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La locura de Don Hernando Colón

Wagner Erbskorn, Klaus

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RECEPCIÓN PÚBL I CA DEL EXCMO . SR. D. KLAUS WAGNER ERBSKORN y CONSTESTACIÓN POR EL ACADÉMICO / DE NUMERO EXCMO . SR. D. ROGELIO REYES CANO 13 DE FEBR ERO DE 2000 LA LOCURA DE DON HERNANDO COLÓN Por KLAUS WAGNER ERBSKORN Excmo . Señor Director de la Real Academia Sevillana de Buenas Letras, Excma . Señora Académica, Excmos. e Ilmos. Señores Académicos, Excmas. e Ilmas. Autoridades, Señoras y Señores: Mis palabras iniciales han de ser, Excelentísimos Señora y Señores, de gratitud. Ser recibido en esta histórica Academia Sevillana de Buenas Letras es alto honor, especialmente para quien de la enseñanza y cultivo de las mismas, en la medida de sus fuerzas, ha hecho su profesión y medio de vida; y sería ocioso recordar que vivimos, en gran parte, lo que profesamos. Además, estas palabras han de ser no sólo de gratitud, sino también de gratulación, palabra que, aunque tenga la misma raíz de lo grato, significa algo diverso, la felicitación propia de encontrarme entre vosotros. Séame , pues, permitido manifestaros primero mi gratitud por vuestra benevolencia y, después, esa gratulación que en mí es doblemente sentida, porque me incorporo a tan ilustre Academia de la ciudad y del país, que en un acto de elección personal he querido hacer míos. 64 KL AUS WAGNER E RBSKORN Quiero, como es debido, evocar la figura del Excelentísimo Señor Don Ju an Infante-Galán, que me antecedió entre vos otros y con cuya amistad me honré, y traerla a la memoria p iado sa de esta Academia. Su obra escrita y su vida, tan implicada co n Ja religiosidad popular, ha dejado un largo eco. En él se producía esa feliz conjunción entre obra y vida, que reduce a una exc elente identidad al sabio y al creyente. Qued e, pues, siempre en nu estro recuerdo. Quiero dedi ca r también un cariñoso recuerdo a mi que rido compañero y amigo Alfonso Braojos, elegido académico de número el mismo día que yo. No puede estar hoy con nosotros co mo todos quisiéramo s. Una cruel enfermedad segó su vida en la plenitud de su fructífera existencia. Pretendo hablaros en la mañana de hoy sobre el te ma ti tulado, y se verá p or qué, La "locura" de don Hernando Colón. Si aún h oy la magnitud de la Biblioteca Colombina nos causa viva admiración y hasta asombro. a pesar de las pérdidas sufridas a lo largo de su azarosa hi sto ri a, cuánto mayor s ería el estupor que provocara entre aquellos de los contemporá neos de don Hernando Colón que tu vieron el privilegio de verla, o simplemente recibieron no ti cia de ella. El historiador de la co nqu ista de México Francisco López de Gómara, el cronista de Indias Gonzalo Fernández de Oviedo, además de los humanistas sevill anos Pero Mexía, cronista del Emp era dor. Alonso García de Matamoros, Juan de Mal Lara, fundador de la célebre Escuela de Humanidades y Gramática, junt o a la Alameda de Hé rcu les, o el grave literato y bibliófilo Gonzalo Argote de Molina, per sonajes todos sobresalientes en el universo de las letras, pensamiento o ciencias, se deshacen en elogios per so nal es para con su ilustre coetáneo y su renombrada biblioteca, que a su decir con tenía unos doce, trece, veinte y has ta veinticinco mil volúme ne s, alca nzando proporciones verdaderamente insólitas para su tiempo. Hoy sabemos que don Hernando Colón reunió al menos 15.344 libros, entre impresos y manuscritos, cuyo número puede aumentar fácilmente si tenemos en cuenta que numerosos volúmenes son facticios y contienen var ia s obras diferentes, como quedará de manifiesto al finalizar el Catálogo Concordado de la Biblioteca de don H ema ndo Colón que traemos entre mano s. LA LOCURA DE DON HERN A NDO COLÓN 65 Sin duda. ]a Librería Fernandina. que es así como don Hernando quiso que se llamase su biblioteca. es la mayor de carácter privado que se conoce en su é po ca. reunida a lo lar go de toda una vida. con tesón. sacrificio y grandes dispendios. "Quid e nim aliud dicam de illa bibliotheca, quam aliquot iam annos, tot tantisque exantlatis laboribus molirísT, escribe Nicolás Clenardo en la carta dedicatoria de su edición del Decadis prime liba I de Tito Lívio. Salamanca. 