Susana María Teruel Martínez 2015: Ignacio Sánchez Mejías. Un torero en la literatura, Prólogo de Rogelio Reyes Cano, Fundación Real Maestranza de Caballería de Sevilla, Editorial Universidad de Sevilla, y Fundación de Estudios Taurinos, Colección Tauromaquias nº 19, Sevilla [Reseña]
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Fig. n.º 68.- Teruel Martínez, Susana María (2015): Ignacio Sánchez Mejías. Un torero en la literatura, Prólogo de Rogelio Reyes Cano, Sevilla, Real Maestranza de Caballería de Sevilla, Editorial Universidad de Sevilla, y Fundación de Estudios Taurinos, “Colección Tauromaquias” nº 19, 636 págs. Revista de Estudios Taurinos N.º 42, Sevilla, 2018, págs. 281-285 La publicación viene a unirse a la extensa bibliografía existente sobre la figura de Ignacio Sánchez Mejías (1891- 1934). El lector interesado tiene una cumplida información al final de la obra. La Fundación de Estudios Taurinos ya le dedicó un número monográfico de su Revista,el nº 11 del año 2000, con trabajos que recogen la polifacética personalidad de una de las figuras de la Tauromaquia. Aunque
Rafael Valencia 282 Ignacio Sánchez Mejías desbordó ampliamente este campo. Al final de sus páginas, hemos de llegar a la conclusión que en el personaje analizado se cumplen las máximas de «Nada humano me es ajeno», o «Ningún humano me es extraño». O haciendo nuestro el “retrato” de Joaquín Romero Murube: «Ignacio fue torero porque en el instante sevillano en que él nació, la gloria romántica hispalense estaba en la torería. Pero si hubiera cumplido veinte años ahora hubiera sido cualquier otra cosa –heroica y difícil, desde luego–, ingeniero, político, escritor…, menos torero». La cuidada edición de la obra se encuentra en consonancia con un contenido de gran altura. Empezando por el prólogo de Rogelio Reyes Cano, en el que demuestra su conocimiento del mundo de los toros y del universo de Ignacio Sánchez Mejías. La personalidad de éste aflora en cada una de las páginas del texto. El libro trata de él y la literatura pero refleja mucho más, como toda la personalidad y la trayectoria del personaje: un ciudadano, que diríamos hoy, interesado por su oficio, su arte, la cultura y la sociedad en que vivía. Desde este punto de vista Ignacio Sánchez Mejías resulta paradigmático y modélico. Una persona vital. Un producto de la generación de 1914 y su reivindicación de la tauromaquia como cultura, sobre la que conviene volver una vez más, como se hace en la obra. Ésta sin duda tiene una lectura fácil y atractiva. La autora nos permite una trascurso agradable por la figura de Ignacio Sánchez Mejías en el campo de la literatura sin perder de vista el resto de su actividad. La estructura del trabajo hace posible esto: tras el prólogo, la obra se centra en el personaje y su vida hasta 1933, analizando más tarde su relación con la literatura. Después de ocuparse de su muerte, estudia su reflejo en la literatura hasta nuestros días. Un magnífico epílogo da paso a una más que cumplida bibliografía y a unos útiles índices. A lo largo de todas sus páginas el lector hallará detalles sobresalientes de la vida del personaje, como su relación con
Recensiones de libros 283 Encarnación López, la Argentinita, o su actividad en el Ateneo de Sevilla de aquel tiempo dirigido por Manuel Blasco Garzón. Esta actividad entra de lleno en el campo literario sobre el que se centra primordialmente la obra. Empezando por la producción teatral de Ignacio Sánchez Mejías: Sinrazón, 1928; Zaya,centrada en el mundo taurino; el auto sacramental Ni más ni menos y la inacabada Soledad. Un teatro de principios del siglo XX en el que Ignacio Sánchez Mejías se sitúa entre los que intentan una renovación. La primera de estas obras, Sinrazón, se estrena el 24 de marzo de 1928 en Madrid, con un preestreno en Valladolid. La obra, que alcanzó un éxito de crítica, transcurre en un manicomio-palacio, quizás inspirado en el sevillano Manicomio de Miraflores. Los miembros de la Generación del 27 asisten al estreno y se muestran entusiasmados. Zaya se estrena el 8 de agosto de ese mismo año en el Teatro Pereda de Santander, coincidiendo con los Cursos de Verano. La representa la misma Compañía de María Guerrero y en ella, en paralelo con la vida del personaje, retirado