La arqueología antropológica en España: situación actual y perspectivas
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la arqueología ANTROPOLOGICA EN ESPAÑA: SITUACION ACTUAL Y PERSPECTIVAS José Alcdía Franch Universidad Complutense de Madrid fíi ií ,7 i;t ! El tema de esta ponencia se refiere a la situación de la Arqueología en España, en el momento presente y sus perspectivas de cara al futuro, dentro del marco de la Antropología. Para abordar el tema de la manera más adecuada, deberemos hacer algunos deslindes y consideraciones pre vias, así como un cierto número de definiciones. La primera distinción a hacer se refiere al concepto de Arqueología, en contraste con el de Arqueología antropológica. Aunque personalmente no soy partidario de la adjetivación de las Ciencias, entendiendo que todas ellas están sujetas a evolución y a ciertas tendencias, y que, por consiguiente, requerirían de un adjetivo, al menos, para cada etapa o lineamiento significativo, en ciertas ocasiones, como la presente, se hace inevitable el uso de un adjetivo, tal como el de "antropológico", para marcar las diferencias que, de hecho, existen en dos géneros relativa mente diferentes en el empleo, caracterización general y objetivo de un campo científico como es la Arqueología. Entenderemos, pues, por Arqueología, aquellos desarrollos de este campo científico que parten de las Humanidades clásicas o de los estu dios de Prehistoria del Viejo Mundo. Arqueología antropológica será, por el contrario, la tendencia de esta ciencia para constituirse como tal, siendo un método de la Antropología y con un interés fundamental de carácter nomotético y generalizador. En el presente ensayo vamos a intentar un examen crítico de la Arqueología en España durante los últimos treinta años, con un especial énfasis en la producción de la última década, con vistas a detectar las causas de la situación actual de esta ciencia en nuestro país, incidiendo, fi nalmente, en la introducción de lo que llamamos Arqueología antro pológica, su realidad hoy y sus perspectivas hacia un futuro inmediato. Este examen crítico no pretende ser una acusación personal hacia nadie en particular, sino más bien un estudio de las causas que motivaron — 47
una situación bien determinada, cuyos resultados presentes todos pode mos apreciar. Un tema previo a tratar sería el de la muy tajante, a veces, distin ción entre lo que se llama en España Prehistoria y Arqueología. La distinción se hace en la nomenclatura de las enseñanzas universitarias —hay Cátedras, Departamentos, Institutos, etc., de "Arqueología", de "Prehistoria y Arqueología" y de "Prehistoria y Etnología", etc. ^— y, por supuesto, en el carácter, contenido y enfoque de los trabajos e in vestigaciones en imo y otro sector de esta Ciencia 2. Ello nos lleva a la consideración de si ambas —Prehistoria y Ar queología— son propiamente ima Ciencia, subdividida en dos especiali dades, o bien dos ciencias independientes. La "tradición" hace que la Arqueología se ocupe principalmente de los restos de cultura material de los pueblos o civilizaciones con un alto desarrollo cultural, mientras lá Prehistoria se reñere a los pueblos de más bajo nivel cultural o a los pueblos que no alcanzaron a poseer ningún género de escritura. La Protohistoria, fi nalmente, vendría a servir de almohadilla a ambos campos, para tratar de enjugar las deficiencias de sus propias definiciones. El fondo de la cuestión reside, al parecer, en el concepto —al que luego nos vamos a referir con mayor amplitud— fundamentalmente historicista aplicado a la Arqueología. Sobre esta base, y en tanto que la Arqueología, considerada como Historia, dispone de otras "fuentes" de información, se plantea en términos relativamente diferentes. Si en pura lógica no parece defendible tal actitud, sin embargo, debemos contar con como una realidad, cuyas bases habría que busqar, por una parte, en el "Anticuarismo" y en la "Historia del Arte antiguo" —para la Arqueología— y por otra, en los estudios de Paleontología, Geología del Cuaternario y Prehistoria de mediados del siglo xix —para la Pre historia— (Trigger, 1967, 150). Ello explica las diferencias que, de he cho, observamos en el comportamiento, metodología y presentación de las investigaciones en uno y otro campo. 1. Hay cátedras de Prehistoria en las Universidades de Madrid y Barcelona, al tiempo que existen también en esas Universidades otras de Arqueología. En Granada pervive la Prehistoria unida a la Etnología, pese a lo absurdo de esa situación, delatada entre otros por Esteva <1969). En Barcelona, el Instituto de Arqueología y Prehistoria puede servir de ejemplo de la* unión do estes dos parcelas aparentemente diferentes que son la Arqueología y la Prehistoria. 