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LAS COLECCI ONES ARQUE OLÓGICAS D E LA
UNIVERSIDA D DE SEVILLA
(1850-1950 )
Estudio histori ográfico y arqu eológico
Dirección:
Catedrático D r. José Beltrán Fortes
Catedrático D r. José Luis Escacena Carras co
Doctoranda:
Lda. Mª Tere sa Henares Guerra
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LAS COLECCIONES ARQUEOLÓGICAS DE LA UNIVERSIDAD DE
SEVILLA (1850-1950)
ÍNDICE
INTRODUCCIÓ N p. 3
PARTE I – Muse o del Gabinete de Historia Natu ra l p. 9
1.- Introducción
2.- Preceden tes: la é poca de A. Machad o y Núñez p. 10
3.- El MGH N: la época de S. Calderón y Arana p. 35
4.- El MGHN y e l cambio de siglo. p. 49
5.- La Colección de Prehisto ria del M GHN p. 63
6.- La Colección de Antropolog ía del MGHN p. 150
7.- Vestigios de ot ras cole cciones p. 173
PARTE II – Mu seo del A teneo y Sociedad de Excu rsiones de Sevilla p. 182
1.- Introducción p. 183
2.- Fundación y di recció n p. 184
3.- Ubicación y dotaci ón p. 189
4.- La Arque ología y la Histo ria Na tural p. 191
5.- Desarrollo de los fond os p. 217
6.- Las colecci ones p. 225
7.- Extinción p. 226
8.- El ex cursionismo: la Sección/S ociedad de Excursione s p. 235
9.- Las colecci ones del MASES y la Univers idad de Sevilla. p. 283
PARTE III – El Mu seo Arque ológico de la Facultad de F ilosofía y Letras p. 364
1.- Introducción p. 365
2.- La Colección Arque ológica de la Bibli oteca Unive rsitaria p. 365
3.- El MFFL p. 369
4.- Las colecci ones identi ficadas p. 395
Nómina de donante s y di rectores de los muse os p. 513
CONCLUSIONES p. 517
Bibliografía p. 526
Abreviaturas p. 545
Apéndice documen tal y gráfico p. 547
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LAS COLECCIONES ARQUEOLÓGIC AS DE LA UNIVERSIDAD DE
SEVILLA (1850-1950)
Estudio historiográfico y arqueol ógico
Doctoranda: Mª Tere sa Henares Guerra
INTRODUCCIÓN
Desde mediad os del siglo XIX, la Universidad de Sevilla contó con varias
colecciones arqueol ógicas, de diferentes ca racterís ticas, pero con la mi sma fin alidad: se r
vehículos de investigación y docencia. Hoy en día, lo que queda de ellas es una serie de
piezas que, tras pasar casi medio siglo almacen adas, y descontextua lizadas al
desaparecer los museos universitarios que las albergaron, forman una parte del conjunto
del Patrimonio Hist órico -Artístico de esta un iversidad.
Dentro de ese conjunto se individual iza a com ienzos del presente siglo un a
Colección Arqueológica, reuniendo todos los materiales arqueológicos existentes y, de
alguna manera, rescatando la memoria y herencia de una Colección Arqueológica
precedente. No obstante, ni todas las piezas que compone n la colección actua l son parte
de la colección histórica, ni ésta era una colecció n única. La necesidad por parte de la
Universidad de Sevilla de contar con una catalogación, ordenamien to y conservación de
su Patrimonio Histórico- Artístico de acorde con nuestra época, da lugar a la unificación
de todas las piezas arqueológicas en una única colección gl obal. Y la lógica uniformida d
de ésta significa necesa riamente el final de lo s últimos vestigios de colecciones
anteriores. De ahí la oportunidad del presente estudio, que pretende identificar,
documentar y dotar de c ontexto a la s colecciones históricas .
Cronología d e las col ecciones histór icas.
Se ha escogido el período cronológico que va desde 1850 a 1950, siglo en el que
las colecciones arqueoló gicas históricas de la US, cual organis mos con vida propia ,
nacen, crecen y se ex tinguen.
Comenzamo s el estudio en 185 0, fecha en que el catedrático de la antigua
Facultad de Ciencias, Antonio Machado y Núñez, funda el Gabinete de Historia Natural
de la Universidad de Se villa, y con él, no sólo sus primer as coleccion es científicas
universitarias modernas, sino también la primera colección arqueol ógica, la de
Prehistoria, a la que hemos dedicado nuestra memoria de licenciatura y cuyo estudio
ampliamos. Y lo prolon ga mos en el tiempo, prim ero, hasta el cambio de siglo, cuando
culmina la formación de otras cole cciones arqueológicas con la fundación del Museo
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Arqueológico de la antigua Facultad de Filosofía y Letras; y, finalmente, hasta la década
de 1950, cua ndo estos museos y cole cciones, ya obsoletos, terminan por de sintegrarse
definitivamente con el traslado de la Universidad a la nueva sede de la Real Fábrica de
Tabacos; y fallecen los que podemos considerar últimos representantes de las
generaciones del “siglo de las colecciones” unive rsitarias, Felician o Candau (1950) y
Francisco de las Ba rras (1955), quie nes, como ver emos, tanto tuvieron que ver con ell as.
A lo largo del desarrollo de las investigaciones necesarias para la elaboraci ón d el
presente estudio, resultó evidente que, al trabajo sobre los museos universitari os y sus
colecciones, resultaba im prescindible unir otro sobre el Museo Arqueol ógico del Ateneo
y Sociedad de Excursiones de Sevilla, cuyas colecciones se integraron, ya e n el siglo XX,
en el Museo de la Facultad de Filosofía y Letras. La relevancia del entrama do de
interrelaciones entre esta Sociedad, la Universidad y los museos de ambas, ha dado lugar
a que, de un capítulo previsto sobre el tema en el pro yecto de tesis, hayamos pasado a
convertir l os resultad os de la investigación sobre este caso e n la segunda pa rte completa
de la misma.
Finalidad y ob jetivos
La finalidad de esta tesis es, pues, la historia de los muse os universitario s
decimonónic os y sus colecciones a rqueológicas. 1
De acuerdo con esto, la investigación se ha organizado en torno a tres objetivos
principales:
1º.- Las pieza s: identificando lo que queda de las colecciones decimonónicas (que,
como hemos dic ho, siguieron existiendo e incluso incrementando sus fondos en las
primeras décadas del siglo XX), en e l conjunto actual del PHAUS.
2º.- Las colecciones: para identi ficarlas a decuadamente y documen tarlas,
insertándolas en el contexto de la historia de los m useos a los que pertene cieron.
3º.- L os coleccionistas: para identi ficar a cada donante, relaci onándolo con la
colección y/o piezas concretas que aportó a los fondos de los museos.
Preceden tes
El precedente de este estudio está en el trabajo de investigación realizado como
memoria de licenciatu ra/período de investigación del programa de doctorado, cuyo tema
fue la investigación de la Colección de Prehistoria del antiguo Gabinete de Historia
Natural de la Universid ad de Sevilla, dirig ido por el Catedrático Dr. José Luis Escacena
1 Al usar este término, y mientras no se especifique lo contrar io, se entiende p or colecciones arqueológicas
tanto las formadas por materiales prehistóricos, como las formadas por objet os proto-históricos, antiguos y
medievales.
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Carrasco. Dicho trabajo mereció la calificación de sobresaliente, y, asimismo, la
recomendación para su publicación en forma de monografía por el entonces Secretariado
de Publicaciones de e sta Universidad (Henares, 2013).
Posteriormente, bajo la dirección del Dr. José Beltrán Fortes, colaboré en la
Exposición Un Museo en la Universidad , organizada por el CICUS, de la que el Dr.
Beltrán era comisario, participando también en la pub licación-catál ogo e ditada para la
ocasión (Belt rán y Huarte , 2012).
Metodolog ía y desarro llo de la inves tigación
En el trabajo de investigación se ha atendido principalme nte a las siguientes
cuestiones:
Las colecci ones
- Se ha investiga do para averiguar cuántas colecciones hubo realmente,
identificand o y documen tando cada una de las cole cciones universitarias .
- Se ha trabajado en la identificación del yacimiento y/o la colección de
procedencia, ya q ue muchas se formar on a partir de otras colec ciones.
- Y, por lo que respecta a las piezas que formaban las colecciones, se ha llevado a
cabo un análisis de inve ntarios y otra documentación, tanto textual como gráfica , para
tratar de averiguar extremos como el número de piezas de cada colección, existencia de
posibles catalogacione s y/o descripciones, fecha de ingreso en la colección/ne s
universitaria/s, quién fue el donante/s; y si hubo publicaciones sobre las mismas, o si
aparecieron en otras donde fueran citadas como pa ralelo, ejemplo o referencia .
- Por otra parte, se ha procedido a la identificación de las piezas que se conservan
en la actualida d y a su ubicación doc umental en su colección de p rocedencia.
- Siempre que ha sido posible, se han documentado y relacionad o las piezas
actualmente desapareci das.
- Se ha realiza do una revisión y actualización de catalogaciones y adscripciones
cronológicas y cul turales.
La evolución tem poral de la s colecciones históricas
Se ha llevado a cabo un estudio de la secuencia evolutiva de cada colección desde
su inicio/formación hasta su fosilizac ión y/o desaparici ón (que culm ina con el
almacenaje de las piezas).
Los coleccioni stas
Como complemento, pero no por ello de menor importancia , se ha d edicado una
parte del estudio a las personas que estuvieron detrás d e la fo rmación, acre centamiento
y conservación de las colecciones uni versitarias. Los resul tados se han plasmado en:
- Una nómina de cole ccionistas:
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Confeccionada a partir de la identificación de cada una de las personas qu e
iniciaron las colecciones y las fomentaron, recogién dolas en un listado ordenad o
alfabéticamente, donde, además, se indican sus relaciones y/o cargos en los museos
decimonónic os y con/en la s soci eda des relacionad as con los mismos .
- El estudio del alcan ce de la aportación de cada uno de ellos a las colecciones
universitarias .
- El análisis de si se trató de donación de colecciones, conjuntos de piezas o piezas
sueltas, identi ficándolas entre las que todavía se c onservan.
Por lo que respecta al desarrollo de la investiga ción, se ha seguido la misma
metodología empleada en el trabajo de investigación sobre la colección de Prehistoria del
antiguo Gabinete de Historia Natural. Ésta se organiza en dos tipos de investigación,
desarrollados de manera compleme ntaria: el estudio arqueológic o de las piezas
conservadas y e l estudio historiográfi co de colecciones y museos.
Estudio arque ológico de las piezas conserva das:
a.- Identificación de las piezas pertenecientes al “siglo de las colecciones” ,
basándose en :
- Vestigios de or denación: tejuelos, et iquetas, rótu los, etc., de época.
- Vestigios de e xposición (vitolas, expositores, ta rjetas, alambrad o, etc.)
- Correlato con f otografías y/o dibujos-grabad os históricos.
- Descripciones de inventarios y/o publica ciones de época.
b.- Estudio arqueoló gico:
- Descripción y estudio arqueológico de las piezas.
- Documentación reunida sobre las mismas, ta nto textual como gráfi ca
(fotografías, dibuj os y/o grabados de é poc a o post eriores)
- Bibliografía: si la pieza hubiera sido publicada, en su momento o a po steriori
(a partir de 1950).
Estudio historiográfi co:
Recopilación y an álisis de documentac ión histórica, a partir de la existente en :
- Archivo s:
o Archivo Histórico de la Universidad de Sevilla
o Ateneo de Sevill a
o CSIC
- Fototecas:
o Universidad de Sevilla
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o Fototeca Municipal de Sevilla
- Prensa:
o Hemeroteca Nacional
o Hemeroteca Mun icipal
o Biblioteca de la Universi dad de Sevilla
- Bibliografía (siglos XIX, XX y a ctual).
Plan de trabajo
Los trabajos se realizaron confo rme a lo detallado en el apartado anterior .
Cronológicamente , se desarrolla ron en dos fases :
1ª.- Investigación ma terial:
Estudio arqueoló gico e identificación de las piezas pertenecientes a las
colecciones objeto de esta tesis, que se conservan en los fondos del PHAUS,
aprovechando mi colabo ración en los trabajos de inventariado y catalogación de la s
piezas arqueológicas almacena das que está realizando el CICUS desde el mes de junio de
2012; y en la Exposición Un Museo e n la Universi dad (2012-2013).
2ª.- Investigación documental:
La investigación bib liográfica y de archivo se desarrolló en primer lugar
atendiendo al estudio arqueológico, por lo que se refiere a la documentación básica de
piezas y colecciones. Posteri ormente, se centró en la historia de las colecciones y los
museos, su evolución en el tiempo y las personas que tuvieron que v er en su formación,
fomento y conservación. Y, como ya se ha mencionado, con una última fase dedicada a
la investigación en el Archivo y Biblioteca del Ateneo y Sociedad de Excursiones de
Sevilla.
Resultados
Los resultados de esta investigación constituyen el resto del manuscrito de la
presente tesis doctoral, en el que vemos que, como en un juego de muñecas rusas, el
estudio de la hist oria de los fo ndos arqueológicos del PHAUS, o Co lección Arqueol ógica
de la Universidad de Sevilla, nos permite contemplarla como una colección de
colecciones, ya que contiene los restos de las colecciones de l os ant iguos museos
universitari os decimonónicos, que, a su vez, contenían parte de otras colecciones, tanto
de instituci ones como de particulares.
A pesa r de la pérdida de la mayor parte de la documentación y referen cias que en
su día acompañaban a las piezas, todavía pueden adscribirse a determinados donantes,
siguiendo su pista hasta las colecciones originar ias, así que a continuación se trata sobre
los materiales que se conservan todavía, quién los donó y cómo llegaron a los museos que
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en principio los albergar on, tras cuya desaparició n pasaron a formar el primer n úcleo, o
“colecciones históricas”, de la actualmente den ominada Colección Arqueol ógica. 2
Para su exposición , los resultados se han dividid o en tres partes, atendiendo al
orden cron ológico de fundación de los m useos, y dedicadas, respectivamente, a los del
Gabinete de Historia Natural (en adela nte, MGHN), del Ateneo y Sociedad de
Excursiones (en adela nte, MASES) y de la Facultad de Filosofía y Letras (en adelante,
MFFL), y a sus corresp ondientes colecciones. Existió lo que se podría denominar un
cuarto museo, el de la Se cción sevillana de la Sociedad Española de Historia Natural,
pero como sus colecciones nunca llegaron a tener sede propia, se trata en relación con
los museos en los que tuvo sede temporal.
Estas partes se aco mpañan de la nómina de d onantes y di rectores de los museos
y un apéndice documental, en el que se incluyen las transcripciones de documento s de
archivo y un anex o gráfico.
2 Aunque e s todavía un proces o abierto, y, p or ta nto, falta la necesaria perspectiva histórica que aporta rá el
transcurso de los años, pueden apuntarse las siguientes no tas: su origen está en la desa parición de los
museos universitarios decimo nónicos; o su transformación en museos actuales, como en el caso de la casi
continua metamorfosis del que fuera Museo del Gabinete de Historia Natura l, en Museo de Geología y,
actualmente, en Mu seo de Cie ncias Natura les. El fin de esto s museos hay que situarlo coincidiendo con el
traslado de la sede universitaria desde la antigua Casa Profes a (Calle Laraña) a la Real Fábrica de Tabacos,
cuando las colecciones arque ológicas, o se “fosilizan” (como la de Prehistoria en el entonces Museo de
Geología), o se almacenan, tras un período exp ositivo en zona s de paso (las ga lerías de patio y pasillos del
entorno de la que fuera sede del Laboratorio de Arte, hoy parte de las dependencias del Departamento de
Historia del Arte de la Facultad de Geografía e Historia, donde todavía, reutilizadas como contenedores de
información docent e-administrativa y cartelería, pueden verse algunas de las antiguas vitri nas). La falta de
un espacio museístico apropiado fue, pues, el motivo principal del almacenamiento de las colecciones
arqueológicas; y también , por supuesto, de espacio en general, pues el rápido crecimiento de la Universidad
de Sevilla hiz o que pronto fuera necesaria una reorganización de la distribución interna de la Real Fábrica
de Tabacos y una salida de ella , hacia nuevos edificios y campus, de servicios admi nistrativos y facultades.
Los fondos arqueológicos “hist óricos” se vieron enriquecidos desde ent onces, y a lo largo de varias décadas
de la segunda mitad del siglo XX, por adquisiciones realizadas con fines docentes, promovidas
fundamentalmente por el catedr ático Antonio Blanco Freijeir o (como en el caso de la co lección egipcia, que
puede verse en Seco, 2000; y, probablemente también en el del “Tesoro del Cortijo del Alamillo ”, de Osuna,
formado p or monedas medievales islámicas, que acabó en el Museo Arqueológico Provincial); y por
donaciones diversas, de miem bros y ex miembros de la com unidad universitaria (que apor taban muestras
“sin valor” o “inexpresivas” d e materiales hallados en las excavaciones arqueológicas qu e h abían dirigido, o
en las que habían participado; y los “duplicados” que permitía la legislación patrimonial vigente hasta el
cambio de siglo; en concreto, hasta la entrada en vigor de la normativa desarrollada en el Reglamento de
Actividades Arqueológicas de 2003).
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PARTE I
EL MUSEO DEL GABINETE DE HISTORIA NAT URAL
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habría de acoger el “stand” sobre la “historia prim itiva del hombre”, en el lugar reservado
a España en la zona expositiva montada con ocasión de la celebración del Congreso
Internacional de Antropología y Prehistoria de París, y como complemento de la
Exposición Unive rsal, en 1867:
“Hablemos de otra cosa más indiferente: mi ami go D. Casiano de Prado
había convenido conmigo en que presentáramos en la exposición de París los
antecedentes que pudiéramos recoger sobre la historia primitiva del hombre.
(…)” (Machado a Graells, en el verano de 1866) 38
De Prado formaba parte de la Comisión creada por el gob ierno en 1865 para
promover y organiza r la participación e spañola en la Exposición Universal de París, 39 en
la que Machado iba a participar de manera individual. 40 Y ambos idearon un “stand” de
contenido histórico-arqueológico, bajo la denominación de “Historia del Trabajo”, cuyo
plan era el siguiente:
“He aquí la lista de los objetos que h abíamos con venido que f igurasen en
la exposición:/Historia del Trabajo/ Período antehistórico: Edad de la Piedr a no
pulimentada. Mandíbula del E. armeniacus; huesos y mandíbulas de S. Isidro; E .
armeniacus et Rhino ceros Hiscorius de Burgos; hachas hallada s en S. Isidro de
las cuales algunas que poseen en Francia las p restarían así como los c uchill os de
sílex y la alfarería encontrada en las cavernas de Castilla la Vieja. / Edad de piedra
pulimentada y del Bronce. / Ha ch as pulimentada s de varias provincias (yo tengo
muchas), id. de cobre y de bronce. Martillos de pi edra; diseños de los D olme n de
Antequera y otras cosas de este periodo. / Período históric o Fenicios / D. Pascual
Gayangos posee algunos que debía prestar. Plomos de hondas Cartagena. Muros
cyclopeanos de Tarragona . Momia de Tarragona. Jeroglíficos de Tarragona . /
Período romano. / Objetos encontrados en los muros de éste. / Godos. / S.M. la
Reina y D. Pascual Gayangos: coronas góticas de Toledo. / Árabes. /
Photográficos: obj etos de la Alhambra y Córdoba y Sevilla. De este período poseía
D. Casiano cosas preciosa s y tenía comprometido s a los dueños de otras. / Los
trabajos que yo he hecho por reunir hachas y fósiles del terreno cuaternario no es
decible: me esti mula ba D. Casiano y los amigos de París. / Además iba yo a
presentar una colección de mármoles, rocas y fósiles y la carta geológica de la
provincia, cuyo bosquejo a grande escala remití a Madrid y estuvo en la Secretaría
de la Academia de Cienc ias: como U d. Estuv o ausente no lo vería. / ¿Qué hago
hoy con estos objetos no conociendo a los enca rgados de unirlos a los otros e
38 González Fabre y Puche, 2005: 163.
39 González Fabre y Puche, op.cit.: 158.
40 Cosa que hizo, como afirma ra Vilanova en su discurso en el Congreso Internacional de Copenhague
(Vilanova y Tubino, 1871: 57).
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ignorando si D. Casia no habría iniciado a alguno en su proyecto? (…)” (Ma chado
a Graells, ibid.).
Ese proyecto respondía a la iniciativa de la Comission Impéri ale francesa, que
había decidid o organizar, como compleme nto de la Exposición Universal, otra cuya
temática sería las distint as épocas de la historia del trabajo, incluida expresamente la
Prehistoria, y que estaría abierta de sde Abril a fi nales de Octubre de 1867, coincidiend o
con el Congreso de Antro pología y Prehistoria, que se celebraría en Agosto (De Mortillet,
1867 a: 14-16). 41
Machado, en su carta a Graells, esperaba noticias de la Comisión nacional para la
Exposición, ya que su contacto, De Prado, había falle cido, quedando el proyecto en el
aire. Éste, como puede verse, pretendía ser un reco rrido arqueológico por la Historia de
España, desde el Cuaternario a la Edad Media, y en el que no sólo colaboraban los dos
amigos, sino que, apare ntemente, De Prado había implicado también a otras muchas
personas en España , incluso a la Rein a, Isabel II.
Asimismo, estaban de acuerdo con el proyecto “los am igos de París”, en los que
hemos de reconocer a los Lartet. Lo que se ve confirmado por De Mortillet, que, en 1867,
en un trabajo que tituló “ Prome nades préhistorique s à l’Exposition universel le ”, en el
que recorría los “stands” dedicados a la Prehistoria de todos l os “pabellones” de l os
distintos países que habían concurrido a la Exposición de París, al hablar de España,
menciona que Louis Lartet había prestado de su colección particular materiales
procedentes del yacimiento de Cueva Lóbrega, para que figuraran entre la muestra
española (De Mortille t, 1867 b: 287 ).
2.2.2.2.- Machado y la cie ncia británica. 42
A principios de los años 60 del siglo XIX, cuand o comienza su mayor interés por
la Prehistoria, empieza también su colaboración con Hugh Falconer y, sobre todo, con
George Busk, 43 con los que tiene un primer y fundamen tal contacto en 1864. Tubino y
Vilanova afirma ban en 1871 (XXXV-XXXV I) que Machado había sido “iniciado en los
nuevos estudios por Falconer”. Maier y Salas 44 sostienen que Falconer y Busk alentaron
a Machado “en la búsqueda de nuevas pruebas en el territorio andal uz del hombre fósil”.
Mientras que Aya rzagüena 45 afirma q ue fue su visita de 1864 lo que le animó a propagar
“la nueva ciencia” en la Academia Sevillan a de Buena s Letras, porque en 1866 dio allí
una conferencia sobre ca vernas de la Península Ibérica, “ haciendo n otar la convenienci a
41 De Mortil let insertaba en la r evista una copia de la circular por la que la Comisión imperi al convocaba la
exposición.
42 Como en caso francés, los científicos británicos que establ ecieron relac iones de trabajo con Machado
militaban en distintas ramas de l as Ciencias Naturales, como los zoólogos Sanders e Irving (Calderón, 1987;
De las Barras, 1945), pero aquí sólo se citan los relacionados con los estudios prehistóricos.
43 Machado, 1869 e.
44 Maier y Salas, 2000: 31.
45 Ayarzagüena, 1992: 145.
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de continuar su examen”. La escasa documenta ción directa suscrita por el propio
Machado hace que resulte difícil dilucidar el grado real de influencia de los
investigado res foráneos e n su inclinación hacia la Prehistoria.
Falconer y Busk fueron otros de los muchos científicos que, al venir a investigar
en la Península Ibérica, gozaron de la acogida y cooperación de Machado. Según l a
necrológica que sobre él publicara Calderón, aparecida en las Actas de la SEHN en 1897,
muchos eruditos de otros países de Europa visitaron España a mediados del siglo XIX;
recordando, entre otros, a los geólogos británicos John Lubbock ( Sir ) y Hugh Falconer,
pioneros de las investigaciones prehistóricas en su país, reseñando que Machado les
atendía y acompañaba en sus exploraciones cu ando sus queha ceres docentes se lo
permitían. 46
El propio Machado pu blicó un artículo sobre las excavaciones en las cavernas de
Gibraltar en 1869, 47 en el que reflejaba claramente el espíritu de colaboración científica
que le animaba, paralelo al de los investigadores británic os. Relataba, de forma
divulgativa, las investigacione s de Falconer y Busk , llevadas a cabo en Gibraltar en 1864,
en la Cueva de la Genista/ Genista Cave , que se ubica en el extremo oriental de la
península de Gibraltar, en Windmill Hill . Los tra bajos arqueológicos se desarrollaron a
instancias del entonces gobernador del presidio militar de “la Roca” , Frederick Brome, 48
que las había iniciado en 1862, 49 apoyado en su empeño por el gobernador general de la
colonia, Sir W.J. Codrigton. 50 Por entonces, los informes de Busk sobre los restos óseos
humanos que se remitieron a Lond res desde Gib raltar, en los que ponía en paralel o el
cráneo de la Cantera de Forbes/ Forbe s’ Quarry 51 con el encontrado años en Neanderthal ;
así como las continuas peticiones de Brome y Codrigton de apoyo científico, hicieron que,
en 1864, se enviara a España a los que se consideraban los mejores para tal tarea, el
geólogo Falconer y el anatomista Bu sk, que ya conoc ían los restos y los materiales del
yacimiento, pues a ellos se les había confiado su análisis cuand o Brome los envi ó a la
metrópolis. 52 Además, Bu sk ya había estad o en Gibraltar en 1863. 53
46 Calderón, 1897: 140; De las Ba rras, 1945: 63.
47 Machado, 1869 d: 368-372.
48 Alcanzó la graduación de capitán en el Ejército Británico y ll egó a ser Gobernador de la Prisión Militar de
Gibraltar. Posteriormente, per dió su pu esto y su rango, tras haber sido expedientado por h aber utilizado a
presos del penal que regía como mano de obra en sus excavaciones. (Gardiner, 1999: 9).
49 Tubino, 1870: 3 7 -38, que entrevistó personalmente a Brome. Vilanova y Tubino, 1871: XX XI-XXXIV.
50 Busk y Falconer, 1865.
51 Hallado p or un cantero, fue identificado como fósil por el teniente Flint, de la Armada Británica, en 1848.
Flint era miembro de la Gibraltar Scientific Society , en cuyo museo estuvo depositado el cráneo durante
años (Gardiner, op.cit.: 7).
52 Tubino, op.cit.: 37; Gardiner, ibid.
53 Gardiner, op.cit.: 9, nota 1. Busk estuvo en Gibraltar en la primavera de 1863, y fue entonces cuando trabó
conocimiento con Brome.
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Durante su es tancia en España, en 1864, visitaron a dos geólogos españoles,
Casiano de Prado y Antonio Machado, 54 conocidos fuera de nuestro país por ser
miembros de la Soc iedad Geológica de Francia. 55 No obstante, creo que habría que
considerar la posibilidad de que la visita a Machado estuviera motivada por otra relació n
de mayor peso a ojos británicos: la amistosa cooperación entre éste y Lubbock que
resaltara Calderón, 56 y que Busk podría haber reeditado cuando había estado por primera
vez en Gibraltar, en 1863. 57
Tras sus trabajos de campo y antes de regresar a Gran Bretaña, Falconer y Busk
visitaron de nuevo a Machado en Sevilla y, confor me a las palabras de este mismo,
iniciaron una interesante y fructífera relación cie ntífica en relación con los trabajos en
Gibraltar: “… y entráse mos en relaciones cient íficas sobre los descub rimientos que
acababan de hacer…”. 58 Y le donaron algunos objetos: (…)” y la cesión generosa que de
algunos objetos me hicie ron, procedentes de aquella localidad, (…)”. 59 Dichos objetos –
que Machado no llega a describir ni enumerar en el artículo que publicó en la RMFLC –
pasaron a engrosar la colección del Gabinete de Historia Natural. Tenía previsto tratar
de los restos humanos - y de los materiales que se hallaron junto a ellos - en la
continuación del artículo que prometía para esa misma publicación, pero no llegó a
aparecer en ninguno de los números restantes de la revista. Sin emba rgo, por sus
comentarios en el mismo artículo 60 y por la coincidencia de uno d e ellos con una pieza
que, como veremos, todavía se conserva , podem os suponer que se trataba de fragmentos
de brechas fosilíferas: “(…) están engastados en la roca, cementados y formando una
masa compacta de desiguale s fragmentos, conocidos en la ciencia con la denominación
de brechas huesosas.”; algunos instrumen tos líticos, y fósiles, representativos de la fauna
cuaternaria, m uy abundantes en el yacimien to.
Es posible que los instrumentos líticos fueran hachas pulimentadas, ya que
también comenta, ace rca del e ntorno de Gibralta r:
“… y en las montañas próximas se encuentran piedras pulimentada s
pertenecientes a tiem pos más remotos e igua les a las que con el nombre del Rayo
y de la Centella hemos dado a conocer en números anteriores de esta Revista, e
54 Ayarzagüena, 1992: p. 45.
55 Ayarzagüena , 1996: nota 3.
56 Calderón, 1897 : 140.
57 La relación entre Macha do y Busk se prolongó en el tiempo y siguieron colaborando amistosamente, ta l
como refleja el hecho de que, cuando en 1868, Machado envió una carta al Congreso Internacional de
Arqueología Prehistórica que se celebró en Norwich (Gran Bretaña), Busk se encargar a de dar lectura pública
a un extracto de la misma que figuró posteriormente en las actas del congreso (Ayarzagüena, 199 2: 918 y
nota 22; y 1996, nota 4).
58 Machado, op.cit.: 368.
59 Machado, ibid.
60 Machado, ibid.: 369.
20
idénticas a las que se lla man hachas celtíberas im propiamente, pues proceden de
toda Europa, y sólo se di ferencian en el tamaño.” 61
2.2.3.- La ex ploración de Andalucía Occi dental
Aun teniendo en cuenta la influen cia que la relación con prehistoriadore s
franceses y británicos pudiera tener en él, creo que hay que considerar que lo que se
produce en Machado es la maduración de un proceso iniciado desde su formación
francesa en las nuevas corrientes que estaban cam biando la Geología, y que cristalizarían
en la obr a de Lyell, en paralelo a lo que iba a suceder en la Zoología con la obra de Darwin.
Machado vivió su evolución personal en los años 50 de su siglo y, en los años 60, decidió,
como De Prado y Vilanova, investigar en España lo que ya estaban investigando sus
colegas Du Verneuil, Lartet, Falconer y Busk, 62 en Francia y Gran Bretaña (Henares,
2013: 23 ). Asimismo , decidió seguir l a re comenda ción de su e stimado amig o Casiano de
Prado, en relación con la exploración de cuevas y cavernas, comenzand o una prospección
sistemática de Sierra Morena Occidental 63 en busca de restos prehistóricos, fruto de la
cual se iniciará la auténtica colección prehistórica del Gabinete de Historia Natural de la
US. No obstante, como veremos a continuación, es posible que Ma chado ya guardara en
su colección geológica “p iedras del rayo y la cent ella” desde la década ant erior, en que
comenzara sus explorac iones geológicas y zoológi cas de Andalucía Occidental, pero no
las tendría cataloga das como objetos p rehistóricos.
De Prado, tras su experie ncia de hallazgos de fósil es y útiles prehi stóricos durante
sus trabajo s en la pro vincia de Madrid, había sugerido en 1864 la conveniencia de
explorar las cavernas y el “terreno diluvial”, 64 lo que se tradujo en el comienzo de la
exploración, m ás o me nos sistemática, de los sistemas montañosos de la Península; y no
sólo para los c orrespondientes e studios geológicos y geomorfológicos que demandaba la
gran obra de la confección del Mapa Geológico de España, sino también en busc a de
vestigios del pasado más remoto. Esto queda resumido en un pár rafo de la circular que
dirigió a los jefes provincia les del Cuerpo de Ingenieros del estado, como vicepresiden te
de la comisión per manente de Geología:
“La Geología que bien considerada n o se puede mirar sino como la historia
de la tierra, se enl aza en sus últimos períodos con la de los pueblos que habitan o
la habitaron. Pre ciso es, por tanto, buscar todos los indi cios que manifie sten la
presencia y la acción del hombre en los tiempos de que no hay memoria, y aunque
no sean tan a ntiguos”. 65
61 Machado, ibid.
62 Sólo por mencionar a los que aparecen directamente vinculados a las publicaciones de Macha do con las
que contamos como soporte documental.
63 Henares, 2009, 2012: 69-69 y 2013: 89-93.
64 Tubino y Vilanova, 1871; Vi lanova, 1872.
65 Tubino y Vilanova, 1871: XXI X-XXX.
21
Animados por esta filosofía, - que s u amigo, y colaborador en materia geológica,
Antonio Machado, ya hemos visto que c ompartía -, entre las décadas de 1860 y 1870, el
propio Machado y sus colaboradores irán explorando sistemáticamente la Sierra Morena
Occidental, recogiend o muestras de min erales y de in strumental lítico pr ehistórico.
Machado tenía ya un exce lente conocimiento de primera mano del te rreno,
porque había comenzado la exploración de la serranía desde media dos de la década de
1840, con objetivos geológicos y zoológicos. Su formación como geólogo en la
Universidad de París bajo la dirección de Prévost, y el desarrollo de su v ocación se van a
plasmar en el estudio geológico de la s provincias de Sevilla, Hue lva y Cád iz, y, si bien n o
publica parte de sus investigacione s hasta casi treinta años más tarde, 66 en 1 852 facilita
a Du Verneuil 67 la información sobre Andalucía Occidental para el trabajo sobre geología
española que éste pub licó con Collomb en el Bulletin de la Societé Géologique de France;
y al año siguiente, para la monografía Sur la structure géologique de l’Espagne .
Asimismo, Ma chado había elaborado un a carta geológica de la provincia de Sevilla, de l a
que remitió un ejemplar, a gran tamaño, a la Academia de Ciencias de Madrid, y que ,
posteriormente, en 1 867, ex pondría en la Exposici ón Universal de Pa rís. 68
Por otra parte, la necesid ad de contar con material de estudio sobre avifauna de
la región, para sus clases de Zoología en la US, hizo q ue procedie ra a la captura de aves y
a la recolección de plumas, nidos y huevos. Esto, a su vez, requería espacio, tanto de
almacenamie nto como para los trabajo s de disección y taxidermia, 69 convirtiéndose en
el punto de partida del Gabinete de Historia Natural; y también, junto con las
investigaciones geológicas, en el de la exploración de las sierras de Andalucía Occidental.
Como podemos ver media nte una lectura detenid a del catálogo de aves que pub licó e n
1854, atendiendo a la procedencia de los especímene s que fue cazando, haciendo disecar
y coleccionando (desde 1850 con local propio dentro del edificio de la US, el Gabinete de
Historia Natural) , ya había recorrido toda la Sierra More na Occidental, desde sus
estribaciones más septentrionales en Extremadu ra, hasta las más meri dionales, en las
faldas que termina n en el Val le del Guadalquivir. 70
Este conocimiento del terreno permitirá que, en la década siguiente, sea el más
indicado para encabezar la prospección de Sierra Morena en las p rovi ncias occidental es
de Andalucía, en busca de esos “nuevos fósiles”, los relaci onados con las actividade s
humanas en los tiem pos más remo tos.
66 El primero sobre el tema aparecerá, en forma de artículo para la RMFLC, en 1869, con el tít ulo “Excursi ón
geológica a Morón y Conil”.
67 Coy, 1978: 35-41.
68 González Fabre y Puche, 2005: 162.
69 De los que se encargaba Joaquín García Otero, su ayudante -conservador en el Gabinete. Era médico y
farmacéutico, y taxidermista vocacional (De las Barras, 1945: 64-65).
70 Esto se confirma comparándolo con la información que puede obtenerse de la lectura de s u Herpetología
Hispalensis, publicada en 1859.
22
Con varios cola boradores, de los que hablaremos en el apartado siguiente, y unos
cuantos aguerridos alumnos, Machado se lanzó a investigar por las serraní as andaluzas
en una época en la que hacerlo era real mente peligros o; y no sólo por los riesgos
derivados del medio monta ñoso, o del ac ceso y descenso a cavidades kársticas con l os
medios del siglo XIX, sino porque “el monte” era todavía el territorio de los últimos
bandoleros 71 que campaban por las tierras andaluza s.
El trabajo de campo de Machado no se trataba, pues, de “algunas excursiones por
los alrededores de Sevilla”, como ya casi se ha convertido en un lugar común referir en
relación con este tema, sino de auténticas campañas de exploración y prospección; y las
primeras que se hacían en Andalucía con el objetivo de localizar yaci mientos y restos
prehistóricos. Desafort unadamente, Machado nunca publicó ninguna memoria
científica so bre estos trabajos de prospección geológico-prehistórica . Lo poco que
sabemos de ellos se concen tra, en forma de breves referencias y digresi ones, en los
artículos divulgativos que pub licó en la RMFLC, citados en toda la bibliografía actual
sobre el tema. 72 Estas referencias sobre sus explora ciones s on tam bién en muchos casos,
tardías, ya que el primer artículo apareció en 1869, más de dos décadas después de que
empezaran los trabaj os de prospección en Sierra Morena, y un lustro después de la fecha
en la que s e sitúan los primeros hallazgos intencionados de objetos p rehistóricos por su
parte y la de Ca siano de Prado.
No obstante, esos artículos de carácter divulg ativo ponen de manifiesto la
intensidad, la intención y los objetivos de sus trabajos de campo. Así, se puede ver en el
que él tituló “Ligera reseña geológica de la provincia de Huelva”, 73 que durante años
había realiza do un detenido estudi o geológic o de toda esa provincia, con especial
atención a ese sector de Sierra Moren a y a su relación con la provincia de Sevilla, y había
explorado las cavidades de sus sistemas kárs ticos, 74 insistiendo en la necesidad de
ampliar y p rofundizar esas ex ploraciones puesto que guardaban restos pr ehistóricos:
“Otras muchas ca vernas están diseminadas por esta sierra y las
inmediatas: sería muy útil hacer investigaciones y trabajos en su suelo, para
descubrir los vestigios que indudablemente existen de sus antiguos moradores.” 75
71 En 1870, cuando Macha do era gobernador civil de Sevilla, intervino decisivamente en las últimas
actuaciones contra el bandolerismo en Andalucía (Pérez Ferrero, 1952: 22; Alastrúe, 1968: 16).
72 Y alguno más tardío aún, como el que publicó 1878, del que regaló un ejemplar a la SEHN (Actas, t. VII,
1878: 55); y que apareció parcialmente en la revista La E nciclopedia , en el mismo año, por entregas, como
era habitual en las revistas de divulgación decimonónicas, y donde, como lamentablemente también era
habitual que sucediera, quedó sin concluir.
73 Macha do, 1871 b.
74 De los que menciona los de los términos de Aracena, Alajar, Guadalcanal y San Nicolás del Puerto.
75 Machado, 1871 b: 261.
23
En sus “Apuntes para una memoria geognósti co -agrícola de la provincia de
Sevilla”, aparecido, por entregas, en la RMFLC entre 1870 y 1872, 76 se reflejan sus
exploracione s por las áreas central y oriental de la Sierra Morena de Sevilla, desde las
estribaciones meridiona les (Villanueva del Río, Lora del Río, Peña flor) hasta las
septentrionales (Guadalc anal), y desde los términos de El Pedroso y Cazalla de la Sierra
hasta el de las Navas de la Concepción. Al r eferirse a sus expl oraciones en el entorno de
la Sierra del Agua (Guadalcanal) hizo hincapié e n el interés que estas serranías tenían
para las investigaci ones sobre la Prehistoria: 77
“(…) el interior de estas cavernas, cuya techumbre y suelo están
incrustados de carbonat o de cal en estalactitas y estalagmitas, oculta en su
interior multitud de objetos de la civilización primitiva, del período neolític o y
paleolítico que, en otra nación más entusias ta que la nuestra por los adelantos de
las ciencias naturale s, hubieran sido investiga dos para descubrir datos sobre el
origen del hombre que habitó aquella región, y est arán mezclados sus restos con
los de su naciente industria. /La ligera inspecci ón que hemos podido hacer de
estas antiguas moradas de Trogoditos (sic), nos dio por resultado el hallazgo de
algunas hachas pulime ntadas, partes de lanzas, objetos de hueso diversa mente
tallados y restos de animale s de especies muy distintas de los que habitan
actualmente Europa. Multitud de fragment os de barro toscamen te hechos, con
reborde o impresiones fabricadas con l os dedos o con otros medi os sencillos y
vulgares, prueban el estado de atraso en que estaban sus habitantes; pero todas
estas riquezas, que atesoran las cavernas de Guadalcanal, de Cazalla y de San
Nicolás del Puerto, permanece rán ignoradas por l a indiferencia de los llam ados a
descubrirlas. / El estudio de las cavernas nos detendría mucho tiempo, si
hubiéramos de desc ubrirlas en este capítulo.” 78
Los trabajos en esas cavernas no se limitaron a exploraciones, sino que incluyeron
también la excavación de sondeos. A través del relato de uno de sus al umnos, Miguel de
Torre, se conserva la ún ica información que ha quedado de una de las primeras
excavaciones en cueva realizadas en Andalucía, con e l ob jetivo principal de hallar restos
prehistóricos. Fue realiza da por un equipo de la Facultad de Ciencias de la US, bajo la
dirección de Antonio Machad o y Núñez, en la Cue va de San F rancisco, en la Sierra del
Agua (Guadalcanal), descubierta años antes de su intervención durante unas
prospecciones mineras en la zona. Esas prospeccione s fueron infructuosas, pero abrieron
76 Este extens o trabajo apareció en dos partes, de cuatro entregas cada una, en 1870 (RMFLC, t. II) y 1872
(RMFLC, t. III). La información que nos interesa y a la que hacemos referencia es la que puede obte nerse de
la lectura de las entregas publicadas de julio a octubre de 1872.
