scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

Del virus al infovirus: Vistas sobre la pandemia desde la biopolítica, la teoría de la excepción y la psicopolítica, a la tecnopolítica

Marín Casanova, José Antonio

Abstract

Estudio desde las distintas perspectivas de comprensión de las políticas de vigilancia y control social de la vida al enfocar la actual pandemia. Se enfatiza que todas esas políticas se aplican hoy mediante las TIC, extendiendo el dominio digital sobre el mundo offline y transformando la pandemia en tecnopandemia. Así resultan todas ellas, biopolítica, teoría de la excepción y psicopolítica, conceptualmente superadas por la tecnopolítica. La tecnopolítica es la forma político-social de la vida onlife, la práctica de un poder infodémico, que utiliza tecno-personas, que no son ni individuos ni tampoco sujetos políticos, para controlar y someter la vida offlife.

Full text

ETHIKA+ ISSN 2452-6037 (2020), pp. 209-229. 10.5354/2452-6037.58489 Recibido: 31-08-2020. Aceptado: 06-11-20 Del virus al infovirus Vistas sobre la pandemia desde la biopolítica, la teoría de la excepción y la psicopolítica, a la tecnopolítica From virus to infovirus Views on the pandemic from biopolitics, theory of exception and psychopolitics, to technopolitics José Antonio Marín-Casanova1 Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación Universidad de Sevilla, [email protected] RESUMEN Estudio desde las distintas perspectivas de comprensión de las políticas de vigilancia y control social de la vida al enfocar la actual pandemia. Se enfatiza que todas esas políticas se aplican hoy mediante las TIC, extendiendo el dominio digital sobre el mundo offline y transformando la pandemia en tecnopandemia. Así resultan todas ellas, biopolítica, teoría de la excepción y psicopolítica, conceptualmente superadas por la tecnopolítica. La tecnopolítica es la forma político-social de la vida onlife, la práctica de un poder infodémico, que utiliza tecno-personas, que no son ni individuos ni tampoco sujetos políticos, para controlar y someter la vida offlife. Palabras clave: COVID-19, infodemia, nueva normalidad, (tecno)persona, (tecno)virus. ABSTRACT Study about the different perspectives of understanding the policies of life surveillance and of social control when intelectually approaching the current pandemic. It emphasizes that all these policies are implemented today through ICTs, extending the digital domain over the offline world and getting pandemics into technopandemics. This is how they all turn out, biopolitics, theory of the exception and psychopolitics, conceptually surpassed by technopolitics. Technopolitics is the political-social form of onlife, the practice of an infodemic power, which uses informational techno-persons, who are neither individuals nor political subjects, to control and subdue the offlife. Keywords: COVID -19, infodemic, new normal, (techno)person, (techno)virus. 1Profesor Titular de Universidad. Departamento de Metafísica y Corrientes Actuales de la Filosofía, Ética y Filosofía Política Facultad de Filosofía. C/ Camilo José Cela, s/n, 41018, Sevilla, España. ETHIKA+ José Antonio Marín-Casanova 210 VISTA DESDE LA BIOPOLÍTICA: ESPOSITO Apenas iniciado el flagelo de la pandemia, el filósofo italiano Roberto Esposito alzó la voz para reivindicar explícitamente el paradigma de la biopolítica a la hora de explicar lo que nos estaba sucediendo. Lo hizo en dos artículos de prensa aparecidos el mismo día, el 28 de febrero, y luego en un tercero publicado apenas una quincena después, el 18 de marzo. En los tres expone razones que avalan su tesis biopolítica principal, expuesta en su libro Comunidad, inmunidad y biopolítica, y que dice que la vida, entendida en su dimensión biológica, ya no es objeto de la política, sino sujeto. La política ha de concebirse no como política sobre la vida, sino de la vida. La biopolítica piensa así la política de la vida en el sentido subjetivo del genitivo. Pues bien, la crisis del coronavirus no sólo confirma la (Esposito, 2020a). La pandemia ha hecho que los problemas relativos a la vida y la muerte sean centrales en las agendas y en los debates políticos: (Esposito, 2020b). Tres son, para Esposito, los pasos básicos conducentes a esa centralidad, los síntomas de la nueva dinámica biopolítica. Primer síntoma: el objetivo político se traslada de los individuos o clases a determinados sectores de la población, segmentada en grupos diferenciados por salud, edad, género o incluso etnia. Se divide el cuerpo social en segmentos de riesgo y ello tanto en sentido objetivo como subjetivo. En sentido