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Termas públicas en la Hispania de época antonina: una aproximación a su secuencia evolutiva

Romero Vera, Diego

Abstract

En este trabajo ofrecemos una revisión sintética de las evidencias arqueológicas pertenecientes a termas públicas del siglo ii d. C. que han ofrecido un numeroso conjunto de ciudades de Hispania. Partiendo de esta documentación, pretendemos establecer un primer acercamiento a los rasgos característicos de los conjuntos termales públicos hispanorromanos de esa época.

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69 Data de recepció: 31-07-2019. Data d’acceptació: 27-02-2020 PYRENAE, vol. 51 núm. 2 (2020) ISSN: 0079-8215 EISSN: 2339-9171 (p. 69-98) © Diego Romero Vera, 2020 – CC BY-NC-ND REVISTA DE PREHISTÒRIA I ANTIGUITAT DE LA MEDITERRÀNIA OCCIDENTAL JOURNAL OF WESTERN MEDITERRANEAN PREHISTORY AND ANTIQUITY DOI: 10.1344/Pyrenae2020.vol51num2.3 Termas públicas en la Hispania de época antonina: una aproximación a su secuencia evolutiva Public baths of Hispania in the Antonine age: an approximation of its evolutionary sequence diego roMero vera Universidad de Sevilla. Facultad de Geografía e Historia. Departamento de Prehistoria y Arqueología C/ Doña María de Padilla, s/n, E-41004 Sevilla [email protected] En este trabajo ofrecemos una revisión sintética de las evidencias arqueológicas pertenecientes a termas públicas del siglo ii d. C. que han ofrecido un numeroso conjunto de ciudades de Hispania. Partiendo de esta documentación, pretendemos establecer un primer acercamiento a los rasgos característicos de los conjuntos termales públicos hispanorromanos de esa época. PALABRAS CLAVE TERMAS PÚBLICAS, HISPANIA, SIGLO II D.C., MONUMENTALIZACIÓN, URBANISMO ROMANO In this work we will review briefly the archaeological evidence of public bath buildings dated in the second century belonging to a score of Hispania’s urban centres. On the basis of this documentation, we would like to offer a first approach to the characteristic features of the public thermal buildings of that time in Hispania. KEYWORDS PUBLIC BATHS, HISPANIA, II CENTURY AD, MONUMENTALIZATION, ROMAN URBANISM Diego RomeRo VeRa Termas públicas en la Hispania de época antonina 70 PYRENAE, vol. 51 núm. 2 (2020) ISSN: 0079-8215 EISSN: 2339-9171 (p. 69-98) 1. Planteamiento En el presente artículo pretendemos analizar las principales características y dinámicas que rigen la arquitectura termal de carácter público de un grupo de ciudades hispanas durante la etapa antonina. Somos conscientes de la dificultad que supone ofrecer una visión global sobre este tema en un marco cronológico y espacial tan amplio y del que, asimismo, existe una enorme documentación. Con este objetivo hemos examinado las evidencias correspondientes a termas públicas de un nutrido número de comunidades cívicas, precisamente aquellas que han ofrecido gran cantidad de información arqueológica e histórica; en suma: Astigi, Asturica Augusta, Baelo Claudia, Baetulo, Barcino, Bilbilis, Bracara Augusta, Carthago Nova, Clunia, Conimbriga, Corduba, Emporiae, Labitolosa, Lucentum, Mirobriga Celticorum, Munigua, Tarraco y Valentia. Concretamente, serán objeto de examen no solo los edificios construidos en ese período, sino también los conjuntos termales que presenten reformas datadas en la etapa antonina. En última instancia, hemos empleado el método comparativo a fin de plantear los modelos o patrones que imperan en las thermae de las citadas ciudades en el intervalo temporal propuesto. Somos conscientes de que este muestrario es limitado y no recoge todos los núcleos urbanos hispanos susceptibles de ofrecer información sobre termas públicas. Sin embargo, estimamos que todas las ciudades analizadas son representativas y poseen un peso específico en este campo de estudio. Asimismo, creemos que el número de yacimientos que integran el catálogo es suficientemente amplio como para poder establecer hipótesis de partida y tendencias preliminares sobre la arquitectura termal hispanorromana en la etapa antonina. Creemos que se trata de un análisis modesto, pero pertinente y necesario, ya que no existe ningún trabajo que arroje una visión de conjunto sobre las termas hispanas entre los reinados de Trajano y Septimio Severo, período en el que, paradójicamente, el registro arqueológico revela que muchos de estos espacios de sociabilidad e higiene fueron construidos o alcanzaron su configuración definitiva desde el punto de vista arquitectónico y ornamental (Fernández Ochoa et al., 2004: 171; Reis, 2004: 161). Este aspecto resulta especialmente llamativo si tenemos en cuenta que en Hispania las construcciones públicas menguan a partir del segundo tercio del siglo ii d. C. Todo indica que, desde el principado de