Un viajero polaco en los toros del siglo XVIII [Reseña de] Manuscrito encontrado en Zaragoza
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Revista de Estudios Taurinos N.º 19-20, Sevilla, 2005, págs. 449-466 UN VIAJERO POLACO EN LOS TOROS DEL SIGLO XVIIJ Jan Potoc/d DIE ABENTEUER IN DER . SIERRA ' MORENA OD E R Fig. n.º 130. Portada de la edición alemana del Manuscrito encontrado en Zaragoza y en la que aparece un grabado de Potocki que se conserva en el Museo de Literatura de Varsovia. Desde hace muy poco tiempo disponemos de una reedición completa de la novela de un escritor polaco, Jean Potocki, que había permanecido perdida desde hace casi un siglo. El interés literario es sumamente alto debido a las · características propias de la obra y sobre todo, para los españoles, por tratarse de una novela que transcurre en España y desvela algunas claves de la sociedad de la época. Para un tauromacófilo como quien escribe estas líneas, descubrir repentinamente una novela de 800 páginas de un viajero polaco ambientada en nuestra península plantea inmediatamente un deseo irrefrenable de leerla de pe a pa con un propósito que va más allá del simple deleite de la lectura. Ese propósito no es otro que el de comprobar si algo se dice en la novela sobre la fiesta
450 Fernando González Viñas de los toros. En una novela ambientada en España y que se titula El manuscrito encontrado en Zaragoza (en la edición alemana, que será la que sigo, el título es Aventuras en Sierra Morena o el manuscrito encontrado en Zaragoza) no éncontrar una sola palabra sobre fiestas de toros hubiera sido una decepción. Por suerte, y más allá del susodicho placer de la lectura, las escenas taurinas, aun sin ser la trama de la novela, aparecen. Existen algunos aspectos especialmente interesantes en lo que el autor de la obra, dice de la fiesta de los toros y de lo que la rodea. Quizá lo más esencial sea el momento en el que se desarrolla: los últimos lustros del siglo XVIII, un tiempo en el que el toreo noble o caballeresco parece haber dejado paso al empuje plebeyo y al encumbramiento. de la corrida a pie: De hecho, Potocki, en las breves páginas que dedica a la fiesta, parece describir sutilmente la derrota de la aristocracia y su toreo caballeresco y el triunfo del torero de a pie. Por otra parte en las páginas de esta misma Revista de Estudios Taurinos se ha tenido siempre especial predilección por tratar de descifrar aspectos ocultos de · esta interesantísima época de la tauromaquia a través del estudio de los viajeros extranjeros que visitaron nuestra península.1 Tradicionalmente se asume en la historiografía taurina que la decadencia del toreo a caballo comienza con los albores del siglo XVIII .en el.momento en que Felipe V de Borbón, después de la guerra de Sucesión española, asume la corona de los reinos hispánicos. La historiografía no resuelve sin embargo el momento concreto en el que ese cambio en el tipo de toreo queda definitivamente completado. ¿Durante cuánto 1 Véase por ejemplo los artículos siguientes, todos ellos naturalmente en la Revista de Estudios Taurinos: Jean Christoph García-Baquero (1999); Mª Antonia López-Burgos (2001). De sumo interés es la noticia de la reedición -comentada por Álvaro Martínez Novillo (1996)-de las Memorias del capitán Carletón.
