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La naturaleza en la ciudad: el descampado y la ruina

Alarcón González, Luisa; Montero Fernández, Francisco Javier

Abstract

Una de las formas de re-naturalizar las ciudades contemporáneas es a través de los vacíos urbanos. Descampados, solares y terrenos baldíos ofrecen oportunidades insospechadas para llenar de verde las ciudades, una condición que algunos arquitectos han utilizado como base de sus propuestas urbanas, otras veces el devenir del tiempo nos ha hecho ver esa capacidad regeneradora, de ambas situaciones podemos aprender para mejorar los espacios urbanos donde habitamos.

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01 105 En Plataformas y mesetas1 Jorn Utzon nos describe el habitar de los mayas en una jungla impenetrable donde los poblados son pequeñas parcelas despejadas dentro de esa selva calurosa y húmeda que les sirve de telón de fondo, una vegetación exuberante que constituye el hábitat de una población que vive de, por y para la naturaleza, de forma que cuando los hombres abandonan sus construcciones en la selva ésta se apropia de ellas, ocupándolas y transformándolas en parte casi indisoluble de la misma, en un proceso en el que los edificios de piedra vuelven a transformarse en rocas, como si nunca hubieran sido extraídos de una cantera. Tan fuerte es el proceso de transformación que cuesta trabajo pensar que esos restos dispersos que hoy encontramos en la península del Yucatán hubieran podido dar cobijo a una ciudad de Luisa Alarcón González Profesora Asociada de Proyectos Arquitectónicos desde 2009. Escuela Técnica Superior de Arquitectura. Universidad de Sevilla. Arquitecta desde 1992 y doctora arquitecta desde 2015. Orcid ID 0000-0001-5110-9135 Francisco Montero-Fernández Profesor Titular de Proyectos Arquitectónicos desde 1997. Profesor de Análisis de Formas Arquitectónicas (1987-1995) y de Proyectos Arquitectónicos desde 1995. E.T.S.A de Sevilla. Arquitecto desde 1987 y doctor arquitecto desde 1995. Becado en la Academia de España en Roma durante el curso 1992-93. Docencia en doctorado y máster desde 1995, en el I.U.A.C.C (1996-2000), en el Departamento de Proyectos Arquitectónicos (2000-2012). Coordina la línea de Investigación “Vivienda y Hábitat Contemporáneos” en el actual programa de doctorado de la E.T.S.A de Sevilla. Pertenece al Consejo de Redacción de las Proyecto, Progreso y Arquitectura de la Universidad de Sevilla y Boletín de Arte de la Universidad de Málaga. Orcid ID 0000-0002-0985-7612 07 RA. Revista de Arquitectura Núm. 20 – 2018 P. 104–117 ISSN: 1138-5596 DOI: 10.15581/014.20.104-117 Recibido: 22 de febrero de 2018 Aceptado: 16 de abril de 2018 La naturaleza en la ciudad: el descampado y la ruina Luisa Alarcón Francisco Montero-Fernández Una de las formas de re-naturalizar las ciudades contemporáneas es a través de los vacíos urbanos. Descampados, solares y terrenos baldíos ofrecen oportunidades insospechadas para llenar de verde las ciudades, una condición que algunos arquitectos han utilizado como base de sus propuestas urbanas, otras veces el devenir del tiempo nos ha hecho ver esa capacidad regeneradora, de ambas situaciones podemos aprender para mejorar los espacios urbanos donde habitamos. PALABRAS CLAVE Re-naturalización, descampado, ruina, desurbanismo, situacionistas KEYWORDS Re-naturalisation, Opened Space, Ruin, Disurbanism, Situationist Fig. 01 Aprendices mirando la maqueta de Broadacre City. 106 100.000 habitantes. Esta capacidad regeneradora de la naturaleza también fue observada por los integrantes de la Internacional Situacionista incorporándola como parte de las acciones del Urbanismo Unitario2, del que dicen se opone a la fijación de las ciudades en el tiempo, preconizando su transformación permanente. Una realidad en cualquier ciudad y no sólo en aquellas que son abandonadas y se convierten en ruinas, sino también en las que nos pueden parecer eternas, pues exceptuando algún que otro edificio casi nada permanece en las ciudades con el paso del tiempo, del París o el Pekín