scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

"La prisión del rey" voces subalternas e indicios de la existencia de una identidad política en la Castilla del siglo XV

Oliva Herrer, Hipólito Rafael

Abstract

El concepto de identidad es bastante polémico. En este artículo la noción de identidad se utiliza con una connotación concreta: la identidad como una estructura compartida para la comprensión de determinadas relaciones. Desde esta acepción la existencia de una identidad política extendida no queda circunscrita a cuestiones de desarrollo institucional, ni puede medirse exclusivamente en términos de conflicto abierto. Parece claro también que las condiciones particulares del repertorio documental medieval dificultan enormemente el análisis de identidades políticas definidas estrictamente en estos términos. El articulo trata de afirmar la existencia de una identidad política crítica extendida en el siglo XV castellano, mediante un análisis comparado de textos, centrado en una referencia concreta (el topos del rey preso). El análisis se prolonga tratando de abordar las condiciones que permiten la cristalización de la citada identidad política a través de un sistema de comunicación política que se demuestra al menos parcialmente autónomo.

Full text

HISPANIA. Revista Española de Historia, 2011, vol. LXXI, núm. 238, mayo-agosto, págs. 363-388, ISSN: 0018-2141 «LA PRISIÓN DEL REY»: VOCES SUBALTERNAS E INDICIOS DE LA EXISTENCIA DE UNA IDENTIDAD POLÍTICA EN LA CASTILLA DEL SIGLO XV* HIPÓLITO RAFAEL OLIVA HERRER Universidad de Sevilla RESUMEN: El concepto de identidad es bastante polémico. En este artículo la noción de identidad se utiliza con una connotación concreta: la identidad como una estructura compartida para la comprensión de determinadas relaciones. Desde esta acepción la existencia de una identidad política extendida no queda circunscrita a cuestiones de desarrollo institucional, ni puede medirse exclusivamente en términos de conflicto abierto. Parece claro también que las condiciones particulares del repertorio documental medieval dificultan enormemente el análisis de identidades políticas definidas estrictamente en estos términos. El articulo trata de afirmar la existencia de una identidad política crítica extendida en el siglo XV castellano, mediante un análisis comparado de textos, centrado en una referencia concreta (el topos del rey preso). El análisis se prolonga tratando de abordar las condiciones que permiten la cristalización de la citada identidad política a través de un sistema de comunicación política que se demuestra al menos parcialmente autónomo. PALABRAS CLAVE: Identidad. Política. Comunicación. Castilla. Siglo XV. «THE PRISON OF THE KING». SUBALTERN VOICES AND SIGNS OF THE EXISTENCE OF A POLITICAL IDENTITY IN 15TH CENTURY CASTILE ABSTRACT: The concept of identity is quite controversial. In this article I will deal with the notion of political identity in a particular way: identity as a shared structure for the understanding of a specific set of social relations. From this point of view the ———— Hipólito Rafael Oliva Herrer es miembro del Departamento de Historia Medieval y Ciencias y Técnicas Historiográficas de la Universidad de Sevilla. Dirección para correspondencia: Facultad de Geografía e Historia, Universidad de Sevilla, C/ Doña María de Padilla s/n, 41004-Sevilla. Correo electrónico: [email protected]. * Este artículo se ha redactado en el marco del proyecto de Investigación Espacio público, opinión y crítica política a fines de la Edad Media (HUM 2007-65750), financiado por el Ministerio de Educación y Ciencia. HIPÓLITO RAFAEL OLIVA HERRER Hispania, 2011, vol. LXXI, n.º 238, mayo-agosto, 363-388, ISSN: 0018-2141 364 very existence of an extended political identity does not depend on institutional development issues, nor can it be solely measured by its implications in terms of social conflict. It seems clear that a political identity defined in these terms is quite difficult to analyse considering the particular conditions offered by medieval documentary evidence. Trying to prove the existence and crystallisation of such political identity in 15th- century Castile, this article carries out a comparison of a series of texts taking as a reference point a concept repeated in all of them (the topos of the prisoner king). The analysis goes on to focus on the particular conditions which allow for the crystallization of such an identity through a communication system that is at least partly autonomous. KEY WORDS: Identity. Politics. Communication. 15th century. Castile. INTRODUCCIÓN El concepto de identidad es sin duda complejo. El apogeo de la Historia cultural lo ha colocado en el centro de la producción historiográfica, aunque las utilizaciones que se hacen del término no sean necesariamente compatibles. El rango de los empleos del concepto puede variar desde una acepción fuerte, de inspiración comunitarista, que sitúa la identidad como referente último del proceso social y del conflicto, a otra que tiende más bien a equipararlo a nociones surgidas en el ámbito de la historia social, sustituidas recientemente por el nuevo aparato conceptual1. No pretendo detenerme a discutir la ingente producción que sobre la cuestión de las identidades políticas se ha generado en los últimos años. Me contentaré con efectuar algunas breves consideraciones que, no por obvias, a mi entender resultan menos necesarias. La primera de ellas es que, tal como ha demostrado de manera convincente la crítica postcolonial, las identidades no son exhaustivas, bien se trate de identidades familiares, comunitarias, de clase y por supuesto, de identidades políticas2. Los individuos participan de identidades diferentes, y el tipo de argumentos y recursos culturales que movilizan puede variar y de hecho lo hace en contextos diferentes. Para un jornalero en un pueblo castellano del siglo XV, es posible que la comunidad constituya un marco identitario y que se implique en un conflicto ———— 1 Por ejemplo, la noción de clase experimentada, tal y como fuera formulada por THOMPSON, E.P., The making of the English working class, Londres, Vintage, 1963. Para un ejemplo de la primera acepción SÁNCHEZ LEÓN, P., «La constitución histórica del sujeto comunero: orden absolutista y lucha por la incorporación estamental en las ciudades de Castilla: 1350-1520», en MARTÍNEZ GIL, F. (ed.), En torno a las Comunidades de Castilla. Actas del Congreso internacional Poder, conflicto y revuelta en la España de Carlos I, Cuenca, Universidad de Castilla-La Mancha, 2002, págs. 159-208 y de manera más matizada en «El poder de la comunidad», en RODRÍGUEZ, A. (ed.), El lugar del campesino. En torno a la obra de Reyna Pastor, Valencia, Universidad de Valencia, 2007, págs.331-338. 2 Sobre estas cuestiones, SAID, E., Cultura e imperialismo, Barcelona, Anagrama, 1996. «LA PRISIÓN DEL REY»: VOCES SUBALTERNAS E INDICIOS DE LA EXISTENCIA DE UNA IDENTIDAD... Hispania, 2011, vol. LXXI, n.