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En torno a las fuentes del relato sobre Gárgoris y Habis

Ballesteros Pastor, Luis

Abstract

Nos acercaremos en este texto a los orígenes históricos del mito de Gárgoris, buceando en las diferentes fuentes culturales y geográfcas que se encuentran en las raíces del mismo en el Mundo Antiguo.

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Local Gárgoris -3- Al contrario de lo que sucede con el mito de Heracles y los bueyes de Gerión, o con las referencias a Argantonio, rey de Tartesos, la leyenda sobre Gárgoris y Habis ha llegado hasta nosotros a través de una única obra, que es el llamado Epítome de Justino (44.4). Como veremos en este trabajo, la identificación de la fuente de la que provendría este relato es bastante problemática en todos los sentidos. El príncipe salvado de las aguas Se nos cuenta que Gárgoris habría sido un legendario rey en las tierras de los tartesios que enseñó a sus súbditos a recoger la miel. EN TORNO A LAS FUENTES DEL RELATO SOBRE GÁRGORIS Y HABIS Luis Ballesteros Pastor Profesor Titular Historia Antigua.Universidad de Sevilla RESUMEN Nos acercaremos en este texto a los orígenes históricos del mito de Gárgoris, buceando en las diferentes fuentes culturales y geográficas que se encuentran en las raíces del mismo en el Mundo Antiguo. PALABRAS CLAVE Gárgoris, Habis, Justino, mito, Tartessos. ABSTRACT We shall aproach to the historical origin of Gargoris’ mith, diving in the several cultural and geographical sources which exist within its roots in the Ancient World. KEY WORDS Gárgoris, Habis, Justino, mith, Tartessus. Su hija fue violada, y para evitar la vergüenza el rey decidió deshacerse de su nieto. Dejó expuesto al pequeño, a merced de los animales, pero éstos no sólo no le hacían daño, sino que las hembras lo alimentaban. Por fin Gárgoris resolvió arrojar al niño al mar, pero las aguas lo devolvieron mansamente hasta la orilla. Una cierva se le acercó para amamantarlo, y ello hizo que el niño creciera con una extraordinaria agilidad. Cazado a lazo, fue llevado como curiosidad ante Gárgoris, que reconoció a su nieto por unas marcas en su cuerpo. El rey le puso el nombre de Habis y lo nombró sucesor al trono. Cuando llegó a la realeza, Habis civilizó a su pueblo, dándole leyes, enseñando a uncir el arado y a cultivar el trigo, cambiando sus alimentos silvestres por otros más suaves. Prohibió al pueblo el trabajo propio de esclavos y lo distribuyó en siete ciudades. Habis legó el trono a sus sucesores que reinaron durante muchos siglos. Como puede verse, estamos ante el mito de fundación de un estado, análogo en cierta medida a otros relatos que se conservan en distintas tradiciones antiguas. Sin remontarnos a Moisés o Sargón de Acad, es evidente la relación de este pasaje con el mito de Rómulo y Remo y con ciertas versiones de las leyendas sobre Hierón II de Siracusa y Ciro el Grande, fundador del imperio persa1. También se pueden detectar analogías con el mito de Télefo, el hijo de Heracles y Auge, princesa de Tegea. Auge y su hijo fueron también arrojados al mar y salvados milagrosamente del peligro. Télefo fue amamantado por una cierva y llegaría a ser rey de Misia (en la costa meridional del mar de Mármara) participando después en la 1 Ciro: Justino 1. 4, 40.4.12, 43.2.4-7; cfr. Heródoto, 1.107-120; Hierón: Justino 23.4.3-8; Rómulo y Remo: Justino 43.2.4-7; D. Asheri (y otros), A Historical Commentary on Herodotus Books I-IV. Oxford 2007, vol. I, pg. 160; A. Dardenay, Les mythes fondateurs de Rome. París 2010, pp.40-41. Gárgoris Local -4- guerra de Troya. Gárgoris, por su parte, ha sido comparado con Aristeo, hijo de Apolo y la cazadora Cirene, quien según la tradición fue el primero en aprender a recoger la miel2. Pompeyo Trogo y Justino: dos enigmas No nos detendremos a analizar las implicaciones histórico-antropológicas del mito de Gárgoris y Habis, que