objetivo: población en riesgo de contagio. En sentido subjetivo: población portadora del riesgo de contagio. Secciones de contagiables y contagiados, sometidos a profilaxis, protegidos y a la par mantenidos a distancia. A nuestro juicio, el símbolo de esa praxis profiláctica es la mascarilla, obligatoria tanto para no contagiarnos como para no contagiar, la cual aparta al otro de nos-otros, y simultáneamente a nos-otros del otro. Y esto es indicativo de que lo que se teme es, más que el daño en sí, su circulación. Y más aún, dada la globalización abrogadora de fronteras nacionales. e es también el resultado del síndrome inmune real que durante mucho tiempo ha caracterizado (Esposito 2020a). Esa clave inmune es la que explica el rebrote del soberanismo, más que la recidiva del nacionalismo. Segundo síntoma: el camino de ida y vuelta de la medicina a la política y viceversa. No es una novedad, esa implicación mutua de política y medicina, que ha terminado transformando a ambas, es lo propio de la biopolítica. Así es desde la medicina social: los médicos jugando a políticos y los políticos jugando a médicos; pero se ha acelerado a ultranza el doble proceso de medicalización de la DEL VIRUS AL INFOVIRUS ETHIKA+ 211 política y de politización de la medicina (Esposito 2020a y 2020b). De una parte, la política diluye su concentración ideológica para hacerse protectora de riesgos, reales o imaginarios, haciendo frente, a veces, a temores autoinducidos. De otra parte, la práctica médica, pese a su autonomía científica, no puede orillar el contexto económico-político en que opera y asume una función espuria de control social. Para Esposito se explica así la sorprendente disparidad de opiniones entre los virólogos con respecto a la naturaleza y el alivio del coronavirus. Tercer síntoma, y tal vez el más perturbador por estandarizar el autoritarismo: la tendencia a las disposiciones políticas extraordinarias, en lugar de los procedimientos democráticos ordinarios, socavando el equilibrio de poderes. Ni nos hemos hecho chinos ni acabamos de descubrir los diversos estados excepcionales, de emergencia o alarma. Pero lo que está sucediendo hoy en las distintas escalas de gobierno es una cierta imposición del estado de necesidad frente a la voluntad del legislador. Sin embargo, por mucho que se constate la deformación del modelo clásico de la política, en general, y de la democrática, en particular, Esposito (2020c) confía en la normalidad democrática, en que nos salva de la debilidad de los políticos encarnan el cuerpo temporal, físico y mortal, de la res publica democrática, siguiendo la analogía con los dos cuerpos del rey medieval de Kantorowicz, su reemplazo periódico corresponde a la permanencia de las instituciones: las instituciones encarnan el cuerpo perdurable, la corona dinástica que pasa del padre al hijo. En nuestros tiempos de corona también, aunque vírica, se trata de inmunizar nuestras instituciones democráticas para lograr la permanencia del cuerpo espiritual de la recurso más valioso que caer en la tentación de pedir la «plenitud de poderes» generalizado, no restringido a los políticos, sino extendido a los médicos y a protección civil, es el contrapeso a cualquier deriva hacia el estado de excepción. Y es que lo que estamos viviendo hoy es, por el contrario, un estado de emergencia, el cual ésta es la contraposición de fondo en Esposito no obedece a una voluntad, sino a la naturaleza. La emergencia no la decreta ninguna voluntad soberana, sino una necesidad objetiva, la de proteger a la ciudadanía de un ataque intestino. Tal cosa exige una labor inmunológica, pues el cuerpo colectivo, no menos que el individual, requiere, para sobrevivir, de un sistema inmunitario. Esa inmunidad en democracia la proporcionan las instituciones, siempre y cuando, si, además de la firmeza que les da ETHIKA+ José Antonio Marín-Casanova 212 carecer de cuerpo físico, adolecen de la suficiente flexibilidad para adaptarse a las circunstancias, incluso las más dramáticas como las hodiernas que nos atenazan. Y eso, a su vez, solamente puede darse si se cumplen dos condiciones. La primera condición es que las instituciones elonguen su radio de influencia sustrayéndose a la lógica institucional de la soberanía estatal, y sean externas e incluso ajenas al Estado, lo que, a su vez, ayudará evitar el siniestro deslizamiento hacia la lógica schmittiana del estado de excepción. Y eso comporta, además, el cumplimiento de una segunda condición, a saber: que los diversos movimientos que existen en la sociedad, en parte al menos, se institucionalicen y que, a su vez, las