º 238, mayo-agosto, 363-388, ISSN: 0018-2141 365 por el aprovechamiento de sus montes, o incluso que participe en un enfrentamiento ritual por una cuestión de delimitación de términos, frente a los habitantes del pueblo vecino3. Esto no implica necesariamente que el discurso comunitario esgrimido por las élites locales sea efectivo a la hora de legitimar sus decisiones políticas. Este individuo puede compartir con otros en su misma situación una visión crítica respecto al tipo de relaciones imperantes en la comunidad, sin que ello dé lugar a la formalización de ningún tipo de organización4. Puede incluso conversar en el monte, junto al fuego, con un vecino del pueblo de al lado, con el que unos meses antes se había enfrentado, y reconocer, ambos, que la forma que en los rectores de las comunidades respectivas dirigen sus asuntos resulta ampliamente perjudicial para los intereses de los dos. Seguramente por este pequeño escenario imaginado, que por otro lado sería muy difícil de reconstruir utilizando las fuentes medievales, hayamos visto el despliegue de varias identidades, que incluso podríamos calificar como políticas. Cualquier individuo se encuentra inserto en un conjunto variado de redes, lo que no implica que necesariamente exista una multiplicidad indefinida de identidades políticas, cada una de ellas vinculada a un tipo de relación. Esta última afirmación, más bien, nos invita a analizar qué tipo de relaciones y qué contextos coadyuvan a la cristalización de un imaginario político extendido, o si se prefiere, de una identidad. He dedicado algunas líneas a la reflexión precedente, a riesgo de que pueda ser considerada banal, para tratar de fundar una prevención, que tiene que ver con la manera en que los medievalistas podemos importar un concepto que ha adquirido su pleno desarrollo en el ámbito de la sociología y otras ciencias sociales. Mi intención no es denegar la validez heurística del concepto de identidad política5. Tiene más bien que ver con la manera en que nosotros la pode- ———— 3 De hecho, el propio carácter de la comunidad campesina medieval es una cuestión todavía debatida. Frente a la visión que enfatiza el aspecto identitario y el imaginario compartido de las comunidades rurales, fundamentado en la asociación territorio/recursos /explotación colectiva, se han alzado voces que consideran, por ejemplo, que el discurso comunitario es una creación de las élites locales o que argumentan que la comunidad rural no constituye un cúmulo de valores compartidos, siendo más bien un escenario en el que se despliegan diferentes redes y estrategias. Para estas dos últimas interpretaciones, cf. WICKHAM, C., Community and clientele in twelfth-century Tuscany. The origins of the Rural Commune in the Plain of Lucca, Oxford, Clarendon Press, 1998 y SABEAN, D., Power in the blood. Popular culture and village discourse in early modern Germany, Cambridge, Cambridge University Press, 1984, respectivamente. Respecto de los enfrentamientos rituales en procesos de apropiación simbólica del territorio es interesante el trabajo del antropólogo ALONSO PONGA, J.L., Rito y sociedad en las comunidades agrícolas y pastoriles de Castilla y León, Valladolid, Junta de Castilla y León, 1999. 4 Sobre estas cuestiones, SCOTT, J., Weapons of the weak. Everyday forms of peasant resistance, New Haven, Yale University Press, 1985. 5 Reflexiones interesantes respecto a la importación creativa de conceptos generados en otras disciplinas en SAID, E., «Teoría ambulante», en SAID, E., El mundo, el texto y el crítico, Madrid, Debate, 2004. HIPÓLITO RAFAEL OLIVA HERRER Hispania, 2011, vol. LXXI, n.º 238, mayo-agosto, 363-388, ISSN: 0018-2141 366 mos percibir y con la medida en que el repertorio de fuentes disponible condiciona o distorsiona el análisis de las identidades políticas existentes. En la acepción del término que voy a utilizar a lo largo de este artículo, la construcción de identidades políticas tiene que ver con la asunción de determinados referentes que posibilitan la constitución de una estructura compartida para la comprensión de determinadas relaciones6. La cuestión que se plantea, obviamente, es cómo observar la existencia o no de una determinada estructura de actitud y referencia y delimitar en qué medida se encuentra socialmente difundida7. Ni disponemos de la panoplia de encuestas de los sociólogos ni la descripción densa de los antropólogos se encuentra exenta de problemas para los medievalistas8. Esto explica que a la hora de considerar la existencia de identidades políticas en el campo de la Historia medieval generalmente se produzca, por un lado, una deriva de lo estrictamente cultural hacia lo formalizado (organizativo o institucional) o bien, que nos veamos obligados a analizar las identidades políticas cuando estas se manifiestan abiertamente, a través del conflicto. En cualquier caso, la relación entre identidad y conflicto es un aspecto problemático. El conflicto puede interpretarse como vehículo de expresión de identidades ya existentes, como elemento para su reforzamiento, como crisol que permite la generación de identidades nuevas o como una conjunción de todos estos elementos9. De una forma o de otra, ello nos aboca a una visión restrictiva de lo político, al menos si nos situamos en la estela de Austin y de los historiadores de la escuela de Cambridge y consideramos que el hecho de hablar, en sí, puede ser un acto político10. Dicho de otra manera, la reconstrucción de los procesos sociales operada por las fuentes inevitablemente proyecta una zona de sombra en ———— 6 Interpretación similar a la esgrimida por WOOD, A., The 1549 Rebellions and the Making of Early Modern England, Cambridge, Cambridge University Press, 2007, pág. 133. 7 Concepto este, el de estructura de actitud y referencia, inspirado por los trabajos de E. Said, en particular el ya citado Cultura e imperialismo. 8 A pesar de las prevenciones vertidas sobre el concepto de opinión pública por BOURDIEU, P., «L’opinion publique n’existe pas», en BORDIEU, P., Questions de sociologie, Paris, Les editions de Minuit, 1980, págs. 222-235. Respecto de la utilización de las categorías forjadas por la antropología y algunos de los problemas que plantea para el historiador, cuyo campo de observación está condicionado por las referencias documentales, son de interés las reflexiones formuladas en su momento en el contexto de la historiografía sobre el México colonial por VAN YOUNG, E., «The New Cultural History Comes to Old Mexico», The Hispanic American Historical Review, 79, 2 (1999), págs. 211-247. 9 Incide en estos aspectos, CHALLET, V., «Las revueltas medievales: ¿sociabilidades conflictivas o conflictos de sociabilidad?», en MARTÍN CEA, J.C. (ed.), Convivir en la Edad Media, Burgos, Dossoles, 2010, págs. 253-251. 10 AUSTIN, J.L., How to do things with words, Oxford, Clarendon Press, 1975. POCOCK, J.G.A., «Verbalizing a political act: towards a politic of speech» y «The concept of a language and the metier d’historien: some consideration on practice», en POCOCK, J.G.A., Political Thought and History. Essays on Theory and Method, Cambridge, Cambridge University Press, 2009, págs. 33-50; SKINNER, Q., Vision of politics. 1. Regarding Method, Cambridge, Cambridge University Press, 2002. «LA PRISIÓN DEL REY»: VOCES SUBALTERNAS E INDICIOS DE LA EXISTENCIA DE UNA IDENTIDAD... Hispania, 2011, vol. LXXI, n.