scieee AI-readable full text Open interactive document viewer

De la ciudad andalusí a la castellana: el espacio urbano en la Andalucía bajomedieval

Collantes de Terán Sánchez, Antonio

Full text

DE LA CIUDAD ANDALUSÍ A LA CASTELLANA: EL ESPACIO URBANO EN LA ANDALUCÍA BAJOMEDIEV AL 1 Por ANTONIO COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ La integración de la Península Ibéri ca en el mundo araboislámico durante varios siglos y la posterior conquista del territorio por los reinos cristianos surgidos en el nor te, plantea el tema de la sustitución de una civilización por otra. Uno de los elementos consubstanciales de aquélla fueron las ciudades, que acabarían siéndolo también de la europea. Por tan to , la cuestión es hasta qué punto dicha sustitución incidió so bre la concepción y la forma urbana, pues fueron modeladas por los andalusíes a lo largo de varios siglos, para, posteriormente, ser ocupadas por una población con una estructura social y con una cultura diferentes. La cuestión de la diferencia ya se planteó hace m ás de un siglo y tu vo un largo recorrido historiográfico de todos conocidos -califi- cada de "colonialista" por algunos-, en las dos últimas décadas del pasado siglo surgieron una serie de trabajos cuestionando dicha visión y proponiendo otras, que trataban de establecer los rasgos diferenciales de dicha ciudad2. Quizás como reacción a l. Este trabajo se prese nt ó en un coloquio sobre ·'Morpholigie urbaine et identité sociale dans !'are méditerrenéen au Moyen Age (Xe-Xve sie cl e)", celebrado en la Un iversidad de Chambery. en 2005, con el tí tulo "Espacio urbano y sociedad en la Andalucía bajomedieval: de la ciudad andalusía a la castellana". En el mismo se ha efec tu ado una ac tu alización bibliográfica, se h an introducido algunas cuestiones y se han matizado otras, po r ser distinto el contexto en el que se publica. 2. Entre las di stintas síntesis que se han venido publicado sobre la evolución de esta hi storiografía • la más reciente es la que ofrecen J. Navarro Palazón y P. Jiménez Castillo (Las ciudades de A/andalús. Nuevas perspectivas, Zaragoza, 2007, p. 7-34). 164 ANTONIO COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ esa búsqueda de la diferencia, surgieron voce s, desde otros campos, llamando la atención sobre la posible exi stencia de más coincidencias que diferencias. Desde la sociología, y con el precedente de Weber, en 1960 se publicó The Preindustrial City, de G. Sjoberg, que tuvo un notable impacto y generó controversias entre los historiadores, aunque encontró aceptación en algunos del mundo árabe. En España, este debate ha derivado también hacia la cuestión del mudejarismo. Plateado hace bastantes años por L. Torres Balbás, quien acu ñó la expresión ciudad mudéjar3, en las dos últimas décadas, el concepto de ciudad mudéjar ha sido interpretado desde distintos campos y, en ocasiones, presentando visones contrapuestas, co mo se deduce de dos de los títulos que se citan a continuación. Desde el campo de la historia del arte, entre otros, P. J. Lavado4, M. Montero Vallejo5, J. C. Ruiz Souza 6 y Mª. E. Díez Jorge 7• De sde la arqueología , J. Torró Abad 8, P. Jiménez Castillo y J. Navarro Palazón 9. Aparte de estos trabajos de síntesis y de reflexión conceptual, han visto la luz otros referidos a ciudades andaluzas concretas, en los que se ha hecho algún tipo de consideración en dicho sentido10 . 3. Ciudades hispa11omusulnumas, Madrid, s. a., t. I, p. 14. 4. "La ciudad mudéjar: espacios y nuevas funciones", Simposio Internacional sobre la ciudad islámica, Zaragoza. 199 1. p. 431-446. 5. Historia del urbanismo en E spa1ia . l. Del Eneolítico a la Baja Edad Media, Madrid, 1996, p. 237 y SS. 6. "Castilla y Al-Andalus. Arquitecturas aljamiadas y otros grados de asimilación", Anuario del Departamento de Historia y Teoría del Arte, XVI, 2004, p. 17-43. 7. El arte mudéjar: expresión estética de una convivencia, Granada, 2001. 8. "El urbanismo mudéjar como forma de resistenci a. Alquerías y morerías en el Re ino de Valencia (siglos Xlll -XVI)", Actas VI Simposio lm emac ional de Mudejarismo. Zaragoza. 1996. p. 535-543. 9. "El urbanismo islámico y su transformación después de Ja conquista cristiana: el caso de Murcia ", La ciudad medieval: de la casa al tejido urbano. J.Passini (coord.), Cuenca, 2001, p. 71-129. 10. J. M. Escobar Camacho: "La ciudad de Córdoba tras la reconquista", Córdoba en la historia: la construcción de la urbe, F. R. García Verdugo y F. Acosta Rarnírez (coords.), Córdoba. 1999, p. 184-186; ibid.: "Córdoba en la Baja Edad Media: la red viaria de una ciudad mudéjar", Baletfn de la Real Academia de Córdoba de Ciencias, Bellas Letras y Nobles Artes, 138, 2000, p. 9-56. Mº. C. Pérez Martínez, Y. Jiménez Morillas, J. Cano Carrillo:" Apuntes para el urbanismo musulmán de Jaén: el alminar en la intervención de Martínez-Molina-Los Caños", Arquelogia y territorio medieval, 2. 1995, p. 11 5-12 8. F. Collantes de Terán Delorme: "Sevilla mudéjar", Historia del ur banismo sevillano, Sevilla, 1972. p. 47- 68 . ESPACIO URBANO Y SOCIEDAD EN LA ANDALUCÍA BAJOMEDIEV AL 165 Quizás las ciudades de la cuenca del Guadalquivir puedan ser un buen observatorio para seguir profundi zando en el citado concepto de ciudad mudéjar, porque aquí se dieron unas circunstancias que no se encuentran en otras zonas, por lo que se refiere a la Corona de Castilla. Tanto en To l edo (fines del s. XI) como, varias centurias más tarde, en el Reino de Granada (fines del s. XV), las poblaciones mudéjares, al menos, inicialmente, tuvieron una presencia significativa en los centros urbanos; por el contrario, en los de Andalucía, no ocurrió así, pue s, tras su conquista en el siglo XIII, los vencidos fueron expulsados y sustituidos por gentes venidas del norte, por lo que el mudejarismo se sitúa en otro contexto. En efecto, el proceso seguido en todas las ciudades andaluzas presenta gran similitud, con independencia de que la conquista fuese consecuencia de acuerdos más o menos rápidos, o tras asedios más o menos prolongados. Los vencidos tuvieron que abandonarlas, y fueron sustituidos por unos nuevos pobladores, venidos fundamentalmente de la mitad se ptentrional de la Península, a los que se sumaron grupos minoritarios del resto de Europa. Como el cambio se produjo en un momento en el que el