Nos el doctor Don Francisco Xavier Rodriguez Obregon, por la gracia de Dios y de la Santa Sede Apostólica, Obispo de Badajoz, del Consejo de S. M. : al ... presidente y cabildo de nuestra santa iglesia, á los arciprestes, vicarios, .
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Al Ilustrísimo Señor Presidente y Cabildo de Nuestra Santa Igle¬ sia , á los Arciprestes, Vicarios, Curas Párrocos, Eclesiásticos y á los demas Fieles de nuestra Diócesis, Salud en Nuestro Señor Jcsu-Cristo. Hacemos saber: Que un suceso deplorable, que Va acompañado de horro¬ res y escándalos, ha llenado de consternación á todo el Orbe Católico. El infierno ha abierto sus puertas y soltado las furias, que éxalando su álito mortífero van esparciendo por dó quiera pasan la desolación y el esterminio. Nada han respetado; ni la civilización, ni la Mageslad, ni la filosofía. Pareciendolas estrecho tan vasto campo, han dilatado sus lítnit§s, y han osado asaltar el Alcázar Sagrado; y conmoviendo los cimientos do la Giudad Santa, han erigido su Trono, y agoviado con el duro yugo de su dominación las siete Colinas de la Capital del Orbe Católico, la Imperial, la Eterna Ciu¬ dad de Roma. Sí, amados hijos mios: allí mismo donde el Vicario de Jesu-Cristobendice al mundo, y recibe los homenages de Ja mas respetuosa veneración, no solo de los fieles, sino de los bárbaros profesores del Islanis- Rio, se levantan frenéticas, colocan su solio, oprimen á la Ciudad y contur¬ ban todo el mundo. No satisfechas con haber hecho a las instituciones ina$ santas, vícti¬ mas de su furor, y trastornado el orden establecido, han osado acometer á la Sagrada, á la inviolable persona del Sucesor de San Pedro, cabeza visible de la Iglesia, y Vicario de Jcsu-Cristo en la tierra. Él corazón se par¬ te de dolor al parar la consideración en las amarguras, que ha tenido que devorar aquel Soberano Pontífice, tan encomiado por los mismos que se han convertido en sus tiranos opresores: aquel Sumo Pontífice, cuya pron¬ ta elección se miró por todo el Orbe como un portento, como un singular bene¬ ficio del Cielo; aquel Pontífice que lleno de benignidad y clemencia, tendió sus hrazós para estrechar en su corazón, dejar pisar su suelo natal, respirar el aire de su patria y que cesaran de comer el pan amargo de la espatriacion aquellos mis¬ mos que proscriptos justamente por sus insensatasTentativas para alterar el^ pe¬ den público y trastornar la Sociedad, andaban prófugos como otro QÁIN. Cuando el Santo Padre había de recoger el fruto que allá en él fondo do su corazón se lisongeára producirían sus paternales y generosas medidas; volviéndose contra su liberal bienhechor los que de tal manera habían si¬ do favorecidos, le escarnecen, le insultan, le despojan de la libertad y le hacen su ludibrio; se le exigen concesiones, y las exigencias van acompa¬ ñadas de amenazas, de gritos furibundos, del estampido del cañón, y de la vista horrorosa que ofrece el puñal empapado en la sangre de $ijs defen¬ sores. Cuando á presencia de la institución divina del Pontificado , los pue¬ blos bárbaros que venían como instrumentos de la ira de Dios á cumplir sus superiores órdenes, sin saber quien les conducía: cuando el implaca¬ ble Atila, el soberbio Alarico sintieron amansarse su ferocidad, humillar¬ se su arrogancia, y disiparse sü colera con la presencia de un San León f