instituciones se movilicen, como de hecho está ocurriendo tras las inevitables vacilaciones iniciales, ante el impacto del coronavirus. Así pues, la oposición de larga data entre instituciones y movimientos debe ser eliminada. En una palabra, para Esposito, si bien nadie puede negar el pleno desarrollo de la biopolítica, se trata de no perder el sentido de la proporción, de no exagerar. Una cosa es lo que denunció Foucault y otra homologar eventos y experiencias distintas y distantes. Luego no hay que confundir los procesos de largo plazo con las noticias recientes, pues no hay que soslayar la índole históricamente diferenciada de los fenómenos biopolíticos. Una cosa son las cárceles especiales y otra unas semanas en cuarentena, que no ponen en riesgo la democracia. Lo que está ocurriendo hoy con las medidas excepcionales Esposito 2020b). Por eso la conclusión, desde el punto de vista democrático, es susceptible de ser calificada como razonablemente optimista Probablemente llevará tiempo salir de la crisis. Pero cuando finalmente salgamos de esta, nuestras categorías políticas también cambiarán. Para mejo (Esposito 2020c). VISTA DESDE LA TEORÍA DE LA EXCEPCIÓN: AGAMBEN del mayor pensador del estado de excepción después de Carl Schmitt, el también italiano Giorgio Agamben (2004), el cual, aun cuando por razones diametralmente opuestas a las de Esposito, también podría decir (extrema se tangunt!) que no pasa nada, como se desprendería de su primera redacción publicada sobre la Covid-19, cuyo título reza como dice el hialino rótulo, la epidemia es una invención. Apelando, eso sí, a las declaraciones expresas - o DEL VIRUS AL INFOVIRUS ETHIKA+ 213 siguiendo la pauta de su obra principal, la Por otro lado, denuncia también Agamben que se está normalizando asimismo el miedo, vivimos con miedo como algo gubernamentalmente. Los gobiernos crean el problema que luego se aprestan a resolver. La lógica es diabólica: es aceptada en nombre de un deseo de seguridad que ha sido inducido por los mismos gobiernos que (ASPO, 2020, p. 19). La invención de la pandemia estaría al servicio de la excepción. Las reflexiones de Esposito pueden considerarse una contestación implícita a las de Agamben. Las unas constituyen la antistrofa respectiva de las otras y viceversa, pero ninguno cita al otro en sus bondad que puede ser llamado sin ironía explícita, dos días después y en el mismo medio, Antinomie.it, el francés Jean-Luc Nancy. Y lo hace con la más dura de las técnicas retóricas, la redargutio elenchica pues, luego de haber negado la mayor, xpresión la estaba mencionando o citando y no sólo usando) tiene vacuna y que mata treinta veces menos, le vuelve en su contra su argumento principal, que los gobiernos se valen de cualquier tipo de argumentación para establecer estados continuos de excepción. En efecto, sostiene Nancy contra Agamben, como si La proliferación de interconexiones técnicas de todas las especies con el crecimiento hasta cotas inusitadas, que se elevan a la par que la población, de los contactos, las exposiciones y los traslados de todo tipo lleva aparejado el aumento del número de personas, ricas y viejas, en situación de riesgo. No a nivel civilizatorio que nos pandemiza. Al parecer, esto exonera a los gobiernos de toda responsabilidad en la crisis. Casi, casi viene a decir Nancy que como la excepción es civilizatoria, entonces ya no es gubernamental. Así, concluye, en términos casi iguales a los que poco después usará ETHIKA+ José Antonio Marín-Casanova 214 es más una maniobra de distra y Kant filosofando sobre el Terremoto de Lisboa, tal vez no se haya visto coincidencia mayor. Puede que a Agamben le pierda su cierta condición hiperbólica, pero no necesita que lo traten como a un untore al que luego le perdonasen la vida, como parece derivarse del planteamiento implícito en Esposito y explícito en Nancy. Del untador habla precisamente Agamben en un segundo artículo, deshumanización que las leyes excepcionales pueden comportar al obligarnos a mantener a distancia, con mínimos centimétricos, a los allegados, amigos y familiares, lo que en el límite lleva a la supresión del otro, como ocurría durante las plagas que asolaron a algunas ciudades italianas entre 1500 y 1600, cuando se instaba a denunciar al untador, sospechoso llevar la peste a lo privado y a lo público. Análogamente hoy el estado de excepción, fruto del temor que se intenta inculcar en la ciudadanía, viene a hacer del otro un potencial «untador». Y eso es más triste que la limitación decretada de las libertades, pues El potencial deterioro de las relaciones entre los humanos se actualiza, según