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El che argentino: sus contextos de uso y su significado

Borzi, Claudia

Abstract

El presente estudio describe pragmática, semántica y sintácticamente los contextos de uso de la forma che. Propone un atributo semántico como la característica que justifica que los hablantes elijan sistemáticamente che en lugar de otras formas para contextos aparentemente disímiles. En el marco de la Gramática Cognitiva (Langacker 1987 y Lakoff 1987), siguiendo una metodología cuali-cuantitativa, se analizan datos de la ciudad de Buenos Aires provenientes de la Norma Culta 1º y 2º Época y del PRESEEA.

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ISSN 1132-0265 http://dx.doi.org/10.12795/PH.2016.i30.02 Philologia Hispalensis 30/1 (2016) 9-32 Estudios liNGÜÍSTICos EL CHE ARGENTINO: SUS CONTEXTOS DE USO Y SU SIGNIFICADO THE ARGENTINIAN CHE: CONTEXTS OF USE AND MEANING Claudia Borzi Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas Universidad de Buenos Aires [email protected] Recibido: 02-11-2016 Aceptado: 19-04-2017 Resumen El presente estudio describe pragmática, semántica y sintácticamente los contextos de uso de la forma che. Propone un atributo semántico como la característica que justifica que los hablantes elijan sistemáticamente che en lugar de otras formas para contextos aparentemente disímiles. En el marco de la Gramática Cognitiva (Langacker 1987 y Lakoff 1987), siguiendo una metodología cuali-cuantitativa, se analizan datos de la ciudad de Buenos Aires provenientes de la Norma Culta 1a y 2a Época y del PRESEEA. Palabras clave: Marcadores discursivos - Fórmulas de Tratamiento – Interjecciones - che Abstract The study describes pragmatically, semantically and syntactically the contexts of use of the form che. It proposes one semantic attribute as the characteristic that justifies that speakers chooses che systematically from a range of words for apparently different context. In the framework of the Cognitive Grammar view (Langacker 1987 and Lakoff 1987), through a quali-quantitative methodology, we analyze data coming from the Norma Culta 1st and 2nd Period and from the PRESEEA of Buenos Aires. Keywords: Discourse markers - Polite forms of address – Interjections – che 10 Claudia Borzi ISSN 1132-0265 http://dx.doi.org/10.12795/PH.2016.i30.02 Philologia Hispalensis 30/1 (2016) 9-32 1. Introducción1 Continuando el estudio de los marcadores (Borzi, 2015), en el presente trabajo se estudian los contextos de uso de la forma che en el español de Buenos Aires. Se encuadran las consideraciones en la Gramática Cognitiva, en la línea de Langacker (1987) y Lakoff (1987). De los principios de la Gramática Cognitiva, se mencionan a continuación algunos de los aspectos puntuales que guían la presente investigación y a los que se espera aportar cierta validación empíricas. En primer lugar, y partiendo de los presupuestos generales de que el hablante dice siempre lo que (desde algún lugar) quiere decir, por lo que cada forma en cada contexto tiene un significado y una función, se abren dos problemas para la descripción de una forma: qué significado permite que sea elegida en contextos diferentes y por qué el hablante elige che en lugar de otra forma en un contexto dado. Este trabajo se ocupa del primero de los problemas, es decir que compara la forma che con los restantes usos de che, en distintos contextos y deja para un estudio futuro la comparación de che con otras formas con las que varía (García, 1985). El enfoque considera también que las categorías tienden a mostrar límites difusos y que los atributos de cada miembro de una categoría no están necesariamente todos presentes en todos los miembros de cada categoría ni lo están en la misma medida (Lakoff, 1987: 12- 57). Por el tema que se desarrolla en el presente trabajo se evalúa este presupuesto, porque, como veremos, ciertos atributos, como la capacidad deíctica y la alusión a la argentinidad que presenta che, no están vigentes ni lo están en la misma medida en todos los contextos. En relación con el significado del morfema2, la Gramática Cognitiva sostiene que el significado es un fenómeno cognitivo con naturaleza de predicado y que toda unidad lingüística es contextualmente dependiente en algún grado (Langacker, 1987: 147 y ss.). Diferencia a su vez un significado convencional, compartido por los hablantes de la comunidad, de un significado contextual, reconociendo que hay atributos de significado más centrales y otros más periféricos. Los atributos más centrales son tales en función de cuán fijados están en la mente de los hablantes y de qué probabilidades de activación presentan en los contextos (Langacker, 1987: 159). A su vez, respecto de los atributos contextuales, es el contexto el que determina cuál es la característica más saliente y más obligatoria en cada caso. Digamos también que el enfoque considera que el significado de una forma y su función, se van construyendo en cada mensaje, según cada objetivo comunicativo. Por esta razón el hablante perfila la conceptualización de la forma según un esquema particular, por lo que antes que hablar de “clases de palabras” 1 Quiero agradecer las detenidas e inteligentes lecturas de los evaluadores, y sus acertadas sugerencias que han mejorado ampliamente la propuesta. 