a ración, al i gual que lo que pot encializa la intera cción de d ichas p lantas en los seres
humanos; por otro lado, también d escribe y relaci ona el p ensamiento n ativo con la
información y d escripción cien tífica, con el fin de plantear una hipótesis, q ue d ifícilmente
podría comprobarse en términ os científicos. Sin emba rgo, las narrativas mitop oyéticas
que se tra smiten y se vivenci an en el ritua l terminan por c o mpartirse, t anto para los
pueblos yageceros am azónicos como p ara los individuos y colectivo s occidentales que
entran en c ontacto con la beb ida y de algu na manera, en un marco “propiospectivo” -muy
de lo occiden t al- como lo planteaba W ard H . Goodenou g h ( 1 975), pero co ntextualizado
en din ámicas interétnica s.
La b ibliografía sobre el yag é e n términos de “en teógeno” es extensa y am plia
107
. Cada año
aparecen decena s d e libros nuevos que versan s obre esta m edicina, a la par que s e inician
y terminan t rabajos de grado, tesis de postgrado y doctorales en diferentes paí ses.
A pr incipio de los años sesenta se produjo una oleada de abusos e n la ingestión de las
llamadas dr ogas “ alucinóge nas ” o “psiquedélicas”, que en general fue o bserv ada c on
desconfianza y relacionada con las activi dades de grupo s delincuentes o subvers i vos. Fuera
de la jerga de varias subculturas, no existía una terminología adecuada par a e sta c lase de
drogas…Comúnmente, por Ejemplo, nos referimos a la alterac ión de l as p ercepciones
sensoriales c omo una “alucinación”, y de ahí que l a droga que ocasionaba tal cambi o viniese
a ser c ono c ida como un “ al uc inógeno”…En vista de lo anterior queremos sugerir un vocablo
nuevo, que podrá result ar apropiado para referirse a las drogas c uya ingestión altera la
mente y pro voca estad o s de po sesión extática y chamánica. En gri ego, entheos significa
107 Enteóg eno. Este conc epto fue acuñad o por G. Wasson y sus colaborado res, J. Ott, C . Ru ck y J . Bigwood y
D. Steples en 1979 y se ha dif undi do amplia mente e n los medios acadé micos de la química, l a bo tánica, l a
histo ria y la antropo logía, para clasificar las drogas qu e producen éxtasi s y po sesión cha m án ica al
modificarse la conci encia . Proviene de la raíz griega enth eos: <<dios [th eos] d entro>> y gen <<devenir>>
Este conc epto apa rece por pri mera v ez en J ournal of Psych edelic Drugs . Vol.II nu m s. 1 y 2, enero- junio d e
1979 (WASSON, HOFMA NN y R UCK, 1995, p. 8).
137
literalmente “dios ( theos ) adentro”, y es una palabra que se ut i lizab a para descr ibi r el
estado que uno s e enc uent ra cuando está inspirado y poseído por el dios, que ha entrado en
su cuerpo. Se aplicaba a los trances proféticos, la pasión erótica y la c reac ión artíst i ca, así
como aquellos ri tos religiosos en que l os estados místicos eran experimentados al través de
la ingestió n de las sustancias que eran transustan c iales con la deidad. En combinación con la
raíz gen -, que ano ta la ac ción de devenir, es ta pa l abra, compone el té rmino q ue estamos
proponiendo: enteógeno . (WASSON, HOFMANN y RUCK, 19 9 5, p.231-235)
Baste, como muestra, q u e solamente en el 2 01 3
108
ya se ha n p u blic a do varios libros
producto de investigaciones. Y qu é decir de la cant idad, calida d y d iversidad de webs
dedi cadas al t ema
109
. Son ci entos la s l istas a las cua les e stán vinculados miles d e p ersonas
de d istintos países, lo cual ilust ra la v igencia e importancia cu ltural del fenómen o aqu í
estudiado.
Ahora b ien, W illiams Bourr oughs ( 1971 ) descr ibe de l a siguiente forma su primera
experiencia con la bebida d el ya gé, en un luga r cerca a Mocoa, en una sesión dirigid a por
un brujo i n dio no identif ica do por el auto r, la cual le fue coordinada p or un alem án
propietario de un a finca e n es a época:
Dos minutos desp ués me invadió una ol e ada de vértigos y la choza e mpezó a dar vuelt as. Era
como dormirse con éter y cuan do uno está muy borracho se ac uesta y la c ama da vueltas. Vi
luces az ules fr ente a los ojos. La choza cobró un aspecto arc aico del lejano Pac ifico con
cabezas de las islas oriental es talladas en los postes que sostenían la c hoza. E l ayudante
estaba afuera, oculto, c on la intención evi dente de matarme. De p r onto m e cogieron unas
nauseas violentas y corrí hacia l a puer ta golpeándo me en el hombro c ontra la jamba de la
puerta. Sent í el golpe per o no e l dolo r . A penas podía caminar. No tení a ninguna
coordinación. Los pies eran como bloques de madera. Vomité con violencia apoyándome en
un ho mbro. Y c aí al suelo e n una desamparada desdicha. Me sentía tan embotado c omo si
estuviera cubierto con c apas de algodón, m e esforzaba por salir de ese embotami ento de
108
LAB ATE B. & BOUSO J.C. A yahuasca y s alud . Colec ción Lieb re de marzo. Ed . Barcelona . “Reúne múltiples
enfoques de ci encias hu manas , biomédicas y de relatos de usua rios para ab ordar co ncepciones i ndígenas,
mestizas y occidental es sobr e salud , enfermedad y cura relacionada con el c onsu mo de aya huasca, así como
un proceso d e hibridación de est os saberes y prácti cas”.
109
En Colo mbia el p ortal web más d estacado po r su rigor y seriedad acadé mica, con co nsultas a nuales que
se acercan a las 100 mil p erso nas, la diri ge el sociólogo Rica rdo Día z M, ya mencionada c on anterioridad. De
igual form a, la r evista virtual “Yagé terapéutico ” qu e llevab a a no viembre de 2013, 13 8 ed iciones. Durante la
escritura de l a tesis en Sevil la en diciembre 18 d e 2013, h ice un ejercic io elemental de b usca r en google los
términos y agé y ayahu asca p ara registrar l os datos . Estos fueron: yagé: 455000 resu ltados en 0.32 seg.;
Ayahuasca : 956.0 0 resulta dos en 0.2 4 seg.; ayahu asca yagé: 76900 resultado s en 0.23 seg.; yagé aya huasca:
85100 resu ltados en 0.26 se g. Estos son dato s dicientes q ue pueden s ervir co mo indi cador d e inter és y
consul ta.
144
define c omo “sin realidad e im aginario”
122
. Conti nuemos c on l a s defin iciones
lexicográficas.
El DRAE finalment e eliminaría el término ayahuasa empleado en sus edici on es anteriores.
En el 2 001 present ó la siguiente definición:
Ayahu asca. (Del quichua aya muerto y huasca, cuerda). F. Ec uad. y Pe rú. Liana d e l a
selva d e c uyas hoj as se prepara un b rebaje de efect os a lucinógenos, empleado por
chamane s con fines curativos.
Esta definición r epresenta un avance en precisión f armacológica de la Re al Acad emia d e la
Lengua, a l cambiar e l término narcótico por aluc inógeno. Ade más se indica qu e es u na
liana , no una simple plant a y se espe cifica qu e c o n ella se prepara un b rebaje, p or parte
de lo s chamanes, con fines curativos. Sin duda un n otable progreso.
Los término s yagé y ayahuasca se emplean como sinónimos e n esta t esis. E s más u sua l el
término ayahuasca en Perú, Ecua dor, Norteamérica y Centr o Amér ica, aunque tamb ién en
Europa. E n los diccion arios d e la lengu a es pañola e l lé xico ap arece com o ayahua sca. Yag é
sigue sin registrarse ha sta e l mo mento
123
. Esto ha in cidido, d e alguna forma, en su uso
como voz d ominante en c a stellan o y otros idiomas.
El t érmino yagé h a tenido y tiene mayor difusión po pular en lo s grup os y re des que t ienen
contacto intercultural directo con las e t nias p ropiamente yageceras. De allí q ue es u sual
su uso en los med ios de comunicación ma sivos; e spec ialmente en la radio, TV y
periódicos. E n el sur del p aís, departamento de N ariño , s e usa de manera ind istinta los
términos yagé y ayahuasca. Desde n uestro p unto d e vista, el uso del término aya huasca
se debe en gran parte a la influencia ext ranjera, p or la vecindad ecu atoriana d el
122 En estas a preciaciones do mina n etn ocentris mos o ccidentales , t anto científicos como r eligioso s, que h an
impedido comprender, r econ ocer y valorar, el pensamiento y l a sabiduría de las culturas n o occidentales.
Para la pr imera mit ad d el s igl o XX los científicos q ue inv estigaro n l a ayahuas ca y sus apli caciones, la definí an
como narcóti ca, sigui endo el l egado de Spru ce, desde mediados d el XIX.
123
En el 2008 s e env iaron una s con sideracion es para incluir el tér mino y agé o y ajé al D RAE, si n respu es ta
alguna.
145
Amazonas, pero también po r los turista s q ue visit an la región en la b úsqueda de la
medicina o sim p lemente por la c uriosidad de t ener e xperiencias c on el yagé. La capital del
departamento d e Nariño, San Juan de Past o, es paso obligado p or vía terrestre hacia el
Alto Sibundoy, donde está n lo calizados los cabildos y resgua rdos Camëntsa e Inga.
Es de resalta r que, e n las diferen tes publi caciones s obre el te ma, se u sa con mayor
frecuencia el término ay ahuasca que yagé . En tre los estudiosos co lombianos prev alece
sintácticamen te la escritura de la p alabra y a j é con J , p robablemente i nfluenciados por el
trabajo pion ero de Reich e l-Dolmato ff, quien así lo escribió.
Hay casos ex cepcionales d e escritos e xt ranjeros, en los qu e se ha usad o el té rmino ya g é
con G , pues la gran mayoría lo h acen co n J. U no de estos casos, fu e la emblemátic a y
quizá pionera obra sobre esta med icina, titulada La s Cartas del Yagé , del escrito r
norteame ricano W.S. B urroughs, y a referenciado con anterio ridad, quien la s escrib ió a su
amigo y po eta Allen Gi ns berg e n 1953 y publicadas en 1960. En ellas h ace un relato
etno gráfico , a travé s de su diario de campo, de cómo bus có y encontró la medicin a y
cuáles fueron sus experiencias de toxicómano c o n el yagé. Las otras ca rta s fue ron escr itas
por e l p oeta Allen Ginsberg y conservad as po r Melville Hardiment. B urroughs viajó en l os
años 50 a Colo mbia en b usca del y agé (a sí se t itula el capítulo introd u ctorio), con l a
obsesión de encontrar el estado vivencial de sanación o curación q ue no h abía logrado
con otras sus tancias. Para este a utor, el chute, e s decir, el estado toxicológico que se
busca volunta riamente, era el térmi no p ara describir el efecto farmacológico que una
droga le prop orcionaba. Por e sto escribió:
“Quizás encuent re en el yagé lo que he estado buscan do en la h eroína, la h ierba y la coc a.
