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El cortejo fúnebre de Isabel I de Castilla en Granada (1504)

Espíldora García, África

Abstract

Presentamos en este artículo la transcripción y análisis de un documento inédito que describe con detalle la entrada del féretro de Isabel I de Cas-tilla en la ciudad de Granada el 18 de diciembre de 1504. Se trata de una relación anónima que aporta nuevos datos sobre el acontecimiento. En ella se describen los componentes y disposición del cortejo fúnebre, la recepción dispensada por la ciudad y la procesión que se unió a esta comitiva hasta llegar hasta a la plaza del convento de San Francisco, donde la reina había dispuesto ser enterrada.

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ISSN: 0210-7716 ISSN-e: 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2022.i49.6 HID 49 (2022) 143-165 HID 49 (2022) Copyright: © Editorial Universidad de Sevilla. Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de la licencia de uso y distribución Creative Commons Reconocimiento-NoComercial- SinObraDerivada 4.0 (CC BY-NC-ND 4.0) EL CORTEJO FÚNEBRE DE ISABEL I DE CASTILLA EN GRANADA (1504)1 THE FUNERAL CORTEGE OF ISABELLA I OF CASTILE IN GRANADA (1504) África Espíldora García Investigadora independiente [email protected] ORCID: https://orcid.org/0000-0002-0275-0812 Resumen: Presentamos en este artículo la transcripción y análisis de un documento inédito que describe con detalle la entrada del féretro de Isabel I de Castilla en la ciudad de Granada el 18 de diciembre de 1504. Se trata de una relación anónima que aporta nuevos datos sobre el acontecimiento. En ella se describen los componentes y disposición del cortejo fúnebre, la recepción dispensada por la ciudad y la procesión que se unió a esta comitiva hasta llegar hasta a la plaza del convento de San Francisco, donde la reina había dispuesto ser enterrada. Palabras clave: Isabel I de Castilla; cortejo fúnebre; ceremonial funerario; Granada. Abstract: In this article we present the transcription and analysis of an unpublished document that describes the arrival of the funeral procession of Isabella I of Castile to Granada on December 18, 1504. It was written by an anonymous scribe and provides us with new information about the event. It details the components and order of the entourage escorting the queen’s body, the reception given by the city, and the procession that escorted this cortege to the convent of San Francisco, where the queen had arranged to be buried. Keywords: Isabella I of Castile; funeral cortege; funeral ceremonial; Granada. Recibido: 16-3-2021; Aceptado: 21-6-2021; Versión definitiva: 29-7-2021 1. Abreviaturas utilizadas: AHNOB = Archivo Histórico de la Nobleza; AGS = Archivo General de Simancas; AMG = Archivo Municipal de Granada; RAH = Real Academia de la Historia. 144 ÁFRICA ESPÍLDORA GARCÍA HID 49 (2022) 143-165 ISSN: 0210-7716 ISSN-e 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2022.i49.6 Una relación hasta ahora no conocida nos transporta a orillas del río Beiro, en Granada, para contemplar la llegada de la comitiva fúnebre de Isabel I de Castilla. Aguardaban los representantes de las instituciones civiles y religiosas de la ciudad, que escoltaron a la real comitiva hasta el túmulo levantado en la Puerta de Elvira. Allí, entre grandes muestras de dolor de la multitud que había acudido a despedir a su reina, se rezó un responso. Finalizado, una solemne y ordenada procesión acompañó a la soberana hasta su último destino: el convento de San Francisco en la Alhambra. 1. El documento El manuscrito que hoy ve la luz, uno entre los muchos tesoros que aún permanecen ocultos en nuestros archivos, se conserva en el Archivo Histórico de la Nobleza (Toledo)2. Forma parte de un volumen encuadernado en pergamino que reúne documentos de temática diversa, cuyo rango temporal abarca desde finales del siglo XV a principios del siglo XVII; sobre su cubierta un título al que hace honor: “Contiene papeles bastante curiosos”. Se trata de un escrito de caligrafía cortesana con frecuentes correcciones, anónimo y sin fecha ni destinatario expreso. Pero tanto sus caracteres externos (soporte, tipo de letra y abreviaturas utilizadas) como internos (contenido, estructura, léxico y estilo) nos permiten datar su creación en fecha cercana a los hechos que narra, es decir, en los primeros años del siglo XVI. Por otra parte, al tratarse de un documento preparatorio, existe la posibilidad de que diese lugar a otro definitivo que no ha llegado hasta nosotros o que por el momento no conocemos. En cuanto a su autor, el planteamiento general del texto sugiere que pudo ser redactado por un oficial al servicio de algún noble que reportaba el suceso a su señor. Y el hecho de que el manuscrito se haya conservado en el fondo documental de los duques del Infantado nos permite aventurar que la relación estuviese dirigida a un miembro de esta familia o de alguna otra cuya documentación forme parte de este fondo. En este sentido cabe destacar la perteneciente a los condes de Tendilla, que probablemente se integró en el fondo de los duques del Infantado a raíz del matrimonio de Juan Hurtado de Mendoza (1555-1624) −hijo de Íñigo López de Mendoza (1511-1580), IV conde de Tendilla y III marqués de Mondéjar− con Ana de Mendoza (1533-1633), VI duquesa del Infantado. Además, ambas familias estaban emparentadas por proceder del tronco común de los Mendoza. Íñigo López de Mendoza (1442-1515) −II conde de Tendilla y I marqués de Mondéjar− era tío segundo del III duque del Infantado, Diego Hurtado de Mendoza (1461-1531); y fue, junto al arzobispo Hernando de Talavera, el principal responsable de organizar la recepción de la comitiva fúnebre de la reina Isabel. Como veremos, tanto él como su familia y personajes de su entorno se nos presentan en el manuscrito como testigos privilegiados del acontecimiento. 