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Periodismo y violencia de género : la necesidad de un compromiso

Martínez Fábregas, Jezabel; Zurbano-Berenguer, Belén

Abstract

Convencidos de su relevancia como actores sociales y de cambio, el pasado 23 de noviembre, periodistas y medios de comunicación de la Comunidad Autónoma de Extremadura firmaron un acuerdo- marco por el que regular su actuación en noticias referidas a violencia de género. Sin embargo, el principal problema a la hora de investigar en esta materia es el propio concepto ‘violencia de género’ ya que existe una gran variedad terminológica al respecto en la prensa española. El punto de partida del análisis que se propone es que esta diversidad conceptual puede estar provocada por una falta de consenso que puede devenir en una distorsión del propio concepto entre los receptores. Esto conlleva una necesaria reflexión sobre el papel ético de los informadores para con esta lacra. A fin de vislumbrar el estado de la cuestión en los diarios españoles se han analizado documentos hemerográficos de diferentes adscripciones ideológicas y periodos temporales y se han comparado con los principales documentos normativodeontológicos en la materia. Las principales conclusiones permiten arrojar cierta luz sobre este objeto de estudio –se han producido cuantiosos y positivos cambios- pero también descubren nuevas sombras, como la simplificación periodística del propio concepto ‘violencia de género’.

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1 LA ÉTICA DE LA COMUNICACIÓN A COMIENZO DEL SIGLO XXI (LIBRO DE ACTAS I CONGRESO INTERNACIONAL DE ÉTICA DE LA COMUNICACIÓN) UNIVERSIDAD DE SEVILLA Facultad de Comunicación 29, 30 y 31 de marzo de 2011 Editor: Juan Carlos Suárez Villegas 124 CAPÍTULO 10 “Periodismo y violencia de género: la necesidad de un compromiso” Zurbano Berenguer, Jezabel (Universidad de Sevilla) [email protected] Martín Fábregas, Belén (Universidad de Sevilla) [email protected] Resumen. Convencidos de su relevancia como actores sociales y de cambio, el pasado 23 de noviembre, periodistas y medios de comunicación de la Comunidad Autónoma de Extremadura firmaron un acuerdomarco por el que regular su actuación en noticias referidas a violencia de género. Sin embargo, el principal problema a la hora de investigar en esta materia es el propio concepto ‘violencia de género’ ya que existe una gran variedad terminológica al respecto en la prensa española. El punto de partida del análisis que se propone es que esta diversidad conceptual puede estar provocada por una falta de consenso que puede devenir en una distorsión del propio concepto entre los receptores. Esto conlleva una necesaria reflexión sobre el papel ético de los informadores para con esta lacra. A fin de vislumbrar el estado de la cuestión en los diarios españoles se han analizado documentos hemerográficos de diferentes adscripciones ideológicas y periodos temporales y se han comparado con los principales documentos normativodeontológicos en la materia. Las principales conclusiones permiten arrojar cierta luz sobre este objeto de estudio –se han producido cuantiosos y positivos cambiospero también descubren nuevas sombras, como la simplificación periodística del propio concepto ‘violencia de género’. Palabras clave: Medios de comunicación, violencia de género, violencia doméstica, prensa nacional Abstract: Convinced of the importance as social change agents, last November 23rd, journalists and media from the Autonomous Community of Extremadura signed an agreement in order to regulate their intervention in news related with gender violence. Nevertheless, nowadays one of the main problems to deal with is the meaning of ‘gender violence’ itself, because Spanish press uses a wide terminological variety about this matter. The starting point of the proposed analysis is that this wide variety may be caused by the lack of a conceptual agreement which could become in a distortion of the proper meaning of the concept among the audience. So, this entails a necessary reflection about the ethical role of journalists in this cause. In order to discern the state of this issue in the treatment of Spanish newspapers, hemerographic documents have been analyzed at different periods of time