77 Sobre el mismo tema había hecho publicar un artículo a uno de sus alumnos, Miguel de Torre, en la misma
revista, el año anterior (De Torre, 1871).
78 Machado, 1872: 313-314.
24
el acceso a las cavidades del sistema kárstico que posteriormente explorar on Machado y
sus alumnos. El son deo al que nos referimos lo rea lizaron en una sala de unos 10 por 20
metros, a la q ue se accedía descendiendo desde la entrada de la cueva:
“(…) encon tramos allí varios fragme ntos de huesos que se deshacían al
tocarlos, y rodeado s de pedazos de carbón en todas direcciones. Inmediata mente
se empezó a cavar con los martillos para estu diar los objet os que pu dieran
hallarse engastados en esta tierra y desde luego vimos mu chos restos de vasijería
tosca y no cocida, que se había re blandecido por la humedad, y al menor e sfuerzo
se rompían, pero que sin embargo denotaban por su estructura, por su forma y
por los sencillos a dornos hechos con los ded os, que pertenecían a tiempo s muy
antiguos cuyos fabricantes o alfareros no estaban muy adelantados.
Profundizand o más en aquel terreno descubrimo s un pedazo de mandíbul a de
cabra ibesa y otra multitud de huesos medio destruidos y chascados que no nos
atrevemos a determinar: además dos huesos innominados humanos, pequeños,
como de un joven de veinte años; uno de ellos completo, el otro destruido casi
completamente; tam bién vimos un pedazo de fémur correspondiente al mism o
individuo, y otra multitu d de fragmentos no bien determinables. Se halló después
una punta de lanza o pequeño cuchillo de sílex, toscamente fabricado, pero que
el martillo rompió y sól o conserv ó la mitad. Los medios de exploración que
llevábamos, que consis tían sólo en martillos geológicos, no eran a propósito para
conseguir buen resultado de nuestras investigacio nes y aplazamos el continuarlas
para ocasión oportuna”. (De Torre, op.cit.: 8 6-88)
El sondeo que r ealizaron, con sólo martillos de geólogo y la ayuda de las manos,
no se aju sta a los cán ones actuales de excava ción arqueológica, pero sí resultaba
aceptable dentro de los decimonónicos. De cualquie r forma, Machado pretendía realizar
una excavación más amplia y con medios más adecuados, según se desprende de las
palabras de Miguel de Torre. No sabemos si la excavación se reanudó más adelante. La
prospección de esta cavidad y otras muchas de la zo na, sí que se l levó a cabo, aunque no
se publicaría nada má s.
Las únicas p ublicaciones de carácter científico sobre sus propias investigaciones
que Machado sa có a la luz fue ron los catál ogos z oológicos. En tres de ell os, el de la s aves
(1854), el de anfibios y reptile s (1859), y el de los mamíferos (1869 e), y dada la
peculiaridad de este tip o de publicaciones, la in formación que podemos obtener es
igualmente breve y, además, indirecta. 79 Por otra parte, el trabajo sobre los terrenos
terciarios y cuaternarios en la pro vincia de Sevilla, que, aunque aparecido en 1878 ,
79 En el último había más extensión de texto porque se había publicado paralelamente, por entregas, en la
RMFCL y, por tanto, debía darle un formato más divulgativo y hacerlo menos árido para el público.
25
recogía los resultados de años de investiga ción, confirma que la exploración de las
serranías se llevó a cab o.
El motivo principal de esa falta de pub licaciones por parte de Machado fue, -
aparte de tener demasiadas ocupacione s y co mpromisos que atender debido a sus
múltiples inte reses y a su polifacét ica personalida d -, como dijera Cal derón:
“No era, en cambio, nuestro biografiado, muy aficionado a escribir ni
menos a pulir lo escrit o, y sólo por el estímulo de sus amigos (…) se decidió a
componer algunos trabajos, (…), a veces de circunstancias y de puro compromiso
algunos, que no servirían para que se apr eciara por ellos toda la valía del ta lento
y saber de su au tor”. 80
En lo que Machado se dejó en el tintero, que tan poco gustaba de utilizar, se quedó
prácticamente toda la primera exploración y pro spección científica de Sierra Morena. 81
Muchos años más tarde, en 1886, constó en acta de una sesión de la SEHN, 82 de la que
era presidente de turno, un comentario suyo en el que hacía memoria de que en la Sierra
del Agua “había hasta quince cuevas distintas”. Cerca de cuarenta años des pués de sus
primeras prospecciones todavía recordaba las cavernas que había expl orado, de las que
no había publicado nada y de las que se lamentaba que nadie, i ncluidos sus discípulos,
hubiera continuad o con esos trabajos y con una dedicación expresa a la Pre historia. Los
“llamados a descubrirla s” que mencionaba en su artículo de 1872, y a los que él hubiera
pasado gustoso el testigo de las investigaciones de campo, puesto que su tiempo estaba
dividido entre sus ocupaciones docentes, a cadémicas y políticas .
2.2.3.1.- Los discí pulos de Ma chado.
Siguiendo sus enseñanzas, sus alumnos de la cátedr a de Historia Natural de la US
realizaban lo que él, con la terminología al uso entre los naturalistas decimonónico s,
llama “búsquedas” y “excursiones”; bien en pequeños grupos por su propia cuenta, bien
dirigidos por el pro pio Machado.
Un buen ejemplo lo tenemos en el breve artículo ya citado, publicad o en la
RMFLC por uno de sus alumnos, Miguel de Torre, 83 que relata la prospección de varias
cuevas en el término municipal de Guadalcanal, en la Sierra Morena sevillana, dirigida
por Machado, a la cabeza de un pequeño equipo formado por el firmante del artículo y
80 Calderón, 1897: 141.
81 Lógicamente, en términos de Geología, Geomorfología y Paleontología, la pérdida fue mucho menor
porque uno de sus amigos y colaboradores, José Mac Pherson l levó a cabo una modélica inve stigación sobre
la Sierra Morena sevillana, publicando sus resultados en los Anales de la SEHN y en el Boletín de la Comisión
del Mapa Geológico de España en 1878 y 1879, en la línea de los trabajos que había publicado sobre la
provincia de Cádiz desde princ ipios de esa década. Probablemente fuera él, que siempre le consideró como
maestro suyo, aunque nunc a hubiera sido su alumno, el que animara a Machado a publicar sus
investigaciones sobre el Terciar io y el Cuaternario, que, como hemos visto, envió a la SEHN en 1878, y
acabaron apareciendo también en la revista La Enciclopedia en el mismo a ño. Y, en la década siguiente, su
sucesor en la cátedra, Salvador Calderón, continuaría con la labor.
82 Actas, t. XV, p. 19.
83 De Torre, 1871: 84-88.
32
Civiles del Gobie rno Civil, sobre el inicio de las obr as, diligencias varia s y, final mente, la
finalización de los trabajos, en el mes de octubre de 1864.
La falta de la copia de los planos y de descri pción detallada, así como la
desaparición del edificio de la antigua Casa Profesa, no nos permite saber exactamente
qué aspecto tenía el Gabinete tras las obras, qu e fundamentalmen te se orientaron a
reparar y adaptar una vieja galería del edificio, vecina a la sala del Gabinete y al aula de
Historia Natural, que estaba prácticamente llena por las colecciones y enseres que la gran
actividad, que Machado y sus discípulos estaban desarrollando, no paraba de generar. El
presupuesto de carpintería indica que, tal como relatara Calderón años más tarde, se
construyó una buena cantidad de estanterías, al uso de la época, tipo armario, con
cornisas molduradas, puertas acristala das y cajon es para la clasificación de especímenes
entomológicos y botánicos. También se instalaro n algunas de suelo, a media altura, con
cajonera en la parte baja y tapas de crist al en la superior para la exposición de obj etos.
La fotografía existen te del Gabinete (fig. I.1), 109 - aunque lo más probable es que
pertenezca al “arreglo” de la época de Calderón, como veremos más adela nte-, permite
ver los resultados de las obras de adaptación de la galería: se arregl ó la cubierta y se
cerraron los vanos, acristala ndo la arquería, de forma que se convertía en espacio interior
aprovechable lo que normalmente eran pasillos abiertos al patio, sólo útile s para el
tránsito y la regula ción térmica de las dependen cias del piso al to del edifici o.
Fig.I.1.- Una de las galerías del M GHN en 1926 (Fotografía de González-Nandín/Fototeca US)
Esto, a su vez , nos permite contemplarlo en paralelo con otros gabinetes de
Historia Natural, o Geológicos, cuyas cole cciones tenían fama y que Machado conocía
109 Beltrán y Belé n, 2007: 113, fig. 3; Henares, 2012: fig.2. Se t rata de una fotografía de 1926, tomada por
González-Nandín, y cuyo negativo se guarda en la Fototeca de la US (reg.3-6730)
33
sobradamente, situados en capitales com o París, Múnich o Ginebra , 110 funcionando de
manera indepen diente o dentro del ámbit o de las universidades. Ma chad o, pues, dentro
del escaso margen de maniobra que la situación de la Facultad de Ciencias le permitía, 111
estaba intentando dotar a la Universidad de Sevilla de unas instalaciones que siguieran
la línea de lo más novedoso que se hacía en el resto de Europ a en el campo de las Ciencias
Naturale s. Dada su form ación com o naturalis ta en La Sorbona, su ejemplo a seguir se ría
el magnífico Mu séum nacional d’Historia nat urelle de París. 112
El mejor paralelo que podemos encontrar en la actualidad puede ser el Museu
Geológico de Lisboa, que data de 185 9, - prácticamente coetáneo - y que ha sido
exq uisitamente conserva do en su es tado origina l por el gobierno portugués. E sto l o
convierte en un “tesor o museol ógico”, no sólo por sus colecciones, sin o también como
ejemplo de la museografía del siglo XIX (y su herencia de los inicios científicos ilustrados
en el siglo XVIII). Salvando las diferencias, puesto que el centro lisboeta nace de la
iniciativa estatal para atender la s necesidades de las Comissôes Geológicas puestas en
marcha por la coro na portuguesa; y contaba con una financiación que no puede
compararse con los parcos fondos con que la Facultad de Ciencias de la US contaba para
su Gabinete de Hist oria Natural.
Se trataba, pues, de una organización dual del espacio, con un área de trabajo y
un área expositiva, que, a su vez, como era propio de la “museografía de la
acumulaci ón” 113 de la época, funcionaba tambié n como almacén .
Cuando Machado comienza a ingresar las primeras piezas prehistóricas en el
Gabinete, éstas van a compartir estantería, no sólo con los fósiles de la sección de
Paleontología, sino también con centenares de muestras de ro cas y miner ales, todo tipo
de animales disecados, esqueletos – incluidos los hum an os -, colecciones de plumas,
nidos y huevos, insectos desecados y la que había sido hasta entonces la “joya” de la
Historia Natural sevillana: el herbario de Abat, Boutelou y Colmeiro, 114 puesto que la
110 Calderón (1897: 138) reseña la importancia que para la vocación naturalista del joven Machado tuvo un
viaje de estudios que realizó por Alemania, Suiza y Bélgica, mientras estudiaba en París con el geólogo
Prévost.
111 Para la problemática y los avatares de los estudios científicos en la Universidad de Sevilla, y d e la Facultad
de Ciencias desde su fundación en 1857, véase la obra de J. M. Cano (op.cit.).
112 Dicho museo no nos sirve en la actualidad como ejemplo, ya que, probablemente, es el más moderno de
entre estas entidades europeas. Su constante actualización dur ante las últimas décadas del sig lo XX ha hecho
desaparecer todo lo re lacionado con la museística del siglo XIX. Años más tarde, también Ca lderón lo citaría
como ejemplo a seguir (Calderón, 1884).
113 López, 2002: 164. Se refiere a los museos arqueológicos, pero esta afirmación es ta mbién p erfectamente
válida para los gabinetes y museos de Historia Natural del siglo XIX, que como ya señalara Calderón (op.cit.:
3-4) eran herederos de los “gabinetes de curiosidades”, y, por tanto, “eran depósitos, insistemáticamente
dispuestos, (…)”. Algo de ello puede verse t odavía en los pocos que, en la actualidad, todavía mantienen su
aspecto original, como el magnífico Naturalhistorisches Museum de Viena, donde las colecciones se instalan
en la década de lo s 80 del siglo XIX (todavía estaba en o bras en 1884, según C alderón, ibid.: 20); aunque ya
ha sido objeto de numerosas reformas y actualizaciones museográficas; o, como hemos comen tado, el de
dimensiones más modestas pero igualmente interesante y bien conservado en su estado original, Museu
Geológico de Lisboa.
114 De las Barras, 1940 y 1945:39- 45.
34
organización primaria de las colecciones era tripartita (Zoología, Geología y Botánica),
en correspondencia con los “tres rein os natural es”. A las piezas prehistóricas les
correspondía estar dentro de la división geológica , 115 y, como ya mencionamos, dado su
carácter fósil , dentro de la sección paleontológica.
Las pieza s prehi stóricas se van a tratar com o cualquier otro e spécimen u objeto: 116
se les va a asociar una tarjeta (denominada “papeleta”) o se les va a colocar una vitola de
papel con sus referencias (básicamente , procedencia, aunque también es posible que
figurara la fecha de “recolección”). Un ejemplo de avitolado se conserva todavía en la
pieza nº 63, procedente de Tolox (Málaga). 117 Sobre las piezas se pegan, con cola, tejuelos
con indicación de su procedencia y el número de orden que les corresponde, com o puede
verse, por ejempl o, en los materiales líticos de la colección de la RAH, 118 que están
etiquetados con tejuelos manuscritos adherid os a las piezas. Por restos que quedan sob re
algunas pieza s de la colección que nos o cupa, es posible que estos tej uelos (todos o parte
de ellos) fueran ovalados o redondos , de más de 1,5 cm. de diámetro, con un marco de
imprenta en azul y espacio central en blanc o para la información y/o la numeración. Otro
ejemplo de este tipo de etiquetado lo encontramos también en otra colección sevillan a
del siglo XIX, la Colecci ón Arqueológica M unicipal de Sevill a. 119
A principios de los años 70 del siglo XIX, la ampliación se había quedado pequeña
de nuevo y las coleccion es de toda especie aba rrotaban las estanterías. Machado había
vuelto a solicitar más medios y de nuevo se encontraba con el muro de una
administración poco proclive a apoyar la investigación científica. Lamentablemente , en
el AHUS no se conserva más documentaci ón sobre el Gabine te, pero sabemos qu e
Machado volvería a recurrir a sus contactos polít icos para intentar conseguir lo que el
Gabinete necesitaba. 120 Y también recurrió a darle publicidad al Gabinete. Como puede
verse en la RMFLC, 121 organizó una jornada de puertas abiertas de las instalaciones de la
Facultad de Ciencias, entre los eventos celebrados p ara la apertura del c urso 1871/1872,
y que, él mismo o alguno de sus co laborado res de la revista, bajo el pseudónimo de “X”,
comentaba la necesidad de estanterías y que se habían pedido a la Diputación Provincial.
115 Ésta, a su vez, se dividía en tres secciones, Paleontología, Mineralogía y Petrología.
116 Machado (1878:274), da cuenta de que se unían tarjetas numeradas a los objetos, recogiendo en el las
información sobre procedencia y fecha del hallazgo o recogida del espécimen/objeto.
117 Aunque se trata de un ejemplo tardío, de 1910.
118 Almagro Gorbea et al., 2004. No tratan de este tema, pero los tejuelos pueden verse claramente en las
fotografías de materiales líticos del catálogo.
119 Un buen ej emplo en Am ores, 2015: fig. 39. Tampoco trata de este tema, pero en la fotografía, sobre varios
de los proyectiles de p lomo r omanos (mostrados para ilustrar la variedad de objetos de la que fuera Colección
Mateos Gago) pueden verse claramente las etiquetas.
120 En concreto, a la Diputación Provincial y a l os diputados a Cortes del partido pro gresista ( Cano, 1993: 75-
76), como hiciera años a ntes con Bedmar, a l que había recurrido para sacar adelante las obras que se
terminaron en 1864.
121 RMFLC, 1871, secc ión “Revista”, pp. 329-330.
35
En esa, digamos, “nota d e sociedad”, aparece por primera vez públicamente la colección
prehistórica como un conjunto:
“Tuvimos el gusto de ver ademá s algunos materiale s debidamente
clasificados que parecí an indicar un principio de gabinete histórico. 122
Habiéndon os informado , podemos hoy asegurar que existen otros muc hos sin
oportuna col ocación por fal ta de estantería; (…)”.
La “debida clasi ficación” de la colección prehistórica se ajustaba a la que había
alcanzado el consenso in ternacional en el Congreso de Arque ología Pre histórica de
Norwick, en 1868, defendida Lubbock desde 1865, 123 y basada en la de las Tres Eda des
de Thomsen, que utiliza ban los estudioso s esca ndinavos desde décadas antes: Edad
Paleolítica, Edad Neolítica, Edad del Bronce y Edad del Hierro, 124 a la que Machado,
firme partidario de la mis ma, se había referido en el artículo que h abía publicado sobre
este tema en la RMFLC en 1869. 125
3.- El Museo del Gabin ete de Histor ia Natu ral: la época d e Calderón .
Según Galán, 126 tras la “etapa fundacional” del Gabinete que significó el período
en que Machado estuvo al cargo de la cátedra de Histor ia Natural, se desarrolló una
“segunda etapa” caracterizada por una intensa actividad científica, que se corr espond ió
con el desempeño de l a cátedra p or Salvador Cald erón y Arana.
Esto ya era un hecho reconocido en 1913, como podemos comprobar a
continuación:
“Hizo uso de la palabra el Sr. Barras, dedicando sentidas frases al recuerd o
de su maestro D. Sal vador Calderón, f undador de l a Sección de Sevilla y autor de
importantísima s reformas y aumen to extraordina rio de las cole cciones en el
gabinete en que se celebraba el acto, y que en su origen había sido instalado por
don Antonio Ma chado y Núñez”. 127
Durante esos años, pues, se añadieron a l os fo ndos del Gabinete numerosas
muestras de la geología de la provincia d e Sevilla, iniciándose una colección regional de
122 Lo de “gabinete histórico” no parece propio del vocabulari o que emplearía Macha do, que consideraba
tanto a la Prehistoria como a la Paleo-etnología parte de la Historia Natura l (Machado, 1869: 33), así que
probablemente el autor era a lguno de los muchos colaboradores “no naturalistas” con los que contó la
revista.
123 Sir John William Lubbock, posteriormente Lord ( Barone t ) Avebury (1834-1913). Fue matemático,
banquero, politico, y naturalista . En su obra Prehistoric Tim es, aplicaba las teorías de Darwin, Boucher de
Perthes, Lyell, así como la clasificación tripar tita de Thomsen, proponiendo dividir la “Edad de Piedra” en
otras dos etapas, el Paleolític o y el Neolítico. La difusión de su trabajo contribuyó a popularizar el término
Prehistoria (Daniel, 1967: 117-122; Refrew y Bahn, 1991: 22 y 25; Trigger, 1992: 96).
124 Hernández-Pacheco (1959), Daniel (1967), Leroi-Gourhan (1982), Almagro Basch (198 3), Renfrew y
Bahn (1991), Trigger (1992).
125 Machado, 1869 c: 33-39 y 281 -287.
126 Galán , 1993: 15-16.
127 Acta en el Boletín de la RSEHN correspondiente a 1913: 422.
36
rocas, fósiles y minera les, con una catalogación detalla da de los yacimientos y
procedencia de las pieza s. Caso único en España, s egún Galán (op.ci t.).
A esta etapa corr esponde también una intensa actividad de colaboraci ón, en
varios sentidos: por una parte, José Mac Pherson 128 también colaboró con Salvador
Calderón en la ampliación de los conocimientos que se tenían hasta la fecha sobre la
Geología y la Mineralogía andaluzas, especialm ente en el campo de la petrografía y
cristalografía; y por otra, el Gabinete intercambiaba muestras de su cole cción sobre
minerales españole s con la q ue existía en el Museo de Ciencias Na turales de Ma drid. 129
Calderón, años antes de incorporarse a la cátedra en la Universidad de Sevilla,
había estado destinado en Canarias com o cated rático de Hist oria Natural del Instituto
de Las Palmas de Gran Cana ria 130 y allí, aparte de a la docencia, se dedicó a la
investigación de campo mineralógica y vulcanológica; y a la organiza ción de un museo
de carácter provincial, lo que comunicaba en 1876 a la SEHN, 131 de la que era socio
prácticamente desde su fundación. 132 Cuando se hace cargo de la cátedra de la
Universidad de Sevilla, en 1884, vuelve a compaginar la docencia con los trabajos de
campo y gabinete, reorganizando el Gabinete de Historia Natural que fundara
Machado, 133 tal como él mismo volvió a informar a la SEHN. 134 A la buena base del
quehacer de Macha do unió los conocimiento s más actualizad os sobre museografía
científica que había reuni do muy poco antes, duran te el viaje para el que fue comisionado
por el gobierno, recor riendo los museos de Historia Natural de París, Brusel as,
Estrasburgo, Stuttgart, Múnich, Viena, Berlín, Dresde y Budapest (ade más de “los
principales laboratorios y museos de Francia”). 135 Su estudio crítico de dicha s
instituciones, publicad o con el título Organizació n y arreglo de los Museos de Historia
Natural (1884) , le permitió elaborar una memoria con propuestas para el Museo de
Historia Natural de Madrid 136 y aplicar su desarrollo en el Gabinete de la Universidad de
Sevilla, tal como refle jara De la s Barras: 137
128 Alastrúe, 1968: 15-16.
129 Archivo del Museo Nacional de Ciencias Natura les/ Expedientes de interca mbio con cent ros docentes/
Colecciones de Ciencias Natura les. También se conserva documentación de propuestas por parte de
Calderón de intercambio de vaciados de escayola de fós i les de grandes mamíferos existente s en el Museo del
Gabinete de la Universidad de Sevilla, por ejemplares duplicados del Museo Nacional.
130 De las Barras, 1945: 89. Tras la muerte de Calderón se pub licaron numerosos trabajos sobre su biografía
y obra, pero he preferido seguir a De las Barras, porque fue su discípul o y vivió en p ersona los hechos
relacionados con el Gabinete de Historia Natural, de cuya histo ria, como veremos más adelante, también fue
parte importante.
131 Calderón, 1876: 47.
132 La Sociedad se funda en 1871 y él ingresa en 1872, el mis mo año, dicho sea de paso y como ya se ha
comentado, en que ingre saron Antonio Macha do y los her manos Mac Pherson, entre otros destacados
investigadores de la época.
133 De las Barras, 1910: 338; 1945: 92.
134 Calderón, 1886: 26.
135 De las Barras, 1945: 93.
136 De las Barras, ibid .
137 De las Barras, 1910: 338.
37
“(…) al encargarse de la cátedra de Historia Natural de la Universidad de
Sevilla en 1887 nuestro querido maestro D. Salvador Calderón, inició allí una
serie de activos estudios en la región, con frecuen tísimas excur siones y grandes
reformas en el gabinete, que se convirt ió en verdadero museo, y laboratorio de
trabajos de investiga ción”.
Una vez terminadas las reformas, las colecciones del Gabinete van a constituir un
auténtico Museo de Historia Natural, el MGHN. Este, de acuerdo con los principio s
teóricos museográficos de Calderón, va a ver divididas sus colecciones en dos ramos, el
de las “coleccio nes de enseña nza”, y el de las “coleccio nes generales”, que consideraba de
finalidades tan dis pares que era preciso que se mantuvieran separa das:
“Importa sobremane ra deslindar su fin, porqu e ni las colecciones de
enseñanza pueden ser colecciones generales, ni vice-versa, y cuantos en sayos
hemos visto de establecimientos híbridos son igualmente deficientes. (…)”
(Calderón, 1884: 7 ).
Él escribía su mem oria crítica sobre museos institucionales, generalmente
dotados de amplios espacios para la expos ición de sus colecciones, pero, una vez en
Sevilla, intentó efectuar el “deslinde” en las colecciones del Gabinete. Así, en uno de los
libros de inventario que se conservan (doc. MGH N.1), que tiene el índice de contenidos
original, vemos que las diferentes colecciones suelen terminar su denominación con
expresiones como “de estudio” o “gen erales” y/o “del país”. En concreto, los datos sob re
la colección de P rehistoria son “C olección de Prehisto ria general y de l país”.
Calderón se empeñó en adaptar al MGHN a las tendencias internacionales y en
una década lo había conseguido. El có mo, con tan po cos medios, lo encontramos en sus
propias palabras:
“El entusiasmo, el cel o y el fuego sacro 138 del personal de un
establecimient o puede, en c iertos límites, sustituir la falta de d inero, al paso que
con éste no se compran ni el amor a la ciencia, ni la laboriosidad.” (Calderón,
1884: 14).
De ahí que sus contem poráneos reconocieran el mérito de su empeño y de los
resultados obtenidos, de forma que, en adela nte, MGHN y Calderón quedarían unidos
en la memoria del distrito universitario. Así, al poco de marcharse a ocupar una cátedra
en Madrid, se publicaba un libro sobre la intelectual idad sevillan a finisec ular, y, en el
capítulo dedi cado a su persona, e l autor escri bía:
“El susodicho Museo, organizado por él, no s ólo puede presentarse como
verdadero tipo de Museo regional, por lo completo en pro ducciones de la comarca
138 En cursivas en el original.
38
andaluza, sino como el único en toda España instalado con arreglo á los modernos
sistemas” (Ca scales, 189 6: 24).
Por lo que respecta a la colección de útiles prehistórico s, Calder ón ya lo hacía d e
forma asidua durante su s exploraciones geológicas por Castilla, antes de incorporarse a
la cátedra sevillana en 1887, tal como vemos en un artículo de Quiroga, 139 donde, entre
las hachas prehistóricas que utiliza como fuente de muestras para sus es tudios
petrográfic os, menciona varias cedidas por Calderón para sus experiment os. El uso de
los materiales arqueológicos líticos como ejemplares de laboratorio, que Calderón
también practicaba, puede explicar las rotura s recientes que presentan algunas de la s
piezas que se conser van y que pueden ser el resultado de haberlas sometido a pruebas de
dureza y resistencia; y/o a haberlas roto para extraer trozos que luego reducir a láminas
finas para su análisi s al microscopio, de ntro del propio lab oratorio del Gabinete.
Su primera publicación sobre útiles prehistóricos data de una fecha tan temprana
en su carrera como 1873, cuando presenta una escueta noticia a la SEHN so bre su
hallazgo de un “hac ha de edad neolítica” en la provincia de Guadalajara; 140 y también
queda patente q ue se aplicaba a la Espeleología y a la exploración de cavidades en busca
de indicios de ocup ación humana, como vemos en otra escueta nota en la que h abla del
hallazgo de una “punta de flecha de sílex” en una cueva de Albacete 141 ; y en el informe
sobre los ensay os exper imentales que realizó para la iluminaci ón en los ambientes
húmedos y oscuros de las cavidades subterrán eas. 142
3.1.- Colaborad ores: los miembros de la Sociedad Española de Historia Natural
Salvador Calderón, m iembro, como hem os visto de la SEHN desde 1872, funda
una Sección sevillan a de la misma en 1888, reuniendo a su alrededor a un grupo de
naturalistas sevillanos, tanto miembros de la Facultad de Ciencia s, como alumnos de la
misma, a los que se unieron divers os profesiona les con vocación y afición a cualquiera
de las ramas de l as Ciencias Naturale s.
Una de las principales actividades de esta Sección será la de llevar a cabo
prospecciones para amplia r las investigacione s geológicas, zool ógicas y botánicas en
Andalucía Occidental y, en parte, para compensa r con la iniciativa privada la recurrente
escasez de fond os de la US para trabaj os de campo. Man uel Medina, 143 uno de los socios
más activos en la primera década de vida de la Sección, presentó lo siguiente en una de
sus primeras sesione s: 144
139 Quiroga, 1881.
140 Calderón, 1873: 3.
141 Calderón , 1876: 66.
142 Calderón, 1878: 57.
143 Fue socio de la SEHN desde q ue se funda la sección se villana, en 1888, hasta su fallecimien to en 1921 (De
las Barras, 1945: 105-108).
144 Medina, 1 888: 24-25.
39
“EXCURSIONES.- Como entiendo que es mu y conveniente para el
acrecentamiento de las ciencias naturales, y para llegar a un conocimiento lo más
exacto posible de la fauna y la flora de esta región, el dar cuenta de las excursione s
que se verifican por estos alrededores bajo la dirección de nuestro digno
Presidente, a las cuales c oncurren la mayor parte de los socios aquí presentes y
algunos alumnos que cursan la asignatura de Historia Natural en esta
Universidad , tengo el honor de comunicar a la Sociedad el resultado de estas
excursiones.”. 145
Ese resultad o se plasmó en va rios informes mensuales, que relataban
exploracione s realizadas por todos los alrededores de Sevilla, incluyendo la cornisa del
Aljarafe, hacia el oeste, y comarca de la Vega, hasta, por el este, Alcalá de Guadaíra. 146 En
ese año y los seis siguiente s las exploraciones se ampliaron a Sierra Morena, siguiendo el
trabajo donde lo había dejado Machado. En unos casos se volvía sobre el terreno que éste
ya había explorado a fondo (El Pedroso, Guadalcana l, Cazalla de la Sierra, San Nico lás
del Puerto); y en otros, se ampliaba la prospección de términos municipale s que aquél
sólo había prospectado parcialmente (Constantina, Peñaflor, Guillena, Villanueva del
Camino – hoy, del Río -). 147 Asimismo, se proseguía con el estudio de La Vega (Cantillan a
y Tocina), 148 el Aljarafe 149 y Alcalá de Guadaíra; 150 y, siguiendo también las huellas de
Machado, se exte ndían las exploraciones a la pro vincia de Huelva, 151 a la Sierra Sur de
Sevilla 152 y, desde a llí, hacia la provincia de Málaga. 153
Junto a naturalistas de la talla de Calderón o Paúl, formaban p arte de la Sección
otros de relevancia semejante, como Romualdo Gonzál ez Fragoso, que fuera discípulo de
Machado. Otros socios, pertenecían a una generación más joven, y eran un grupo de
prometedores discípulos de Calderón, como veremos a continuación: Francisco de las
Barras de Aragón, Man uel Medina Ramos, Francisco de Chaves y Pérez del Pulgar,
Antonio Seras y González, Carlos del Río y Tejero, Miguel Cala Sánchez, Carlos Cañal y
Migolla, Anataël Cabrera, Enrique Laza Herrera, M ariano Mota Salado, o Pedro Álva rez
Quintero. 154 Y, finalme nte, también se afiliaron abogados, como Julio del Mazo y Franza,
145 Medina fue el primer secretario de la Sección, y el cargo se convirtió, casi por costu mbre, en algo
prácticamente vitalicio, debido a su eficiencia. El pre sidente mencionado era Salvador Calderón, siendo
tesorero Manuel de Paúl Arozarena; sec retario, como se ha mencionado, Manuel Medina Ramos, y
vicesecretario Carlos del Río.
146 Medina, 1888: 24 -31, y 121.
147 Calderón, 1888: 95-100; 1889:.47-50; 1891: 152-154; y 1892: 13 -21; Calderón y Medina, 1890: 64 ;
Calderón y Del Río, 1890; Medina, 1890: 105-106; 1891: 95; y 1892: 157; González Fragoso, 1892: 152-153;
Cañal, 1894: 25-26.
148 Calderón, 1890: 126 -129.
149 Medina, 1891: 104 - 106.
150 Medina, ibid.: 106 -107.
151 Calderón, 1890: 87; De las Barras, 1892: 153.
152 Calderón, 1891: 107 -108; 1892: 178-181; 1895: 19-40.
153 Calderón, 1891: 6.
154 De las Barras, 1945, y Actas de la SEHN, Sección de Sevilla (p eríodo comprendido entre 188 8 y 1900).
40
o ingenieros que, como Antonio González y García de Meneses, reeditaron la
colaboración con los naturalistas que habían pr otagonizad o Machado y Garay en la
década anterior. Calder ón mantuvo una fructífe ra relación científico- amistosa con
González y García de Men eses, ingeniero industrial, director a lo largo de los años de
diversas explotaciones mineras en las pro vincias de Sevilla y Huelva. Éste fue miembro
de la SEHN desde 1887, y parte del núcleo de socios fundadores de la Sección sevillana,
permaneciendo en ella hasta su fallecimiento. Fue, asimismo, como veremos, activo socio
del Ateneo y Socieda d de Excursione s de Sevilla.
González también tenía interés por los estudios prehistóricos y, com o pode mos
ver por la comuni cación que presentó ante la SEHN en 1890, estaba al día de la s
novedades en este campo tanto a nivel nacional como internacional. De alguna manera
había recogido el testigo de Garay, dentro de la tradició n abierta por De Prado y
Machado, y prospectaba los pozos y galerías antiguos o abandonados de las minas,
buscando vestigios de explotaciones prehistó ricas. Su colaboración y apoyo logístico
fueron fundamentales para el desarrollo de las investigaciones geológicas de Calderón en
la provincia d e Huelva, y para que p udiera añadirse un buen número de p iezas más a la
colección de útiles y res tos humanos p rehistóricos del MGHN. 155
A principios de la década de los 90 del sig lo XIX, el “arreglo” del Museo se h abía
completado conforme a las propuestas teóricas de Calderón. En ello habían colaborado
de forma decisiva, con su apoyo, su trabajo personal y sus aportacion es de piezas y
especímenes, tanto los alumnos de Calderón como los miembros de la Sección de la
SEHN, cuya s activida des y vicisitudes podría decirse que se desar rollaron durante
muchos años en paralelo a las del Gabinete de Historia Natural de la US, y a las del
Ateneo y Soc iedad de Excursiones de Sevilla. Como veremos en la parte de esta tesis
dedicada a la Docta Casa, teniendo en cuenta que la mayoría de los mie mbros de la
Sección eran t ambién ateneístas, la Junta Directiva de ésta les cedía el uso del salón de
sesiones para llevar a cabo sus reuniones. Y, del mismo modo que cooperaba con el
acrecentamiento de las colecciones del MGHN, la Sección comenzó enseg uida a formar
las propias, que fueron acogidas en el MASES.
A mediados de la década, conciben el proyecto de crear un Museo de Historia
Natural con carácter regional, formado por colecciones de Historia Natural cuyos
especímenes fueran excl usivamente procedentes de Andalucía. En el verano de 1896,
este proyecto estaba en marcha, tal como se hizo público en las Actas que se enviar on a
la SEHN, donde se alababa “(…) la actividad y celo desplegados por al gunos de sus
individuos con objeto de llegar á la formación de colecciones regionales q ue sirvan en su
155 Henares, 2013: 35-36. Véase también el capítulo dedicado a la Colección Antropológica.
41
día para el conocimient o de las producciones naturales del país. (…); 156 y por las que
sabemos que ya se estaban catalogando y clasi ficando piezas y materiales:
“Manifestó, por último, el Sr. Secretario, que estando colocand o y
catalogánd ose actualme nte los objetos reuni dos ya para el Museo regional que
trata de formarse, la enumeración detallada de ellos no p uede hacerse aún, per o
será objeto de ulterio res comunicaci ones.” 157
Se trataba de una excelente iniciativa, pero que, como otras tantas, nunca pudo
salir adelante por falta de apoyo oficial y med ios económicos. Se intentó saca rla adelante
con las donaciones de socios y simpatizantes, siguiendo el ejemplo del MAS ES, que ya
llevaba un año en funcionamiento; pero la Sección de la SEHN nunca contó con tantos
socios como el Ateneo, con lo que sus fondos ni siquiera les permitían alquilar un local
para que les sirviera de s ede, y, por tanto, sus colecciones iban dando for ma a un “museo
virtual”, que, como veremos más adelante, les acompañó a lo largo de los años a las sedes
temporales que l es acogieron.
3.2.- Los discí pulos de Calderón
Con ellos aparece en el distrito universitario una nueva generación de natu ralistas
interesados en la Prehisto ria. Si tenemos en cuenta una cita de Francisco de las Barras 158
que recogeremos más adelan te, haciendo referencia a Carlos Cañal, y el artículo que
sobre las exca vaciones de Carmona hizo redactar a Cabrera (1894), Calderón estaba
intentando, como ya lo hiciera Machado, crear una escuela de naturalistas-
prehistoriadores, anima ndo a sus alumn os a re alizar estudios y trabaj os de campo
relacionados con la Prehistoria; 159 contando, eso sí, con el apoyo de Manuel Sales y Ferré,
catedrático en la Facultad de Filosofía y Letras, 160 debido a la mala situa ción de la
Facultad de Ciencias, cuyo alumnado había decrecido en los años 90 del siglo de tal
manera que, ante problemas presupuestarios m ás serios que de ordinario, la propia
facultad fue suprimida de 1892 a 1895. 161 Pero, a pesar de las dificultades por la falta de
medios técnicos, la penuria económica y la i ndiferencia oficial hacia las ciencias
experimentale s, Calderón consiguió crear la “pequeña escuela de naturalistas” que n o
había llegado a cuaja r en épocas anterio res. 162
De los miembro s de esa escuela, que, siguien do a uno de ellos mismo s, De las
Barras (1945), hemos relacionado antes, no todos mostraron interés en la Prehistoria.
156 Actas SEHN, 1896, sesión del 6 de Junio de 1896.
157 Actas SEHN, ibid.
158 De las Barras , 1945: 126.
159 Pero sin forzarlos, pues, varios de ellos se decantaron muy pronto por campos científic os aje nos a la
Historia Natural, como los químicos Laza y Mota, o el médico y bacteriólogo Seras.
160 La vinculación de Sales con la Prehistoria y la Antropología, en Aguilar Criado (1990), Beltrán (2004 b) y
Beltrán y Belén (2007).
161 Cano, 1987: 65-67.
162 Cano, 1993: 76 -78.
48
parisinos. O tra prueba de ell o son los libros de inventario que se conservan , que refleja n
la intención de seguir el ejemplo del Index Museum londinense, puesto en marcha por el
gran paleontólogo y anatomis ta Owen, del que Calderón decía que: “La idea de semejante
Índice nos parece altam ente digna de imita rse, sobre tod o en los establec imientos que
poseen numerosas y r icas colecciones. ” (Calderón, op.cit.: 25 ).
El instrumental prehistóric o también estaba dispue sto de la misma forma q ue el
resto de especímenes del MGHN, tal como puede compro barse en la pieza nº 35,
procedente de San Nicolás del Puerto, que todavía conserva la etiqueta original, cuya
cabecera impresa ya identificaba a la colección como parte de un Museo de Historia
Natural. El texto de estas etiquetas se cumplime ntaba a mano, con el número correlativ o
de la pieza, su clasificación y el lugar de procedencia, información que, de forma paralela ,
debía recogerse en e l libro de registr o o index .
Podemos encontrar un paralelo de “arreglo” de una colección de materiale s
prehistóricos en el antiguo Musée préhistorique de Les Eyzies-de- Tayac, 188 fundado y
organizado por Peyr ony, 189 que, aunque databa de 1918, mantenía la museografía propia
de las últimas décadas del siglo XIX.
