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Lo propio y lo ajeno: génesis de los Ensayos de Montaigne

Navarro Reyes, Jesús

Abstract

La gran paradoja del spinozismo se encuentra en el deseo por establecer los principios de una filosofía que aspira a la reforma de la naturaleza humana, y que acepta como evidencia la imposibilidad de llevar tal empresa a buen término. Es un realismo radical lo que acentúa que invariablemente en política se tenga que decidir entre la protesta radical y la protesta reflexiva.

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LO PROPIO Y LO AJENO: GÉNESIS DE LOS ENSAYOS DE MONTAIGNE Jesús Navarro Reyes Es preciso practicar una cierta arqueología para encontrar, tras el texto de los Ensayos, los vestigios de un poderoso esfuerzo: aquel que realizó su autor para transformar los textos de otros en lenguaje acerca de sí. La obra de Montaigne surge así a partir de lo ajeno, atraviesa los caminos del yo, y vuelve a encontrar al otro en la figura del lector. It's necessary to practice some kind of archeology in the text of the Essays, to find the signs of a powerful effort: the one that its author took to transform other's text in language about himself. Montaigne's work emerges from the others and crosses the way of the self, to meet again the other as a reader. Los Ensayos de Michel de Montaigne irrumpen a finales del Renacimiento presentándose como una obra absolutamente novedosa y original, única en su especie. Los demás libros tratan de materias ajenas e impropias: el mundo, la sociedad, la política, la naturaleza, Dios... Los Ensayos en cambio, manteniendo una actitud puramente escéptica, no aspiran a tener por objeto nada ajeno, nada que esté más allá de su alcance y que no sea posible conocer de modo directo e inmediato. Por ello versan única y exclusivamente acerca de lo propio, de su propio autor, como él mismo nos indica desde el prólogo (“[A] yo mismo soy la materia de mi libro”1) hasta el último de sus capítulos (“[B] Me estudio más que cualquier otro tema. Es mi metafísica, es mi física”2). Heredero de los ejercicios literarios de los estoicos romanos, únicamente dirigidos hacia el conocimiento y cultivo de sí mismo, el texto de los Ensayos pretende no ocuparse más que del propio yo que lo produce. Sin duda, habla de muchas materias diferentes; pero su objetivo no son propiamente esas materias, sino la manera que le imprime el autor. No quiere mostrar cómo son las cosas, sino cómo es el cristal por el que él las mira. Paralelamente, Montaigne es por fuerza autor de un solo libro. Parece inconcebible que hubiera escrito otras obras aparte de sus Ensayos. Su libro es siempre, necesariamente, el mismo, porque en el fondo aspira a ser él mismo: Montaigne pretende identificarse plenamente con su obra, manteniéndola viva a lo largo de los años y de las sucesivas ediciones. Cualquier texto escrito por él a partir de 1572 queda absorbido por la fuerza centrípeta de sus Ensayos, publicado dentro de ellos como un capítulo más de la gran obra, como un ©Cuadernos sobre Vico 15-16 (2003) Sevilla (España). ISSN 1130-7498 © Jesús Navarro Reyes 271 Vico15.qxd 3/2/04 12:37 Página 271 aspecto más del estudio de sí mismo. El texto está ahí para manifestar el yo, para hacer patente su interioridad ante los otros a través de las palabras. De este modo, la obra se ofrece al público como fruto de una escritura puramente endógena, que fluye desde dentro hacia fuera. Su objetivo es expresar lo inefable de la experiencia interior en la exterioridad de un lenguaje compartido. Ahora bien: ¿cómo es posible que el lenguaje haya llegado a realizar tal sutileza? En principio las palabras están a nuestra disposición como objetos compartidos con los otros, signos de uso común que están ahí para representar el mundo. El lenguaje en principio no es endógeno, sino exógeno: procede de fuera, pertenece a otros, representa a otras cosas distintas de uno mismo,... ¿Cómo hacer de él un instrumento apto para el conocimiento y la manifestación de sí? ¿Cómo construir, a partir de las palabras comunes, impersonales, aprendidas, ajenas y extrañas, una obra que no sólo hable de uno mismo, sino que sea uno mismo, que se identifique con uno mismo hasta hacerse consubstancial a su autor? ¿Cómo conciliar la textualidad de la obra, que no es más que un compuesto lingüístico heredado, con su autenticidad, en tanto que manifestación de una