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España bajo el reinado de la casa de Borbon : desde 1700, en que subió al trono Felipe V, hasta la muerte de Carlos III, acaecida en 1788. T. 4

Coxe, William (1747-1828)

Abstract

Bibliografía de mss. : p. IX-XII

Full text

BAJO EL REINADO DE LA CASA DE BORBON, Desde 1109 9 en que subió al trono Felipe 11 . 9 hasta lt muerte de Cárlos JIII,acaecida en ILISS. ESCRITA EN INGLÉS / - á)2 ZW21122220 MO2,23 Y TRADUCIDA AL ESPAÑOL CON NOTAS, OBSERVACIONES Y IIN APÉNDICE, POR DON JACINTO DE SALAS Y QUIROGA. TOMO IV. MADRID: 4847, ESTAIBLECUMENTO TWOGILAFICO DE D. F. DE P. MELLADO.- - Editor. dit Ics Pa re cul 111 CAPITULO ADICIONAL. Ensayo relativo al reinado de Fernando II. SECCION PRIMERA. .kDIIINISTRACION.-POIATICA ESTER/011. No puede menos la historia de recordar con respeto y gratitud, la memoria de Fernando VI. Aun cuando no tuviese otra buena prenda' mas que su amor ardiente á la paz de sus pueblos, bastaria este sentimiento para darle un lugar distinguido entre los monarcas españo- les. Dos siglos de guerras emprendidas las mas con fines particulares, y atendiendo á los intereses de las familias reinantes, y á veces por motivos menos dignos de dis- culpa, tenían empobrecida la nacion y exhausto el teso- ro público. Hasta el mismo reinado del padre de Fer- nando no era otra cosa mas que la continuacion desas- trosa de esta mala direccion , por que hahia sido necesa- rio , para satisfacer la ambicion de Isabel Farnesio, comprometer á España en largas y costosas guerras. Apenas Fernando , pacífico á un mismo tiempo por carácter y reflexion, subió al trono, se dió prisa á for- mar la paz, en cuantó se le ofreció la ocasion de termi- nar la guerra sin faltar al honor ni á la dignidad de su corona. La reina Bárbara , poco dispuesta á partir con 6  CAPITULO ADICIONAL. nadie, fuese quien fuese, su influjo y poder, y á 'quien las gestiones de los ministros, ndó tanto nacionales como estrangeros , daban celos , segu maravillosamente las disposiciones pacíficas del monarca. Durante los trece años que duró este reinado, toda la política del gabinete español se limitó á conservar la neutralidad Inas rigorosa entre las naciones europeas. La línea de conducta de los ministros de un rey como Fernando estaba trazada de antemano; no podian cumplir mejor con las intenciones de este príncipe que halagando su feliz pretension á la conservacion de la paz, y luchando sin cesar contra los esfuerzos que hacían los gabinetes estrangeros para comprometer á España en una guerra. Los dos ministros mas influyentes de aquella época, Ensenada y Carvajal, estaban divididos en cuanto á las alianzas que pudieran convenir á la nacion, inclinándose el uno á la Francia y á Inglaterra el otro ; pero, en medio de esta oposicion de sentimien- tos existia un centro comun en el que se reunian , esto. es la conservacion de la paz y la neutralidad de Esp.– lía , objetos constantes de los deseos del soberano. Como este fué el sistema político seguido constante– mente, de que ningun ministro se apartó, ni siquiera despues de la caida de Ensenada , no se podia dar á, conocer mejor los pensamientos del gabinete español que sometiendo al examen del lector el informe (1) dirigido á Fernando VI por este há ministro , el cual encierra todo el pensamiento_de l go_ ierno en lo relativo á la política esterior , é i fi d ny os detalles importantes que dicen relacion con los diferentes ramos de la ad– ministracion. El deseo del gobierno p es añol era el de obrar, con entera independencia , tanto con respecto á Francia como á Inglaterra. A. este j beto se dirigían las miras ilustradas y patrióticas del marqués de la Ensenada. i Carvajal, a juzgar p or las ideas que ha dejado consigna- das en su Testamento político, al Mismo tiempo que 1; toi la sEcelorz PRIMERA. mostraba hacia Francia un deseo que se asemejaba al odio, no por eso , se hallaba tan dispuesto á favor de Jnglatexra., que consintiese en sacrificar los intereses nacionales. «Para que nuestra alianza con los ingleses, interese decia, sea sincera de ambos lados, preciso es allanar los obstáculos que ahora existen. Que nos devuelvan á Gibraltar y Máhon, porque el honor de nuestra nacion no puede tolerar una colonia estrangera en las costas del reino. » Hablando , de la marina , añade: «En tanto que no tenga España cincuenta navíos de línea , de los cuales sean veinte y cinco de setenta cafiones,y los otros veinte y cinco desde setenta hasta ciento y veinte , . j veinte y cinco ó treinta fragatas desde vejete á cincuen- ta cañones, no podrá hacerse respetar, á lo que entien- do ; por lo mismo , debe ocuparse sin treguas en aumentar su marina (2).» Estos sentimientos de Carvajal se fortalecieron mas tarde, cuando, hallándose en el ministerio , fué testigo del ardor con que su soberano queda la independencia de su corona y la paz de su pueblo ; cuando vió sobre todo su deseo de permanecer completamente entraño á las querellas que agitaban á las denlas potencias. El desacuerdo entre Carvajal y Ensenada tenia por objeto mas bien ciertas hipótesis que la política que debia seguirse. Las cuestiones en que podian hallarse divididos eran mas bien teóricas; por lo lemas, estaban acordes en la necesidad de aumentar las fuerzas de España, guardando equilibrio entre las potencias rivales , tales como Francia é Inglaterra. En la córte de Fernando todo respiraba paz y neu- tralidad. Don Ricardo Wall, nacido en Irlanda , afecto á Inglaterra, cu y os agentes lo pintaban como favorable a sus intereses, cuyo al llegar á Madrid, el re- pentino influjo de esta pacífica atmósfera. Apenas se encargó de la direccion de los negocios públicos , se adhirió á la política cuerda y verdaderamente nacional que dominaba en el gabinete de Madrid. No sin un CAPITULO ADICIONAL. 8 vivo dolor anunciaba el ministro británico á su gobierno   1 ,11 que Wall no se atrevia, por lo menos de un modo ma- \ nifiesto , á abrazar los intereses ingleses, y que se hacia del todo español.  1' /1 1 NEGOCIOS ECLESIASTICOS. El concordato entre Fernando VI y Benedicto se firmó á 20 de febrero de 4753. Las principales disposiciones de este concordato quedan relatadas en el capitulo LVIII, y por eso_, no o las repetimos aquí, limitándonos á consignar que Es pa- ña se libertó por medio de este tratado, á enormes sumas que, hasta entonces, acostumbraba a enviar á los Estados romanos. En el informe canónico legal, escrito en virtud de real órden , en 4746, por el fiscal de la cámara de Castilla, don Blas de Jover , con motivo de las supervivencias de beneficios, obra cuya redaccion se atribuye á don Gregorio Mayans 5 se establece que, segun la autoridad del historiador de Felipe II, Cabre- ra, en un periodo de treinta años , este solo artículo y el de las dispensas matrimoniales y otras, habla produ- cido á Roma L500,000, ducados romanos enviados solamente de España, añadiendo que, á principios del siglo XVIII, todavía ascendsan, cada año, en todos los estados de la monarquía española , á 500,000 escudos romanos, que era con escasa diferencia, la tercera par- te de lo que Roma sacaba de toda la cristiandad. Es evidente que la disminucion de suma tan con- siderable era un beneficio para España , aun sin mirar el concordato masque bajo el aspecto únicamente econó- mico , y haciendo abstraccion de las ventajas que la religion no podia menos de tener en que la eleccion de personas investidas del poder espiritual se hicieran con pleno c onocimiento de sus virtudes y saber. Los c oncordatos con la córte de Roma,  tiempos de Felipe V, habian dejado subsistir tdavía °Tan- b SECCION PRIMERA.  9 des abusos que era urgente destruir, entre otros, el que merecía, por parte del gobierno una atencion especial era la presentacion para los beneficios eclesiásticos, para los que suponía el papa que tenia derecho de eleccion faltando a la prerogativa de la corona llamada patronato real. El concordato de 1753 restitu y ó este derecho al rey de España , quedando , solo reservados para el papa cincuenta y ocho beneficios elesiasticos. Esta transacion fué causa tambien de que cesase el tráfico escandaloso de las cédulas bancarias. He aquí en lo que consistía semejante abuso: durante mucho tiempo la corte de Roma se habla atribuido el nombramiento para los obispados de España , así como para los beneficios, por cuya razon las mas de las veces los desempeñaban estrangeros. Sus familias se enrique- cían con sumas considerables sacadas de la nacion. Por último se consiguió el devolver á la corona la eleccion de obispos: pero entonces se pensó en recargar los obispa- dos y demas beneficios con pensiones. Tampoco tuvo buen resultado esta medida , porque no tardaron en abolirse las pensiones, lo cual no bastó para que retro- cediesen los romanos, cuyo genio inventivo descubrió el modo de cobrar una especie de impuesto al clero es- pañol, con las cédulas bancarias, nombre que espresa bien la naturaleza de los compromisos que vamos á esponer. La Dataría de Roma designaba á un español que pudiese, en clase dé tal, obtener pensiones que habian de pagarse de los beneficios. Era por lo general, un hombre sin consideracion que vendía su nombre lla- mándose por esta razon testa ferrea. Este era el agente confidencial, como el que servia de escudo para las pensiones concedidas á, él ostensiblemente, pero cuyos propietarios eran otros designados por el papa. Por muerte de estos cesaban las pensiones y no las del testa ferrea ; porque la Datarla previsora designaba siempre á otra persona y declarando que esta sustituta 110 .111:1111 :1 1 11 10  CAPITULO ADICIONAL. n el cobro de las pensiones en caso de muerte natural ó civil de la que prestaba su nombre. Las pensiones se concedían tan solo por seis meses. A menudo atonte tia que no se designaba las perso– nas á quienes se destinaban las pensiones , de lo cual resultaba que un poseedor de beneficios , que había desde luego hecho la consignacion del imparte de la pension de seis años, no tenia resguardo ninguno para reclamar el reintegro. En otras ocasiones , la persona. que se encargaba en la Dataria, de libertar el beneficio de la carga de la pension, consentia en hacer el sacrifi- cio de un año, no debiendo recibir mas que el importe de cinco , de lo cual resultaba que ,'si llegaba á morir esta persona, el poseedor del beneficio no tenia medio ninguno de recobrar las cantidades que 'labia desem- bolsado. lié aquí , pues cual era la intervencion que los banqueros tenian en estos negocios. Cuando la Dataria anulaba las cédulas con la condicion de pagar al conta- do el valor de la pension. anual de cinco años, se exigia que una casa de giro saliese responsable del pago, y que hiciese una obligacion formal de hacer estos pagos en seis años. Esta era la cédula bancaria que debla siem- pre preceder á la espedicion de las bulas. Como no consentia el traficante á salir garante sino mediante crecidos intereses, con estos pagaba el importe de la 'suma total, y el capital entero le quedaba como benefi- cio de su operacion. Los que habian sido b a er raciados con beneficios, ficios, muy satisfechos con su nombramiento, llegaban á menudo á España sin haberse cuidado de poseer documento ninga no que les  b sirviese de garantia, y solo sabian que tenian deber de pagar una pension , pero sin saber siquiera á á quien. Si llegaba morir la persona á favor de quien se Babia espedido la pension , garantia de la Datar i a, conservaba lase recogía e l abna tindqaudeesroqusue hubieran debido en aquel caso, al propietario del beim- 1 gl , sEccum PRIMERA.  11 fiCiO. Cuando las personas quo disfrutaban de una renta anual con 'estas pensiones, se hallaban apuradas , les proponia elbanquero el anular la cédula, contentándolos con el valor de dos ó tres años de su pension. Si eran de edad avanzada, ó estaban sujetas á una enfermedad grave y peligrosa, se escribía al poseedor dolos benefi- cios , proponiéndole el hacer anular la pension por el valor de cuatro años, entregándole, al punto los otros- dos. Por lo general, se aceptaba el ofrecimiento , v en todo caso, resultaba que el prestamista beneficiaba el valor de cuatro anualidades. Omitiremos el hablar de otras infinitas especulacio- nes parecidas, no menos vergonzosas que contrarias á la dignidad del sacerdocio. Eran tau numerosas, que Felipe Hl dirigió á su embajador en. Roma una memoria reclamando contra los abusos de lo que se llamaba testa l'urea ; tambien las cortes de 1632 . se elevaron Contra las cédulas bancarias y contra los abusos es- candalosos que nacian de ellas (3) . Fué, pues , uno de los mas importantes beneficios que tuvo que agradecer España al gobierno de Fernan- do VI, laabolicion de este impuesto que pagaba el clero, el cual hacia que saliese del reino para el estrangero una parte considerable de la riqueza nacional. El con- cordato•de 1753 conservó, empero á la córte de Roma la posesion en que estaba • de conceder las dispensas de los impedimentos canónicos del matrimonio , como asi- mismo otras muchas varias prerogativas. A consecuen- cia de esta concesion salen todavía de España sumas considerables. Segun la nota de las cantidades que Vspaña, ha debido pagar por bulas y breves á Roma en los últimos tiempos , presentada por la cornision á las córtes de 1821 , apoyando el dictamen para probar la necesidad de impedir la salida de dinero para Roma, y que se hallaba firmada por el agente general de preces don Gabriel de la Vega y Castillo y por-el agente de S. M. don Manuel José Quintana, resulta que, desde 8  CAPITULO ADICIONAL. 4 4,000,000 , Francia 3.000,000 y 1.000e000 1 r amo  (1h0a)_. lié aquí las medidas adoptadas en  r cienda en tiempo de Fernando: 1. 0 Un impuesto de 10 por 100 e n las rentas. 2.0 Cincuenta por 100 en las sisas y arbitrios de las ciudades. 3.° Cincuenta por 100 impuesto á los gremios á razon de sus respectivos capitales. 4.° Un empréstito de 500,000 duros adelantados por la compañía de Gu i púzcoa. 5.° Se afectó al tesoro la tercera parte de las ren- tas, derechos y cargas enagenadas en otro tiempo por la corona. 6.° Los ministros y personas de la servidumbre real, contribuyeron al tesoro con la décima de sus sueldos. 7.° A los arrendatarios se exigió un donativo forzo- so proporcionado á su riqueza. 8.° Se acuñó el oro y plata vendido en la casa de moneda por los particulares. 9.° Se prohibió el usar carruages con mas de dos mulas, bajo penas pecuniarias. 10. Se vendieron los pastos de la Serena. 11. La tesorería descontaba letras (11). Con respecto á . esta última medida, proponíase marqués de la Ensenada facilitar al comercio las ope- raciones de comercio, pagando en el estrangero las mercancias remitidas álEspaña. Como la circulacion cambio estaban poco adelantados, la corona se vió en la necesidad de adoptar negocios de giro, razon por la que el gobierno habia tenido que establecer manufac- turas. Tal vez habia mas benevolencia y deseo del bien en estas medidas que verdadero conocimiento de la ciencia económica Así es que el giro vino á menos en cuanto se multiplicaron las casas de comercio que tomaron esta clase de negocios. DEUDA PUBLICA. De todos los monarcas que han reinado en España durante el espacio de tres siglos, solo Fernando VI murió sin dejar deudas que pagar á sus sucesores. Se le acusa, empero, de no haber pagado las obligacio- nes que la corona habia.contraido durante los reinados anteriores, no por mala fé, verdad es, sino porque asustado al considerar la pesada carga legada por los gobiernos anteriores, trató de libertarse de ella, pen- sando en hacerlo de modo que su conciencia quedase á cubierto. lié aquí lo que pasó. Hemos dicho ya, al analizar la administracion de Felipe V, cuál era el desórden en que se hallaba la ha- cienda, durante el reinado de los monarcas austriacos, y que de allí nacieron los innumerables créditos lla- mados juros. Felipe Y no solo habia reducido á la mi- tad el interés de estas obligaciones, sino que en sus dias, se tomaron varias medidas para su amortizacion, especialmente en 4727 y 1732 (42). A su advenimiento, Fernando VI, asustado al ver las deudas crecidas que hablan dejado su padre y los soberanos anteriores, con- vocó una junta compuesta de obispos, de ministros y letrados, á la que sometió la siguiente pregunta: « A. tal punto está obligado el rey á pagar las deudas de sus antecesores, que no haya medio, de suspender el pago de aquellas obligaciones ? Se decidió de un mo- do negativo, lo cual dejó descargada la conciencia del Tey. Por un decreto de 4748, se mandó que se hiciese la liquidacion de todos los créditos anteriores al adveni- miento del rey, cu y o pago se prescribia á medida que lo permitiese el estado del tesoro. Al principio, se des- tinaron para este objeto 60.000,000, pero otro decreto -de 2 de diciembre de 4749, afectó, para esta atencion, 4.000,000 de reales. Esta suma se fijó, el 27 de oc- Ejército.  . • • • • • • • • • • . 500,000 50,000 . 600,000 500,000 . 750,000 • . Marina.  • •  • .• Servidumbre real. . Ministros y tribunales. Otros créditos. . . 20  CAPITULO ADICIONAL. tubre de 1756, en 2.000,000 cuya distribucion se es- tablecia así entre los diversos créditos atrasados: Rs. VN. erize ./r/o. Así, segun vemos, el deber de pagar las deudas de la corona parecia sagrado á Fernando; pero quería sa- tisfacer con preferencia las de su reinado. En su testa- mento, encargó á su sucesor Carlos III, que en primer lugar, pagase estas, sin olvidar las de los reyes, sus antecesores, tan luego como lo permitiesen las cargas de la corona. Tal es la verdad de los hechos tocante á lo que se llama la banearota de Fernando VI. No se puede cier- tamente dar elogios á una medida que perjudicó tan notablemente á los acreedores del estado, ni aprobar la clasificaciou de deudas que tanta diferencia introdujo en la condicion de los acreedores, pero en principio reconoció Fernando que debia pagarlas el estado. MARINA. La administracion del marqués de la Ensenada fué notable por el fomento de la marina. Ya se ha visto, por su informe, la atencion con que se dedicó á este ramo, y las miras estensas de este ministro hábil, al calcular el influjo que debia tener en la suerte de Es- paña el poder marítimo. lié aqui el estado del ejército naval, á fines del reí,- lado de Fernando VI en 4758. • • • SECCION unan, Componase de ochenta y cinco buques á saber: • 2 de 80 cañoneS. Navios de línea. •  , 44E36 de 70 6 de 60 Fragatas. • • •  • 2 de 50 cañones.; 3 de 30 19 7 de 26 2 de 24 5 de 22 Jabeques. . 1 de 30 cañones. 3 de 48 .  4 de 46 2 de 14 Pailebotes. • •  • o E 1 de 16 cañones. 1 de 14 Bombardas. •  •  a 4  de 8 cañones. Esta fuerza marítima costó el mismo año: Rs. VN. Para provisiones.  . .  . . El departamento del Ferro'. . El de Cadiz.  . -  •  .  •  • El de Cartagena. . Total. . .  4.637,405 49.980,890 . . 21.606,936 . /6.978,275 63.203,206(13). INDUSTRIA Y COMERCIO. Las mejoras conseguidas en la recaudacion de las contribuciones facilitaron los adelantos de la industria 92%  CAPItULO ADICIONAL. y del comercio. Espidiéronse varios decretos para su fomento. t o Se concedió una esencion total de derechos los aguardientes trasportados de un punto a otro de la P enínsula, ó que se esportasen al estrangero, sujetan - do al pago de los derechos comunes 'á los aguardientes introducidos en España del estrangero. 2.° Se disminuyeron los dereehos,en los, te idos de seda á la esportacion. 3." Concediéronse varias franquicias para favore- cer la pesca en los puertos de la península. 4 . ° Se prohibió la esportacion de las pieles de co- nejo y liebre. 5.° No se permitió la introdetecion en el reino de los tenidos fabricados en el estrangero con plata y oro falsos. 6.° Se dejó libre de derechos el trigo y el maíz,, trasportados por mar de un punto á otro del reino. 7.° Se prohibió la esportacion de trapos. 8.° Se designaron las compañías, fábricas y objetos manufacturados que debian disfrutar de la esencion de derechos, y las que continuarian sujetas al pago. 9. Se permitió la esportacion libre de todo derecho; real ó municipal, de los granos, vinos y aguardien- tes, en buques españoles; estos artículos embarcados en buques estraugeros tendrian que pagar los dere- chos reales, pero no los municipales. 10. 41 mismo tiempo que se prohibia los objetos fabricados en el estrangero con oro falso y plata de igual clase, se designaban todos los de la misma na- turaleza que seria licito fabricar y reunir en lo inte- rior del reino. Dificil fuera decir, á pesar de estos decretos, si elgo- bierno se hallaba adornado de todas lasluces necesarias para proteger la industria y comercio. Hasta á, veces habia en estas concesiones algo que, revelaba un siste- ma mezquino y pensamientos poco vastos. Cierto es SE-CCION PRIMERA.  23 que, en 1756, se permitió á una compañía mercan- til, formada en. Barcelona, que hiciese espediciones para Santo Domingo, Puerto–Rico y b Mar o urita; pero concediese este, privilegio con tantas restricciones que ni siquiera intentó hacer uso de él la compañía. s El ramo de industria y comercio que mas llamó en todos fiemos la átencion del gobierno, fué el de las pesquerías Rabian esperimentado estas una gran decadencia, desde que, á consecuencia de la cesion que hizo Terranova á Inglaterra en el tratado de Utrecht, no sepermitió á los españoles que fuesen a pescar allí: España, si damos crédito á Ustariz, con- sumia bacalao y' pescados estrangeros por valor de 3.000,000 de duros al año; cantidad qne por sí sola hubiera bastado, si se, hubiese gastado en las provin- cias marítimas del reino, para aumentar el número de pescadores, así como el comercio y consumo de géneros nacionales. En el reinado de 'Fernando Vi no se omitió gestion ninguna para fomentar este ra- mo de industria. Se solicitó con empeño del gobierno inglés que permitiese pescar en el banco de Terra- nova; pero se negaron á conceder esta facultad los mihistros de la Gran Bretaña, por manera que nin- gun fruto sacó España de las muchas notas diplomá- ticas que se cruzaron. El gabinete británico empe- ñado por los reveses que hablan sufrido sus armas en conseguir la cooperacion amistosa de España y que, con objeto d¿ obtenerla, propuso varias concesiones importantes tales como la devolucion de Gibraltar, se. mostró obstinada y tenaz en el artículo de la pesca del banco de Terranova. El pebre ministro Pitt, conde de Chatam, decía hablanZ de esto al conde de Bristol, en una carta escrita en Whitehall, á 45 de agosto de 4 758• «Se com- place el rey en creer que, despues de tantas pruebas y hechos incontestables, no insistirá España en reclamar su soñado derecho, porque nada hay en los tratados Q4  CAPITULO ADICIONAL. que pueda aplicarse al presente caso, á menos que ño se quiera razonar, como hace el ministro espgiol en la carta que de él me leyó el caballero Abreu, en la que me dice que siendo escaso en España el ba— calao, ha juzgado conveniente S. M. C. autorizar a' sus súbditos a pescar en aquellos parages, al oir lo cual no pude menos de preguntar al embajador de España que diría si el rey nuestro señor, por ser es- caso el oro y plata, concediese á sus súbditos per- miso para esplorar las minas de Méjico y el Perú.» En la siguiente carta del mismo ministro, se es- presa de un modo que no deja esperanza ninguna de avenencias en este punto. Whitehall 26 de setiembre de 1760. ((Ya se han transmitido á V. M. todas las instruc- ciones apetecidas con motive de este asunto, las cua- les contienen las pruebas mas evidentes y valederas del derecho que tiene Inglaterra de pescar sola en el banco de Terranova, esceptuando á,' Francia que tie- ne la misma facultad bajo ciertas condiciones y res- tricciones establecidas en el tratado de Utrecht. No necesito repetir á V. E. que el amor que S. M. pro- fesa á su pueblo y el honor de su corona, le impedirán el que consienta en que se desconozca derecho tan incontestable, ni tolerará, que un ramo de industria tau r eproductivo como las pesquerías de Terranova, que es un plantel de marinos, y casi, el fundamen- to del poder marítimo de la Gran Bretaña sea objeto de lucro para otros. «No dejeis de manifestar al caballero Web que es totalmente imposible el consentir en una peticion tan c ontraria á los verdaderos intereses de la Gran Bretaña , y al mismo tiempo , hacerle conocer que tenemos demasiado buen concepto de la justicia y rectitud de este ministro ilustrado, para no esperar De 1753 á 1774. De 1774 á 4779. . .  . . 22.430,000 • • 4.7 460,000 WORM PRIMERA,  25 que la córte de España cese de exigir un sacrificio imposible.como condicion de la armonía y buen acuer- do que es de interés suyo, por lo menos tanto como del nuestro, el conservar (14).» A consecuencia de esta negativa obstinada tuvo el gobierno español que limitarse á, fomentar esta in- dustria con alguua proteccion en las mismas costas. CAMINOS Y • CANALES. Entre las obras útiles empezadas en este reinado, preciso es" incluir el canal de Campos, cuyo proyecto se concibió en 4752.. Segun el plan primitivo, debian entrar en él el Duero, el Pisuerga y otros ríos, y de- bia recorrer este canal cuarenta y seis leguas, empe- zando en Segovia y Espinar, y acabando en Olibia á legua y media de Reinosa. En los primeros años se trabajó en él con empeño, para lo cual destinó el te- soro 3.336,889 reales vellon. Las ventajas que resulta- rian de este canal para Castilla si algun dia se aca- base, serian incalculables por cruzar un pais llamado con razon- el granero de España, y en el que la abun- dancia es para el cosechero casi tan temible como la pobreza, á causa de la falta Lde medios de trasporte y comunicacion. El señor Canga Argüelles presenta el siguiente cuadro -de las cantidades gastadas para este canal: GASTOS. RS. VN. •• n • n • nnn OwNIMINIM ••••••~.  10•1•• nn •... n •••Mil..11 Me/ Total. . . 69.800,000 .1••••••• nn  .1011. • n • nn ffie •• nnnn • n .411 26  CAPITULO ADICIONAL.  1,01 01 BENEFICIOS Y GASTOS DE AD3IINISTRACION EN 1779.  1 0  Producto de los molinos y batanes. . .  464,848  Id. de los curtidos y fabricas de papel. .  232,406  i' Total. . .  39 7 ,254. -... 11$ GASTOS.  1 Sueldos de los empleados. .  .  231,531  /\ Socorros para huérfanos.  . . • • •  12,344  5  Pagas de los empleados de las fábricas de  1 curtidos y compras de los artículos nece- sarios.  .  .  .  .  .  .  .  •  .  486,490 Id. á los de las fábricas de papel.  .  430,676 ...  _ 560,741 MINMIM• 1.1•••11.M mg. nn • Déficit.  - .  463,493 No puede menos de lamentarse el abandono en que se encuentran las obras necesarias para terminar es- te canal y atender á su conservacion; pero mientras no adopte el gobierno otros principios de economía política y de 1 A ,gislacion, no se puede esperar que se lleve á' cabo tan importante obra. Tantas causas pue- den impedir el resultado prósperó de estas empresas que • no es posible su ejecucion mas que en los paises que gozan de una organizacion social bien entendida. Lo que las hace tau costosas, es sobre todo, la mania que tienen los gobiernos de dirigir estas empresas, siendo así que bastarian contratas celebradas con al- gunas compañías, para llegar en breve tiempo, al tér- mino que no conseguirá , el gobierno sino al cabo de ....MEM." 1M SECCIÓN PRIMERA.  27 siglos, porque los capitales con solo tener seguridad buscan estas especulaciones. En donde quiera que las leyes protegen la propiedad, no faltarán ciertamente Con uyen fondos para realizar pensamientos que  t á la prosperidad publica. Los ministros de Fernando VI tambien pensaron en abrir un canal desde Madrid a Aranjuez, haciendo desde este punto navegable el Tajo hasta Portugal. Este seria el medio único, no diremos de remediar la torpeza que cometieron los monarcas españoles , estableciendo la capital del reino , en medio de un árido desierto , sino el de disminuirla por medio de estas comunicaciones. Siendo Felipe II dueño de Portugal habia conocido las ventajas de la navegacion por un rio que baña varias provincias y desemboca en el mar frente á Lisboa, por lo cual dió órdenes á fin de hacer que desaparecieran los obstáculos que á ello se oponian. Mucho mejor hu- biera hecho , fijando su residencia en aquella capital, porque segun todas las probabilidades , tendrian hoy sus sucesores á Portugal en el número de sus provin- cias. Pero dejando esto á un lado, las cortes destinaron 400,000 ducados para empezar á ejecutar la gran- de empresa de la navegacion del Tajo. Se confió su direccion al ingeniero . Antonelli, y . en 4558, llegaron á Lisboa al cabo de quince dias de viage las barcas que hablan salido de Toledo. Despues de la insurreccion que trasladó á Portugal al dominio de la casa de Braganza , faltó el interés principal para continuar las obras, puesto que ya no habia medios de desembarcar en el mar. Sin embargo, se trató en 4640 , cuando se estaba en guerra con Portugal, y era necesario trasladar artillería y municio- nes de toda clase , de abrir la comunicacion del Tajo hasta Alcántara. Los ingenieros Luis Carduchi y Julio Martinelli reconocieron con esmero la corriente 'del rio, del que trazaron un plano muy detallado, sin resultado ninguno. En tiempos de Carlos II, se tuvo tambien la 28  CAPITULO ADICIONAL. idea de restablecer la antigua navegacion del Tajo, y de abrir canales desde Madrid á Aranjuez , y desde este real sitio hasta Alcaláotras ciudades, plan que traza-. ron los ingenieros tjflamencos Grunember. Quiso Felipe Y adoptar estos proyectos; su ministro el mar- qués de Villar ► as, escribió en 4710 á la ciudad de Toledo , de real órden , pidiendo las cartas y planes trazados por Antonelli, Martelli y Carduchi, pero estos papeles que remitió al punto la ciudad , permanecie- ron entre las manos del marqués de Scotti (15 ) . Tambien Carvajal trató de ejecutar el proyecto de hacer navegable el Tajo hasta Toledo, para lo cual tuvo que luchar con muchos contratiempos Uno de lós argu- mentos principales contra su sistema era la supuesta necesidad de conservar un gran número de molinos establecidos á orillas del rio. Don José Carvajal , á fin de demostrar la sin razon de esta observacion , mandó construir molinos en barcas , segun el modelo trazado y descrito en el décimo volúmen del Espectáculo de k& naturaleza, del abate Pinche. El P. i urriel , que con frecuencia , habló con Carvajal de este asunto , v que vió en el despacho de este ministro los planos -d Antonelli, Carduchi y Martelli, afirma que estaba plena? mente convencido de la posibilidad de hacer desapare- cer todos los obstáculos para establecer la navegacion. La muerte de este ministro fué tambien causa de que fracasase este proyecto útil,  i q o u u e , no se ha vuelto á pensar desde aquella época.  igoinice ,  Q y CO razon (16) que es un descuido inconcebible d ible tratándose de un gobierno  i ierno tan ilustrado y activo como el de Carlos III. Tambien, en tiempos de Fernando VI se abrió la soberbia carretera que va de Madrid á Castilla zando el Guadarrama.  , et SECCION SEGUNDA. CIENCIA, LETRAS Y ARTES. (17) . Al leer la historia de la literatura española del últi- mo siglo, no se puede menos de gemir al vera una de las naciones mas ilustradas , y discretas de Europa, $umida en la supersticion y fanatismo. Pero en cuanto se desvanece esta impresion primera, no se puede ver Sin esperirnentar un placer vivo, á esta misma nacion probar poco á poco , de sacudir el yugo de absurdas preocupaciones, que habian arraigado intereses particu- lares , y asombran los esfuerzos hechos con benévolas intenciones por parte de los gobiernos que se han ocupa- do de la civilizacion de aquel pueblo recomendable. En efecto, hay en aquel hermoso espectáculo de la razon que triunfa sosegadamente y paso á paso del funesto imperio del error, algo del encanto misterioso é inefable que eSperimentamos al aspecto del brillo Inatinal de la aurora , cuando disipando poco á poco las sombras de la noche, va arrojando lejos del astro brillador de que es precursora, las domas nubes que querian oponerse á Su lucida claridad. Al advenimiento de Fernando VI habian sido coro- nados ya de un éxito feliz los esfuerzos del gobierno que hizo Felipe. V para restaurar las ciencias y las letras. El nuevo monarca, al mismo tiempo queseguiaunsiste- ma político diametralmente opuesto al de su padre, en cuanto á las relaciones con el estrangero, no tuvo mas que seguir sus huellas en punto á la pro teccion concedi- da á la literaturaí es que se ve , durante su reinado literatura. As que se cultivaron con esmero las ciencias matemáticas 30  CAPITULO ADICIONAL. V naturales. La poesía y . la . elocuencia , si bien e co riores nta- minadas todavía con los vicios de los tiempos ant empezaban á salirse del torcido camino en que hasta entonces habian estado empeñadas. Ya los principios de la legislacion civil y canónica , se comprendian mejor, y se ~ocia ya. generalmente la necesidad de útiles reformas, deseo que no puede ocurrirse mas que á los entendimientos ilustrados ó en vísperas de serlo. En una palabra, todo hacia presagiar la época brillante del reinado de Cárlos III , en que fueron honradas las ciencias, y las letras , y habian de poder contar en el numero de sus protectores, á varios hombres de estado, su mas bello adorno y glorioso apoyo. Verdad es que todavía eraomnipotente la ignoranciaen las universida- des, y que era precise guardar con ella muchos mira- mientos, porque la menor gestion que tuviese por objeto mejorar la instruccion pública , ó la sola palabra de reforma la asustaban. Continuábase enseñando como antes , en aquellos vastos y oscuros edilicios, algunas nociones del dogma y legislacion, mezcladas á sutilezas y abstracciones inútiles , y con frecuencia á doctrinas erróneas. A. esto se daba el nombre de ciencias y facultades , haciendo echar de menos el absurdo dialecto de las aulas, la marcha franca de la barbárie en la edad media. Empero Velase el gobierno obligado á respetar lo que sin riesgo no podia destruir. Si, por una parte, velase forzado á dejar en manos de la igno- rancia su cetro de hierro en el interior de las universida- des, por otra se esforzaba con toda la energia y medi os del poder, para multiplicar en el reino el' numero de escuelas y establecimintos útiles. Solo evitando el ata- car de frente las trincheras en que el error era inespug- nabte por entonces, podíase esperar el arrojarlo con el tiempo completamente. Para esponer con órden la parte de la historia litera- ria del reinado de Fernando - VI, empezaremos haciendo mérito de las academias e stablecidas en tiempo de este SECCION PRIMERA.  