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Conceptualización de la ciudad y su territorio: tendencia geométrica del imaginario urbano

Goytia Goyenechea, María Dolores; Martínez Roldán, María Nieves

Abstract

El hombre, ante su entorno, a través de la percepción y sobre sus recursos intelectuales ha procesado siempre los estímulos recibidos. En base a ello ha conceptualizado: una idea de la ciudad en la que habita, construida por él; una percepción del territorio en el que vive, que ha transformado a lo largo del tiempo; y una noción del mundo en el que está inmerso, que ha logrado interpretar. Esta conceptualización, generada progresivamente desde los orígenes del hombre, nos ha dejado imágenes de su representación que nos permiten aproximarnos con rigor a su conocimiento a través del análisis de sus contenidos y de los contextos en que se han generado. De ello se desprende que lo que el hombre es capaz de conceptualizar desde lo visual significa siempre un determinado entendimiento espacial, siendo en lo urbano frecuentemente de tendencia geométrica, en el cual es fundamentalmente la referencia abstracta de una realidad concreta que tiene su reflejo correspondiente en la representación.

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79 Conceptualización de la ciudad y su territorio. Tendencia geométrica del imaginario urbano Conceptualización de la ciudad y su territorio. Conceptualization of the city and its territory. Geometric trend of the urban imaginary Resumen E l hombre, ante su entorno, a través de la percepción y sobre sus recursos intelectuales ha procesado siempre los estímulos recibidos. En base a ello ha conceptualizado: una idea de la ciudad en la que habita, construida por él; una percepción del territorio en el que vive, que ha transformado a lo largo del tiempo; y una noción del mundo en el que está inmerso, que ha logrado interpretar. Esta conceptualización, generada progresivamente desde los orígenes del hombre, nos ha dejado imágenes de su representación que nos permiten aproximarnos con rigor a su conocimiento a través del análisis de sus contenidos y de los contextos en que se han generado. De ello se desprende que lo que el hombre es capaz de conceptualizar desde lo visual significa siempre un determinado entendimiento espacial, siendo en lo urbano frecuentemente de tendencia geométrica, en el cual es fundamentalmente la referencia abstracta de una realidad concreta que tiene su reflejo correspondiente en la representación. Palabras clave: conceptualización del espacio, imaginario urbano, cartografía Abstract: Man, in his environment, through perception and his intellectual resources, has always processed the stimuli received. Based on it, he has conceptualized: an idea of the city in which he inhabits, built by him; a perception of the territory in which he lives, which he has transformed over time; and a notion of the world in which he is immersed, which he has managed to interpret. This conceptualization progressively generated from the origins of man has left us images of his representation that allow us to rigorously approach his knowledge, through the analysis of its contents and the contexts in which they have been generated. From this it follows that what man is able to conceptualize from the visual always means a certain spatial understanding, being in the urban frequently of geometric tendency, and this is fundamentally the abstract reference of a concrete reality that has its corresponding reflection in the representation. Keywords: conceptualization of the space, imaginary of the urban, mapping Lola Goytia-Goyenechea Nieves Martínez-Roldán Autores: go[email protected] [email protected] Departamento de Urbanística y Ordenación del Territorio. Universidad de Sevilla Recibido: 25/Ene/2019 Aceptado: 12/Oct/2019 España Estoa No 17 / Vol 9 / Enero 2019 e - ISSN:1390-9274 DOI: 10.18537/est.v009.n017.a07 Lola Goytia Goyenechea / Nieves Martínez Roldán Tendencia geométrica del imaginario urbano 80 Conocer el Universo que le rodea ha sido siempre una constante en el hombre desde que adquirió esa condición, y ello por la curiosidad intelectual inherente al ser humano y también por múltiples motivos utilitarios, que van desde atender a la propia subsistencia, a considerar aspectos defensivos, comerciales, políticos o de control. En todo caso el hombre ha concebido intelectualmente su propio ámbito espacial, urbano y territorial como paso previo o requisito necesario para ejercer su acción. Suele aceptarse que la representación de esa concepción intelectual previa del espacio es innata. Cualquier individuo de cualquier pueblo, por primitivo que sea, dibuja sobre el suelo el camino hacia el lugar preguntado, o señala gráficamente a sus compañeros de caza la dirección y distancia de la presa. Está así confeccionando un mapa, y ese y no otro es el origen de la cartografía. Esta innata actividad de representar gráficamente la concepción intelectual del espacio se manifiesta de innumerables formas: se representa al mundo y el cosmos porque el filósofo precisa explicárselo a sus discípulos; se representa una parcela de terreno para disponer el campamento militar; se describe una provincia para conocerla o gobernarla; se dibujan las costas y sus accidentes para evitar naufragar. Sin duda, en su inicio la cartografía tuvo una finalidad práctica, pero también sirvió para ayudar al hombre en la necesidad de reducir lo infinito, lo complejo, lo