se desprende del razonamiento de Agamben, a través de la ausencia de la consistencia ética de los gobernantes y la presencia de la mediación tecnológica. Con toda la hipérbole que se quiera, y sin necesidad de se cierren de una vez por todas y que las lecciones sólo se den en línea, que dejemos de reunirnos y hablar por razones políticas o culturales y sólo intercambiemos mensajes digitales, que en la medida de lo posible las máquinas sustituyan todo contacto todo contagio Si no Una voce. Ahí repite y matiza sus planteamientos para concluir con meridiana claridad que lo que está El primer dato claro que deja la oleada de pánico es que la sociedad cree, más que nada, en la mera vida, vida puramente biológica, a cuyo altar hay que sacrificar todo lo demás (relaciones sociales, trabajo, amistades, afectos y convicciones religiosas y políticas) ante el peligro de caer víctimas de la y el miedo a perderla no es algo que una a los hombres, «diabólico» en sentido DEL VIRUS AL INFOVIRUS ETHIKA+ 215 etimológico. Creemos que lo que preocupa a Agamben no es si podremos vivir así, en una sociedad que no tiene valor más alto que la supervivencia, sino que lo hagamos. al que los gobiernos nos han acostumbrado desde hace mucho tiempo, se ha convertido realmente en . Y es que acostumbrarse a la crisis y la emergencia perpetuas nos impide ver la reducción de la vida a biología, nos deja ciegos a sus dimensiones sociales y políticas, humanas y vivimos en una sociedad que ha sacrificado la libertad a las llamadas «razones de seguridad» y se ha condenado por esto a vivir en un perpetuo estado de miedo e (Agamben, 2020). Así, diez días después, el 27, en la misma columna insistirá en que: Otra cosa que te da que pensar es el claro colapso de cada creencia y de la fe común. Uno diría que los hombres ya no creen en nada, excepto en la desnuda existencia biológica que debe salvarse a toda 137). En definitiva, Agamben, por muy radical que nos pueda parecer, con su aparente «negacionismo» nos está contando las verdades del barquero, que vivir en permanente estado de excepción es no vivir en libertad, una sociedad en continua emergencia no puede considerarse una sociedad libre, pues se ve a cualquier otro hombre es la más absurda de las guerras. Es, en verdad, una guerra civil. El enemigo no es Es la patologización del prójimo. El croata Horvart (2020) habla de que el otro es construido ideológicamente en tanto enfermedad. Es la criminalización del otro. El argentino Darío Sztajnszrajber (2020) apunta que la mentalidad policial inducida en el ciudadano lleva a transformar al otro en un agente de contagio permanente: se criminaliza al sospechoso de estar contagiado. Es, en definitiva, la generalización del miedo al otro. Con el estallido de la pandemia y la digitalización de la vida confinada al espacio privado el cuerpo se considera universalmente como potencial agente patógeno y se rompe. que se radicaliza con la crisis del coronavirus, añadiríamos nosotros, consiste en hacer del propio cuerpo alteridad. Tratar el cuerpo de uno como «otro», como otredad potencialmente patológica. El miedo se dilata así y pasa de tenerse a los demás a hacerlo extensivo también a sí mismo. A esta suspicaz autocancelación de uno mismo contribuye en la llamada nueva normalidad la digitalización de la vida: los tecno-cuerpos desplazan la carne, como si solamente fuésemos conciencia siempre disponible a distancia para el contacto sin cuerpo, el contacto (contagium) sin contacto, sin contagio ETHIKA+ José Antonio Marín-Casanova 216 (contagium). Así prolifera, noche y día, el tele-contacto, sin horas oficiales de descanso, sin fines de través de pantallas, como si careciera de cuerpo. Su potencial enfermedad convierte la carne en un casi estorbo para la vida. Una vida que paradójicamente ya no es la propia, la suya de cada cual, sino la vida desnuda. Ése es el valor que resulta prioritario en la nueva axiología, la salud, una salud que es meramente animal, simple supervivencia, a la que se supeditan tanto la libertad individual como la intimidad. Y cuando lo que sobrevive es vida sin cualificación humana, se impondría el triste lema: VISTA DESDE LA PSICOPOLÍTICA: HAN Otra perspectiva, más reciente, y que pretende situarse más allá de la alternativa entre régimen de excepción o biopolítica, es la psicopolítica disciplinaria. Pero es totalmente inadecuada para el régimen neoliberal que explota principalmente la psique -38). La psicopolítica neoliberal, cuyo marco es el de las nuevas tecnologías y los cambios de todo tipo que conlleva la hiperconectividad, es una forma refinada de explotación