Recensiones de libros 451 tiempo se dilató este proceso? Es en esta problemática donde Potocki aporta un dato histórico relevante: a fines del XVIII, es decir casi un siglo después de iniciado ese proceso, conviven el toreo a pie, o plebeyo, y el caballeresco, o aristocrático. Este dato es revelador, sobre todo teniendo en cuenta que· la corrida que sirve a un capítulo de la obra como telón de fondo está organizada por un noble y el público que acude a la plaza lo hace para ver torear a dicho aristócrata, es decir, a presenciar toreo caballeresco. Si tenemos en cuenta que Potocki visita España en 1791, y que de ese viaje deben venir en buena lógica sus recuerdos sobre lo que era una corrida de toros, podemos afirmar que en la época en la que Pepe-Hillo era aclamado en las plazas de España como figura del toreo a pie aún se celebraban corridas de tipo caballeresco a las cuales el público acudía en masa. . Otra conclusión a la que se puede acceder tras leer estas páginas de Potocki es que el autor polaco vislumbra las capaci- . dades del torero -en su enfrentamiento ante el peligro que representa el torocomo figura literaria de índole romántica que ve recompensada su valentía con el amor de una mujer. Algo que estudiosos contemporáneos (González Troyano) sitúan por primera vez en autores posteriores, concretamente en los románticos franceses: la duquesa de Abrantes, Merimée y Gautier. Jean Potocki, nacido el 8 de Marzo de 1761 en Pikow, Polonia, procedía de una d.e las más poderosas familias del país. En su juventud, y siguiendo la tradición de las acaudalados linajes polacos, será enviado a estudiar a Francia, algo que incidiría en su producción literaria ya que el francés será el idioma que Potocki emplee a la hora de escribir El manuscrito encontrado en Zaragoza. Al término de su etapa de estudios en Francia se dedica al arte de la milicia y tomará parte en la guerra en Baviera (1778) y posteriormente en Italia, Sicilia y Malta. Desde allí, en barcos de la Orden de Malta, toma parte en una expedición con-
452 Fernando González Viñas tra los corsarios que le permitiría recalar y conocer la costa española y del norte de África. Su interés por la ciencia y la historia le llevaría a dedicarse a la escritura. Su primer empeño fué una historia de los pueblos eslavos que le ocuparía de manera intermitente durante treinta años de su vida. Potocki decidió iniciar su investigación en las bibliotecas de París dirigiéndose desde Polonia hasta Francia a través de un pequeño rodeo consustancial a su alma de viajero aventurero: el Mar Negro, Estambul y Egipto fueron etapas intermedias de ese viaje. En París quedaría subyugado por las ideas de la Ilustración, un hecho que queda reflejado en El manuscrito... en donde el protagonista, alter ego del autor, se rige por ideales ilustrados. Unas enseñanzas que intentaría poner en práctica en su Polonia natal y a la que trataría de sacar de su retraso cultural y político a través de un ejercicio de nacionalismo en un país amenazado por las potencias circundantes. En 1791 viajaría a Francia para seguir de cerca los acontecimientos de la Revolución Francesa. En el verano de ese año realizó un viaje por España al que se deben en buena medida los conocimientos que sobre el país reflejaría posteriormente en un Manuscrito .... Debió ser ese mismo verano de 1791 en el que presenció la corrida de toros que describe con todo detalle en la obra que nos ocupa. Durante ese viaje por España el polaco escribió un diario que desgraciadamente se ha perdido y que muy posiblemente aportaría nuevos detalles sobre la mencionada corrida de toros. China, Mongolia, Ucrania, Siberia, el Cáucaso y Rusia serían algunos de los destinos posteriores de este noble polaco que moriría en 1815. Como ya se ha dicho, su carácter de hombre ilustrado le hizo escribir y editar él mismo una historia de los pueblos eslavos y posteriormente una Historia primitiva de los pueblos de Rusia. El manuscrito encontrado en Zaragoza es una obra ambientada en España aunque la estructura de la obra, al estilo
Recensiones de libros 453 de las cajas chinas y de los cuentos de Las mil y una noches hacen que algunos relatos, contados por personajes de la propia novela, al estilo de lo que ocurre en el Quijote de Cervantes, se sitúen fuera de España. Potocki sitúa la acción en la primera mitad del siglo XVIII puesto que el propio protagonista, el valón Alfons van Worden, dice estar en España a las órdenes de Felipe V, monarca que gobierna España desde 1700 hasta 1746. Este hecho hará caer a Potocki en algunas inexactitudes históricas como puede ser el ejemplo de la aparición de otro personaje rigurosamente histórico, el Conde de Olavídez2, personaje protagonista de la vida política española, pero en la segunda mitad de aquel siglo. Personajes ficticios y reales se mezclan en un paisaje que el autor demuestra conocer muy bien. Muchos tópicos de la literatuta posterior aparecen ya en Potocki: los gitanos, los bandoleros etc. Potocki exhibe un gran conocimiento que se deja percibir hasta los últimos detalles que de las gentes que pueblan nuestro país y sus costumbres. Esta novela ha estado, como ya se mencionó, perdida casi un siglo hasta que volvió a ser editada en 1958 en París. Sin embargo, aquella edición parisina fue aproximadamente en un 80% una traducción al francés de la traducción polaca que Edmund Chojecki realizó en 1847 y se editó en Leipzig (Alemania). Como ya hemos señalado que la obra original estaba escrita en francés, a pesar del origen polaco del autor, se tardaría casi medio siglo más hasta que, por un golpe de suerte, se encontrara en la biblioteca de Cracovia una versión original en francés que, si bien incompleta, permitió que en 1989 se reeditara El Manuscrito ... en la versión original francesa casi en su 2 Pablo Olavide, peruano de nacimiento, fue alcalde de Sevilla y general del ejercíto de Andalucía.