Puede ser que el yagé sea el chute definitivo”. (Ott, 2000, p.226)
124
124
“Las cart as de 1953 fueron p ublicad as posteriorment e en Big Tabl e y en Kulc hur . La carta de Bu rrough s
de 1960 apareci ó en Fl oating B ea r No 5 en “¿Me estoy muriendo Míster? Fue pub licada en City L ight
Journal No. 1”. (BURROU GHS y GINSBERG, 1973, p.3)
146
Figura 3
Facsímil de u na de las caratul as originales en inglés. 1960.
En estas cart as los autores caracter izan su s “búsquedas” por medio del yagé, co mo
experiencias to xicómanas, con las q ue p retendían en t anto artistas, p or un lado cu rarse de
la dependencia p atológica a la h eroín a; y por otro, buscar estados cogn itivos de
trascendencia pa ra la c rea tividad y la se n sibilidad tambié n como una forma de c u ración,
algo que no es fácil d e comprender en un mundo racional y fu n ciona l.
Ahora v eamos, retomando el asu nto semántico y gramatical, c omo ya se mencion aba,
gracias a la literat ura c ientífica especializada, artí stica o folclórica se h a difundid o el
término ayahuasca más que el de yag é, e speci a lmente e n los ámbitos d e ha bla castel la n a,
francesa e inglesa. So n ex cepcionales lo s textos qu e den otan la palabra yagé en estos
idiomas
125
. En es te p rimer lustro del siglo X XI, en Colombia comienza a usarse, en algun os
grupos urbano s, yagé como sinónimo de ayahuasca.
125
Es Ilus trativ a la d efinición que en fra ncés se hace en u na pág ina de int ernet sobr e cham anis mos, en l a
cual se esp ecifica el yagé co mo una bebida alucinógena en el m arco r i tua l de prácticas ch amanísticas.
Veamos: « Le yagé (Banisteriopsis caapi) est un hallucino gène ext rait d'une li ane des for êts t ropicales utilisé
dans la ré gion amazonie nne et s emble-t'il dans d'autres régio ns c om me T umaco au x ép oques
préhispaniq ues. Grâc e au yagé, le c hamane dialo gue et n égocie av ec les M aîtres des an imaux pour obteni r
du gibier et des poi ssons; il vole vers l a v oie l actée où i l retro uve le s esprits originels; il interprète le p assé et
fait le diagn ostic des m aladies (Les Esprits, l'Or et le Ch aman e) ».
147
En nu es tro c aso y para esta investigación, en c o herencia con e l sign ific a do y el valor
atribuido a esta medicina en la s culturas indígenas del Putu mayo, a las p lantas con que s e
prep a ra y conforme a mitogonías amazón icas y a las prá cticas chamanísticas gene ralizadas
en Colombia, me he inclinado por el uso d el término yagé , p o r ser el más usual a
diferen cia de otros países .
En caste llano se dice com únmente la ayahuasca y no el ayahuasca
126
. E n e l cont exto
urbano de Co lombia, se lo n ombra el y agé y se refiere más a la pócima que a la planta,
pero é sta es el b ejuco ; es curio so q ue la simb ología de ide ntificación se c entre más en el
bejuco -q ue fu nciona como IMAO- y no en la hoja de la chagropanga -que es la contiene la
DMT-. E n la región del E je Caf e tero, a l a que llegan las etnia s indíg enas, principalmente,
Camëntsa e Inga de l Alto P utumayo, usua lment e la referencia es a la p ócima prep arada,
también d enominada “el remedio”, p revaleciendo el u so del término yagé sobre el de
ayahuasca. En lo s cantos ceremoniales i nterpret a d os en los rituales e n Maniz ales,
predomina el u so del t érmino yagé
127
y no ayahuasca. Las letras de los ícaros, or aciones o
mantra s, son ilustrativas de la dimensión sagr ada y de la trascendencia del vínculo entre el
ser humano y la n a tura le z a, en tanto un idad Vital:
Madre Ayahuasca sagrada abuelita
que no s curas, nos enseña a tener la fuerza
que no s brinda la esperanza de salvar la tierra
Tomando co nciencia de salvar la tierra
128
Y este Ícaro compartido e ntre l os dos términos bajo el título TLAZOCAMATI
Aya Aya Ayahuas ca
Aya Aya Ayahuas ca (bis)
Yagé Ya gé Yagé Yagé
Yagé Ya ge Yagé (bis)
126 No o bstan te también lo escri ben en masculino. Véase más adelante la r eferenci a de Manu el
Villavicencio.
127
Los c antos recurr entes en lo s ritua les dicen: yagé yagé yagecito, sa na gente, s ana, c ura gente, cu ra. En
los ícaros per uanos y en canciones de mestizos, incorporan el término ayahua sca.
128
PALMA Di ego. 2007. APUS DE MI TIERR A . Capo IV / A- / 6 ] Tiene una canción que titul a Ayahu asca Ayni .
v.13.11. Medicine S ongs, Mantra s, Ic aros & Accap ela So ngs ¡ Ayahua sca-Was ca! Este canci onero es u n buen
medidor. El tér mino ayahuas ca ap arece en 15 hojas y repetido v arias veces y yagé en 3, igual repetid o pero
en proporción menor.
148
Y este titulad o Y AGÉ, YAGÉ
Ojos de S erpiente
Cuerpo de mu jer
Refleja m i ser
Geome tría ardiente
Colore s tan estridentes
Dentro de mi ser.
Me hac e n reco rdar quien soy en realidad
Un se r lleno de luz yagé yagé
Descub ro mi alma
Descub ro mi voz
Mi infinito ser
Yagé, yagé (PALMA, 2007)
El cant o en sí mismo es comunicación , es lenguaje. En e ste caso tra nsmiten por medio de
diferentes símbolos c omo la serpiente, la madre, la abuela, algo de la experiencia interna
que permite la planta. Pe ro el canto y la misma prese ncia de l remed io se e xpresan en el
rito; y el ri t o, en ta nto r ealidad vivida, es la media ción vehicular del mito, de l o que
teóricamente he mos denominado el complejo cultural d el yagé. E s decir, el Remedi o en su
sacralidad se exp resa miméticamente , para generar en la dinámica interét nica pr ocesos
socioculturales viv enciales d e socialización. Las m et áforas y la comuni cación simbólica de
los can tos potencian la proyección comunicativa. La fuerza comunicativa entonce s se
sacraliza y aumenta su poder cuando la palabra se e ntona y se ca nta con l a melo día y el
ritmo del r itual. D e esta forma, el ya gé habla en el canto; enseña y permite que , en la
interioridad del ser, se dé la comunicación de sí m ismo y con el todo, en quien ca nta y
quien escucha.
3.3. Conc eptos b otánicos, q uímicos, f arma cológicos y antropológic o s: Algunas
referencias de cont exto
Desde el siglo XIX algunos bot ánicos c omenzaron a pu blicar datos significativos sobre esta
planta y su póc ima. Y d esde fin ales del siglo pa sado e ste conocimiento se ha ido
149
ampliando. Uno de los más avezados inve stigadores, el estadounidense Jonathan Ott
(2000), anot a:
La extens a literatura que existe sobre ay ahuasca ha sido res eñada por Dobkin de Ríos
(1972), Reichel Dolmatoff (1975), Schultes y Hofmann (198 0), P. Naranjo (1983) y m ás
recientemente por L una (1986a) y por L una y Amaringo (1 991) y por e l autor (Ott, 199 4). (p.
203-204)
Richard E van s Schult es fue un o de los pioneros y qu izá , hast a el final d el siglo XX , l a
máxima autoridad bot ánic a sobre la p lanta de l y agé
129
. Su obr a yagece ra es copiosa. Fue
el primero en e sclarecer la botánica, química y uso t radicional del ya gé en lo s pueblos
indígenas d el Amazonas. Un o de su s d iscípulos le de nominó “el mayor d e todos los
etnobiólogos” y sugiere que su trayect oria y desc ub rimientos le
“…gan ará un sitio e n la Pléyada de Charle s Darwin, Alfred Rusell Wallac e, He nry
Bates y su p ropio hé roe, el infa tigable botán ico y exp lorador inglé s Richard S pruce”
(DAVIS, 200 4, p.8).
Sus trabajos son de obligada referencia en el c ampo de las plantas ps i cotróp icas del
amazonas. Ded icó cer ca de 50 años e n sus investigaciones, las cuales han sido divulgadas
en numerosos artículos y lib ros científicos. Schu ltes sugirió a demás q ue el t ér mino
chamán n o era a propiad o par a las p r ácticas etnoméd icas de l nuevo mundo, prefiriendo el
término “ pa yé ” (OTT, 2000, p.16)
130
.
Así describe S chultes el yagé, sus características botánicas y sus e fectos visionario s:
Hay un intoxicante mágico e n el extremo noroeste de Amér ica del Sur, usado por los
indígenas para liberar el alma de su confinamiento corporal para que viaje libremente fuera
del c uerpo y regrese a él a volunt ad. El alma, así liberada lleva a s u poseedor de las
realidades de la vida cotidia na a un reino marav illoso que c onsidera real, en e l que permite
comunicarse con su s ant epas ados. El t e rmino quechua para es ta bebida es ayahua sc a ( s oga
del ahorcado e enredadera del alma), una alusión a la liberación del alma... La población
129 Jonath an Ott reseña set enta y seis (76) publicaci ones entr e 1938 y 1992 (O TT, 2000, p. 559-564).
130
En est o coin cide Reichel -Dolmato ff, pu es af irma qu e en Am érica no existen cha manes y l o fundamenta
lingüístic amente.
150
nativa c ree que las plantas de las que se prepara la be bida son e n ver dad divinas, ya que su
tejido c onti e ne una sustancia que otorga poderes s obrenatu r ales: un regalo de los dioses a
los primero s indígenas de la T ierra. La ayahuasca tiene varios nombres nativos: caapi, dapá,
mihi, kahi, natema, pindé o yajé. La bebida usada en la profec ía, la adivinación, l a brujería y
la medicina, está tan profunda m ent e arr aigada en l a filosofía y mitología nat iva que no cabe
duda de su gran an tigü e dad como parte esencial del aborigen. (SC HULTES y HOFMANN,
2000, p.124)
Jonathan Ott fue discípulo d e Gordon Wasson y Alber t H ofmann, y en la actualidad es u no
de lo s in ves t igadores de las drogas más ilustrados y con un domin io interdis ciplinario. Ha
hecho una meticulosa y paciente revisión bibliográf ica sobre el yagé . Además ha
documentado sus investigaciones químicas y farmacológicas, a partir d e numer osos
bioens ayos. Sus tesis son relevantes y b ien fundamentad as aunque p olémicas e
ideológicamente cuestionadas p or la gente pur it ana. Su obra Pharmacoteon
131
, recoge lo
centr al d e su trab ajo y h a sido t raducida al cas tel lano. Var ios a ntropólogos actuales
estudiosos d el tema, como Josep M. Fer icgla, se apo yan en esta obra y en los trab ajos de
Michel H arner.