mental opuesta a la explotación biopolítica de los cuerpos, característica de las sociedades disciplinarias estudiadas por Foucault. Si el capitalismo moderno se basaba en la fuerza productiva del cuerpo, el neoliberalismo produce, sobre todo, objetos no físicos, sino informacionales. La psicopolítica es un sistema de dominación que, en vez de emplear el poder opresor, utiliza un poder seductor, inteligente o smart, que provoca la sumisión voluntaria, que hace que sus «súbditos» lo sean por someterse por sí mismos al entramado de dominación. Y ello sin ser conscientes de su sometimiento. Han aborda la crisis de la libertad y su utilización como una nueva forma de explotación. Creemos que el poder de hacer, tan característico e impulsado en nuestros días, en contraposición al deber de hacer, nos hará libres cuando resulta que la consideración del hombre como proyecto libre que se replantea y reinventa constantemente tiene una connotación de infinito que genera coacción y presión. El deber de hacer tiene un límite, mientras que, por el contrario, el poder de hacer no tiene límite. En este sentido, habitamos en una sociedad de acción en la que el sujeto se explota a sí mismo de manera ilimitada, convirtiéndose en amo y esclavo absoluto. En la constelación de hiper-individualización de la libertad, donde el sujeto se somete a presión a sí mismo y se impone reglas y objetivos que ya no tienen nada que ver con lo colectivo, surge una nueva forma de poder político-económico, el «poder psico-político», inteligente, tan sutil y flexible DEL VIRUS AL INFOVIRUS ETHIKA+ 217 que no se deja ver; ni es exclusivo, ni es prohibitivo, ni es censurador. El sujeto sujetado no es consciente de su sujeción. Se trata de un poder que vela por que los hombres se sometan a la red de la dominación; en vez de hacerlos sumisos, los hace dependientes. Este poder inteligente se ajusta a la psique de los individuos en lugar de disciplinarla y someterla a coacciones y prohibiciones. No impone ningún silencio; al revés, propone compartir, participar, comunicar nuestras opiniones, necesidades, deseos y preferencias. En resumen, es una forma de poder que requiere «contar» nuestras vidas. Precisamente su crisis estriba en el hecho de que la libertad no es negada, sino explotada por esta nueva forma de poder. La psicopolítica adopta formas refinadas de explotación para lograr la autoexplotación de la vida en su totalidad. La sociedad actual busca la optimización personal permanente y, en consecuencia, la optimización del sistema, lo que es destructivo, toda vez que lleva a un colapso total. La optimización personal se logra eliminando los pensamientos negativos que impiden el desempeño ilimitado. El dolor y la negatividad no son tolerados, a menos que estén al servicio de semejante Leistung sin límites. Sin embargo, la negatividad es consustancial a la vida, ya que mantiene la vida en la vida y es constitutiva de la experiencia. La violencia de la positividad marca la psicopolítica, cuya esencia es complacer más que someter. Así es la forma de gobierno idónea del régimen neoliberal, que frente a otros sistemas de control, ejerce un control superlativamente eficiente al carecer de limitación óptica. Como la psicopolítica se apoya en el propio autocontrol individual, se consigue una vigilancia poligonal, capaz de llegar a la psique, actuando sobre los individuos desde un nivel prerreflexivo, que influye en las emociones para generar ciertas acciones. En este sentido, la emoción supone un medio de máxima eficacia para el control psicopolítico del individuo. Es fácil la comparación de esta forma de control con un Big Brother orwelliano llevado a la ultranza de la sutileza, pues el modo psicopolítico de gobernanza maximiza el consumo, genera abundancia y exceso de positividad, fomenta la comunicación y el consumo, no tortura a nadie para obtener confesiones, puesto que hay un desnudamiento voluntario de los individuos. En contraste con el Gran Hermano de Orwell, la psicopolítica tiene un aspecto amigable y su eficiencia radica precisamente en su amabilidad y en el hecho de que nadie se siente realmente vigilado o amenazado. La psicopolítica utiliza los datos del Gran Hermano digital para hacerse cargo de los datos que los individuos le dan de forma efusiva y voluntaria. Este dataísmo, caracterizado por la acumulación de enormes cantidades de datos que permiten filtrar todo emocionalismo e ideología, ha significado ETHIKA+ José Antonio Marín-Casanova 224 términos «coronavirus», «covid» o «pandemia». Los vídeos relativos en YouTube a la plaga se cuentan por cientos de miles. En