inabarcable, a una dimensión que posibilite su comprensión. Con la cartografía, el mundo, o más bien la idea del mundo, puede estar en una hoja de papel y esto resulta extraordinario. Al contrario que el mundo, y aun el territorio, la ciudad es sobre todo un hecho histórico, un sistema de relaciones entre humanos y entorno territorial que, una vez constituido, evoluciona a lo largo del tiempo, transmitiendo a sus ciudadanos una cierta conciencia de pertenecer y tener como suyo un patrimonio comunitario identificador. En este contexto la representación de la ciudad es una de las constantes más permanentes de la historia del hombre. La necesidad de captar y transmitir el valor de la ciudad implica inevitablemente su previa conceptualización a través de un proceso complejo de abstracción, pues no hay que olvidar que la ciudad no es una mera suma de estilos de arquitectura, y tampoco que su representación de ninguna forma es inmediata ni intuitiva, sino compleja y supeditada a un previo proceso de abstracción intelectual que genera en cada individuo su propio imaginario urbano. En este sentido no cabe duda que el análisis de la cartografía constituye un método válido, e incluso fundamental, para acceder a la concepción intelectual del ámbito espacial representado, 1. Introducción bien del observado o incluso imaginado y, a través de ella, entender su significado. Sobre este fundamento, y aunque tal vez no se haya investigado suficientemente sobre ello, especialmente desde la disciplina urbanística, las nuevas tecnologías irrumpen ofreciéndonos nuevas herramientas para recolectar el imaginario colectivo que ya se nos manifiesta virtualizado frente al imaginario tradicional gráficamente representado. La capacidad de percepción constituye el fundamento que posibilita nuestra relación con el medio exterior en general, y en particular con el entorno formalizado. La información se recibe por los sentidos, pero, y esto es sobradamente conocido, solo constituye una referencia primaria sobre la que la mente humana desarrolla un complejo proceso perceptivo, de forma que el hombre culturizado, de hecho, no recibe sensaciones puramente objetivas como referencia de información. A partir de toda información o estímulo, el hombre visualiza un mundo que incluye su propio conocimiento o idea de la realidad. Este hecho, objeto de profundos debates e investigaciones, alcanza incluso al campo de la filosofía a través del pensamiento relativista, que diferencia entre lo que la realidad es y lo que la realidad significa en la capacidad cognoscitiva humana. En este orden de cosas lo cultural deviene así como esencial para la percepción de una realidad exterior que no existe de forma objetiva, sino únicamente como construcción intelectual propia, y es esa fundamentación cultural la que construye realidades espaciales diferenciadas a partir de percepciones del entorno personalizadas. El imaginario urbano así formalizado “parece cubrir la ciudad material, los lugares, con innumerables velos, parciales, móviles, fragmentados, superpuestos, que dejan ver ciertos fenómenos y ocultan otros, dependiendo del sujeto y del tiempo” (Lindón, 2007a, p.12). 2. La percepción del entorno como fundamento de toda conceptualización Lola Goytia Goyenechea / Nieves Martínez Roldán Conceptualización de la ciudad y su territorio. Tendencia geométrica del imaginario urbano Estoa No 17 / Vol 9 / Enero 2020 Los humanos percibimos los hechos a través de la mirada y los interpretamos a partir de nuestro conocimiento o prejuicio previo. En nuestra mente, resulta de ello la idea de realidad, que es el hecho objetivo tal como lo percibimos y entendemos cada uno de nosotros. Es decir que la realidad es la percepción subjetiva de la objetividad fenomenológica (Folch y Bru, 2017, p.40). Son sobradamente conocidos los trabajos de Rudolf Arnheim, desarrollados a comienzos del pasado siglo dentro de la denominada Escuela de Berlín. Estudios en relación a la psicología de la percepción de la forma, o Gestalt Psicologie, en donde se analiza el proceso de 2.1 Componente psicológica de la percepción 81 3. Diferencia entre la conceptualización de lo urbano, lo territorial y el cosmos Estoa No 17 / Vol 9 / Enero 2020 El entendimiento del cosmos siempre ha resultado esencial en la historia, y ello porque establece los vínculos entre el hombre y la realidad trascendente, lo sobrenatural y la religión, impregnando así todas las acciones del ser humano. Al entender el cosmos, el hombre se entiende, asimismo, al sentido trascendente de su vida, su significación en el orden superior, y también accede al mundo y a los valores de lo sobrenatural, inicialmente de lo mítico y después de lo religioso. La conceptualización del cosmos se ha llevado a cabo, en principio y supuestamente, sobre una realidad existente y al margen de la acción humana, ya que el hombre está inmerso en él, sin capacidad alguna de incidir sobre esa realidad que penosamente intentará comprender. Los elementos que se le ofrecen: los astros, los días y las noches, los meteoros, el clima, los mares y continentes, son componentes que, al margen de su capacidad de intervención, le irán aportando información sobre la que conceptualizar su idea de esta realidad esencial para su vida, y aun para comprender el sentido de la misma desde la que afrontará su representación, que plasmará por primera vez en un modelo de la Asiria mesopotámica sobre el s. IX a.C. Es un hecho que hasta el momento en