and ideologies, comparing them with the main deontological-normative documents about 125 these issues. Main conclusions sheds new light on this subject of study - considerable positive changes have happenedbut these conclusions also find some new shadows such as the journalistic simplification about the proper concept of ‘gender violence’. Keywords: Mass media, gender violence, domestic violence, Spanish national daily 1. Introducción: la comunicación como un necesario referente ético. La comunicación es una actividad intrínseca al ser humano y de la que no puede desprenderse. Rige todas las formas de interacción social y está en la base de las relaciones entre los sujetos y las organizaciones que éstos han generado a lo largo de los siglos. De hecho, la legislación internacional ya ha otorgado a la comunicación el estadio de Derecho Universal (Organización de Naciones Unidas, 1948) dando a ésta un estatus nunca antes ostentado y que supone reconocer cómo la comunicación en nuestros días ha superado con creces el paradigma comunicacional que la configuraba como mero transcurso de emisión y recepción de mensajes de diferente naturaleza. Hoy, la comunicación adopta un papel esencial en cuanto a la configuración de identidades y de procesos sociales. Siendo, además, uno de los factores claves en la socialización de sujetos, la legitimación de conductas o en la dualidad visibilizaciónsilenciación. En la actualidad, parece, ya no se duda de la vigencia de que lo que no aparece en los medios no existe. Pascual Serrano (2008, 13) afirma en este sentido que “históricamente todos los grupos sociales han buscado recurrir a medios y estrategias de comunicación para transmitir al resto de la sociedad sus principios, valores, modelos e intereses”. La actualidad y un marco social amplio que podemos considerar la ‘cultura occidental’ –al menos, con respecto a otras nos sentimos desbordarnos por el desconocimientotienen, cómo no, sus propias ideas y valores a transmitir. Una de ellas es justamente la lucha contra la violencia de género. Especialmente en España, nuestro ámbito de referencia más próximo. En el III Informe Internacional Violencia contra la mujer en las relaciones de pareja del Centro Reina Sofía (Sanmartín et al., 2010, 18) los datos arrojados con respecto a la mortalidad por esta causa en nuestro país –previamente exponemos que cualquier muerte causada por la sinrazón de una violencia de raíces culturales trasnochadas siempre es una desgraciason especialmente halagüeños si los comparamos con otros contextos no muy lejanos. Según los últimos datos, la tasa nacional de feminicidios o de muertes por violencia de género55 está por debajo de la mayoría de los países nor-europeos. En una aproximación numérica redondeada en Europa se dan el doble de asesinatos anuales por millón de mujeres y en América la cifra se quintuplica. Frente a estos indicadores comparativamente bajos, sin embargo, los esfuerzos políticolegislativos, sociales y comunicativos para con esta lacra son ingentes. Lo que pudiera hacer parecer, en palabras de Sanmartín (2010), que la percepción de este problema en la sociedad española fuera como si estuviéramos en una guerra abierta. Éste además incide en lo que muchos otros ya han puesto de manifiesto y que en la actualidad se contempla como uno de los grandes riesgos de la información sobre violencia de género: el peligro de imitación o la inducción a la insensibilización 55 En el Informe los autores diferencian feminicidios (muerte de mujeres), feminicidios domésticos (muertes relacionadas con el ámbito familiar/ de convivencia) y feminicidios cometidos por la pareja o ex pareja (muertes relacionadas con personas del ámbito afectivo-sentimental de la víctima). 