Parece ser que las láminas tuvieron un trata miento ligeramente diferente,
inspirado en las c olecciones e ntomológicas, que puede e xplicar el que hayan lle gado a la
actualidad sueltas y metidas en cajitas o sobres. Estos se us aron para recogerlas cuando
se desprendieron de las tablillas que las sostenían , probablemente para reu tilizarlas con
objetos de otras cole cciones. Las tablillas, del mismo modo que las usa das en las
colecciones de insectos, contenían un buen número de especímenes, en este caso,
láminas de sílex, sujetas con alambrillos. Esto se debía a que los expositores se colocaban
en vertical o inclinados, bien dentro de una vitrina, bien enmarcados y colgados de una
pared. La informaci ón sobre las pieza s iba al pie de la tablilla, o en un cartel junto a el la,
donde una serie de nú meros relacionaba a las piezas expues tas con la descripción
adjunta. Un paralelo de este sistema de exposición lo podemos ver en una fotografía de
la que fuera Colección Arqueológica Municipal de Sevilla, ejemplo de un típico “cartón ”
con piezas líticas pequeñ as, deteriorado tras haber sido desmonta do del marco de
madera q ue lo contenía. 190
188 D. Peyrony (s/f). Lo citamos da do que, como puede verse en el apartado correspon diente a los materiales
de procedencia francesa de la colección que nos ocupa, varios de los que hoy se conservan proceden del
yacimiento vecino de Laugerie Haute. Hoy en día ha sido sustituido por un muse o moderno y dotado
conforme a las más actuales tendencias museográficas.
189 Denis Peyrony (1869-1954). Comenzó sus investigaciones prehistóricas con Cartailhac y Capitan en
Eyzies-en-Tayac en 1894. Descubrió e investigó con Breuil las cuevas de Combarelles y Font-de-Gaume, en
1901. Entre 1905 y 1920 excavó en el yacimiento de La Ferrasie. Sus estudios estratigráficos en el valle del
Vézère le permitieron establecer la cronología de las industrias del Paleolítico Superior (Brézillon, 1982).
190 En Amo re s, 2015: fig. 18. Esa fotografía y otras similares se guardan en el Fondo Documental Collantes.
49
De esta época son también los tejuelos cuadrad os, muy pequeños, que muchas de
las piezas todav ía conservan adheridos, con su correspondiente núme ro impreso. Y,
finalme nte, por lo que respecta a la clasificación de las piezas, la etiqueta que
conservamos de esta época no nos aclara si ya se estaba utilizando la clasificación seriada
de Mortillet, 191 cuya primera edición se había publicado en 1881. Por las fechas es muy
posible que sí, y este extremo se ve confirmado por el texto que aún conservan algunas
de las piezas paleolíticas en sus etiquetas. Estas e tiquetas son, por supuest o, mucho más
modernas, pero quién las mecanografió copió lite ralmente el texto de las etiquetas o
tarjetas (“papeletas”) decimonónicas, en las que se había hecho una trascripción literal
(del francés al español ) de la te rminología creada por De Mortille t (tabla I.1).
Uso de la terminología de G. de Mortill et en el MGHN (Prehisto ria)
Nº de pi eza
Texto de la etiqu eta
Término francés
Nº 47, Le Roc (Be rgerac)
“Hacha de mano
Tº Cheleano”
Chelléenne
Nº 406, Laugerie Hau te
“Punta (…)/Tº Solu treano”
Solutréenne
Nº 28, Le Roc (Be rgerac)
“Punta (…)
Tº Mouster oniano”
Moustérien ne
Nº 29, Le Roc (Bergerac)
“Punta (…)
Tº Mouster oniano”
Moustérien ne
Tabla I.1 (a partir de Henares, 20 13: tabla III ).
Aparte de la clasificación crono-tipológica, el material lítico también fue objeto
de la misma clasi ficación petrológica que los materiale s geológicos. Estos datos debiero n
incluirse en algunas etiquetas, puesto que hoy en día bastantes de las pieza s
pulimentadas incluyen esa referencia, por ejemplo, la nº 83, de Alhama de Granada, en
cuya etiqueta figura: “Raspador de fibrolita ”; o la nº 9, procedente de Chipiona, en cuya
etiqueta figura: “Pico de arenisca”. Ta mbién se incorpor ó el dato sobre tejuelos adherido s
a algunas piezas, como la nº 60, de Alhama de Granada, que lleva todavía uno manuscri to
con el tex to: “Limonitª/4 ”.
4.- El MGHN en el cam bio de siglo
El cambio de siglo va a significar el inicio de un período de decadenci a, que
culminará con la desapa rición del Gabinete de Historial Natural. Ese período se
191 Louis-Laurent-Gabriel de Mortillet (1821-1898). Político y periodista francés, que tuvo que exiliarse a
Suiza. Allí entró en contacto con los estudios etnológicos y arqueológicos que los investigadores helvéticos
estaban desarr ollando a medi ados del siglo XIX. Durante su estancia en la Lombardía, participó en las
excavaciones en los lagos de la zona, y descubrió el primer yacimiento neolítico italiano en 1863. Al año
siguiente regresó por fin a Francia y se dedicó por completo a la investigación prehistórica. En 1868 fue
nombrado director del Museo de Antigüedades Nacionales de Francia (Brézillon, 1982; Daniel, 1967: 144 ;
Daniel, s/f: 142, 254-257; Trigger, 1992: 97-100). Su clasifica ción y seriación de útiles fue “la Biblia” de la
taxonomía y la nomenclatura prehistóricas para los cien tí ficos y af icionados españoles hasta bien entrado el
siglo XX. Por otra parte, su hijo Adrien de Mortillet, era el ilustrador de sus obras.
50
caracterizará por una serie de intentos por salvaguardar las colecciones, realizados por
varios científicos de la Facultad de Ciencias; 192 y, por otra parte, por una evolución del
Museo, en una especialización paulatina en la Ge ología, que dará lugar a que el resto de
colecciones, principalme nte la Prehistórica, se fosilicen. Aunque Galán 193 defiende que la
situación adversa para el Gabinete y sus colecciones se mantuvo entre la marcha de
Calderón, a principio s de 1895, y el acceso a la cátedra de Pedro de Castro Barea, en 1922,
en una línea descendente de abandono y decadencia, a la vista de la documentación de
la SEHN que refleja las actividades de los naturalistas se villanos, e s preciso reconoce r
que ese período ni fue tan lin eal, ni tan decadente (Henares, 2013 : 40-42).
La que se ha calificado como “etapa de esplen dor” del Gabinete de Historia
Natural finaliza al marcharse Calder ón de Sevilla en 1895, ya que al quedar vacante la
cátedra y, por tant o, no existir resp onsable del Gabinete, éste sufrió gran des pérdidas
mientras la plaza n o se cubrió. 194
4.1.- La etapa de Serafín Sanz
El cambio de siglo no fue bueno, ni para el Gabinet e de Historia Natural de la US,
ni para la Sección local d e la SEHN. La Facultad de Ciencias había vuelto a abrirse, per o
su situación no era m ucho mejor q ue antes de su c ierre. 195 La cátedra que dejara vacante
Calderón la cubrió Serafín Sanz y Agud, que seguiría en el cargo hasta su falle cimiento,
en 1909. Como hemos visto, según Galán, las colecciones no estuvieron lo
suficientemente bien conservadas y acusaron el descuido y las bajas. Un buen ejempl o
puede ser el interés del Museo Nacional de Ciencias Naturales 196 por hace rse con la
colección de meteoritos que con tanto trabajo había conseguido reunir Calderón en el
MGHN. 197
De las Barras, 198 refiere que lo que más interesó a Sanz, a parte de la docencia, fue
intentar poner en marcha un jardín botánico en el “Parque de María Luisa”, con cie rto
apoyo por parte del Ayuntamiento de Sevilla, pero su edad avanzada dio lugar a que
falleciera an tes de terminar la tare a.
192 La salvaguarda de las demás colecciones del MGHN, después Museo Geológico, están detalladamente
recogidas por Cano y Galán en las diversas publicaciones de referencia. No son el objeto de esta tesis, así que
remitimos a ellos para mayor información.
193 E. Galán (op.cit.), 2009 (http/ /institucional.us.es/darwin09) y 2010. Él se refiere a la colección geológica,
pero puede hacerse perfectamente extensible al resto.
194 Galán, 1993: 15-16.
195 Cano, 1987: 68-80.
196 AMNCN/ Colecciones, Ingresos y Salidas/ Centros Docentes/ Colecciones de Ciencias Natura les. Se
conserva copia y borrador de un oficio de junio de 1902, por el que el Director del Mu seo sol icitaba al
Subsecretario del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes que autorizara la cesión al MNCN de los
meteoritos de la colección de la US.
197 Puede seguirse a lo largo de casi una década en las Actas de la SEHN que tanto él co mo sus discípulos (en
especial De las Barras) recopil an información sobre la caída de meteoritos (bólidos, en el vocabulario de la
época) tanto en España como en el resto del mundo, e intentan conseguir muestras de los mismos para la
colección del Gabinete.
198 De las Barras , 1914: 27.
51
4.2.- La Sección se villana de l a SEHN en la primera década de l siglo XX
Por lo que respecta a la S ección sevillana de la SEHN, los principales compañeros
y discípulos de Calderón seguían en activo, sobre todo los polifacéticos De las Barras,
Medina y Chaves, y los botánicos Paúl y González Fragoso. Carlos Cañal, que junto a De
las Barras, era de los que mayor atención prestaba a la Prehistoria, había dado el salto
definitivo a la política, a partándose de sus aficio nes como naturalista, dándose incluso
de baja de la SEHN en 1902. Carlos del Río, aunque siguió perteneciendo a la Soc iedad
hasta su prematur o fallecimiento, en 1910, lle vaba años sin hacer aportaciones de
relevancia a la misma, ni al Gabinete, pues sus quehacere s como periodista le habían
llevado a Madrid. A otro miembro muy activo e interesado en la Prehistoria, González y
García de Meneses, la edad le acabó apartando de las exploraciones. Y por lo que respecta
a Jiménez-Place r, - muy próximo al círculo de Calderón debido a su amistad con De las
Barras y Cañal -, sus ocupacione s como director del Archivo de Indias, también acabaron
apartándole de las excurs iones y la Prehistoria. Cabrera, 199 al que, como veremos al tratar
las piezas procedentes de Carmona, Calderón había intentado dirigir hacia los estudios
Prehistóricos, se había dedicado a la Medicina, se había mudado a Canarias y el tiempo
que dedicaba a la Historia Natural estaba ocupado en la Entomología. Otros buenos
naturalistas, que, aunque no era su principal interés, dadas sus cualidades, hubieran
podido aportar algo a la Prehistoria h ispana, fallecieron jóvenes, como Miguel Cala 200 o
Julio del Mazo, 201 -que, como veremos, fue uno de los donantes de las piezas que todavía
se conservan del MGHN -.
De las Barras es práctic amente el único que no cesa y se convierte en el socio má s
activo, explorand o y volviendo a poner en marcha las excursiones naturalistas de la
Sección, que se habían interrumpido coincidiend o aproxima damente con la marcha de
Calderón a Madrid. As imismo, remitía sus comunica ciones a Calderón, que las
presentaba en las sesiones generales de la Soc iedad, en Madrid. Po r ejemplo, el art ículo
donde publi ca los resulta dos de una prospección, i ntroduciendo su tex to como sigue: 202
199 Anataël Cabrera y Díaz, socio de la SEHN desde 1891. Acabó la carrera de Medicina y finalmente se
estableció como médico cirujano en Canarias. Publicó, au spiciado por Calderón, una memoria sobre los
yacimientos de Carmona en los Anales de la Sociedad (t. XXIII, 1894). (Documentación de archivo de la
SEHN. Registro de Socios).
200 Miguel Ca la y Sánchez fue uno de los mej ores discípulos de Calderón, y se especializó en cr istalografía y
micrografía. Miembro de la SEHN desde 1891, falleció en 1896, cuando estaba a punto de leer su tesis
doctoral sobre la Geología del término de Morón y descripción de su yacimiento diatomáceo . A propuesta
de Calderón, la SEHN la publicó, en forma de memoria, en el tomo XXVI de los Anales de la Sociedad, en
1897 (De las Barras, 1945: 108-110, y documentación de archivo del Registro de Socios de la SEHN).
201 Julio del Mazo y Franza era abogado y dedicaba sus ocios al dibujo, la pintura y la Historia Natural. Se
consideraba discípulo de Calderón en este campo, y se a soció a la SEHN en 1897, siendo miembro de la
misma y activo participa nte en la Sección sevillana hasta su fallecimiento en 1915. (De las Barra s, 194 5: 125-
126, y do cumentación de archivo del Registro de Socios de la SEHN).
202 De las Barras, 1903: 82-84.
52
“Con objeto de reanudar las excursiones por la provincia que, bajo la
inolvidable dirección de D. Salvador Calderón, se hicieron en otro tiempo por la
Sección de Sevilla, (… )”.
Y presentándolas durante las sesiones en Sevilla. Es, además, el único que se
ocupa de la colección prehistórica del MGHN, que acrecienta con donaci ones de piezas
procedentes de sus excursiones, alguna s de las cuales pub licará sobre la marcha o en
años posteriores. 203
El proble ma que significaba para la SEHN el no contar con una sede propia en
Sevilla hacía que dependieran de la ca ballerosidad de los direct ores de diversas
instituciones, para que les cedieran un local o el uso temporal de instalaciones, así como
espacio para sus propias colecciones. Vemos en las actas que, en enero de 1903, los
primeros acuerdos de la Sección se villana son los siguientes:
“Se acordó dirigir un oficio al Sr. Presidente del Ateneo y Soc iedad de
Excursiones, dándole las gracias por las atencione s que debe la SOCIEDAD 204 a
dicho Centro al cederle para la celebración de sus sesiones el local de que hasta hoy
ha dispuesto. /Acordó también la Sección dar las gracias al Sr. Sera s por la
cooperación que le presta al cederle el local y Laboratorio del Instituto de Hi giene,
de su direcci ón, con el mismo objeto.”.
Un par de meses desp ués, en m arzo, se aprobaba l a siguiente propuesta :
“El Sr. Presidente [en aquel momento lo era Manue l Medina] propuso se
hiciesen gestiones acerca del Ateneo y Soc iedad de Excursiones de Sevilla, para la
traslación al nuevo local de la Soc iedad de la colección de Historia natural que la
Sección posee, la cual ha quedado interinamente en aque l Centro”. 205
Tampoco ten ían día fijo de reunión, aunq ue a fines de 1904, a instancias de Paúl,
se aprobó un acuerdo para celebrar las sesiones en un día determinado, eliminando así
el gasto de las citaciones del escaso presupuesto de la Sección. Y, a instancias de la s
Barras, el día elegido fue el primer lunes de cada mes: “pues de este modo podía recibirse
en Madrid el mié rcoles, en q ue se verifican las sesi ones, el acta de Sevill a”. 206
A partir de 1906, las actividades de la Sección sevillana van decreciendo a lo largo
de la década, hasta prác ticamente desa parecer. Probablemente, porque De las Barras
vuelve a estar lej os de Andalucía 207 y le resulta más difícil impulsar desde la distancia las
actividades naturali stas.
203 De las Barras, 1904: 374; 1906: 62-63 y 438-439; 1913: 517-518.
204 En mayúsculas en el original.
205 Actas de estas sesiones en el Boletín de la SEHN del año 1903: 87-88 y 169.
206 Acta de la sesión del 7 de Noviembre de 1904: 373-374.
207 Desde 1907 es Catedrático de Mineralogía y Botánica, en la Universidad de Oviedo (Díaz del Olmo,
2002: XXII).
53
4.3.- La eta pa de Félix Gila
En 1909, la llegada de Félix Gila y Fidalgo, un veterano miembro de la SEHN en
Zaragoza, – donde había sido uno de los fundadores de la Sección correspondiente -, para
hacerse cargo de la cátedra en la Universidad de Sevilla, dará un nuevo impulso a las dos
instituciones: el Gabinete será, durante la época de Gila como catedrático universitario,
la sede de la Sección local de la SEHN, que s e reactiva a su al rededor durante un par de
años. Así, conforme a sus actas, vemos que la Sección sevillana vuelve a reunirse en
sesión el 4 de abril de 1910:
“La de SEVILLA 208 celebró sesión el día 4 de Abril, bajo la presidencia de D.
Manuel Medina y Ramos, el cual usó de la palabra para manife star las diferentes
causas que motivaban la reunión de la SECCI ÓN, 209 felicitándose de que ésta
comience una nueva fase de vitalidad; (…) y abre discusión acerca de la
reorganización y funcio namiento de la SECCIÓN en lo sucesivo. / La Secció n
acordó: que las sesiones se celebren el primer lun es de cada mes, en los salones de l
Gabinete de Historia Natural de la Universidad, cedidos galantemen te por el
Decano de la Facultad de Ciencias; verificar excursiones periódicas a distinta s
localidades de la provinc ia, señalándose la primera a Cantillana, con el objeto de
estudiar el terreno carbonífero que se ha descubierto recientemente en la cuenca
del río Biar, en las inmediaciones de dicho pueblo, y dar preferencia a los asuntos
histórico-naturale s que afecten a la región, continua ndo con la formación de
colecciones y aumen tando las que hoy existen en el Museo de la Univers idad”. 210
Su ines perado falle cimiento en 1912 pond rá fin a esta breve etapa, que,
prácticamente, enlaza con la vuelta de Francisco de las Barras a Andalucía, después de
haber ejer cido como catedrático de Mine ralogía y Botánica en la Universidad de Oviedo,
haber estado pensionado e n Gran Bretaña por la J AE y de haber v iajado a Colombia con
motivo del cen tenario de Mutis. 211
4.4.- La etapa de F rancisco de las Barra s
En esta etapa tuvo lugar el intento más serio de recuperación del MGHN, llevado
a cabo por Francisco de las Barras de Aragón. Él será, siguiendo el ejemplo del ya
fallecido Calderón, el nuevo cohesionante de los naturalistas del Distrito Universitar io
de Sevilla, pues, desde que se hace cargo de la cátedra en Cádiz (dep endiente de la
Universidad de Sevilla), la Sección sevillana vuelve a mostrar mayor actividad y los
naturalistas de la époc a de Calderón vuelven a remitir comuni caciones sobre sus
208 En mayúsculas en el original.
209 En mayúsculas en el original.
210 Acta en el Boletín de la SEHN correspondiente a 1910: 175-176.
211 Díaz del Olm o, ibid.
54
actividades con regularida d; y, lo que no es menos importante, los fondos del Gabinete
vuelven poco a poc o a ser objeto de estu dio.
4.4.1.- La reac tivación de la Sección sevillana de la SEHN
Los miemb ros de la Sección local de la SEHN continúan reunién dose en el
Gabinete, conforme a l acta de la sesión del 16 de o ctubre de 1913:
“Hizo uso de la palabra el Sr. Barras, dedicando sentidas frases al recuerd o
de su maestro D. Sal vador Calderón, f undador de l a Sección de Sevilla y autor de
importantísima s reformas y aumen to extraordina rio de las cole cciones en el
gabinete en que se celebraba el acto, y que en su origen había sido instalado por
don Antonio Ma chado y Núñez”. 212
El propio De las Barras propone ese mismo año: “ para figurar desde 1º de Enero
entre los socios al Gabinete de Historia Natural de la Universidad de Sevilla, cosa que fue
aceptada por unanimida d”. Y consigue contagiar su entusiasm o incluso a algunos de los
naturalistas que se habían dado de baja en la Soc iedad, que solicitan el reingreso y son
readmitidos, como Julio del Mazo, que vuelve a acudir a las últimas sesiones de 1913,
para darse de alta de nuevo en enero de 1914, 213 seguramente convencido por De las
Barras. También Feliciano Candau, discípulo de Sales y Ferré, se deja con vencer por él
y se da de al ta en la SEHN en 1914, y “diserta a mpliamente” en varias sesiones. 214
4.4.2.- La C olección de Prehisto ria
Por lo que respecta a es ta colección, De las Barra s era el único que, de alguna
forma, se ocupaba de ella en la primera década del siglo XX. En esta segunda década,
publica unas breves nota s descri ptivas de piezas q ue él mismo 215 o el difunto Gila habían
donado al Gabinete, aunq ue, a veces, insertas en un tipo de trabajo en el que va centrand o
su atención ca da vez con mayor interés , la Antr opología Física. 216
En el cuatrienio de 1915 a 1919 se realizó un importante intento de reflotar el
Gabinete de Historia Natural, a pesar de tener q ue afronta r las dificultades impuestas
por una recurrente falta de fondos y de regularida d de su recepción. 217 Una ve z titular de
la cátedra, Barras emprende una labor de reorganización del Gabinete, para volver a
adaptarlo a las direct rices de Calde rón:
“(…) dio cuenta el Sr. Barras del recién terminado arreglo de la colección
general de mineral es del Gabinete de la Universidad, compuesta de unos mil
ejemplares, que en colaboración con el S r. Simó, auxiliar interino de la Cá tedra,
ha catalogado por papel etas y ordenado según la clasificación de Groth, la misma
212 Acta en el Boletín de la SEHN correspondiente a 1913: 422.
213 Hasta su repentino fallecimiento en 1915.
214 Actas en el B oletín de la SEHN correspondiente a 1915:74 y 334.
215 De las Barras, 1915: 74.
216 De las Barras, 1913: 517-518.
217 Díaz del Olmo, op.cit: XXIII y XXV.
55
seguida por su maestro el inolvidable D. Salvador Calderón, organizado r de la
colección de referencia, y que con poste rioridad a su mar cha de Sevilla había sido
desechada sin razón c ientífica que lo ju stificase”. 218
El Gabinete siguió sien do la sede de reunión de la Sección sevillan a de la SEHN y
desde ella se promovían nuevas a ctividades de excursión y prospección. 219
En 1917 continuaron teniendo sede en el Gabinete, donde también celebró su s
sesiones la Sección de Ciencias Naturale s del Con greso de la AEPC que tuvo luga r ese
año en Sevilla, y del que se tratará con algo más de detalle en otra par te de esta tesis, por
su influencia, no sólo en el MGHN, sino también en e l Museo de la Fa cultad de Filosofía
y Letras.
En 1918, Pedro de Castro Barea 220 termina la reclasificación de colección regional
de mineral es comenzada por De las Barras, a quién la política local apartó
temporalmente de la docencia y terminó por hacerle perder la cátedra. 221 Así, vemos que,
a finales de 1919, Francisco de las Barras abandona Sevilla y en vía una carta a la Sección
local de la SEHN ofreciéndose “en su nuevo cargo de Profesor de la Escuela Superior de
Magisterio de Madrid” . 222 No obstante, pretendía mantener el ritmo habitual,
enviándoles periódicamente notas y comunicaciones para que fueran leídas por los
socios en sus sesiones. En esta época, como se puede ver claramente po r cuanto publica
en el Boletín y los Anales de la SEHN, se ha decantado por la Historiografía de la Ciencia
española en el siglo XVI II, trabajando sobre todo con doc umentos del Archivo General
de Indias, que dirigía su buen amigo y veterano atene ísta, Jiménez- Place r.
Como balance de ese cuatrienio, se puede decir que se ocupó de la conservación
y organiza ción de las colecciones y acrecentó cuanto pudo su número de objetos y
especímenes. La colecció n de Prehistoria volvió a registrar ingresos y recibió una cierta
atención. No obstante, las publicaciones no pasaron de notas escuetas dando cuenta de
esos ingresos en las actas de las sesiones, y alguna que otra noticia no más extensa que
una cuartilla, como veremos más a delante.
Después de su marcha a Madrid, la cole cción de Prehistoria se conv ertirá
definitivamente en un fósil muse ográfico, que no sufrirá sino pérdida s mientras la
cátedra queda vacante hasta 1922.
218 Acta en el Boletín de la SEHN correspondiente a 1915: 334-336.
219 Ibid.
220 De Castro, 1918: 314-319.
221 Para el trasfondo político de los dos últimos años de F. de las Barras en la cátedra de Historia Natural y
en el Ayuntamiento de Sevilla, Valiente, op.cit.: 91-103.
222 Incluida en acta en el Boletín de la SEHN correspondiente a 1919: 463.
56
4.5.- Fosilización y decadencia de la Colección de Prehistoria
A partir de la marcha de Francisco de las Barras puede considerarse que comienza
la auténtica fosiliza ción y decaden cia de la Colecci ón de Prehistoria del MGHN.
4.5.1.- La etapa de Pedro de Castro
La plaza de catedrático de Historia Natural se cubre por fin en 1922, con el
ascenso de Pedro de Ca stro Barea. 223
En la época de Castr o, la situación de la Facultad de Ciencias mejoró
paulatiname nte, pero el interés fundamental de la cátedra serán los estudios
mineralógicos, iniciándose el estudio de secciones pulidas de mineralizacione s de Rí o
Tinto. 224 Así que, desde De las Barras, marchara a Madrid en 1919, de l a colección
prehistórica no se ocupaba nadie y simplemente se conservaba como parte del MGHN,
pero sin función determinada. Compartirá, no obstante, el destino y los avatares del resto
de las colecciones.
4.5.2.- El Ins tit uto Escuel a
Durante el breve lapso entre 1932 y 1936, mientras fue director del Instituto
Escuela, 225 Juan de Mata Carr iazo, catedrático de Historia de España, edades Antigua y
Media (Beltrán, 2012: 52-54), in tentó recuperar para la Colección de Pre historia del
MGHN su inicial funció n docente; e incluso, promovió entre los alumnos el interés por
las excursiones y, a partir de éstas, el ingres o de las últimas piezas regist radas, en 1934.
4.5.3.- La eta pa de la post-guerra: l os años 40 del siglo XX
Tras el fracaso de la iniciativa del Institut o Escuel a y el paréntesis de la guerra de
1936 a 1939, la situación se mantuv o relativament e estable para las colecciones, inclui da
la de Prehistoria, hasta el traslad o de la Facultad de Ciencias a su nueva ubicación en el
edificio de la Real Fábrica de Tabacos; probablemente porque, de un modo u otro, De las
Barras seguía velan do por ellas. Entre 1939, 226 cuando se jubila, y su falle cimiento en
1954, 227 De las Barras dirige la Sección sevillan a de la SEHN, que solía seguir reunién dose
en el MGHN. No obstante, en esas sesiones sólo se tratará ya de Geología, Botánica o
Zoología, pues el interé s por la Prehistoria se fue perdien do entre l os naturalistas ,
incluido el propio De las Barras, que salvo por revisiones o reediciones de sus estudios
antropomé tricos de restos humanos prehistóricos, - que había realizado a principios de
siglo -, no h abía vuelto a publicar nada relacionado con ello desde antes de dejar Sevilla
en 1919.
223 Cano, 1987: 69-80; Galán, 1993:15-16.
224 Cano, ibid.; Galán; ibid.
225 Dado que C arriazo formaba parte del claustro de la Facultad de Filosofía y Letras, se trata rá el caso con
más detalle en la parte de esta tesis dedicada al MFFL.
226 Valiente, op.cit.: 118.
227 Cano, op.cit.: 99.
57
4.5.4.- El traslad o de la Facultad de Ciencias y el fin del Gabinete
El año 1957, con el traslado de la Facultad de Ciencias a la nueva sede de la Real
Fábrica de Tabacos, supuso la mayor crisis y un serio pelig ro para la continuidad y
conservaci ón del Gabinete y su Museo, salvado, faltando ya De las Bar ras, por el ent onces
catedrático de Geología Eduard o Alastrúe del Ca stillo. 228
El Museo pasó a ser definitivamente una entidad independiente del resto de las
dependencias del Gabinete de Historia Natural, que, fósil de la ciencia d ecimonónica ,
desapareció como tal. Los laboratorio s, más numerosos y moderno s, se repartieron entre
las plantas alta y baja del cuerpo del edificio de la Real Fábrica de Tabacos con fachada
la calle Palos de la Frontera, la nueva sede de la Facultad de Ciencias. El Museo se instaló
en la planta alta 229 y pervivió como tal hasta que la necesidad de espacio para la posterior
Facultad de Biología determinó el almacenamie nto de las piezas. Según Galán : 230 “La
cantidad y el valor de l as pérdidas es difí cil de calcular”.
Este almacenamie nto era el principio del final de la decadencia defi nitiva,
precipitada por la segregación de la Facultad de C iencias en varias facultades nuevas, lo
que implicó la paralela disgregación de los fond os y su reparto entre ellas, en el nuevo
campus de la Avenida de la Reina Mercedes, y las z onas de almacén del edific io de la Real
Fábrica de Tabac os.
La colección de Prehistoria permaneció en lo que ya sería sólo Museo de Geología,
ocupando un espacio cada vez más exiguo y sin sentido entre el resto de los fósiles, ya
que desde 1928, 231 la Prehisto ria era oficialmente responsabilidad docente de la Facultad
de Filosofía y Letras.
4.5.5.- La Colección de Prehistoria del MGHN y el Departamento de Prehi storia
y Arqueología
La docencia de Prehist oria en la Facultad de Filosofía y Letras formó parte, desde
1928, del plan de estudios de la licenciatu ra en Ciencias Históricas, en la forma de la
asignatura de Arqueologí a Prehistórica, cuya docencia se acumuló a la que ya impartía el
catedrático Juan de Mata Carriazo (Beltrán, 2012 : 53). Pero, como veremos al tratar del
MFFL, será la colección de Prehistoria d e éste (en parte formada con piezas que h abían
sido de la del M GHN), la que utilice para l as prácticas de sus alumn os.
228 Galán, ibid.
229 Cano, op.cit.: 100.
230 Galán, op.cit.
231 Se estableció, mediante Decreto Ley del 19 de Mayo de 1928, que las Facultades de Filosofía y Letras del
resto de las universidades españolas establecieran la docencia de la Prehistoria; ya que en la UC existía una
cátedra de Historia Primitiva del Hombre desde 1922 (Beltrán, 2012: 32-33).
64
abordara su estudio. Calderón nos lo trasmite con claridad, al tratar del asunto en su obra
sobre muse os de Historia Natural de 1884. En el ca pítulo VII (Calderón, ibid.: 224 -237),
dedicado a la Antropología y la Prehistoria, c omenta:
“En efecto, las afinidades de la ciencia antropológica son tan varias y
estrechas, que es incierto el límite que la separan, ya de la Anatomía, ya de la
Prehistoria y de la Paleontología, ya de la Arqueología y de la Etnografía. De estas
conexiones íntimas resulta una confusió n extremada al tratar de organizar las
colecciones que nos ocupan, y por eso mismo las series sistemáticas de objetos
prehistóricos se encuen tran algunas veces formando parte de las galerías
etnográficas y de arte, pero gene ralmente, unidas a la Paleontología, pues, a decir
verdad, lo miso pueden asociarse a unas que a otras, según el aspecto de la ciencia
a que se de preferencia en cada caso. En esta indecisión, noso tros hemos
adoptado el plan seguido / en la sección de Antropología del Museo de Historia
Natural de París, y como un capítulo de la ciencia del hombre la consideramo s
aquí, remitiend o al lector a la sección de Paleontología de este trabajo, para lo que
con ella se rela ciona.” (Calderón, ibid. : 224-225).
Después de re visar las in stalaciones de los diferen tes museos europeos, llega a la
conclusión de que la organiza ción de las “galerías prehistóricas” debe ser diferente ,
atendiendo a distin tos puntos de vista (Cal derón, ibid.: 236-237 ):
- Etnográfic o o “Sistema Hamy”, que era el que había aplicado éste en el museo
del Trocader o, en París, ordenad o conforme a las distintas razas humanas ,
desde las prehistóricas a las actuales, agrupando los objetos por secciones
“bajo un plan soci ológico”.
- Histórico-ge ológico, que era el sistema seguido por el Museo de Historia
Natural de Londres, el de Bruselas y los museos alemane s y los del imperio
austro-húnga ro. En este caso, las piezas prehistóricas se exp onían
acompañadas de materiales geológicos y paleontológic os de dieran una idea
de los yacimient os de los que procedían y de la fauna y flora de los mismos.
- Combinado o “Sistema De Mortillet”, que ést e esta ba aplicando en el museo,
entonces todavía en formación, de Saint Germain, en París. Se organizaba
conforme a una divisió n tripar tita, dedi cada cada parte al “ho mbre terciario”,
al “ho mbre cuaternario” y al “ho mbre actual”, respectivamente . Cada una de
esas secciones contaba con sus correspondient es divisiones cronológic as,
conforme a la cronología desarrollada por el propio De Mortille t; y en cada
sección se exponía la “industria” característica, la distribución geográfica de
los hallazg os, la Geología de la época, así como restos humano s, fauna y flora
de la misma.
65
Calderón abogaba (ibid.: 237) por el sistema del Museo de Saint Germain , pero
“prescindiend o de sus divisiones en períodos que sólo tienen una importan cia local”. O
sea, que consideraba que la cronología y paralela clasificación periódica de la Prehistoria
de Gabriel de Mortillet sólo era útil, más allá de Francia, para aquellos casos y
yacimientos en los que, en con las mismas condiciones geológico-paleon tológicas, se
encontraran “industrias” similares. Si se hubiera dedicado más a la Prehistoria,
probablemen te se habría adelantado en varias décadas a Breuil. 255
Las diferentes series numéricas de las que nos encontramos pruebas so bre la s
piezas, son el resultad o de tratar de c onjugar a la par varias tenden cias museográficas:
- Tratar de adaptar las piezas a un “arreglo a la Mortillet”, favoreci do por la
existencia de ma teriales paleolíticos de procedencia francesa.
- Compagina rlo con una clasificación mineralógica del material lítico (la Groth,
como ya se comentado) , que haría que determinadas piezas fueran ubicada s
entre las muestras de mineral es de la Sección de Geología.
- Dividirlo en dos tipos de colecciones, una de estudio, para las clases prácticas
y la investigación; y otra “general y del país”, para la parte expositiva en las
galerías de MGH N.
- Man tener co njuntos o sub- colecciones, organiza das conforme al lugar de
procedencia, sobre todo las españolas, y, más concretamente, las de
Andalucía, con el objetivo de que formaran parte de una visión global de la
Historia Natural de la región, resultado del interé s científico de C alderón por
desarrollar los estudi os regionales.
- Man tener otros conjuntos, o sub-cole cciones, conforme a los donativos
recibidos.
Y a todo ello debemos sumarle los cam bios de criterios organizativos que se
sucedieron tras la marcha de Calderón a Madrid, pues, muy probablement e, ni Sanz, ni
Gila compartieran algunos de los suyos. Ya se ha referido que, en lo tocante a Geología,
desestimaron la cl asificación de Groth, así que ta mbién pudieron deses timar algunos de
los criterios ante riores y reubicar los materiales prehistóricos y los restos humanos. En
época de Gila, además, se incorporan al MGHN l as colecciones de la SEHN, de las que
no sabemos si se mantuvieron como conjun tos aparte dentro de las secciones
correspondientes, si tuvi eron una “sección” propia en alguna de las galerías del museo, o
si las piezas se redistribuyeron entre los conjuntos y colecciones ya existentes, y si lo
hicieron, en qué grado. Si a ello, finalmente, le añadimos el trabajo de Francisco de las
Barras para volver a o rganizar el MGHN tal como en la época de Calderón, las piezas que
255 Para la aportación de Breuil a la cronología y periodización de la Prehistoria, basándose en argumentos
estratigráficos, Brézillon, 1982: 200-204.
66
se fueron perdiendo en las temporadas de descuido, y las que se segregaron para
añadirlas a la colección del MFFL, tenemos co mo resultado que podríamos haber
encontrado materiale s prehistóricos en las secciones de Geología (Mineralogía,
Paleontología) y en la de Zoología (dent ro de una sub-secci ón de Antropol ogía).
Los libros de inventar io que se conservan 256 sólo nos informan de que,
efectivamente, al menos existió una Colección de Prehistoria General y del País. El único
realmente útil es el que he denominad o “Inventario A” (doc. MGHN. I.1), 257 que debió
comenzar a llevarse a cabo hacia 1884, coincidiendo con el principio de los trabajos de
“arreglo” de Calderón. No obstante, la “sección” de Prehistoria no debió comenzar a
copiarse en el libro de registro hasta después de 1887, ya que esa es la fecha de ingreso
de la Colección Coincy, con la relación de cuyas piezas comienza. Cuenta en total con 210
registros, recog iéndose las últimas entra das en 1892. El cambio de letra, que desde el
principio es de la misma mano, co n una cuidada caligrafía de pendolista profesional, en
1890/91, me hace inclinarme por pensar que ésa es la fecha en la que s e cop ió en el
“Inventario A” la información que se tenía s obre las piezas (de todas las colecciones del
MGHN, puesto que todo lo escrito en el libro hasta esas fechas es de la misma mano).
Las siguientes entradas son de otras man os, una de 1892 y, tras una interrupción de
décadas, que deja fuera de registro todas las adq uisiciones realizadas entre 1895 y 1 919,
las dos últimas, de 1934. Esas fechas apun tan a que el registro, que Calderón decidiría
poner en marcha a imagen del Index de Owen pa ra el Museo Británico, se interrumpió
cuando la Facul tad de Ci encias de la US fue suprimida . Cuand o volvió a existir, Calderón
ya no estaba allí para hacer que se siguiera con el trabajo, y la Prehistoria dejó de
registrarse en el índice, hasta que muchos años después, Carriazo, desde el Instituto
Escuela, intentara recu perar esa iniciativa .
Una evidencia de la interrupción del trabajo de registro en el libro de inventario,
se encuentra sobre algun as de las propias piezas, cuya numeración es muy superior al nº
212, el corr e spondiente a la última entrada registrada (y ya en 1934) , ya que, como puede
verse en la tabla correspondien te, hay piezas con números tan elevados como el 410, que
estaban en el MGHN desde, al me nos, 1887.
Por otra parte, en este inventario tampoco se in cluyeron otras piezas que sí
estaban en el Gabinete en tiempos de Machado, algunas de las que todavía se conservan,
por lo que, seguramente, el libro de Calderón no sustituyó al previo, 258 sino que siguieron
en uso de forma paral ela.
256 Doc. MGHN.I . 1 y 2. Henares, 2 012: 78-79).
257 Ya que el segundo, o “Inventa rio B”, datado en 1885, sólo contiene, en relación con la Pr ehistoria, una
copia literal incompleta del contenido de esa parte del “Inventario A”, ya que sól o recoge los registros del 123
al 205, y se interrumpe en 1888 (Henares, ibid.: 79).
258 Que no se ha conservado.
67
En su moment o (Hen ares, op.cit. ) se optó, con el obj etivo de asegurar la
identificación precisa de cada pieza, por preceder cada numeral por el topónim o del
término municipal, localidad o yacimiento de procedencia. Por ejemplo: “Alhama 18”
identifica a la pieza nº 18, procedente del yacimien to de la Cueva de la Mujer, en Alhama
de Granada. En los casos en que los numerales se encontraran también re petidos dentro
de un conjunto de la misma procedencia, se añadió un número romano a la
denominaci ón, precedido de un guión. 259 Como tam bién se da el caso de la e xist encia de
números colectiv os, se re solvió la situación de manera similar, agregan do un número
arábigo más, correlativ o, precedido de guión , para cada una de las piezas. 260
Dada la práctica im posibilidad de discernir conjuntos o colecciones atribuible s
con seguridad a unos u otros de los actores que intervinieron a lo largo de los años en la
formación de lo que hoy consideramos com o Colección de Prehisto ria, opté por ordenar
las piezas conforme a un cr iterio geográfico (Henares, o p.cit.), que sigo man teniendo en
esta tesis, con las lógicas salvedades que, conforme corresponda, se irá n reseña ndo en
los capítul os siguientes.
Por otra parte, dada la va riedad de las procedenc ias y el número relativa mente
escaso de piezas de cada una, se han formado conjunt os conforme a la división
geográfico-ad ministrati va, más detallada conforme mayor sea la cantida d de piezas de
cada una. No obstante, en el caso de Sierra Morena Occidental, por las razones que se
exponen en e l apartado corre spondiente, se ha ma ntenido la organ ización confo rme a la
unidad geomorfológ ica, la única, por otra parte, de la que contamos con pieza s
suficientes como para poder reconstruir, aunque sea sólo mediante una muestra, su parte
de la sección original del antiguo MGH N, en lo tocante a “Prehistoria del país”.
5.1.- Las piezas de la Cole cción de Prehistoria en la actualida d
En la tabla siguiente se relacionan todas las piezas que se conservan en la
actualidad en el Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Facultad de Geografía
e Historia de la US (tabla.I.2).
Se les ha asignad o un número correlativo para facilitar su consulta, y la
catalogación refleja el conten ido de la etiqueta que acompaña a cada pieza o grupo de
piezas y/o ecofactos, bien en el expositor, bien en la cajita que los contiene; con las
excepciones de aquéllos que no las tienen, y del conjunto procedente de Encinasola, para
el que se ha seguido la catalogación de Rodríguez Te miño y Pérez Macías (1989). La tabla
se ha confeccionad o a partir de Henares (20 13).