2. AHNOB, Osuna, caja 2285, doc. 1, fols. 163r-164r El cortejo fúnebre de Isabel I de Castilla en Granada (1504) 145 HID 48 (2022) 143-165ISSN: 0210-7716 ISSN-e: 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2022.i49.6 En cuanto a las normas seguidas en la transcripción, se ha respetado la literalidad del texto actualizando tan solo su acentuación y puntuación, además de señalar con cursiva el desarrollo de las abreviaturas existentes. Se insertan en el texto tanto las palabras interlineadas como las que se encuentran al margen, y los términos tachados por el autor se señalan en nota. Existen en el texto una serie de anotaciones y rectificaciones realizadas por una segunda mano. Con objeto de preservar la integridad del texto primitivo, no se tienen en cuenta en el cuerpo principal de la transcripción, pero recogemos ambas en nota a pie de página. 2. Las fuentes Hasta donde nos ha sido posible determinar, el ritual dispensado por la ciudad de Granada para recibir y acompañar al cortejo fúnebre de Isabel la Católica, ha dejado una escasa huella documental. Los cronistas y escritores que se ocuparon de la época, tanto aquellos contemporáneos al fallecimiento de la soberana como los inmediatamente posteriores, no dejaron noticias sobre el acontecimiento3. Tampoco las encontramos en las actas capitulares del ayuntamiento de Granada, debido a la laguna existente entre los años 1503 y 15114. Y la mayor parte de los autores que en fechas más recientes se refieren con cierto a detalle a este episodio, lo hacen sin citar fuente documental alguna. Entre ellos el relato entre histórico y literario de Fidel Fernández5, seguido cronológicamente por las publicaciones de Rafael García y García de Castro6, Javier Varela7 y Vidal González Sánchez8. Únicamente hemos localizado tres fuentes primarias que ofrecen datos concretos. Por una parte el epistolario de Íñigo López de Mendoza, II conde de Tendilla, que aporta observaciones de primera mano sobre los preparativos de este recibimiento. El volumen relativo a estos años (1504-1506) se conserva, como nuestro manuscrito, dentro del fondo de los duques del Infantado, en el Archivo Histórico de la Nobleza9 y fue publicado por José Szmolka, Mª Amparo Moreno y Mª José Osorio 10.Volveremos sobre este testimonio más adelante. 3. El anónimo continuador de Hernando del Pulgar, Elio Antonio de Nebrija, Lorenzo de Padilla, Alonso de Santa Cruz, Andrés Bernáldez, Alonso Flórez, Pedro Mártir de Anglería, Lucio Marineo Sículo, Gonzalo de Ayora o Lorenzo Galíndez de Carvajal. 4. El volumen más antiguo conservado corresponde a los años 1497-1502 y el segundo libro se inicia en octubre de 1512 y concluye en marzo de 1515 (López Nevot 1994, p. 5). 5. Fernández Martínez 1942, pp. 275-277. Señalar que algunos datos de su narración coinciden con los aportados por nuestro manuscrito. 6. García y García de Castro 1961, pp. 106-109. 7. Varela 1990, p. 26. 8. González Sánchez 2003, p. 59. 9. AHNOB, OSUNA, caja 3406, documento 1. 10. Szmolka Clares, Moreno Trujillo, Osorio Pérez, vol. I, 1996. 146 ÁFRICA ESPÍLDORA GARCÍA HID 49 (2022) 143-165 ISSN: 0210-7716 ISSN-e 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2022.i49.6 Por otra parte, la tesis doctoral de Cécile d’Álbis −Les fêtes civico-religieuses à Grenade, XVIè-XVIIè siècles11− nos ha guiado hasta la descripción que realiza Francisco de Paula Valladar en su obra La Real Capilla de Granada, basada en unas cuentas conservadas en el archivo municipal de Granada, al parecer hoy desaparecidas: Para honrar dignamente los reales despojos de Isabel, la ciudad alzó dos túmulos cubiertos de frisas negras, uno en la puerta de Elvira y otro ignórase en qué sitio; arregló las calles de dicha puerta hasta la Alhambra, pasando por el Realejo a buscar el camino que hoy conduce a la explanada de los Mártires; y costeó la cera, bayetas para lutos de los acompañantes y criados, y la construcción de un puente en el camino de Santa Fe. Según una curiosa cuenta del archivo municipal, la ciudad costeó la cera, los dos túmulos pintados con sus epitafios, 573 varas de frisas negras que se pusieron en los túmulos, 34 varas de bayeta negra que se dieron a Luis de Córdoba para sí, y caballos y criados, y ropas a los porteros y cuatro gallardetes de tafetán, y borlas y cordones al pendón real, y la limpia del pilar del Realejo, etc. La cuenta tiene una nota en la que se consigna que los alabarderos quisieron quedarse con los túmulos, paños y cera, y empezaron a apoderarse de todo ello ‘con violencia’; no se les consintió y se les entregaron 50 ducados12. Y finalmente un conciso apunte procedente de las actas del