También hay q ue de stacar los trabajo s realiz a d os p or Fericgla, especialista en la cultura de
los Jíbaro o Shu ar. Merecen mención los estudios p ioneros de investigadore s botánico s
del yagé c omo Richard Spruce y M anuel Villavicencio en el siglo XIX, así como lo s químicos
colombianos Fischer Cár d enas (1923) y Barri ga Villalba (192 5). La obra d el antr opólogo
Reichel-Dolma toff –de origen austríaco lue go a dqu iriría la ciudad anía colombiana-, tiene
igualmente un valor significativo par a los estudios co ntemporáneos en est e campo. Y no
hay que olvidar l a obra del colombiano Luis E duardo Lun a , aunque poco cono cida en
Colombia, logró renombre inte rnacional por su trabajo con Pablo Amarin go y su o bra
artísti ca. Asimismo el investigado r israelita d e la psicología cognitiva, Benny Shano n, ha
contribu ido co n el tema, lo cual demuestra el inter és científico p or el y agé (SHANON,
2002).
131
Para este apartado de la tesis es la guía que hemos p rivilegiad o.
151
Manuel Villavicencio
132
(citado por Ott , 2000), des cribe los e fectos d el y agé por él
experiment a d os en el siglo XIX:
Yo, por mí, sé decir que cuando he tomado el ayahuasca , he sentido rodeos de cabeza, luego
un viaje aéreo e n el que recuerdo per cibía las perspectivas más deliciosas, grandes ci udades ,
elevadas torres, hermosos p arques i otros objet o s bellísimos; luego me figu raba abando nado
en un b os que i acometido de al gunas fieras de las que me defendía; en seguida te nía
sensación fue r te de sueño del que recordaba c on dolor y pes adez de l a c abez a y algunas
vec es mal estar gene r al. (p. 195)
Es probab le que la p rimera me nción de la ayahuasca fuera la de es t e curioso i n telectual
ecuator iano en 1858, sobre los base de los ins ólitos efectos experimentados por la
ingestión d e esta pócima. Unos po cos a ños an tes, e l británico Richard Spru ce pudo
observar en tre los indígen as Tukano del río Va u pés, el us o de esta bebid a, para luego
recolectar la planta con o cida como caapi y a la qu e d esignó con el nombre ci entífico de
Banisteria caapi (Schu ltes 1988, citado por Ott, 2000, 195).
Mientras Reichel-Dolmatoff trabajaba con los indios Tukano, hizo alusión al trabajo de
Spruce:
Los amigos indios de Spruce le ofreci eron la bebid a, s obre la que habí a oído hablar bajo el
nombre de yajé, de forma que ing i rió una pequeña cant idad pudiendo obser var todo el ri tual
que giraba en torno a esta pó c ima (DOLMATOFF Reich el 1975, c itado por Ott , 2000, 195)
Para la antropolo gía colombiana, Reic hel-Dolmatoff a brió un importante camino de
investiga ción sobre los usos ritu alísticos
133
d el yagé y d e otras plantas visionarias . Es tudio s
etno gráfico s a lo la rgo de l s iglo X X ilust raron que su uso es común tanto en la Amazonía
como en la Orinoquia y en la región Pacifica
134
del Ecuador, Colombia y Panamá.
Ott describe los inicios de la investigación botánica de la p la nta así:
132
Geografía d e la Repú blica del Ecuad or, 1858.
133
La termina ción -lística - es alusiv a a que pertenec e al ritual . No figura en el DRA E.
134 Reichel-Dolmatoff (citado por O tt, 2000 , p . 201) en un artículo publicado en 1960, en la Revist a
Colombiana d e Antropología , titulado Notas etnog ráficas sobre los i ndios del Cho có , reseñ a que en la Cos ta
Pacífica de Colombia, a la prepara ción de Banisterio psis, los Embera y Neonamá le d enominan pildé y dapa .
152
Dos años más tarde en 18 54, en el transcurso de un viaje por la cuenca del Orinoco en
Venezuela, Spruce encontró cerca de las catarata s de Maipures a un grupo itinerant e de
indios Guahibo a los que o bservó mascar el tallo seco del caapi ‘tal como h acen algunos con
el tabaco’. Finalmente en E cuador, en 1859, a los pies de l a c ordil l era andina, Spruce pudo
observar e l us o de la ayahuasca descrita por Villavicencio entre l os indios angatero, mazán y
záparo de la cuenca del río Napo, afluente del Amazonas y aunque no pudo ver la planta con
la que la e laboraban, llegó a la conclusión en base al relato de Villavicencio, de que l a
ayahuasca se pr eparaba con l a m isma planta que e l caapi , Banisteria c aap i , co nocida hoy
en día como Banisteriopsis caapi . A pesar de que l as detalladas notas de Spruc e no vieron la
luz hasta pasad o m edio s iglo (Spruc e 1908), s í que publicó antes un importante trabajo
sobre los “nar c óticos” amazóni c os. (OTT, 2000, p.196)
13 5
Respecto al término aya huasca, hay que anotar que Jo sep M. Fericgla, brind a una
definición que además se co mplementa c on sus diverso s escrito s y e ntrevista s. Así se
expresa Fericgla (1994):
El sus t antivo ayahuasca , es de ori gen quichua. D esde la época c olonial que ya fue
castellanizado dado que el quichua era la lingua franca hablada en t odo el terr itorio an di no
y e n buena parte de la A mazonía oc cidental. Ayahuasca proviene de los términos quichuas
aya , “cuerpo muer to” o simplemente “m uerto”, y huasca que significa “cordel gordo” y
“soga”. Según el diccionario de la le ngua quichua del P. Diego Gongalvez, public ado en 1952
es Aya h uañuk vccu , y “ muerte” es Huañuy, por l o que Aya Huasca , v iene a significar “la
soga” (liana) que permit e ir al lugar de los mue r tos .
Luego a mplia y preci sa lo anterior:
Por este término se cono ce , en primer lugar, una mixtura vegetal de p oderosos efectos
enteógenos, y al mismo tiem po es tambi én el nomb re popular de uno de los c omponent es
vegetales que e nt r an e n la composición de la póc ima, la c onocida liana Banisterio psis c aapi .
Suele darse un error bastant e generalizado que c onsiste en que, al haber un único término
para r eferirse a uno de los componentes y al resultado de la ebullición, muchas personas
creen que la ayahuas c a en teógena es el líquido resulta n te de hervir directamente la liana,
pero no es así. La Banisteriopsis caapi s ola no produce ni ngún efecto enteógeno.
Habitua lmen te la pócima se r ealiza a base de l a c itada liana, que contiene un potent e IMAO
135 Ott hac e u na n ota muy pre cisa acerca del concept o narcó tico. Describe y de fine las clasif icacione s
farmacológica s posteriores y actu ales sobre las drogas , señaland o que este concepto solo lo reserva solo
para los opiáceos. Contextualiza históricamente l a d efini ción en diccionar ios ingles es, para indicar q ue el uso
dado p or Spru ce e inclu so p osteriormente Schult es y Do lmatoff al yag é, es inadecuad o por cuanto és te no
produce l os efectos propios de los alcaloides extraí dos de l a ad orm i dera ( papav er so mmniferum) co mo la
morfina y la codeína y los numerosos deriv ados se mi-sintético s como el diaceti l- morfina o heroína
(Diamorphin e) o xycodona, oxymorfona etc. Y su s a nálo gos artificiales como la M eperidin a, la Metadona,
etc.)… c omo es sopo r, sueño, insens ibilidad. Por el cont rario el y agé amplía la percepción (Ott, 2000, p. 2 47-
249). Para los cha manes q ue r ealizan cer emonias en el Eje C afetero el yag é antes que “d ormir” , “d espierta”,
abre la mente. Inclus o como veremos más adelan te, metaf óricamente “abren el cer ebro”, l a “intelig encia”.
Por eso le dan el significad o de CA MINO.
153
(inhibidor de la monoamina oxidasa ), y o tro espécimen v egetal que ha de contener D MT
(dimetiltriptamina ) en canti dades sufic ientes para qu e dé el result ado ps icoactiv o busc ado.
No hablaré de los diversos especímenes veget ales que contienen DMT (hay extensos estudios
etnobotánicos sobre ello: OTT, 1996), pero sí quiero apuntar que act ualm ente se c onocen
más de 90 especies vegetales difer ent e s repartidas en 3 8 familias (de las que una cuarta
parte son plantas por s í mismas enteógenas), util izadas c omo aditivo a la B anisteriopsis
caapi para produc ir el ay ahuasca. Algunos de l os vegeta les añad idos c ausan s ensación de
frío u ot r os efectos f ísicos o psíquicos c omplementa r ios tambié n buscados para apoyar de
alguna forma el e fe c to visionario .
También se ha propuesto, d ada la cercanía lingüística entre nombres para ayahuasca y
coca ( Erithroxylum c oca o h ayo/haya/haye), que ayahua sca e n verdad significa “coca-
liana” (OTT, 2001).
En un “Breve Informe Sobre La Ayahuasca” el D r. Feric gla (2000 ) env ía a la ilust rísima Juez
de la Au diencia N acional, Sra. Teresa de P alacios, su c oncepto como especialista de apoyo
a l a Ju sticia e n e l cas o de do s seguidor es del Sto. D aime, detenidos en el aeropuerto de
Madrid dura nte el primer trimestre d el año 2000 por tran sportar la mixtura enteógena
conocida como "yagé", "ayahuasca" o "Santo Daime”.
¿Qué es la ayahuasca? La ayahuasca es una mixtura líquida, con efectos psicoactivos,
considerada s agrada por millones de personas indígenas de Sudamérica. Su uso ac tual se ha
extendido por el mundo occident al gracias al interés p or l as medicinas alternativas, los
valores étnicos y el chamanismo, ámbitos donde se usa para provoc ar e stados de car á c ter
cur at ivo, místico y visiona r io. E l término ayahuasca pro vi ene de la lengua quechua, popular
etnia tradicional que habita los Andes. Ayahuasca viene a s ignificar: "liana que lleva a visitar
a los muertos" , dado que los quechuas creían -y creen- que cuando se está bajo e l efecto
psicoactivo de l a ayahuasca se tienen visiones del mundo habi ta do por los espíritus de los
antepa s ados .