º 238, mayo-agosto, 363-388, ISSN: 0018-2141 367 la que es necesario indagar. Para los que nos dedicamos a la «cultura política popular», con todas las prevenciones que quepa aplicar a esta categoría, el problema es bastante conocido11. Se trata de la política de la palabra o del silencio, o si se prefiere utilizar la exitosa conceptualización acuñada por el antropólogo J.C. Scott, del problema del «discurso oculto»12. Aceptar que las relaciones entre estructura, en este caso cultural, y acción distan mucho de ser lineales, o si se prefiere entre formas de pensar y de actuar, nos permite ampliar el campo de observación y preguntarnos por la existencia o no de otras estructuras compartidas para la percepción de determinadas relaciones: de otras identidades políticas y de las redes que las soportan. Parece claro también que las dificultades a afrontar son mayores y que las posibilidades de verificación reposan en una concatenación de elementos que permitan la atribución de significados, en otras palabras, en lo que fuera definido en su día por C. Ginzburg como paradigma indiciario13. EL DISCURSO EXPRESO ¿Quien prendió al rey don Juan segundo sino los grandes? ¿Quien le soltó e hiço reinar, sino las comunidades, y especialmente la nuestra, quando en Portillo le tubieron preso? Véase la istoria que claro lo diçe: Subcedió al rei don Juan al rei don Enrique, su hijo, al qual los grandes depusieron de rei, alçando otro rei en Avila, e las comunidades, y espeçial la nuestra de Valladolid le bolvieron su çetro e sila real, echando a los traidores della. Bien saven vuestras señorías que el rei de Portogal los grandes le metieron en Castilla. Porque los reies de gloriosa memoria, don Fernando e doña Ysavel, padres y agüelos de sus magestades, no reina(ra)n, sino las comunidades le vencieron y hecharon de Castillla e hiçieron pacíficamente reina (sic) sus naturales reies. E no allarán vuestras señorías que xamás en España a avido desobediençia, sino por parte de los cavalleros. No obediençia ni lealtad, sino de las comunidades, y espeçialmente de la nuestra. E si vuestras señorías quieren ver en lo que toca a la haçienda, verán claro que los pueblos son los que al rei enrique (cen) e los grandes son los que le an enpobreçido todo el reino: vasallos y alcavalas y otras rentas reales que heran del rei e los pueblos las pagan. ¿Quién las han quitado a sus magestades sino los grandes? Vean vuestras señorías quan pocos pueblos quedan ya al rei que dende aquí a Santiago, que son çien legoas, no tiene el rei sino tres lugares14. ———— 11 Véanse, por ejemplo, las prevenciones expresadas en su momento respecto de la categoría «cultura popular» por DAVIES, N.Z., «Towards Mixtures and Margins», American Historical Review, 97, 4 (1992), págs. 1409-1416. 12 SCOTT, J., Domination and the Arts of Resistance: Hidden Transcripts, New Haven, Yale University Press, 1990. 13 GINZBURG, C., «Clues: Roots of a Scientific paradigm», History and Theory, 7, 3 (1979), págs. 273-88. 14 La transcripción citada procede del manuscrito 1779 de la Biblioteca Nacional, cuya edición estoy preparando en colaboración con M.A. Carmona. En su día, la carta original, conservada en HIPÓLITO RAFAEL OLIVA HERRER Hispania, 2011, vol. LXXI, n.º 238, mayo-agosto, 363-388, ISSN: 0018-2141 368 El texto que acabo de presentar es un razonamiento que forma parte de una carta enviada por la Comunidad de Valladolid en enero de 1521 al cardenal Adriano, gobernador del reino designado por Carlos V, en pleno conflicto de las Comunidades. Se trata, en todo caso, de una de las manifestaciones más completas de que disponemos de un discurso político de contestación que efectúa una lectura de los acontecimientos políticos del último siglo en clave claramente antinobiliaria: es la actuación de los «caballeros» la que ha causado la ruina del reino, en contraste con el apoyo prestado al rey por parte del pueblo. Este discurso, esgrimido por el ala más radical del movimiento comunero, el común de la ciudad de Valladolid, presenta claros paralelismos con un discurso político que vemos emerger desde el mundo rural castellano al menos treinta años antes, que he tenido ocasión de analizar ampliamente y al que luego volveré a referirme. En este caso, se añaden otros componentes: la falta de libertad del rey es la causa fundamental de la injusticia imperante en el reino. Esta última se traduce fundamentalmente en el despliegue de la violencia nobiliar y como consecuencia, en la enajenación del patrimonio regio. Desde mi punto de vista, ambos discursos están directamente conectados, aunque existen algunas diferencias de matiz: Las reclamaciones que emergen desde el mundo rural adquieren una clara coloración antiseñorial. Lo que se denuncia no es tanto la pérdida del patrimonio real sino sus consecuencias, esto es: la caída bajo la dependencia señorial de aquellos pueblos que antes pertenecían al señorío del rey. Las diferencias se explican, en todo caso, porque los contextos de enunciación de ambos discursos son diferentes y posiblemente las aspiraciones de unos y otros. Hasta tal punto, que el discurso que emerge del mundo rural desemboca en una impugnación del señorío considerado como el fruto de la opresión nobiliaria, perpetuado por la falta de justicia15. A lo largo de este artículo defenderé la idea de que la coincidencia de los argumentos de ambos discursos es reveladora de una identidad política. Esto es, de una estructura compartida para la comprensión de determinadas relaciones que desemboca en la identificación de un adversario social, que puede expresarse con matices diferentes dependiendo del contexto de enunciación y de los intereses que estén en juego. Que puede incluso no formularse explícitamente y coexistir con otras formas de expresión política más adecuadas a las distintas coyunturas y necesidades. Obviamente, y dadas las dificultades implícitas en la definición del objeto, resulta muy difícil dar cuenta de su extensión antes de su emergencia como discurso abierto, pese a que dispongamos de algunas evidencias en este sentido. ———— Simancas, fue publicada por PÉREZ, J., La revolución de las comunidades de Castilla, Madrid, Siglo XXI, 1981, pág. 481. 15 Aspectos de los que me he ocupado en extenso en OLIVA HERRER, H.R., Justicia contra señores. El mundo rural y la política en tiempos de los Reyes Católicos, Valladolid, Universidad de Valladolid, 2004. «LA PRISIÓN DEL REY»: VOCES SUBALTERNAS E INDICIOS DE LA EXISTENCIA DE UNA IDENTIDAD... Hispania, 2011, vol. LXXI, n.º 238, mayo-agosto, 363-388, ISSN: 0018-2141 369 En estas circunstancias, la alternativa más viable probablemente sea un análisis genealógico, centrado en el vocabulario, los conceptos y su articulación en cadenas significativas. Un análisis que, dada la dificultad de reconstruir contextos, en mayor medida de lo que hubiéramos deseado, ha de ser necesariamente formal y comparativo. ECOS EN EL ESPACIO PÚBLICO La prisión real o simbólica del rey, la violencia nobiliaria, la falta de justicia o el pueblo como único soporte real del soberano se convierten en conceptos que articulan un discurso abierto de contestación. Lo interesante para el problema que aquí nos ocupa es que es posible rastrear algunos de sus ecos en el espacio público en fechas más tempranas. El siglo XV castellano está salpicado de guerras civiles y enfrentamientos más o menos soterrados entre bandos nobiliarios por el control del poder político. En este contexto, el apoyo popular se convierte en un factor relevante16. Esto desemboca en un activo proceso de comunicación política mediante el que algunos de los conceptos, que hemos visto estructurando un discurso de contestación, son empleados y vertidos al espacio público desde las más altas instancias de poder. El primero de los textos que nos permite observar este fenómeno data de una fecha relativamente temprana, febrero de 1444. Se trata de un llamamien- to efectuado por el infante Don Enrique, el futuro rey Enrique IV, a los pueblos y ciudades del principado de Asturias. El contexto en el que se produce es el siguiente: La guerra desatada por un complejo enfrentamiento de bandos nobiliarios ha desembocado en el apresamiento del rey. En los primeros meses de 1444, el infante Don Enrique, de hecho, está actuando como sustituto del rey, tal y como demuestran una serie de cartas dirigidas al conjunto del reino17. La primera acción que lleva a cabo, sin embargo, es tomar el control del principado, dominado de facto por los Quiñones, como le corresponde en tanto primogénito18. El llamamiento a los concejos del Principado es relevante no ———— 16 Como ya apuntara en su momento VALDEÓN BARUQUE, J., «Resistencia popular y poder monárquico en Castilla (1252-1521)», en LORING GARCÍA, M.I. (coord.) Historia social, pensamiento historiográfico y Edad Media. Homenaje al Prof. Abilio Barbero de Aguilera, Madrid, Ediciones del Orto, 1997, págs. 631-642. 