cabildo municipal de Granada, que recogen el protocolo seguido por la ciudad ante la llegada del cortejo fúnebre del rey Fernando el Católico en 1516. En ellas se dice que se levantó una cama afuera de la puerta Elvira de la forma e manera que se hizo cuando la reyna nuestra señora13. El manuscrito objeto de este estudio viene a llenar parte del vacío documental existente. Aporta datos hasta ahora no conocidos sobre los componentes del cortejo que acompañaba a la reina en su entrada a Granada, el ceremonial desplegado por la ciudad en su honor y los personajes que en él participaron. Nos ofrece también una imagen vívida de lo sucedido en aquel lejano día, hasta el punto de permitirnos escuchar los lamentos y los silencios con que la multitud allí congregada expresó el dolor por su gran pérdida. 3. El último viaje de la reina La reina Isabel había fallecido el 26 de noviembre de 1504 en Medina del Campo, cerca del mediodía. Su meditado testamento, otorgado el 12 de octubre 11. D’Álbis 2008, p. 94. Aunque en su posterior publicación “Sacralización real y nacimiento de una ciudad simbólica: los traslados de cuerpos reales a Granada”, en la que hace referencia al mismo asunto, no menciona la fuente utilizada (D’Álbis 2009, p. 252). 12. Valladar Serrano 1892, pp. 22, 23 y su nota 1. 13. AMG, L-00002 Actas del Cabildo, f. 358r. Citado en Martín Barba 2016, p. 49, nota 120. El cortejo fúnebre de Isabel I de Castilla en Granada (1504) 147 HID 48 (2022) 143-165ISSN: 0210-7716 ISSN-e: 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2022.i49.6 del mismo año, contenía instrucciones precisas sobre los pasos a seguir llegado este momento: Quiero e mando que si fallesçiere fuera de la çibdad de Granada, que luego, sin detenimiento alguno, lleven mi cuerpo entero, como estoviere, a la çibdad de Granada... E quiero e mando que mi cuerpo sea sepultado en el monasterio de Sanct Françisco que es en la Alhanbra de la çibdad de Granada... vestida en el hábito del bienaventurado pobre de Iesuchristo Sanct Françisco, en una sepultura baxa que no tenga vulto alguno salvo una losa baxa en el suelo, llana, con sus letras esculpidas en ella14. Cumpliendo sus últimos deseos, el cortejo fúnebre dejaba Medina al día siguiente, después de las exequias, camino de Granada. También de acuerdo con estas disposiciones, parece que su cadáver no fue embalsamado, a pesar de que lo aconsejara la gran distancia que separaba el lugar de fallecimiento de lugar de inhumación y por tanto la larga duración del viaje15. Recorrió la comitiva los gélidos campos de Castilla durante veintiún días, bajo las lluvias incesantes descritas por uno de sus integrantes, Pedro Mártir de Anglería: Los cielos se deshicieron en cataratas y sobre nosotros volcaron los torrentes de la lluvia a tiempo de nuestra partida. Tanta fue la saña de los elementos contra nosotros, que durante todo ese tiempo no nos fue permitido a ninguno contemplar el sol o cualquiera de los astros... parecía que nos arrastraban las borrascas del mar. Únicamente en las colinas y altozanos nos encontrábamos a seguro. Casi a nado atravesábamos los valles y llanuras... de pies a cabeza nos cubría el lodo y el cieno....Cuando no era posible caminar por los sembrados lo hacíamos por los caminos públicos, gimiendo las cansadas mulas entre nuestras rodillas. Aquí se caía la carga, allí se precipitaban en una fosa, más allá se dejaban abandonados los bultos al no haber caballería en que transportarlos16. Frente a la escasez de datos aportados por las crónicas, la documentación económica producida por la Casa Real nos proporciona información sobre la organización y recorrido de esta procesión fúnebre, gracias a la anotación minuciosa de los gastos que generó17. Escribe el cronista Lorenzo de Padilla, cercano a los hechos, que “llevaron su cuerpo a sepultar a la ciudad de Granada: Juan de Fonseca, obispo de Córdoba; 14. Testamento de “doña Isabel, por la gracia de Dios reyna de Castilla, de León, de Aragón, etc.” 2007, pp. 2-3. 15. La mayor parte de los autores sustenta esta teoría, aunque alguno como Tarsicio de Azcona afirma lo contrario (Azcona 1993, p. 944). 16. Carta de Pedro Mártir de Anglería a Fernando de Aragón. Granada, 25 de diciembre, 1504 (Mártir de Anglería 1955, vol. II, pp. 92-93). 17. Todos los datos relativos a estos aspectos, a excepción de que se indique otra fuente a pie de página, están tomados de Azcona 1993, pp. 941-945 y Alvar Ezquerra 2004, pp. 259-260. Estos autores citan como fuentes: Archivo General de Simancas, Casa y Sitios Reales, leg. 5, f. 151; leg. 6, f. 129, 315 y 740; leg. 8, f. 437; leg. 10, f. 8 y 19; Torre; Alsina 1955-1956 y Torre 1968. 