que, con el descubrimiento de América, se completara parcialmente la visión del mundo, germinaron distintas cosmovisiones, a partir de diferentes conceptualizaciones, derivadas de diversas referencias culturales (Figura 1). La percepción tiene componentes de distinta naturaleza según se refiera a ámbitos naturales, a otros formalmente construidos por la acción del hombre, o a otros inabarcables directamente. Es decir, según se refiera a lo territorial, a lo urbano, o al cosmos respectivamente. Lo que caracteriza a las sociedades primitivas es el contraste que se erige entre el territorio que habitan y el espacio desconocido que rodea al mismo. El primero constituye su mundo, mientras que lo envolvente ya no es un cosmos sino otro mundo, un espacio misterioso, anárquico y habitado por foráneos. Esta oposición entre un territorio vivido y estructurado, y por tanto cosmizado, y el espacio incomprendido que se prolonga más allá de sus límites, nos permite afirmar que de un lado se tiene un cosmos y del otro un caos. Conceptualización de la ciudad y su territorio. Tendencia geométrica del imaginario urbano Lola Goytia Goyenechea / Nieves Martínez Roldán construcción intelectual del hecho perceptivo. La Gestalt planteó cómo la forma emerge al articular sensaciones y experiencias en función de unas ciertas leyes sobre las que fundamenta esta articulación. Elementos que se ofrecen en el campo visual, sujetos a ciertas relaciones, se perciben traducidos en formas que destacan sobre el fondo del panorama visual. En este sentido la percepción no es una traducción literal de un conjunto de estímulos, sino el resultado de una cierta organización de estos estímulos a través de claves selectivas precisas, como pueden ser: el principio de semejanza, el principio del cierre, la ley de la pregnancia, el principio de proximidad, el principio de dirección común, el principio de continuidad, la ley de simetría, el principio de simplicidad, el principio de relación entre figura y fondo, y el principio de la experiencia, entre otras. En este sentido se entiende la Gestalt como “una teoría encargada de orientar la tendencia de la conciencia hacia la racionalidad” (Leonardo, 2004, p.93). La trascendencia de la Gestalt, que interesa destacar en este caso, en relación con el mundo de lo visual, “reside en el hecho de situar lo perceptivo dentro de un marco influido por la cultura de cada tiempo, la experiencia y el aprendizaje, que condiciona nuestra eficacia en la aplicación de las leyes cristalizadoras de la forma” (Arias, 2003, p.95). La percepción resulta ser así el resultado de un proceso biunívoco entre el observador y el medio observado, creando el observador una imagen que le es propia pero en la que existen puntos de conexión que sirven de puente entre la hipotética representación y la sugerente realidad (Uribe, 2005). De acuerdo con esto, la conceptualización de lo percibido es siempre, en lo urbano y en lo territorial, una respuesta referida a un cierto espacio físico, y que frente a la ceguera ante las imperfecciones formales, expresada por la Gestalt como la ley de la plenitud de las formas de Wertheimer, formula la tendencia de la percepción hacia la simetría, la simplicidad y la fundamentación geométrica, o al menos regular. Figura 1: Disco celeste de Nebra [1600 a.C.]. Oficina de Gestión del Patrimonio y la Arqueología de Sajonia- Anhalt, Alemania. Museo Estatal de Prehistoria de Halle. Descubierto en Sajonia en 1999, presenta un esbozo de cosmovisión ya en la Edad de Bronce. Se trata de un disco de bronce con piezas de oro que representan el sol, la luna, el arco del horizonte y treinta y dos estrellas entre las que se distingue la constelación de las Pléyades. Este enigmático disco es sensiblemente contemporáneo al plano de la ciudad de Nippur. Fuente: UNESCO. Recuperada el 24/01/2019 de: http://www.unesco.org/new/fileadmin/MULTIMEDIA/ HQ/CI/CI/images/mow/germany_nebra_sky_disc_recto. jpg 82 Estoa No 17 / Vol 9 / Enero 2020 De forma similar, aunque no idéntica, se produce el proceso respecto a lo urbano, por ser ésta una realidad totalmente construida por el ser humano, a diferencia del mundo que le ha sido dado, y del territorio al que solo modula con su acción. Es en el espacio urbano donde el hombre ha situado fundamentalmente el centro de su referencia vital y aún existencial, de forma que la progresiva formación del concepto de lo urbano y su desarrollo marchará a lo largo del tiempo de forma paralela a la propia construcción de la ciudad, y arraigará en el hombre aún con más fuerza que respecto al territorio por tratarse de algo construido, aunque no fue hasta el s. XIX cuando, desde John Ruskin a Camillo Sitte, se toma conciencia de los valores que posee la ciudad, independientemente de lo puramente formal. Trátese de las iniciales representaciones babilónicas de la ciudad, de los balbuceos perspécticos de la imagen urbana del español prerrenacentista en su búsqueda de completar el conocimiento del orbe, de los dibujos en las décadas de los 70 y 80 del siglo pasado de los hermanos García Fernández, de las ciudades del pintor Antonio López o las fotografías de Scott Stulberg, entre Estos hechos han sido una evidencia constante en todas las culturas y civilizaciones, desde la Babilonia mesopotámica a los polder holandeses ganados al mar, estableciéndose profundas e íntimas relaciones entre el hombre y el territorio en el que desarrolla su vida y al que modula progresivamente, construyendo