17 Sobre este contexto, SUÁREZ FERNÁNDEZ, L., Enrique IV de Castilla, Barcelona, Ariel, 2001, págs. 49-50 y Nobleza y monarquía. Puntos de vista sobre la historia política castellana del XV, Valladolid, Universidad de Valladolid, 1975, págs. 159-160. 18 Respecto de lo relativo al Principado de Asturias, además de las citas efectuadas en la nota precedente, puede acudirse a RUIZ DE LA PEÑA SOLAR, J.I., «Aproximación a los orígenes del Principado de Asturias y de la Junta General», en VELASCO ROZADO, J. y SANZ FUERTES, M.J. (ed.), Los orígenes del Principado de Asturias y de la Junta General, Oviedo, Junta General del Principado de HIPÓLITO RAFAEL OLIVA HERRER Hispania, 2011, vol. LXXI, n.º 238, mayo-agosto, 363-388, ISSN: 0018-2141 370 solo porque expone sus razones para hacerse con el control del territorio, sino porque representa una toma de posición política respecto de los acontecimientos del conjunto del reino19. El discurso esgrimido por Enrique, de hecho, puede ser interpretado como un programa político y como el fundamento de su legitimidad para el ejercicio del poder, en unas circunstancias complicadas. Lo qual fasta aqui cese de asy exercer e usar, ansy por causa de mi menoridad, como por causa de los grandes debates e escandalos en estos rreynos, asy antes quel dicho ser rrey fuese obpreso de su persona, segund que esta por algunos de aquellos que ansy estan cerca de su persona, e de aliados e confederados, e que le han tomado e ocupado e trabajan cuanto mas pueden por le tomar e ocupar ciudades, e villas, e lugares, e fortalezas las mas principales dellas, e las rrentas, e pechos e derechos pertenescientes a su corona rreal […] e otros muchos de los grandes de principales destos rreynos e contra sus cibdades e villas e naturales […] Como mas principalemente despues que ansy tienen obpresa la persona del dicho rrey mi señor han fecho e cometido todas las cosas que suso se haze mincion e otras muchas mas e despues de todo esto ansy pasado yo he avydo e soy cierto e certificado de la poca justicia, que a abydo muchas e desaguisadas muertes de ombres .. e fechos muchos robos e tomas de bienes e tomadas mugeres e moças por fuerça e cometidos otros muchos e muy grandes e muy feos maleficios. E porque mediante nuestro señor Dios, e de su ayuda e de otros muchos grandes prelados e cibdades e villas e lugares del dicho rrey mi señor e de otros buenos leales subditos vasallos e vasallos suyos e mios, yo soy dispuesto de librar la persona del dicho rrey mi señor de la dicha obpresion en que a estado y esta, e de travajar como las dichas civdades e villas e lugares e fortalezas e pechos e derechos e rrentas le sean desembargados20. Lejos de presentarse como la solución a una cuestión de interés regional, el alcance del documento radica en que puede considerarse representativo de la posición pública adoptada por el Infante, y todo ello para que «de aqui adelante se faga cumplimiento de justicia enteramente»21. Es bastante significativo que esta se organice en torno tres nociones clave: la primera, la prisión del rey y su correlato en la falta de justicia y la violencia. La segunda, el asalto de los nobles al patrimonio regio, que se concreta en un vocabulario muy específico: villas y ciudades son «tomadas y ocupadas». La tercera, la oposición entre los grandes y las ciudades, villas y naturales. Poco importa que la práctica política posterior del futuro monarca desmintiera los principios aquí enunciados. El documento es relevante en tanto indica- ———— Asturias, 1998, págs. 385-406. Sobre la actividad de los Quiñones en la zona, ÁLVAREZ ÁLVAREZ, C., «Los Quiñones y el principado de Asturias», ibidem, págs. 165-183 y ÁLVAREZ ÁLVAREZ, C., El Condado de Luna en la Baja Edad Media, León, Instituto Fray Bernardino de Sahún, 1982. 19 Probablemente el documento que aportamos a continuación modificará ligeramente la cronología aceptada para estos acontecimientos. 20 Archivo de la Real Chancillería de Valladolid. Pleitos civiles. Pérez Alonso (F). C1369-6. 21 Ibidem, fol. 27v. «LA PRISIÓN DEL REY»: VOCES SUBALTERNAS E INDICIOS DE LA EXISTENCIA DE UNA IDENTIDAD... Hispania, 2011, vol. LXXI, n.º 238, mayo-agosto, 363-388, ISSN: 0018-2141 371 tivo del lenguaje y los conceptos con los que se trata de captar la adhesión en un momento de crisis política. Treinta años más tarde, en una situación igualmente crítica, vemos cómo desde las altas instancias del reino se formula un discurso que contiene elementos similares. Se trata de determinar quién debe suceder al rey, Enrique IV, y el enfrentamiento se produce entre el propio rey y la infanta Isabel, la futura reina Isabel la Católica22. Tratando de conseguir la adhesión popular y de legitimar sus aspiraciones, Isabel despliega un discurso público en el que se presenta como defensora de la Corona y del patrimonio real. Critica las enajenaciones del patrimonio real efectuadas por el rey Enrique IV. Este último ha entrado en una espiral de donaciones a la nobleza tratando de conseguir apoyos y la pacificación del reino, de modo que muchas villas, antes pertenecientes al patrimonio regio, han pasado a convertirse en señoríos de la nobleza. Por momentos, el discurso esgrimido por Isabel adquiere un carácter ambivalente, en el que es perceptible, incluso, un cierto tinte antiseñorial, tal y como manifiesta el apoyo a ciertos levantamientos, como apuntara en su día J. Pérez23. Así queda reflejado, en el acto público por el que Isabel toma bajo su amparo la villa de Moya, garantizándole su permanencia en el realengo, y en el discurso que acompaña esta escenificación. El representante de Isabel asegura tomar posesión de la villa: Por no dar lugar que la dicha villa y su tierra sean ocupados por algunos tiranos por la apartar de la corona real de Castilla en gran deservicio del ylustrisimo señor el señor rey de Castilla. Esta villa e su tierra a sido muy mal labada e maltratada e robada por muchos e diversos señores, queriendola mal lebar e apremiar por la atraer a si e para si […] aquellas personas que eran e de razon debian ser en serbicio del rey nuestro señor […] casi presumian tener razon para saber la voluntad del rey24. ———— 22 La situación política de aquellos años ha sido descrita de manera prolija por VAL VALDIVIESO, M.I. del, Isabel la Católica princesa, 1468-1474, Valladolid, Instituto Isabel La Católica de Historia Eclesiástica, 1974 y «La herencia del trono», en VALDEÓN BARUQUE, J. (ed.), Isabel la Católica y la política, Valladolid, Ámbito 2000, págs. 15-50, o en su más reciente Isabel la Católica y su tiempo, Granada, Universidad de Granada, 2005. También por AZCONA, T., Isabel la Católica: estudio crítico de su vida y su reinado (1474-1504), Madrid, Biblioteca de Autores Cristianos, 1964 e «Isabel la Católica bajo el signo de la revolución y de la guerra (1464-1479)», en VALDEÓN BARUQUE, Isabel la Católica y la política, págs. 51-82; Finalmente, SUÁREZ FERNÁNDEZ, L., La conquista del trono, Madrid, Rialp, 1989. A ellos remitimos para un análisis detallado. 23 PÉREZ, J., «Los Reyes católicos ante los movimientos antiseñoriales», en, PÉREZ, J., Violencia y conflictividad en la sociedad de la España bajomedieval. Zaragoza, Universidad de Zaragoza, 1995, págs. 91-99, esp. págs. 96-97. 24 VAL VALDIVIESO, M. I del, «Resistencia al dominio señorial durante los últimos años del reinado de Enrique IV», Hispania, 126 (1974), págs. 53-104, apéndice documental, doc. n.º 4, pág. 94. HIPÓLITO RAFAEL OLIVA HERRER Hispania, 2011, vol. LXXI, n.