hecho urbano ya estaba plenamente consolidado entre los castellanos -lo que no ocurría cuando se conquistó Toledo-, con la llegada de los nuevos pobladores se haría realidad la confrontación de los dos modelos. Por otro lado, hay que tener en cuenta que, debido a la forma en que tuvo lugar su incorporación a la Corona de Castilla, las ciudades pasaron de unas manos a otras, no solo prácticamente intactas, sino, incluso se podría decir, de forma figurada, que "en pleno funcionamiento'', según refleja la documentación generada en la fase inicial. La necesidad de distribuir los inmuebles obligó a la redacción de inventarios de los mismos para, luego, asignarlos a los nuevos vecinos. Esto dio lugar a los denominados "libros de repartimiento", que constituyen una instantánea de cómo eran esas ciudades en el momento del cambio. El problema radica en que el único que se ha conservado es el de Jerez de la Frontera. Pues bien, ese proceso, sus ritmos y las posibles diferencias y paralelismos que se puedan identificar en las distintas ciudades es el objeto de las siguientes páginas, para lo cual, me 166 ANTONIO COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ centraré, primero, en la estructura urbana y, luego, en la morfología. Debo advertir que este enfoque no se ha prodigado entre los estudiosos 11 , por lo que la información disponible no es muy abundante, sa lvo para las mayores (Córdoba y Sevilla). En consec uen - cia, algunas de las afirmaciones se basan en casos puntuales o singulare s, cuando no son hipótesis a comprobar. LAS ESTRUCTURAS URBANAS La s áreas de centralidad.- Presentan un elevado grado de continuidad entre la etapa andalusí y la castellana, pero, en esta, también se detecta la aparición de otras nuevas, lo que contribuyó a un generalizado policentrismo, al menos en las ciuda de s mayores 12 • Dado que en las andalusíes uno de los factores de centralización fue la función religiosa 13 , habría que empezar por los edificios que la albergaron en ambas etapas y su localización urbana. Aquí se encuentra la primera constatación de las continuidades. La mezquita aljama 14 se transformó en catedral, colegial o priora!; es decir, en la iglesia principal de cada ciudad. Por esta razón, si se exceptúan los casos de Córdoba y de Sevilla, dado que, en las restante s, dichas mezquitas mayores tendieron a ubicarse en una posición central desde la perspectiva espacial, fue 11. Cuando, en 19 91, J. Abellán publicó su trabajo sobre el tema, apenas pudo esbozar algunas ideas, aparte de constatar la ausencia de información ("Del urbanismo musulmán al urbanismo cr istiano. J. Andalucía Occidental ", Simposio Imemacional ... , p. 189-202). D es de entonces, las cosas han cambiado algo, pero todavía existe un importante déficit de trabajos concretos. 12. J. M. Escobar Camacho. refiriéndose a Córdoba, señala que, en principio, se conservó la concentración de actividades artesanales y mercan ti les en las mismas áreas urbanas de la última época musulmana, que, con el paso del tiempo, se extendieron a otras ("Áreas comerciales e industriales en Ja Córdoba bajomedieval: su localización y evolución", Ac tas del 11 Congreso de Historia de Andalucía. Historia Medieval, t. JI , Córdoba, 1994, p. 315. 13 . Sobre la existencia de distintas corrient es historiográficas relativas a los elementos caracterizadores de la ciudad islámica puede co nsultarse el trabajo de M. Acién Almansa: " La formación del tejido urbano en al-Andalus", en J. Passini (coor d. ): La ciudad medieval: de la casa al t ej ido urbano, Cuenca, 2001, p. 11 y ss. 14. A. Almagro: "Planimetría de las ciudades hispanomusubnanas", Al Qantara, VllI, 1987, p. 42 3. M. de Epalza: "La mezquita, reguladora de espacios urbanizados y templo de la acústica", Córdo ba en la historia .. ., p. 97-104. ESPACIO URBANO Y SOCIEDAD EN LA ANDALUCÍA BAJOMEDIEV AL 167 en estas zonas donde se localizaron así mismo las restantes funciones de centralidad. A su vez, la relación entre edificio religioso y centralidad urbana la confirman la evolución experimentada por Jaén y Sevilla. En la segunda mitad del sig lo XII, los almohades tomaron la iniciativa de construir nuevas mezquitas aljamas en ambas ciudades, pero no lo hicieron aprovechando el solar de las anteriores, sino en un espacio distinto y periférico. En torno a e Ha s se deberían configurar nuevos espacios de centralidad. Así, frente a la sevillana se construyó de inmediato una alcaicería. Sin embargo, la conquista castellana, unas décadas más tarde, debió truncar dicho proceso, pues no parece que hubiese tiempo suficiente para que se produjese un cambio de tanta trascendencia. De hecho, lo s mercados permanecieron en los lugares tradicionales: en Sevilla, en torno a la antigua mezquita mayor, denominada de Adabas; en Jaén, la alcaicería caste1lana, probable heredera de la andalusí, estaba en la collación de S. Pedro. Es posible que esa evolución truncada contribuyese a generar el policentrismo, que se consolidó en la nueva etapa. El hecho aparece claro en Sevilla, donde se configuraron dos áreas de centralidad, en tomo a cada una de las mezquitas mayores. En la antigua, pervivió el mercado, en tanto que área de abastecimiento de la ciudad, mientras que en la nueva se acumularon, aparte de la religiosa, las funciones administrativas y las vinculadas al comercio internacional 15 • La evolución no está tan clara en Jaén, por lo que el citado policentrismo pudo deberse a otras razones, ya que dichas áreas no coinciden siempre con las de las mezquitas. En los momentos posteriores a la conquista, el concejo residió en la collación de la primitiva aljama, la de la Magdalena, aunque luego se trasladó a la vecina de S. Juan, y a la calle de la Especiería, en tiempos del condestable Lucas de Iranzo, en la segunda mitad del siglo XV16 • 15. A. Ca llantes de Terán Sá nchez. J. Cruz Villalón y V. Femández Salinas: «Sevilla». Atlas Histórico de Ciudades Europeas. Península Ibérica. Bar ce lona, 1994. p. 183-210. 16. V. Salvatierra Cuenca: "Jaén en los sigl os XIII y XIV. La formación de la ciudad cristiana", Revista del Centro de Estudios Históricos de Granada y su reino, 7. 1988. p. 158, 160. Colección diplomática del Archivo Histórico Municipal de Jaén. Siglos XIV y XV, J. Rodríguez Malina (dir.), Jaén, l 985, p. XIII. l. Ramos Vázquez: El conce jo de Jaén ( 14 7 4- 1556), Jaén, 20 02 . p. 354. 