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El Peregrino, ó, Cristabela de Mowbray : novela inglesa. Tomo II

Helme, Elizabeth, m. ca. 1814

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e É S E DDILA TRADUCIDA ne : POR DON RAMON DE UGENA. E - j - —¡Oh cielo, y E tan lar beneficio á un hombre que me es enteramente desconocido!.... Ah! perdonad si no puedo expresaros mi gratitud: casi he perdido el uso de la voz, y hace muy pocas semanas que mis ojos han vuelto á ver la luz del astro que nos alumbra. Pero si he de juzgar por ese vestido , VOS ballero de la Santa Cruz. ¿ ápresentarle la mano de. rado?....? Al decir estas palabras hizo ademan de. extender su mano hácia el baron, pero recordando ¿la situacion en que se encontra= ba y los miserables andrajos que le cubrian, la retiró precipitadamente: «Entonces apo- | derándose de ella el baron: le dijo: “No perdamos el tiempo inutilmente: no es este bs lugar á-propósito para entrar en explica= ciones? En seguida llamó al mercader pa- | ra tratar del rescate del desconocido. mr Viendo el savraceno el deseo del baron Sois. ca= ne. reveré un desventu= en comprar aquel esclavo, pidió un precio. exorbitante sin embargo de haberle ad= $ GUirido por una despreciable cantidad de un subalterno del gobierno que-se habia apoderado de él al. tiempo de cumplir con 8 una órden que imiponia pena de muer le y A . TY ” que de cosas que orcionen algun consuelo, y amortigiiemos si es posible Jos recuerdos que no le sea dable desechar de su imaginacion.” | Beltran sin responder al baron se acercó al desconocido á quien una taciturna 0 desesperacion tenia inmóvil como una €statna, y tomando su mano afectuosamente le dijo: “Hombre interesante, el baron De- | Pointz Cree que debemos amarnos; yo deseo que no se engañe, mas no me atrevo á. lisonjearme de ello. Me mira con demasiada 3 indulgencia, y mi corta edad... de —- ¿De dónde sois? le interrumpió con a viveza el extrangero: estoy impaciente por saberlo. | Beltran admirado de oir esta pregunta | y de las penetrantes miradas que le dirigia creyó que habia perdido la razon. - —Conozco , respondió , que nuestra presencia os molesta, el reposo os es ahora muy necesario. Entregáos á.él, y nosotros nos encargaremos” de velaros alternativamente. — Quizá hay algun desorden en mis ideas, aunque no tanto como imaginais, Pareceis cristiano, pero decidme: no teneis Párientes sarracenos f > "Y ral , + em —A A A ss "Y E E El jóven pe El avergonzó al oir esta pregunta y guardó silencio, pues se ruborizaba de que se creyese pertenecia á una familia de infieles, 2. —Sin duda que su tez es la que os in= duce á ese error, dijo entonces el baron: Beltran es un Peregrino que nos ha seguido; es uno de mis amigos y ha yenido de Inglaterra. — Creí que venia del cie extrangero con voz melancól tez sino por su voz es conocerle. Perdonad ño de mí mismo: Pasan por mí hac do á mi alma un que todos los año lo, replicó el ICa: NO por su por la que creí re- » añadió, no soy duelos acontecimientos que e algunas horas han dagolpe aun mas violento s que he pasado en el cautiverio. Permitid que me retire de yuestra presencia para ver si puedo:calmar los diversos afectos que me agitan. Es, Dicho esto-se márchó al aposento que Je habian destinado en la tienda, y Beltran manifestó la compasion que le inspiraba la suerte de aquel hombre, cuyo nombre preguntó al baron, — El único que nunca se invoca en vano, respondió: es un desgraciado.» El jóven estrechó con teraura: la ¿mano de a Pointz ; pues cor WE expresion da= ba á entender los molivos que le habian impedido Satigar al desconocido con pre= guntas , por las cuales solo habria dejado traslucir una desconfianza injuriosa é impertinente. CAPÍTULO: Ub Geegorio tuvo órden de su amo para permanecer junto al lecho del extrangero, y ofrecerle en caso de necesidad sus ser vicios. Las dos veces que se acercó á. él le halló desvelado ; pero á Ja tercera le pareció estaba dormido. Sin embargo, al mirarle con mas atencion advirtió que su sueño era agitado, y que sus ojos derramaban abundantes lágrimas. Sobresaltado el baron con esta noticia entró apresu= radamente en la estancia, y le encontró, no durmiendo como creia Gregorio, sino aletargado por electo de una ardiente Ca= Isntura y sumamente abatido. Á pesar de sus razones no le permitió levantarse, obligándole á permanecer en el lecho, man- BIBLIOTECA UNIVERSITARIA Jos cuales el enfer : e z o dando al mismo “tiempo. se dispusiese otro para él, La fiebre fue tomando mayor incremento; y por espacio de algunos dias, en mo estuyo entregado á los accesos de un delirio espantoso , llegó á temerse por su vida, Aunque manifestaba la mas yiva y sincera gratitud por los cuidadosos esmeros que le prodigaban, se notaba sin embargo una absoluta indiferencia respecto de su vida, y á pesar que su debilidad no le permitia incorporarse sin ayuda , jamas se le oyó. proferir ninguna queja en todo el tiempo que duró la enfermedad. El: baron Y sus amigos no se apartaban de él yelándole por turnos, y vechando los Momentos en que le veian mas tranquilo para reanimar su valor y shs esperanzas. No fue Beltran el que meños parte tuyo en 4 «colocado 4. la cabece der y y aproan caritativo ejercicio; ra del enfermo dirigia rosas súplicas al Eterno por la salud e aquel á quien continuamente veia su- Mmergido en un profundo letargo. El extrangero no apartaba la vista de, él, dando Muestras de la mayor alegría cuando oia el agradable sonido de su vox. Por fin el éxito coronó tantos: esfuer- 20 a zos. El enfermo recobró insensiblemente las fuerzas, y pronto sus amigos perdieron. el temor que habian tenido de perderle. Un dia que Pointz le vió mas tranquilo y en mejor disposicion para conversar Con él le preguntó su nombre. Yo no sé respon= dió, si despues de tantos años'cómo he pasado en: el infortunio habrá alguno que quiera disputarme el derecho de llevar un nombre ilastre, aunque en todo caso “no procuraré reclamarle, pues que elmundo y sus honores han perdido para mí todo su atractivo. Llamadme Jacobo, Milord, mas adelante no. tendré ningun secreto para vos; pero ahiora no me hallo con la fuerza necesaria pára referiros el pormenor doloroso de lo que he sufrido. * P —No pensemos en ello, respondió el | baron. Lo mas importante en este momen- | to es que trateis de fortalecer vuestro ánimo, y que os penetreis de la viva y síncera amistad que os profeso.” Al cabo de pocos dias Jacobo se halló en estado de dejar el lecho. Pidió recado de escribir, y despues de emplear bastantes horas en esta ocupacion, mandó á Gregorio llamase al baron y sus amigos. — Milord, dijo al verle, acabo de con” ( E: za 254 dl cluir un asunto que miro como el mas indispensable ; y solo me resta suplicaros Os _ €ncargueis de guardar estos pliegos poniendo en ellos vuestro sello, al que deberá “acompañar el de dos caballeros de la cruz, como individuos de la clase á que yo pertenecí en otro tiempo. En vuestras manos vOy á depositar mi testamento. Si ego á morir sois dueño de leerle ; se verifica mi arribo 4 Inglaterra forzosamente que hacer nuevas disp N£s, y entonces os:lo reclamaré.? El baron envió inmediatamente en busca de otro cruzado, que puso su sello jun- to al del baron y.al de Fitz Hugo. Concluidas estas formalidades, Jacobo presentó el pliego á Pointz, diciéndole. “No S0y rico, Milord , pero no dudo que des- Pues de mi muerte cumplireis mi última Voluntad del mejor modo posible. Este es- Crito os descubrir soy: en él vereis acaso pero st tendré osicio= á al mismo tiempo quien la causa de un silencio que acaso á vuestros ojos tenga ahora todos los visos de la Mas negra ingratitud; Ap Mas estoy persuadido 4 que merecerá vuestra apr obacion cuando llegueis 4 saber los . motivos que me obligan á no hacer Una total confianza en este mom a gd A - A A > 22 pasa de aquello que juzgueis conveniente decirme. Acepto la comision que me encargais, y la miro como una prueba de vuestra amistad. Ruego y rogaré al cielo que llegueis á Inglaterra, y que me pidais este pliego en una ocasion mas feliz. — ¡Ah! la felicidad se concluyó para mí, y por grande que sea el deseo que tengo de volyer á mi. patria , conozco que su vista despertará en mi alma Jos mas dolorosos recuerdos. La melancolía de Jacobo siempre era la misma; pero Pointz observó con el mayor placer que iba restableciéndose de dia en dia; y como el mal estado de su salud fue lo que retardó la marcha de los cruzados de aquel sitio se aprovecharon de su convalecencia para Jevantar. el campo: se determinó descansar dos dias cerca de la capilla de San Juam, á la: que todos los peregrinos acudieron al siguiente de la llegada para asistir al oficio divino. Pointz, Jacobo, Fitz Hugo, Beltran y sus amigos fueron reunidos. y Como estaban aun fatigados de la marcha Jlegaron algo tarde y á tiempo que acababan: de concluirse Jas primeras 0ra- * " —Mi curiosidad, replicó Pointz, no 23 ciones , y en que se principiaba una misa solemne por el alma de Roberto de Mowbray, conforme á la fundacion secreta hecha por Pointz. Toda la capilla estaba ilaminada con la multitud de cirios que ardian delante de la imágen de san Juan, y los mas exquisitos perfumes se quemaban en un incensario de oro colocado sobre el altar, junto al cual se veia un gran cartel, en él que estaban escritas con gruesos Caractéres estas palabras: : **Se encarga á todos los fieles rueguen al » Todopoderoso por el descanso del alma de » Roberto de Mowbray, muerto valerosa- » mente en defensa de la Fé delante de » Acre, el año del Señor de 1190.” Pointz, que habia guardado el mayor secreto aun á Fitz Hugo sobre la visita que hizo á los religiosos de San Juan, se ale= sró mucho de llegar al momento de empezarse la misa, y se arrodilló con la mayor devoción , Beltran siguió su ejemplo. El baron atribuyó el interes que su amigo manifestaba por la memoria del desgracia= do caballero por quien se hacian aquellos sufragios, á la lectura del manuscrito ; pero él no atendia á nada de cuanto le rodeaba dando muestras de un profundo re= | | 4 cogimiento, igualmente que Maynard, Alan y Fitz Hugo. Solo Jacobo estaba de pie mirando alternativamente á todas partes con una atencion que exciló la del baron. — Amigo mio, le dijo en voz baja, la confusion que veo en vos nace sin duda del tiempo que ha mediado desdé que no habeis podido participar de nuestras au-= gustas ceremonias. Oramos por un valiente y desgraciado caballero, y yo dirijo mis. súplicas al cielo por su reposo, no obstante la enemistad que existió entre él y mi familia. Espero que no rebusareis unir yuestras oraciones á las mias. —Sí, dijo Jacobo arrodillándose al lado del baron: quiero rogar por todos los pecadores, y particularmente por Roberto de Mowbray. La muerte es el fin de todos nuestros trabajos: los que han perecido no estan ya á merced de los hombres, y solo para ellos existe la felicidad. El oficio fue largo y solemne. Los peregrinos oraron con un feryor ejemplar, y concluida la misa se retiraron penttrados de una veneracion religiosa y de un sentimiento de piedad hácia el héroe que en la flor de su edad habia legado al mas alto grado de gloria, y dejado una reputacion ; a5 tan justamente adquirida de valor y Virtud y grandeza de alma. Al salir de la capilla Pointz tomó por el brazo 4 Jacobo, que abismado en sus reflexiones guardaba un profundo silencio. — Sabed amigo mio, le dijo, que al entrar en la capilla creí ver en vos cierta re- Puguancia á mezclar Vuestras súplicas con las nuestras; mas una segunda reflexion hizo retractarme de este mal juicio. Soja, lo conozco, demasiado noble para aborrecer aun despues de muer quienes tendriais _Moliy durante su vida... tos á aquellos de Os para quejaros ¿Habeis conocido en vuestra juventud á Roberto de Mowbray ? —Sí, Milord, y ojala mi alma tenga el reposo que le deseo. Era como nosotros ca= ballero de la cruz, y tenia el honor de militar bajo las banderas de Ricardo, Corazon de Leon, Sois demasiado jóven para haberlo Visto ; Pero sin duda conocereis á alguno de sus