el momento en que se está escribiendo este artículo, que asimismo contribuirá diligentemente a la infodemia, en Google Scholar ya se ha registrado una cantidad superior a 20.000 de otros artículos con esa misma etiqueta. En una pandemia, la desinformación puede afectar negativamente a la salud humana. Muchos inventan historias falsas o engañosas y se propagan sin comprobar su veracidad o calidad. Mucha de esta desinformación se basa en teorías de conspiración, y parte de ella introduce algunos de sus elementos infotóxicos en el discurso biopolítico predominante. Ha estado circulando información inexacta y falsa sobre todos los aspectos de la enfermedad, como el origen del virus, la causa, el tratamiento y el mecanismo de la propagación. La desinformación puede propagarse viralmente y ser asimilada muy rápidamente, lo que conduce a cambios de comportamiento que puede llevar a la gente a asumir más y mayores riesgos. Todo esto hace que la pandemia sea mucho más grave, perjudicando a más personas y poniendo en peligro el alcance y la sustentabilidad del sistema de salud mundial. Echeverría y Sánchez Almendros han sido precoces en observar que la implementación tecnológica y epidemiológica de la evolución del coronavirus se ha convertido en una cuestión no solo principal, sino también tecnopolítica (2020, p. 447). Una eventual crisis de gestión sanitaria se convirtió de súbito en una crisis de salud pública. De modo que para afrontar el problema no sólo había que generar obediencia, sino también esperanza. Para ello, sin cuestionar el amparo «solucionista» tecnocientífico, se fueron marcando metas tecno-sanitarias por conseguir: por ejemplo, evitar el colapso del sistema hospitalario (de las UCI particularmente) y luego ir llegando al punto de inflexión de las curvas de contagio y fallecimientos, que se convirtieron en la auténtica representación tecnocientífica del virus y su expansión: la meta suprema era COVID-19 fue desencadenando con creciente virulencia la crisis sanitaria, el control social se convirtió en el objetivo diana, igual que impedir una ola de pánico social incontrolable (como el temor al desabastecimiento). Y todo ello para lograr un objetivo estratégico: generar una alarma social controlada, que se fue convirtiendo en tecno-COVID-19 (2020, p. 443) por ser parte de la infodemia. En efecto, más elongada que la pandemia, la «nueva normalidad» afronta una tecno-pandemia de incidencia creciente (Echeverría y Sánchez Almendros, 2020, pp. 443-454). El tecno-virus es una tecnopersona idónea. Se trata de una tecno-persona que no es carnosa ni ósea, sino pura representación tecnológica y mediática. Esta tecno-persona se ha instalado de manera viral y profunda en el imaginario social de nuestra época, del que no se logrará su evacuación, por mucho que la pandemia sea DEL VIRUS AL INFOVIRUS ETHIKA+ 225 controlada y hasta exterminada. Tecno-COVID-19 conforma ya la memoria y el ejercicio del poder de nuestro tiempo. En efecto, ya de suyo las tecno-personas poseen algunas características compartidas con los virus. Lo que el tecno-virus está haciendo es hipertrofiar esas características y, en tanto que info-virus, «pandemizarlas». Del mismo modo que los virus no son individuos, sino, como las bacterias, cepas, y dependen por entero del entorno y, para adaptarse a él y reproducirse, mutan genéticamente generando nuevas cepas, y del mismo modo que tampoco son sujetos semovientes, sino que son movidos por otros agentes, como las personas que son sus vehículos y los portan de un sitio a otro arracimadas en medios de transporte, tanto particulares como colectivos, de forma masiva, pero azarosa, sin intencionalidad ni mucho menos conciencia moral, así ocurre con las tecno-personas. La tecno-persona no tiene nada que ver con la persona tecnologizada, como vulgarmente se podría creer, pues ya en principio, la tecno-persona, a diferencia de la persona, no tiene conciencia. La tecno-persona, para Echeverría y Almendros (2020, pp. 81-132) es, antes al contrario, un concepto filosófico general, al objeto de designar entidades informacionales, más o menos vinculadas a las personas humanas o corporativas de las que surgen, las cuales se encuentran alojadas en las distintas nubes digitales, que son centros de almacenamiento y gestión de datos con naves de máquinas computadoras de muy ingente capacidad. Arriesgando la simplificación, hay que decir que por tecno-personas se tienen sistemas de datos, que convenientemente procesados, bajo una determinada aplicación tecno-lógica, presentan forma humana simulada en los monitores de los distintos dispositivos