1533. y añade " Sane sumptu. magnificentiaque mirurn in modum spectande sunt edcs tue Hispalenses: at multo magis líbrorum thesauris comrnendande: quod inde proferre liceat.quicquid vsque scriptorum exortum est. Quas divitias. literatas opes. vt vndique ve! e penitissimis angulis erueres: iam semel atque iterum. dulci relicta patria. vniuersam fenne Europam perlustrasti. nullo nequc pecuniarum dispendio, neque viarum periculo detctTitus". A todas luces. Ja empresa que acometió don Hernando y las metas que con ella se había mar c ado se salen de lo común. c omo así lo percibió el bachiller Juan Pércz su amigo y fiel factótum en la librería. Haciéndose probablemente eco de la opinión pública de la Sevilla de su tiempo. escribe en su Memoria de las obras y libros de don Hemmzdo Colá11: "que esta obra fue como dicho tengo digna de grande admiración y para podello exprimir como lo siento quisiera el Espíritu Santo alumbrara mi entendimiento y avivara mi lengua para poder darlo a entender como yo lo siento. que querello engrander;er ni lo ar es lucura !sic]. pu es que ello manifiesta lo que es". Sin embargo. para muchos contemporáneos y. particulmmentc para al gu nos de sus cote1Tá neos. don Hemando debía de ser un enigma. No se correspondía con el hombre ideal del Renacimiento que postulara Baldassare Castiglione en su libro Il Cortigiano, el de armas y letras. como lo fuera Garcilaso de la Vega y. aun reconociéndole una vida virtuosa y dedicada al estudio. no lo graron comprender realmente Jos motivos que le impulsaban. Tanto la personalidad de don Hemando Colón como su obra. no se ajustaban ni a un canon ideal ni a un comportamiento corr iente, y suscitaban por ello no sólo la incomprensión de algunos. sino incluso su desaprobación. Como recuerda Juan Pérez, "no lo advirtiendo paresciéndoles que fuera me jor que estos dineros y tiempo que en esta sancta obra 66 KLAUS WAGNER ERBSKORN empleó, lo empleara en cetrería o en otros exercic;ios de caballeros, y aunque ansí no lo digan, virtualmente lo quieren decir, pues no lo aprueban lo que hizo." No participó Hernando Colón, como hemos dicho , de la ambivalencia expresada por el tópico de las armas y las letras, pero sí de esa otra cualidad propia del genio renacentista, Ja curiosidad intelectual por la diversi dad de la s cosas, que le llevó a adentrarse en los dominios más dispares. Fue un hombre polifacético, amante de la poesía, la música y la pintura, que cultivó, aunque sin destacar, cosmógrafo y nauta; filólogo; geógrafo, historiador del Descubrimiento y biógrafo de su padre. Pero Ja faceta más sobresaliente por la que alcanzó Ja fama e inmortalidad es la de su irreductible afición por los libros, a los que dedicó su existencia, viviendo por ellos y para su biblioteca. Don Cristóbal Colón reconoció pronto los extraordinarios talentos del hijo que hubo de la cordobesa Beatriz Enríquez de Arana, "que bien que él sea niño en días" -escribe en 1504 - "non es ansí en el entendimiento"; juicio en el que insistirá más tarde el padre Fray Bartolomé de Las Casas en su Historia de las Indias, cuando refiere que don Hernando "era inclinado a las ciencias y a tener muchos libros". Pero nadie mejor que el fiel amigo y colaborador, el ya nombrado bachiller Juan Pérez, supo captar el carácter y temperamento peculiar de su amo y condensarlo en estas palabras rebosantes de cariño y admiración: "Tuvo también don Hemando mi señor, que está en gloria, muy gran deseo de allegar muchos libros y aun todos los que pudiese hallar ( ... ). Este deseo que tuvo tan intenso fue y es digno de admiración, y de [él] resulta y siempre se seguirá provecho incomparable". De dónde le vendría este amor tan desmesurado por los libros es una cuestión difícil de contestar. Todos los testimonios referentes a sus relaciones con el mundo del libro son de fecha tardía, cuando en algunos documentos, pero principalmente en su testamento, se ocupa de la espléndida biblioteca que había lo grado crear en Sevilla. No obstante, es lícito admitir que su afición por los libros y las inquietudes intelectuales se despertaran en una época temprana de su vida, posiblemente de la mano de Pietro Martire d' Anghiera. El humanista italiano, instalado en la corte de LA LOCURA DE DON HERNANDO COLÓN 67 ·- - - -- -- - -- - los Reyes Católicos en la que fomentó con otros compatriotas suyos una cultura libresca - y no precisamente "de estufa'', como escribe Ramón Iglesia - , fue pr eceptor del malogrado príncipe Juan, del que eran pajes los dos hermanos Colón, Hernando y Diego. por una merced que los monarcas otorgaron a su padre en 149 3. Y las sin duda exquisitas enseñanzas de hombre tan destacado marcarían más profundamente el desarrollo intelectual del joven Hernando que ese primer contacto con los libros que pudo tener en el ambiente familiar. En efecto. como acertadamente señala Juan Gil. don Cristóbal sólo llegó a formar una pequeña pero. por otra parte, selecta biblioteca. de obras exclusivamente científicas. en una fecha bastante avanzada y posterior a su segundo viaje a las India s. A su muerte. Hernando Colón dejó una biblioteca singularmente grandiosa. que fue - y sigue siendo -el asombro de propios y extraños. Y cuando nos preguntamos si es obra de un bibliófilo excepcional o la de un bibliómano. hemos de respondernos que ni lo uno ni lo otro. Fue bibliófilo en el sentido más lato de la palabra, amante de los libros, como lo define por vez primera el padre Esteban de Terreros y Pando en su Diccionario de 1768-93, pero no en el sentido estricto que señala al individuo que co lecciona libros con criterios selectivos (primeras ediciones. obras de determinados autores o temas. impresos salidos de célebres tipografías o por sus encuadernaciones, etc.). Don H crnando adquirió. o al menos así se lo propuso, todos los libros que m edios y oportunidades le permitieron conseguir. ¿Entonces fu e bibliómano? Tampoco. En el para la época meritorio Diccionario del padre Terreros recién mencionado se definen también por primera vez l as voces "bibliomaniático" y "bibliomanía'', esta última como "afán, ansia de tener libros", amén de un comentario personal qu e se al eja de Ja asepsia de los diccionarios modernos, y que dice: "La bibliomanía es la enfermedad de este siglo: no obstante juzgo que hai otras más peligrosas, pues prevalecen entre ellas la avaricia y la pereza. que son el r eme dio de la bibliomanía: pudiéndose decir que es peor la cura que la enfermedad". Evidentemente, no es este el caso de don Hem ando Colón, que, como veremos enseguida, persiguió unos fines mucho más 68 KLAUS WAGNER ERBSKORN altos y sin antecedentes en la época, que bien podían parecer a algunos de sus contemporáneos -permítaseme decir - de locura. Recuérdese que en el clásico Diccionario de María Moliner se dice que, fuera de los usos clínicos de la palabra "locurq", ésta significa particularmente amor desmesurado. Él mismo explica su proyecto en el Memorial que en 1537 dirige al emperador Carlos V, ofreciéndole su librería nada menos que como "Biblioteca Nacional"(!): Propone: Primero: " . .. que aya cierto lugar en los reynos de Vuestra Magestad a do se recogan [sic] todos los libros y de todas las lenguas y facultades que se podrán por la christiandad y en fuera della ( !) hallar, lo qua! hasta oy no se sabe que príncipe aya mandado hazer, porque una cosa es ynstituir librería de los que en sus tiempos