así un patrimonio que se enraíza en su propia identidad y que adquiere para él, aun inconscientemente, un valor por completo esencial (Figura 2). Figura 2: Vista de Balmaseda (España). Anónimo 1794. Núcleo castellano fundado el año 1199 en Vizcaya, con traza regular, durante el reinado de Alfonso VIII de Castilla, el Noble [1159-1214]. El desconocido autor tiene muy claros los conceptos que pretende expresar, y nos muestra la ciudad regular con sus principales elementos urbanos: la muralla, el puente, el castillo, la parroquia y los monasterios, perfectamente integrada en un territorio transformado por la acción del hombre. Fuente: Biblioteca digital de ciencia y cultura vasca. Recuperada el 24/01/2019 de: http://hedatuz.euskomedia.org/3891/1/01810208es.pdf Figura 3: VCatastro del Marqués de la Ensenada. Valle de Lecrín, Dúrcal (Granada, España), 1752. Plano resultado de los planes reformistas del Marqués de la Ensenada, reforma fiscal que generó un importante patrimonio documental. Fuente: Ayuntamiento de Dúrcal. Recuperado de: http://www.adurcal.com/enlaces/mancomunidad/guia/ caminos/1750.htm Registrar las distintas percepciones sobre soportes variados permitía al hombre apoderarse de su entorno y conocerlo a través de identificar ciertos rasgos en el territorio. Este hecho, que al principio tuvo un origen funcional, con el tiempo será el reflejo de una expresión ideológica de intereses, alterándose de forma consciente la realidad representada (Sáinz y González, 2015, p.23) (Figura 3). Lola Goytia Goyenechea / Nieves Martínez Roldán Conceptualización de la ciudad y su territorio. Tendencia geométrica del imaginario urbano Respecto al territorio, antes incluso de las civilizaciones primitivas, el hombre había advertido que el mundo, cuyo sentido iba progresivamente desvelando, era variado y diverso en sus territorios, por lo que estos tenían un valor diferenciador que resultaba esencial. También muy pronto apreció que, mediante su actividad, ese territorio era moldeado de una determinada forma, a través de su cultivo, de las acciones sobre él y de otros hechos, de forma que las culturas fueron reconociendo su territorio conformado como algo propio, diferenciado, y dotado de valor y significación. En definitiva, como algo que está en profunda e íntima relación con él mismo. Así, el territorio, conformado por la cultura del hombre, fue progresivamente adquiriendo la categoría de valor, fijándose como identidad y, lo que será aún más importante, incluso como centro del mundo y fundamento de todo su entendimiento. La constante relación espacio-sociedad que enmarca a los individuos implica que en la medida que van forjando su propia identidad, tomando como referencia su contexto territorial, van asumiendo mecanismos para la asignación de valores y significados, apegos y pertenencias, narrativas y categorizaciones, especialmente a los lugares, espacios vividos y de vida, lo que les facilita construir de estos una representación y un imaginario territorial (Avendaño, 2017, p.58). 83 Estoa No 17 / Vol 9 / Enero 2020 Mucho más frecuentes son las representaciones en las que se recoge directamente lo urbano en el territorio, como ocurre ya desde las tablillas de Nippur, y tres milenios más tarde se aprecia en el “Teatrum Orbis terrarum” de 1587. En todo caso el análisis de esa relación urbano-territorial ha resultado siempre relevante, hasta constituirse en la actualidad en una clave esencial de entendimiento del espacio y en elemento imprescindible para la planificación urbanística. Se deduce, por tanto, que las conceptualizaciones del cosmos, del territorio y de lo urbano se sustentan sobre fundamentaciones específicas y distintas, y es probablemente esto lo que ha originado que sean muy escasas las representaciones en las que se ha pretendido sintetizar estas tres categorías, como ocurre en la excepcional representación atribuida al miniaturista francés Simón Marmión [1425-1489] (Figura 5). Figura 4: Sevilla, paisajes futuristas, ciudades sostenibles de Juan Manuel Santaella, 2010. Fuente: Santaella, J.M. (2019). Juan Manuel Santaella, artista plástico. Recuperada el 14/03/2019 de: https://juanmanuelsantaella.com/portfolio/pinturacontemporanea/ Figura 5: Miniatura de Simón Marmión, 1450. Mapamundi realizado para el códice ilustrado de las Grandes Crónicas de Francia, a mediados del s.XV, en donde se representa a los hijos de Noé habitando los distintos continentes en los cuales se aprecia la representación de ciudades. Fuente: Bibliothéque Royale Albert I, Ms 9231, fol.281v. La ciudad está compuesta por múltiples representaciones, imágenes, historias e imaginarios urbanos, que intervienen en los procesos de urbanización. Con base a esta idea se considera relevante indagar los imaginarios urbanos en los discursos, a través de los cuales se proyecta una ciudad. En este sentido, los planes de políticas públicas se presentan como un recurso valioso a partir de lo cual se puede rastrear la creencia de lo que la ciudad es en el presente, la reconstrucción imaginaria de lo que fue y las esperanzas que abraza con miras al futuro (Vera, 2013, p.153). Conceptualización de la ciudad y su territorio. Tendencia geométrica del imaginario urbano Lola Goytia Goyenechea / Nieves Martínez Roldán otros, se puede afirmar que la visión conceptualizada de lo urbano está en el fundamento y constituye la clave de todo entendimiento de la ciudad, creándose progresivamente nuevas lecturas de lo urbano, que “nos permiten reconstruir estadíos pretéritos y avanzar hipótesis sobre paisajes perdidos” (Chías, 2018, p.118 ), e incluso anticipar un futuro incierto (Figura 4). De lo expuesto se desprende que la construcción de la forma que el hombre es capaz de conceptualizar desde lo visual significa siempre un determinado entendimiento espacial. Esa conceptualización del espacio es fundamentalmente la referencia abstracta de una realidad siempre concreta, que tiene su reflejo correspondiente en la representación, lectura que puede alterarse, como se muestra en los siguientes apartados, atendiendo a nuevas experiencias vividas durante un viaje, a la relación espacio – tiempo condicionada por los medios de transporte y las nuevas tecnologías, o incluso en función del valor simbólico que tenga un determinado lugar para una colectividad, entre otras causas. El entendimiento del cosmos, en principio, no demandó de la movilidad como clave primaria, al sustentarse su percepción sobre la observación de aspectos como la alternancia día/noche, los astros, los meteoros, que a su vez eran percibidos e interpretados sobre la referencia cultural. No obstante, el mundo, como objeto a descubrir, necesita del movimiento como pieza clave para su entendimiento, que será inevitablemente progresivo y dilatado en el tiempo. Conceptualmente esto remite a la ruta y al itinerario como hecho perceptivo, es decir, como realidad que en sí misma significa un valor que compromete al observador en ámbitos existenciales más allá de lo previamente conocido, y así la significación de la ruta para el viajero se inscribe en una dimensión más amplia, como pueden ser los valores que se fundamentan en lo descubierto y, sobre ello, en la relectura y reelaboración de lo conocido. Viajar a lo ignoto, adquirir el conocimiento e investigar lo lejano para contarlo, normalmente de forma exagerada, está en la base de la naturaleza humana y de su afán de conocimiento, y el plano o el mapa alcanzan su sentido y naturaleza como necesidad de mediación para la divulgación de lo conocido. Descubierto algo, o 4. El viaje en la percepción del territorio y de lo urbano 84 Estoa No 17 / Vol 9 / Enero 2020 Por lo tanto el imaginario urbano no solo se nutre de la conceptualización realizada de la imagen percibida, sino de recuerdos y experiencias de esos viajes que permiten nuevas reinterpretaciones. Al respecto destacar lo que Hiernaux-Nicolás (2002) define como imaginario turístico: Así como la percepción del cosmos se ha sustentado sobre el paso del tiempo, la alternancia día-noche y la movilidad de los cuerpos celestes, la percepción del espacio ha estado siempre vinculada a la movilidad del observador. Toda percepción de lo urbano se basa en un encadenamiento de secuencias espaciales necesario para la posterior conceptualización de la ciudad. “La ciudad es el resultado de este encadenamiento secuencial y, en última instancia, el resultado visual de tal encadenamiento” (Arias, 2003, p.102). Como consecuencia de ello, la memoria, la secuencia de imágenes, el espacio, el tiempo y el modo de desplazamiento tienen una gran significación en el proceso de percepción de lo urbano. La irrupción del automóvil, ha provocado que los nuevos modos de percepción ya no estén basados en la secuencialidad lineal, donde la dimensión espacial y temporal están estrechamente vinculadas. Los largos desplazamientos necesarios en la vida diaria provocan una separación cada vez más acentuada entre ambas dimensiones, dando lugar a una ciudad fragmentada en la que el espacio entre origen y destino queda difuminado. La ciudad que en sus inicios tuvo una imagen coherente pierde su sentido de unidad rodeada de una amplia periferia que obliga a mayores recorridos. A mayor velocidad, los tiempos de desplazamiento son menores y la percepción del espacio se desdibuja percibiendo solo fragmentos de dicha realidad. Estas nuevas características dinámicas provocan percepciones fragmentadas, de carácter múltiple, y de forma simultánea, provocando la yuxtaposición de imágenes que alteran la vivencia de la realidad espacio temporal, al igual que ocurre en algunas secuencias cinematográficas (Terán, 2002). Figura 6: Nagasaki, 1637. Autor desconocido. Nagasaki supone una praxis desarrollada por los jesuitas conocida como la “accommodatio”. Reconociendo el nivel de la cultura, las costumbres, y la sociedad fuertemente jerarquizada de Japón, la orden propugna la inculturación, la hibridación entre dos culturas como modo de intervención urbana. Como consecuencia de ello en su trama se pueden diferenciar formas urbanas del imaginario cristiano occidental que conviven con otras del imaginario geomántico japonés. Fuente: Nagasaki Museum of History and Culture. Recuperada el 01/07/2019 de: http://www.nmhc.jp/museumInet/prh/colArtAndHis- SubGet.do?command=image&number=148525 …el imaginario turístico sería, aquella porción del imaginario social referido al hecho turístico, es decir a las numerosas manifestaciones del proceso societario de viajar. En una porción de nuestra mente, conservamos esas apreciaciones e imágenes, de tal suerte que, en cualquier momento, y a través de hechos cotidianos no forzosamente ligados al imaginario, podemos reformular y reacomodar éste último... El imaginario es entonces algo vivo, un proceso inacabado, sujeto a revisiones, ajustes, cambios, y nuevas interpretaciones aun de hechos viejos. Un ejemplo de ello es la información que recibimos regularmente acerca de un país: la prensa, los eventos cotidianos relatados por la televisión o la radio, no forzosamente se relacionan con la imagen turística que nos hacemos de ese sitio, pero contribuyen a deconstruir/reconstruir esta imagen (pp. 8 - 9). 