Antonino Pío, las comunidades cívicas hispanorromanas vivieron una fase de cierto estatismo, tras haberse dotado de las infraestructuras y los edificios públicos necesarios en las etapas precedentes. Igualmente, en los espacios públicos, la dedicación de epígrafes se va enrareciendo y, aunque se detectan algunas intervenciones decorativas y constructivas, su volumen decae abruptamente con respecto al período anterior. En efecto, las termas constituyen uno de los pocos elementos de topografía urbana en los que se van a invertir recursos durante todo el siglo ii d. C. Resulta llamativo que en esta misma etapa languidezcan antiguos espacios de ocio y reunión, como es el caso de las áreas forenses y los teatros, al tiempo que cobran un renovado auge los ludi circenses y el termalismo, tanto en su vertiente pública como privada. Esta dinámica marca, sin duda, un cambio de tendencia en los gustos y preferencias lúdicas de la población. 71 Diego RomeRo VeRaTermas públicas en la Hispania de época antonina PYRENAE, vol. 51 núm. 2 (2020) ISSN: 0079-8215 EISSN: 2339-9171 (p. 69-98) Por último, cabría reiterar que no pretendemos en absoluto realizar un estudio integral y exhaustivo de las termas hispanas en la etapa antonina, algo que excede con mucho el fin de este breve trabajo, sino analizar de manera amplia, y a la vez obligatoriamente sintética, los principales rasgos de los conjuntos termales de las ciudades citadas para, de este modo, establecer una primera aproximación a la arquitectura termal hispanorromana en el marco temporal propuesto. 2. Desarrollo: un acercamiento a las thermae hispanorromanas de época antonina Los edificios termales son uno de los mejores exponentes de la comoditas y luxuria que la ciudad romana era capaz de ofrecer a sus habitantes en época imperial. Como es conocido, en el mundo romano los baños no solo tenían una utilidad higiénica, sino que eran al mismo tiempo punto de encuentro y socialización. Además, con el tiempo se fueron dotando de otras dependencias destinadas a actividades gimnásticas o culturales (palestras y bibliotecas, respectivamente). Los espacios termales públicos constituyen un elemento indispensable del paisaje urbano de época antonina, tanto en las provincias hispanas como en el resto del Imperio (DeLaine, 1992: 257). La importancia concedida a los baños se reconoce en determinadas fuentes literarias de época antonina. En Metamorfosis se alude a los templos y los baños como los edificios públicos que son más dignos de estimarse de entre los que forman parte de una ciudad (Apul. Met., 2.19.15-19). Plinio, en su correspondencia con Trajano, considera de vital importancia que se construyan unas nuevas termas en Prusa, debido a que por aquel entonces solo se contaba con unos baños muy sucios y antiguos. En opinión de Plinio, esta obra era necesaria debido a la importancia de la ciudad y, además, dotaría de esplendor al reinado de Trajano (Plin. Ep. 10.23-24). En otra carta, el gobernador de Bitinia propone ubicar estas termas en el solar de una antigua casa de propiedad imperial, localizada en un magnífico emplazamiento, así como dotar los baños de una exedra y unas fuentes. Finalmente, el emperador autoriza su construcción y accede a donar su terreno para ese fin (Plin. Ep. 10.70-71). Como decíamos, frente al mero mantenimiento o incluso estancamiento edilicio detectado en otros elementos de la topografía urbana de esta época, las termas son los edificios en los que se detecta mayor inversión y dinamismo constructivo. Prácticamente en todas las ciudades que hemos analizado se han localizado termas públicas y, en una alta proporción, fueron reformadas o ampliadas en el período que nos ocupa. Además, no son pocos los conjuntos termales edificados en la segunda centuria. En cualquier caso, la gran mayoría de las termas públicas hispanorromanas se fecha en un arco temporal que va de finales del siglo i d. C. a la primera mitad del siglo ii (Fernández Ochoa et al., 2004: 171). Diego RomeRo VeRa Termas públicas en la Hispania de época antonina 72 PYRENAE, vol. 51 núm. 2 (2020) ISSN: 0079-8215 EISSN: 2339-9171 (p. 69-98) Con todo, cabría indicar que las termas fueron edificios de carácter utilitario y funcionamiento complejo y, por tanto, requirieron de constantes reformas para asegurar su funcionamiento. Así pues, las termas hispanas sufrieron diversas transformaciones, no solo en el siglo ii d. C., sino también en las centurias posteriores y tuvieron, por lo general, una larga perduración temporal (Fuentes, 2000: 135-145; Diarte, 2012: 265-267). No obstante, como indicamos más adelante, no deja de ser significativo que en la fase antonina los edificios termales antiguos fueran objeto de atención preferente y acogiesen reformas (muchas de ellas decorativas