Influencia de la mujer en la sociedad : 2 de mayo de 1869
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UNIVERSIDAD DE MADRID; / CONFERENCIAS DOMINICALES SOBRE LA EDUCACION DE LA MUJER. INFLUENCIA DE LA MUJER EN LA SOCIEDAD. POR MADRID, IMPRENTA YESTEREOTIPIA DE M. RIVADENEYRA, calle dei Duque de Osuna, número 3. 18¥9
SeíÍokas ySeñores : Recibid primero mis respetuosos saludos ,ydespués mis excusas por venir hoy ámolestar vuestra atención con pobres conceptos ydesaliñadas frases. —Pero, ¿qué había de hacer? Habíame invitado á estas Conferencias mi compañero yJefe, el ilustre iniciador de ellas ;había yo resistido, no por falta de afición áestas grandes cosas ,mas por mis actuales afanosos quehaceres, ysobre todo, por el sentimiento de mi insuficiencia. Anuncióme él, sin embargo, en la anterior sesión; ¿podia yo rehuir este compromiso? ¿Podia dejar de venir hoy áeste puesto de honor que me señalaba? Ypues cumplo un deber, sed benévolas conmigo. Voy áocuparos unos instantes con el tema anunciado de la influencia de la mujer en la civilización. Hay en la civilización dos partes diferentes :la
—4— una exterior, ósi decimos material ,ála cual pertenecen las grandes emigraciones de las razas y gentes ,las guerras sangrientas para la preponderancia ola conquista ,las luchas interiores para el arreglo de las clases yla forma de los gobiernos ,y en suma ,toda la muchedumbre de ímpetus ,de esfuerzos, do movimientos, que juntos forman ese revuelto oleaje de la vida universal. —Producto esta parte de la humana historia del instinto rudo y guerrero yde la fuerza avasalladora, óde inquietas pasiones óafanosos intereses ,no es aquí donde hemos de buscar la influencia de la mujer. Pero hay otra parte de la civilización ,la que constituye en rigor su esencia, aquella que produce una incesante elevación del hombre ,yle perfecciona y engrandece; es decir, laque contiene cuanto se refiere ala religión ,ala ciencia ,al arte ,álas costumbies. ¡Oh! ¡cuan grande ha sido en esto la influencia de la mujer! Para poderla apreciar, aunque sea sólo muy rápidamente yen algunos de sus rasgos más generales ,hablemos de las religiones ylas costumbres, yentre aquellas, de la que trajo al mundo la buena nueva yha predicado áun tiempo mismo el amor de Dios yel amor del prójimo, yla humildad yla penitencia. Vedla en aquellos dias en que iba anunciándola álas gentes su divino Fundador. ¡Cuán pronto penetró en el alma de la mujer !Recordad, si queréis, las personas de Tecla yMagdalena, de Marta yMaría. ¡Oh! el alma de la mujer I
—5 es terreno abonado para toda semilla generosa, y cuando suena en el mundo una idea nueva de aquellas que lian de resonar en el corazón de las generaciones ,luego al punto pone oido atento para escucharla ,yaunque sea menester tomar la cruz ,se prepara para seguirla. Donde haya que sufrir y amar ycreer, allí encontraréis en primer término ála mujer. En el período verdaderamente militante de esa religión ,en los tiempos de las persecuciones ,¿quién abrazó con más calor sus divinas enseñanzas? Aquellas vírgenes que marchaban tan bellas ytranquilas, en medid de su tierna debilidad, al martirio, ¿no son claro testimonio de la grandeza de la mujer, de la verdadera grandeza, de aquella qiie consiste, como por cierto secreto parentesco con lo divino, en darse en holocausto con serena alegría ?—¡Ah!seria cosa de no acabar el pintaros el sin par heroismo yel sagrado entusiasmo de aquellas sublimes mártires.—Y¿qué sería si os hablára, corriendo los otros grandes siglos cristianos, de esas incomparables figuras que, modelos unas de acendrada virtud ,como Santa Isabel de Hungría ,fueron en su tiempo despertador incesante de la caridad cristiana, ytipos otras ,como la española Santa Teresa ,de divina inspiración yde ardiente ycasto amor, sirvieron para avivar más ymás la fe, yenardecer con calor suave los espíritus cristianos? Ahora, si después del Cristianismo es permitido hablar de la religión musulmana ,también en ella
—6— veréinos desde los primeros momentos que la mujer toma lio pequeña parte en su propagación ydefinitivo triunfo. Cuando Mahoma, en los primeros dias de su predicación ,se veia acusado de impostura? escarnecido yperseguido ,Jadiclia, su primera mujer ,que fue también la primera creyente ,le consolaba por sus palabras llenas de ternura, yafirmaba en él la fe en su propia misión ,que él sentia á veces vacilar. Durante el primer siglo del Islamismo, que fué para los sectarios musulmanes un periodo de dificultades yde grandeza ,las dos jirincipales figuras ,como dice un escritor ,después de las de Ornar yde Alí ,fueron las de dos mujeres, Aiscba yFatinia. Por estos dos ejemplos podemos conocer que uno de los elementos esenciales de todas las grandes fundaciones religiosas lia sido siempre la mujer. Pero la grande, la incontestable, la principal influencia de la mujer se ha ejercido en las costumbres yen lo que llamamos la urbanidad ycultura, que no son mas que la belleza ,la suavidad yla tolerancia aplicadas alas relaciones sociales. Esta flor exquisita de la civilización, obra es principalmente de la mujer. Hay en el hombre no sé qué de rudo yviolento, que engendra aspereza yun como dejo de barbarie; algo también de instinto duro yde abandono, que le inclina al desprecio de aquellas foirnas ydetalles que son, podemos decir, el pulimento yel adorno de la vida. La mujer, tierna y