verdad original interior? Es preciso practicar una cierta arqueología para encontrar, tras el texto de los Ensayos, los vestigios de un poderoso esfuerzo: aquel que realizó su autor para transformar los textos de otros en lenguaje acerca de sí. Hay que atender a las primerísimas producciones literarias de Montaigne, mucho antes de que empezara a redactar sus Ensayos, mucho antes de que éstos comenzaran a absorber toda la producción textual de su autor, para observar el silencioso surgimiento de un lenguaje propio a partir del lenguaje ajeno. Tenemos que buscar en la raíz del texto, por detrás de su supuesta autosuficiencia endógena, la tácita semilla exterior que está en el origen de toda su fecundidad. Para ello vamos a analizar las primeras publicaciones de Montaigne, anteriores a los Ensayos. Se trata de textos ajenos que fueron traducidos o editados por él: trabajos realizados por y para otros. Antes de escribir acerca de sí, Montaigne comenzó por utilizar un lenguaje puramente exógeno e impropio. Seguidamente veremos cómo esos textos ajenos constituyen el andamiaje formal de la primera edición de los Ensayos: el texto propio, realizado como pura manifestación de la interioridad, logra ponerse en pie gracias al apoyo de los textos ajenos. No hay en principio ningún giro brusco e inexplicable que nos haga pasar de los textos ajenos a los textos del yo: más bien parece que el conocimiento y cultivo de sí mismo sólo sea realizable a través de los otros. Por último, señalaremos cómo el lenguaje endógeno que ofrecen los Ensayos, debido precisamente a su origen exterior y ajeno, es susceptible de ser apropiado por el lector indefinidamente, de modo que el texto sigue vivo más allá de la muerte de su autor. 1. DEUDAS DE DIFUNTOS: LAS PRIMERAS PUBLICACIONES Las primeras publicaciones de Montaigne están constituidas por textos ajenos, traducidos o editados por él. En ellas su única aportación verdaderamente personal son las breves introducciones en forma epistolar que preceden a cada obra. Por una parte, la traducción de la Teología natural de Raimundo Sabunde aparece en 1569; por otra, Montaigne publica las obras de su amigo Étienne de La Boétie entre 1570 y 1571. Ambos cometidos son en cierto modo trabajos de duelo3, pues saldan deudas de honor contraídas con sendos difuntos: Pierre Eyquem y La Boétie respectivamente. Aunque están todavía fuera del proyecto Jesús Navarro Reyes Cuadernos sobre Vico 15-16 (2003)272 Vico15.qxd 3/2/04 12:37 Página 272 de los Essais, constituyen el primer acercamiento de Montaigne al mundo de la publicación literaria, e influyeron enormemente en su producción posterior, principalmente en los dos primeros libros de los Ensayos. 1.1. La traducción de Sabunde Acerquémonos en primer lugar a la traducción de la Teología natural de Sabunde. La obra de este teólogo de origen catalán, que había visto la luz por primera vez en 1484, llegó a conocimiento de Montaigne a través de su padre, Pierre Eyquem4. Éste había recibido un ejemplar como regalo del erudito Pierre Bunel tras una estancia en el Château de Montaigne, en una fecha no determinada. Bunel se lo ofreció a Pierre Eyquem presentándolo como una útil defensa del catolicismo frente a las herejías que proliferaban en su siglo. Pierre Eyquem, ferviente admirador de la erudición, aceptó el libro con interés, pero sus escasos conocimientos de la lengua latina no le permitían hacer una lectura fluida de éste. Por ese motivo le solicitó a su hijo Michel que realizase una traducción del voluminoso libro. Caben diversas interpretaciones acerca de las verdaderas razones que le indujeron a hacer esta petición. Tal vez temiese que su hijo se perdiera en divagaciones intelectuales, dado el escaso interés que mostraba por la carrera judicial, y su tendencia a la molicie y la pereza; como indica Donald Frame, en aquella época Montaigne “precisaba que se le propusiera un orden o un desafío que le impulsara a actuar”5, y la realización de una tarea tan prolongada le exigiría una disciplina que le convenía bastante. También es posible que Pierre Eyquem considerara esta tarea como la etapa postrera de la educación humanista que había querido para su hijo, pues la práctica de la traducción era recomendada desde la antigüedad como un ejercicio de estilo preparatorio para aquellos que tuvieran ambiciones literarias6. O quizás lo que pretendía era reforzar la ortodoxia católica de su