148 ÁFRICA ESPÍLDORA GARCÍA HID 49 (2022) 143-165 ISSN: 0210-7716 ISSN-e 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2022.i49.6 Fadrique de Portugal, obispo de Calahorra; Diego Ramírez de Villaescusa, obispo de Málaga, y Valeriano de Villaquirán, obispo de Ciudad Rodrigo18. Junto a ellos, componían el último séquito de la reina castellana: dos docenas de personas pertenecientes a su capilla bajo las órdenes de Diego de Ribera y del maestro Pedro Ruiz de la Mota, una docena de capellanes encargados del culto, otra docena de cantores con Lope de Baena como organista, dos reposteros de capilla, nueve reposteros de camas y tres de estrados, seis porteros, un copero, cinco ballesteros de mazas, seis monteros de guarda, dos aposentadores, tres continos, encargados de limpiar la plata y de la despensa, un aguador, algunos cereros, varios barrenderos, un carnicero, un gallinero, un caballerizo de andas y cinco ayudas suyos, un acemilero, seis cocineros, treinta y cuatro mozos de espuelas, diez escuderos de a pie y una docena de acémilas. Para el caminar nocturno había un par de antorcheros de madera y otras ciento noventa y cinco hachas. La responsabilidad civil del traslado correspondió a Pedro Patiño, el alcalde Gallego, a los alguaciles Morales, Villanueva, Ramírez y Bravo, y a la condesa de Camiña. El féretro de la soberana iba protegido con dos fundas, una de cuero de becerro y otra de lienzo de vitre encerada. Se apoyaba, atado por unos cordeles, en unas andas sostenidas en las guarniciones de dos acémilas que lucían riendas y caparazones negros. Encabezaba la procesión la cruz del convento franciscano de Arévalo. Es posible reconstruir parte del trayecto seguido hasta llegar a Granada. De Medina del Campo se dirigieron a Arévalo, en Cardeñosa se repartieron limosnas, fue necesario parar en Cebreros para fortalecer el arnés debido a los bamboleos, después Ávila y San Martín de la Vega. A lo largo del camino los frailes y lugareños salían a rezar y despedir a la soberana, y en todos los lugares donde pernoctaron se organizaron cultos religiosos, sobre todo en la villas y ciudades más importantes. El 3 de diciembre llegaron a Toledo. Debido a la copiosa lluvia, solo los frailes de San Juan de Reyes, con una cruz, pudieron adelantarse a recibirla hasta La Vega; mientras el cabildo, las órdenes religiosas, todo el clero y la ciudad esperaban junto a la Puerta del Cambrón. Allí habían preparado un túmulo y dijo el cabildo un responso. Los caballeros y regidores llevaron el ataúd en hombros hasta el monasterio de San Juan de los Reyes y lo pusieron en una tarima en el coro, sobre cinco gradas. Se dijo vigilia y al día siguiente misa de requiem19. Los organizadores del traslado entregaron casullas a los oficiantes y ordenaron colocar cuatro alfombras sobre las que se pudiera extender sobre ellas el dosel que llevaban consigo para ponerlo encima del túmulo; era de terciopelo negro, estaba forrado y llevaba una cruz de raso carmesí y escudos de las armas reales20. 18. Padilla 1846, p. 120. Lorenzo de Padilla (1485-1540), arcediano de Ronda, fue cronista de Carlos I. 19. Relaciones del racionero Juan de Chaves, publicadas por González Simancas 1904, pp. 549-550. 20. AGS, Casa y Sitios Reales, leg. 6, f. 279 (Valladolid. 1506, agosto, 29); leg. 10. f. 386 (sin fecha); leg. 7, f. 395 (Toledo. 1525, junio, 25). Citado en González Marrero 2015, p. 175, notas 97-99. El cortejo fúnebre de Isabel I de Castilla en Granada (1504) 149 HID 48 (2022) 143-165ISSN: 0210-7716 ISSN-e: 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2022.i49.6 Se discutió si no sería mejor detenerse en esta ciudad hasta que se calmara la lluvia, pero eso suponía contravenir las órdenes del rey y continuaron su camino21. Pasaron por Manzanares; en Viso del Marqués se dieron de nuevo limosnas. Para agilizar el paso del río Guadalquivir, el grueso de la expedición lo hizo por Mengíbar, cruzando por el hoy llamado “Paso de la Barca”; y los componentes de la capilla, unas cuarenta personas, lo hicieron por Espeluy. Después Jaén, ciudad en la que se repusieron víveres y especialmente cera; Torre del Campo, donde Juan Martínez, capellán y limosnero de la reina, dio limosna a varios mendigos que salieron al paso del cortejo22; y, finalmente, Granada. Íñigo López de Mendoza, II conde de Tendilla, como alcaide de la Alhambra y capitán general del reino de Granada, fue uno de los responsables de organizar la recepción del cuerpo de la reina y el posterior entierro. A través de su correspondencia nos ofrece un testimonio directo sobre los apresurados preparativos que se realizaron. El 29 de noviembre, cuando el cortejo de Isabel estaba ya en camino, el conde recibió una carta del rey en la que le comunicaba la gravedad del estado de la reina23. A 3 de diciembre ya conocía su fallecimiento24, pero el día 7 aún esperaba órdenes del rey Fernando sobre las ceremonias que se debían celebrar: fasta agora no es venida carta del rey nuestro señor a esta çibdad, más de quanto escrivió su alteza al señor arçobispo y a mí que la reyna nuestra señora estava en peligro25. El día 12 todavía dudaba de que Granada fuera el destino final del cortejo: si aquí vienen, como dizen, con el cuerpo de su alteza de gloriosa memoria26. La reina Isabel había precisado en su testamento el deseo de la mayor sobriedad en todo acto que se celebrase con motivo de su fallecimiento: 21. “En más de una ocasión, los que tenían órdenes del rey de no detenerse bajo ningún pretexto hasta que el cadáver recibiera sepultura en el lugar designando, cambiaron impresiones sobre si dejarlo en Toledo... hasta tanto se apaciguara aquella inaudita rabia de los elementos”. Carta de Pedro Mártir de Anglería a Fernando de Aragón. Granada, 25 de diciembre 1504 (Mártir de Anglería 1955, vol. II, p. 93). De hecho la reina Isabel había contemplado la posibilidad de ser enterrada en esta ciudad en su testamento: “E si acaesçiere que, por la distançia del camino o por el tiempo, no se podiere llevar a la dicha çibdad de Granada, que en tal caso lo pongan e depositen en el monasterio de Sanct Juan de los Reyes de la çibdad de Toledo” (Testamento de “doña Isabel, por la gracia de Dios reyna de Castilla, de León, de Aragón, etc.” 2007, p. 2). 