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La egilona, viuda del rey don Rodrigo / [Antonio Valladares de Sotomayor]

Valladares de Sotomayor, Antonio

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Núm. i ir LA EGILONA, VIUDA DEL REY DON RODRIGO. EN TRES ACTOS. PERSONAS QUE HABLAN EN ELLA. Egilona. udbdalasis. Mahomet. Pe J ayo. Mu ley, ^benyncef. ( R odrigo. Mustefá . Ce lima. Iñigo. I Z -orayde. Zulema. ACTO PRIMERO. Teatro representa una campaña dilatada , en cuya Sctananza, se verán & la brecha los muros y edificios de Sevilla , y á la izquierda un monte eminente ; al trecho habrá algunos árboles repartidos' sin órden , pero muchos y espesos ; ó la izquierda y ultimo del foro. En este lado se verá la puerta de la casa que habita Pelayo cerrada con llave natural i cuya entrada la cubrirá una Parra frondosa. Entre los árboles espejos estará la boca de un Silo con ta~ pa de madera que cubrirán las hojas y algunas ramas de los árboles , la qual del /, g rues ° ffijado , que te quitará á su tiempo paro abrirla. En medio peñascos. El par * l ° re P resentacion > haírá al 8 un0s alumbrada con la escasa luz peZD . d o á nacer > P or lo l ue la excen * e:tord como que va á su ocaso ‘ ?** l * preste la luna » °“ e se ve ' d cost a P°8 ada oves anunciará i V ^ aes paes que se oculte el agradable cántico de las Uo\T l la 7 v emd “ Aurora; con lo que se irá aclarando el teal a P, r , & r J*,** ' Jasta <l u e ultirhamente goze de todo el lleno de la luz con de uní ° 6 ^° ■ e ^ i l ue te descubrirá por detras del monte. Este Sol será no á reververa * 0n I a mas luminosa , imitando en lo posible al natural , y con recato” ™ * 00 ' 0 * 1 C ° m ° ^ acen 0tr0í st3 ^ eí de ^ teatro. Iñigo obre la puerta que le vean ^ prssenta en la escena con pasos medrosos , como recelándose de servand' 1 Uni a'al hombro. Examina atentamente'la campaña, y ob~ •' v oh a vez la parte por donde salió ijunta la puerta después %. Nadie en* o parece . En casa todos sosiegan en brazos del dulce n^fio solo mis cuidados velan l ^as quien,tiene amor y ze lo S Como “ posible que duerma ; * de los versos primeros. Desde que miré á Egilona nació la llama mas tierna de amor , en mi corazón; pero advirtieodo la inmensa distancia , que hiy entre mi humilde cuna , y su excelsa A san* sangre real , quitó el respeto todo el uso de mi lengua, para que la declarase mi pasión fina , y honesta, mas sabiendo que mi Tio ( ■ que cuidadoso la encierra en un silo antiguo , que hay entre esa unida arboleda, para libertarla así de un riesgo cruel) desea que se una á Rodrigo su hijo sin que nada le contenga; anticiparé la empresa de solicitar su mano, pues si hallan que es digno de ella Rodrigo, que razón hay, para que yo no lo sea ? La hablaré pues nada importa que de la llave carezca del silo , porque á mi voz eha subirá á la puerta. La exageraré su estado infeliz , que se halla expuesta si la descubren lo’s moros á ser víctima sangrienta de su furor en la tfor de su edad , y su belleza; después con una.eficacia la mas persuasiva , y. diestra la diré que sus pesares de tal modo me atormentan qlie de ellos librarla intento llevándola adonde pueda tranquilamente gozar lo que la naturaleza la dió que es la libertad, y aquí el destino la ciega, y quien duda crea, y pague su gratitud mi fineza, y que en mi resolución tan g nerosa consienta? con lo qual en la inmediata noche , romperé la puerta del silq , la sacaré de su seno , y con presteza la conducirá mi amor adonde mi esposa sea. Por si alguien de casa sale, primero que yo á ella vuelva, y no se pueda extrañar el que esté la puerta abierta use de la precaución de armarme de la ballesta. pues creerán que salí á caza, y quitó toda sospe.cha, Al silo me acerco. Pero Al dar un puto oye ruido. parece que .ruido suena en mi casa! Es cierto : pasos percibo*, y aquí se acercan; ¡ como aun está tan obscuro es imposible que pueda nadie descubrirme , entre estos espesos árboles. Quiera amor que se acaben tantas fatigas, ansias , y penas. Se oculta detras de los árboles , abre* la puerta , salen Pe layo y Rodrigo. Rod. Padre , qué puede ser esto ? Quién habrá abierto esta puerta tan temprano , sin dexarla cenada otra vez? Peí. No temas, Iñigo tu primo , como sabes , con mucha freqüencia sale á caza, hoy lo habrá hecfip y dexó la puerta abierta. Para que tenga mi intento prontamente efecto , dexa que examine bien %\ campo. Observa por todas partes. Ningún peligro se observa, quanto yo diga á Egilona oirás aquí oculto , y piensa Rodrigo,-lo que por tí r 1 mi amor paternal se empeña. ' Iñig. Dos bultos distingo , pero que lo que hablan no comprenda ! A Se oculta lo Luna. Peí. Voy á ¡Jamarla. La llave La saca. del silo es esta. Entreabierta puedes la puerta tener para que todo la entiendas. Rodj Cielo , señor , derrame tanta gracia en vuestra lengua que consiga reducirla á nú amor! De esta manera haced cuenta , que vuestro hijo i no es fácil que vivir pueda. _ . Se entra , y dexa lo puerta entreabi* r ,* Peí. Que extremo de amor tan grand e ' Dios mi intención favorezca» Gamma ¿acia los árboles . Ifág' Ifiig. Uno se entró , y otro viene hácia donde estoy. Ya Jlega ios árboles ; ya entre ellos le miro, y aquí se acerca, qué podrá, Cielos, ser esto ? Pelayo habrá llegado á este tiempo á la boca del silo : quita las hojas y ramas que la cubrían , introduce la llave en el candado, le abre quita y levanta la puer- *a de aquella , en cuyo intermedio con¬ tinua Iñigo diciendo. Mas qué advierto! De la puerta del silo , quita las ramas que la cubrían ,con prisa parece que abre el candado, que::- jí. Egüona? Llamando á la boca del silo. *£• No es esta 3 v 0z de mi Tío? aquí r> H n gran misterio se encierra. el. Egüona ? empieza el cántico de las aves , y lás laces de la Aurora. Dentro Egil. Quién me llama ? **el. Pelayo vertp desea, hija vístete al momento. Dent. Egil. Quien habita entre tinieblas y amarguras como yo muy pocaa veces se entrega al descanso corporal, vestida estoy. Peí. Sal apriesa. ' Rod. Ah dulce bien mió ! Quien pudiera aliviar tus penas ! Iñig. Alma escuchemos. Egil. Pelayo S alien<h del ,¡¡o. ayúdame 2 salir de esta . horrible mansión. Ay Dios! Lo hace y Qneal mirar , a s loces beilas ■ > del día mis tristes ojos V sus lágrimas se anegan ! Rod. Con cada ' . 1 VOz que produce ^corazouuttavL: /%. Que pretenderá mi Tio ! **/. H.ja ven : sobre e£t a peña siéntate , que quiera ™ F c- • ' del que en este írondoso sitio * se respira. No , no sientas tanto tusuales , si quieres que alivio los míos rengan! Y para que lo que intento declararte, haga en tí aquella impresión que solicito no extrañes que te refiera cosas que ya sabes; pues el repetirlas es fuerza, porque la dicha á que anhelo, solo consiste en tenerlas, presentes, ó no en tu pecho. Iñig. Qué prevenciones son estas! Rod. Que bien principia mi Padre! captar á Egüona intenta por la gratitud , pues no es fácil de otra manera. Peí. Aquí seguros*estamos de que nadie oírnos pueda á esta hora. Iñig. No , no mucho, que hay quien por oiros no alienta, Egil. Di lo que quieres Pelayo, que á tu voz estoy atenta. Peí. Desde aquel infeliz dia en que ss miró deshecha toda la gloria española por las armas Sarracenas, de modo ocultarte supe que burlé Jas diligencias de Muza., y Tarif, que ansiosos te buscaban pprque fuera en el ara de sus iras la víctima tu inocencia. Pensaba , y bien , que no podrían con evidencia, y seguridad llamarse dueños de la España mientras no la quitasen la vida á la Viuda amable , y bella de Rodrigo que eres tú; discurre con tu prudencia que cuidados , que fatigas, que desvelos , no era fuerza emplease yo por librarte del riesgo, que hasta hoy te cerca. Por fin tomé asilo aejuí, donde siempre es primavera, y donde tranquilamente vivimos , miéntras la guerra acaba de los rebeldes Abdalasis , que gobierna por Abenariz , Califa de los moros , en la tierra. El qual poniendo su Corte en Sevilla, que es aquella, tanto este agradable sitio los Mahometanos freqüentan, A a que 4 que esto dio