259 Por ejemplo: “Alhama 68 -I” y “Alhama 68-II”.
260 Por ejemplo: “Alhama 177-1” y “Alhama 177-2”.
68
Piezas de la colec ción de Pre historia del M GHN (Dpto. de Prehistoria y
Arqueolog ía)
Pieza
Descripción ( en la etique ta)
1 – “Alanís - 32”
“Percutor”
2 – “Cazalla – 22”
“Hacha de corte o blicuo”
3 – “Cazalla – 23”
“Hacha”
4 – “Cazalla – 27”.
“Hacha”
5 – “Cazalla – 30”.
“Hacha”
6 – “Cazalla – 31”
“Hacha”
7 – “Constantina - 58”.
“Triturador”
8 – “Constantin a - 66”.
“Triturador”
9 – “Constantin a - 67”.
“Percutor – Moleta”
10 – “Constantin a - 71”.
“Hacha de diorita”
11– “Guadal canal - 25”.
“Sílex”
12– “Guadal canal - 58”.
“Instrument o de sílex”
13 – “Lora 17”.
“Punta de flecha de c obre”
14 – “Lora - 203”.
“Punta de flecha de c obre”
15 – “Pedroso - 69”.
“Mazo de mina”
16 – “Peñaflor - 68”.
“Púa de mina”
17 – “San Nicolás - 28”.
“Hacha”
18 – “San Nicolás - 33”.
“Raspador de fibrolita”
19 – “San Nicolás - 34”.
“Hacha”
20 – “San Nicolás - 35”.
“Hacha semejan te a un pico”
21 – “San Nicolás - 70”.
“Hacha de fibrolita ”
22 – “San Nicolás - 114”.
“Punta de flecha de c obre”
23 – “Almona ster - 42”.
“Martillo de diorita”
24 – “Almonaste r - 43”.
“Martillo minero de dia basa”
25 – “Cerro Andé valo - 44”.
“Fragmento de mart illo de diabasa”
26 – “Trigueros - 57”.
“Hacha de fibrolita ”
27 – “Valde lamusa - 46”.
“Martillo”
28 – “Encinasola - 1”.
Azuela
29 – “Encinasola - 2”.
Hacha
30 – “Encinasola - 3”.
Azuela
31 – “Encinasola - 4”.
Hacha
32 – “Encinasola - 5”.
Azuela
33 – “Encinas ola - 6”.
Azuela
34 – “Encinas ola - 7”.
Hacha
35 – “Encinasola - 8”.
Azuela
36 – “Encinas ola - 9”.
Hacha
37 – “Encinas ola - 10”.
Hacha
38 – “Encinas ola – 11”
Hacha
39 – “Encinas ola - 12”.
Hacha
40 – “Encinasola - 13”.
“Fragmentos de sílex”
41 – “Encinas ola - 14”.
“Fragmentos de sílex”
42 – “Encinasola - 15”.
“Fragmentos de sílex”
43 – “Encinas ola - 16”.
“Fragmentos de sílex”
44 – “Encinas ola - 17”.
“Fragmentos de sílex”
45 – “Encinas ola - 18”.
Pequeño vaso gl obular
46 - “Encinasola - 19”.
Pequeño vaso cilínd rico
47 – “Encinasola - 20”.
Pequeño cuenco
48 – “Encinas ola - 21”.
Pequeño cuenco
49 – “Encinas ola - 22”.
Pequeño cuenco
50 – “Encinasola - 23”.
Cuenco
69
51 – “Córdoba” .
“Hacha de cuarcita”
52 – “Los San tos - 50”.
“Hacha de corte al go oblicuo”
53 – “Rive ra - 52”.
“Hacha”
54 – “Rivera - 53”.
“Hacha de corte o blicuo”
55 – “Usagre - 54”.
“Hacha”
56 – “Usagre - 55”.
“Hacha de corte o blicuo”
57 – “Los Jaral es - 54”.
“Mazo de mina de granito”
58 – “Sevilla - 8”.
“Trozo de cuc hillo de pede rna(l)”
59 – “Sevilla - 39”.
“Moleta”
60 – “Sevilla - 40”.
“Hacha (fra gmento)”
61 – “Sevilla - 70”.
“Moleta de gran tamañ o”
62 – “Sevilla - 42”.
“Hacha”
63 – “Sevill a - 65”.
“Hacha”
64 – “Pañoleta - 212”.
“Hacha neolítica”
65 – “Coria - 1”.
Fragmento de lá mina de sílex
66 – “Coria - 2”.
Fragmento de lá mina de sílex
67 – “Carmona – 47”.
“Minerales tintóreos ”
68 – “Coronil – 13 -1 -1”, “Coronil – 13-1-2”,
“Coronil – 13- 1-3”.
“Cuchillos de sílex ”
69 – “Coronil – 13-2”.
“Astillas y otros rest os de
instrumentos de síle x”
70 – “Coronil - 13-2-a” a “Coronil - 13-2-n”
71 – “Coronil – 13 -2-2”
72 – “Coronil – 13 -2-3”
73 – “Coronil – 15 -1”
“Huesos de animal es partidos (…)”
74 – “Coronil – 15-2”
“Huesos de animal es (…)”
75 – “Coronil – 18”
“Colmillos de jabalí”
76 – “Coronil – 19-139”
“Carbón y otros res tos prehistórico s”
77 – “Coronil – 20- 97”
“Lanzas de cobre”
78 – “Coronil – 21”
“Hacha”
79 – “Coronil – 31”
“Colmillo de jabalí”
80 – “Coronil – 44”
Huesos
81 – “Coronil – 126”
“Huevos (sic) de anima les (…)”
82 – “Cádiz – 43- 1”
“Fragmento de vajilla ”
83 – “Cádiz – 43-2”
84 – “Cádiz - 600 ”
“Occipital de bos primigenius”
85 – “Chiclana – 5”
“Hacha de doble bisel”
86 – “Chipiona - 7”
“Hacha”
87 – “Chipiona - 9”
“Pico de arenisca”
88 – “Sierra Ald ite - 6”
“Hacha”
89 – “Villa martín - 11”
“Hacha de diorita”
90 – “Gibraltar - 122”
“Brecha hues osa con car bón”
91 – “Ronda – 59”
Útil lítico
92 – “Ronda – 60”
Útil lítico
93 – “Ronda – 61”
Útil lítico
94 – “Ronda – 62”
Útil lítico
95 – “Tolox - 63”
“Hacha de di(o)rita ”
96 – “Alhama - 18”
“Hacha (fra gmento)”
97 – “Alhama - 19”
“Hacha”
98 – “Alhama - 20”
“Hacha”
99 – “Alhama - 21”
“Hacha”
100 – “Alhama - 22”
“Hacha”
101 – “Alhama - 23”
“Hacha (fra gmentos)”
102 – “Alhama - 24”
“Hacha (fra gmento)”
70
103 – “Alhama - 35”
“Buril”
104 – “Alhama – 38-94 ”
“Fragmento de sier ra de sílex”
105 – “Alhama - 58”
“Hacha”
106 – “Alhama - 59”
“Hacha”
107 – “Alhama - 60”
“Hacha”
108 – “Alhama - 61”
“Hacha”
109 – “Alhama - 62”
“Hacha”
110 – “Alhama - 63”
“Hacha”
111 – “Alhama - 64”
“Hacha de diorita”
112 – “Alhama - 65”
“Hacha”
113 – “Alhama - 66”
“Hacha de corte o blicuo”
114 – “Alhama - 67”
“Hacha”
115 – “Alhama – 68-I”
“Hacha”
116 – “Alhama – 68-II”
“Hacha (fra gmentos)”
117 – “Alhama - 70”
“Hacha de doble bisel”
118 – “Alhama - 71”
“Hacha”
119 – “Alhama - 72-I-1” a “Alhama - 72-I-11”
“Fragmentos de sílex ”
120 – “Alhama – 72-II”
“Hacha”
121 – “Alhama - 73”
“Hacha de doble bisel (…)”
122 – “Alhama - 74”
“Percutor”
123 – “Alhama - 75”
“Hacha pico”
124 – “Alhama - 77”
“Hacha”
125 – “Alhama - 78”
“Hacha”
126 – “Alhama - 80”
“Hachuela de co(r) te en bisel”
127 – “Alhama - 83”
“Raspador de fibrolita”
128 – “Alhama - 85”
“Pulimentad or”
129 – “Alhama - 86”
“Bincel” (sic)
130 – “Alhama - 89-1”, “ Alhama - 89-2”,
“Alhama - 89-3”
“Cuchillitos de sílex ”
131 – “Alhama - 92- 1”, “Alhama - 92-2”
“Cuchillo y ras pador de sílex ”
132 – “Alhama – 95-1” a “Alhama – 95-5”
“Fragmentos de vajil las con adornos ”
133 – “Alhama - 96”
“Fragmentos de vajil la ? (…)”
134 – “Alhama - 97”
“Fragmento de vajilla con asa (…)”
135 – “Alhama – 98-1”, “ Alhama – 98-2”
“Fragmentos de va sos con asas (…)”
136 – “Alhama - 99”
“Fragmento de vajilla neolítica (…)”
137 – “Alhama - 100”
“Fragmentos de vajil la con adornos”
138 – “Alhama - 101”
“Fragmento de vasilla (sic) (…)”
139 – “Alhama - 102”
“Fragmento de vajilla (…)”
140 – “Alhama - 104”
“Hueso de ciervo cor tado (…)”
141 – “Alhama - 105”
“Carbón vegetal”
142 – “Alhama - 106”
“Fragmentos de ad ornos (…)”
143 – “Alhama - 108”
“Fusaiol (pero de hus o)”
144 – “Alhama - 110”
“Nassa/Littorina”
145 – “Alhama – 111-112”
“Huesos de cier vos”
146 – “Alhama – 177- 1”, “Alhama – 177-2”
“Vaso neolítico”
147 – “Alhama – 185”
“Huesos de cier vo”
148 – “Alhama – 191”
“Tritón”
149 – “Alhama – 194”
“Semilla”
150 – “Alhama – 468”
“Sus (fósil)”
151 – “Alhama – 489”
“Fragmento de defen sa de an tílope”
152 – “Alhama – 495”
“Brecha de hélix”
153 – “Alhama – 537”
“Apófisis ósea de defe nsa de cabra”
154 – “Santander - 259”
“Hueso de grata de jar rete (…)”
71
155 – “Vailly - 108”
“Punta lanceolada ”
156 – “Pressigny - 306”
“Fragmento de sílex cuaternario”
157 – “Godervill e - 30”
“Raspador munstevien se” (sic)
158 – “Laugerie - 11”
“Astillas de pedernal ”
159 – “Laugerie - 12”
“Raspador”
160 – “Laugerie - 14”
“Raspador”
161 – “Laugerie - 406”
“Punta en hoja de laurel”
162 – “Bergera c - 401”
“Astillas de pedernal (…)”
163 – “Le Roc - 28”
“Punta de lanza” (re producción)
164 – “Le R oc - 29”
“Punta de lanza” (re producción)
165 – “Le Roc - 47”
“Hacha de man o”
166 – “Souci - 22”
“Raspador”
167 – “Souci - 29”
“Fragmento de un cu chillo de sílex”
168 – “Souci - 44”
“Raspador”
169 – “Souci - 409”
Pieza sobre lámina de sílex.
170 – “Souci - 410 ”
“Buril”
171 – “Souci - Val ca”
“Fragmentos de sílex”
172 – “Francia – 6-79”
“Hacha de mano”
173 – “Améri ca - 137”
“Amuleto de serpen tina”
174 – “Alhama – 36”
Restos óseos huma nos
175 – “Alhama – 197-I”
Restos óseos huma nos
176 – “Alhama – 197-II”
Restos óseos huma nos
Tabla I.2.- Relación de piezas que forman actualmente la Colección de Prehistoria, conservada en el
Departamento de Prehistoria y Arqueología.
5.2.- Las colecc iones, según su pro cedencia geográfica
Europa
5.2.1.- Españ a:
5.2.1.1.- Andalucía O ccidental (y sur de Extremadura):
5.2.1.1.1.- Sierra Morena O ccidental:
Provincia de Sevil la
Provincia de Huelva
Provincia de Badaj oz
Provincia de Córd oba
5.2.1.1.2.- Provinc ia de Sevilla (excepto Sierra Moren a)
5.2.1.1.3.- P rovincia de Cádiz (incl uida Gibraltar)
5.2.1.2.- Andaluc ía Oriental:
Provincia de Mála ga
Provincia de Gran ada
5.2.1.3.- Otras comuni dades autónomas:
5.2.1.3.1.- Canta bria
5.2.1.3.2.-Extremadu ra 261
5.2.2.- Resto de Europa:
5.2.2.1.- Francia
261 Se trata, siguien do la unidad g eográfica, en la parte dedicada a Sierra Morena Occidental.
72
5.2.2.2.- Rein o Unido: colonia de Gibralta r 262
5.2.2.3.- Otros paí ses que estuvieron rep resentad os en la Colección.
Otros continen tes - América
Aparte de consideracione s geográficas, pues, como se verá, todos los restos
conservad os proceden de distintos lugares de España, se han incluido todos los resto s
humanos en una colección, 263 que he denominado, por las razones que en su capítulo
correspondiente se t ratan, Colecci ón de Antropología Física.
262 Se incl uyen dentro de Andalucía, en la provincia de Cádiz, conforme a su ubicación geográ fica.
263 El conjunto total lo forman los restos de Alhama de Granada que se guardan en el Departamento de
Prehistoria y Arqueología, y otros, entre los que también se encuentran algunos de los de Alhama que se
daban por perdidos (Henares, 2013: 163, tabla XII), que se guardan con los fondos del antiguo MFFL, en
dependencias del PHAUS, también en la Real Fábrica de Tabacos.
73
MGHN
EUROPA
5.2.1.-ESPAÑA
5.2.1.1- ANDALUCÍA OCCIDE NTAL
5.2.1.1.1- Sierra Morena O ccidental
El conjunto de 57 piezas que queda en el Dep artamento de Prehistoria y
Arqueología de la US, representa el estado actual de lo que fuera la gran colección de
interés regional que todos los catedráticos de Historia Natural pretendieron crear en el
MGHN. A ell as hay que añ adir las recienteme nte identificadas entre los fondos del
antiguo MFF L, que se in cluyen en los apartados corre spondientes.
Como ya se ha referido, resulta muy difícil identificar claramente en cuál de las
tres épocas, - la de Machado, la de Calderón o l a de Gila/De las Barras - , ingresó cada
pieza, de ahí que haya optado por seguir el criterio de ordenación geográfico que ya utilicé
anteriormente (Henares, 2013). No obstan te, hay documentación que permite hace rlo
con algunas. Para las demás, se formulan las hipótesis que permite la información con la
que contamos.
Provincia de Sevil la
El grupo de piezas proce dentes de los términos municipales del norte de la
provincia de Sevilla es el más numeroso de los correspondie ntes a las exploraciones de
Sierra Morena Occidenta l. Está compue sto por 22 piezas, con los números 17, 22, 23, 25,
27, 28, 30, 31, 32, 33, 34, 35, 58, 264 66, 67, 68 , 69, 70 , 71, 114 y 203.
No obstante, como referiremos más adelante al ocuparnos del resto de la
provincia de Sevilla, no habría que descartar que corr espondieran a alguno de estos
municipios las piezas nº 42 y 65, cuya pr ocedencia sólo est á registrada como “provincia
de Sevilla”.
Los términos municipa les de procedencia son Guadalcanal (nº 25 y 58),
Constantina (nº 58, 66, 67 y 71), San Nicolás del Puerto (nº 28, 33, 34, 35, 70 y 114),
Cazalla de la Sierra ( nº 22, 23, 27, 30 y 31), Alanís (nº 32), El Pe droso (nº 69), Peñaflor
(nº 68) y Lora del Río (nº 17 y 20 3). 265
Por lo que respecta al material lítico, excepto las dos piezas t alladas procedentes
de Guadalcanal y los “martillos de minero ” de Peñaflor y El Pedroso, todas las piezas son
hachas y/o azuelas pulimentadas. El resto de los materiales son dos hojas de armas de
cobre de Lora del Río; y un pequeño fragment o, también sobre hoj a de cobre, pero que
264 Hay dos piez a s con el mismo numeral.
265 Aunque los términos municipales de Peñaflor y Lora del Río no es encuentran actualmente i ncluidos
dentro de la comarca denominada como Sierra Norte de Sevilla, en el siglo XIX, por cons ider aciones
geomorfológicas, se investigaron dentro de la unidad de Sierr a Morena. Respetamos, pues, esa clasif icación.
80
numerosas hachas pulimentadas a lo largo de la década, con las que aument ó la colección
de objetos prehistó ricos del MGHN.
En 1894, Ca rlos Cañal diría que el hallazgo de instrumental lítico era común en
el norte de la provincia de Sevilla: 291
“(…) procedente de cuyos puntos ha logrado reunir una buena colección
de objetos prehistóricos, en el Gabinete de Historia N atural de esta Universidad ,
el renombrado geól ogo D. Salvad or Calderón y Ar ana”.
Dado lo que d e la colección ha llegado hasta la actualidad, resulta difícil intentar
separar qué piezas ingresaron durante la época de Machado, y cuáles durante la de
Calderón. No obstan te, podemos aventu rar algunas hipótesis:
a.- La pieza nº 35 (fig.I.7) se man tiene sobre un expositor que lleva una etiqueta
diferente a las del resto de los exp ositores (simples rectángulos de papel con un texto
mecanografia do): se trata de una etiqueta de imprenta, con recuadro lineal y rótu lo
impreso “Universidad de Sevilla. Museo de Historia Natural”. Debajo hay espacio para
la colocación de un nú mero y para escribir un breve texto descri ptivo. El texto está
manuscrito y la tinta ha virado a col or sepia.
Fig. I.7. - “San Nicolás-35”. Se cons erva con expositor y etique ta
original del MGHN.
Dado que el Museo de Historia Natural no existe c omo tal de forma independiente
hasta que Calder ón lo organiza , es posible que es a etiqueta sea la única que q ueda de las
que se utilizaron en la última década del siglo XIX .
No obstante, esto sólo re fleja el “arreglo” de Calderón, que, como hemo s visto en
el capítulo cor respondiente, afe ctó no sólo a sus nuevas a portaciones, sin o también a l as
291 Cañal, 1894: 26.
81
colecciones que “heredara” de Machado, las piezas, objetos y especímen es que ya estaban
en e l Gabinete.
b.- La pieza nº 34 lleva adh erido un tejuelo de imprenta, con orla decorativa en
azul, con la indicación “LOC” impresa y, manus crito, “Sn Nicolas del Puerto”, en tinta
negra (virada a sepia), y el nº 34 en tinta roja. El parecido con los tejuelos de imprenta
que Mac Pherson utilizó para los materiales del yacimien to de Alhama de Granada
permite situar este estilo de referenciación en los años 70 del siglo XIX; y podría haber
sido la forma en que Machado y sus discípulos organizaron la colección de objetos
prehistóricos del Gabinete. Esta pieza, por tanto, sería una de las que Machado incorporó
a la colección.
Las piezas per didas de Sa n Nicolás del Puerto
En el ICAUH se recoge la existencia de otras tres piezas procedentes de San
Nicolás del Puerto, numeradas 36, 37 y 39; y que se trataba de dos “celtas”, uno cilíndri co
y otro aplanado, y una pesa de telar. El caso de ésta última es uno de los de diferente s
números, conforme a cada fuente: Candau describía con detalle una pesa de telar de esta
procedencia, aunque con el nº 48. 292 Y dicha pieza, una de las pocas en las que el
“Inventario A” del MGHN recoge la identidad del donante, reseñando que s e trataba de
un “Donativo de D. An tº Machado”, a parece allí con el nº 94.
Candau también mencionaba la existencia de cinco piezas pulimentadas más, que
formaban parte de la colección del Gabinete con los númer os 63, 65, 106, 117 y 118, que ,
en su tex to, denomina “ce ltas”, y, en el cuadro 1, “hachas”.
Es posible que dos de estas piezas fueran las rep resentadas en la lámina que
Machado insertó en la RMFLC en 1869 (t.I, lámina 1ª), con los númer os 3 y 4, descritas
como “ejempl o de piedra del ray o” y “ejemplo de piedra de la centella”, respectivame nte
(véase más adelan te, fig. I.12).
Nuevas piezas ide ntificadas
Entre los fond os del PHAUS, en los que se guarda parte de las antiguas
colecciones del MFFL y una pequeña parte del MGHN, 293 he podido identifica r una que
formó parte de aquellas primeras aportaciones de Machado al Gabinet e de Historia
Natural, y que, hasta la fecha, se conside raba entre las piezas perdidas de San Nicolás del
Puerto. Para ello han sido fundamentale s las descripciones que de ellas hiciera n Candau
y Cañal e n 18 94. 294
292 Candau, 1894: 120 y 121.
293 Como ya hemos comentado, se trata de fósiles, restos óseos humanos y algunos obje tos prehistóricos que
quedaron separados de la colección general del Mu seo de Geología (“heredero” natural del MGHN), en los
avatares de los cambios de sede de la Universidad y las mudanzas de las nuevas facultad es en las que se
segregó la antigua Facultad de Ciencias; y acabaron almacenados junto a las colecciones arqueológicas.
294 Candau, 1894; Cañal, 1894. Ambos aprovecharon el cauda l de conocimientos que ofrecía la Colección de
Prehistoria del Gabinete de Historia Natura l, para sustentar sus ensayos monográficos sobre la Prehistoria
en la provincia de Sevilla (para el concurso convocado p or el Ateneo y Sociedad de Excur siones, del que
82
Nuevas piezas id entificadas de l MGHN (Sa n Nicolás del Pu erto, Sevilla)
Pieza
Procedencia
Museo Univ.
Museo
anterior
Colección
CAUS.197
San Nicolás
del Puerto
(Sevilla)
MFFL
(ICAUH nº
92)
MGHN
Nº 39
Machado, para e l
Gabinete H N
Tabla I.3.- Nuevas piezas identificadas del MGHN, entre los fondos del MFFL.
La pieza procedente de San Nicolás del Puerto es un hacha pulimen tada (fi g.I.8),
y fue una de las que pasó del MGHN al MFFL a principios del siglo XX, 295 cuando se
quiso dotar a éste de una buena “secció n” de Prehistoria. Esto que da reflejado al q uedar
recogida en el ICAUH, con el nº 92. Su número de orden en la Colección de Prehistoria
general y de l país 296 , del MGHN, era e l 39.
Fig.I.8.- Hacha pulimentada, “San Nicolás – 39”. Proce de de San Nicolás
del Puerto (Sevilla). Donativo de Antonio Machado y Núñez al Gabinete de Historia Natural.
Término munici pal de Cazalla de la Sier ra
Se conservan actualmente cinco piezas pulimentadas, con los números 22, 23, 27,
30 y 31.
Por lo que respecta a su ingreso en la colección, véase lo comentado en el ap artado
anterior, dedicado a San Nicolás del Puerto. Es m uy probable que estas piezas fueran las
que Machado incorporó a la colección en los años sesenta del siglo XIX, pues en su
artículo de 1869 menciona ba dos zonas en concreto del término de Cazalla , el Llano
Moreno y el Va lle de la Paloma, 297 donde había recogido restos prehist óricos.
Las referencias al Valle de la Paloma las confirma años después Carlos Cañal, 298
mencionando la intervención de Antonio Macha do y Guillermo Mac Pherson, después
resultaron ganadores ex aequo). E n dichas obras describían algunas de las piezas de la colección
universitaria con bastante detalle, e, incluso, Candau incluía las medidas de varias de ellas.
295 Henares, 2012: 80; Beltrán y Henares, 2012: 113-114.
296 “Inven tario A” (doc. MGHN.I. 1).
297 Machado, 1869: 283.
298 Cañal, 1894: 155.
83
del descubrimien to casual de algunas se pulturas en a quella zona del té rmino de Cazal la ,
entre 1868 y 1869.
Candau también menci onaba esas sepulturas, 299 dicien do que “según afirma n,
proporcionar on al ser descubiertas, algún hacha de piedra y restos de vajilla”, aunque sin
nombrar ni hacer referencia alguna a Machado y Mac Pherson. Asimismo, citaba los
“celtas” que se guardaba n en el MGHN, con los números 64, 96, 116, 120, 121 y 122. Dada
la parquedad de la descri pción que hace, - aunq ue algo mej or que la de la s piezas de San
Nicolás del Puerto -, es posible aventurar una correlación entre algunas de las piezas
reseñadas por Canda u y las que se conservan en la actualidad (tabla I.4).
MGHN. Piezas procedentes de C azalla de la Si erra
Propuesta de i dentificación
Numeración actual
Numeración en 189 4
(según Candau , p. 113 y cuadro 1º)
Nº 22
Nº 120
Nº 23
Nº 116
Nº 27
Nº 121
Nº 30
Nº 64
Nº 31
Nº 122
Tabla I.4 (a partir de Henares, 2013, tabla IV)
Por lo que respecta a la procedencia exa cta de estas piezas, Candau no men ciona
nada, puesto que aunque la extensión que dedica a Cazalla de la Sierra e n su obra es una
de las mayores entre las de los términos de la Sierra Morena sevillana, casi todo el
apartado está dedi cado a criticar las explo raciones de Carlos Cañ al.
Nuevas piezas ide ntificadas
Si bien no hace mucho se daba por perdida la pieza que Candau reseñara como la
nº 96, siguiendo su descripción de 1 894 (Candau, ibid. ), la he podido ide ntificar entr e
los fondos del PHAUS, en los que, como ya se ha r eferido, se guarda parte de las antiguas
colecciones del MFFL y una peq ueña parte de la s del MGHN (fig.I.9).
La pieza procedente de Cazalla fue una de las que, como la de San Nicolás del
Puerto mencionada en el apartado anteri or, quedaron descontex tualizada s tras alguna
de las mudanzas y c ambios de sede del museo de la Facultad de Ciencias. Su número de
orden en la Colección de Prehistoria gen eral y del país era e l 96. 300
299 Candau, 1894: 114.
300 Su referencia actual es CAUS.224.
84
Fig. I.9.- Azuela pulimentada, “Cazalla- 96”, procedente de Cazalla de la
Sierra. Donativo de Antonio Machado y Núñez al Gabinete de Historia Natural.
Término munici pal de Alanís
Actualmente sólo se c onserva la pieza “Alanís 32”.
Esta pieza también habr ía ingresado en la colección en época de Machado, 301 y
podría ser la referida por Candau 302 con el nº 206 de la colección de Historia Natural,
aunque actualm ente sea la nº 32.
Término munici pal de Lora del Río
Actualmente se cuenta en la colección con dos objetos metálic os, sobre lám ina de
cobre, en cuyas etiquetas figura que su procedencia es Lor a del Río. El nº 203 es un
pequeño puñal de rem aches y el nº 17, posi blemente, el resto de otro (fig. I.10).
Fig.I.10. - Piezas procedentes de Lora del Río (Sevilla). Colecc ión de Prehistoria del MGHN.
En las etiqueta s, ambas aparecen cata logadas com o puntas de flecha de c obre.
301 Véase lo indicado en los términos municipales anteriores.
302 Candau, 1894: 120 y cuadro 1.
85
No hay ninguna información sobre su ingreso en la colección ni sobre el
yacimiento o lugar del término de Lora del Río de donde procedían; ni la había ya en
1894, puesto que ni Cañal ni Candau recogen nada más sobre ellas que los escuetos datos
que siguen conten iendo las etiquetas. Candau 303 sólo aña de que ambas estaban
registradas con e l nº 203. La separación, y la numeración diferente de un a de ellas, son,
por tanto, posteriores , datando quizás de la reorganización del Gabinete emprendida por
De las Barras en la segunda década del siglo XX .
Contamos con un di bujo de tipo na turalista, publicado por Cañal, 304 que permite
reconocer perfectamente la pieza “Lora del Río - 203”.
El detalle de que ambas figuren como objetos de cobre apunta a que Calderón las
analizara en el laboratorio del Gabinete, al igual que hiciera en su día con los objetos
metálicos que Candau extrajera del yacimiento de El Coronil, o los que desenterrara
Peláez en Carmona, a principios de l a década de los no venta del siglo XIX. 305
Esto hace que debamos atri buir su aportación a la colección a Antonio Ma chado;
y la fecha de in greso haya que situarla después de 1869, puesto que e n su artículo de ese
año sobre el Congreso de Norwich, 306 donde introduce datos so bre yacimien tos y obje tos
prehistóricos de Andalucía , no menciona el término de Lora del Río. Posteriormen te, al
extraviarse las vi tolas o papel etas donde estaban sus refe rencias más c ompletas, cuando
Calderón reorgan iza el Gabinete y “arregla” el MGHN con sus colecciones, ni él ni sus
discípulos pudieron añad ir más información q ue la que ha llegado hasta la actual idad.
Provincia de Huelva
Contamos con 25 piezas procedentes de la provin cia de Hue lva en la colección .
Por una parte, tenemos las numeradas 42, 43, 44 y 46, que son “martillos de minero” del
entorno de los distritos mineros del Andéval o, Cala ñas, Valdelamusa y Almonaster la
Real; y la nº 57, un hacha pulimentada, del término munici pal de Triguer os. Por otra,
tenemos un lote de 23 piezas diversas - sin numerar y disperso en la col ección - que
hemos identificado y reu nido, procedente de Encinasola.
Términos de Calañas, Valdelamusa y Almonaste r la Real
Los “martillos de min ero” (fig. I.1 1)
Estas piezas ingresaron en la colección en las últimas décadas del siglo XIX,
siendo Salvador Calderón el responsable del Ga binete de Histo ria Natural. En 1886
303 Candau, 1894: 42 y cuadro 4.
304 Cañal, 1894: fig. 113.
305 Véase en los apartados correspondientes a dichos términos municipales sevillanos.
306 Macha do, 1869 b.
86
comunicaba a la Sociedad Española de Historia Natural 307 los resultados de sus
exploraciones en la pro vincia de Huelva, motivadas por su propio interés en la
problemática del origen de los yacimientos cupríf eros y por sus relaciones sobre ese tema
con Gregorio Men eses y, sobre todo, con el ingeniero Antonio González y García de
Meneses, que trabajaba para la comp añía min era Sotiel-Coronada. Como ya hemos
indicado, la exploración de sierras y minas en busca de respuestas a l os in terrogantes
geo-mineral ógicos, produjo la recolección de instrumental prehistórico como muestras
mineralógicas especiales, ya que c ontaban con el valor añadido de su uso como materia
prima para la fabri cación de instrument os en la Pr ehistoria.
La pieza núme ro 42, proce dente de “Monte Romero” (Almonaster la Real), fue
uno de l os varios “martillos minero s” donados por Antonio González y García de
Meneses 308 a la Universidad de Sevilla, y el único que ha llegado hasta la actualidad. Est os
“martillos”, procedentes de dicha mina, fueron en su día “famosos”, en palabras del
propio Calderón. 309
Otras tres (nº 43, 44 y 46) ingresaron tras la exploración llevada a cabo por
Calderón en el entorno d e los cotos mineros, en el verano de 1890. 310 De ellos, contamos
con la referencia direct a a la pieza número 43, ya que agradeció expresamente la
donación 311 al director de la “Mina de San Miguel” (término municipal de Almonaster la
Real) y aprovechó para reseñar l as propiedades de los nódulos de dia basa con los que se
habían manufactura do los “martillos” p rocedentes de dicha mina.
“El señor director de la Mina de San Miguel 312 tuvo la generosidad de
ceder para las mismas colecciones el mejor de unos cuatro o cinco que ha hallado
en el término de dicha mina y que es de una confección notable.” (Calderón, ibid.).
Las piezas númer os 44 y 46, procedentes, respectiva mente, del Cerro de Andévalo
y del término de Valdelamusa (sin más detalle) forma ron parte de las “muestras” que
recogió el propio Calder ón para el Gabinete. 313
En el “Inventario A” (doc. M GHN.I.1) del museo univers itario figura ron tres
piezas con los números 112, 113 y 114, descritas como “Martillos de diabasa”, procedentes
de “M.S.Miguel (Huelva)”, recogiéndose que los había donado Salvador Calderón en
1890, lo que nos indica que, a lo largo de los años, se perdieron dos de las piezas
procedentes de la min a San M iguel.
307 Calderón, 1886: 60-63.
308 González y García de Meneses, 1890: 75.
309 Calderón, 1890: 80.
310 Calderón, ibid.: 87.
311 Calderón, ibid.: 8 9.
312 En cursivas en el original.
313 Calderón, ibid.: 86-91.
87
Fig.I.11. - Donativo de Salvador Calderón al MGHN. Piezas pr ocedentes de minas onubenses.
Veinte años antes, en 1869, 314 se había producido el primer hallazgo de este tipo
de piezas en la pro vincia de Huelva. El entonces director de las minas de Silos de Calañas,
Recaredo Garay y Anduaga, había donado al Gabinete de Historia Natural dos de los
primeros “martillos de minero” hallados durante las exploraciones que se habían llevado
a cabo en una mina del término de Valverde del Camino (“Rodeo del Madroño”). En
aquel año, Garay los llamaba “mazas ” y Machado, “mazos”; y mientras el primero lanzaba
la hipótesis de que se tr ataba de instrumental de minería y los databa en la Edad del
Cobre; el segundo, con c autela científica an te la novedad de este hallazg o, compartía, e n
principio, la propuesta de datación prehistórica, pero sostenía, sin embargo, la hipótesis
de que el hallazgo, dadas sus característi cas, podía responder a la localización de un
depósito perteneciente a una “fábrica de mazos”, de la que la mina sería cantera, y que
debía ampliar se la invest igación.
Ambos habían quedado de acuerdo en que Garay siguiera investigando el caso 315
y éste lo hizo, remitiendo al año siguiente dos informes detallados sobre sus
descubrimientos y su hipótesis a la Real Academia de la Historia. 316 Dadas la s fechas de
esos informes (febrero y abril de 1870), así como que en ellos mencionó l a donación a
Machado y el hecho de que éste no compartiera su hipótesi s de interpreta ción funcional
de las piezas, es posible suponer que ambos sigu ieron manteniendo cont acto mientra s
Garay continuaba c on sus exploracione s y trataba de demostrarlo.
314 Machado, 1869 b: 36.
315 Machado, ibid.
316 Maier y Salas, 2000: 32; RAH/Expediente CAHU/9/7957/05.
88
Lamentableme nte, las dos piezas enviadas por Garay a Machado no han llegado
hasta la actualidad, y la pronta desaparición de la RMFLC impidió que p udiera haberse
publicado más inf ormación sobre la controversia entre ambos in vestigadores.
No obstante, uno de los dibujos q ue Garay envi ó a la Academia de la His toria era
una de las ilustraciones que Machado encar gó hacer de las piezas y que incluyó en el
artículo de la revis ta donde reseñ ó el hallazgo y la donación de los martillos. 317
Fig. I.12.- Lámina del artículo de Macha do (1869 b) en l a RMFLC (t.I., l ámina 1ª). 318 Con el “N º 5 y
6”, uno de los “martillos” que le regaló Recaredo Garay.
Garay remitió la ilustración de la RMFLC en su informe a la RAH. Sobre el
grabado, recortado de un ejemplar de la revista, aparece im presa la numeración de la
lámina (“N º 5 y 6”); y Garay escribió a mano los datos so bre la localización (“mina del
Rodeo del Madroño” , arriba; y el té rmino municip al de Valverde del Camino, abajo) y la
tipología y mate ria prima de l a pieza (“maz o de diorita”).
Por otra parte, conforme al “Inventario A”, en las últimas décadas del siglo XIX
todavía se conser vaba en el MGHN una pieza, procedente de Calañas, que, registrada con
el nº 99 y como “Donativo de D. Antº Machado”, se describía: “Martillo con hendidura
(Edad del Bronce? )”.
Las piezas per didas de lo s cotos mineros de Huel va
En el ICAUH figura otro “ma rtillo de diabasa” procedente de “San Miguel
(Huelva)”, registrado con el nº 45. Esta correlación con la numeración del resto de l os
317 Machado, 1869 b: 36, nota al pie con la indicación “Figuras 5 ª y 6ª”.
318 En la monografía sobre este tema que se viene citando (He nares, 2013), se refería que en el ejemplar de
la RMFLC que se guarda en la Biblioteca de la US faltan las láminas; per o las he localizado en el ejemplar
que se guarda en la Hemeroteca Provincial de Sevilla, do nado a esta institución por F . de las Barras
(procedente del reparto de su biblioteca personal, conforme a indicaciones testamentarias).
89
“martillos de minero ” co nservados apunta a que, posteriormente a la don ación del que
actualmente se conserva por parte del director de la mina a Salvador Calderón, otro
ejemplar de la misma procedencia ingresó en la colección. Este ejemplar no ha llegado
hasta la actualidad .
Término munici pal de Triguero s (Henares, 2013: lám. I).
Se trata probablemen te de una dona ción de la primera década del siglo XX ,
realizada por S. Fernández Medero , conf orme a las etiqueta s del tejuelo y la pieza.
Probablemente de trata ba de un familiar de Juan Fernández Ruiz, médico titular de la
localidad de Triguer os en aquellas fechas, gran aficionado a la Historia Natural y que
donó en repetidas ocasiones min erales y fósiles al Gabinete de la Univer sidad. 319
Su interés radica en que podría tratarse de una pieza vinculada al dolmen de
Trigueros, descubie rto “oficialmente” en la década siguiente. No obstante, esto no es más
que una especulación, ya que no contamos con nin guna información documental en este
sentido.
Término munici pal de Encinasola
Se trata, como ya se ha mencionado , de un lote de veintitré s piezas, compuesto
por seis p equeños conten edores de cerámica (tres cuencos y tres vasitos), cinco láminas
de sílex y doce hachas/azuela s pulimentadas (fig. I.13 ). De ell os, sólo un cuenco de
cerámica lleva un tejuelo con el nº 50 mecanografiado, y las láminas, sin numerar,
estaban en una caja que contenía 20 lámin as de origen diverso, bajo el número cole ctivo
72.
Las piezas pulimentadas estaban agrupadas en un conjunto aparte. Una de ellas
(la que hemos registrado como Encinasola-10) lleva adherida con papel adhesiv o
transparente una etiqueta de cartulina del Museo de Geología, con el siguiente texto
mecanografia do:
“Yacimiento del camino de las contiendas. Encinasola. Huelva. Entregó el
21-X-916 D. Enriqu e C onde en nombre del Elmo. Ayuntamiento de Encinasola”.
Enrique Conde y L ledó era ingeniero d e minas y s ocio d e la SEHN desde 1914. A
principios de 1915 informaba con cierto detalle a la Sección sevillana de la Soc iedad 320 de
una visita que había hecho a una “estación prehistórica” descubierta a fines de 1914 en la
localidad onubense de Encinasola. Se trataba de un descubrimiento casual, propiciado
por obras públicas (la apertura de un camino), y, a parte de una visión parcial de lo que
Conde denomina ba dolmen, propició la recogida d e:
319 Por ejemplo, F. de las Barras hace recoger en acta (Bo letín SEHN, Actas, t. XVI, 1916: 507, sesión del 2 de
diciembre), una donación suya de dientes de tiburones fósiles procedentes del término de Trigueros.
320 Boletín SEHN, Actas, t. XV, 1915: 74.
96
muestras para ese museo, y enviarla a Calderón para la colección del museo del Gabinete
de Historia Natural.
Las piezas perdidas de la provincia de Córdoba
A mediados del siglo XX, conforme a l os da tos extr aídos del ICAUH, 343 todavía se
conservaban, con el nº 40, un “cuchillo diorita” procedente de “Córdoba (sierra)”; y, sin
numerar, un “ma rtillo minero diaba sa” procedent e de “Cerro Murian o”.
Sin descartar adi ciones posterio res, Machado men cionaba en 1869:
“En Córd oba se encuen tran en el Cerro Muriano , famosa mina de cobre
explotada en la antigüedad más remota, martil los de piedra acompañ ando
objetos de co bre; (…)”. 344
Machado sabía de su existencia por los trabajos de su amigo Casiano de Prado, y
por los posteriores de Juan Vilanova y Francisco Mª Tubino; 345 y es muy pos ible que, a
través de alguno de ellos, se hiciera de alguna pieza para la colección del Gabinete de
Historia Natural, segura mente en los años 60 del siglo XIX . No obstante, tampoco habría
que descartar que hubie ra prospectado personalme nte la zona, puesto que, aunque
Vilanova, en 1872, no cita directamente ni a Macha do ni al Gabinete de Historia Natural
entre los que poseían piezas procedentes de “Cerro Muriano”, sí dice, refiriéndose a la
época que siguió a los trabajos de Casiano de Pra do: “ Posteriormente se han obt enid o
por otros explorado res nuevos ejem plares de útiles aná logos, (…)”. 346
5.2.1.1.2.- Provi ncia de S evilla (excepto los térm inos de Sierra Morena)
De la provincia de Sevilla, exceptuando los municipio s pertenecientes a la unidad
geográfica de Sierra Morena , se conservan 9 piezas 347 de varios términ os municipales,
más un lote numeroso de material lítico y osteológico proce dente del t érmino de El
Coronil.
