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La tarea del pensador en la sociedad boliviana

Choque Aliaga, Osman Daniel

Abstract

El filósofo boliviano H. C. F. Mansilla estudió ciencias políticas y filosofía en universidades alemanas. La Freie Universität Berlin le concedió la venia legendi en 1976. Fue profesor visitante en universidades de Australia, Brasil, España y Suiza. Es miembro de número de la Academia Boliviana de Ciencias y de la Academia Boliviana de la Lengua y miembro correspondiente de la Real Academia Española y de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Autor de varios libros sobre ecología social y tradiciones político-culturales latinoamericanas. H. C. F. Mansilla, en esta entrevista, nos expresó sus ideas sobre diversos temas de su trayectoria académica y sus reflexiones acerca de la responsabilidad del pensador en la sociedad boliviana.

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«F RAGMENTOS DE FILOSOFÍA », nº 17 (2019), pp. 129-145. ISSN 1132-3329 L A TAREA DEL PENSADOR EN LA SOCIEDAD BOLIVIANA THE TASK OF THE THINKER IN THE BOLIVIAN SOCIETY O SMAN C HOQUE Universidad Salesiana de Bolivia junker[email protected] Resumen El filósofo boliviano H. C. F. Mansilla estudió ciencias políticas y filosofía en universidades alemanas. La Freie Universität Berlin le concedió la venia legendi en 1976. Fue profesor visitante en universidades de Australia, Brasil, España y Suiza. Es miembro de número de la Academia Boliviana de Ciencias y de la Academia Boliviana de la Lengua y miembro correspondiente de la Real Academia Española y de la Academia Norteamericana de la Lengua Española. Autor de varios libros sobre ecología social y tradiciones político-culturales latinoamericanas. H. C. F. Mansilla, en esta entrevista, nos expresó sus ideas sobre diversos temas de su trayectoria académica y sus reflexiones acerca de la responsabilidad del pensador en la sociedad boliviana. Palabras clave: Mansilla – pensador – crítica – Bolivia Abstract Bolivian philosopher H. C. F. Mansilla studied political science and philosophy at German universities. Freie Universität Berlin granted him venia legendi in 1976. He was a visiting professor at universities in Australia, Brazil, Spain and Switzerland. He is a member of the Bolivian Academy of Sciences and the Bolivian Academy of Language and corresponding member of the Royal Spanish Academy and the American Academy of the Spanish Language. Author of several books on social ecology and Latin American political-cultural traditions. H. C. F. Mansilla, in this interview, expressed his ideas on various topics of his academic career and his reflections on the responsibility of the thinker in Bolivian society. Keywords: Mansilla – thinker – critical – Bolivia 130 L A TAREA DEL PENSADOR «FRAGMENTOS DE FILOSOFÍA», NÚM. 17, 2019, pp. 129-145. ISSN: 1132-3329 Estimado prof. Mansilla (HCFM), le agradezco su disposición para compartir sus opiniones sobre diversos temas y la tarea del pensador en la sociedad boliviana. Quisiera permitirme hacerle unas preguntas acerca de su vida académica a manera de introducción. Efectivamente Vd. publicó Memorias razonadas de un escritor perplejo (2009), una obra que puede considerarse como una autobiografía intelectual en la que narra varias de sus impresiones en ese proceso que lo consolidó como un pensador. En cuanto a sus estudios universitarios estos no fueron realizados en nuestro país. Sus estudios académicos, tanto de pregrado como postgrado, los realizó en Europa. En todo ese trayecto quizá tuvo el privilegio de conocer a muchos pensadores. ¿Quiénes causaron y dejaron una profunda impresión en su vida? HCFM: Muchos. Sería un asunto largo y tedioso hacer una lista de todos ellos. No obstante, mencionaré a mis profesores de la Universidad Libre de Berlín: Richard Löwenthal y Ernst Fraenkel. Luego nombraré a los que me han influido de alguna manera: Platón, Aristóteles, Cicerón, Montaigne, La Rochefoucauld, Voltaire, Lord Bertrand Russell, los miembros de la Escuela de Frankfurt, Hannah Arendt, Octavio