2 Entendido en el marco de un modelo de red constituido por nodos (unidades) y arcos (relaciones), consiste en una correspondencia entre un polo –fonológico- y otro –semántico-. Se trata de la habilidad de que una rutina fonológica active una subrutina, que constituye el acceso al nodo, que activa, a su vez, una serie de subrutinas, como posibilidad de acceso a una acumulación de conocimientos. El che argentino: sus contextos de uso y su significado 11 ISSN 1132-0265 http://dx.doi.org/10.12795/PH.2016.i30.02 Philologia Hispalensis 30/1 (2016) 9-32 se habla de esquemas de conceptualización, o incluso de esquemas de clases de palabras3. Para llevar al análisis esta propuesta, se espera que se siga una metodología específica: Operar sobre ejemplos auténticos, contemplando su contexto de uso, describir sistemáticamente dichos contextos con criterios pragmático-semánticos que tengan repercusión en la estructura lingüística (es decir, en aspectos discursivos, léxicos, sintácticos, morfológicos y fonético-fonológicos que se puedan describir) y acompañar el estudio cualitativo con uno cuantitativo, para lograr una validación social (García, 1985). Reconsiderando brevemente las propuestas sobre el origen de che, digamos que Rosenblat (1962), tras un impecable rastreo reflexivo del uso de la forma, concluye y argumenta, en coincidencia con otros filólogos, a favor del origen español, desarrollado a partir del ¡ce! antiguo y clásico con que se llamaba, detenía o hacía callar a alguien. Menciona expresiones semejantes, pero desecha las etimologías gallega, andaluza, castellana, navarrense, riojana, vizcaína, e incluso la catalana de Valencia, a pesar de su coincidencia en el uso. Descarta también posibles orígenes indígenas (el araucano o pampa (defendido por Abeille, Lenz o Tiscornia por ejemplo), el guaranítico (defendido por ejemplo por Lafone Quevedo y registrado por ejemplo por Segovia) y el aimara. En respuesta a Rona (1963), defensor del origen guaranítico por coincidencia en la zona de uso y en la forma, Rosenblat (1972) reafirma su planteo, aunque acepta una posible guaranitización en “che amigo/patrón”. En lo referente a las zonas de uso de “che” en América, Garzón (1910) la considera argentinismo; Malaret (1941) la registra en Bolivia y el Río de la Plata; Morínigo (1966) también la registra en Chile y Paraguay (allí con valor posesivo) y encuentra que la acepción argentina (documentada en la campaña de Buenos Aires a fines del siglo XVII) empezó a difundirse a principios del siglo XX entre jóvenes y que (en ese momento) era típico del habla de Buenos Aires. Rosenblat (1962) registra usos en Piura (Perú), Colombia, Venezuela, Costa Rica, Centro América y el Caribe. Vidal de Battini (1964) reconoce extensión total en Argentina y gran arraigo en todas las clases sociales. Registra chey “entre rústicos” y en desaparición, en el centro y noroeste del país. Como, el DRAE (2014) reconoce un mismo che para Valencia, Argentina, Bolivia, Paraguay y Uruguay. 2. Antecedentes en la clasificación lingüística de la forma che Respecto de la clasificación semántico-pragmática y gramatical digamos que los Diccionarios de Garzón (1910), Segovia (1911), Malaret (1941) y Morínigo (1966) lo 3 Téngase presente que el perfilamiento como COSA está en la base de la conceptualización prototípica de un esquema o constructo gramatical nombre sustantivo, y el perfilamiento donde existe desplazamiento de energía de un participante a otro en la base del constructo gramatical verbo (cfr. Langacker 1991: 13-14) 12 Claudia Borzi ISSN 1132-0265 http://dx.doi.org/10.12795/PH.2016.i30.02 Philologia Hispalensis 30/1 (2016) 9-32 consideran interjección para llamar a una persona. Morínigo agrega implícitamente que es fórmula de tratamiento. El DRAE (2014) y Moliner (2007) aportan, que se utiliza también para llamar a animales; y el DRAE que puede expresar asombro o sorpresa. Moliner incorpora, para Hispanoamérica, que puede mostrar ligero disgusto. Rosenblat (1962) anticipa, aunque sin organizarlos entre sí, valores semánticos modales como exclamación, sorpresa, sentimiento, dolor, llamada de atención, reproche, reconvención o rechazo. También describe el intercambio como: familiar, amable y cariñoso. Registra, sin correlación semántica, las tres posiciones. Asocia che con el trato de vos, y de usted y agrega que puede señalar a un grupo. Cuando trata la línea guaraní, asocia su significado con el pronombre personal nominativo (e incluso terminal o comitativo) y posesivo de 1a persona singular. La clasifica como interjección, siguiendo a Muñiz (1937). Carranza (2000) define las expresiones pragmáticas orientadoras del oyente al texto, que al adquirir significado solamente en contexto son deícticas. Agrega dos dimensiones deícticas: la modal (grado de compromiso con el enunciado) y la social (en la relación emisor - destinatario)4. Ilustra con el uso de che contemplando la cortesía. Menciona el uso apelativo, antecediendo a una pregunta, y al cambiar de tópico, como expresión de solidaridad que favorece la cortesía positiva mitigando la imposición que traen aparejadas, tanto la expectativa de una respuesta lingüística, como la aceptación de un nuevo tópico de conversación. En el marco de la expresión de cercanía social, diferencia casos orientados a la intimidad, al interés por lo que dice el interlocutor, aunque también a la posición jerárquica, agregando así una relación asimétrica. Como se advierte, Carranza atiende, como no hicieron antes los investigadores, a la naturaleza del acto de habla que acompaña che y agrega que es marca de actitud y reforzador. No ofrece, sin embargo, una articulación entre los distintos casos y, aunque le preocupa cómo determinar cuál es el significado que aporta la forma y cuál el contexto, no efectiviza una solución al respecto. Ante estos antecedentes, el