primogénito para evitar que cediese ante la tentación reformista, como ya le había ocurrido a otro de sus hijos: Thomas Eyquem de Beauregard. Lo cierto es que, dada la situación ociosa en la que Michel se encontraba, no pudo rechazar el encargo de su padre, y lo realizó a lo largo de un año, entre 1567 y 15687. La traducción, que en principio podía no tener más interés que el de un ejercicio privado, gustó tanto a Pierre Eyquem que encargó que se hiciera imprimir. Un cálculo renal acabó con su vida el 18 de junio de 1568, cuando Michel estaba de viaje en París, de manera que no pudo ver la publicación de la traducción, que aparecería al año siguiente. Esta traducción es la primera obra por la que el público tuvo conocimiento del nombre de Michel de Montaigne, y apareció precedida por una breve carta a su padre que merece ser analizada con cierto detenimiento. La intención de la carta era resaltar el papel que Pierre Eyquem desempeñó en la decisión de Montaigne de traducir la obra. El género epistolar le permite referirse a su padre en segunda persona, forma que en los Ensayos no aparece más que en el prólogo y algún párrafo aislado del tercer libro. El yo de Michel de Montaigne habla al vos de Pierre Eyquem acerca del él de Raimundo Sabunde. Sólo en una oración aparece un cuarto elemento: el público que leerá la obra, representado por la tercera persona del plural. El comienzo de la carta es el siguiente: Lo propio y lo ajeno. Génesis de los Ensayos de Montaigne Cuadernos sobre Vico 15-16 (2003) 273 Vico15.qxd 3/2/04 12:37 Página 273 “Mi señor, siguiendo el cargo que vos me dísteis el año pasado en vuestra casa, en Montaigne, he tallado y compuesto de mi mano una vestimenta a la francesa para Raimundo Sabunde, gran teólogo y filósofo español, y lo he desvestido, hasta donde ha estado en mi mano, del porte salvaje y bárbaro aspecto que vos le vísteis originalmente”8. Según esta primera oración, el origen y la intención de la traducción proceden de la segunda persona (vous me donnastes, vous luy vîtes,...), mientras que la tarea de la primera persona queda relegada a la de mero obrero que realiza el encargo; Montaigne sólo ha aportado su mano para desarrollar un proyecto que no procede de él, sino de su padre. En las líneas siguientes asume las limitaciones del resultado obtenido, y se expone a las posibles críticas de los lectores, haciendo de escudo protector del mérito de su padre. A continuación, tras haber asumido los posibles errores como procedentes de la primera persona, Montaigne se apresura a atribuir los posibles méritos a la segunda: “Ahora bien, Señor, es justo que adquiera crédito y salga a la luz bajo vuestro nombre, pues os debe todo lo que en él hay de enmienda y mejora”9. La primera persona va eclipsándose para dejar el terreno libre a la relación entre la segunda, el padre, y la tercera, Sabunde, hasta el punto de atribuir a su padre no ya la intención sino incluso la realización del proyecto, la propia traducción: “En todo caso veo claramente que, si os place contar con él, seréis vos quien le deba mucho: pues a cambio de sus razonamientos excelentes y muy religiosos, de sus altas y casi divinas concepciones, veréis que no habréis pues- to de vuestra parte más que palabras y lenguaje: mercancía tan vulgar y tan vil que, quizás, quien más tiene, menos vale”10. El papel del yo queda limitado al de mero espectador (je voy bien) de una relación entre términos ajenos. La escasa valoración del acto lingüístico de la traducción ya había sido señalada desde el primer momento, con la metáfora que abre la carta, y que describe la tarea realizada como un cambio de vestimenta; llegados a este punto, la depreciación del lenguaje como vulgar mercancía ha hecho desaparecer al traductor de la escena, hasta dar la impresión de que fue el padre quien aportó de su parte las palabras y el lenguaje. Todo queda reducido a lo que él os debe y lo que vos le debéis a él. La carta termina con una despedida convencional, que Montaigne solía utilizar, con pequeñas variaciones, en la mayor parte de su correspondencia: “Mi señor, suplico a Dios que os conceda una vida muy larga y muy feliz. Vuestro hijo muy humilde y obediente, De París, el 18 de junio de 1568. Michel de Montaigne”11. Jesús Navarro Reyes Cuadernos sobre Vico 15-16 (2003)274 Vico15.qxd 3/2/04 12:37 Página 274 La utilización de esta fórmula epistolar no tendría nada de particular de no ser