126 por repetición del mensaje, y, sobre todo, en la capacidad mediática para sesgar la visión que de la realidad se tiene. No es en vano por tanto la expresión “los medios construyen la realidad que narran” pues seleccionan los elementos que componen su relato, lo enfocan desde un determinado prisma y lo configuran de una determinada manera atendiendo a una multiplicidad de factores pero, principalmente, al formato en que se presente. En televisión por ejemplo, el enfoque de las noticias referidas a violencia de género acarrea efectos como los confirmados por Vives Cases, Torrubiano Domínguez y Álvarez- Dardet (2009, 594): “una narración exclusivamente centrada en el suceso trágico de la muerte puede incrementar la posibilidad de nuevas muertes. Sin embargo, piezas informativas que no se centren en el hecho luctuoso, en el que intervengan otros elementos relativos a leyes, declaraciones de expertos o de personas que trabajen en el ámbito de la violencia de género, pueden generar el efecto contrario”. The presence of IPV56 in television news reports would seem to increase the possibility of death from this cause by between 32% and 42%. News reports which focus exclusively on transmitting information about deaths from this cause would also appear to increase the possibility of death by between 28% and 32%. The opposite effect was observed when comparing news items about deaths with those about measures (relating to laws, declarations and interviews with politicians and key figures in the field of violence against women or public acts condemning this type of crime) or other IPV crimes. (Vives Cases, Torrubiano Domínguez y Álvarez- Dardet, 2009, 594) La importancia, gravedad si se prefiere, de lo anteriormente expuesto deja a los medios de comunicación situados en el epicentro de una responsabilidad difícilmente eludible. Si lo que ellos hacen al producir sus mensajes puede acarrear tales efectos, el incremento de la mortalidad de mujeres en este caso, ¿qué papel han de jugar en la sociedad?, ¿deben dejar de informar sobre ciertas realidades? ¿deben cambiar sus prácticas comunicativas guiados por el miedo al efecto de las mismas?, ¿es esto ‘sano’ desde el punto de vista en el que el derecho a la información está recogido como derecho fundamental en nuestro marco legislativo? De hecho, como afirma la doctora Aimée Vega Montiel (2009, 3) los medios de comunicación han sido señalados por los organismos competentes (ella cita a los de carácter internacional pero pueden añadírseles algunos más próximos57) como una institución con una responsabilidad central en la erradicación de la violencia contra las mujeres. “Al constituirse como una fuente de educación para la sociedad, al lado de la familia y de la escuela, tienen una tarea central en la búsqueda de soluciones.” Puede afirmarse que hoy día existe cierto temor a los efectos de la actuación de los media en este asunto ya que, como se veía antes, la incidencia puede ser más perjuiciosa que beneficiosa. Miguel Lorente Acosta, delegado del Gobierno para la violencia de género, ha llamado a este efecto catártico de los medios ‘efecto paso a la 56 Intimate partner violence (terminología utilizada por los autores del artículo). 57 Por ejemplo, las atribuciones que el legislador a nivel nacional (España) y autonómico (Andalucía) hace a los medios en tanto que los incluyen en las leyes desarrolladas (España, 2004 y Andalucía, 2007 respectivamente) como actores sociales de relevancia de los cuales se espera un comportamiento determinado y responsable para proteger a las mujeres de la violencia de género. 127 acción’. No es el único que sostiene que determinados comportamientos o enfoques en las informaciones de violencia de género pueden conllevar tanto procesos de imitación –incremento del número de muertes violentas de mujeres en los días posteriores a la difusión noticiosa del hecho– como de insensibilización en la sociedad. Sin embargo, parece haber cierto consenso en la comunidad científica sobre los beneficios de la información tanto a nivel general como en materia de violencia de género. Los expertos en psiquiatría reiteran que informar con más o menos pormenores sobre casos de violencia de género puede animar a potenciales maltratadores a repetir estas actuaciones. No obstante, la información de estos actos delictivos en España es más beneficiosa que los supuestos perjuicios porque los medios han ayudado a hacer visible una plaga silenciosa que soportaban en soledad las mujeres y que está costando la vida de más de una mujer cada semana. Además, el silencio y la impunidad han acompañado a este delito históricamente y por eso hay que romper esta tendencia perversa. (Yébenes Alberca, 2005, 9). En un primer momento esto se debió a que el fenómeno pasó a considerarse de carácter público y de