22. Consta en la nómina del tesorero real: “Diose al barquero de la barca de Mengíbar, porque pasase toda la gente, un castellano, e a seis onbres que le ayudaban a cada uno un rreal, que montan 789 maravedís. Seguidamente anota: “Diose a otro barquero de la barca de Espelique que pasase los de la capilla que fueron por allí, cuatro reales 136 maravedís”. Y a continuación: “Compráronse en Jahen 66 hachas que pesaron trece arrobas y ocho libras a mill maravedis el arrova que montan 18 320 mrs.” Citado en Almansa Tallante 1986, p. 111. 23. Carta del conde de Tendilla a Fernando el Católico. Alhambra de Granada, 29 de noviembre, 1504 (Szmolka Clares, Moreno Trujillo, Osorio Pérez 1996, vol. I, p. 190). 24. Carta del conde de Tendilla a Fernando el Católico, 3 de diciembre 1504 (Ibid., p. 203). 25. Carta del conde de Tendilla al conçejo de Alcalá la Real. Alhambra, 7 de diciembre, 1504 (Ibid., p. 207). 26. Carta del conde de Tendilla a su hermano Iñigo Manrique, 12 de diciembre, 1504 (Ibid., p. 209). 150 ÁFRICA ESPÍLDORA GARCÍA HID 49 (2022) 143-165 ISSN: 0210-7716 ISSN-e 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2022.i49.6 En las obsequias que se fezieren por mí, donde mi cuerpo estoviere, las hagan llanamente, sin demasías; e que no haya en el bulto gradas ni chapiteles, ni en la iglesia entoldaduras de lutos ni demasía de hachas ... e lo que se avía de gastar en luto para las obsequias, se convierta e dé en vistuario a pobres; e la çera que en ellas se avía de gastar sea para que arda ante el Sacramento en algunas iglesias pobres, onde a mis testamentarios bien visto fuere27. Se recibieron finalmente instrucciones del rey advirtiendo de estas últimas voluntades expresadas por la reina, por lo que fue necesario simplificar el ceremonial previsto: Una noche, antes de que se acabasen las obsequias, resçebí la carta de vuestra alteza en que manda que el arçobispo, y yo con él, dé una orden cómo no se eçeda en ellas de las cláusulas del testamento de la reyna, nuestra señora, que sea en gloria. Y aunque aquella vino tarde ... se cumplió aquello al pie de la letra quitando todo el aparejo que estava fecho para más28. Con dos concisas frases describiría unos días más tarde el conde de Tendilla el acontecimiento, amparándose en que: otros mejores relatores avrán escripto y por eso callo yo29: No hay otras nuevas syno ser sepultada la reyna, nuestra señora, con tanto dolor y sentimiento de toda esta cibdad que yo nunca vi ny oy cosa tan maravillosa30. Este desaventurado reçebimiento ... os puedo çertificar que el más grande, y más ordenado, y más para mover el llanto y compasión nunca se vio31. Acudía Isabel, el 18 de diciembre de 1504, miércoles, a su postrera cita con la ciudad a la que había tenido en más que a su vida32, con el deseo de que reposase su cuerpo donde había vivido su corazón33. Una Granada en la que aún resonaban los ecos de la conquista aguardaba, expectante, para dar el último adiós a su reina. Sin más, cedemos la palabra a nuestro narrador anónimo. 27. Testamento de “doña Isabel, por la gracia de Dios reyna de Castilla, de León, de Aragón, etc.” 2007, p. 2. 28. Carta del conde de Tendilla al rey Fernando. Alhambra, 23 de diciembre, 1504 (Szmolka Clares, Moreno Trujillo, Osorio Pérez 1996, vol. I, p. 217). 29. Carta del conde de Tendilla a Hernando de Zafra, 24 de diciembre, 1504 (Ibid., p. 218). 30. Carta del conde de Tendilla al capitán Ruíz Día Cerón, 20 de diciembre, 1504 (Ibid., p. 217). 31. Carta del conde de Tendilla al secretario Hernando de Zafra, 24 de diciembre, 1504 (Ibid., p. 219). 32. “esa ciudad que la tengo en más que a mi vida”. Carta de Isabel la Católica al arzobispo Hernando de Talavera. Barcelona, 30 de diciembre, 1492 (Rodríguez Valencia 1970, vol. III, p. 32, nota 99). 33. Bermúdez de Pedraza 1638, f. 200. El cortejo fúnebre de Isabel I de Castilla en Granada (1504) 151 HID 48 (2022) 143-165ISSN: 0210-7716 ISSN-e: 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2022.i49.6 4. La entrada del cortejo fúnebre en Granada “163r La forma que se tuvo en la entrada y reçebimyento de Granada es la syguyente: Venyan delante de las andas, en los primeros, los cavalleros y personas de casa de los grandes y señores que venyan con el cuerpo de la reyna nuestra sennora, que sea en gloria. Tras estos los de la capilla, todos con lobas largas de luto y los capirotes en la cabeça34, de dos en dos. Tras estos venyan don Diego de Córdova35, hijo del conde de Cabra; y don Yñygo36 y don Antonyo37, sus tíos; y el alcayde de los donzeles38; y el comendador mayor de Calatrava39; 34. Una pragmática promulgada por los Reyes Católicos en 1502 había fijado la indumentaria oficial para el luto. Quedaba prohibida la utilización de la marga o jerga, tejido basto hasta entonces propio del luto riguroso, y se establecía que “por las personas reales, o por sus fijos, trayan los honbres luto de lobas cerradas por los lados e con falda e capirotes... e las mugeres tocas negras e ábito con falda e manto con cogulla”. Las lobas eran trajes amplios provistos de aberturas laterales para sacar los brazos; como complemento se empleaban los tocados rematados en punta o capirotes. Además, la reina rechazaba explícitamente en su testamento el empleo de la jerga: “E quiero e mando que ninguno vista xerga por mí“ (Cabrera Sánchez 2001, pp. 556-557; Nogales Rincón 2016, pp. 235-236; Testamento de “ doña Isabel por la gracia de Dios reyna de Castilla, de León, de Aragón, etc.” 2007, p. 2). 