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Análisis constructivo de las ruinas romanas de Mérida, realizado por Fernando Rodríguez (1794-1797)

Arbaiza Blanco-Soler, Silvia; González Martínez, Mª del Mar; Pozo González, María Victoria Del

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Análisis constructivo de las ruinas romanas de Mérida, realizado por Fernando Rodríguez (1794-1797) La ciudad de Mérida, capital de la provincia de Lusitania en época romana, ha sido lugar de interés por parte de viajeros y estudiosos a lo largo de los siglos debido a la riqueza artística que encierra. Son numerosos los escritos que sobre Emérita Augusta han sido elaborados. Gracias a Céan Bermúdez' sabemos que Gaspar Barreiro visitó la ciudad hacia 1546 y que Felipe II lo hizo junto con Juan de Herrera en 1580. Años más tarde Bernabé Moreno de Vargas realizaría un estudio científico sobre ella tomando nota de los restos del Templo de Diana, que saldría publicado en 1633 bajo el título Historia de la ciudad de Mérida.2 En 1753, a partir de la propuesta formulada por la Academia de la Historia al rey Fernando VI, el académico Luis José Vélez marcharía a la ciudad acompañado del delineador Esteban Rodríguez, con el fin de realizar 20 dibujos de los monumentos más importantes. Posteriormente, tenemos constancia del abandono que sufre la urbe a través de Antonio Ponz, académico de San Fernando que describió la riqueza de Mérida en el tomo VIII de su Viage a España, obra que saldría a la luz en 1784.3 Diez años más tarde el anticuario portugués Manuel de ViIlena realizó nuevas excavaciones, lo mismo que Fernando Rodríguez, maestro de obras que durante tres años consecutivos hizo el levantamiento de las ruinas de la ciudad centrándose fundamentalmente en su aspecto constructivo, lo que motivó que la Comisión de Arquitectura se encontrase con un gran paradigma a la hora de pronunciar su dictamen acerca del mérito artístico de sus dibujos «Cuya mas apreciable circuns- Silvia Arbaiza Blanco-Soler M'! del Mar González Martínez M'! Victoria del Pozo González tancia debe consistir en la puntual medición, y en ciertas investigaciones indispensables en el Arte practicadas sobre el terreno»4 A los estudios de Rodríguez le siguieron entre otros los de José Cornoide en 1804 y los de Andrés Gómez de Somorrostro en 1820, canónigo quien en su ohra El Acueducto y otras antigüedades de Segovia, aprovechó la oportunidad para cotejar la obra segoviana con otras antiguas de su clase.' Los diseños de Rodríguez, elaborados entre 1794 y 1797, son un interesante documento gráfico de la construcción romana, en el que se analizan edificios y obras de muy diversa índole: religiosas, ingenieriles, civiles, recreativas y conmemorativas. A lo largo de 61 dibujos el autor describe el estado de conservación en que encontró los mismos, incluso en los diseños que dedica al Puente de Trajano sohre el río Aljuzen, representa las plantas que habían crecido en las juntas de sus sillares causando su ruina, para delinear seguidamente la reconstrucción ideal del propio puente. Asimismo, aporta algunas apreciaciones personales en cuanto al carácter original de algunos edificios, a partir del análisis de los restos encontrados. Cuando Fernando Rodríguez visitó ]a ciudad para elaborar su estudio arqueológico, ]a ciudad de Mérida se hallaba descuidada y con una población aproximada de 800 vecinos, frente a los más de 6.000 "que había tenido en época romana, no obstante, el vestigio de su antigua grandeza seguía presente en sus numerosas y variadas ruinas que en nada tenían que envidiar a las de Pompeya o Hercu]ano. Actas del Tercer Congreso Nacional de Historia de la Construcción, Sevilla, 26-28 octubre 2000, eds. A. Graciani, S. Huerta, E. Rabasa, M. Tabales, Madrid: I. Juan de Herrera, SEdHC, U. Sevilla, Junta Andalucía, COAAT Granada, CEHOPU, 2000. 