5. La relación espacio-tiempo en la percepción de lo urbano. Lola Goytia Goyenechea / Nieves Martínez Roldán Conceptualización de la ciudad y su territorio. Tendencia geométrica del imaginario urbano pretendiendo haberlo conocido, es cuando se está en condiciones de reducirlo a lo entendible y a lo abarcable. Sin embargo, no cabe pensar que la mera percepción y el conocimiento de lo novedoso por el viajero conlleva automáticamente su aceptación, y mucho menos que, aunque esta se produzca, pueda imitarse en la sociedad que recibe la novedad aportada por el viajero, y ello porque habría también que reproducir las condiciones que le dieron su origen, cuestión esta normalmente imposible de conseguir. Es por esto por lo que los modelos, aunque frecuentemente admirados, no pueden ser reproducidos y, si esto llega a hacerse, la traspolación siempre produce alteraciones en el mismo. En todo caso, el hombre ha conseguido mediante el viaje, independientemente de las múltiples finalidades que le han motivado a emprenderlo, un vasto conocimiento del territorio y de lo urbano. Ejemplo de ello es la fundación de la villa cristiana de Nagasaki por la Compañía de Jesús, entre 1570 y 1578 (Figura 6). 85 Estoa No 17 / Vol 9 / Enero 2020 En relación a esta realidad, y debido a que la mencionada fragmentación afecta principalmente a la percepción del espacio público, Domenico di Siena (2010) investiga sobre la necesidad de romper la rígida estructura de nudos conectados en red de la ciudad fragmentada, que ha provocado distorsiones en el imaginario urbano a través de la conexión de la dimensión presencial y virtual para la mejora del espacio público, conformando lo que llama como “espacio híbrido”, que modifica la lógica del espacio urbano tradicional, y en donde la tecnología digital establece sinergias con el espacio físico. Ejemplo de ello es la propuesta de la Plaza de las Libertades en Sevilla, espacio de 30.000m2 concebido como un nuevo nodo urbano donde experimentar con los usos sociales de las nuevas tecnologías. En este escenario queda patente cómo los sistemas de comunicaciones y las nuevas tecnologías inciden modificando nuestra percepción sobre el entorno y distorsionando el imaginario urbano. Toda referencia urbana es, en definitiva, un lugar, e incluso en espacios anónimos y despersonalizados se puede señalar éste o aquél lugar. Los lugares son así espacios en algo singulares que, como tales, son reconocidos socialmente por los ciudadanos, pudiendo Figura 7: High Line. Manhattan (Nueva York) Parque construido a 10 m sobre el nivel de la calle, sobre un antiguo viaducto ferroviario que conecta tres barrios de la isla de Manhattan. Fuente: Arquitectura y empresa. Recuperada el 02/07/2019 de: https://www.arquitecturayempresa.es/noticia/high-line- una-antigua-infraestructura-ferroviaria-transformada- en-ejemplo-de-futuro 6. El “lugar” en la conceptualización de lo urbano Conceptualización de la ciudad y su territorio. Tendencia geométrica del imaginario urbano Lola Goytia Goyenechea / Nieves Martínez Roldán Esta pérdida de la visión de conjunto de nuestro entorno, como consecuencia del dominio de los medios de transporte, unida a la utilización masiva de las nuevas tecnologías ha provocado que el espacio público pierda su tradicional función de espacio de relación, y por tanto deje de tener un papel predominante en el imaginario urbano colectivo. En este sentido y como contrapartida es necesario que las políticas urbanísticas tiendan en la actualidad a potenciar espacios para el peatón que nos permitan percibir de forma más directa nuestro entorno (Figura 7). también diferenciarse los no lugares, que a veces se significan incluso con denominación precisa que expresa la razón o el fundamento de su singularidad. Tal como expresa Augé (2000): “Si un lugar puede definirse como espacio de identidad, relacional e histórico, un espacio que no puede definirse ni como espacio de identidad ni como relacional, ni como histórico, definirá un no lugar” (p.44). En general, el carácter de lugar lo otorgan los propios ciudadanos en función de razones que no siempre resultan explícitas, pero que tienen una profunda relación con su selectiva valoración de lo urbano y también con la forma de utilizar la ciudad, porque para que un lugar efectivamente lo sea es preciso que tenga diversas cualidades: debe ser suficiente y auténtico en un sentido pragmático y también debe permitir que el individuo actúe en él de la forma deseada. Se reconoce que los espacios urbanos, siendo físicos, no tienen el mismo valor para todos sus habitantes. Entonces lo que adquiere sentido no es el espacio material en sí mismo, sino más bien, el espacio simbólico que se crea entre los que habitan en ellos, conformándose una relación dialéctica entre la dimensión física y la dimensión subjetiva asociada a esta (Zenteno, 2018, p.105). Habida cuenta de esta dimensión subjetiva, Zenteno (2018) plantea la reflexión sobre la necesidad de establecer nuevas metodologías que permitan discernir esta dimensión de la ciudad, tan compleja debido a su carácter individual para su aplicación en actividades de intervención urbana. Ejemplo de ello son los mapas perceptivos, en donde “el espacio urbano es representado