35. Existieron tres hijos de Diego Fernández de Córdoba Mendoza, III conde Cabra, llamados Diego, pero no nos es posible identificar claramente al personaje aquí nombrado con ninguno de ellos. El primero, nacido de su matrimonio con Beatriz Enríquez, falleció a los 17 años, en 1487, un año después que su madre. Fue enterrado en el convento de la Consolación de Doña Mencía. El segundo fue el primogénito de su segundo matrimonio con Francisca Zúñiga de la Cerda (-1511), pero los autores consultados dicen que falleció en la niñez o que ni siquiera existió. Finalmente el tercer Diego de Córdoba, hijo ilegítimo del III conde, fue religioso de la Orden de Santo Domingo y murió en edad temprana ordenado de diácono. Tal vez se trate de un error de identificación por parte del autor y quisiera referirse a Luis, su primogénito (Fernández de Córdoba 1954, pp. 379-380, 395 y 398; Soler Salcedo 2008, p. 137; Fernández de Béthencourt 1907, vol. VII, p. 72-73 y 83). 36. Iñigo de Córdoba Mendoza, hijo del II conde de Cabra −llamado Diego Fernández de Córdoba como el III conde−, al que acompañó en algunas jornadas contra los musulmanes. Sirvió a los Reyes Católicos como embajador extraordinario ante Alejandro VI. Contrajo matrimonio con Ana de Aguayo, hija de los señores de Villaverde. Murió joven, en 1506 ya había fallecido (Fernández de Béthencourt 1907, vol. VII, pp. 57-58). 37. Antonio de Córdoba Mendoza (-1531), quinto y último de los varones del II conde de Cabra y María de Mendoza. Participó en la conquista de Granada, fue caballerizo del rey Felipe I, camarero del emperador Carlos I y maestresala de la emperatriz Isabel. Por su matrimonio con María Hurtado de Mendoza (-1530) fue señor de las villas de Torrequebradilla y Torralba (Ibid., pp. 365-371). 38. Diego Fernández de Córdoba Arellano (1464-1518), alcaide de los donceles y I marqués de Comares desde 1512. Casado con Juana Pacheco, hija del I marqués de Villena y hermana de la esposa del conde de Tendilla. Tuvo una destacada participación en las empresas bélicas de la monarquía: la Guerra de Granada, la expansión norteafricana y la conquista de Navarra. Fue gobernador y capitán general de Orán y el primer virrey de Navarra. Era sobrino del III conde de Cabra (Díaz Cachero, RAH, Diccionario biográfico electrónico) 39. Frey Gutierre de Padilla (s. t. S XV-1515). Comendador mayor, clavero y presidente del Consejo de la Orden de Calatrava. Participó activamente en la Guerra de Granada (1482-1492), asumiendo junto a Diego García de Castrillo el protagonismo de la orden en la contienda. Fue alcaide la tenencia de Alhama donde fundó un priorato calatravo que luego se trasladó a la ciudad de Granada. Ocupó la encomienda mayor de la orden desde 1497 (Rodríguez-Picavea Matilla, RAH, Diccionario biográfico electrónico). 158 ÁFRICA ESPÍLDORA GARCÍA HID 49 (2022) 143-165 ISSN: 0210-7716 ISSN-e 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2022.i49.6 ser, y que era muy tarde para llegar al Alhanbra. Y entrando en la puerta pusieron las andas sobre los machos, como primero venya, yendo todavya el qonde a pie, a las manos del freno83 como avya venido hasta ally, y el alcalde mayor de la otra parte. Y todos los otros sennores y cavalleros a pie, en su orden, con sus hachas y en su proçesión ordenada, que casy salía de la puerta84 de la çibdad hazia el Alhanbra85 antes que entrase el cuerpo por la puerta de Elvyra. A la entrada del Alhanbra86 todos los grandes cavalleros que venyan con el cuerpo y los que acá estavan tomaron las andas en onbros y fueron hasta la plaça de San Francisco, donde estaba la condesa de Tendilla y sus hijas87, y donna Luisa de Guzmán88, y donna Juana de Mendoça89, y donna Guiomar de Alarcón 90, y donna Constança Tello91, y otro grande número de mugeres principales de la çibdad y del Alhanbra92. Y allí se hizo93 otro llanto muy terrible”. 83. Tachado en el documento: y el. 84. Tachado por una segunda mano: que casy salía de la puerta. Sustituido por: salieron de la çibdad, de manera que la de los clérigos y legos salía por la puerta. 85. Debe tratarse de la Puerta de Gomérez o Bib al-Luxar, abierta en la muralla que une las Torres Bermejas con la Alhambra y considerada entonces la puerta que conducía de la ciudad hasta la fortaleza. Fue reconstruida en tiempos de Carlos I, pasando a dar su fachada hacia la parte contraria, es decir, hacia el interior de la ciudad y siendo llamada desde entonces Puerta de las Granadas por sus motivos decorativos (Bermúdez de Pedraza 1698, f. 10; Gómez Moreno 1892, p. 22). 