355. 168 ANTONIO COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ En cuanto a las actividades económicas. la mercantil estaba más centrada en la parroquia de S. Pedro, donde se citan numerosas tiendas, la alcaicería, la platería y la especiería 17 , a lo que hay que sumar el mercado de verduras de la de S. Juan 18 • Pero también es cierto que el entorno de la Catedral acabó siendo el ma rco de un mercado y donde tuvo lugar la feria anual, al tiempo que, poco a poco, se fueron abriendo tiendas en sus inmediaciones, tanto en la plaza de Santa María, como, sobre todo, en la de S. Francisco, formada tras el ábside de aquélla, en lo que ya era arrabal extramuros. Esta centralidad contribuyó a que, en ella y en sus inmediaciones, se realizaran numerosas obras de mejora y embellecimien- to, y a que se instalaran casas-palacios desde mediados del siglo XV. Dicho proceso se consolidaría con la construcción de las casas capitulares en los inicios del reinado de Carlos V 19 • La información disponible para Jaén da a entender que fue ya en la etapa castellana cuando se generaron algunas nuevas áreas de centralidad, las cuales convivieron con las heredadas de la ciu - dad andalusí. Dicha evolución es mucho má s clara en Córdoba. ya que aquí no tuvo lugar la fundación de una nueva mezquita y sí se crearon nuevas áreas en la etapa castellana. En el t!ntorno de la Catedral permanecieron algunas actividades económicas Je la época andalusí. como la alcaicería. la aduana y unas carnicerías, mientras que en la confluencia de las collaciones del Salvador y de S. Andrés -plaza de S. Salvador y Puerta de Hierrose instalaron el concejo. los escribanos públicos o notarios. una nueva carnicería y numerosas tiendas 211 • A su vez, entre ambos sectores se desarrolló el e je económico de la calle de la Feria, que se completó con el también nuevo sector comercial en torno a la 17. Co!t•ccuín cl i pl omáti ca .... p. X lll. 18 . V. Salva ll c na: .. Ja ~ n en los siglos XIII y XIV ...... p. 15 8. 1 60 . 1 9. V Salva l1 t:rra: .. Ja én en l os sigl os XIII y XIV ...... p. 165. l. Ram o\ . El m 111 c¡o ti« Jaé 11 .... p. 355. No ohstantc. hay autores que eo ns i<.l era n qu e el tr a sla<.l o <.l cl 1:1111 <:''1\1 a Ja, inmedia ciorn:' <.l c la Catedral tuvo lu ga r tras el ataque grana<.lino de 136X ( M' L. de l 'liarll· Vázqucz y R. An gu ila H crra<.lo r: "' D esa nollo u rba ní st ico del entorn o <.le la Ca 1 c<.lral de fo cn"'. Ct wd e mo s de Ar te de la U 11 i1 •er si da cl de Grana da , XVIIl . 19 87. p. 27 4 ). 20. J. M. Es co bar Camacho: Cc í rd oba en la Baja Edad Media, Cúrunha. i'IX'I. p 17-l. 2'27 . lhid.: "Á m1s c omer ciales ... " . A. More no Moreno y Mª del R. Relaño Marti n,·1 ·¡ _, ,, t i c n<.l a~ cor <.l oh c' a ~ a finales <.lel siglo XV ". Cc ird oh a en la historia .... p. 2n-2 •n . ESPACIO URBANO Y SOCIEDAD EN LA ANDALUCÍA BAJOMEDIEV AL 169 plaza del Potro 21 • Estas áreas de centralidad se ubicaron en zonas de la urbe cordobesa, que, aunque habían formado parte de la ciudad andalusí, habían quedado despobladas, y así permanecieron durante algún tiempo, tras su incorporación a la Corona de Castilla, sobre todo, por lo que se refiere al eje de la Feria. La falta de información so br e Jerez de la Frontera plantea la duda de su evolución 22 • Si, como ocurrió en las ciudades precedentes, se mantuvo la vinculación entre aljama e iglesia principal, aquella también se ubicó en una posición periférica, en la collación del Salvador23 • En este caso, el Libro del Repartimien- to24 , pone de manifiesto una disociación entre la localización de la aljama y la de las actividades económicas, ya que éstas se encontraban en otra parte de la ciudad, en la que, a partir de la conquista, sería la collación de S. Dionisio. Ante la citada dicotomía, cabe plantearse si aquí se podría haber repetido el mismo proceso que tuvo lugar en Jaén y en Sevilla 25 • Otro paralelismo con Sevilla es que la citada aljama se levantó muy próxima al alcázar. En cualquier caso, en Jerez de la Frontera se dio, igualmente desde el punto de vista de la centralidad, una continuidad entre el período andalusí y el castellano. La ya mencionada coliación de S. Dionisia no solo siguió desempeñando dicha función sino que la reforzó. Por lo que se refiere a las actividades económicas, en ella se localizaron la alcaicería, la aduana, la mayor 21. J. M. Escobar: "Áreas comerciales ...... p. 317- 322. 22 . En su trabajo sobre el Jerez islámico a partir del Libr o del Repartimiento, P. Femández efectúa una lectura incorrecta de los datos del citado documento, y efectúa extrapolaciones que no me parecen válidas ("Datos sobr e la ciudad is lámica de Jerez en el Libro del Repartimiento". Al -Qantara: Revista de estudios árabes, 8, 1987, p. 119-134). La síntesis más reciente se encuent ra en R. González Rod.riguez, L. Ag u ilar Moya, D. Martín Mochales, F. Barrionuevo Contreras, M. Collado Mo reno: Carta arqueológica de Jerez. J: El núcleo urbano. Sevilla, 2008. p. 97-111. 23. Hay que advertir que Jerez de la Frontera no ha si do sede episcopal hasta el siglo XX, por lo que la actual catedral del Salvador tuvo originariamente la condición de iglesia co legial. 24. M. González Jiménez y A. González Gómez: El Libro del Repartimiento de Jerez de la Frontera, estudio y edición, Cádiz, 1980. 25. L. Aguilar Moya : "Jerez islámico", Historia de Jerez de la Fronrera, D. Caro (coord. ). Cádiz, 1999, t.! , p. 207. R. González Rodríguez, ... : Carta arqueológica de Jerez .... p. 102. 170 ANTONIO COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ parte de las tiendas26 y de ella formó parte la calle de los francos. Luego, se instalaron el concejo y los escribanos públicos 0 notarios. Ante la puerta principal de S. Dionisio se hacían los pregones y tenían lugar diversos actos institucionales. Fuera de la citada collación solo se encontraba la colegial, el alcázar real y el mercado, este último, en las inmediaciones de la parroquia de S. Mateo. Algo similar pudo ocurrir en Écija, pues si la parroquia de Sta. Cruz se ubicó en la aljama, las actividades administrativas y económicas se situaron en otra collación, en la de Sta. María, precisamente en el sector que había tenido una posición central en el período romano, ya que, en sus inmediaciones se ha localizado el foro y en época andalusí una gran necrópolis 27 • De todo lo cual, se podría deducir que el policentrismo fue un rasgo exclusivo de las urbes mayores, mientras que en las de segundo nivel las funciones de centralidad tendieron a concentrarse en un espacio único. Es lo que se observa también en Úbeda o Carmona. En la primera, en torno a la iglesia y plaza de S. Pablo; en la segunda, sobre un eje viario, pervivencia del que, en época romana, comunicaba las dos puertas principales de la ciudad, las de Sevilla y Córdoba. Grandes ejes urbanos.