2. Es muy significativo leer en el discurso de contestación al de recepción del Dr. Luis Pericot en la Real Academia de la Historia, obra del recientemente desaparecido Dr. Antonio García Bellido, lo ri guiente: «Otra [grandeza de la Prehistoria], aunque menos espectacular, es la de haber enseñado a los arqueólogos del mundo antiguo a excavar. La obra de arte de culturas superiores, como las orientales, la griega o la romana, tenía para los arqueólogos, a mediados del siglo XIX y aun en el XX una elocuencia propia que hacía virtualmente innecesaria la ápÜcación de observaciones estratigráficas para darle una fecha precisa. Error grave del que fueron víctimas durante mucho tiempo la Arqueología y la Historia Antigua. Hoy i...] la Arqueología del mundo antiguo ha aprendido de su hermana la Prehistoria la excavación por niveles y la* cronología por capas» (García Bellido, 1972, 90). 48 — Situación actual de la Arqueología en España Hechas ya las consideraciones previas pertinentes, examinaremos a continuación las características presentes de la ciencia arqueológica —^inincluyendo Prehistoria y Arqueología— en España, para tratar de definir las causas que provocaron tal situación. En nuestra opinión, la Arqueología española de los últimos treinta años puede definirse por las siguientes características, que examinamos a continuación: 1. Carencia teorética casi absoluta; 2. Carencia de pro grama; 3. Nivel descriptivo o "arqueográfico" generalizado; 4. Nivel in terpretativo exclusivamente historicista; 5. Déficit en el estudio del componente ambiental; 6. Ausencia de estudios interdisciplinarios o multidisciplinarios. Un somero examen de las principales obras de tipo general publi cadas en España, desde 1940, en el campo de la Arqueología y de la Prehistoria 3, evidencia el escaso o nulo interés prestado a las cuestiones teóricas. En el mejor de los casos, una breve introducción plantea y resuelve, con rapidez y sin profundidad, cuestiones tales como: defini ción, límites y concomitancias del campo, para pasar de inmediato al tratamiento descriptivo de las culturas prehistóricas o históricas, motivo del estudio. Si ésta es la cuestión en los tratados y libros de carácter general, la pobreza es aún mayor en lo que se refiere a ensayos o estudios mas concretos y específicos. Se diría que, o bien todo está aclarado suficien temente en lo que se refiere a las bases, enfoques y orientaciones de la propia Ciencia —y, por lo tanto, es ocioso tratar de ello— o bien que lo teórico se confunde sistemáticamente con lo especulativo e hipo tético o falto de comprobación; situación parecida, si no idéntica, a la que se producía en 1940 entre los investigadores de la Carnegie l^titution de Washington, ante la crítica de C. Kluckhohn^. Nuestra crítica a la arqueología española de los últimos treinta años podría reproducir, palabra por palabra, la que hiciera en 1948 Walter W. Taylor a la nor teamericana anterior a la segunda Guerra Mundial. El meollo de la cuestión, entiendo que se halla en el hecho de con siderar a la Arqueología dentro de un único marco explicativo: el histo ricista. A partir de esa consideración podremos comprender que la inves tigación sea esencialmente descriptiva y aprogramática. Si de lo que se trata es de ordenar cronológicamente lo que sucedió en el pasado, cuan tos más hechos o datos podamos acumular, esa secuencia quedará pro gresivamente más y más completa; de ahí también que cualquier dato sumado a los demás —^y no algunos en particular venga a constituir la auténtica trama de la Historia. 3, Tomamos como ejemplos significativos, los libros de Obennaier y García Bellido, 1941; Almagro, 1941; Martínez Santa Olalla, 1946; Beltrán, s. a.; Pericot, 1950 y Maluquer, 1969. 4. Véase el amplio análisis critico de la arqueología norteamericana hasta 1945, hecho por Walter W. Taylor (1948, 45-94), donde se refiere en concreto a esta cuestión (Ibidem, 62). — 49
Sin embargo, como dice Steward, "es evidente que jamás conoce remos todos los detalles de la historia cultural y que no hay necesidad de aplaza formulaciones [teóricas] hasta el día en que todos los arqueó logos dejen descansar sus palas y todos las etnólogos cierren sus libros de notas. A menos que la antropología se interese principalmente en lo umco, en lo exótico y en los [fenómenos] particulares no recurrentes, es necesario intentar esas formulaciones [teóricas] no importa cuán ten-* tativas puedan ser. Son esas formulaciones las que nos capacitarán para plantear nuevas clases de problemas y dirigirán la atención hacia los nuevos tipos de datos que han sido ignorados en el pasado. IjCL recolección de hechos por ú misma es un procedimiento científico insuficiente; los hechos existen sólo en tanto que están relacionados con teorías y l^s teorías no son destruidas por los hechos, sino que son reemplazadas por nuevas teorías que explican mejor los hechos" (Steward, 1949, 24-25). ^Si hacemos, a manera de sondeo, un examen crítico de los últimos volúmenes publicados por cinco de las más importantes revistas españo las, dedicadas a los estudios de Arqueología y Prehistoria —Ampurias (Barcelona); Archivo de Prehistoria Levantina (Valencia); Ccesaraugusta (Zaragoza); Pyrenas (Barcelona) y Trabajos de Prehistoria (Madrid)—— podremos comprobar algunas de las afirmaciones anteriores (véase Ta bla 1). En efecto, sobre un total de 172 artículos, 110 (62,9%) pueden considerarse como meramente descriptivos, en el sentido de que presen tan los materiales arqueológicos producto de excavaciones (71), estudios sobre colecciones o piezas únicas, conservadas en museos (18) o se refie ren a analizar algunas series tipológicas (21). Otros 21 artículo^ (12,2 %) están dedicados al estudio de colecciones de monedas, inscripciones lati nas o ibéricas, etc. Y solamente 18 trabajos (10,4%) tienen el carácter de interpretación histórica o son propiamente historiográficos. Si examinamos con detalle los 71 artículos referentes a excavaciones o prospecciones en el terreno, observaremos que, en su inmensa mayor parte, tales trabajos han sido provocados por hallazgos fortuitos y casi ningún caso se ha proyectado una investigación en función de los problemas científicos previamente planteados, ni siquiera desde el punto de vista histórico, único que, en principio, interesa a la mayoría de los arqueólogos españoles 5. Y todo ello se da, por otra parte, pese a que existe un "plan nacional de excavaciones" que debería garantizar pre cisamente la tan necesaria planificación de estas actividades. De la misma Tabla 1, a la que hacíamos referencia más arriba, se desprende otro hecho que juzgamos importante: el considerable déficit en las investigaciones sobre el medio ambiente. Del total mencionado, S. Se ha llamado la atención sobre la necesidad de limitar las excavaciones y, a este pro pósito, García Bellido dice muy atinadamente que «naturalmente, ello no quiere decir que no se excave según un plan programado, pero éste debería limitarse a buscar soluciones a los problemas que van surgiendo al estudiar en el laboratorio ciertos temas concretos El especialista debería solicitar la excavación del lugar donde creyese que ha de hallar respuesta a los probelmas que van surgiendo de sus estudios, del mismo modo que el físico o el bió logo provocan el fenómeno, donde esperan hallar réplica adecuada a sus preguntas. Eso sería una excavación planificada» (García Bellido, 1972, 93). 50 — CQ c 9. 5 14 2. 12 2. 01 4. 12 2. 2, 9 2.9 1.1 1.1 0. 5 0.5 2.9 1.1 TOTAtL S, oo — — oo— loioescs — — lo CN — 172 TR BA SOJA DE PREH IS TORIA ce 1 CN — — 1 I 1 1 M 1 1 t— O 1 -«r c>4 ! — 1 1 1 1 I I 1 1 CM o 1 1 1 I I I I 1 P Y R E N A E O o 1 to -"a" -«r 1 - 1 1 - 1 - 1 >o o KO — — co 1 1 «N 1 1 1 ' - 1 » to i -e1 - 1 1 1 1 1 1 1 1 1 CAESA R. AUGUST A 33 4369 Ü71 co — 1 1 1 1 1 1 1 i 1 31-32 CO to — lO 1 CM 1 1 M 1 1 1 1 HCRA . HERP . LEV ANITNA co 04 rC» CO — — -n* - 1 1 1 1 1 - 04 O) (O 1 co 1 1 co - 1 1 1 1 1 ta (O -«r r— — —1 1 --el 1 1 - 1 AMPU RI SA 31-32 69 07- *o t— 1 ^ M - 1 1 - - O co S e* to co — 1 1 1 1 i M 1 a> 55 oo —' es co l i l i l í1 1 REVISTA VOLUMEN AÑO Descriptivos; Colecciones Yacimientos Tipologías Interpret, históricas Nnmismát,, ep igr,, «s er. CioncloS: Geología, (adt . Botanic. Zool. Carbono Metalografía Técnicas Lingüistica Antropo logía física Arqueo!, an tropo lógica
I , I : i! •í. I ; ! solamente ^ez trabajos se refieren al estudio de problemas de esta índobotánicos o zoológicos— y solamente cinco artículos üenen por tema el de restos humanos hallados en el contexto arquM ogico. desproporción entre los trabajos descriptivos y los que ^ refieren al tratamiento del medio ambiente en que el hecho arqueo lógico se produce es enormemente sorprendente cuando este tipo de estu dios cobra, día a día, más importancia en todo el mundo De acuerdo con lo^ dicho, resulta lógico añadir que en la moderna investigación arqueológica española brilla por su ausencia cualquier tipo de proyecto interdisciplinario, en razón de la falta de interés por la cooperación con otros campos científicos próximos o más o menos ale jados. En cualquier caso, debe destacarse el hecho de que los escasos estu dios publicados sobre medio ambiente, antropología física, o sobre aná lisis científicos, lo han sido por parte de Archivo de Prehistoria Levantina y PiriiUB (un total de 17 artículos) o por Amjyu,r%as (4 estudios)- Ello es también muy significativo. En los párr^os anteriores hemos aludido en múltiples ocasiones al casi úmco interés de la arqueología española por la interpretación de los datos arqueológicos, dentro de un esquema histórico o históricoculturaL Si el concepto de Arqueología, como ciencia auxiliar de la His toria ha sido desterrado como definición, efectivamente sigue siendo u^ada de esa manera para "ilustrar" el estudio histórico de las altas civilÍMciones, en las que la abundancia de fuentes escritas hace, al parecer, inútil un análisis más detallado y profundo de los materiales árqueológicos; o bien, cuando se refiere a culturas "prehistóricas" o "protohistóricas", el tratamiento de los materiales es exclusiva y específica mente histórico, de manera que el registro arqueológico sirve para deter minar