Piezas de proceden cia indeterminada
Contamos con dos piezas (nº 42 y 65) pulimentadas, cuyos tejuelos indican como
procedencia la provincia de Sevilla pero sin especificar tér mino municipal .
Es p robable que se trate, como en otros casos similares, de piezas procedentes de
las exploraciones de Machado y sus discípulos en la pro vincia de Sevilla, en los años 60
y 70 del siglo XIX, que perdieron la informaci ón sobre su procedenci a exa cta en el
período que medió entre su marcha a Madrid y la llegada de Salvador Calderón para
343 Doc. MFFL.III.2.
344 Machado, 1869: 281-287.
345 Vilanov a, 1872: 207-212.
346 Vilanova, ibid.: 208-209, de las Actas de la SEHN; y pp. 22 y 23, de la separata. El subrayado es
mío.
347 Una de ellas es, en realidad, un registro colectivo de varios fragmentos de minerale s, procedentes de
Carmona.
97
hacerse cargo del Gabine te de Historia Natural, por lo que a éste y a sus discípulos les
fue imposible real izar una catal ogación geográfica más precisa .
Fig. I.16.- “Sevilla-42”. Donación de Antonio Machado y Núñez al GHN.
Término munici pal de Sevilla
Se conservan 4 piezas, procedentes de las inmediaciones de La Fuente del
Arzobispo (nº 8 y 40), de la “gravera junto al Cemente rio” (nº 39) y del casco histórico
de la propia ciudad (nº 70). La primera (nº 8) procede de las aport aciones de Machado
y de sus exploraciones geológicas por el entorno de la ciudad de Sevilla, cuando estudiaba
los terrenos terciarios y cuaternarios de la pro vincia , anima do por la aparición de fósiles
de proboscídeos. 348
La fecha de la donación hemos de situarla en esas décadas, puesto que ya estaba
en la colección en 1894, cuando Candau la recoge como ejemplo en su obra. 349 Cañal
también la cita en su obra de las mismas fechas, con el mismo número, el 205, y reseña
que estaba en la sección de “Prehistoria general y del país” del MGHN. 350 Esa numeraci ón
y su colocación en esa sección determinada del Museo son, pues, de la época de Calderón.
Su núme ro actual debe corre sponder a una reorganización posterior de la s cole cciones
del Museo.
Fig.I.17.- “Sevilla – 8”, procedente de la “Fuente del Arzobispo” (término municipal de Sevilla).
Las otras tres piezas (nº 39, 40 y 7 0) son donacion es posteriores de Franci sco de
las Barras, datadas en las primeras décadas del siglo XX. Por lo que respecta a la pieza
procedente del casco antiguo de Sevilla, en concreto del Alcázar (nº 70), no sabemos la
348 Machado, 1878.
349 Candau, 1894: cu adro 1; regis trada entonces como nº 205.
350 Cañal, 1894: 179 y nota al pie.
98
fecha del hallazgo ni la de su in greso efectivo en la colección, pero sí que, en 1915, siend o
catedrático en la Universidad de Sevilla y vicepr esidente de la Sección provincial de la
SEHN, la presentó a sus consocios. 351 La situación exacta de l hallazgo también que da en
duda, ya que, si bien la etiqueta y tejuelos de la pieza indican clara mente “cimientos del
Alcázar”, el pro pio De las Barras s ólo comunicó qu e había sido “encontrada por él en los
alrededores del Alcázar de Sevilla”, probablemente en los extensos jardin es donde solía
herborizar y estudia r los árboles y ar bustos. E s posible que esa información fuera
modificada a posteriori, puesto que también se introdujo una variación en la catalogación
funcional de la pieza: De las Barras la había presentado como “una moleta de material
basáltico”, pero en la etiqueta del expositor no figura ese detalle petrológico, - evidente
al obs ervarla con deteni miento -, sino solamente que se trata de una “ moleta de gran
tamaño”. Además, la pieza lleva adherido un tejuelo manuscrito donde se la cataloga
como “pulimen tador”.
La pieza nº 40, según su tejuelo, fue “encontrada en Sevilla”. El propio De la s
Barras informó de su hallazgo en la sesión del 7 de Nov iembre de 1904 de la Sección de
Sevilla de la SEHN. Según el acta, la había encontrado el día antes “en e l camino qu e
conduce de la Trinidad a la Fuente del Arzobispo” y los detalles de la descripción que
hace permiten iden tificarla sin lugar a dudas. Esta pieza ingresó, pues, en esa fe cha o en
días posteriores en la colección, donde fue catalogada conforme a la clasificación de
Mortillet, 352 como paralelo de su nº 576. El numeral romano que figura en la etiqueta y
uno de los tejuelos de la pieza, debe corresponder a una lámina de la obr a de Mortillet,
pero la discordancia entre ambos impide saber si a la que se p retendía hacer referencia
era la LIX o la LIV.
La pieza nº 39 presenta un problema de identificación. Aunque De las Barras
exploró en diversas ocasiones el “ diluvium ” junto al “Cementerio de San Fernando” en
busca de fósiles e instrumental lítico prehistóric o, en ninguna de sus comunicaci ones a
la SEHN, donde dio conocimiento de sus hallazgos, menciona ni describe esta pieza en
concreto, sino otras dos que no han llegado hasta la actualidad. 353 Con anterioridad este
“ diluvium ” ya había sido prospectado en va rias ocasiones por Salvador C alderón y sus
consocios de la SEHN, siguiendo el ejemplo de Machado 354 en busc a de fósiles
cuaternarios y , si era posible, de más instrumenta l prehistórico : “(…) aun que nosotro s
no hemos ten ido la suert e de tropezar con n inguno en la s distintas ocasi ones que hemo s
visitado este sitio”. 355
351 De las Ba rras, 1915: 74.
352 De Mortillet, op.cit.
353 De las Barras, 1906: 438-439; y 1913: 517.
354 Machado, 1878: 274.
355 Medina, 1888: 25.
99
A su retorn o a Sevilla en las primeras década s del siglo XX, De las Barras
prosiguió en el empeño, y pudo encontrar algunas piezas que, como vemos, aunque las
donó al Ga binete, no han llegado a l a actualidad.
Término munici pal de Coria del Río
Se conservan dos pequeñas láminas (s/nº), probablemente las aportad as por
Machado, tal como cita n Cañal 356 y Candau. 357 Cañal menciona también que se tenía
noticia de que vecinos de la localidad habían en contrado hachas p ulimentadas (“piedras
del rayo”) y que Mach ado también había encontra do “pequeña s puntas de sílex y restos
de alfarería primit iva”, p ero, al no dar más detalles ni él ni Candau, 358 es de suponer que
debieron formar parte de las pérdidas que sufrió el Gabinete mientras la cátedra de
Historia Natural estuvo vacante tras la ma rcha de Machado a Madrid.
Actualmente n o cuentan ni con expositor ni con tejuelos, pero Escacena pudo
trabajar sobre ellas casi un siglo después, 359 cuando todavía estaban, cor rect amente
identificada s, en la que fuera sede del Museo de Geología de la extinta Facultad de
Ciencias de la US, en la p lanta alta del edificio de l a Real Fábrica de Tabaco s. La pérdida
de las referencias de identificación debemos situarlas, pues, en la décad a siguiente,
durante la disgregaci ón definitiva de la s colecciones y l a extinción del propio Muse o.
Estas dos pieza s formar on parte de la Exposición lle vada a cabo en la Facultad de
Geografía e Historia de la Universidad de Sevil la en conmemoración del segundo
centenario de Dar win, en 200 9. 360
Término munici pal de La Pañole ta
Se trata de un hacha pulimentada (nº 212), donada por Enrique Gonzál ez
Rodrigo, alumn o del Instituto Escuela, y que ingresó en la colecci ón a finales de 1934.
El Instituto Escuela de Sevilla fue una institución docente de vida efímera, puesto
que sólo funcionó entre 1932 y 1936, 361 cuando los avatares de la última guerra civil
trajeron como consecuen cia su cierre. Este Instituto Escuela sevillan o se creó a imagen
y semejan za del originalmente fundado en 1918 por la Junta para la Ampliación de
Estudios en Madrid, para la formación del profesorado no universitario , siguiendo el
modelo educativo de la Inst itución Libre de Enseñanza y de la Escuela Nueva. 362 Dentro
356 Cañal, 1 894: 147.
357 Candau, 1894: 32 y “Cuadro 1”, “Gab.Hist.Nat nº 414”.
358 Candau (ibid.) no menciona estos detalles, sino sólo que de allí procedían estas dos piezas del Mus eo de
Historia Natural de la Universidad y un “celta cilíndrico” del Museo del Ateneo y Sociedad de Excursiones.
359 Escacena, 1987: 35, fig. 3.
360 http://institucional.us.es/darwin09.
361 Para más detalle s, véase la parte de esta tesis dedicada al MFFL y el capítulo dedicado a la Col ección
Carriazo/Fernández-Chicarro.
362 CSIC, 2010, http://www.csic .es , en el aparta do dedicado a la conmemoración de la J AE. También,
Ramírez, 1994.
100
de ese modelo educativo, una de las herramientas formativas eran las excursiones, que
han llegado a ser definidas como un símbolo de los métodos docentes de la Institución
Libre de Enseñanza. 363 Fruto de una de esas excursiones por los alrededores de Sevilla,
fue el halla zgo casual de esta pieza por el alumn o Enrique Gonzále z Rodrigo.
Es una de las últimas in corporaciones a la colecc ión de Pre historia del MGHN,
que ya, como dijimos, hay que considerar cerra da en los años 20 del siglo pasado; y el
reflejo de otro intento, esta vez por parte del profesorado del Instituto Escuela , dirigido
por el catedrático de la Facultad de Filosofía y Letras de la US, Juan de Mata Carriazo,
de que el Gabinete prestara servicios a la enseñanza secundaria y a la formación del
profesorad o no universitario, que, lógicamente, acabó junto con este experime nto
docente de la Junta para la Ampliación de Estudios, cuando el centro sevillano se
clausuró en 1936. En el “Inventario A”, después de más de treinta años sin registrarse
ninguno de los ingresos de piezas prehistóricas, a lguien aña de, en 1934, las números 211
y 212. Ésta última es la que nos ocupa, ya que lo corrobora la etiqueta que la pieza lleva
adherida por el re verso, cuyo texto mecan ografiado dice:
“HACHA DE P IEDRA pulimentada. /Encontrada en la Pañoleta (Se-
/villa) el 2-XII-1934, por Don. / Enrique González Rodrigo. / (línea horizontal de
separación) / alumn o de Instituto Escuela . / Númer: 212”.
Fig.I.18.- “Pañoleta-212”. Donación de E. González Rodrigo.
Comarca de Los Al cores: término muni cipal de Carmona
En el Departamento de Prehistoria y Arqueología se conserva una pequeña cajita
de cartón conteniendo varios fragmentos de materia les tintóreos, de or igen mineral (nº
47). Proceden de una excursión que realizó Sal vador Calderón al yacimiento de El
Acebuchal, - donde estaba excavando Juan Peláez -, acompañado por sus discípulo s
363 Ramírez, ibid.: 8.
101
Francisco de las Barras y Anataël Cabrera, en agosto de 1893. 364 Con ellos iba u n amigo
de Cabrera, Nicolás de Pineda , buen dibujante, que se encarg ó de las láminas que
acompañaron a la memoria que, por encargo expreso de Calderón, aquél envió a la
SEHN. 365
Esa breve memoria nos aporta informaci ón muy interesante sobre la visión
científica que Calde rón tenía de los estudios prehi stóricos:
- Examinó todo el material lítico que le mostr ó Pelá ez, determinando su
clasificación petrológica, 366 y sugiriendo que su origen debía estar en Sierra Morena, ya
que dichas rocas n o existen e n Los Alcores.
- Se llevó los objetos de metal al laboratorio del Gabinete de Historia Natural d e
la US, “ensayá ndolos” para determinar su compo sición química: “(…) han resultado de
cobre puro, sin indici o de estaño y con muy poco hierro”. 367
- Tomó muestras de los mineral es tintóreos del interior de los túmulos y los
analizó en el laboratorio del Gabinete, 368 determinando su com posición y el tipo de color
que permitían obt ener. 369 Dado que ninguno de esos minerales podía obt e nerse en Los
Alcores, de nuev o sugirió rela ciones entre Carmona y las serranías.
- El material osteoló gico, que servía de soporte a los graba dos que Peláez había
extraído de los túmulos, también fue analizado en el labo ratorio uni versitario, 370 para
determinar si se trataba de marfil o de hueso.
- Prob ablemente también analizó la comp osición de algunos fragmentos de
cerámica representati vos del yacimiento, que, al igual que los materiale s tintóreos, se
quedaron en la colección de Historia Natural. Esto se puede com probar porque, a
mediados del siglo XX, se recogió en el ICAUH 371 que, con el nº 16, se conservaban 5
fragmentos de cerámica de la “Edad del Cobre”, decorados, procedentes de “Carmona ,
túmulos”.
Los fragmentos de ce rámica procedentes de Carmona
Estos fragme ntos se han vuelto a ide ntificar, ya qu e se encontraban almacenados
junto con algunos fósiles del MGHN. 372 Montados con alambrillos sobre una tabla de
madera, al estilo decimonónico , pero co n “arreglos” del siglo XX, se encontraban varios
364 Cabrera, 1894: 101.
365 Que la publicó en el tomo de sus Anales de Historia Natural del año siguiente, en 1894.
366 Cabrera, ibid.: 106.
367 Cabrera, ibid.: nota 1.
368 Cabrera, ibid.: 108.
369 Limonita, pardo; ocre, rojo; malaquita, verde claro; malaquita y limonita, pardo verdoso; y lignito negro,
“sombra”.
370 Cabrera, ibid.: 110.
371 Doc. MFFL.I II.2.
372 Que, como acabamos de mencionar, se quedaron en los esp acios de almacenamiento de la Real Fábrica
de Tabacos al efectuarse el traslado de las facultades “de Cie ncias” al nuevo campus de Rei na Mercedes, y
desaparecer el Museo de Geología.
102
fragmentos de cerámica preh istórica. 373 En la trasera de la tabla, la última conservadora
del que fuera Museo de Geología, Encarnación Carmona, 374 había escrito de su puño y
letra las referencias que se habían conservado sobre esos pequeños trozos de cerámica:
“ 5 trozos de/vajilla de/barro rojizo – adornos de puntos/Carmona (túmulos) ” (sic). Con
lo que identificamos a cin co de ellos como los del registro nº 134 del ICA UH: “ 5 fgtos.
cerámica, E.del cobr e, ador.punto s. Carmona, túmulo s. Univers.16” (sic).
Como ya se ha referido en otros apartados , la referencia “Univers.” desig naba a
los materiale s que h abían pasado del MGHN a la sección de Prehistoria del MFFL. Y en
el Gabinete de Historia Natural estuvieron estos fragmentos desde 1893, cuando llegaron
a la US tras la excursión a Carmona. También, como acabamos de comentar, se
realizaron análisis para ver cuál era la composición de las arcillas de la cerámica, pero
esos resultados no aparecieron en ninguna de las publicaciones que hic ieron eco de
ello. 375 Los fragmentos de cerámica son muy pequeñ os, como cabría e sperar, después de
haberse utilizado parte de los mismos para reducirl os a polvo, para las ana líticas. No
obstante, aún pueden reconoce rse en s u superficie los vestigios de la decoración que, en
su momento, se descr ibieron como “ ado rnos de puntos ”.
Fig.I.19.- Fragmentos de cerá mica sobre tabla expositora. En el
extremo superior derecho, los cinco fragmentos procedente s de los túmulos de El Acebuchal (Carmona,
Sevill a).
373 Un “mano” de pi ntura color beige en la parte frontal de la tabla. También se aprecian huellas de haber
soportado otras piezas y los alambrillos para sujetarlas .
374 Este extremo está ates tiguado porque la relación-inventario (doc. MGHN.I.3) que acompañó a la entrega
del grueso de la Colección de Prehistoria al Departamento de Prehistoria y Arqueología, era un listado
manuscrito por ella (Henares, 2013: 45-46).
375 Cabrera, op.cit.; Cañal, 1894; Candau, 1894. Una revisión de la relación entre estas publicaciones, en
Henares, op.cit.: 117.
103
Donaciones de Sa lvador Calderón a la Univers idad de Sevilla
Nº registro
Actual
Procedencia
Museo
Universitario
Museo
anterior
Colección/donante
CAUS.574
(colectivo)
Carmona
(Sevilla)
El Acebuchal
MFFL
(ICAUH 134)
MGHN
(Univers.16)
Salvador Calderón
Tabla I.7.- Fragmentos de cerámica prehistórica donados por Calderón a l antiguo MGHN.
Asimismo, la memoria de Cabrera nos permite ver que Calderón pretendía “hacer
escuela” en el campo de las investigaciones prehi stóricas: en 1893 esta ba realiza ndo el
estudio de la estratigrafía del Terciario en los Alcor es y, aprovechando la oportunidad de
ir a Carmona, donde Peláez desenterraba restos arqueológicos de gran interés, 376 había
hecho que le acompañaran aquellos de sus discípulos a los que creía más aptos en esta
materia; y encargó a Anatäel Cabrera que redactara la memoria de la excursión para la
SEHN, incluyen do mención de los resultados de su s análisis de laboratorio y descripción
de los materiales y restos humanos (la especialidad del otro discípulo al que llevó a
Carmona, Francisco de las Barras). No obstante, su intento para que Cabrera se dedicara
a la Prehistoria no cuajó. Como se aprecia en la me moria de la excursión a Carmona, éste
se siente insegu ro en un terreno que ni domina ni parece atraerle más allá de la lógica
curiosidad ante los descubrimientos que se estaban produciendo: refleja las opinio nes de
Calderón, de Pelá ez e incluso de Candau (que ya había escrito sobre las act ividades de
Peláez en 1892), y se muestra sólo como un mero cronista de la ex cursión a los
yacimientos prehistóricos. Cabrera se dedicó a la Medicina y el ejercicio de su profesión
le llevó fuera de Sevilla, residiendo en La Lagun a (Tenerife, Canarias). No obstante ,
siguió siendo socio de la SEHN y enviando de vez en cuando notas a la Sección de Sevilla,
mientras Calder ón estuv o allí; y después de su marcha, directamente a la sede central de
la Soc iedad en Madri d. Estas comunica ciones nunca versaron sobre cue stiones que
tuvieran que ver con la Prehistoria, porque la verdadera vocación de Cabrera en el
terreno de las Historia Natural era l a Entomología. 377
Sobre este yacimiento, y también en relación con los trabajos de Peláez, trataron
en sus obras publicadas, ambas en 1894, Carlos Cañal y Feliciano Candau. 378 Aunque se
dedican a reflejar el contenido del “Museo Peláez”, 379 la influencia del trabajo de Cabrera
en ambos es evidente: así, por lo que a los materiales que nos ocupan respecta, Cañal cita
literalmente a Cabrera en referencia a los minerales tintóreos; 380 y Candau hace lo mismo
con la información sobre la comp osición petrológica de los materiales líticos y de nuevo
376 Pero con nula actitud científic a. Para la cuestión de la crítica a los trabajos de Peláez, Maier, 2002:70-72.
377 En el Registro de Socios de la SEHN aparece co mo especialista en “himenópteros, véspidos, euménidos y
masáridos”. Los datos de su cambio de residencia también proceden de dicho registro.
378 Para más detalles sobre sus obra s, véase Maier, ibid.: 68-72; Beltrán y Belén, 2007: 127-132.
379 Candau (1894: 67 y 68) llega a decir literalmente que su aparta do sobre Carmona es una “ (…) especie de
catálogo que del museo hemos formado (…)”.
380 Cañal, 1894: 115 y 116. Aunque, en su demérito, hay que decir que no menciona su fuente.
104
sobre los minerales tintóreos. 381 Si bien la memor ia de Cabrera se publica en los Anales
de la SEHN en el tomo correspondiente a 1894, éste la había presentado a la Sección de
Sevilla en la sesión del 6 de septiembre de 1893. 382 Caña l se había asociado ese mismo
año a la SEHN y era miembro de la Sección sevillana, así que, como el resto de los
asociados, tuvo acceso al texto que su consocio Cabrera presentó para la aprobación local
antes de ser remitido a la comisión de publicacione s de la Sociedad en Madrid. Por lo que
respecta a Candau, éste no formaba parte del círculo de discípulos de Calderón en la
Facultad de Ciencias, ya que era discípulo de Sales y Ferré 383 y, por tanto, su círculo
académico era el de la Facultad de Filosofía y Letras. Tampoco era socio de la SEHN. 384
Su conexión con Ca brera – y con Calderón - estaba en el Ateneo y Sociedad de
Excursiones, donde los jóvenes universitari os asociados a esta entidad solían presentar
públicamente, confo rme a la normativa estatutaria de la institución, relatos de sus
excursiones, unas veces de manera formal y otras, infor mal, con gran éxito de públi co en
estos últimos casos. 385 Dado el interés de los descubrimientos que se estaban realizando
en Carmona, Calderón 386 debió también animar a Cabrera a hacer una presentación
sobre su mem oria en el A teneo, donde Candau ten dría conocimiento de sus datos.
Comarca de La C ampiña: térmi no municipal de El Coronil
Se trata de parte de la que he denominado Colección Candau. Los materiale s
remanentes de esta colección se encuen tran en la actualidad repa rtidos ent re el
Departament o de Prehistoria y Arqueología de la Facultad de Geografía e Historia, 387 y
las zonas de depósi to del PHAUS, también e n la Real Fábrica de Tabacos.
Dichos materiale s proced en de las excavaciones que realizó Feliciano Ca nda u, en
las tierras que pos eía su familia en el término municipal de El Coro nil, entre 1889 y
1891. 388 La mayo r parte de los objetos, restos humanos y ecofactos que recopiló entonce s
estuvieron, sin em bargo, como él mismo ind icó en su obra, depos itados en el Museo que
381 Candau ( 1894: 65- 66) sí cita su fuente y la copia de la i nformación no es tan literal como la de Cañal, salvo
en las notas bibliográficas, que sí son las de la memoria de Cabrera.
382 SEHN, Actas, t. XXII, correspondiente al año 1893.
383 Beltrán y Belén, 2007: 127 y 128 .
384 Como recogem os en otra parte de este trabajo, Candau no se asoció hasta 1914, convencid o por De las
Barras, que, al hacerse cargo de la cátedra en la Facultad de Ciencias, intentó revitalizar la Sección sevillana
de la SEHN incrementando el número de socios locales.
385 Valiente, 2007: 87, citando a F. de las Barras.
386 Fue socio del A teneo mientras residió en Sevilla. Fue preside nte de su Sección de Ciencias e incluso ll egó
a presidir la entidad. (De las Barras, 1945: 94). Véase, para más información la parte de esta tesis dedicada
al MASES.
387 Y que como el resto de los materiales de la Colección de Prehistoria del antiguo Gabinet e de Historia
Natural fue el inicio de mis trabajos de investigación sobre este tema (Henares, 2013).
388 Cañal, 1894: 131-135.
105
tuvo el Ateneo y Socieda d de Excursiones de Sevilla, 389 del que llegó a ser director, como
se verá en la segunda parte de e sta tesis.
Por lo que respecta a lo conservad o en el Dep artamento de Prehistoria y
Arqueología, se trata de un lote de materiales diversos, c ompuesto por (ta bla I.8):
La “Colección Candau ” en el MGHN (Dpto. P rehistoria y Arque ología)
Nº listado general
Nº etiqueta
Descripción
Nº 70
“Coronil-13- 2-a- n”
Nº 13
17 fragmentos de l áminas talla das.
Nº 78
“Coronil-21”
Nº 21
Un útil pulimentado, r oto.
Nº 71
“Coronil-13- 2-2”
Nº 13
22 restos de tall a de sílex.
Nº 72
“Coronil-13- 2-3”
Nº 13
9 fragmentos de pied ra (no son ni fra gmentos de
útiles ni rest os de talla)
Nº 76
“Coronil-19- 139”
Nº 19 y 139
Una cajita de cartón q ue contiene 3 frag mentos
de hueso (nº 19), 2 fragmentos de hueso (nº
139), 1 fragmento de cua rzo (nº 139), 16
fragmentos de hue so o madera ca rbonizados (nº
19), 1 diente humano (sin tejuelo), 1 fragm ento
de sílex (nº 139) y un remache metál ico (sin
tejuelo).
Nº 73
“Coronil-15-1”
Nº 15
5 fragmentos de hues os largos, rotos
longitudinalmen te (sobre e xpositor de madera).
Nº 74
“Coronil-15-2”
Nº 15
La base de una caja de cartón peq ueña, con 21
fragmentos de hue so y 1 fragmento de piedra.
Nº 75
“Coronil-18”
Nº 18
Dos colmillos de jabalí, sobre e xpositor de
madera.
Nº 77
“Coronil-20 -97”
Nº 20 y 97
Un puñal de remac hes, sobre expositor de
madera.
Nº 79
“Coronil-31”
Nº 31
Tres colmillos de jabalí, sobre ex positor de
madera.
Nº 80
“Coronil-44”
Nº 44
Una caja de cart ón, contenien do 40 fragmentos
de hueso.
Nº 81
“Coronil-126 ”
Nº 126
8 fragment os de hueso, sobre expositor de
madera.
Tabla I.8.- Las piezas de la Colección Candau en el antiguo MGHN.
389 Barrero, 2008: 130; M. de P ablo-Romero, 1982: 56; Ateneo y Sociedad de Excursiones, Reglamento,
Título VIII, De la Biblioteca y Museo, art. 39, 40 y 41. Para más información, véase la parte de esta tesis
dedicada al MASES.
112
científicas en los campos que a ambos interesaban, la Paleoantropología y la Prehistoria,
por la difusión que Machado daba a los descub rimientos de Mac Pherson, 423 por la
donación de materiales que este último realizó al Gabinete de Historia Natural de objetos
procedentes de sus excava ciones en Alhama de Gran ada, y por los comentarios del propio
Machado en sus artículo s, donde dejaba claro que ambos compartían la información y
discutían sobre los hallazgos realizados. 424 También Cañal 425 nos da cuenta de su eficaz
cooperación en relación con hallazgos d e terceros, que r ecurrían a ellos al considerarle s
no sólo entendid os en la materia, sin o los princip ales referente s para las investigacione s
sobre Prehistoria en Andalucía Occidental, en las décadas de los años 60 y 70 del siglo
XIX. Es má s que posible, por tanto, que Guiller mo Mac Pherson – y, po r supuesto, su
hermano José – fuera el donante de otras piezas (y no sólo de cualquiera d e éstas de la
provincia de Cádiz ).
b.- Por lo que respecta a los años 80 y 90 del siglo XIX, es necesario considerar
que alguna de estas piezas, al igual que la nº 11, pudiera ingresar posteriormente en la
colección del Gabine te, cua ndo los fondos ya habían pasado a confo rmar el MGHN, bajo
la direcció n de Salvador Calderón. Las piezas podrían haber sido aporta das por las
exploraciones de otros geólogos e incipientes geógrafos del entorno de Calderón. Éste y
los que podríamos consi derar como su equipo (Paúl, Medina, Cala, Chaves, De las Barras,
Del Río, Del Mazo, Ca brera, Álvarez Quinter o) desarrollaron una im portante labor
exploratoria - siguiendo el ejemplo de Antonio Machado -, por las provincias occidentales
de Andalucía e incrementaron con numerosas aportacione s de nuevos ejemplares todas
las colecciones del Gabinete, como venim os exponiendo.
El donativo De las B arras
F. de las Barras fue catedrático en Cádiz entre los cursos 1912-1913 y 1914-1915,
donde entabló amistad y fructíferas relaciones científicas con Pelayo Quintero y Atauri,
de las que derivaron varias publicaciones de gran interés para los avances de los estudios
sobre la aplicación de la metodología que se estaba desarrollando en el campo de la
Antropología Física a la investigación sobre l os restos human os prehistóricos y
antiguos. 426 Asimismo, ese buen enten dimiento ent re el naturalista-prehistoria dor y el
anticuario-arqueólo go, dio lugar a que los museos universitari os, en especia l el de la
Facultad de Filosofía y Letras, como ve remos, se enriq uecieran con dona ciones de
materiales arqueológicos procedentes de Cádiz. 427 Por la información que él mismo
facilita, sabemos que De las Barras donó al Museo del Gabinete de Historia Natural un
423 Machado, 1870 y 1871 c.
424 Machado, 1870: 347.
425 Cañal, 1 894: 15 5.
426 Por ejemplo, De las Barras, 1912, 19 14 c y 1917.
427 Véase el capítulo correspondiente a la C olección Quintero, en la parte de esta tesis dedicada al MFFL.
113
pequeño amuleto de caliza procedente de la zona de necrópolis de la Punta de la Vaca,
donde lo halló en 1912, 428 y que, al año siguiente, describía para la Sección sevillana de
la SEHN:
“Objeto, probablemente amuleto, de caliza encontrado por nosotros en
Cádiz en la Punta de la Vaca, donde están las sepulturas fenicia s, de que
publicamos una nota en nuestro BOLETÍN de 1912 (Gabinete de la Universidad)/
tiene la forma general de las hachas prehistóricas, (…)” (De las Barras, 1913: 518).
Este objeto no ha llegado a la actualidad, pero es posible que sí lo hicieran otros
dos de los que no publicó ningún comentario. A falta de documentos que lo aseveren,
consideramo s que De las Barras tam bién pudo haber donado al Gabinete unos
fragmentos de cerámica que se conservan, junto con el resto de la colección de
Prehistoria de su desaparecido museo. Se trata de un pequeño fragme nto de ánfora
fenica, con parte de una de sus característi cas asas (fig. I.23, 1); y de un trozo de un objeto
hecho a mano, con un a perforación en el extremo que se conserva (fig.I.23, 2).
Fig.I.23 – 1. - “Cádiz- 43-1”. Fr agmento de á nfora fenicia; 2.- “Cádiz-43-2”. Fragmento de objeto de barro
cocido, con perforación en un extremo (Henares, 2013, catálogo).
No obstante, se mantiene también abierta la posibilidad de que el donante fuera
Machado y Núñez, que había visitado las tumbas fenicias de la Punta de la Vaca,
prácticamente cuando se descubrieron, y que pudo coger los fragmentos de cerámica
como muestras para e l Gabinete de Historia Natural que dirigía. 429
Las piezas de cerámi ca perdidas
En el listado que acompañó a las piezas de la colección desde el extinto Muse o de
Geología hasta el Departamento de Prehistoria y Arqueología, figuraba que los
fragmentos de cerámica procedentes de Cádiz eran “tres piezas”, aunq ue sólo lle garon
428 De las Barras, 1912 y 1913.
429 Machado, 1871 b: 224.
114
dos. La fractura de la pieza de tendencia cilín drica apenas e stá erosionada, por lo que se
podría aventurar la hipótesis de que estuviera rota en dos partes, perdiéndose uno de los
trozos en el traslado.
Restos óseos
Se conserva, con el nº 600, un fragmento de cráneo de bóvido, del qu e sólo
sabemos que procede de Cádiz (Hen ares, 2013: lám. V).
Las hipótesis sobre su donante y la fecha de su ingreso en la colección son las
mismas que acabam os de proponer para el resto de las piezas.
Gibraltar
La donación Busk- Falc oner
Sólo ha llegado hasta hoy una pieza, la registrada con el nº 122 (fig.I.24). Se trata
de un fragmento de brecha, formada por la acumulación de restos óseos y trozos de
materia carbonizada, amalgama dos por sedime ntos calcáreos característicos de los
medios kár sticos. Este tipo de brechas es característico de las cavidades gibraltareña s,
como ya describie ra Ignacio López de Ayal a en el siglo XVII I:
“Había peñas – escrib e Lóp ez de Ayala – que tenían pegados e
incorporad os huesos humanos, y tan asidos á e llas que causaba adm iración;
porque con m ucha dificultad se despegaban de l a peña con una punta de daga.
No estaban las pie dras labradas en f orma de sepul cro, sino mezclad os los huesos
y trabados i rregularmente con ellas.”. 430
Esta pieza es una de las que formaban parte de la donación hecha por los geólogos
británicos George Busk y Hugh Falconer a Antonio Machado, producto de sus trabaj os
de exploración y excavación en las cavernas del Peñón de Gibraltar, en 1864 . En concret o,
nuestra pieza procede de la Cueva de la Genista/ Genista Cave , tal como a parece en un
tejuelo de la época, escrito en inglés, que se encuentra adherido a la misma . Esta caverna
se sitúa en el extremo oriental de la península de Gibraltar, en Windmill Hi ll .
Tras sus trabajos de campo y antes de regresar a Gran Bretaña, Falconer y Busk
visitaron de nuevo a Machado en Sevilla y, confor me a las palabras de este mismo,
iniciaron una interesante y fructífera relación cie ntífica en relación con los trabajos en
Gibraltar: “… y entráse mos en relaciones cient íficas sobre los descub rimientos que
acababan de hacer…”. 431 Y le donaron algunos objetos para la colección: (…)” y la cesión
generosa que de algunos objetos me hicie ron, procedentes de aquella localidad, (…)”. 432
430 En Almagro, 1983: 26. López de Ayala escribe su texto en 1782.
431 Machado, 1869 d: 368.
432 Machado, ibid.
115
Dichos objetos – que Ma chado n o llega a descri bir ni enumerar e n el artíc ulo que
publicó en la RMFLC – pasaron a engrosar la cole cción de P rehistoria del Gabinete de
Historia Natural. Tenía previsto tratar de los restos h umanos - y de los materiales q ue se
hallaron junto a ellos - en la continuación del artículo que pro metía para esa misma
publicación, pero no llegó a aparecer en ninguno de los números restantes de la revista .
No obstante, por sus comentarios en el mismo artículo 433 y por la coincidencia de uno
de ellos con la pieza que nos ocupa, podem os reconoce rla: “(…) están engastados en la
roca, cementados y formando una masa compacta de desiguales fragmentos, conocido s
en la cien cia con la denominación de brec has huesosas.”
Fig. I.24- “Gibraltar-122”, procedente de la Cueva de la Genista / Genista Cave . Donación de George
Busk y Hugh Falconer al MGHN.
A tenor de sus comentarios sobre los hallazg os gibralta reños en el artículo que se
viene citando, podemos suponer que, entre los objetos donados había fragmen tos de
cerámica, un lote de fósiles de mamíferos, escogidos entre la abundante representaci ón
de fauna cuaternaria que se recuperó en la s excavaciones, y ha chas pulimentadas:
“(…) y en las montañas próximas se encuen tran piedras pulimentadas
pertenecientes a tiem pos más remotos e igua les a las que con el nombre del Rayo
y de la Centella hemos dado a conocer en números anteriores de esta Revista, e
idénticas a las que se lla man hachas celtíberas i mpropiamente, pues proce den de
toda Europa, y sólo se di ferencian en el tamaño.” 434
En el “Inventario A” se recoge que en el MGHN había tres piezas líticas
procedentes de “aluvión del río Palomares” , con los números 127, 128 y 129. Se añadía
una nota indicando que estas piezas se habían “comprado a D. Juan Custodio”.
Posteriormente, en el ICAUH, se recogían tam bién tres piezas p rocedentes de “Gibralta r
(R. Palmones)”. Como se puede comprobar en la tabla siguiente, una comparación de la
información ent re ambos inventari os, permite asegurar que se trataba de las mismas
433 Macha do, ibid.: 369.
434 Machado, ibid.
116
piezas, que habían pasado en 1917 al MFF L. Lamentableme nte, no han llegado a la
actualidad.
Las piezas pe rdidas de Gibralt ar
Rfª MGHN
Notas
Rfª MFFL
Notas
Observaciones
“127 Gran
hacha doble
bisel”
“Aluvión del
río Palomares”
“Univers. Nº 1 -
Gran hacha
plana corte
doble bisel”
“Gibraltar (R.
Palmones)”
La numeraci ón
no coincide.
“128 Pico” “Univers.2 –
Pico”
“Río Palmones
(Gibraltar)”
La numeraci ón
no coincide, y
está repetida
en e l ICAUH.
“129 Raspador
de uso
doméstico”
“Univers.3 –
Cincel doble,
una cara
plana,
dob.bis.”
“Gibraltar (R.
Palmones)”
La numeraci ón
no coincide, y
está repetida ,
dos veces, en el
ICAUH.
Tabla I.9.- Las piezas perdidas de Gibraltar.
Las referencias en el ICAUH a una numeración del MGHN no sólo no coinciden
con la del “Inventario A”, sino que aparecen repetidas, asignándose tanto a las piezas
gibraltareñas indicada s como a piezas provenien tes de otros luga res:
a.- “Univers.2” se asigna a la pieza gibraltareña y también a una punta de flecha
solutrense francesa.
b.- “Univers .3” se asigna a la pieza gibraltareña y también, tanto a un raspador
solutrense francés, como a un “cel ta” danés.
Esto es una muestra de que la colección de Prehistoria del MGHN había visto
reorganizada su ordenación y numeración en los años del cambio de siglo; y,
posiblemente, las piezas de otros países de Europa se habían agrupado por conjuntos,
que habían reci bido su propia nume ración c orrelativa.
La diferencia del hidrónimo entre ambos inventarios se debe a una errata del
escribano que copió la información desde las eti quetas/papeletas de las piezas al libro
del “Inventario A”, porque e l nombre del río del C ampo de Gibraltar es Pal mones.
Por otra parte, dado que no figura la fecha de la adquisición, no podemos saber
quién compró las piezas. Este hecho apunta, asi mismo, a que éstas no fueran las que
pudieron haber lle gado al MGHN a través del donativo Busk-Falconer, sino que llegaran
al museo universita rio con posteriorida d.
117
MGHN
EUROPA
5.2.1.- ES PAÑA
5.2.1.2.- AND ALUCÍA ORIENTAL
Provincia de Mála ga
Se conservan cinco piezas p rocedentes de la provincia de Málaga, n umeradas de l
59 al 63 sin solución de continuidad. 435 Este detalle parece apuntar a que se e ncontraban
en una sección de l a colección dedicada, o a esta provincia, o a la Serranía de Ronda.
Término municipal de Ro nda
El donativo Ma c Pherson
Se trata de cuatro piezas, sin expositor, con los números 59, 60, 61 y 62.
Aparentemente se trata de hachas pulimentadas, pero su factura es muy elemental y no
se aprecia claramente bajo la espesa capa de concreciones calcáreas que las cubre. Son
muy pesadas y a simple vista, parece que, al menos un par de ellas (nº 60 y 61), son de
granito o de otra roca cristalina similar. La concreción de la nº 61 fue parcialmente
retirada mediante raspa do para pod er ver de qué tipo se roca se trataba, lo que señala
claramente q ue fue un geólogo el que la s encontró.
Los donantes fueron seguramente los herman os Mac Ph erson, José y Guille rmo,
y las piezas entraron en la colección entre los años 1875 y 1880. En ese quinquen io, el
geólogo José Mac Pherson realizó una serie de profundos es tudios geológicos,
geomorfológicos y petr ológicos de la Serranía de Ronda, que fue pu blicando con
periodicidad casi anual en forma de memorias en los Anales de la SEHN (1875, 1876,
1878 y 1879). Es posible que recogiera los cantos entre la ingente cantidad de muestras
de rocas y minerales que recopiló durante sus prospecciones y que, rec onociendo la
forma de posibles útiles prehistóricos, se los diera a su hermano Guillermo y a su amig o
Antonio Machado para que los estudiaran , y, fin almente, acabaron donándolos para la
colección del Gabinete d e Historia Natural.
Las piezas per didas de Ronda
En el listado que acompañó a la colección desde el extinto Museo de Geología
hasta el Departamento de Prehistoria y Arqueología figuraba un “hacha doble bisel de
fibrolita”, procedente de Ronda, aunque esa pieza no lle gó con el conjunto de materiales.
435 Estas piezas llegaron al Departamento de Prehistoria y Arqueología sin expositor, acompa ñadas de una
cuartilla manuscrita que las califica de “hachas desbastadas”.
118
Término munici pal de Tolox
Contamos con un hacha pulimentada (nº 63), procedente del término de Tolox,
que, según sus etiq uetas, in gresó en la colección e n 1910.
Sabemos de esta pieza por el Boletín de la SEHN, 436 que recoge el acta de la sesión
celebrada por la Sección de Sevilla el 15 de diciembre de 1910. Allí se registra que el socio
Del Mazo había realizado recienteme nte excursione s a la sierra de Tolox y: “present ó
como resultado de sus viajes y exploraciones un hacha prehistó rica encontrada en Río
Redondo, (…)”.