medieval poco queda en las metrópolis contemporáneas actuales, quizás sólo las coordenadas geográficas y su raíz léxica. Esta transformación en el tiempo y el espacio de lo urbano se recoge por parte de los Situacionistas y se propone como una acción específica, con la creación de ciudades móviles, especialmente en las selvas de Méjico y Camboya por la capacidad regeneradora de su vegetación. Estas ciudades se irían trasladando de Este a Oeste, roturando nuevos campos y abandonado los anteriormente ocupados, que volverían a ser habitados por la selva tropical. Este proceso secuencial iría creando diversos estados de transformación de la ciudad moderna a la naturaleza salvaje, permitiendo una continua vuelta del campo a la ciudad y viceversa, produciendo según sus propias palabras “un maridaje con la naturaleza más audaz que los ensayos de Frank Lloyd Wright”3, en los que la ciudad como lugar de alta concentración humana desaparece para diluirse en el campo, una forma de habitar que Wright define como ruralismo4 frente al urbanismo5 de Le Corbusier, quien nunca renuncia a la ciudad como lugar principal del habitar humano. Ninguna de las propuestas urbanas de Le Corbusier alteran de forma sustancial la concepción de ciudad en si misma, que sigue siendo un núcleo compacto, un espacio denso y de interacción social, sólo cambia su forma interna y su escala, proponiendo edificios de gran altura que generan una alta densidad puntual y permiten liberar el espacio que antes ocupaban las construcciones, que ahora se sitúa apilado, dejando grandes áreas vacantes que pueden servir como zonas verdes de uso público. El planteamiento de Wright en cambio es el opuesto, es la ciudad la que se debe introducir en el campo, porque las condiciones de la vida urbana se alejan cada vez más de las necesidades y deseos del hombre, que vive esclavizado en ellas y huye cuando las condiciones se lo permiten, iniciando así una invasión del medio rural. Para Wright son los edificios los que se deben construir en la naturaleza, de manera dispersa para vivir en ella, en vez de trasladar el verde a la ciudad formando inmensos parques, piensa que incluso los rascacielos que colmatan el espacio de las ciudades será en el campo donde encuentren su futuro6 (fig. 01). Si analizamos el ciclo de conferencias que Wright imparte en Princenton en 1930, publicado un año más tarde7 vemos que en su concepto sobre el modo de habitar futuro llega a unas conclusiones muy similares a las de los desurbanistas8 soviéticos, quienes llevan varios años teorizando sobre la disolución de la ciudad. El punto de partida ideológico es muy diferente, casi opuesto, ya que Wright parte de individualismo más extremo y los soviéticos buscan transformar una sociedad en su conjunto, borrando las clases sociales y las diferencias que generan en Luisa Alarcón Francisco Montero-Fernández RA 20 MOSCÚ VERDE Y EL DESURBANISMO SOVIÉTICO 107 los modos de vida, pero sus conclusiones son equivalentes. La ciudad ya no es un espacio adecuado para la vida del hombre, ya que le es hostil. El espacio construido compacto y denso como tal debe desaparecer transformándose en un lugar extenso e indefinido. Apenas hay diferencias entre las conclusiones de Wright en Princenton y los escritos de Ochitovic, el sociólogo ruso ideólogo del desurbanismo: “No se trata de transformar el campo en ciudad, ni se trata de reducir la dimensión de la ciudad… pero si de dispersar lo más posible el centro para eliminar la ciudad “en general”… No se trata de eliminar la deformidad de la ciudad con un conjunto de reformas… Se trata de combinar en un todo único la ciudad y el campo: de eliminar la oposición entre la ciudad y el campo. No es una lucha contra la ciudad en nombre del campo, ni una sustitución del campo con la ciudad…. Ni una conciliación de la contradicción entre campo y ciudad como en la ciudad jardín de Howard o la ciudad jardín obrera del camarada Kozannyj… es una “nueva deslocalización de la humanidad”9. En esta cita Mijail Ochitovic, describe claramente cuáles son sus intenciones. La