secuencias, trazar contactos, establecer rutas migratorias, señalar variaciones tipológicas o estilísticas de carácter formal, y la utilización de términos tales como los de oleadas de pueblos, invasiones, influencids y difvsumes son los únicos que se mencionan en los textos que preten den ser más interpretativos que meramente descriptivos. Üna última nota acerca de la caracterización de la Arqueología espa ñola, en especial en los últimos años: el desarrollo del turismo como industria nacional de primera magnitud ha traído consigo, en el terreno arqueológico, un inusitado interés por lo monumental. A los defectos an tes mencionados hay, pues, que añadir ahora este nuevo que, por otra parte, hace obligatorias grandes inversiones de dinero, que jamás se concedieron para una auténtica arqueología científica. La limpieza, mu chas veces incontrolada de grandes monumentos y su posterior recons trucción y restauración van a repoblar el paisaje hispano de bellas, ro mánticas y quizás rentables ruinas turísticas. 6. A título de ejemplo, pueden mencionrse las obras de ComwaU (1956, 1958 y 1964) y de Diinbbleby (1967), además de la bien conocida de Zeuner (1956). 52 L Las causas de la situación dias^tflos síntomas de una enfermedad o eso es lo que vamos a intentar orevemente en los párrafos siguientes. Si tomamos como modelo de nuestra j • naV»a TT j L ííuesira propia situación la que dominaDa en los Estados Unidos hasta los añnc w un . anos cuarenta, podremos observar Etnoloir f el campo de la escuela K ^ Antropología había estado dominado por el grupo de la boasiana, de marcado carácter historicista, aunque sin alcanzar escuela his^torico-cultural alemana o el hiperdifusionisfunoi^ V Manchester. La reacción de signo evolucionista y l^a^ produciría a lo largo de esa década, pero sobre todo en ret ^^euientes a la terminación de la II Guerra Mundial. Tres autoel liV^r ? r? ''^"^^obzar esa reacción: en 1948 se publica rritio ° 1 Walter W. Taylor: A study of Archaeology en el que tras cmticar las orientaciones, métodos y resultados de la arqueología norte americana de anteguerra, sienta las bases de lo que se viene llamando escuela Normativista; en 1949 se publica La Ciencia de la Cultura de eslíe A. White, libro en el que se reúnen varios artículos publicados anteriormente, en los que se replantea una tesis significativamente evo lucionista; fi nalmente, ese mismo año, Julián H. Steward publica en AmeHcxin Anthropologist un artículo fundamental para el enfoque que se conoce como evolucionismo multilineal: "Cultural causality and law". La aparición de esas tres obras casi simultáneamente, significó un cambio radical en los planteamientos teóricos de la. Antropología en general y muy en particular de la Arqueología: funcionalismo, neoevolucionismo y evolucionismo multilineal, como explicaciones diferentes de las meramente historicistas o histórico-culturales que predominaban has ta entonces, abrieron el campo a nuevas formulaciones teóricas y a im desarrollo creciente y acelerado de la Antropología y la Arqueología, por nuevos derroteros. En mi opinióii, hay dos hechos que resultan fundamentales para en tender la estática situación de la arqueología en España durante los últimos treinta años: en primer lugar, la explícita o implícita oposición a admitir como válida la teoría evolucionista en Biología, entendiéndola todavía como contraria al dogma católico; y, en segundo lugar, el anti marxismo político, extendido a cualquier otro aspecto incluidos los de carácter científico. Respecto de la primera cuestión resulta difícil aducir textos que prueben nuestra afirmación, al menos ante una inspección somera. El texto de la Nota de los Editores de la Historia Universal de Walter Goetz, citado por Juan Comas, puede resultar ejemplar y muy signi fi cativo para entender cuál era la situación durante los años cuarenta. La nota dice textualmente: "Hoy nadie cree que el hombre proceda de im mundo animal de antepasados. Las doctrinas evolucionistas de La- — 53
marck, Darwin y HIaelcel han pasado de moda y parece mentira que se adopten todavía en una obra como la presente". Otros muchos textos constiltados eluden el problema en lo que podría ser una peligrosa "toma de posiciones , sm que podamos hoy decir si sus autores defendieron o atacaron el evolucionismo. Sin embargo, durante los años cuarenta y cin cuenta y quizas, en algún caso, hasta ahora— la posición antievolucio nista, expresa o no, era la habitual en los centros de enseñanza de cualquier nivel. La oposición entre un vago "espiritualismo" y el siempre peligroso «materialismo histórico" es el otro püar que sostiene una no definida situación monolítica y estática, en la que, se diga expresamente o no, hay una posición ortodoxa y oficial y una oculta, soterrada, enemiga heterodoxia. Todo ello, por otra parte, está subyaciendo en una "situación" a. la que no cabe criticar, en tanto que representa una dictadura despótica y dogmática, que admimstra los recursos