Paz… y otros menos conocidos, como Karl Vorländer, François Furet, José Ortega y Gasset y Guillermo Francovich. Luego de realizar los estudios en Alemania, llegó a ser profesor en universidades europeas. En noviembre de 1976 recibió la venia legendi, que es la habilitación para una cátedra titular, por la Freie Universität Berlin. Un cargo que requiere efectivamente mucho trabajo y dedicación, especialmente para una persona que no tiene una nacionalidad europea. Tengo entendido que después decide retornar al país. ¿Por qué decidió volver a Bolivia? HCFM: Mi carrera en Alemania fue normal y habitual; no fue brillante. Pensé, tal vez equivocadamente, que durante décadas sería sólo un número dentro de una burocracia académica bien aceitada. Creí ingenuamente que haría una mejor carrera en Bolivia. ¿Por qué cree que su carrera no fue mejor en Bolivia? Sus publicaciones dan muestra de una producción académica constante y creciente. Pienso, sobre todo, en muchos de los autores, nacionales e internacionales, que toman sus O SMAN C HOQUE 131 «FRAGMENTOS DE FILOSOFÍA», NÚM. 17, 2019, pp. 129-145. ISSN: 1132-3329 reflexiones para acercarse a la política como a la filosofía. HCFM: No conozco a nadie que “tome mis reflexiones para acercarse a la política como a la filosofía”. Es Vd. muy bondadoso al afirmar algo así, aunque sea como mera hipótesis. A diferencia de muchos otros académicos en el país quienes se inclinaron a defender el marxismo, su postura ha sido opuesta. Se ha mostrado como un pensador bastante crítico, incluso con pensadores que tienen una relación con las ideas que explica. Me refiero a la Escuela de Frankfurt. En un artículo suyo titulado “Un alma atormentada de un notable marxista. Georg Lukács y las ambigüedades del espíritu crítico” (2018a) dice: “Casi todos los marxistas se han adherido al axioma de que un mal socialismo es preferible a un buen capitalismo” (9). Ahora bien, quisiera preguntarle ¿Por qué su postura fue opuesta frente al marxismo que estaba en boga en Bolivia? ¿Tiene algún aprecio por Georges Lukács? HCFM: La primera pregunta tiene una respuesta muy simple. El marxismo producido en Bolivia, desde José Antonio Arze hasta el presente, es aburrido, elemental, anticuado, acrítico, por debajo del nivel alcanzado en la discusión internacional. Dediqué a esta temática un grueso volumen: Una mirada crítica sobre la obra de René Zavaleta Mercado. La cultura política boliviana y el desprecio por la democracia liberal (2015), donde expongo mis reparos de forma más detallada. El húngaro Georg Lukács (1885-1971), el padre del revisionismo marxista, ha sido ciertamente el pensador más importante de esta corriente, y su libro Historia y consciencia de clase (1923) el fruto más sólido e importante de la misma, no superado hasta hoy. Lukács fue uno de los primeros marxistas en señalar los aspectos negativos que conllevan el progreso material y los procesos crecientes de especialización, mecanización y despersonalización, responsables de la “destrucción de la totalidad” y la eliminación de la cultura genuina, por una parte, y productores de los fenómenos de cosificación, por otra. Decir esto es un claro testimonio de mi aprecio por Lukács. Pero poco a poco Lukács se transformó en un dogmático marxista: nunca más fue turbado por la más mínima duda: la verdad absoluta estaba contenida en las obras de Marx, Engels y Lenin y en la praxis de los partidos comunistas de orientación moscovita. Desde su ingreso al Partido Comunista de Hungría en 1918 Lukács perteneció a la cúpula dirigente; fue Comisario del Pueblo para Educación y Cultura y Comisario 132 L A TAREA DEL PENSADOR «FRAGMENTOS DE FILOSOFÍA», NÚM. 17, 2019, pp. 129-145. ISSN: 1132-3329 Político de una división del Ejército Rojo (1919), y en estas actividades se destacó por su fanatismo y por la utilización de cualesquiera medios para consolidar el efímero poder comunista en Hungría. Bastante sangre de inocentes se pegó a las manos de Lukács. Vd. publicó varios textos en español y en alemán. Su primera publicación fue en 1970 con