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Juventud y medios de comunicación. La televisión y los jóvenes: aproximación estructural a la programación y los mensajes

García Reina, Leticia

Abstract

La autora propone en este artículo un breve análisis sobre la relación que se establece entre los jóvenes y la televisión en cuanto a programación, contenidos y mensajes. Para ello parte del contexto en el que se desarrolla la programación actual, estrechamente vinculado a una determinada estructura informativa con su peculiar dinámica de mercado y sus propósitos, más o menos ajenos a las que deberían ser las funciones de un medio de comunicación de masas tan poderoso como la televisión, las de informar, formar y entretener. Para ello propone algunos ejemplos recientes en la programación española que ponen de manifiesto qué ofrece la televisión a la juventud en estos momentos.

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Juventud y medios de comunicación. La televisión y los jóvenes: Aproximación estructural a la programación y los mensajes Leticia García Reina Periodista, Grupo de Investigación en Estructura, Historia y Contenidos de la Comunicación RESUMEN La autora propone en este artículo un breve análisis sobre la relación que se establece entre los jóvenes y la televisión en cuanto a programación, contenidos y mensajes. Para ello parte del contexto en el que se desarrolla la programación actual, estrechamente vinculado a una determinada estructura informativa con su peculiar dinámica de mercado y sus propósitos, más o menos ajenos a las que deberían ser las funciones de un medio de comunicación de masas tan poderoso como la televisión, las de informar, formar y entretener. Para ello propone algunos ejemplos recientes en la programación española que ponen de manifiesto qué ofrece la televisión a la juventud en estos momentos. ABSTRACT The author proposes in this article a brief analysis about relations in between young people and television when it comes to programmes, context and messages. Currently, part of the context in which the programming is developed , finds itself closely linked to a specific structure of information with it´s peculiar and dynamic market and it´s proposals, far from being a responsable tool part of a powerfull mass media in charge of the television, ways of informing, educating and entertainment. Due to all of this ,we propose some recent examples of Spanish programmes that lay down manners of how the television should promote themselves to young people. Palabras claves: Juventud/Televisión/Medios de comunicación/Estructura informativa. Key words: Youth/Television/Mass media/Information structure. Introducción A la hora de hablar de juventud y medios de comunicación audiovisuales uno mismo se sorprende, como profesional del medio, al reflexionar sobre la terrible presencia que este colectivo tiene en la mayoría de los programas televisivos y, lo que es peor, sobre la negativa influencia que la televisión y sus mensajes suelen ejercer en los jóvenes. Observando la mayoría de los productos audiovisuales podemos concluir que la televisión, generalmente, considera a la juventud como una masa acrítica e in- ÁMBITOS. Nº 11-12 - 1er y 2º Semestres de 2004 (pp. 115-129) 116 Juventud y Medios de Comunicación. La televisión y los jóvenes: Aproximación estructural a la programación y los mensajes dividualista, a la que parece sólo tener en cuenta en su calidad de miembros de la sociedad de consumo, como un inmenso target al que poder dirigir anuncios y mensajes que inciten a consumir los productos publicitados sin mayores metas. Los programas culturales, formativos o de entretenimiento de calidad brillan por su ausencia y, en su lugar, proliferan formatos aberrantes en los que el reality show, se ha convertido en principal protagonista. Pero, ¿es la televisión tan demoníaca?, ¿es en sí misma responsable de sus contenidos?, ¿es un instrumento desculturizante, si me permiten el término, y deformador por naturaleza? La respuesta es obvia: en absoluto. Para entender por qué la televisión se ha convertido en ese inmenso cajón de sastre en el que “todo vale, si es por la audiencia”, es imprescindible tener en cuenta el contexto global en el que se desarrolla esta actividad. Sólo teniendo presente dicho contexto, podremos entender por qué las que deberían ser las principales funciones de la televisión, como medio de comunicación de masas por excelencia - recordemos las tres máximas de informar, formar y entretener-, se han pervertido en función de un único objetivo: la rentabilidad económica, el share, la audiencia. Es ésta la verdadera espada de Damocles que dirige prácticamente todos los productos televisivos, y decimos, prácticamente todos, porque afortunadamente todavía perviven honrosas excepciones a esta regla, cada vez más