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Behavioral Psychology / Psicología Conductual, Vol. 25, Nº 2, 2017, pp. 405-417 RELACIONES FAMILIARES Y AJUSTE PSICOLÓGICO EN ADULTOS EMERGENTES UNIVERSITARIOS ESPAÑOLES1 Mª del Carmen García-Mendoza, Águeda Parra e Inmaculada Sánchez-Queija Universidad de Sevilla (España) Resumen El objetivo de este estudio fue analizar la calidad de las relaciones familiares y su influencia sobre el ajuste de los jóvenes durante la adultez emergente. Se prestó especial atención a las diferencias de sexo y al hecho de vivir dentro o fuera del hogar familiar. En el estudio participaron un total de 1502 adultos emergentes de 18 a 29 años (M= 20,32; DT= 2,13) que cursaban estudios universitarios. Los principales resultados mostraron que chicos y chicas perciben como positivas las relaciones familiares. Sin embargo, ellas perciben mejores relaciones familiares que ellos. Sólo las chicas mejoran las relaciones familiares cuando viven fuera del hogar familiar. Las buenas relaciones familiares se relacionan significativamente con el bienestar de los jóvenes. Estos resultados apoyan la idea de que la calidad de las relaciones con padres y madres sigue siendo, al igual que durante la infancia y la adolescencia, un elemento esencial en el ajuste psicológico de los jóvenes durante su tercera década de vida. PALABRAS CLAVE: adultez emergente, relaciones familiares, ajuste psicológico, emancipación. Abstract The aim of this study was to analyze the quality of family relationships and their influence on the adjustment of young people during emerging adulthood. Special attention was paid to sex differences and living inside or outside the family home. Our sample consisted of 1502 undergraduate students between the ages of 18 and 29 years (M= 20.32, SD= 2.13). Results showed that boys and girls perceive positive family relationships. However, girls perceive better family relationships than boys. Furthermore, girls perceive differences in family relationships depending on whether they live inside or outside the family home. Positive family relationships are significantly related to the high level of young people’s well-being. These results support the idea that, in addition to childhood and adolescence, the quality of the relationships with parents remains an essential element for psychological adjustment of young people during their thirties. KEY WORDS: emerging adulthood, family relationships, psychological adjustment, leaving home. El presente artículo ha sido posible gracias a financiación del Ministerio de Economía y Competitividad del Gobierno de España (Referencia: EDU2013-45687-R). Correspondencia: Águeda Parra Jiménez, Dpto. Psicología Evolutiva y de la Educación, Universidad de Sevilla, c/ Pirotecnia, s/n, 41013 Sevilla (España). E-mail: [email protected]
406 GARCÍA-MENDOZA, PARRA Y SÁNCHEZ-QUEIJA Introducción El estudio sobre la transición a la adultez en países occidentales ha llegado a ser, en las últimas décadas, un relevante campo de trabajo para los investigadores (Buchmann y Kriesi, 2011; Crocetti y Meeus, 2014) ya que la vida de las personas jóvenes ha cambiado considerablemente (Crocetti y Meeus, 2014). Las transformaciones sociales, culturales y económicas en los países industrializados han conllevado que la juventud retrase la adopción de roles propios de la adultez (Aassve, Arpino y Billari, 2013; Arnett, 2006; Oinonen, 2010). Por ello, según algunos autores ha surgido una nueva etapa en el ciclo vital llamada adultez emergente. Etapa que hace referencia al periodo que transcurre entre los 18 y 29 años (Arnett, 2014). Este periodo tiene un desarrollo y características diferenciadas de la adolescencia y adultez (Arnett, 2000, 2007, 2010). La adultez emergente ha sido básicamente estudiada en Estados Unidos. Por el contrario, en España y otros países del centro-sur europeo como Italia, Grecia o Portugal las aportaciones científicas sobre este periodo son más escasas. No obstante, algunos autores defienden un modelo mediterráneo de transición a la adultez. Este modelo se caracteriza por conceder gran relevancia a las relaciones familiares y producirse un retraso en la salida del hogar familiar y en la edad para acceder a la paternidad y maternidad (Leccardi, 2010; Bosh, 2015; Parra, Oliva y Reina, 2013; Scabini, Marta y Lanz, 2007; Serrano, 2002). Los cambios sufridos en las sociedades industrializas también han afectado a la dinámica familiar (Leccardi, 2010; León y Migliavacca, 2013; Rodríguez y Rodrigo, 2011). En este sentido, la familia se ha visto obligada a realizar reajustes en su vida cotidiana durante la transición a la adultez de sus hijos e hijas (Aquilino, 1997, 2006; Leccardi, 2010; Milevsky, Thudium y