30 S. Arbaiza, M. M. González, M. V. del Pozo Entre los edificios recreativos estudiados se encuentran el teatro, el anfiteatro y el circo. El teatro (A-5922) estaba construido aprovechando el desnivel de la ladera del cerro de San Albín y tenía como uso el ser un garbanzal o lugar de siembra de cebada. Lo encontró en parte enterrado y revestido de sillería, siendo su material base el hormigón romano. Inmediato a él estaba el anfiteatro o naumaquia (A-5923) (lugar donde se representaban batallas navales), término con el que se conoció desde el siglo XVI basándose en su aspecto de foso y en la proximidad de algunos tramos de acueducto, pero que volvería a su denominación original a partir de 1919 tras subsanarse el error. Rodríguez mantenía la hipótesis de la naumaquia, a razón de que «Le entrava dos famosos Acueductos de Agua los que permanecen en el dia». El circo (A-5929), ubicado a las afueras de la ciudad en dirección a Levante, estaba destinado a las carreras de caballos y había tenido una capacidad para 30.000 espectadores. Realizó una serie de excavaciones descubriendo la existencia de una división desde el pavimento hasta los palcos altos, y en cada división un cañón de bóveda que salía al plano del circo. Describió su fábrica como «... de manposteria de piedra con mezcla de Arena gruesa y abundancia de Cal á eszepcion de los machones y Arcos de fachada dentro del Circo de los espresados cañones que son de silleria». Estas tres obras cayeron en el abandono a partir de la oficialización del cristianismo, siendo aprovechadas sus estructuras posteriormente como cantera para la realización de otras nuevas. Cuando se proyectó Emérita, uno de los problemas que se plantearon fue la relativa al suministro de agua para satisfacer las necesidades de la población, de ahí que se construyeran embalses y se llevase a cabo la canalización de diversos manantiales a fin de hacer llegar el agua a la ciudad. Estas obras no pasaron desapercibidas para Rodríguez. A unos 500 pasos al oeste de la urbe, en un lugar conocido como Esparragalejo, halló una charca o laguna en buen estado de conservación (A-5953 y A-5954) que se nutría de varios arroyos y contenía un muro de contención con una sección de líneas curvas en forma de nichos al exterior que se correspondían al interior con unos machones de gran fortaleza en forma de talud. El interior estaba revestido de argamasa muy dura travamentada con el cuerpo del muro, y por encima de éste y al interior unos arcos de sillares pequeños elevados, los cuales aportaban al muro mayor resistencia. La Laguna de Prosderpian (A-5955 y A-5956), tradicionalmente conocida como charca de la Albuero o charca de Carijo, cumplía entonces la misma finalidad para la que había sido concebida. Con una capacidad para 3,5 millones de m" y un perímetro de 5 Km., contenía un suntuoso muro con una altura máxima de 21,60 m. de traza quebrada, constituido por dos paramentos que contenían entre ellos una fábrica de hormigón de cal (opus caementicium), fábrica que Rodríguez describe como de «de silleria la parte que vaña el Agua, a escarpa con dos pulgadas de retiro en cada ilada ó carrera. El espesor es de manposteria de piedra y cal, tan solida que en el dia no se advierte la menor filtracion, acompañado con un terraplen construido a tongada de piedra y tierra apisonada con una espaciosa llanura sirviendo de camino RI. a las Castillas. Las dos Cajas de escalera para el uso de las llaves, en los casos de dos Agua para fertilizar la Rivera, como tanvie las alcantarillas i cambijas, son de silleria». En una inscripción observó la dedicatoria de la obra a la diosa Proserpina, en la que se amenazaba con los demonios a quien la ensuciase, destruyese o despreciase. La Charca de Araya (A-5957 y A-5958), ubicada a tres cuartos de la ciudad, fertilizaba una campiña con arbolado. Aunque casi inservible, el muro de contención se encontraba en buen estado de conservación, siendo su fábrica de mampostería de piedra incierta con fuerte mezcla