Esa afirmaci ón sobre lo reciente de su prospección por el término de Tol ox, en
concreto del Río Redondo, y la fe cha del acta de la sesión en la que la presen tó, permiten
asegurar que se trata de esta pieza. La fecha de donación puede situarse, pues, entre
diciembre de 1910 y los primeros meses de 1911. Se podría a venturar, incluso, que la fecha
fuera el mismo 15 de diciembre de 1910, tenien do en cuenta que por aquellos años la
Sección sevillana de la SEHN se reunía e n el Gabin ete de Historia Nat ural de la US.
El donante sería pues, Julio del Mazo y Franza, 437 abogado y natu ralista, con fama
de buen ornitó logo, residente en Sevilla y socio numerario de la SEHN desde 1897.
También había dona do a la colección paleontológica un buen número de fósiles
procedentes de la pr ovincia de Huelva.
Piezas perdidas: ot ra hacha de Tolox
Tenemos constancia de que la colección albergó, al menos, otra hacha procedente
no sólo de Tolox, sino también de los depósitos de cantos rodados del Río Redondo, pero
que no ha lle gado hasta la actualidad.
Por su inclusi ón en una comunicación de F rancisco de las Barras a la SEHN, 438
sabemos que fue donada al Gabinete de Historia Natural de la Universidad de Sevilla por
Félix Gila Fidalgo, que fue titular de la cátedra d e la Facultad de Ciencias entre 1909 y
1912. Esa comunicación versaba sobre datos antropomét ricos de restos humanos de la
colección del Gabinete, pero De las Barras in cluyó las descripci ones de varios “objetos
prehistóricos”, ent re los cuales figu ra el que nos ocup a.
Dado el tiempo que Gila estuvo en Sevilla como titular de la cátedra de Historia
Natural, la pieza fue donada al Gabinete entre ambas fechas. Estos datos podrían inducir
a creer que se trata de la pieza nº 63, pero ambas no pueden confundirse porque ni sus
medidas, - facilitadas por De las Barr as -, coinciden ; ni la conservada “está perforada
cerca del centr o”, conforme a la descrip ción de la donada por Gila.
436 Tomo XI, 1911: 74.
437 De las Barras, 1945: 125-126.
438 De las Barras, 1913: 518.
119
Es posible que el relato de las prospecciones de Julio del Mazo en 1910, que
también presentó a l a Sección interesantes mue stras de mine rales del término de Tol ox,
animara a Gila a organizar nueva s prospecciones por el entorno del Río Redondo.
Provincia de Gran ada
La Colección de Guill ermo Mac Pherson
Esta colección es una muestra de los mate riales arqueológicos, restos óseos
humanos, restos óseos de otros mam íferos y ecofacto s diversos que Guillermo Mac
Pherson halló en sus excavaciones en La Cueva de la Mujer (Alhama de Granada), en los
años 1870 y 1 871, y que donó a Machado para el Gabinete de Historia Natu ral.
Esta donación y sus publicaciones son la mejor expresión de la cooperación y
buena sintonía que exist ía entre estas dos peculi ares y polifacéticas personalidades del
ambiente científi co de la España del siglo XIX . 439
La Colección Ma c Pherson en el Gabinete de Historia Natural
El grueso de la colección se guarda en el Departament o de Prehistoria y
Arqueología de la Facult ad de Geografía e Historia, donde fue depositada junto con el
resto de la Colección de Prehistoria del antigu o MGHN, que todavía permanecía entre
los fondos del Muse o de Geología. 440
Se trata de un lote nume roso y variado: 441 laminitas (3, con el nº 89; y otras 2,
con el nº 38- 94 y 92 , respectivamente ); fragmentos de lá minas (11, sin expositor y todas
con el nº 72); hachas pulimentadas, enteras o fra gmentadas, (32, con los nº 18, 19, 20,
21, 22, 23, 24, 35, 58, 59, 60, 61, 62, 63, 64, 65, 66, 67, 68 – hay dos con el mismo númer o
-, 70, 71, 72, 73, 74, 75, 77, 78, 80, 83, 85 y 86); fragmentos de cerámica (15, con los nº
95-1, 95-2, 95-3, 95-4, 95-5, 98-1, 98-2, 97, 99, 100, 10 1, 102, 108, 177-1 y 177-2); así
como restos óseos human os (nº 36 y 197-1 y 197- 2), restos óseos de ani males (nº 104 ,
111/112, 185, 468, 489 y 537), conchas (nº 106, 110, 191 y 495), una semilla (nº 194) y
carbón vegetal (nº 105).
439 Guillermo Mc Pherson no fue sólo naturalista, dedicándose a la Geología y la Prehistoria, sino también
escritor, traductor, deportista, comerciante y diplomático. De hecho, su principal ocupación dur ante largos
años fue la de cónsul británico en diversas ciudades españolas (Henares, 2013:24-26).
440 Constituido tras el traslado de la Universidad de Sevilla a su sede de la Real Fábrica de Tabacos, con lo
que quedaba del antiguo Gabinete de Historia Natura l (Galán, 1993 y 2010). Hoy en día, - con sede en el
Campus de Reina Mercedes -, Museo de Ciencias Naturales.
441 Henares, 2013:135 -138.
120
Fig.I.25.- Ecofactos de Alhama de Granada. Restos de vertebrados y gasterópodos.
La fecha exacta de ingreso en el Gabinete de Historia Natural no la sabemos, pero
es posible que, siguien do las costumb res de la época, 442 Mc Pherson re alizara una
primera entrega en 1870, puesto que ese año había regalado a Machado un ejemplar de
la pub licación de la memoria de su primera campaña, 443 y éste la reproducía en el tomo
de la RMFLC de esa misma fecha. 444 Y una segunda entrega pudo seguir tambié n
directamente a la cam paña de 1871, año en el que se repetía la secuencia de
publicaciones: Mac Pherson sacaba a la luz su segunda memoria, 445 y seguidamente
Machado publica ba una amplia recen sión en la R MFLC. 446
Como ya hemos referido en otro capítulo, el propio Machado o alguno de sus
discípulos (incluso su propio hijo, An tonio Machado Álvarez , también colaborador e n la
revista), firmando como “X” en la sección “Revis ta” de la RMFLC de 1871, 447 hacía una
“crónica de sociedad” ace rca de las actividades que se habían llevado a cabo en la US con
motivo de la inauguración del curso académico. En concreto, hacía referencia a lo que
hoy se llamaría una jorn ada de puertas abiertas y, habland o del Gabinete de Historia
Natural, e scribía:
“Tuvimos el gusto de ver además algun os materiales debidamente
clasificados que parecía n indicar un principio de gabinete histórico. (…)”.
442 Ya hemos comentado este extremo en otro lugar de esta misma tesis. F ormaba parte del protocolo de
cortesía entre los naturalistas de la época regalar a otros científicos, junto con los ejemplares de las
publicaciones correspondientes, muestras y especímenes resultantes de las exp loraciones y/o trabajos de
campo propios.
443 Mac Pherson (1870).
444 Mac Pherson, con intr oducción de Machado (1870: 346-354).
445 Mac Pherson (1871).
446 Machado (1871 c: 31 5-319).
447 RMFLC, sección “Revista”, 1871: 329-330.
121
Habiéndon os informado , podemos hoy asegurar que existen otros muc hos sin
oportuna col ocación por fal ta de estantería; (…)”.
Es posible, pues, que a la donación de Machado ya se hub iera unido la de Mac
Pherson, procedente de Alhama de Granada, y el poco espacio expo sitivo con que
entonces contaba el Gabinete hacía ne cesaria la petición de más mobiliario.
Fig.I.26. - Úti les líticos, hueso trabajado y fragmento de cerámica “a la almagra” de Alhama de Granada.
Las dos campañas de excavación produjeron una gran cantidad de materiale s
arqueológicos. En la primera, los prehistó ricos los compartió con el Gabinete de
Machado, reservándose un a buena parte para su colección personal. En la segunda, el
reparto fue mayor: se reservó su parte, donó ot ra a Machado para el Gabinete, envió un
copioso lote al Congres o Internacional de Bolonia 448 y vendió otro al Christy Fund. 449
Una vez que los material es retornaron de Bol onia, Mac Pherson donó, a fi nales
de 1873, parte de ese lote al Gabinete de Historia Natural de Madrid, y Vilanova se hizo
eco de ello ante la SEHN: 450
“El señor Vilanova muestra una colección de objetos procedentes de la
Cueva de la Muje r , en Alhama de Gr anada, y sus alrededores, que el señor Mac-
Pherson, de Cádiz, después de haberla presentado al congreso prehistórico de
Bolonia, ha destinad o al Gabinete de Histor ia Natural de Madrid, estando
448 Machado, 1871 c: 319.
449 Al cargo en aquellos años de Sir Augus tus Wollaston Franks, con quién Mac Pherson se puso en contacto
por primera vez en noviembre de 1871, prosiguiendo el i ntercambio de correspondencia entre marzo y
septiembre de 1872. Posteriormente, en 1880, Mac Pherson volvería a realizarles otra venta de materiales
para el British Museum (Henares, 2013: 136 y nota 443).
450 Actas, t. II, 1873: 60-61.
128
La donación se produjo, lógicamente, entre finale s de 1884, cuando Calderón se
hace cargo de su cátedra en la Universidad de Sevilla, y 1895, cuando se traslada a ocup ar
la de la Universidad Cent ral (Madrid). Y es el resultado de su afición por la Espeleología,
de la que fue un aguerrido practi cante en su juventud, mientras accedía y descendía a
cuanta cavidad le parecía que p udiera co ntene r vestigios de ocupación humana. Por sus
comunicaci ones a la SEHN sabemos que, en los años 70 del siglo XIX, exploraba c uevas
de Castilla 468 y redactó un informe a la Soc iedad comunicando los resultados de una serie
de ensay os experiment ales, que había realiza do para mejorar las condiciones de
iluminación en los am bientes húmedos y oscuros de los sistema s kársticos. 469
Era de origen santanderin o, así que conocía, y exploraba, todas las cuevas de la
región; y, en 1877, publicó, en los primeros pasos del Boletín de la Institución Libre de
Enseñanza , un artículo sobre la Cueva de Oreña. 470 Esta publicación le sitúa como el
primero en dar noticia científica de la localización de un conchero prehistórico en la costa
del Cantábrico, poniéndolo en relación directa con los estudiad os en Dinamarca, como
vemos por la denominaci ón que se le dio a la pieza al ingresar en el MGHN. En esa fecha
debemos, pues, conside rar que el fragment o de brecha salió del yaci miento, y qu e
permaneció en la colección particular de Calderón hasta q ue lo donó a la US.
Conforme al “Inventa rio A”, no fue el único fragm ento de brecha de esta cueva 471
que donó al MGHN, ya que, con el nº 110, aparece registrad o otr o, de similares
características, pero incluyendo una “mandíbula de cuervo”. Esta otra pieza no se ha
conservad o.
El donativo Candau
Se trata de un fragmento de hueso de mamífer o (fig.I.30), donado en 1915 po r
Feliciano Candau, a la vue lta de una visita a las grutas santande rinas: “El Sr. Canda u
presentó y donó un hueso fósil de rumiante, procedente de las grutas de Carranza
(Santander)”. 472
El “caso Altamira” motivó que, desde su descubrimiento, primero debido a la
polémica, y después, a la “bendición” de Cartailhac en 1902, la visita a las cuevas
santanderinas fuera casi obligada para todo naturalista o historiador interesado en la
Prehistoria. Animada por esto, una sección local de la SEHN, muy activa, proseguía sin
descanso en la ex ploración de cavernas y a brigos rocosos de la región. 473
468 Calderón, 1876: 66.
469 Calderón, 1878: 57.
470 Calderón, 1877.
471 Según Puig y Larraz, en su catálogo de cavidades y cuevas (seg unda parte, SEHN, Anales, Memorias, 1897:
50-82), en Santander, como sucede con los microtopónimos en otras provincias de E spaña, hay varias cuevas
conocidas por “Cueva de Oreña”. La explorada por Calde rón (y el también naturalista G onzá lez Linares) fue
la Cueva de Royales, también conocida como Cueva de Oreña, sita en el término municipal de Valle del Alfoz
de Lloreda.
472 Bole tín de la SEHN, Actas, t. XV, 1915: 424.
473 No nos extendemos más sobre este caso porque excede los límites y objetivos de la present e tesis.
129
Fig.I.30. - “Santander-259”. Hueso de mamífero. Donativo de F. Candau al MGHN.
CASTILLA – LA MA NCHA
Provincia de Tole do
Conforme al ICAUH, hasta la primera mitad del siglo XX se conservaba en la
colección al menos una pieza, un “amuleto de fibrolita”, procedente del término
municipal de Pue nte del Arzobis po (Toledo). En la actualidad, perdida.
EXTREMADURA
Provincia de Badaj oz
Debido a que las piezas conservadas correspon den a yacimientos y términos
municipales relacionad os con la exploración de Sierra Morena, la informaci ón sobre ellos
ya se ha tratado e n el capítulo corres pondiente a ésta.
Del resto de la provincia, conforme al ICAUH, y como ya se ha mencionad o, hasta
la primera mitad del siglo XX, se conservaban en la colección varias piezas p rocedente s
del término municipal de Zafra (3 hachas pulimentadas, con los números 47, 48 y 49),
que no han ll egado a la actualidad.
COMUNIDA D AUTÓNO MA DE MADRID
Provincia de Madri d
El yacimie nto de San Isidr o del Campo. Donativo de Casiano de Prado.
Lamentablemente desaparecidas, conforme al “Inventari o A”, sabemos qu e
Casiano de Prado había donado dos piezas líticas procedentes de San Isidro para e l
MGHN (tabla I.12). Considerad o en el siglo XIX como el yacimiento prehistórico más
importante de España, por ser el primero donde se habían localizado in strumentos líticos
asociados a una inte resantísima estratigrafía y serie paleontológica del Cuaternario, cuyo
descubridor fue Ca siano de Prado. En 1872, 474 Juan Vilan ova se ocupó por extenso de
este yacimiento, su estratigrafía, los hallazgos y la historia de la década que mediaba
entre esa fecha y los primeros trabajos de Prado en la zona, recogiendo información de
474 J. Vilano va, 1 872: 191-196, de las Actas de la SEHN; pp. 5-10 de la separata; lámina 4ª, 1ª de la separata.
130
la memoria que é ste reda ctara para la C omisión de l Mapa Geol ógico de Españ a, y de sus
propias observaci ones sobre el terreno.
Dadas las buenas relacione s de Machado con todos los que en los años se senta
del siglo XIX intervinier on de una forma u otra en los trabajos de San Isidro, las piezas
perdidas pudieron lle gar a la colección por varios canal es: De Prado, Du Verne uil,
Vilanova, Falc oner o Busk . Sin descartar que el propio Mac hado visitara e l yacimien to
junto a alguno de ellos y se proveyera personalme nte de muestras para la colección del
Gabinete de Historia Natural, porque, como ya se ha mencionado , la amistad de Casiano
de Prado y Antonio Machado cimentaba una exce lente relación científica, que, tras los
descubrimientos de San Isidro trascendió lo geológico y se volcó en lo prehistórico . No
hay documentos que p rueben que Machado estuviera alguna vez en San Isidro, pero no
sería de extrañar que hubiera ido a c onocer de primera mano los descubrimientos de su
amigo, y hubiera vuelto con varias piezas de muestra, donadas por De Prado para el
Gabinete de Historia Natural de la US. Esto podría explicar que, ya e n tiempos de
Salvador Calderón, cuando se redac ta el “Inventa rio A”, junto a los registros de los dos
piezas que nos ocupan, se añada la nota: “Se supone donado por D. Casiano de Prado”,
basada, bien en alguna anotación de Macha do en las papeletas de las piezas, o en l os
recuerdos de los miem bros más veteranos de la Facultad de Ciencias.
El donativo perdid o de Casiano de Prado a l Gabinete de Historia Natural
Nº de registro
Catalogación
Procedencia
48
“2º tipo cuaternari o (Moustier)”
“S. Isidro Mad rid”
59
“1er tipo cuate rnario (Saint Acheul)”
“S. Isidro Madrid ”
Tabla I.12. -El yacimiento de San Isidro (Madrid) en el MGHN. Piezas perdidas (datos “Inventario A”).
Por la sumaria forma en que se catalogan, sólo sabemos que una pertenecía a la
cultura musteriense del Pale olítico Medio, y otra, a la Achelense del Paleolítico Inferior ;
pero no se nos transmi te de qué útiles conc retos se trataba.
Aparentemente, ninguna de estas pieza s se cedió al MFFL en 1917, y, la achelen se
siguió en la colección de Prehistoria del MGHN hasta los años 90 del siglo XX, puest o
que, en el que he denominado “Inventa rio Donación” 475 figuraba un a:
“- Hacha Tº Achenlense – Sn. Isidro (Madrid )” (Doc. MGHN. I.3, fol. 5)
La pieza musteriense se había perdido antes, o, en el caso de que sí se hubiera
cedido al MFFL, tam poco habría llegado ha sta la redacción definiti va del ICAUH, donde
no figura ningún o bjeto procedente de e ste yacim iento.
475 Doc. MGHN.I .3.
131
MGHN
EUROPA
5.2.2. - RESTO DE EUROPA
Conforme con la docu mentación existente, en el siglo XIX, la colección de
Prehistoria del antiguo MGHN cont ó con piezas procedentes de los principales
yacimientos de Fran cia, Reino Unido , Bélgica y Dinama rca. 476
FRANCIA
Hoy en día, sólo algunas de las piezas procedentes de Francia siguen for mando
parte de la colección. 477 Se conservan 18 piezas líticas originales y dos reproducciones de
puntas metáli cas. 478
Estas piezas proceden de varios yacimientos franceses: Vailly-sur- Sauldre (nº
108), Godervill e (nº 30), Pressigny-le- Grand (nº 306), Laugerie Haute (nº 11, 12, 14,
406), Bergerac (tres piezas con el nº 401) y otras dos localizaciones de su entorno, Souc i
(nº 22, 29, 44, 409, 410, s/nº), y Le Roc (nº 47 , y las reproducciones nº 28 y 29). Má s
una pieza (nº 6/79), que, en los cambios de o rganización de la colección perdió su
referencia geográfica. 479 Es tos yacimien tos están situados en los departamentos de
Dordoña ( Dordogne ), Sena Marítimo ( Seine Maritime ) y Centro ( Centre ), dentro de las
cuencas de los ríos Dordoña, Vézè re, Sena y Loira, donde se produjeron los primeros
hallazgos de instrumen tal prehistórico en Francia y donde los geólogos francese s
comenzaron a desa rrollar sus estudios sobre la Prehistoria.
La “colecci ón francesa” e n época de Machado
Un buena parte de estos materiales líticos ingre só en el Gabinete de Historia
Natural en la época en que Machado era el titular de la cátedra. El artícul o que publicó
en la RMFLC, sobre el Congreso Internacional de Arqueología Prehistóric a de Norwich
de 1868, 480 es una muestra de que seguía con muchísimo interé s los avances en la
investigación sobre la Prehistoria en el resto de Europa. Y procuró reunir una colección
de industrias líticas en las que estuvieran repres entados los yacimientos donde se iban
realizando descub rimientos, para poder examinarlas personalm ente.
476 Dadas las lagunas existentes en la documentación, que iremo s citando co nforme venga al caso, no habría
que descartar que también hubiera albergado materiales procedentes de otros países, como Suiza, el Imperio
Austrohúngaro o Italia, donde también se investigaban activamente numerosos yacimientos prehistóricos.
477 Números 154 a 1 71 del listado.
478 Realizadas en madera.
479 Ésta se redujo a “Francia”.
480 Machado, 1869 b: 33-39 y 281-287.
132
Por otra parte, al donar esa colección al Gabinete de Historia Natural, estaba
dotando a la US de una excelen te muestra de material lítico de varios yacimien tos
franceses, británicos, daneses y belgas. 481 De ello sólo ha llegado hasta la actual idad parte
del conjunto que hemos relacionado al principio, que, no obstante, sigue siendo un buen
ejemplo de las zonas más relevantes en el panorama de la Prehistoria de Francia, y en el
de la historia de la s investigaciones prehistó ricas europeas.
Departamento de Cher
Así, vem os que la pieza nº 108 procede del cantón de V ailly-sur-Sauldre , en el
Departament o de Cher, de una zona geológica que est uvo en el centro de algunas de las
entonces famosas polémicas surgidas alrededor del “Hombre Terciario”; o lo que viene a
ser lo mismo, alrede dor de la verdadera cuestión de fondo, que era la de la antigüedad
de los fósiles humanos y los restos de sus industria s. 482 Al parecer, esta polémica la había
iniciado Desnoyers en 1863 y la había reavivado Bourgeois en 1867, ambos basándose en
los resultados de sus trabajos en áreas de la cuenca del Loir a. 483 Machado, pues, se había
hecho de un ejem plar de las “industria s” de la polémica, para poder estudiarlas
personalmente .
En la etiqueta que con serva, que la cataloga como “punta lanceolad a”, el
topónimo del yacimiento aparece como “Vaillyche s”, que es una corr upción de “ Vailly,
Cher ”. Ésta ya se había producido en tiempos de Calderón, cuando se redactó el
“Inventario A”, donde figura como lugar de procedencia “Vaillycher”, lo que confirma
que se encontraba entre los fond os del Gabinete cuando éste se hizo cargo de la cáte dra.
La pieza tiene sobre su superficie una inscripción manuscrita a tinta, difícilme nte legible
(sobre la que están adheridos los dos tejuelos que porta), que daría lugar a la confusión.
Su numeraci ón y catalo gación en el “Inventari o A” cont ribuyen a la i dentificación
positiva de la pieza, ya que aparece registrada como la nº 108 y se de scribe como “ punta
lanceolada tosca ”.
Departamento de Sei ne Maritime
Por lo que respecta a Godervill e , éste era uno de los yacimientos donde se
identificaban industrias similares a las de Le Moustier, que estaban permitien do la
paulatina caracterizació n de la cultura musteriense fuera del ámbito geográfico de la
Dordoña.
La pieza, tallada sobre un a gran lasca triangular mediante la técnica Levallois,
está catalogada en su etiqueta como “raspador munsteviense” (sic), y su procedencia ,
como “Gonvienir”. A la vista de ello, resulta evidente que se ha pro ducido una corrupción
481 ICAUH.
482 Hernández-Pacheco, 1959: 55-61; Trigger, 1992; 89-96; Renfrew y Bahn, 1991: 22.
483 Hernández-Pacheco, ibid.; Brézillon, 1982: 195.
133
del topónimo, debida tanto a malas lecturas y transcripciones erróneas del francés al
español, como a posibles erratas mecanográficas p osteriores. El “Inventar io A” no es de
ayuda en este caso, pues to que la numeración no se corresponde con esta pieza. Todo
ello, pues, apunta a que se encontraba en el Gab inete desde la época de Machado, y,
aunque con problemas de transcripción, conservó sus referencias geográficas,
probablemente porque se conserva ba aún un registro original , o una papel eta.
Fig. I.31. Piezas procedentes de yacimientos franceses. Época de Machado al frente del Gabinete de HN.
Departamento de Indr e-et-Loire
Por su parte, Grand-Pr essigny (o Pressigny -le-Grand ) es un yacimie nto de
enorme interés, puesto que s e trata d e una mina de sílex explotada en la Prehistoria, en
concreto en el Calcolí tico, descu bierta por Leveil lé en 1864, 484 y cuyos productos (sílex
en bruto o productos de primera extracción, en piezas de gran tamaño, denominadas
“livres de beurre ”) se e xp ortaron tanto a las regiones p irenaicas y alpinas, hacia el s ur y
el este, como hacia el norte, a las tierras bajas holandesas y belgas. 485 El peculiar color de
este material (descrito como similar al caramelo o la miel, según autores) hace, junto a
su tamaño, perfectament e identificables los materiale s procedentes de estas minas. Se
ha propuesto 486 que la gran demanda de esta materia prima se deba tanto al gran tamaño
de las piezas que perm itía obtener, com o al parecido de s u color con el del cobre, en una
484 Espasa, 1922, entrada “Pressigny le Grand”.
485 Merino, 1980.
486 Champion et al., 1988: 224 -226.
134
época en la que regiones europeas carentes de min as de mineral, competían u ofrecían,
como alternativa a l as armas metál icas, hojas y láminas de sílex cada vez mayores.
La pieza “Francia -6-79”
En los cambios de orden y numeración que sufrió esta pieza a lo largo de los años
se extravió la informació n sobre su procedenc ia. Así, podemos ver que tiene adheridos
tres tejuelos y restos de otros dos. Por una carta tiene uno , con el nº 6 mecanografiado,
y, junto a él, tres marca s verticales manuscritas, a tinta. Ese tejuelo está claramente
colocado sobre otro a nterior, del que todavía se aprecian los bordes de un enmarcado de
imprenta de color azul. En la cara opuesta, tiene otros dos tejuelos, ambos co n el nº 79,
uno mecanografiad o y el otro, má s antiguo, de im prenta; y restos de un tercero.
Se trata d e un útil tallado sobre una gran lasca de sílex. Este tipo de sílex r esulta
visualmente idéntico al de la pieza “Pressigny-306”, y, conforme a los datos del
“Inventario A”, la pieza registrada allí c on el nº 79 era una “Ast illa c uaternaria de sílex”
y procedía de “P ressigny (Francia)”, por lo que podemos iden tificarla como tal.
Fig. I.32. - Piezas procedentes de Pressigny (Francia) en el MGHN.
Machado, de nuevo, se hizo con ejemplares procedentes del extrao rdinario
descubrimiento de aquella mina prehistórica. Sólo han llegado estas dos piezas hasta la
actualidad, pero en el ICAUH puede verse que, al menos hasta la primera mitad del siglo
XX, la colección contaba con otro instrumento y un núcleo de sílex pro cedentes también
de este yacimien to. La vía a través de la que estas piezas llegaron a Machado pudo se r
Juan Vilanova. A su regreso del viaje que realizó con Tubino a Dinamarca para asistir al
Congreso Internacional de Copenhague, Vilanova hizo escala en Bélgica, mientras su
135
compañero adelantaba su regreso a Madrid por motivos laborales. En el catálogo de
piezas que relacionan al final de su obra (Vilano va y Tubino, 1871), que corresponde al
donativo que hicieron al entonces Gabine te de Historia Natural de Madrid (MNHN),
aparece relacionado el yacimiento de “Grand Presigny” (sic); así que no sería de extrañ ar
que, entre, c omo veremos más a delante, lo s materia les que regal aron a Ma chado para la
US, hubiera va rias muestras de allí.
Los yacimiento s de la Dordoña: el entorno de Bergerac y el Valle del Vézère.
El donativo Lartet -Christy
De la región de la Dordoña , riquísima en vestigi os del Paleolítico, Machado aportó
a la colección piezas de un yacimiento clave dentro de la importante concentraci ón de
cuevas con restos prehistórico s del entorno de Les Eyzies-de-Tayac, el conocido com o
Laugerie Haute . Esto fue pos ible gracias a la relación de amistad y cooperación científica
que le unía con el geólogo, paleontólogo y prehistoriador francés Edouard Lartet, y con
su hijo Louis, también naturalista y prehistoriador.
Como ya se ha me nciona do, Eduard Lartet e stá considerad o como el autor de los
descubrimientos más importantes en los yacimien tos prehi stóricos en cueva franceses,
así como el iniciad or, en 1861, de la s clasificacion es cronológicas que p onían en paral elo
los datos paleon tológicos con los relativos a las industrias prehistóricas . Sus “cuatro
edades” (del uro, del reno, del ele fante-rinoceronte y del oso cavernario) fueron en
adelante un marco de referencia para todos los estudiosos de la Prehisto ria y para sus
propias investigacione s, que fueron completan do paulatinamente el cua dro con los
datos, tip ológicos y es tratigráficos, de sus excava ciones sucesivas. Fue también la base
de la que partieron los estudios crono- estratigráfic os de Gabriel de Mortille t, cuya
cronología y clasificacion es tipológicas se mantendrían vigentes hasta las investigaciones
de Breuil en l as primeras décadas del siglo XX . 487 Gracias a una breve n ota publicada en
la RMFLC, 488 sabemos que Machado seguía de cerca las investigaciones que, en los años
60 del siglo XIX, esta ba llevando a cabo E duard Lartet en el Val le del Vézère, junto al
británico Henry Christy. Lartet mantenía a Mach ado puntualmente informado de sus
excavaciones y descubrimientos y pudo remitirle los materiales de Laugeri e Haute ,
donde, en 1863, él y Christ y habían llevado a cab o las primeras investigaciones en el
amplio abrigo rocoso. 489 Las industria s de este yacimien to facilitaron a Lartet hacer
modificaciones que hacían más preciso su cuadro cronológic o; en concreto, las puntas
foliáceas, que le permitían dividir en dos fases el período más reciente de su Edad del
Reno (las representati vas de los yacimientos de Laugerie Haute y de La Madeleine ,
487 Brézillon, op.cit.: 194-195.
488 Machado, 1869 c: 28-29.
489 Peyrony, s /f; Brézillon, ibid.: 195.
136
también en el valle del Vézère y también explorado y excavado por primera vez por
Christy y él). Una de esas puntas foliáceas (el trozo de punta solutrense de cara plana,
con el nº 406), ingresó en la colección particular de Machado y pasó de ésta al Gabinete
de Historia Natural, junto con varios raspadore s de similar cronología (de los que se
conservan tres).
Fig. I.33 - El donativo Lartet- Christy al Gabinete de Historia Natural. Piezas de Laugerie Haute . La pieza
“Laugerie-406” formó parte de la exposición Un Museo en la Universidad.
También, gracias a la misma nota, sabemos que, cuando el hijo de Lartet, Louis,
prosiguió sus trabajos, la cordial relación con Machado continu ó. En 1868, un
descubrimiento casual del acceso a un abrigo rocoso, y de material lític o en él, debido a
unas obras para la carretera de Les Eyzies a Sarlat, dio lugar a que el Ministerio de
Instrucción Pú blica fran cés encargara a Louis Lartet una investiga ción en el lugar,
conocido como Cro -Magno n , donde descubrió los primeros restos human os en marzo
de ese año. 490 La financiación proporci onada por el legado de Henry Christy , permiti ó
las excavaciones, y Lartet envió a Machado 491 lo que había publicado en el Boletín de la
Sociedad Antropológica de Francia: “folleto descriptivo y las láminas que r epresentan los
cráneos y objet os de in dustria de aque llos anti guos habitante s de nuestra Europa”.
Machado, pues, estuvo al corriente de este descubrimiento de forma práctica mente
inmediata, y apenas al año siguiente lo estaba dando a conocer en el primer número de
la revista sevillana que dirigía.
490 Peyrony, op.cit.
491 Machado, op.cit.: 29 .
137
Las piezas per didas de La ugerie Haute
Por el ICAUH sabemos que, procedentes también del yacimiento de Laugerie
Haute, había, en la primera mitad del siglo XX, al menos nueve piezas más, que fueron
segregadas de la colección del MGHN. Pero estas piezas, conforme al “Inventario A”,
pertenecían a la Colección Coincy, que, como se verá a continuación, contenía 15 piezas
de este yacimiento, y q ue probable mente pasó completa al MFFL.
La “colecci ón francesa” e n época de Calderón
En esta época, las pieza s de procedencia francesa del MGHN se vie ron
aumentadas por la contr ibución de la que he denominado C olección Coincy. Su titula r
fue el naturalista, conocido sobre todo por su gran contribución a la Botánica, Auguste
Henri Cornut de la Fontaine de Coincy, que, en los años 80 del siglo XIX, estuvo en
España estudiando la flora peninsular. Siguiend o el ejemplo de Moritz Willk omm, otros
botánicos alemane s y franceses vinieron en la segunda mitad del ese siglo a explorar,
estudiar y catalogar la, prácticamente virgen para la ciencia, flora de la Península Ibérica.
Y Coincy fue uno de ellos. 492 Su obra seriada sobre flora peninsular era celebrada de
forma inmediata por los miemb ros de la SEHN conforme iba siendo publicada, 493 con
comentarios elogioso s y notas bibliográficas .
Años antes de la visita a Andalucía de Coincy, Willkomm había disfrutado de la
hospitalidad de Mac hado, 494 de su apoyo logís tico y de su compañí a en sus
herborizaci ones por las tierras andal uzas; y es posible que, sabedor de ello, Coincy
viniera a visitar el magnífico herbario que se guardaba en la US. Si los miembros de la
Facultad de Ciencias le brindaron una buena acogida, las piezas que ahora nos ocupan
pudieron ser una muestra de agradecimiento a Cal derón, el entonces titular de la cátedra,
para el MGHN. No hay que descartar que do nara otros objetos, incluidos, por supuest o,
plantas y mineral es. La usual abre viatura de su nombre como A. Coincy, hizo que un a
mala lectura diera lugar a la variante mecanografia da que se puede ver en las etiquetas
de las reproducci ones (“Le Roc-28” y “ Le Roc-29 ”), “A. Coiney”.
La Colección Coincy
Conforme a los datos de l “Inventario A” (doc. MGHN.I.1, fol: 434-437) de l
MGHN el “donativo Coincy” llegó al Gabinete en 1887, enviad o por De Coincy, ya que,
en el apartado “adquisición”, se hizo constar: “Colección de piedras talladas enviadas por
Mr. de Coincy de Courteisean 495 ”. Dicha colección estaba formada por 47 piezas
492 González Buen o, 1997.
493 Actas de la SEHN, entre 1893 y 1901.
494 Calderón, 1897 : 140.
495 Sic. Error al tran scribir el nombre del Château de Courloiseau ( Loiret, Francia), lugar de residencia del
naturalista Auguste de Coincy (Auguste Henri Cornut de la Fontaine de Coincy), miembr o c orrespondiente
de la SEHN.
144
Otras piezas pro cedentes de Dinamarca en los museo s universitarios
(Perdidas en la actualidad)
Pieza
Procedencia
Rfª MGHN
Rfª MFFL
Datos ICAUH
“Riñón de sílex”
“Dinamarca ”
Nº 105
Univers.105
“Nº 51. Riñ ón”
“Dinamarca ”
“Hacha
neolítica de
lados rectos y
caras
pulimentadas .”
“Aalboy”
Nº 109
Univ. 63
508
“Nº 114. Celta
sílex talla do
grueso, boca
ancha, lados
planos, bisel
doble”
“Adboy-Igllan d”
(corrupción de
Aalboy
Laaland )
“Raspador
tallado de sílex
(Epoca
neolítica)”
“Dinamarca ”
Nº 100
Univ. 100
“Nº 116.
Raspador
tallado sílex,
neolº”
“Dinamarca ”
“Celta tallado
de sílex (Epoca
de la p.
pulimentada )”
“Dinamarca ”
Nº 99
509
No consta
No consta
Tabla I.15.- Piezas perdidas de la colección Vilanova-Tubino, procedentes de Dinamarca.
Datos más precisos sobre la procedencia de cada pieza sólo se conser varon,
corruptos, en la nº 109 (nº 63 Univers. / nº 114 I CAUH), cuyos dat os permiten a segurar
que ese hacha era una de las piezas que el Barón de Laaland, gran coleccionista danés,
había regalado a Vilanova y Tubino, y que, ademá s de otros lugares de Dinamarca,
procedían de localidades de su señorío, como Gulborg o Maribo (Vilanova y Tubino,
1871: 114). Lamentablemente, una vez perdida la pieza, esta información sólo s irve para
acrecentar lo negati vo de esta circunstancia.
BÉLGICA
Existe referencia a dos piezas, procedentes de Spiennes , que probablemente
trajera consigo Vilanova de una de sus últimas escalas en el regreso desde Dinamarca
(Vilanova y Tubino, 1871), aunque no lo mencionara expresame nte. Tampoco sería la
última vez que viajara a Bélgica, así que las piezas pudieron ingresar a lo largo de esa
508 La diferencia de numeración pudo deberse a la reordenación de las colecciones del MGHN posterior a la
marcha de Calderón a Madrid.
509 Esta pieza no llegó hasta la época de la última versión del ICAUH.
145
década en el Gabinete. Pasaro n al MFFL, y estuvi eron entre sus fondos al menos hasta la
confección de la última versión del ICAUH; después ya no se tiene más noticia de las
mismas.
REINO UNIDO
Aparte de las piezas procedentes de Gibraltar (y Campo de Gibraltar), ya
mencionadas en el apartado correspondiente a la provincia de Cádiz, durante algún
tiempo se conservaron en el MFFL varias piezas procedentes del Reino Unido, qu e
habían pertenecido ante s al MGHN. En concreto, se tiene constancia de que aún
quedaban cinco cuando se lle vó a cabo la última v ersión del ICAUH, tres procedentes de
Brandon , 510 y dos reseñada s como procedentes de “Inglater ra” de manera genérica,
porque ya se habían extraviado sus referencia s geográfica originales.
Piezas perdidas p rocedentes d el Reino Un ido en el MGHN
“Inventario A”
Yacimiento
ICAUH
DESCRIPCIÓN
Nº 57
“Inglaterra ”
MHN nº 57
Punta cheliana (si c)
Nº 56
(Brandon)
511
MHN nº 56
Punta cheliana (si c)
(Faltan las
numeraciones
altas)
Brandon
MHN nº 400
Punta cheliana (si c)
Nº 50
Brandon
MHN nº 50
Punta cheliana (si c)
Nº 128
Río Palmones
(Gibraltar)
Univers.2
Pico (Sic)
Nº 129
Descrito como
raspador.
Gibraltar
(R.Palmones)
Univers. 3
Cincel doble, una
cara plana, dob.bis.
(sic)
Nº 127
Gibraltar
(R.Palmones)
Univers. Nº 1
Gran hacha plana
corte doble bisel
(sic)
Nº 136
“Inglaterra ”
Univers.136
Celta cilíndrico,
corte recto
destruido, granito
(sic)
Tabla I.16.- Piezas perdidas procedentes del Reino Unido en el MGHN.
510 Aunque existe n vario s Brand on en el Reino Unido, éste seg uramente es el Brandon de Suf folk , en cuyas
minas de s ílex (en concreto en Grimes Graves ) se encontraron vestigios de explotación de estos recursos en
la Prehistoria, hacia los años 70 del siglo XIX, siendo el geó logo John Evans el primero en ocuparse de ellos
en su Ancient Stone Implements of Great Britain, en 1872.
511 Este dato sólo aparece en el ICAUH. En el “Inventario A” esta columna está en blanco, pero se añade una
nota diciendo: “Consultado con D. M. Sales ”, de f orma que es posible que este extremo presentara dudas en
tiempos de Calderón, y que Sa les, que llevaba mucho más ti empo en la US, recordara la p rocedencia y les
ayudara a aclararlo. No obstante, el dato no se registró nunca en el libro del MGHN. Debió hacerse sólo sobre
la papeleta del objeto, desde donde se volcó la información al ICAUH.
146
ALEMANIA
En la documentación con la que contamos sólo figura una pieza procede nte de
Alemania, concretamente de Berlín. Fue la última en registrarse en el “Inventario A”,
donde figuraba con el nº 209; catalogada como “Sílex patinizado”, pero sin datos sobre
el tipo de útil que era. Es una de las pocas en la q ue constaba la fecha de in greso, 1891; y
se anotaba que la había donado Federico Relimpio. Éste fue socio agregado de la SEHN
durante mu chos años.
Esta pieza no parece que pasara al MFFL, puesto que no se recogió en el ICAUH .
Y si lo hizo, se perdió antes de que se redactara su versión final, porque no ha llegado a
la actualidad.
A mod o de resumen, se incluye a continuación un a tabla 512 con los datos que
aparecen en el ICAUH sobre piezas líticas proce dentes de otros paíse s de Europa,
perdidas en la actualidad. Estas piezas están entre las representadas en las fotografías
que se guardan junto a lo s fondos remanentes del MFFL (doc. MFFL.1), 513 aunque no es
posible identificarlas con seguridad, dado lo escueto de su descripción. Asimismo, e s
preciso tener en cuen ta:
- Que hay diversas piezas que responden a la mism a catalogación.
- Que las referen cias num éricas no son seguras po r los cambios de “arreglo”
realizados a través de los años, ya que las foto grafías son de los años 30 del
siglo XX.
- Que l os tejuelos que estaban a la vista no resul tan le gibles en las fotografía s.
- Y que y a faltaban piezas. 514
Piezas perdidas p rocedentes d e otros países de E uropa (según I CAUH)
País
Yacimiento
Referencia
Descripción
Gran Bretaña
Inglaterra
MHN nº 57
Punta cheliana (si c)
Gran Bretaña
Brandon
MHN nº 56
Punta cheliana (si c)
Gran Bretaña
Brandon
MHN nº 400
Punta cheliana (si c)
Gran Bretaña
Brandon
MHN nº 50
Punta cheliana (si c)
Gran Bretaña
Río Palmones
(Gibraltar)
Univers.2
Pico (Sic)
Gran Bretaña
Gibraltar
(R.Palmones)
Univers. 3
Cincel doble, una
cara plana, dob.bis.