requerirían un estudio aparte, sino que vamos a centrarnos en los posibles orígenes del relato y la manera en que éste ha llegado hasta nosotros. Es, como decíamos, Justino quien nos ha transmitido esta leyenda dentro del Epítome que compuso a partir de una obra de Pompeyo Trogo, llamada Historias Filípicas. Pero todo son incertidumbres sobre estos autores y su obra, lo que contribuye a dar a nuestra leyenda un halo aún más enigmático. De Pompeyo Trogo sabemos algunos datos que Justino copió al final del penúltimo libro de su Epítome (43.5.11-12): provenía de una familia de galos, de la tribu de los voconcios, situada cerca de Massalia (Marsella). Su abuelo (o bisabuelo según algunos manuscritos) había combatido en Hispania contra Sertorio bajo las órdenes de Pompeyo Magno (76-72 a.C.), y recibió de este general la ciudadanía romana. El padre de nuestro autor fue secretario de Gayo César, que se suele interpretar como Julio César, aunque también podríamos pensar en un nieto de Augusto que llevaba el mismo nombre: Gayo (20 a.C.-4 d.C.) era hijo de Agripa y de Julia, la hija del emperador. Trogo escribió las Historias Filípicas y una obra sobre los animales, y gozó de cierto prestigio, pues sus obras fueron usadas por autores como Plinio el Viejo3. Pero mientras que de Trogo tenemos esos pocos datos, de Marco Junian(i)o Justino lo desconocemos absolutamente todo. La época en que vivió sólo puede inferirse de manera indirecta a través del lenguaje del Epítome, identificando en él palabras o usos de las mismas que aparezcan por vez primera en un momento concreto. Pero aquí no hay unanimidad: el estudio más prolijo es el de John C. Yardley, que sitúa a Justino hacia finales del siglo II d.C.; mientras tanto, Ronald Syme propone que este autor latino habría vivido en los últimos años del siglo IV d.C.4. El problema es la falta de evidencias concluyentes sobre este aspecto, aunque la opción mayoritaria hoy en día es la defendida por Yardley. Acerca de la región de la que Justino era oriundo también se han planteado conjeturas sin mucha base: unos han propuesto que fuera galo como Trogo, mientras que otros pensaron que fuera africano, tanto por la importancia de África en el Epítome como por el presunto uso en éste de la africitas, una variante africana del latín que hoy en día es cuestionada y ningún estudio tiene en cuenta. Por mi parte, considero que Justino era de origen escita, y que debió provenir de la costa noroccidental del Mar Negro situada entre el Danubio y el Mar de Azov. La base para mi argumento está en la exaltación de las hazañas de los escitas que aparece en el Epítome en cuantas ocasiones es posible5. Justino (2.3.5) dice que los escitas permanecieron invictos frente a todos los imperios antiguos y que nunca se enfrentaron con los romanos: ambas afirmaciones son falsas y obedecerían a una tergiversación de la realidad impregnada de cierto patriotismo local. Justino escribe desde la perspectiva romana, pero muestra un gran interés por resaltar cuantos aspectos críticos hacia el poder del Imperio encuentra en la obra de Trogo. Los romanos son a veces presentados como avariciosos, pérfidos, crueles, que arrastran un pasado lleno de episodios vergonzosos. Todo ello nos podría situar en un ámbito de frontera, en donde una serie de 2 Véase R. Graves, Los mitos griegos, Madrid 1985, vol.1, pp. 343 y ss.; vol.2, pp. 235 y ss. 3 Para un resumen sobre Trogo y Justino, véase J.M. Alonso Núñez, La Historia Universal de Pompeyo Trogo, Madrid, 1992; J. Castro Sánchez, Justino. Epítome de las “Historias Filípicas” de Pompeyo Trogo. Madrid, 1995, 7-66; J.C. Yardley y W. Heckel, Justin. Epitome of the Philippic History of Pompeius Trogus, Vol.I. Books 11-12. Oxford 1997, pp. 1-41. 4 J.C. Yardley, Justin and Pompeius Trogus. A Study of the Language of Justin’s Epitome of Trogus. Toronto, 2003; R. Syme, “The Date of Justin and the Discovery of Trogus”, en Historia 37, 1988, pp. 358-371. 