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De la #AcampadaSol a #BlackLivesMatter. Los movimientos sociales en el marco de la tecnopolítica [Introducción]

Montero Sánchez, David; Candón-Mena, José

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9 Introducción De la #AcampadaSol a #BlackLivesMatter. Los movimientos sociales en el marco de la tecnopolítica David Montero-Sánchez José Candón-Mena Cuando decidimos titular el presente volumen Del ciberactivismo a la tecnopolítica. Movimientos sociales en la era del escepticismo tecnológico nuestra intención era dejar claro desde el primer momento que, en los últimos años, se han dado cambios de importancia, no sólo en las formas en las que los movimientos sociales han venido negociando el uso de la tecnología digital, sino también en lo que respecta a temas como la teorización de dicha relación, los márgenes de acción de los propios movimientos sociales en la política institucional o a las dinámicas de funcionamiento de la cultura digital en un entorno crecientemente dominado por las redes sociales comerciales. Desde la celebración del I Congreso Internacional sobre Movimientos Sociales y TIC «Move.net» en el año 2015, el ambiente de optimismo alentado por movimientos como la Primavera Árabe, el 15M, Occupy Wall Street o las protestas en Gezi Park en mayo de 2013 se ha ido enrareciendo y matizando hasta moldear un entorno mucho más complejo y opaco, marcado por un escepticismo bastante generalizado. Lo que varios autores han denominado en estos años como «economía de plataforma digital» (Kenney; Zysman 2016), «capitalismo de plataforma» (Srnicek, 2017; Langley; Leyshon, 2016), «capitalismo digital» (Staab; Nachtwey, 2016), «capitalismo de vigilancia» (Zubboff, 2019) o «capitalismo de multitudes» (Sundararajan, 2016: 27) parece haber entrado en una nueva fase, alterando dinámicas sociales, políticas y económicas pro- 10 Del ciberactivismo a la tecnopolítica www.comunicacionsocial.es J. Candón; D. Montero (eds.) pias de las redes hasta desdibujar de forma definitiva lógicas colaborativas que en 2015 aún aparecían como auténticas posibilidades transformadoras. Cabe pues preguntarse si la apropiación popular de recursos tecnopolíticos comerciales que caracterizó la orientación de los movimientos sociales hace diez años (Candón-Mena; Montero-Sánchez, 2021: 2932-2933) ha evolucionado hoy hacía posturas de mayor desconfianza, sobre todo a medida que los discursos del odio y las teorías de la conspiración intensifican su presencia en las redes comerciales, alimentando un conflicto en el que, como ocurre en el casino, la casa siempre gana. En gran medida, a lo largo de los últimos años, las aportaciones de la economía política de la comunicación en torno a la utilización del big data han acabado propiciando una visión más desarrollada del papel de las grandes corporaciones tecnológicas como actores económicos en el sistema global (Fuchs, 2014; Fuchs, 2015; Poell; Van Dijck, 2015; Trottier, 2016; Wasko, 2014). Conceptos como el de «trabajo digital» (Sandoval et al., 2014) permiten reenfocar críticamente un discurso de corte principalmente ciberutópico para incluir en los debates sobre el valor transformador de las redes sociales aspectos como la explotación del trabajo de los usuarios, el valor de uso de los contenidos que generan o la mercantilización de las relaciones sociales, fomentando una utilización mucho más estratégica y consciente de estos recursos comerciales por parte del activismo digital. La propia voracidad de las redes sociales (o por utilizar términos más precisos «redes digitales, publicitarias, comerciales o corporativas» (Sampedro, 2018: 196) y su estrategia del «todo vale» han acabado por generar una cacofonía estridente en la que la acción de los activistas se confunde a menudo con lógicas orientadas hacia el entretenimiento, la confusión o el «activismo de marca» (Benner, 2018). Quizás un ejemplo paradigmático pueda ser el de la aplicación sueca Bambuser, un nombre habitual en la literatura sobre tecnología digital y movimientos sociales, sobre todo en torno a 2012 y en relación con la Primavera Árabe. Instalada 11 Introducción D. Montero; J. Candón en el teléfono móvil de cualquier activista, Bambuser permitía realizar emisiones en directo a través de una URL, lo que a su vez hacía posible almacenar imágenes de las protestas, así como de posibles casos de brutalidad policial y represión, sin que las autoridades pudiesen evitarlo, ni siquiera en los casos en los que los activistas eran interceptados y sus teléfonos móviles destruidos. Su impacto se estimó de tal forma en ese momento que el uso de la aplicación llegó a estar prohibido en países como Egipto o Siria en distintos momentos a lo largo de estos años. A nivel académico, a menudo se hablaba de Bambuser en términos de «democratización de las herramientas de emisión en directo» (Askanius; Ostergaard, 2014). Por un lado, la aplicación venía a sumarse a las