motivo para que encerrase tu belleza ' seis dias hace en el silo, •porque así libre estuvieras del inminente peligro Q que siempre estás expuesta: y pues permitir no puedo hija mia permanezcas de ua modo tan inhumano iquiero huyamos de esta tierra, y partirnos á Granada, donde es preciso que tenga ménos sentimiento yo, pues tendrás tu menos penas» Esta es mi resolución; los años mucho me pesan ya , porque el plazo final de mi vida está muy cerca: dexarte sin un asilo como el N mío me atormenta en extremo ; pero en tí consiste solo le tengas: olvida tu cuna real, abátete á Ja baxeza de hacerte igual á mí : y logreRodrigo mi hijo , tu bella mano. Así darás ser nuevo a quien en tu bien se empiea veinte años hace , y así cumplirás fiel , sabia y cuerda con mis servicios , mi amor, con mi hijo , y contigo m^sma. Jñig. Qué es lo que he escuchado Cielos Quanto respiro es un etna i Pero no será Rodrigo quien, á Egilona posea aunque aventure mi vida. Rou. El alma , de su respuesta está pendiente. Peí. Egifona, qué te suspende ? qué piensas? Bgii. Pelpyo con justa causa es'preciso me sorprenda tu pretensión» Lo que has hecho,' y haces por nú, no lo niega mi agradecimiento ; pero debes confesar por fuerza, que fué obligación en tí, y en mí quieres que sea deuda. Vasallo mío naciste; y yo para ser tu Re.ynaj contempla Pelayo.bien de tí i mi la diferencia. que hay , y así conocerás con tu delirio mi ofensa. Peí/ Señora::- Yo:’- Iñig. Toda el alma se llena de complacencia con su expresioh ! No la logre Rodrigo, aunque yo la pierda. Roel Ya todas rnis esperanzas se han convertido eñ mi afrenta. Peí. Mira Egilona::- P/gil. Pelayo tranquilízate. De aquella sangre real que circulando sabes que está por mis venas, inflamada , no advertí ,1a desdicha , la miseria que respiro , y que íp soto me compadeces , y dientas desde mi infeliz orieate. Reconozco las finezas paternales que te debo ; con que en esta inteligencia de nú voluntad sencilla árbitro quiero qué seas. Yo á tu hijo Rodrigo , no ame? sino con una sincera,. y pura fe. Aquel amor con que himeneo süieta las almas , está de mí muy distante ; mas acepta mi corazón á Rodrigo, pues brsra que tu lo quieras. No puedo hacer mas. En esto mi afecto te manifiesta toda aquella gratitud, que pedios reales ostentan. Ifiig. Caiga el cielo sobre mí,, pues escuché la sentencia I de mi muerte. Roe/. Ya mis dichas no pueden ser mas completas. Pe}. La alegría... el tierno gozo... que se derrama , y que ílejia. el fondo del corazón no me permite’que pueda darte las debidas gracias que mi humilde ser.debiera. Egilona... tú te dignas : de ser mi luja ? Dexa , dexa que bese tus reales pies, y que con lágrimas tiernas te los baüe. Sa- 6 Solé Rodrigo precipitado , te echa á los ptes de Egihai >y dice. Y que yo en ellos el juicio de gozo pierda; mirando que á ia mas alta cumbre de la dicha elevas á este infeliz , que> con ser tu criado dichoso fuera. Egil. Alzad los dos , 'y mis brazos encontrad la recompensa de vuestro leal proceder. Rod. Qué dicha á la mia llega. Míg. Yo haré que esa misma’dicha en desgracia se convierta. Peí. Vamos á que se dispe- ¿a consécrelo, y con presteL» quanto para vuestra udion, y para huir de esta tierra conviene ; mas miéntras tanto ■ kgilona mia, esfuerza para tu seguridad, que á ocupar, otra vez vuelvas el silo. Yo te prometo quo para siempre te veas libre de él.mañana. Rod. Oh quanto sentimiento se apodera de mi corazón , al ver sepultada tu belleza fen ese horroroso seno ! Egi'. Y que se ha de hacer? • Dios al.que quiere castiga* enC,a " - para que perfecto sea. 9 Quando el martillo en ^1 « golpes ¿ P'^^ce p ue le deshace y e afirma. Él 0 ro suelta a escor * a en el fuego y ] u epñ con h S " f " r los ,raba jos está hT" resis “”=¡» pues me he de sat¡tf a ^ 1Cn< : ia > con la venganza mas fi e r a inhumana y cruel • * . vL? r ‘ í° qa3It0 de le f»“ ““•os í que una sangrienta determinación acabe á los que mi mal fomentan. Anéguense en las dulzuras que su dicha les presenta, que dentro de poco tiempo, yo haré que anegados sean entre amarguras , horrores, ansias tormentos r y penasí rase con disimulo para que no le vean, por detras de los árboles ; Pelayó ca¬ minará hacia el silo y (os demás le siguen. Pe}. Vamos pues. Egil. Dios mío , no me neguéis la fortaleza, que yo siempre adoraré vuestra justa providencia. Entra en el Silo , y Pe layo cierra ¡es¬ puerta , y pone el candado. Peí. No podrá faltar jamas el Cielo , á quien así piensa. Cubramos con estas ramas lo hacen , Rodrigo otra vez la.puerta del Silo. Bien está así; ya has llegado á la eminencia de la gloria que apeteces •Dios tehaga feliz con ella. Rod. La dicha no faltará al que solo en Dios espera. Peí. Entremos, Rodrigo , en. casa, y para que efecto tengan:;:- Los dos : El Cielo nuestros designios; inocentes favorezca. se entran en la casa. Safon corto en el Palacio de Abdala - sis : salen Muley y Musít-ja , este ha¬ ciendo extremos de admiración.. Musí. Qué me dices? Muí. Qué llegó Zoraydre anoche á las pijerías 'de mi casa coh secreto, y que se introduxo en ella : * que me mandó que ninguno sino tu, su arribo'sepa : que le esperases aquí, pues tiene que darte cuenta de importantes cosas, ántes que Abdalasis veris pueda. Que re he dado esta noticia apénas el Sol se muestra á-nuestra vista , y que aguarda tus tus órdenes mi obediencia. Mus. Corre , conduce á Zorayde aprisa , no te detengas, Muley , porque el corazón ( dolé. no sé que me anuncia::-espera detenién - tráele de modo que nadie pueda verle. Mui. Esa advertencia ya la tengo prevenida, soy tu hechura , nada temas. vase. Mus. De Africa venir Zorayde con tal secreto ? Por fuerza hay una causa muy grande para ello ; si acaso fuera que mandase Abenariz, Califa nuestro , que reyoa en Africa , y en España, se cortase la cabeza en un público cadalso á Abdalasis , que gobierna en nombre suyo la España, que satisfacción tuviera nú corazón J su deliro merece esta horrible pena, pues no encontrando el Califa Otra mejor recompensa, con que premiar sus servicios, y méritos en la guerra le envió á su hermana Celima para que su esposa fuera; y esto hace ya cinco mesas pero él dilata-,.o desprecia, con disimulo este lazo; con lo qual á un tiempo afrenta al Califa , y á su hermana, mas ella irritada intenta con una venganza cruel satisfacer esta ofensa, yo la adoro, hacerla mía es lo que el alma desea. Me’ consulta sus agravios, y sin que mi amor comprenda le aconsejó como quien la ama para sí, y profesa á Abdalasis mortal odio, una carta de mi letra le hice firmar , en que daba á su hermano exácta cuenta del desprecio de Abdalasis, bien puede ser conseqüericia de esta carta la venida de Zorayde , quien lo niega? Esto es si# duda. Los Cielos hagan que Gelima sea mia , y que acabe Abdalasis : pero ya Zorayde llega. Sale Zoroy* Zorayde ? querido amigo ? ven á mis brazos en muestras del contento , que tu vista se abrozanrae produce. Zoray. Ellos celebran Mustafá enlazarse así, pues nuestra amistad estrechan. Musí. Y que novedad::- Zor. Después la sabrás : habrá quien pueda oirnos ó vernos ? Muit. No, pues mi habitación es esta, y aunque en Palacio á esta hora como Celima no sea.... Zor. Celima? Pues que ella viene con ifi‘ sola á verte? Must. Tiene pruebas de mí lealtad , y tal vez_ viene á contarme las quejas justas::- Zor. De Abdalasis ? Muit. Sí. Zor. Ojalá que ahora viniera? pues la noticia que traygo ella es preciso la sepa, ántes que la Corte. . Must. Pues también yo podré saberla. Zor. Para eso te busco , y para fiar de rí:;- Must. Quanto quieras. Dime la noticia. Zor. Es la mas fatal y funesta! Must. Funesta , y fatal ? Pues que acaso el Califa ordena que se castigue á Abdalasis ? Zor. Y eso contristar pudiera á tu corazón ? Ya vi aquella carta secreta que al Califa remitiste, por cierto que de tu letra, y firmada de Célima estaba. La qual conserva por lo que pueda ocurrir mi cuidado. Y porque veas que de ti todo lo fio, yo amo , y quiero favorezcas mi amor. Must. Por tí verteré . la sangre que hay