interés general desterrando así la concepción de puertas cerradas e inviolabilidad de la intimidad familiar. Sobre todo a raíz del llamado ‘caso Ana Orantes’ que, en 1997, marcó un antes y un después en la visibilización de este problema que todos conocían pero del que los grandes portadores y portavoces de la opinión pública, de la esfera pública, no se hacían eco de un modo consciente, homogéneo y, en algunos casos, hasta especializado. Esta mujer, que apareció en Canal Sur Televisión denunciando en público los malos tratos que había recibido durante su matrimonio fue días después quemada viva por su ex marido. Él declaró, a modo de justificación –si es que así puede entenderse-, que lo hizo por no poder soportar la enorme afrenta que suponía el conocimiento público de esa agresión. Lo relevante no fue que sociedad y medios de comunicación se volcaran con lo dramático –y cercano, pues era por primera vez televisado un testimonio de este tipo en un programa tan populardel caso sino que, “la polémica ayudó a poner sobre la mesa muchas cuestiones que nos han acompañado en los últimos diez años: la existencia misma y la dimensión de esta lacra, el sufrimiento personal implicado, las medidas para hacerla frente, su tratamiento informativo, etc.” (Aznar, 2008 [en línea]). Posteriormente, los beneficios de la información mediática respecto a la violencia de género empezó a relacionarse con el carácter de los media como configuradores o potenciadores de una sensibilidad suficiente como para construir una sociedad comprometida que convirtiese a ciudadanos en miembros activos de lucha contra esta lacra. Para ello no bastaba sólo con que algunos casos dieran ‘el gran salto’ a la palestra pública sino que había que deslegitimar, condenar y crear conciencia de ello en toda una sociedad. Y en esta labor parece que los medios de comunicación –a pesar de las conocidas desviaciones llamadas, por ejemplo, ‘caso Svetlana’- han tenido mucho que ver. Así, investigaciones como la referida por Lorente Acosta (2009, 51) en las jornadas Los retos de los medios de comunicación ante la violencia de género (Universitat de València) relacionan directamente a los media con el aumento de sensibilidad social y a ésta con la disminución de la mortalidad: “Vemos que conforme la sensibilidad aumenta, al año siguiente disminuyen los homicidios; pero cuando hay una sensibilidad baja, al año siguiente aumentan los asesinatos. Hay una relación inversa entre sensibilidad y número de homicidios”. 128 Esto no contradice a otros estudios puestos ya de manifiesto sino que viene a consolidar la importancia del enfoque de las noticias de violencia de género y el cuidado necesario en la configuración de su mensaje. Ya que, en el periodo que confirma este aumento de la sensibilidad en el estudio se da una proliferación informativa por el debate en torno a la Ley integral, no se reduce la violencia de género a ‘casos’ de violencia de género. “Cuando se aprobó la ley integral se estuvo hablando, y mucho, de violencia de género, no de casos de violencia de género, que es de lo que habitualmente se habla en los medios de comunicación, sino de violencia de género” (Lorente Acosta, M., 2009, 51). En esta línea también se ha pronunciado Carballido González (2009, 158) quien defiende una mayor proactividad actual por parte de los medios que puede percibirse no sólo desde el aspecto cuantitativo de la proliferación noticiosa sino también desde un punto cualitativo reflejado en una mayor implicación, cuidado y variedad de los enfoques. O Yébenes Alberca (2005, 1), quien les otorga el estatus de “difusores de mecanismos que ayuden a solucionar el problema”. Parece que puede darse por consensuada cierta confianza –aún con las precauciones que los efectos de ciertos formatos informativos pueden acarrear- en el beneficio de la información de los medios con respecto a la violencia de género. Y asimismo, a juzgar por el cambio que vienen sosteniendo los distintos autores y por la proliferación de códigos autorregulatorios, parece que los medios de comunicación están convencidos de su papel necesario y responsable para con esta lacra. Sin embargo, es la misma multiplicación de los manuales y códigos de buenas prácticas la que hace suscitar la duda, ¿siguen siendo necesarios pues?, ¿qué dice de esto la praxis periodística? La proliferación de estas guías de actuación – la última aparecida el día 19 de enero de 2011- induce a todos estos cuestionamientos y parece desvelar un problema aún no resuelto. 