31 príncipe , dando la preferencia á la de bellas artes á, que dió su nombre. ACADEMIAS. Academia de San Fernando ó de las tres nobles artes, pintura, escultura y arquitectura. Aun cuando Felipe V haya sido el verdadero funda- dor de esta Academia, á la que se dió el nombre U junta preparatoria, las mejoras que recibió en los tiem- pos de su hijo Fernando , el amor particular que le profesó este soberano, son la causa de que se mire este útil establecimiento corno obra suya especial. El obje- to de esta institucion es el de conservar el buen gusto en las artes y difundirlo en España. La Academia, puesta bajo la inmediata proteccion del rey, ha hecho ya grandes servicios distribuyendo cada tres años, premios á los alumnos que presentan las mejores obras de escultura y pintura , así como por los mejores mode- los de arquitectura. Desde la instalacion de la Academia, sostiene el rey en Roma á cierto numero de alumnos notables á causa de sus buenas disposiciones ; costaba este acto!de proteccion á Fernando 136,000 de reales al año. La Academia ademas estaba bien dotada ; para la de pintura, destinaba el rey 60,000 reales anuales, é igual suma se daba á la de escultura y arquitectura. Esta es la ocasion de decir que se concédia igual favor á las academias de matemáticas de Cádiz y Barcelona. Los numerosos cuadros pintados por Murillo, Velaz- quez , Alonso Cano, Zurbaran y otros antiguos pino res , son en el dia  j obeto de admiracion de los mas in– teligentes conocedores de Europa. Todos se han asom- brado al ver que las diferentes escuelas de Sevilla, 32  CAPITULO ADICIONAL. Granada y Valencia , rivalizaban en genio con las de Italia. Importaba , por lo tanto , y era digno de la glo- ria nacional el consolidar este buen gusto con buenos modelos de la escuela española , creando una academia encargada especialmente de conservarla en toda su pu- reza. Igual objeto se tuvo presente para la arquitectura, que posee magníficas obras en España. Es la academia el tribunal supremo á que deben someterse los planes de todos los edificios públicos, sagrados ó profanos, que se construyen en cualquier parte del reino. Con esta institucion bastó para dar nueva vida á la arquitectura, y los edificios modernos manifiestan va sobrado la re- volucion que ha experimentado desde el reinado de la dinastía de Borbon. Sin contar el palacio nuevo de Ma- drid , merecen citarse las puertas de Alcalá y San Vi- cente el edificio de la Aduana, el de Correos, y el so- berbio colocado junto al Prado . , mas allá, del Retiro, no concluido aun, y que debe servir para Museo, á don- se trasladará el gabinete.de historia natural, y en donde celebrarán sus sesiones varias academias. Este mo- numento ' dice Bourgoin, realzará la reputacion del ar- quitecto Villanueva que lo ha trazado y empezado á construir. La iglesia del convento de las Salesas , fundado por ' Fernando VI y la reina Bárbara es ver í l aderamente imponente ; pero no puede citarse . como modelo de buen gusto. La del convento  ' to de San Francisco el Gran– desd de de forma circular y adornada de columnas lla ma e luego la atencion, y aunque sin elegancia no ca– rece su arquitectura de magnificencia. Tendremos ocasion de b volver á hablar de los ade- lantos que han hecho en Espada las bellas artes, cuan- do llegue nuestro relato al reinado de Carlos III. SECCION SEGUNDA,  33, PROYECTO DE UNA ACADEMIA GENERAL DE C IENCIAS Y LETRAS. Ya hemos dicho que Felipe V no se mostró satisfe- cho de la proposicion que le sometió el marqués de Vi- llena , con objeto de crear una _academia general, y que provisionalmente se ciñó á la formacion de la de la lengua española. Mas tarde creó tambien la de la his- toria de Madrid. Ignorándose los motivos que le impi- dieron crear una academia de ciencias , no es fácil ha- llar ni uno siquiera que parezca verosímil, á no ser que se tenga en cuenta lo raro que era por aquellos días, el que los españoles poseyesen conocimientos científi- cos. En otros tiempos habian sido honradas las cien- cias en España ; durante el siglo XVI , cultivaban– se con esmero la astronomía y las ciencias matemáti- cas , y hasta habia existido una academia real de cien- cias de que hablan sido individuos el conde de Puñon- rostro , don Francisco Bobadilla y el marqués de Moya. Enseñaba en ella matemáticas don Ginés de Rocamora, regidor de Murcia y diputado á córtes , lo cual le ins- piró deseos de publicar' un tratado de la esfera. Ferru- fino comentó tambien en aquellas aulas los cuatro libros de Euclides; Juan Cedillo , profesor de matemáticas en Toledo y Juan Angel enseñaban , el primero aquella ciencia , y el segundo explicaba el tratado de Asquíme- des , De his quw vehuntur aquis. El alferez Muñoz tra taba de los escuadrones y del modo de formarlos , así como de los principios de aritmética y de la raiz cua- drada , para úso de los sargentos mayores de los ejér- citos. El capitail Rojas demostraba el tratado de las fortificaciones , á cuyas lecciones asistia don Bernardi- no de Mendoza, embajador de España en Francia. Le- maure , en su Discurso de astronomía , impreso en Ma- drid ea 176'2, dice que la academia real de ciencias de España debió crearse en 4 580 ó 1584, ochenta y ocho 1097 Biblioteca popular.  T. IV. 92 3 4  CAPITULO ADICIONAL. años, por consiguiente, antes que la . de París ,y que la sociedad real de Londres. En el reinado de Carlos 11 no quedaban ya huellas de esta acadefilita., En el reinado de Felipe V , no faltaron escritores que demostraron que por no haber establecido una aca- demia de ciencias en que hubiesen cultivado todos los ramos de los conocimientos humanos , estaban en de- cadencia las ciencias. Se quejaban de que no se aprove- chasen los grandes servicios que hubiera podido pres- tar al pais esta academia , como hablan hecho las de, 1a lengua española y de la historia. U - stariz , en su teor í a y práctica del comercio de marina , consagrado al exa- men de los medios que era preciso emplear para el fo- mento de la industria nacional , propuso el estableci- miento de una academia de ciencias. «Sé por la espe- riencia que he adquirido en paises estrangeros, dice, que las corporaciones científicas egercen un influjo evi- dente en la prosperidad de las manufacturas y del co - mercio, puesto que sin cesar , se ocupan de los descu brimientos que se hacen diariamente en las ciencias .y artes, y que del seno de estas academias brotan conoci- mientos útiles para el adelanto de las fabricas y para la direccion de las operaciones comerciales.» Se conoció, en el reinado de Fernando VE, la nece- sidad de remediar la falta del gobierno anterior. Luzan. redacto de árdea del ministro Carvajal , el plan de una academia general de ciencias , letras.y artes que debia establecerse en Madrid. Contenia este plan los b reola- mentos , el número de académicos , clasiticacion en. miembros efectivos , socios y corresponsales , los fon- dos con que debia dotarse la academia y su, empleo y hasta designaba las personas. que segun su opinion, recian , á causa de su capacidad é instrucciou el ho- nor de componer esta reunion literaria El gobierno, -seoso de rodearse de todas las. luces pos iblesara. la formacion de esta academia , comisionó al señor Orte- sábio naturalista, para que recorriese los paises es- SEGCION SEGUNDA.  35 trangeros y examinase la institucion de las denlas cor- poraciones de Europa. Enviáronse á Roma, Paris,,Arri terdam, Lóndres:, Bolonia y á otras varias ciudades importantes , farmacéuticos , cirujanos, anticuarios y otros sabios , sin olvidar á losa literatos á fin de cono- cer los diversos métodos adoptados para la enseñanza de las ciencias y letras en las ugiversidades y ande- mías de los denlas paises. Tambien se compraron en Londres para uso de la academia proyectada , instru- mentos de física y matemáticas; pero como no se rea- lizase el proyecto, el conde de Valparaiso, ministro de hacienda, entregó todas estas noticias á los jesuitas, que se encargaron de conservarlas depositadas ea el Seminario de Nobles de Madrid. Se creia generalmente que no podia tardar la crea- cion de una academia universal, y mientras no se rea- lizaba este pensamiento, se celebraron en Cádiz algu- nas sesiones de una sociedad de amigos , cuyos indivi- duos hubieran compuesto , segun todas las probabili- dades , la de la capital. Don Jorge Juan , don Antonio Ulloa y Godin , asistieron y representaron la clase de matemáticas ; el doctor Porcell era representante de la de medicina ; don José Carboner, como profesor de lenguas orientales y bellas letras , y por último , como versados! en historia y antigüedades , don José Ye- lazquez y el marques de Valdeflores. Sin embargo , quiso la: fatalidad que tampoco se realizase entonces este pensamiento de una academia general. Ta,mbien se ofrecieron obstáculos en tiempos de Carlos III, y España se ve privada por estas razones de un , establecimiento útil , en que los hombres distin-. guidos en los diferentes ramos de los conocimientos hm-, manos ' se reunirian para, trabajar juntos en la propa- gacion de las luces y en la mejora del estado social, influyendo así en la' condicion individual de los espa- ñoles. Por la misma época , , exislia en Madrid una vade~ 36  CAPITULO ADICIONAL. rnia ó reunion de amigos , que impulsados por el amor de las letras , se reunían en casa de la condesa de Le- mas, que mas tarde fué marquesa de Sarria. El lugar de las sesiones estaba situado en la calle del Turco, que era donde vivia esta señora , y lo ,z , fundadores de la academia fueron personases distinguidos : los condes de Saldueña y de Torre Palma_,_don Agustin Montiano, y Luzando , del consejo de S. M. , secretario de la cá— mara de Gracia y Justicia, y directorde la Academia de la historia ; los duques de Befar , Medina Sidonia y Ar- cos. Mas tarde , se admitieron en la Academia los mar- queses de Scotti , Casasola , Montehermoso y la Olme- da , Nasarre , Santos de Leon , Villaroel , marqués di Palacio , Zamora , Porcel , Luzan , Velazquez y mar- qués de Yaldeflores. Pero duró poco esta corporacion, pues empezó el 3 , de enero de 1749, y terminó en mayo- de 1751 (48). ACADEMIA DE BUENAS LETRAS DE SEVILLA. Algunas personas , impulsadas por el amor de las ciencias y de las letras , se reunieron en Sevilla en 1751 , con intei ► cion de entregarse á toda 'clase de trabajos científicos y literarios , en el vasto campo de los conocimientos humanos. Desde luego concibieron el proyecto de formar una enciclopedia á que se pudiera recurrir para adquirir datos útiles. Al siguiente año, el consejo de Castilla alentó á la corporacion para que continuase sus trabajos y aprob& la idea de formar una enciclopedia universal: el conse- jo encargaba que se tratase de los asuntos que debian componerla con prudencia, mesura y razonada critica, tratando especialmente de conciliar en este tratado lo verdadero y lo útil. Su primer director fué don Luis German. El rey erigió la corporacion en academia, por de- creto de-48 de junio,de 4752, autorizándola á consti- SECCION SEGUNDA. estudio de la historia, debla ser el de conocer la de las leyes, usos v acontecimientos de España. En estas investigaciones fijo su atencion la 4caciemia, einpre,n- diendo así el único camino que podia recorrer sin peli- gro. El gobierno favoreció plenamente este pensannen- to; el P. Burriel, don Francisco PerezBave,r y don Luis Velazquez, marqués de Valdellores, recibieron encargo de visitar, con algunos empleados subalternos, las pro- vincias de España, y de examinar todos los archivos del reino públicos y particulares ; una rica coleccion de trece mil seiscientos sesenta y cuatro documentos originales de la historia de España ,en los que cuatro- cientos -treinta y nueve historiadores eran contemporá- neos de los hechos que relataban ; siete mil ocho diplomas, cuatro mil ciento treinta y cuatro inscripcio- nes, dos mil veinte y una medallas y doce monumentos de pintura , escultura y arquitectura , sin contar muchos estractos de autores antiguos. Las circunstan- cias de este viage, asicomoel resultado de las investiga- ciones, hállanse espuestas con claridad en las noticias que presentó cada uno de estos sabios, las cuales for- man una parte considerable de la historia literaria de aquella época , y por eso vamos á insertarlas á conti- nuacion. BAYER (FRANCISCO PEREZ), preceptor de SS. AA. BR. los infantes de España, del consejo y cántara del rey, ca- nónigo dignidad de la iglesia de Valencia, biblioteca- rio mayor de la Biblioteca real del rey. Cuando el gobierno de Fernando VI dispuso, en 4750, el viage literario á las provincias de España, Bayer, ya ventajosamente conocido por su saber en las lenguas orientales, que enseñaba á los alumnos de la universidad de Salamanca, tuvo el encargo de copiar y ordenar las inscripciones y otros documentos hebrai- cos. Siguió ocupándose de esto en Toledo hasta el O ; 01,1hig rtel año 1752, en cuya época recibió encargo de hacer un.  ; dlilli ?p•  14; 1 viage á Italia para recoger manuscritos, monedas y  1ler ttl 11 otros monumentos antiguos.  IÇ',It Bayer tuvo ocasion, mientras recoma la Italia, de todas las bib liotecas, y conocer á los hombres mas , ll v 1 ver o: 1 ,,,be, ilustrados de aquel pais, recogiendo, durante su via– 111 ge, varias monedas rarísimas. y otros objetos precio–  l's/114 sos para la literatura. Cuando por fin se halló esta– blecido en Roma, hizo una coleccion numerosísima de  Oi inscripciones, de epitatio3 y memorias de varios espa- ñoles  011  que en todos tiempos han vivido en aquella ca–  0. pital. Autorizado para examinar la biblioteca del Va–  lo mano, tuvo permiso para consultar muchos manuscri–  'III tos raros, y tomar apuntes que pudieran servir para  10( alcanzar el objeto de su mision, ó para sus designios  lel particulares. Habiéndose propuesto, para uno de los do San Dámaso y San Lorenzo del número de estos,  :Ii: ibjetos de su viage, recoger y coordinar las memorias publicó una sabia disertacion con el título Damasus  1:: de los españoles que habian estado en Roma, y sien– et Larentius aserti , et vindican, Romce, 1756, refutan- do á los que habian sostenido que estos dos persona- ges no habían sido españoles. 1 La pureza de estilo, la erudicion esquisita ' l. fa."- cilidad con que se espresa en las varias esquinita, en que escr i ba, así como la novedad y la solidez lidei de los raciocinios que se notan en esta obra, dieron á cono- cer el mérito del autor. De regreso á España encargó el infante don Ga- briel á Bayer que habla sido su preceptor, que ilustra- se este pasage de Salustio (acababa el infante de hacer publicar la traduccion de este historiador): Ejus civita- tis (Leptis) lingua modo conversa conubio Numidarum; lo que dió lugar á una disertacion de Bayer, sobre el alfabeto y lengua de los fenicios y de sus colonias, en que procura probar que , la lengua fenicia era un dia- lecto de la lengua hebraica , sobre todo de la de Sion 44  CAPITULO ADICIONAL. SECC ION SEGUNDA.  