º 238, mayo-agosto, 363-388, ISSN: 0018-2141 378 Las objeciones mayores derivan del propio cuestionamiento de la posibilidad de recuperar la voz del sujeto subalterno, tal y como han sido formuladas por G. Spivak en su conocido artículo «Can the subaltern speak?». Indiscutiblemente la formulación de Spivak merece una discusión más profunda de la que yo voy a formular aquí. Me contentaré con señalar que, tal como he apuntado anteriormente, no creo que su concepción del sujeto subalterno, enunciada en el marco de la crítica postcolonial, sea automáticamente trasladable a la cultura política del último medievo50. Un segundo rango de objeciones, más concretas, tienen que ver con las posibilidades que los pleitos ofrecen como fuente para el historiador. Formulaciones radicales como las de Marta Madero, Jacques Chiffoleau o Julien Thery, o de manera más matizada D. Lett, argumentan que el proceso de construcción de la fuente desvirtúa cualquier tipo de análisis que pueda hacerse al margen del propio estudio del texto51. Un segundo tipo de argumentos incide en el carácter estratégico de las declaraciones testificales para desmontar su posible utilidad52. Mi respuesta a ambas objeciones se aproxima bastante a los postulados defendidos por historiadores como C. Ginzburg o más recientemente por A. Wood, al señalar el carácter polífónico de este tipo de fuentes53. Esto implica aceptar que la dimensión retórica, la posible orientación estratégica de las narraciones o incluso la disimetría de relaciones de fuerza que caracterizan determinado tipo de pleitos no invalidan su utilidad como fuente, aunque nos im- ———— 50 La última elaboración del artículo por parte de su autora en SPIVAK, G., A Critique of Postcolonial Reason: Toward a History of the Vanishing Present, Cambridge-Londres, Harvard University Press, 1999. Una introducción en castellano a los planteamientos del grupo de los Estudios y Subalternos y en particular a las críticas formuladas por Spivak en GAVILÁN, E., «Historia subalterna. El giro culturalista en los márgenes del discurso histórico», en LLINARES, J.B. y SÁNCHEZ DURÁ, N. (eds.), Filosofía de la cultura, Actas del IV Congreso Internacional de la Sociedad Hispánica de Antropología Filosófica (SHAF), Valencia, Universidad de Valencia, 2001, págs. 61-80. 51 MADERO, M., Las verdades de los hechos. Proceso, juez y testimonio en la Castilla del siglo XIII, Salamanca, Universidad de Salamanca, 2004, págs. 130-31. CHIFFOLEAU, J., «Dire l’indecible. Remarques sur la catégorie du nefandum du XIIe au XVe siècle», Annales. Histoire, Sciences Sociales, 45 (1990), págs. 289-324; THERY, J., «Fama: l’opinion publique comme preuve judiciaire: Aperçu sur la révolution médiévale de l’Inquisitoire (XIIe-XIVe siècles)», en LEMESLE, B. (ed.), La Preuve en justice de l’Antiquité à nos jours, Rennes, Presses Universitaires de Rennes, 2003, págs. 119-148. LETT, D., Un procès de canonisation au Moyen Âge. Essai d’histoire sociale, París, PUF, 2008. 52 Sobre estas cuestiones, y a pesar de ellas, sobre la utilidad de los pleitos como fuente para el historiador, WICKHAM, C., Courts and conflict in twelfth-century Tuscany, Oxford, Oxford University Press, 2003, esp. págs. 303-312 y «Gossip and Resistance among the Medieval Peasantry», Past and Present, 160 (1988), págs. 3-24, donde la argumentación incide en que, en definitiva, la orientación estratégica que se achaca a las declaraciones es esencialmente la misma que preside las interacciones de la vida cotidiana. 53 GINZBUG, C., «The inquisitor as anthropologist», en GINZBUG, C., Miths, emblems, clues, Londres, Radius, 1990, págs. 157-161. WOOD, The 1549 Rebelions, págs. 91-140. «LA PRISIÓN DEL REY»: VOCES SUBALTERNAS E INDICIOS DE LA EXISTENCIA DE UNA IDENTIDAD... Hispania, 2011, vol. LXXI, n.º 238, mayo-agosto, 363-388, ISSN: 0018-2141 379 ponen la necesidad de establecer otro tipo de relaciones extratextuales para verificar su contenido54. En definitiva, no se trata de sostener una concepción que pretenda recuperar una voz esencial del sujeto subalterno, ni tampoco de renunciar a la posibilidad de análisis. Lo que se pretende, reconociendo las dificultades, es superar una visión centrada en los procesos de construcción de la fuente para abordar el análisis de los materiales con que esta se construye, siempre susceptibles de comparación con otros contextos y otro material documental55. La pretensión es sin duda más modesta, pero no por ello menos atractiva. Comenzar a contextualizar la fuente nos permite tratar de atribuirle un significado. De entrada, conviene señalar que el tipo de proceso al que estamos haciendo referencia difiere del tradicional proceso inquisitorial, siempre tomado como referencia, o de otro tipo de encuestas arbitrarias dirigidas «desde arriba» en una cosa: los pleitos fueron iniciados por los propios interesados56. Estamos lejos de un escenario de declaración de los testigos caracterizado por una radical disimetría de las posiciones en un contexto de coacción. Más bien, lo que los testigos afirman se encuentra en sintonía con lo que reclaman y desean probar. Esto último nos permite corroborar que, como mínimo, nos encontramos ante un tipo de discurso explícito consustancial al propio desarrollo del proceso. La coherencia entre lo que se afirma y lo que se hace contribuye a corroborar que las raíces de este discurso son profundas. No solo se trata de que los habitantes de Dueñas sostuvieran sus costosas reclamaciones durante muchos años, a pesar incluso de las coacciones del señor del lugar. En 1520, pocos años después de iniciarse el pleito, Dueñas se levantaría contra su señor esgrimiendo precisamente los mismos argumentos defendidos en el pleito57. El episodio adquirió un cierto carácter emblemático, puesto que fue el detonante de la transformación del conflicto de las Comunidades en una revuelta antiseñorial en la Tierra de Campos58. Pero ni siquiera el ejemplo de Dueñas es excepcional, más allá de la calidad de las fuentes conservadas. El proceso no es una fuente descontextualizada. Sus ———— 54 Tal y como refiere el propio Ginzburg en GINZBURG, C., «Alien Voices: The Dialogic Element in Early Modern Jesuit Historiography», en GINZBURG, C., History, Rhetoric and Proof, Hanover, Brandeis University Press, 1999, págs. 71-84. 55 Posicionamiento similar al de JUSTICE, Writing and Rebellion. 56 Por ejemplo, los procesos de canonización estudiados por LETT, Un procès de canonisation… Por la misma razón existen también diferencias con el tipo de proceso estudiado por ALFONSO ANTÓN, I. y JULAR PÉREZ ALFARO, C., «Oña contra Frías o el pleito de los cien testigos: una pesquisa en la Castilla del XIII», Edad Media. Revista de Historia, 3 (2000), págs. 61-88. 57 OLIVA HERRER, Justicia contra señores, págs. 79-81 58 Sobre estas cuestiones, GUTIÉRREZ NIETO, J.I., Las Comunidades como movimiento antiseñorial. La formación del bando realista en la guerra civil castellana de 1520-1521, Barcelona, Planeta, 1973, pág. 153; PÉREZ, La revolución de las Comunidades, pág. 462; HALICZER, S., Los Comuneros de Castilla. La forja de una revolución, Valladolid, Universidad de Valladolid, 1987, pág. 254 y RODRÍGUEZ SALCEDO, S., «Historia de las Comunidades palentinas», Publicaciones de la Institución Tello Téllez de Meneses, 10 (1953), pág.116 y ss. HIPÓLITO RAFAEL OLIVA HERRER Hispania, 2011, vol. LXXI, n.