porque la fecha de la firma coincide exactamente con la del fallecimiento de su destinatario. Montaigne desea a su padre una vida larga y feliz justo el día de su muerte. Es muy poco probable que Montaigne escribiera la dedicatoria precisamente aquel día que se encontraba en París, en el que aún no tenía constancia del fallecimiento de su padre. Parece más razonable que hiciera coincidir la fecha posteriormente, como una especie de gesto simbólico. Quizás cabría interpretar los deseos expresados como una referencia a la vida del alma tras la muerte, aunque en tal caso le sería deseable una tresheureuse vie, pero difícilmente una treslongue, puesto que sería eterna. Y sin duda habría sido más adecuado utilizar una despedida distinta como, por ejemplo, “Monseigneur, je supplie Dieu qu’il vous maintienne en sa garde”, que Montaigne también solía utilizar12. Por eso parece más conveniente interpretar la fórmula final como un deseo de prolongar la vida mundana del padre a través del acto de la traducción y publicación de Sabunde. Montaigne presta su mano para que sea el padre el que realice una acción a través de la cual pueda sobrevivir, al menos durante algún tiempo, a su propia muerte. El hijo, treshumble & tresobeissant, prolonga así la vida del padre escribiendo su texto. Por lo tanto, Montaigne sufre una doble expropiación al traducir y publicar la obra de Sabunde: en primer lugar, no está escribiendo su propio texto, sino traduciendo el de Sabunde; en segundo lugar, no está realizando su propia traducción sino, en cierto modo, la traducción del padre, pues suya fue la intención original. Y, no obstante, esta redacción de un texto doblemente ajeno le permite comenzar su propio proceso de creación literaria, pues ya en esta primera obra Montaigne da muestras de su talento como escritor, despojando la Teología Natural de la pesadez de su lenguaje, y añadiendo de su propia cosecha párrafos enteros13. 1.2. La edición de La Boétie El segundo proyecto literario de Montaigne, aunque fue publicado dos años después, había comenzado a forjarse varios años antes que la traducción de Sabunde: es la publicación de las escasas obras y traducciones que dejó escritas su amigo Étienne de La Boétie, muerto inesperadamente con poco más de treinta años. Al igual que en el caso anterior, en este volumen Montaigne sólo aporta como textos originalmente suyos las breves introducciones epistolares. Cada opúsculo de su amigo está precedido por una carta dirigida a amigos personales o personajes de renombre: la traducción de Las reglas del matrimonio de Plutarco es introducida por la dedicatoria de Montaigne a M. de Mesmes, consejero del rey; los poemas latinos, por una carta dirigida a Michel de l’Hospital; la traducción de La economía de Jenofonte, por otra destinada a M. de Lausac, que es seguida de un aviso al lector; la traducción de la Carta de consolación a su esposa de Plutarco, presentada con otra epístola que Montaigne dirige a su propia mujer; y, por último, los poemas franceses aparecen meses después en un libreto acompañados de una carta algo más extensa que las anteriores que en esta ocasión está dirigida a M. de Foix, embajador francés en Venecia. Como conclusión del primer volumen de las obras de La Boétie, Montaigne publica un fragmento de una carta dirigida a su padre, en el que narra las circunstancias del fallecimiento de su amigo. Estas cartas son los únicos textos originales de Montaigne que aparecen en la edición de las obras de La Boétie. La carta a su padre que cierra el primer volumen es probablemente Lo propio y lo ajeno. Génesis de los Ensayos de Montaigne Cuadernos sobre Vico 15-16 (2003) 275 Vico15.qxd 3/2/04 12:37 Página 275 el texto literario más antiguo que nos ha llegado de su producción, pues parece haber sido escrito poco después del hecho que narra, es decir, alrededor del mes de agosto de 1563, aunque pudo sufrir alteraciones para su publicación en noviembre de 157014. A lo largo de unas 14 páginas Montaigne describe la estoica actitud con la que su amigo afrontó la enfermedad y la muerte, en la línea estilística clásica de las apologías de difuntos. En el momen- to de mayor tensión emocional, Montaigne nos transcribe las enigmáticas palabras de su amigo: “Entonces, entre otras cosas, comenzó a rogarme una y otra vez, con una afección extrema, que le diese un sitio [de luy donner une place], de tal modo que temí que hubiera perdido el juicio. Incluso habiéndole demostrado dulcemente que se estaba dejando llevar por su mal, y que esas palabras no eran de alguien que estuviera en sus cabales, no se rindió en absoluto a la primera, y volvió aún con más fuerza: ‘Hermano, hermano, es que vais a negarme un sitio?’ Hasta que me forzó a convencerlo por la razón, y a decirle que, puesto que respiraba y hablaba, y que tenía un cuerpo, tenía por consiguiente su lugar [il avoit par consequent son lieu]. ‘Vale, vale, me respondió entonces, tengo uno, pero no es el que necesito; después, cuando todo esté dicho, ya no tendré más ser’. — Dios os dará uno mejor bien pronto, le dije.— Allí quisiera estar ya, hermano mío, me respondió, hace tres días que anhelo partir”15. Ante la atónita mirada de Montaigne, La Boétie le pide, le exige, que le conceda un sitio. En las respuestas que da el moribundo se pone de manifiesto que ni se refiere a un lugar físico o corporal, ni tampoco a un espacio escatológico en la vida ultraterrena, por mucho que Montaigne logre consolarlo con esa idea. Montaigne no ofrece ninguna interpretación de estas inquietantes palabras, y el fragmento publicado termina pocas líneas después, con la descripción del momento de la muerte. Sin embargo, durante los años siguientes al fallecimiento, esa petición parece subsistir en el inconsciente de Montaigne, que siente la necesidad de corresponder a su admirado amigo. Sin duda, La Boétie era un hombre de talento, con grandes ambiciones literarias que se vieron truncadas por su muerte prematura. Muestra de ello es que, antes de morir, había concluido ya diversos proyectos (el Discours de la servitude volontaire16, sonetos amorosos en lengua latina y francesa, la Mémoire touchant l’Edit de Janvier 156217 y las traducciones de autores clásicos que ya hemos citado) mientras que Montaigne, sólo tres años menor que él, aún no había escrito nada de lo que tengamos noticia. La Boétie vio en un momento de lucidez que todas sus ambiciones literarias iban a ser bruscamente truncadas, y es bastante probable que la “place” que pidió repetidamente a su amigo desde el lecho de muerte fuese el lugar en la historia de las letras que anhelaba para sí18. Al menos, la conducta de Montaigne apoya implícitamente esta idea, pues la publicación de las obras de su amigo parece responder a aquella petición. Ante la imposibilidad de dar muestra de la grandeza que podía haber alcanzado La Boétie, Montaigne se excusa en las cartas de presentación por haber publicado los papeles que heredó de su amigo, puesto que sólo son el resultado de sus capacidades aún incipientes. Y por el momento decide no publicar ni el Discours ni la Mémoire, dejándolos para otra ocasión. Jesús Navarro Reyes Cuadernos sobre Vico 15-16 (2003)276 Vico15.qxd 3/2/04 12:37 Página 276 En definitiva: tanto la traducción de Sabunde como la edición de las obras de La Boétie responden a sendas deudas contraídas con personas cuya defunción había condenado a la inexistencia. No pudiendo dejar que se extinguieran en el olvido el mejor padre que jamás haya existido19 y el mayor hombre vivo que conoció20, Montaigne prestó sus manos para mantener vivas sus imágenes proporcionando una vida larga y feliz a la voluntad de su padre y su anhelado lugar en la historia de las letras a su gran amigo. Gracias a esos esfuerzos, la muerte no fue un obstáculo para que las imágenes de otros perviviesen en sus textos. 2. LOS MOLDES DEL TEXTO Una vez que ha saldado las deudas de difuntos, Montaigne abandona el mundo y pasa a dedicarse a sí mismo. Ya dijimos antes que la traducción de Sabunde ve la luz en 1569, y las obras de La Boétie en 1570 y 1571. Al año siguiente, en 1572, Montaigne se retira oficialmente de la vida activa21. De un modo más o menos consciente, intentará operar a partir de ese momento una inversión del flujo de su escritura. Hasta ahora había escrito los textos de otros para otros, había intentado ser vehículo transparente de las imágenes de sus admirados difuntos, llevando a cabo una escritura puramente exógena. A partir de 1572, entregado a las doctas musas, intentará producir un texto endógeno, encargado de manifestar en la exterioridad del texto la autenticidad de su subjetividad. 