- Dada la continuidad de la función religiosa en el mismo edificio y, en tomo a él, la de otras, parece lógico que también se mantuviese el sistema básico de comunicaciones de la ciudad andalusí, que descansaba en las calles que unían las puertas de la muralla con dichas áreas28 Al menos, así 26. M. González y A. González: El Libro del Repartimiento .. ., p. X.XXIX , XL. 27. A. Romero Martínez: "Espacio público en Écija. Notas para su estudio", Écija en la Edad Media y Renacimiento. Actas lil Congreso de Historia, Sevilla, 1993, p. 391-393. l. Rodríguez Tentiñ o: "Pervivencia de alineacio ne s de época romana en el tejido urbano actual de Écija (Sevilla)", Archeologia Medievale, XVII, 1990, p. 615, 621. Recientemen te , E. L. Domínguez Berenjeno y L. Cervera Pozo, han planteado la hipótesis de que la citada aljama estuviese en esta zona, en el solar del con ve nto de S. Francisco, o en sus inmediaciones ("Espacios funerarios intramuros en la madina andalusf', en La ciudad en el Occidente islámico medieval. Nuevas aportaciones de la Arqueología y relectura de ws fuentes. 3ª Sección: La madi na en formación. M. Valor Piechotta: "Algunas ciudades del bajo Guadalquivir entre 1150 y 1260: Carmona, Écija, Niebla y Sevilla", Al·Andalus país de ciudades ... , p. 139). P. Sáez Femández, S. Ordóñez Agull a, E. García Vargas, S. García-Dils de la Vega: Corta Arqueología Municipal. Écija. 1: La ciudad, Sevilla, 2004. 28. M. de Epalza: "La mezquita, reguladora de espacios urbanizados ... ", p. 102. ESPACIO URBANO Y SOCIEDAD EN LA ANDALUCÍA BAJOMEDIEVAL 171 se afirma para Córdoba y para Jerez de la Frontera29 • Por lo que se refiere a Sevilla, se podría identificar alguna de dichas pervivencias, como la calle que llevaba desde la Puerta de Carmena hasta el Salvador (primitiva aljama). Con todo, y al igual que ocurrió luego en la etapa castellana, no todas las puertas tendrían la misma importancia y, consecuentemente, las calles que llevaban a ellas. Pero, una vez más, en este terreno, junto con continuidades, también se dieron innovaciones. La aparición de nuevos centros trajo consigo la formalización de nuevos ejes de comunicación con el exterior, algunos de los cuales se convirtieron muy pronto en vías de máximo rango. Es lo que ocurriría con la calle de la Mar (actual García de Vinuesa) de Sevilla. Era la que unía la zona portuaria con el área comercial generada en tomo de la Catedral, en especial, el sector de las Gradas. No creo que su protagonismo fuese anterior a la integración de la ciudad en la Corona de Castilla por dos razones: la primera, por el ya mencionado poco tiempo que transcurrió entre el traslado del centro y la conquista castellana; la segunda, porque la verdadera importancia de Sevilla como centro comercial se adquiriría a partir de la apertura de la ruta del Estrecho entre Italia y Flandes, en el último cuarto del siglo XIII. A su vez, el policentrismo que se fue generando tras la conquista castellana, dio lugar a ejes interiores, que sirvieron para conectar los distintos centros y contribuyeron a articularlos. Dichos ejes estuvieron dotados de una notable cualificación económica; por tanto, constituyeron una innovación con respecto a las ciudades heredadas. En Jaén, dicha función la ejerció la calle Maestra, que, según las excavaciones efectuadas, se configuró a partir del siglo XIII3 º, ya en la etapa castellana. En Córdoba, correspondió el citado papel a la calle de la Feria, así mismo, nací- 29. J. M. Escobar Camacho: "La ciudad de Córdoba tras la reconquista", p. 193. M. Esteve Guerre ro: El casco urbano .. ., p. 12. E. Martín Gutiérrez: La articulación del espacio urbano y rural. La población'', en D. Caro (coord.): Historia de J er ez de la Frontera. De los orígenes a la época medieval, Cádiz, 19 99, p. 278. 30. V. Salvatierra: "Jaén en los siglos XIII y XIV .. . ", p. 151. Estuvo bifurcada en dos brazos en uno de sus tramos. 178 ANTONIO COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ rías, en principio, respondieron al mi s mo comportamiento que el resto de la ciudad, es decir, se acomodaron en el sector que les fue señalado por los reyes. En general, la ausencia de dato s sobre dichas comunidades impide conocer sus dimensiones. La mayoría estaría formada por un número reducido de calles o adarve s. Qui - zá se tratase de alguna de las islas que configuraban la ci udad andalusí. Es lo que se deduce del análisis de la de Jaén, y pudiera ocurrir otro tanto con la de Úbeda, situada dentro del re ci nto del alcázar, y con la de Jerez de la Frontera, en un ángulo de la muralla 56 . Las de Córdoba y Sevilla alcanzaron una importancia suficiente como para intentar descubrir en ellas una cierta organización interna, pu es, en amb os casos, su ensimismamiento quedó reforzado por la existencia de sendas murallas, que las aislaron del resto de la ciudad. De los datos conocidos para la primera no cabe deducir que tuviese lugar una concentración de las distintas funciones en un espacio único. La localización de la sinagoga parece no coincidir con los puntos de mercado, ya que estos se ubicaron en las puertas por las que se accedía al resto de la ciudad 57 . Por lo que respecta a la de Sevilla, el hecho de que se tratarse de una comunidad muy numerosa, que contó con varias sinagogas y una extensión de 16 ha, hi zo que se configurara como un centro urbano en pequeño. En consecuencia, poseyó un área de centralidad propia, en la que se concentraron las actividades económicas -mercado, tienda s, carnicería-una sinagoga y un baño. 56. J. Torró: "El urbanismo mudéjar ... ", p. 537. V. Salvatierra Cuenca: "La judería de Jaén: introducción a su análisis urbano", Boletín del /11sti luto de Estudios Gie 11 11e11Ses , 185, 2003, p. 421-458. M. González: y A. González: El Libro del R epani miento .. ., p. 187-195. Según distintos autores, la de Je re z de Ja Frontera estuvo amurallada. Se ba san en la refer encia a la puerta de la Judería que aparece en el Libro del Repartimiento Sin embargo, cabe la posibilidad de que di cha cerca no existiese, y que la mencionada puerta simplemente fuese el acceso a través de un o de Jo s adarves que compondrían el barrio. El siglo XIII parece una fecha muy temprana para pe nsar en una muralla, que, además, habría sido levantada coin cidiendo con Ja ocupación castellana, de Jo que no hay referencias para el resto de las ciudade s. P or otro lado, Ja sinagoga estaba muy próxima a la alhóndiga de Ja harina. Dado que no hay más alusiones a un edificio similar en el resto de la ciudad, quiere decir que éste e ra el centro de abastecimiento de trigo para todos Jo s vecinos y no solo para Jos judíos, por lo que no parece lógico que es tu viese dentro de un barrio aislado, posiblemente se localizase en su peri fe ria, Jo que también invalidaría Ja tesis de la mura ll a. 57. M. Nieto Cumplido: "Notas sobre Ja judería de Córdoba (1236-139 1) ", Boletín de la Real Acad emia de Córdoba de Ciencias, Bellas Le tras y Nobles Artes, 99, 1978, p. 11 2-114. ESPACIO URBANO Y SOCIEDAD EN LA ANDALUCfA BAJOMEDIEV AL 179 Todo esto ubica do en un eje viario que unió la puerta de la muralla (Puerta de Minjoar o de la Carne) con una de las que comunicaban el barrio con el resto de la ciudad (Arco de las Imágenes), y que lo dividió en dos mitades algo desiguales 58 • Por lo demá s, aparte de consignar esta configuración en espacios jerarquizado s, de forma simil ar a como ocurría en el re sto de Sevilla y en otras ciudades 59 , no parece que se pueda ir más allá. Es decir, no se puede hablar de una morfología propia, al no existir un urbanismo judío. Además de esto -que ya es suficiente- hay que tener en cuenta que se trata de barrios que tuvieron una vida corta, desde una perspectiva de la evolución urbana, ya que solo estuvieron vigentes durante aproximadamente un siglo y medio, por lo que no parece que hubiese tiempo para una transformación radical o significativa de los mismo s. Sí es cierto, que la existencia de una muralla o de algún otro sistema separador constituyó un elemento importante en la configuración del espacio, al contribuir a incrementar su densidad, y condicionó la conexión entre el barrio y el resto de la ciudad. De todas formas, esto solo debió tener una incidencia destacada en Sevilla, como consecuencia de las dimensiones alcanzada por la Judería, al originar un incremento de la den si dad de la edificación; algo que quizá no ocurriese en Córdoba, donde se alude a judíos viviendo fu era del barrio60 • A raíz del levantamiento general contra las comunidades hebre as de 1391, las juderías dejaron de existir como barrios diferenciados. El citado hecho plantea otro interrogante, ¿cómo se produjo su integración en el resto de la ciuda d? ¿Tuvo lugar algún tipo de transformación, por lo que re specta a la sinagoga, al mercado, carnicería, etc.? Una parte importante de los judíos, ahora cristiano s, siguieron viviendo en el barrio, al igual que los que se mantuvieron en su fe. En Sevilla, algunas sinagogas se convirtie- 58. A. Collantes de Terán Sánchez: "La Judería de Sevilla: el espacio urbano' ', «, en P. Piñero (coord.): La memoria de Se/arad. Hi storia y cult ur a de los sefard(es, Sevilla, 2007. 59. D. Calabi: "Dalle co ntrade ebraiche ai ghetti gli ebrei nella cit tA italiane tra XV e XVII seccolo", La cittii italiana e i lu oghi degli stranieri, XIV-XVIII seco/o, Roma-Bari, 1998, p. 12 3-1 42 . S. Za ggia: "G li spazi urbani degli ebrei nella citta della Terraferma veneta ", ibid., p. 143 -1 67. 60. M. Nieto: "Notas sobre la judería ... ", p. 106 y ss . 180 ANTONIO COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ ron en iglesias parroquiales, y sus bienes pasaron a formar parte de sus fábricas; las casas que habían quedado sin dueño y otras fueron entregadas por el rey a miembros de la nobleza, tanto en Córdoba como en Sevilla. Al desaparecer el aislamiento, la muralla se convirtió en una barrera que dificultaba la s comunicaciones con el resto de la ciudad, por lo que poco a poco se irían abriendo portillos en la misma. -MORFOLOGÍA URBANA La impresión extraída de las obras que, aunque sea de forma incidental, tratan de aproximarse a la configuración física de las ciudades andaluzas y a su evolución a lo largo de la Baj a Edad Media, es que en ellas pervivió una imagen de ciudad andalusí, tras su integración en la Corona de Castilla 61 • Esto es cierto, pero se trata de una verdad a medias. Primero, porque, probablemente, al hacer dicha afirmación se está pensando no en todo el conjunto urbano, sino en una parte del mismo, es decir, en la ciudad consolidada o heredada; pues no hay que olvidar que, como consecuencia de los crecimientos experimentados a lo largo de los sig lo s XIV y XV , tuvieron lugar procesos urbanizadores en las zonas de expansión, que, por lo general, respondieron a principios diferentes. Segundo, porque al hacer dicha afirmación se está aludiendo a un determinado modelo urbanístico, caracterizado por un callejero complejo, carente de regularidad, al igual que las manzanas que lo delimitan, y, en consecuencia, obviando la posible existencia de sectores de la ciudad andalusí que respondiesen a formas regulare s, como consecuencia de procesos de urbanización programados más o menos recientes. Tercero, porque la pervivencia de dicha imagen irregular no supone ausencia de cualquier tipo de i nt ervención durante la etapa castellana en las zonas heredadas; todo lo 61. M. A. Ladero Quesada: "Las ciudad es de Andalucía Occidental en la Baja Edad Media: sociedad, morfología y funciones urban as" , La ciudad hispánica durante los siglos Xlll al XVI, t. III, Madrid, 1987, p. 73 y ss. J. Abellán: "Del urbanismo musulmán ... ", p. 193. A partir de l as intervenciones arqueológicas realizadas en Jerez, se afinna la continuidad de l viario de los sigl os XII y XIII hasta la actualidad (R. González Rodríguez, ... : Carta arqueo- /6gica de Jerez ... , p. 100) . ESPACIO URBANO Y SOCIEDAD EN LA ANDALUCÍA BAJOMEDIEV AL 181 contrario, estas se produjeron, y fueron numerosas, pero se trató, en la mayoría de las ocasiones, de micro