Guldin, 2014; Parra et al., 2013; Rodríguez y Rodrigo, 2011; Sneed et al., 2006). Dentro de esos reajustes encontramos una menor tasa de conflictividad parental-filial (Parra et al., 2013), menor deseo de padres y madres de ejercer control o mayor cercanía emocional hacia hijas e hijos (Aquilino, 1997). Así, durante la adultez emergente, las relaciones familiares son percibidas con igual o mayor calidad que durante la adolescencia (Crocetti y Meeus, 2014). A pesar de estos reajustes, algunos autores destacan la continuidad que existe en las relaciones familiares entre estos años y los años previos. Así, las personas jóvenes que durante la adolescencia viven en hogares marcados por el afecto, la cohesión y la cercanía emocional son las que se sienten más cercanas a su familia durante la adultez emergente (Belsky, Jaffee, Hsieh y Silva, 2001; Rossi, 1990). La investigación sobre las relaciones familiares durante este periodo señala que la familia es una fuente importante de supervisión y apoyo (Albertini, 2010; Fosco, Caruthers y Dishion, 2012; Holdsworth, 2004; Kins, de Mol y Beyers, 2014; Seiffge-Krenke, 2009), especialmente en los procesos de exploración en relación a los estudios, pareja o establecimiento de la propia familia (Arnett, 2000). Asimismo, el cariño, la implicación y el apoyo que las personas jóvenes perciben durante la adultez emergente en las relaciones con sus padres y madres, tienen una marcada influencia en su ajuste psicológico (Meeus, Iedema, Maassen y Engels, 2005; Tubman y Lerner, 1994).
Relaciones familiares y ajuste psicológico en universitarios 407 Aunque no abundan los estudios sobre el impacto que supone para los jóvenes el hecho de vivir o no en el hogar familiar durante estos años (Kins et al., 2014), algunos afirman que las relaciones familiares son más negativas cuando se vive dentro del hogar familiar (Aquilino, 2006), y que las personas jóvenes que viven con su familia tienen peor ajuste que quienes viven fuera (Dubas y Petersen, 1996; Tanner, Arnett y Leis, 2008). Otros señalan que, cuando las relaciones familiares son buenas, vivir con la familia durante este periodo no es perjudicial para el bienestar de las personas jóvenes (Kins, Beyers, Soenens y Vansteenkiste, 2009). En cualquier caso, algunos autores afirman que irse de casa es percibido como un periodo difícil, confuso y de nuevas responsabilidades (Mann-Feder, Eades, Sobel y De Stafano, 2014). La independencia del hogar familiar supone un primer paso hacia una vida adulta independiente (Kins et al., 2014; Mann-Feder et al., 2014; Seiffge-Krenke, 2010). En España, al igual que en otros países del sur de Europa, el momento de salir del hogar familiar se ha retrasado en las últimas décadas (Billari y Liefbroer, 2010; Choroszewicz y Wolff, 2010; Moreno, Peláez y Sánchez-Cabezudo, 2012; Oinonen, 2010; Seiffge-Krenke, 2013). Así, casi ocho de cada diez personas de 16 a 29 años siguen conviviendo con sus padres y madres, lo que supone casi un 79% de toda la población joven española (CJE, 2016). Comparadas con épocas pasadas, en el sistema familiar se establecen relaciones más igualitarias entre varones y mujeres (Domínguez, 2010), no obstante, aún siguen existiendo diferencias de sexo en la relación parental-filial durante la adultez emergente (Lee y Goldstein, 2016). De esta manera, los padres y las madres tienden a hablar temas emocionales y a asignar tareas relacionadas con el cuidado del hogar más a las chicas que a los chicos (Cross y Madson, 1997). Las chicas mantienen más contacto con la familia, que llega a ser una fuente de apoyo emocional más importante que para los chicos (Kenny y Donaldson, 1991). Asimismo, ellas perciben las relaciones afectivas con su familia como más cálidas, positivas (Kenny y Donaldson, 1991; Parra et al., 2013), íntimas y cercanas (Marinho y Mena, 2012; Sneed et al., 2006). Por el contrario, los chicos tienden a mostrar una menor implicación en las relaciones familiares y a percibir la cercanía o intimidad por parte de su familia como intrusivas en su autonomía (Marinho y Mena, 2012). El presente trabajo tiene dos objetivos específicos. Primero, describir cómo perciben los y las jóvenes la relación con sus familias. Segundo, analizar la relación existente entre la calidad de las relaciones familiares y el bienestar de los adultos emergentes. Ambos objetivos se analizan prestando especial atención a las diferencias de sexo y a si los adultos emergentes viven o no en el hogar familiar. Método Participantes La muestra estuvo compuesta por 1502 adultos emergentes (903 chicas y 599 chicos) de 18 a 29 años (M= 20,32; DT= 2,13). Del total de la muestra, viven dentro del hogar familiar 975 jóvenes, de los cuales 396 son chicos y 579 chicas.