el título Introducción a la teoría crítica de la sociedad. También encontramos textos como Nationale Identität, gesellschaftliche Wahrnehmung natürlicher Ressourcen und ökologische Probleme in Bolivien (1985) y Zur Theorie der dauerhaften Entwicklung in Lateinamerika. Eine neue Ideologie der Staatsbürokratie und der herrschenden Eliten? (2000). Hace pocos años atrás publicó Las raíces conservadores bajo las apariencias radicales en América Latina (2016) ¿Cuál de sus obras ha llamado más la atención del público y, consecuentemente, ha tenido más renombre dentro de sus escritos? ¿Tiene alguna obra que para Vd. sea considerada como “preferida”? HCFM: No tengo un texto preferido. Ninguna obra mía ha llamado particularmente la atención del público. Los libros que Vd. justamente menciona han representado un fracaso de ventas. Sobre ellos, por ejemplo, nunca salió ni una breve reseña en Bolivia. El único libro mío que llegó a una segunda edición fue: El carácter conservador de la nación boliviana (2010), que es un texto escrito en clave irónica. No creo que los pocos lectores lo hayan comprendido. También se inclinó a escribir literatura en el género novela. En el año de 1983 publica Laberintos de desilusiones, luego vienen otros títulos como La utopía de la perfección (1984), Opandamoiral (1992) y Consejeros de Reyes (1993). Coméntenos un poco acerca de sus cuatro novelas. ¿Por qué se dedicó a este género? ¿Qué reflejan esos títulos y, sobre todo, qué ideas pretendió expresar? HCFM: Creo que los poetas y los novelistas son muy importantes porque se atreven a la ficción, al ámbito de la libertad total que es la creación literaria. Y no se limitan, como los cientistas sociales y los filósofos, a una dimensión menor, que es la del análisis y la teoría en el campo de las ciencias sociales. Dentro de los géneros literarios la novela es aquel que está más cerca de mis intereses y posibilidades. El largo y a veces enmarañado texto de una novela está sometido a criterios estéticos más laxos que el cuento o la poesía. Se parece algo al ensayo y al panfleto porque se apoya en hipótesis extraliterarias y a menudo transmite experiencias razonadas e ideas O SMAN C HOQUE 133 «FRAGMENTOS DE FILOSOFÍA», NÚM. 17, 2019, pp. 129-145. ISSN: 1132-3329 sociales, políticas y filosóficas. Lo que más me gusta de las grandes novelas es que irradian una visión coherente del mundo junto con los avatares particulares de individuos inconfundibles. Debo insistir aquí que la literatura y las artes representan para mí la forma más noble y elevada de la creación humana, la realmente perdurable, la única que merecería sobrevivir a la conclusión de nuestra historia sobre la Tierra. Los productos más importantes de la filosofía y las ciencias no alcanzan ese nivel de lo excelso propio del arte. La esfera de la literatura y las artes posee una eminencia superior a las ciencias porque está vinculada con la verdadera inmortalidad. Vd. pregunta cuáles ideas pretendo expresar por medio de mis novelas. El tema central de Laberinto de desilusiones, por ejemplo, es la crítica del mundo altamente desarrollado, representado en este caso por aquella Alemania próspera y democrática que conocí en mi época estudiantil. Por debajo de ese ámbito de libertad y tolerancia ─ que ha sido sin duda de enorme relevancia histórica ─ se hallaba una sociedad que discriminaba a los extranjeros (a veces muy sutilmente), que obligaba a sus ciudadanos a vivir bajo los principios universales del rendimiento y el consumismo y que tendía también a producir un uniformamiento casi obligatorio de las pautas de comportamiento y gusto. A la luz de su apreciación por los libros, en especial en el campo de la literatura ¿Tiene alguna novela o autor en especial? ¿Por qué han llamado su atención y preferencia? HCFM: Me gustan autores muy diferentes entre sí, como Homero y Gibbon. En los albores mismos de la creación intelectual el divino Homero nos mostró que la historia de los hombres es una cadena ininterrumpida de fatalidad, sufrimiento y miseria. La Ilíada representa un