2 Pió IX, solo, ante otros seres mas degradados que los Himnos, tiene que su¬ frir el desbordamiento de aquellas hordas de demagogos. Si: solo Pío IX, porque la población de Roma se entrega á la mas criminal inacción sin hacer cosa alguna para ponerse á salvo de las espantosas calamidades que la amenazan: solo Pió IX, porque habiéndose dirigido á los Prínci¬ pes Romano», para que se reuniesen á él luego que conoció la gravedad de las circunstancias, ni nno solo obedeció. Entre tanto las paredes del Palacio Quirinal, morada del Santo Padre , se ven acribilladas á balazos, y la artillería revolucionaria está asestada á las puertas de aquel defendidas únicamente por cincuenta suizos, con los que los cobardes no quieren encontrarse cara á cara. ¡ Estado terrible! situación dolorosa! capaz por sí sola de abatir el ánimo mas esforzado. Como si tamañas tribulaciones no bastaran á angustiar el oprimido corazón de JN. S. Padre, todavía se preparan otras nuevas, á íin de que beba el cáliz de la amargura hasta agotar sus heces. El puñal que asesinó á Rossi, se lia paseado en triunfo por las calles de la Capital dei Orbe Cristiano: á su afligida viuda se le obligó á poner iluminación, habiendo tenido la im¬ pudencia horrorosa de irla á enseñar la daga, humeante todavía con la sangre de su esposo, ¡escena horrorosa! No satisfechos aquellos caribes con este espantoso paseo, se formó el proyecto sacrilego de depositar el sangriento instrumeuto del asesinato en el venerado altar de San Agustín. ; Pasmaos, Cielos! No es estraño, que á bacanales tan insensatas acompanaran los insultos y.amenazas al Clero, que se faltára al respeto debido á los lugares santos, como también el que se vieran en peligro de ser viola¬ dos los numerosos asilos, en los que las Esposas del Cordero en presen¬ cia de su Dios derramaban copiosas lágrimas arrancadas á violencia é im¬ pulso de la gritería desaforada con que poblaba el aire la turba desborda¬ da, y las hacia temer llevasen á efecto las amenazas con que desahoga¬ ban su furor. Estos horrorosos atentados eran precursores de otro, que es el colmo de la iniquidad. Nuestro Santo Podre se vió prisionero, cercado de guar¬ dias, que le privaron de toda libertad: ha sido juguete de un puñado de demagogos, sin otra arma que el puñal dél asesino, ni otro móvil que la sed del dinero. ¡ La cabeza visible de la Iglesia á la orden de una turba insensata, que somete la Religión á los delirios de absurdas aspiracio¬ nes!: ¡la sagrada persona del Romano Pontífice á merced de viles sicarios, escoria impura de la Sociedad, cuyo inmundo contacto le contamina, y rebaja su elevado prestigio á los ojos "de los fieles/ No solo se ha querido que la voz del Vice-Dios en la tierra sea el eco de una docena de demagogos del Tiber, que sus sentencias sean las deci¬ siones de asambleas tumultuosas, independientes y soberanas: que la demagogía romana espióte en su provecho Ja infalibilidad prometida al Su¬ cesor de Pedro, sino que los Oráculos demagógicos reemplacen á los Orᬠculos Pontificios. El haber tirado al suelo la Tiara, arrastrarla por el lodo, pisotearla, ha¬ ber derribado el Solio Pontificio y reducirle á la nulidad, porque sin inde¬ pendencia no hay Pontífice, no basto a saciar el encono de estas furias: e^tos frenéticos desahogos eran indicios de mayores insultos que se preparaban y era preciso llegaran á su colmo. Me estremezco al proferirlo: se trató de quitar la vida á Nuestro Soberano Pontífice. ¡Llénese nuestro corazón de amargo dolor; cúbrase de lulo nuestro espíritu! Ved corno se respeta al Vicario de Jesu-Cristo en la tierra, al depositario del dogma, al Oráculo in¬ defectible de la Religión, al Juez supremo de la fe, fuera de cuyo lado no hay salvación; al Pontífice Santo, Augusto, é infalible. Si, amados hijos míos: la \ada preciosa del pacieixtísirno Fio IX se vió espuesta::::: Pero la Providencia que vela sobre la Esposa del Cordero, se manifiesta de un nio-