45 y de. su colonia Leptis. Da cuenta de la controversia entre Barthelemy y Sevinthon, á causa del alfabeto de los fenicios, examina varias medallas y monedas del tiempo de las colonias de los fenicios en la Sicilia, en Malta, Ccsterra, Cartago, la Numidia, y la Maurita- nia; lo que le trajo á hablar de las medallas españolas, bartalo y beticofenicias. Al dar cuenta de esta obra de Bayer, en las Efemérides de Roma, se dice que su autor se ha mostrado el primero en esta clase de lite- ratura. Francisci Peregii Beyebii ; archidiaconi Valentini serhispa. Infantium Caroli III regid filiorum ins- titutorts primarii de nummis hebro samaritanis. Valentice edetanorum; ex oficina Benedicti Monfor- tis MD CCLXXXL He aquí el objeto de esta obra ; queriendo Bayer abrir el camino para el conocimiento de las monedas antiquísimas de España, consideradas corno desconoci- das, porque nadie se habia creido bastante instruido para emprender la esplicacion de ellas, hasta que hu- biese publicado don Luis Velazquez su Ensayo, y. con- vencido de que para esplicar bien los monumentos antiguos greco-hispanos, é hispano-fenicios, sobre to- do estos últimos, era menester ocuparse de antema- no de las medallas hebráico-samaritanas, asunto que todavía no habian tratado, ni los rabinos, ni los auto- res modernos, pensó reunir acerca de esta materia to- dos los monumentos que hallar pudiera. No sin fati- ga, y al cabo de muchos años de trabajo é investiga- ciones logró recoger treinta y una medallas , de cuyo numero, debió doce hebraico-samaritanas al caballero Savorgiani, quien, con una generosidad rara, se las regaló, sin consentir en aceptar otros monumentos que se le ofreció en cambio. Acogieron esta obra los sabios anticuarios de Eu- ropa con estraordinarto favor.. ¿Quis non te magnifica - ret? dice en su contestacion el caballero 'Woide, vir 4-6  CAPITULO ADICIONAL.  averenclissiine, qui cuna eruditione conswmata tamtam  111 modestiam, 111011111que mansuetudinem conjungis, ut ah n iis velis discere, quos docere, et eruditionis lux thesau- vis potes ditare?» Ta bien Barthelemy le escribió en 101-1 términos no menos lisongeros.  e debe tambien á la, erudicion y al. trabajo asiduo  111 S de Bave,r, el catálogo completo de los preciosos manas-- critos ' de la Biblioteca del Escorial, en la parte concer- riente á manuscritos castellanos, latinos y griegos, que  111  forma tres tomos en folio, y á cuyas noticias añadió  ,1 varias notas v observaciones, del mismo modo que al–  ', T unas muestras de los caractéres de los mas antiguos  t1 1/111 11 ' de ellos. liabíase encargado. Casiri del catálogo rela-- tivo á los manuscritos árabes. Existia en Granada una secta de falsificadores de documentos públicos, de monumentos sagrados y pro- Sn fanos, de caractéres, de tradiciones, de reliquias y li- bros antiguos: su gefe era. don Cristóbal Medina Con- de. Fueron denunciados estos falsarios al tribunal ecle- siástico de aquella misma ciudad, y siendo el sabio Ba y er el juez natural en esta discusion, se adoptó su parecer. Fiié Medina Conde á Toledo para defender su pleito ante el sabio anticuarió; hizo mas, escribió al P. Tassin presidente de la congregacion de San Mau- ro, hombre muy versado en los conocimientos numis- máticos, pidiéndole su dictamen sobre las antigüeda- des de Granada: pero no habiendo llegado todavía á manos del P. Tassin los dibujos de las medallas , es- cribió este á Ba y er rogándole que se las enviase, lo que se apresuró á hacer el sabio, añadiendo una nota en que esponja algunos de los motivos que le bacian creer que eran falsas. Confirmó el P. Tassin en su res- puesta, todas las observaciones de Bayer. «He •enseña-4 do, dice á los señores de la Academia Real de ins– ,  • cripciones y á Bartheleiny, vuestras observaciones sobre los monumentos de Granada. Les han parecido muy juiciosas, y se han convencido de que en Es- SECCION SEGUNDA.  47 parra, como en Francia, hay escelentes anticuarios. Además de las obras publicadas ya, y los mate- riales que habia reunido para la forrnacion de suran g trabajo de las antigüedades españolas, cu y a dise- rta ciar' de Nummi,s hebráieo.-samarathanis se puede con- siderar como la introduccion , habia preparado otras varias tales corno _una disertacion de Auctore sacra- mentarii Veronensis, y otra Toletano liebrworum tem- plo; los orígenes de las palabras españolas derivadas del hebreo, en tres volúmenes en cuarto; la respuesta á la defensa de Medina Conde; varias notas en la bi- blioteca de don Nicolás Antonio; sin citar un número crecido de cartas dirigidas a los primeros sabios de Europa, y otros trabajos mas. Habiendo hecho Baver la traduccion de la,Conspi- raeion de Catilina y laVuerra de Yugartita . por Caius Sallastius Crispas, aunque la publicase bajo el nom- bre de su augusto discípulo, es necesario dar algunos pormenores para la esplicacion de este aconteci- miento. Se habia Carlos TII cuidado en estrerno de confiar la educacion de sus hijos á hombres ilustrados , que pudiesen inspirarles á la vez, la aíieiou de la literatura, y-sentimientos elevados. Como tal fié nombrado pre- ceptor del infante don Gabriel , el sabio Bayer cuya erudicion y gusto severo en el modo de espresarse en las varias lenguas que poseia, alabamos de dar á co- nocer. Tomó parte el augusto alumno ea la inclina- cion al trabajo y el gusto de su maestro, y para afian- zar este gusto emprendió Bayer la traduccion de Sa- lustio, conocida despues de toda Europa sabia, y cu- yo lujo tipográfico es enteramente digno del nombre ilustre: que lleva. Salustio ha sido, en todos tiempos, un autor favori- to de . los espAñoles que le ball dad° la preferencia á las denlas historiadores latinos, tomándolo por modelo don Diego liudado de Mendoza, Juan de Alar ► ana, y 48  CAPITULO ADICIONAL. Solis ' en los varios trabajos históricos U que se han ocupado. Pedro Chacon y Gerommo de Zurita le han enriquecido con notas que se conservan manuscritas en la Biblioteca real del Escorial. No hablan todavía los griegos restaurado las buenas letras en el Occi- dente, cuando Vasco de Guzman, á ruegos de Fernan Perez de Guzman, señor de Batres, habla hecho ya una traduccion de este autor latino, que se conserva igualmente en la misma biblioteca. Esta fué la que dió lugar á la publicada en 1529, por Francisco de Vidal y Noya, que tuvo tres ediciones en el espacio de treinta años, y á la de Manuel Suegro, publicada en Amberes en 1615. La del infante don Gabriel es notable, entre otras cosas, por la pureza del lenguage ; habiendo procura- do el traductor seguir los buenos modelos; de la len- gua española en el siglo XVI, y evitar con cuidado la introduccion de palabras y frases estrangeras. Hase seguido , para la traduccion , el testo de la edicion de los Elzevires, hecha en Leida en 4 634; y no siendo este testo, del todo correcto en varios pasa- ges , se han tenido á la vista á dos manuscritos de la biblioteca del Escorial, otro manuscrito perteneciente á S. A. R., y otras varias ediciones antiguas, espe- cialmente una de 4475, que no tiene nombre de im- prenta ni de lucrar. Nació Bayer ea Valencia en 171 4 , y murió en Ma- drid en 1794. BURRIEL (ANDRES MARCOS). Dá principio á sus trabajos, este jesuita con el exá- men de los manuscritos de la catedral de Toledo , en cuya ocupacion tardó dos años , desde 4750 has- ta 1752; acompañándole Bayer en sus inv estigaciones. Fué encargado el P. Burriel de la direccion de esta i mportante empresa literaria, com unicándole los comi- SECC1ON SEGUNDA.  49 sanos nombrados para, examinar todos los archivos del reino, el resultado de sus investigaciones, y maadán- dole copias de los documentos, cuya cl asificacion dis- ponía, dando cuenta al ministerio de los a delantos de la cornision. Se proponia formar una coleccion de todos los do- cumentos antiguos relativos á la historia eclesiástica de España, sobre todo de los concilios y de la litur- gia. En la carta que escribió al P. Ravago, ea 4752 segundo año de su comision , se ven expuestas las ri-. quenas literarias que !labia ya recogido en este corto periodo, en que . habia reunido mas de dos mil docu- mentos auténticos relativos á la historia eclesiástica civil, cu y as fechas eran posteriores á la conquista d'e Toledd. ha algunos pormenores muy importantes acer- ca de la coleccion canónica de que se servia h iglesia de España en tiempo de los godos., manifestando cue- la de Isidoro Mercator era enteramente desconocida en España antes de la invencion de la imprenta; tam- bien habló de otras colecciones que se habian hecho en España, y de que tenia copia. La de! código Góti- co, en cuatro tomos en folio, la comparó el P. Burriel con los manuscritos originales que existian, descu- briendo además de esta preciosa coleccion , que ni Loaysa ni A g uirre habiaa conocido, varios documon- tos de concilios ) y otros igualmente manuscritos. De- clara tanibien haber descubierto una antigua Biblia rarísima, cine segun cree fué escrita antes de la inva- sion de los  y con este motivo , se arroja á hacer algunas conjeturas hablando de la Ora Pe obitu et interitu Patrum, atribuida á San Isidro. Ea una carta dirigida a don Pedro de Castro, que le /labia pedido algunas noticias históricas acerca de San Isidro, á fin de mandarlas al P. Zacharias, biblio- tecario de/ duque de Módena, ocupado en hacer reim- primir las obras de este doctor de la Iglesia, esplica con muchos pormenores , Codex veterum canonum- 1098 Biblioteca popular.  T. 1v. 9a 5'0  CAi.'ITULO ADICIONAL. c lesice Ilispanice, ea pie tuvo tan gran parte San Isidro, y nota un gran número de errores en , que hablan caido él cardenal Aguirre y Cenia, En ella habla tambien de las antiguas liturgias españolas, en las que trabajó tam– bien San Isidro; de varios manuscritos antiguos de la Biblia á los que puso prólogos; de otros egemplares del Fuero-juzgo y de varios antiguos manuscritos existentes en España, en que trabajó el mismo doctor de la iglesia. Se conserva tambien de Burriel, una carta llena de hechos muy interesantes relativos á la navegacion del Tajo, de que resulta que, en todos tiempos se han he- cho tentativas para hacer que sea navegable este rio; y con este motivo habla de otros muchos proyectos de canales para favorecer la agricultura, y el comercio de España. ikdernIts existe una carta escrita por el P. Burriel al doctor Ánvaya, la cual se halla inserta en el Sema- nario de los Sábios, núm. 23, sobré el deséuhrimiento de un concilio nacional que tuvo lugar en Sevilla ea tiempos de los reyes católicos. D:5 las obras del P. Burriel, ninguna lleva su nombre. He aquí sus títulos: El prólogo, que precede el relato del viage bajo el Equador, por don Jorge Juan, y don Antonióülloa. La Paleografia española, publicada por el, P. Ferr - ros en 115:5, al fin del tomo XIII de la traduccion es- pañsla del Espectáculo de la, Naturaleza- se publicó con algunas ediciones hechas por distinta mano, en /758. informe de • la ciudad imperial de To l edo al Consejo de Castilla, para la uniformidad de los pesos y m edidas ed en todos los estados de la monaruía e p spa so ñ s ola, segu n ias las leyes; Madrid, '1758. Contiene esta obra varios he- chos y consideraciones de la mas alta importancia, re- lativos á las antiguas leyes de España, al gobierno y á la administracion de .Toledo;, trata del valor compa- rado de los metales, y de otros puntos de logisla clon economía.  y SECCION SEGUNDA.  31 Noticia de la California, redactada con arreglo á la historia manuscrita trazada por el P. Venegas, en Méjico en 1739, y de otras relaciones antiguas y mo- dernas; publicada en Madrid en /757; 3 tomos en 4.° El P. Burriel, primero entre los sabios anticuarios de España en el último siglo, murió á la edad de cua- renta v dos años, en el de 1762. En lacoleccion hecha por el P. Burriel de los cá- nones de la Iglesia gótica española, se encuentra el Codex Emilianensis, el mas antiguo de todos los de di- cha iglesia del mismo modo que los de las iglesias de Gerona y . Urgel. Esta coleccion de manuscritos hallán- dose, hacia fines del siglo último, en Bruselas, en ma- nos de don Cárlos de la Serna que la hacia heredado de su tio don Juan de Santander, concibió el gobierno español la idea de apoderarse de ella, ó de mandar que se publicase, cuya utilidad era evidente para dar á conocer el verdadero espíritu de la antigua discipli- na de la Iglesia española antes de la introduccion de. los falsos decretales de Isidoro illereator. Dirigia por entonces el gobierno de la monarquía española el príncipe de la Paz, y contando con el apo- yo y proteccion de este ministro omnipotente, el biblio- tecario Blanco, su paisano y protegido, propuso la ini- presion y publicacion del Código Emiliano, lo que cau- só alarma á muchas personas. Er. efecto, habla algun peligro para los intereses que hacia creado la disci- plina moderna, en la publicacion de los cánones y re- glamentos de la antigua disciplina de España. Se pu- sieron por lo tanto en juego todos los medios posibles para hacer creer á Cárlos IV, que el antiguo Codex contenia varios hechos y doctrinas poco favorables á la dignidad y á la seguridad de la corona, puesto que se trataba muchas veces de la eleccion de los monarcas godos y de su destitucion, lo que pudiera ofrecer egem- plos funestos. Creyóse generalmente que bajo este pre- testo falso, para un gobierno asustado al ver la temen-- CAPITULO ADICIONAL. cia de los ánimos, durante la revolucion francesa, á las instituciones democráticas, se ocultaba el verdade- ro motivo, que era el de impedir que se hiciere la publicacion de los principios de derecho eclesiásticoa contrarios las pretensiones de la corte de Roma. Se á como fuere, salió perfectamente la tentativa con el monarca. Carlos IV concibió algun temor en este asun- to, pero su ministro de Gracia y Justicia, que era el marqués Caballero, pidió pa informe sobre esta ma- teria á Sierra, entonces fiscal del Consejo de Castilla, cuyo dictámen fué enteramente el mas á propósito para hacer desaparecer todos los eScrúpulos.del devoto mo- narca. Sia embargo, fué despacio la impresión, y cuan- do ocurrió el trastorno político de '1808, se estaba en las últimas hojas de la úbra. Se concluyó enteramente la coleccion en 1820, en tiempo de las Córtes, á quie- nes la presentó don Francisco Gonzalez, bibliotecario del rey. VELÁZQUEZ DE VELASCO, marques de Valdefiores, caballera de la Orden militar de Santiago , de la Academia .real de Historia de Madrid de las de Buenas-letras de Sevilla , de la de Inscripciones y _Bellas-letras de- París. El marqués de la Ensenada , que habia tornado bajo su proteccion al marqués de Valdefiores , hizo que lo- grase la cruz de Santiago ' y lo nombró , en 1752 , á. propuesta de la Academia de Historia., para el. vine- literario que había mandado hacer el rey en las pro- vincias de España, con el fin de recoger nociones exac- tas acerca de la cronología y geografía peninsulares. Se le señalaron 3,000 reales al mes para que pudiese pagar al. dibujante que debia acompañarlo , así como para los gastos de registro y de varios objetos que, le habian mandado comprar. Debia dirigir su correspon- lencia al director de la Academia de la Historia. SEC CION SEGUNDA.  53 Empezó Velazquez su viage el 1.