testimonio temprano de que la vida humana consiste en la experiencia continuada de pena, pasión y desacuerdo; por encima de las diferencias los seres humanos sentimos que estamos expuestos al mismo destino incierto y generalmente cruel. Edward Gibbon ─ un estilista incomparable del idioma inglés ─ afirmó que la historia humana es poco más que el registro de los crímenes, las locuras y los infortunios de la humanidad. Los autores que más me gustan son aquellos que nos muestran cuán improbable es que exista algo así como un sentido general de la vida de carácter positivo y promisorio para la mayoría de los seres humanos. Después de haber leído a Franz Kafka, no creo que un gran novelista pueda consagrarse exclusivamente a cosas relativamente inofensivas, como las maldades de los políticos y la estulticia de las masas. Con los 134 L A TAREA DEL PENSADOR «FRAGMENTOS DE FILOSOFÍA», NÚM. 17, 2019, pp. 129-145. ISSN: 1132-3329 poetas rusos de comienzos de la Revolución Bolchevique, como Isaac Babel, con Franz Kafka, Paul Celan y otros, pienso en las grandes tragedias que truncaron de forma absurda millones de vidas humanas, como las dos guerras mundiales, los campos de concentración comunistas y fascistas, el moderno terror tecnificado y las guerras civiles. El totalitarismo del siglo XX fomentó la posibilidad de ver la vida como un contexto inescapable de locura, violencia y caos. Pero aun así algunos literatos han creado o supuesto pequeños sentidos parciales, individuales y temporales. La acumulación de sentidos parciales, que paso a paso en sí mismos tienen algo que da coherencia a nuestros actos, forma un conjunto, una totalidad, que, por más casual y relativa que sea en sus componentes, posee un sentido racional y suficientemente amplio para contrarrestar la idea contemporánea del relativismo a ultranza. Esta podría ser la gran labor de la literatura actual. En América Latina sus representantes más ilustres han sido Octavio Paz y Mario Vargas Llosa. Hablemos de su relación con las universidades bolivianas. ¿Por qué considera que pocas universidades han querido tenerlo como un profesor de tiempo completo o con un compromiso más seguro? HCFM: Mi trayectoria no ha sido importante de acuerdo a ningún parámetro razonable. Para contestar su pregunta: a nadie le gusta que le hagan sombra. Y menos aún en sociedades convencionales y conservadoras como la boliviana, en las cuales los docentes, las burocracias y los periodistas – aunque digan que son de izquierdas – son terriblemente rutinarios, provincianos y dogmáticos. No lo sabía cuando decidí retornar a Bolivia. Tenía a mi padre como único ejemplo y como único término de referencia, quien fue rector de la Universidad Mayor de San Andrés y hombre totalmente fuera de los parámetros y valores de comportamiento habituales, normales y razonables según la lógica mezquina del momento y del lugar. Tal vez su figura me hizo calcular mal la constelación que me esperaba. A lo mejor la frase “nadie quiere que le hagan sombra” describe un fenómeno que está presente en la educación superior en Bolivia. Me explico. No existe un tipo de institución que cuide y verifique el nivel de investigación, semilleros y grupos de investigación y producción intelectual en las universidades. No tenemos una institución, en ese sentido, que pueda dar una categoría a cada universidad de acuerdo a los parámetros internacionales de calidad. Para no ir tan lejos, ¿cómo considera la producción investigativa de las facultades de O SMAN C HOQUE 135 «FRAGMENTOS DE FILOSOFÍA», NÚM. 17, 2019, pp. 129-145. ISSN: 1132-3329 humanidades en el país? ¿Cuál es su opinión acerca de las exigencias que tienen las universidades, por ejemplo, en Colombia o Chile, en el campo de la investigación? HCFM: No conozco la situación de las universidades que Vd. menciona. Con respecto a la situación boliviana le puedo decir lo siguiente. Pudiendo equivocarme, creo que una de las características de la universidad boliviana actual es la indiferencia ante los derechos humanos, frente al libre acceso a la información y ante