electrónicos computarizados. Cualquier usuario de smartphone que entre en las nefelibatas redes sociales digitales genera ya, toda vez que en el mundo digital o tercer entorno la identidad es cambiante y plural, varias tecno-personas. Las «nubes», principalmente las cuatro más ricas del mundo por su capitalización en Bolsa, Google, Apple, Facebook, Amazon han desempeñado un papel importantísimo en la difusión del tecno-virus asociado a COVID-19, al que Echeverría y Almendros, como hemos visto, denominan como «tecno-COVID- 19». También los medios de comunicación de la época industrial (prensa, radio, televisión, etc.) han contribuido mucho a difundirlo, sobre todo, dado el confinamiento casero obligatorio. En cualquier caso, las tecno-personas no se mueven por sí mismas, sino que son movidas por otros agentes, sea a través de instrucciones de cómo conducirse y qué gestos hacer ante las cámaras, sea a través de programas informáticos que transmiten por vía digital, nos demos cuenta o no, dadas las numerosas cámaras ocultas, las cookies o los sistemas de geolocalización que pasan todos nuestros ETHIKA+ José Antonio Marín-Casanova 226 datos a las nubes, para su custodia y procesamiento. De modo análogo tratan los epidemiólogos los datos de COVID-19, sin que el virus se entere. Así como los «Señores del Aire» o ya ahora Señores de las Nubes pueden prever nuestras conductas, los epidemiólogos pronostican la eventual evolución del coronavirus. De esta guisa, se construyen las tecno-personas, sean de índole política, social o vírica. Las redes globales de información y datos generan cotidianamente millones de tecno-personas posibles, incluidas las que se nos asignan como usuarios de las mismas. Esas tecnologías se han aplicado de forma masiva a COVID-19, que se ha convertido en la entidad informacional más mencionada en los mass media «tradicionales» y en las «nuevas» redes sociales mundiales, haciéndose viral de inmediato, un info-virus. Ya hace tiempo que es la tecno-persona más relevante del tercer entorno, su trending topic. Las tecno-personas, como la «epidemia de Agamben», pueden ser ficciones, casi siempre lo son, pero generan realidades como el dinero, ¡la mayor ficción! Las tecno-personas median entre los cerebros electrónicos y los cerebros orgánicos. Cuando entran por los ojos de las personas a través de las pantallas digitalizadas impregnan las mentes humanas. Casi siempre las contaminan. Así es como se ha generado un tecno-virus informacional a partir del coronavirus. No es descabellado, así pues, que una agencia tecnopolítica como la OMS mantenga la tesis comentada de que a la pandemia actual se le ha solapado una infodemia, esto es, una epidemia informacional, puesto que afecta intensamente a miles de millones de humanos. Ni que se pronostiquen daños mentales mayores que los males orgánicos suscitados por el coronavirus, por muy luctuosos que estos sean. Crisis sanitaria aparte, vienen profundas crisis económicas, sociales y políticas, cuyo conjunto configura los imaginarios tecno-COVID-19. En conclusión, la ingente masa de datos, ciertos o no, surgida a partir del virus, como este propio artículo, han creado una tecno-persona vírica, que tiene nombre e imagen global, con impactos que se cuentan por millones. La implementación informacional de COVID-19 por diversas organizaciones tecnocientíficas, como la OMS y la OPS, ha convertido una entidad biológica en una compleja cepa informacional y tecnológica: tecno-COVID-19. Ese ente artificial ha merecido la califición de tecno-persona vírica (Echeverría y Sánchez Almendros, 2020, p. 453), porque tiene un virus como origen, pero por su estructura y funcionamiento es muy similar al resto de tecno-personas de nuestro tiempo. De hecho, como las tecno-personas, es plural: no es una, sino muchas variantes de sí misma. Conforma tecno-virus informacionales que se trasmiten a través de los mass media y las redes sociales, casi siempre con el resultado de incidir y transformar el modus essendi, intelligendi et vivendi de las personas, tanto físicas como jurídicas. Por eso se trata de una tecno-persona, una tecno-naturaleza que genera diversos tipos de males, aparte de los físicos y orgánicos que, de acuerdo con su naturaleza DEL VIRUS AL INFOVIRUS ETHIKA+ 227 plural, el propio virus origina. Anida en los cerebros humanos y los trasfigura, generando «nueva normalidad». Su incidencia es creciente, hasta el punto de que hoy la infodemia ya está más extendida que la propia epidemia. Además de una pandemia vírica, sufrimos igualmente una tecno-pandemia tecno-vírica, una infopandemia. (RE)VISTA SINÓPTICA Una