de cal y tapiales allí donde estaba el cauce, a excepción de los estribos de la fachada exterior y el buzón que era de sillería. Asimismo, el autor apreció la existencia de revoco a base de una mezcla de cal y ladrillo molido cuyos restos le pareció ser de «dos dedos de costra, permaneciendo lo q'. en el dia a quedado un genero de vetún encarnado tan lustroso, como si en el dia se huviera acabado de hazer». A 15 km. al N.E de Mérida encontró la Charca de Cornalvo (A-5959 y A-5960), laguna profunda, donde se levantaba un muro de contención de gran originalidad y composición, que le indujo a pensar que allí se habían celebrado juegos náuticos en tiempos pasados. En forma de talud, se extendía a lo largo de 200 m. a una altura de 18 m., todo él construido por un núcleo interno de fuerte argamasa de piedra incierta de poco grosor con mezcla de cal y arena gruesa de mucha consistencia, revestido con sillares y sillarejos de granito (figura 1). Análisis constructivo de las ruinas romanas de Mérida 31 Figura 1 Charca de Coma/va (A-5960). Las conducciones de aguas provenientes de alToyos, ríos y embalses penetraban por las montañas antes de volver a aflorar en valles y llanuras a través de los acueductos. Entre ellos cabría mencionar el llamado de Los Milagros (A-5963 y A-5964), el cual se iniciaba en el embalse de Proserpina y tomó su nombre muy posiblemente por el equilibrio de sus pilares alTuinados. A través de 12 km. realizaba un recolTido con muchos recovecos a fin de buscar la suavidad del telTeno y salvar los desniveles, desniveles que eran solventados por arquerÍas de dos pisos debido a su elevada altura. La excesiva esbeltez de los arcos se contralTestaba mediante arcos tirantes o de entibo y el reforzamiento de las pilas con estribos frontales de plantas cruciformes. Su fábrica estaba constituida a base de núcJeos de hormigón romano, ladrillo en bóvedas y piJas formando fajas de 5 verdugadas, contando con que e] ladrillo mantenía las dimensiones de 40 a 42 'i 5 o 7 de grosor o canto; contrafuertes de sillares almohadillados sin alternancia de ]adrillo hasta la altura del penúltimo arco y a partir de aquel con la misma composición que el resto del pilar, y a ]a altura de] último arco la sustitución del sillar por una argamasa de piedra incierta, misma solución que se adoptaba en e] canalillo, éste de 90'i 30 cm. Otro de los acueductos a destacar era el de San Lázara (A-5965), el cual conducía sus aguas a la naumaquia, teatro y termas, procediendo éstas de los ramales del Borbollón y Navilla. Apreció que estaba formado por un relleno de mampostería de piedra incierta en la parte superior de los arcos y en el espacio que por e] desnivel del telTeno no podía construirse ~- arquería alguna. También por sillería y sillares almohadillados en la parte baja, que alternaban con verdugadas de ladrillo; arcos con este mismo material, excepto dos de sillares almohadillados, y una capa de argamasa encima de los arcos bajos y en e] canalillo abovedado (figura 2). El ladrillo figuraba tan sólo como material de recalzo, hábito que pasó casi sistemáticamente a las fortalezas islámicas como la del Conventual emeritense. ..Ir I .. jf . Figura 2 Acueducto de San Lázaro (A-5965). El maestro de obras estudió igualmente un Trozo de acueducto a extramuros de la ciudad, en la Carrera Real (A-5920), de 148 pies de largo y construido con sillares almohadillados y lisos, combinados con verdugadas de ladrillo y arcos de este mismo materiaL Estas características son apreciativas en otro trozo de acueducto (A-5921) que contenía 36 pilares, muchos de ellos medios y otros enteros al haberse arruinado la mayoría de ellos. Del mismo modo seña- ]a la existencia de otro acueducto que denomina de agua dulce (A-5962), el cual considera una de las construcciones más singulares de la ciudad. Teniendo su origen a tres cuartos de legua, vio que estaba construido sobre firme, con paredes de argamasa hechas