por los habitantes de la ciudad en una dimensión propiamente emotiva y subjetiva, expresando el modo en que el barrio es vivido.” (Zenteno, 2018, p.108) (Figura 8). En otro contexto, son también lugares significados aquellos espacios que contienen o están presididos por algún elemento emblemático o significativo para la ciudad. La iglesia, la plaza, el edificio público… referencian siempre espacios que solo por esta razón se significan y son el soporte justificativo de los lugares más expresivos (Figura 9). Figura 8: Urban sketchers en la Torre de San Bartolomé (Sevilla) El movimiento social urban sketchers, a través de sus dibujos en la calle, ayudan a crear conciencia social sobre la importancia del paisaje urbano y su patrimonio. Fuente: Parroquia de San Bartolomé y San Esteban. Recuperada el 30/06/2019 de: https://sanbartolomeysanesteban.org/dando-vida-color- la-base-del-andamio-nuestra-torre-galeria-fotografica/ 86 Estoa No 17 / Vol 9 / Enero 2020 En todo caso la persistencia de la significación de los lugares de la ciudad proporciona una de las más expresivas lecturas de lo urbano, y es una referencia valiosa de la memoria histórica que permanece vigente como soporte de la vida ciudadana. Al contrario que el mundo y el territorio, la ciudad es sobre todo un hecho histórico. En las estructuras físicas de la ciudad está impresa, como en un palimpsesto, su historia y evolución como proceso de crecimiento y transformación, siendo el plano de la ciudad el documento más expresivo y explícito de la misma. Además de ello, toda ciudad transmite a sus ciudadanos una cierta conciencia de pertenecer y tener como suyo un patrimonio comunitario identificador que da sentido a la realidad. Este sentido trasciende lo urbano y lo cualifica no ya por la armonía de sus ritmos espaciales, sino por dar testimonio de autenticidad y por el hecho de ser depositario de identidad. La representación de la ciudad es una de las constantes más permanentes en la historia del hombre. Es un hecho que el hombre ha representado lo urbano desde siempre y con múltiples finalidades: para alcanzar un conocimiento más profundo de sí mismo, como divertimento lúdico, como marco para integrar acontecimientos singulares, Existen vinculaciones entre el imaginario urbano vinculante, las políticas de urbanización y las de desarrollo turístico. Desde las políticas públicas se construyen ideas de lo que la ciudad fue, es y quiere ser apelando a aspectos sensibles y emotivos que tienden a disminuir las impresiones negativas tanto de la ciudad como del turismo (Vera, 2013, p.153). Figura 9: Santiago de Chile de Alonso de Ovalle, 1646. Plano en el que se significan los lugares más emblemáticos y se traza en retícula la trama urbana exagerando su geometría de acuerdo con el imaginario urbano del jesuita Alonso de Ovalle. Fuente: Biblioteca Americana Diego Barrios Arana. Figura 9: Ciudad incendiada. Ludwig Meidner (1884 – 1966). Fuente: Saint Louis Art Museum. Recuperada el 28/03/2019 de: https://www.slam.org/collection/objects/13506/ 7. La representación de la imagen conceptualizada de lo urbano como escenario de tendencias de arquitectura o incluso como expresión de utopías. Teniendo en cuenta la secuencia de producción de representaciones establecida por Campos y Álvarez (2015), en la que se establecen cuatro etapas diferenciadas: la percepción de la realidad, la creación de la representación con una función y significado implícito, la difusión de la representación y la disposición por parte de otras personas de dicha información, podemos entender que todas ellas quedan de alguna manera almacenadas en nuestra memoria, de manera que de forma involuntaria “aquellas representaciones específicas sobre la ciudad son particularmente relevantes en la producción de nuestros imaginarios urbanos” (Campos y Álvarez, 2015, p.92) e incluso estas pueden estar enfocadas a inducirlo en una determinada dirección, como puede ser el caso de las políticas de desarrollo turístico. En este sentido, Vera (2015) analiza las estrategias turísticas y de valoración patrimonial fundamentadas en el imaginario urbano y cómo estas inciden en los procesos de configuración urbana. De igual manera establece que: Frecuentemente la representación es el testimonio de una realidad que se busca divulgar, más o menos idealizada, pero que también puede ser más o menos aterradora, ya que “los imaginarios corresponden a elaboraciones simbólicas de lo que observamos o de lo que nos atemoriza o desearíamos que existiese” (Lindón, 2007b, p.90). En este sentido, los miedos íntimos y también los desasosiegos de ciertos periodos históricos han generado entendimientos aterradores de la realidad urbana, y “ese puente entre la realidad y la representación mental se ha plasmado en el arte, porque el arte es siempre símbolo” (Delgado, Fernández, Márquez y Ramírez, 2007, p.166). Es el caso, por ejemplo, de la obra de Ludwig Meidner, pintor expresionista reconocido por sus paisajes apocalípticos previos a la Gran Guerra (Figura 10). Lola Goytia Goyenechea / Nieves Martínez Roldán Conceptualización de la ciudad y su territorio. Tendencia geométrica del imaginario urbano 87 Estoa No 17 / Vol 9 / Enero 2020 La representación de las ciudades, y también del territorio en el que están inmersas, siempre ha sido un aspecto fundamental de la definición cultural de los pueblos, y su imagen puede rastrearse desde su inicio en los principios de la relación entre el hombre y lo urbano. El