DiHA (2008) propone un cambio en la relación que establecieron los otros diccionarios entre clase de palabra, función y significado de la forma; para quienes la intención de llamar la atención quedaba asociada con interjección. Presenta dos acepciones: en la 1a, lo clasifica como forma de tratamiento en uso coloquial dirigido a personas. En la 2a (menos frecuente) como interjección para manifestar asombro o sorpresa. Omite aludir a los valores negativos, que sí manifiesta su ejemplo: “¡Pero, che!” Bertolotti (2010) iguala los usos argentinos a los uruguayos, aunque no explicita esta comparación. Ofrece una clasificación a partir de registros literarios de fines del siglo XVII a mediados del XX y de 28 usos actuales del CREA Uruguay. Diferencia (2010: 74 y 80) usos vocativos con correferencia con el sujeto de un imperativo; vocativo acompañado de proposición, en aposición con sustantivo propio, y como apoyo apositivo (en “Che, Rana”); cuando che acompaña un sustantivo común 4 El presente trabajo retoma el aspecto deíctico en ambas dimensiones. El che argentino: sus contextos de uso y su significado 13 ISSN 1132-0265 http://dx.doi.org/10.12795/PH.2016.i30.02 Philologia Hispalensis 30/1 (2016) 9-32 en función identificatoria, pero no unívoca (“che pebete”), lo llama solamente “apositivo”, de lo que se deduce que está considerando que che es sustantivo propio (en el vocativo) o común (en el apositivo). Lo considera apoyo apositivo en “¡Che!, negra bruja, salí de aquí”; aunque, por un lado, conviva con un imperativo de 2a persona (como en el vocativo de correferencia que mencionó previamente) y por otro, apoye apositivamente a una construcción sustantiva que, puesta a concordar, hace flexionar al verbo en una 3a persona. Finalmente identifica un che exclamativo que diferencia del reiterado (combinado también con un imperativo tal como el primero) al que asigna función de apelación al alocutario. La autora no se detiene a explicitar los rasgos de cada subtipo, por ejemplo, queda poco justificada, la relación entre apelación al Otro (sea o no alocutario) y la noción ‘vocativo’. También en la discusión de la asignación categorial se extrañan comparaciones de usos auténticos contextualizados. Los diccionarios omiten el uso como sustantivo propio, como Che - Café o Che - Grill, o El Che Guevara5, casos interesantes, por el valor semántico de argentinidad, mencionado por los autores para otros contextos; y por la función lingüística. Tampoco aluden a su uso adjetival. Seguidamente, a partir de las clasificaciones previas identificamos los siguientes primeros perfilamientos: el vocativo interjectivo (1); los perfilamientos de sustantivo común (con variación de número manifestado en el artículo)6 (cfr. (2) y (3)); los de sustantivo propio (sin variación de número (cfr. (4)); y el adjetivo (en (5)). (5) muestra que, che no solamente se usa en contexto simétrico, de confianza y/o familiaridad7, entre iguales, sino también en contexto asimétrico. Pibe está registrado en el DRAE (2014) como sustantivo masculino y femenino significando “niño” o “joven”. Está gramaticalizada la construcción che pibe para designar a la persona (niño o joven generalmente) que ejecuta una comisión por encargo ajeno. La gramaticalización se ve en (5), la construcción en masculino (artículo indeterminado un y desinencia en /-e/ del sustantivo y no en /-a/) alude a una persona de sexo femenino (“ella es…)). I.B. -Che, ¿te comentó algo Beatriz de lo de Foley? [HC60_e21] (2) I.D.-Y me decían “el che”. [HC60_e24] (3) I.B.-...y me dice: “Pero claro, por supuesto -dice- y nosotros los argentinos somos los che”. [HC60_e24] (4) I.A. -Y... y al Che Guevara--- le dicen el Che... por le decían el Che porque era... es una forma... [HC60_e24] (5) I.: […] ella es un che pibe de la fiscalía eh... [PRESEEA_M33] 5 Bertolotti desecha estos casos. Considera que no son “legítimas” las referencias “al personaje histórico Che Guevara”. La autora no argumenta (2010: Nota 10). 6 Rosenblat (1962: 340) menciona que a los argentinos los llaman los ches, los cheyes o los cheses, con alomorfos flexivos de número en la forma che, casos no registrados en nuestro corpus. 7 También se usa en contexto simétrico, entre iguales, aunque no sea de confianza; como entre estudiantes. 14 Claudia Borzi ISSN 1132-0265 http://dx.doi.org/10.12795/PH.2016.i30.02 Philologia Hispalensis 30/1 (2016) 9-32 Sobre el total de casos, en la Tabla 1, se diferencia la “conceptualización interjectiva” (concepto que se discute luego) de la sustantiva y de la adjetiva8. Seguidamente se describen y clasifican los contextos que favorecen la elección de che y se trata el significado que permite esa elección. 3. Los usos de la forma 3.1. Metodología Se analizaron datos de la ciudad de Buenos Aires de dos épocas. Se rastrearon todas las entrevistas, de esa ciudad, del Proyecto coordinado de la norma lingüística culta de las principales ciudades de Iberoamérica y de España, de las décadas de 1960 -1970 (24 horas y 16 minutos). Se encontraron 109 casos en las entrevistas 1, 4, 21, 22, 23, 24, 25, 26, 27, 28 y 30, 31, 32, 33 (HC60_e1). Se encontraron solo 3 casos en 8 entrevistas (4 horas), grabadas en 2012; segunda época del mencionado Proyecto (HC12); y en 23 horas de grabación del Proyecto para el Estudio Sociolingüístico del Español de España y de América de la misma ciudad (PRESEEA), 15 informantes de nivel alto; 18 del nivel medio y 7 del nivel bajo, se encontraron 21 casos. Se compara cualitativa- y cuantitativamente la forma consigo misma en los distintos contextos encontrados. Dichos contextos se describen e identifican según la presencia/ ausencia de ciertos criterios de análisis que tratamos a continuación. 