y, por tanto, no relacionadas con problemas de conservación) en contraposición con ciertos espacios públicos en los que no se detecta ningún tipo de intervención. A grandes rasgos, los baños hispanos siguen los mismos modelos y esquemas presentes en el occidente del Imperio. En concreto, en Hispania se han detectado tres tipos de esquemas: los de tipo lineal con todas sus variantes, los anulares y los de tipo imperial, aunque estos últimos en mucha menor proporción (Fernández Ochoa y García-Entero, 1999: 141-143). Los tres modelos se pueden constatar desde finales del siglo i d. C., conviviendo durante todo el Alto Imperio. La elección entre uno u otro dependerá del equilibrio entre las necesidades de la ciudad y el presupuesto con el que se cuenta para su construcción (Fernández Ochoa et al., 2000: 66). Figura 1. Planta de las termas de la puerta de Gades, Baelo Claudia (a partir de Sillières, 1997: 153). 73 Diego RomeRo VeRaTermas públicas en la Hispania de época antonina PYRENAE, vol. 51 núm. 2 (2020) ISSN: 0079-8215 EISSN: 2339-9171 (p. 69-98) La mayor parte de las termas hispanas responde al tipo lineal; es decir, aquel en el que había que realizar un recorrido de ida y vuelta. Nada extraño si pensamos que este era el modelo más sencillo, práctico y, al mismo tiempo, el más económico y fácil de construir (Fernández Ochoa et al., 2000: 63). Así sucede, por ejemplo, en las termas de la Puerta de Gades de Baelo Claudia, construidas probablemente en la primera mitad del siglo ii tal y como vendría a confirmar el hallazgo de un denario acuñado entre los años 143-144 (Alarcón, 2006: 67). Presentan un sencillo modelo axial, esquema que se adapta a la pequeña superficie del solar donde se asientan (fig. 1) (Sillières, 1997: 154-162). Igualmente, ese parece ser el esquema de las termas de la calle del Salvador en Valentia, edificadas a mediados de ese mismo siglo (fig. 2) (Jiménez Salvador et al., 2013-2014: 27-30). A este tipo básico se le añaden desde mediados del siglo i d. C., y sobre todo durante el siglo ii, nuevos espacios que dotan a las termas de un recorrido más complejo (Fernández Ochoa et al., 2000: 68; 2004: 177). Dicha adición no suele desarrollarse de manera aislada, sino que se engloba dentro de una reforma integral del edificio en cuestión, tendencia que no es exclusiva de Hispania, ya que muchas thermae lineales de la pars occidentalis del Imperio fueron enriquecidas con nuevas estancias (sobre todo frías) en esta etapa (DeLaine, 1992: 270). Varios ejemplos ilustran esta dinámica. Las termas menores de Asturica, construidas al parecer entre finales de época julio-claudia y época flavia, sufrieron una profunda transformación en la segunda mitad del siglo ii (fig. 3) (García Marcos, 1994; García Marcos y Burón, 2000). No obstante, otros especialistas llevan la construcción de las termas a finales del siglo i d. C. o principios del siglo ii (Fernández Ochoa, 1999: 76; Fernández Ochoa y García-Entero, 1999: 149). La reforma se llevó a cabo con la finalidad Figura 2. Restos de las termas de la calle Salvador, Valentia (a partir de Jiménez Salvador et al., 2013-2014: 28). Diego RomeRo VeRa Termas públicas en la Hispania de época antonina 74 PYRENAE, vol. 51 núm. 2 (2020) ISSN: 0079-8215 EISSN: 2339-9171 (p. 69-98) de ampliar el edificio e implicó el cambio de funcionalidad de prácticamente todas las salas. En concreto, la cella frigidaria original pasó a convertirse en tepidarium, y esta sala templada, a su vez, acabó transformada en frigidarium. Las thermae adquirieron en esta fase nuevos espacios: una sudatio y otro caldarium adicional (García Marcos y Burón, 2000: 207 y 212; Sevillano y Vidal, 2002: 41-42). Por su parte, el caldarium de la fase I se respetó, aunque con el tiempo acogió una función no determinada (García Marcos y Burón, 2000: 208- 209). Las termas suburbanas de Valentia, situadas en la actual calle Tapinería, también se beneficiaron de una amplia refectio concretada en la ampliación del tepidarium, la creación de un nuevo alveus, la subdivisión del frigidarium y la renovación del pavimento de todas las salas del complejo termal (fig. 4) (Herrero y Viñes, 2004-2005: 278-280; Jiménez Salvador et al., 2013-2014: 25-27). La reforma se ha podido datar a mediados del siglo ii gracias a los materiales cerámicos que ha proporcionado la excavación del pavimento de preparación de una piscina (estancia B) (Herrero y Viñes, 2004-2005: 277). Por su parte, en la primera mitad de la segunda centuria, las termas de Emporiae se dotaron de una articulación más compleja (Aquilué et al., 2002: 247-255). En particular, dentro del caldarium se sustituyó la schola labri por una exedra rectangular, donde se ubicó una bañera o alveus (Aquilué et al., 2012: 51-52). Dentro de este nuevo programa se construyeron unas nuevas letrinas que formaban parte de un anexo, situado junto al acceso principal de las termas. Los bancos de las letrinas, adosados a la pared, se distribuían en torno a un atrio porticado pavimentado con losas de mármol (fig. 5). Esta remodelación configuró la imagen definitiva del edificio termal, cuyo uso se prolonga hasta finales del siglo iii (fig. 6) (Aquilué et al., 2012: 53-54). Por último, las termas de Munigua fueron ampliadas con una Figura 3. Fase I y II de las termas menores, Asturica (a partir de García Marcos y Burón, 2000: 209). 