parientes, pues estos honores relim giosos tributados á su Mernoria indican, á no dudarlo, que aun existe alguno. — ¡Ah! ya mo queda ninguno. Sa des= Venturada hija Murió á la edad q ocho años. Yo no la he conocíd todos convienen en que era ur e diez y o; pero - 36 pente, y exclamó con una voz que llenó de terror á Beltran : | — No me habia engañado; esta es la entrada del calabozo. He ahí la horrible cueva donde Achmet privaba hasta de lá luz á sus infelices esclavos, y en la que se les daba sepultura cuando el aire infectó de esa cloaca les habia hecho perecer. —Entremos, dijo Beltran con resolu= cion; mi corazon desecha toda especie de temor: estoy impaciente por penetrar en lo profundo de ese abismo para pedir á Dios por el descanso de los desgraciados que la muerte ha reunido en él.2 Una resolucion tan repentina de parte de Beltran sorprendió á- Jacobo, pues co= nocia. su timidez; pero atribuyendo á la religion este esfuerzo sobrenatural respondió: “Amigo mio, si os sentis com valor para entrar yoos acompañaré. No será dificil levantar esta reja, bajo de la cual veo escalones, pues regalarmente los habran conservado porque una cueva no ofrece nada que pueda tentar la avaricia, y los que han llegado hasta aquí no habran te= nido la curiosidad de penetrar en un parage cuyo nombre solo basta para inspirar horror pe 1 37 Al decir esto levantó la reja con bas= tante trabajo. Concluida esta operacion miró á Beltran y le dijo: “Reflexionad bien lo que intentais pues aún teneis tiempo. Los mas nobles principios os sostienen contra las impresiones á que acaso tendreis mucho trabajo en resistir cuando los obje= tos se presenten á vuestra vista bajo los mas espantosos coloridos. Nada tenemos que temer por la vida, pero es una prue= ba muy fuerte el espectáculo de la muerte, Consultad con vos mismo si os hallais con el valor suficiente para soportarle, — Aunque deba perecer no retrocede= ré)? y sin detenerse echó 4 andar por la escalera; pero Jacobo le detuvo y exigió de él que caminase 4 su lado. 0. La abertura daba paso 4: un rayo de luz que apenas bastaba para alumbrar los objetos. Despues de haber bajado muchos: escalones llegaron 4 una pieza pequeña, en donde habia un poco de paja y una botella de cuero. Continuaron su marcha hasta er fondo de la cueva er débil de ye 1 la que Ja luz era mas y Aunque suficiente para no privarles * cosas capaces de inspirár espanto al hombré mas resuelto: tales eran una puer= ta muy gruesa medio abierta, llena de cer= * 38 3 rojos y una porcion de enormes cadenas sueltas. Jacobo la abrió enteramente, y el ruido que hizo al girar sobre sus goznes resonó espantosamente en las bóvedas del dl subterráneo, imprimiendo en el alma de h Beltran un terror que no fue dueño de - COMÍN Abandonándole el valor que habia mostrado. al principio corrieron de sus ojos lágrimas amargas, y se arrodilló para encomendar al Eterno las almas de los que habian perecido en aquel sitio de horror. Jacobo siguió su ejemplo, y ambos abismados en la mas silenciosa y profunda devocion, permanecieron Jargo tiempo entregados á su triste melancolía. El calabozo era espacioso, y los rayos de luz aunque muy débiles para dejar distinguir perfectamente los objetos, comunicaban demasiada claridad para alumbrar todo el recinto. Aún permanecia Jacobo de rodillas recorriendo el subterráneo con la vista, cuando le pareció que en el estremo opuesto á ellos habia un hombre parado. No estando muy seguro de ello se mantuvo siempre en la misma posicion, echando sin embargo mano á la.espada, sin apartar los ojos del sitio donde yeia: moverse de cuanmm E e E dl DOI A E o ci tc 39 do en cuando el objeto que habia llamado su atencion: Convencido al fin de que no se engañaba se levantó con precipitacion diciendo: **Temo que nuestra imprudencia nos baya hecho caer en manos de los bandidos que sin duda se refugian en este calabozo. Pero nada temais: seguidme que el cielo nos ayudará y saldremos libres de todo riesgo. Jacobo sacó entonces su espada, y Beltran sin responderle hizo lo mismo con la daga que llevaba. debajo del vestido, si= guiendo sus. pasos, El primero se adelantó hácia el hombre que ya principiaba á distinguir claramente, y asiéndole por el cue- Mo le dijo en lengua árabe: : — Quién eres? por qué razon te ocul-. tas aquí? Habla ó te quito inmediatamente la vida, ; : —Á todo me: hallareis. dispuesto, respondió el sarraceno y pues no me: espanta la muerte: hace tres meses que oculto en este subterráneo vivo asaltado de un con-= tinuo temor, privado de luz y de aire, sin Mas alimento que los bigos y dátiles que hallo en el jardin de este edificio, ni: otra bebida que agua salobre y: corrompida. Por. Vuestros trages conozco que sois cristianos, Lo y por consiguiente enemigos mios; herid pues y libradme del insoportable peso de una mísera existencia, de la cual hasta ahora no he tenido yo el valor necesario para librarme. — Ven 4 la claridad y ¿dijo: Ne y ve en medio de nosotros. Si meditas alguna traicion contra cualquiera de los dos, el otro te atravesará 'inmediatamente'el corazon. > — No tengo mas que una arma oculta entre la paja en un rincon de este calabo= zo. Más de una vez he tenido intencion de reclamar la proteccion de-Tos: cristianos acampados en las cercanías, y lo hubiera hecho á no detenerme el odio que poda á los de mi nacion. É —-Lós'eristianos no aborrecen á nadie; tu vidá seguramente está proscripta en este pais por haber quebrantado sus leyes. — Jarias: todos me: creen muerto. He venido del Cairo á refugiarme aquí con la precancion de: no cáminar sino de noche, otultándome de dia en los bosques. En otra ocasion podremos explicar= nos mas clatarientes Salgamos de pat sin dilación.» o - Jacobo obligó al ¿sido á clbib con a Ja escalera del subterráneo. Llegados á la hx luz del dia Jacobo y Beltran le examinaron escrupulosamente. Tendria muy cerca de treinta años y era de una estatura bastanle regular. Su rostro flaco y descarnado atestignaba la verdad de lo que les habia dicho, haciéndole mas bien un objeto de compasion que de terror. e Le condujeron á la tienda de Pointz, quien desaprobó. la temeridad de sus amigos en visitar sin escolta aquel calabozo, aunque proponiéndose recorrer él mismo aquellas ruinas, no dudando fuesen las del harem de que hablaba Cristabela en sus memorias , y en el cual ayudó María Lapole á su padre á salvarse. El sarraceno, testigo de los preparatide marcha que se hacian en el campo, expresó sus deseos de seguir á los cruzados á Europa; pero viendo la desconfianza con que se le miraba, juró por todo lo que el islamismo tiene de mas sagrado, que no era culpable de ningun crímen, — Si eso es asi, respondió Jacobo, di= nos tu nombre, Yo salgo garante de tu seguridad si dices la verdad. vos — Ningun interés tengo en ocultarla, y me Creeria demasiado feliz si lograse dejar Un pais en que he visto hollar los mas sa= 42 erosantos derechos de la naturaleza. ¿Habeis oido hablar del gran visir Achmet ? — Mucho. — Pues á ese debo la vida. — ¡Será posible! Pero no; esa es una falsedad. Achmet no tenia mas que dos hi= jos: Othman el mayor pereció con el fatal cordon, y Achmet, víctima de las mas in= fames maquinaciones. — ¡Ay de mí! Ese Achmet soy yo. He escapado de la muerte en tanto que mi hermano ha pagado con la suya la pena debida al crímen que habia meditado.” Jacobo asombrado de lo que oia, rogó á Achmet refiriese un suceso tan extraordinario, y prometió á sus amigos contarles cuanto dijese del sarraceno. Este comenzó su narración en estos términos. 43 CAMA AM UAM UA CAPÍTULO V. «E visir Achmet, el el azote de los cristianos , era mi padre y el de Othman. Tenia ademas una hija habida en una esclava cristiana, que se fuga— ron á Europa con un cautivo inglés , cuya circunstancia aumentó la aversion de mi padre hácia los de aquella nacion y su creencia. amigo del Soldan y Achmet mostraba una predileccion decidida por Othman; y esta injusta distin= cion que establecia entre sus hijos mortifia caba bastante á mi madre. Á- medida que ésta iba entrando en edad se debilitaba el cariño de mi padre, pues necesitando de nuevos objetos para excitar sus apetitos, se dedicó 4 obsequiar á otras jóvenes bellezas que hacia yenir de todos paises. Pero ninguna podia quitarla $U primacía por la cualidad que tenia de madre, y á cuya prerogativa debió el fas vor de ser enviada al harem que ahora 44 acabais de ver destruido, y donde me babeis encontrado. La favorita cristiana de que os he hablado, y que se Namaba María, se habia fugado de él poco tiempo antes de la llegada de mi madre, en cuya época tenia mi hermano trece años y yo once. Quedamos cou mi padre, á quien seguíamos en los diferentes viajes que hacia á Acre, á Jerusalen y al Cairo. Aunque mi madre no.era ya el objeto de su cariño, no por eso habia perdido enteramente la influencia y los derechos que en otro tiempo ejerció sobre su corazon. Asi era que no omitia ningun medio ni gasto para complacerla , dandome todos Jos años permiso para que fuese á pasar en su compañía una temporada ; señal de ternura que rara vez recibió por parte de Othman. El cuarto año que fuíá visitarla, salí de Jerusalen acompañado de mi ayo Alí y de diez soldados; mas al atravesar el desierto perdimos el camino y anduvimos errantes parte de la noche, basta que á la débil laz de la Inma distinguiwos cerca de nosotros Jas paredes de un cementerio, Esto nos hizo creer que no estábamos muy distante de alguna poblacion; pero inciertos 45 sobre la direccion que deberiamos seguir para llegar 4 ella , delerminamos hacer alto y esperar la: venida del dia. Alí me aconsejó descansase un rato sobre las mantas de Jos caballos con las,que mandó preparar una cama; pero no quise obedecerle, y le propuse me acempañase á dar un paseo alre-. dedor «del fúnebre edificio. La claridad de la luna permitia distinguir los. objetos, y viendo con sorpresa una de sus puertas abiertas, entramos en aquel recinto; mas al empezar á examinar los sepulcros, un gemido sordo y lastimero hirió nuest dos. Nos paramos un mo ciorarnos mejor, y vencidos de que no Ácudimos con de partian los que tra sorpresa al ver ros 0i- mento para cerpronto quedamos connos habiamos engañado, Presteza al sitio de don- Jidos, y ¡euál fue nues- Una muger tendida en tierra, próxima á espirar y estrechando contra su.helado corazon una niña de cuatro años.profandamente dormida! Alí la dirigió la palabra, mas ella no estaba en estado de responderle, Entonces salió 4 la puerta del cementerio y llamó á dos soldados que la levantaron. mientras yo tomaba en mis brazos á la niña. ¡Oh Seli.. ma, desde aquel momento Ja irresistible Tomo 11. 