general, por otra parte. Los formatos televisivos se conciben en función de la audiencia a la que van dirigidos, y sólo en función de la cuota de pantalla que consigan se mantienen en la parrilla de la programación o son eliminados. Ya no es ningún secreto que las cadenas persiguen, ante todo, la rentabilidad económica. Los programas sólo logran mantenerse “vivos” si son capaces de captar audiencia, de captar publicidad, que es de lo que de verdad se trata. Lógicamente los pocos programas existentes dirigidos a los jóvenes se rigen por esta misma dinámica, por lo que es de suponer que la formación de telespectadores críticos y de una juventud culta y librepensadora es lo que menos le conviene a la televisión, si su objetivo final es convertirles en perfectos consumidores. La siguiente información, aparecida en el diario El Mundo, el 21 de mayo de 2002, pone de manifiesto esta dictadura de los índices de audiencia en la programación, denunciada por los propios profesionales del medio: 117 Leticia García Reina La televisión en el contexto de la comunicación Como decíamos, sería ingenuo considerar al medio televisivo como responsable de los productos que genera o, lo que es lo mismo, pensar que la televisión es mala en sí misma, ignorando las enormes posibilidades que un medio tan complejo ofrece para la comunicación. La unión de la imagen y el sonido, la posibilidad de contemplar los acontecimientos en tiempo real, la capacidad de conocer realidades remotas, su capacidad para interpelar a varios sentidos al mismo tiempo, para integrar diferentes artes 118 Juventud y Medios de Comunicación. La televisión y los jóvenes: Aproximación estructural a la programación y los mensajes (literatura, música, arquitectura, pintura, fotografía...), para generar emotividad, códigos comunes, y otras muchas características que distinguen al medio televisivo, y de las que han hablado multitud de autores, la convierten en el medio de comunicación de masas por excelencia, en tanto en cuanto, es, además, el de mayor difusión, al no necesitar ninguna preparación previa para su consumo. Ahí, precisamente, es donde reside el mayor peligro potencial de la televisión, en su calidad de poderoso medio, capaz de llegar a mucha gente en muchos lugares, empleando códigos y técnicas que le permiten acceder a la emotividad de los receptores. La televisión, por tanto, como importantísimo instrumento de poder al servicio de una u otra función social, en función de uno u otro mensaje. Pero, ¿qué mensajes emite actualmente la televisión, cuál es la función social a la que responde, qué poderes han puesto sus miras en este codiciado instrumen- to?, ¿qué hilos mueven ese entramado de programas, informativos y publicidad? Es en este punto en el que se hace ineludible analizar el contexto comunicacional en el que se desarrolla este medio. Sólo bajo esa perspectiva podremos analizar sus mensajes rigurosamente. Los medios de comunicación, con la televisión a la cabeza, se han convertido en industrias pertenecientes, a su vez, a grandes conglomerados empresariales en los que los principales accionistas poco tienen que ver con la comunicación. El Dr. Ramón Reig (2002) ilustra este fenómeo con ejemplos concretos. “El primer canal francés de televisión, TF1, es propiedad de Bouygues, un grupo empresarial que se dedica a la construcción. (...) La plataforma estadounidense de televisión digital, Direct TV, accionista minoritario de Canal Satélite Digital-Vía Digital, está vinculada a la multinacional de la electrónica Hugues (satélites, actividad militar) y a General Motors. El Corte Inglés (en Prisa), la tabacalera Altadis (en la televisión digital NET TV), Fomento de Construcciones y Contratas (FCC, en el Grupo Vivendi, francés, uno de los seis primeros del mundo), empresarios constructores de Miami (La Razón) o de la Comunidad Valenciana (Radio España), Coca-Cola (estudios en Hollywood), la banca, las telecomunicaciones..., todos tienen o han tenido intereses dentro del mundo de los medios de comunicación”. En ese contexto, los medios de comunicación han dejado de ser un elemento cultural, educativo, cargado de responsabilidad social para servir a los ciudadanos, para convertirse en meras plataformas empresariales generadoras de beneficios económicos. Su función como contrapoder y como veladora y garante de la democracia, además, está siendo sustituida por una manipulación política cuyos hilos parten del Poder con mayúsculas (EE.UU.) para garantizar la permanencia de las estructuras actuales y servir como garantes del orden mundial vigente que interesa a occidente: la economía de mercado, la globalización, el neoimperialismo y el neototalitarismo. Como señala nuevamente el Dr. Reig: “el contexto está dominado por esta idea: lo que es bueno para Estados Unidos (gran impulsor de la Sociedad de la 119 Leticia García