la educación racional y moderna. Esto se manifiesta por ejemplo en el funcionamiento fáctico de las universidades bolivianas, aunque las declaraciones retóricas de sus autoridades vayan en otro sentido. El ámbito universitario no es, evidentemente, una abreviatura simbólica de toda la sociedad, pero el análisis del mismo nos permite sacar algunas conclusiones provisionales acerca de la mentalidad colectiva. El Comité Ejecutivo de la Universidad Boliviana (CEUB) encargó un extenso estudio llevado a cabo bajo la dirección de un conocido sociólogo español, Emilio Lamo de Espinosa, que fue publicado (1998) por el Convenio Andrés Bello con el título La reforma de la universidad pública boliviana. Uno de los motivos principales para emprender este análisis era la notable desproporción entre la magnitud del número de estudiantes y profesores, por un lado, y la escasa participación de docentes y alumnos en labores de investigación, en publicaciones científicas internacionales y en el registro de patentes, por otro. Como agravante se debe mencionar el hecho de que las universidades estatales no sufrían entonces ni sufren ahora por falta de recursos financieros. Usted a su edad dice ser una persona pesimista. ¿Cómo entiende el ser pesimista? ¿Esa actitud está presente desde que llegó a Bolivia? HCFM: No soy pesimista. Soy realista. Y esto significa simplemente no acariciar falsas ilusiones. Cuando retorné definitivamente a Bolivia en 1982 tenía algunas ilusiones que se desvanecieron paulatinamente. Entonces, ¿considera que algún elemento fue crucial en su vida? HCFM: Muchos. Sería un asunto largo y tedioso hacer una lista de todos ellos. Mi principal acceso al mundo han sido los libros. Ellos han sido lo realmente importante. Para contestar su pregunta, eché un vistazo a mi biblioteca. Me encontré con una cantidad muy elevada de revistas y libros alemanes de orientación 136 L A TAREA DEL PENSADOR «FRAGMENTOS DE FILOSOFÍA», NÚM. 17, 2019, pp. 129-145. ISSN: 1132-3329 izquierdista, que adquirí a partir de 1962. En cada libro estaban sedimentadas tantas ilusiones y esperanzas, tanta fe en un futuro brillante para la humanidad. La mayor parte de mi biblioteca fue una mala inversión. Tengo, por consiguiente, sentimientos encontrados y contradictorios con respecto a mi propia biblioteca: por un lado considero que los libros son el invento más noble y más grande que han creado los seres humanos. Por otro detesto las obras de autores llamados progresistas, que me han costado tiempo y dinero y no me han ayudado a comprender mejor mi mundo. Mi biblioteca puede ser vista como una inversión mala y superflua. Aquí se aplica lo que dijo Shakespeare en el Hamlet: palabras, palabras, biensonantes, eufónicas, a la moda del día, convincentes a primera vista, pero meras palabras al fin y al cabo. En el año de 2018 la editorial Rincón ediciones decidió publicar en III tomos varias de sus obras bajo el título de Obras selectas. A la vez que esta publicación sugería reconocer los 50 años de su trayectoria académica. ¿Cómo sitúa la publicación de sus Obras selectas dentro de su pensamiento? ¿No ha pensado en escribir, como lo hizo uno de sus autores preferidos Bertrand Russell, una especie de autobiografía? HCFM: Como una especie de culminación de una modesta actividad intelectual. Quisiera ahora pasar a la segunda parte de esta entrevista y referirnos al título de la misma: “La tarea del pensador”. En un trabajo titulado “Mansilla y la vocación intelectual” (2018) el autor de ese texto se inclina a reconocerlo como una persona crítica con una abundante reflexión escrita. Dice el texto: “H. C. F. Mansilla es un intelectual a carta cabal. Los tres tomos de sus Obras selectas, publicadas magníficamente por Rincón Ediciones, lo demuestran con absoluta contundencia” (Fernández, 2018). Un lector puede considerar que la labor del intelectual radica en la publicación de investigaciones y una postura crítica dirigida sobre todo hacia sí mismo. Quisiera preguntarle ¿Es así como estaría de acuerdo en que pueda entenderse la responsabilidad