en cajones de madera y que por donde pasaba el agua tenía una línea de sillares. Asimismo que el «cañón de bóveda es de piedra menuda i cal celTándose ]a clave con ladrillo rematado con un pie de argamasa encima. Las canbixas son de sillería». Tan importantes como las obras anteriores eran los puentes y calzadas, sobre todo teniendo en cuenta 32 S. Arbaiza, M. M. González, M. V. del Pozo que la ciudad era el centro de una importante red de comunicaciones del Oeste de la Península Ibérica. Este tipo de obras eran conocidas por Rodríguez pues tenemos constancia que en 1785 había proyectado varios dibujos para ejecutar un puente sobre el río Matachel debido al «infeliz estado» en que se encontraban las viHas de Zarza y Alange al no poder acudir sus vecinos a las labores del campo sin sufrir desgracias. Finalmente, el plan y las condiciones elaborados por el maestro fueron inaceptables por parte de la Academia de San Fernando, la cual vio que los planos no estaban arreglados al sitio y no tenían la capacidad necesaria para el tránsito de las aguas, eligiéndo en su lugar al profesor Manuel Machuca como futuro ejecutor de la obra, a quien se le indicó la necesidad de construir dicha obra con piedra berroqueña, 18 pies de luz y de modo que fuese suficiente para el tránsito de 2 carruajes a un tiempo.! Entre los puentes emeritenses diseñados por Rodríguez tenemos el Puente romano sohre el Guadiana (A-5975), cuyo origen eran dos puentes que aprovecharon una isleta en el medio del cauce del río dividiendo su curso en dos. Con una longitud de 792 m. de largo y 12 m. de alto vio que estaba construido con un núcleo de hormigón romano revestido de sillares almohadillados. Constaba de 60 arcos con aliviaderos entre ellos y pilares originales que disponían de tajamares redondeados aguas arriba. Por el medio descubrió La plaza de comercio (A-5951), obra robusta que pensaba había sido construida para dividir las aguas en tiempo de inundaciones, cortando su fuerza, y a su vez como espacio recreativo o plaza de comercio. Halló su fábrica «de manposteria de piedra incierta, ezepto el corta mar que es de silleria con grapas de Yerro. La fachada esterior que mira a la Ciudad es toda como lo demuestra el trozo diseñado. Las porciones del pavimento que se hallan dentro de la Plaza es de fuerte argamasa o almendrado de pie i quarto de grueso. En la parte que ocupan los Cinco Arcos modernos de la Puente fue cerrado con muro por allarse claros incicios.» También levantó el Puente sohre el arroyo Alharregas (A- 5969), de la misma época que el anterior. Marcaba la salida de la ciudad por el norte y por él discurría la calzada de La Plata. Formado por 4 ojos y 2 aliviaderos en el extremo inmediato a la ciudad, estaba ejecutado con siHares rústicos en las fachadas y en la parte de los arcos, mientras que eran lisos los de la bóveda y el pretil. Halló las rampas ejecutadas con mampostería de piedra y cal formando gruesas paredes con estribos, y el empedrado con «pedernal crecido». Es interesante el estudio que lleva a cabo sobre el Puente del Vulgo Trajano sohre el río Aljuzen (A- 5966 Y A-5967) situado a tres leguas de la ciudad, el cual formaba parte de la vía militar que conducía a Salamanca y Castilla. Por entonces se encontraba en un estado de ruina avanzado, principalmente en la fachada de los tajamares debido a las encinas, fresnos y otros árboles que se habían criado en sus juntas, no hallando otro género de fábrica que no fuese sillería (figura 3). Del mismo modo, los diseños que elabora del Puente sohre un arroyo permanente de varios acueductos antiguos ya perdidos (A-5968), cuya fáhrica «es de silleria; la boveda de ladrillo de vuen tamaño; El aconpañado es de manposteria de piedra y fuerte mezcla de cal y arena gruesa», apareciendo sus sillares unidos con grapas de hierro (figura 4). No podía pasarle desapercibido el Puente de Alcántara sobre el río Tajo (del A-5972 al A-5974), construido