3 do portentoso» Al Minisiro de nuestra Augusta Soberana en la Corte de Koma estaba reservada la gloria de ser el instrumento de que el Cielo se valiera para salvar al Soberano Pontífice. Este fue el Angel que preservó del gol¬ pe homicida á Pío IX; asi como un Espíritu celeste libró á Pedro del furor de Herodes, abriéndole las puertas de la prisión. ¡Loor á la Espa¬ ña y á nuestra Augusta Soberana, que por mano de su Embajador en Ro¬ ma ha prodigado en los mas angustiosos momentos en que se vio Nues¬ tro Santo Padre los auxilios que demandaba su crítica posición! De in¬ decible consuelo debe servir á todo Español el saber que nuestra Patria ha hecho el principal papel en Ja Salvación de la Cabeza Visible de la Iglesia. ¡Loor al Señor Martínez Ge la Rosa, que ha sabido ser en esta ocasión fiel intérprete de Jos sentimientos religiosos que animan á este país católico por antonomasia! ¡Adoremos Jos juicios de Dios. Sírvanos este suceso de un poderoso estímulo para avivar nuestra fe, para reani¬ mar nuestra esperanza, para confesar á voz en grito la divinidad de nuestra Sagrada Religión, y esclamar con los Sabios de Faraón: Diqüus Dei esl hiCé Pluguiera al Cielo, que el pueblo Católico tuviera un respiro, viendo gozar de paz y sosiego á su atribulado y afligido Pontífice. Mas no suce¬ de asi. El Señor en sus altos é inescrutables juicios ha dejado á los ene¬ migos de su ungido entregados á su reprobo sentido; para que colmando Ja medida de sus crímenes y satisfecha la divina justicia que se vale de estos desbordamientos, para que reciban aun en este mundo su merecido los delincuentes, que gozan el fruto de sus delitos á la sombra de la impunidad, que autorizan los tiempos de revueltas: el Señor, vuelvo á de¬ cir, no se, da todavía por satisfecho. Ha concedido licencia á los Ange¬ les del Apocalipsi, para que viertan sobre la tierra los vasos de su indig¬ nación ; y después que la tribulación haya acrisolado á sus escogidos por cuyos respetos se abreviarán los dias de prueba, hundirá en los abismos de donde salió, al monstruo de quien se vale como de instrumento pa¬ ra conseguir unos santos fines, que están en contradicción con los mismos medios de que se vale. Asi tiene que suceder, atendiendo al punto á que han llegado las cosas; y que fiel el soberano dueño á sus promesas no permitirá prevalezcan las puertas del infierno contra su Iglesia; aun¬ que las olas de Ja tribulación azoten Ja barca del Pescador, que’no la sumirán, porque la está prometida la seguridad del puerto. Mas hasta que arribe á él, nuevas borrascas se Ja preparan, y con ellas no pocos trabajos á su Piloto, cuya vida se salvó milagrosamente* y no lo fue menos su Sagrada Persona, atravesando las guardias dóbles que la custodiaban. El Sanio Padre ha burlado la vigilancia de sus enemi¬ gos; de una manera admirable se ha librado de sus crueles garrasel Samo Padre lia salido de Roma: el Gefe de la Cristiandad se ha visto precisado a abandonar la Ciudad Eterna, y á buscar un asilo en un buque eslrangero. ¡El sucesor de San Pedro surca ya los mares en busca de una tierra hospitalaria para salvarse de los furores de los demagogos de Roma! ¡El corazón se parte de dolor al anunciar este importantísimo aconteci¬ miento. : las lagrimas corren de los ojos de todo católico al saber tan trascedental noticia. A Dios gracias ya está en salvo nuestro Santo Pa¬ dre; pero se halla fuera de su centro, que es la Ciudad de Roma; lejos de los Santos Sepulcros, de los Príncipes de los Apóstoles, ant,e Jos que postrándose con frecuencia imploraba su auxilio, protección y socorro en beneficio de todo él Orbe Católico: se halla separado de sus Consegeros natos, que son los individuos de que se compone el Sacro Colegio b nue andan dispersos viendo herido su Pastor; y en medio deque cuenta con el auxilio de todas las potencias de Europa, siempre es un emigrado un espalnado que tiene necesidad de mendigar recursos. Situación poco