herramientas tecnológicas que debían articular un diálogo social amplio (Löwgren; Reimer, 2013) y, en el contexto de la Primavera Árabe en concreto, la aplicación se veía como «una forma de resistencia y como el resultado de un proceso de racionalización que, durante décadas, ha dado sentido a la vida política y social» (Krona; Adler, 2014: 339). En 2013, Associated Press incluso llegó a adquirir una parte de Bambuser en su afán por fomentar un mayor peso en los contenidos generados por activistas y ciudadanos en la oferta de esta agencia informativa. Sin embargo, ya en 2021, Bambuser se ha transformado principalmente una aplicación dedicada a incorporar dinámicas de vídeo online en procesos de venta a través de Internet. Como informan en su web, la misión de esta app consiste ahora en «empoderar tanto a empresas como a clientes a través de videos de compra en directo y tecnología de última generación» (el énfasis es nuestro). En su apartado de «Clientes» podemos averiguar, por ejemplo, que Samsung ha logrado mejorar sus objetivos de conversión de la atención en capital gracias a la tecnología Live Video Shopping implementada por Bambuser en 2019, un avance que puede utilizarse para vender desde sudaderas a cremas o maquillaje. Únicamente una frase bajo el subtítulo «Nuestra historia: ningún futuro sin pasado», en el apartado «Sobre Bambuser», nos informa brevemente de que 12 Del ciberactivismo a la tecnopolítica www.comunicacionsocial.es J. Candón; D. Montero (eds.) la aplicación también ha recibido «elogios a nivel global por el papel que sus avances tecnológicos han representado en el terreno del periodismo ciudadano».1 No se trata en ningún caso de invocar un activismo puro o de rememorar de forma nostálgica un momento que ciertamente fue esperanzador; tampoco querríamos reeditar el estéril enfrentamiento entre los espacios tecnopolíticos transformadores que han logrado resistir los envites de la mercantilización y aquellos que se vendieron, sino de pensar desde la complejidad las circunstancias sociales, económicas y políticas que determinan hoy día hasta qué punto es posible vehicular acciones transformadoras desde distintas posiciones en relación con los sistemas de poder hegemónicos. Autoras como Jen Schradie han incidido en la conexión de las lógicas económicas con cuestiones políticas directamente relacionadas con la acción de los movimientos sociales, apuntando que las redes de mayor aceptación social como Facebook y Twitter favorecen la expresión de opiniones y puntos de vista conservadores más claramente alineados con los intereses comerciales de las grandes corporaciones tecnológicas (Schradie, 2019: 7). Se trata de una visión a la que sin duda ha contribuido el papel de las propias redes comerciales en la campaña política de Trump o, más recientemente, fenómenos como el asalto al Congreso estadounidense por grupos de ultraderecha en enero de 2021. En general, sería justo decir que el debate ha tomado un cariz pesimista en lo que respecta a temas como las fake news, el papel de los bots, los discursos de odio o las campañas de desinformación a través de la red. Movimientos como QAnon ponen de relieve la importancia para los movimientos sociales progresistas de abordar la relación entre las lógicas de funcionamiento de las propias redes sociales dentro del sistema capitalista y la emergencia global de un populismo de ultraderecha cuyos principios parecen alinearse de diferentes formas con la cultura política de las propias redes. 1 Los distintos apartados referenciados pueden consultarse en la web de Bambuser: https://bambuser.com 13 Introducción D. Montero; J. Candón En general, la llegada de un marco tecnopolítico ya extendido en diferentes ámbitos socio-económicos también ha significado una mayor incidencia de temas como la vigilancia y el control asociados con la acción digital. Los procesos contra Julian Assange y Edward Snowden a lo largo de estos años o escándalos como el de Cambridge Analytica en 2018 han puesto de relieve de formas diferentes la connivencia entre las autoridades políticas y las redes comerciales en un fenómeno con múltiples aristas que abarcan desde el sometimiento a patrones de censura en regímenes autocráticos hasta las condiciones fiscales que disfrutan las corporaciones tecnológicas. Entre los activistas los nuevos usos estratégicos de las redes comerciales parecen incluir, entre otras cosas, una edulcoración de los mensajes que se publican en estas plataformas, lo que respondería por un lado a una reacción frente a las lógicas de vigilancia que hemos mencionado y, por otro, a un sencillo proceso de adaptación a las lógicas liberales que dominan el funcionamiento de las mismas (Tillery, 2019). De hecho, la preocupación por el anonimato, por la privacidad y la encriptación de los mensajes regresa, sobre todo en los casos en los que se plantean repertorios de acción más radicales. Igualmente, desde 2015, se ha venido señalando la necesidad de dejar