en mis venas. ¿or. Lo creo así. Sabes pues, quien ha muerto ? Must. Quien? Di!o aprisa. Zor. Nuestro::; Califa. Must. O Alá 1 mortal dolor ! Zar. No así sientas lo que no tiene remedio. Must. Y el imperio quien hereda ? Zar. Abnuleiman. Mmt. Qué dices? Pues él acaso , es de aquella sangre de nuestros Califas, ni en él derecho se encuentra para sucedería ? • Zor. No, mas la elección ya está hecha, Mun. Dasgraciados Mahometanos í Quando Abdalasis.entienda esa desgracia , á Calima quitará de su presencia : P.ues si viviendo el Califa la desprecia , quando sepa Su muerte , que hará , Zorayde? Zor. Mi felicidad se encierra en eso , pues logizaré que Celima mía sea, 'porque es el ídolo en donde pongo el alma por ofrenda. Must. Qué escucho? Amas á Celima? Zor. A Celima : tu sorpresa, de tu ingratitud al escuchar mi fina pasión da muestras ? Musí. De que celebro que en tí un tan gran asilo tenga su hermosura desgraciada. Finjamos alma • no entienda ap, Zorayde , las vivas llamas P que a mt corazón incendian, ~ ? Uror que respiro hara mi fortuna cierta. Y que intentas ? Zor. A Celima enterar en la funesta ?:X S u ^ a D 0. Hacer que á Africa conmigo vuelva para lo qual de tí $ Va que la persuadas y venzas, tiuego enteraré á la Corte V uie partiré con ella, * donde será el himeneo quien una las almas nuestras. Must. O quien de ese cuerpo vil o i¡ la tuya sacar pudiera. Zor. Qué te suspende ? Must. Esto importa* . pues hablamos con franqueza, á Celima tuya haré : pero tu has de hacer suceda en el Gobierno á Abdalasis yo. Zor • Qpé es lo que dices ? Me dexas con lo que te oigo admirado ! Pues ha muerto el que gsbierna la España , para que tu sucederle en esto puedas ? Must. Lo que de tí solicito es proporcionar que muera. Zor. Que muera Abdalasis ? Must. Sí. Zor. Y como ? Must. De esta manera. Ni tu , ni yo , nos debemos exponer en esta empresa* una mano poderosa, y que ningún riesgo tenga, por mas que se justifique su delito quiero sea k que dé muerte á Abdalasis si tu consientes en ella. Zor. Te lo ofrezco, pero encuentro en tus expresiones mesmas tan grandes contrariedadés::- Must. No hay ninguna. Escucha : en habitación mia debes mantenerte oculto , mientras duren las luces del dia* pero al instante , que estienda la noche su negro manto, yo haré.que á Celima veas* y ya la tendré advertida de lo que tu amor desea. No has de decirla que ha muerto su hermano , sino que en fuerza de la carta que envié y te manda á advertirla sea ella misma la que vengue en Abdalasis su afrenta. Entonces la has de entregar un sable , y decirla : en esta cuchilla tu hermano envía la segur , la parca cierta de Abdalasis , y.en tu mano, porque executora sea de esta venganza tan justa, 8 qui yola ponga me ordena. Ella aumentando el furor que la asiste con la fuerza de tus palabras dará á su enemigo sangrienta y debida muerte , pues yo la pondré donde pueda executarla segura. Y demos caso se sepa que ella la homicida fué, 'habrá alguno que se atreva á una hermana del Califa, sin mirar su muerte cierta ? te presentas en la Corte mañana , dispones sea yo el Gobernador de España : tomo el mando} providencias para asegurarme $n él daré al puntó } y manifiestas que ha muerto el Califa j te unes con Celima } se-hacen ciertas las dichas, y respiramos dulzuras y complacencias. Zor . Otra vez datbe los brazos, pues con tu discurso muestras, noble Musráfá , la fina amistad que me profesas} tu voz es ya norte mió, como tuya mi ¡obediencia. Must. Pues en asuntos fcan graves no perder tiempo aprovecha, muerto Abdalasis, y puesto ap. -en el mando yo, que muera este traidor haré, y que mi esposa Celima sea : sígqeme á otro quarto mas oculto} y apénas vea á Celima volveré á verte. Los z. Nada hay.que pueda de tí separarme. MusK Yo, sin'que nada quehacer tengas, aseguraré tu dicha dándote muerte sangrienta, ap. Vamos , y a mis intenciones::- Zor. A mis esperanzas tiernas, el amor::;- Must. Él furor mió::* Los a. Aliente , anime y encienda, yase. Otro salón corto ; suipn Dantas Moras, Zalema , Celima . Cel. {dos todos } sola tu queda comigo, Zulema. léanse haciendo cortesía* Zul. Tu esclava soy, Cel. Mustafá vendrá á verme: ves y apénas llegue , hazle entrar. Zul. Te obedezco. mase. Cel. Qué ansias mortales , y acerbas á mi corazón traspasan ! Soy Celima , soy aquella hermana del gran Califa Abenariz , del que tiembla» tantas naciones, y todas reverentes le respetan? Esta soy } y reducida hoy me miro á la báxeza de que un indigno vasallo se burle de la grandeza de mi hermano y su amo, quien por elevarle á la excelsa - cumbre del honor , dispuso i que yo esposa suya fuera} y él en vez de que esta gloria le confundiese , desprecia mi mano , olvida la sangre real, que me anima , y no tiembla al recordar su delito del castigo que le espera: ó pese á mis iras , pese á mi furor, que mi afrenta reconocen, y publican, y no me han vengado de ella. Pero mi hermano, aquel fuerte Monarca , qué es lo que piensa, que con un castigo horrible no vindica las ofensas que nos hace este traidor á las das ? No le di cuenta con letra de Mustafá de quanto::- Peí o este llega. Mustafá , qué traes ? qué cienes ? Por qué tu'rostro se observa tan turbado ? Sale Mustafá precipitado. Must. Una impensada alegría me cou terna, nie saca de mí , y mis labios á formar la ver no aciertan, v Cel. Pero , de qué esa alegría. procede ? Must. De ver que aquella venganza un deseada por los dos llego. f 9 Vel. Qué expresas ? O Alá ! coa esa noticia 5 mi alma inñamas , y llenas de sumo gozo. Must. Mayor le has de tener quando veas á Zorayde aquí. Vei. a Zorayde ? y mi hermano? Muse. Bueno queda. A tu heroyca mano elige para que por ella tenga la justa venganza electo. Vel. Y quando ha de ser ? Apriesa, vierte pronto sobre mi alma noticia que tanto aprecia. Mus. Mas estimo yo que asi ap . las recibas : pues mas ciertas serán mis fortunas quanto mayores tus iras sean. Ven , y sabrás todo ei caso-. Ce!. Mas Zorayde-dünde. queda ? cómo no me vé ai instante ? Must. No puede , aunque lo desea, verte hasta la noche. Vamos que asistir debo á la audiencia que da el traidor Abdalasis para remediar , que sea Tarit sentenciado á muerte. Cel. También á mí ma interesan en lo mismo sus parientes. Must. pero antes tuerza es que adviertas que Mustafá por servirte no habrá cosa que no emprenda. Ce!. Yo sabré hacer que mi hermano dé un gran premia á tus finezas. | Must. En logrando mis intentos no quiero mas recompensa. Salen magnífico adornado a! estilo Ma ometano, con sofaes en medio } y ¿ los a ¿or. P^ste salón tendrá algunos arcos, '*Unidos de bellas columnas aue for- * ea “•-* decoración : sale ‘ccmparg d / M°rot : á esta salida acompa¬ sa Muley , Mabómet , Abdalasis I C0 P** ™ et Moros. Acompañará marcha w °’ e boca » $«<? durará toastu colocarse todos en sus res¬ pectivos puestos . *Qd<*. Partió Muley ? «¿o. Quaata tiempo hace , Seíor. Yo q uisiera que despacharas las causas, que necesitan sentencia. Abda. Tráelas. vate. Abdalasis pasa al sofá que habrá en el centro , y te siento. Salen las Da¬ mas , Zalema, Mustafá , y Ce ¡una. Es¬ tos dos dicen ai bastidor los primeros versos , y al presentarse Ce lima en ¡es escena , Abdalasis se levanta pre¬ suroso á hablarla. Cel. Ya estoy enterada, Mustafá , y no sé si pueda disimular mi contento. Must. Yo haré que esta noche sea mas grande. Entran. Abda. Celima hermosa, á quien el alma venera por hermana del Califa mi señor , y por tus prendas tan amables::- Must. Dila mas, ap. que ya tu muerte se acerca. Abda. Ven , mi asiento ocupa, pues donde está el sol, no es bien tengan los otros menores astros, mas luz que las que él les presta. Cel. Ves á tu asiento-: este sol aunque sus luces conserva, alguno llega á mirarlas y no sabe bien temerlas^ pero si" cree que no abrasas, quizá probará que ciegan. Aquí me debo sentar. lo hace. Abda. Pues lo quieres , así sea: está ofendida : es muger: no es mucho que asi procedaj pero sin tenerla amor, podré casarme con ella? Ella seria infeliz, y yo desdichado fuera. Sentaos