(sic)
512 Basada en Hen ares, 2013, tabla X; actualizada.
513 Henares, 2012: fig. 11, 12; Beltrán y Henares, 2012: fig. 18; Doc. MFFL.1.
514 Como se puede comprobar por los huecos que se perciben claramente en las tablas, don de, incluso en
algunos casos, se conservaban los alambrillos que sostuvieron a las piezas desaparecidas.
147
Gran Bretaña
Gibraltar
(R.Palmones)
Univers. Nº 1
Gran hacha plana
corte doble bisel
(sic)
Gran Bretaña
Inglaterra
Univers.136
Celta cilíndrico,
corte recto
destruido, granito
(sic)
Francia
Somme
MHN nº 11
Punta cheliana (si c)
Francia
París
MHN nº 55
Punta cheliana (sic)
Francia
París
MHN nº 4 12
Raspador (sic)
Francia
Poitiers
MHN nº 60
Punta cheliana (si c)
Francia
Le Roc – Bergera c
MHN nº 4 11
Punta Mouster
(sic)
Francia
Le Roc – Bergera c
MHN nº 52
Punta Mouster
(sic)
Francia
Poitiers
MHN nº 49
Punta Mouster
(sic)
Francia
“Francia”
MHN nº 78
Fgto.cuchill o
Madelaine (sic)
Francia
Souci – Bergera c
MHN nº 20
Buril Madelain e
(sic)
Francia
Souci – Bergera c
MHN nº 34
Raspador
Madelaine (sic)
Francia
Souci – Bergera c
MHN nº 36
Buril pico de loro
Madelaine (sic)
Francia
Souci – Bergera c
MHN nº 408
Buril pico de loro
Madelaine (sic)
Francia
Souci – Bergera c
MHN nº 405
Buril pico de loro
Madelaine (sic)
Francia
Souci – Bergera c
MHN nº 24
Buril pico de loro
Madelaine (sic)
Francia
Souci – Bergera c
MHN nº 28
Buril pico de loro
Madelaine (sic)
Francia
Souci – Bergera c
MHN nº 38
Buril pico de loro
Madelaine (sic)
Francia
Souci – Bergera c
MHN nº 33
Buril pico de loro
Madelaine (sic)
Francia
Souci – Bergera c
MHN nº 19
Raspadores
Madelaine (sic)
Francia
Souci – Bergera c
MHN nº 18
Astilla Madelain e
(sic)
Francia
Souci – Bergera c
MHN nº 409
Buril doble
Madelaine (sic)
Francia
Souci – Bergera c
MHN nº 42
Cuchillo Madelain e
(sic)
Francia
Souci – Bergera c
MHN nº 26
Buril Madelain e
(sic)
Francia
Souci – Bergera c
MHN nº 29
Buril Madelain e
(sic)
Francia
Souci (Bergerac)
MHN nº 37, 39, 40
7 astillas Madel aine
(sic)
Francia
Souci (Bergerac)
Univers.46
Cuchillo Madelain e
(sic)
148
Francia
Dordogne
MHN nº 54
Buril Madelain e
(sic)
Francia
Dordogne
MHN nº 20 8
515
Raspador
Madelaine (sic )
Francia
Dordogne
MHN nº 10
Buril Madelain e
(sic)
Francia
Laugerie h. (sic)
MHN nº 407
Raspador S olutré
(sic)
Francia
Laugerie h. (sic)
MHN nº 3
Raspador S olutré
(sic)
Francia
Laugerie h. (sic)
MHN nº 5
Raspador S olutré
(sic)
Francia
Laugerie h. (sic)
MHN nº 9
Raspador S olutré
(sic)
Francia
Laugerie h. (sic)
MHN nº 4
Astilla Solut ré (sic)
Francia
Laugerie (sic)
MHN nº 17
Astilla Solut ré (sic)
Francia
Laugerie h. (sic)
MHN nº 2
Punta de flecha
Solutré (sic )
Francia
Laugerie h. (sic)
Univers.8
Punta hoja laurel
Solutré (sic )
Francia
Laugerie h. (sic)
Univers.15
Punta hoja laurel
Solutré (sic )
Francia
Pressigny
Univers.79
Cuchillo (sic)
Francia
Grand Pressigny
Univers.93
Riñón o núcleo
(sic)
Dinamarca
“Dinamarca ”
Univers.3
Celta sílex tallado y
pulimº, grues o,
lados planos, corte
recto, doble bisel
(sic)
Dinamarca
Adboy-Igllan d.
516
(sic)
Univers.63
Celta sílex tallado
grueso, boca ancha,
lados planos, bisel
doble (sic)
Dinamarca
“Dinamarca ”
Univers.105
Riñón (sic)
Dinamarca
“Dinamarca ”
Univers.100
Raspador tallado
silex, neolº (sic)
Dinamarca
“Dinamarca ”
Univers.97
Fgto. Brecha con
huesos y conchas,
de un
kjockemoeding
(sic)
Bélgica
Spiennes (cham
517
à cailloux) (sic)
Univers.135
Núcleo (sic)
Bélgica
Spiennes
MHN nº 20 9
518
Punta Mouster
(sic)
Piezas de procedencia d udosa
Francia
Reltont (sic)
519
MHN nº 25 1
P.-raspado r
Moustier (sic)
515 Donado, confo rme a l “Inventario A”, por Vicente Casalrubio en 1890.
516 Como ya se ha referido, corrupción de Aalboy y Laaland , en referencia al lugar de procedencia y al
coleccionista (Barón de Laaland) que regaló las piezas a Vilanova y Tubino.
517 Por “ champ ”. Guijarral, traducido en el “Inventario A” como “campo de sílex”.
518 La numeración se c orresponde en el “Inventario A” con la pieza procedente de Berlín.
519 Probablemen te, corrupción de Rétonval , en el Departamento de Seine Maritime .
149
¿?
¿?
Univers.33
520
Amuleto de
navaenlita (sic)
¿?
¿?
Univers.413
521
Amuleto de mezcla
(sic)
¿?
¿?
Univers. nº 69
522
Fgto. hacha plana
corte doble bisel
(sic)
¿?
¿?
Univers. nº 40
523
Celta corte doble
bisel, jade oriental
(sic)
Tabla. I.17. - Resumen. Piezas prehistóricas procedentes del resto de Europa, según datos del ICAUH.
Fig. I.37.- Ejemplo de materiales prehistóricos que pasaron del MGHN al MFFL (fotografías, doc.MFFL.1).
520 La numeración no coincide con la del “Inventario A”.
521 No figuró en el “Inventario A” puesto que no recoge las numeraciones más altas.
522 Coincide con el “Inventario A”, pero éste tampoco contiene más datos que éstos.
523 La numeración no coincide con la del “Inventario A”. Hay en éste varias piezas de serpentina, alguna de
las cuales pudo ser confundida con jade.
150
MGHN
6.- La Colección de Antropo logía
En los años 90 del siglo XIX, Calderón estaba organizando con sus discípulos una
Colección de Antropología dentro del MGHN, en la sección de Zoología del mismo. De la
época de Machado había heredado lo que se podría denominar como una Colección
Americana, formada a partir de los materiales recibidos del reparto de las Coleccione s
del Pacífico y, como se verá a continuación, de aportaciones personales de aquél. Por otra
parte, también había restos óseos humanos junto a los de otros mamífe ros, entre los
materiales zoológicos y paleontológicos, de forma que, siguiendo sus propios
planteamientos teóricos, Calderón (1884: 224 -237) trataba de “arreglar” una sección del
MGHN dedi cada a la “ciencia del hom bre” (ibid.: 225), inspirándose en los museos de
Londres y París. Del primero tomó la ubicaci ón de lo relativ o a la Antropología dentro de
la Zoología (sección de Mamíferos); y del segundo la organización interna de la sección,
en lo tocante a la Human idad. Teniendo en cuenta lo q ue ha llegado hasta la actualidad,
probablemente, l o que en dicha “se cción” se encon trara sería similar a lo siguien te:
- Una colección de ejemplares óseos y materiales prehistóricos, acompañado s
de fósiles de anim ales y v egetales del Cuaternario.
- Una colección de ejempla res óseos de “antropología actual”, proce dentes de
España y lo que habían sido, y algunas t odavía e ran, sus colonias .
La “colección” de restos óseos y materiales prehistóricos podría ser una de las
explicaciones para las numeraciones repetidas que encontramos en los inventarios que
se vienen citando, así como para las numeraciones ele vadas que no aparecen en el
registro de la “Colección de Prehistoria Genera l y del País” del “Inventario A”.
La Colección de Antropología, en principio, habría acogido a los restos óseos no
prehistóricos, y, más adelante, a los obj etos precolombin os que se encontraban en la
Colección de Prehist oria, pero el paréntesis obligado de la desaparición temporal de la
Facultad de Ciencias de la US en 1892 dejó el proyecto inacabad o. Tras la marcha de
Calderón a Madrid, no se retomaría. Gila se ocupó principalmente de tratar de sacar
adelante me joras en las instalaciones y, su falle cimiento repentino, tambi én impidió, no
sólo que se cuidara de que las obras se terminaran a tiempo, sino que pudiera proseguir
con la labor de Calderón y con sus propios proyectos (Henares, 2012: 80-82). De las
Barras conseguiría volver a poner en marcha el Gabinete, y retomar en buena forma las
directrices de futuro planeadas por Calderón, pero, en lo tocante a la Colección
Antropológica, ésta se centraría en la Antropolo gía Física; por eso la mayoría de los
151
materiales precolombin os acabaron en el MFFL, que, sin embargo, los expuso junto a los
materiales prehistó ricos.
Aquí, los materiale s y restos ó seos identificados se presentan formando parte de
la Colección de Antropol ogía, tal como la había concebido Calderón, pero separados en
las dos colecciones que se pueden distinguir en la actualidad, tras la separación llevada
a cabo por De las Barras: una Colección A mericana, de carácter histórico-etnográ fico, y
otra de Antropología Física, con restos óseos tanto prehistóricos como histórico-
etnográficos.
MGHN
6.1.- La Colección Americana
El MGHN tuvo entre sus fondos una, al parecer, no despreciable cantidad de
objetos pre-colombin os, entre los que se incluía una momia, que había llegado como
parte de una de las dotaciones que, a mediados del siglo XIX, hiciera el Museo Nacional
de Ciencias Naturales a diversas entidades científicas y docentes, con lotes de obj etos y
materiales que habían llegado a España después d e la que fuera última gran e mpresa de
exploración científica e n ultramar. 524 Estos lotes, incluían no sólo especímenes de
Historia Natural, sino también algunos objetos arqueológicos y antropológicos. A la
Universidad de Sevilla le c orrespondieron “(…) una c olección de aves, una de mo luscos,
una de minerales y una momia”, integrados en el Gabinete de Historia Natural en
1869. 525 De el la dijo F. de las B arras, al describir el Museo del Gab inete en 1894: 526
“Además, procedente de la expedición de naturalistas es pañoles que fue
al Pacífico en 1862, se conserva una momia recogida en la localidad de Chin- Chin,
en e l desierto de Atacama”. 527
Los objet os american os, independie ntemente de sus fec has de ingreso en la
colección del Gabinete, siempre lo hicieron como muestras del uso y aprovechamient o
de minerales y rocas, para la fabricación de herra mientas, instrumentos y joyas, por parte
de las culturas americanas pre -colom binas, por lo que, en los escuetos datos que tenemos
sobre ellos, siemp re aparecen acompañados por el nombre de su materia prima.
524 Henares, 2013: 21, y notas 17 y 18. Se trataba del reparto de las conocidas como “Colecciones del Pacífico”.
525 Henares, ibid ., nota 18.
526 Francisco de las Barras publicó por entregas una descripción de “El Gabinete de Historia Natural de la
Universidad de Sevilla”, bajo p seudónimo, en La Andalucía Moderna , en ag osto de 1894, como parte de la
“política de puertas abiertas” y relaciones pública s que Sa lvador Calderón puso en marcha para salvaguardar
la existencia de este centro de investigación y sus coleccion es, ante la supresión de la Facultad de Ciencias
en la US (Henares, op.cit.: 68-70).
527 Se trató de una errata en la prensa. El topónimo era Chiu-Chiu (Bolivia), véase De las Bar ras y Medina,
1897: 46.
152
Por lo que respecta a los donantes de las piezas, en un principio 528 barajé tres
posibilidades. La primera, que su origen pudiera estar en la donación inicial de Antonio
Machado, que estuvo practicand o la medicina en Guatemala antes de d edicarse a la
docencia universitaria. La segunda, que se tratara de una aportación por parte del mayor
continuador de su labor, y organizador del MGHN, Salvador Calderón, que también
residió y ejerció como profesor y naturalista en Centroamérica. Y, f inalme nte, que fuera
una donación de Francisco de las Barras, que también ocupó la cátedra de Historia
Natural en la US, y contribuyó a aumentar los fondos de las colecciones del Gabinete, y
que, años más tar de, viajó a Colombia. 529
Posteriormente, el haber podido acceder a otro fondo documental en 2012, 530 nos
permite afirma r ahora que el ingreso de estas piezas sólo pudo efectuarse en tiempos de
Machado y /o Calderón , y a que su registro en los inventario s de los añ os 80 del siglo XIX
así lo confirma. No obstante, este hecho no hace que tengamos que dejar de contar con
F. de las Barras en este capítulo, c omo veremos algo más adel ante.
Las piezas c onservadas en la actualidad
En los fondos del antiguo MGHN 531 se conserva una única pieza (fig.I.38). Se trata
de un colgante cuadrangul ar de serpentina pulida, 532 que todavía se mantie ne sob re su
antiguo exposit or de ma dera, en cuya trasera hay un tejuelo con el número 137. Número
que le corr espondió en la organización del que f uera Museo del Gabinete llevada a cabo
por Salvador Calder ón, en los añ os 80 del siglo XIX .
Fig. I.38.- “Amuleto” de serpentina “América-137” del MGHN.
528 Cuando abo rdé su estudio en el año 2010, para la realización de mi tesis de licenciatura.
529 Con motivo de los fastos por el centenario del naturalista José Celestino Mutis. La “vocación
americanista” de F. de las Barras, queda patente en su ext ensa bibliografía sobre temas de exploración,
ciencias naturales, historia y actividades de naturalistas españ oles en América (un relación muy completa de
la misma en Valiente, 2007: 142-159).
530 Durante la preparación de la publicación que debía acompa ñar a la exposición Un Museo en la
Universidad (Beltrán y Huarte, 2012). Se trata de dos libros de registro del inventario del MGHN que se
vienen mencionando (doc. MG HN.I, 1 y 2), fechados en la déc ada de los a ños 80 del siglo XIX, y conservados
como parte de los fondos documentales del actual Museo de Ciencias Naturales de la US.
531 Actualmen te conservados en el Departamento de Prehistoria y Arqueología de la Facultad de Geografía e
Historia de la US (Henares, 2001, 2009, 201 2 y 20 13).
532 Esta pieza formó parte de los fondos del PHAUS expuestos en 2010, en la exposición Darwin y los
naturalistas sevillanos ; y en 2012/2013, en la exposición Un Museo en la Universidad .
153
Conforme a los datos de los libros de registro de inventario de dicho Museo, ése
era el número correlati vo que le correspondía, y junto a esta pieza, se registraban
también las siguien tes (tabla I.18):
Piezas de la Cole cción Americana del MGHN (añ os 80 del siglo XIX)
Nº de registro
Pieza
Procedencia
Nº 102
Punta de lan za de
obsidiana
Méjico (sic)
Nº 137
Amuleto de serpentina
América (sic)
Nº 138
Amuleto de macla
(Sin especificar)
Nº 139
Amuleto de serpentina
América (sic)
Nº 140
Amuletos de ágata
Comillas
(o sea, que tam bién
procedían de Amé rica,
como el nº 139) 533
Nº 141
Objeto de cobre
(Talismán? ) (sic)
(Sin especificar)
Tabla I.18.- Piezas americanas en libros de registro de inventario del MGHN. La res altada (nº 13 7), es la que
se conserva en el Dpto. de Prehistoria y Arqueología.
Las piezas americana s en el MFFL
Conforme a los datos de l ICAUH (doc.MFF L.III.2), que reflejan las pieza s que
pasaron del MGHN al MFFL, para formar parte de su sección de Prehistoria, conocemos
la existencia e n aquél varias de e sas piezas líticas procedentes de América (tabla I. 19).
Piezas de la Cole cción Americana que pasaron al MFFL a princi pios del siglo XX
Pieza
País
Refª MGHN
Refª MFFL
Rfª ICAUH
Punta de lan za
de obsidiana
Méjico (sic)
Nº 102
Univers.172
Nº 115
Amuleto de
serpentina
América (sic)
Nº 139
Univers.139
Nº 117
Amuleto
(Sin especificar)
Nº 140
Univers.140
Nº 118
Amuleto
(Sin especificar)
Nº 140
Univers.140
Nº 119
Amuleto
(Sin especificar )
Nº 140
Univers.140
Nº 120
Tabla I.19.- Piezas de procedencia americana en el ICAUH. 534 Resaltada, la nueva pieza identificada entre
los antiguos fondos del MFFL.
Por tanto, los “amuletos americanos” registrados como nº 139 y 140 (los tres
amuletos de ágata del inventario del MGHN), pasaron a exponerse en el MFFL, junto con
otra pieza americana , la punta de lan za de obsidiana mexicana. 535
533 Según la información del ICA UH, eran tres, registrados allí con los números 118, 119 y 1 20, y la referencia
“Univ.140”. Véase tabla I.19.
534 El término “Univers.”, y dadas las equivale ncias numéricas con el registro de inve ntario correspondiente,
indicaba que las piezas procedían del M GHN, para permitir la mejor identificación de las piezas donadas
directamente al nuevo museo por personas concretas (Beltrán y Henares, 2012: 120; Henares, 2012: 77-78).
535 La falta de coincidencia entre del número de registro de est a pieza con el que aparece en los libros de
inventario del M GHN conservados, puede deberse a una reordenación de la “Colección de Prehistoria
general y del país”, llevada a cabo entre 1895 y el cambi o de siglo, que no se reflejó en los mismos. De hecho,
256
“Para el sábado próximo ha organizado la Sociedad de Excursiones del
Ateneo una visita a los puntos siguien tes: Niebla, Huelva, La Rábida y Moguer,
Calañas y Mina Sotiel-Coronada, Fregena l, Zafra, Aracena, etc. / Durará la
excursión cinco días y la cuota es de 100 pesetas.” (El Porven ir, 08- 11-1894)
La relación de destinos evidencia dos circuitos diferentes dentro de una misma
excursión; uno, histórico- artístico, y otro, geológico-natu ralista. El primero recorrería
los monument os medievales, renace ntistas y barroco s de l ocalidades como Niebla,
Fregenal de la Sierra, Zafra o Aracena, y los monumento s de los lugares colombinos
(Huelva, La Rábida y Moguer). El segund o, l os distritos mineros (Calaña s y Sotiel-
Coronada) y estudiaría la oro genia de la serranía en sus dos vertientes occidentales, la
onubense y la pacense. Con esta excursión, se ampliaba el radio de acción de la
investigación hacia las provincias de Huelva y Badajoz. Dado el circuito y el tiempo
empleado, la investigación se debió centrar en una primera evaluación del pot encial
arqueológico de la zona, de la que, por otra parte, ya se contaba con información reunida
por los naturalista s. 797
También en este año, es preciso registrar dos exc ursiones partic ulares, lle vadas a
cabo por socios del Ateneo y cuyo destino era la exploración de cavernas en la Sierra
Morena sevillana: Carlos Cañal realiza una exploración de las cuevas y grutas de los
términos de Cazalla de la Sierra y San Nico lás del Puerto; y Casto Villar y Feliciano
Candau hacen lo propio en el término de Guadalcanal . A mbas excursiones se realizaron
antes de abril de ese año, puesto que tanto Cañal como Candau incluirían datos sobre las
mismas en sus respectiva s pub licacione s (Cañal, 1894; Candau, 1894). El obj etivo de
ambas era localiza r restos de ocupación prehistórica de la s cavidades estudiadas. 798
8.2.9.- Añ o 1895
Aunque Sales seguirá dirigiendo la Sociedad de Excursione s del Ateneo y, tras las
elecciones para el curso siguiente, presidirá de nuevo una resucitada Sección de
Excursiones, no hay documentación que recoja datos de ninguna excursión llevada a
cabo durante 1895. De fecha muy posterior, contamos con la informaci ón sobre una
excursión particular que varios socios realizaron ese año a Ronda, Gibraltar y Cádiz
(Cascales, 1921: 129-210). 799 No obstante, es seguro que, dentro de las actividades de la
Sección, al men os se visitaron Carm ona, por “tradición”, e Itálica, donde se sucedían los
797 Veáse l a parte de esta tesis dedicada al MGHN.
798 Este tema ya se ha tratado en la parte de esta tesis dedicada al MGHN.
799 Fue un viaje turístico, del que Cascales escribe un entretenid o relato de viajes, describiendo someramente,
en el mejor estilo de “guía tu rística”, los lugares de interés de los sitios visitados. Lo ún ico relativo a la
Arqueología es su descripción del MAP de Cádiz. La mayor parte del re lato lo ocupa la narración de su v isita
a Tánger (Cascales se separa por unos días de sus compañero s de viaje y cruza el Estrecho, para cono cer algo
del “pintoresco Marruecos”).
257
descubrimientos y a don de se desplazaba a menudo el director del MASES, Antonio Mª
de Ariza, en su cal idad de miembro de la Comisión Provincial de Monume ntos.
8.2.10.- Añ o 1896
Así, ya en 1896, Ariza visita Santiponce, para dar su opinión sobre hallaz gos de
sepulturas de é poca roma na:
“Tenemos noticia de un descubrimiento importantísimo recién realizado
en las exca vaciones que se practican en Santiponce. Trátase de una serie de
sepulturas, en las que han sido encontrados los esque letos de los cadáveres en
ellas enterrados en perfectísimo estado de conservación. / El hallazgo ha sido
hecho en unas excavaciones romanas próxima s al pueblo. El arqueólogo D.
Antonio María Ariza, individuo de la comisión provincial de Monumentos, ha
visitado ya las sepulturas, a las que atribuye grandísimo interés.” (El Porvenir, 13-
03-1896).
Por ello, habría que con siderar la posibilidad de que Itálica fuera uno de los
primeros de stinos de las excursiones de ese curso, en 1896. Día s después de aparecida la
noticia de los hallazgos arqueológicos en Santiponce, se publicaba el primer anuncio
oficial de una ex cursión del Ateneo en ese año, con destino a M archena y O suna:
“El Ateneo ha anunciado una excursión a Marchena y Osuna. Los
excursionista s saldrán de Sevilla para Osuna el miércoles 25 a las seis y dos
minutos de la tarde. 800 Por la mañana del 26 visitarán la Colegiata y a medio día
irán a Marchena, donde estudiarán la iglesia de Santiago y otros monument os. El
día 27, a las diez de la mañana, regresarán a Sevilla. Dirigirá la excursión el Sr.
Sales y Ferré.” (El Porvenir, 20-03 -1896).
En abril habrá una excursión a Carmona, pero en forma de “gira” de
agradecimiento a Rafael Mª de Labra, 801 que se había prestado a dar un disc urso en la
ceremonia de entrega de premios del ce rtamen anual.
En junio, tras las elecciones para el curso 1896/97, Sales continúa en la
presidencia de la mesa de la Sección de Excursio nes (que vuelve a denominarse así), y
acaricia el proyecto de una Soc iedad de Excursione s con una autonomía semejan te a la
del Centro de Bellas Artes del propio Ateneo, 802 y convertida en el centro exc ursionista
de referencia para Anda lucía: 803
800 Esta precisión “al minuto” se debía a los horarios de los trenes que iban a uti lizar para los
desplazamientos.
801 Político del momento, que est aba de campaña en la pro vincia de Sevilla (conforme se desprende de las
noticias sobre sus “meetings republicanos” aparecidas en la prensa).
802 Consolidada desde el curso 1893/94. Más información en De Pablo Romero (op.cit.) y sobre todo en Pérez
Calero (o p.cit.)
803 Como la ya mencionada AEC, la más veterana de las sociedades excursionistas españolas.
258
“(…) Sabemo s que el Sr. Sales, presiden te de dicha sección, 804 le ha de dar
un gran impulso, convirtiéndola en centro organi zado análogamente al d e Bellas
Artes del Ateneo. La Sección se denominará “Sociedad de Excursiones” y está
llamada a realizar notables trabajos en la región andaluza.” (El Porvenir, 17-06-
1896).
Este proyecto hay que relacionarlo con su n ombramiento en 1894 com o Director
de la Sociedad de Excu rsiones del Ateneo, y, por supuesto, con su nunca abandonada
pretensión de llevar a cabo la carta arqueológic a de Andalucía; pero también con un
período de renovados impulsos científico -cultu rales en la sociedad, con importante s
proyectos en otras secciones, como en la de Ciencias Históricas y Sociales, donde su
discípulo, Guichot, prop one su ya citad o proyecto de estudios mon ográficos de am plio
alcance para las provincias occidentales de An dalucía; y en la de Ciencias, donde
González y García de Meneses, que ha recogido de Calderón 805 el testigo de mantener las
actividades naturalista s, propone llevar a cabo visitas a “todos los museos, públicos y
particulares de la provincia, y examinar todas las colecciones particulares en lo referente
a ciencias físico- química s y naturales”, y redac tar una memoria con l os resultados. 806
Carlos del Río, socio del Ateneo desde sus comienzos, natu ralista y gran
excursionista, 807 es por estas fechas director del diario El Porvenir, y da publicidad al
proyecto de Sales:
“La sección de Excursiones del Ateneo trata de organizarse a la manera de
otras sociedades análogas establecidas en Madrid, Valencia y otras poblacione s.
Se ha nombrado una Comisión que r edacta el nuevo reglamento, compuesta por
los señ ores D. Manuel Sales (presidente), D. Carlos del Río, D. Franci sco de las
Barras, D. Carlos Caña l y D. Enrique de la Peña. Se piensa también en la
publicación de una Revista , 808 y para el estudio de este proyecto se ha designa do
otra Comisión constituid a por los señores D. Juan Díaz del Moral y don Francisco
Corbacho, y que será presidida por D. Gonzalo Bilbao.” (El Porvenir , 24-06-
1896).
Vemos, pues, que Sales se rodea de discí pulos, suyos (Cañal y De la Peña) y de
Salvador Calderón (Del Río, De las Barras y de nuevo Cañal), todos ateneístas desde muy
jóvenes y todos grandes e xcursionistas, para sacar adelante su proyecto de una Soc iedad
804 La nota de prensa se iniciaba con el anuncio de un aplazamiento de la sesión de la Sección de Excursiones,
fijada en principio para ese día.
805 Éste había marchado a Madrid el año anterior.
806 Este pr oyecto, menos ambici oso quizás que los de sus consocios, será el único que se lleve a cabo por
completo.
807 Como hemos visto en la parte de esta tesis dedicada el MGHN .
808 Que, como el Boletín, previsto ya desde la redacción inicial de los estatutos, en 1886/87 (Título VII, art.
35, 36 y 37), no pasó del estad o de proyecto y nunca vio la luz. Chaves no los recogió en su obra de 1896, y
tampoco aparecieron después de esa fecha, puesto que no obran ni en la Hemeroteca Provincial de Sevilla,
ni en la Hemeroteca Nacional.
259
de Excursiones autónoma dentro del Ateneo, y así salvar esa parte del mismo que, pese
a ser un principio funda cional, muchos socios ponían cada vez más en entredic ho. La
comisión para el sub-proy ecto de la revista la dejaba en manos de un destaca do miembro
del Centro de Bell as Artes, Gonzalo Bilba o. 809
En agosto, Del Río vuelve a dar pub licidad a nuevas iniciativa s de Sales,
refiriéndose a la Sociedad de Excursione s, en luga r de a la sección del mismo nom bre:
“El pensamiento de la S ociedad de Excursiones del Ateneo de Sevilla,
referente a la celebración en esta capital de un Congreso y una expo sición
internacional de arqueo logía, ha sido perfectamente acogida por la So ciedad
Arqueológica C armonense , cuyos soc ios han acordad o poner cuanto esté de su
parte para la realizació n de tal propósit o. Qu ince miembros de la asociación
referida piensan realizar, por su cuenta, trabajo s de exploración con ánimo de
tenerlos terminados para la época de la celebración del Congreso y la Exposición.
Estos no habrán de po der celebrarse hasta la primavera de 1898, y para el
próximo otoño e s seguro que han de ser comenzad os los trabajos preparat orios.”
(El Porvenir, 20 -08-1896).
Sales retoma el proyecto nunca llevado a ca bo de un congreso arqueológico en
Carmona, pero resituándolo en Sevilla y elevándolo a la categoría de internacional, a lo
que lo ayudaría el respaldo institucional que le prestaba la US. Le añade, como era de
rigor en la época, una expo sición; y cue nta con sus viejos amigos de Car mona, George
Bonsor y los hermanos Juan y Manuel Fernández, que no tardan en secunda rle, seguidos
por la Sociedad A rqueológica local.
Este proyecto arqueológico, y los planes de trabajo de cara a la celebraci ón del
congreso y la exposición, que Sales y los demás excursionis tas esta ban poniendo en
marcha, pudieron se r el motivo por el que los estudios sobre Arqueología desaparecen
del “proyecto Guichot” ese mismo mes de agosto. 810 No contamos con documento s o
información en la prensa que lo confirme, p ero todo parece apuntar a que dentro de los
“trabajos preparat orios”, que la Sociedad de Excursiones estaba plani ficando para
empezar en oto ño, se contempla ban excursione s por todo el Suroeste, 811 con una clara
finalidad arqueológica: exploraci ones (incluyen do tanto localización de yacimien tos,
como la excavación de catas en los mismos) y estudio de monumentos, cuyos resultados,
junto a l os de las exca vaciones que pretendían lle var a cabo los miembros de la
809 Gonzalo Bilbao y Mart ínez llegó a ser Presidente del Ateneo en 1901/1902. Para más deta lles sobre Bilbao
y otros miembros del Centro de Bellas Artes, Pérez Calero, 2006.
810 Como ya hemos citado, se publica una nota de pre nsa con la denominación definitiva de éste, que, a partir
de entonces, se titulará “Estudios monográficos acerca d e historia, sociología y detalles del territorio
provincial sevillano y límitrofes y de sus habitantes”, concentrándos e en los aspectos históricos, sociológicos
y folk-lóricos del Suroeste, y dejando la temática arqueológica para la Sociedad de Excursiones.
811 Las provincias andaluzas de Sevil la, Córdoba, Cádiz y Huelva, más la provincia extremeñ a de Badajoz,
conectada con las anteriores por Sierra Morena y por su pertenencia al distrito universitario sevillano.
260
Arqueológica Carmonen se, pudieran presentarse en el congreso e incluirse en el
programa de visitas de l mismo.
En octubre, se anuncian en la prensa dos excursiones, con destino a Écija y Jerez
de los Caballeros:
“Varios socios del Ateneo pro yectan realizar una excursión arqueológica a
la ciudad de Écija. Saldrán de Sevilla el sábado próximo por la noche, y regresarán
el lunes siguiente, por la mañan a.” (El Porvenir, 2 6-10-1896).
“EXCURSIONES. A Jerez de los Caballeros.- El próximo sábado irán a
Jerez de los Caballeros los catedráticos de esta Universidad don Manuel Sales y
Ferré y don Joaquín Hazañas y la Rúa. / El obj eto de esta excursión es visitar un
yacimiento prehistórico. / Es posible que con los señores Sales y Hazañas vayan
otros excursionistas./ Lo s expediciona rios regresarán a Sevilla el lune s sigu iente,
después de pasar el domingo en Jerez de los Caballe ros. / A Écija.- El mismo
sábado saldrán para Écija, en el tren de la tarde, los señores D. Carlos Cañal, D.
Francisco de las Barras y otros atene ístas./ Pasarán en Écija el domingo , visitando
los restos arqueológi cos de aquella ciudad./ El Sr. Cañ al sacará fotografías de la s
inscripciones árabes existentes en Écija, para enviársel as al sabio académic o
padre Fita, a quien se las tiene ofrecida s./ El regre so de los excursionis tas será el
lunes por la mañan a.” (El Porvenir, 2 7-10-1896).
Carlos del Río vuelve a cumplir con su papel de publicista de las activida des de
Sales. Por las fechas, era oto ño, y tanto los destinos, como los objetivos y los
excursionista s citados, parecen apuntar a que estos eran los primer os “traba jos
preparatorios”. Se e staba realizan do una selección de lugares de interés arque ológico de
cara al congreso, evaluando su potencial. Así, Sales y Hazañas, comprobaban
personalmente las noticias sobre lo que p arecía un prometedor yacimiento prehistórico
en el sur de Badajoz, y se tomaban un fin de semana para ello, por lo que seguramente
harían alguna pequeña excavación para verificar si podían recuperarse objetos o restos
óseos humanos de interés para la investigación. Por su parte, Cañal y De las Barras,
evaluaban el pot encial de Écija como luga r a incluir en el programa de visitas del
congreso, 812 incluyendo en su trabajo los a vances tecn ológicos del moment o: la fotografía
como herramienta para los arqueól ogos.
Las reseñas que publicó Del Río sobre estas excursiones nos facilitan al gunos
datos más:
812 Ambos lugares contaban c on el atra ctivo añadido d e tr atarse de ciudade s que c onservaban un magnífico
patrimonio arquitectónico y artístico.
261
“Han regresado de su excursión arqueológica a la ciudad de Écija, los Sres.
D. Carlos Cañal y D. Fra ncisco Corbacho. 813 Allí han sido extraordinariam ente
atendidos p or el rico propietario y abogado D. Enrique Gómez Or tiz, por el padre
Varela y por los Sres. González, Muñoz Estella y Ottone. / Los excursio nistas
visitaron cuantos restos artísticos se encuentran en la mencionada ci udad. El Sr.
Deptener 814 facilitó al Sr. Cañal unos calcos de inscripciones de gran interé s
hallados en La Luisian a.” 815 (El Porvenir, 04 -11-1896 ).
Esto permite comprobar que, com o proponíam os, el objetivo en Écija era ir
preparando el terreno para el congreso: contac to con los eruditos y coleccionistas locales,
revisión de los valores histórico-artísticos de la c iudad y recopilación de información
arqueológica de in terés sobre la zona.
Otra excursión que se lleva a cabo p or esas fechas tiene por destino u n recorrido
que ya habían realizado en 1892, visitando La Algaba e Itálica:
“Varios ateneístas se proponen ir el próxim o domingo de excur sión a la
Algaba (donde visitarán la torr e) y a Itálica. A esta expedición asistirá el sabio
irlandés señor Dodgano n. 816 Los excursionistas irán a pie.”(El Porvenir , 06-11-
1896).
La novedad de esta excursión era, no sólo la “gira” de agasajo al erudito visit ante,
sino el que realizarían los desplazamientos a pie. Esto podría ser tanto una compro bación
de si era factible incluir esta visita, con esa modalidad de desplazam iento, en el programa
del congreso ; como el aprovechar la oportunid ad para expl orar el recorrid o por el
entorno de Itálica.
En la edición del mismo día, se incluía la reseña de la excursión a Jerez de los
Caballeros:
“Han regresado de su exc ursión a Jerez de los Cabal leros, los c atedráticos
de esta Universidad señores Sales y Ferré y Laraña. 817 / En el término de dicha
población han visitado un túmulo prehistórico más antiguo que el de la Pastora ,
de Castilleja de Guzmán .” (El Porvenir, 0 6-11-1896).
Y cuatro má s tarde, la de la visita a La Algaba- Itálica:
813 Puede tratar se de la confusión de apellidos entre dos de lo s “expedicionarios”, Francisco Corbacho y
Francisco de las Barras; o bien, que fuera Corbacho el que se encargó de redactar la nota de prensa para el
periódico.
814 Se trataba de Adolfo Heptener, Jefe de Sección de la compañía de los Ferrocarriles Andaluces.
815 Estas ins cripciones no llegaron a publicarse, así que no sabemos de qué se trata ba.
816 Se trataba del lingüista y folk-lorista Dogson, “vascófilo” según la prensa, q ue se encontr aba en Sevilla
dentro de una gira de conferencias.
817 Confusión del gacetillero: se trataba de Hazañas.
262
“Como dijimos, algunos ateneístas fueron ayer de excursión a la Algaba y
a las ruinas de Itálica. En el primero de los mencionados puntos y después de
visitar la preciosa torre mudéjar, edificada en los últimos años del siglo XV o en
los primer os del XVI, fueron espléndi damente obsequiados por un o de los
excursionista s, el Sr. D. José Arráez, en su preciosa casa de campo, en donde se
encuentran de temporada los Señores de Mier y Terrau, abue los del Sr. Arráez.
En Itálica vieron los nuevos descubrimient os lleva dos a cabo por la Comisión de
Monumentos, reg resando por la tarde a Sevilla.” (El Porvenir, 10-11-1896) .
Probablemente José Arráez fue también el encargado de redactar la crónica de la
excursión, de la que el gacetillero tomó la información histórico-artísti ca y los datos
sobre las actividade s de la Comisión de Monumentos, añadiendo por su cuenta los de los
“ecos de sociedad”. Esto puede ser indicativo de que ya se habían establecido los
contactos oportunos para c ontar con el apo yo de la Comisión para el congreso, máxim e
cuando formaban parte de ell a los ateneístas Antonio Mª de Ariza, Manuel Ferná ndez
López y Francisc o Caballero-Infante.
El día 22 visitan Ca rmona:
“Hoy salen para Carmona, de excursión arqueológica, los señores D.
Carlos Cañal, D. F. Joaquín Arráez, 818 D. Francisco de las Barras, D. Enrique de
la Pe ña, los señores [… ]nas y Muñoz , varios touristas in gleses y norteameri canos
y nuestro compañe ro de redacción Sr. Murga .” (El Porvenir , 22-11-1896).
Al día siguiente, en la reseña de la excursión, la prensa nos facilita más datos
sobre los “expediciona rios”:
“Como habíamos anun ciado ayer estuvieron en Carmona, con objeto de
visitar la Necrópolis romana los ateneístas señores D. Joaquín Hazañ as, D.
Feliciano Ga rcía, don Pedro Balgañón, D. Ca rlos Cañal, D. Enrique de la Peña, D.
Juan Muñoz, D. Francisc o de las Barras, D. José Mª d e Llanas, don R afael Tovía
y don Alfredo Murga./ Los excursionistas, despu és de oír misa en la iglesia de
Santa María, recorrieron otros varios templos de la hist órica ciudad admirand o
las bellezas artístic as en ella existentes./ Por la tar de visitaron la Necrópolis, en
donde fueron recibid os por el distinguido arq ueólogo don Juan Fern ández
López, 819 copropietario de aque lla. Antes habían sido ya obj eto de muchas
atenciones por parte de los señores D. Claudio Cadenas y don José Vega. /
Después de haber recorri do detenidamente la Necrópolis, bajando a casi todas las
818 Hay una errata. El nombre era José J oaquín Arráez y Carias, y había sido Secretario General en la segunda
Junta Directiva del curso 1892/93 (Ateneo, Índice de Juntas Directivas, 2003).
819 No se menciona a Bonsor por que en a quellas fechas estaba fuera del país, y no re gresaría hasta enero de
1897 (“ecos de sociedad” de El Porvenir y El Noticiero Sevillano).
263
tumbas, pasaron los excursionistas al precioso museo de obj etos encontrados en
aquella y po r último al Alcázar. / Por la noche, en el tren de las siete, regresaron
a Sevilla.” (El Porveni r, 23-11- 1896).
La nota de prensa la redactó proba blemente Alfredo Murga. Vemos que se realiza
un recorrido por todo lo visita ble de Carmona, ensayando el que posibleme nte se
pensaba incluir en el pro grama del congreso. Y también que se pro seguía con la ronda de
contactos, tanto a nivel lo cal, como a nivel internacional, pues es más que probable que
algunos de los “touristas” británicos y norteamericanos fueran arqueólogos, anticuarios
o catedrátic os universita rios.
8.2.11.- Añ o 1897
En enero de 1897 arranca definitivamente el proceso de autonomía de la Sociedad
de Excursiones: “Hoy, a las ocho, se reunirá la Sec ción de Excursiones del Ateneo para
discutir el reglamen to de su nueva con stitución.”(El Porvenir, 14-01-1897) 820
Al día siguiente se aprueba el reglamento, cuyo borrador había sido redactado por
Feliciano Candau:
“La S ociedad de Excursiones se reunió anoche en e l Ateneo, aprobando e l
nuevo reglamento, en el cuál fue ron in cluidas a lgunas enmiendas por varios
socios. / Se concedi ó uná nimemente un voto de gracias al redacto r del regla mento
señor Candau. / La Sociedad de Excursiones se constituirá muy pronto y
emprenderá con e ntusiasmo importantes t rabajos.” (El Porvenir , 15-01-189 7).