º 238, mayo-agosto, 363-388, ISSN: 0018-2141 380 reclamaciones no son sino uno más de los muchos pleitos iniciados por lugares de la comarca con aspiraciones similares, evidencia que apunta con claridad a la existencia de una estructura de actitud y referencia compartida por todos ellos. Más allá, las propias declaraciones ofrecen indicaciones significativas. No existen mediaciones textuales, por ejemplo, de relatos cronísticos, en las evocaciones del pasado ofrecidas por los testigos. Al contrario, el cotejo del material con otras informaciones disponibles ofrece indicaciones suficientes de que las fuentes con las que construyen su visión del pasado se encuentran en otro lugar59: en un sustrato de conocimiento compartido, como mínimo a escala regional, construido y transmitido mediante mecanismos a los que luego tendré ocasión de referirme; en una memoria social articulada en torno a un conjunto de experiencias, imágenes y narraciones transmitidas que dan sentido a las orientaciones políticas del grupo que las soporta. Imágenes y relatos de los que, al extremo, ni siquiera es urgente desentrañar si son reales o ficticios, en tanto que lo que interesa es su papel aglutinador en la constitución de una identidad colectiva60. VISIONES DEL PASADO Significativamente, el pasado recordado por estos testigos se presenta como un periodo de injusticia y violencia, motivado por la mediatización del rey por parte de la aristocracia del reino. Nuevamente, el rey está físicamente preso o su voluntad cautiva. Este relato de la opresión del rey incluye el recuerdo de episodios como la captura de Juan II, su encierro en la prisión de Portillo y su posterior liberación por parte de los habitantes de Valladolid. Avia oido a su padre y a otros muchos viejos, que eran vecinos de Laguna, el que en tiempo del dicho señor Don Juan no havia justicia en el reyno, por causa de la diferencia que entre el y los infantes de Aragon havia, y los cavalleros de Castilla, que favorescian a los infantes, pero que despues que los de Valladolid le sacaron de la prision de Portillo, do lo tenian preso, hasta que fallescio, huvo justicia61. Un esquema interpretativo similar subyace en la valoración que se hace del reinado de su sucesor, Enrique IV, más próximo en el tiempo y recordado con una mayor profusión de detalles: ———— 59 Lógicamente esta afirmación se sustenta en un análisis más pormenorizado. Puede acudirse, por ejemplo, a OLIVA HERRER, H.R., «La memoria fronteriza. Memoria histórica campesina a fines de la Edad Media», en FERNÁNDEZ DE LARREA, J.A. y DÍAZ DE DURANA, J.R. (ed.), Memoria e Historia. Utilización política en la Corona de castilla al final de la Edad Media, Madrid, Silex, 2010, págs. 249-271. 60 Tal y como apunta, POCOCK, J.G.A., «The politics of history: the subaltern and the subversive», en Political Thought and History, pág. 249. 61 Pleito Dueñas. Epígrafe 229. «LA PRISIÓN DEL REY»: VOCES SUBALTERNAS E INDICIOS DE LA EXISTENCIA DE UNA IDENTIDAD... Hispania, 2011, vol. LXXI, n.º 238, mayo-agosto, 363-388, ISSN: 0018-2141 381 Havia oido decir a su padre haver conocido al dicho señor rey don Enrique, e oido lo mismo a un su suegro, y el que decian que los cavallleros le trataban mal e no como a su rey, que andaban muy despojados de gente y cuando le descompusieron de rey y alzaron a el Don Alonso su hermano, hizo muchas cosas desonestas que no eran de decir ni se escribir, y que en aquellos tiempos no havía justicia, ni quien la hiciese, ni osase pedir y se acordaba el testigo que siendo de edad de 18 años andaban a robar por Zerrato cuatro que nomina62. Es interesante señalar que el conjunto de informaciones que sirven a construir la valoración global del reinado, se encuentran fuertemente arraigadas en experiencias propias, que pueden llegar incluso a la contemplación del propio sequito real: Conoció al rey don Enrique cuando le vio pasar por su pueblo, Villaconancio. Venía de Segovia hacia Carrión, porque había una gran guerra entre el conde de Benavente y otros caballeros sobre Carrión, según lo que la gente del rey decía. Cuando apaciguó a los caballeros volvió a pasar por el pueblo y dijo a los vecinos que no dejasen entrar a nadie, que sólo les diesen pan y vino desde fuera. Y le sacaron el pan y el vino a las puertas. En aquel tiempo vio que el rey, según parecía mandaba poco; y no había justicia, porque todos andaban a robar63. El recuerdo de los testigos ha preservado acontecimientos de gran relevancia durante el periodo de guerra civil que sacudió el reinado de Enrique IV. En particular, la destitución simbólica del rey por un grupo de nobles, ocurrida en Ávila y el alzamiento al trono en su lugar de su hermano Alfonso. Significativamente, en el relato de los testigos, Alfonso es también un personaje manejado por la aristocracia, que actúa contra su voluntad. Siendo de edad de ocho años vio estar en Peñaflor por el rey don Enrique un capitan llamado Contreras con 50 ó 60 lanzas, y vio como la gente de los caballeros y del Arzobispo Don Hopas fueron sobre Peñaflor para la tomar, llebando consigo al dicho rey don Alonso, y asentaron real en el valle de Moralejo y de alli dieron combate a Peñaflor, que era villa muy bien cercada, y no habiendola podido tomar, mudaron el real a do decian los majuelos, e de alli dieron combate a la villa y mataron los del real a dos vecinos de Peñaflor ... Que a este tiempo podia ser el dicho rey don Alonso de edad de 13 años y estava tresquilado, e maltratado de vestido y se acordaba aver visto como el dicho rey don Alonso se les fue a los cavalleros, e se les escondio en el lugar de una casa de uno que se llamaba Diego, y alli le hallaron los caballeros escondido entre unos vellones de lana64. Podría aportar muchos más ejemplos, puesto que he analizado el material de manera sistemática en otro lugar. El análisis podría extenderse también a la ———— 62 Pleito Dueñas. Epígrafe 240. 63 Pleito Dueñas. Epígrafe 237. 64 Pleito Dueñas. Epígrafe, 197. HIPÓLITO RAFAEL OLIVA HERRER Hispania, 2011, vol. LXXI, n.º 238, mayo-agosto, 363-388, ISSN: 0018-2141 382 consideración más condescendiente que los testigos proyectan respecto del reinado de Isabel I, a las expectativas generadas después de su subida al trono o a la mirada decepcionada que surgirá un tanto después65. Lo que me interesa, ahora, es la medida en que el conjunto de narrativas que encontramos en los testimonios es revelador de una visión compartida del pasado, y, por tanto, de la existencia de una identidad política. Algunos conceptos, como justicia, tiranía o violencia señorial sirven para dar sentido a un relato en el que el argumento fundamental es nuevamente la prisión real o simbólica del rey, sometido a los dictados de lo grandes del reino. No es difícil observar las coincidencias entre la lógica del relato de los testigos y la de los llamamientos efectuados por Enrique IV o por la princesa Isabel, tal y como aparecen en los textos que he referido al comienzo de mi intervención. También es posible señalar las diferencias: Una de ellas es que en el discurso de los testigos se produce una descalificación en bloque del conjunto de la clase nobiliar. La segunda tiene que ver con lo que se reclama a través de estos pleitos, que desborda claramente las pretensiones que Enrique o Isabel pudieron tener cuando efectuaron sus llamamientos. El aspecto más relevante, sin embargo, es otro y tiene que ver con las fuentes con que se construye la visión del pasado que transmiten los testimonios, puesto que nos permite calibrar en qué medida el «discurso público» está estructurando la narración ofrecida por los testigos. Significativamente, la valoración que los testigos hacen del pasado está incrustada en una serie de relatos que se nutre de experiencias cercanas, vividas o escuchadas. Estas experiencias incluyen episodios de violencia señorial: Havia oido muchas veces a su padre ... que en vida del señor rey don Juan no havia ninguna justicia en Castilla, ni quien osase salir de su casa, porque los caballeros tenian en si los lugares, y fortalezas, y criados que salian a saltear por los caminos, y que asi mismo le oyo decir muchas veces que en la villa de Castrillo estaba uno que se llamaba Diego de la Puerta, que salia de alli a robar por los caminos, e que en Villabaquerin se hallaba Garcia Mendez, y en Portillejo estaba otro que se llamaba Castañeda y todos ellos andaban a saltear66. Pero también episodios de resistencia, cristalizados en relatos en los que el común de la población se enfrenta a la aristocracia en apoyo del rey: Siendo pequeño havía (sic) puesto real sobre la villa de Simancas los caballeros, que eran contrarios al dicho rey don Enrique, y decian que dichos cavalleros iban a combatir la dicha villa, y las mugeres subian asadores e collares de piedras sobre la cerca de sus maridos, para que los defendiesen la villa, y se ponian las ———— 65 Sobre estas cuestiones, OLIVA HERRER, Justicia contra señores. 