todos nobles Moros, lo hacen. y sabed me han dado cuenta por un anónimo escrito, y es de Christiano la letra, de que á Egilona , á la V iuda del Rey Don Rodrigo , aquella por quien hicieron los nuestros las mae vivas diligencias para hallarla , un criado anciano suyo ia oculta, y conserva B en i6 todos en mí un padre encuentran, que les da en sus aflicciones guanto consuelo desean; todo esto te lo refiero, para que contigo mesma discurras, que podrá hacer mañana, quien así piensa hoy. El tiempo te dirá lo que te explica mr lengua. Por lo que respecta á tí, la santa ley que profesas seguirás siempre ; y entiende, que al punto te aborreciera si la dexaras. Ahora haz lo que mas te convenga. EgiJ. Tus amables expresiones, y de un Moro tan agenas las bendigo. Abda. Y qué respondes para que yo viva , ó muera ? Egil. La mayor dificultad para mí vencida queda; pero faltan otras dos, que aunque parecen pequeñas, si sa callaran ahora, quizá después se sintieran.. Iguales en ámbos son, veamos cerne se superan. Abda. Dilas. Egtl. Celima::- Abda. Te entiendo. Yo no he de hacerme violencia. No la amo ; ella bien lo sabe, con que creo que no pueda esto nada detenerte si hacerme feliz deseas. Egi . Pero su hermano el Califa no es fuerza que quando sepa nuestra unión haga::- Abda. Primero _ haré yo lo que convenga á la España, á les Christianos, á tí, y á mí. Nada temas. Egi. Sus voces me pronostican ap. felicidades Inmensas, vamos ahora a mi Pelayo, me pidió , que esposa fuera de su hijo Rodrigo hoy mesmo. Yo rebatí su propuesta; pero mirando después mi situación tan adversa, y lo mucho que le debo consentí por fin ea ella. Abda. Y le amas? Egi. Le quiero , solo por Ja virtud, y nobleza de su corazón. Abda. Muy bien; pues aquí un instante espera que á llamar voy á Pelayo. Vase y sala luego. 'Egi. Para qué ? Aguarda, que intenté' Cielos , qué irá á hacer ? si acaso querrá alguna providencia contra Pelayo , y Rodrigo dar V Ay Dios 1 Mi ligereza en descubrirle este caso fué uñ error. Pero yallegan; temblando estoy. Salen Abdalasis y Pelayo. Abda. Ven , Pelayo, porque quiero que á presencia de Egilona me declares una cosa. Peí. En quanto pueda contribuir al gusto tuyo, rendida está mi obediencia. Abda. Así lo creo : si en. ti solamente consistiera hacer feliz á tu Patria, y que sus hijóá vivieran libres de aquella opresión, que en nuestro dominio encuentran, qué harías por conseguirlo ? Peí. Nada. temblando de gozOAbdo. Y das esa respuesta ? Peí. Ppes que he de decir ? Qué tengo v yo , que gustoso pudiera dar por el bien de la Patria ? la sangre ? Aquí están mis venas, que las rompan , y basta la ultima gota se vierta. Mi vida Intenten tormentos, y verán la fortaleza con quefsabe resistirlos mi valor, hasta perderla: y si fuera necesario que mi Rodrigo muriera para lograr tanta gloria, sin que la naturaieza ni el paterno amor pudiesen debilitarme las fuerzas, yo mismo sacrificara vida. Esto es lo que hiciera. 1 Abd*' dbda. Menos t« se pide. &el. Menos ? Señor , que rae saques de esta agradable confusión te ruego. Egi. No sé que entienda de lo que escucho. <ibdu. Egiiona puede á España dar aquellas dichas , que dixe , si tu la obligas á que consienta en mi pretensión. Venid, porque es justo que ella nusma la explique á tí, y á Rodrigo. Advertid lo que interesa la España en esto , y que yo por mí sokrhacer pudiera que mi gusto se cumpliese, y rae sujeto á que sea por vosotros decidido. Dadme pronto la respuesta. Vamos. vase. Peí. Qué es esto , Egjlona ? Plgil. Estofes , Pelayo, que ordena el cielo , que de las x d i chas de nuestra patria , yo sea instrumento, y que aquel trono, que me arrebató la adversa suerte , le ocape. Esto es todo lo que dudas. Peí. Providencia incomprehensible ,'mi vida tan infeliz , dexad tenga sola esta satisfacción, y después al punto muera. Vamos, hija mia. Al ir;e sale Iñigo y los detiene. Ifíig, Egiiona , tan apriesa vais ? Es preciso, pues Abdal&sis nos espera. Yo te daré unas noticias, que es preciso te suspendan, por agradables. Después nos veremos. ■ fcoí 2. A Dios. vanse. Iñig. Dexan las palabras de Egiiona á uii córazon con nuevas dudas. Qué podrá esto ser ? Pero sea lo quiera, que me importa es vengarme I'f de Rodrigo. Ya está puesta la carta , que Mustaíá hizo escribir , donde pueda causar todos los efectos que apetezco. Mi cautela la introduxo en el bolsillo de Rodrigo, y él al verla, quien duda que pase a hac^r execucion de lo que en elia se le advierte. A Mustafa aguardo aquí: De él esperas mis fatigas amorosas, que Egiiona mia sea, y er.r'ónces::- Sole Must. Iñigo. Iñig. Noble Mustaíá, qué es lo que ordenas ? Must. Pusiste la carta ? Iñig. Ya es preciso que esté de ella bien enterado Rodrigo. Tuyo soy. Must. Quanto celebra mi amistad haber hallado una alma qae se parezca en todo á la mia , como la tuya me manifiesta ! Es preciso que á Rodrigo inmediatamente veas, - pues va i legando la noche: y al instante que compreheneias que vio la carta , y lo que determina hacer , es fuerza lo sepa yo , para dar las debidas providencias, que consigan el efecto dichoso de nuestra empresa. Iñig . Voy á obedecerte. toase. Must. Que horrorosas y tremendas inquietudes pasa una alma, que por el delito espera su elevación 1 : pero todo es bien empleado , si llegan á conseguirse las dichas que ansiosamente deseo. Sale Celiina precipita mente , cuyos agi¬ tados y tristes exttemos la manifiestan anegada en Ja mas amarga pena. pero qué es esto , Ceiima ? eclipsada tu belleza ? C lio- 18 iloras, y suspiras ? Dime lo que tienes ? Ce/. Yo erroy muerta, Mustafá ! jVJi dolor cruel me despedaza. La lengua ni aun para articular {tiene facultades. Must. Pero sepa yo deque tu dolor nace. Cel. Ay justos cielos ! Apenas salimos de la mazmorra, y determinaste fuera Zorayde contigo para que estuviese , miéntras llega la noche, oculto en tu quarto, observé que este ( qué pena !) al sacar de su bolsillo un lienzo (la voz se yela !) entresacó sin cuidado y déxó caer en tierra, sin éi también una carta, os retirasteis , y alzéla : pasé á mi quarto, advertí que para Abdalasis era, • a abrí, ia leí, y Hallé::— Must. Qué hallaste ? dilo. Cel. Üna horrenda maldad de Zorayde ; un fiero cuchillo que me penetra el alma. Encentré traiciaaesj y horrores, miré desecha mi felicidad , y en fin vi::- pero la carta es esta. la saca. Léela , que mi corazón no tiene para ello fuerzas. se la da. JLee para sí , munifestundo en sus ac~ dones ¡a sorpresa , y después dice aparte. dfust. Válgame Alá ! qué exámino ! concluyéron mis ¡deas. Perdió Zorayde la carta en que á Abdalasis da cuenta Abenáleyman de haber muerto ( desgracia tremenda !) el hermano de Celima, y que él elegido queda Califa. Qué podré hacer entre tanta concurrencia de accidentes que se oponen á mis máximas perversas sino halla medio el discurso con que separarías pueda ! Ce?. Mustafá , qué dices ? Pero ya advierto que está suspensa tu alma , y con razón, al ver las maldades tan horremías de. Zorayde , y la desgracia nfia, y tuya. Must. Todas esas reflexiones despedazan mi pecho. Yo bien pudiera vengarme ahora de Zorayde dándole muerte sangrienta por tirano , y por traidor, roas tu hacerlo no roe dexas. Cel. Yo ? Must. Tu , sí : qué pensamiento tan fino me ocurre. Piensa que la muerte de tu hermano te dexa en la mas funesta situación : todo tu asilo faltó. Si bien consideras la eficacia de Zorayde en pretender dieses vuelta á Africa con él, yerás que Abenaleyman lo ordena así, ó para darte muerte, ó para tenerte presa eternamente : Porque el que sin méritos se encuentra elevado á gran Califa, y sin que de elos proceda siempre querrá asegurar en ti, Ja que le pudiera mañana arrojar del mando. Con que en esta inteligencia quiero hacer que tu desgracia en fortuua se convierta, para que por nú respires tranquilamente. Oye atenta; El dia ya va á espirar} á Zorayde, aunque Je veas, no debes manifestarle su traición : tu rostro advierta sin pe-na, sin mutación. Le dirás que estás resuelta á partir con él : le das á Abdalasis muerte