Reina Información, desde luego, pero para implantarla a cualquier precio, donde desee y como desee) es bueno para la Humanidad (...) Nosotros (por hablar de forma metafórica) tenemos la CNN y la CBS News y la NBC News y la BBC y la ABC News para mostrar al momento y con reiteración todas las crueldades que nos hacen los demás y ocultar las nuestras (salvo algunas que se ofrecen para justificar el supuesto pluralismo). Los otros no tienen una estructura comunicacional propia y, si la tuvieran, no conectaríamos con ella como no nos hacemos eco de la inmensa mayoría de las noticias que emiten las agencias pequeñas y medianas de países lejanos y “extraños”. De este modo la televisión forma parte de la superestructura que se ocupa de mantener, reforzar y alimentar la estructura mundial. ¿A qué fines sirve, qué mensajes emite, qué hilos la manejan?, es de suponer que los del capital y la globalización. Por tanto, la mayoría de los mensajes que emite la televisión, como otros tantos medios educativos y socializadores, la propia escuela, por ejemplo, están destinados a reforzar ese orden mundial, a mantener y justificar los beneficios de la todopoderosa economía de mercado, con todos los “valores” que lleva implícita. Según Noam Chomsky (“Ilusiones necesarias”, revista Archipiélago, núm. 9, 1992, pág. 21): “No sería demasiado extraño que la imagen del mundo que ellos nos presentan no fuera sino un reflejo de los puntos de vista o de los intereses propios de los vendedores, los compradores o el producto en cuestión. La concentración de los medios en unas pocas manos es notoria, y además va en aumen- to. Asimismo los que ocupan las posiciones de dirección, o los que forjan una reputación como elitistas dentro de aquéllos, pertenecen a estas mismas elites privilegiadas, así que debería esperarse que compartieran los mismos puntos de vista, aspiraciones y actitudes de sus colegas, que reflejan sus propios intereses de clase también”. En medio de este panorama, la televisión, como instrumento del poder, se convierte en un peligroso referente para el colectivo que nos ocupa, el de los jóvenes. Lolo Rico, una excelente profesional del medio, en su obra Televisión, fábrica de mentiras advierte de esos peligros: “la televisión no tanto distrae cuanto que construye permanentemente un mundo de apariencia tan inocente, neutra y natural como el real, pero ideológicamente muy activo, en el que se nos instala y en el que, aún más, se forja el órgano mismo de nuestra percepción de la realidad. La sociedad en que vivimos no es algo abstracto e inconcreto; hay quien la maneja y gobierna a la medida de tiranías económicas que impiden hacerlo en aras de un mundo más limpio y hermoso. Esta es la razón por la que se impide que los niños y los jóvenes desnaturalicen la realidad en la que viven y, menos todavía, que se genere en ellos la idea de mejorarla; para que todo permanezca igual es necesario, diría que imprescindible, que la personalidad no se desarrolle, que el ser humano no se conozca sino en el espejo del televisor y que se acepte pasivamente un mundo que se construye en otra parte y sin nuestro consentimiento”. 120 Juventud y Medios de Comunicación. La televisión y los jóvenes: Aproximación estructural a la programación y los mensajes Por lo tanto la televisión no va a tirar piedras sobre su propio tejado o, lo que es lo mismo, si tiene un gran poder como agente ideologizador y de cambio, es lógico que quienes detentan el poder (o poderes, ya que son dos fundamentalmente, el económico y el político), utilicen sus contenidos y programación para difundir aquellos mensajes que más convienen a sus intereses. Veamos algunos ejemplos. Breve análisis de los principales mensajes de algunos programas televisivos Hemos expuesto de forma muy resumida algunos de los principales factores que convierten a la televisión en un elemento importante y peligroso en la construcción de los valores de la juventud. No podemos olvidar que hablar de construcción de los valores es hablar de socialización, entendida ésta como el proceso por el que las personas son inducidas a asumir una serie de conocimientos, creencias, convicciones y valores extraídos del entorno social. Aunque trataremos de analizar algunos ejemplos concretos de la programación televisiva dirigida a los jóvenes, es necesario destacar el hecho de que actualmente “todos los públicos ven de todo” por lo que muchos de los valores procedentes de la televisión que influyen en los jóvenes, forman parte de un todo, la programación general, y no sólo de los programas dirigidos específicamente a ellos. Una dinámica de la que ni siquiera se salvan los más pequeños, pues según un estudio de la Asociación para la Investigación de los Medios de Comunicación (AIMC), un 3,4% de los niños ve la televisión de madrugada, lo que da buena muestra de lo que