2.1. La escritura grotesca: del discurso a los sonetos Posiblemente, Montaigne intentó forzar este giro de un modo más o menos brusco, creyendo que los estudios ociosos darían pronto un resultado aceptable. Pero esos frutos no fueron los esperados: no resulta tan sencillo invertir el flujo de la propia escritura, pues la interioridad es difícil de domar. Los primeros productos que obtiene son desgarbados, amorfos, casi aterradores. No obstante, Montaigne los escribe, obligando a sus fantasmas personales a salir a la luz. De este modo espera construir con el texto una especie de espejo de tinta ante el cual huyan despavoridos los monstruos de su interioridad, asustados ante su propia imagen: “[A] [Mi espíritu] engendra tantas quimeras y monstruos fantásticos, unos tras otros, sin orden ni concierto, que para contemplar a gusto su inepcia y rareza, he empezado a ponerlos por escrito, con la esperanza de que con el tiempo se avergüencen de sí mismos.”22 Pero el producto resultante es demasiado caótico. Escribir es dar forma, y la redacción se hace imposible, pues los monstruos toman el control del texto. Para frenar su ímpetu, Montaigne asume una estrategia intermedia entre la imposición estricta de un orden previo y la explosión anárquica de la interioridad, acudiendo a una conocida metáfora pictórica: “[A] Al observar la realización de una pintura que tengo, entráronme deseos de copiar al autor. Escoge el lugar más bello en el centro de cada pared para situar un cuadro elaborado con toda su capacidad; y el vacío de alrededor, llénalo de grotescos, que son pinturas fantásticas cuya única gracia reside en su variedad y originalidad. Y en verdad, ¿qué hay aquí sino grotescos y cuerpos Lo propio y lo ajeno. Génesis de los Ensayos de Montaigne Cuadernos sobre Vico 15-16 (2003) 277 Vico15.qxd 3/2/04 12:37 Página 277 monstruosos recompuestos de diversos miembros, sin figura cierta, sin otro orden, hilación ni proporción que los fortuitos? Desinit in piscem mulier formosa superne.”23 El texto de los Ensayos se compondrá a modo de grotescas, distinguiendo un centro que tiene valor por sí mismo y una periferia que no tiene más valor que la variedad y diversidad (el propio frontispicio de la edición de 1588 de los Essais adopta una estructura pictórica grotesca, como muestra la ilustración 1)24. El establecimiento de un centro y una periferia aportará una figura reconocible a su obra, a pesar de su desorden y deformidad internas. El problema estriba en que Montaigne, aunque se siente capacitado para desarrollar la explosión de creatividad desordenada que completa el marco, no confía en sus propias capacidades a la hora de rellenar el centro. Precisa de un molde en torno al cual ir plasmando sus fantasías y, no pudiendo construirlo él mismo, decide tomarlo prestado: “[A] Puedo seguir a mi pintor hasta este segundo punto, mas soy incapaz de hacerlo en el otro que es el mejor; pues mi capacidad no es tanta como para osar emprender un cuadro rico, cuidado y realizado según el arte. Se me ha ocurrido tomar uno de Esteban de la Boétie que honrará el resto de este trabajo. Es un escrito al que dio por nombre La servidumbre voluntaria”25. La indigencia en la que se encuentra le impide superar por completo la fase anterior de su producción literaria y le obliga a retomar las obras de su amigo cuando ya, supuestamente, había llegado el momento de dedicarse a las propias. Aunque la publicación de las obras de La Boétie no fue completa, la deuda moral que con él había contraído podría haber quedado perfectamente saldada con las ediciones de 1570 y 1571; Montaigne ya le había hecho un sitio a su amigo, le había encontrado un lugar en la historia de las letras. Sin duda, aquellas obras de juventud no proporcionaban a La Boétie el espacio que hubiera merecido, pero Montaigne podría haberse quedado ahí, la deuda podría haber quedado saldada en este punto. No obstante, ante la imposibilidad de invertir por la fuerza el flujo de su escritura, Montaigne decide prolongar su deuda y continuar con el proyecto de edición de la obra de La Boétie convirtiendo su propio texto, como señaló Michel Butor, en el mausoleo de su difunto amigo26. De La Boétie habían quedado sin publicar el Discours y las Mémoires. Éstas últimas responden a una situación socio-histórica muy concreta, y no parecen prestarse a una publicación destinada a la posteridad. En cambio, el Discours sí tiene la forma adecuada: a pesar de ser un tratado de juventud, atrevido y por momentos peligroso, ofrece bastante bien la imagen gallarda y vigorosa que Montaigne intenta dar de su amigo. Por ello decide