fiera esta noche j se nombra su sucesor : si mi tierna voluntad quieres pagar serás mi esposa} te vengas ciando la muetie á Zorayde, y en fin en España rey ñas. V u e te P a rece este modo de mío , en la estrecha «i*' triste situación en que te ha puesto la suerte adversa ? Ah Mustafi generoso ! tu solamente pudieras pensar tan heroycarr.ente ! te reitero la promesa de dar la muerte á Abdaíasis: haré que Zorayde entienda to que me encargas , y tuya será Celima. Must. Con esa declaración toda el alma de dulce inquietud rae llenas} ven , para que dispongamos lo que conviene á la empresa meditada. Cel. A mi dolor la venganza le consuela. Musí. Quando ascenderé á mis dichas ap. sin riesgos , ni contingencias! vase. Sj* tCn magnífico adornado con figuras de Moros corpóreas , sostenidas sobre unas Medias pilastras que figuran ser de ala¬ bastro con medias cañas de oro. La escena estará alumbrada con hachas, Una á cada lado , porque se supone ser ya de noche. Salen Iñigo , Rodrigo Pe layo , y Egilona. * Pela. Aquí Abdaíasis mandó, que entre losquatro se viera si era , ó no su pretensión aceptable , solo en esta circunstancia patentiza su bondad , y su prudenc¡ pues arbitros nos declara de lo que él hacer pudiera por sí solo. De tu unión <0n él, Egilona bella : resui^ á los Christianos una dicha verdadera. ánrTsque o tr T’ e ha de . mirarse jf¡i„ Ti J¡ ° tras conveniencias. } e es un dictámen que a razón desa prMba que la justicia abomina, y la Religión detesta Unirse Egilona á un Moro y dar esta unión por buena los Españoles Chrisrianos sm que el horror , l a vergüenza m el oprobio los confunda ántes que en ella consientan. Quién creerá que en Abdalasifc el Christiano alivio tenga ? Las piedades que exercita no veis que son apariencias, con que se ocultan malicias que dospues se manifiestan ? ' Ño veis;:- Rod. Iñigo , permite que á tu discurso mas fuerza,, le di yo. Puede Abdaíasis, aunque nos da tantas muestras , de sus piedades , fingirlas. Que hay cosas que se presenta* á la vista cíe tal modo, que engañan. Parece estrella la que corre por el Cielo, y es exhalación pequeña, que ftjé poco ántss un solo vaporcillo de la tierra. Y aunque lo que hace por todos los Christianos , nada tenga de fingimiento , quién sabe qual será su permanencia ? Después de una tempestad, qué hermoso se nos presenta el Iris ! Mas si atendemos á su duración , apenas sale, acaba. Y hay quien dice que la hermosura que ostentan sus colores , es prestada, como en la luna se observa, que parece que son propias, y son sus luces agenas: todo esto , ya ves qué apoya tu opinión j pero hay mas ciertas mas poderosas razones que las destruyen. Qualquiera opinará sin razcn si se opone á la experiencia continúa. Esta es la que asiste á las admirables prendas de Abdaíasis : qué razón puede competir con ella sin temeridad? Acaso, el mismo que hoy es , no era ántes de amar á Egilona ? Qué es amarla ántes da verla. Qué Christiano no le alaba 2 Qual de sus beneficencias prodigiosas , no ha gozado ? f a s mazmorras tan horrendas donde el Christiano tenia C'v tor- 20 tormento atroz , muerte fiera, desde que él entré ea España, no están sin uso y abiertas ? En la paz es siempre justo', como invencible en la guerra: luego este héroe no es posible que finja , ni falte en estas glorias que exercita , pues son en él naturaleza. A nadie se perjudica en que esposa suya sea . Egilona , mas que á mí. Mi alma la adora. Ya de ella el amable sí tenia para unirnos. Pero fuera justo que yo pretendiese que al común se antepusiera el particular bien ? España será feliz , será llena de dichas con este enlace, Egilona : y no, no creas que le sobreviva yo, pero es forzoso que atienda á qué por mi patria debo perder el amor , la hacienda, y la vida. Ella respire siempre gloriosa , y yo muera. Peí. Esas nobles expresiones (aii Rodrigo!) manifiestan, que eres hijo mió. Dame los brazos. Quien así piensa, quien asi procede es digno de una fama eterna. Egi. Es verdad ; ya no hay reparo en que esposo rcio sea Abdalásis. Peí. Dices bien. Jriig, Primero yo haré que tenga ap. fin su vida. Rod. Pues ahora me precisa daros cuenta de una grande novedad. Peí. Di. Red. Sin que advertir pudiera, que mano aleve esta carta la saca. intioduxo con cautela en mi bolsillo , la hallé hace poco tiempo ; leedla, y v.)í e is contra Abdalasis lo que se me dice en ella. Egi. Cyntra Abdaiasis ? oh Dios ! Dámela. se la da, IfiigLi carta es esta ap. que yo le introduje. Bgi. Oid, que dice de esta manera. Lee í ara que el justo derecho que en Egelona se encuentra á la corona de España en posesión se convierta, y para que.los Christianos celebren' que los gobierna Rey natural , en tí han puesto su esperanza. Harás que muera Abdalasis por tu mano, que ya Jas cosas dispuestas están para que al instante tu esposa Egilona sea, Rodrigo , y juntos reyneis contra la saña agarena. Rep. Qué mano cruel , é infame pudo estampar unas letras tan traidoras ? lñig. Tan traidoras ! Pues quando la carta asienta que muerto Abdalasis hay disposiciones secretas que os elevarán al trono, quién á esa gloria se niega ? Peí. Y alguno se encontrará, sin ser traidor, que consienta en dar la muerte á Abdalasis ? Rod. La vida en justa defensa suya debemos perder ; vive Dios , que como sepa quien es el traidor que me hizo capaz de tanta baxeza, mi furor , y este puñal le darsn muerte sangrienta. Le soca con ímpetu áe su ira. Sale Abdalasis oyendo estos últitf> eS versos : ó tu voz se sorprebenden t&W' Se le cae ó Rodrigo el puñal , y ó Egilona la curta. V, • nas a * car. ia muerte Rodrigo? Pero tu tiemblas, y te se cae el puñal ? V n Pliego Egilona suelta úe ia trano ? En-fin , á todos « S , C ,°" fucd ' n>¡ presencia ? , .* < u e ríe esta turbación el alma mucho recela? Dame esc p u ña | . R«dr. Sefinr:;- ,, Já . Ai ■ ¿bda. Tu voz por ahora suspensa debs estar : Dame esa carta, ó Egil. £ £ ¿ * Toma , y te pido que adviertas:.- , se la da, 4 bda. Dé xame leer, que después advertiré, lo que deba. lee para sí. z. € l ' Qué creerá Abáalzsis ? y Rodri, Cielos, justificad mi inocencia. Todo ayuda á mis intentos, ap. Ab¿ 0% E S t a carta ( y no te atrevas a ocultarme la verdad ) de quién es , Rodrigo ? Rodr. Fuera - segura su muerte , si á tal traidor conociera. Yo me la hallé en el bolsillo, y haciendo aquí referencia dei caso , ántes de que entrases dixe ; si quien es supiera, mi furor , y este puna!, Je dieran muerte sangrienta. •dfrda. May bien. A tí en esta carta ue me des muerte te ordenan, ¿ en esta otraá mí me avisan saca otra. y q u e también me la hallé abierta ( n mi bolsillo hace poco eue tu quitármela intentas. ■ ql modo de introducirlas Éué igual: pero son opuestas fen su sentido. Embidiosos de las dichas que os franquea mi corazón , de esta suerte procuran que os aborrezca. Estas amenazas , y estos avisos mi alma desprecia. rompe las cartas. Toma Rodrigo el puñal para que con él defiendas esta vida que te estima. No puedo darte mas pruebas n, de m. gran corazón, ,A v ':'" < l‘‘- es[ a confianza saDemi te merecerla. Pel \ Acción verdaderamente ^ dl g na de una fama eterna í Por la qual acreedor er®s S ? Ue P^gU'í tus finezas mano. Tti esposa soy. alma así lo confiesa, ^ sabré derramar °da mi sangre en defensa de la tuya. se dan las manos. Abáa. Ccn tal dicha lo mucho que te amo premias. Todos . Feliz memento ! Iñig. Mis ansias ap. son mortales ! Alda. Aunque observas, amada Egiloua mia, ( quiero hacer que una experiencia me asegure en lo que tanto / mi propia vida interesa ) aunque observas que mi pecho á los Christianos se entrega tan francamente, que de ellos ninguna maldad espera} Con .todo aquí hay un traidor que darme muerte desea. Todos. Aquí hay un traidor ? Abda. Aquí. Todos . Muera al punto. Abda. Todos muestran ap. igual el semblante } pero apuremos esta idea. Pues si ha de morir, divida este alfange la cabeza de sus hombros. Desembaina el Alfange. Pelayo, Rodri~ go , y EgHona se mantendrán sin alte¬ rarse. Iñigo se retira dos pasos atrás con temor y Abdolasis