454 Fernando González Viñas integridad· y que acude en los pasajes perdidos a la mencionada traducción de Chojecki. Quizá haya sido toda esta aventura -cual un episodio más de la propia novelala que haya permitido la reedición de la. novela en España (Editorial Pretextos, Valencia 2001 y Alianza Bolsillo 2003) y nos permita ahora el deleite de una obra donde se mezcla lo romántico, lo cabalístico, lo fantástico, lo cómico y lo erótico con pleno acierto. En cuanto a las páginas dedicadas a la tauromaquia no llegan a la decena pero es mucho el jugo que se le puede extraer, tanto desde el punto de vista histórico, como desde el literario. Desde el punto de vista literario debemos tener en cuenta que la obra se edita por primera vez y de forma incompleta (sólo los capítulos 1-13) en 1805 en San Petersburgo, apareciendo 8 años más tarde la segunda parte (12-66). Las referencias a lo taurino se limitan al capítulo (o día de viaje, como anota el autor) 15 y dentro de él como parte fundamental de la Historia de María de Torres, una historia dentro de la historia y que se prolongará en los capítulos sucesivos (aunque ya sin referencias a lo taurino). APORTACIÓN HISTÓRICA Aunque la novela culmina con la confesada llegada a París del protagonista en 1739, algunos aspectos de lo que se relata debemos situarlos posteriormente. Los conocimientos de Potocki sobre la tauromaquia no pueden venir nada más que de lo que él mismo presenció en su viaje español. En tal caso debe reiterarse que la corrida que describe no tiene lugar en los años 30 del siglo XVIII, sino que la corrida que Potocki describe no debe variar en gran medida de lo que él vio en su viaje español de 1791. A favor de esta tesis juega el hecho de que Potocki no solamente mezcla en su coctelera personajes contemporáneos de su viaje a España y otros ya desaparecidos en aquellos años, sino
Recensiones de libr:ps 455 que también mezcla la geografía. No puede entenderse de otro modo que la corrida descrita se celebre en Segovia (hecho del que no hay que dudar) pero que los personajes sean un producto genuinamente andaluz: cantantes en la madrugada, mozas tras las· rejas esperando ... En consecuencia, y estableciendo como cierta la hipótesis de que la corrida descrita es de 1791, ésta tiene lugar en unos años en los que, a decir de los tratadistas e historiadores de la tauromaquia, la gente acude en masa a ver las dis - putas de las primeras grandes figuras de la tauromaquia de a pie, Josef Delgado Pepe-Hillo y Pedro Romero. El medio siglo de diferencia entre los años en los que el autor sitúa la acción y cuando él presencia una corrida es un dato decisivo por cuanto cuando los dos toreros mencionados compiten por el cetro de la torería hace ya años que se han dejado de referenciar corridas de toros caballerescas. Sin embargo, en la novela de Potocki, lo que se describe es una corrida caballeresca, organizada por un noble y pagada por él (recordemos que las corridas caballerescas tenían este trasunto, al contrario que las de a pie en dónde la figura del empresario taurino va haciéndose paulatinamente un hueco en detrimento de las corridas regias u organizadas por municipios )3. Si algo aporta Potocki a la controversia sobre el momento en el cual podemos dar por fenecido el toreo caballeresco es confuso y . . complejo. Al parecer el toreo noble se habría proyectado de un modo u otro durante todo el siglo XVIII acercándose hasta el XIX y además con evidente interés por parte del público como relat.a Potocki: «Apenas se había difundido el rumor de que se estaba a punto de celebrar una corrida de toros, y ya se podía ver a los jóvenes 3 Para una mejor comprensión de este momento clave de la tauromaquia véase, al margen de Cossío (1989), p. e. García-Baquero, Solís, V. Parladé (1980); Luján (1993). Una síntesis se encuentra en Romero de Solís (2003).