De momento, dos días después, se pub licaba el inicio de la visita a los
monument os de Sevilla capital:
“La Sección de Excursiones se propone visitar en este curso los principales
monument os artísticos de Sevilla. Mañana los ateneístas visitarán el templo de
Santa Ana, con o bjeto de estudiar la arqui tectura ojival del siglo XIII y la pintura
del siglo XV.” (El Po rvenir, 17-01- 1897).
Al día siguiente, apareci ó la reseñ a de la visita histórico-artísti ca:
“Visita arqueol ógica. Santa Ana, de Triana. / Esta tarde el sabio profesor
de nuestra Universidad D. Manuel Sales y Ferré, acompañado de sus discípulos
del segundo curso de Historia Universal y de algunos individuos de la Sociedad
de Excursiones de Sevilla, ha realizado la visita arqueológica que anunciamos
ayer, a la iglesia de Santa Ana./ (Sigue información de detalles sobre el estilo
arquitectónico del templo y sobre el pict órico de los cuadros de Alejo Fernández
y de Lucas de Campaña allí conservad os)/ Han asistido a e sta visita, dirigida por
820 Lamentablemente, en el AAS no se ha conservado nada sob re este proceso, que debemos seguir por las
breves notas de prensa. El reglamento de la Sociedad de Excursiones tampoco ha llegado a nuestros días.
264
el Sr. Sales los socios de la Sociedad de Ex cursiones D. Eduardo Badía,
vicepresidente del Ateneo, y su hijo D. Ferna ndo, D. Miguel Urquía, D. Manue l
Medina, D. Gumersindo Díaz, Corbacho y Ba rras y los estudiantes se ñores
Machado, Sanz, D. Claudio y D. José Vilardell, Pedregal, Aguilar, Enríquez
Barrios, López Bag o, Sánchez y Mattu h.” (El Porvenir, 18- 01-1897).
Sales trata de llevar adelante, a la par, dos de sus proyectos: las excursione s
prácticas que consid eraba indispensa bles para implementar la enseñ anza
universitaria, 821 y dotar de contenido a la nueva Sociedad de Excursiones autónoma del
Ateneo, que, gracias a las numerosas excursione s históric o-artísticas por los templos
sevillanos, va a estar en la prensa de forma continua un trimestre completo, ent re los
anuncios de las mismas y las reseñas pub licadas al día siguiente (vid e tabla II.6). Tanto
los anuncios como las reseñas siguen el mismo modelo: indicación de las iglesias a visitar
en el día de la excursión; y reseña al día siguiente, bajo el encabezamiento “Visitas
arqueológicas”, seguido del nombre de los templos, la referencia a la direcció n de Sales y
al concurso de miembros de la Sociedad de Excursiones (con listado de nombres ). Los
párrafos siguientes se dedican a la descripción que Sales hacía del estilo/s
arquitectónico/s y de las obras de arte pictórico y escultórico. Y se cierra con una relación
final de los alumnos universitarios que formaron parte del grupo de excursionistas, a dos
de los cuales les tocaba redactar una crónica de cada visita. Por lo tanto, por lo que a la
Arqueología inte resa, en realidad se trataba de visitas docentes de caráct er histórico-
artístico, pero, vista la agrupación de las iglesias visitadas, parecía que Sales estaba
también pergeñando el programa de la visita a la Sevilla monumental de cara al congreso
previsto para el añ o siguiente.
La última de las visitas tuvo lugar el 15 de marzo y el monumento visitado f ue el
Alcázar. La reseña, aparecida en la edición de la tarde del mismo día en El Porvenir, es
diferente a las anteriores, puesto que, si bien se encabeza de la misma forma, el
redactor, 822 que sigue la tradición de reiterar los tópicos so bre los m onumentos
sevillanos, in troduce apre ciaciones específicas y, por lo que a la Arque ología respecta ,
modernas para su tie mpo:
“VISITAS ARQUEOLÓ GICAS/ El Alcázar de Sevilla/ Una de las más
preciosas joyas arqui tectónicas de nuestra capital, (…). /Pero el Alcázar es una
serie continuada de problemas arqueológicos: ¿cómo está en la primitiva
construcción de los árabes? ¿cómo en tiempos del Rey don Pedro, del que datan
sus más memorables tradiciones? ¿cómo despué s de los tiempos de los Reyes
821 Sales, 188 7.
822 Por el estilo de redacci ón, pudieron haber sido tanto Carlos del Río como Leopoldo Murga. Estas reseñas
nunca aparecen firmadas, ni acompañadas de referencias de autoría.
265
Católicos, en la época de Carlos V? (…)/ La excursión de hoy, diri gida por el señor
Sales y a la que concurrie ron los ateneístas y alumn os en número de 57 , se limitó
a repasar tan a la l igera, como el tiempo y la excesiva concurrencia permitían, las
bellezas más salientes, los rasgos más característicos del suntuoso edificio ./
(Sigue la descripción his tórico -artística del Alcáz ar)./ C on la excursión de hoy,
queda terminado el estudio del Arte Mudéjar sevillano./ (Sigue la relación de
algunos de los asistente s)/ La próxima se dirigirá a la Catedral”. (El Porvenir, 15-
03-1897).
Es muy posible que e l redactor de la reseña incluyera su opinión sobre el caso, y
la crític a a que Sales no aprovechara la ocasión para entrar en la problemáti ca
arqueológica del monum ento, quedándose en la descripción histórico-artística precisa
para cum plir con el programa de exte nsión de su curso universitario. Mientras que los
tópicos y la descripción d el monumento, así com o la lista de asistentes, seg uramente los
tomaría de la crónica que le pasaran los alumnos d e Sales encargados de redactarla.
No sabemos si se lle vó a cabo la excursión a la Catedral. Si el curso sobre Arte
Mudéjar había terminado, seguram ente el objetivo de ésta era continuar con la
planificación de los recorridos para las visitas del programa del congreso. Pero la reseña
no apareció en la prensa y, como ya hemos mencionado, no ha llegado hasta nosotros
documentación de archivo. No obstante, cabe dentro de lo posible que, dado que era el
año del X Aniversario del Ateneo, las actividades en torno al mismo ocupara n el resto del
año a muchos atene ístas, entre ellos al propio Sale s, presidente honorario y fun dador.
8.2.12.- Año 1898
Éste debía ser el año del congreso y de la “consagración” de la Socie dad de
Excursiones del Ateneo, como organizadora y promotora del mismo, pero fue el año de
la gran crisis. Crisis a todos l os nivele s, naci onal e interna. De acuerdo con las graves
circunstancia s del momento, en el Ateneo se decide no celebrar los Juegos Florales (ni el
certamen literari o, cient ífico y artístico anual), cediendo la subvención recibida del
Ayuntamiento para la colecta de fondos destinados a la Marina. Se adjudicaron los
premios, p ero no hubo festejo de entrega. No eran tiempos de celebracione s, y tampoco
de congresos.
Tras las elecciones, en mayo, se forman las me sas de secciones. En la nota de
prensa, Excursiones figu ra como tal, n o como “sociedad”, presidida por Sales y Carl os
del Río (El Porvenir, 02-06-1898). Pero el Ateneo languidece con el verano y se hunde
junto al resto del país. En octubre, en la s esión de apertura del curso 189 8/99, las notas
de prensa están llenas de expresiones c omo “natural desan imación” o “gravísim o estado
de crisis”, que no era sólo económica, sino que también reflejaba divisiones internas, que
272
excursiones. Se visita Huelva, volviendo a La Rábida, con las connotaci ones que esta
tradicional excursión tenía p ara el Ateneo, ya que era el destino de los viejos “circuitos ”
por los l ugares colo mbinos programa dos por Sales en el siglo anterio r; pero, a esta parte
histórico-artística o monume ntal, se le une un destino lúdico-turís tico, puesto que
también se visitan las playas de Punta Umbría. Posteriormente, se volverá a los lugares
colombinos, en una visita conmemorativa del retorno a Europa de Colón tras su primer
viaje a América. Por otra parte, se tratará también de recuperar de alguna forma el
recorrido naturalista por la serranía onubense , con la visita a la Peña de Arias Montan o,
en Alájar, 849 con su doble vertiente, histórico-m onumental y geológica; y con la de
Aracena, destino que comparte el mismo carácter histórico-monumental y geológico; con
el contrapunto turístico de la visita a Jabugo (la producción de embutidos) y a la “G ruta
de las Maravillas”, como lugar pintoresco. Fina lmente, se recupera parcial mente el
“circuito” por el Aljarafe Medieval, con la visita a lo s mon umentos de Sanlúcar la Mayor;
y otras visitas de ca rácter histórico-artístico, visitand o Itálica y los monasterios. E
integrándose en la pro moción turística, se visitan varios pueblos de la comarca de la
Vega, próximos a Sevilla, durante l as denominadas “fiestas del árbol”. 850
La Sección de Excursiones desaparece definitivamente del Ateneo en 1920, 851
coincidiendo con la marcha a Madrid del que fue su principal motor en ese quinquenio,
Francisco de las Barras, 852 ya que sin su concurso y su influen cia, los socios
“excursionistas” perdier on defini tivamente el terreno bajo la presidencia de Diego
Angulo, uno de los principales “gabinetistas”. Éste, en 1919, basánd ose en la razón
práctica de la falta de medios y espacio adecuados, establecerá que la labor del Ateneo en
adelante será la de coopera r en la divulgación científica, quedand o la investigación , en
todos sus campos, para otras ins tituciones. 853 Y, para no dar lu gar a equívo cos, se
eliminará la Sección. 854
849 Escenario, como ya se refirió en la parte de esta tesis dedicada al MGHN, de algunas de las exploraciones
de carácter espeleológico más arriesgadas de Machado.
850 Eran celebraciones locales, en las que se realizaban reforestaciones o se adornaban y replantaban parques
y jardines públicos, contando con los escolares (y cuantos vecinos quisieran participar), en un ambiente
festivo que buscaba, por otra parte, dar a conocer los que podríamos llamar valores turísticos de la localidad,
para lo que se invitaba a asociaciones o personalidades destacadas de la vida pública provincial, y, por
supuesto, a la prensa.
851 Ya no se contempla entre las secciones en que se organiza el Ateneo en el Reglamento de 1920, uno de los
de mayor perduración en la vida de la sociedad (hasta 1956).
852 Como puede verse en la parte de esta tesis dedicada al MGHN , su marcha a Madrid en 1919 fue seguida
de un período de cr isis en sus actividades y una fosilización de sus co lecciones, paralelo a un descenso e n la
actividad de la Sección sevillana de la SEHN, y, como vemos aquí, a la desapar ición definitiva del
excursionismo, de todo tipo, en el Ateneo.
853 Barrero, 2008: 130.
854 Que, por otra parte, como y a se comentó, Angulo nunca consideró que debiera existir como una sección
del Ateneo, sino que las secciones que lo consideraran opo rtuno y necesario, convocara n las excursiones
cuando fuera conveniente.
273
Se seguirán haciendo e xcursiones, pero éstas se ajustarán ya al significado actual
del término, perdiendo t oda connotación arqueológica. 855 Algunas se pueden asimilar al
concepto de turi smo cultural, 856 del que el Ateneo será en uno de los abanderados en
Andalucía; y otras estará n dentro de la definición lúdica de las “giras ” cam pestres, cuyo s
“ lunchs ” a la moda, con motivo de alguna celebración, encaja rán mejor en la s cró nicas y
“ecos” de sociedad de la prensa diaria, o de los semanarios ilustrados, que entre las
páginas de libros de actas o memorias científicas. No obstante, la razón social de la Docta
Casa, probablemente en forma de homena je no escrito a Sales y a todos los excursionista s
científicos que alguna vez estuvieron en su nómina de socios, siguió siendo Aten eo y
Sociedad de Excursiones hasta la siguiente reforma del Reglamento, que no se produciría
hasta mayo de 19 56. 857
Excursiones docum entadas (1886-1 920)
AÑO
Destino
Notas
1886
Carmona
La primera excur sión
Iglesias de Sevilla
San Gil y Santa Ma rina
1887
Carmona
Necrópolis y Muse o
Itálica
Anfiteatro y termas
Coria del Río
Geología e Historia Natural
Niebla, Palo s y Moguer
La “ruta colom bina”
Sanlúcar la May or y Aznalcázar
El Aljarafe medieval
Utrera y Los Molares
Monumentos
Córdoba, Granada y Osuna
Monumentos. Excava ciones en
Osuna.
1888
Sanlúcar la May or
El Aljarafe medieval
Lebrija (2 excursiones )
Monumentos.
Morón
Yacimiento arqueoló gico
Castilleja de Guzmán
La “Cueva de la Pa stora”
Coria del Río
Yacimiento prehist órico
1889
Carmona
Necrópolis y Muse o
Itálica
Anfiteatro y yacimien to
Córdoba
Monumentos
1890
Itálica
Anfiteatro y yacimien to
Canillas del Serrano (Candau y
Cascales)
Yacimiento prehist órico. Excursión
particular
Cantillana
Yacimientos prehist óricos y
geológicos
Coria del Río
Yacimiento prehist órico
Castilleja de Guzmán
“Cueva de la Pa stora” y “túmulo de
la Portada”
855 La naturalista, como hemos comentado, se había ido perdiendo paulatinamente a favor de las actividades
de la Sección sevillana de la SEHN.
856 En el certamen de los Juegos Florale s de 1914, la Sección de Excursiones propone el tema 16º, titulado
“Modo de fomentar el desarrollo de las romerías sevillanas”, y a pesar de lo atractivo que podía resultar tanto
para folk-loristas, como par a los dedicados al desarrollo del t urismo, quedó desierto por falta de
concursantes.
857 AAS. Se conserva cert ificado del cambi o de razón social, firma do por el entonces Secretario General,
Recaredo Jiménez de Quirós, con fecha 15-05 -1956, por el que de Ateneo y Sociedad de Excursiones de
Sevill a, se pasa a la denominación actual, Excelentísimo Ateneo de Sevilla.
274
Alcalá de Guadaira
Castillo
El Gandul
Yacimientos medie val y romano
Carmona
Necrópolis, Museo y m onumentos
1891
Carmona
Desaparece la Secci ón de
Excursiones
El Coronil
Yacimiento arqueoló gico. Visita de
Sales y Calderón a las excavaciones
de Candau.
Villafranca de los Barros
Prospección del térm ino munici pal
por Sales y Cascale s
1892
Itálica
Anfiteatro y yacimien to
Carmona (dos ex cursiones)
Necrópolis y Muse o. Visita a l as
excavaciones de Pe láez.
La Rábida (junt o con Huelva y Palos
de Moguer) y Nie bla
“Ruta colombina” e n el IV
Centenario
Coria del Río y Puebla “ junto a Coria”
Monumentos
La Algaba e Itálica
Monumentos
1893
Carmona (dos ex cursiones)
Necrópolis y Muse o
Iglesias de Sevilla ( ocho excursiones)
Monumentos
La Giralda y el Alcázar
Monumentos
Castilleja de Guzmán
Yacimiento prehist órico
Baelo Claudia
Yacimiento arqueoló gico
1894
Carmona (tres excu rsiones)
Necrópolis y Muse o
Córdoba
Monumentos
Niebla, Huelva , La Rábida, Moguer,
Calañas, Sotiel- Coronada , Fregenal,
Zafra, Aracena y ot ros pueblos de la
Sierra Morena onu bense
El “gran tour” del 94. Monumentos
históricos, natural es y minas.
Cazalla de l a Sierra y San Nicolás del
Puerto
Excursión pa rticular de Cañal
Guadalcanal
Excursión pa rticular de Candau y
Villar
1895
Ronda, Gibraltar , Tánger y Cá diz
Excursión pa rticular de Cascales et
al.
1896
Marchena y Osuna
Monumentos y ya cimientos
Carmona (dos ex cursiones)
Necrópolis y Muse o
Écija
Monumentos y ya cimientos
Jerez de los Ca balleros
Monumentos y me galitos
La Algaba e Itálica
Monumentos
1897
Iglesias de Sevilla ( seis excursiones)
Monumentos
Alcázar de Se villa
Monumento
1898
--
La gran crisis na cional
1899
--
Sales se marcha a Madrid.
Desaparece de nuevo la Sección de
Excursiones.
1900
--
1901
--
1902
--
1903
--
1904
Itálica
“Gira” monumental en agasajo del
mantenedor de los Jueg os Florales.
1905
--
1906
--
1907
--
275
1908
--
1909
--
1910
--
1911
--
1912
--
Desaparición del MA SES
1913
--
Reaparece la Secci ón de
Excursiones
1914
Excursión cultural a Utrera
Monumentos y fáb ricas
1915
Turismo cultural y algo de las viejas
excursiones: Huelva, Jabugo, Alájar,
Aracena; Monas terio de los
Jerónimos; Itálica y M onasterio de S.
Isidoro; Sanlúcar la Mayor; Brene s;
Cantillana ; Moguer, Palos y La Rá bida
De las Barras preside l a Sección de
Excursiones
1916
1917
--
1918
--
1919
--
De las Barras se marc ha a Ma drid
1920
Desaparición defini tiva de la Sección de Excursione s.
Tabla II.7.- Resumen de las excursiones llevadas a cabo por el Ateneo y Sociedad de Excursiones, o, a título
particular, por socios del mismo. Sólo se incluyen las excursiones documentadas.
8.4.- Socieda des excursion istas filiales
Aunque nunca figur ó en el Reglame nto del Ateneo y Sociedad de Excursiones ,
Sales contempló desd e el principio la creación de lo que él denominara como “Sociedades
sucursales”, de ca rácter eminen temente ex cursio nista, cuya principal func ión sería la de
desarrollar un plan general de e xcavaciones por toda l a provincia de Sevil la:
“(…) Al tratar de las excavaciones, como natur al complemento de las
excursiones, el Sr. Sales excita al Ateneo para que entre con decisión e n este
campo de actividad y estudio, promoviendo, de sde luego un plan general de
acuerdo con las Sociedades sucursales que en la Provincia se establezca n, con
objeto de sacar a la luz el caudal arqueológico que guarda la clásica tierra de
Andalucía, secundando de esta manera el general movimiento de Europa, que
enriquece a la Historia con inmensos períodos de vida desconocidos hasta ahora
por nosotros.(…)” (Acta de la inauguración del Ateneo y Sociedad de Excursiones ,
06-03- 1887. Doc. Atene o.1, folio 2, verso y recto).
Ninguna de estas sociedades filiales durará mucho tiempo, en parte porque su
status administrativo no estuvo nunca bien definido. Así, vemos que, en el proyecto de
Sales, se denominaban como “Sociedades sucursales”, lo que presuponía que
formalizarían la as ociación de manera autónoma en las diferentes localidades, y
mantendrían en lo organizativo una relación directa y de dependencia con el Ateneo de
Sevilla, como sociedad matriz. Pero, a teno r de la documentación existente, no fue eso l o
que sucedió, ya que, co mo veremos a continua ción, la entidad administrati va de las
filiales fue la de “Secciones arqueológicas” direc tamente dependientes, y asociadas a
todos los efectos al Ateneo, ya que sus miembros eran socios de número de éste, y la
276
Junta Directiva sevillana era la que aprobaba sus reglamentos de sección, redactados a
imagen y semejanza, en todos los aspectos, de los apartados que regían el
funcionamiento de las diferentes secciones de la Docta Casa de Sevilla desde principios
de 1887 (Título V, De las Secciones y sus trabajos). 858 Ese vínculo tan estrecho, y las
dificultades para una comunicación fluida propi as de los medi os de comunicaci ón del
siglo XIX, va a ser uno de los lastres para el funcionamiento de las filiales; así como la
gestión de los presupuest os y las vías de fin anciación, que estaban sujetos a la aprobación
de la Juntas sevillanas, y, por tant o, tenían un reducido espacio de maniobra. A la par ,
esa dependencia e conómica iba a hacerles suf rir los mismos altibajos y ava tares que a l a
sociedad matriz, y sería foco de no escas os conflictos.
Por lo que respecta a la identidad de las filiale s, conforme a la información
conservada en las fuentes documentales, se pueden establecer dos etapas: la del
entusiasmo fundaci onal, entre 1887 y 1888; y las finiseculares, en la década siguiente,
cuando, apre ndiendo de los conflictos de la década anteri or, las filiale s son
independien tes, y su nex o con el Ateneo es una comunidad de fines y objetivos, el mismo
modelo organizativo y la mutua colaboración entre los socios de la filial y la matriz. En
la primera etapa, l as filiale s documentadas son tre s, en Osuna, Utrera y Ma rchena. En la
segunda, una, la Te rtulia Literaria de Villafran ca de los Barros (Badajoz).
8.4.1.- Las fil iales de la primera etapa: las “seccione s arqueológicas”
En la memoria que sobre el primer curso de actividad del Ateneo, 1886/87
publicó Guichot (1887), queda claro que Sales había conseguido imponer su criterio, pero
que todavía no se había llegado a definir la figura administrativa y el status de las filiales:
“Entre los objetos prefere ntes de la Junta figuraron los trabajos de organización de las
Secciones o sucursal es en las localidade s de la Provincia, (… )” 859 (Guichot, op.cit.:13)
Por el registro de socios del Ateneo y Sociedad de Excursiones de Sevilla, sabemos
que en 1887 se afiliaron, en grupo, 6 socios de Utrera y 53 de Osuna (éstos, en dos veces,
31 socios en la primera tanda, y el resto, en la segunda). En ambos casos es posible que
los socios fueran más, pero se afiliarían de manera individual, y no c onstó en e l registro
que formaran pa rte de las secciones de fuera de Sevilla. Por lo que res pecta a Marchena,
no constó ninguna afiliación, ni en grupo, ni ind ividual, de posibles miembros de esa
sección (doc. Atene o.22).
8.4.1.1.- La Se cción de Marchena.
Probablemente nunca pasó del estado de proyecto. Como hem os menci onado, en
el registro de socios no constó la afiliación, ni en grupo, que h ubiera sido un indicio del
inicio del funcionamiento; ni individual de nadie de esta localidad, con lo q ue, al menos,
858 AAS, Reglamentos. Reglamento de 1887.
859 Guichot, o p.cit .: 13. El subrayado es mío.
277
se hubiera podido conocer la personalidad de los promot ores de la idea. Éstos, sin
embargo, existieron, y sabemos de ellos a través de la memoria de ac tividades del primer
curso, publicada por Guichot (op.cit:14 ):
“(…) También la Directiva, accediendo a lo so licitado por los
promoved ores de la anunciada Sección de Marchena facilitó instruccione s
y el Reglamento de la de Osuna para que los indicados señore s
formularan, en iguales condiciones, el relativo a su Sección, (…).”
(Guichot, ibid.)
Por lo tanto, hubo un grupo de eruditos de Marchena que propusieron al Ateneo
crear una filial en su local idad. La solicitud fue presentada al Ateneo por los señore s
Ternero, Ramos y Varea (De Pabl o-Romero, op.cit.: 60 ). Ésta sería una Sección
excursionista, orientada a llevar a cabo excavacione s arqueológicas en su término. 860 Y
no sería una sociedad independiente, sino una sección más, aunque con unos objetivo s
muy concretos, para lo que tendría un reglamento propio, redactado conforme al de
Osuna. No obstante, como ya se ha referido, no vuelve a haber noticias de la iniciativa de
Marchena, por lo que muy probablemen te la filial nunca llegó a constituir se. De Pablo-
Romero apunta a que la razón estuviera en que el grupo de promotores no consiguiera
reunir la cincuenten a de socios mínim os necesaria (De Pablo- Romero, ibid.).
8.4.1.2.- La Sección de Utrera.
Ésta avanzó un poco más, y llegó a constituirse, puesto que, como ya hemos visto,
se afilió un grupo de seis socios al Ateneo. Esto quiere decir que, al igual que la propuesta
de Marchena, y la filial de Osuna, su e status administrativ o fue el de Sección del Ateneo.
No hay muchos má s datos, pero, si nos atenemos al orden de afiliación de los socios, la
de Utrera fue la primera de las filiales e n consti tuirse y comen zar a funcion ar, ya que sus
miembros están entre los cien primeros socios del Ateneo (en concreto, los números 87
a 92), y, en el mes de Julio de 1887, en el capítulo de Ingresos y Gastos, se registró un
ingreso por el concep to de “Por sección de Osuna y Utrera” (Guichot, op.cit., Cuadro nº
9, “Ingresos y Gast os”).
Al no c onstar más notici as sobre la misma, seguram ente d ejó d e funciona r entre
el propio 1887 y 1888; y, a tenor del registr o de socios, por falta de miembros suficien tes
para sostener y desar rollar las activida des.
8.4.1.3.- La Sección de Osuna.
Conforme al númer o de socios, las bases para el desarrollo de sus actividades
estaban bien sentadas. Había un número sufic iente para lle var a cabo una buena
organización, y, entre sus miembros, contaba con ateneístas convencidos, con aficiones
860 Ya que Guichot se está refiriendo a ella dentro del aparta do dedicado a las excavaciones en su memoria
del curso.
278
anticuarias, como Francisco Rodríguez Marín, de larga trayectoria en el Ateneo y
Sociedad de Excursiones, y Antonio Mª García Blan co, uno de los primeros socios
honorarios del mism o, ya en 1887. 861
Y, asimismo, hubo una importante implicación desde el princip io de la Junta
Directiva del Ateneo y Sociedad de Excursiones, a la que no sería ajena la influencia en
temas arqueológico-anticuari os de Antonio Mª Ariza, a quién vemos constanteme nte
aparecer en la documentación relativa a Osuna, a ún antes de s er nombrado director del
MASES, y que tenía gran interés en llevar a cabo excavacione s arqueológicas en su ciudad
natal. Así, vemos como, a modo de resumen, Guichot lo relataba en su memoria del curso
1886/87:
“Entre los objetos preferentes de la Junta figuraron los trabaj os de
organización de las Secciones o Sucursales en las localidades de esta Provincia ,
habiendo estado en directa comunicaci ón con la Sección arqueológica de Osuna,
proporcionándole los medios que para su formación tuvo a su alcance y
nombrando al Sr. Ariza, con motivo de su viaje a aquella villa, para que, en su
representación y en unión del Presidente de la Sucursal, gestionase todos aque llos
medios que, pudiendo realizarse a corto plazo, condu jesen al completo
establecimiento de la Sec ción. Verificada la gestión del Sr. Ariza, la Directiva
espera que la Sección de Osuna, con arregl o a su propio Reglame nto, apr obado
por la Junta de este Ateneo, envía las relaciones de su establecimiento , de su
marcha económica y de los proyectos relativos a sus fines, a fin de comenzar los
trabajos ya inicia dos. (…)” (Guichot, op.cit.:13-14)
La Sección de Osuna comenza ba su andad ura como una sección del Atene o y
Sociedad de Excursiones de Sevilla, pero con una cierta autonomía, ya que contaba con
Reglamento p ropio. Eso sí, éste fue examinado y aprobado por una comisión de la Junta
Directiva sevillana :
“Enterada la Junta de los trabajos preliminares/ hechos por la Sección
Arqueológica de Osuna y de las comunicacio-/nes que su Presidente había
dirigido a esta Directiva se nombró / una comisión conjunta de los Sres. Sales,
García del M azo y Guichot / para examinar el Reglamen to de la referida Se cción,
el cual / había sido remitido por la misma para su apr obado.” (Acta de Junta
Directiva del 25 -03-1887 , párrafo 6º).
Los trabajos preliminares eran excavacione s arqu eológicas, a las que Ariza no era
ajeno, y que, desde el princip io habían consistido en la finalidad princip al de la Sección
861 Ambos eran, asimismo, junto a otros ateneístas, como Alejandro Guichot, Manuel Sales y Siro García del
Mazo, miembros de la Sociedad del Folk-lore Andaluz (de la que también formaban parte fundamental
Antonio Machado y Álvarez, y su padre, el naturalista Antonio Machado y Núñez).
279
de Osuna, que, como vemos, se denomina oficialme nte “Sección Arqueol ógica”. C om o
todas las demás seccione s del Ateneo, tenía una mesa directiva, p residida por uno de los
socios; en este caso, el presidente de la sección era el socio honora rio Anton io Mª García
Blanco. La particula ridad de su objetivo principal, hizo que esta mesa directiva
propusiera la redacción de un reglamento propio, que hubo de ser sancionado por la
Directiva del Ateneo. La comisión tripa rtita nombrada en Marz o de 1887, resolvi ó
favorableme nte a principios de Abril (Acta de Junta Directiva del 09- 04-1887), y el
Reglamento para la “Sección Ar tística de Osuna” se aprobó en la reunión siguien te de la
Junta (Acta de Junta Directiva del 22-04-1887), “destacándose” Ariza a Osuna días
después, para ayudar al directiva local a terminar de organizarse (Acta de Junta Directiva
del 06-05-1887). Finalmente , a mediados de Mayo se solicitó la aprobación de la nueva
asociación en el Gobiern o Civil, siendo concedida el 20-05- 1887 (De Pablo-Romer o,
1982: 60). Por una investigación que estudi ó la documentación conservada en Osuna
sobre la “ Sociedad Arque ológica de Excavac iones” (Sala s, 2000: 297 -298), sabemos q ue
el proyecto para el añ o 188 7 era lle var a cabo excavaciones en el área del teatro romano,
pero éstas no se pudieron sacar adelante por falt a tanto de permiso de la propiedad de
los terrenos, como de fin anciación suficiente.
La prensa sevillana de la é poca nos facilita tam bién noticias s obre las actividade s
proyectadas en Osuna, que, al parecer, habían dado lugar a grandes expectativas, no sólo
en la propia lo calidad:
“Excavaciones.- En breve (co men)zarán a verificar en Osuna trabajos de
(exca)vaciones, por cuenta del Ateneo y Soc(iedad) de Excursiones de esta ciudad,
que (aportará) los fondos dispuestos para ellas./ Este paso marca un progreso
gra(nde de/en) la vida laboriosa del Ateneo, a quién (o)tras Corporaciones
debieran dedicar (may or) solicitud.” (El P orvenir, 08- 06-1887) 862
No obstante, las ex pectativas se frust raron, pues n i las gestiones de Ar iza, García
Blanco y Rodríguez Marín consiguieron vencer las reticencias de la propiedad de los
terrenos donde se pensaba excavar, ni el Ateneo consiguió aunar las voluntades y los
fondos necesarios para ello, a lo que aludía la redacción de El Porvenir al referirse a “otras
Corporaciones”, pues nin guna entidad cívica prestó su apoyo al proyecto. Esto dio luga r
a una crisis interna en el Ateneo, y a un auténtico escándalo en Sevilla, que la prensa se
encargó de airear, dividiéndose, además, los dia rios, entre los partidarios de la gestión
ateneísta y los detractores. Así, El Cronista, en cuya redacción militaba el periodi sta
Lorenzo Leal, socio del Ateneo y uno de los principales agitadores del conflicto, publicó
el rumor d e que, a c onsecuencia de la c risis interna, Sales había presentado su dimisión
y se había marchado de Sevilla hasta que pasara la “marejada” (El Cronista, 13 -07-1887).
862 Las restituciones corresponden a la pérdida del margen de la página del diario.
280
Al día siguiente, el desmentido se pub licaba en El Porvenir, explicando que el motivo real
de la ausencia de Sales era que se encontraba de excursión-viaje de estudi os con varios
ateneístas y alumn os suy o s, por Có rdoba, Granada y, p recisamente, O suna (El Porvenir ,
14-07-1887). El interca mbio de “dimes y diretes” prosiguió, aumentado por el que
podríamos denominar “affaire Leal”, ya que el periodista había publicado en El Cronista
una serie de semblanzas satíricas en las que c riticaba a la Directiva del Ateneo en pleno
(y a algunos socios relevantes más), que h irió las susceptibilidade s de Sales y los demás
afectados. La si tuación emponzoñ ó aún más la crisis interna, q ue tenía en vilo al Ateneo
desde Mayo, trascen diendo hasta la Junta Genera l (Acta de Junta Gener al del 01-08-
1887), al criticarse duramente la gestión de la segunda Junta Directiva en diversos
asuntos, 863 entre e llos el caso de Osuna, p or parte de algunos socios. 864
El proyecto superaba, pues, las buenas intenciones de los atene ístas implicados
en ello, y parecía que el s tatus de la Sección de Osuna no satisfacía a muchos socios, ya
que la denominación oficial de ésta como “Sección Artística de Osuna”, tal como se
documenta en la docu mentación del Ateneo, no coincide con la de “Sociedad
Arqueológica de Exca vaciones de Osuna” que, como hemos visto, documentaba la prensa
de la ciudad ducal. A ell o iba aparejada la frustración de no haber podido llevar a cabo
las proyectadas excavacione s en el teatro roman o, de lo que se culpaba a la gestión del
Ateneo de Sevilla, y un deseo de may or autonomía, para intentar conseguir fondos a nivel
local. Pro bablemente, aquí chocaban frontalme nte dos concep ciones diferentes de la
gestión de exca vaciones arqueológicas, la de Sales, que no aceptaba que se excavara para
otros fines más allá de lo s puramente científicos y defendía a rajatabla que los restos
arqueológicos muebles se recogiera n en museos (bien existen tes, bien creados ad hoc); y
la de otros anticuarios de la época, como Ariza, 865 que utilizaban la venta de los objetos
hallados para financiar las campañas de excavación, o para permiti r a los socios
capitalistas recuperar su inversión, y que por esos motivos querían que la Sección de
Osuna fuera una socied ad de exca vaciones, no sólo una sección de un a asociació n
cultural de fines altr uistas.
Tras una temporada sin que se do cumente nada en relación co n Osuna, a finale s
de mayo de 1888 la situ ación parece haberse n ormalizado, y se produce por parte del
Ateneo un reconocimiento de la “Secció n Arqueológica de Osuna” como “sucursal de esta
Sociedad”. Un cambio de nombre y relación que apuntan a un cambio de status y en la
863 La primera Junta Directiva del curso había presentado su dimisión en Mayo, para dar lugar al inicio de
las elecciones anuales, tras sólo tres meses de gestión, pero la Junta Gene ral obligó a Sales a aceptar un
segundo mandato, y con él, a la Directiva en pleno (De Pablo-Romero, ibid.).
864 Este “affaire” estuvo a punto de costarle a Leal una bochornosa expulsión del Ateneo, per o, después de
ardua mediación p or parte de u n sector conciliador de los socios, todo se saldó con un a disculpa pública por
su parte (De Pablo-Romero, op.cit.:31).
865 Por sólo citar un e jemplo, ya que tratamos de Osuna.
281
relación entre matriz y filial (Acta de Junta Directiva del 30-05-1888). La Sección de
Osuna organiza un certame n, a imagen del anual del Ateneo, y solicita de éste que les
envíen un premio, 866 y envía a la Directiva sevillan a una propuesta de actividades para
llevar a cabo ese año (Acta de Junta Dire ctiva del 22- 06-1888). La última información
que se tiene sobre la S ección de Osuna en el AAS es que se había estudiado e info rmado
la propuesta (Acta de Junta Directi va del 06-07 -1888).
Por la prensa local de Osuna (Salas, op. cit.) 867 se sabe que en Julio de ese año
excavaron entre las zonas denominadas La Pileta y La Farfana, y en terrenos propiedad
de José Postigo, donde hallaron restos constructivos, cerámica y monedas, que se
perdieron.
No habían seguido el criterio conservacionis ta de Sales y seguramente los
hallazgos aca baron en el mercado de antigüedad es. 868 Esto pudo crear tensi ones entre
los miembros de la Sección de Osuna, lo que, junto con las dificultades para acopiar
fondos y para conseguir permiso de los propietari os de los terrenos, acabó dando al traste
con la asociación, que desaparece ese mismo vera no.
8.4.1.4.- Corresponsal ías y otros pr oyectos de creación de filia les/sucursale s.
En el curso 1887, como hemos visto en la memoria publicada por Guichot (op.cit.:
13), se pretendía promo ver y afianza r la constitución de “secciones” o “sucursales” po r
toda la provincia, contando para esta labor de expan sión con el concurso de socio s
corresponsales: “(…) y ha pedido 869 a varios correspo nsales noticias y datos para estudiar
proyectos de nuevas Secciones.” (Guichot, ibid.: 14). Pero no se conserva documentació n
sobre cuáles pudieron haber sido esos proyectos y esas otras candidaturas a secciones
locales del Ateneo.
La existencia de corresponsales en localidades de otras provincias an daluzas
apunta a la p osibilidad de que también e stuvieran dispuest os, al menos Sal es, a estudia r
proyectos de filiales en Huelva (corresponsal en Ayamonte), Cádiz (corresponsal en
Rota), Córdoba (co rresponsal en Montoro), Málaga y Grana da (doc. Ateneo.22).
8.4.2.- La Te rtulia Literaria (Villafran ca de los Barros, Badaj oz).
José Cascales y M uñoz, discípulo de Sales y Ferré y uno de l os primer os socios de
Ateneo de Sevilla, gran excursionis ta, tras licencia rse en la Facultad de Filosofía y Letra s
866 Era usual solicitar premios (objetos decorativos y/o artísticos, o dinero en ef ectivo) a entidades públicas,
empresas y mecenas diversos, como el propio Ateneo hacía anualmente. En este caso, el A teneo se convierte
en mecenas del certamen de su “sucursal”, aunque el premio enviado fue “de reciclaje”, y a que se acordó
enviar a Osuna dos jarrones que s e habían co mprado para premiar uno de los temas del certamen celebrado
el mes anterior, que quedó desierto.
867 Aunque las noticias se publica ron en el periódico El Paleto, años después, a principios del siglo XX.
868 Algo que, según los que se han ocupado de O suna, ha sido una constante en re lación con los restos
arqueológicos de la a ntigua Urso y sus a lrededores (por ejem plo, Sa las y Jiménez, 1997; Salas, op.cit., Ruiz
y Pachón, 2012)
869 Se es taba refiriendo a la Junta Directiva del Ateneo y Sociedad de Excursiones.
288
CAUS-583
Chapita de al eación
de cobre, en forma
de cola de milan o
CAUS-582
Chapita de forma
circular, con restos
de vástago
Vidrio
CAUS-576
Fragmento de vidrio
antiguo, azul cobalt o
Colección
Caballero-Infante
Atribuido
CAUS-577
Fragmento de vidrio
antiguo, blanco
Ajuares funerari os
CAUS-596
Tapa de urna
cineraria de piedra
caliza, de época
romana
Colección Bon sor-
Fernández
Necrópolis de
Carmona
CAUS-584
Fragmento de
lámina de bronce
(parte de un espej o)
Colección Engel
Atribuido
Probablemente, de
Itálica
CAUS-553
Fragmento de
inscripción
funeraria r omana
Colección
Villafranca
Atribuida
Probablemente de
Villafranca de los
Barros (Badaj oz)
CAUS-552
Placa con la
inscripción
funeraria de
Fructuosus ( CIL II,
6281; CILA, Sevill a,
nº 446) 888
Colección Ariza
Itálica
Exposición 20 12/2013
CAUS-462
Placa, loseta o
coticula
Colección Engel
Atribuida
Escultura (Nº 591, 592, 593 y 595 – Exposición 2012/2 013)
CAUS-595
Attis acéfalo
Colección Engel
La Peña de l a Sal
(Alcolea del Río )
CAUS-593
Cabeza de Ares
CAUS-592
Cabeza de Attis
Colección Ariza
Atribuida. Necrópolis
de Carmona
(probable)
CAUS-591
Cabeza femenin a
Colección Ariza
Atribuida. Itálica
(probable)
CAUS-594
Pequeña escultura
masculina, en dos
trozos, sin pies
Colección
Villafranca
Atribuida. Villafranca
de los Barro s (Badajoz)
(probable)
CAUS-608
Elemento decorativo
zoomorfo
Colección Ariza
Atribuida. Itálica
(probable)
Mosaicos (restos)
CAUS-575
Pieza circular de
opus sectile
Colección Ariza
Colección Engel
Atribuida.
Itálica (probable)
CAUS-540
Pieza circular de
opus sectile
CAUS-539
Pieza rota de opus
sectile
888 Tratada co n detalle recientemente por Beltrán (en Beltrán y Henares, 2012:118, y fig .24). Lectura actual:
“· D(is)·M(anibus)·S(acrum)·/Fructuosus/vix(it)·an(nis)·XVIII/m(ensibus)·X·pius·in·suis/s(it)·t(ibi)·t(err
a)·l(evis)·h(ic)·s(itus)·es·t·”
[Document text truncated for crawler view.]