° de diciembre de 4752 por la ciudad de Mérida , de donde envió varias medallas y dibujos de bajos relieves del templo de Marte , con una memoria que daba la esplicacion de ellas. Desde allí fue a Salamanca para reconocer la an- tigua via, llamada vulgarmente de la Plata. Ea b seouida corrió los reinos de Córdoba , Jaen , Granada y Sevilla, desde donde dirigió igualmente varios dibujos de anti- güedades. Fué en seguida ár Málaga , su ciudad natal, á fin de redactar sus notas y observaciones ; v mandó á principios de 1755 á la Academia un tomo que contenia sus memorias relativas á las antigüedades de los varios paises en que habia estado. Mas Carde fué arrestado Ve- lazquez en casa de la marquesa de la Vega Santa María, en cuya casa vivia, y fué conducido al principio al cas- tillo de Alicante , y en seguida al de Alhucemas. Fué puesto en libertad en el año 4772 , y al llegar á su pais murió en el mismo año. lié aquí el título de sus varias obras : Ensayo para constar los alfabetos de caracteres desconocidos de las me- dallas mas antiguas, y los monumentos de España. En esta obra pasa la vista el autor por los diversos alfabe- tos,  los cuales se pudiera intentar explicarlas me- dalas desconocidas ; á saber : los alfabetos griegos an- tiguos que formó Eduardo Bernard , y que corrigió . mas tarde Spanbemines , que Velazquez mismo aumentó con algunos caractéres griegos sacados de los diferentes monumentos antiguos; el alfabeto etrusco de Luis Bout- quet aumentado con el de Gori; el pelásgico y arcádica por el mismo Boutquet , y publicado por la Academia. etrusca ; el 'latino antiguo y gótico de Bernard, publi- cado por Spanhemines ; el ruínico de Olans Normines, sacado de los antiguos monumentos daneses , aumen- tado por Velazquez ; los fenicios y samaritanos de Sca- liger l Nochars Walton , Bernard , Montfaucon Rabb, Azarilus y Juan Sevinthon ; el púnico , publicado por Guizot de la Marne , con las observacione s de Foumont. il~1111.11.1111•11m"- 51  CAPITULO ADICIONAL. Compara en seguida Velazquez los caractéres entre sí de estos varios alfabetos, haciendo notar su semejanza, sobre todo entre los griegos , fenicios y hebraicos. Con- cluye haciendo aplicacion de los principios que habla ya establecido , relativos á las medallas y monumentos_an- tiguos de España. Origen de la poesía castellana. El autor traza en esta obra la historia del Parnaso español , dividiéndola en cuatro épocas : es un escrito importante en esta clase de literatura. Anales de la nacion española desde los tiempos mas antiguos hasta la entrada de los romanos , segun varios escritores originales y monumentos contemporáneos. Congeturas acerca de las medallas de los reyes godos. y suecos de España. Dá prueba el autor en esta obra de sus vastísimos conocimientos en la numismática. Relacion del viage hecho de órden del rey, y noticia de una historia general de España hasta 1 51 6 , estractada de los escritores y monumentos recogidos durante este viage. Existe Laminen una produccion ligera y jocosa de Velazquez que tiene este título : Coleccion de varios es- critos relativos al Cortejo. Es una sátira contra las estra - vagancias y costumbres del tiempo, ‘ y contra los abusos del poder. Fué este escrito el que le valió las persecucio- nes que esperimentó en seguida ; porque cuando su- cedió el levantamiento de Madrid en 1766 , se le crey& autor de los folletos sediciosos que circulaban. Dejó Velazquez gran número de obras empezadas. EL PADRE FLOREZ , de la órden de San Agustin ,profeso de teología en la Universidad de Alcalá, y sóciocorres— ponsal de la Academia de Inscripciones y Bellas-letras ras: Fué el padre Florez uno de los hombres que presta- ron en el reinado de Fernando VI el mayor servicio á historia de la nacion. española SE GC/ON SEGUNDA.  55 Habia llegado á la edad de treinta y cinco años y publicado varios tornos sobre la teología escolástica, cuando su genio le hizo advertir que existian estudios de mucha mayor utilidad. La lectura de la Summa de los concilios le hizo sentir que pudiera consagrarse á, otras materias que tenian mas estrechas relaciones con los intereses de la religion , y concibió la idea de entregarse al estudio de la historia , y particularmente á la numis- mática y al de las antigüedades. Su primera obra de esta clase fué la Clave historial, o introduccion á la Historia eclesiástica y política , á la Cronología de los papas , de los emperadores , de los reyes de España , de Italia y Francia , coa el origen de todas las monarquías , concilios , hereges , santos, es- critores , corno asimismo los sucesos memorables de, cada siglo. Se han hecho al menos diez ediciones de este compendio de historia , que salió á luz por la pri- mera vez en 4743 (en !L°) Habia el P. Florez tornado la idea de este libro 'del abate de Vallemont ; pero al apropiársela la mejoró con el método que en ella introdujo, y con las varias ediciones con que supo enriquecerla. La obra maestra histórica de Florez fué su Espctúa sagrada, ó Teatro geográfico é histórico de la iglesia de España ; origen , divisiones y límites de todas las pro- vincias; antigüedad, traslacion y estado pasado y pre- sente de sus obispados en todos los estados de la monar- quía: española y de Portugal , con varias disertaciones críticas para ilustrar la Historia eclesiástica de España; 29 tornos en 4.° , reimpresos muchas veces y en varias ciudades. Se engañaría cualquiera persona de un modo estraño si buscase en este vasto trabajo histórico otra cosa mas que una preciosa coleccion de antiguos documentos; pero ¿no es va prestar un gran servicio á la historia el reunir tantas obras auténticas que hubieran permane- cido desconocidas , v en consecuencia perdidas en el fondo de los archivos? Ademas supone este trabajo una 56  CAPITULO ADICIONAL. vastísima erudicion y un celo árduó por las investiga- _ciones históricas. Otra obra que hace mucho honor á la capacidad in- vestigadora del P. Florez es la que sifgue: Medallas de las colonias, municipios 9 de Fspaiia; coleccion de las que se encuentran e gua  y pueblos anti- e  n varios autores- de otras que todavía no se han publicado, con la esplicacion y dibujo de cada una, por el P. Florez. Madrid, imprenta de Antonio Marin,. 1757, /  n 758, ,4 to- mos en 4,.° El estudio de las medallas habla disfrutado de poco honor hasta los tiempos de Alonso Y de ¡Wagon , á principios del siglo XV: ningun paso escaseó este mo- narca para descubrir algunas ea toda la Italia, haciendo que se colocasen en una caja de marfil que- llevaba, eón- sigo en todos sus viages. Dice Ant. Panormitanus , al hablar de la aficion de este príncipe á las medallas, que consideraba las de los emperadores ilustres , v sobre todo las de César , como un estímulo para la gloria y la virtud. 14ammari ad virtutem et gloriar. Los diálogos de Antonio Agustia sobre las medallas, formaron la primera obra de mérito que se publicase- sobre esta cien- cia. En fin , otros varios españoles han hecho descubri- mientos importantes en. esta clase. Dice el P. Florez en su Introduccion que había con- sultado treinta y ocho gabinetes de medallas para la formacion de su obra; pero tambien fue acogida ea Eu- ropa con merecido favor. Pellerin , en su coleccion de medallas de pueblos y ciudades , que no se han publicado todavía , o que son poco conocidas , diceál hablar del P. Florez : «ala añadido á la des.cripcio¿de todas estas medallas disertaciones y observaciones-juiciosas y sa- bias: es lo mejor que se ha publicado ea esta clase de obras hasta ahora. Deben existir pocas medallas que -agregar y menos observaciones todavía que añadir a una coleccion tan completa , y hecha con tanto cuidado investigaciones.» 1' 1 SEC CION SEGUNDA.  57 El emperador de Alemania, á quien hizo ver el car- denal Migazzi , arzobispo de Viena , la obra de Florez' se quedó con el egemplar ; y á fin de honrar al autor, le mandó una medalla de oro que llevaba su busto'. El conde de Caylus , presidente de la Academia real de Inscripciones y Buenas letras de París , propuso á está sabia sociedad que nombrase al P. Florez sócio corres- ponsal , lo que se aceptó el 1.° de enero de 1701. Medallas de las oolonias, municipios y pueblos antiguos de España , que todavía no han sido publicadas , con las de los reyes godos. Parte III. Madrid , imprenta de don Antonio Sanchez , 4773 , 1 tomo en 4.° Dieron lugar á este suplemento de la primera obra del P. Florez nuevos descubrimientos de medallas he- chos desde 4758 y la inspeccion de nuevos gabinetes, entre ellos el del infante don Gabriel. Memorias de las reinas católicas; Historia genealógica de la casa real de Castilla y Leon. Trages de las reinas representadas en láminas. Nuevo aspecto de la historia. Madrid , imprenta de Marin. Segunda edicion ; la pri- mera en 1761 ; la segunda en 4770 ; 2 tomos ea 4.° Tan considerable era en España el número de nobiliarios y genealogías , que la Biblioteca heráldica de Gerardo Ernesto de Frangeneau , ó sea de don Lucas Cortés ' no contenia mas que apuntes de esta clase; pero hacia falta una buena genealogía de la casa real. El P. Florez , cuyos estudios y vasta correspondencia hacían que estuviese en estado de llenar este vacío, reunió muchos documentos , y apuntó con cuidado los nombres y sucesos mas importantes , relativos a las reinas ' las favoritas de los re y es y á los hijos que na– cieron de ellas. Se encuentran en esta obra hechos ra- ros y poco conocidos, y las láminas ó estampas que representan los varios trabes de las reinas en épocasdife- rentes , contribuyen á realzar el mérito de esta Historia nobiliaria cronológica. Viage de Ambrosio de Morales , hecho de &den de Fe- CAPITULO ADICIONAL. 58 Upe II, por los reinos de Leon , Galicia y  de Principado Asturias, para examinar las reliquias de los santos , las tumbas de los reyes y los libros manuscritos de las cate- drales y monasterios, publicado por el P. Floreo retrato. no- tas, acompañado de la vida del ator, con su retrato. Madrid , Antonio Marin , 4765 ,  tomo en fol. De Formando theologice studio , libri IV, collecti ac restitati per R. P. M. F. Laurentium a Villavicencio, doc- tor theologo  concionatorem ordinis ermitaruni San Agustini. Tertia editio , ese autographo postrema autoras mano concinnato. Curante R. P. M. F. Enrico Florez. : apud Ioachim Ibarra , 1768 , in 4.° El P. Florez publicó tambien en el mismo año otra obra de Villavicencio titulada: De sacris cancionibus, seo de interpretatione Sacrarum Scriptarum populari, libri En casa de Ibarra. Añadió á la primera de estas dos obras una noticia de la vida y escritos del P. Vi- llavicencio. Informe escrito á instancias del P. Rávago para di- lucidar la cuestion de saber si convendria hacer impri- mir los Códigos góticos de los concilios, que existen en la Biblioteca del Escorial (manuscrito). Informe hecho por encargo del Consejo de Castilla tocante al método de conservar los libros. (Manuscrito). Formóel P. Florez un gabinete de medallas y de ob- jetosartísticos bastante considerable, y que conservaba, así como su rica biblioteca, en el convento de San Fe- lipe el Real de Madrid. No es pequeño mérito el de haber adquirido ese gusto esquisito en monumentos antiguos, y una erudicion tan vasta como sólida en materias históricas „ . 't despe- cho de la barbáriey del escolasticismo, en cuyos)rinci- píos se 'labia educado el P. Florez en las escuelas mo- násticas de aquel tiempo. Por una de aquellas felices compensacionesque se notan en la suerte de los pueblos, España, cuya muchedumbre de conventos había sumer- gidoen la ignorancia, es deudor Mos mondes de algunas • SECCION SECUNDA.  39 buenas obras. Se vejan de cuando en cuando salir de la soledad de los claustros a hombres es clarecidos, á quie- nes pareciaqueencargase la Providencia, a mision hon- rosa de esparcir luces entre sus compatriotas, y parecia que el cielo, movido á cornpasion por la desdicha de Es- paña, , quería convertir en provecho - de aquel pueblo estas mismas instituciones que habian causado su igno- rancia , y lo habian despoblado y empobrecido. Otra circunstancia no menos notable de la vida del P. Florez, es que , á pesar de los honores que le con- cedióBenedicto XIV en su órden, para recompensarlo de las inmensas investigaciones hechas en su España sa- grada, en medio de la estirnacion evidente que le ma- nifestaba su soberano , y no obstante el concierto uná- nime &le todos los sabios nacionales y estrangeros para hacer justicia á su raro mérito , le gustaba siempre el retiro y una vida  o consa cr rada al estudio , sin jamás de- jarse arrastrar por los consejos tantas veces pérfidos de la ambicion. EL P. SARMIENTO. Se debe contar entre los sabios españoles de la época cuya historia literaria trazamos , el P. Sarmiento , be- nedictino, quien publicó la Donostracion crítico-apolo- gética del Teatro crítico universal del P. Feijoó. Madrid, en casa de la viuda de Francisco del Hierro ; 1732, 2 tomos en 4.° El P. Sarmiento , que era uno de los discípulos queridos del P. Feijoó, habla firmado las aprobaciones que se encuentran al frente de las obras de su sabio maestro, y no pudo permanecer espectador indiferente en la lucha encarnizada que promovieron las-preocu- pacioaes generales, contra el Teatro crítico de este autor ilustrado , costra quien se hablan publicado mas gungsmigammum,.....- 60  CAPITULO ADICIONAL. de cien folletos ó libros. No dió á luz pública Sarmiento otros escritos en su vida , publicándose stuosmoobrparsimpóest; t urnas poro despues de su muerte. E consta de memorias para la Historia de la Poesía y los Poetas españoles , que cuidaron de imprimir los mon- ( Y es del convento de San Martin de Madrid , 1775 , ea casa de Ibarra , en 4.° Trabajaba el P. Sarmiento para -acumular materia- les para la Historia de . la Literatura ; pero sin propo- nerse, publicarlas todavía , se contentaba con leer la. retador' de sus descubrimientos á algunos amigos su-- vos. No ofrecen , pues , sus manuscritos el orden ni el .encadenamiento que seria necesario para formar una obra ; sin embargo , mas cuidado se manifiesta en. sus memorias que en sus dernas_manuscritos , porque los. entregó a su amigo el .cardenal Valentin Gonzaga..Flu,— biéranse perdido estas memorias para la literatura sin. la vi g ilancia de donClemente de Áróstegui-,.que los introdujo ea España, porque el autor mismo no se ha- bia siquiera quedado con una copia de ellas. Habia ya emprendido la misma tarea que él P. Sar- miento el marqués _de Valdeflores, pero no labia teni- do conocimiento de la carta del marqués de Santillana, escrita en el siglo XV, que ha contribuido considera. blernente á esclarecer los primeros tiempos de la poesia. castellana. En el Semanario erudito, se- han impreso lós si— .guie ► tes fragmentos del P. Sarmiento.- Catálogo de  y algunos libros raros  escogidos para, la biblioteca de un rico p . articular que .' quiera comprar tres ó cuatro mil tornos. Discurso crítico del . Origen de los maragatos. El porque sí y porque no, de• su conducta y repug- nancia á escribir para el público.  • Origen de los villanos y otros varios. LEGISLACION. Empezábase ya á echar de menos una clasificad ordenada de las numerosas leyes que encerraban los. códigos antiguos y modernos. En_ lugar de contribuir á causa de su inmenso número, á ilustrar á los jueces en la discusion de los negocios, daban, por el contrario lugar á las interpretaciones y desorden en la adminis- tracion de justicia. En 4748, Mora y Jarava publicó su , estimable obra relativa á la jurisprudencia, cuyo titu- lo revela claramente el objeto: «De los errores en el de- Techo Civil.» El marqués de la Ensenada se lamentaba, en su 'representacion á Fernando VI, de la falta de eje- cución de las sabias instrucciones comunicadas por el consejo de Castilla ó las universidades . , relativamente á la enseñanza de la jurisprudencia. «La cine se apren- de en las aulas, .añade, tiene poca ó ninguna relacion con la práctica; porque no debiendo- de ser administra- da la justicia sino conforme á las leyes nacionales, y no habiendo para la enseñanza particular de esta cátedra ninguna especial, resulta que los jueces y abogados, despues de asistir durante varios años á las lecciones de las universidades, no se hallan muy en estado de desempeñar las funciones de su ministerio, habiéndose visto precisados á estudiar separadamente y sin método las materias cuyo conocimiento es indispensable.» «Ea las universidades no se enseña mas que el de- recho romano, en tanto que, para los tribunales del reino, nada hav de -útil sino el Resumen del derecho c_Ou principios aplicados á nuestras leyes, considerac!on que decidió á Antonio Perez á emprender la redaccion de sus instituto.» Proponia el ministro la formacion de un coligo nuevo de leyes nacionales con sus instituto, reducien- do los tres volúmenes de la coleccion á uno solo, aten- 68  CAPITULO ADICIONAL. indispensab le destruir primero para edificar luego, con arreglo á, un plan determinado. Velazquez que en la época á que nos referimos, publicó la historia de la poesía castellana , creía que no son merecedores de ocupar un lugar entre los buenos poetas de su tiempo mas que Luzan y don Aquilino Montiano y Luyando. Del primero hemos hablado ya ; del , segundo existen dos tragedias: Virginia y Ataulfo , que no se llegaron á representar jamás, y cuyo mérito principal consiste en la imitacion de los poetas dramáticos franceses , así como en la ejecucion de las reglas y unidades , á que he conformó, y que hasta entonces se hablan mirado con desden. Por lo demas, carecen estas tragedias de movimiento y calor, y sirven tan solo para indicar los antiguos escollos de la poesía dramática, no pudiendo citarse corno modelos, porque les faltan las dos cuan-. dades esenciales á la poesía, que son el estro y el in- genio. FILOLÓGIA. Tenemos que hablar, en este lugar, de los dos li- teratos españoles mas notables del siglo XVIII, á sa- ber: don Gregorio ilayans y Ciscar y don Juan Iriarte. El primero nació en Oliva, provincia de Valencia, y fué nombrado bibliotecario de Felipe Ven 1732; pero, como no lo dejase este destino tiempo suficiente para él ocuparse de las obras que tenia empezadas, renunció á , á fin de entregarse completamente en el silencio el retiro á sus estudios que formaban toda su felici- dad. El autor del Nuevo viage á España, en 4778 y 4779, lo llama el Nestor de la literatura española, y encarece su laboriosidad , conclu y endo por decir: «le dió Voltaire con razon el dictado ` de Célebre: Ro- bertson lo consultó antes de redactar sus obras, y SECCION SEGUNDA.  