4 A AAA. e ds 52 teramente adictas “4 los “intereses de Otbman. ca 17 Yo:no sé si le detuvieron 'sus temorss Ó sus remordimientos, lo cierto es, que pasó mas de un año sin que atentase contra mi vida; bien que en mi situacion hu= biera mirado la muerte como el mayor beneficio comparada con los tormentos que Oprimian' mi cuerpo y mi espíritu. No se separaban de mi pensamiento Selima ni mi madre, y todas cuántas tentativas empleé para “obligar al carcelero 4 que me descu= briese su situacion fueron infructuosas: En este tiempo observé que redoblaba su vigi= lancia y severidad para conmigo, y que fijaba la vista en mí con un aire siniestro, de lo que inferí que Othmán estaba de vuelta, y tenia intencion de deshacerse prontamente de mí. No se engañó mi pen= samiento, pues que tal era su propósito. Habia obtenido licencia para pasar una temporada en el palacio en Cuya vecindad estaba mi-prision, y pensaba hacerme transportar lejos de alli; pero una órden superior le obligó 4 partir inmediatamente para comparecer delante del Soldan. La inquietud y los temores que de él se apode= raron con esta novedad, no le impidieron 33 disponer lo que debia hacerse durante su ausencia, y supe entre otras cosas que no se le habia olvidado mandar me quitasen la vida en el momento de su partida. Una tarde que estaba meditando sobre el horror de mi situacion , vi abrirse de repente la puerta y dirigirse” el carcelero hácia mí. En su rostro se veia menos fero- _Cidad que lo acostumbrado, y despues de varias preguntas me dijo: si juraba por Alá y su profeta guardar el: mayor secreto sobre lo que iba á descubrirme,' por ser cosa queme tocaba muy de cerca. Respondíle que sí: hice el juramento exigido, y empezó por comunicarme las intenciones de Othman con. respecto á mí. Le interrumpf diciéndole: cuan poco caso hacía de la vida, y le supliqué me diese noticias de mi madre y de Selima, que era lo úni- Co que deseaba saber. — ¿Pusmadre? respondió, descansa en el sepulcro. En cuanto 4 Selima', la fuerza en vez de los ruegos ha triunfado de su re- Sistencias» No tuve aliento para oir mas, pues tantos y tan infaustos acaecimientos causaron en mí el efecto del rayo, y abandonándome á la mas cruel desesperacion me ar- A MS S4 rojé furiosamente contra el suelo, y hubie-. ra terminado mi odiosa existencia si hubiese tenido una arma á mano. — Esos' extremos son inútiles, dijo el carcelero, y-en lugar de entregarte á la desesperacion disfruta del placer de la venganza. La vida de Othman está pendiente de un hilo, pues se han dado quejas contra él al Soldan, y segun todas las apariencias no se le volverá á ver. Selima me ba ofrecido por medio de una esclava fiel una suma dema-= siado considerable para que yo la rehuse..... Pero acuérdate de tu juramento: tu no puedes estar libre de él sino par la muerte de Othman. — ¿Dónde. está Selima? at ¡Oh Mahoma! haz que la vea AN yez Y moriré conlento. ¿ | — Está en el Cairo; pero no puedes verla porque correrías el mayor riesgo de presentarte en público. Existen. tambien acusaciones contra tí por el cargo que Luviste en Damasco. —Juro por Alá, repliqué que jamas tuve otro objeto que el bien general y los intereses del Soldan; y si la perfidia de mi hermano ha llegado hasta pintarme con otro colorido es un infame calumniador. NN A A 35 —Tu padre ha. muerto demasiadamente rico, respondió el carcelero. El erario está pobre, y quizá no le pesará ver. forjada una acusacion á cuya sombra pueda apoderarse de la herencia de ambos hermanos. Yo te proporcionaré los medios para huir, y haré creerá Othman que has muerto; pues me ha encargado muy particularmente le informe de estar ejecutadas las ór-= denes que sobre el particular me dió al partir.” Aquella misma noche fui puesto en libertad: salí de la prision acompañado de un esclavo enteramente adicto 4 Selima, con el quemo debia hablar hasta hallarnos á cierta distancia de la ciudad, por ha-= berlo exigido asi formalmente el carcelero. Apenas estuve en el campo dí libre curso á mi dolor y á mi curiosidad. — Ya estais libre, dijo el esclavo; pero aun Bo he cumplido mas que una parte de mi comision pues me resta entregaros esta Carta, Tomé apresuradamente el papel, que Í sin advertir que era de noche, y que Por consiguiente mo podir leerle. Juzgad Cuan largo me pareceria el tiempo que tuve ue esperar hasta que fuese de dia, y con abr DAA A is e 56 h Ja laz enterarme de su contenido. Llegó por fin el momento deseado, y leí lo que sigue: «Si esta carta llega á tus manos, ó mi: »siempre querido amigo, verás que no te »olvido, á pesar de la insuperable barrera »que la suerte ha puesto entre nosotros. » Nuestra dicha se ha destraido para siem=- » pre: por los esfuerzos que Ja víctima ha »tenido que emplear forzosamente para re- »chazar la opresion. Aun espero volver » verte, y entretanto es preciso que te con= » duzcas con una prudencia: sin límites, “» pues de ella depende no solo tu: vida sino » tambien el conocimiento de un secreto »que no puedo revelar mas que á tí. Par= »ticípame que estás en salyo mas no fir- » mes.” Habia en esta carta un misterio que me parecia incomprensible, y que sin embargo reanimó mi valor. Marchamos toda la noche y dia siguiente por el desierto, hasta llegar 4 un bosque próximo á una montaña, hácia la cual nos dirigimos; y donde mientras descansaba, Lama mi compañero de viaje, me trajo algunos vive” res que buscó entre Jos' habitantes de las cercanías, Al otro dia por la mañana emprendi- V Y mos de nuevo la marcha, procurando ale- - jarnos de los parages frecuentados, y despues de un penoso y largo viaje llegamos . al Cairo. Me oculté en un bosque inmediato , mientras que Lama fue á la ciudad para moticiar á Selima el resultado de su comision. Á falta de papel la envié un anillo como testimonio de la nueya que el esclavo iba 4 darla. : Lama volvió la noche siguiente trayéndome otro trage y nuevas provisiones: tambien me dió una carta en la que decia Selima que Othman sospechaba estaba yo en libertad, y que hacia las diligencias mas eficaces para descubrir. el lugar qe mi retiro. “Sin embargo, añadia , se > tienen vehementes sospechas que has pe- »recido víctima de la ferocidad de tu her- y? Mano, y conviene muchísimo que esta Opinion seconsolide Permanecer tan cerca de Selima y no verla era un tormen- to que no podia soportar; pero «ella lo mandaba y yo no tenia otra voluntad que suya. > Onince dias:pasaron de este modo, en Os los cuales recibí noticias de ella, basta que al cabo de este tiempo se pasaron 03 noches sin que Selima me escribieso. tod AI. A A A O Ps BA A e E EA A 58 Aun tenia algunos víveres; pero la inquietud en que estaba por su: silencio me quitaba todo el apetito. En fin, á la caida de la tarde del tercer dia me aventuré á entrar en la ciudad, no pudiendo ya su= frir por mas tiempo tan horrorosa incer= tidumbre. El harem se hallaba á corta distancia del camino por donde tenia que transitar. Volví maquinalmente la vista para contemplar á Jo menos de lejos las paredes que encerraban á mi Selima. ¡Pero cual fue mi horror cuando solo yi un mon= ton de ruinas y una multitud de obreros ocupados en demoler las pocas paredes que quedaban ! En medio de esta escena de desolacion no pensé mas queen Selima: impaciente por saber su paradero me acerqué á ellos para averiguar la causa de tal destruccion, Contestaron á mis preguntas que Othman, hijo del último Visir Achmet, habia sido condenado á muerte dos dias antes, y que Ja sentencia contenia ademas de la confiscacion de sus bienes, que la casa y harem fuesen demolidos, y sus efectos entregados al saqueo. Othman habia roto todos los lazos del cariño que debia existir entre nosotros, y sin embargo no fui dueño de con” 39 tener mis lágrimas á tan espantosa noticia; pero al acordarme de la afrenta de Selima me avergonzé de mi debilidad, y el despecho enjugó mi llanto, Incierto sobre el Partido que debería tomar elegí por último recurso volver al bosque, persuadido que Selima no dejaria de enviar 4 alguno en mi busca si hallaba medio de hacerlo. Fatigado Achmet de esta relacion pidió permiso para suspenderla hasta el dia siguiente, CAPÍTULO vil. Voto; á mi asilo, prosignió el sarraceno, en un estado dificil de explicar: la agitacion e Mis pívito comunicaba á mi cuerpo un temblor general; una sed ardiente me devoraba, Y la imágen de la muerte me seguia por todas partes. La oscuridad del Osque, interrumpida de tiempo en tiempo Por la pálida y escasa laz de la luna, con= tribuia 4 perturbar aún mas mi imagina- “On y aumentar mis negros presentimien- 60 tos. Abandonado á mi desesperacion , invoqué al profeta para que terminase mi existencia. “Estoy absolutamente soloen el mundo, exclamé. Mi cruel hermano ha sufrido la pena que merecia su infamia, mis padres no existen, y aquella que podia ayudarme á soportar todos mis. males, quiza estará separada de mí para siempre. ¡Desgraciado Achmet!” Á este tiempo crei oir una voz que decia, Achmet: escuché con la mayor atencion, mas no volví á oir nada; por lo que me persuadí que el eco era quien habia repetido mis últimas palabras. “¡Ay! continué, el mundo no tiene ningun atractivo para mí. ¿Dónde debo buscar á la que adoro? ¡Ah! Selima ! Selima! Selima! repitió de nuevo la misma voz pero con un tono tan penetrante, que conmovió vivamente mi corazon. t* Espíritu celestial, exclamé, vienes aquí á ofrecerme consuelos? Preséntate á mi vista, habla, dí lo que exiges de mí pues estoy pronto á obedecerte.?? . Por aquí, respondieron con un acento muy débil. Entonces conocí que aquello no era ya ilusion. Dirigí mis pasos hácia donde se me figuró partia la yoz, pero estan- 61 do la luna oculta entre las nubes me lastimaba contra las ramas de los árboles, y buscaba inutilmente la persona cayo dulce €co traia á mi memoria la melodía del de Selima. Un temblor universal se apoderó de mí al oir un doloroso gemido : maldije la funesta idea que me habia inducido á salir del bosque, pues no dudaba que Selima habia venido á él durante mi ausencia y que acometida y maltratada por algunos salteadores exhalaba el postrer aliento. La llamé por su nombre en alta yoz, pero nadie me respondió, y despues de algunos instantes de silencio un segundo gemido APresuradamente...., ¡Oh cielos ! cómo po= dré espresar mi despecho y mi sorpresa ! Era la misma Selima ; estaba fria, inani- Mada y á punto de espirar. Al ver la im- Posibilidad en que me encontraba de so= COtrerla olvidé todo cuanto me prescribia sa Prudencia ; la lHamé por su nombre, la 'Mundé con mis lágrimas , la abrigué con mi : 7) . . Dis vestidos Y procuré reanimar su Cspírio OMO 11, 5 68 to, Y la sangre de Othman pediria tambien venganza contra tí. En varo procuré combatir la repulsa de Selima. Era inmutable en sus determinaciones , y sin embargo yo estaba seguro de que me preferiria á la vida y á la libertad. Joppé era por entonces el objeto de nuestro viaje. Allí debia saber el secreto de que me hablaba en su carta, y que solo á mí podia descubrirle. Mi madre previendo la tiranía de Othman , habia enterrado en el jardin del harem una suma considerable tanto en oro como en diamantes, cuyo se= creto solo 4 ella habia confiado para que en caso de necesidad me Jo descubriese como un recurso reservado para nuéstras necesidades. Su rapto ocurrido poco despues, y la muerte de mi madre que se verificó casi inmediatamente, impidieron que ni siquiera se sospechase la existencia de tal tesoro. Resolvimos desenterrarle y salvarnos “en un pais extrangero para estar libres de toda inquietud. Continuamos nuestra marcha siempre de noche, y ocultándonos por el dia. Yo Mevaba las provisiones en una cesta y una botella de “agua, que cuidaba de Henar siempre «que: encontraba proporcion. Un 69 camellero. que iba 4 Roseta nos alcanzó en el desierto ; nos agregamos á él, mediante una cantidad en que convenimos, y á este feliz encuentro debí la salvacion de mi amada compañera, que sin este recurso habria perecido en aquellos vastos arenales, Digímosle que habiendo sido robados por los árabes pudimos ocultar de su rapacidad una cantidad de oro suficiente para salisfacer los gastos del viaje. Por último, Megamos á Joppé sin ningun accidente, y dirigimos nuestros pasos al harem , que hallamios arrasado y destruido como todas las demas posesiones de Othman. Por mas triste que fuese para nosotros aquella vista, nos sirvió sin embargo del mayor consuelo en nuestra situacion, pues confiabamos que las ruinas nos 'ofrecerian un asilo seguro, facilitando mejor nuestras Investigaciones y el transporte del tesoro escondido en ellas; pero aún no estaba saciada la codicia de los agentes del gobierno: todos los dias venian desde la ciudad atraidos por la esperanza del botin, y aunque Conociésemos Sélima y yo mucho mejor que ellos las entradas y salidas de * aquel Parage, tuvimos muchas veces-bastante tra- Jo en sustraernos á sus miradas, nn AAA - e di 5 pre lic ici 72 cia seria para mi mayor que la misma muerte?” Yo la aseguré que nada teniamos que temer, pero ella guardó un profundo silen= cio, y despues de una-larga pausa dijo: **Ahora recuerdo haber: oido decir en otro tiempo que en este edificio habia varios subterráneos, en los cuales encerraba tu padre á sus cautivos; éstos deben: existir* aún , y quiza no los han: visitado todavia los encargados del gobierno porque se harán cargo que no contienen nada que pueda tentar su avaricia. Tratemos pues de descubrirlos prontamente: allí estaremos de dia con mas seguridad , y de noche ha=- llaremos abrigo contra el frio. ¡Ojala « el cielo me conceda prontó la fuerza necesaria para dejar tan: espantoso albergue ó me lame á sí, para que tu puedas: buscar otro mas pacífico!» de Estas palabras: de Selima qu ali micorazon: No ignoraba yo: que habia subterráneos en «el edificio, pero no estaba cierto del parage en que se hallaban situados. No peruritió absolutámente tomásemos descanso hasta descubrir el sitio en que eh is hallado. Llevé á-él cuanto enc las ruinas y que creí á pro- .