f í’Sf y Soberano (le la Jde<% que debe esta* eado de esplendor, y de una total independencia para evitar exigen rinn e , el 1,bl ’ c Ggercicio de sus sagradas funciones* sitúa ™ ton de que no dejaran de valerse para esplotarla en su provecho los que mas generosos se muestren, * 10 os Adoremos los inescrotaMes juicios de Dios; y venerando sus sáhhs disposiciones que saben sacar bienes de los mismos males, consolémonos en ellos. Porque si ha permitido que el Vicario de Jesucristo en la Zv ra se haya visto precisado á huir de su Patria á escurrir */„nJ ha sido para que por donde quiera que va va, aparezca egerciendo su so’ berama espintuai (que escritores alucinados'tanto han contado toman-' que "n L ¡odo eT°0rbeT < iT m e ' i t e poses . !ou de los .'¡¡¡alados dominios, á 4 “ ; , “ lodo el Oí be Católico se esliende su autoridad, para que se esirecben mas y mas los lazos de amor y adhesión que unen á has oveia¡ con el Pastor Supremo de la Iglesia. 4 w “ - °' e J J S Mas entretanto lloremos la desgracia que aqueja al Padre común de los Fteles: desgracta que es de todos los Catóhcos; porque cnanto allte v pie ae tos Altaies, y pidamos al Cielo por nuestro Santísimo Padre Pin ívr¡pülAto° S P° r ', 1Uestro Gefe: Piarnos por nuestro padre; pues uue haciéndolo asi, sobre nosotros mismos refluirá ei fruto de la oración nar icipando de las gracias que por ella obtengamos. Si\ amados hijos To S : tlsimo Pad ° pe ' a f y < ¡ u< j* jr ? m . os d u e ban hecho sufrir á nuestro San'- tisimo ladie, y los padecimientos que ha devorado on en i ? corazón hayan afectado su espíritu, en términos que corra peíforo s Se° cosa vida, y con su muerte nos hallemos en el coXto o u X.rñr 7 una elección para darle sucesor: ¿Y entonces? En el estado en que su sulcdfh S¡| 1 T Pa ; -r e " CaS " S í? de iOS desí!Galos e on que ha silo in¬ sultad, la Silla Apostólica, no sabemos si el Señor tendrá dispuesto en sus altos juicios vengarles con el espantoso azote del Cisma ion que á P ermitKl0 l! robar á su afligida Esposa la Iglesia - y de? que no, ha librado por un efecto de su Divina Misericordia en liéiDDOs cala¬ mitosos no muy remotos, como en los que nos vimos I h Z?L n Marnr P° VI. No anticipemos los mal J que”X«i|iás?S^ nos en la consideración de otros mas posibles, y para cuya realización se trabaja con infatigable ahinco. w t y* realización El Trono Pontificio, la institución Salvadora de la Sociedad ha sido ! n .í r ' m tra . c ® nlra i r e " i 1 ' 1 " <ii ' ' i8 - id0 los ‘lemagogossos horrorosos ataques j aia que vmndose libres de este inespugnable muro, puedan llevar a efe o los planes que tienden á trastornar el orden social: y los ataques que ha sufrido el 1 roño Pontificio, son el preludio de otros mas vastos contra la Sociedad y que habrán de realizarse sin consideración, y sin que siM.111 para contenerles las funestas .consecuencias que han de llevar en pos de st. T,empo hace que una secta desoladora, que abrigan en su seno lahranca, Alemania e Italia, trabaja incesantemente onda nivelación de las fortunas, distribuyendo la propiedad entre la dase proletaria cuyo bicncstai se procura aparentar; poro solo con el fin de que sirvan de instrumento para llevar a efecto sus miras inicuas. Esta secta es h oue cansa la agnación que conmueve toda la Europa; y de ella dimanan lodas las tentativas dirigidas al establecimiento de la República, con la oue caen tronchados todos los Cetros, y ge derriban los Tronos', y de cuya plaga por desgracia no se libra nuestra España. y i i n conbrmac ion veamos el resultado que arrojan las investigaciones del m-den miMico enC v r S ,° S A , ,cm - aD¡a d « velar ® obl ' e ¡ a cónfrvaclon ati ouien publico , y castigo de los que quieren alterarlo. gun una comunicación de Viena, el Gobierno de Austria tiene en