en tiempos de Trajano y ubicado en el camino hacia Portugal, SeviHa y Cádiz, en un lugar rocoso y escabroso de pizarra dura de gran profundidad. Quedó impresionado de la perfecta conservación de sus sillares de piedra berroqueña almohadillada, pues no advirtió en ellos la menor quiebra ni defecto de su primera construcción. Apreció los tajamares de los 3 pilares centrales y las formas rectangulares y cuadradas de los del resto; también la exis- Figura 3 Puentedel Vulgo Trajano sobreel río Aljuzen (A-5966) Aná1isis constructivo de las ruinas romanas de Mérida 33 Figura 4 Puente sobre un arroyo permanente de varios acueductos antiguos ya perdidos (A-5968) tencia de nichos en la parte superior de las pilastras, quizás corno lugar para la ubicación de estatuas, así corno una fortaleza en la entrada y la Torre del Águila en el centro del puente. Tampoco dejó de visitar el Puente sobre el río Tajo llamado Mantible, en el sitio de Alconetar (del A-3638 al A-3640) a dieciocho leguas distante de Mérida y directo al camino real de Salamanca y CastilIa. La obra, que encontró en su mayoría derruida, tan sólo conservaba en pie parte de las capas sobresaliendo del agua y el resto de las piedras diseminadas, amontonadas por los alrededores o dentro del agua, no obstante, pudo comprobar sus fábricas exteriores e interiores de sillares unidos con grapas de hierro en el sistema de cola de milano y el almohadillado que proporcionaba gran robustez. Para el autor «Entera sería de las mas hermosas Puentes de] Reyno». Igualmente destacable es el diseño que realiza demostrando el Perímetro rectangular de la ciudad (A- 5961), perfectamente delimitado por ]a muraJ]a, en el que representa las cuatro puertas o vías de entrada y salida coincidiendo con los ejes vertical y horizontal, es decir, con el cardo y decumanos. Quedan presentes la puerta norte que daba acceso a la vía principal que iba a Salamanca y Zaragoza; pasado el puente Albarregas, la bifurcación al oeste en dirección a Hurgas; de la puerta oeste la vía con dirección a Lisboa, SevilJa y Cádiz, y de la puerta este la vía con dirección a Córdoba. La construcción de algunos caminos reales ]e pareció asombrosa «sacados desde el firme y construidos a tongadas, poniendo la primera de piedra incierta corno de veinte libras y enrrasada con tierra mezclada con arena iapisonada, sigue la segunda tongada corno de quince libras y con este orden de disminución, remata en lomo un almendrado, sin mas ligazón que el apisonado y el orden dicho». El Camino de La Plata (A-5924 y A-5925), que iba a Sa]amanca y Zaragoza, fue diseñado de manera detallada de la siguiente manera: «... abierta la zanja del ancho competente, de principio con una tongada de piedra incierta, siendo la linea lateral de maior manitud, i cubierta esta con tierra apisonada le sigue otra tongada de piedra de menor tamaño retirando hacia dentro las laterales, (...) Y cubierta esta con tierra apisonada, sigue con este orden hasta azér la lomada, y corno medio pie, remata en almendrado, construido, de greda, arena iguijarro menudo, fuertemente apisonado» (figura 5). El muro de contención de la muralla bañada por e] río Guadiana (A-5970) fue medido en 2.360 pies de línea, siendo de mucha rusticidad y fortaleza. A Figura 5 El Camino de La Plata (A-5925) 34 S. Arbaiza, M. M. González, M. V. del Pozo él iban a parar los desagües de las alcantarillas o cloacas de la ciudad y su fábrica fue definida por el autor como de «sillería de grande magnitud por la parte del Agua, con grapas de Yerro en sus juntas (...), lo demás del espesor del muro, es de manposteria menuda de piedra y mezcla de auna parte de cal otra de arena gruesa; Encima de esta silleria corría la muralla del zerco de la Ciudad, de manposteria conzertada de fuerte árgamasa su espesor, como se demuestra en muchos trozos que en el dia permanecen» (figura 6). Figura 6 El muro de contención de la muralla bañada por el río