408 GARCÍA-MENDOZA, PARRA Y SÁNCHEZ-QUEIJA Viven fuera del hogar familiar 527 jóvenes, 203 chicos y 324 chicas. Quienes viven fuera del hogar familiar lo hacen, principalmente, en viviendas compartidas o residencias de estudiantes (n= 459), seguidos de quienes viven con algún otro familiar (n= 29), en pareja (n= 28), solos (n= 8) o en otra situación (n= 1). Toda la muestra cursaba estudios en la Universidad de Sevilla y del País Vasco. Estuvieron representados de forma proporcional alumnos y alumnas de las cinco grandes áreas de conocimiento: Artes y Humanidades, Ciencias, Ciencias de la Salud, Ciencias Sociales y Jurídicas e Ingeniería y Arquitectura. Instrumentos Todos los participantes indicaron su edad, sexo, y si convivían con sus progenitores o fuera del hogar familiar y contestaron los siguientes instrumentos: a) “Escala multidimensional de apoyo social percibido” (Multidimensional Scale of Perceived Social Support (MSPSS; Zimet, Dahlem, Zimet y Farley, 1988), adaptación española de Landeta y Calvete (2002). Se administró la subescala relativa al apoyo social de la Familia (= 0,90), formada por 4 ítems que evalúan el apoyo social percibido de la familia (p. ej., “Puedo hablar de mis problemas con mi familia”). Sus valores van de 1 (totalmente en desacuerdo) a 7 (totalmente de acuerdo). Puntuaciones altas en la escala implican elevado apoyo familiar percibido. b) “Escala de implicación percibida de los padres” (Perceived Involvement of Parents, POPS, College Student Version; Grolnick, Ryan y Deci, 1991; Robbins, 1994). Se compone de 20 ítems en una escala tipo Likert de 1 (completamente falso) a 7 (completamente verdadero). La escala POPS tiene tres subescalas: implicación parental (= 0,83, p. ej., “Mis padres encuentran tiempo para hablar conmigo”), apoyo autonomía (= 0,81, p. ej., “Mis padres me permiten decidir cosas por mí mismo”) y cariño parental (= 0,82, “Mis padres me aceptan y les gusto tal como soy”). El alfa de Cronbach global fue = 0,92. Puntuaciones altas en las escalas suponen elevada implicación y cariño parental así como elevado fomento de la autonomía. c) “Escalas de bienestar psicológico” (Psychological Well-Being Scales, PWBS; Ryff, Lee, Essex y Schmutte, 1994). Se administró la adaptación española de la escala en su versión reducida (Diaz et al., 2006). Es un cuestionario de 20 ítems en una escala tipo Likert de 1 (totalmente en desacuerdo) a 7 (totalmente de acuerdo). La PWBS se compone de seis subescalas agrupadas en un factor de segundo orden: bienestar psicológico general (= 0,86). Un ejemplo de ítem sería: “Cuando repaso la historia de mi vida estoy contento/a con cómo me han resultado las cosas”. Puntuaciones altas en la escala suponen mayores niveles de bienestar psicológico. d) “Escalas de depresión, ansiedad y estrés” (Depression Anxiety Stress Scales, DASS-21; Lovibond y Lovibond, 1995). Se administró la adaptación española reducida (Bados, Solanas y Andrés, 2005). Es un cuestionario de 21 ítems en una escala tipo Likert de 1 (nada aplicable a mí) a 4 (muy aplicable a mí o aplicable la mayor parte del tiempo) que se compone de tres subescalas:
Relaciones familiares y ajuste psicológico en universitarios 409 depresión, ansiedad y estrés, agrupadas en un factor de segundo orden: malestar psicológico general (= 0,89, p. ej., “Me he sentido desanimado/a y triste”). Puntuaciones elevadas en la escala implican mayor malestar psicológico. Procedimiento Inicialmente, se contactó con profesorado de la Universidad de Sevilla y de la Universidad del País Vasco. A este profesorado se le explicó el objetivo de la investigación y se le pidió permiso para entrar en sus aulas y recabar información. Al alumnado se le explicaron los objetivos del estudio, aclarando que su participación era voluntaria Además, en las instrucciones de los instrumentos se volvía a insistir en este hecho. Una vez accedieron a colaborar, completaron un cuadernillo con los instrumentos de manera anónima en presencia de una miembro del equipo de investigación durante 30 minutos aproximadamente. Análisis de datos Se utilizó el programa IBM SPSS Statistics, versión 22 (IBM, 2013). El primer paso fue realizar un análisis descriptivo de las variables familiares. El segundo paso fue llevar a cabo un análisis de correlaciones entre las variables relativas a las relaciones familiares y las relativas al ajuste, analizando las diferencias en función del sexo. A continuación, realizamos la prueba ANOVA de un factor para conocer si existía relación entre las variables de familia en función de que los adultos emergentes vivieran o no en el hogar familiar, analizando también las diferencias de sexo. Finalmente, realizamos un análisis de correlaciones entre las variables familiares y de ajuste en función de si los participantes vivían o no en el hogar familiar y en función del sexo. Resultados La tabla 1 muestra que los adultos emergentes de esta muestra perciben buenas relaciones familiares, con puntuaciones medias iguales o superiores a 5,55 en un rango de 1 a 7. Además, las chicas perciben mejores relaciones familiares. La tabla 2 muestra que la dinámica familiar correlaciona de forma significativa con el ajuste de los y las jóvenes. Existe una correlación positiva entre las relaciones familiares y el bienestar psicológico y negativa en el caso del malestar psicológico. Estos resultados son semejantes en chicas y en chicos.
410 GARCÍA-MENDOZA, PARRA Y SÁNCHEZ-QUEIJA Tabla 1 Media, desviación típica y rango de variables relativas a las relaciones familiares. Variables Total (N= 1502) Chicas (n= 903) Chicos (n= 599) F M (DT) M (DT) M (DT) Apoyo social familia 6,15 (1,20) 6,21 (1,15) 6,06 (1,26) 5,65* Implicación parental 5,55 (1,14) 5,65 (1,15) 5,40 (1,11) 16,82** Apoyo autonomía 5,52 (0,98) 5,59 (0,99) 5,42 (0,95) 11,50** Cariño parental 6,04 (0,96) 6,12 (0,96) 5,92 (0,94) 15,88** Nota: **p< 0,01; *p< 0,05. Tabla 2 Correlaciones entre variables de familia, bienestar psicológico general y malestar psicológico general en función del sexo Variables Bienestar Psicológico Malestar Psicológico Total Chicas Chicos Total Chicas Chicos Apoyo social familia 0,32** 0,27** 0,39** -0,26** -0,24** -0,32** Implicación parental 0,34** 0,31** 0,39** -0,27** -0,29** -0,27** Apoyo autonomía 0,36** 0,34** 0,38** -0,28** -0,31** -0,26** Cariño parental 0,38** 0,34** 0,43** -0,27** -0,28** -0,29** Nota: **p< 0,01. La tabla 3 muestra que los adultos emergentes de nuestra muestra que viven fuera del hogar familiar perciben más cariño por parte de sus progenitores. No existen diferencias entre las personas jóvenes que viven en su hogar materno y las que no en el resto de variables familiares analizadas: apoyo social de la familia, implicación parental o apoyo a su autonomía. Tabla 3 Media y desviación típica de las variables familiares en función de vivir o no en el hogar familiar Variables Total M (DT) Dentro hogar familiar M (DT) Fuera hogar familiar M (DT) F Apoyo social familia 6,15 (1,20) 6,15 (1,19) 6,15 (1,20) 0,02 Implicación parental 5,55 (1,14) 5,55 (1,12) 5,56 (1,16) 0,02 Apoyo autonomía 5,52 (0,98) 5,49 (0,99) 5,59 (0,97) 3,14 Cariño parental 6,04 (0,96) 5,98 (0,98) 6,14 (0,91) 8,95** Nota: **p< 0,01.