456 Fernando González Viñas como perturbados ( . .. ). Lo que hicieron las mujeres, se lo pueden imaginar ustedes mismos: se probaron todas las ropas y sombreros que poseían y aún no fue suficiente; hicieron venir a sastres y sombrereras y allí donde no alcanzaba el dinero, se pedía crédito. Todo el mundo estaba tan ocupado que nuestra calle comenzó a vaciarse» (1998: 233-234). La descripción no deja lugar a dudas del interés que despertó -además de la pasiónentre los habitantes la celebración de la corrida (caballeresca recordemos). Esta aseveración contrasta no sólo con lo asumido por la historiografía taurina que da el toreo caballeresco por finiquitado desde mediados de ese siglo, sino sobre todo con la afirmación del capitán inglés Carletón en su Relato de una corrida de toros en San Clemente de la Mancha, fechada en 1711 (Martínez Novillo, 1996: 223- 234 ). y en la que narra la celebración de tres días continuados de toros. En el relato del capitán Carletón se describe las andanzas de un torero, es decir, nos relata una corrida de a pie en una fecha tan temprana como es la de 1711. Por su descripción, este tipo , de festejo parece, además de asentado en cuanto a su desarrollo4, el preferido por el público, desplazando el toreo caballeresco. Carletón no deja, no obstante, de referirse al desarrollo de una intervención caballeresca, descrita en el tercero de los tres día de toros, pero como algo prácticamente residual: «Esta fiesta (como suele ocurrir) duró tres días; el último de los cuales fue, en mi opinión, mucho más interesante que los dos anteriores. En él un joven caballero, cuyo nombre era don Pedro Ortega, persona de gran cualidad, realizó un ejercicio de equitación. Las localidades, si bien menos atestadas, estaban ocupadas por gentes más elegantes .. . » (Martínez Novillo, 1996: 232). 4 Carletón dice por ejemplo que « ... el torero lleva una capa en la mano y una fina espada de doble filo en la otra» (Martínez Novillo, 1996: 230).