5 sus manos las pruebas materiales de otro complot, vastísimo , que debía estallar al mismo tiempo en Alemania, en el Piamonle, en Francia y en España, para derribar en todas estas partes los Tronos y proclamar la República. He aqui una invasión mas terrible que aquella que sufrió la Europa con ios Alanos, Hunnos, Godos y otros bárbaros que vinieron del Norte. Dada la señal del combate, cuyos primeros ataques se dirigieron contra el antemural de Ja Sociedad, Ja Silla Apostólica, no cesarán las tentativas hasta conseguir el completo triunfo que se proponen los que tal proyectan. Y ¿quién sabe, si el Señor en su indignación per¬ mitirá obtengan el logro de sus deseos, en justo desagravio y en castigo de haber usurpado á la Divinidad Jas ofrendas que se la consagraron en protestación de su supremo dominio, y espiacion de las ofensas con que se la ultrajó ? De temer es: y por lo tamo se deben levantar las manos al Cielo, para que contenga la espada de su justicia. La calamidad que al presente pesa sobre la Iglesia, y la que después ha de sufrir la Sociedad a todos afecta; y todos deben tomar parte para que e Señor nos libre de ella. Y si al temor de vernos amenazados va con el azote de una peste, ya eon la calamidad del hambre, todos’nos conmovemos; siendo asi que es una plaga que aflige á una Provincia ó Reino; cuando la que al presente nos amenaza es á la Sociedad en ge¬ neral y en la que va envuelta la causa del Cristianismo contra la im¬ piedad, sin que se mezcle en esto la política; á vista de causa tan insta ¿habremos de estar apáticos? ¿Veremos con indiferencia el cataclismo aue amenaza envolverlo todo en sus torrentes, sin tomar parte alguna nan contener sus ímpetus? & 11 ‘ No, amados hijos mios; yo quiero que convencidos de la gravedad del peligro que nos amenaza, a fin de salvarle, toméis la parte que os cor¬ responda según la posición en que os encontréis. Ninguno puede eximir¬ se de ocupar su alma en los ejercicios de piedad y Religión. Así no ha¬ remos otra cosa que seguir el ejemplo que nos ofrece nuestra Augusta So¬ berana; la que no pudiendo contener los pios y religiosos sentimientos que tan hondamente grabaron en su Real pecho los ejemplos de sus predece¬ sores en el Trono, ha dado unas providencias que adornan su Corona con un nuevo esmalte, que la hará brillar y resplandecer maravillosamente. No hablemos de las instrucciones de su Gobierno á nuestro Embajador en Roma, el que, según ellas, ha estado constantemente al lado del Papa Y le ha sostenido en todas sus desgracias: se ha consagrado enteramen¬ te a su defensa y le ha ofrecido cuantos ausilios están á su alcance. La Espana previendo eventualidades que, por desgracia se han realizado, habia ofrecido ya, según dice el amigo de la Religión, socorros al Santo Padre y puesto a su disposición un buque de guerra, y un asilo, en el caso dé verse obligado a buscarle; cuyas proposiciones iban acompañadas de una carta autógrafa de la Reina Nuestra Señora. No satisfecho su pió corazón con estos generosos rasgos y conociendo el peligro que corre la Sagrada persona del Santo Padre; y convencida de que los socorros humanos no alcanzan á remediar tan grave mal se vale de los poderosos recursos que ofrece