3.2. Análisis 3.2.1. La intención apelativa Consideramos, en primer lugar, el uso que todos los autores reconocen como primario: el apelativo, que, excepto el DiHA, clasifican como interjección. Las gramáticas asocian interjección con vocativo, fórmula de tratamiento y exclamación. Para la NGLE (2009: 32.1a), la interjección es una clase de palabra y constituye un acto de habla específico9, que semánticamente verbaliza sentimientos o apelan. Entiende la apelación como incitación al interlocutor a que lleve a cabo 8 Se registraron 6 usos metalingüísticos, que sumados al total de casos bajo análisis da 133 casos: I. A. -No sé--- tengo un libro de... de... creo que trata el problema del che. Voy a mirarlo. [HC60_e24] 9 NGLE (2009: 32.1b): “Las interjecciones constituyen actos de habla, en lo que coinciden con los imperativos y con los verbos […] realizativos”. El che argentino: sus contextos de uso y su significado 15 ISSN 1132-0265 http://dx.doi.org/10.12795/PH.2016.i30.02 Philologia Hispalensis 30/1 (2016) 9-32 un comportamiento determinado10. Che quedaría clasificado como interjección apelativa, relacionada con el comportamiento social y con las fórmulas de tratamiento11. En cuanto al concepto de “vocativo”, la NGLE lo trata en el capítulo de Modalidad, en el apartado de Exclamación (2009: 42.13r hasta u), donde lo define de manera cercana a la interjección apelativa12. Establece la diferencia a partir del acto de habla: si la apelación al interlocutor se realiza con un pronombre personal o grupo nominal sustantivo, la NGLE la considera exclamación vocativa; si la realiza otra forma, ésta será una interjección. En su prolijo y extenso trabajo sobre el vocativo, Bañón (1993) concluye que es un enunciado13 en tanto constituye un acto de habla independiente del acto de habla de la oración. Estudia la relación vocativo, nombre sustantivo y pronombre nominativo con el imperativo. Entre otros subtipos de vocativos y de funciones a los que aludiremos posteriormente, Bañón llama “apelativo puro” al vocativo de llamada, y le asigna también valor deíctico. Es así que los denomina también “atencionales” (1993: 23) e incluye en este grupo también los vocativos de mandato (1993: 24-25), acercándolos, por la conatividad, al imperativo14. Si pensamos en che, éste, como el sustantivo y el pronombre, puede funcionar como vocativo. Sin embargo, che, como el sustantivo, y a diferencia del pronombre nominativo de 2a, no flexiona en persona, y, a diferencia de estos dos, no puede funcionar como sujeto vos/*che cantás; ustedes/*che cantan; Juan/el vecino canta. Es decir, que che se asemeja a estas palabras en el aspecto interaccional de su significado, en su funcionamiento apelativo. Incluso en el aspecto deíctico, porque no tiene significado unívoco (como el sustantivo propio), sino contextual, y al orientarse al interlocutor, significa a la manera del pronombre nominativo. Ocurre sin embargo que no establece lazo morfosintáctico con el verbo de la cláusula, ni presenta, en contexto apelativo, significado ideacional, como, sí mantiene el sustantivo común, por ejemplo, en ¡Soldado! 10 “La interjección es una clase de palabra que se especializa en la formación de enunciados exclamativos. Con la interjección se manifiestan impresiones, se verbalizan sentimientos o se realizan actos de habla que apelan al interlocutor incitándolo a que haga o deje de hacer algo” (NGLE, 2009: 32.1a p.2479). 11 “Muchas de las interjecciones… llamadas a veces “formularias”, caracterizan los comportamientos sociales o rituales reglados verbalmente” (NGLE , 2009: §32.6a). 12 Dice la NGLE: “[l]as expresiones vocativas son pronombres personales o grupos nominales que se usan para dirigirse a alguien generalmente solicitando una respuesta o una reacción” (2009: 3200); y agrega en §42.13s que “[s]e emplean como vocativos los pronombres, los nombres propios de persona, los de parentesco, oficios, títulos honoríficos y otros sustantivos análogos” sin descartar los nombres comunes, que “suelen construirse sin determinante ¡eh, toro! … aunque pueden tenerlo Me avisas, ¿eh, mi amor?” (2009: §42.13.u). 13 Reconsidera la discusión respecto de si está o no integrado a la oración. Argumenta que no cumple función básica, que ocupa las tres posiciones, que es omisible y que la prosodia (su unidad melódica propia) corrobora su independencia. Propone distintos grados de integración del vocativo con el enunciado (1993: 42-52). 14 Su ejemplo: “¡Soldado!”, dicho por un sargento (1993: 25). 16 Claudia Borzi ISSN 1132-0265 http://dx.doi.org/10.12795/PH.2016.i30.02 Philologia Hispalensis 30/1 (2016) 9-32 Yendo ahora a la relación entre interjección y marcador discursivo, MZ (2010: 130-31) sintetiza muy acertadamente que las interjecciones, si bien carecen de significado proposicional (ideacional), tienen significado interaccional y modal. Es decir que expresan instrucciones de procesamiento de carácter interaccional, porque aluden a la relación entre hablante y oyente; y manifiestan carácter modal, porque atienden a la relación entre hablante y contexto verbal o no verbal. Son a su vez morfológicamente invariables, y como no inciden en el contenido proposicional, no cumplen función sintáctica en la predicación, lo que favorece que ocupen una posición marginal. Quedan también asociadas a la modalidad exclamativa. Todas estas características le permiten concluir que se ajustan totalmente a las propiedades de un marcador