Por su lado, Ott (2000) nos brinda una detallada información botánica:
(...) A pe sar de que la mayo r ía de las pociones de ayahuas ca, c aapi y yajé se prepa r an a base
de extractos de la planta des crita por Spruce, Baniste r iopsis caapi, tambi é n se utilizan otras
espec i es de Banisteriopsis. D e ella la más importante e s B. inebrians
136
, utilizada s obre t o do
en las zonas amazónicas próximas a los Andes (Cuatrecasas, 1 96 5 ; Morton 1931; Schult e s
1957ª) aunque actualment e se cons ide r a esta planta y B . quitensis son sinónimos de B.
caapi (Gates 19 82; Schultes y Raffauf 1 990). Se ha descrito también el uso de otra especie B.
martiniana v ar la v éis (B=martinian a var . 1975). Los indios waorani de Ecuador ut i lizan la
espec i e B anisterio ps is muricata ( =B. argentea; B metallic olor) , a la que l laman míi ; como
136
Según Ott es sinónimo de B. ca api igual a B. quitensis .
256
medid a según situación conc reta, un a po sibilidad fen omenológica en la acción
comprensiva .
Se trat aba de un t rabajo y así fue asumid o, hac iendo el reg istro vivencial en el camp o, en
el que a veces el etnógrafo es y se siente como extraño, pero también, según las
circunstanc ias, es el conocido, incluso el amigo. E l “profe”, m e llamaban algunos
habitua lmente, sobr e todo, a quellos participant es q ue con el tiempo se hic ieron
conocidos. Incluso cuando el taita-chamán o el neo- cham án sabía de mi presencia, la v oz
de referencia y con tacto adquiría significación de confianza.
Luego venía lo más difícil: en el ejercicio d e escritura, retomar las notas del d iario d e
campo, p ara p osteriormente hacer e l trabajo de r evisión y reelaboración d el escrito.
Además de est o, hacer la construcción es critural com o forma y c on tenido,
necesariamente l igada a las hipótesis y teorías abstractas que le dan s ustento y proyección
o realizar l a traducción e int erpretación de una imag en en un concepto. Dos circunst ancias
a a sumir en el ejercicio d e e scritura. E ra claro qu e en la participación lo e sencial era
compart ir el lugar y el mo mento con las demás pe rsonas; mientras q ue la observación
exige un esfuerzo intelectual, en tanto hay que ten er cla ro el ob jeto y el objetivo de la
presenc ia en la acción, para lu ego da rle a ello forma en la e scritura. Recordemos con
Clifford (citado po r PA R KER, 1986) que :
Desde los tiempos de Mali no wski, el método de observación participant e ha r epres e ntado un
delicado equilibrio de subjetivi dad y objetividad. Las experiencias personales del etnógrafo,
espec ial me nte aquellas de participación y e mpatía, son re c ono c idas como bá sicas en el
proceso de investigación , pero están firmemente restringidas por los estándares
impersonales de obse rvación y dista nci a “objetiva ”. ( p. 13)
Al in iciar el tra bajo de campo, sentía la extrañez a d e entrar en un mund o e n principio
desconoc ido, p ero q ue, progres ivamente, luego de lo s primeros contactos logrados en
unas re uniones ajenas para mí, y tra s estudiar e ind agar más al res pecto, se fue hacien do
cada vez más familiar. L a pr imera cere monia en la que participé quizá fue la más
sorprendente, si bien me se ntía “bien entrenado para h acerlo”, pues llevaba cerca d e tr es
años acercán dome al fenóme no, realizando entrevista s y consul tan d o la literatura
científica a la qu e tenía acceso, pero fue la prime ra vez que estuve e n un a cer emonia solo
257
con indios y en la cual éra mos –me acomp añaba mi d iscípula guía-, los e xtraños, lo s
extranjeros.
En las c eremonias de nuestro entorno o ccidental y urbano -rural de Manizales, ex istía la
confianza y el conocimiento del lugar en donde se realizaba, así que, en estas
circunstanc ias, el extraño e ra el taita o chamán ind ígena qu e estaba a llí c ompart iendo su
tradición. Un a tradic ió n igua lmente desconocida, e n la cual se cantaba, se rezaba y se
brindaba un bebedizo completamente m isterioso y que venía empacado en bote llas de
plástico, cuya apariencia en sí generaba, para nu estr as cos tu mbres, desc o nfianz a, p or el
empaque mismo y el olor a veces repugnante.
En este a mbiente , la interacción su bjetiva, nec esariamente “intersubjetivada”, co n los
otros r esultaba rel evan te y cr ucial. ¿ E ra posible con struir al g o o bjet ivo?; ¿cómo? ¿Acaso
era p osible h acer un a “traducción ” de la exper iencia med iante la escritura? ¿Corres pondía
lo vivido con lo q ue rela t aban y escribían en libros, revistas e internet sobre ta l
experiencia? ¿Er a algo parecido a lo q ue den omina E liade “trance estát ic o ”? Claro, h oy e n
retrospectiva, pued o afir m ar que navega ba en la i g noran cia.
Prosiguiendo con un a breve descripció n de la primer a experiencia, debo anotar que la
sustancia , a l se r in gerida, pro ducía e fectos raros en e l organismo; qu izá se lo s podría
comparar con los de una bor rachera etílica, en tant o en ambos cas os el vómito es lo más
común, pero en este encuentro, lo d iferente, lo traumático, era l a incapacidad d e camin ar
con la vista poblad a de imá g enes desconocidas y extrañas, y simultáneament e sentir
deseos de excretar, lo que denominamos comú nmente, “tener o sentir daño de
estómag o”.
La participación en el ritual se estaba llevando a cabo con nu estro o rganismo revuelto y
completamente incontrolad o. ¿Y la observación? ¿Qu é observación podía hace rse si
apenas alcanzábamo s a estar allí, casi d isca pacitados , sin tiendo cos as r ealmente
desagrad a bles ? P asado el pr imer o le aje físico y psíqu ico de la b ebida, ven ía una q u ietud
de varias hor as, que nos ubicaba participativamente, en un estado, según dec ían lo s
chamane s, de cu r ación, propi cio p ara mejorar nuest ro es tado de salud. Lo p aradójico de
258
todo esto, era q ue nos en contrábamos con un grupo de enfermo s o p acientes, con
quienes a parentemente habíamos llegado bien al lugar, digam os que en estad o normal,
pero al p asar e l tiempo y luego de tomar el remedio, escuchar una riquísima variedad de
cantos y sonidos, ahora nos sentía mos terrible.
Esta p rimera expe riencia nos condujo ne cesariamente a considerar q u e, para co mprender
el relato –o b tenido por medio de las entrevistas- de las personas qu e habían p articipado
de este tipo de c eremonias, solo era posible si habíamos pasado po r la e xperiencia que
ellos narraban, para que así lo “inenarrable” se en tendiera. E s decir, e ra necesario
aprender la len gua del yagé y esto implicaba, por su puesto, participar en lo s rit uales, con
el fin d e c onocer el a becedario y la constru cción sintá ctica de esta lengua. Quizá de esta
forma, podría afirmarse que en realidad, la afinidad entre la subjetividad y la objetividad,
la permit ía la misma lengua del y agé, siempre y cuando se la c onociera mej or. Esto
permitía justament e “captar” el s ignificado o mejor el “espíritu” de t al r ealidad, de las
realidades de la s enseñanzas que se trasmitían.
Como ya se ha aclarado, la entrevi sta, técnica c l ásica y necesar ia en la investigación
cualitativa, e s el med io pa ra re gistrar la s narra t ivas y lo s r e latos. Ten er u na guía es muy
importante, p ero es ap enas uno de los ele mentos de tr abajo pa ra or ientar un d iálogo, en
especial dejando flu i r l a capacidad disc u rsiva d el entrevistado. Lo más importante, es
lograr crear, de ma nera posi tiva, la mejor situación de confianza con quien se d ispone a
participar en la entrevis t a. E n nu estro caso, l as e ntre vistas comen zaron a c oordinar se
desde los ritua les mismos o a t ravés de personas qu e c ontactábamos e n estos espacios o
por recomendació n.
El ritual tiene un antes y un despu és, así que se apro vechaban al máximo e stos mo mentos
como el escena rio en que se real izaba, para ambie n tar d e est a forma la entrevista y al
mismo tiempo c oncertar o tras. El h echo de haber recorrido un camino y hab er logrado
relacionar la medicina ancestral con e l medio académico , así como hacer explícita la
necesidad d e contribuir con este trabajo con una inform ación ob jetiva y, en e special, da r a
259
entender que los participantes en trevistados constituía n la voz h umana de la medicina,
desde s u prop ia ex periencia, cons tituyó un fa c t or que pro pició confianza e interés de
participar.
Solo en algunas ocasiones n o se cumplieron las ent revistas programadas, puesto que s e
presentar on inconven ientes in superables en su momento , lo que llevó a qu e se real iz aran
posterior mente. La entrevista fue entonces la herramienta básica y sutil, ju stamente para
“estudiar la s experiencias subj etivas d e ma nera o bjetiva” (PARKER 2012), pues como
técnica, e ra la que posibilita ba la interacción entre l os investigad ores y los ent revistados.
La entrevista , en el se n tido Shultziano (cit ado por PARKER, 1 986), es una constr ucción con
sentido común, en cierta forma “mundana”, que co ntiene reflexividad sociocultural válida
que da cuenta de la reali d ad, est o es, es realidad s o cial, en tan to es existencial.
Por el término de “realidad social”, quiero que se ent ienda la suma total de objetos y suceso s
dentro del m undo social y cultural experimentado s por el p ensamiento guiado por e l sentid o
común de hombres que viven sus v idas dia r ias e ntre sus contemporáneo s, conectad os con
ellos en múltiples relaciones de interacción. Es el mun do de o bjetos c ulturales e instit uc iones
sociales en el cual todos nacemos, dent r o del cual tenemos que orientarnos y al que tene m os
que llegar acepta r . (p.236)
Por consigu iente, en el tr anscurri r d e la investigación, no s enfocamos co n especial
aten ción en el vínculo entre investigadores y relatores o info rmantes, con la evocación de
trasfondo a la experienci a del ritual de la EMYA; p uesto que , en la dinámic a int erétnica
estudiada, ésta comienza a ser parte sutil de una r ealidad qu e ya co mpartimos e n el Eje
Cafetero y que, de algu na forma, inci de en la re-significación que tiene luga r en la
conformación d e e stilos de vida alt ernativos. Con la entrevista , t al “realidad” deviene en
medio d e construcción intersubjetiva y novedoso, curioso, distinto.
La dimen sión ét ica se adopta como bioética, dad o el sentido n eo-chamanístico que se
encierra en la e spiritualidad de lo que se v ive y c omparte; igu almente como poten cial
energético d e la vida , con s u s e lementales simbólicos q ue se expres a n en t odo lo que
tiene se n tido, lo cual necesariamente es tá dinamiza do en el diálogo int er subjetivo co mo
constru cción de realidad .