- 73 y pósito para la comodidad de Selima, habiendo quemado antes algunos arbustos secos que recogí en el jardin para purificar aquella mansion del aire mal sano. Tomadas todas estas precauciones pensé en cumplir con otras no menos indispensables. Para eyitar el riesgo que corria de iv con frecuencia á Joppé, lNevé un dia al subterráneo una gran cantidad de víveres; y por este medio solo una vez me he separado de Selima en todo el tiempo que habitamos aquel calabozo. Por mi parte hubiera arrostrado los mayores peligros para colocarla en una habitacion mas cómoda, pero ella jamas lo consintió, ni menos logré disi par sus temores. ¡Ay! mi historia toca ya en el instante en que la dicha desapareció entera= mente para mi en este mundo. La debili= dad de Selima iba cada vez en aumento; $u rostro me indicaba el terrible golpe que iba á caer sobre mí, + pues al examinarla un dia con atencion noté que hablaba con mucha dificaltad, y que el frio sudor de la Muerte corria por su frente ttAchmet, me dijo: veo con placer que pronto Estarás libre £ MD peso que podia arrastrarte á tu rui= Ma si debieses sostenerle por mas tiempo, To- - / ma el tesoro que tu madre te ha reservado y huye lo mas pronto que te sea posible de este odioso pais? ¡Ah! estas palabras fueron las últimas que ebria: No puedo acordarme de tan horroroso momenlo sin llenarme de la mayor amargura.” Al llegar aqui cesó de hablar el sarraceno, pues la fuerza de su emocion Je impidió continuar su triste historia. Jacobo le rogó la suspendiese hasta el dia siguiente, y se encargó de explicar entretanto á sus amigos lo que acababa de oir. ARANA UVA VU UVA VU VV VA VU VU VV VA VVUVV VW CAPÍTULO VIL Selima, víctima de un infame tirano, prosiguló Achmet, no por eso perdió su inocencia á mis ojos. Me pareció tan pura el dia de su muerte como aquel en que la to= mé de los brazos de su madre en el cementerio. ¡Ab! mi pena no conoció límites. pirado en mis brazos, y á lo que pude ] estuve por tres horas privado enteramente de conocimiento. Al recobrar pá 75 el sentido aun Ja tenia estrechada contra mi seno, pero fria é inanimada: me era imposible separarme de ella. La coloqué suavemente en su lecho sin apartar de su rostro mis miradas, lisonjear do con la esperanza de que aun «respiraba. Procuré hacerla tragar una gota de agua; pero ¡ay! volvió á caer en mi mano. A esta vista caí desmayado otra vez, y creo que permanecí un dia entero en este estado hasta que el aguijon del hambre renovó en mí el sentimiento del dolor. Al volver del segundo desmayo vi á Selima tendida junto á mí pálida y desfigurada. Este espectáculo me causó una terrible sensa- CIO , cuya amargura solo fue suspendida por la necesidad que empezaba á sentir de tomar algun alimento y por las lágrimas que derramé en abundancia. Fúi con pasos trémulos adonde estaba la cesta de las pro- Visiones; bebí un vyaso de agua y comí Unos Cuantos higos, Esta escasa comida reanimó un poco mis fuerzas, y hallándose algo mas aliviado mi corazon con el llanto, traté de tributar á Selima los últimos deberes. La coloqué en el sepulcro que abrí con una” barra de erro que hallamos en las ruinas, con la ”6 cual habiamos desenterrado nuestro tesoro, y que sirvió entonces para sepultar otro aun mas precioso que todos los que el universo podia suministrarme. Figuraos, si es posible, el horror que experimentaría en esta ocasion, y cuanto sufriría mi alma al separarme para siempre de un objeto querido. Despues de la muerte de Selima me abandoné enteramente á la indolencia y al desaliento. No queria alejarme de las ruinas, -y no tomaba otro alimento que las frutas que encontraba en el destruido jardin. Pasaba los dias en el calabozo, y las noches bajo la higuera que daba sombra á los restos de mi Selima; y esta triste estancia me hubiera servida de morada el resto de mi vida si no me hnbieseis descubierto en ella. 22 Luego que hubo concluido Achmet su triste historia le preguntó Jacobo si habia conocido á algunos de los esclavos cristia= mos encerrados en Otro tiempo en aquel calabozo. Respondió que no, pues única» mente Othman era quien sabia Jos secretos de su padre, aunque no ignoraba se habian encerrado alli 4 muchos cristianos, de los cuales ninguno salió con vida, a esgracias de Achmet no podian itar el interés del barow Dsmenos de e J 4d 77 Pointz y de sus amigos: no hay lazo que tanto estreche y que establezca mas pronto el afecto entre las personas como el infortunio, y todos excepto Fitz Hugo le cono- - Cian. Sin embargo no estaba exento de pe- Nas, porque hallándose tan estrechamente unido con Pointz, ¿cómo hubiera dejado de sentir las de su amigo? Pero al menos éstas no eran personales, aunque ya se acercaba el momento en que él mismo debia tambien experimentarlas, Cuando Achmet concluyó su lamentable historia los dos caballeros salieron de la tienda, y se separaron para ir segun su costumbre á reconocer el campamento y cerciorarse por sí mismos si los peregrinos se hallaban en estado de embarcarse para Europa, Esta ocupacion duró mucha parte del dia, Al fin, cuando el baron «concluyó 2 Vevista y se disponia á volyer 4 su tienda, halló á Beltran que con Alan y May= nard iban á dar un paseo alrededor del Sampamento: determinó acompañarlos, yá Poco se suscitó entre él y el jóven peregrino una conversacion interesante; Pointe solo tenia un pensamiento que le. dominaba; la tristeza se habia apoderado» de él Z desde que leyó las Memorias de Cristabela, 6. OMO 11. 78 ! cuyo contenido no se apartaba” 'un punto de su imaginacion. Al observar Beltran su aire triste y pensativo le dijo: —Milord, veo con sentimiento la pro= funda sensacion que ha causado en vuestro señsible corázón la historia del desgraciado' Achmet; pero él ha: encontrado en vos tun protector generoso no mitigará sus pesares. “> —Sí, y mas fácil me seras ofrecerle nuevos consuelos que hallarlos yo mismo. Dijo esto suspirando;' y despues de uh momen- to de silencio continuó levantando la yista y la voz al cielo. ¡Dios mio!¿quién podrá jamás penetrar la enorme” tristeza que pesa sobre mi alma? Privado desde mi infancia de las mas tiernas caricias de una madre, todavía quédaba una persona para hablarme de'ella, para'compartir mis pe- - sares expresándome' su maternal amor , y | aun quizá para hacérmela conocer. | Mientras que Pointz' hablaba de este modo , Beltran estuvo: inmóvil con los ojos fijos en él, manifestando en su semblante la mayor” sorpresa. “Si “amigo, pro" creyendo adivinar Jo que pasaba exior del jóven; es preciso que t* 79 asombro enterándote, si es posible, de un sentimiento incomprensible. para mí mismo. Cristabela de Mowbray excitó. por argo tiempo en mí una secreta envidia, Objeto del cariño de mi madre, juzgaha me habia usurpado una ternura que ' debia pertenecerme exclusivamente ¡pero despues que he podido "apreciar mejor su conducta, Y: que su alma ha. aparecido +4 mis ojos en el y anuscrito de que la ca- ,sualidad te ha dado conocimiento, loro en .€lla una tiernísima hermana: —¿Luego participais del afecto que ella 05 babia profesado ? replicó vivamente Beltran. Á lo menos m ¿Quién no habría amado á Cristabela teniendo una alma cual pintan sus Me- Morias ? aveo, Milord , cuanto es vuestro res- Peto hácia la mas sensible y cariñosa de $ Madres. Pero el exceso del amor filial 9s lleva sin duda demasiado lejos, pues E 86 ' Le hemos conducido al puerto de Joppé, declarando que estamos prontos á entregarle mediante una suma de seiscientas doblas. Pero para concertar el coumplimiento de nuestros deberes con la indulgencia, Os prevenimos que si esta suma no se nos remite en el término de dos horas, el prisionero será enviado con buena y segura escolta al Cairo, donde ya no dependerá de nosotros el libertarle.?2 La dureza de esta condicion hacia inutil el recurso que presentaba el tesoro de Achmet, porque la gran distancia de Jas ruinas no permitia hacer el viage en un tiempo tan limitado. En este. crítico momento era muy urgente tomar un partido decisivo. Beltran aconsejó al baron no se detuviese un instante en' recurrir á algu= nos caballeros para reunif.«una suma que no le seria dificil hallar puesto que al dia siguiente babia seguridad de restituirsela, prometiéndole por su: parte emplear sus débiles medios á fin de interesar á los peregrinos que él sabia se hallaban en estado de contribuir á la libertad. de un caballero de la Cruz. ciadamente el éxito: no correseS 87 babian agotado sus recursos con la larga mansión en la Palestina y con los piadosos donativos que á porfia se habian hecho á la capilla de san Juan; de manera que cuando Pointz reunió las sumas suministradas por la buena voluntad de sus ami- $0s, vió que aún le faltaba mucho para completar la que debia servir :á: rescatar á Fitz Hugo. 0 Al encaminarse á su tienda iba confiado que Beltran habria sido mas feliz que él, y que por su medio podria satisfacer al Cadí, pero no le halló en ella y le estuvo aguardando con impaciencia por algun tiempo: éste corria con velocidad, y el fatal término iba 4 espirar sin que se hallase en estado de dar una respuesta satisfactoria. Entonces resolvió de acuerdo con Jaco bo y Achmet, ir él mismo 4 Joppé á soli= citar el plazo de“ un dia para el pago, mas al irlo 4 poner en egecucion entró apresaradamente en la tienda Fitz Hugo. La sor- Presa del baron fue igual á la alegría de su amigo. Se abrazaron mutuamente: sin poder proferir una palabra, y despues de haberse entregado libremente á: los*arrebatos que tan feliz é inesperada reunion: debia Producir en sus almas, Fita Hugo fue el 88 primero que rompió el silencio. expresan= do su agradecimiento. “No amigo, le interrumpió el baron, yo no tengo otro de= recho á tu gratitud que lós buenos deseos; en cuanto al éxito no lo debes mas que á tí mismo, pues sin duda te has valido para adquirir la libertad de los medios en que segun tu carta parecia fundabas la única esperanza.) : Admirado Fitz Hugo de oir este discurso creyó que Pointz se escusaba de pasar por su libertador, á fin de evitar un agradecimiento que ofendia su delicadeza, — Amigo mio, le dijo, ya que la fortuna me quita la satisfaccion de poder pagarte esta deuda, no me prives al menos del placer que experimento al demostrarte toda la efusion de mis sentimientos, y de reconocer que te lo debo todo... — No, no, replicó el baron, no quiero atribuirme el mérito de una accion 'en la cual no he tenido otra parte, que el deseo de ejecutarla , y si es cierto que tu rescate ba sido pagado, declaro por mi honor que ignoro á quién lo debes.” Hugo calló al oir estas palabras, seguridad que adquiria de LÁ su amigo del beneficio que mm. 89 disfrutaba, contribuia á aumentar mas su confusion; porque cuáles podian ser las razones, decia entre sí, que obligaban á su libertador á permanecer incógnito; y quién era el que entre los cruzados se hallaba en disposicion de hacer un sacrificio tan súperior 4 las facultades de los mas principales de ellos. “Solo hay un medio para aclarar tan extraño misterio, continuó dirigiéndose al baron, y mi corazon mas que la curiosidad me impele 4 emplearle inmediatamente. Un religioso de san Juan ha entregado al Cadí el precio de mi rescate, él es quien puede darnos las noticias que deseamos : voy corriendo á buscarle,» mótás Pointz aprobó esta determinacion' y *compañó-á-su amigo 4 la' capilla. Fitz Hugo conoció al venerable sacerdote que se habia encargado de negociar su Jibertad que aún estaba dando gracias al Eterno por el éxito: feliz