66 Pleito Dueñas. Epígrafe 212. «LA PRISIÓN DEL REY»: VOCES SUBALTERNAS E INDICIOS DE LA EXISTENCIA DE UNA IDENTIDAD... Hispania, 2011, vol. LXXI, n.º 238, mayo-agosto, 363-388, ISSN: 0018-2141 383 mugeres en la cabeza unas mantillas tocadas para parescer hombres, porque pensaban los caballeros, que eran hombres, y havia mucha gente en la villa, la que se havia defendido por el rey67. Como ya señalé con anterioridad, la comparación de estos relatos con las crónicas del periodo es muy ilustrativa, ya que sugiere que no existe ninguna mediación textual en la construcción de sus declaraciones. Más bien, indica que las fuentes sobre las que construyen su visión del pasado provienen de un amplio sustrato de conocimiento local. Esto es, de un conjunto de imágenes, narraciones y experiencias que constituyen textos sociales, que pueden desplazarse de lo particular a lo general y que incorporan una serie de estándares de justicia y de injusticia aplicables al pasado y al presente68. COMUNICACIÓN Los testimonios que he empleado son reveladores del alcance y la profundidad de una memoria social, que puede transmitirse prioritariamente en ámbitos familiares y comunitarios, pero que se construye sobre una base de conocimiento público que desborda con mucho el ámbito de la comunidad local. Reconstruir las prácticas comunicativas que permiten la transmisión de estos acontecimientos no es una tarea sencilla. Si ya de por sí resulta difícil observar un discurso de contestación planteado de manera abierta, aun lo es más capturar la comunicación en acción. En mayor medida cuando la mayor parte de las interacciones se producen en el ámbito de la oralidad. Concebir la comunicación en términos de red, aun reconociendo la capacidad desigual de los distintos agentes que participan de esas redes, permite delimitar escenarios y efectuar algunas consideraciones. En primer lugar, resulta imprescindible apuntar que un lugar como Dueñas no se encuentra la margen del sistema de comunicación política. Esto implica aceptar que constituye un escenario complejo en el que las intermediaciones son múltiples y en el que se despliegan diferentes niveles de discurso; las interacciones entre oralidad y escritura o las diversas formas de escritura pragmática proporcionan aquí un ejemplo paradigmático69. En definitiva, los núcleos rurales de mayor entidad no eran ajenos al aparato informativo desplega- ———— 67 Pleito Dueñas. Epígrafe 245. 68 Sobre estas cuestiones, SCOTT, J., Weapons of the weak. Everyday forms, págs. 145-147. 69 Sobre estas cuestiones, JUSTICE, Writing and Rebellion. Una revisión imprescindible sobre la relación entre mundo rural y escritura en el ámbito hispano en DADSON, T.J., «Literacy and Education in Early Modern Rural Spain: The Case of Villarrubia de los Ojos», Bulletin of Spanish Studies, LXXXI (2004), págs. 1011-1037. Algunas indicaciones en la misma dirección pueden encontrarse en NALLE, S.T., «Literacy and Culture in Early Modern Castile», Past and Present, 125 (1989), págs. 65-75. HIPÓLITO RAFAEL OLIVA HERRER Hispania, 2011, vol. LXXI, n.º 238, mayo-agosto, 363-388, ISSN: 0018-2141 384 do por las monarquías del último medievo y la red de comunicación informal permitía una mayor difusión de los contenidos70. En segundo lugar que, en buena medida, el propio discurso del poder depende de una red de comunicación informal71, y que esta misma red puede servir para la difusión de toda una serie de informaciones, opiniones y experiencias dotadas, en este caso, de una elevada carga crítica72. Los propios testimonios que hemos manejado anteriormente ofrecen algunas evidencias que sugieren la amplitud de este tipo de prácticas comunicativas. Por ejemplo, al recordar el reinado de Juan II como un tiempo en el que la voluntad política del monarca está presa en manos del Condestable de Castilla, puesto que «no se facia mas en el reino de lo que el dicho maestre queria y se decia que le tenia echizado»73. O al referirse al reinado de su sucesor, Enrique IV, como un tiempo en el que, al decir de uno de los testigos, «se hacían cantares deshonestos, y gran desacato de su persona real, que no eran cosas para se escribir»74. O al referir la multitud de conversaciones que contemplan el periodo como el de un rey sometido a la voluntad de la nobleza: Había oído a su padre y a otros hombres viejos, que dicho señor rey, en el tiempo de su reinado había muchos escándalos y alborotos en el reino. Y descompuestole los caballeros de rey y alzado a su hermano. Y no había justicia en el reino, y do quiera que se hablaba de el se decía lo mismo; y de cuan maltratado había sido de los caballeros su reinado75. ———— 70 Aspectos sobre los que remito a OLIVA HERRER, H.R., «Espacios de comunicación en el mundo rural a fines del medievo: la escritura como contrapeso del poder», Medievalismo. Boletín de la Sociedad Española de Estudios Medievales, 16 (2006), págs. 96-112. 71 Tal y como apunta DUTOUR, T., «Élaboration, publication, difusion de l’information», en LETT, D Y OFFENSTADT, N. (eds.), Haro!, Noël!, Oyé!. Pratiques du cri au Moyen Âge, París, 2004, págs, 141-155. También NOVAK, V., «La source du savoir. Publication oficielle et communication informelle à Paris au debut du XVve siècle», en BOUDREAU, C. et al. (eds.), Information et societé en Occident à la fin du Moyen Âge, París, Publications de la Sorbonne, 2004, págs. 151-160 y para un contexto más próximo, aunque en fechas algo más tardías, OLIVARI, M., Entre el trono y la opinión. La vida política castellana en los siglos XVI y XVII, Valladolid, Junta de Castilla y León, 2004. 72 WALKER, S., «Rumour, Sedition and Popular Protest in the Reign of Henry IV», Past and present, 166 (2000), págs. 31-65; FOX, A., «Rumour, News and Popular Political Opinion in Elizabethan and Early Stuart England», The Historical Journal, 40 (1997), págs. 597-620; FAITH, R., «”The Great Rumour of 1377” and Peasant Ideology», en HILTON, R. y ASTON, T.H. (eds.), The English Rising of 1381, Cambridge, Cambridge University Press,1984, págs. 42-73; DYER, C., «Memories of Freedoom: Attitudes towards Serfdom in England 1200-1350», en BUSH, M.L. (ed.), Serfdom and Slavery: Studies in Legal Bondage, Londres, Longman, 1996, pags. 277-95. 73 Pleito Dueñas. Epígrafe n.º 213. 74 Pleito Dueñas. Epígrafe n.º 242. 75 Pleito Dueñas. Epígrafe n.º 253. «LA PRISIÓN DEL REY»: VOCES SUBALTERNAS E INDICIOS DE LA EXISTENCIA DE UNA IDENTIDAD... Hispania, 2011, vol. LXXI, n.