260
La t écnica d e grupo fo ca l so lo s e utilizó, en sentido estricto, en do s grupos familiares, en
tanto fueron ca sos m uy especiales. Llama la at ención la forma en que, a partir del
contacto de algunos de los miembro s co n la EMYA, el gru po familiar p rogresivamente se
incorpora a p articipar en los ritu ales. En fin , esta técn ica ha tenido un auge desde hace al
menos do s décadas, con resultados muy alentadores que han contr ibuido al
esclarecimiento d e la realidad , justamente en t rab ajos asociados a temas de sa lud y
destinados a la orientación y fund a mentación de pro gramas de atención p rimaria en
salud. Pa ra el caso n uestro se b uscó la ad aptación d el grupo focal, con b ase en la
experiencia que ya hemos tenido en otros estud ios puntuales
219
, a un ambiente que
evocara e l ritual. Esto dio lugar a ex presiones creativas en la investiga ción p articipativa
220
,
especialmente, e n u na dimensión d e esp iritualidad re flexiva, anclada en la experiencia d el
ritu al.
Finalmente , f u e necesario rea lizar algunas aproximaciones más ín timas a las vidas de
algunos neo-chamanes del mun do u rbano-rural d e M aniz ales y el E je Cafet ero –a través
de unas breves t rayectorias de vida-, con miras a ilustrar y enriquecer el tra bajo; ellas se
elabora ron a p artir d e las entre vistas y la ob servación participante en los ri tuales, con el
apoyo de r egistros visuales qu e sirvieran para ident ificar a la persona. Igualmente se co ntó
con el aporte de otras fuentes documentales, espe cíficamente, t rabajos y tesis de gr ado,
en lo s cuales participamos como directores y presidentes.
219
En nuest ro cas o co mo como cod irector de investigació n del pro yecto “ P ercepciones culturale s sobre las
prácticas e im aginarios d el uso de dr ogas ilícitas (mari huana) y licita s (bebidas alc ohólicas-c erveza) en
jóvenes de 12 a 18 año s, en 16 ci udad es de Bra sil ”. Univ ersid ad Mus eo So cial Argentino UMSA / Uni versidad
de Caldas . 2010. En: FELONIU K, Iván Serg io. 2012. Cuad ern os de Bioética. No 17. Adhoc. Buenos Aires. Pág.
167.
220
Esta deno minación no refiere a la In vestigación Acción p articipa tiva IA P , método creado y pro m ulgado
por el fecund o y genia l sociólogo e int electual colo mbian o Orlando Fals Borda, a quien debemos enorme
gratitud humana, política e intelectual.
261
CAPÍTULO VI
6. ÁREAS GEOCULTURALES DE OB SERVACIÓN: LAS R EGIONES IN DÍGENAS DEL ALT O
Y BAJO PUTUMAYO (AP y BP) Y URBANO-RURALES DE MAN IZALES -CALD AS
Este c apítulo tiene co mo o bjetivo situar y lue go d escribir l as dos áreas de o bservación,
localizada s en Colombia en los departamentos de P utu mayo y Caldas (munic ipio de
Manizales, Eje-Cafetero ), con base en datos provenientes de la revisión bibliográ fica, d e
carácter sociodemográfica, económica y etn ohistórica d e las mismas. Contiene las
siguientes seccione s:
Primera sección: Se hace un a brev e introducción de geolocalización visual y esquemática
mediante la present ación de un Mapamundi (Mapa No. 01/06 ) p ara visualizar lo siguiente:
1°. E l contexto a cadémico y d e local ización de la t esis en el p roceso de formaci ón del
doctor a n te en Sevilla, Es p aña y la realización d e la Investigación e n Colombia, municipio
de Manizales , Caldas.
2° Representar lo s m o vimientos etn o históricos e interétnicos me d iante vectores,
marcando c omo fecha de inicio 1492, añ o e n que se dio origen a l mestizaje en Col o mbia y
América Latina, y a través de los cuales se c onformó la población dominante, pero que
aún conser va sus raíces e n los pueblos ind ios, hispanos y africanos.
Y 3° El origen histórico de las dinámicas interétnicas en tre continentes y las regiones de
observación .
Segunda sección. Ést a da cuent a de Colombia como paí s y territorio, s o bre la base de
algunos datos sociodemográficos d el censo 2005, des tacando de ellos cinco perfiles d e
factores de inter és en lo tocant e a lo s cambios dir ectos e indirectos sob re paut as
cultura les. Se presenta el M apa No. 02/06 q ue visualiz a el territorio de Colombia y localiza
las d os regiones de observación, ubi ca das en la Cord illera de los Andes Caldas-Manizales,
al No rte y e n el centro del p aís y Putumayo, al sur, i ncluyendo el piedemonte am azónico y
límites del país c on E cu ad or.
Tercera sección : a quí se describen algunos d atos sociodemográficos del perfil de la
pobla ción y a t ravés del m apa No. 03/06, se localiza n lo s municipios en los que se
262
evidencia la p resencia cu ltural de los pueblos yageceros, que establecieron contacto y
han mantenido hasta el presente relaciones a través de la EMYA, po r intermedio d e tait as,
neo-chamanes y neo-chamanes indígenas,(RONDEROS,2004) acompañados de
practicantes h abituados y asistentes esporádicos a los ritua les de la med icina en
Manizales, Caldas y la r egión del Eje Cafetero.
Para p recisar es t os tér min os, n os referir emos a estas denominaciones d e la siguiente
forma:
1. Taita/ curaca/chamán . Es el sabedor vernáculo. Sabe cómo m anejar la vis ión p roducida
por la EMYA, al igual que conoce de remedios y trat amientos pa ra la curación. Cham án es
una defin ición antropológica, ya establecida y acept a d a en el mundo ac adémico.
2. Taita/ cha m an/ curandero . Son l os taitas que tienen experiencia y rec onocimiento entre
sus comunidades y r ealizan la mayo r parte de s u tra bajo co mo médico tradicional
indígena, en r ituales urbanos o zonas rura les diferentes a su territorio. E sto representa, a
su vez, que la E MYA opera ta mbién como u na med icina tr adici o nal alternativa.
General mente cu entan con el a poyo d el cabildo y el gobernador ind ígena, respaldado en
un carnet de médi co indígena exp edido por el mismo Cabildo. E l término cha man se su ma
al de taita, pu es paulat ina me nte f u e g anando tal acep tación qu e in cluso los mismos taitas
comienzan a usarlo, lo c ual se dio también a ca u sa del respaldo académico y del med io
urbano. Y curand ero, porque las práct icas asociadas a l a E MYA comb inan e l conocimiento
y la salud.
3. Ne o-chamán/líder y espiritua l/curandero . Es un occidental mestizo o blan co que reside
en la ciudad co mo un occident al que, e n el c aso de Ma n iza les, t iene la caracterís tica de
manifestarse o ser r econocido como líd er espiritual de grupos o rede s de personas en
busca de conocimient o; p or lo general, e stos grupos t ienen vín culos o se h an in spirado en
filosofías orienta les y gnósticas, esto con m iras a alcanz ar una salud int egral para la vida,
labrando así un camino eco lógico p ara la sana ció n co n el a poyo de l a EMYA. También
exploran otras medicinas ind ígenas por m edio de prácticas y bio ensayos con o tras p lantas
como la co ca –en la fo rma de mambe-, el tabaco fu mado, aspirado (fosca o rap é), el y opo,
263
hongo s psilocí b icos, cannab is, entre otras; o técnicas com o el temazcal y la meditación
zen.
Cuarta sección : a pa rtir de datos sociodemográficos se hacen los per files de Cal d as y
Manizales, correspondientes a l censo 200 5. Igualmente se realiza una de scripción region al
y cultural de lo s municipios en que se realizó el trabajo de campo (m apa No. 04/06).
6.1. Dinámica s etnohistóricas e interétnica s
Mapa 1
Se ilustra y localiza los d os países en que se ar ticula esta tesis : Colombia, Calda s, lugar en que se realizó l a
investigación; y Sevilla, Es paña, en d onde s e desar rolló el proces o aca démico. Con los v ectores se vis ualiza r
el movimiento (los vectores) del pro ceso etnoh istóri co d e encu entro s i nterétnicos entre pueblos indi os,
negros e hi spalenses, a parti r de la llegada de Col ón al Cari be, el 12 de o ctubre de 1492 y que con tinúa hasta
el presente. También las dinámicas de m esti zajes, entre negros esclavos africano s llevados a América y
cuyos descend ientes hoy son “nacion ales” d e varios pa íses de Amér ica
221
.
Para comenzar, vale la pen a re cordar que fue desde la h oy Comun idad de And alucía, en la
Ráb ida específicamente, donde Colón lo gro convencer a la reina Isabel para qu e ap o yar a
221
Diseño y creación técn ica de los mapas present es en es te cap ítulo: Ánge la P. Zea Betanc ur y el autor.
264
esta empresa, la cual con stituyó “un da to” empírico y de terminante p ara el “proye cto de
investiga ción h istórica y cien tífica”, sobre la teoría heliocéntrica, planteada ya d esde la
antigüedad por el griego Aristarco de Samos en el siglo III A.C., y que se demostraba
científicamente co n la publicación del libro De Revo lutionibus Orbium Coelestium, en 1543
por Copérnico.
6.2. Co lombia: Datos sociodemográficos y de lo calización de la s do s re gi ones y
área s d e ob servación, ub icadas en los departamentos de P u tuma y o (AP y BP )
y Calda s
222
Colombia es una R epública u nitaria
223
, situada e n la reg ión noroccidental de Améric a d el
Sur
224
. Se caracteriz a p or s er una p aís t ropical con “dife rencias re gionales que se defin en
por una serie de factores m uy claros tales c omo las características del relieve (ya sea
montañoso o l lano), la distan cia a l ma r, el p ro m edio de lluvias y las condiciones d el suelo”
(Wikipedia, “Reg iones naturales de Colombia”, 2014) . Las siguie ntes son las seis region es:
Amazonia, And ina, Caribe, Insular, Orinoquía y Pa cífico.
222
Geográfica mente, la s d os regio nes s e encuentra n localiza das en la cordillera d e los Andes, as í: Putu mayo,
en el S ur d el Macizo Colo mbian o y Cald as, Manizales -Eje C afetero, al Norte en la Cordill era Cent ral y zona
central del país.