de su diligencia. Aguardó que concluyese su oracion para preguntar= le y suplicarle al mismo tiempo le sacara le la penosa agilacion en que le ponia el silencio de su bienhechor. A “— Ignoro su nombre CorhíO vos, res- Pondió el religioso, y cualquiera que sea el 9 o y -motivo que le obligue guardar el secreto debo respetarle. Pero no puedo callar que vuestra alegría al recobrar. la libertad apenas igualaba á la que brillaba en sus ojos cuando me entregó los diamantes que han servido para rescalaros. ' -— Pero 4.lo menos ¿cuál es su edad? preguntó el baron. ación A En este momento los ojos del. religioso se volvieron hácia lo interior de Ja capilla, en ademan de observar á un hombre que se ocultaba en ella. Fitz Hugo se dirigió 4 él y reconoció á Beltran. La confusion de éste, su encendido rostro y una seña dirigida al religioso, que sorprendió el baron; fue lo bastante para explicar á los dos amigos el enigma que tanto descaban descubrir. “Basta, exclamó Pointz, es el mismo, es Beltran; porque ¿quién otro que él seria capaz de una accion tan noble?” -——Eljóven peregrino estaba confundido: quiso hablar para disuadir 4 sus amigos de la ninguna parte que tenia en ella, pero le faltaron las palabras: el buen religioso derramaba lágrimas de regocijo y lernura al observar aquella escena muda de gratitud d. Entonces Fitz Hugo se arbrazos de Beltran, Namándole en A EE A nerable min 91 voz alta sur libertador. Pasados los primeros transportes, el baron quejándose de la misteriosa conducta del peregrino, le dijo: —¿Por, qué dándonos á cada paso tantas pruebas de: tu amistad: recibimos tan pocas de tu confianza? En vano pretendes ocultarnoscom ese trage de peregrino la nobleza de tus sentimientos y tu delicadeza. Acaba por favor de tratarnos como amigos, cesando de cubrirte con el velo de un misterio” que “ya es injurioso: para nosotros, A, | - — Conivéngo en que mi clase no es la que la prudencia me ha aconsejado apa- *entar hasta ahora y respondió Beltran; pe= ro'á esto es 420 que se limita la confianza que me es permitido tener con vos. El destino de mi vida depende de mi discrecion “Y cuando Vegue el momento en que pueda, _Fomper- el voto con 'que estoy ligado, Tedhunciar 4 toda especie: de reserva, juro á-los pies q eeste altar y delante del ve= istro que me escucha, que vos sercis el primero:4 quien instruya de unos Pormenores , 4 los: cuales la amistad que me Profesais "parece da tanto valor.» la respuesta, sin satisfacer entera- Mente la curiosidad del on, destruia 9% j todo el derecho que él creia tener para reconvenirle, pues lo que la falta de confianza hubiera hecho imperdonable en otras ocasiones, era en aquellos tiempos respetable y sagrado cuando á ella acompañaba la de un voto solemne: por Jo. mismo aparentó quedar satisfecho. con esta explica= cion, y cesó de hacerle mas instancias so= bre el particular por. considerarlas inútiles é intempestivas. . Al día siguiente muy de madrugada, los caballeros seguidos de Jacobo y Achmet se dirigieron á la tienda de Beltran, y le suplicaron fuese en su compañía con Maynard y Alan, á visitar por última vez las ruinas y sacar el tesoro de Achmet : el baron iba guiado de otro motivo de mayor importancia ; cual era el de examinar un parage que tanto le interesaba , por la descripcion que de él se hacia en las memorias de Cristabela. Atravesaron el bosque y entraron en el destruido harem por el jardin. El primer objeto que se presentó á su vista fue una higuera, Á la que dirigió Achmet una mirada melancólica, por donde infirieron sus compañeros que allí estaba el sepulcro de Selima. Todos expresaron con un Tes- 4 00 petuoso silencio la parte que tomaban en Ja afliccion del sarraceno; pero Beltran se acercó á él, y estrechándole la mano mezcló sus lágrimas con las suyas. Cuando vió que se disponian á internarse en las ruinas, pidió por favor le excusasen de ir en su compañía, pues no queria exponerse á Jas terribles conmociones que experimentó anteriormente, y se quedó fuera con Maynard y Alan. - Al entrar Acbmet en el calabozo, sin tió que el corazon se le oprimia. Jacobo no sufrió menos por su parte,' mientras que el baron no podia reprimir el llanto al acordarse de los Mowbrayhabria sufri t0s0 subterráneo. Dejaron prontamente un sitio que les iraba tan melancólicos recuerdos, y se Sieron al jardin donde les aguardaba un espectáculo de otra naturaleza, Hallaron al jóven Beltran de rodillas y clavada su vista en el cielo derramando tiernas , lán $rimas sobre la tumba de Selima : Achmet se dirigió precipitadamente hácia él, y estrechándole tiernamente entre sus brazos, 'e dijo en su idioma estas palabras. intera Pumpidas por los sollozos: “Jóven admi= OMO 11 , padecimientos que do en aquel espaninsp dirj 94 rable! Esta es la primera vez que disfruto de algun consuelo despues de la pérdida de mi Selima. El cielo, no hay duda, acogerá” | benignamente las súplicas de un corazon 4 tan puro como el tuyo.” En seguida se arrodilló al lado del peregrino, y tributó co- ; mo él sus homenages á la divinidad. , Luego que Achmet concluyó con tan | piadoso deber, indicó al baron y á sus amigos el sitio que ocultaba el tesoro. Se dieron priesa á desenterrarle, y colocándole en un gran cofre, volvieron al campamento. Las riquezas que contenia eran infini-- tamente superiores á la idea que habian formado el baron y sus amigos. Achmet - los obligó á aceptar algunas joyas y brazaletes riquísimos que distribuyó á cada uno [| en particular, regalando á Beltran un ro-. sario de inestimable valor, de cuyo remate | pendia una cruz de diamantes. —Os admirará sin duda, le dijo , ha” - llar aquí este símbolo de vuestra creencias pero era de aquella esclava cristiana de que ya os he hablado, de la desgraciada Marí Lapole , que se refugió en Europa par? huir de las persecuciones de mi padre, Des” pues A e se lo regaló á mi ma” dre para que le destinase á otro adornó . $ 95 mas análogo 4 su gusto ; pero por fortuna no ha mudado aún de forma, y creo que asi tendrá mucho mas valor á vuestros ojos. El primer impulso de Beltran fue el de aceptar aquella albaja, pero se detuvo al reflexionar Ja magnificencia del regalo, El baron notó su confusion y adivinó el motivo. Er --— Amigo mio, le dijo ,-hay en este mundo ciertos caractéres exentos de toda sospecha, y tu puedes manifestar sin el menor temor de ella el deseo de poseer un tesoro, cuyo único mérilo para tí, es el haber pertenecido 4 la virtuosa de todas Jas Mmugeres, Al mismo tiempo tomó el rosario y le puso al cuello » CUya alegría se: dejaba ver al través del vivo sonroseado de que estaba cubierto su rostro. Mas santa y mas LO libertad las defendieron con denuedo é intrepidez: En lo mas encarnizado de la pelea el baron encontró al Cadí, que partió contra él enfurecido levantando el pesado alfange sobre su cabeza. Pointz esperó con serenidad á su adversario; paró el golpe con el escudo, y al mismo tiempo le atra=- yesó el pecho con la espada. Jacobo, con una audacia y ligereza que no habian debilitado el tiempo ni sus desgracias, se abria paso por entre los infieles á Ja cabeza de un puñado de valien=> tes sembrando en su alrededor la muerte y el espanto, mientras que Fitz Hugo con otros pocos soldados cortaba la retirada á los sarracenos para impedir que refugián=_ dose en Joppé alarmasen 4 los habitantes, y volviesen con nuevos reluerzos.. En éste momento llegaron las lanchas á la ribera para recoger los caballeros y soldados que faltaban. Viendo. los marineros el desorden que reinaba entre los sar= racenos, trataron de hacerle aun mayor reuniéndose con sus hermanos, Dispersos ya los infieles y desalentados sobremanera por la pérdida de su gefe, huyeron preci- Mero. a en un cercano hosque, y mw *t . 103 Los cruzados tenian poco tiempo que perder, y no pensaron en perseguir á los fugitivos: recogieron los heridos y los llevaron á bordo lo mas pronto y cómodamente que les fue posible, Beltran manifestó una excesiva alegría al ver á Pointz á quien abrazó tiernamente, congratulándose de su precaucion en embarcarle con tiempo. Achmet no hallaba expresiones con que demostrar su gratitud y sorpresa al enterarse de las circunstancias de un com= bate en que tanta parte habia él tenido contra su voluntad. Se acercó al baron , y tomando su mano que estrechó afectuosa= mente, puso al cielo por testigo de la sin= Cera amistad que siempre le profesaria. Aquella misma tarde se levantó un: vien= to favorable con el que se hizo el convoy á la vela, y en pocos dias llegaron á Si= cilia, donde hubo: que detenerse algun» tiempo para ¿cuidar del restablecimiento de los enfermos y procurar el necesario descanso á Jos demas. Desde su salida de la Palestina: Jacobo fue ó á Achmet en la lengna inglesa, a que podria serle util en la nueva pat adoptaba, ria que IAVVVVVUVYVVVVULVY CAPÍTULO X. Los cruzados dejaron la Italia cuando el viento les permitió proseguir su viaje. Sur=- caron sin ningun contratiempo las costas del Mediterráneo, y despues de pasar el Estrecho de Gibraltar y de doblar el golfo de Vizcaya, llegaron felizmente al puerto de Penzance en el condado de Cornouai= Mes. Los peregrinos franceses, alemanes é italianos se habian separado de los in-= gleses en Sicilia, aprovechándose para regresar á sus hogares de los buques de sus respectivas naciones que hallaron.surtos en diferentes puertos de Italia; de modo que de ocho buques que salieron de Palestina, solo cuatro llegaron á Inglaterra , donde todavia hubo una segunda division. Los sacerdotes; los monges y la mayor parte de los peregrinos marcharon los unos á sus monasterios y los otros á sus casas; Solo qu los enfermos y aquellos 4 quienes el ex csivo cansancio obligaba á sy e” ¿Ena « E 105 esperar algunos dias para recobrar sus fuerzas antes de continuar el viaje. El baron se aprovechó de esta ocasion para enviar 4 Gregorio á sus dominios de Hampshire con órden de traerle las rentas que se hubiesen recaudado durante su ausencia. , Sentado el campo, todos se entregaron al placer de verse salvos en su patria. El baron pensaba recorrer sus posesiones del Mediodia de Inglaterra antes de ir al castillo de Latimer, y hubiera querido que Ja cobo y Achmet le acompañasen; pero impaciente el primero por ver al único antiguo amigo que poseia, respondió que su intencion era la de dirigirse sin tardanza al condado de Durham donde. esperaba Encontrar aun vivo á Laroche. Achmet, que no acertaba á separarse de él, quiso tambien ir en su compañía. Viendo Pointz esta resolucion no se opuso á ella; pero exigió que á lo menos fijasen su residen= cia en el castillo de Latimer hasta que él Pudiese reunirse con ellos; cuya oferta aceptaron con reconocimiento , y al dia si= guiente se separaron. y El deseo de volver á ver 4 unos amigos sin los que no le era dado pasar un insra -. al .» 106 tante, habria seguramente decidido á Pointz á marchar á Hamspbire al mismo tiempo y concluir prontamente los negocios que le alejaban de ellos por algunos dias ; pero no era dueño de seguir el impulso de su corazon, mayormente cuando tenia que cum-= plir con un deber que miraba como el mas sagrado é indispensable, y que ho debia posponerse á la amistad: éste era el de prodigar sus cuidados á los enfermos y á los que aun no se hallaban restablecidos de las heridas que recibieron en el combate sostenido en fayor de Achmet, y darles las re= compensas ofrecidas, para lo que era pre= ciso aguardar la vuelta de Gregorio. Sin embargo , el pesar que le causaba la momentánea ausencia de los dos amigos se mitigaba en cierto modo con la presencia de los que aun quedaban con él, El tumulto de los campamentos, la inquietud inseparable por la cercanía y per= fidia de los sarracenos, ya no interrumpian las efusiones de su corazon; pudiendo con= sagrar libremente todos sus instantes á la amistad. Fitz Hugo veia que su inclinacion á Alan tomaba cada vez mayor incremen- to, pues las' prendas y bellas cualidades que diariamente Necubria en aquel jóven, NB Au z Y . 