75 Diego RomeRo VeRaTermas públicas en la Hispania de época antonina PYRENAE, vol. 51 núm. 2 (2020) ISSN: 0079-8215 EISSN: 2339-9171 (p. 69-98) Figura 4. Fase II de las termas de la calle Tapinería, Valentia (a partir de Herrero y Viñes, 2004-2005: 274). Figura 5. Restos de la letrina de las termas de Emporiae (Aquilué et al., 2002: 249). Diego RomeRo VeRa Termas públicas en la Hispania de época antonina 76 PYRENAE, vol. 51 núm. 2 (2020) ISSN: 0079-8215 EISSN: 2339-9171 (p. 69-98) sala absidiada interpretada como ninfeo, añadido que acabó proporcionando al conjunto una estructura en forma de «L» (fig. 7) (Hauschild, 1977: 284; Gómez Araujo, 2013a: 102-110). Esta intervención se ha datado en el comedio de los siglos i y ii d. C. por razones de orden estratigráfico y constructivo (Schattner, 2003: 74-75 y 102). En efecto, presidiendo el ábside se encuentra un pedestal de ladrillo destinado a albergar una escultura, probablemente una ninfa (Grünhagen, 1977: 273). Detrás del pedestal se documentó una tubería cuyo cometido era transportar el agua que caía en la exedra a través de una serie de peldaños, conformando, por tanto, un juego de agua muy propio de estos ambientes (Hauschild, 1977: 286 y ss.). Loreto Gómez Araujo (2013a: 110), basándose en el análisis de la secuencia constructiva del edificio, plantea que entre mediados y finales del siglo ii se produjeron algunos cambios significativos en el ninfeo; en concreto, se anularía su cierre oriental quedando unido al tepidarium a través de unos ladrillos y, también, recibiría una nueva decoración pictórica. En ciertas ocasiones las reformas llegan a modificar el recorrido inicial, que pasa de ser lineal a convertirse en lineal angular (Fernández Ochoa et al., 2000: 68; 2004: 177). Dicha conversión se desarrolla, además de en el mencionado caso de Munigua, en las termas de Tongobriga y Gijón, precisamente en el primer tercio del siglo ii (Rocha et al., 2014: 62-63; Fernández Ochoa y Zarzalejos, 1996: 113-114). Un rasgo presente en los edificios termales del siglo ii es la influencia de las llamadas termas imperiales. Con la construcción de las Thermae Nerorianae, el último emperador de Figura 6. Planta de la fase final de las termas de Emporiae (a partir de Aquilué et al., 2002: 248). 77 Diego RomeRo VeRaTermas públicas en la Hispania de época antonina PYRENAE, vol. 51 núm. 2 (2020) ISSN: 0079-8215 EISSN: 2339-9171 (p. 69-98) la dinastía julio-claudia acuñó un esquema de conjunto termal de grandes dimensiones caracterizado por un eje axial y salas duplicadas simétricamente a ambos lados. Constituye este eje central el caldarium, normalmente enmarcado por un ábside (Ghini, 1985; 1999). Este modelo fue reproducido posteriormente en las grandes termas de Trajano, Caracalla y Diocleciano en Roma (Mar, 2000: 15-21; Gros, 2002: 97-101). En las provincias se propagará desde finales del siglo ii, si bien en Hispania dicho esquema no contó con mucha difusión, debido, entre otros factores, al coste que representaba construir un edificio termal de tal monumentalidad (Nielsen, 1993: 71-73; Fernández Ochoa et al., 2000: 63; 2004: 175). En el contexto de las provincias hispanas destacan las termas clunienses, denominadas Los Arcos I, sin duda uno de los complejos termales más significativos del occidente romano (fig. 8) (Gros, 2002: 405). Estas termas presentan varias fases, pero la de época antonina fue especialmente importante, ya que conllevó una transformación de gran envergadura. Así, la remodelación, fechada por los hallazgos numismáticos en la primera mitad del siglo ii, comprendió la reforma de los dos frigidaria con sus respectivas piscinas, el reemplazo del labrum existente, la repavimentación de los apodyteria con opus sectile y mosaicos, así como Figura 7. Planta de las termas de Munigua tras su ampliación (a partir de Schattner y Basas, 2006: 107). Diego RomeRo VeRa Termas públicas en la Hispania de época antonina 84 PYRENAE, vol. 51 núm. 2 (2020) ISSN: 0079-8215 EISSN: 2339-9171 (p. 69-98) erección de una edificación de esta índole debió de llevar aparejada la construcción de un acueducto o de otras vías de suministro de agua. En cualquier caso, siempre era necesario establecer un