económicos estatales de manera discriminatoria, autoritaria y arbitraria. En definitiva, es este dogmatis mo y autoritarismo, esta falta de crítica abierta y de libre discusión, que se percibe tanto en los organismos oficiales de la administración arqueológica como, en muchos casos, en la propia Universidad, lo que exphca el estatismo monolítico en el campo teórico de la Arqueología y su imposi iidad de evolucionar. Todo lo cual, evidentemente, es cohe rente y se halla perfectamente adaptado a una situación intelectual más amplia en el país. Ante una situación de esta naturaleza, no resulta absurdo que los umcos impulsos renovadores en el campo arqueológico procedan de Gran Bretaña y que, salvo rarísimas excepciones, el único autor al que se respeta y sigue, al menos de palabra, sea V. Gordon Childe, sin que otros, tan decisivos para la interpretación del registro arqueológico, como O. G. S. Crawford, Christopher Hawkes, Grahame Clark o David Clarke, sean apenas conocidos. Tampoco resulta extraño, en estas circunstancias, que los desarrollos de la arqueología norteamericana en los últimos veinte años sigan siendo sistemáticamente ignoradas por los arqueólogos españoles y que nombres tan significativos como los de Walter W. Taylor, Gordon R. Willey, Philip Phillips, Lewis R. Binford, James Deetz, K. C. Chang o William T Sanders no representen nada en el campo de la arqueología de nuestro país. Esa arqueología, la norteamericana sigue siendo todavía para la mayor parte, una arqueología incipiente y "juvenil", con todo lo que de peyorativo tiene esta palabra para muchos arqueólogos españoles. La Arqueología como Antropología La manera en que la Arqueología —especialmente en Gran Bretaña y los Estados Unidos— ha tratado, en los últimos veinte años, de salvar las dificultades planteadas, algunas de las cuales coinciden con la pro54 — blemática r. de 180 ^^^^ta a nuestro país, ha sido la de proporcionar un giro A pari;*^^ rumbo de sí misma. j , a t r , variado los años cincuenta, el concepto de la Arqueología ha la Antror^,^^ sentido de tender a ser una ciencia social o im método de o investiga *'®'^, frente a la antigua idea de ser auxUiar de la Historia ^ ol desarrollo histórico de la cultura, dado cue^m V. Gordon Childe decía que "los arqueólogos se han y de quí:» *5oe están tratando con los restos concretos de sociedades muestras f sociedades, aunque desconocieran la^ escritura, dejaron ^'^Sibles no sólo de sus útiles materiales, sino también de sus su manera de c sean (Childe, 1 a exclusivamer lacionada '-^osificación y descripciun, mcijs w mciivo capaz de objetos materiales, debe pasar a ser una ciencia soci^ institucirk Sibles no sólo de sus útiles materiales, sino tamoien de sus ambigua y su manera de comportarse, por muy fragmentarias y "de ser sean (Childe, 1964). De este modo, como dice Esteva, proponer^*^^ ciencia exclusivamente histórico-cultural en el sentido de larinna^ clasificación y descripción, más o menos socialmente corre- . , ^^Plicar e interpretar, cada vez más integralmente, la clase de ^ ^'-^oiana que le concierne" (Esteva, 1959, 105). ^ esto que podemos hacer nuestra la afirmación de Willey y en el sentido de que la "arqueología es antropología o no es nada (Willey y Phillips, 1958, 2), o la de Braidwood, para el que la 1959^ es la antropología de las culturas extinguidas (Braidwood, Ello no significa negar que la Arqueología, como la Paleoantropologia o la Etnohistoria, desarrolle sus métodos en un contexto tempoespacial (Trigger, 1970), lo que equivaldría a negar el carácter específi co de los datos que maneja; por el contrario, significa que la elabora ción científica aborda, de manera esencial, tanto el componente cultural como el social y, por otra parte, que tal elaboración, que requiere alcan zar un nivel de integración histórico-cultural, puede y debe intentar des cubrir regularidades que expliquen el complejo socio-cultural, en el con texto dado. Si es evidente que el mundo de la Antropología es una mezcla de acontecimientos únicos y recurrentes en constante interacción, parece que, aun siendo los primeros más numersos que los segundos, éstos re sultan ser más significativos, por lo que el mayor esfuerzo deberá orien tarse a tratar de analizarlos (Willey y Phillips, op. cit., 2). De acuerdo con estos criterios, podemos descubrir varios niveles ope rativos en la investigación arqueológica, comparables a los que son pro pios de la Antropología Cultural (Ibid., 4): NIVELES Arqueología Antropología Cultural Explicación Interpretación proce Etnología. sal. Descripción Integración históricoEtnografía. cultural. Observación Excavación. Trabajo de campo. — 55