86. La Puerta Judiciaria, de la Ley o de la Justicia era considerada entonces la puerta principal de la Alhambra. Fue levantada en 1348 (Gómez Moreno 1892, pp.31-32). También el cortejo fúnebre del rey Fernando pasó tanto por la puerta de Gomérez como por la principal de la Alhambra, ya que además de en la Puerta de Elvira: “Acordaron e mandaron que se hagan çinco altares, los quales se aderesçen muy bien con sus doseles... los quales se an de faser en los lugares syguientes: el uno en la plaçuela de Santiago y el otro en el pilar de los Almizqueros y el otro en la Plaça Nueva y el otro en la Puerta de los Gomeres y el otro en la puerta prinçipal del Alhanbra” (AMG, L-00002 Actas del Cabildo, f. 360v. Citado en Martín Barba 2016, p. 53). 87. Francisca Pacheco, segunda mujer de Íñigo López de Mendoza, I marqués de Mondéjar y II conde Tendilla (véase nota 60), matrimonió que se concertó en 1480. Fue hija del Juan Pacheco −marqués de Villena y privado de Enrique IV− y María Portocarrero. Sus hijas fueron: María de Mendoza, casada con el conde Monteagudo (véase nota 61); tras ella nació en 1497 María Pacheco, casada el 14 de agosto de 1511 con el comunero Juan de Padilla; y la última de las féminas fue Isabel, para quien su padre no tuvo tiempo de pactar un buen casamiento, pues a la muerte del conde, en 1515, aún no se habían iniciado los trámites (Martínez Gil 2020, pp. 152 y 157; Hernández Castelló 2017, pp. 298-301). 88. Luisa de Guzmán (-1523), hija del alcalde mayor de Sevilla Pedro Guzmán y María Dávalos. Fue la segunda esposa de Ruy López de Toledo (-1517), muy unido a la Corona por su participación activa en la guerra de Granada. Era en 1493 tesorero de la Corona en Granada y en 1501 fue nombrado regidor de la ciudad. Tuvo una excelente relación con el conde de Tendilla. El matrimonio se estableció en Granada hasta su muerte y ambos fueron enterrados en el monasterio de Santa Cruz el Real de esta ciudad (Domingo Malvadi 2001, pp. 228-239). 89. Juana de Mendoza, hija de Francisco Hurtado de Mendoza, mayordomo de los Reyes Católicos. Fue la primera mujer de Alonso de Granada Venegas (véase nota 59), los Reyes Católicos fueron padrinos de su enlace y aportaron una dote para la novia. Era prima hermana del conde de Tendilla (Zekri 2019, p. 162; Peinado Santaella 2013, p. 220). 90. Guiomar de Alarcón (o Acuña), hija de los señores de Lezuza y Munera, viuda entonces de Pedro de Zafra que había fallecido en 1500 durante la rebelión de los moriscos. Su marido fue contino de los Reyes Católicos, alcaide de Mondújar y veinticuatro de Granada; era hermano del secretario real Hernando de Zafra. Íñigo López de Mendoza, conde de Tendilla, concertó su matrimonio con Guiomar −prima segunda de su mujer Francisca Pacheco−, a la que proporcionó la dote necesaria. Tras la muerte de Pedro de Zafra en Mondújar, el conde intercedió a favor de su viuda e hijos para que los cargos y herencia que aquél poseía en Granada pasaran a sus herederos sin problemas (Moreno Trujillo 2010, p. 194; Pérez Boyero 1994, p. 189). El cortejo fúnebre de Isabel I de Castilla en Granada (1504) 159 HID 48 (2022) 143-165ISSN: 0210-7716 ISSN-e: 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2022.i49.6 91 92 93 5. Conclusiones En su conjunto, el manuscrito posee un gran valor como fuente primaria que permite añadir un renglón al capítulo final de la vida de Isabel I de Castilla. En cuanto a sus aportaciones concretas, el texto proporciona información de interés para aquellos estudios relativos al ceremonial funerario que rodeaba el fallecimiento de los monarcas castellanos, en especial sobre su dimensión pública. Entre estos datos destacamos la precisa descripción del séquito que acompañaba a la reina en el momento de su entrada en Granada y la del túmulo levantado junto a la puerta de Elvira para la recepción del féretro real. También la imagen que el autor nos ofrece de la procesión que escoltó a la comitiva fúnebre a través de la ciudad, ya que incorpora la mayor parte de los elementos siempre presentes en los rituales de esta naturaleza: la participación de los miembros de las instituciones civiles y religiosas, el pendón real, las lobas y capirotes como vestimentas de luto, las numerosas hachas encendidas, la multitud congregada y los grandes llantos. Por otra parte son de interés las numerosas referencias a personas concretas a lo largo de la narración, la constancia de su presencia en el acontecimiento hace posible sumar un nuevo dato a la biografía de cada una de ellas. Además, asistimos a un desfile de la aristocracia granadina de la época, con toda probabilidad se trata de una visión sesgada por la relevancia otorgada por el relator a los miembros de la familia del conde de Tendilla, pero en todo caso obtenemos una instantánea de la red de poder creada por Íñigo López de Mendoza sostenida por estrechos lazos de parentesco que fortalecían las alianzas locales. Formaban parte del grupo de caballeros del cortejo de la reina Isabel a su entrada en Granada representantes de tres de las ramas de la Casa de Córdoba: Diego Fernández de Córdoba, III conde Cabra ─acompañado por uno de sus hijos─; sus hermanos Íñigo y Antonio; su sobrino ─y cuñado del conde de Tendilla─ Diego Fernández de Córdoba, alcaide los Donceles; y Pedro Fernández de Córdoba, I marqués de Priego y a la vez sobrino del conde de Tendilla. Junto a ellos Dionís 91. No ha sido posible identificarla. 