continúa diciendo. Qué, Pelayo, de mi amenaza no tiemblas ? Peí. Si soy leal ? y tu amenaza es contra el que no lo sea, lo que á nn no se dirige fuera temerlo imprudencia. Rod. Lo mismo digo. Iñig. Pues yo siendo kal temí. Alda. Si , en fuerza de mi acción te retiraste: pero es preciso que crea que eso le causó el respeto. Iñig. Sí::: Señor::: e! labio apenas ap, la voz ft rroar puede. Abda. Oh quánto op. esta experiencia me enseña ! Menos de Iñigo , de todos - está mi alma satisfecha. Vamos, adorada esposa, por- porque quiero que á la mesa me acompañes esta noche. Mañana quedarán hechas nuestras bodas. Egi. Tuya soy. -Abda. Seguidme tcdos. Y quiera Alá que esta unión produzca á España dichas inmensas. To los. Cielos , haced que á Ja España dé esta unión dichas inmensas, vsnse. Iñigo quedará deirás. Sale Mustafá y le detiene. Musí. Iñigo ? Jñi. Espera que acaben de ocultarse. Están desechas nuestras máximas. No hay tiempo para que todo lo sepas ; pero yo espero que logre nuestra intención otras nuevas que á disponer voy. Adonde duerme Abdalasis ? Must. En esta alcoba que está inmediata. Iñig . Y el alfange ? Must. Aquí le observas, timo en sangre. Toma. Se le do. Iñig. El es mas útil de lo que piensas. Y el brazo que ha de dar muerte á Abdalasis Must. Nada temas; pronto está. Iñig. Pues yo á Rodrigo, para que culpado sea solo en la traición , aquí conduciré : mas que tengas á obscuras este salón. Must. Eso es preciso. Iñig. Pues dexa, que voy á ver si cumplirte puedo todas mis promesas. Dexarp oculto el alfange ap. y usaré de él quando vuelva. vate, Must . Qué gozo tendré si logro que los Christianos parezcan como reos ! Ven , Celima, Para ai bastidor y ¡a saca , la qual tendrá un sable. y te pondré donde puedas abrir con una venganza, á nuestras dicha* la puerta. Cd. Ya esta furiosa segur nú valor te manifiesta. " anss P°r el bastidor segundo de le *> quierda. Por el mismo de la de feche v l snie Rodri £°' ¿toa. Yo he de proceder leal, por mas que mi pecho sienta separarse de Egilona, del ajma adorada prenda. ¿ah Iñigo, Rodrigo , escucha. Qué quieres? Iñig. Dice Egiloua , que apenas este salón quede á obscuras quiere hablarte , y que te espera en éi pues importa mucho, y yo he de venir con ella. Rod. D;la que Rodrigo solo nació para obedecerla. ^Volveré quando me adviertes.. Iñi. Vete , porque no uos veas. Fase Rodrigo. Si en venir también aquí Egilona consintiera. de ios dos me vengaría: vero puedo vencerla. vase. Solé Mus tufó , y Celima con el sah^' Must. Ya pronto vendrá Abdalasis á su dormitorio. Én esta puerta debes esperarle; y al instante que lo sientas, descarga el tremendo golpe sobre él , y con toca priesa retírate donde sabes para que nadie te advierta, y se culpe á los Christianos. Eas luces apago. lo tace y queda á obscuras la ESCf^ Encienda todo tu valor Alá, para tan gloriosa empresa. Ce/. No me faltará , pues tengo tanta razón. oaie Kod. Ya se observa á obscuras este salón. Espi raré hasta que venga. Iñigo con Egilona. ¡¡¡I Salen Iñigo , y Egilona trayendo ^ ... el ai finge. at g. Rodrigo me dixo que era Apártanse los dos. su honra, y vida importante hablarte esta noche mesma aquí. Í5 ' ola e sa expresión Wn fuerte me reduseca, ^ ifíigo , á venir á verle. Parece que pasos suenan $ ánimo j corazón mío. Voy á ver si viene. Espera, aquí mismo. Camina hácia Rodrigo. $gi. Bien. 6 *°d. Yo creo, que Iñigo hacia mí se acerca. Rodrigo ? Rod. Qué ? Iñi. Vendrá pronto Egiiona , mas me ordena que el puñal me des , y que le arroje donde no pueda vértele jamas. Rod. De nada me sirve : toma. se le dá. Ifiig. Defensa tienes, por lo que ocurriese ' aquí, tema. le da el alfaoge , y camina bácia, Egiiona. *W. Qué arma es esta que me das ? no me respondes? Si se habrá ido ? Iñi. Allí queda, á Egiiona le da el puñal. sígueme , y roma. Egi. Qué es esto? Iñigo se separa de ella. un acero ? La sorpresa le dexa caer. me le quitó de la manej de aquí huiré. y ase por donde salid. Rod. Que ne parezca Iñigo ! dñig. Todo dispuesto según mis intentos queda. Fase por h derecha., y'por ¡a ¡zcuierda sale Abdalátis seguido de Mus- *°fá j aquzl se aden tra al medio de la escena , y este llega á Cehma. «bda. Como esto se halla sin luces? ap. ffuxt. Cehma ? r e/. Qué? Musí. Ven apriesa, ai esta , descarga el golpe de tu venganza sangrienta. Wustnfá ¡a conduce cerca de AbdaJasis, Va á desviarse, Celina le da con el al/ unge , y cae muerto. Así tirano Abdalasis Fingiendo la voz. 01 * injuria vengada queda, Da á Mustafá y vose. Uít ' Válgame Alá ! muerto soy! 23 Akda. Qné confusiones son estas ? Des embaír, a , tropieza con su alfar ge en el de Rodrigo, y á su voz salen Moros con luces , Mu ley , Mabometo , Peí ayo y Lgiloria. Ola Mahometo , Muiey , lpces. Rod. Que no halle la puerta ! Salen con las luces : Rodrigo quiere huir , Abdalasis le tira un golpe con el Alfange , le desprende el suyo de ¡a mazo y detiene. Todos. Qué es esto ? Abda. Traidor detente. Aseguradle. h hacen. Peí. Que observan, mis ojos! Hijo ? Rodrigo ? Abda. Aparta. Red. Desgracia extrema ! ap . Egi. Señor , y dueño qué es esto ? Mako. Aquí un cadáver se anega en su.sangre. Muí. Es Mustafá. Abda. Mustafá ? Pérdida inmensa ! Oh amigo mío el mas fiel ! Mako . Eáte alfange de tñ diestra desaste caer, ó Rodrigo. y en él la sangre aun humea. Muí. Un puñal es este. Abda. Dame el alfange : el puñal muestra Se los dan. Este alfange ha dado muerte á Mustafá , bien que yo era el objeto , á quien el golpe dirigió la mane» fiera, de ese infiel. Egil Rodrigo? Abda. Sí; Rodrigo. Peí. Terrible pena ! Abda. Le oí decir , al descargar el golpe con toda fuerza ; Asi, tirano AbJalasis, mi injuria vengada queda. No esto solo justifica su alevosía $ la'prueba mayor es este puñal que para que defendiera mi vida aquí le vofví. Es el tuyo ? Se le enseña . Rod. No lo niega mi voz , Señor. Abdo. Quieres mas jus-* 24 justificada evidencia, Egilona? en qué , traidor, te^o tendí , para que fuera tu alma tan desconocida, tan baxa y vil, que esta horrenda acción cometiste ? Rod. Ves, Abdalasis , esas pruebas que acreditan soy culpado ? Pues solo en mi la inocencia brillando está. Abda. Calla , infame. Mas porque admires aquella heroicidad de mi pecho, quiero que dé la sentencia de tu crimen, Egilona. Ahí le tienes : que procedas A Egilona. con rectitud de tí aguardo. No han de decir que me ciega la pasión de parte , siendo so Juez. A tu cargo queda. Jigil. Yo lo admito , y puede ser que te haga ver la experiencia, que hay ciertos casos en que tantas pruebas se concretan, que aquel queinocente esta culpado le representan. Rodrigo culpa no tiene por lo que al puñal respeta, pues Iñigo me le dió. Mahometo , pon en estrecha prisión á Rodrigo , y prende con la mayor diligencia ú Iñigo i al instante parte. Abda. Pero Iñigo puede en esta maldad tener parte acaso ? Egil. Qné sabemos ? tal vez sea la principal. Abda. Haz Mahometo quauto Egilona te ordena. Retirad ese cadáver. Se le llevan. Y en tan amarga tragedia:;- Reí. En un dolor como el mio::- Egil. En mis ansias:;- * Rod. En mis penas::- 2'odos. Denme los piadosos Cielos norte, luz , y fortaleza. ACTO TERCERO. Salón corto. Salen Celima y Zcroy de , recelándose. Cel. Pisa quedo , porque á cada paso , se me representa que están nuestras intenciones ah Zorayde, descubiertas! Zor. Con que en efecto , Ceiima, le diste muerte sangrienta á Musrafá ? Cel. Sí : un error produxo las contingencias, que nos circuyen. Zor. Son tantas, que no es fácil comprenderlas} lo cierto es , que en Mustafá , perdimos una alma llena de amor para nuestras dichas. Cel. En eso tal vez padezcas equivocación } su muerte no es lo que mas me atormenta, ni lo que debes sentir. Zor. Por que razón ? Cel. Esta letra Saca y la enseña un papel. no es de su mano ? Zor. Sí. Cel. Pues toma , y lee. Le da el papel. Zor. De esta manera dice : Yo ofrezco á Celima entregarle la cabeza de Zoray 3 e luego que dé muerte á Abdalasis ella Cel. Prosigue. Zor. Como , si me embarga toda la voz mi sorpresa ! el traidor firmó y juró