223
“Es tá co nstituida en u n estado s ocial y de m o crá tico de derecho c uya f orma de gobie rno
es presidencia lista . Está organiz ada p olíticament e en 32 departa mento s descentraliza dos. La capital d e la
repúblic a es Bogotá . La sup erficie de C olom bia es d e 2.129. 748 k m², de l os c uales 1.141. 748 k m²
correspond en a su t errit or i o contine ntal y los restantes 988.000 k m² a s u exten sión marítima, d e l a c ual
mantiene un dif erendo l i mítro fe c on V enezuela y Nicaragua . Limit a al este c on Ven ezuela y Brasil ,
al sur con Perú y Ecuador y al nor oeste con Pana má ; e n cuanto a límit es marítimos, colinda con P anam á,
Costa Rica , Nicaragu a, Honduras , Jamaica , Haití , República Dominicana y Ve nezuel a en el mar Caribe , y con
Panamá, Cost a Rica y Ecuador en el oc éano Pacífico . (Wikip edia, “Colombia”, 20 14)
224
“Col ombia tiene de latit ud nort e 12° 3 0’ 40” en Punta G allinas e n La Gu ajira y 4° 13’ 3 0” de latit ud s ur en
las bocas de la quebrada San Antonio en el extremo del Trap ecio Amazónico. Parti endo del meridi ano de
Greenwich, Colo mbia tien e lon gitud occide ntal; e sta es de 66° 50’ 54” en el ext remo e st e en la isla de Sa n
José en el río Ne gro, frente a l a Piedra del Coc uy y 7 9º 01 ’ 23” en el Cab o Manglar es en el e xtremo oeste. La
mayor parte de C olombia está al n orte de l a líne a ecuat orial. El m eridiano 74° de longitud o este pas a po r
Bogotá, det erminando la hor a e n t odo el país, qu e prácticam ente e stá dentro d e u n mismo huso hor ario”.
(GeoColo m b ia, 2014)
265
Según el re loj de población d el Departamento Admi nistrativo Nacional de Es tadísticas de
Colombia (D ANE), el 17 de marzo de 2 014 tenía 47. 506.202 habitantes y la población
ajustada al 30 de junio de 2 005, según el censo era de 42.888.592.
La demografía de Colomb i a e s car acterizada por s er e l tercer país más poblado e n
Latinoa mé ric a, de spués de Mé xico y Brasil . Colombia ha experimentado un rápido
crecimiento p oblacional c o mo muchos países de la región, con un leve de scenso en la s
últimas décadas. Como re s ultad o del con f licto armado en el país, existe una población
emigrante de alrededor de 2 mi llones en e l exterior. Sin embargo, gracias a mej oras
económicas desde la década de los 2000, en los centros urbanos ( probableme nte el país m ás
urbanizado de Latinoamérica, y como uno de los paíse s con may or canti d ad de ciudades), ha
mejorado los estánda res de vida de la tradicional economía e stati fic ada del país. ( Wikipedia ,
“Demografía de C olombia ” , 2014)
Colombia . Los Andes. Localización Caldas y Putumayo
Mapa 2
Ilustra la localización d e l as d os r egiones y áreas de obser vaci ón del trabajo, al igual que la ru ta s ur a no rte
del viaje de la medicina del yagé, en su recorrido h acia M a ni zales, Calda s
.
272
inhibe inevitablemente el acto social de las b odas, devenido en ciertos co ntextos, como
un acto suntuario, por las modalidades, estilos y los costos que implica.
6.2.4. Educación
Al respecto, hay qu e observar el dato de l vínculo a estab lecimientos edu cativos en
individuos de gr u po s de ha sta 2 4 años, que llega al 67% y que no menos de la tercera
parte (37,2%) ha alcanzado el n ivel básica primaria y el 31 ,8% la secundaria y un 11 ,9% el
nivel superior y postg rad o , pero sim ilar a este (10,2%) no han acced ido a la ed ucación en
ningún nivel . Son da tos de interés, si consideramos que la educa ción puede llegar a ser un
factor determinante en cambios culturales y en especial d e inserción a l mundo
globaliz a do, máxime hoy con e l acceso en las escuelas a medios d e intern et e informática,
lo cual incide igualmente en las dinámicas interétnicas.
6.2.5. Dinámicas migrator ias y conflict o s de desp lazamiento forzado
Los d atos censales i ndi ca n u na movilidad importante que, en parte, se asocia al fenó meno
sociopolítico conocido como “d esplazamiento forzado”, vinculado al conflicto armado,
situación que ha pade ci d o Colom bia y en particular, las pobla ciones indígenas. Según la
Federa ción Int ernacional de So ciedad es de la Cruz Roja y de la mediana Luna Roja (2014),
es importante h acer pre ci siones en la diferenciación de estos fenómenos, pue s
Si bi en la migración y el desplaz amiento están inter relacionados, de ben di stinguirse. La
situación de l as poblaciones desplazadas, ya sea a través de fronteras (por ej empl o,
afluencia de refugiados) o dentro de sus países, debido a un de sastre o un c onflicto armado,
requiere por lo general la puesta en marc ha de operaciones de s ocorro conjuntament e c on
una labor orientad a a brindar soluciones duraderas colectivas. La migración, a su vez, suele
requerir asistencia social, protecci ón jurídica y apoyo a las pers pectivas futuras más
individual izadas.
Los dato s c ensales sobre migr ación y desplazamiento da n par cialmen t e cuent a del
fenómeno e ilustran difere nciacion es municipales y dep artamentales respecto a las causas
de la movilidad y ubicación po blacional, per o no arro jan con claridad y precisión como se
asocian unos datos con otros. Cambio de residencia por los motivos asociado s a
amenazas a la vida son men os del 5 %, un 50% a bú squeda de t rabajo (48.8%) y fam iliares
273
(15.7%). El desp lazamien to fo rzado estaría asociado a amenaza s
En las dos regiones de observación, a part ir de lo s d ato s se aprecia un gr an contraste, que
indicaría que la c ausa d e cambio de r esidenc ia por a men aza a la vida , es
significativamente m enor en Caldas-Man izales que en el Putumayo. Lo cierto es que
Colombia, en los ú ltimos a ños, h a s ido co nsiderado el país con mayor cantidad de
pobla ción d esplazada (especialmente la población ca mpesina e ind ígena) d e manera
forzada, lo cual se encuentr a en e strecha relación co n el histórico conflicto ar mado de
origen izquier dista, qu e emergió en el contexto post segunda guerra mundial, t ambi én
conocido como la “ g uerra fría” entre capitalismo y comunismo .
Este con flicto g enera reacciones diversas, e ntre la s que se encu entra el est ado de
inseguridad vinculado a de litos de homicidio y secu estro, pero con mayor incidencia en
algunas regiones como en el caso de l Putumayo; puesto que all í se eje rce con fu erza la
presión de ba ndas criminales o contratadas por grup os y personas, interesadas en
aprop iarse de la ti erra, media nte el terror y las amenazas, exp ulsando a la p oblación de
una zona determinada; ésta, luego es “tomada” como territorio de los o cupantes
violentos, qu ienes obligan a los pr opietarios a ven der a persona s im postoras pa ra
entregarla a los violentos quienes, en al gunos casos, como se h a d enunciado, podrían
estar as ociados a la expl o tación minera y de otros recursos naturales.
6.2 .6 Economía y actividades industriales
Los d atos ilust ran que cerca de un 10% de lo s estab lecimientos se dedican a la ind ustria,
entendida ésta como ac tividad p roductiva, pero el comercio y los servicio s (muy
importante lo s públicos y telefonía) superan el 8 0% y que la població n oc upada, lo realizan
unidades económic a s dominantemente, que ocu p an empleados y t rabajadoras entr e 1 y
10 in dividuos. Puede interpretarse que Colombia es una sociedad econó micamente
depend iente de e conomías extranjeras y empresas t ran snacionales, tanto en sus
requerimiento s de capital p roductivo, como en el comercio y lo s servicio s, actividades
predominant es en el censo d el 2005 (49,9% a comercio; el 32, 6% a servicios), la s c uales se
encuent ran articuladas y son d ependientes de la producción extranjera; esto sucede
274
incluso en regiones pe riféricas de c o lonización, como es el caso del Putumayo, que está
muy a sociada a la dinámica comercial de mer canc ía s p roveniente s d e China y el oriente, y
cada ve z meno s de otro s países, como USA y E urop a. Pero igualmente s e dest aca que ho y
día, Colombia sigue s iendo un país export a d or de re cursos natur ales. La minería es un
fenómeno h istórico que se r emonta a la época coloni al co n el o ro y la p lata, y al que hoy
se le añade el p e tróleo y el carbón e inclu so materiales "raros"; sin embargo, e l p aís tiene
grandes limita ciones product ivas n acionales, debido a las polít icas de la clas e dom inante,
por lo cu al n o h a lo grado ser autosuficiente en insu mos y producció n indu strial, como la
gasolina, a limentos e incluso vestuario.
Teniendo como referencia el an t erior co ntexto nacio nal, ah o ra pasa m os a la d escripción
de las dos áreas culturales d e obser vación, sobre los mismos d atos cens a les d el 2005 y
destacando los mis mos ítems precedentes.
6.3. Ba jo y Alto Putumayo. Pueblos y Comunidades
6.3.1. Geografía y denominac ió n
Esta región toma s u nombre d el río Putu mayo, el cual nace en el mac i zo colombiano,
específicamente en la laguna de L a Co cha, en lo s p áramos que cir cun dan el Valle del
Sibundoy, tod a esta zona es tamb ién conocida como Nudo de lo s Pastos. El A lto Putu may o
(AP) está inte grado por los mun icipios de Sibundoy, S antiago, San Francisco y Colón, en
cuyo territorio habitan los pueblos indígenas y a gecero s d e los Ka msá y los Inga, estos
últimos de ascendenc ia inca.
Una particul aridad de estos último s, e s q ue además localiz an p arte de su población en el
Bajo Putu mayo. Un rasgo d e su identidad es que tradicio nalmente h an s ido viajeros, c as i
que comerciantes permanentes d e me r cancías di versas, p arte de lo cual e stá asociado a
su t radicional cono cimiento de las medicin as amazón icas y a la comercializa ción de e stas.
Esto los ha convertido en un p ueblo con alto intercambio interé tnico -ho mbres y mujeres
de otros p ueblos-, pero también con colonos no indígenas.
275
Putumayo AP y BP. Localización Pueblos indígenas
Mapa 3
Localiza las regiones d el A P y BP con lo s municip ios e n d onde s e lo calizan los pueblos indígenas AP:
Camentsá e In ga y BP: Kofán y Siona
Río Putum ayo. Puerto Asís. Bajo Putumayo
Figura 5
276
Fue nte: Jorge Ronderos Valde rrama
Al fondo terri torio de la Repu b lica de Ecuador. Im ag en tomada d esde la riv era colombian a
M u nicip io de P uerto Asís. Campo , 25/ 04/2012
El río Putumayo demarca l ímites con la República de l Ecuador y luego, en dirección al
sureste, va a desembocar en el río Amazonas, a ún más al sur d el municipio d e Puerto
Leguízamo, a 1000 Kms. d esde su nacimiento. El río h ace un tr ayecto que va en de scenso
de los Andes al pied emonte y las llanuras amazón icas, territorio en el cual hab itan los
pueblos ind ígenas Siona y Kofán, espec íficamente, en lo s territorios de los municip ios de
Puerto Asís, Orito, Valle de l Guamuéz y San M iguel. To do este territorio ha ce parte de la
gran reg ión amazónica.