discursivo. MZ advierte sobre la autonomía de las interjecciones y los matices entonacionales que las acompañan, característica que colisionaría con la identificación del marcador, pero agrega, y es lo que encontramos en todo nuestro corpus, que acompañan otros fragmentos discursivos. En lo sucesivo se muestra que che, en los usos acumulados en la Tabla 1 como Interjectivos, responde a cada una de estas características. O sea, che puede cumplir función apelativa, se acerca a las interjecciones y a los marcadores discursivos; pero a su vez, aunque su comportamiento morfosintáctico sea diferente (es invariable y no entra en conexión sintáctica en la categoría de persona con el verbo), como vocativo significa a la manera del sustantivo y del pronombre nominativo. El Enfoque cognitivo puede sistemáticamente explicar este fenómeno. No dice que una forma pertenece a una clase de palabra, sino que según el perfilamiento queda conceptualizada a la manera del sustantivo, por ejemplo. Además en lugar de definir categorías con límites discretos, por presencia/ausencia de rasgos obligatorios, sostiene una prototípica gradualidad de atributos, más o menos compartidos con otro u otros miembros de la misma categoría semántica y con otro u otros esquemas conceptuales como el sustantivo o adjetivo en este caso. Volviendo ahora a la situación de apelación típica, como acto de habla15, tiene lugar cuando el (H) no cuenta con la atención del otro (O), pero la busca, y considera que puede lograr dicha atención, porque el O está espacial y temporalmente cerca o al alcance del H. A raíz de esto, se midió en el contexto de uso de che si el H contaba o no con la atención del O y si este estaba a su alcance. (6) ejemplifica la ausencia de atención del O. El H que usa che (“un chico que trabajaba conmigo”) tiene la intención de llamar la atención de un interlocutor (Sergio), que está a su alcance. Obtenida su atención, le hace una pregunta/pedido. El verbo realizativo “llama” explicita la invocación16. (7) ejemplifica los casos en los que se cuenta con la atención del O (“alguna amiga”). En el discurso referido, che 15 Tiene características del acto ejercitativo de Austin, entre los que se cuentan los actos de orden y ruego. 16 Para el análisis de la estructura de la conversación se siguen los conceptos de Briz Gómez, 1998: §§4.2 a 4.4. y B/ PB, 2010. El che argentino: sus contextos de uso y su significado 17 ISSN 1132-0265 http://dx.doi.org/10.12795/PH.2016.i30.02 Philologia Hispalensis 30/1 (2016) 9-32 refuerza la modalidad del subacto sustantivo “¡qué soledad!”. La Tabla 2 contabiliza el criterio sobre el total de casos de “conceptualización interjectiva” de la Tabla 1. (6) I.: yo tenía un chico que trabajaba conmigo […] pasa por el negocio de vez en cuando […] por ahí me dice me llama che Sergio ¿me podés hacer una cosita? sí vení [PRESEEA_H22] (7) I.: sí sí me encanta vivir sola me encanta yo la soledad no la siento qué soledad a veces cuando me dice alguna amiga ay la soledad qué soledad che dejame de jorobar [PRESEEA_M32] Aislados los casos en los que el H no cuenta previamente con la atención del O (45 en total, 38,46%/117), se tuvieron en cuenta dos grados distintos de búsqueda del H de la atención del O. Primero, casos en los que esa intención apelativa es primaria, porque H no cuenta con la atención del O ni participa de intercambio alguno con él, aunque el O está a su alcance como ejemplifica (6). Segundo, casos en los que, si bien H no cuenta con la atención del O, sí participa del intercambio aunque sin ser el dueño del turno. Ese turno puede estar, tanto en manos del O como de otros participantes. Además, la apelación busca un objetivo comunicativo secundario; tomar el turno para mantener el mismo tópico o para cambiarlo. En (8) la Informante A continúa el tópico de la prensa y cuenta una experiencia que tuvo con editores de un suplemento de un diario. Para Bañón (1993: 25-6) son vocativos disjuntores discursivos que ayudan a evolucionar al intercambio, los acerca a los conectores pragmáticos. En (9) el H busca cambiar el tópico (del bridge a la botella de whisky). Carranza trató a estos casos (2000: 63). (8) I. B. -Es que desgraciadamente los diarios no son totalmente independientes. Eso de que son independientes no... no es cierto... I. A. -Che, hablando de diarios... […] I. A. -Bueno, lo llama--- y el lunes lo fui a ver. Estuve charlando con R. y me dijo: “Bueno...” ¡Mirá qué casualidad! Yo decía: “Le voy a contar a Susi porque realmente es así una cosa de dos personas que yo ni sospechaba que podía tener vinculación con el... esté... suplemento de--- W. “Y bueno, la realidad es que--- el suplemento es una sección muy chica. [HC60_e24] (9) I. B. -¡Apalapa! ¡No, no, no! ¡Qué voy a doblar! I. A. -Che, perdoná, ¿y qué hiciste de la botella? I B. -La botella se la llevaron. [HC60_e25] 24 Claudia Borzi ISSN 1132-0265 http://dx.doi.org/10.12795/PH.2016.i30.02 Philologia Hispalensis 30/1 (2016) 9-32 previamente. Los que señalan la distancia interpersonal aluden al enfoque de las relaciones que mantiene el H con el O: amistosas, corteses, etc. Y los de búsqueda de acuerdo, que sirven para comentar el fragmento del discurso al que remiten, mostrando la actitud del hablante respecto de este. 3.2.3. El mensaje y la expresividad del hablante Analizando los casos donde no interesa al mensaje que el O esté conceptualizado como una entidad identificada claramente, aislados en la Tabla 4 (33/72), se diferencian dos contextos: uno, donde hay aserciones (24) y preguntas (25); contextos donde che apunta a la modalidad (epistémica e interrogativa); y otro, donde che viene a reforzar la expresividad del H, con preeminencia de actos de habla exclamativos. En (26) che constituye acto, presenta prosódicamente unidad melódica propia. En el contexto, el H es su propio interlocutor (“sentirme pensando”), tiene asegurada su atención sin duda, refuerza la expresividad. (24) I.D. -...y puedo usar piques. Pongo los piques. I. A. -Sí, no hay nada qué hacer. Una voz. -Muy bien. I.A. -Bueno, ganaron, che. Una voz. -Ganaron el partido. [HC60_e25] (25) I.B. -Me dio una rabia, esos comentarios... esos... esas... esté... crónicas gratuitas--- con un tono--- suficiente... I. A. -De perdonavidas. I. B. -...peyorativo, de perdonavidas. I. A. -Sí, ¿De quién, che? I. B. -De un señor, un ilustre desconocido [HC60_e24] (26) I.: No, este año, sí hizo frío. Recuerdo yo, sentirme pensando ¡Che! Pero qué raro, no, está cambiando [el clima], es verdad lo del calentamiento global [PRESEEA_H32] En estos casos, che no señala a ningún individuo en particular, esto confirma que hay una orientación hacia algún aspecto del mensaje. Che se comporta como un marcador conversacional de modalidad, haciendo la salvedad de que tanto refuerza la modalidad epistémica, fundamentalmente en enunciados declarativos (siguiendo la clasificación de MZ/ PL (1999: §63.6.2.1)) como la interrogativa. Los El che argentino: sus contextos de uso y su significado 25 ISSN 1132-0265 http://dx.doi.org/10.12795/PH.2016.i30.02 Philologia Hispalensis 30/1 (2016) 9-32 contextos de expresividad pueden correlacionarse con los conversacionales de modalidad deóntica32. Los diccionarios y otros autores aluden ya a estos últimos contextos (así también Bañón al tratar el vocativo exclamativo -1993: 23-24-). Che acompaña un acto de habla exclamativo-dubitativo, de desconcierto o de asombro, hay una expresión de la interioridad del H confirmada por la entonación. 3.2.4. Sintaxis posicional motivada por la intención Como se dijo, los marcadores discursivos se caracterizan por su carácter extrapredicativo o marginal, correlativo de una posición incidental que permite establecer distintos planos dentro de la linealidad (cfr. MZ 2010: 107; FR 2013: 26- 27). Teniendo en cuenta que para el Enfoque cognitivo tanto la sintaxis posicional como los aspectos prosódicos están motivados, entre otros factores, por la intención del hablante, desde el punto de vista sintáctico posicional y prosódico, la forma che puede ser autónoma, ocupar las tres posiciones y presentar o no unidad melódica propia. B/ PB (2010) correlacionan tipo de intervención y cantidad de actos diferenciados en subactos sustantivos y adyacentes. Contemplan también la posición con inicio y fin de diálogo. Se compatibiliza con la propuesta generalizadora de FR (2015), quien al describir la macrosintaxis discursiva diferencia posición marginal inicial, intercalada, integrada a la oración con o sin pausas, y posición marginal final. Esas tres posiciones del subacto adyacente se midieron tomando como posición de referencia el subacto sustantivo de B/ PB33 en relación con el cual la forma está pragmática y semánticamente relacionada34. Del total de contextos de marcadores, un solo caso constituía intervención y acto35, por lo que el total sobre el que se midió la posición fue 116. La posición inicial de diálogo en intervención iniciativa, que quedaría ejemplificada en (6), se midió junto con la posición inicial de intervención36. Se ejemplifican casos testigo. 32 Para MZ/ PL, los marcadores de modalidad deóntica (que reflejan actitudes del hablante relacionadas con la expresión de la voluntad (o de lo afectivo): indican si el H acepta, admite, consiente en o no, lo que se infiere del fragmento de discurso al que remiten y separados por una pausa más marcada, pueden alternar con otros procedimientos expresivos. (MZ/ PL, 1999: 4161). 33 Por ejemplo, en el siguiente caso: “Callate, mejor, mejor. Andá, deciles alguna macana, che. A... así los ponés... [HC60_entrev24], se consideró el subacto adyacente che en posición final, en relación con el subacto sustantivo: “deciles alguna macana”, dentro de uno de los dos actos de la intervención iniciativa. 34 Cuando che acompañaba a una interjección en una intervención/acto, se lo consideró subacto adyacente de dicha interjección. Así por ejemplo en “I. A. -¡Ay, che!” [HC60_e24]. 35 El caso autónomo, mencionado en la Nota 17, fue incorporado en función de enfocador que apunta al otro con participación del H en el intercambio. Se siguió así la idea de MZ de que siempre hay una interrelación de la interjección con el resto del discurso. 36 No se contempló en particular la posición de los perfilamientos sustantivos ni adjetivos porque esas posiciones dependen de otras restricciones. Es así que, por ejemplo, los casos que están conceptualizados como sustantivo común están antecedidos por el artículo dentro del nominal (los che); los conceptualizados como sustantivo propio inician un nominal con otro sustantivo propio en aposición 26 Claudia Borzi ISSN 1132-0265 http://dx.doi.org/10.12795/PH.2016.i30.02 Philologia Hispalensis 30/1 (2016) 9-32 En (27), se presenta, en discurso referido, en posición inicial, de intervención iniciativa, con unidad melódica propia en un acto adyacente. En (28), también en discurso referido, en intervención reactiva, está precedido por un marcador discursivo, dentro de una misma unidad melódica, como acto adyacente de un acto sustantivo al que ambos modifican37, lo medimos en primera posición. Se presentó también en posición intermedia. A modo de ejemplo, se