92. Tachado en el documento: Donna María Manuel, muger de don Álvaro de Bazán, y donna María de Pennalosa, y donna Juana de Mendoza, y todas casy las mugeres de cavalleros de la çibdad y del Alhambra, en que avría trezientas qinientas mugeres principales. María Manuel fue hija de Hernán Gómez, duque de Badajoz, y de Beatriz Manuel de Figueroa. Llevó siempre el apellido de su madre que formaba parte de los Manueles, descendientes del infante Juan Manuel. Fue dama de Isabel la Católica, de su hija Isabel y aya de su nieto Miguel. En 1499 falleció Álvaro de Bazán y quedó viuda con cuatro hijos administrando la herencia de su marido, de quien era testamentaria junto al II conde de Tendilla Íñigo López de Mendoza, primo hermano de aquél (López Torrijos 1999, p. 410). María de Peñalosa estuvo casada con Francisco de Bobadilla quien, tras la guerra de Granada, partió para América enviado por los reyes como pesquisidor de la actuación de Cristóbal Colón y gobernador de La Española. El matrimonio acumuló numerosas propiedades alrededor de la ciudad de Granada (Hernández Benito 1995, p. 86). 93. Tachado por una segunda mano: donna Luisa de Guzmán y donna Juana de Mendoça, y donna Guiomar de Alarcón, y donna Constança Tello y otro gran número de mugeres prinçipales de la çibdad y del Alhambra. Sustituido por: e todas las personas y mugeres de cavalleros y hombres principales de Granada, y de los que estaban y los que venyan, se hizo. 160 ÁFRICA ESPÍLDORA GARCÍA HID 49 (2022) 143-165 ISSN: 0210-7716 ISSN-e 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2022.i49.6 de Portugal y Pedro Fajardo Chacón, adelantado de Murcia. Solo de este último, como apuntamos en nota, sabíamos de que había acompañado al cuerpo de la reina desde Medina del Campo. A ambos lados del féretro, fray Diego Magdaleno, vicario general de la Orden de Santo Domingo, y el provincial de los observantes de San Francisco, fray Manuel de San Martín. Cerrando la comitiva las damas nobles, todas ellas habían pertenecido al entorno cortesano más próximo a la reina: Beatriz de Bobadilla, marquesa de Moya, y su hija Isabel; Teresa de Távora, condesa de Camiña; Inés Manrique, viuda de Juan Chacón, y su hermana Magdalena, esposa del antes nombrado Pedro Fajardo; y Constanza Vivero. Aunque, como en el caso de las personas hasta ahora citadas, no podemos saber en qué momento exacto se incorporaron al cortejo, esta información nos permite cuestionar la tradicional afirmación de que la condesa de Camiña fue la única dama noble integrante de la comitiva. Aguardaban a orillas del río Beiro: el poderoso Íñigo López de Mendoza, II conde de Tendilla, alcaide de la Alhambra y capitán general del reino de Granada, su sobrino Juan de Mendoza Cabeza de Vaca y su yerno Antonio de Mendoza; Fernando de Córdoba, hijo del conde de Cabra; el alcalde mayor Lope de Montenegro; y el alguacil mayor Alonso de Granada, cuya presencia nos recuerda la integración de las familias de la élite nazarí en la oligarquía local. Un acercamiento a la biografía de los personajes hasta aquí nombrados nos muestra un perfil que prácticamente todos ellos compartían: su participación en las guerras de Granada y su relación con el círculo cultural de Pedro Mártir de Ánglería. Junto a la puerta de Elvira, el arzobispo Hernando de Talavera, figura fundamental en la historia de la ciudad, esperaba para despedir a su amada soberana. Y como última imagen, la de las mujeres que esperaban a la procesión fúnebre en la plaza de San Francisco de la Alhambra: Francisca Pacheco, esposa del conde de Tendilla, con al menos dos de sus hijas: María de Mendoza y la entonces niña María Pacheco, que contraería matrimonio con el comunero Juan de Padilla; Luisa de Guzmán esposa del regidor Ruy López de Toledo; Guiomar de Alarcón, viuda de Pedro de Zafra, prima segunda de la mujer de Tendilla; y Juana de Mendoza, esposa del alguacil mayor Alonso de Granada y prima hermana del conde de Tendilla. Con la muerte de la reina y la subsiguiente crisis sucesoria, se abrió una etapa de inestabilidad política en toda Castilla. En el caso de la antigua ciudad nazarí, los nobles que habían contribuido a su conquista y construcción formaron bandos opuestos, al dividir su apoyo entre Fernando de Aragón y Felipe de Habsburgo; y tras la muerte de este, entre Fernando y Carlos I. El equilibrio de poder hasta entonces existente entre los distintos grupos de la oligarquía urbana, obra en gran parte del arzobispo Hernando de Talavera, que fallecería en pocos años, y del conde de Tendilla, que perdería parte de su influencia, se rompió. En este sentido, el documento nos muestra una Granada que pronto desaparecería. El cortejo fúnebre de Isabel I de Castilla en Granada (1504) 161 HID 48 (2022) 143-165ISSN: 0210-7716 ISSN-e: 2253-8291 https://dx.doi.org/10.12795/hid.2022.i49.6 Bibliografía citada Ágreda Pino, Ana María (2011), “Indumentaria religiosa”, en Emblemata: revista aragonesa de emblemática, 17, pp. 107-128. Aldea Vaquero, Quintín, “Hernando de Talavera”, en Real Academia de la Historia, Diccionario biográfico electrónico (en red: http://dbe.rah.es/biografias/8464/hernando-de-talavera [consulta: 14/12/2020]). 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