Recensiones de libros 457 A tenor de esta descripción sorprende que 80 años después el toreo caballeresco aún gozara de predicamento, aun suponiendo que fuese la gente más elegante la que llenaba la plaza. Parece, según los datos que nos ofrece Potocki en El Manuscrito ... , que el toreo caballeresco se mantiene vivo en tierras españolas durante todo el siglo XVIII aunque sigue siendo difícil precisar en qué medida y hasta qué punto podríamos estar hablando de los últimos coletazos de una fiesta finiquitada y sus - tituida por lo que hoy día llamamos corrida de toros. En cualquier caso, el relato de Potocki niega validez a la tajante afirmación de Nicolás Femández de Moratín en su Noticia histórica de la fiesta de toros según la cual, tras la fiesta caballeresca celebrada en la Plaza Mayor de Madrid el 30 de julio de 1725, con asistencia de los monarcas, «se acabó la raza de los caballeros». 5 En el relato de Potocki no se describe gran cosa del desarrollo de la lidia ya que el propio autor dice que evitará al lector «los detalles de ese espectáculo», aunque los pocos datos son reveladores. En primer lugar, Potocki establece una clara diferencia entre toreo a pie y toreo a caballo afirmando que «los nobles torean de forma distinta que el pueblo llano» . Describe Potocki al noble como desde su caballo torea al toro y le clava un rejón y la habilidad del caballo para evitar la embestida del cornúpeta. Finalmente el caballero debe echar pie a tierra para matar al toro con la espada. Estos datos no nos aportan nada que no supiésemos. Algo confuso es el dato que sobre los picadores aporta el autor. Éstos estarían a las órdenes del caballero y habrían sido los encargados de dejar salir al 5 También el abate Delaporte (Revista de Estudios Taurinos, 1999, n.º 10), en la fecha tardía de 1771, describe una corrida caballeresca pero esta tiene lugar en Lisboa y el devenir de la tauromaquia en Portugal es diferente al de España. No deben pués ambos casos compararse sin las necesarias reservas.
464 Fernando González Viñas ese triángulo romántico formado por los toros, la mujer y el torero; existen precedentes que deben tenerse muy en cuenta como lo demuestran las breves páginas de Potocki dedicadas a la fiesta de los toros. En conclusión, Jean Potocki, ciudadano de las últimas tierras que habitó el uro primigenio, aporta a la historia de la tauromaquia un nido de intranquilidad, el de que el siglo XVIII es de todo menos preciso para poder determinar en qué momento podemos dar por finiquitada la corrida caballeresca. Pero, por otra parte, nos induce a pensar que la imagen romántico-taurina de España, la del triángulo amoroso que se dirime con sangre en la plaza de toros precede' incluso al movimiento romántico. La conclusión de esta conclusión sería que cada vez que descubrimos algún nuevo dato sobre la tauromaquia, más cuenta nos damos de lo poco que sabíamos. Como de todo lo demás, que diría Woody Allen. Fernando González Viñas Licenciado en Historia del Arte Director del Boletín de Loterías y Toros
Recensiones de libros 465 BIBLIOGRAFÍA Álvarez Santaló, L. C. (1994): "Diversión, espectáculo y corridas de toros en el siglo XVIII. Una esquina moral de la ilustración española", Sevilla, Revista de Estudios Taurinos, Real Maestranza de Caballería de Sevilla y Fundación de Estudios Taurinos, n.º l. Cansinos-Assens, R. (1936): "Las novelas de la torería" en Evolución de los temas literarios, Santiago de Chile. Cervantes Saavedra, M. (1931): Don Quijote de la Mancha, Barcelona, Sopena. Cossío (1989): Los Toros, Madrid, Espasa Calpe. García-Baquero Lavezzi, J. C. (1999): "El Abate Delaporte y las Fiestas de Toros: Una mirada comprensiva en un ambiente hostil", en Revista de Estudios Taurinos, Sevilla, Real Maestranza de Caballería de Sevilla y Fundación de Estudios Taurinos, n.º 10. García Baquero, A.; Romero de Solís, P. y Vazquez Parladé, l. (1980): Sevilla y la Fiesta de Toros . Sevilla. Ayuntamiento. González Troyano, A. (1988): El torero héroe literario, Madrid, Espasa Calpe. ___ (1996): "Ensayo para una H.ª de la Tauromaquia", en Revista de Estudios Taurinos, Sevilla, Real Maestranza de Caballería de Sevilla y Fundación de Estudios Taurinos, n.º 3. López Burgos, Mª A. (2001): "Miradas de mujer", Cuatro viajeras inglesas en las plazas de toros de Andalucía, en Revista de Estudios Taurinos, Sevilla, Real Maestranza de Caballería de Sevilla y Fundación de Estudios Taurinos, n.º 13. Luján, N. (1993): Historia del Toreo, Destino, Barcelona. Martínez Novillo, Á. (1996): "Los toros en la guerra de secesión: los inicios de la tauromaquia profesional", en Revista
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