69 Taus siguió correspondencia epistolar con todos los sá- Mos de España.» El catálogo de las obras que publicó es  s ba t t estenso. Case todas tratan de gramática, retórica cuencia sagrada, filosofía moral, historia literaria' ecr°í: tica, jurisprudencia, y en cada una de estas materias dió pruebas de un gusto notable, escribiendo á veces en latín y a veces en español. Su estilo es , sino del to- do puro, por lo menos muy superior al que reinaba por aquella epoca, en las producciones de la literatura castellana. Puede verse el catálogo de sus escritos en la biblioteca de Sempere. Nos limitaremos á citar al- gunas de sus obras , que son las siguientes: Varias disertaciones y comentarios á las leyes. Discursos en que se trata de la verdadera elocuencia española. La república literaria de Saavedra y Fajardo , COITO- gida , en que Mayans se dá á conocer como crítico pro- fundo. Valencia , 4730. Cartas morales, militares, civiles y literarias de va- rios autores españoles. Madrid , 1734. , Diálogos relativos á escudos de armas y genealogías, escritos por don Antonio Aguslin , acompañados de la vida del autor. Madrid , 473k.. Reglas de ortografia de la lengua castellana, por el maestro Antonio de Lebriya , con algunas reflexiones de Mayans y Ciscar. Madrid , 4735. Las epístolas de don Manuel Martí, deán de Alicank con su vida , escrita por Mayans , en latín 1735. Vida de Miguel Cervantes Saavedra. Madrid 4737. Origen de la lengua española. 4737. Lectura cristiana de Arias Montan° , traducida al español por Pedro de Valencia. Madrid , 1739, con un número inmenso de documentos , añadidos por Mayans. Retórica , publicada en 4737. Ediciones de Fr. Luis de Leon , con su vida. 4761. 70  cAPry ULO ADICIONAL* Ediciones de las obras de Sanchez (le las _Brozas, conocido por el Brocense. Ginebra , 1766. Eclicion de las obras de Luis Vives, con la vida de este sáhio español , en latín. - Valencia , 1782.  _ El mérito principal de Mayans, consiste en haber influido, con sus trabajos continuos é importantes , a que se generalizase el gusto de las letras y de las ciencias entre los españoles , promoviendo la reimpre- sion y anotaciones de las mejores obras de los escrito- res nacionales , relativas á la gramática , filosofía, his- toria , legislacion , y en general, toda clase de cono- cimientos, y facilitando de este modo, la lectura de los autores mas notables de la literatura española del si « lo XVI , de los que, con razon , puede llamársele el conservador. Tambien ha publicado escritos llenos de mérito, en defensa de la autoridad civil contra las exi- gencias de la córte de Roma. El fiscal de la cámara de Castilla, Jover , lo consultó acerca de este punto; corno respuesta, le remitió Mayans escritos que afianzaron en su ánimo los verdaderos principios de derecho pú- blico, estableciendo la independencia de la autoridad temporal de la potestad eclesiástica (23). Don Juan de Iriarte, bibliotecario mayor de S. M., intérprete de la secretaría de estado , é individuo de la Academia real española , nació en Orotava , puerto de las islas Canarias , á 25 de diciembre de 1703. Siendo todavía jóven le envió su familia á París , en. donde aprendió , con estraña perfeccion , las lenguas francesa y latina , prinutro en una casa particular de educacion , y luego en el colegio del cardenal Lemoi- re. En seguida vivió en Ruan , en casa del cónsul de Francia, en Canarias , y dió fin á sus estudios grama- ticales con el P. Joanin y Maudit. Al regresar á París, siguió las lecciones del P. Porée, en el colegio de Luis el Grande , adquiriendo grandes conocimientos en las lenguas orientales. En cuanto acabó la educacion , regresó á Canarias, SECCION SEGUNDA.  71 pasando por Lóndres. Falleció por entonces supadre y en 172/ se embarcó para España , con intencion estudiar leyes en las universidades , pero al llegar á Madrid , no pudo resistir á la viva inclinacion que pro- fesaba á la literatura. Iba con frecuencia á la Biblio- teca real , en donde se hizo amigo con el bibliotecario mayor don Juan Ferreras , y el padre Clarke, confe- sor de Felipe V; por cuya recomendacion logró un destino de oficial ea aquel establecimiento. Muy pron- to la reputacion de su instruccion y de sus definas pren- das le valió el empleo de maestro del duque de Be- jar , del duque de Alba y del infante don Manuel de Portugal , y en 4789 , fué nombrado bibliotecario del rey. Poseia Iriarte toda la instruccion indispensable para el desempeño del destino que acababa de conseguir en la Biblioteca real. Era ¡muy versado en los idiomas, co- nocia perfectamente la historia literaria , la crítica y la bibliografía. Así es , que de su propio puño copió va- rios manuscritos , cuyo índice preparó. A su laboriosi- dad se debe el catálogo de manuscritos griegos de la Biblioteca real , impreso con este título: Regia Biblio- tecw matritensis , codices 131. H. Joannes Iriarte , ejus- dem custos , manuscriptorum museo olim prcepositus, idemgue regis interpres intimus , excussit et recensuit, notes , indicibus anecdotis pluribus evulgatis illustra- vit. Opus regiis auspiciis et sumptibus in lucem edition. Volumen prius. illatriti, typographia Antonii Perez de Soto , aneo 1760 ; in folio. Este primer volúmen contiene las noticias de mas de sesenta manuscritos copiado4 por el mismo Constan- tino Lascaris , enriquecidos con notas y adicciones. Es- tas noticias pertenecieron al principio al duque de Uce- da don Francisco Pacheco y Mendoza , virey de Si- cilia en tiempo de Felipe V , y en seguida pasaron á la Biblioteca real. En ellas se esplica el asunto de que trata cada manuscrito, el número de páginas de que 11~~11#01.1-1"45.--- 1 71  CAPITULO ADICIONAL. 4 0 . 1 se compone, los caracteres y año ,- con los demas por. menoreSnecesarios . p ara formarse una idea cabal. De algunos se da el principio y fin del índice ; otros están impresos todos; otros se han cotejada con algunos im- pr esos, indicando las variantes. Contienen ademas de- talles relativos á la etimología, y un numero crecido de anédectas, y termina este trabajo con algunas diser- taciones literarias, y un índice de las obras del fecundo Vicente Marinen. Los catálogos de libros de la Biblioteca real de Ma- drid , en dos volúmenes en fólio, de geografía, crono- logía y matemáticas , son tambien obra de don Juan Iriarte, y tienen los siguientes títulos: Matritensis bi- bliotheca geographica , anno 4729. Matritensis biblio- Meca mathematica , anno 4730. Tambien trabajó en las correcciones y adiciones de la Biblioteca hispana de don Nicolás Antonio , en la Paleografía griega , de que redactó un volúmen. en 4.° , y en el examen del gabinete de medallas del rey, como compañero del célebre anticuario Pa- blo Lucas. El 21 de febrero de 4742, fué nombrado por Fer- nando VI intérprete de la secretaría de Estado. En 4754 se le dió órden de redactar un Diccionario latino-español y español-latino , para el que escribió mas de seiscien- tos artículos de la ► letra A, notables por la claridad y exactitud. Fué nombrado en 6 de agosto de 1743 individuo de la Academia real española, y contribuyó mucho con sus o bservaciones á la redaccion del Tratado de orto- grafía, del de Gramática castellana, así como á la cor- reccion y aumento del de la lengua. Sus poesías latinas,. épicas y epigramáticas, son co- nocidas universalmente. En la distribucion de premios de la Academia real de las tres nobles artes , de que era socio honorario, leyó en 4754 un poema titulado: Novus artiunt orbis á Fernando VI rege repertus; en SECCION SEGUNDA.  73 4759, Caroli regis in regiam urbem i ngressus ab ingen- -nis artibus exornation; en 1762, Velascus et Gonzalides ingenuarum artium monumentis consecrati. Tambien es- cribió en latín las dos obras siguientes : Tauriniachia Matritensis , sive Taurorum luda Matriti, die julii 30 anno 4725 celebrati ; Merdidium Matritense , sive de Matriti sordibus carmen arectum. Don Juan de Iriarte escribió así mismo un número inmenso de epigramas con que enriqueció la lengua latina y la española, é insertó varios artículos en el Diario de los literatos. Era muy aficionado á los proverbios, de qué formó una coleccion de veinte y cinco á treinta mil, en espa- ñol. Para recogerlos, se mezclaba con las gentes del pueblo, y á veces daba á sus criados una gratificacion por cada proverbio nuevo que le traian. Se ocupaba con esmero en la redaccion de una Bi- blioteca general de autores que han hablado de España, ya sea de geografía, ya de historia política y literaria, hombres ilustres, comercio, etc. , etc. No se ha publi- cado esta obra. Por amor á su pais natal,  reco- gido muchos materiales para escribir la istoria de las Canarias , con una biblioteca de los autores que han tra- tado de este asunto en todos tiempos. Pero la obra en que con mas empeño trabajó Iriar- te, durante toda su vida , es la Gramática latina , que dió principio cuando estudiaba en París, y que continuó durante cuarenta años en medio de otras- in- finitas ocupaciones literarias. Bajo la proteccion espe- cial del rey empezó la impresion de esta obra, que se Iriar te llamar con razon el primero y Ultimo trabajo de Iriarte; porque ya estaba muy enfermo cuando se rimió , é imposibilitado de vigilar la edicion , corno hubiera deseado. Su sobrino , - don Tomás Iriarte , el fabulista, la dirigió; se publicó en 1771 , con el título siguiente: Gramática latina, escrita etc., etc. , con un método nuevo en versos castellanos y esplicaciones 74'  CAPITULO ADICIONAL en prosa , dedicada á sus altezas reales don Ga- briel y don Anto p io. Mas tarde se hicieron varias edi- ciones. Don Juan Iriarte murió en Madrid á 23 de agosto de 1771 á, la edad de sesenta y ocho años. Don Casimiro Gomez Ortega escribió el siguiente epitafio latino para Iriarte, que falleció cuando se im- prunia su gramática: ¡lic licet et grecce doctus, doctusque latine Et Musis carus jam Iriarte faces; Librorum cestos , librorumque optimas auctor. (Bibliothecw instar nausque locuentis eras) Cantasti mor iens linguw prwcepta latina Dulcius , heu moriens sic quoque cantat olor. PERIÓDICOS LITERARIOS. -1?! Despues del Diario de los literatos , cuya pasagera existencia hemos citado al hablar del reinado de Feli- pe V, se empezó a publicar en Madrid , en 1757 , las Memorias para la historia de las ciencias y bellas artes, que publicaban en francés los padres de Ti évoux ; á medida que se publicaba en Paris un número, se tra- ducia al español. Se imprimieron dos volúmenes de esta produccion periódica, cuyo traductor se llamaba llustan. Discursos mercuriales. Memorias relativas á la agri- cultura, comercio y artes, tanto liberales como indus- triales, por don Juan Enrique Graes; solo se publicaron -veinte y dos números de esta obra, de que se daban á luz dos al mes. Diario curioso , sabio , comercial' y económico , por don Manuel de Uribe (el autor verdadero se llamaba Nifo). Las materias iban ordenadas así: la primera par- SECCION SEGUNDA.  75 te contenia la historia . y literatura nacional y estran- gera ; la segunda nocion e s de comercio y economía, anuncios, ventas, etc. Este periódico gozó de escaso favor ; cambió á me- nudo de redactor , hasta que en 1781 se vendió el privilegio , por una cantidad módica , á Theveuin , li , brero de Madrid que le dió nueva forma. CAPITULO LIX. 11159.-1100. Advenimiento de Cárlos III.—Establece la órden de' sucesion á los tro- nos de Nápoles y España.—Esclusion de su hijo mayor por causa de imbecilidad.--Calda de Farinelli y nuevo valimiento de Ensenada.— Llegada de Cárlos á Madrid y organizacion de su gobierno.—Des7- cripcion de la córte de España y del ministerio , con un estado del ejército y marina , segun las comunicaciones del conde de Bristol. Como no dejase hijos Fernando , recala la corona en Carlos III, rey de Nápoles, que era su hermano por parte de padre. En cuanto supo Carlos la muerte de Fernando, tomó al punto el titulo de rey de Espa- ña, y confirmó el nombramiento de su madre para la regencia hasta su llegada ; pero no se dió prisa á, ir a tomar . posesion del nuevo reino , hasta tanto que es- tableciese la sucesion á la corona de Nápoles, lo cual ofrecia algunas dificultades. Por la paz de Viena se labia concedido á don Cár- los el trono de Nápoles, con la condicion de que am- has coronas quedarían para siempre separadas. Sin embargo, por el tratado de Aquisgran , se garantiza- ron á don Felipe los ducados de Parma y Plasencia, con la reserva' de que si don Carlos heredaba el trono de España y le sucedia en el de Nápoles y Sicilia don Felipe, los ducados de Parma y Guastalla YolVerian á 4759. 1760.  77 la casa de Austria y el ducado de P lasencia, esceptuán- dose las capitales y distritos del otro lado del Nura, se cederla al rey de Cerdeña. En virtud de este convenio, estaban i gualmente in- teresadas Austria y Cerdeña en que se sentase don Felipe en el trono de Nápoles , a lo cual se habia opuesto tenazmente Carlos, conociendo harto . que si llegaba este caso, esperimentaria una resistencia fuer- te para la ,corona de - Nápoles á uno de sus hijos. Afortunadamente para sus proyectos, el rey de Cerde--- ña, que era el mas dispuesto á suscitar turbulencias en Italia , se-hallaba imposibilitado de oponerse solo á cualquier arreglo que fuese; las córtes de Francia y Viena, por su parte, por hallarse entonces empeñadas en la guerra con Rusia, tenían interés en contempo- rizar con el nuevo rey de España. En vista de esto se verificó un arreglo , en virtud del que se daria al rey de Cerdeña una cantidad determinada de dinero; la córte de Austria abandonarla sus reclamaciones ' • la union, verificada recientemente entre la córte de Aus- tria y la de los Borbones, seria todavía mas estrecha efectuándose una alianza entre las familias de Austria y España. El archiduque José debia unirse á una prin- cesa de Parma, y Leopoldo, designado como sucesor en el gran ducado de Toscana, debia unirse á una in- fanta, de España. Sin embargo,  presentaba otra dificultad; la cual era la incapacidd del hijo primogénito de Carlos , don Felipe , que era el presunto heredero de la corona d e España, el cual, sujeto desde niño á. serios ataques de epilepsia, se hallaba en un verdadero estado de im- becilidad. En esta triste situacion, no se mostró Carlos menos cariñoso con su hijo que j usticiero con su pueblo. Los médicos y el consejo real declararon al jóven prín- cipe en estado de incapacidad mental , imposibilitado para gobernar , sin presentar la esperanza mas ligera de que pudiera llegar á recobrar la razon. Ea vista de 78  CAPITULO CINCUEN T A Y NUEVE. .estas consideraciones , juzgó necesario el rey deaten- der á su hijo mayor , nombrando á, su hijo segundo, Carlos , sucesor al trono de España , v declarando al mismo tiempo al tercero, don Fernand u o , rey de Ná- poles y Sicilia. Para evitar todos los reparos , y aten- der á las dificultades que pudieran ocurrir en lo suce- sivo , dió la mayor publicidad á sus decisiones. Des- pues de reunir en torno suyo á todos los ministros, á los principales grandes de la córte , á los diputados de la ciudad de Nápoles , á los embajadores de las cortes estrangeras, y á un camarista de Castilla, subió al trono y egerció su autoridad como rey de España y Ná- poles , creando á varios grandes y confiriendo algunos collares del Toison y de San Genaro. Entonces fué cuando ceñidas las sienes con la diadema española, mandó proclamar públicamente y con solemnidad el acto siguiente de sucesion: «Entre los cuidados y graves atenciones que me ocu- pan , desde que , por muerte de mi augusto hermano el señor don Fernando VI , estoy llamado á la corona ' de España, la notoria imbecilidad de mi hijo primog é- . hito , fija especialmente toda mi atencion. El espírit u de los tratados ajustados durante la última centuria, a prueba que toda Europa desea alejar de Italia el p re minio de España, en cuanto sea posible hacerlo sin. - ofender las leyes de la justicia. Considerándome, pues, en el caso de nombrar un sucesor para, mis estados de Italia, en vísperas de emprender m"via ge á España , y de elegir entre los hijos que plugo al de ellos me veo en el deber de decidir cuál e ellos debe de ser considerado como el '' se cr undo , por órden de liad- : miento , capaz de dirigir el gobierno de mis estados de . Italia , separados de Españay as Indias. Esta cir- cunstancia que, por el bien de la tranquilidad eu- pea, me impone la obligacion de apartar toda sos re- cha de querer conservar en mi propia persona los esta- :.