6.3.2. Población y presencia i n dígena an cestral y actual
El t otal d e la pob lación de l Putumayo, se gún censo de 2005, correspond e al 0 ,5% de la
pobla ción en Colombia, correspondiente a un total de 214.442 individuos. La caracter ística
común de estos municipios, e s que la pobla ción, en un a p roporción sign ificativa si bien
diferen ciada por m u nicipios, se r econoce como in dígena. Por su den sidad, ha s ido un
territorio históric amente hab itado hasta el presente p or ind ígenas, si bi en s u p oblaci ó n ha
dismin u ido drásticamente desde la Conquista, pasando por el período de la Colonia y
luego l a independencia y finalmente la cre ación de la república. A nivel departamental, el
20,9% se reconoce como indígena, lo que equivaldría a 49.574 i ndividuo s y e n la
proyección a 2010 a 6 8.153 ind ividuos. A nivel mun icipal, hay diferen cias r elativamente
mayores en todos los municipios del AP, así: Santiago 61,7%, Colón 36,1%, Sibundoy
34,1% y San Fr ancisco 2 5, 3%; en el B P es men or la proporció n, con excepción de O rito con
34,2%, pues en e l r esto d e mun icipios como Pto. Asís, Gu amuéz y San M iguel está
alrededor del 10%, pue s en ellos predomin a la población colona y mestiza.
Cuadro 3
Comparativo Perfiles Putu mayo depa rtamental y municipal
Alto
Putumayo
Kamsá e Inga
1.Población
C2005:237 .197 (0,5%)
2010- 326.093 (0,7%)
2: %H/M
50,7/49,3
3. %
Indígenas
20 ,9
4. %CYG
Cas/UL
5. %
TV CE
89,8/
6.
PXH
3,8
7. % Ana lf
7,9
8. % Educ
P,S,UP
50,8/25,8/
9. %
Pr. R.
13,5
10. %CC R
T/F/AV
19,5/25,4/16,5
11 %EAE :I-
C-S-O
7,3
277
66,7
Sibundoy 11.529 (4,8%)
13.703 (4,2%)
48,4/51,6 34,1 27,8/16,5 92,0/
95,8
3,9 4,9 44 ,6/32,0/9,7 14,6 15,2/31,7/17,0 0,0
Santiago 5.830(2,4%)
9.830(4,2%)
49,2/50,8 61,7 30,0/11,6 99,0/
88,2
3,7 7,8 53 ,7/22,9/4,2 7,5 1 7,8/24,6/15,0 0,0
San Francisco 5270 (2, 2%)
6948(2,1%)
49,6/50,4 25,3 30,4/12,8 95,6/
92,1
4,0 4,6 48,0 / 31,3/6,2 9,1 14,5/41,2/10,9 0.0
Colón 4198 (1,7%)
5321(1,6%)
49,0/51,0 36,1 29,3/17,7 95,7/
95,8
3,9 5,5 46 ,9/29,4/6,9 15,0 19,8/42,1/14,2 0,0
Totales y
Promedio
2005: 2 6827 (11,3%)
X: 6706 ,7
2010: 3 5802(10,9%)
X: 8950 ,5
XH:49,04
XM:50,95
X:39,3 XC: 29,37
XU L: 14,65
3,87 5,7
Bajo
Putumayo
Siona, Cofán
e Inga
Pto. Asís 45745(19 ,2%)
57494(17, 6)
50,7/49,3 12,5 16,0/28,5 85,7/
64,9
3,7 7,5 50 ,7/28,5/4,8 10,9 20,1/27,8/13,8 7 ,5/58,8/3
0,8/6,9
Orito 39.519 (16,6%)
47.587(14, 5%)
52,2/47,8 34,2 15,6/29,8 91,9/
50,1
4,0 9,3 57 ,3/27,8/3,8 5,4 1 9,9/20,3/15,6 4,6/ 51 ,7/3
3,0/16,6
San Miguel 15.245 (6,4%)
24.022 (7,3%)
52,3/47,7 10,0 15,2/37,2 96,5/
35,2
3,7 7,2 59 ,8/18,6/2,0 9,1 32,0/39,9 /8,2 0,0
Guamuéz 32.958 (16,8%)
48.597(14, 9%)
51,7/48,3 9, 0 17, 6/28,7 90,5/
57,7
3,7 9,1 56 ,1/28,8/1,8 13,5 23,9/22,4/13,5 0,0
Totales y
promedio
2005: 1 33467(56,2%)
2010: 1 77700(54,4%)
XH:51,72
XM:48,27
X:16,42 XC: 16,10
XU L: 31,05
3,77 8,27 XP:55,97
1. Población Total y % respecto al país y al departament o. 2. Sexo: Hombre y mujere s. 3. Rec. Indígena. 4. Estado conyugal 10 años y
más: Casados y U libre. 5 Ti po de vivienda y
Servicios con que cuenta la vivienda conex ión eléctrica (C.E). 6. Pers onas por hogar .7
Analfabetismo. 8. Nivel escolar prima ria, secundaria y universitari a y postgra do ( UP ) . 9. Residencia de 5 años antes (Población de 5 años
y más).10 Caus a cambio de resi de ncia ( CC R) durante los últimos cinco años: Trabajo (T), Familia (F) y A menaza Vida (AV).11 .
Establecimient os según actividad e conó mi ca. (I, C, S y O) Fuente: DANE: 20 05
6.3.3. Pueblos indígenas y territorios de l AP y BP
De los pueblos indígenas, los In ga tienen la par ticularidad de esta r localizad os e n la s dos
subregiones . E n t érminos d emográficos, h ay que r esalta r que en los municipios del AP la
proporción entre ho mbres/mujeres, es menor en e l AP (pro medio 4 9,05%) y mayor en el
BP (promedio 51 ,72%). En el AP el do minio cult ural católico ha sido mayor, p or
trayectoria s que se r emont an desd e el siglo XV, pues incl u so la mayor catedral y los
seminari os de curas capuchino s se con struyeron en el AP. Un indicado r d e esta presenc ia
histó rica, podría evidenciarse en la estru ctura matr imonial, ya que en el AP tiende a se r
mayor la población u n ida en matrimonio que las un iones lib res (U L) (promedi os 29,7% y
14,65% r espectivamente), mientras que la de solteros e l 50%. En el BP los prom edios son
16,10% ca sados y UL 31,05%, so lteros el 52%. La c ondición de viudez, g eneralmente
mujeres, no supera el 4,0% en el AP y menor en el BP. Respecto a pe rsonas por h ogar, es
interesante anotar que los p romedi os son s imilares tanto a n ivel departamenta l (3,8),
como en los mun icipios del AP (3,87) y BP (3,77) como en el pa ís (3,9) (DANE, 2005).
Algo a nálogo sucede con los niveles de educación primaria, pero s í es altamente
diferen ciado e n secundaria, un iversitaria y p ostgrado. En educación primaria, resa lta que
en el BP el promedio d e población escolarizada es d el 55 .97%, mientras en el AP es de l
48.3%, lo qu e indicaría un esfuerzo significativo instituciona l del Estad o. No obstante y por
observación en campo, la educación en cuanto a condi ciones de calidad, presenta
problemas complejos en relación con los procesos d e aprendizaje, aprestamiento,
278
asistencia escolar, entre otro s. Se tiene co noc imient o qu e el mismo Min isterio de
Educación ha di vulgado en medio s de información, sobre la d iferencia entre lo que se
informa y lo que es real, existiendo datos d e matrículas sobred imensionados, básicamente
porque tales datos representan erogación y asignación presupue stal.
6.3.4. Los pueblos del Bajo Putumayo: T erritorialidades y m u nic ipi o s
A co ntinuación, de maner a ilustr a t iva, se ind ican algu nos d atos demog ráficos y
descriptivos d e algun os de los pueblos indígenas del Baj o Putumayo: los Siona y Kofán
El Ce nso se reportan 1 .8 2 9 per sonas que se auto reconocen como pert e necientes al pueblo
Siona (DANE: 2005), de las cuales el 5 1,6% son hombres (943 personas) y el 48,4% mujeres
(886 personas). En el departame nto de Putumayo habita el 89, 1% de la población (1.630). Le
sigue La Guajira, c on el 2,8% (51 personas), y Bogotá con el 2,1% (39 pers ona s ). Estos dos
departamentos y la c apital, según el c enso, concentran e l 94% poblacional (…) Los Siona s e
refieren a sí m ismos c omo gantëya bain “ la gente del rio Caña Brava” y a su idioma como
em gan t ëya coca “ El habla del r ío Caña Brava”. Este idioma ha sido clasificado c omo Tucano
Occidental que incorpo ra los idiomas de otros pueblos de la zon a.
En el caso de los Kofán, pueblo muy a ntiguo y casi extingu ido, ling ü ísticament e hay
hipótesis que los rela cionan con los chibchas. E llos hoy se encuentran en u n a situación
calamitosa, en buena p arte d ebido a q ue sus t erritorio s están en á reas y concesiones de
exploración y explotación p etrolera, e in corporados sin mayor capacidad d e r esistencia y
reacción en el conflicto ar mado co lombiano. En in formación obtenida en t rabajo de
campo, realizado en 2011, contaban que estaban haciendo gestio nes para qu e el gobierno
cambiara de lugar un a base militar instalada sin su consentimiento en el territorio Kofán.
Sobre s u lo calización, tamaño poblacional, condicion es y dinámicas so cio-territor ia les,
presentamo s algunas referencias de manera ilustrativa y fragmentaria:
Los kofán se encuentran reparti dos en comunidades asentada s e n los municipios de Valle del
Guamuéz, Orito y San M iguel, en e l departament o del Put umayo . En al gunas de estas áreas,
comparten su t erritorio con i ndí genas d e las etnias nas a, Katío y A wa. Se ubican
principalmente a lo largo de algunos ríos y afl uentes del Putumayo y del sur del país como
los ríos San Miguel y Guamuéz, en l as siguientes c omunida des: El Diviso, Jardines de
Sucumbíos, San José, Ranch e rías, Sant a Rosa de G ua muéz, Yarinal, Afilador, Ca mpoalegre,
Nueva Isla, Vi llanueva y Boc ana de L uzón. Muchas de las comunidades, se asientan c erca de
279
los c entros urbanos de La Hormiga, San Miguel, O rito, Puerto Asís, y en el área de “La
Punt a“ , frontera con Ecuador. En est e último país, los K ofán están organizados en la s
comunidades de Dureno, Dubwno, Sinan g ue, Umbak he, Sábalo, Ku y abeno y
Chand iana …Su población s e estima en 877 individuos… En el Plan de Vida del Pueblo Kofán,
realizado por sus autorida des tr adicionales en mar zo de 2 000, se reporta una población de
1.143 personas. Parte de la pobl ac ión ha dejado de hablar su lengua mat e rna, debido
posiblemente a las uni o nes mat r imoniales con colono s y con ot ros indígenas, como los
Siona, Awa e Inga (… ) En la década de los seten ta se crearon las primeras reserv as indígenas
en favor de los Kofán. Después de haber perdido parte de s u territorio tradicional -c erca de
15.000 hectáreas-, en 1998, el go bierno na c ional les reconoció el territorio mediante la
constitución de seis r es guardos (…). (Fun dación Z io-A’i, 2000 )
6.3.5. Los pueblos del A lt o Putumayo: T erritorialidades y m u nic ipi o s
Respecto a l os pueblos Inga y Camentsá, es necesaria una precisión. E l p ueblo I nga tiene
asentamientos e n el AP y BP, per o su cen tro políti co y territoria l , como cabild o, está
ubicado en el AP, en Santiago. El pueblo Ca mentsá tiene su centro político y terr itorial en
el AP y h ay cabildos en Sib undoy, Colón y San F rancisco. Res eñamos la siguiente
descripción y cuyos da tos c e nsales aparecen en el cuadro anterior.