—7— delicada, templa esa rudeza, amansa sus ásperos instintos éinspira ásu corazón sentimientos de calma yde blandura ,con esa efusión de gracia que brota de su mirada, yde su voz, yde su rostro, manifestación de inefable pureza. Comparad el salvaje yel hombre civilizado :el primero es el hombre reducido ála animalidad ;el segundo es el hombre purificado ytrasformado, viviendo la vida del espíritu. ¿Qué misterio se ha obrado en el mundo para así trasformar al hombre ?¿Qué ?Es que ha estado en la vida presente la mujer ;es que la belleza, cuando se presenta bajo una uotra forma al alma humana ,la hace desinteresada yla mueve al bien, ycomo que la llama hacia si con reclamo amoroso ;yel hombre ,al verla ,se mueve hacia ella, olvidado de sí mismo, ysólo anheloso de gozar de su visión purísima. No reparamos bastante ,de ordinario, en el efecto que produce la visión de la belleza. Nada hay que más levante el espíritu y desenvuelva lo más puro de su sér ,yle disponga a la bondad yála interior perfección ;ycomo la mujer es la suprema encarnación de la belleza yla expresión de la gracia yla armonía, su presencia ante el hombre ysu incesante relación con él en la vida, da áésta una gracia, una proporción ,unas formas que la hacen amable yencantadora. Lo que se ha dicho siempre del poder del arte en las costumbres, puede decirse, con no ménos razón, de la mujer. Hubo una, que no sé si llamar
—8— institución ,óhecho, ócostumbre ,que nos ofrece la más clara muestra del influjo civilizador de la mi^er :me refiero ála llamada caballería. ¿Qué es, Señoras, la caballería? Es la civilización domando la barbarie; es la Europa dejando su ropaje tosco y grosero ;es la Edad Media naciendo ála vida civil yal trato social, principalmente por una acción ó influjo que se refiere ála mujer. Yahora es ocasión de hablar de una acción más alta, ejercida, no sé si decir por la mujer ópor lo ^e algunos han llamado el principio femenino. Hay ,Señoras ySeñores, una región ideal, etérea, colocada más allá de los soles ylos mundos ,pero que envuelve sin cesar ála humanidad; región en que están meciéndose en suave movimiento, éinspirando átodo espíritu, esos tipos increados que ve el alma arrebatada en las horas de soledad yde silencio. Ahora bien; ¿qué principio domina en esa región sublime ?Un principio que el más ilustre poeta de este siglo ha llamado principio femenino. Yno sin razón, en mi sentir; al ménos la humanidad les da nombres femeninos :llámales Justicia, Eeldad, Castidad, Armonía. ¿Y cuál forma las da nuestra fantasía ,cuál da también álas artes delicadas que arrullan nuestra existencia ycon sus a^rdes nos consuelan del gran fastidio de la vida? ¿Hos las ha presentado el genio griego, ydespués eeauropa ,bajo la forma de místicas nes de ropaje flotante ytrasparente aureola? ¿Qué
—9— secreta afinidad hay entre la naturaleza de la mujer yesas ideas? ¿Será tal vez que, creada la mujer para inspirar el puro amor ,es en el mundo su actual encarnación ?¿Será, si no, que, como ella es vaso de perfumes ,yquietud ,ydebilidad ,yternura ,ycomo por estas perfecciones atrae al hombre ,ycalma sus inquietudes ,yrinde sus pasiones ,él da nombre yforma de mujer átodo lo qiie le atrae, yle eleva, yle enamora? Yo no lo sé; pero es lo cierto que el ideal toma siempre la forma femenina, yque el hombre no se humilla, ni adora ni ama con fervor sino aquello en que resplandece la esencia de la mujer. Para comprender la soberana atracción que ejerce la mujer en el hombre, reparad ahora en lo que sucede en nuestro culto. Decidme :en medio de los pueblos cristianos ,¿qué es lo que más han adorado las gentes? Esa figura del Salvador ,ápesar de su serenidad yreposo divinos, ápesar de aquella belleza moral que resplan - dece en El; El, que murió por amor; El, que murió perdonando, todavía no es al que llama yá donde acude el hombre en sus miserias ydolores y en sus horas de aníjustia ;ántes vuelve sus miradas áMaría, la mujer virgen ymadre, que, mediadora universal del hombre ,derrama un bálsamo divino en las heridas del corazón humano, roto ydespedazado en medio del combate de las pasiones. María ,dice Henry Blaze, ha ganado para el cielo más almas que las personas de la Trinidad. Princi-
—16 para salvar, vuelvo ádecir, esa monotonía ysostener el. interes de la vida, es menester mejorar yampliar la educación de la mujer. Venga esa reforma también ,para que tomen más seriedad sus ideas y aspiraciones, ypara que pueda comulgar con el hombre en la intimidad del pensamiento. —He CONCLUIDO.
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