107 se le hacian aun mas interesante, siendo digno de votar que no obstante los nuevos afectos de los dos caballeros, en nada alteraba el antiguo cariño que se profesa any antes bien parecian ser de distinla naturaleza, La diferencia de edad atraia tambien otra no menor en sus relaciones, que sin disminuir la confianza les imponia mayores obligaciones. Ambos se considera— ban como los amigos y protectores de los dos jóvenes, cuya debilidad era en cierto modo un lazo que estrechaba con mayor fuerza los que ya habia formado el continuo trato. nadó silencio, hasta que por fin mua tarde le halló mas dispuesto á abrirle su pecho, —No me acuseis , le dijo, de un de confianza de que no soy cu COrazon no tiene nada eculto : Pero el secreto que me pediais os revelaso, Mi era mio ni podía descubrirle sin el con- Ja falta ». ” 108 sentimiento de la parte interesada. Hoy que Beltran me ha concedido el permiso para ello voy á satisfaceros; pero bajo la condicion de que os obligueis con juramento á no dejar traslucir jamas lo mas mínimo, no solo de lo que voy á deciros, pero ni aun de la conversacion que en este momen- to pasa entre nosotros.” Este exordio llamó vivamente la aten= cion de Fitz Hugo, que no se detuvo en prestar el juramento que exigia el jóven peregrino. -— Sobre todo, con quien debéis guar dar la mayor reserva, añadió, es con el baron de Pointz, pues de este misterio depende la dicha de mi amigo. —-¡Con el baron de Pointa! replicó Fita sorprendido. ¿Es posible que Beltran trate con tal desconfianza á un hombre de quien «recibe á cada paso tantas señales de benevolencia é interós? Este proceder casi debe mirarse como una perfidia, y sin la gratitud ha yo debo á ese jóven... — s bien, interrampió Alan, que esa misma gratitud sirva para suspender vuest icio hasta haberme oido. Fitz Hugo conoció la fuerza de esta guardó silencio. Lt Y 109 —Ese Beltran, continuó Alan , cuyas Virtudes, buen corazon y generosidad tan-. t0 admirais, excitará aun mas vuestra Sorpresa cuando sepais... Á este tiempo entró nel blcos en la tienda seguido de Maynard y de Beltran, por lo que Alan tuvo que suspender su narracion. Pasaron juntos el resto del dia sin que Fitz Hugo hallase ocasion favorable para renovar una conversacion que tan vivamente habia llamado su curiosi= dad. Sin embargo esperaba, que cuando segun su costumbre, acompañase á los peregrinos á su tienda, lograria satisfacer la, pero el baron fue tambien en su compañía: lo que aumentó su disgusto y le hizo pasar la noche en Ja mas penosa agitacion. Al dia siguiente se levantó” muyde madrugada con el designio de despertar á Alan y oirle sin temor de ser interrumpido; pero al llegar 4 su tienda la des desierta. Llama y nadie le responde: s informa, y sabe que Maynard y los lóves nes peregrinos habian marchado ¡bmediatamente que Pointz y él: se separaron de ellos. Entra de nuevo en la tienda? la registra con sscrupulosidady y y sf encuen Tomo 1. 3 MA du! 110 tra dos cartas encima de la mesa, una dirigida al baron y otra á él. Abre la suya con precipitación, conoce la letra de Alan y lee lo siguiente: «Marcho con el sentimiento de no poder confiaros un secreto que era esencial supieseis. Acordaos de vuestro juramento, y de que Ja menor indiscrecion por vues= tra parte acerca de nuestra conferencia, perjudicará al baron De-Pointz tanto co” mo á mí y aun á vos mismo. Esta última frase produjo en Fitz Hugo la mas viva sorpresa. No alcanzaba como podia hallarse interesado en un negocio enteramente extraño para él, y. confiado en que Ja carta de Beltran aclararía un enigma tan misterioso la llevó sim dete- -nerse á su amigo, que no podia creer la marcha de los peregrinos hasta que se cer= cioró por el billete de Beltran. “El corazon del baron De-Pointz, decia, adivinará desde luego .el motivo que me ha obligado á ocultarle mi partida. He pele de todo mi valor para dejarle, o una despedida demasiado peno- y unas instancias á que no habria tir. Sin embargo no me alejo 'ACercarme á la persona á quien: JIx tengo consagrados mis mas “caros y tiernos sentimientos. Pronto debe pronunciar una sentencia de la que ya á depender la fortuz na: ó desgracia de mi vida, y en breve tambien, libre Beltran de su juramento, no tendrá nada oculto para su generoso protector,» 24 El baron quedó inmóvil de asombro, y con la. vista fija en el suelo por algun tiempo, hasta que saliendo de sus reflexiones dijo á Fitz Hugo, ¿Quién podrá explicar tan extraña conducta? ¡Beltran conocia el amor apenas acabado de salir de la infancia, y ha podido por tan largo lieMpO «encerrar en su Pecho un Secreto que todas lás fuerzas de la edad madura apenas son bastantes á conte ner! Yo le he abierto enteramente mi com Yazon y conoce mismas ocultos pensamien= tos, Y jamas mi confianza pudo grangearse la suya: 510, no era amigo mio... Dj o esto se entregó de nuevo á una E meditacion, Hugo estaba no menos confuso “On el. contenido tan contradictorio de las dos cartas que acababa de leer, A de re- Somendaba Ja mayor circunspection sy tran prometia una entera Y próxima “onfianrza, de doude inferia que Ano ú otro AAA e a -— Ñ 118 —¡Ojala os oiga el cielo , padre mio! > Estas palabras fueron las únicas que contestó bajando la vista; despues de lo cual hizo una prófanda reverencia, y se alejó de aquel sitio. Jacobo y Achmet pasaron todo el dia en “domipañía de los religiosos: lo mismo hicieron' los siguientes, é insensiblemente “se acostumbraron á iS casi s0c0N sus instantés, La vida ejemplar de Anoeta venera= bles sacerdotes, junto con: el espectáculo de los beneficios que esparcian en toda la comarca, penetraron el corazon de Achmet. El deseo de-iinitarlos le: inspiró el abrazar una religion que enseñaba á practicar tantas virtudes, pidió al pié de Jos altares el título de cristiano, abjurando” los errores del islamismo y de'su falso profeta: Entretanto se esperaba de un dia 4 l baron Dé-Pointz. Todo estaba preparado en el castillo para su recibimiento. wa Cicely de que su amo daria la precuarto de su buena madre no se olvidó de: reemplazar la fúnebre colgadura e tapicerías risueñas y agradables. ciencia de Jacobo no «tenia Tí mites. Todas las mañanas montaba á Ca- y 2 tn 119 hallo, y se alejaba algunas millas del casti- Jlo por el camino que debia traer el baron, con la esperanza de encontrarle, Al fin lle gó el deseado momento, -y la presencia del señor del castillo colmó de regocijo á sus amigos y vasallos. Laroche vino á manifestar con sus lágrimas el placer que experimentaba al ver otra vez al baron; y la tierra de Latimer ofreció en adelante el cua= dro de una reunion tan extraordinaria como interesante de cinco verdaderos amigos, Nose ocultó á Pointz Ja. mudanza he= cha por Cicely en su habitacion : “consideró esta oficiosidad como una señal. de aprecio y de respeto que agradeció de corazon: sin embargo le parecia que aquel: aposento ha= bia perdido una parte desus atractivos, porque no representaba ya tan exhclamen= te la imágén de la tristeza y del dolor de. Cristabela de Mowbray. Solo se conservaba en el mismo sitio el cofrecito de ambar, al ¡Ah! dijo, ojalá que tu dueño h vido lo bastante para formar una ' mas favorable de Felipe De-Pointz. Si he de Juzgar por lo que siente mi corazon desde, luego aseguro que no me habria sido difi- . mr 120 cil cumplir con los deseos de mi madre, porque dejando á un Jado la belleza de su pupila como la menor de las. ventajas, ¿acaso existió jamas una mugerque haya reunido tantas virtudes y talento ?-. Estas ideas le ocuparon parte de la moche, y aun le: persiguieron durante:el sueño, hasta que' por la mañana la presencia de sus amigos disipó: la tristeza que habian despertado en su alma. Al principio desu mansion en Latimer experimen= taron sus penas algun alivio; pero bien pronto volvió 4 entregarse á su melancolía habitual: cuando estaba solo, la imágen: de Beltran no se apartaba de su memoria, y al lado delas personas cuya compañía le era tan grata , conocia que la impresion:causa= da por lapresente felicidad , es débil en comparacion de la que excita el pesar de otra que se ha perdido. A) CAPÍTULO XII. Mas de un mes se pasó sin que los dos caballeros tuviesen noticia alguna de sus jóvenes amigos, perdiéndose en yanas conjeturas sobre tan largo y extraordinario silencio. Pointz se informaba por todas partes: escribió 4 Hamsphire, creyendo que Beltran habria ido á buscarle á aquel dominio ; pero nadie habia oido hablar de tal peregrino. Desde entonces fue mayor su inquietud, asi como la: de Fitz Hugo. La carta de Alan, que leia á menudo, aumentaba sus pesares, y se acusaba en su inte= rior de mo haber andado mas diligente para averiguar el resto del importante secreto del cual dependia, segun Alan, la felicidad de su amigo. Una tarde que retirado en su cuarto, y pascándosé pensativo estaba abandonado á estas meditaciones, vió un papel encima de la mesa. Sé acerca y No acierta á creer si es realidad ó ilusion de sus sentidos lo que se presentaba á su 122 vista. Era una carta de Alan que abrió apresuradamente, y leyó con la mayor sorpresa lo que sigue, «Habeis cumplido vuestra promesa, de consiguiente yo debo ser fiel á la mia, advirtiendoos que ahora mas que nunca es necesaria la prudencia: mañana al rayar. el alba os espero en el pabellon que está al extremo del bosque? 5 El contenido de este billete impidió 4 Fitz Hugo entregarse al sueño aquella no= che, y ninguna le pareció tan larga en su vida. Contaba impaciente las horas, y se levantaba á cada instante como si por es= te medio apresurase la venida de la aurora: Apenas empezó á distinguirse el débil crepúsculo del dia, salió del castillo sin. ser visto de nadie, en lo que no fue poco di= choso, porque aun no se habria alejado neuenta pasos de él, cuando el baron que mbien babia pasado la noche en una pe= proponerle le acompañase á caza. hallarle fuera de él, bajó al jartretuyieron gran parte de la jmadano, Y | 123 ya era mas de mediodia cuando volvió al castillo, en el que encontró á Jacobo y á Achmet , pero no á Fitz Hugo. Viendo que eran. pasadas mas, de dos horas sin que aún hubiese yuelto, envió algunos criados en su busca, y despues de esperar todavia un buen rato le vió venir á lo lejos. Cor= rió aceleradamente á su encuentro; pero si la presencia de un amigo tan querido disipó por una parte sus inquietudes, por otra le infandió ideas extraordinarias, pues la gran confusion que advirtió en su semblan= te le sorprendió sobremanera. En sus dis- Cursos se notaba una: reserya mal disimulada, manteniéndose constantemente pen Sativo y taciturno sin atender á ninguna de las preguntas que le hacian, sin que nada fuese bastante:á sacarle de su distrac= cion, Al otro dia y los que le siguieron hubo la misma ausencia y cavilosidad: pero esto no incomodaba tanto al baron como el ver cuán inútiles eran sus estuecs a saber. elorigen de las penas que él creia alormentaban 4 su amigo. Ma ocho dias permaneció en su obstinado y profun= do silencio , hasta que, una tarde que se paseaban juntos, hallándose al fin del parque, le preguntó Fitz alectando la mayor. 126 de su rostro. La* transparencia y la bri- Jlante delicadeza de su tez, dejaban percibir 4 un tiempo los matices del rubor y de la palidez” que manifestaban á cada” momento las “emociones de su alma: Sus negros y brillantes ojos se bajaron al acercarse 4 ¿lla? el baron; ocultando el fuego de “sus miradas unos largos y hérmosos párpados. El brillo del rubí y la blancura de la “mas hermosa perla oriental adornában su bellísima “boca , cuya gracia se “aumentaba “¿un mas por "dos hermosos hoyuelos, que una sonrisa Encantadora forma ba' cil sus 5"lindas mejillas.” . ' ; Delano Pointz ¿con'tal conjunto de gracias exclamó despues de' haberla 'es2 tado contemplando” un buén rato: “¡Oh ciclo ! ¿es “esto realidad” ó una ilusion de mi fantasía ?