Relaciones familiares y ajuste psicológico en universitarios 411 Los chicos perciben el mismo nivel de apoyo, implicación, fomento de su autonomía y cariño independientemente de que vivan en el hogar familiar o no. Por el contrario, las chicas que viven fuera del hogar perciben más apoyo para lograr ser personas independientes y más cariño por parte de sus progenitores que las que viven en el hogar familiar (tabla 4). Tabla 4 Media y desviación típica de las variables familiares en función de vivir o no en el hogar familiar y del sexo Variables Chicas Chicos Dentro hogar M (DT) Fuera Hogar M (DT) F Dentro Hogar M (DT) Fuera Hogar M (DT) F Apoyo social familia 6,20 (1,18) 6,25 (1,08) 0,65 6,10 (1,21) 5,97 (1,36) 1,42 Implicación parental 5,64 (1,15) 5,65 (1,13) 0,00 5,40 (1,06) 5,41 (1,20) 0,00 Apoyo autonomía 5,53 (1,02) 5,71 (0,93) 6,59** 5,43 (0,93) 5,39 (0,99) 0,27 Cariño parental 6,05 (1,02) 6,24 (0,84) 8,77** 5,89 (0,92) 5,97 (0,99) 0,95 Nota: **p< 0,01. Finalmente, la relación entre dinámica familiar y ajuste se mantiene independientemente de que las personas jóvenes vivan o no en el hogar familiar. Así, quienes perciben buenas relaciones familiares experimentan niveles altos de bienestar psicológico y niveles bajos de malestar psicológico independientemente de donde vivan (tabla 5). El patrón es semejante en chicas y chicos. Tabla 5 Correlaciones entre variables familiares, bienestar psicológico general y malestar psicológico general en función del sexo y de vivir o no en el hogar familiar Variables Chicas Chicos Bienestar psicológico Malestar psicológico Bienestar psicológico Malestar psicológico Dentro hogar Fuera hogar Dentro hogar Fuera hogar Dentro hogar Fuera hogar Dentro hogar Fuera hogar Apoyo social familiar 0,26** 0,28** -0,26** -0,19** 0,36** 0,44** -0,28** -0,38** Implicación parental 0,31** 0,30** -0,31** -0,24** 0,37** 0,42** -0,24** -0,32** Apoyo autonomía 0,32** 0,37** -0,31** -0,32** 0,37** 0,41** -0,23** -0,33** Cariño parental 0,33** 0,37** -0,28** -0,27** 0,42** 0,46** -0,25** -0,38** Nota: **p< 0,01.
412 GARCÍA-MENDOZA, PARRA Y SÁNCHEZ-QUEIJA Discusión Los resultados de este estudio indican que el estudiantado universitario evaluado percibe relaciones positivas con sus padres. Además, el cariño, el apoyo percibido y el fomento de su autonomía se relacionan con su ajuste psicológico independientemente de que vivan dentro o fuera del hogar familiar. Estos datos coinciden con diferentes investigaciones que ponen de manifiesto que, durante la adultez emergente, el sistema familiar está caracterizado por relaciones positivas (Crocetti y Meeus, 2014; Milevsky et al., 2014). De esta manera, la familia es una fuente fundamental de apoyo social (Albertini, 2010; Holdsworth, 2004; Kins et al., 2014), emocional y económico durante esta etapa del desarrollo (Fingerman y Yahirun, 2016), también en España (Moreno, 2012). Por ello, resulta esencial que los padres sean conscientes de la importancia del rol que siguen desempeñando con sus hijos durante este periodo. Respecto a las diferencias de sexo, nuestros datos indican que las chicas perciben mejores relaciones con su familia que los chicos. Diferentes trabajos coinciden en señalar que dentro del sistema familiar las chicas se implican más en las relaciones (Marinho y Mena, 2012), mantienen más contactos (Sneed et al., 2006), se sienten más unidas a sus progenitores (Kenny y Donaldson, 1991) y perciben la relación con su familia como más íntima y cercana que los chicos (Hoffman y Weiss, 1987; Lopez, Campbell y Watkins, 1986; Rice, 1990). Además, nuestros datos indican que las chicas universitarias perciben mayores niveles de fomento de su autonomía que los chicos. Este resultado quizás responda a que a estas edades los padres vean más madurez en sus hijas que en sus hijos, lo que provoca que consideren y respeten en mayor medida sus opiniones y decisiones. De hecho, en nuestra sociedad las chicas suelen dejar el hogar familiar antes que los hombres (Aassve et al., 2013) y se ven más afectadas por las características del medio familiar para tomar esta decisión (Blaauboer y Mulder, 2010). También podría ocurrir que aunque los padres fomentaran la autonomía de unos y otras a niveles semejantes, el nivel de exigencia de los varones sea mayor que el de las chicas, y eso les haga puntuar “a la baja” a sus madres y padres. En otras palabras, ante el mismo nivel de fomento de la autonomía, los adultos emergentes varones podrían puntuar más bajo a sus padres y madres porque entienden que deberían