menciona (29) donde con unidad melódica propia, corta el acto sustantivo “cómo te ha ido por Europa” (uno de los tres subactos de la intervención). En posición final, ejemplificamos con (30) un caso con unidad melódica propia, entre pausa interna y juntura final, cerrando la intervención, como sub-subacto adyacente del sub-subacto sustantivo “qué opio”, segundo subacto delimitado por la curva prosódica exclamativa. Por último, en (31), ocupa posición final de acto de una intervención reactiva, sin unidad melódica propia, en un cuarto subacto, como sub-subacto adyacente del sub-subacto sustantivo “ya me hartó”, formando parte de la curva entonacional de la intervención previo a la juntura final38. (27) E. -Y era una repelotuda [............] Y hoy hablando con... con Lía... esté… le digo: “Che, hablamos y después la volviste a llamar [……..] La llamaste?” [HC60_e30] (28) I.: le dije al subsecretario: “Pero che, qué macana has hecho. No haber hablado de eso.” Porque evidentemente--- si me invitan, decir que no--- no... [HC60_e33] (29) I.: ¿Y ahora... esté... y cómo te ha ido, che, por Europa? [HC60_e27] (30) I.: Bueno, todo esto... Realidad argentina... Todo esto lo vi hace muy poco. La mesopotamia y ¡qué opio, che! [HC60_e30] (31) I.: ah qué pena dejame de jorobar ya me hartó che . [risa] E.: claro pero está interesado él [PRESEEA_M23] La Tabla 7 muestra en qué posiciones prevalece che: la primera (58,63%/116) y la última (34,48%/116). Bañón estudia la posición del vocativo y la correlaciona con el refuerzo de distintos aspectos del mensaje (1993: 32-42). Che coincide también en lo posicional con el comportamiento de los marcadores discursivos: presenta (Che Guevara) o están antecedidos por el artículo dentro del nominal (el Che) y los adjetivos, en el único contexto encontrado, anteceden al sustantivo en una construcción gramaticalizada (che pibe). 37 Así medimos también, aunque se dan en dos unidades melódicas diferentes, “I. E. -¡Ay, che!, no sé quién es ésa.” [HC60_e32]. 38 Cuando como en (22) “I.A. -...no ponerle la proa, che, ¿eh?... encontramos dos subactos adyacentes al acto sustantivo “no ponerle la proa”, medimos che en posición final”. El che argentino: sus contextos de uso y su significado 27 ISSN 1132-0265 http://dx.doi.org/10.12795/PH.2016.i30.02 Philologia Hispalensis 30/1 (2016) 9-32 mayoritariamente movilidad, marginalidad sintáctica y distribución parentética, características todas definitorias (FR, 2015). Combinando el tipo de contexto con la posición sintáctica, encontramos que che funcionando como enfocador que apunta al otro (de apelación y con o sin cambio de tópico), tiende a la posición primera: 39/ 4439 (88,63%). Así también, cuando enfoca la distancia 12/ 20 (60%). Por el contrario, cuando modifica la modalidad recurre en la posición final 15/ 22 (68,18%). No hay tendencia marcada en los otros casos. 4. Conclusiones Los subtipos de perfilamientos de che como marcador discursivo se resumen en el Cuadro 1, y en el Gráfico 1 se contabilizan todos los perfilamientos. 39 Contémplese que el total de casos es 44 y no 45, porque hay un caso que constituye intervención/ acto y debe medirse aisladamente. Véase también la nota 35. 28 Claudia Borzi ISSN 1132-0265 http://dx.doi.org/10.12795/PH.2016.i30.02 Philologia Hispalensis 30/1 (2016) 9-32 Del Gráfico 1 se concluye que, de los perfilamientos como marcador, prevalece cuantitativamente el uso más apelativo, el de enfocador de la alteridad que apunta al otro con cuya atención no se cuenta, 35%/127. Le siguen en frecuencia, prácticamente sin diferencia entre sí, el perfilamiento como marcador de distancia (16%/127), de búsqueda de acuerdo (15%/127) y de modalidad epistémica (17%/127), con una leve disminución en el de modalidad deóntica (9%/127). Los perfilamientos sustantivo y adjetivo son minoritarios (7%/127 y 1%/127 respectivamente). Los perfilamientos como enfocador de alteridad que apunta al otro son correlativos de la primera posición; y los que apuntan a la modalidad epistémica, interrogativo y deóntica con la última posición. Descriptos los contextos de uso, podemos pensar en el significado de che. Cuando funciona como marcador, che no actualiza significado descriptivo, sino la injerencia del H (a la manera de las interjecciones). Señala las relaciones entre H y O en el contexto verbal o extraverbal y la percepción o valoración que hace el hablante del contexto verbal o extraverbal. Es decir que manifiesta un significado interaccional (como enfocador de la alteridad –ya sea que apunte al otro, de distancia o en búsqueda de acuerdo) y uno modal (como marcador de modalidad epistémica, interrogativa o deóntica). En el contexto sustantivo, tenemos un atributo descriptivo: la argentinidad. En los che, y en Che Guevara, se alude al designado (los habitantes de la Argentina o uno de ellos en particular) a partir de un atributo descriptivo de una forma de hablar: usar la palabra “che” como apelativo. En el contexto adjetivo, no contemplado por otros autores, también sobresale un atributo descriptivo. El che argentino: sus contextos de uso y su significado 29 ISSN 1132-0265 http://dx.doi.org/10.12795/PH.2016.i30.02 Philologia Hispalensis 30/1 (2016) 9-32 Éste alude al carácter de la interrelación, y al contexto situacional propio del uso apelativo. Podemos describirlo como confianza y situación cotidiana; confianza que se resignifica en la combinación con “pibe” en una asimetría entre los interlocutores, por la edad, la jerarquía, y el poder en lo vertical. La gramaticalización de la expresión “(el) che pibe” se orienta