I I Es evidente que la Arqueología, en comparación con la Antropología Cultural, lleva un considerable retraso, en tanto que, en el mejor de los casos, .la mayor parte de los estudios que habitualmente nos ofrece no sobrepasa el nivel descriptivo en el que la integración histórico-cultural resulta ser lo único o más importante. Ello hace más urgente la nece sidad de desplegar un máximo esfuerzo para alcanzar un nivel explica tivo, equivalente al etnológico en el campo de la Antropología Cultural. Es así únicamente como la Arqueología podrá lograr elaborar el cuerpo teórico que toda ciencia requiere, o en el sentido en que resulta ser un método de la Antropología, enriquecerá con sus progresos el cuerpo doctrinal de la teoría antropológica. En este sentido, la Arqueo logía es la antropología de los pueblos del pasado (Deetz, 1967, 3) y, .por boínsiguiente, como tal Antropología, uno de los principales conceptos que debe manejar es el relativo a cultura. Esencialmente, el concepto de cultura en Arqueología no debe dife rir dé cualquier defímción de cultura en Antrooplogía, en tanto que el motivo de estudio es sunilar y sus diferencias se refieren más bien al registro de datos primarios que se manejan, pero no a su estructura y funcionamiento. Ello contrasta, sin embargo, con el concepto de cultura que, de he cho, maneja habitualmente la Arqueología, ya que, en este caso, el con cepto se ha elaborado sobre la base de los datos que corrientemente se registran y, por consiguiente, el concepto resulta ser, por lo general, ziotoriamente reducido y mínimo, refiriéndose principalmente a patrones formales y de tipología en sentido tempo-espacial. La que viene llamándose escuela normativista norteamericana, insis te en, el hecho de que lo que estudia el arqueólogo son productos cul turales^ pero no la cultura misma (Ford, 1954). Estos productos cultura les refieren directamente a comportamientos, los que a su vez refieren a ideas vormativas acerca de los modos de vida de pueblos hoy extinguídos (Binford, 1965, 203), las cuales son, en definitiva, las que componen la cultura misma. Por su parte, la más reciente arqueología norteamericana, partiendo del cocépto de Leslie A. White, según el cual la cultura consiste en los medios extrasomáticos de adaptación (White, 1959), define a la cultura como un "sistema extrasomático de adaptación, que es empleado en la integración de una sociedad con su ambiente y con otros sistemas sociocultúrales" (Binford, op. cit., 205). A partir de éste y otros conceptos que es imposible detallar aquí, la arqueología norteamericana y británica se orientan en el sentido de ■aplicar la Teoría general sistémica o Cibernética a la Arqueología, sen tando las bases para una Arqueología analítica o estructural que avanza rápidamente en los últimos años. Con referencia al concepto de cultura, debe entenderse que ésta representa un sistema complejo en el que los subsistemas primordiales son el sociocultural y el ambiental en sus mu tuas y constantes interrelaciones 7 y en el que considerado el sistema en 7. Binford, 196S; Watson-LeBIanc-Redman, 1971; Clarke. 1968. 56 — su perspectiva dinámica, éste viene di»fi a y continuo que mantiene redes de int#» como im sistema dinámico Ptojas, controla su propio equilibrio ^^^^^"'^icación y retroacción comsenta una específica capacidad para ^"crentes procedimientos, preciertas metas, tiene asimismo capacidaH ^ convertir en deseables correlación directa y adaptación y no autorregulación, así como de tas del tipo del sistema markoviann tabla o matriz de respuesSin embargo de todo lo expuesto ^ 1968, 43-82). coherente e importante, la de mayor + nuestra opinión más dades de desarrollo, la más intefirativ^ ^ mejores posibilies la que teniendo por núcleo explicativr» , ®c^da en estos momentos evolucionismo o evolucionismo mS^ f evolucionista -neosistema socio cultural al sistema ambiental Jnto^a estrechamente el cultural— e interpreta los hechos no sóTo humana o ecologia sivamente económico, sino con una nerc^ lista, en el que los niveles determinantes En el proceso de reedificación de L . de los esquemas de Morgan, Marx y En Jf." l Dortanfxxc. 1.. ♦ «uoírtr. -xr , bngels», han constitmdo hitos imKan (1954), Leslie A. White», • . 1 Steward», pero sus desarrollos y conse5 "I® imposible sintetizar aquí son, como hemos dicho de enornae trascendencia y gran fecundidad. Las obras de íKmeí Palerm y Ene Woif (1972), Robert M. Adams (1966) y Williani T. Sanders y Bárbara J. Price (1968) son, entre otras. desarrollos, por lo que cabe pensar que el evo- ... ®" . queo ogia es, o debe ser, equivalente en importancia a esa misma teoría en Biología. "La esencia de la ecología cultural es —dice Sanders— en su aproximacion interactiva, su consideración de habitat, bioma y cultura como funcionalmente interrelacionados, aspectos mutuamente interpendientes de un solo sistema más amplio" (Sanders y Price, 1968, 212). La Arqueología antropológica en España La situación presente de la arqueología antropológica en España debe ser considerada más como una utopía que como una realidad. Ello quiere decir que apenas estamos esbozando las bases sobre las que debe trabajarse en el futuro; pero ese futuro, debemos anticiparlo aquí, se muestra, a nuestro juicio, muy fecundo y prometedor. Es evidente que un tipo de arqueología como aquel que hemos esbo8. Véase especialmente Palerm. 1970, 33-50. 9. White, 1964 [la edición inglesa es de 1949], especialmente el capítulo XIII: «La energía frente a la evolución de la Cultura», págs. 337-363, basado en un artículo anterior (White, 1943) y. hnalmente, White, 1959. 10. La bibliografía de Wittfogel puede encontrarse en su obra principal de 1966. 11. Especialmente Steward, 1949. Un resumen de todo este proceso puede verse en Ribeiro, 1970. 57