estimular más aún su autonomía. A nuestro juicio, una aportación relevante de este trabajo es que, para las chicas, las relaciones familiares sí cambian en función de dónde vivan. De este modo, cuando las chicas viven fuera del hogar familiar, el fomento de la autonomía y el cariño por parte de la familia que perciben es mayor que cuando viven dentro del hogar familiar. El hecho de que las relaciones familiares mejoren tras la salida del hogar familiar se ha demostrado en varias culturas (ver revisión de Seiffge-Krenke, 2013). Respecto al cariño, tiene sentido pensar que, al no vivir con sus familias, se produzcan menos contactos (Lefkowitz, 2005), por lo que cuando estos contactos se den, sean mayores las muestras explicitas de afecto parentalfilial. Respecto al mayor fomento de la autonomía cuando las chicas no viven en casa de sus padres, entendemos también una consecuencia lógica de la salida del hogar materno. En la medida que las jóvenes ya no viven con sus padres, éstos
Relaciones familiares y ajuste psicológico en universitarios 413 tienen que confiar más en las decisiones que toman y pueden inmiscuirse menos en cómo deben vivir sus vidas (aspectos que evalúa la escala). Según nuestros datos, estos cambios en la percepción de las relaciones familiares en función de vivir o no en el hogar familiar no se producen en el caso de los varones, resultado que no hemos encontrado en estudios previos. Bien es cierto que los jóvenes que no viven en el hogar materno, al igual que sus compañeras, perciben más cariño que quienes sí viven con sus padres y madres, pero esta diferencia no llega a alcanzar niveles estadísticamente significativos. Respecto al fomento de la autonomía, tampoco se producen cambios estadísticamente significativos entre quienes viven en casa y quienes no, aunque curiosamente, quienes viven en el hogar familiar perciben algo más de fomento de su autonomía que quienes viven fuera. En este sentido, y aunque las diferencias no llegan a alcanzar significación estadística, creemos que el nivel de exigencia de los varones respecto a su autonomía puede ser mayor cuando salen de casa que cuando están dentro. Así aunque sus madres y padres puedan realmente estar respetando sus decisiones y elecciones, quizás para los chicos no sea suficiente. En cualquier caso, serán necesarios futuros trabajos para profundizar en esta cuestión, y conocer porqué ellas perciben más cambios en sus relaciones familiares en función de si viven o no en el hogar materno que ellos. Para finalizar, señalar que nuestro estudio presenta algunas limitaciones. Primero, la utilización exclusiva de cuestionarios como método de recogida de información. Información de carácter cualitativo nos hubiera permitido profundizar en aspectos que no han sido completamente aclarados con los datos, caso por ejemplo de la ausencia de diferencia encontrada entre los varones a la hora de evaluar sus relaciones familiares en función de si viven o no en el hogar familiar. Segundo, que la información se haya obtenido de una sola fuente, los y las jóvenes sin contar con información sobre cómo eran las relaciones familiares previas a la adultez emergente. Contar con la opinión de los progenitores nos habría permitido compararla con la de sus hijos e hijas. Tercero, la muestra exclusiva de estudiantes universitarios. Contar con la opinión de jóvenes no universitarios nos habría permitido tener una visión más completa de las relaciones familiares durante estos años. No obstante, a pesar de estas limitaciones y de ser un primer acercamiento de carácter muy descriptivo, nos gustaría subrayar que nuestro estudio es uno de los pocos realizados en España sobre las relaciones familiares durante la adultez emergente desde una perspectiva psicológica. En nuestro país, la mayoría de los estudios sobre la juventud están centrados en las conductas de riesgo (Gonzalez- Ortega, Echeburúa y de Corral, 2008; Piqueras, Espinosa-Fernandez, Garcia-Lopez y Beidel, 2012) y son pocos los trabajos que analizan estos años de forma normativa. Como señalan Arnett y Padilla-Walker (2015), son necesarios más estudios sobre la adultez emergente en contextos distintos al anglosajón, ya que esta etapa está muy definida por características socio-culturales. Creemos que este trabajo aporta datos muy interesantes sobre la calidad de las relaciones familiares de los y las jóvenes españoles, y su relación con el bienestar durante este periodo. En este sentido, el presente trabajo contribuye de forma empírica a destacar la importancia