2. Metodología: el análisis de contenido como la mejor forma de acercamiento a la configuración del mensaje periodístico sobre violencia de género En esta comunicación se pretende vislumbrar el estado actual de la práctica periodística en prensa en relación a lo que los manuales, códigos y decálogos establecen. Se parte de la premisa pues de que existe cierta desviación entre el ser de la información sobre la violencia de género y el deber ser que los principales documentos de la profesión establecen. Para ello se ha elegido la técnica del análisis de contenido como la mejor vía para demostrar la hipótesis de esta investigación: en ocasiones, teoría y práctica no se corresponden en el discurso informativo de la violencia de género. Este análisis ha sido definido por Krippendorf (1980) como una técnica de investigación que se utiliza para hacer inferencias reproducibles y válidas de los datos al contexto de los mismos y por Bardin (1986, 7) como un “conjunto de instrumentos metodológicos cada vez más perfectos y en constante mejora, aplicados a discursos (contenidos y continente) extremadamente diversificados”. 129 Para este análisis se han tenido en cuenta documentos hemerográficos correspondientes a diferentes estudios58 y periodos temporales de modo que se enriqueciese una visión panorámica del fenómeno evitando acotarlo a la realidad falseada de una definición muestral dada sino a las posibilidades analíticas de un mayor número de documentos –ya tratados– en los que vislumbrar el comportamiento de los medios de un modo más general. Se trata no tanto de establecer la lógica del discurso mediático de un modo universalizable sino de atender, y para ello cuantas más pruebas empíricas mejor, a ciertos contenidos que evidencien la existencia de ciertas prácticas informativas que hacen necesaria la multiplicación de los manuales deontológicos existentes. Se han estimado para los diferentes estudios y por tanto para la revisión que aquí se hace, las siguientes cabeceras: El País, El Mundo, Abc y Público. Éstos son los principales periódicos generalistas de tirada nacional en cuanto a número de lectores. Según los datos del Estudio General de Medios (EGM), El País es el primer diario de información generalista en número de lectores con 2.012.000 lectores diarios. Le sigue en este segmento informativo el diario El Mundo (1.329.000 lectores al día) y un poco por debajo en el ranking de medios impresos aparecen Abc (751.000 lectores al día) y Público (239.000 lectores al día). Además, se ha creído conveniente recoger éstos y no otros por una cuestión de diversidad en su posicionamiento ideológico. Por esto, enfrentar las posiciones de El País y El Mundo, representantes de opciones políticas –reconocidasabsolutamente divergentes nos ha parecido oportuno. Con respecto a Abc, que también está entre los más leídos en el panorama nacional, ha interesado más la conexión con el público local, el prestigio que goza entre los sevillanos como medio de referencia59. Máxime si se tiene en cuenta que este medio dispone de una importante sección local que, además, concentra la mayoría de las noticias relacionadas con nuestro objeto de estudio. En el caso de Público las razones principales que llevan a su inclusión son, en primer lugar, su posicionamiento ideológico que, tendente a la izquierda, compensa en cierta medida el peso liberalconservador de las cabeceras El Mundo y Abc. Y en segundo lugar, aunque no menos importante, el hecho de que haya ‘nacido’ con un manual para orientar a los profesionales de sus redacciones de cómo informar sobre violencia de 58 Programa de Beca de Colaboración, Ministerio de Educación (2009-10): Proyecto “Violencia de Género y Medios de Comunicación: análisis de la incidencia de la legislación vigente en la prensa”. Resultado: González, R. y Zurbano, B. Formas de representación y tratamiento discursivo de la violencia de género en prensa. En: Actas del II Congreso de Investigación y Género. Unidad de Igualdad. Universidad de Sevilla. (Sevilla 17-18 de junio de 2010) Programa de Beca de iniciación a la investigación, Universidad de Sevilla (2010) : Proyecto “El concepto de violencia de género en su aplicación en la prensa diaria nacional”. Resultado: Zurbano B. El uso del concepto “violencia de género” en su aplicación a la prensa diaria nacional. En: Actas del II Congreso Internacional Latina de Comunicación Social. Universidad de la Laguna. (Tenerife 7-10 diciembre de 2010). 