decimos. En este punto es importante destacar la evolución que ha tenido en la última década el equipamiento tecnológico en los hogares españoles, pues si en 1988 el 76,5 % de las casas tenía un solo televisor, siendo el 21,6 %, el número de viviendas con dos o más aparatos de televisión, en la actualidad los términos se han invertido. En 2002, sólo un 37,9 % de los hogares poseía un solo televisor, mientras el 61,7 % de las viviendas dispone ya de dos o más aparatos. Por tanto el acceso de los jóvenes a la programación es libre, en la mayoría de los casos, indiscriminado tanto en horarios como en contenidos. Dicho lo cual, nos permitiremos mostrar algunos ejemplos de los valores mencionados, fomentados desde la televisión y los medios de comunicación. Pensemos por un instante en algunos de los mensajes y los valores más recurrentes de cuantos aparecen habitualmente en televisión, especialmente, en aquellos dirigidos a la juventud: . Omnipresente culto al cuerpo y a la belleza. Totalitarismo estético . Culto a la eterna juventud . Infantilismo en los adultos, y niños adultizados 121 Leticia García Reina . Mercantilización del sexo y violencia sexual . Sexismo. Degradación y frivolidad en la imagen que presenta de la mujer como objeto erótico-escaparate. . Apología de la violencia como conducta plausible y efectiva. La violencia como un hecho cotidiano. . Trivialización de la muerte. . Potenciación del american way of life, o estilo de vida americano. . Consumo. Tener es poder. . Competitividad, en todo y por todo. . Individualismo, insolidaridad. . Falta de compromiso y de respeto intergeneracional. . Idealización del estatus. . Éxito. . Fama. . Cultura del pelotazo o de “cómo conseguirlo todo sin esfuerzo”. . Imitación, repetición, carencia de ideas propias, de originalidad. Pérdida de la personalidad. Alineación, “borreguismo”. . Supremacía y poder de la marca. Tiranía de la moda. . El dinero como valor en sí mismo. . El maniqueísmo bondad-maldad, en el que no caben los “grises”. . Ridiculización del saber y la cultura, considerados como algo marginal de “calculines” y aburridos. Desprecio al intelecto. . Empobrecimiento del vocabulario y la expresión oral, así como de la cultura propia. La mayoría de estos valores son una constante en gran parte de la programación juvenil. Aparecen implícita o explícitamente tanto, en la publicidad como en los propios contenidos de la programación (series, concursos, programas) Analizar toda la programación requeriría de un estudio mucho más extenso y complejo pero, como botón de muestra, sirvan algunos ejemplos: . “Al salir de clase”: ha sido una de las series españolas de mayor éxito dirigida a los jóvenes, emitida durante varias temporadas por Tele 5 diariamente, en horario de prime time a mediodía. Como refleja su propio nombre, estaba pensada para los chavales que llegaban de clase a mediodía para almorzar en casa. En este sentido conviene recordar cómo la televisión fomenta la incomunicación familiar en los principales momentos del día, como hemos ya apuntado. Podemos resumir muy brevemente su argumento en unas líneas. Como es habitual en este tipo de formatos se trata de una serie coral, protagonizada por un nutrido grupo de jóvenes y adolescentes, aparentemente plural, pero bastante homogéneo en realidad. Todos son guapos, delgados, simpáticos, visten a la última moda, en muchos casos, viven solos, aunque la mayoría no ha termi- 122 Juventud y Medios de Comunicación. La televisión y los jóvenes: Aproximación estructural a la programación y los mensajes nado ni siquiera el bachillerato y algunos, incluso, regentan un bar de moda en el que existen varias empresas, todas a cargo de los chavales. Muchos de ellos son, por tanto, independientes y gozan de un céntrico dúplex de alquiler en un barrio residencial de Madrid, moto o coche propio, estancias en el extranjero y otros lujos, que pocos jóvenes se pueden permitir en la vida real. Para colmo, una serie que trata de ser representativa de los adolescentes y los estudiantes de Enseñanza Secundaria Obligatoria y Bachillerato, está protagonizada por un elenco de actores en los que la mayoría de ellos supera la veintena y la treinta, tipo Raquel Medroño, lo que, además de la obvia falta de realismo que supone, se convierte en un elemento de frustración para los adolescentes que, aunque les toman como referente de lo que quieren ser, contemplan lo lejos que están de parecerse a ellos. Los contenidos de la serie, a lo largo de tantos cientos de capítulos, han abordado diferentes temáticas (aunque ninguna de ellas en profundidad), reflejando en la mayoría de los casos los negativos valores a los que ya nos hemos referido, entre los que destacan una idealización de la realidad que la falsea por completo, y una mala copia de lo que sería el más genuino american way of life. La serie ha