tomar esta obra como molde de su propio texto, colocándola en el centro, para ir disponiendo sus informes fantasías en torno a ella. El primer proyecto de los Ensayos aúna la publicación de un texto ajeno, al igual que sus ediciones anteriores, con la irrupción cada vez mayor del texto propio. La actividad literaria va transformándose de modo suave y progresivo. Las ediciones de 1570 y 1571 estaban claramente desequilibradas hacia el texto de La Boétie: la aportación de Montaigne no era más que una serie de breves cartas de presentación que constituían una pequeña porción Jesús Navarro Reyes Cuadernos sobre Vico 15-16 (2003)278 Vico15.qxd 3/2/04 12:37 Página 278 del conjunto. Durante la primera fase de redacción de los Ensayos, la balanza irá inclinándose gradualmente hacia Montaigne, reduciendo poco a poco la presencia de su amigo. Éste seguirá siendo el centro del texto, pero progresivamente irá dejando de constituir la parte más extensa. Los capítulos propios de Montaigne van proliferando en torno al Discours, colocándose por delante y por detrás según una arquitectura perfectamente simétrica. Y es preciso señalar que la presencia de La Boétie en esta época de la redacción de los Ensayos no es solamente formal: con razón se ha calificado este período de estoico, pues en él encontramos a Montaigne bajo una fuerte influencia de su amigo, cuya muerte asumió como una manifestación perfecta del ideal del estoicismo27. Capítulos como “Que filosofar es aprender a morir” (I, 20) o “De la moderación” (I, 30) están claramente influidos por este ideal recuperado del sabio estoico. El texto grotesco de Montaigne crece en torno al texto ajeno, como un intento más de ofrecer a La Boétie aquel lugar que pedía desde su lecho de muerte. Pero con el tiempo la relación entre el marco y el cuadro llega a hacerse completamente desproporcionada. El molde ajeno llega a estar completamente cubierto por lo propio. La transparencia que Montaigne buscaba para sí en las ediciones de 1570-1571 va tornándose gradualmente opaca. Es preciso señalar que no hay un cambio repentino en su producción literaria: entre las cartas de presentación de la edición de La Boétie y los primeros capítulos de los Ensayos no hay un salto cualitativo brusco. Diversos acontecimientos de aquella década hacen que el proyecto original de publicar el Discours como centro de su propia obra parezca cada vez más arriesgado. Un fragmento pequeño del texto es publicado en 1574 en el Réveil matin des Français como apoyo de la propaganda reformista28. El Discours, una reivindicación de la libertad de los pueblos frente a los tiranos, es utilizado para azuzar a sus lectores contra el rey de Francia y, por extensión, contra el catolicismo. Aunque La Boétie había intentado evitar esta interpretación defendiendo la corona francesa como una excepción de su crítica29, lo cierto es que el texto se prestaba bastante bien a esa utilización. Montaigne, firme defensor del bando católico de los Valois, teme ser malinterpretado. Ante esta situación, intenta excusar a su amigo indicando que se trata de una obra “de su primera juventud”30, escrita “a modo de ejercicio”31; La Boétie, firme defensor de la corona de los Valois y de la Iglesia Católica, “sin duda alguna, no creía lo que escribía”32. No obstante, el hecho de que La Boétie escribiera su texto “[A] par manière d’essay”33, hace posible su inclusión entre el resto de los essais de Montaigne, ya que su última intención no es mostrar la medida del mundo sino la medida del autor. No importa tanto el tema elegido ni la posición adoptada, cuanto el hecho de que el ejercicio muestre hasta dónde podría haber llegado su artífice. Pero en 1576 aparece en las Mémoires de l’Estat de France de Jean Goluart el texto completo del Discours, rebautizado como Contr’Un, entre diversos panfletos sediciosos de los hugonotes; y al año siguiente es publicado de manera independiente bajo el arriesgado título de Vive Description de la tyrannie et des tyrans avec les moyens de se garantir de leur joug. Esta utilización propagandística le vale las críticas de la censura real, y la obra de La Boétie llega ser condenada a la hoguera34. Las circunstancias han hecho imposible la publicación del texto, pues tanto Montaigne como su amigo podrían ser tildados de traidores protestantes. Es preferible andar con prudencia. Lo propio y lo ajeno. Génesis de los Ensayos de Montaigne Cuadernos sobre Vico 15-16 (2003) 279 Vico15.qxd 3/2/04 12:37 Página 279 MOUREAU, FRANÇOIS (eds.), Études montaignistes en hommage à Pierre Michel, Champion, París, 1984, pp. 223- 231. 