de lado un primer momento de fascinación digital por las posibilidades que ofrecía la web 2.0 de cara a promover una mirada más ecológica (Treré; Mattoni, 2016; Treré, 2019), que reflexione de forma crítica sobre las formas en las que la tecnología digital coexiste, coopta y se nutre de repertorios y formas de comunicación presentes en la acción de los movimientos sociales a lo largo de décadas. Sin duda, la nueva visión estratégica de los movimientos sociales en el ámbito tecnopolítico parece recuperar la máxima que en día popularizase Armand Mattelart, según la cual «cada nueva generación de tecnología vuelve a revivir el discurso de salvación, la promesa de acuerdo universal, democracia descentralizada, justicia social y prosperidad» (Mattelart, 2003: 23, traducción nuestra). Hoy día, la coexistencia de prácticas tecnológicas muy diversas no sólo representa una orientación tecnopolítica coherente con la his- 14 Del ciberactivismo a la tecnopolítica www.comunicacionsocial.es J. Candón; D. Montero (eds.) toria de los propios movimientos sociales, sino también una apuesta por acciones de alcance y objetivos muy diversos que garanticen la efectividad de cada movimiento en distintos planos políticos, sociales y culturales. La dialéctica entre la virtualidad y los modos de acción tradicionales tampoco ha sido ajena al ámbito de la política institucional en las últimas décadas, sobre todo en lo que respecta a la incorporación de la tecnología digital a las campañas electorales y a la acción de gobierno. Desde la frecuentemente citada campaña presidencial de Obama en 2008, en la que la utilización de las redes sociales fue identificada como una de las claves de la victoria demócrata, las relaciones entre la política institucional y la tecnopolítica se han constituido como uno de los ámbitos de estudio más trabajados en el terreno de la comunicación política. Sin embargo, desde 2012, el salto a la política representativa de grupos vinculados con movimientos sociales del bienio 2011-2012 en México y España, y también más tarde en Hong Kong con Demosisto, ha permitido explorar las dinámicas de adaptación de los perfiles tecnopolíticos asociados a estos movimientos a los márgenes más estrechos que ofrece el ámbito de la política representativa. Sobre todo en el caso de Podemos, aplicaciones como Appgree y herramientas como Agora Voting fueron exploradas como recursos que, en línea con el dictum de «más democracia» presente en la mayoría de estos movimientos sociales, buscaban desde la lógica política del software libre facilitar mayores niveles de participación entre las bases de dichos partidos (Clavell, 2015; Pizarro y Labuske, 2015). El impacto real y los conflictos surgidos a partir de la utilización de estas herramientas plantean principalmente la necesidad de una reflexión en torno a cuestiones relacionadas con la inscripción del poder en las lógicas organizativas y de decisión de un partido político. Cabe recordar por último que, tras la emergencia del 15M, fue tomando forma un afán consciente, al menos en el contex- to español, por conectar las lógicas del activismo y de la academia (Serrano; Calleja-López; Monterde; Toret, 2014; Aguiló, 2020). O más bien podríamos decir que existía una búsqueda 15 Introducción D. Montero; J. Candón activa por encontrar nuevos foros que permitiesen seguir explorando sinergias que ya se habían hecho visibles tanto en las plazas como en las redes durante el ciclo de protestas del 15M. Por un lado, los movimientos sociales buscaban encuadrar sus acciones en marcos de interpretación más amplios, mientras que la academia —al menos la que compartía ciertas inquietudes sociales— trataba de enfocar sus reflexiones hacia ejes de acción transformadores. Con la experiencia de cooperación activa en temas como los derechos de autor, la soberanía tecnológica o los ciberfeminismos, gran parte de la producción académica en 2015 se había enfocado hacia los casos de éxito en los que la cultura digital aparecía como herramienta de transformación social que cristaliza en torno al prototipo (Corsín; Estalella, 2017) y a procesos de experimentación ciudadana que tratan de encontrar soluciones en un discurso de transformación muy cercano a los movimientos sociales. Desde entonces, podríamos decir que han sido sobre todo los feminismos los que han logrado articular un movimiento social global que, aún a día de hoy, conecta la acción tecnopolítica con el espacio académico y la movilización social. La reivindicación feminista, presente en todas las olas de movilización desde el comienzo del siglo, representa hoy —quizás junto a la emergencia de movimientos nacionalistas y ultraderechistas— el espacio más reconocible de acción tecnopolítica en los últimos años. El presente volumen pretende precisamente dejar registro del alcance de algunas de estas transformaciones ocurridas desde 2015. Nuestro objetivo es doble: por un lado, evidenciar de forma crítica la transformación no sólo del