intervenciones, que solo a muy largo plazo harían vis ibles los citados cambios62 • Es más, dichas intervenciones no se repartirían de fonna uniforme por todo el conjunto, sino que, como es normal, s erían mucho más numerosas, y quizá más inten sas, en la s áreas de centralidad, como consecuencia de la acumulación de funciones que en ellas tuv ie ron lugar y por el valor socioeconómico de las mismas. Por lo que se refiere a los procesos de crecimiento en la etapa andalusí y a la morfología a que dio lugar, en la actualidad, solo de forma excepcional se puede avanzar en su conocimiento. En el caso de Córdoba, ocurrió todo lo contrario, pues, debido a la perdida de su papel de capital política, conoció una contracción de grandes proporciones, lo que no implica que, en algún momento, algún sector fuese ocupa do de nuevo antes de la llegada de los castellano s. En Jaén, la construcción de la nueva mezquita aljama pudo generar una ampliación del caserío en la zona, pero parece que no fue así, o amplios espacios quedaron sin ocupar6 3. En Sevilla está generalmente aceptada la aparición de barrios exteriores a la muralla existente en el siglo XI, lo que justificaría el trazado de una nueva en la siguiente centuria64 • 62. J. M. Escobar: "Córdoba en la Baja Edad Media ... ", p. 12, 13. Jiménez y Navarro, al referirse a ese proceso en Mu rcia, aluden a su gradualidad y lentitud, e incluso a la escasa operatividad de las disposiciones q ue tenían como finalidad llevar a cabo dicha transformación ("El urbanismo islámico ... ", p. 108, 124). Por su parte, Torró, refiriéndose a Valencia, afirma que "las cases morisques han desaparecido prácticamente en el Cuatrocie nto s" ("El urba ni smo mudéjar ... ", p. 538). Pero, por otro lado, dos documentos de los jurados valencianos, de 1393, y una carta de Martín el Humano, fec hada en 1409, la co nsideran una ciudad morisca, debido a la fo rma y trazado de sus calles, dando a entender con sus expresiones que es un rasgo general de la ciudad ( A. Rubio Vela: "La ciudad como imagen. Ideología y estética en el urbanismo bajomedieval va lenciano", Historia urbana, 3, 1993, p. 28). 63. V. Salvatierra Cuenca: "Crecimiento y transformación urbana. Jaén en época almohade", Al -Andalus país de ciudades ... , p. 184. 64. M. Valor: "Algunas ciudades del bajo Guadalquivir ... ", p. 145-14 6. La afinnación de Tahiri, considerada sugerente por Navarro y Jiménez, que sitúa la co nstrucción de esta nueva mu ralla en la época taifa, creo que, hoy por hoy, carece de fundamentos sólido s, al contradec ir la imagen que han transmitido los textos -el autor alude a textos hasta ah ora desconocidos, qu e no tran sc ribe-, así como la falta de ev id encias arqueológicas (A. Tahiri: "Problemas de un a reconstrucción urbana en al-Andalus: el ejemplo de la Sevilla abbadl'', en Genese de la vil/e islamique en al-Andalus et au Maghreb occidental, P. Cressier y M. García Arenal (eds.), Madrid, 1998, p. 224; reeditado en ib id.: Rlf al-Magrib y al-Andalus, Granada, 2007, p. 104-1 06. J. Navarro Palazón y P. Jiménez Castillo: Las c iu dades de Alandalús. Nuevas perspectivas, Zaragoza, 2007, p. 77-78). 182 ANTONIO COLLANTES DE TERÁN S ÁNCHE Z Con independencia de que nu evas fuentes escritas o la relectura de las existentes puedan arrojar en el futuro lu z s obre dichos procesos, la arqueología debe aportar la informac ión nece - saria, que, contrastada con las re stantes, aclare dichos procesos. En este sentido, tanto las excavaciones de urgencia c omo la planimetría histórica de Sevilla, permite ju stific ar la existenc ia de crecimientos hacia el norte, afectando a casi la mitad de lo que hoy se conoce como casco histórico 65 • En este sentido, lo s planos ponen de manifiesto el contraste entre el urbanismo de es te s ector y el de la parte más antigua de la ciudad. En la mitad se ptentrional del espacio intramuros poseen un considera bl e protag oni smo los grandes ejes norte-sur y, al mismo tiempo, se ob se rvan significativas diferencias en la disposición y dimensiones de la s manzanas entre la zona nordeste y la noroeste. En esta última, el trazado especialmente regular del viario de las collaciones de S. Vicente y S. Lorenzo ha atraído la atención de los investigadores. A partir de las excavaciones realizadas en ella s, se afirmó el origen almohade del mismo; afirmación matizada posteriorme nt e, al establecerse la distinción entre proyecto o planificación y realización, transfiriéndo se esta última al siglo XIII y a la etapa castellana 66 . A la luz de las excavaciones recientes, la existencia de un trazado regular de calles y manzanas en la época alm ohade choca con el hecho de qu e, hasta el mom ento, son muy escasas las evidencias de estructuras edilici as que reflejen dicha di sposición así como las orientaciones dominant es. A su vez, l os grandes complejos de habitación hallados en la zona, datados en época almohad e, no se correspo nd en con la trama del viario o pr esentan una dis po sición aparentemente ilógica respecto del mi smo. 65. A. Co llantes de Terán Sánchez: " La ciudad: perman en cias y t ra nsform ac ion es", Sevilla, 1284. Congreso /111 emac io 11 al Conmemorativo del 750 a 11 iversario de la conquista de la ciudad de Sevilla por Femando l/J, R ey de Castilla y León, M. González Jiménez (coord.), Madri d, 2000, p. 551-566. A. Jiménez Martín y A. Jiménez Sa ncho: "lsbiliya: río, jardines y huertas", Pr eactas de La ciudad en el Occidente islámico medieval. 2ª Sesión: Jardines de al-Andalus, Grana da , 2005. M. Valor: Sevilla almohade, Ma drid, 2008, p. 1 72- 174. 66. Una síntesis de la evolución historiográfica relativa a esos barrios se puede enco ntrar en A. Jiménez Sancho: "La fom1ación de l os barrios de Sa n Vicente y San Lorenzo", Archivo Hispalense, 273-275. 