nuestra Sagrada Religión, y al oléelo prescribe y ordena que en todas las Iglesias de los dominios de España se hagan rogativas publicas durante tres días consecutivos, con asistencia de lodo el Clero, Autoridades, y Corporaciones, previa invitación á los Fieles, á fin de implorar los auxilios del Altísimo, para que tengan pronto y feliz termino las necesidades de la Iglesia Católica, y las tribulaciones del Pastor universal. Real Decreto de 5 de Diciembre de 1848. Deseando que la piedad de S. R. M. manifestada en dicho Decreto se vea llena cumplidamente; disponemos y mandamos, bajo las formalida ’ des que en él se prescriben, se celebre en nuestra Santa Iglesia en tres 2
6 dias consecutivos y en cada uno de ellos una misa solemne; y habrá de ser la primera de Nuestra Señora del tiempo de Adviento con Gloria v Cre¬ do: la segunda de Nuestro Patrono S. Juan Bautista; y la tercera de los Santos Apóstoles S. Pedro y S. Pablo, también con Gloria y Credo- y en todas la oración segunda, pro Papa , y después de cada Misa las preces del Ritual. En las Parroquias, la segunda misa será de los Santos Apóstoles y la tercera Pro quacumque necesítate; habiéndose de leer esta nuestra Pastoral al ofertorio de la primera. Atendiendo á lo grave de la tribulación que aqueja y aílije á nuestro Soberano Pontífice, y en, su persona nuestra Madre la Iglesia y que no es menor la que amenaza á la Sociedad, como se desprende del pió y religioso preámbulo que precede ai Ileal Decreto, á fin de alejarla de no¬ sotros, y evitar que el Señor descargue su indignación, permitiendo rea¬ licen sus planes los trastornadores de! orden público: siendo constante que la oración y el ayuno y la pureza de alma, obtenida por medio de los Santos Sacramentos de la Penitencia y S agrada Eucaristía, nos franquean los auxilios y socorros del Cielo; y que la Divina Misericordia se mueve por Ja mediación de intercesores poderosos, y que á beneficio de ella descienden sobre nosotros las benignidades del Altísimo, después de apartado el óbice de la culpa: mandamos, que acogiéndose los Fieles al amparo de María Santísima, recen por espacio de un mes, ante alguna imagen suya una parte del Rosario con la Letanía, y después una Salve, aplicado 'todo por el Sumo Pontífice y necesidades qne al presente padece la Iglesia; cuyo santo y pío egercicio se tendrá al toque de oraciones, hora en la que podrán asistir los jornaleros y peones de campo. A fin de que este santo egercicio se practique de un modo fervoroso, y estimule á los Fieles con cierto aparato estenor; mandamos se ponga en rogativa una efigie de Nuestra Señora con Ja que el pueblo tenga mas devoción, y ante ella derramen su corazón escitando. su fervorosa fé dirigida al original que representa aquella copia sirviéndose los Fieles unos á otros de estímulo, con la piedad, devoción v compostura que deben acompañar á las oraciones que dirigimos al Al¬ tísimo en los grandes conflictos, no sea que nuestra falta en esta parle inutilice nuestras preces y ruegos. A fin de evitar este mal, y para que los Fieles puedan desahogar sus afectos de amor y ternura á la Reina de los Angeles, mandamos se traiga á nuestra Santa Iglesia de Badajoz, y colo¬ que en ella de un modo conveniente la Sagrada Imagen de Nuestra Seño¬ ra de Bóloa, con la que nuestro pueblo fiel tiene gran devoción; la que habrá de estar alli por espacio de un mes, y pasado este, se volverá dicha Imagen á su Santuario, según sea de costumbre. Asimismo tendríamos un gran consuelo con que después de concluidos los divinos oficios, se cele¬ brara una misa rezada en el altar donde se coloque esta Señora/para que el pueblo devoto