39. La presencia del Discours de La Boétie en los primeros ensayos ha sido señalada por André Tournon en “‘Notre liberté volontaire...’ Le Contre Un en marge des Essais”, Europe (nº especial dedicado a Montaigne y a Jean Tortel), nº 729-730, janvier-febrier, 1990, pp. 72-82. 40. “Un travail de deuil n’est vraiment accompli que lorsqu’on a ‘tué’ le mort, c’est à dire qu’on a accepté cette réalité imparable de la mort de l’être aimé, et qu’on lui a tourné le dos pour continuer à vivre, à désirer, à tirer toutes les conséquences de cette autre indéniable réalité: je suis encore en vie.” LEGROS, ALAIN, “Travail de deuil et art de vivre...”, op. cit., p. 149. 41. “Estos versos se ven en otro lugar.” Ensayos, I, 29, f196, e257. 42. Esta variante es ofrecida por Armaingaud en su edición de las obras completas de Montaigne (Louis Conard Libraire-Éditeur, París, 1924, p. 219) (consultada en Le Corpus Montaigne en cd-rom, Bibliopolis/Editions Honoré Champion, 1998). 43. Oeuvres complètes d’Estienne de la Boétie, reunies pour la première fois et publiées avec des notes, par Léon Feugère, Paris, Jules Delalain, 1846, p. 425, n3. 44. Cfr. Ensayos, I, 29, f196, e256. 45. Oeuvres de la Boétie, Bonnefon, P. (ed.), Bordeaux, 1892. Hemos encontrado esta referencia a través de Jean Plattard, que es de la misma opinión (cfr. su edición de los Essais, Paris, Fernand Roches, 1931, Libro I, volumen 2, p. 273, nota a p. 80). 46. Armaingaud, idem. 47. Las ediciones actuales de los Ensayos se decantan por esa interpretación: Villey considera que esa edición fantasma existió “sans doute” (f196 n6), Thibaudet y Rat ni siquiera plantean la posibilidad de que no fuera así (p. 1480 n4) y Frame, con mayor prudencia, asume que “presumiblemente” esa edición debe existir (The Complete Works of Montaigne, Hamish Hamilton, Londres, 1957, p. 145n). 48. Cfr. SIMONIN, MICHEL, “Les papiers de La Boétie, Thomas de Montaigne et l’édition de la chorographie du Médoc”, pendiente de publicación en las actas del coloquio sobre La Boétie que tuvo lugar en la Duke University en marzo de 1999; citado por GÉRARD DEFAUX en “‘Nul n’est mal long temps qu’à sa faulte’: Montaigne, La Boétie, les Essais”, MS, Vol. XI, Oct., 1999, pp. 185-186. 49. “L’on comprend mieux, dès lors, la place qu’occupent La Boétie et le père de Montaigne à l’interieur des Essais: ils sont, à des titres différents, les initiateurs à partir desquels l’acte d’écrire se justifie; Montaigne ne peut écrire de soi sans remonter à eux”, STAROBINSKI, JEAN, Montaigne en mouvement, Gallimard, París, 1993, p. 111. 50. “The presence of the handwriting of Mlle. de Gournay on fol 42v, continued immediately on the same line by Montaigne, suggest that this addition, and probably those by Mlle. de Gournay on fols 47r and 290v, were written when both were together in or near Paris between June and December 1588.” SAYCE, RICHARD A.; MASKELL, DAVID, A descriptive bibliography of Montaigne’s Essais 1580-1700, Oxford University Press, Londres/Oxford, 1983, p. 17. 51. Cfr. RIGOLOT, FRANÇOIS, “L’amitié intertextuelle: Etienne de la Boétie et Marie de Gournay”, en DELFT, LOUIS VAN (ed.), L’Esprit et la Lettre. Mélanges offerts à Jules Brody, Gunter Narr Verlag, Tübingen, 1991, pp. 57- 66. Acerca de la presencia de Gournay en los Ensayos cfr. REGOSIN, RICHARD L., “Montaigne’s Dutiful Daughter”, en Montaigne’s Unruly Brood: Textual Engendring and the Challenge to paternal Authority, University of California Press, Berkeley, 1996, pp. 48-79. *** Jesús Navarro Reyes Cuadernos sobre Vico 15-16 (2003)286 Vico15.qxd 3/2/04 12:37 Página 286 .Lo propio y lo ajeno. Génesis de los Ensayos de Montaigne Cuadernos sobre Vico 15-16 (2003) 287 Ilustración 1: Frontispicio grotesco de la edición de 1588. Vico15.qxd 3/2/04 12:37 Página 287 Jesús Navarro Reyes Cuadernos sobre Vico 15-16 (2003)288 Ilustración 2: Los sonetos tachados. Vico15.qxd 3/2/04 12:37 Página 288 .Lo propio y lo ajeno. Génesis de los Ensayos de Montaigne Cuadernos sobre Vico 15-16 (2003) 289 Ilustración 3: La mano de Gournay en los Ensayos (1). Vico15.qxd 3/2/04 12:37 Página 289 Jesús Navarro Reyes Cuadernos sobre Vico 15-16 (2003)290 Ilustración 4: La mano de Gournay en los Ensayos (2). Vico15.qxd 3/2/04 12:37 Página 290