ciudad se entiende como un lugar del pasado, representación de la sociedad antigua que ellos quieren transformar con la revolución socialista y sus propuestas van más allá de la colectivización u ocupación de edificios representativos, sino que creen que hay que plantear un nuevo modo de vida socialista. Frente a la ciudad, de carácter claramente burgués, el desurbanismo propone un hábitat disperso por todo el territorio soviético que ayudará a eliminar los equilibrios económicos dentro del mismo, borrando así las grandes diferencias sociales y territoriales que existían en la sociedad rusa pre-revolucionaria. Ojitovich tras elaborar sus teorías sobre los nuevos modelos de asentamiento que se deberían realizar en la URSS busca arquitectos que sean capaces de llevar sus ideas a nivel de proyecto contactando con los arquitectos constructivistas que trabajaban en el Departamento de Estandarización del Stroikom de la RSFSR (Comité de Construcción de la República Socialista Federativa Soviética Rusa) y que eran Ginzburg (director), Barsch, Vlamidirov, Pasternak y Sum- Shink, al que luego se sumarían los arquitectos Afanásiev, Zundablat, Milinis, Sávinov, Sokolov y el ingeniero Orlovski10. Estos arquitectos se encargan de materializar estas ideas principalmente en dos concursos, el de la ciudad de Magnitogorsk firmado por el colectivo Strojkom11 y el de Moscú Verde por Ginzburg y Barsch, ambos son publicados en la revista Sovremennaia Arhitektura n. 1-2 de 1930, en los que se recoge de forma cuantificada las ideas fundamentales de este movimiento que parte de un rechazo total del asentamiento humano tradicional mediante concentraciones discontinuas (ciudades), y busca una ocupación territorial continua y homogénea en todo el territorio de la URSS que anule las diferencias entre ciudad y campo. El nuevo hábitat humano propuesto es un asentamiento lineal, a modo de cinta, con distintas jerarquías funcionales, ejes productivos y de servicio, a intervalos regulares, y líneas de viviendas asociadas a la naturaleza, que irían sustituyendo todas las formas de habitación existentes para mejorar la calidad de vida de los obreros, que en su mundo socialista constituyen el conjunto de la sociedad. Sus propuestas se alejan de la comuna o alojamiento mínimo comunitario porque lo RA 20La naturaleza en la ciudad: el descampado y la ruina 108 consideran insuficiente para las necesidades y el desarrollo personal e intelectual de las personas, proponiendo pequeñas células individuales aisladas situadas al final de los ejes de movilidad, mientras que las zonas comunes, formadas por auto-estaciones o lugares para dejar el vehículo a motor, comedores colectivos, edificios sociales, de descanso o deporte se sitúan en el camino de acceso, en un espacio de transición entre los espacios productivos y las células habitacionales que sirven de retiro personal, de forma similar a las estaciones de servicio que Wright considera como los nuevos centros comunitarios12. Los planteamientos de dispersión por parte de los desurbanistas son extremos, ya que la construcción de las células habitacionales se plantea de forma industrializada, estandarizada y móvil “La casa desmontable constituye el ocaso de la inmovilidad del hábitat”13, proponiendo un sistema de gran facilidad de montaje y desmontaje, lo que permitiría una continua redistribución por el territorio, así como su agrupamiento o desagrupamiento según fueran cambiando las condiciones personales de sus habitantes, pudiendo ir desde una unidad autónoma a hileras de más de 15 viviendas (fig. 02). De los dos concursos publicados el de Moscú Verde es especialmente significativo, ya que mientras en Magnitogorsk diseñan una ciudad de nueva planta que da servicio a una nueva explotación minera, en el de Moscú se enfrentan a la transformación de una ciudad ya consolidada, con una población de unos 2.000.0000 de habitantes, que debe, según sus ideales, desaparecer, disolviéndose en el campo. El interés de la actuación planteada radica en que no buscan una desaparición total en un breve