de los ruedos en 1927, se narra la historia de un torero retirado en una finca andaluza. Las obra Ni más ni menos, terminada en 1931, no fue editada ni representada aunque quizás sea la más elaborada. Sigue la línea de los antiguos autos sacramentales de los Siglos de Oro, al estilo calderoniano, también cultivados por algunos autores de los años 20 y 30 del siglo XX. Finalmente, Soledad es una comedia realista que refleja la pasión que ponía Ignacio Sánchez Mejías en todo lo que hacía o se proponía hacer. En cuanto a la narrativa, la novela La amargura del triunfo fue leída en el Ateneo de Valladolid el 22 de septiembre de 1925, tras una corrida triunfal. Los tres primeros capítulos salen al día siguiente en el Norte de Castilla. Nuevamente publicada en el 2009 por Andrés Amorós, estamos ante una novela taurina, trasunto del autor, de su personalidad y su vida como torero, reflejados en los avatares, disquisiciones y referencias del pro-
tagonista, José Antonio. A este trabajo hay que unirle las obras de crónicas y artículos periodísticos, como los aparecidos en La Unión de Sevilla, en 1925 y el Heraldo de Madrid en 1929. Un Ignacio Sánchez Mejías polemista escribe en La Unión de Sevilla el primer artículo, de nuevo torero vuelto a los ruedos tras la retirada de 1924, un día después de que salte como espontáneo a la arena de la Maestranza, el 21 de abril de 1925. En esta serie sobresalen los enfrentamientos con críticos taurinos, especialmente con dos sevillanos que le hacía más la contra: Don Criterio y Galerín. En el Heraldo de Madrid aparecen seis artículos de opinión durante los meses de mayo y junio de 1926. Su estilo como periodista refleja su personalidad: irónico, de carácter luchador y vehemente. En este mismo apartado desataca su actividad como conferenciante. Otra actividad literaria gira en torno a “Las calles de Cádiz”, el espectáculo producido para Encarnación López, la Argentinita. El mismo Federico García Lorca arregla cuatro canciones populares andaluzas: “Los cuatro muleros”, “Anda jaleo” y “Sevillanas del siglo XVIII” para incluirlas en el espectáculo. En él firma con pseudónimo y ejerce de hecho como autor, director de escena, empresario y coordinador, mostrando su gusto por el flamenco. Estrenada la obra en junio de 1933 en Cádiz, se lleva luego en Madrid, con un éxito generalizado. La obra a la que aludimos se ocupa también de los versos escritos por el personaje, antes de pasar a la muerte del torero por la cogida en Manzanares el 11 de agosto de 1934 y de los malos presagios no buenos que le hacen dudar hasta el último momento de participar en el festejo. E Ignacio Sánchez Mejías experimentará, el campo de la literatura, una suerte de resurrección del mito transformado en poesía. Larga había sido su relación con José María de Cossío, pero más tarde aparecerá en la obra de José del Río Sanz, de Miguel Hernández, que había sido ayudante de Cossío en la enciclopedia de Los toros , y su poema Rafael Valencia 284
“Citación fatal”; de Mariano Brull, el poeta cubano, autor de un “Duelo por Ignacio Sánchez Mejías”; de Rafael Alberti, con su “Verte y no verte”, poema magnífico, escrito en el trayecto desde el Mar Negro a España, tras enterarse de la noticia en Rusia, en un momento en que Alberti escribe ya otro tipo de poemas; de Benjamín Peret, poeta surrealista autor de “La sangre derramada”; de Gerardo Diego y su “Presencia de Ignacio Sánchez Mejías”; de Domingo Manfredi Cano, el escritor y periodista sevillano, que ´le dedicó unas “Seguiriyas”. Ignacio Sánchez Mejías aparece también a nivel literario en la copla popular, aparte del “Llanto” que le dedicó Federico García Lorca. Se trata sin duda de un poema que es canon de elegía; quintaesencia lorquiana, destilado de la tauromaquia y de Andalucía. Los versos reflejan la admiración mutua que se profesaban y se han convertido en una especie de llanto universal. Quizás el poema más que una elegía parece un retrato del torero, «andaluz claro, rico de ventura». Se trata pues de una obra que viene a enriquecer la bibliografía existente sobre la tauromaquia, sobre Ignacio Sánchez Mejías y la relación de ambos con nuestra literatura en todas sus formas. Rafael Valencia Fundación de Estudios Taurinos Recensiones de libros 285