del pensador? ¿Acaso no exige algún compromiso social o con la propia existencia? HCFM: Como decía a menudo Theodor W. Adorno, la labor positiva del intelectual puede ser visualizada criticando las labores negativas que estos señores producen sin descanso. En este campo, en el que la seducción masiva sigue O SMAN C HOQUE 137 «FRAGMENTOS DE FILOSOFÍA», NÚM. 17, 2019, pp. 129-145. ISSN: 1132-3329 exhibiendo una eficacia considerable, los intelectuales renuncian a su función crítica, es decir: a practicar una distancia racional y analítica con respecto a todos los fenómenos políticos. Aquí se puede constatar cómo las buenas intenciones se subordinan a las necesidades políticas del momento. La fascinación por los paradigmas poco democráticos, pero radicales que aún permanecen en el planeta, constituye uno de los fenómenos más interesantes para ser estudiados por las ciencias sociales, pues esa fascinación se alimenta de un impulso simplificador que cree haber encontrado alternativas claras a problemas complejos, de un residuo arcaizante de corte utopista y de una nostalgia por un orden conservador en los planos cultural y ético. En este contexto hay que comprender la retórica anti-imperialista, tan extendida en América Latina, que posee fuertes raíces católico-tradicionalistas, con rasgos inquisitoriales, antiliberales, anti-individualistas y antirracionalistas, es decir: antimodernos. De ello proviene su enorme popularidad entre los más diversos estratos sociales y grupos étnico-culturales. La retórica anti-imperialista tuvo y tiene notables funciones compensatorias, que son muy difíciles de ser reemplazadas por concepciones liberales y racionalistas. La más importante y visible es la construcción de un camino revolucionario, considerado como auténtico y original, que pondría fin a todas las falencias acumuladas a lo largo de una historia atroz. La auténtica labor de los intelectuales – si existe algo formulado tan dramáticamente – puede ser vislumbrada en la actitud básica de Guillermo Francovich, descrita por Fernando Molina como “el disciplinado ejercicio de instruirse a sí mismo”. Y Molina continuó: “[Francovich] dedicó su vida a aclarar, mejorar, iluminar. Enfrentó solo, pero entusiasta, las tumultuosas sombras de la ignorancia”. A la luz de sus investigaciones y publicaciones considero que estamos ante un autor que podemos estudiar y analizar, lo digo con bastante riesgo, de manera sistemática. Quisiera conocer si existe un posible “hilo conductor” en sus reflexiones. Es decir, las etapas en las que se preocupó por un tema y, de ser así, los cambios que existieron después. HCFM: No hay un hilo conductor, tampoco un modelo reiterativo o continuo de temas a investigar. No entreveo las etapas y los cambios que Vd. posiblemente tiene en mente. No soy sistemático. Me encanta el desorden y la improvisación. Me han faltado algunos impulsos decisivos para la elaboración de la verdadera filosofía, 144 L A TAREA DEL PENSADOR «FRAGMENTOS DE FILOSOFÍA», NÚM. 17, 2019, pp. 129-145. ISSN: 1132-3329 Maestros, desarrollar hacia el futuro los núcleos valiosos del comienzo y elevar hacia nuevas cumbres la calidad intrínseca de los textos originales, pero me atrevo a aseverar que precisamente estos hábitos y procesos son los típicos de la filosofía medieval: eso es lo que los monjes pensantes hicieron con los Evangelios. Por ello afirmo que hasta la exégesis más sutil del marxismo genera a la larga esterilidad y aburrimiento. Yo, en cambio y de manera ingenua, pensé y pienso que los afanes teóricos deben servir a una causa concreta y terrenal: comprender el pasado, mejorar el presente y encaminar racionalmente el futuro. Bibliografía Arendt, H. (2005). La condición humana. Barcelona: Paidós. Choque, O. (2017). ‘El caballero de la exactitud perversa’. El tiempo histórico y la discontinuidad histórica en el pensamiento de Michel Foucault. Estudios de Filosofía, 55, 119-143. Díez, A. (09 de junio de 2019). Visita a un texto de H. C. F. Mansilla. Página Siete. 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