plazo de tiempo, demoliendo áreas enteras para construir una nueva ciudad ideal, sino que se establece una estrategia progresiva de desocupación urbana en base al tiempo natural de la vida de los edificios, la única orden enunciada en el concurso es la ausencia de mantenimiento, así, cuando las edificaciones envejezcan de forma que se conviertan en lugares inhabitables serán desalojados, convirtiéndose primero en ruinas y posteriormente en naturaleza, una vez que la vegetación se vuelva a apropiar de ese espacio. Esta lenta transformación temporal Luisa Alarcón Francisco Montero-Fernández RA 20 02 Fig. 03 Propuesta de Moscú Verde. Figs. 04 y 05 Imágenes de 2017 de la ciudad de Pripyat, cercana a Chernobyl. Fig. 02 Módulos de vivienda propuestos por el colectivo Strojkom para el nuevo hábitat socialista. 109La naturaleza en la ciudad: el descampado y la ruina RA 20 sugiere, al igual que la propuesta situacionista para las ciudades móviles en la selva, una reapropiación natural de la ciudad, una reconquista del espacio urbano por la naturaleza que devolvería progresivamente ese territorio a su estado originario, o al menos a un nuevo estado natural al margen de las actuaciones humanas (fig. 03). En ambos casos los proyectos se aprovechan de la acción revivificadora que ejerce la naturaleza y la capacidad que nos muestra renaciendo en los intersticios que lo construido va dejando. Higueras coronando edificios, juntas de solería convertidas en maceteros, margaritas tapizando solares, es fácil observar el poder de apropiación de la naturaleza cuando encuentra unas condiciones relativamente favorables (fig. 04). Incluso cuando las condiciones son muy desfavorables la desaparición del hombre permite la renaturalización de los espacios urbanos, el ejemplo de la ciudad de Pripyat, próxima a la central nuclear de Chernobyl abandonada tras la explosión en abril de 1986, asombra a los que la visitan hoy, era una típica ciudad soviética construida en los años setenta con bloques de apartamentos uniformes y poca vegetación. Hoy, sin la presencia del hombre, el bosque cercano ha invadido las calles y los espacios entre los edificios de forma lenta y constante y los animales salvajes, cuya población ha aumentado vertiginosamente, pasean por las calles, incluso han aparecido especies que se creían extinguidas y desaparecidas en la zona, como los osos pardos que no se veían desde hacía 100 años. De hecho, la geógrafa portuguesa Helena Madureira en sus estudios de la influencia de las áreas verdes en la ciudad de Opor- to, concluye que es en estos espacios vacíos de la ciudad, libres de la actividad humana, los solares que aparecen tras la desaparición de una edificación, donde encontramos mayor biodiversidad14 (fig. 05). 03 05 04 110 SOLARES Y DESCAMPADOS: ESPACIOS VERDES URBANOS En 1995 Ignasi de Solá-Morales publica un artículo titulado “Terrain vague”15 en el que recoge una nueva sensibilidad urbana desarrollada a partir de los años setenta en la que: “Los espacios vacíos, abandonados, en los que ya han sucedido una serie de acontecimientos parecen subyugar el ojo de los fotógrafos urbanos”16, y a los que el denomina con la expresión francesa que da título al artículo. Estos lugares, solares, descampados, ruinas de espacios industriales en desuso, que describió no sólo son espacios de oportunidad para las acciones más libres de los ciudadanos, sino que también son aquellos que permiten mayor capacidad de actuación al reino vegetal dentro de la ciudad, que los utiliza como lugares de ocupación y espacios de desarrollo, quizás porque como dice Solá-Morales “se han convertido en áreas de las que puede decirse que la ciudad ya no se encuentra allí”17. Frente al parque clásico concebido como una recreación controlada y ordenada de la naturaleza, donde las especies muchas veces foráneas, son ubicadas por el hombre en un lugar exacto para producir un determinado efecto, estos lugares deshabitados nos muestran una naturaleza si artificios, podríamos decir que una naturaleza real, ya que ambos términos (naturaleza y