/Pita, habla tu" por "mí, pues yo' no. me hallo con fuerzas para ello.” ¡' hubiesé en aquel mómento mirado á Fit ugo, habria conocido sin “dificultad que 1 irbacion de éste erá igual G la suya; per todo lo que no era as no podia cautivar su atencion. Bella Ana, la dijo el caballero, mi ami- 20 se lamenta de no baberos. visto desde su Megada al castillo, ($ 127 El rostro de Ana se cubrió de un bello encarnado al oir estas palabras y. no se atrevió 4 levantar la vista. El baron temblaba lo:mismo que ella, sin embargo animándose un «poco: procuró disimular su agitacion, y la dijo con agrado: Vuestra respetable madre hace muy bien en sustraer tan-linda persona de los lazos: de un mundo COrrúptor ; pero en vez: dé un tio ráno hallarcis siempre un amigo y un protector en Felipe De-Pointz3 >. Ana QUISO responder y y mo hizo mas que articular algunas Palabras sin enlace Mi ¡conexión:y pero Pointz! menos atento á lo: que ella decia, que maravillado de oir 51 YOZS manifestó: la “mas extraordinaria SOPPresa :y. preguntó: 4: Cicely «con viveza sitenia otros hijos: 5 AY 060981, HN — No Milord, le respondió y Ana es mi hija“ única. 0 “r—¿Y nunca chabeis tenido algun hijo? — Nunca. - 7 sl —¡ Oh cielo, que singular capricho de la naturaleza ! Qué semejanza tan extraor= dinaria! : Interpelado Fitz por el Baron, sostuvo que Ana no se parecia en nada á la Persona 4 quien él hacia alusion. Pero . , 128 Pointz «siempre se mantúyo en suopinion. Á este-tiempo llegaron: Jacobo y Achmet y su presencia interrumpió la conversa» cion. Cicely. y su hija se aprovecharon de esta circunstancia para despedirse del baron, y alejarse de ellos; pero Pointz ocu= pado siempre consu idea, renovó despues de su marcha:la disputa con Fitz Hugo, y quiso saber el parecer de Jacobo...” . —Sí, contestó éste dando un profundo suspiro, sí Milord; he conocido una muger que tenia una: notable similitud con Ana; uná muger que poseia á Ja vez: la inocencia, la hermosura y: la: pureza de; un ángel; pero ah! ya no.vive, y jamas: la habeis visto. -Pointz no esperabá que su disputa despertase tan ,crueles recuerdos en :el alma de Jacobo, y se arrepintió de haberla Me= vado tan/adelante 0 00 Desde aquel momento se convenció del fundamento de una Observación , que | habia ocurrido, y se esforzó 4 de su imaginacion' las ideas que ia sugerido. 110% 129 CAPÍTULO XIII En todo el resto de aquella tarde pudo el baron apartar de su pensamiento á Ana, cuya imágen le persiguió por la noche aun durante el sueño: Deseaba la llegada del dia para hablar largamente con ella y ver si su talento correspondia con su' belleza. Ádemas nadie como ella podia comunicarle las noticias que todavia deseaba adquirir acerca de su-madre y de Cristabela de Mowbray. Debia celebrarse en aquel dia el aniversario de su nacimiento, y como era la vez primera que desde su infancia se halla= ba á tal época en el castillo de Latimer, se hacian grandes y suntuosos preparativos para la fiesta. Despertó apenas fue de dia, y aun permanecia en el lecho, cuando Jlegó á sus oidos una dulce voz que uniéndose 4 los acentos melodiosos de un harpa penetró hasta su corazon ; pero se sorprendió mucho mas al enterarse que lo que cantaban tra el siguiente: 136 - vasallos y domésticos. Habian conocido 4 Pointz en Palestina, y contraido.cón él una sincera y «tierna amistad. Los recibió con cariño, y se apresuró 4 reunirse con Jacobo y Achmet que le esperaban en el gran salon del. castillo con parte de los caballeros de las cercanías. 0” El dia se pasó en regocijos: los vasallos del baron: acudieron al castillo, donde se habian «dispuesto mesas para todos, y á cada uno se le-dió una moneda de-oro en señal del afecto y memoria de su señor. Se bebieron infinitos toneles de vino á su salud, y la música y las danzas se 'prolon= garon hasta la mañana 'siguiente, siendo general la alegría que brillaba por todas partes, Newille y Towers aceptaron la invi: tacion que se les' hizo de pasar algunos dias en: el castillo: antes de. regresár al Vestmoreland donde estaban situadas sus posesiones. 12 137 O MAN ¿ ASÍ Mniivv Co GAPÍTULO. XIV. Koauicod ART , als aos (104019 pol +oból E baron se: habia entregado sin reserva ni «desconfianza 4:un sentimiento. cuya fuerza ' no le dejaba la. libertad - necesaria para indagar su: naturaleza : la: alegría de los que le rodeaban principió al fin á fastidiarle, sin qué tampoco pudiera adivinar de donde nacia esta sensacion involuntaria; y “la necesidad de «estar sin testigos mas bien que el cansancio de: condujo. hácia: el fin de la noche:4' su aposento donde: sé:entregó libremente á sus reflexionesy' alarmándose sobremanera al descubrir el estado de su corazon. Vió que Ana habia producido en él una impresion, tanto mas: profunda; cuanto era mas inesperada. La:amaba, y ya su razon «no Je: ofrecia mas que inútiles socorros. “Me he: arrojado, decia, á: um horroroso precipicio, y no me-queda otro partido que el de una pronta Lagar... ¿Con qué es preciso que yo olvide Ja ju=- Ventud , la hermosura y la inocencia? ¡Ob 138 cielos! cuan feliz seria con tal esposa. ¿Por qué no habré nacido en una esfera humilde, ó por qué el cielo habrá puesto tan inmensa distancia entre ambos? Pero...... La pupila de mi madre, la amiga de Cristabela de Mowbray ¿no puede honrar á todos los que la pretendan? Ciertamente que sí..«...¡ pero la hija de.un vasallo mio!..... ¡Oh vanidad, fantasma insufrible! hasta cuando han de ser los' hombres tus esclavos, y dejarán de sacrificar su verdade= ra felicidad 4 tus ridículos prestigios? El desórden en que se hallaba su imaginacion'con unas ideas de esta naturaleza, no era nada comparable con el que produjo una reflexion: que repentinamente se presentó-4 su pensamiento. Las reiteradas ausencias: de Fitz Hugo,:sucontinua agi- -tacion+'el porfiado silencio interrumpido — re ocasion para hablarle de ra, le persuadió que su amigo amaba á esta jóven, y se acordó que habiendo llegado á penetrar el motivo: de su conduce» tay se propuso interiormente fayorecer su amor dotando á la hija de Cicely. Admirado de la exactitud de estas observaciones, como si fuese la primera vez que se presentaban á su vista, creyó salia de 139 un sueño por el que se habia “dejado seducir, y se horrorizó de sí-mismo. Estas ideas le ocuparon toda la noche, mudando sus determinaciones: detal modo, que aun llegó 4 lisongearse de un triunfo que estaba bien distante de haber conseguido. Por la mañana al reunirse con sus huéspedes se descubria en su: semblante una tranquilidad aparente; y. despues del desayuno les propuso una cacería. >> "Towers la “aceptó, pero Newille pre- Wextando” hallarse 'indispuesto ¡para no ir con ellos, se quedó enel castillo; aunque” el “motivo' era muy distinto del que 'aparentó; Neyille era uno de 'aquellos jóvenes , que sin tener principios enteramente corrompidos ,' afectan una ligereza QUe muchas veces está' en manifiesta con= tradicción con su propio corazon. No era un libertino cónsamado; per: creia que el honor "no" le obligaba 4 respetar los jurameñtos del “amor, y no tenia escrúpulo En” engúñar 4'las mugeres'á quienes diri- 8la sus homenages. Quizá en 'esto na era tán “culpable como podia «creerse. Su ligereza” y presunción alejaban de él las mugeres virtuosas ; y las que se mostraban Sensibles 4 sus declaraciones amorosas es- 14o taban muylejos de poseer las cualidades necesarias para rectificar .las falsas ideas que habia adquirido con el trato de: los jó- “venes de su edad... e obmabiros ada Habia visto aquella mañana 4 Cicely.y Ana'al atravesar la galería, y no habiendo tenido tiempo en este encuentro, paramenz te casual para hablar, á Ja última, propuso "buscar pcásion para: ello. Instruido por, Jacobo del:empleo. de Cicely en el castillo, no consideró-4” Ana. sino. como. hija..de una sirviente»: y «desde aquel momento se, lisonr jeó .recibir:una acogida favorable, si halaba' medio; de proporcionarse una 'entrevista com:ella, Atribuyó 4 su modestia. las señales evidentes de desprecio con,que cor” respondió: 4 sus expresivas, y apasionadas miradas, ' Y. poco, intimidado porel «mal éxito de esta tentativa, juzgó, imposible que na jóvens des estado. tan inferior. al:suyo - tuviese. elyyalqr,megesario para: resistir sus ataques por mucho «tiempo, Penetrado., de Pp iento y resuelto: 4, tener. ,una conversacion con ella, se excusó de acom- «pañar. al baron, y apenas, Je vió, fuera del castillo! se puso. á, recorrer todas, las habitar «ciones, informándose muy particularmente de la. de Cicely. Sus ocopaciones detenían 4 Ñ 141 ésta en otra parte, y Ana estaba, sola. Cierta de la ausencia del baron y de.sus convidados, y no esperando ninguna: visita, entró en su gabinete, y tomando el laud se colocó junto á una ventana, desde donde se descubria un hermosísimo paisage. No podia llegar Newille en mejor ocasion, pues vuelta de espaldas á la puerta se entretenia en pulsar las cuerdas del ims- - trumento bien agena de que nadie la es- 'cuchase, La estuvo contemplando por algun tiempo admirado y sin interrumpirla, hasta que al fin acercándose á ella dijo: ** No necesitas valerte de un talento tan singular, para ser la persona mas seductora de Lu sexo: miro como uno de los más felices instantes de mi vida el en que me es permitido declararte un amor que me hace perder la razon.? : A Ana se levantó prontamente, echó so= bre él una mirada de desprecio, y se dis. Puso á salir sin dignarse responderle. — No, no, exclamó Newille adivinando su intencion y poniéndose dame de o no me dejarás asi hermosísima Ana. Has sido demasiado tiempo vasalla del baron De-Pointz ; quiero partir mi fortuna con- OMO 11, 10 142 tigo, y que seas desde ahora quien mande despóticamente en mi corazon.» Indiguada Ana al oir semejante lenguaje respondió procurando evadirse de nuevo: «Esa proposicion tan insolente demuestra bien á las claras que sois un vil libertino. Sabed qué el menor de los vasallos del baron De-Pointz es mas digno de mi estima-= cion que vos.” : — ¿Y de dónde nace esa altivez? Conoces mi clase? —- Sí, y por lo mismo es mayor el desprecio con que os miro. Sorprendido Newille de una resistencia que no esperaba, y fuera de sí á vista de tantos atractivos, la detuvo por un brazo. ttAguarda, la dijo, yo te lo suplico, y cuenta con mi generosidad.” — ¡Vuéstra generosidad! No, sois incaz de conocerla. Retiraos ó amaré á quien e socorra, contestó Ana, haciendo un esrerzo con que logró desprenderse de sus Newille intentó detenerla de nuevo, ellá empezó á dar gritos, sin que pof eso se atomorizase aquel jóven atolondrado que se ereja solo en el castillo; mas cuál fue su asombro cuando abriéndose de gol- a 143 pe la: puerta vió: entrar 4:Jacobopreoipi= tadamente en el aposento! o El susto de Ana y la turbación - de Newille dieron 4 cónocer sin otra 'explica> cion 4 Jacobo el motivo de los. temores de laTjóven; Se acercó: á ella: yla ofreció su brazo, echando al mismo tiempo: sóbre:: el Lord una mirada de indignacion : Esta':aparicion tan inopinada le desconcertó de tal mañéra , que no tuvo la presencia de espí= rita necesaria para salir de aquel apuro, de recurrir 4 su habitual ligereza, ni para responder á la especie de provocacion de Jacobo. Quedó inmóvil un buen rato, y cuando volvió de su sorpresa se encontró solo , pues Jacobo y Ana habian salido de la estancia sin que él-lo notase. Animado del deseo de responder á una mirada que él consideraba cómo la invitacion de un desafio, se apresuró 4er en su busca, pero fue detenido: por el baron que volvia de caza con Towers y Fita Hugo. E Precisado 4 contenerse y acompañarlos, no pudo hablar: 4 Jacobo 4: solas. sega deseaba. Esta circunstancia trastor nó su proyecto , porque aquella misma tarde tuvo Yue partir con Towers, y viendo que no era posible explicarse claramente, «se 144 acercó-4 Jacobo repetidas. veces, :procuran-, do hacerle comprender con: sus. miradas lo que no podia decirle de viva voz: al despedirse del baron divigió la vista á Jacobo, y con una marcada afectacion le aseguró que antes de ,mucho.se verian. Esperaba que esta frase seria: inteligible P. poso á quien. se IEA Al mk vu CAPÍTULO XIV. — A Mas satisfecho Pointz, aunque no, mas tranquilo despues de/suúltima resolution) se entregó con.una especie de orgullo á los nuevos sentimientos que habian remplaza= al amor que tenia á Ana. Dos dias enteros combatió con «un-valor extraordinairresistible fuerza que. le arrastraba 1 la habitacion de Cicely.; «pero al cabo de este tiempo creyó que la delicadeza y Ja amistad le imponian el deber. de dar ciertos ps cuyo objeto, decia entre sí,, cesa ba de ser vituperable desde el momento que no. da eran puramente personales. No 143 podia; nistratabx de «pretender que Ana le amase/¿13 pero:acasos debia sremúnciar á su confianza; y:4 la satisfaccion de :serla útil? Ademas: ino: tenia: Fitz:»Hugo. un derecho Para esperar, el:cumplimiento; de: sus promesas ? Estos motivos ' efanvdemasiado jns= tos: y coformes: 4!lai verdadera; honradez, y esto mismo» le determinó á hacer una viz2 sita 'ácAnaAliverda tristeza oque “aparecia en su rostroquedó en: extremo'maravilla= do: da hizo várias preguntas, en las: que desde: luego: sesdejaba: conocer: que la cu= riosidad tenia menos: parte que el interés, Y aun se atrevió 4 redoblar :sus instancias ácriesgo de desagradarla .con'la única intencion de: sérvirla.. Permitidme, la dijo, Os 'suplique meilustreis sobre un particu—- lar muy sesencial 4 vuestra felicidad. Bella, jóvew, y; dotada de! las mas escelentes cua= lidades; es cimposible que la: conquista de vuestro corazor mo haya «sido objeto: de los deseos devinfinitos:' adoradores: Habladme con franqueza querida Ana: entre Jos que. se: han: manifestado ansiosos por agredaros ¿hay:alguno tan dichoso que tenga espe- Tanza «de lograrlo? 