5 Las hazañas de los escitas aparecen en los libros 1, 2, 7, 9, 12, 37, 38, 41 y 42. Local Gárgoris -5- elementos bárbaros helenizados soportan con recelo el dominio de Roma. Las Historias Filípicas y el Epítome de Justino El interés por escribir historias universales surge en el siglo IV a.C., cuando la crisis del ideal cívico de la polis griega lleva por un lado al individualismo y por otro al cosmopolitismo. En las obras de historia ello supondrá de una parte el auge de las biografías, y de otra la aparición de historias universales, de las que sólo conservamos unas pocas y todas ellas incompletas. Las Historias Filípicas eran una historia universal compuesta por Pompeyo Trogo a partir de fuentes escritas en griego. En ella se recorre la ecúmene, el mundo conocido, abarcando desde el punto de vista temporal entre la época Neoasiria (ss. X-VII a.C.) y parte del reinado de Augusto (31 a.C.-14 d.C.), y desde el punto de vista espacial empezando en Oriente y terminando en el extremo Occidente, esto es, Iberia, y por ello es precisamente en el libro 44, último de la obra, donde aparece el mito de Gárgoris y Habis. Pero, aparte de ecos en autores como Floro, Valerio Máximo, Polieno u Orosio, lo que de la obra de Trogo ha llegado hasta nosotros proviene de la mano de Justino y de los llamados Prólogos, que son una especie de índices de lo contenido en cada libro de las Historias Filípicas. Se llama Epítome a la obra de Justino, pero éste nos dice en el prefacio a la misma que ha realizado un florilegio, esto es, una selección de pasajes que considera relevantes. Sin embargo, el análisis detallado del Epítome nos revela que Justino modificó sustancialmente la obra de Trogo hasta componer un texto verdaderamente original, no sólo por su lenguaje, sino también por la modificación de pasajes enteros y el desplazamiento de episodios de unos libros a otros6. La comparación entre los Prólogos y el Epítome nos revela las libertades que Justino se tomó con respecto a la obra de Trogo, que dificultan enormemente la posibilidad de distinguir entre lo escrito por el autor galo y lo que se debe a la frívola mano del redactor del Epítome. Según el prefacio, el criterio de Justino a la hora de seleccionar los pasajes de Trogo habría atendido a razones de interés para el lector. Sin embargo, hay un detalle muy significativo, y es que el autor del Epítome procuró centrarse en aquellos episodios que no habían sido recogidos por Apiano de Alejandría, o habían sido tratados por éste de manera superficial. Apiano era un autor del siglo II d.C. que compuso una Historia Romana, hoy parcialmente perdida, en la que los acontecimientos van ordenados en diferentes libros que tratan de otras tantas regiones del Imperio. Apiano escribió en griego traduciendo obras latinas7, y una de las principales, según mi criterio, fue la de Pompeyo Trogo. El alejandrino dedicó un libro a Iberia en el que trata de la conquista romana, centrándose de manera particular en la figura de Viriato. Apiano evitó narrar los orígenes míticos de los pueblos de la Península, y aquí tendríamos la razón por la cual Justino copia el relato sobre Gárgoris y Habis en su Epítome. ¿Un relato autóctono? Del análisis del mito se ha inferido que describe alegóricamente la evolución de una sociedad hasta el desarrollo de la agricultura y la vida urbana. Sin embargo, respecto a la credibilidad de la leyenda hay opiniones divididas. Los escépticos, como García Moreno, defienden que el relato es pura invención y que estaríamos ante la típica fabulación helenística en donde prevalece el interés por presentar ejemplos morales que entretengan al lector, reflejando en este caso el estereotipo construido por los griegos en torno al nacimiento 6 Justino probablemente manipuló el relato de Trogo sobre Habis, según revela el empleo de la expresión ad postremum (44.4.2). 