sistema de conducción de aguas hasta los baños. No cabe duda de que había ciudades pujantes que en pleno siglo ii podían sufragar este empeño constructivo, pero no faltan urbes en las que la tónica dominante en la segunda centuria es el simple mantenimiento del aparato monumental «heredado» del siglo anterior, a pesar de lo cual prácticamente el único proyecto edilicio que acometen son termas. Así sucedió por ejemplo en Clunia. Sin embargo, lo realmente llamativo es que comunidades con un retroceso urbano evidente emprendieran la edificación o reforma de termas. Un caso paradigmático es el de Emporiae, núcleo urbano cuyo pulso constructivo es mínimo, con un centro cívico en el que se detectan huellas de degradación, tales como el derrumbe de pórticos, y en el que el mantenimiento del equipamiento urbano ha cesado (Mar y Ruiz de Arbulo, 1993; 416-417; Castanyer et al., 1993: 190-192). En una ciudad en tales condiciones, los esfuerzos económicos se centraron, curiosamente, en la remodelación y ampliación de un edificio termal. Tampoco parece casual la prolongada perduración de las termas, que estuvieron en funcionamiento hasta finales del siglo iii (Aquilué et al., 2012: 53-54). Como indicamos al principio, durante la etapa antonina la pujanza de los baños en las ciudades hispanas es paralela al desinterés por otros espacios de ocio y encuentro. Igualmente, en Italia y el norte de África, los baños, junto con los templos, son los monumentos públicos que se construyen o reforman con mayor frecuencia en el siglo ii d. C. (Jouffroy, 1986: 319-330 y 398-405; DeLaine, 1992: 274; Ciampoltrini, 1993: 444-445). En efecto, en Hispania se percibe un cambio de usos y costumbres y, hasta en cierta manera, de mentalidad, como refleja el hecho de que las termas sean objeto de interés e inversión general frente a los antiguos espacios de sociabilidad, como foros, y en menor medida teatros, en los que las intervenciones arquitectónicas y ornamentales se van reduciendo progresivamente conforme avanza el siglo ii. Ciertamente, salvo contadas excepciones, no se detectan intervenciones edilicias de calado en los foros hispanos de época antonina, solo pequeñas reformas y labores de mantenimiento. En su inmensa mayoría, estas refectiones se datan en la fase trajano-adrianea. En fecha posterior, el registro arqueológico muestra un vacío de información, lo que pone en evidencia que, a partir del segundo tercio del siglo ii, la actividad constructiva decae bruscamente en las áreas forenses hispanas (Romero Vera, 2016; 2020a). No hay que dejar al margen que en época antonina se asiste a una pérdida de interés general en los ludi scaenici en favor de otros espectáculos de masas, entre los que destacan los juegos circenses y, en menor escala, los de anfiteatro (Romero Vera, 2020b). La decadencia y amortización de los teatros hispanos es un fenómeno desarrollado desde la segunda mitad del siglo ii que se va intensificando con el paso del tiempo (Diarte, 2012: 272-274). En dicha etapa, se documenta el abandono de los teatros de Gades, Acinipo, Carthago Nova y Bilbilis (Bernal et al., 2009: 171; Del Amo, 1982: 215-251; Ruiz Valderas y García Cano, 1999: 198-206; Martín-Bueno y Sáenz, 2010: 264). Por contra, el circo es un elemento monumental propio de un momento avanzado de la ciudad hispanorromana (a 85 Diego RomeRo VeRaTermas públicas en la Hispania de época antonina PYRENAE, vol. 51 núm. 2 (2020) ISSN: 0079-8215 EISSN: 2339-9171 (p. 69-98) excepción de las capitales provinciales y las importantes ciudades de Astigi y Toletum, cuyos ejemplares se construyen entre época julio-claudia y flavia, los circos hispanos pertenecen cronológicamente al siglo ii d. C.). Por su parte, los anfiteatros hispanos no pierden su funcionalidad lúdica, por regla general, hasta bien entrado el siglo iii d. C. (Diarte, 2012: 283-285; Brassous, 2015: 283-285). A diferencia de lo que ocurre con los teatros, el vigor de los munera gladiatoria determinó que las comunidades cívicas sí se preocuparan durante la fase antonina de la mejora, o al menos del mantenimiento, de estos edificios. Una situación, pues, totalmente antagónica (abandono frente a vigorización), que a nuestro entender señala cuáles fueron las preferencias lúdicas de las comunidades cívicas, independientemente de su mayor o menor pulso urbano. Encontramos la mejor muestra de esta dinámica en ciudades con cierta pujanza que emprenden construcciones monumentales al mismo tiempo que abandonan sus edificios teatrales. Este es el caso del teatro de Tarraco, que acogió una importante fase de monumentalización en época antonina avanzada, cuyo abandono se desarrolla, curiosamente, a finales del siglo ii (Mar et al., 1993: 18; 2010: 199; 2015: 316-317). En este caso no puede esgrimirse como