Mirando el papel. tal maldad! Ah ! Quien lo hubiera á tiempo sabido , para N dar al infiel...! Cel. Qué le dieras mas que lo que por mi brazo recibió ? Zor. La recompensa que da el Cielo á los traidores nunca fné menos funesta. Cel. Pues si es© es así, tambi« n «tás expuesto S la mestna suerte que Mustafá. Yo ? c Qué dices ? Pues en mi encuctras::- '• propia traición que en él con muy poca diferencia. * Una carta que perdiste, y que yo me hallé , es la prueba que tui verdad justifica. Zor. La hallaste ? C «A Sn Zor. Suerte adversa í ap „ Ya sé que murió mi hermano, y sé el aleve que impera «o Africa , yen España, y que con toda cautela, arrancarme de aquí querías, para que víctima fuera * de sus iras; que engañaste mi credulidad sincera; y en fin , que pensabas:::- *or. Basta, 'Jue^ tío es justo que asi ofendas «1 h'no amor que me debes. ■ Bien té consta , pues diversas n yeces en la patria: Es cierto; hiciste se conociera : Pero ese amor , y este engaño, qué mal, Zorayde, conciertan! Zor. Oye : dixe á Mustafá la pasión que te profesa mi corazón , que anhelaba á que Esposa mía fueras, porque ya por esta carta La saca y se la da. sabia que te desprecia Abdalasis. Cc L E m h w«/w. Por Mustalá fue dispuesta, yo la firmé, y á mi hermano «a remitimos. Mi tierna declaración conocí que sorprendía la fierro d « Mustafá. Mi intención *«e,q u e al instante su p ¡ eras la musrte d e tu hermane, que mis ansias desean vi"' 1 , traid ° r Wío , qo ' e uno élil St Cc ‘ lIrase » mientras ‘Ograse fueses mía; 10 coa esta promesa tan favorable á su arbitrio vió mi volunrad sujeta, y solo te dixe aquello que me inspiró su cautela, en lo qual , ya ves que yo, no pretendí hacerte ofensa. Pero tu , cómo podrás negarme-la que encubierta contra mí tenias , ouando este papel raanifiesta::- Por el que le dio Celiais. Cel. Que lo que en él me ofreció Mustafá acepté cpntenta, y ser su esposa ; pues fué tan infame , tan horrenda la pintura que de tí me hi^Q Zor. Ceürna cesa, que fué ua monstruo abominable» Cel. Así Jo crep; mas piensa que es horroroso el peligro en que estamos , si penetra Abdalasis los intentos contra q 1 propuestos. Zor . No temas r pues teniendo tu la carta que se me perdió, con ella todo acaba ; porque hqré:::- CW. Que es !o que has de hacer? Si es esa sola la salida que hallas en los riesgos que nos cercan ; es inútil. Zor. Por qué? Cel. Porque la carta ( tirana estrella I ) á Mustafá se la di y no volví mas á verla. Zor. Qué desgracia ! Sale Zule. Con semblante turbado y notable priesa, Muley qs busca , señora. Cel. Di que entre, no te detengas, pero escucha , si pregunta otro por mí;:- Zul. De esa puerta no pasará. Ya te entiendo. Vate precipitadamente. Cel. Qué sobresalto! Zor. Qué pena ! Sale Muley. Ce lima hermosa , Zorayde mi fidelidad quisiera po daros el golpe cruel que os va á producir mi lengua, U de un dueño , que tantas pruebas de humanidad nos ha dadoj que todo su amor emplea en honrar á los Christianos, y en favorecer su Jglesia : me parece , ó que se acaban ó que mis ansias se templan. Pél. Esos nobles sentimientos te harán feliz. Mas ya llegan Abdalasis con su Corte, y Egilona. Rod. ¿suerte adversa. Al compás de una lucida marcha de inttramentos , ó que acompañan los platillos, salen Muros, Moras , la Guar¬ dia dirigida por Muley , los que se suponen Caballeros Cordoveses , las Da¬ mas Españolas , después Egilona y Ahdalasis , corriendo Mahometo con al¬ gunos Moros , ó los que dexará inme¬ diatos ó la puerta haciéndoles seña¬ les que la guarden. Abdalasis y Egi¬ lona ocuparán el centro de la escena. La Guardia al lado derecho , Muley á su frente en ala , dexando li¬ bre el paso de un bastidor : las Da¬ mas Christianas , y Moras á ¡a de¬ recha y los Christtancs á la izquierda interpolados con los Moros : Relay o, ocupará el lado derecho de Abdalasis, y Rodrigo el izquierdo de Egilona. Lle¬ ga á esta Mahometo , la dice aparte los versos primeros , y repitiendo las señas ó los que dexó á la puerta pa¬ sad ocupar el lugar de Muley , que le toma inferior. Mabo. Todo está ya prevenido. Aparte á Egilona, como me mandaste. Egil. El premio sabrá dar mi gratitud á tus lealtades , Mahometo. Rodrigo ? Rod. Señora ? Egil. Ya que me ha concedido el Ciclo, que salgas de la prisión con tal honor más claro y terso. que el Sol ,* que á Abdalasis si rvas vigilante , fiel y atento es lo que te encargo j pues hay traidores encubiertos. Red. Dime quien son , y verá* que á sus pies:::- Abda. Esos rezelos de Egilona son .Rodrigo, producidos de su afecto. Contra mí nadie conspiraj los que temen esos riesgos son aquellos que padecen los dutos remordimientos de su conciencia. La mía muy tranquila la contemplo, pues el d¡a que no hago algún bien , no estoy contento. Ningún buen Moro, ó Christiauü, de los muchos que gobierno, puede de mí tener queja, á todos los amo , y quiero como á hijos ; y mis obras mucho mas que mis acentos esta verdad justifican. Ellos me pagan ; supuesto que como á Padre me aprecian, y respetan. Bien lo pruebo en este dia j porque constando á rodos que ha muerto el Califa Abenariz, y que ha heredado el Imperio quien de él no es digno, mi Corte no quiere reconocerlo por Soberano ^ \ mí su Gobernador _ petuo me ha nombrado. No es así Cordoveses Caballeros, y Sevillanos ilustres ? Todos. Todos te nombramos nuestro caudillo, y que seas Esposo de Egilona apetecemos. Mui. Logra estas dichas que ya dp< se acerca tu fin funesto. Abda. A Iñigo te ordené que conduxeses , Mahometo, con las prisiones aquí, cómo no está mi precepto obedecido ? Egil. Porque á tu bien solo atendiendo Jo contrario le mandé. Abda. Si lo mandaste , lo apruebo* pues solamente tu gusto es el mió. Egil. Yo te ofrezco que lo aprobarás mejor quando sepas mis intentos. Safe Ce/. Abdalasis, pues g«b icr 33 6 España ta« sabio y cuerdo, hazme justicia. Mi hermano murió j que ya este secreto es público á.todos. Dicen que Zorayde truxo el pliego que esta desgracia asegura y el injusto nombramiento de gran Califa , en quién es indigno de tan Supremo higar. Donde está Zorayde ? Donde este traidor, (ay Cielos! ) se oculta ? Quien duda quiere conducirme á ser objeto de las iras del Califa? Atus bondades apelo para que me libres de este titano, que los derechos que tengo al solio Imperial Pretende desvanecerlos Con mi muerte. Ya que no me amaste , cumple á lo méftos conmigo piadoso. Busca a Zorayde. De su cuello divídele la cabeza, Y permite que sirviendo a Egilona , de su lado jamas me aparte. Con esto cumplirás con la justicif y con la clemencia á u’ ;empo. Para asegurarle mas ' * a p t no daña este fingimiento. - 4bda. Te he escuchado, y tu desgracia, Celima, la compadezco. 6 > No te faltaré jamás, llega, que Egilona quiero sea tu asilo , y tu amiga.. Si consigo mirar preso a Zorayde , su castigo corresponderá á su yerro. Relima, ven ám l br¡zos. Óue U í n ' t e dlCra mueríe en dios! ap. Vue se re mas qye tu am 4 7 'p Clava yo.te lo ofrezco. Ja * Ia ín ^ ieI disimula ap. ÜJu! ‘ ,11Cl0n que hay en su pecho. i P ve¿ admiro mas Par, Es un P 0rie «to Ce p fi ” e,r - . «f. "o dk? mas ha 80 . oí. , o uistmgo, ni comprendo CQ ” U e pretende Egilona «Olo 1 l qu * rae mar, dó j pero °*edeeer me toca. Abda. Ilustre Corte, supuesto que me elevas al honor de reconocerme dueño y señor, y que con Egilona deseas me una himeneo, con mi mano la doy todo mi corazón y alma. Egi. Acepto alma , corazón y mano' Se dan las manos. que estimo, adoro, y venero. Abda. Muley , llama al Sacerdote. Muley pasa al bastidor de la derecha , y vuelve ó salir con Abenyncef, tenien¬ do enlazadas las manos Abdalasis y Egilona , quien llega ó los dos respetuosamente . Aben. Aguardando tu precepto mi obediencia estaba. Quanto la Corte dispuso apruebo. Te reconozco Señor, bendigo tu casamiento, y que inmortal en el mundo tu nombre sea deseo. Que bien después de estas glorias vendrá el golpe que prevengo, ap. Todos. Abdalasis , y Egilona sean en España eternos. Bgil. Rendidas gracias te doy pyr las honras que te debo ilustre