propósito ha sido siempre mostrar cualquier cualidad de la ciudad estimada como destacable, aunque posiblemente no es hasta fines del s. XV y comienzos del s. XVI cuando por primera vez la relación entre la ciudad y su imagen queda establecida dentro de una convergencia de factores que determinan el especial valor de su expresión iconográfica. En este sentido, un ejemplo de compromiso con la visión paisajística y territorial de los núcleos urbanos y su entorno inmediato lo encontrarnos en las series de grabados realizados a lo largo del s. XVI que, indudablemente, aportan más como fuente de información sobre lo urbano que los casi inexistentes documentos cartográficos hasta entonces disponibles. El hecho de que el análisis de la iconografía urbana constituye un método eficaz y válido para desvelar el conocimiento de lo urbano y de lo territorial está hoy fuera de toda duda, porque la iconografía transmite una información que va más allá de su mero valor artístico, ofreciendo de hecho la posibilidad de conocer no solo la realidad física y formal que presenta sino también, sobrepasando su realismo, los valores, la cultura, y las inquietudes de la sociedad, que quedan atrapados en su representación. Por otra parte, las representaciones que pueden denominarse cartográficas han supuesto, desde siempre, una manera de entender lo territorial, y también frecuentemente han conllevado una enriquecedora visión sobre lo urbano. La percepción del territorio y su representación ha ofrecido siempre una visión de la relación hombre-territorio-ciudad a lo largo del tiempo, pasando siempre por muy variadas intenciones o pautas: utilitarias, instrumentales, divulgativas, militares, comerciales y aún otras muchas. La tensión entre la representación de tipo paisajístico de la ciudad y la cartográfica, aun no nítidamente delimitadas, ha recorrido la historia hasta el afianzamiento científico de la cartografía. La ciudad ha sido representada como recurso informativo y también como recreación estética, imponiéndose en el primer caso la fundamentación cartográfica, frente a la paisajística del segundo, en la que predomina más la conceptualización analítica. Hay, en todo caso, que señalar que, aunque esa tensión entre la representación paisajística y la cartográfica sea una constante histórica, su expresión y significado han sido muy distintos en el tiempo, ya que prácticamente hasta comienzos del s. XVI, la representación de base cartográfica fue fundamentalmente territorial, y la paisajística predominantemente urbana, y no será hasta la aparición de las técnicas de representación renacentistas cuando propiamente surja y se desarrolle la cartografía urbana, ya plenamente definida en el 7.1 Validez metodológica de la iconografía para el entendimiento de la ciudad. La cartografía urbana. Conceptualización de la ciudad y su territorio. Tendencia geométrica del imaginario urbano Lola Goytia Goyenechea / Nieves Martínez Roldán De tal modo, el análisis de la representación conceptualizada de lo urbano evidencia algo importante, y es que la ciudad resulta al mismo tiempo espléndida y aterradora. pequeño plano de Ímola de Leonardo da Vinci de 1502 (Figura11). Rastrear sobre esta plasmación, en la que todo ello ha quedado inscrito como en un palimpsesto, es trabajo del investigador interesado en conocer la visión del mundo y de lo urbano. Es un hecho que en la actualidad los mapas tradicionales casi han dejado de imprimirse. Hoy en día la cartografía se mueve en la era digital, generándose de manera que es fácilmente accesible y compilable por el usuario, que solo tal vez, en determinadas situaciones, decide imprimirla. En todo caso es posible que estas imágenes tomadas por satélite, que carecen de cartela, de título, de la barra de escala y de otros sellos distintivos de la cartografía tradicional, no sean en realidad mapas, y que los límites convencionales queden cada vez más desdibujados a medida que los mapas se asimilan a la mera compilación de datos. Con el desarrollo de la tecnología, los aspectos geográficos son cada vez más manipulables, escalables y flexibles, y se pueden visualizar en combinaciones innumerables y con apariencias muy diversas (Pelletier, 1999). Al contrario que en el tradicional mapa de papel, donde la información es accesible visualmente, la mayor parte de los datos recolectados en la actualidad mediante sensores remotos no se pueden representar en un único marco, y así los datos de espectro múltiple que se recogen mediante el satélite carecen de sentido sin la interpretación y compilación adicional, siempre necesaria para tomar decisiones sobre qué se representa y cómo se representa. La esclarecedora imagen, tomada mediante el empleo de tecnología de espectro múltiple, que se muestra a continuación, derivada de datos obtenidos mediante satélite, y sometidos a técnicas de procesamiento y análisis, recoge el monte St. Helens después de una erupción volcánica en marzo de 2005. Al aportar los satélites imágenes terrestres con una gran frecuencia, y contando con una resolución espacial altísima, ya es posible representar visualmente todas las condiciones asociadas a los procesos terrestres. (Figura12). Figura 11: Ciudad de Ímola. Leonardo da Vinci, 1502. Royal Library del Castillo de Windsor. Primer plano cartográfico urbano de la historia. Fuente: Royal Collection Trust. Recuperada el 24/01/2019 de: https://www.rct.uk/collection/912284/anbspmap-of- imola 7.2 ¿La actual cartografía?