se hallan como algunos an fecho, y otra es dar horden cómo para sienpre se busquen y alleguen los que de nuevo sobrevynieren." Segundo. " . .. que demás de estar los libros juntos para que no se pierda la memoria de tan nobles varones, como se desvelaron para nuestro bien, [que] segund de munchos está ya perdida, de cuya copia e posesión pudiera resultar sertidunbre y sosiego para en las cosas que tocan a la religión y a el govierno de la república, y ansimesmo servirán para beneficio cornú[n]d y para que aya refujio donde los letrados puedan recurrir en qualquier duda que se les ofresciere". Del soberano, a quien solicita una subvención, espera responda "como a príncipe y enperador conpete ayudar y fauorescer y ser aconpañado de las letras juntamente con las armas, segúnd que sus claros predecesores en la co[m ]pelación de sus leyes lo testifican". Huelga recordar que tan sublimes aspiraciones no llegaron a realizarse, pero ello no quita para que nos encontremos ante un proyecto extraordinariamente moderno, y por ello difícilmente comprensible para muchos de sus contemporáneos, una empresa con la que Hernando Colón se adelanta al Siglo de las Luces. Sin embargo, más allá de estas pretensiones, se asoma otra intención más personal si cabe: el anhelo no confesado de emular LA LOCURA DE DON HERNANDO COLÓN 69 - - --- -- ------·-------- - - ----- --- al padre. si no en el campo de los descubrimientos y conquistas, sí en el terreno del conocimiento, como lo advierte con singular perspicacia Nicolás Clenardo en su carta dedicatoria. donde se lee: "!taque tuus ille pareos stupendo miraculo, ditionem cultumque Hispanorum alteri mundo inseruit: tu velut beneficii patemi gratiam recepturus. omnium gentium sapientiam in Hispaniam congeris". Fiel a este propósito, y hay que resaltarlo mucho, las adquisiciones realizadas por Hernando Colón no se someten en absoluto a ninguna restricción de carácter ideológico, religioso o de idioma. Sólo así comprenderemos cómo don Hernando pudo traer de Alemania, de los Países Bajos y, en menor medida, de Francia e Italia, más de mil obras que tratan de la Reforma, tanto desde el campo católico como del protestante. Entre ellas figuran las de Ulrico Zwinglio (29), Felipe MeJanchthon (44), una veintena de escritos del propio Lutero. lo mismo que otros de sus adversarios como Juan Dobneck Cochlaeus. acérrimo enemigo del heresiarca de Wittcnberg, Juan Fabri obispo de Viena, Silvestro Mazzolini da Prierio. y de nuestro humanista cordobés Juan Ginés de Sepúlveda, que en 1530. al coincidir ambos en Bolonia durante los días que precedieron a Ja coronación del Emperador, le obsequia con su De fato et libero arbitrio contra L11tlzerum. Cuando entre 1640 y 1662 el Santo Oficio de Ja Inquisición practica sus primeras visitas a la Biblioteca Colombina, propiedad ya entonces del Cabildo Catedral de Sevilla, los censores no debieron quedar poco sorprendidos al encontrarse con el mayor alijo de obras peligrosas y comprometidas jamás reunidas en la España del siglo XVI. Ardua debió de haber sido también la labor de eliminar o al menos censurar el ingente caudal de las obras en cuestión, ya que no obstante su reconocido celo, algunos títulos escaparon a las pesquisas de los infatigables argos del San- to Oficio y, en consecuencia, Ja Biblioteca guarda aún hoy varios escritos luteranos. Quede claro que la Reforma y todo lo que supuso en su · momento y supone todavía para la espiritualidad de Occidente, no Je interesaba a don Hernando, que siempre fue fiel hijo de la Iglesia Católica Romana; pero el hecho de que considerara que estas obras no debían faltar en su librería avala la seriedad de su em- 76 KLAU S WAGNER ERBSKORN mente, sus Amadises, Palmerines, y Renaldos, y hasta obras serias como La Araucana de Alonso de Ercilla o La Galatea del mismo Cervantes, que también poseía. Hemando Colón, en cambio, con toda la