causante del abandono la falta de recursos y la languidez del pulso urbano de Tarraco (Mar et al., 2015: 247-304); antes bien, en la capital provincial, al mismo tiempo que ocurre esto, se están construyendo unas termas de notable monumentalidad, emplazadas, además, en las proximidades del teatro (Díaz et al., 2000; Macias, 2004). Esta tendencia general que venimos describiendo se desarrolló, justamente, en la capital del Imperio, donde las grandes termas, especialmente las de Caracalla y Diocleciano, congregaban a las masas y adquirieron una monumentalidad similar a la de los foros. Los foros continuaron siendo el núcleo de la vida política e institucional, pero las termas desplazaron progresivamente a las áreas forenses en popularidad y se convirtieron en ámbitos privilegiados de socialización (Delaine, 1992: 274; Fuentes, 2000: 136). De hecho, los grandes complejos termales recibieron una decoración y articulación arquitectónica similares a las de los foros (Manderscheid, 1981; Candilio, 1991; Gensheimer, 2018). Esto último es evidente en el caso de las termas de Caracalla, caracterizadas arquitectónicamente por exedras y grandes pórticos columnados y, en el aspecto decorativo, por relieves de temática militar que exaltan las campañas de dicho emperador, muy similares a las presentes en el Foro de Trajano (Gensheimer, 2018: 123-124). Al mismo tiempo, se forjó una suerte de emulación competitiva entre emperadores: en la secuencia de grandes thermae, desde las de Agripa a las de Diocleciano, cada terma imperial suele ser más grande y lujosa que la edificada por el predecesor en el cargo. En este sentido, parece evidente que, al menos en este período, la edificación de grandes complejos balnearios granjeaba mayor popularidad que la donación de otro tipo de obras utilitarias o sacras (Fagan, 2002: 120). Por otro lado, la expansión de los baños también alcanzó el ámbito privado. De hecho, un buen número de domus de esta etapa incorporó pequeños establecimientos termales; fenómeno que, por otro lado, hay que relacionar con un incremento del grado de confort doméstico (García-Entero, 2006: 741-744 y 868). Efectivamente, los baños privados constituyeron un signo de refinamiento y buena posición económica, ya que, en efecto, Diego RomeRo VeRa Termas públicas en la Hispania de época antonina 86 PYRENAE, vol. 51 núm. 2 (2020) ISSN: 0079-8215 EISSN: 2339-9171 (p. 69-98) mientras que el grueso de la población debía contentarse con acudir a las termas públicas, ciertos privilegiados contaron con balnea en sus propios hogares (Fernández Vega, 1999: 218-225). Ciertamente, existieron viviendas con ambientes termales desde época republicana, pero no será hasta finales del siglo i d. C., y sobre todo durante el siglo ii, cuando los baños domésticos se conviertan en tendencia en Hispania (García-Entero, 2007-2008: 251-254). En el marco cronológico de nuestro estudio, la mayor parte de los balnea se construyó en residencias preexistentes, por lo que fue necesario amortizar espacios y estancias secundarias de las domus. Generalmente, se ubicaron junto a uno de los pasillos del peristilo de la vivienda y, en menor proporción, en jardines o patios interiores situados en una posición menos central (García-Entero, 2007-2008: 251-263). Así pues, a la luz del hallazgo de numerosos balnea en viviendas de esta cronología en ciudades como Augusta Emerita, Barcino, Bracara, Caesar Augusta, Conimbriga y Asturica Augusta, etc., podemos afirmar que la construcción de baños privados constituye uno de los rasgos característicos de las viviendas de época antonina (García-Entero, 2006). En otro orden de cosas, es de sobra conocido que las ciudades, ante la necesidad de espacio, podían expandirse allende las murallas en detrimento, especialmente, de las necrópolis (Goodman, 2007; Annibaletto, 2010). En época antonina, los suburbia de no pocas ciudades, sobre todo en el caso de las más pobladas y pujantes, experimentaron procesos de urbanización (Romero Vera, 2017: 710-715). Un aspecto a destacar en este sentido es la proliferación de termas extra moenia, en línea con la importancia que alcanzaron los complejos termales en esta etapa. La falta de espacio en el interior de las ciudades para albergar tales edificios, así como la traslación a la periferia de las comodidades urbanas, fueron determinantes al respecto (Goodman, 2007: 125-128; Garriguet, 2010: 374; Macias, 2012: 71). Encontramos algunos ejemplos de esta dinámica en Augusta Emerita (Reis, 2004: 77-86; Márquez, 2010: 149; Barrientos, 2011: 338) y en Valentia (Herreros y Viñes, 2004-2005: 271-280; Jiménez Salvador et al., 2013-2014: 25-26). Dentro de la realidad suburbana de época antonina merecen especial atención las termas asociadas a áreas portuarias, que daban servicio