tenga ocasión de dirigir sus ruegos al Cielo por su mediación, y nos libre de las calamidades que estamos sufriendo y de otras que nos amenazan. En los demas pueblos, los Señores Curas Pár¬ rocos, cada uno en su respectiva Parroquia elegirán la Imagen de Nuestra Señora a la que los Fieles tengan mas devoción. Constándonos que la oración es mas poderosa si va acompañada del ayuno; y á fin de que la mortiíicacidff de la carne aplaque la ira Divina, mandamos, pena de obediencia, que todos los Fieles sujetos á la ley del ayu¬ no eclesiástico, elijan en el espacio de dicho mes un dia, y en él ayunen , en la forma que prescribe nuestra Madre la Iglesia, pudiendo comer car¬ nes saludables: contando con que el dia que se elija para este ayuno no esté mandado por precepto de la Iglesia, ó proscripto por el confesor; y de¬ claramos, que las Religiosas que por su regla esten obligadas en dicho mes al ayuno, satisfacen á este, cumpliendo con el que aquella les prescribe. Item mandamos, que todos los Fieles que están obligados al cumplimien¬ to del precepto de la Comunión Pascual, confiesen y comulgen un día 3
s« elección en el espacio de dicho mes, que empezará á contarse desde que den principio las tres misas de rogativa. Encargamos y rogamos á todos los Fieles, por la Sangre de Nuestro Señor Jesucristo; que haciéndose cargo de las apuradas circunstancias en que nos encontramos, no irriten la divina justicia con nuevas ofensas, absteniéndose por lo tanto de vicios, de palabras obscenas, blasfemias, maldiciones y otras culpas que provocan la cólera del Señor: asi como también que se retrai¬ gan de diversiones públicas, usando de trages que respiren modestia, com¬ punción y penitencia. Si, tal vez, hubiese alguno tan tibio y poco fervoroso que tenga por duros y penosos ios encargos que, movido por el honor y gloria de nuestra KeiVion, hago en esta mi Pastoral; le recuerdo tenga presente lo que Ful Rey de Ninivé dijo á sus habitantes, al intimarles el ayuno de toda comida y bebida, por espacio de tres dias, para librarse de la ruina con que Jonás Ies amenazó si no hacían penitencia. / Q uién sabe si asi mudará el Señor su designio y nos perdonará; y si se aplacará el furor de su ira, de suerte que no perezcamos! Cuento, amados hijos mios, con el fondo de piedad que‘encierra vues¬ tro corazón: y así con toda seguridad me prometo cumpliréis puntual y exactamente cuanto os prescribo, por el fin santo que á ello me estimula, y por el bien que todos hemos de reportar. De este modo el corazón de vuestro Prelado, afligido en estremo con la consideración de los graves males que nos rodean, encontrará algún consuelo que haga llevadera la amargura que devora su espíritu; de la que quisiera participáseis todos, para que clamando fervorosamente al Señor, disipára la negra nube que amenaza descargar sobre nosotros; y para escitar vuestra devoción y pie¬ dad al cumplimiento de cuanto propongo, usando de las facultades ordina¬ rias que me confiere la Iglesia, concedo cuarenta dias de Indulgencia á todos los Fieles que asistan por cada vez que lo verifiquen á las misas de rogativa, y por cada acto que practiquen délos que llevo prescriptos, y por cuantas veces se ruegue por Nuestro Santísimo Padre Pió IX y demas fines de la Iglesia. En demostración del afecto que os profesamos, recibid nuestra paternal bendición que os damos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Dada en nuestra santa visita de Fregenal, sellada con nuestras armas epis¬ copales y refrendada por nuestro Secretario de cámara á doce de Diciembre de mil ochocientos cuarenta y ocho.
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