7 J.B. Torres Guerra, “Apiano de Alejandría, traductor (BC IV 45 y V 191)”, en Emerita, 74, 2006, pp.17-28; sobre Apiano en general, véase A. Sancho Royo, Apiano. Historia Romana, Madrid 1980, tomo I, pp. 7-42. Gárgoris Local -6- y evolución de civilizaciones lejanas8. García Moreno propone como autor del mito a Asclepiades de Mirlea, un griego del siglo I a.C. que, según este especialista, habría influido en el relato de Estrabón sobre la Península Ibérica. Pero otros investigadores, como Bermejo Barrera, han planteado que estaríamos ante un mito autóctono del sur peninsular, con una serie de rasgos peculiares que lo diferenciarían de una simple imitación de la tradición griega9. Como trata de demostrar Bermejo, ni Gárgoris es igual que Aristeo ni Télefo es igual que Habis. Incluso los nombres de los reyes no podrían identificarse con una raíz indoeuropea, a pesar de que se ha querido ver en el nombre de Gárgoris un eco de Gárgaro, que era la cima meridional del monte Ida en Jonia. También podríamos relacionar el nombre del rey con los gárgaros, un pueblo que habitaba en el Cáucaso nororiental. Algo más al sur había una región llamada Iberia, pues los antiguos concebían una semejanza entre Oriente y Occidente que se refleja en diversos topónimos y nombres de pueblos10. Esta tesis de la autoctonía se ve reforzada por Moret y Paillier, que han tratado de relacionar el mito de Habis con la figura de Sertorio, el procónsul romano que se rebeló en Hispania contra el poder establecido en la República11. Según la biografía del general recogida en las Vidas Paralelas de Plutarco, Sertorio se hacía acompañar por una cierva con la que decía hablar en secreto. Al cruzar el Estrecho, el general se salva de la tempestad (7.4). Era ágil y buen cazador (13.1-2), y la cierva ha sido relacionada con la diosa Diana, reflejando el favor divino (11.2-4). Por lo tanto, Sertorio habría pretendido asimilarse a la figura de Habis, pues de este modo conseguía ser venerado por los hispanos que veían en él a la encarnación de su rey mítico. Las fuentes de Trogo sobre la leyenda Para resolver el dilema entre las dos posturas, debemos tratar de identificar cuál fue la obra escrita en griego que Trogo vertió al latín. Al disponer tan sólo de un resumen manipulado del texto original, el abanico de posibilidades para identificar la fuente del autor galo es inmenso. Con un afán loable, pero que tiene mucho de ingenuo, se ha tratado de poner nombre al autor o autores copiados por Trogo. Aunque ha habido bastante interés en la figura de Timágenes de Alejandría, otro escritor de época de Augusto, no contamos con ningún indicio sólido que apoye esta opción. Mi hipótesis es que la fuente de Trogo fue una historia escrita por un autor vinculado a la corte de Arquelao I de Capadocia (36 a.C.-17 d.C.) o, en todo caso, de alguno de los reyes de Armenia que se sucedieron entre finales de la República y principios del Imperio Romano12. Arquelao era hijo de una noble irania y un padre de origen macedonio. Fue nombrado rey por Marco Antonio, al que apoyó en la guerra civil, pero logró después el perdón de Augusto. La esposa de Arquelao debió pertenecer a la casa real de Armenia, y de hecho su nieto Tigranes V llegaría a reinar en aquel lejano país. Arquelao era un monarca ilustrado que escribió diversas obras sobre historia y etnografía. En su corte había una activa vida intelectual con personajes como el mitógrafo Conón. Además, el texto de Justino revela en muchos casos una perspectiva irania, no sólo en la toponimia y en la descripción de ciertas leyendas e instituciones, sino también por la censura a Filipo II y a su hijo Alejandro Magno. En el Epítome observamos un afán por exaltar a los armenios y en particular por mostrar a Tigranes II (c. 95-55 a.C.), artífice del mayor imperio que éstos llegaron a tener, como un rey pacífico, filoheleno y prorromano. 8 L.A. García Moreno, “Justino XL 4 y la historia interna de Tartessos”, en Archivo Español de Arqueología 52, 1979, pp.111-130. 