6 CO E ¿Ana estabas demasiado. turbáda para Poder responderle: | Pa FS e 3 , $ 15% y —+l Ñ 7 3 4 ¿$2 6 TAO , CAPÍTULO ¿:X VE” El acaso presentó muy en breve á Pointa datos que segun todas las «apariencias hu= biera buscado en vano por algun tiempo. Algunos: dias despues de la: peticion: del Lord Newille se ausentó del castillo de Latimer con objeto de. pasar una semana en casa de un vecino suyo, cediendo á-las instancias que delargo tiempo -Je- hacia para ello. Á su vuelta un movimiento ir resistible le condujo: hácia: el aposento Cicely: Ega ya denoche,: y solo la débil Juz de una lámpara alumbraba la: primera sala 4 habitacion. Pointz se:detuvo en ella; creyendo oir un: gemido, escuchó con e confirmó en que eran ciertas sus sospechas. Abrió sin detenerse una puerta, y atravesó dos salas que no sbia existiesen aun cuando componian rte de las dependencias de su castillo. La e PR que penetraba en ellas or reflejo de la lámpara de la 153 antesala ; y sin embargo fue la suficiente para ofrecer á su vista el objeto que iba buscando. Mas ¡en que estado halló á la bella, á la interesante Ana! Una horrorosa palidez, semejante á la de la. muerte cubria su rostro: Cicely la sostenia en el lecho en que reposaba, mientras que Laroche respondiendo al parecer á lo que ella le acababa de decir, la hablaba de. esta suerte. - “El desaliento , hija mia, ofende al cielo: éste: os prodiga sus bendiciones , y vuestro corazon no se .muestra. bastante agradecido á sus favores.” y —Padre mio, mi respetable amigo; sabeis de largo tiempo que mi vocacion me llama 4 la vida solitaria, ¡Ah padre mio! Me ayergiienzo de decirlo; solo el baron despues de Dios era dueño de mi voluntad; pero ahora ya he visto que su. indiferencia para conmigo es demasiado cierta, ¿Me hu= biera á mo ser asi propuesto por esposo á Fitz Hugo.ó al Lord Newille?» Pointz estaba fuera de sí; entró con precipitacion en la estancia pronunciando el nombre de Ana, y se colocó al lado de su. cama, ARS «Á esta vista la jóven dió un grito pen Netrante, cayendo al mismo icjapR sin pa 154 sentido en los brazos de Cicely. Laroche se volvió hácia él diciéndole: ¿qué habeis hecho, Milord? Ya en otra ocasion se creyó que la sensibilidad de esta desventurada le fuese funesta, y témo con fundamento que hoy sucumbá víctima de ella. Pointz no respondió: tenia fijos los ojos en Ana estrechando su mano fria é inani= mada. Amiga mia, exclamó, recóbrate' siquiera de compasion por mí. Á pesar del sentimiento que me causa verte en este estado, conozco que mi corazon se halla mas aliviado del cruel peso que le oprimia. Estas palabras produjeron en Ana un rápido y saludable efecto. Poco 4 poco se fue recobrando; pero el pudor la: obligó á ocultar su rostro en el seno de Cicely, ' privándola de la facultad de hablar. ¡Ah querida mia! continuó el baron, o por favor vuestra vista hácia un ombre que sólo aprecia la vida por vos. Habladme, os lo suplico, decidme que consentis en ser mia. | ás — Padre mio; vos conoceis mi corazon: ¿será preciso que el baron conozta toda mi debilidad? dijo Ana levantando la yista con timidez y dirigiendose á Laroche: Ana, respondió Pointz interrumpién- E 155 dola, decid únicamente que consentis en hacerme feliz, y juro á yuestros pies un eterna fidelidad. | — Deteneos, Milord, no pronuncieis ningun juramento hasta que hayais conseguido saber mis mas secretos pensamientos. — Por mi parte no veo ningun obstáculo , ¿cuáles pueden ser los que tenga que temer la vuestra? Á no ser tal vez —No, yo salgo garante de la inocencia y de la honradez de Ana: os afirmo que su corazon era libre antes de conocer al baron de De-Pointz, dijo Laroche á este tiempo. —Pongo al cielo por testigo , repuso Ana, que sino consigo ser esposa del ba= ron De-Pointz no lo seré de ningun otro. Pero es preciso que antes se entere de lo que. tengo que revelarle: no me hallo ahora en disposicion de explicarme, y le su= plico que me conceda aun unos dias. El baron se hallaba en el colmo de la alegría, y no puso el menor repáro á esta Peticion. Ademas, el testimonio de Laroche y la conducta de Ana le aseguraban Que el secreto no tenia la menor relacion pr .. 156 con ningun asunto que pudiese estorbar la felicidad de que ya se lisonjeaba gozar anticipadamente. , — Bien, contextó, consiento en ello, esperaré todo el tiempo que gusteis; pero á lo menos tened presente. mi justa impa= ciencia. Nada intento saber de lo que querais ocultarme; únicamente os pido el per= amiso de veros todos los dias; oir el dulce acento de esa vOz, y procurar grangetarme vuestro aprecio; á esto se limitarán mis deseos , hasta que logre adquirir el derecho de miraros como otro yo mismo”... , Esta escena duraba ya demasiado, y se hubiera aun prolongado si Cicely no hubiese dicho al baron que Ána necesitaba descansar, por lo que se retiró en compadía de Laroche. Al entrar enel gran salon encontraron reunidos á Jacobo, Fitz Hugo y Achmet, á Moe Pointz comunicó su resolucion. El primero la oyó con la mayor circunspeccion, mientras que Achmet la aplaudió con en” tusiasmo. El baron quedó admirado de las miradas sombrías de Jacobo cuya causa 10 pudo adivinar; pero mo hizo gran caso de este movimiento de reprobación , por” que estaba bastante ocupado con la idea de mm 157 que nada podia turbar su completa dicha, y por lo mismo se entregó sin la menor reserva en presencia de sus. amigos á todo el exceso de su alegría: sin embargo en medio de estos arrebatos-no olvidó los pesares de Fitz Hugo. Amigo mio, le dijo, ¿cuándo me concederás tambien tu ton-> fianza? Si es: un .deber:de la amistad el compartir los placeres tambien Jo es el de participar de sus contratiempos? ;.., Fitz Hugo le respondió estrechando. su mano. Dentro de poco. estarás plenaménte satisfecho de: mi conducta , y aun;te: ase= guro que tu felicidad igualará 4 la que. dis fruto al presente. El baron.no, comprendió. el misterioso. sentido de esta última Lrase,. que únicamente atribayó al afecto de sum. amigo: Ási. se terminó el primer dia felis a que habia amanecido para el baron. desde la ¿muerte ode: su pa e y su rsalida de Normandía... alboopa, >. o 387 nr. 2102 1 MTS EE + ee slo Tomo 1. 1 e 158 CAPÍTULO XVIL. A la mañana siguiente pasó Pointz bien temprano la habitacion de Cicely. Encontiró á Ana mas aliviada, aunque en su rostro se notaba cierta agilacion, que miró como una consecuencia de la escena de la noche amterior. Temeroso de causarla la menor molestia procuró alejar» de: la conversacion cuanto pudiese tener referencia con el secreto que ella queria guardar, y solo se trató de su madre y de Cristabela de Mowbray, cuyas alabanzas jamas se can= saba de oir: tampoco se echó en /olvido 4 ió . Z Pointz habia ya hablado de él muchas veces á Ana; pero en aquella ocasion::manifestó mayor pesar por su ausencia, “Nada, dijo, faltaria 4 mi dicha, si hubiese podido reunir 4 todos mis amigos para hacerlos partícipes de ella: mas ¡ah! acaso perdido para siempre á aquel cuyo corazon y sentimientos tenian tanta analogía con Aoagalos: Esta idea me entristece, Y iio SS 159 disminnye en parte el júbilo de que estoy poseido. Entonces dió libre curso Áá sus suspiros, y tropezó de este modo sin conocerlo en el inconveniente que se habia propuesto evitar; pero advirtiendo la grande emocion de Ana se apresuró á terminar una conferencia tan penosa para ambos, y á lo que no poco contribuyó un suceso que estaba muy distante de esperar. Habiéndole anunciado que el superior del convento de Santa María solicitaba hablarle salió 4 su encuentro, y al querer informarse del motivo de su visita, el venerable religioso le dijo: “Milord, no he querido confiar á nadie el cuidado de entregaros esta carta que me han dirigido para vos? El baron la abrió sin detenerse, y la recorrió rápidamente con Ja vista, En= Iretanto Ana tenia los ojos fijos en él, ob=- servando con placer la agradable impresion que su contenido parecia producir en él... Concluida la lectnra exclamó; por fin ya empiezo á descubrir una vislumbre de espe- Panza; vos conoceis mis pesares , bella Ana, Y Pronto, segun espero, no tendré nada que desear. Oid, y juzgad : he aqui lo que Wwe escriben los religiosos de la capilla de San Juan de Acre. .S AS Ys 3 qero 160 — Milord: cuando esta carta llegue á vuestras manos os convencereis de la exactitud con que hemos seguido vuestras benéficas intenciones: os la entregarán los ocho cautivos á quienes por efecto de vuestras liberalidades hemos Jogrado rescatar del poder de los infieles. La generosidad del jóven peregrino Beltran nos ha suministrado igualmente las cantidades necesarías para librar á otros cuatro de la esclavitud, que deben acompañar á los que os son deudores de su libertad , segun la órden que de ello nos dió, con el encargo ademas de que los enviásemos al castillo de Latimer, donde él se hallaria al momento de la llegada de los cautivos, cuya época le indicamos sobre poco mas ó menos anles de su salida de la Palestina.” Bn De este modo, continuó el baron deses de haber leido, pronto volveré á ver 4 Beltran; pero para que nada falte al recibimiento que le preparo, quiero que los cautivos permanezcan aqui hasta su venida para que goce de sus beneficios, y encuen” tre su corazon en el espectáculo de Jos que ha hecho venturosos una dicha que quizá 10 habrá hallado para sí mismo?? Ana le 5 cuchaba y derramaba lágrimas de enterne” 4 161 cimiento. El venerable religioso puso tér= mino á esta escena verdaderamente patética diciendo al baron, que solo á él aguar= daban para dar solemnes gracias á Dios por la libertad. de los cautivos. Hizo llamar al momento á Fitz, Jacobo y Achmet y marchó en su compañía, manifestando á Ana cuanto sentia que su salud no la permitiese asistir á una ceremonia tan digna de ser vista. Todo estaba ya preparado para cuando llegase el baron. Las lámparas y los cirios iluminaban el altar y espacioso templo: las paredes se veian cubiertas de ricas colgaduras , y el pavimento sembrado de flores y plantas olorosas, cuyo aroma, unido al del incienso que se quemaba con profusión, embalsamaban la atmósfera, y daban una idea sublime de la. Augusta Ma= gestad que habitaba. en aquel sagrado re= cinto. El sillon que en otro tiempo ocupa= | ba la baronesa estaba colocado debajo de | un dosel para su hijo, el cual ocupó miei | tras que sus vasallos y criados se, colocaron en su derredor. Ya los. sacerdotes camina= ban hácia el altar, é iban á principiar una Misa solemne, cuando de repente llamó extraordinariamente la atencion de Pointz un | Jóven que se hallaba en uno de los estre-