tanto a los locales como a los que llegaban a la ciudad por vía marítima (Macias, 2012: 71; Miró, 2014: 880). En el contexto de la Hispania Citerior destacan las citadas termas de Sant Miquel, enclavadas en pleno puerto —y más concretamente, junto a la entrada de la ciudad por ese sector, la llamada porta marina—, a su vez muy próximas al foro colonial y al cardo máximo (fig. 14) (Macias, 2004: 72-79; Díaz et al., 2005: 67-80; Macias y Remolà, 2010: 131-136). Por su parte, en Barcino se han hallado dos conjuntos termales, termas orientales y occidentales, emplazados a ambos lados de la puerta que daba acceso al suburbio marítimo. Su construcción se fecha en el siglo i d. C. (a finales y segunda mitad de siglo, respectivamente), pero estuvieron en funcionamiento en la etapa objeto de nuestro estudio (Miró y Puig, 2000: 171-178; Miró 2014: 879- 882). En la Bética sobresale el ejemplar de Baelo Claudia; en el suburbium occidental de dicho municipio se han hallado unas termas públicas de carácter marítimo de unos 200 m2 de extensión cuya actividad se dilata entre el siglo ii y v d. C. (fig. 15). La datación de su construcción se fundamenta en los materiales cerámicos asociados a 87 Diego RomeRo VeRaTermas públicas en la Hispania de época antonina PYRENAE, vol. 51 núm. 2 (2020) ISSN: 0079-8215 EISSN: 2339-9171 (p. 69-98) la erección de la cisterna H-1 (TSH 24/25 y 27, ARSW A, Hayes 6 y 9) (Bernal et al., 2013: 133-124). De este conjunto termal cabría destacar una natatio de 50 m2 con revestimiento marmóreo, además de una cisterna y varias estancias calefactadas, así como una copia del Doríforo de Policleto, labrada en mármol de Paros por un taller de Roma durante el principado de Adriano o Antonino Pío, que formaría parte del programa escultórico original del edificio (fig. 16) (Bernal et al., 2016: 18-97; Rodà, 2016: 140-155). De este modo, puede afirmarse que las termas públicas representaron un referente importante en el paisaje suburbano de época antonina. Con todo, existen varias muestras de termas de esta cronología edificadas en los centros monumentales. Es el caso de las termas de Sant Miquel de Barcino, un edificio de notables dimensiones ubicado en las proximidades del foro, del cual solo se conocen parte de las estancias calefactadas y una zona de servicio (fig. 17) (Pallarés, 1969: 5-42; Miró y Puig, 2000: 173; Miró, 2014: 879-881). Los materiales asociados a los estratos de construcción arrojan una cronología de la primera mitad de siglo y, más concretamente, de época trajano-adrianea (Pallarés, 1969: 14). Igualmente, las termas de Alto da Cividade se asientan en los aledaños del centro cívico de Bracara Augusta. De hecho, la construcción Figura 14. Situación de las termas de Sant Miquel, Tarraco (Macias, 2004: 73). Diego RomeRo VeRa Termas públicas en la Hispania de época antonina 88 PYRENAE, vol. 51 núm. 2 (2020) ISSN: 0079-8215 EISSN: 2339-9171 (p. 69-98) del edificio termal formó parte de una actuación urbanística, fechada a inicios del siglo ii, que incluyó la construcción de un conjunto compuesto por un teatro y las citadas termas (Martins, 2005: 65-72). Los materiales cerámicos disponibles para datar la primera fase de las termas son escasos y no sobrepasan el periodo 100-120 d. C.; no obstante, no cabe duda de la contemporaneidad de la erección del edificio termal y el teatro (Martins et al., 2011: 72-73). Los baños presentan un esquema de circulación de tipo axial retrógrado y poseen una palestra adjunta (fig. 18) (Martins y Silva, 2000: 73-81; Martins et al., 2011: 72-77). Aunque las intervenciones en ámbito termal se concentran en la primera mitad de siglo, a finales del siglo ii y principios del iii también se han detectado importantes refectiones. Destacan en este sentido las termas que poseen una fase previa en época antonina, como el conjunto termal cluniense compuesto por Los Arcos I y II, que volvió a ser objeto de una potente, aunque mal conocida, reforma a inicios de época severiana (Palol et al., Figura 15. Ubicación de las termas marítimas, Baelo Claudia (a partir de Bernal et al., 2016: 26). 