ido acompañada de un completo merchandising al que los telespectadores podían acceder a través de la web de Tele 5, que incitaba a los jóvenes a consumir todo tipo de productos relacionados con la serie. Como es evidente la realidad mostrada por la televisión en este caso, dista mucho de la realidad a la que se enfrenta la mayoría de la población juvenil, sobre todo si tenemos en cuenta algunos datos escalofriantes. El 73% de los jóvenes con 25 años sigue viviendo con sus padres, porcentaje que no es menor del 50% hasta los 28. Todavía el 35% de las personas de 30 años sigue viviendo con su familia. En dos décadas se ha duplicado el número de solteros de 25 años, pasando del 40% al 85% (Fuente: www.globaliza.com, noticias 13/03/2003). Según Daniel Goleman: “La voraz espiral de competitividad en el mercado global conlleva que la actual generación de padres tiene que trabajar con más ahínco y más horas para mantener el mismo nivel de vida que sus progenitores, a la vez que disponen de menor tiempo libre”. (GOLEMAN, Daniel: “Ganar la batalla para el corazón humano”, en VV.AA.: Predicciones, Ed. Taurus, Madrid, 2000) ¿Conocen alguna serie o algún programa juvenil que refleje la verdadera realidad de este sector de la población?, prácticamente ninguno. Como señala Lolo Rico (1994) “la carnaza que les proporcionan estas series no prueba nada acerca de la juventud y sí mucho acerca del Sistema Único en el que se basa, y que reproduce, la Televisión: “nunca la juventud se ha rebelado tan claramente a favor de lo establecido. La tiranía de los padres consiste hoy en que no dejan comer suficientes patatas light a sus hijos o en imponer a su dieta un plato de nutritivas lentejas”. Para la autora, “la televisión ha creado un mundo ficticio representativo, no obstante, de la realidad, construida a los ojos del telespectador 123 Leticia García Reina en términos al mismo tiempo falsos, limitados e incuestionables. Los telespectadores adictos, como suelen ser los sectores infantil y juvenil, viven sumergidos en un único mundo del que reciben pasivamente todas las satisfacciones y todas las esperanzas (se vive toda una jornada vacía a la espera de un determinado programa o una determinada serie). Ese mundo es compartido masivamente y sirve de nexo de unión de los intereses juveniles. Es su mundo, con el que identifican, el que aspiran a poblar y reproducir. Lo comparten, es el tema principal de sus conversaciones y el centro de sus aspiraciones, tanto trivales como individuales. No tienen otras referencias ni otros modelos que contrarresten y equilibren esa unidimensionalidad envolvente”. Lo cierto es que los valores que se desprenden de series como “Al salir de clase” no son los más apropiados para contribuir a la formación, al crecimiento y al conocimiento de la juventud, pero en Televisión suele darse ese dicho popular de “salimos de Málaga y nos metemos en Malagón”. La tendencia es siempre a la baja o, al menos, así lo demuestra la programación televisiva de los últimos años. (FERNÁNDEZ, Fausto (1998): Telebasura española, Eds. Glénat, Barcelona) Es por ello por lo que si hasta ahora, “Al Salir de clase” nos parecía un producto de dudosa calidad, los nuevos formatos que han sucedido a esta serie son incalificables: “Gran Hermano” en Tele 5, “Confianza Ciega” en Antena 3, “Popstars” en Antena 3, “Por ti” en Antena 3, “El diario de Patricia” en Antena 3, e incluso el tan alabado “Operación Triunfo” en TVE 1, todos estos nuevos programas de éxito hacen buenos otros formatos como el que hemos comentado. Pensando en cómo se ha podido dar lugar a semejante panorama vienen a mi cabeza las palabras de José Saramago, cuando el pasado 10 de marzo pronunciaba una conferencia en la Universidad Pablo Olavide de Sevilla. El premio Nobel portugués se mostraba “asombrado” por el interés que suscitan programas “frívolos y absurdos” como “Hotel Glamour”, la última bochornosa apuesta de Tele 5. Programas que, en su opinión, alienan y desvían la atención de lo que verdaderamente es importante como la guerra contra Irak. “La única forma de combatir este tipo de programas es no hablando de ellos”, apuntaba como única medida eficaz para “abandonar la obscenidad y la grosería, con la cual algunos hacen muy buenos negocios gracias al todo vale”. Creo que las palabras de Saramago resumen perfectamente el único objetivo de la Televisión. “Al pueblo pan y circo”, que decían los romanos. Pues en esas estamos. Para entender hasta qué punto la televisión es capaz de enmascarar con un halo de calidad productos anodinos, repetidos hasta la saciedad, carentes de originalidad y de contenido real, nos basta con observar el que ha sido uno de los mayores fenómenos televisivos de los últimos tiempos, el concurso “Operación Triunfo”. “O. T”, como le llaman sus fans, se ha convertido en un programa de un éxito sin