reflexión final, en sinopsis conclusiva, se impone: el virus, en su modalidad natural tanto como, sobre todo, tecno-natural, conforma el ejercicio de la vida en la época de la infopandemia y la «nueva normalidad». Tecno-COVID-19 ha convalidado la conversión de lo político-social (la gobernanza y la administración, el trabajo, la educación y hasta la sanidad) en tecno-político-social convirtiendo la excepción, lo onlife, en norma (la gobernanza y la administración, el trabajo, la educación y hasta la sanidad se realizan a distancia, con el prefijo «tele»). Los agentes y los pacientes político-sociales hodiernos, más que ser, funcionan como tecno-agentes y tecno-pacientes, tecnopersonas de etiología tecno-vírica. La actividad viral tiene como escenarios los edificios de uso público, las calles y plazas, las playas y parques, los medios colectivos de transporte. Esa actividad en el límite tiende a cero, gracias a la aplicación por los agentes gubernamentales de las tecnologías biopolíticas de disciplina social, de confinamiento doméstico, sobre todo, con instrumentos jurídicos de excepción penalizadores de toda desobediencia, siendo absorbida por la actividad tecno-viral, que tiende a infinito, en sus tecno-escenarios propios, mayoritariamente online, gracias a la mediación de las nefelibatas tecnologías de la información y la comunicación, que tele-presionan las mentes para interiorizar policialmente los datos y las discretas explicaciones oficiales y de científica apariencia sobre la evolución y la nocividad del coronavirus, asaltos tele-virales que bajan las defensas racionales a la vez que golpean a las emocionales. No es la implacable pestilencia la que está produciendo la metamorfosis de la normalidad de la vida urbana, sino las acciones tecno-políticas tomadas para afrontarla, aun cuando el reproche se lo lleve un virus previamente tecno-personificado. De hecho, seguramente el coronavirus COVID-19 pase, pero lo hará dejando tras de sí un elocuente ejemplo de lo que será lo (tecno) político-social en los tiempos por venir. Tal vez superaremos la pandemia, pero quizá al precio de que la tecno-pandemia informacional se quede fatalmente en casa. ETHIKA+ José Antonio Marín-Casanova 228 REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS Agamben, G. (2004). Estado de excepción. Homo sacer II. Pretextos. Agamben, G. (17 de marzo del 2020). Aclaraciones. Artillería Inmanente. https://artilleriainmanente.noblogs.org/?p=1364 ALAPE (2020). Infodemia y desinformación. ALAPE. https://alape.org/infodemia-y- desinformacion/ ASPO (2020). Sopa de Wuhan. Pensamiento contemporáneo en tiempos de pandemias. ASPO (Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio). Echeverría, J. y Sánchez, D. (2020). Tecnopersonas. Cómo nos transforman las tecnologías. Trea. Esposito, R. (2005). Inmunitas. Protección y negación de la vida, Amorrortu. Esposito, R. (2009). Comunidad, inmunidad y biopolítica. Herder. Esposito, R. (8 de febrero del 2020a). I partiti e il virus: la biopolitica al potere. La Repubblica. https://bit.ly/3iNBgIg Esposito, R. (28 de febrero del 2020b). Curati a oltranza. Antinomie. https://acortar.link/t9JxU Esposito, R. (18 de marzo del 2020). ll sistema immunitario di un Paese sono le sue istituzioni. . https://bit.ly/3h3ALsT Fernández, R. (2015). Tanatopolítica: opúsculo sobre los dispositivos humanos posmodernos. Páginas de Espuma. Han, B. (2012). La sociedad del cansancio. Herder. Han, B. (2014). Psicopolítica. Neoliberalismo y nuevas técnicas de poder. Herder. Harari, Y. (20 de marzo de 2020). The world after coronavirus. Financial Times. https://on.ft.com/310PW0i Horvat, S. (16 de febrero de 2020). Lo más contagioso es el miedo. El País. https://acortar.link/qqGLB Mbembe, A. (2003). Necropolitics. Public Culture, 15(1), 11 40. MIT. (2020). Here´s how social media can combat the coronavirus «infodemic». https://acortar.link/nq5bb Naciones Unidas (2020). La ONU contra la desinformación del Covid-19 y los ataques cibernéticos. https://acortar.link/toNmy Puig Punyet, Enric (2020). Cuerpos rotos. La digitalización de la vida tras la covid-19. Clave intelectual. DEL VIRUS AL INFOVIRUS ETHIKA+ 229 Sztajnszrajber, D. (29 de marzo de 2020). Ojalá superemos esta pandemia y nos deje algún aprendizaje, pero soy pesimista / Entrevistado por Sebastián Feijoo. Tiempo Argentino. https://bit.ly/2Y68EC1 Zarocostas, J. (2020). How to fight an infodemic. The Lancet, 395(10225), 676. https://doi.org/10.1016/S0140-6736(20)30461-X de 2020). Todos somos hoy Julian Assange, encerrados y sin visitas / Entrevistado por Rebeca Yanke. https://acortar.link/E4hVR