89 Diego RomeRo VeRaTermas públicas en la Hispania de época antonina PYRENAE, vol. 51 núm. 2 (2020) ISSN: 0079-8215 EISSN: 2339-9171 (p. 69-98) 1991: 373; Gutiérrez Behemerid, 2002: 8-9). Así lo demuestran ciertas piezas de decoración arquitectónica datadas estilísticamente en esa época (Gutiérrez Behemerid, 2002: 71-84). En el ejemplar bracarense de Alto da Cividade se documentó la ampliación del edificio termal sobre la palestra y la subdivisión de varias estancias. Asimismo, en esta fase las termas adquieren un nuevo recorrido anular (Martins, 2005: 37-45; Martins et al., 2011: 77). La cronología de esta refectio se fundamenta en los materiales cerámicos presentes en los estratos asociados a las nuevas estructuras, especialmente la UE 255 (relleno de la canalización A) y UE 246 (obstrucción del área de servicio 18), que no superan el siglo ii (Martins, 2005: 37). En último lugar, sería preciso aludir a un fenómeno marginal, aunque reconocido igualmente durante la fase tardoantonina: la amortización y reconversión de ciertas termas, dinámica que desentona frente al interés general por los baños que se registra en Figura 16. Vista aérea de las estancias excavadas, termas marítimas, Baelo Claudia (Bernal et al., 2016: 29). Diego RomeRo VeRa Termas públicas en la Hispania de época antonina 90 PYRENAE, vol. 51 núm. 2 (2020) ISSN: 0079-8215 EISSN: 2339-9171 (p. 69-98) época medioimperial y tardía. Son aquellas thermae pertenecientes a ciudades que acusan a finales del siglo ii, y en ocasiones incluso antes, una clara regresión urbana (Ramallo y Quevedo, 2014; Brassous y Quevedo, 2015; Andreu, 2017). En este conjunto de comunidades se detecta no solo la falta de inversiones e intervenciones, sino también la ausencia de mantenimiento del equipamiento urbano y monumental. Por tanto, el abandono y la readaptación funcional de las termas está en consonancia con la situación que registran los demás espacios y edificios públicos de estas ciudades. Por ejemplo, los dos complejos termales documentados en Labitolosa fueron abandonados entre finales del siglo ii y principios del siglo iii, momento en el que la ciudad estaba ya prácticamente despoblada (Silliéres et al., 2000: 197; Fincker et al., 2013: 287). Por su parte, la función termal de los baños de Bilbilis cesó a finales del siglo ii, momento en que la estructura del edificio se modifica para convertirse en almacén (Martín-Bueno, 2000: 85; Martín-Bueno y Sáenz, 2004: 271). En Lucentum, las denominadas Termas de la Muralla perdieron también su función original en el siglo ii y fueron reformadas para acoger una nueva actividad (que Figura 17. Planta de las estructuras termales de Sant Miquel y su relación con la iglesia homónima, Barcino (a partir de Miró y Puig, 2000: 172). 91 Diego RomeRo VeRaTermas públicas en la Hispania de época antonina PYRENAE, vol. 51 núm. 2 (2020) ISSN: 0079-8215 EISSN: 2339-9171 (p. 69-98) no ha podido ser determinada), como demuestra el tapiado de su acceso principal y la apertura de otra puerta en la esquina oeste del apodyterium (Olcina y Pérez Jiménez, 1998: 75; Olcina, 2009: 93). La actividad de las termas de Popilio no sobrepasó la mitad del siglo que nos ocupa, período en el que se documenta el derrumbe del apodyterium (Fernández Díaz y Olcina, 2006: 169 y 176). 3. Consideraciones finales Nuestro análisis ha evidenciado que las termas públicas constituyen un elemento privilegiado de la topografía urbana del siglo ii d. C. En efecto, en la mayor parte de las ciudades analizadas se reformaron o construyeron áreas termales. En algunos ejemplares, caso del complejo termal de Los Arcos, en Clunia; termas del sur, en Conimbriga, y de Sant Miquel, Figura 18. Planta de la fase I de las termas de Alto da Cividade, Bracara Augusta (a partir de Martins, 2005: 24). Diego RomeRo VeRa Termas públicas en la Hispania de época antonina 92 PYRENAE, vol. 51 núm. 2 (2020) ISSN: 0079-8215 EISSN: 2339-9171 (p. 69-98) en Tarraco, se identifican los esquemas edilicios de las termas imperiales. Dicha influencia se vislumbra igualmente en los baños con salas axiales duplicadas, de los que existe un gran repertorio en la Hispania de época antonina. Asimismo, la inversión en este ámbito se focaliza en la renovación de revestimientos marmóreos y musivos, así como de la pintura mural y la decoración escultórica. Este dinamismo llama la atención en relación con el estancamiento edilicio o el mero mantenimiento que se rastrea en otros elementos de la topografía urbana medioimperial. Es sintomático que ciudades que viven del cuadro urbanístico «heredado» del siglo i d. C. se afanen en la construcción de nuevas termas o en el embellecimiento y ampliación de las existentes. Por otra parte, todo este movimiento refleja un cambio de usos y costumbres. En efecto, el ascenso de los baños es paralelo al declive de otros espacios de esparcimiento y encuentro en el siglo ii. Así, mientras que los antiguos ámbitos de socialización, como foros y teatros, carecen del vigor de antaño, las termas emergen como un elemento indispensable del paisaje urbano de las provincias hispanas en época antonina. ALARCÃO, J., 1975, Fouilles de Conimbriga. V La céramique commune locale et régionale, Éditions de Boccard, París. ALARCÃO, J. y ÉTIENNE, R., 1977, Fouilles de Conimbriga. 1,1 L’Architecture, Éditions de Boccard, París. ALARCÓN, F., 2006, La excavación de la puerta de Carteia, en C. 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