2007, p. 157 - 181. ESPACIO URBANO Y SOCIEDAD EN LA ANDALUCÍA BAJOMEDIEVAL 183 Me refiero a los localizados en los conventos de S. Clemente y Sta. Clara y en el sector conocido como S. Juan de Acre67 • Donde de forma más clara se observa es en este último. Los edificios de habitación están ubicados al fondo de la parcela, mientras que la zona de jardines y huertas se sitúa entre estos y la calle Sta. Clara. Si la trama urbana hubiese estado definida, lo lógico es que esos edificios se hubiesen ubicado hacia la calle y no en el lado opuesto68 • Quizá se podría considerar que antes de la conquista castellana existió un viario básico, que serían esos ejes norte-sur, los cuales conectarían la ciudad consolidada con complejos edilicios surgidos en el extremo septentrional del espacio amurallado. A lo largo de dichos ejes se pudieron construir algunas casas en dicha etapa, pero que la formalización del mismo fuese posterior a dicha conquista69 . Como ya he señalado en otro momento, quizás el estudio de su parcelario70 , a través de la arqueología y de las fuentes escritas relativas a la propiedad inmobiliaria, que se conservan en bastantes fondos documentales, permitiría avanzar en el conocimiento de la evolución del sector. 67. M. Á. Tabales Rodríguez: "El edificio musulmán localizado bajo el monasterio de San Clemente .. , El último siglo de la Sevilla islámica, 1147-1248, Sevilla, 1995, p. 241-248. A. Rodríguez Azogue y Á. Femández Flores: "El sector en época islámica. Siglos XI-XIII. Los inicios del urbanismo", en A. Rodríguez Azogue y V. Aycart Luengo: San Juan de Acre. La historia recuperada de un barrio de Sevilla, Sevilla, 2007, p. 19-39. P. Oliva Muñoz y M. Á. Tabales Rodríguez: "Los restos islámicos y el palacio de don Fadrique", El Real Monasterio de Santa Clara. Palacio y cenobio, Sevilla, 2007, p. 13-21. 68. A. Rodríguez y Á. Femández: "E l sector en época islámica ... ", p. 23-37. En cuanto a las estructuras almohades encontradas en el interior de Ja manzana del convento de Sta. Clara, Ja ausencia de excavaciones en las crujías próximas a la calle del mismo nombre impiden precisar cual fue su comportamiento con relación al viario (P. Oliva y M. Á. Tabales: "Los restos islámicos ... ", p. 14). 69. Otra hipótesis reciente, apoyándose en la abundancia de espacios abiertos que revel an las excavaciones, es que esa urbanización almoha de pudo desembocar en "g randes propiedades con importantes extensiones de huertas, que quizás co n el repartimiento se convirtie se n en parcelas más pequeñas, no así las donaciones a las órdenes monásticas y militares. El callejero resultante sería una subdivisión de otro previo más general, menos desarrollado, aunque ortogonal desde su origen." (A. Jiménez Sancho y A. Jiménez Martín: "Isbiliy a: río, jardines y huertas"). 70. Las parcelas de diferentes manzanas, sobre todo las de las más próximas a la ciudad consolidada, no se corresponden, en principio, con lo que hoy se conoce sobre la casa andalusí (A. Orihuela: "La casa andalusí: un recorrido a través de su evolución", Arti grama, 22, 2007, p. 299-335; reed. En G. M. Borrás Gualis (coord .. ): Arte anda/us(, Zaragoza, 200, p. 299-335. 184 ANTONIO COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ En cuanto a la existencia de una voluntad castellana de transformar las ciudades heredadas, esta se advierte de s de el primer momento. Así lo reflejan las dis po siciones adoptadas por lo s monarcas, en la primera hora (Córdoba, Murcia, Valencia, po r ejemplo), y por los gobiernos municipales, a lo largo de las do s centurias posteriores. Unos y otros dictaron normas para en san - char y alinear calles, para suprimir saledizos, pisos volados, arco s, etc.71 Y no solo legislaron, sino que actuaron, como ponen de manifiesto las actas capitulares, los libros de contabilidad y otros documentos municipales. También hay que tener en cuenta las nuevas exigencias derivadas de la religión que traían los conquistadore s, las nu evas concepcion es estéticas, etc. Con tod o, c omo ya indique, dichas actuaciones no fueron lo suficientemente radicales como para alterar esa imagen general de los sectores más antiguos, cuando estas ciudades entraban en la Edad Mode ma 72 • El espacio público.- Entre los factor es que pudieron incidir en la transformación del espacio público se encontraba el religioso , el cual jugó un papel destacado en este sentido; incluso, pro - bablemente, fue el primero en actuar. Entre la s consecuencias que trajo consigo la implantación del sistema parroquial, una de ellas fu e la creación de cementerios, como lo demuestra el repartimiento de Jere z. En todas las parroquia s, salvo en una se cita su existencia. Siempre tienen como linderos casas y, en una ocasión, se dice expresamente que se derribaron varias para ubicarlo73 • Probablemente constituyeron las primeras operaciones de apertura de espacios públicos en el interior de unas tramas viarias ba stante densas. Hay que tener en cuenta que sirvieron para algo más que para enterrar a los mue rt os. En Sevilla, el de Omnium Sanctorum era ocupado los días de mercado. En los de Jaé n, en 71. J. M. Escobar: "Córdoba en la Baja Edad Media ...... p. 29. 30. A. Collantes de Terán: Sevilla en la Baja Edad Media ... , p. 76. 72. Son conocidos los comentarios de au tores que escribieron hacia la década de 1 540 y posteriores, sobre la transformación que estaba experime nt ando la casa en Sevilla en las citadas décadas, al enfatizar que hasta ese momento había pervivido la forma islámica y que ah ora comenzaban a construirse hacia Ja ca ll e (P. Mexía: Coloquios del docto y magnifi co caballero Pero Mexía, Sevilla, 1947. p. 18 y ss.). 73. M. González y A. González: El libro del Repartimiento .. ., p. 15. nº 80. ESPACIO URBANO Y SOCIEDAD EN LA ANDALUCÍA BAJOMEDIEVAL 185 1468, se dispusieron mesas para que lo s vecinos comiesen por invitación del co ndesta ble , con ocasión del nacimiento de su hijo 74 En una segunda fase, las mencio nada s aperturas, así como una cualificación de dichos espacios, pudieron estar vinculadas a la transformación de los edificios heredado s, al ser sustituidos por otros de nu eva planta: - En parte, porque probablemente la s iglesias fu eron mayores que las mezquitas, con los consiguientes cam bi os de la manzana o manzanas y/o del parcelario. -Porque se primaría uno de los frentes sobre lo s restante.s. al situarse la entrada principal a occidente. Al hacerlo. es prohahk que tendiese a surgir un espacio abierto delante de ella. bta es la impresión que se saca de parroquias que aparecen retranqueaJas respecto de la línea de fachadas de las ca ll es en las que se uhican. y con re la ción a las cuales adoptan una orientaci ón perpendicular. en bastantes casos. Es lo que ocurre con Omnium Santorum. Sta. Ma ri na y S. Marcos, en Sevilla: S. Andrés y qui1 .