59 Ya en 2008 Abc se consolidaba como uno de los medios que más había crecido en la provincia con un 4,5% de aumento. Según una información propia del medio: “este dato tiene mayor valor si lo comparamos con la evolución negativa del resto de cabeceras en nuestra provincia. A excepción de El Correo de Andalucía, que crece el 1,6 por ciento, las demás cabeceras pierden difusión: El País baja en el 18,4 por ciento, El Mundo tiene una caída del 18,3 por ciento, Diario de Sevilla desciende el 8,7 por ciento y La Razón, el 29,7 por ciento.” (Abc, 2009) 130 género ha resultado un gran acicate en la inclusión de éste como cabecera a tener en cuenta aun cuando no pueda encontrarse sino a partir del año 200760. Para completar este estudio se han tenido en cuenta también las principales aportaciones en materia ética y deontológica. Así, los principales códigos autorregulatorios que se manejan en la profesión y que hemos tomado como referencia a la hora de abordar cómo se entiende por parte de los profesionales un buen tratamiento informativo de la violencia de género, son los siguientes: Decálogo de recomendaciones a los medios de comunicación para el tratamiento de la violencia contra las mujeres, Instituto Andaluz de la Mujer, IAM (1999). Sevilla; Manual de urgencia. Cuestión de principios. Mujer, violencia y medios de comunicación, Instituto Oficial de Radio y Televisión, IORTV (2002); Recomendaciones para elaborar una “Noticia 10”, Noticias de lazo blanco. Manual para periodistas sobre la violencia doméstica, Unió de Periodistes Valencians (2002); Decálogo para el tratamiento periodístico de la violencia contra las mujeres, Red PAR (2008); Decálogo para informar sobre la violencia de género, Público (2008). Acuerdo marco del compromiso de los medios de comunicación y periodistas de Extremadura contra la violencia hacia las mujeres, Asociación de la prensa de Mérida, Asociación de la prensa de Cáceres, Asociación de la prensa de Badajoz (2010). También destacan las orientaciones realizadas por Julia Yébenes Alberca (ex Secretaria de la Comisión de Asuntos Profesionales y Deontológicos de la FAPE): Tratamiento de la violencia contra las mujeres en los medios de comunicación. Recomendaciones para las buenas prácticas en la información sobre violencia de género (2005). Por Maite Rodigou en Argentina dentro del marco del Programa Regional “Ciudades Seguras: Violencia contra las Mujeres y Políticas Públicas”: La violencia hacia las mujeres en los medios de comunicación: herramientas para el trabajo periodístico (2008). O el reciente trabajo de coordinado por Myriam Noblejas: Cómo informar sobre violencia contra la mujer en las relaciones de pareja (2011). 3. Estudio: tratamiento informativo de la violencia de género en la prensa española A pesar de la multiplicidad de manuales y orientaciones de que se nutre la profesión periodística en esta materia, en la actualidad podemos encontrar una información de violencia de género que contradice los principales presupuestos de dichos manuales. En su mayor parte, las recomendaciones siguen un enfoque similar y una voluntad unívoca. Todas estas recomendaciones –por no tener valor coercitivo algunoestán impregnadas por el espíritu de defensa de la violencia como la violación de un derecho y por la máxima de la salvaguarda de la mujer. Podemos encontrarnos con alusionesprincipios comunescomo por ejemplo el que mencionábamos del enfoque desde el derecho: “Es importante situar el contenido de la noticia como una violación de los derechos humanos que atenta contra la libertad y la dignidad de las mujeres” (IAM, 1999); “Los malos tratos contra las mujeres atentan contra los derechos humanos. Los malos tratos son un delito, un problema social y nos concierne a todos y a todas. Los malos tratos no son un asunto privado, ni doméstico, ni un suceso fortuito o 60 Público