º 238, mayo-agosto, 363-388, ISSN: 0018-2141 385 Ocasionalmente, incluso, disponemos de evidencias que confirman que estos canales sirven no solo para la difusión de informaciones más o menos críticas, sino también a la creación de estereotipos, como la figura del Enrique IV como un rey acosado, o la de la resistencia popular en apoyo del propio Enrique: Havia oido decir muchas veces como en tiempo del dicho rey don Enrique, no havia justicia en el reyno, y andaba muy acosado de los caballeros, y como fugitivo, porque andaban por prenderle,... un frayle de Santa Maria de Nieva, dixo a este havria 12 años, como una vez havia llegado al monasterio el dicho rey encima de un cavallo, con un solo mozo de espuelas, y el cavallo muy sudando, que venia hullendo de los cavalleros, y le havia dado a comer en el refectorio, cosas de leche, e miel, porque el dicho señor rey no bebia vino76. Respecto de la cristalización y difusión de imágenes de resistencia disponemos de una referencia excepcional. El cronista Enríquez del Castillo relata uno de los episodios de la guerra civil en tiempos de Enrique IV, el cerco de la villa de Simancas por parte del bando nobiliario que se opone al rey, encabezado por el arzobispo de Toledo, Alfonso Carrillo. El cronista narra cómo los habitantes de Simancas efectuaron una equiparación simbólica entre este obispo Carrillo y el mítico obispo de Toledo Don Hopas, personaje al que se considera traidor al rey y causante de la conquista musulmana de la península ibérica en el siglo VIII77. Más aun, el cronista refiere cómo la defensa de la villa ha generado un topos crítico ampliamente difundido, que sintetiza la resistencia popular frente a los poderosos: Començaron a decir en voz alta una copla que decía: «Esta es Simancas, / Don Opas traidor. / Esta es Simancas que no es Peñaflor». Con otras coplas muy feas se decían contra él. Y este cantar duro mucho tiempo en Castilla, y se cantaba a las puertas del rey y de los otros caballeros78. Bastantes años después, todavía los testigos del pleito que he manejado anteriormente se refieren al obispo Carrillo como el obispo Don Hopas79. Como ya comenté, no hay ningún indicio de mediación textual en la elaboración de sus relatos del pasado. Es sencillamente una confirmación de que la resistencia de Simancas ha cristalizado en el imaginario popular. Un trabajo minucioso de comparación de fuentes permite desvelar la existencia de otros estereotipos extendidos en la conciencia popular, como deter- ———— 76 Pleito Dueñas. Epígrafe n.º 242. 77 La presencia del personaje de Don Hopas en el romancero, su elaboración es posterior, viene a corroborar su difusión en el imaginario colectivo. Cfr. DÍAZ ROIG M. (ed.), El romancero viejo, Madrid, Cátedra, 1985, pág. 113. 78 ENRÍQUEZ DEL CASTILLO, D., Crónica de Enrique IV, Valladolid, Universidad de Valladolid,1994, pág. 243. 79 Pleito Dueñas. Epígrafes n.º 197 y n.º 245. HIPÓLITO RAFAEL OLIVA HERRER Hispania, 2011, vol. LXXI, n.º 238, mayo-agosto, 363-388, ISSN: 0018-2141 386 minados personajes que funcionan como ejemplos de violencia nobiliaria, cuya fama ha trascendido la comarca concreta donde actuaban, convirtiéndose en referentes80. En cualquier caso, resulta difícil ir mucho más allá, sencillamente porque el ámbito de la oralidad es imposible de cartografiar en su totalidad. Dependemos de emergencias ocasionales procedentes del contraste de documentación muy variada. La cultura y la comunicación se alimentan de relatos. J. Scott apunta que es precisamente la asimilación por parte de una comunidad de una serie de imágenes compartidas sobre el pasado y el presente la que permite la constitución de una identidad política. Pero para que esto suceda, es necesario que esas imágenes cristalicen en un lenguaje y unos esquemas interpretativos similares. Creo que las escasas referencias aportadas ofrecen suficientes indicaciones de la existencia de prácticas comunicativas, al margen del sistema de comunicación oficial, que permiten no sólo la difusión de un discurso crítico sino la cristalización de los referentes que permiten la creación de una identidad política. CONCLUSIONES Sin duda, el cambio de perspectiva aporta dimensiones adicionales al análisis de los textos abordados con anterioridad, porque nos permite contemplar el tipo de operaciones y elementos que entran en juego. Contribuye a situar los conceptos y el lenguaje con que estos se articulan en una perspectiva más amplia, y por tanto a delimitar más sus implicaciones. Reducir la cuestión a la noción de que es el discurso del poder el que está estructurando la contestación tiene algo de falso problema. Aquí, como en otras partes, una consecuencia de la ampliación de los marcos de referencia debe de tener su correlato en la amplitud de las posiciones políticas que cristalizan en ese marco81. En este sentido, cabe afirmar que la difusión de un discur- ———— 80 Por ejemplo, a Garci Méndez de Portillo a escala de la Tierra de Campos, o quizá de manera más significativa, puesto que se convierte en un personaje ampliamente referido, el alcaide de Castronuño, Pedro de Mendaña. Su figura, como emblema de violencia nobiliaria, aparece recogida en lugares muy diversos, como una carta dirigida por el concejo de Ávila en 1977, protestando por lo excesos de un capitán del duque de Alba y equiparándolos a los de un personaje tan notorio como el que nos ocupa. Aparece citada también una relación de sucesos salmantinos de comienzos del XVI y en la crónica de los Reyes Católicos escrita por el cura de los Palacios. Cf. SOBRINO CHOMÓN, T., Documentación del concejo de Ávila. II (1436-1477), Ávila, Institución Gran Duque de Alba, 1999, pág. 238; BELTRÁN DE HEREDIA, V., Cartulario de la Universidad de Salamanca, Salamanca, Universidad de Salamanca, 1974, III, pág. 85 y BERNÁLDEZ, A., Historia de los Reyes Católicos D. Fernando y Doña Isabel, Sevilla, Imprenta de don José María Geofrn, 1870, I, pág. 69, respectivamente. Sobre la figura de Garci Méndez en Tierra de Campos, OLIVA HERRER, «La memoria fronteriza», págs. 264-265 81 El ejemplo paradigmático es de las revueltas a gran escala en la Media Europea y sus relaciones con el desarrollo del estado. Reflexiones interesantes sobre estas cuestiones en FREEDMAN, P., Images of the medieval peasant, Stanford, University Press, 1999. «LA PRISIÓN DEL REY»: VOCES SUBALTERNAS E INDICIOS DE LA EXISTENCIA DE UNA IDENTIDAD... Hispania, 2011, vol. LXXI, n.º 238, mayo-agosto, 363-388, ISSN: 0018-2141 387 so público a escala del reino, que maneja conceptos de injusticia, ocupación y tiranía, debe jugar un papel relevante, aunque solo fuera en la medida en que puede ayudar a multiplicar los referentes que permiten la cristalización de una identidad política extendida. Sostener que la aparición de una visión crítica es únicamente consecuencia del despliegue de este discurso es, sencillamente, no tener en cuenta la medida en que los textos son representativos de experiencias; la manera en que la construcción de una identidad política tiene que ver con las situaciones experimentadas, con las aspiraciones propias y con la difusión de unas y otras a través de un sistema de comunicación, al menos, parcialmente autónomo. El tipo de discurso que se escenifica públicamente en momentos de crisis política, las reclamaciones que se sustancian a través de los pleitos, el tipo de representaciones que los soportan o el discurso abierto, tal y como lo hemos visto formular en 1521, adquieren la categoría de indicios: de elementos que nos permiten postular la cristalización de una identidad política extendida, entendida una vez más como una forma compartida de percibir determinadas relaciones, en la segunda mitad del XV castellano. Esto es, como una comunidad que comparte una serie de referentes a la hora de interpretar el pasado y el presente. Una identidad que solo excepcionalmente veremos retratada en un discurso abierto, pero cuya paulatina conformación es posible tratar de capturar mediante un ejercicio de lo que W. Benjamin definiera en su día como cepillar la Historia a contrapelo. Recibido: 25-06-2010 Aceptado: 29-10-2010