situacionalmente en la ejecución de una reacción: ejecutar los mandados. Para el Enfoque cognitivo el esquema de clase de palabra que realiza una forma depende del contexto discursivo y del perfilamiento; una misma forma es perfilada como marcador, sustantivo o adjetivo. Hay que explicar ahora qué parte del significado de “che” hace que los hablantes elijan esta misma forma en contextos que, tal como se describió, son diferentes entre sí. La Gramática Cognitiva plantea, como se resumió en el inicio, que el significado de un morfema (entendido como predicación) está constituido, dentro de una red de nodos, por atributos más y menos centrales y que el grado de centralidad de un atributo depende de su convencionalidad (entendida como acumulación colectiva de experiencias con ese atributo asociado a un objeto); de su genericidad, de su grado de dependencia de otros objetos, y de cuán característico es ese atributo para la inclusión del objeto dentro de una (su) clase (Langacker, 1987: 160 y ss.). Un atributo es más central en la medida en que sea (más) activado cada vez que se invoque la unidad simbólica. Y a su vez, cada contexto determinará cuál atributo es más saliente. Contémplese que para este enfoque el significado conceptual, y de procesamiento, performativo y señalativo están simultáneamente presentes en la unidad simbólica, en el signo y se ven activados en distinta medida en cada contexto. Claramente, esto se condice con las propuestas de polifuncionalidad de una misma forma que sostienen los estudiosos de los marcadores discursivos. En esa línea se expresa FR (2013: 27) cuando sostiene que lo frecuente entre marcadores discursivos es la multidimensionalidad, la interconexión de los planos que provoca la polifuncionalidad. Y reforzando también la idea de distintos grados de activación, agrega que “Esta coexistencia de valores se produce en una jerarquía de relevancia o visibilidad, entre lo que podríamos llamar primer plano y fondo”, acercándose directamente en su planteo al Enfoque cognitivo. MZ, en la misma línea de razonamiento, pero refiriéndose específicamente a las interjecciones en tanto marcadores, sostiene que a pesar de que para los gramáticos, y cita a Alarcos (1994: §302), las interjecciones solamente comunican la injerencia del H y significan solo en el contexto, “las interjecciones son signos, por lo que están dotadas de un cierto contenido básico constante” (2010: 131). A partir de los resultados previos postulamos que el atributo más central de che, es la deixis40, entendida como una instrucción41 de búsqueda dada por el H al O (siendo este O parte o no del intercambio). Che apunta al O, a la distancia interpersonal, al contenido del 40 Se coincide en esto con MZ (2010: 131), cuando afirma que, el señalativo es uno de los dos tipos de actos de habla que reflejan las interjecciones. 41 En la línea de Portolés (2004) adherimos a la idea de que el aspecto instruccional del significado de una forma está constituido por una serie de instrucciones (no por una sola), entre las que se 30 Claudia Borzi ISSN 1132-0265 http://dx.doi.org/10.12795/PH.2016.i30.02 Philologia Hispalensis 30/1 (2016) 9-32 mensaje y a la intención del mensaje o a la expresividad del H. La propuesta de la deixis como atributo central permite justificar la conexión en la forma de significar entre che, los pronombres, los nombres propios, otros sustantivos semejantes y las fórmulas de tratamiento. Elaborando el carácter instruccional, vemos que los autores lo contemplan en el significado de muchos marcadores (tal como resume Murillo Ornat, 2010). Cuando el O no es interlocutor todavía, “che” sería un deíctico con la siguiente información procedimental: “Guíe su atención hacia la fuente de la apelación”. Cuando ya se cuenta con la atención del O y el problema es la distancia, cabe la instrucción “Guíe su atención hacia su relación con el H”; y sería “Guíe su atención hacia el contenido del mensaje” si se busca llevar hacia el acuerdo. Cuando el contexto es de marcación de la modalidad, “Guíe su atención hacia la intención del mensaje”; o “hacia la expresividad del hablante” orientando al O hacia la interioridad del H, y no a su rol como fuente del mensaje. Un comentario más que conecta el significado instruccional con el conceptual de los perfilamientos sustantivo y adjetivo. Se cuenta con muchos ejemplos en los que marcadores discursivos retienen parte de su significado conceptual, uno de tantos casos, por ejemplo, sería la explicación de la gramaticalización de sin embargo y no obstante de Garrachana Camarero (1998: 199-204). Ahora bien, en “(el) che pibe” y en “Che Guevara”, ocurre exactamente a la inversa. A partir del aspecto instruccional de che que está en la base de la apelación se construye su aspecto conceptual. Son estos primeros resultados y una propuesta que corresponde poner a prueba en una muestra de mayor envergadura. Bibliografía Alarcos Llorach, Emilio (1994): Gramática de la lengua española. Madrid: Espasa Calpe DiHA = Academia Argentina de Letras (2008): Diccionario del habla de los argentinos. Buenos Aires: La Nación. Bañón, Antonio M. (1993): El Vocativo en español. Barcelona: Octaedro Universidad. Bertolotti, Virginia (2010): “Notas sobre el che”, Lexis 34, 1, 57-93. Borzi, Claudia (2015): “Marcadores discursivos de Buenos Aires”, en: Valencia, Alba/ Vigueras, Alejandra (coords.): Marcadores hispánicos. Usos de España y América en el corpus de estudio de la norma culta. México: Universidad Nacional Autónoma de México, 19-67. 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