El municipio de Sibundoy s e encuentra ubicado e n e l Valle que lleva s u mismo nombre en las
estribaciones occident ales de la c ordillera de los Andes en la parte Sur del p aís. Como paso
obligado entre la se lva amazó nic a en s u parte oriental y la zona and i na, c irculan por allí un
número indeterminado de c omerciant e s, colonos y gentes de diversos grupos indí ge nas lo
que hace de esta región un punto de importancia geográfica para la comercialización de
alimentos y enseres ent re la selva y los Andes.
A lo largo de su territorio s e e ncuentran ubicadas las poblaciones d e Colón , S antiago,
Sibundo y y San Francisco. La población de Santia go alberga a la may or parte de pobladores
inganos (allí s e e ncuentra ubicado el cabildo), la d el Sibundoy a l os Kamsá y de San
Francisco a l os c olonos. Aunque esta distinción es pertine nte en la medida en que permite
establecer la ubicación de cada comunidad en particular, también es cier to que el territorio
se c omparte de manera indiscriminada, ya sea porque exist an fami lias mezcladas o porque a
través de proce sos de c olon i zación s e hayan ido ubicando en uno u otro poblado. El
municipio de Sibundoy presenta una particularidad, y es que durante los pr ocesos de
colonización del s iglo XX los c olonos y la igl esia se apropiaron de las tierras ubicadas en las
zonas m ontañ os as, desplazan do a l os Kamsá hacia las tierras bajas, en donde actualmente
residen. Sibundoy alber ga c erca de 12000 habitant es de los c uales el 25% son parte de la
comunidad Kamsá; es de cir, aproximadament e 3.500 indígenas. El cabildo e s el organismo
encargado de r egular l a v ida política de la c omunidad… es t á c ompuesto por un gobernador
mayor y seis alguaciles elegi dos por periodos de gobi er no (GARZON, 2 0 04, p . , 2 0,2 2)
Margarita Jaca namejoy (2012) anota:
280
Según los mayores la bas e para explicar nuest r o origen e i dent i dad como Camënts á Biya
está centrada en la me moria de l a palabra Camëntsa Yëntsá, Camëntsa Biyá qu e s ignifica
“hombres de aquí m ismo con pensamiento y lengua propia”.
Partiendo de este entendimiento, nuestro pu eblo ha res idido y ha sobrevivido hi s tóricament e
en el Valle de Sibundoy G rande, s ustent ado sobr e un p edest al his tórico, de lengua,
pensamiento, c reencias, valores, espiritualidad e s y demás c ualidades que le permiten definir
su p roc eden c ia c omo una de l as culturas más antigua y úni c a del c omplejo Andes- s elva
Amazónica y del res to del mundo (P. 25,26)
Casa de Gobi erno del Cabildo Camentsá Biya. Sibundoy .
Figura 6
Fuente: Jorge Ronderos Valderra ma
Casa del Cabildo duran te Fiest a del Perdón. El “castil lo” tejido con palma a la entrada de la casa es una
evidencia d el momento d e este evento que marca el ini cio de año del pueblo Cam entsá. Ca mpo,
25/03/2004
6.3.6. Contexto etnohistór ic o
La r egión andino-amazónica del Putumayo, tiene una historia ligada entrañ a blemente a
mundos in dígenas, a los p rocesos de colonización y evan gelización católica de sde el sigl o
XV y hasta el XX, carac ter izados por mecanismos de violencia y, en especial, por el
genocidio cultural, p ero t ambién físico, t al y como se lo sostienen algunas hipótesis
respecto a l de spoblamie n to d e es tas regiones. En lo qu e respecta al objeto de nuestro
interés, estos p ueblos también han p adeci d o la p ersecución d el con ocimiento
281
etno farmacognósico de los c uracas y chamanes , q uienes p ara sobrevivi r d el colonialis mo
evangeliz ador católico, s e ocu ltaron o “invisibilizaron” para resist ir y sobrevivir.
La región ha vivido un desarrollo económico desde la lógica del capitalismo, con zonas de
coloniz ación sobre la b ase de mo delos de explotación co n alta incide ncia en el
desequilib rio de sus nichos ecol ógicos, a p artir de l uso inapropiado de los recursos
naturales; a esto se le suma u na historia ma rcada p or la violenci a so cial e in terétn ica, en
especial con la ex plotación blan ca y mestiza impulsada p or el boom del cauch o a
comienzos y mediados del siglo XX, sobre los aborígen es amazónicos, todo lo cual es tuvo
enmarcado en el período de la I I guerra mundial, y que contó ad emás con u na fuerte
presenc ia de iglesi as protestantes.
La relación entre el ch amanismo i ndígena y la colo nización en el P utumayo, se destaca en
el prólogo q ue h ace el antropólo go y médico austral iano M ichael Taussig (20 02 ), a su libro
Chamanismo, Coloni alis mo y el Hombre Salvaje quien señala:
Este libro es valioso precisamente porque no pretende mostrar una descripción auténtica de
la expe riencia indígena antes de la C aída. En lugar de esto m uestra el chaman i smo indígena
en el Putumayo como un t e rreno ya colonizado por gent es foráneas que aumentan su
car ácter mági c o al pr oyectar en él fantasías pr imitivistas. En otros términos este
chamanismo se apoya no solo en e l yagé y en milenios d e tradición indígena sino tambi én en
la misteriosa dialéctica de l yo y el Otro. E s te es el eq uivalente del nuevo mundo del pap el
que se le asignó e n Europa a gitanos y judíos, a la mujer t ambié n; seres marginales, sin
poder alguno, en los márgenes d e l imperio, blanco, m asculino y cristian o , que quien lo iba a
pensar, ¡terminaron por estar dotados de poderes mágicos! En el c aso del Putumayo, es ta
proyección de poderes má gic os sobre el Otro exótico data de hace mucho t i empo. Los
chamanes indígenas del piedemont e servían a las fant asías de los indígenas del alti p lano
desde mucho ante s de la conquista de los españoles. C uando a los frailes capuchinos s e les
entregaron vastas zonas de la Amazonia al final de la Guerra de los m il Días (1899-1901), las
fanta s ías c olonizadoras de los c apu chinos alrededor de los indios y el yagé se c onvirt ieron en
un elemento fundament al del chamanismo de l put umay o. C olonos pobres, blancos y
mestizos provenientes del Tolim a, de Nari ño, y del Ca uc a llegaron a la r egión c on el boom
cauchero. L uego vinieron más en tiempos de la Guerra con el Perú en 1932 , y luego vinieron
más, esta vez junt o c on campesinos negros de Barbacoas y Tumaco, cuando se abrieron los
caminos para la e x ploración petrolera de los año s 50. (p. XI I)
A lo largo del siglo XX, en especial desde mediados y h asta lo s a ñ os 90, jugó un papel
determinant e en el debilitamiento de las estructuras cultur ales propias, u n Instituto
288
(…) { Hay} dos subgrupo s, un o que pod ría caracterizars e c om o culturas a las que se
les podría dar el nombre d e yageceras o a yahuas que ras en las que las practicas con
esta planta du rante mucho tiempo, eran práctic amente cotidianas y (…) que en la
actualidad, po r lo menos u na vez en la semana, realizan ce re m onias y rituales
col ectivos pa ra la utilización de ellas. El otro subgru po de la s gentes que hab itan en
la m isma región donde crec e la planta, serian sociedades en las que eventualmente
utilizan es t a planta {y que } no pod ríamos decir en el sent ido e st ric to, {son}
yagec er a s en… términos de su uso cotidiano o por lo menos una vez en la semana,
sino que so n so ciedades, qu e s i b ien tienen un conocimiento mu y pro fundo a nive l de
sus tradiciones sagradas resp ecto a esta p lanta, sin embargo la utilizan muy, muy
eve ntualmente. Podríamos m encionar pa ra el prim er subgrupo, o sea que la usan
con mucha frecuencia a las gentes que p ertenecen especialmente a las comunidades
que pe rtenece a la fam ilia li ngüística T ukano ; simu ltáneamente y en tre ellas,
podremo s mencionar a gentes c omo los S ionas o gente s c omo Coreg uajes,
Ma caguajes , los Ta ma . Son sociedades que s e reconocen c om o yag eceras; ot ro s
grupos vec inos a estos Tukano o ccidental como los Coreguajes que no pertenecen a
la m isma fam ilia lingüística, pe ro que corresponden al mismo -como dicen los
antropólogos- al mismo h orizonte cultural; e st a rían allí en el otro subgrupo que
eve ntualmente la toman como la m ayoría de lo s grupo s de los T ucanos orie ntal los
De sana , lo s B arasa , los m ismos Tucanos q u e están e n la región d e l Vaupé s; las
gente s que p ertenecen a la fam ilia lingüística Witoto , Witotos -Muin anes ,
Ando ques , M irañas . Conformarían esto s dos subgrupo s e n l a re gión de la Orin oquía.
Existen p rácticamente, todos los grupos. A excepción de quien es vivieron un proceso
de tra sformación cultural radical, a partir de la evangelización; sobre todo en la
variante d e las diferentes religiones protestantes -ti po nuevas tribus- t ipo Instituto
Lingüíst ico de Verano (ILV)
239
.
Como se puede observar, una cosa es la t radición yagecera de l os pueblos en la gran
sabana a mazónica - Tu kano y Desana- , y o tra e n los d e la media , Ba jo Putumayo - Siona s ,
Kofán y W it o tos- , o en el p iedemon te y lo s pisos t érmicos fríos en la cordille ra - Camen ts á
e In ga-. Los mi tos varían al igua l qu e las re cetas, como t ambién la d inámica in tercu ltura l
endo-amazóni ca y exo-amazónica, a par tir de las e xp eriencias con la evangeliza ción
católica.
Conviene señalar que en las t radiciones indígenas del P utumayo, cada rit ual así co mo l a
función de la planta tiene sus part icularidades; todo e llo hace parte de la etnohistoria de l
yagé y en la cual el mund o b lanco, ayer co mo hoy, e stá inserto; aunqu e h oy la presencia
239
Torres W. Ibíd em
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