Guadiana (A-5970) Además de las obras señaladas, levantó un Suntuoso arco de triunfo dentro de la ciudad (A-5919), de 15 m. de altura, 9 de luz y 13 de ancho, con dovelas unidas a hueso, que hoy se conoce no fue un monumento conmemorativo sino una puerta situada en la vía cardo. También varios cipos sepulcrales (A-5926, A-5927; diversos sepulcros (A-5930), tres capiteles y un arquitrabe, algunos de ellos ubicados en la Ermita de Santa Eulalia (A-5928); una Pirámide de fino mármol, de cuatro piedras uhicadas en el Arrahal de la ciudad en medio de una alameda (A-5918); el Templo de Júpiter (del A-5941 al A-5943), una Casa ovilla de recreo a 800 pasos, extramuros de la ciudad (A-5944 y A-5945); el Templo jurídico ocasa trihunal (A-5946 y A-5947), Y una Casa de haños en la villa de Alange (del A-5948 al A-5950) a 800 pasos de la villa, situada en la parte del mediodía de un cerro bastante petroso y a 115 pies de distancia de un manadero de aguas cálidas. A través de unos encañados de plomo se hacía conducir el agua que era tomada por innumerables «achacosos» de muchas partes de la provincia. El edificio era de «manposteria de piedra incierta, con excelente mezcla de cal y Arena. Y 10 mas singular es, que las bovedas, Arcos, Cornisas, y medias naranjas son de lanchas de guijarros amanera de ladrillo, tan ricate. construído que parece haberse hecho a torno». Faltan por mencionar tres obras sumamente destacables. Una responde a los Restos de un edificio hallados en los corrales de una casa situada en la calle de «Vaños», que podrían ser termas (A-5936 y A- 5937), cuya fábrica es de piedra incierta menuda con mezcla de cal y arena muy fuerte, y sus fachadas exteriores de sillería de gran magnitud, con grapas de hierro en todas las juntas (figura 7). Otra representa unos edificios contiguos a orillas del río Guadiana, destinados a alfarería y adobería (A-5931 y A-5932) por la existencia de pedazos de vasijas de barro blanco «duro y campanil al sonido» que parecían de metal, en los que apreció la existencia de restos de revoco realizados con una mezcla dura y roja muy permanente que parecían ser del día, paredes de mampostería de piedra incierta con verdugadas de ladrillo de un cuarto de pie de grueso, así como estanques y pilonos del mismo argamasado menudo. La tercera se trata de una Fábrica para purificar ofundir metales, situada en los montes, a dos leguas de la ciudad (del A-5938 al A-5940), obra en la que hace Figura 7 Restos de un edificio hallados en los corrales de una casa situada en la calle de «Vaños», que podrían ser termas (A- 5936) Análisis constructivo de las ruinas romanas de Mérida hincapié en las cubiertas (bóvedas de arista o de media naranja con casetones) con sus respiraderos de humo, en dos depósitos de agua comunicados entre sí por un acueducto de barro de 1 pie de diámetro y en su fábrica, constituida en ladrillo y mampostería «de fortísima mezcla de Cal, y Arena Una hilada de siIJarejo y otra de ladrillo» (figura 8). Por último, cabría destacar una obra que no era completamente romana, ya que tenía también parte de goda y musulmana, al apreciarse el aprovechamiento de materiales de construcciones anteriores. Nos referimos al Aljibe musulmán y una sala de recreo situados dentro de lafortaleza conocida como El Conventual (del A-5933 al A-5935), utilizado para usos domésticos y para las abluciones del oratorio. Cuando Rodríguez visitó la obra residía en el recinto el Previsor de la Orden de Santiago, residencia que ocupaba parte de lo que había sido fortaleza romana. Se encontró con un aljibe de planta rectangular de 7,50 V 3,80 m.8 que se ali- Figura 8 Fábrica para purificar o fundir metales, situada en los montes, a dos leguas de la ciudad (A-5940) 35 mentaba de las aguas del Guadiana, las cuales se filtraban a través de la antigua muralla. Reprodujo sobre el pape] la escalera de doble rampa que bajaba muy suave y só]ida hasta encontrar el agua del