9 J.C. Bermejo Barrera, Mitología y mitos de la Hispania Prerromana I, Madrid 1994, 2ª edición, pp. 67-81. 10 G. Camassa, “Dov’è la fonte dell’argento. Strabone, Alybe e i Chalybes”, en F. Prontera (ed.), Strabone. Contributi allo studio della personalità e dell’opera. Perugia, 1984, vol. I, pp.155-186; sobre los gárgaros, Estrabón 11.5.1, cfr. Plinio, Historia Natural, 6.22; sobre el monte de Jonia, véase por ejemplo Homero, Ilíada 15.152; Luciano, Diálogos de los dioses, 4.2. 11 P. Moret y J.-M. Paillier, “Mythes ibériques et mythes romains dans la figure de Sertorius”, en Pallas 60, 2002, pp.117-131. 12 L. Ballesteros Pastor, “Troy, between Greece and Rome”, en J.M. Højte (ed.), Mithridates and the Pontic Kingdom. Aarhus 2009, pp.217-231. Local Gárgoris -7- La cuestión es entonces, ¿cómo habría llegado el mito de Habis desde más allá de las Columnas de Hércules a las lejanas cortes de Capadocia o Armenia? Una hipótesis que en su día planteé fue la de que el transmisor del relato hubiera sido Juba II, rey de Mauritania13. Famoso como erudito, escribió una obra muy amplia y variada, en la que abundan alusiones a leyendas y a curiosidades zoológicas y etnográficas. Este rey viajó a Oriente como consejero del joven Gayo César, y permaneció en la corte de Capadocia. Juba, que había enviudado de Cleopatra Selene II, la hija de Marco Antonio y Cleopatra, se casó con Glafira, hija de Arquelao. El rey de Mauritania era un buen conocedor del sur peninsular: probablemente por sus intereses en empresas comerciales y mineras, fue honrado en Gades y Carthago Nova14. Juba fue probablemente consultado por Plutarco para su Vida de Sertorio (9.6) cuando habla del hallazgo en Tingis (Tánger) de los huesos de Anteo, el hijo de la Tierra que fue asfixiado por Heracles cuando éste fue a buscar las manzanas de las Hespérides. Por otra parte, si la anécdota sobre la cierva que hablaba con Sertorio provenía de una leyenda autóctona, pudo haber sido Juba quien escribiera sobre ello. Además, hay algunos elementos en el Epítome de Justino que revelan un buen conocimiento de la historia de África: es posible que la fuente de Trogo hubiera tomado datos de libros escritos en púnico, de los que el padre de Juba había tenido una biblioteca. A todo ello deberíamos añadir unas extrañas noticias sobre la presencia de nobles armenios en el norte de África en el siglo II a.C.15. Por supuesto, la opción de Juba es tan sólo una hipótesis, pero resuelve muchos problemas al mismo tiempo. Difundiendo ese mito, el rey habría conseguido ennoblecer ese apartado rincón de la ecúmene cercano a Mauritania, situada al otro lado del estrecho. Este capítulo de Justino es un indicio más de los problemas de la historiografía sobre la Península Ibérica en la Antigüedad. La tesis de García Moreno fue bien recibida por los arqueólogos, ya que aún no se ha descubierto la capital del reino tartésico que debería contener edificios destinados a la corte y la administración. Sin embargo, la ausencia de pruebas materiales no debe hacernos caer ni en el escepticismo ni en el desánimo, sino alentar nuevas investigaciones que puedan confirmar, o desmentir, las diferentes hipótesis expresadas en torno a esta leyenda. Nuestra única evidencia es, hoy por hoy, una serie de líneas escritas en latín; pero más que un rela- to cerrado, debemos tomar este mito como un punto de partida. 13 L. Ballesteros Pastor, art. cit., pp. 221 y ss.; sobre Juba, véase D.W. Roller, The World of Juba II and Kleopatra Selene. Royal Scholarship in Rome’s African Frontier. Londres, 2003. 14 Fue duovir en ambas, y patronus coloniae de Carthago Nova; vid. D.W. Roller, op. cit., p. 156. 15 Livio, Periochae, 48; cfr. Salustio, Guerra de Jugurta, 18. 4-9; H.W. Ritter, “Iranische Tradition in Numidien”, en Chiron 8, 1978, pp. 313- 317. Gárgoris. Recreación de Javier Bartos Jaurrieta