zado brevemente en los párrafos anteriores, no es posible si no se asien ta: 1. Sobre una base antropológica general muy sólida; 2. Con una orientación interdisciplinaria; y 3. Mediante un amplio sentido de coope ración científica. Una base antropológica general resulta ser requisito imprescindible, en tanto que el campo antropológico mismo es fundamentalmente integrativo y como consecuencia del concepto esbozado más arriba de que la Antropología constituye una unidad teórica y doctrinal que puede desarrollarse mediante la aplicación de varios métodos —arqueológico, etnohistórico, lingüístico, antropológico social o etnológico y antropoló gico físico , todos los cuales participan o comparten la teoría general antropológica y a su vez la enriquecen mediante sus particulares reali zaciones. El propio carácter integrativo de la Antropología hace que en ella, quizás más que en cualquier otra ciencia, se requiera de la aplicación del criterio interdisciplinario, tanto en su análisis sincrónico como en el diacrónico. De hecho, la mayor parte de las teorías pueden ser aplicadas utilizando varios de los métodos mencionados más arriba. Finalmente, la utilización del criterio de cooperación científica resul ta esencial en el caso de la Arqueología, en tanto que muchas de las técnicas de análisis utilizadas por ésta parten de bases científicas a veces muy alejadas de los intereses propios de la Arqueología. Los resultados, sin embargo, de esa cooperación son siempre enormemente fecundos y de mutuo enriquecimiento. Hablando en términos muy personales, en mi opinión, la arqueolo gía española, si desea superar la etapa en la que, según hemos visto al principio de esta ponencia, se encuentra, deberá reorientar sus propias bases en el sentido de integrarse progresivamente, más y más, en el campo de la Antropología, ya que, en definitiva, su mayor deficiencia reside en el terreno teórico y esta teoría solamente podrá hallarla en la Antropología. Por otra parte, no es por casualidad que la antropología en España —^y en especial la arqueología antropológica— tenga un marcado matiz americanista, y aunque dar las razones íntegramente nos llevaría demasido lejos, debe decirse aquí, al menos, que ambos campos —el etnológico y el arqueológico— nacieron conjuntamente y ya conjuntados, en el inte rés despertado por América en los intelectuales españoles del Siglo de Oro. Las realizaciones que esta posible arqueología antropológica ha pues to en marcha, en especial desde hace cinco años, son ciertamente poco abimdantes, pero no por eso menos esperanzadoras. Mencionaremos a continuación, en forma de lista y sin comentarios ni juicios de valor en tanto que todas esas actividades están ligadas a la labor del autor y al Departamento de Antropología y Etnología de América, de la Uni versidad Complutense de Madrid—, las tareas desarrolladas en el campo de la arqueología antropológica: 1. El mencionado Departamento nfr-o»» 'os SenTer """" general; Historia de América PrehiLnánirá^T?®' ^ntropolo^a América; Arqueologia americana; EtnSm-tTeT ®'® f social y aplicada; Antropologia física ^ fia indiana; Historia de Filipinas; üSíL.r HistonograCultura azteca y Cultura inca. ' ^^güística general; Cultura maya; 2. Du rante los cursos 1969-70 y 1970 71 1 t-* primer j u < el Departamento ofrece un piniier y segundo Seminario sobre "Arnimoi««:., • - x-is ca" !«, X I X. 'arqueología y cooperación cientifitL'Ja o' '®x f ouesfones de: Teoría arqueológica. PaieonAraueólni»-° " ."^'oa y Etnohistoria en relación con la Máfico neutro.,,ca, análisis químico, análisis ceramoCgr;fra!'^ru-o°;^t"og;a«a.®"' AntrLoS' Seminario Epañol de Antropologia. en sus Cuadernos de Antropoiogta Soc.at y Etnología, ha publicado dos volúmenes -Vols. 3 arm^oi^® traducidos, artículos de interés teóricoarqueologico. Los nueve artículos publicados corresponden a las firmas ae Tngger, Klejn, Binford, Fritz y Plog, Ehrich, McWhite y Chang. Se ñaua en preparación otro volumen dedicado íntegramente a reproducir algunos trabajos de Gordon R. Willey. 4. En el terreno de la investigación, el proyecto más ambicioso es el referente a la Arqueología de Esmeraldas, Ecuador, del que se han publicado ya varios avances«2, y en el que cooperan de manera integra da; arqueólogos, etnohistoriadores, lingüistas, antropólogos sociales, an tropólogos físicos, edafólogos, botánicos, zoólogos, etc. Proyectado para seis temporadas de trabajo de campo —1970 a 1975—, sus resultados definitivos tardarán varios años en obtenerse. 