á S. Ju an y S. Migue l. en Córdoba: Sta. María y Sta. Bárhara. en Écija" . - No fu e éste el único espacio ahierto al que tuvieron fa - chada las parroquias. Si se observa su dispos ici ón en los planos. se verá que la inmensa mayoría están aisladas de cualquier otra edificación o solo poseen medianera en uno de sus frentes, por lo que presentan tres fachadas. Esto quiere de cir. que ya no es ex - clusivamente el cementerio, sino que se ha co nfigurado un entorno no co nstruido, y que, en el primer caso -con los cua tro frentes li bres-, se podría conside rar que estuvi ero n situadas en medio de algo similar a una plaza, en ocasiones, bastante amplio. ¿Los citados espacios fueron consecuencia de la implantación del nuevo edificio? 74. Crú11irn d1 · /o., hechos del Cond<'sluhfr Don Migu el Lucas de /ramo (crónica del Hglo XV). cu. J. úe M Carriazn, Ma <lr id. 1940. p. ~77 . 75 Sc po<lría pensar que i"ue>c cl <l el i:ementerio, pero. al menos en dos parroquias ,cv il l: ma' (Sta. Catalina y Sta. Man11 ;1. 'cgtín el apeo <le casas de la Catedral de 1502) éste c'taha dcmís. junto al ;íh> ide. por lo que no <:ra "'ª la furn .:i<i n del espacio delante ro. Por ,imili tu<l con las do., parroquia, 111c nc10 11ad a,_ la uhicai:1 ún <l e la de S. Marcos podía respo n- <lcr al mbmo princ ipi o. 186 ANTONIO COLLANTES DE TERÁN SÁNCHEZ -Finalmente, con el paso del tiempo y en un proceso inverso, ese entorno abierto sufrió el embate de las prácticas religiosas. El interés de cofradías y otras corporaciones, así como de linajes y ciudadanos, por disponer de capillas propias, generó una ocupación de aquél, cuando a las naves laterales de los templos se fueron adosando capillas fundadas por unas y otros. Todavía se puede identificar una tercera fase en la aparición de plazas, relacionada con nuevas concepciones urbanísticas y formulaciones estéticas. De hecho, la palabra "ornato" se utilizó, con frecuencia, para justificar dichas operaciones. Aludo a las adquisiciones de inmuebles por parte de instituciones y de particulares para derribarlos y crear o ensanchar plazas. Por lo que se refiere a instituciones públicas, la información disponible se refiere a los ayuntamientos; así, el de Córdoba intervino en la de la Judería, en el siglo XIV 76 ; el de Sevilla lo hizo en la de Sta. María, en la de la Alhóndiga y en la del convento de Madre de Dios, a finales del siglo XV 77 ; en fin, el condestable Lucas de Iranzo, en su condición de gobernador del territorio y por sus cargos en el concejo jiennense, actuó en la ciudad de Jaén, en la segunda mitad del siglo XV, aunque más con fines militares que estéticos, ya que la intención era favorecer los ejercicios de lo s caballeros 78 • Respecto al papel de la nobleza, están documentadas en Sevilla intervenciones de distintos miembros de la misma en la apertura de plazas delante de sus palacios a lo largo del siglo XV79 • En paralelo con esas operaciones, tuvo lugar otra también significativa, dado su valor simbólico, al implicar una clara ruptura con el urbanismo heredado. Me refiero a la formalización de una plaza principal o mayor. En todos los casos, aparecen vinculadas a las áreas de centralidad analizadas en la primera parte, por lo que su localización varía de unas ciudades a otras. En Jaén 76 .... J. M. Escobar: Córdoba en la Baja Ed ad Media, p. 146. 77. A. Collantes de Terán: Sevilla e11 /a Baja Edad Media ... , p. 78, 79. 78. J. Rodríguez Molina: La vida en la ci udad de Jaén en tiempos del condestable Iranzo, Jaén, 1996, p. 33. 79. A. Collantes de Terán: Sevilla en la Baja Edad Media ... , p. 78, 79. G. Lora Serrano: "Los propietarios del palacio de Altamira: la fanúlia señorial de lo s Estúñiga ", La restauración del palacio de Altamira, Sevilla, 2005, p. 147. ESPACIO URBANO Y SOCIEDAD EN LA ANDALUC ÍA BAJOMEDIEVAL 18 7 se consolidó junto a la nueva mezquita mayor de época almohade, por tanto, aledaña a la catedral; en Córdoba, la Corredera se abrió en una zona inicialmente po co urbanizada, en la collación de S. Andrés, cerca de la Puerta de Hierro y de la plaza del Salvador80 ; en Écija, en las inmediaciones de la iglesia de Sta. María; en Sevilla, la plaza de S. Francisco se ubicó en una posición intermedia entre los do s centros heredados de la ciudad andalusí, y probablemente, al menos en parte, en un espacio abierto preexistente. Por lo que se refiere a la red viaria, hay que destacar que a los repobladores no l es fue necesario llevar a cabo grandes obras de reconstrucción, donde se pudieran evidenciar los nuevos mo - delos urbano s, al se r ciudades que habían pasado de un dominio a otro sin solución de continuidad en este aspecto, ya que las operacio ne s militares no implicaron destrucciones si gnificati vas 81 • No obstante, ya en los primeros mome ntos , se tomaron medidas conducentes a una transformación morfológica, como lo ponen de relieve las disposiciones de Alfon so X sobre el entorno de la Catedral de Córdoba82 • Aparte del citado dato, y aunque no existe constatación documental, cabe pensar que también se aplicarían a las ciudades andaluzas las medidas adoptadas en Murcia, por iniciativa del mismo monarca83 , para ensanchar y regularizar las calles. Con todo, una cosa es dictar normas y otra muy distinta su puesta en pr áctica. Si se adoptaron dichas medida s, su incidencia solo debió tener carácter puntual por lo que se refiere a la ciudad heredada. Con independencia de la no rmati va 84 , y de concepciones estéticas, la propia dinámica urbana iría promoviendo dicha trans- 80. J. M. Escobar: Córdoba en la Baja Edad Media, p. 208. 81. Otra cosa es que, en el interior de las citad as ci udades, existiesen esp ac ios no urba ni zados como consecuencia de un despobla mi ento pre vio, que es Jo que ocurrió en Córdoba. La pérdida de las funciones de capitalidad, tr as la de sa parición del califato omeya, supuso una considerable pérdida de habitantes, que repercutió en la degradación paulatina de importantes sectores urbanos, en especial el de la Ajerqu fa. 82 . J. M. Escobar: Córdoba en la Baja Edad Media, p. 127. 83. J.Torres Fontes: Documentos de Alfonso X el Sabio, Murcia, J963, p. IV. P. Jimén ez y J. Navarro: "El urbanismo islámico .. . ", p. 124. 84. El retranqueo aparece en unas ordenanzas de los alarifes de Córdoba de 1503 (J . A. Escobar: "Córd oba en Ja Baja Edad Media .. . ", p. 17).