terreno de juego tecnopolítico, sino también de la forma en la que dicho terreno está siendo abordado desde la academia. Las distintas ediciones del Congreso Internacional sobre Movimientos Sociales y TIC «Move.net» en los últimos seis años nos han permitido estar presentes en estos debates y observar su evolución tanto desde la academia como desde la acción de los activistas. Por otro lado, buscamos de forma activa resistir en el empeño por fomentar perspectivas académicas comprometidas con el cambio social, particularmente en el ámbito de los 16 Del ciberactivismo a la tecnopolítica www.comunicacionsocial.es J. Candón; D. Montero (eds.) estudios en comunicación, donde de un tiempo a esta parte se ha impuesto un paradigma cuantitativo, aséptico, que renuncia no ya a cualquier tipo de posicionamiento, sino incluso a preguntarse por las razones que originan los fenómenos sociales que se estudian; en pocas palabras, una tarea intelectual que se limita a «contar tweets», aderezando la cuestión con grandes despliegues metodológicos más aparentes que científicos. Los distintos capítulos que componen este volumen parten de una toma de postura en la que se preguntan abiertamente y con un afán de exploración sociológica por los cambios que están sucediendo en el ámbito de la tecnopolítica y la significación de los mismos de cara a la acción de los movimientos sociales. Los dos primeros capítulos del libro, firmados por nosotros mismos como editores del volumen y por Igor Sádaba, abordan a nivel general las características de la tecnopolítica en la actualidad. El capítulo 1, que firmamos Jose Candón Mena y David Montero, aborda un intento de definición de los conceptos de ciberactivismo y tecnopolítica, situándo ambos como paradigmas del uso político de las TIC. El ciberactivismo, ligado historicamente a los usos pioneros por parte del activismo social progresista; y la tecnopolítica, ligada a la complejización y expansión del activismo digital a otras esferas como la política institucional, las campañas electorales o el activismo de movimientos autoritatios y de extrema derecha. Unido a ello, ambos conceptos dibujan, entre otras transformaciones, un cambio de percepción de las TIC desde el utopismo inicial hasta el escepticismo contemporáneo Igor Sádaba cuestiona el sentido evolutivo que parece dominar las lecturas que analizan el paso de un paradigma ciberactivista a la presente ubicuidad del marco tecnopolítico con el objetivo de ofrecer «una aproximación conceptual a los marcos que modulan y modelan el activismo a través de las tecnologías». Para ello, recurre al análisis de marco (frame analysis) y expone la utilidad de esta herramienta de cara al examen crítico de tres dimensiones empíricas vinculadas al uso que los 17 Introducción D. Montero; J. Candón movimientos sociales hacen de la tecnología: la alfabetización tecnológica de los propios activistas en relación con los marcos tecnológicos; las actitudes, discursos y motivaciones que estructuran los movimientos y, por último, la propia diversidad de las movilizaciones y los usos que de ellas hacen los diferentes grupos sociales. A un nivel más concreto, el resto de capítulos inciden en dinámicas que tratan de entender los nuevos escenarios del activismo digital y el papel de los movimientos sociales en el terreno de la tecnopolítica. Así, Emiliano Treré y Anne Kaun buscan con su aportación aplicar una perspectiva histórico-ecológica al análisis del activismo digital con la finalidad de conectar las estrategias digitales de los movimientos sociales con la larga tradición de comunicación transformadora llevada a cabo por esos movimientos tanto históricamente como en la actualidad. Su aportación reivindica un enfoque basado en la ecología de medios, que pretende escapar de la mitificación de las tecnologías digitales. Ángel Gordo y Chris H. Gray se centran en el caso de la red QAnon para explorar la relación entre el populismo de ultraderecha y una cierta ambigüedad política de lo que Zuboff denomina como «capitalismo de vigilancia». Su trabajo argumenta que las redes han sufrido un desbordamiento que extiende lógicas y asociaciones propias del ámbito de la tecnopolítica a la realidad, dando como resultado una especie de realidad aumentada en la que los sistemas de Inteligencia Artificial dan pie a la circulación de posverdades y negacionismos varios como los que circula QAnon y que han terminado, entre otras cosas, influyendo en acontecimientos recientes clave dentro de la política estadounidense y a escala global. El análisis de las multitudes conectadas feministas representa el principal objetivo del capítulo de Guiomar Rovira. Su propuesta consiste en presentar una genealogía de los feminismos actuales vinculándolos directamente con la ola de protestas del bienio 2011-2012 y sugiriendo una feministización de la acción colectiva. El texto de Rovira ofrece un interesante análisis del «hashtag feminismo», o feminismo de cuarta ola, en el que