5. Consecuencia de los Seminarios antes mencionados y de trabajos de investigación diversos, se han desarrollado o se proyectan desarrollar vanas técnicas de análisis cerámico. El más avanzado de estos proyectos es el desarrollado en colaboración con el Dr. Jesús Galván, del Instituto de Edafología del CSIC (Consejo Superior de Investigaciones Científi cas), sobre análisis cerámico mediante difracción de rayos X y análisis complementario por microscopía electrónica 13. otro proyecto en relación con el análisis cerámico es el que se refiere a activación neutrónica para la identificación de sus microcomponentes. puede ser el futuro de la arqueología antropológica en Espa ña? Pensando sin excesivo optimismo, pero también sin un pesimismo extremo, yo diría que, en función de la evolución intelectual que puede apreciarse entre las generaciones más jóvenes, su capacidad crítica, su 12. Entre los estudios preliminares en relación con este Proyecto, publicados o en vías de publicación se hallan los siguiente Alcina, 1971, 1973-a, 1973-b; Alcina y Ramos, 1972; Alcina y Rivera, 1971; Rivera, 1972 y 1973, y Sánchez-Montañés, 1972. 13. Jesús Galván ha presentado en sendas comunicaciones, los resultados preliminares de esta técnica ante el XII Congreso Nacional de Arqueología (Jaén, 1971) y en el XL Congreso Internacional de Americanistas (Roma, 1972). 58 — 59
sentido de la responsabilidad y su dedicación, así como en la expansión de los estudios antropológicos en varias Universidades, ese tipo de ar queología se irá abriendo camino, no sin dificultades y resistencias, hasta lograr resultados muy positivos. BIBLIOGRAFIA Adams, Robert M. 1966 The evolution of urhan society: early Mesopotamia and Préhispanic México. Aldine Publising Co. Chicago. Alcina Franch, José 1971 Esmeraldas: clave de la arqueología de Siiramérica. Mundo Hispánico, núm. 279, 50-52. Madrid. 1973a El Proyecto de investigación: Arqueología de Esmeraldas. Bole^ tin de la Academia Nacional de la Historia. Quito. 1973b La vasija trípode como rasgo diagnóstico para la determinación de influencias mesoamericanas en el área andina. Primer Sim^ posio de Correlaciones Antropológicas Andino-mesoamericanas. Guayaquil. Alcina, José y Luis J. Ramos - 1972 Excavaciones en Balao, Esmeraldas (Ecuador): un avance de interpretación. Actas del XII Congreso Nacional de Arqueología. Zaragoza. Alcina, José y Miguel Rivera 1971 Exploraciones arqueológicas en la costa de Esmeraldas, Ecuador. Revista Española de Antropología Americana, vol. 6, 125-142. Madrid. Almagro, Martín 1941 Introducción a la Arqueología. Apolo. Barcelona. Beltráñ, Antonio s. a. Arqueología Clásica. Pegaso. Madrid. Binford, Lewis R. 1965 Archaeological systematics and the study of culture process. American Antiquity, vol. 31, 203-210. Salt Lake City. Braidwood, Robert J. 1959 Archaeology and the evolutionary theory. En Evolution and An^ thropology, a Centennial Appraisal. Washington. Childe, V. Gordon 1954 Los orígenes de la Civilización. Pondo de Cultura Económica. Breviarios: 92. México. 1964 Evolución Social. Universidad Autónoma de México. Clarke^ David L. 1968 Analytical Archaeology. Methuen and Co. London. Cornwall, i. w. 1956 Bones jor the Archaeologist. Phoí»n;^ xr t j ^964 HoS^^Londoñ"" Deetz!já^e^3 ^ «ouse. London. 1967 In-oitation to Archaeology. ThAr«« • ^ . History. New York. American Museum of Natural Dimbleby, G. W. EsievI. Baker. London. nüm.%5. « ««o ^ 1969 La Etnología española y sus problemas. Etnología y Tradiciones populares, 1-40. Zaragoza. Ford, James A. 1954 Type Ccmcept Revisited. American Anthropologist, vol. 56, 42-57. Menasha. García y Bellido, Antonio 1972 Discurso de contestación al de Recepción del Excmo. Sr. D. Tjiig Pericot García. En Pericot, 1972, 85-93. Madrid. Martínez Santa Olalla, Julio 1946 Esquema paletnológico de la Península Hispánica. 2.» ed. Madrid. Obermaier, Hugo y A. García Bellido 1941 El hombre prehistórico y los orígenes de la humanidad. Revista de Occidente. 2.®" ed. Madrid. Palerm, Angel 1970 Mesoamérica y la teoría de la sociedad oriental. Cuadernos de Antropología Social y Etnología, vol. 1, 33-104. Madrid. Palerm, A. y Eric Wolf 1972 Agricultura y civilización en Mesoamérica. SepSetentas, vol. 32. México. Pericot García, Luis 1950 La España primitiva. Editorial Barna. Barcelona. 1972 Reflexiones sobre la Prehistoria Hispánica. Real Academia de la Historia. Madrid. Pericot, Luis y Juan Maluquer 1969 La Humanidad prehistórica. Salvat y Alianza. Barcelona. Rivera, Miguel 1972 Hipótesis sobre relaciones entre Mesoamérica y el área andina septentrional. Revista Española de Antropología Americana, vo lumen 7, núm. 2, 19-31. Madrid. 1973 Algunos rasgos mesoamericanos en la costa de Esmeraldas. Pri mer Simposio de Correlaciones Antropológicas Andino-mesoamericands. Guayaquil. Ribeiro, Darcy 1970 El proceso civilizatorio. Etapas de la evolución sociocultural. 60 — — 61
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