artificio) son antagónicos, en tanto que algo artificial es algo “hecho por mano o arte del hombre, no natural o falso”18. Estos espacios urbanos no sólo fueron centro de atención para los fotógrafos urbanos, sino también se convirtieron en lugar de trabajo y experimentación de algunos artistas en esa misma década. Un arquitecto-artista como Gordon Matta-Clark hace de la ruina su principal lugar de trabajo, porque como el mismo comenta: “probablemente la razón de buscar edificios abandonados era, en primer lugar, una especie de preocupación muy avanzada por esa condición; tal vez no tanto porque piense que pueda hacer algo al respecto, sino porque es lo que predomina en el paisaje urbano”19. En los años setenta Matta-Clark ve la ciudad como una ruina, son estos los espacios que centran su atención, los que configuran el paisaje urbano que percibe, los que llenan sus descripciones de la ciudad, convirtiéndose en el soporte de sus obras, mientras que la ciudad habitada y en uso se diluye, se vuelve borrosa, desaparece, quedando concentrada en esos márgenes inciertos que son los solares o los vertederos. Entre sus acciones urbanas que reivindican esta condición de extrañeza de los solares urbanos encontramos el proyecto denominado Reality Properties: Fake Estates, que consistió en la adquisición en una subasta de pequeñas parcelas en el Queens, estrechas franjas de dimensión mínima o restos entre edificaciones, muchas de ellas inaccesibles, lugares olvidados e inútiles para la producción urbana convencional, pero en los que Matta-Clark ve espacios a preservar, que deben seguir estando olvidados para contrarrestar la “manía opresiva” de la arquitectura por actuar en la totalidad del tejido urbano20 (fig. 06). Actualmente también encontramos obras artísticas que continúan centrando su atención en estos lugares vacantes de la ciudad, como las guías de terrenos vacíos y aperturas y protección de descampados de Lara Almarcegui21, para quien estos huecos que existen en la trama urbana son muy valiosos en ese estado vacante, siendo esta Luisa Alarcón Francisco Montero-Fernández RA 20 111 Fig. 06 Montaje fotográfico de Gordon Matta- Clark del terreno adquirido el 5 de octubre de 1971 en el barrio de Queens (sección 2, bloque 209, lote 160). Fig. 07 Lara Almarcegui. Matadero de Arganzuela 2005. La naturaleza en la ciudad: el descampado y la ruina RA 20 condición la que la artista considera que hay que proteger, evitando alteraciones o intervenciones. En las biografías y descripciones que Almarcegui hace de los solares resalta como son ocupados por una vegetación salvaje que va reapareciendo según se instala el abandono (fig. 07). Con el tiempo, los terrenos vacíos llegan a albergar ecosistemas propios, poblados por especies endémicas. Así, pueden llegar a conformar pequeñas reservas naturales en el mismo corazón de la ciudad22: “presento los descampados como un lugar especial, una experiencia única, donde están sucediendo cosas que no suceden en el resto de la ciudad. (…) [H]ay una naturaleza, una vegetación, una libertad. Como un paraíso en cada terreno”23. Su acción de buscar y catalogar estos espacios sirve para resituarlos en el imaginario de la población, ya que muchas veces se encuentran olvidados tras una tapia o en áreas poco accesibles de la ciudad, y las acciones de abrirlos, demoliendo las vallas o consiguiendo una autorización para su acceso, permiten un redescubrimiento por la ciudadanía de la capacidad evocadora de esos espacios verdes escondidos, aunque sea por un periodo limitado de tiempo24, incluso a veces la idea de la artista consiste en protegerlos de cualquier actuación por ciertos periodos de tiempo, como ha sucedido en Rotterdam (2003-18), donde Almarcegui propone como acción: “mi proyecto consistiría en dejar el terreno sin diseño. Esto es un experimento consistente en dejar un lugar sin definir para que, así, todo en él ocurra por azar, y no correspondiendo a un plan determinado, y donde la naturaleza se desarrolle a su aire y se interrelacione con el uso espontáneo que se dé al terreno y