Corte. Pe!. A no ver á mi Rodrigo sintiendo ap. esta unión , como pudiera disimular nii-contento ? Red. Por mas que mi corazom e] dolor penetre, viendo á Egilona en otros brazos, lo solemnizo , y celebro, pues ántes que mi pasión es el bien de todo el Pueblo. Abda. La comida , y todo sea júbilo , gozo y comento. ' Mule y con parte de ¡o Guardia, al¬ gunos Caballeros Cbristianos y Damas entra por la izquierda‘ 7 inmediatamen¬ te vuelven ó salir , trayendo dos Moros sofaes para Abdalasis y Egilona , que los ocuparán : al instante otros fuen — tes y platos con viandas , ¡os que co¬ locarán en el suelo al estilo di ios Moros. Después de los primeros verE sos sos salen cantando y b ay lando Moros , y Moras como acostumbran A quatvo. A Abdalasis y Egiloua llegan á felicitar, girir gir, gar gar sus esclavos, que desean vivan en eterna paz¿ girir gir , gar gar. Aben. Ya llegó aquel suspirado ap. instante , en que mis intentos se logren. Pase. Muí. Ya Abenyncef fué á conducir el veneno. ap. Ce!. Para que mi alma recoja el dulcé fruto que espero. ap. A quatro. A Abdalasis y Egilona llegan á felicitar girir gir, gar gar sus esclavos , que desean vivan en eterna pazj girir gir, gar gar. Ahora salen cantando la letra que se dirá , y b ay ¡ando Moros , y Moras , despues de un momento que emplearán en esto lo suspenden , y ocupan sus pues¬ tos , presentándose Abenyncef con un plato de vianda. Abeto. Por costumbre antigua : por mi carácter : por mi empleo, 7 por rltu indispensable, y no añado por mi zelo : por el respeto, y amor que tengo á Abdalasis , debo en el dia de sus nupcias, presentar a! dulce objeto de su terneza este píate, el qual reverente ofrezco (por conseguir el honor elevado que hallo en ello mas que por cumplir con la práctica antigua ) á tus regios pies , Egilona ^ tu sola debes comer de él, y aprecio •mas esta honra, que quamas basta aquí me ha dado el Cielo. Camina á presentarle el plato. Ce!. Qué gozo causan sus voces ap. en ai ¡ corazón i £¿ii. Yo acepto (ah traidor) ap. con el mayor gusto, Abenyncef, tu obsequio! Pero para que mayor sea, amado esposo , pretendo que me concedas licencia, para que con estilo nuevo desde hoy tenga él este regalo. Abda. Para eso te la concedo, y para quanto dispongas^ obsérvense los preceptos de mi esposa como si los diera yo. Egil. Eso supuesto, Abenyncef, tu asentaste, que no tanto el cumplimiento de la práctica inconcusa, como el honor verdadero, que hallabas en presentarme este plato , era el objeto que á ello te movió ; pues para que sea en extremo mayor, mas autorizólo mas relevante y excelso ese honor, y como ley quede á los futuros tiempos para que tus sucesores por tí le disfruten, quiero que ya presentado el plato y admitido, tu el primero seas en comer el dulce manjar que conserva, y esto ha de ser precisamente dándotelo con respeto Se levanta. y sumisión , ( como lo hago): toma, comt, y logra el premio que á los que como tu piensan, con todo cuidado ofrezco. Abda. Bello pensamiento! Egil. Qué te detiene ? Acaso puedo creer que rehúses mi fineza ? Cel. Alá I que terrible empeño af' Mu!, Suerte cruel ! Aben. Fatal lance, ni aun á respirar acierto! Egil. Toma. Abda. Por qué te detienes ? 0 ¡fif 1 Abefi.Vorqvc::- Las voces no encuc® mas si adviertes mi sorpresa se hace el caso mas funesto, pp válgame ¡a industria. Como podré mi desasosiego ^ 3 $ 1 contener , al ver que un ritu sagrado quiera romperlo Egilona. Yo te estimo tus honras , pero no puedo Reptarlas , sin violar J o s institutos supremos de mi secta , y esto , antes sabría morir que hacerlo. 4bda, Pues qué institutos, qué ritus Se levanta. podrás quebrantar en eso ? Ea política , y 6iviies c °stumbres se hallan muy Iéjós de lo que dices * quien manda como yo, según los tiempos. Puede ios usos mudar , y aun las leyes * yo te ordeno <lue comas ese manjar, pues no es justo , ni lo debo Permitir que desairada esposa quede, y mas siendo Por honor tuyo esta ley. No repliques. g e n - Yo estoy muerto ! ap. ^8*1. Dice bien mi esposo. Pues si dice bien::- '* & l. Justos Cielos, que irá á hacer ! Muley:::- fául. No temas, que la seña haré á su tiempo. ap . -Aben. El plato tomo , pero ántes este discurso pequeño escucha para honor mió este uso nuevo ha dispuesto Egilona. Aquel vasallo que aspire con todo zelo, á que quantos el disfrute ' recaigan sobre su dueáo será el mas recomendable de buen vasallo me precio* razando de espacio al lado de Abdaiasis. y este honor celebre logro. Pees que se refunda intento ea quien me manda. Abdaiasis, CJ/ U e lu le logres te ruego. A ' Calida admirable 1 ap. ^da. Yo y lc admiro, y como el primero:::- el plato , y al ir á comer se art0 3a ó él Egilona precipitadamente , ^ . y Jé detiene. No hagas tal, querido esposo, porque conserva un veneno. Alda. Cómo ? Que dices ? P el. Qué escucho ? Rod. Y qué traidor le ha dispuesto ? Abenyncef hace seña á Celio; a , y esta al mismo tiempo dice. Cel. Corre Muley. aparte á él. Muí. Yo seré rayo : Cumplid mis preceptos. Señalando Muley á la Guardia paro que obedezca lo que tenia encargado, y que no executa \ parte ó la puerta de la iz¬ quierda , sacan los alfunges Makometo y ¡os Moros sayes que la defienden , da Muley dos fuerte: golpes en el tablade que es la seña , y fíl mismo tiempo se U ye dentro de la bóveda grande ruido de forcejar para abrir la puerta , el que llama la atención de todos-, quedando consternados de temor Muley , Celima y Abenyncef. Abdaiasis , dexa el plato, selevanta furioso y Egilona le detiene. Mabo. Si Otro paso das, divido la cabeza de tu cuello. ¿Leída. Que es esto V Así se profana mi Palacio, y mi respeto 1 Pero que ruido se escucha en aquella puerta ? Muí. Cielos, que turbación ! ap v Cel. Vo muerta ! ap. Aben. Viva estatua soy de yelo í ap. Abdo. Nadie me responde, pues Empuña. yo sabré hacer que mi acero:::- Egil. Detente , Abdaiasis , yo te dexaré satisfecho prontamente * pero ántes, ola ? prended al momento á Abenyncef , á Celima, y á Muley * guarda M&hometo bien el paso de esa puerta. Abda. Me admira quanto en tí observo» Egil. Mucho n¡as te admirarás esposo mió , sabiendo, que preparado tenia Abenyncef un veneno para mí en aquel manjar, y que entre los tres dispuesto tu trágico fin estaba, para lo qual > ahí dentro 3 6 á Iñigo y Zorayde tienen con orden de que ei perverso Muley abriese ¡a puerta, y exercitase su horrendo regicidio : sí, traidores. No sabéis que ofreció el Cielo que nada oculto estaría ? Yo os escuché , yo defiendo la amable y preciosa vida del que es mi esposo , y mi dueño. Fué mi obligación : cumpüla. Castiga tu tantos yerros. P el. Que maldad ! Rod . Traición horrible ! Abda. De asombrado á hablar no acierto. Conducid á esos traidores ó la Mazmorra , en encierros diferentes los pondréis, miéntras que !a pena pienso, qu e he de dar á sus atroces delitos. Llevadlos presto. Cel. No siento el morir , no haber vengádome de tí siento. Los llevan* Abdu. Con que Iñigo y Zorayde, Egilona mia , dentro de esa bóveda se hallan ? Egil. Y por mí de guardia puestos en ámbas puertas Christianos y Moros , siendo Mahometo quien mi orden executó : que por menor serás luego de todo enterado. Abda* Pues de ai no salgan. El sustenta en seis días se les niegue, y al siguiente tres hambrientos lebreles los despedacen; quémense sus viles huescs, y en cenizas convertidos espárzanse por el viento. Por guardia de mi persona te elijo y nombro , Mahometo, - que el que á la maldad castiga sabe á la lealtad dar premio. Pelayo , Kodrigo , amigos hijos mios , yo os prometo que tendréis un Padre en mi el mas amable y mas tierno, pero quiero que á mi esposa , á mi Egilona , á mi dueño la nombréis Reyna de España, que ocupe el trono, que el cetro adquiera en su mano mas esplender , y lucimiento. Domíne á España la que impera en todo mi afecto. Todos, Nuestra gran Reyna Egilon 3 viva por siglos eternos. Egil. Y postrados á tan noble auditorio pretendemos: Todos. Que por Dama la Egilon» consiga un aplauso vuestro. F I N. CON LICENCIA. T'T S y nwdmws ’ Tr "1 frote /el en g ^