río; también un estanque sobre los vanos de la escalera, un cilindro hueco por donde subía el agua de la planta baja soterrada a ]a alta a través de una máquina; un sa]ón de recreo con estufa, y en el alzado unas pilastras de mánnol reaprovechadas de a]gún edificio visigodo, según Rodríguez góticas, y un gran capitel romano. A estos diseños de Mérida hay que aunar los que conserva la Academia de este mismo autor y que fueron realizados como pruebas de examen para recibirse en ]a clase de maestro de obras: una Casa para un señor de lugar, con cómoda habitación para él y su familia y oficinas necesarias en una casa de hacendado, proyecto reprobado en ]a Junta Ordinaria de] 4 de mayo de 1788,9 y la Casa para un señor hacendado, obra ejecutada en 1794 que ]e permitió ser recibido en esta clase, por cuanto que en la Junta Ordinaria del l de noviembre de 1795 se le nombra en caJidad de maestro de obras. 10 E] hallazgo de los planos de Fernando Rodríguez ha sido clave para la historia de la arqueología de Mérida, ya que hasta hace dos años eran inéditos y sus estudios no fueron recogidos ni nombrados en investigaciones posteriores. Por todo ello, se intenta en estos momentos ofrecer un pequeño homenaje a este olvidado artista para que pueda servir de punto de partida a otras futuras investigaciones sobre la ciudad. NOT AS 1. Céan-Bermúdez, Juan Agustín: «Tercera parte. Provincia Lusitania: Mérida», Sumario de las Antigüedades Romanas que hay en España, en especial las pertenecientes a las bellas artes, Madrid, 1832, p. 334. 2. Moreno De Vargas, Bernabé: Historia de la ciudad de Mérida, dedicada a la misma ciudad, Mérida, 1892, pp. 45-83. 3. Ponz, Antonio: Viage a España, Tomo VJII, Madrid, 1784, pp. 103-151. 4. «Junta de la Comisión del 27 de julio de 1797», Actas de la Sección de Arquitectura (Junta de la Comisión). Desde 1786 hasta 1805. Sigo 3/139, fol. 291 (A.R.A.B.A.S.F.) 5. Gómez de Somorrostro, Andrés: El Acueducto yotras antigüedades de Segovia, Madrid, 1820, pp. 15-25. 36 S. Arbaiza, M. M. González, M. V. del Pozo 6. Moreno de Vargas, Bernabé: Historia de la ciudad de Mérida, dedicada a la misma ciudad, Mérida, ]892, p. 45. 7. Arquitectura. Presas, canales y puentes. 1780-1790. Sigo 3 ]-6/2, foL 333 (A.R.A.B.A.S.F.) 8. Pavón Maldonado, Basilio: Tratado de Arquitectura Hispano-Musulmana. l. Agua, Madrid, 1990, p. 71. 9. «Junta ordinaria del 6 de abril de ]788», Juntas ordinarias, generales ypúblicas. Desde 1786 hasta 1794. Sigo 3/85, fols. 70 y70 v. (A.R.A.B.A.S.F.) ]0. «Junta Ordinaria deJ l de noviembre de 1795» Juntas ordinarias, generales ypúblicas. Desde 1795 hasta 1802. Sigo 3/86, foL 25 (A.R.A.B.A.S.F.) BIBLIOGRAFÍA Arbaiza Blanco-Soler, Silvia; Heras Casas, Carmen: «Fernando Rodríguez y su estudio arqueológico de las ruinas ramanas de Mérida ysus alrededores (1794-1797). (Exposición 23 de junio-19 de octubre J998)>>, Academia, (Madrid), núm. 87, Segundo Semestre de 1998, pp. 309- 366. Céan Bermúdez, Juan Agustín: Sumario de las Antigüedades Romanas que hay en España, en especial las pertenecientes a las bellas artes (Pub/ícase en Real Orden). Madrid: Imprenta de Miguel de Burgos, 1932. Ourán Fuentes, Manuel: «Puentes romanos peninsulares: tipologías y construcción» Actas del Segundo Congreso Nacional de Historia de la Constl"Ucción. Madrid: CEDEX, CEHOPU, Ministerio de Obras Públicas, Transportes y Medio Ambiente, Instituto Juan de Herrera, ]996, pp. 167-178. Fernández y Pérez, Gregario: Historia de las antigüedades de Mérida (Comisión de Monumentos Históricos yArtísticos de la provincia de Badajoz). Badajoz: Imprenta y Librería de D. Jerónimo Orduña, 1857. Fomés y Segarra, Agustín Francisco: Metrópoli primitiva de la Lusitania. Mérida: Tipografía estereotipada y encuadernación Plano y Corchera, 1893. García Sandoval, Eugenio: Informe sobre las casas romanas de Mérida yexcavaciones en la casa del anfiteatro. 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