con otros factores externos como el viento, la lluvia, el sol y la flora”25. También un naturalista como Richard Fitter muestra la potencia de los solares y las ruinas como lugares de concentración de la naturaleza dentro de la ciudad cuando en 1946 publica en su libro London´s Natural History26 una lista de 126 especies de plantas y helechos que existían en los lugares bombardeados durante la guerra, desvelando la presencia de pequeños pájaros y otras criaturas que sobreviven en esos nuevos espacios vacíos que la guerra había dejado en Londres. Su catalogación parece un descubrimiento como espacios de oportunidad para la vida natural como contraste a la progresiva esterilización biológica que está sufriendo el territorio que va ocupando la ciudad desde su nacimiento y que describe a lo largo de todo el libro. 06 07 112 Frente al parque decimonónico y a las recreaciones románticas de la naturaleza en la ciudad, son los espacios fuera del control y la ordenación urbana con los que mejor se identifican los habitantes de las ciudades contemporáneas, en los que las experiencias son más intensas como reflexiona Carlos García Vázquez: “el genius loci […] no reside en su arquitectura, sino en su naturaleza. Ello significa que la preservación de su identidad depende más de la conservación de sus vacíos (los paisajes intermedios) que de sus edificaciones”27. DESCOMPOSICIÓN Y RENATURALIZACIÓN El paso de la historia nos ha demostrado que hay ciudades ocultas en selvas, bosques y campos de cultivo, que sólo basta con deshabitarlas por un cierto tiempo, dejando trabajar a la naturaleza para que desaparezcan fagocitadas por la tierra y la vegetación. Marc Augé se pregunta tras visitar Chichén Itza: “¿A que pasado me remitían esas ruinas? A un pasado maya sobre el cual distintos manuales me habían dado alguna información, pero cuya duración (casi dos milenios) me privaba de toda referencia. Como se sabe, además, todos los reyes construían sus monumentos sobre las ruinas de los que habían levantado sus predecesores, ruinas que, en lo sucesivo, se convertían en un nuevo basamento. De esta ciudad enterrada bajo la selva y dispersada en el transcurso de los siglos no tenía por tanto ninguna idea, ninguna imagen, como tampoco la tenía de los miles de habitantes (10.000 en el centro, 100.000 en el conjunto de la conurbación) que, según dicen los especialistas, habían ocupado aquí un espacio de una treintena de kilómetros cuadrados. El lugar que me fascinaba (templos, estelas y pirámides, junto al claro del bosque) no tenía, por tanto, hablando con propiedad, ninguna existencia histórica, no me restituía ningún pasado: como tal pasado era inédito (ya que las primeras excavaciones databan de los años cincuenta). Hacía mucho tiempo que la invasión de la selva había certificado la muerte de la ciudadela desaparecida. Lo que emergía de ella aquí y allá, esa mezcla de piedras y de naturaleza vegetal, no tenía más que algunos años de existencia y no guardaba semejanza alguna, ni de cerca ni de lejos, con una reconstitución histórica”28. Quizás dentro de quinientos años, cuando alguien visite Detroit tenga una sensación equivalente a la que Marc Augé percibió al visitar las ruinas mayas de Chichén Itza, si continúa el proceso de abandono y descomposición en el que se haya inmersa, con una despoblación masiva similar a la que pudo sufrir Roma tras la caída del Imperio Romano29. A mediados del siglo XX, Detroit era la cuarta mayor ciudad de los Estados Unidos de América, con una población de 1.900.000 habitantes, hoy es la 18 con unos 700.000 y se prevé que continúe bajando puestos ya que sigue perdiendo población de forma sostenida. El efecto de esta despoblación es una ciudad fantasma llena de edificios abandonados, que progresivamente van entrando en ruina, colapso y desaparición, ayudados por una naturaleza que busca apropiarse de ese lugar que el hombre a abandonado, así poco a poco el verde va ocupando de nuevo la ciudad en un proceso inverso al de su construcción (fig. 08). Luisa Alarcón Francisco Montero-Fernández RA 20