goza de un decálogo para el tratamiento de las noticias de violencia de género que puede consultarse en Internet. En éste se describe cómo deben los redactores abordar esta cuestión en la praxis periodística lo que denota un posicionamiento claro con respecto a la violencia de género y la adecuación de los procesos periodísticos. (Público, 2008) 131 desgraciado” (IORT, 2002); “Tratar la violencia de género como una violación de los derechos humanos y un atentado contra la libertad y la dignidad de las personas” (Yébenes Alberca, 2005); “ La violencia de género es un delito, en tanto y en cuanto constituye una conducta antijurídica que debe ser prevenida y sancionada. Es un problema social, un atentado contra el derecho a la vida, la dignidad, la integración física y psíquica de las mujeres. Es en definitiva, una cuestión concerniente a la defensa de los derechos humanos” (Red PAR, 2008), “Identificar la violencia contra las mujeres como un atentado contra los Derechos Humanos que viola la libertad, integridad y dignidad de las personas” (Asociación de la prensa de Mérida, Asociación de la prensa de Cáceres, Asociación de la prensa de Badajoz, 2010). También se atiende generalizadamente a presupuestos específicos referentes al uso del titular o al de las imágenes: “Evitar los titulares sensacionalistas y las descripciones morbosas de los hechos, obviando los tópicos, frases hechas, comentarios frívolos y lenguaje habitual en las noticias de sucesos. No recrearse en las imágenes que hacen más patentes el dolor y el sufrimiento de las víctimas y no repetir de forma innecesaria el momento de la agresión” (Asociación de la Prensa de Mérida, Asociación de la Prensa de Cáceres, Asociación de la Prensa de Badajoz, 2010), “ Siempre incluiremos en la noticia un teléfono gratuito de ayuda a las víctimas y cualquier otra información que les pueda ser útil” (Red PAR, 2008), “La violencia contra las mujeres no es un suceso, ni una noticia convencional…ni urgente: lo urgente es resolver el problema. Investiga, date un tiempo para ...la reflexión y contextualiza la información en lo que se conoce como "violencia contra las mujeres". No la incluyas en la sección de Sucesos o en la crónica negra” (Rodigou, 2007), “No hay que recoger expresiones recurrentes que aludan a la belleza femenina, adjetivaciones o comentarios despectivos porque justifican como normalizadas posiciones machistas amparadas por el poder del hombre sobre la mujer. Hay que incidir en este desequilibrio y contextualizar la información con la presentación de los antecedentes y el proceso seguido por la persona agredida” (Yébenes Alberca, 2005). Además, en el estudio de Noblejas (Periodista Digital, 2011 [en línea]) aparece que “el 59,9% de los profesionales cree que las descripciones del modus operandi y los detalles de los crímenes no deben aparecer en la noticia, mientras que en la sociedad lo piensan el 80,2% de los entrevistados”. Sin embargo, la realidad con la que nos encontramos61, muestra lo siguiente: 61 Cabe recordar en este punto que la selección de estos ejemplos se corresponde con desviaciones encontradas a lo largo del estudio de varios periodos muestrales lo que viene a decir que no puede reducirse la praxis informativa a estos patrones de conducta. Las noticias referidas aquí lo son, precisamente, por alejarse de lo conveniente o recomendable, sin embargo, la habitualidad periodística no está representada por estos ejemplos. 138 http://www.dilemata.net/index.php/Etica-de-la-comunicacion/violencia-de-genero-y- medios-de-comunicacion-antecendentes-logros-y-retos.html [Consulta: 01/01/2011]. BARDIN, L. (1986). Análisis de contenido, Akal, Madrid. CARBALLIDO GONZÁLEZ, P. (2009). Medios de comunicación social y violencia de género. Una revisión desde la teoría del framing. En Bernardo Paniagua, Martínez García y Montiel Roig (coords.), Retos de la Comunicación ante la Violencia de género. Marco jurídico, discurso mediático y compromiso social (pp. 157- 174). Barcelona: Tirant Lo Blanch. España. Ley Orgánica 1/2004, de 28 de diciembre, de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género. Boletín Oficial del Estado, 29 de diciembre de 2004, núm. 313. GUILLAUME, F., (2010, Agosto 6). 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