pasión por los libros y dueño de una de las bibliotecas más grandes de su época, apenas tuvo tiempo para leer algunos libros o hacérselos leer. En ocasiones un libro le acompañaba en sus viajes. Así en las Questiones super libro sententiarum del cardenal Pierre d' Ailly, comprado en Medina del Campo en julio de 1518, se lee la siguiente nota: "In ciuitate Hispalensi per quendam famulum meum quintadecima decembris 1519 fuit in - ceptum legi hoc uolumen me prandente ac cenante cuius tres primi libri finiti fuere in Ualentia ciuitate in fine mensis januarii 1520, quartus uero fuit inceptus Bruselis in Flandria 26 junii eiusdem 1520, ac in eodem oppido fuit totum pr efaturn uolumen 10ª julii sequentis finitum". Casi inmediatamente después acomete la lectura del Magnus elucidarius omnes hystorias et poeticas fabulas continens de Conradus de Muris que había comprado poco antes en Gante en agosto de 1520, infmmándonos que "Hunc librum incepi legere ac annotare Bruselis 29 augusti 1520, cuius maiorem partem perlegi Burmez [i .e. Worms] oppido Alemanie us que ad mensis Januarii 1521 finem", -es decir mientras los grandes decidían sobre los destinos del Imperio -"reliquam ueram partem perlegi in diuersis locis et temporibus". No obstante, con una capacidad de trabajo inusitada, dejó incluso libros anotados de su mano. Así, en las obras de Séneca, que co menzó a leer y a anot ar el sábado 6 de marzo de 1518, no pudiéndolo terminar ha s ta el 8 de julio de 1520, "distraydo por muchas ocupaciones y ca mino s", escribe, no sin orgullo y satisfacción, al lado de los célebres versos de la Medea: Venient annis saecula seris quibus Oceanus vincula rerum laxet et ingens pateat tellus Thetysque nouos dete ga t orbes nec sit terris ultima Thule "haec prophetia impleta est per patrem me um Cristoforum Colon almirantem anno 1492". LA LOCURA DE DON HERNANDO COLÓN 77 Don Hernando ciertamente no era de los hihliótafos, "sabios -como explica el padre Terrero - "que tienen libros raros y curiosos, y los guardan tanto, que no los comunican a persona alguna, y así se les da el nombre de bibliótafos, porque son como sepulcro de los libros". Pero tuvo sus prevenciones, cuando en su última voluntad manifiesta que la librería que había reunido con tantos esfuerzos no había de ser publica, sino, en todo caso, semipública. "Digo que esta librería no se hace tanto para estudio común como para guarda de todos los libros ( ... ) e que lo demás para el común basta para satisfazerse de dubdas o ver vna cosa notable". Los potenciales lectores habían de contentarse, a lo más, con hojear los libros detrás de una reja o estudiar los epítomes, "que para estudiar. ad long un" -sigue diciendo -"no les ha de faltar estudios e libros en que deprendan, pues vemos ques ynposible guardarse los libros aunque estén atados con cient cadenas". Con ese ce lo por conservar más que por difundir, don Hernando no se muestra tan moderno; pero gracias a sus desvelos, y a pesar de todos los contratiempos. hoy podemos disfrutar de ese impresionante legado que es la Biblioteca Colombina. "Por lo qual" - y termino con estas palabras del "magnífico caballero" Pero Mexía -"él deve ser alabado y meresce que los que en esta ciudad bivimos roguemos a Dios por su án im a; la qua!, según fue su vida, tan virtuosamente gastada en letras y en honestos exercicios, y su tan christiana y buena muerte, yo creo cierto que es tá en la gloria de Jesuchristo". Así sea. He dicho. 78 KLAUS W AGNER ERBSKORN BLIOGRAFÍA SE LECT A ANG LÉS. H1G1N10: .. La músi ca en la Biblioteca Colombina y en la Catedral de Sevilht", Anuario musical 2 ( 1947). págs. 3-39. BABELON , J EAN : La hibliotheque jiwl {'tti.ff de Fa1w11d Colomb. Paris, Librairie Ancicnnc Honoré Champion, Éditeur, 1913. BEAUJOUA N. Guv: "Femand Colomb et J'Europe intellcctuelle de son temps ... 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