(los de España é Italia , me mueve á tomar hoy una df li 11 s el di la 1 4759.-4760.  19 arme resolucion en este punto. Un considerable núrne ro de mis consejeros de Estado , un individuo del a - cámara de Castilla, otro de la cámara de Santa Cla ra el lugarteniente de . la Sommaria de Nápoles y toda la junta de Sicilia, representada por seis diputado - s, me han espuesto unánimemente que despues de tentar to- dos los medios posibles,_no han podido lograr el des- cubrir en el desdichado príncipe, mi hijo primogénito, ninguna señal de razon, de entendimiento ni rellexion, y que no habiéndose conseguido que varía este estado desde su infancia , no solo es incapaz de sentimientos religiosos, y privado de toda razon , sino que no es lícito abrigar la mas remota esperanza para el porve- nir. Todos , en vista de esto, son de parecer que no puede este príncipe ocupar el alto puesto para que lo destinaba la naturaleza, así corno el derecho y amor de su padre. En esta situacion desdichada , viendo que por la disposicion divina los derechos de mi hijo se- gundo recaen en el tercero , don Fernando, menor de edad todavía, es obligacíon mia, corno soberano y pa- dre , al transmitirle los estados de Italia, el adoptar las medidas convenientes durante el tiempo de su mi- noría y fijar la tutela que yo no podré egercer de un hijo, no menos independiente como soberano en Italia, que yo mismo, como monarca de España (24).» Así , pues , fijó Cárlos la sucesion , llamando , en primer lugar, á los hijos varones de Fernando, y en su defecto á las hembras; y por falta de ,unos y otros , á cada uno do sus demas hijos y sus descen- dientes, por el mismo órden; y en el caso de que se acabase su propia descendencia totalmente , llamaba para heredar á sus hermanos Felipe y Luis y sus su- cesores. Firmó este acto y lo selló; y en seguida presentando su espada á su hijo, le dijo: —Luis XIV, rey de Francia, dio este acero á Felipe V vuestro abuelo. De él le he recibido yo, y os le entrego. No le desenvaineis jamás sino para defender la religion 80  CAPITULO CINCUENTA Y NUEVE. y vuestros súbditos (25). —Terminó aquella ceremonia con las felicitaciones de costumbre al nuevo soberano, y e Cárlos confió la direccion de los negocios publicas durante la minoría de su hijo á una regencia, á cuyo frente puso al marques de Fannucci.~, Aquella misma noche, en compañía de la reina y de toda la familia, esceptuando á Fernando, fue al lu- gar del embarque en donde se hallaba anclada una escuadra de diez y seis navios de línea., que le espe- raba para conducirlo á sus nuevos estados. A su paso por las calles de la capital, todas las casas estaban ilw- minadas, y á medida que se acercaba al muelle , se precipitaba para verlo una muchedumbre infinita, sa- ludándolo con aclamaciones por su advenimiento al trono de tan gran monarquía, á cuyas felicitaciones iban mezcladas palabras de pesar y sentimiento, á "cau- sa de la separacion de un monarca que habia mostra- do ser el padre de su pueblo, y que habiendo hallado á la ciudad de Nápoles en la decadencia, y tratada co- mo á capital de una provincia apartada de la monar- la española, espuerta á los caprichos y vejaciones de gobernantes pasageros, le habia devuelto su espíen-- dor antiguo. Con verdadero pesar vela el pueblo el via- ge de un soberano amado que habia reformado las le- yes, fomentado el comercio, estimulado los adelantos de las artes y ciencias, disciplinado el ejército, resta- blecido el honor del pabellon napolitano en los mares vecinos, y, finalmente, que por sús virtudes y admi- nistracion, recordaba los venturosos dias de los prínci- pes normandos y la minoria grata de Federico II. La naturaleza favoreció las esperanzas de Cárlos durante su viage, porque una brisa bonancible lo lle- vó, en cuatro dias, á la costa de Cataluña. Desembar- có en Barcelona en medio del regocijo y de las aclama- ciones de sus nuevos vasallos, y durante su corta per- manencia en aquella capital, dió una prueba de cle- mencia, restituyendo á los catalanes varios derechos 4759.-4 760.  81 y prerogativas de que habian sido privados en la épo- ca de la rebelion de 9540, y cuando se resistieron á reconocer por soberano á Felipe Y. Habiendo empren- dido el viage á Madrid por Zaragoza, llegó el 9 á es- ta capital, en donde inauguró su reinado m ostrando un amor filial que honra su memoria, yendo á visitar á la reina madre que no habia visto hacia veinte años. En seguida tomó las riendas del gobierno , y los primeros meses de su reinado los empleó en las disposiciones y arreglos indispensables en todo cambio de soberano- Es notable que el primer acto de Cárlos, corno rev de España, fué un decreto, aconsejado por la reina, madre, mandando que Farinelli saliese al punto de España, conservando, empero, la pensibn que le con-. cedió la bondad del rey difunto (26). Ensenada y sus parciales recibieron con ente sias- mo la noticia del advenimiento del nuevo soberano, porque esperaba aquel personage volver á recobrar su valimiento durante el gobierno de un principe d , por quien habia manifestado un afecto tan vivo y sincero. Tanto él como sus amigos no tardaron mucho en notar que se proponía Carlos seguir otros planes, y que te- ma precision de satisfacer otras ambiciones. Asi es que el único favor que se concedió al ministro caldo y á su confidente Ordeñana fué un indulto y permiso para ri re o nsar á la corte. (43 de mayo). Dió Cárlos un testimonio de respeto á la memoria de su hermano, conservando á todos los ministros an- tiguos, especialmente al general Wall. Tan solo sepa ró á Valparaiso, para confiar la hacienda al marqués de Squilace, cuya capacidad é integridad habla tenido ocasiones de esperimentar en los estados napolitanos. Nombró al duque de Losada, gentil-hombre de su ca- mara, caballerizo de la reina, empleo de mucha im- portancia en palacio; y aceptó la renuncia del duque de Alba, si bien 'conservándole los mismos honores y sueldo de que disfrutaba. Cuando se termina 95 u estos ro 1101 Biblioteca, popular.  T. IV. 82  CAPITULO CINCUENTA Y NUEVE. arreglo s , entró públicamente en Madrid el 16 de julio,. cuya ceremonia terminó con la fiesta nacional de to- ros. Al siguiente día , despues de misa, que oficio el '  arzobispo de Toledo, recibió los juramentos prim, acostumbrados y los parabienes de sus vasallos. Tam- bien en Madrid se anunció la incapacidad y escInsion del hijo primogénito del rey con la misma solemnidad que en Nápoles, y Carlos, su hijo, fue reconocido por príncipe de Asturias. y sucesor á la corona de Es- paña. Carlos, que habla estudiad() durante mucho tiempo y con el ma y or esmero la teoría del comercio y , de la hacienda, conociendo por esperiencia las ventajas que producia, en sus estados de Italia, un sistema bien dirigido de agricultura, inauguró el primer periodo de su reinado con sabias operaciones de economía políti- ca. Quiso remediar los males causados por la mezquin- dad perjudicial del rey difunto, adoptando medidas para pagar las deudas de su padre y creando títulos con un k- 6 por /100 de intereses, que empezaron á cor- rer en 1762. Al mismo tiempo estableció una liquida- don de las deudas anteriores á los -tiempos de Feli- pe Y, cuyos intereses absorvian las principales rentas de la corona. En seguida, fijó su atencion en la agri- cultura, que habla sido el objeto de su predileccion en sus estados de Italia. Absolvió á los colonós de An- dalucía, Murcia y Castilla la Vieja, del pago de todas las cantidades adelantadas por el real tesoro, durante los últimos años de miseria y concedió permiso para introdu-,.ir grandes cantidades de trigo, á fin de fomen- tar la cultura de estas provincias en que tan decaida- estaba, por falta de sembrados (27).  . Damos á continuacion un cuadro fiel del nuevo so- berano y su corte, trazado por el conde de Bristol, en. una comunieacion que dirigió á Pitt, tan luego como tomó posesion- de su destino de embajador de Ingla- terra.  . «Preciso es que se dé una idea cabal del .gobierno 4759.-=-4`760.  83 español; me aprovecho, pues, de esta ocasion para ha- ceros una pintura no solo de los caracteres de los di- ferentes personages que componen esta corte, sino de sus relaciones y amistades , con lo que podeis fácil- mente formar juicio de las cosas. «Empiezo por el muy respetable rey católico, que tiene capacidad, feliz memoria y un   - gran imperio so bre si mismo en las ocasiones importantes; mas corno ha sido engañado con frecuencia, es desconfiado. Gás- tale mas que otra cosa el tratar de los negocios pú- blicos, por -medio de la dulzura, y, tiene paciencia pa- ra repetir sus exhortaciones , antes que valerse de su autoridad, aun cuando sea para cosas insignificantes. Sin embargo, con buenos modales y dulzura, hace que sus ministros lo respeten, y con frecuencia lo teman. «Perteneciendo á la familia de los Borbones, pro- fesa el rey católico afecto á Francia; pero como espa- ñol y monarca poderoso, que ocupa un trono no me- nos importante, no quiere que sus estados, durante su reinado, se rijan segun los consejos de los franceses, como acontecia, en tiempos de Felipe Y. Lb que desea, ante' todas cosas, es el consolidar el trono de su her- mano, el rey de Nápoles, y cada negociacion ó pro- yecto en que trata de procurar la tranquilidad á Es- paña, lleva envuelto el deseo de ayudar al monarca napolitano, en caso de que deseara cualquiera potencia turbarlo en la pacifica posesion de su reino. «Se supone á la reina madre mucha mas capaci- dad de la que en realidad tiene. A. lo que se puede juzgar por las intriguillas que se han puesto en movi- miento, no ha renunciado á, la idea de tornar parte en los negocios del gobierno. Se burla públicamente de tres personages principales que aquí figuran, que son el general Wall, el marques de Squilace y el duque de Losada; yo mismo estaba presente últimamente a 84  CAPITULO CAPITULO CINCUENTA Y NUEVE. una conversacion en que los ponía en ridículo de un modo poco decoroso a la dignidad de S. M. y á su ele- vacion. «El marques de Squilace es mas bien un hombre incansable para el trabajo que persona de entendi- miento brillante; jamás se queja de tener mucho que hacer, á pesar -de los diferentes ramos que tiene á su cargo. Podeis estar seguro de que se opondrá, en to- dos tiempos, á la fuerza; y como el tesoro está muy lejos de hallarse bien provisto, y que le han enajena- do todas las voluntades las medidas tomadas hasta el dia para llenarlo, vive convencido de que no pudiera sostenerse si las necesidades del estado hiciesen nece- sarios mayores subsidios, y fuese preciso imaginar nuevos medios para exigir impuestos sstraordinarios... Creo que S. E. es incapaz . de recibir presente ningu- no; pero no responderla, del mismo modo, del desin- terés de su muger. - Se sospecha que recibe ricos re- galos de Francia; sin embargo, como no es posible probar estas cosas, me limito á referir el rumor pú- blico. La conducta del marqués de Osuna podria dar algun peso á estas hablillas. «EL duque de Losada no está dotado de una gran fortaleza de entendimiento; pero tiene el carácter mas noble y estimable que se puede hallar. Basta decir que S. M. C. lo ha distinguido constantemente, hace mas de treinta años; y ciertamente, si este hidalgo hubiese cometido la menor falta, la hubiera descubier- to la penetracion de su soberano, quien. al punto le hu- biese negado su confianza. No se mezcla el duque en los negocios de Europa , y no hablo de él sino tan solo á causa del eminente empleo que egerce en pa- lacio. «Como muchas personas han tenido motivos para hablar al rey de España, á causa de los destinosue desempeñan, y como por esta razon pueden qu su dictamen en tal ó cual negocio, aparentando no mez- '759 —1760.  85 darse de nada, me parece, puesto que conozco á tan- tos de estos personages, el haceros el retrato de ellos, pensando que sus nombres no son del todo descono- cidos en Inglaterra. «El marqués de Montealegre, mayordomo mayor, es un verdadero español ; que no se ocupa mas que g en desempeñar los deberes de su destino. Es favora- ble á toda idea de paz; pero su devocion es tal que Baria la guerra á los que llama hereges, antes que, á, los que piensan como él. «Ya he dicho , en otra ocasion , que el duque de Medinaceli es un personage ilustre por su nacimiento, cuyo ilustre nombre le valió, además del empleo de caballerizo mayor, el honor de acompañar diariamen- te al rey á caza. Pero la capacidad de este magnate no llega ni siquiera hasta el grado de saber gobernar las caballerizas del rey, ni los empleados de su depen- dencia. Creo que seria perder el tiempo el preguntar- le qué lugar ocupa Inglaterra en el mapa; pero es tan palaciego que se declararia al punto partidario de la fuerza contra nosotros, en cuanto notare en su sobera- no disposiciones poco favorables á la Gran Bretaña. «Don Pedro Estuardo, nieto del . último mariscal du- -que de Berwick, pertenece a la servidumbre de S. M. como caballerizo, y en las ausencias del duque de Medinaceli, desempeña las atribuciones de caballerizo mayor. Es teniente de marina, y pasa por ser el mejor marino que tiene España. Es muy vivo y de lozana imaginacion, y posee, generalmente hablando, buenas prendas. El rey lo ve con gusto , y su opinion, que sin rebozo ha espresado, es que en todos tiempos, no puede menos de ser funesta para España una guerra , con Inglaterra. «El príncipe de Masserano, los duques de Bour- tonville y de Baños, capitanes los tres de las compa- ñías de guardias de Corps, tienen ocasiones frecuen- tes de hablar al soberano. El primero, que desciende 86  CAPITULO CINCUENTA Y NUEVE. Ogl  de italianos, es muy afecto á Francia. El duque de  t#  Bournonville posée grande capacidad; pero sus prin-  gel, cipios morales son detestables . Es flamenco, y aun.-- 110 que, al parecer, es muy apasionado á Francia, siem- 00'  las se hallará dispuesto a sostener y combatir todas  011 las causas, tratándose de su interés particular. El le rey católico no profesa afecto á ninguno de los dos, l pero, hace caso del duque de Baños, que es español  le  y pertenece á la antigua familia de Ponce de Leon,  0  porque solo se mezcla de sus deberes y sin haber in-  ,  1110  v-entado la pólvora, se conduce de modo que lo res-  cuy' petan todos los partidos.  11  «Arriaga; secretario de Estado y del despacho de  90 Marina, es persona muy amable, pero, está dominado  lol  por los jesuitas. Está convencido de que la marina es-  11  paula no se halla en estado de luchar con la marina  11 de la Gran Bretaña, y que no lo estará en mucho tiempo, y cree firmemente por principios y esperien-  cías, que nada puede ganar España en interrumpir la  (I dichosa tranquilidad de , que disfruta en el dia.  «No puedo dejar de hablar de don A gustin de Lla-  1  no, sobrino de don Sebastian de la Cuadra, secretarlo de  al  Estado en otro tiempo. Es oficial ma y or del ministerio  k que dirige el caballero Wall, y es (la ien lo hace todo  porque S. E. hace mucho caso de sus opiniones y clic-,  o e  táinenes. Aunque es jóven todavía, hace va, muchos  1 t años que sirve en el ministerio; es tan hábil como el  1  que mas en este pais, i por cuya razon‘, desearia que  lo fuese mas favorable á .Inglaterra de lo que es, á lo que entiendo. El caballero Wa I,  1 reccion, confía á la   que no escribe con cor-  I( pluma del señor Llano todas las co municaciones y notas  ti sabido que la celebre  de alguna importancia. He  1 re nota, concebida en términos tan duros, que me han entregado al principio de este año,  1 habla sido escrita menos este caballero.  1 «No puedo me  de habla-r del marqués de la En- sanada. Es vano y pr esumido en demasía este perso- 4764  93 singularmente notables á. causa de su rapidez, impor- tancia y variedad. El príncipe Fernando, al frente de un cuerpo aleman é inglés, echó á, los franceses de Ha- llover, de Hesse y de Brunswick, los rechazó hasta el Mein, debilitó sus fuerzas por medio de combates con- tinuos, y logró á pesar de algunos reveses, que ocupa- se todo su ejército de modo que la guerra se apartase de las fronteras de Prusia y de aquellos señorios. En medio de esta lucha encarnizada, algunos desembarques repetidos en sus costas septentrionales llamaron su aten- cion á aquel punto, aumentando los males que ya espe- iimentaban á causa de la guerra esterior y de la mise- ria interior. Los franceses, llenos de indignacion, hicieron una tentativa osada para lograr que las fuerzas británicas fuesen necesarias para la defensa de su propio pais. Reuniéronse veinte y cinco mil hombres en las costas de Bretaña; tambien se concentraron fuerzas en Dun- ckerque 5 y por último el Pretendiente asomaba la frente en Vannes para dar aliento á esta tentativa. Debian reunirse y proteger el paso de sus buques de conduc- cion por el estrecho, en tanto que una escuadrilla de- bia dirigirse desde Dunckerque á las costas de 1scocia, y efectuar un desembarco en Irlanda, burlando la vi- gilancia del gobierno inglés. Ya no era tiempo de amenazar impunemente las costas de Inglaterra. Un armamento considerable, á las órdenes del almirante Rodney, se presentó á la vista del Havre, y gracias á un bombardeo sostenido, causó perdidas considerables en los almacenes franceses, y en los buques de conduccion. Al mismo tiempo varias escuadras mas fuertes que las de Francia, á las or- denes de Bovs, Hawke y Boscawen, bloqueaban los puertos de Dunkerque, Brest y Tolon. El enemigo se aprovechó de los momentos en que las torment as de una estacion avanzada, obligaron á- las escuadras del bloqueo á dejar su estacion respectiva. Pero no tardó CAPITULO SESENTA. 94 ofrecérseles ocasion- de• conocer la habilidad de las en o - maniobra s inglesas para resistir al furor de los ele— i j nentos. La escuadra de Tolon, mandada por el rante La Cine, se • vió perseguida en el estrecho, y desecha por Bos Caven cerca de la costa de Portugal Quedaron completamente destruidos dos navíos, prisco p eros tres v el resto se dispersó, salvándose no sin gran: dificultad (32)'. (Agosto de 1759). El grande armamento de Brest, á las órdenes de• Conflaus, sufrió un re y es mas terrible aun. Apenas se: alejó de las costas de Francia cuando se vió claro que, el almirante inglés hacia el mismo rumbo, indicando esto que su propósito era k empeñar un terrible combate. En vano se jactaba Conflaus de que el furor-de los ele- mentos, las arenas y bajos de la costa serian un fre- no que comprimiese el ardor de su adversario. El ata- que fue tan pronto y certero corno si .se hubiese hecho en las circunstancias mas favorables del viento y ma- rea. Dos horas despues estaba ya completamente em—. peñada la refriega; dos de los buques mas apartados fueron echados a pique, otro cayó prisionero y el con bate se generalizó en . toda la línea. Las tempestades. y la oscuridad que reinaba salvó á los buques fran- ceses de una destruccion total; pero la aurora del si- guiente dia descubrió nuevos desastres. El navío almi—: rante y otro mas perecieron estrellados en. la costa, y otros siete se hablan refugiado á la Vilaine, despues de arrojar al Mar su artillería, é igual número, hacién—. dose á la mar, le habian refugiado, no sin trabajo, á: la isla de Aix. Ni siquiera el pequeño armamento de Dunckerque pudo escapar al desastre general. Cinco fragatas que tenian á bordo un número poco crecido de soldados, se aprovecharon de una noche muy oscura para cruzar la escuadra del bloqueo,. y tomaron la direccion de las costas de . Suecia , costeando la Alemania. Despues de sufrir frecuentes y horrorosas - tempestades, rehicieron. 1761. los demas sus averías, é hicieron rumbo á la costa septentrional de Suecia. Durante tres meses navega– a– ron por entre las islas occidentales con tripulaciones molestadas por el cansancio y la miseria , tanto que solo de siete quedaron tres fragatas. Estos marinos (in– trépidos, acosados por el hambre y con espíritu em- prendedor, tentaron un desembarque cerca de Carrik- fergus, y obligaron á los habitantes de las vecinas co- marcas á que proveyesen inmediatamente á sus nece- sidades. Apenas hablan. salido del puerto , se vieron atacados por tres navíos ingleses contra los que se ha- ' tieron como fieras, y con la pérdida de esta pequeña espedicion quedó completo el triunfo de la marina bri- tánica y la ruina de la de Francia (33) (26 de febrero de 1760). Las repetidas desgracias que esperimentaron en Europa los franceses hicieron fracasar sus esfuerzos en regiones apartadas. Despues de una lucha larga y san- grienta, triunfaron las armas británicas en las Indias orientales. El partido que habian ganado los franceses entre los naturales del pais perdió completamente el ánimo para resistir , y la toma de Pón.dicheri , centro de sus fuerzas, y último establecimiento que les que- daba , destruyó completamente su poder en aquellos parages. En América no tardaron los ingleses en rehacerse de los desastres que habian esperimentado al principio de la guerra. Varias espediciones considerables salie- ron á un tiempo de la madre patria y de las colonias para atacar los establecimientos de los franceses en el Norte. Louisbourg se vió obligado á rendirse (22 de julio de 4758) , y la espedicion inglesa subió por el rio San Lorenzo en tanto que un cuerpo considerable , com - puesto de colonos y tropas reglamentadas , se abrió paso por tierra hasta el Canadá , en donde los france- ses hablan concentrado sus fuerzas principales. Gracias al arrojo del general inglés , una, parte considerable 96  CAPITULO SESENTA. del ejército francés fué derrotado en la batalla de Que- bec, célebre á causa de la muerte del general vence- dor, Wolf, y de su heróico adversario Moutcalm (13 de setiembre de 1759). El resultado de la refriega fué la rendicion de la plaza. Al siguiente año hicieron los franceses un esfuerzo para sorprender á Quebec , pero fueron batidos, y Monreal, en donde hablan reunido el resto de sus fuerzas , se vió precisado á someterse (34) (setiembre de 4760). En el mar de las Antillas, una espedicion inglesa, despues de atacar á la Martinica , se apoderó de la Guadalupe y de las islas adyacentes. Los franceses fueron expulsados del mismo modo de la costa de Africa á causa de la pérdida de Gorea y el Senegal. La toma de Belle Isle , á la vista de sus costas , inter- ceptó las comunicaciones entre sus puertos del Oeste, y empezaron ya á temer la in vasion con que habian amenazado á las Islas británicas (abril y junio de 4761). Tan multiplicados reveses hicieron en Francia una impresion profunda y dolorosa. La poblacion se habia debilitado considerablemente a causa de los refuerzos que sin cesar se enviaban á Alemania; el comercio pa- decia mucho y sus recursos iban destruyéndose con la pérdida de las colonias que no podían nutrirlo, sin con- tar la superioridad naval de Inglaterra. Todas las ope- raciones rentisticas tenian un éxito desgraciado ; todos los sistemas inventados para socorrer al gobierno , se convertian en daño de sus autores , y por último se aborrecia tanto la guerra como la alianza austriaca. Aquella nacion orgullosa , que tres años antes dictaba leyes á Europa, se veia reducida, á fin de asegurar su Salvacion, á la necesidad de dividir las potencias ene- migas y buscar el apoyo de nuevos aliados. En medio de sucesos tan faustos para Inglaterra terminó su carrera Jorge II. Sucedióle en el trono su nieto Jorge Hl, que se hallaba en la flor de la juven- tud, y que no adolecia de las preocupaciones contra los 111 GG 1764.  97 estrangeros que habian abrigado sus antece g ores , por hábito ó educacion. El cambio de soberano vario los actores que figuraban en la escena política , y otras va- rias circunstancias contribuyeron á debilitar el P oder que un gran ministro habla sabido desplegar con tanto éxito contra los enemigos de Inglaterra. El pueblo, es- tremado en todos tiempos tanto en su confianza como en su temor, se olvidó pronto , como hizo antes de la paz vergonzosa de Utrecht, de los peligros de que aca- baba de salir. Casipesaroso estaba del triunfo en vez de cuidar de su futura seguridad, y de considerar que su grandeza se cifraba en la humillacion de Fran- cia, no vió mas que las cargassacrificios, sin hacer, de modo alguno, caso de los b •I 'eneficios positivos que debian resultar de la continuacion de la lucha con su enemiga. Acostumbrado desde antiguo á mirar al Aus- tria corno á su aliada natural , aquel pueblo no profe- saba á Rusia ni afecto ni cariño, y lo mismo que en Francia, pregonaban los clamores públicos que se es- tenuaha el pais en beneficio de un antiguo enemigo; de igual modo en Inglaterra rechazaba el descontento general las alianzas germánicas, murmurando sin disi- mulo que se sacrificaba la riqueza del estado en de- fensa de un amigo , cuya fidelidad por lo menos ofre- cia dudas. Apoyaban estas máximas muchos personages im- portantes que habia encumbrado el cambio de sobera- no, sobre todo el conde de Bute , maestro y confidente del nuevo gobierno.. Sus intenciones eran rectas é in- teresadas; pero no abrigaba los , grandes pensamientos que abrazan todo cuanto puede fijar la severa ateneion de un ministro tan grande como sus deberes , á lo cual hay que añadir que no podria soportar á cólega nin– m uno cuya reputacion eclipsase la suya. Ademas , era as á propósito para entregarse á las ocupaciones cien- tíficas de las ciencias y las letras que para combinar royectos políticos, ó á ser el alma y regula dor de una P 1101 Biblioteca popular.  T. IV. 96 98  CAPITULO SESENTA. :;berra general , asombrosa y llena de complicaciones.. Así es que se ocupó solo, de captarse cierta popularidad: orle se hallase en directa relacion con su carácter pace_ L '  7  . e todo con sus máximas en, materia de go–. neo ,  so )1 bierno. Al principio de este nuevo reinado , casi no se no to este cambio. El monarca en su primer discurso dirigido al parlamento , anunció su resolucion de seguir el egemplo de su predecesor , continuando , la guerra que habia producido tan felices resultados. Se dió. el para- bien, lo mismo que su pueblo,, por el triunfo que, habian alcanzado las. armas británicas: pero al nom- bramiento de lord Bate para el puesto de secretario de estado en el de,pacho del Norte, en vez de lord Svol- dernesse , siguió una prueba mucho mas positiva de su influjo, y aun cuando al principio lo contuviese la. energía y capacidad de su cólega, fácil fue de preveer que era inevitable una revolucion política. Las córtes de Europa, á quienes tenia amedrentadas el poderío de Inglaterrasupieron con júbilo los cambios que habian ocurrid ' o en su gobierno, especialmente la de España , que habia visto con verdadera angustia todos los trioafos que habia conseguido en uno y otro con - tinente (3:5). Los resultados que produjo en una y otra parte el cambio de soberano , no fueron de menos importancia para España que para Inglaterra., Babia seguido Fer- nando su sistema de neutralidad con tanto provecho para el comercio como felicidad para, sus súbditos. De- seoso tan solo de conservar su. independencia , había_ desdeñado siempre los conflictos de la guerra , y desde el advenimiento de la dinastía austriaca era el único monarca que no habia aumentado las deudas d,e la corona. No tenia ciertamente España interés mas.urgente que. la continuacion de este sistema ; pero por desdi- cha no siguió estos principios el nuev&soberanoa / a– 4 761 .  99 tes bien se dejó arrastrar á otro órden de ideas, aten diendo á consideraciones particulares y motivos'per sa- - nales. Carlos abrigaba un odio profundo y antiguo con- ira los ingleses , recordando el modo altanero %oil que le habian obligado á abandonar la causa de su familia durante la guerra 'de Italia (36). Este resentimiento no le hacia abandonado á su advenimiento al trono de Es- paña. Sus relaciones con la corte de Francia y sus par- ciales probaron entonces su fidelidad á los principios de su familia , á los que no profesaba menor apego que su padre. A su llegada á España, todavía tuvo otros motivos mas para mirar con desvío á los ingleses , tales como aquellas interminables disputas relativas á los es- tablecimientos británicos, y al comercio de contraban- do en las Indias Occidentales , así como á las frecuen- tes vejaciones-que cometian los cruceros ingleses con los buques españoles , perjudicando al comercio con Francia. Otro motivo de descontento nació de las re- clamaciones que hicieron los españoles para poder pes- car en Terranova, concesion que jamás habla sido re- conocida por el gobierno inglés, á pesar de la cláu- sula algo ambigua, es verdad, del tratado de Utrecht. Durante algun tiempo, aquellos sentimientos de ódio no hicieron tanto daño , gracias á la sana razon de la reina Amelia , su muger, princesa de la casa de Sa- jonia , y muy favorable personalmente á. la causa de Inglaterra ; pero á su muerte recobraron mayor fuerza á causa de las circunstancias y por la situacion de las potencias beligerantes. Alarmó á Carlos la ruina de la marina francesa, y temió que las ventajas conseguidas por los ingleses contra los establecimientos de los fran- ceses en las dos Indias y en la América del Norte, les inspirasen deseos de atacar los españoles, que eran tan- to tiempo hacia Objeto de su codicia. No descono- cia que la parcialidad v vejaciones de los oficiales , go- bernadores y ministros españoles, habian dado ocasion á quejas repetidas , y no le parecia verosímil que una A 00  CAPITULO SESENTA. nacion grande y victoriosa, olvidase tan pronto seme- jantes agravios. La córte de Francia, con el ausilio de sus agentes, se aprovechó con mucha destreza de esta disposietont particular de Carlos , y de los lemas motivos de des- vio de que acabarnos de hablar. Renovó la proposicion del cebo de Menorca, y sobre todo e . l proyecto de re- conquistar á Gibraltar. Dando crecido á Francia y sus b a o. entes, no eran los ingleses mas que unos tiranos del mar , y enemigos naturales de todas las potencias ma- rítimas y comerciales. Despertaron los celos naciona- les con motivo de las colonias , y confirmaron al sobe- rano español en sus temores con respecto á sus pose- siones. Como sabian que era un medio seguro de inte- resar á Carlos á favor suyo, hablarle de la gloria y esplendor de la casa de orbon , le presentaron el cuadro de sus desdichas, mostrándole la necesidad de romper con Inglaterra. Sin embargo , obligados á en- tablar una negociacion con esta potencia , trataron de interesar á Carlos , comunicándole todos sus pasos y adhiriéndose completamente á su parecer. Tan airo- sos salieron , que Carlos aprobó las condiciones que de- bían someterse á Inglaterra , y hasta permitió, ó mas bien invitó á la córte de Francia , á que reuniese to- das sus pretensiones y reclamaciones á las de España. Declaró tambien que si se negaba Inglaterra , como era de presumir, á admitir estas reclamaciones reuni- das, estaba dispuesto á poner en armonía los intereses de las dos córtes de la dinastía de Borbon, por medio de un pacto de familia. Ya no esperaba mas que la lle-: gala de los galeones de América ; así es que dió órde- nes para que se llevasen á cabo todos los preparativos de guerra, á fin de tomar parte sinceramente en la que- rella. Dirigió esta negociacion Grimaldi , embajador de España en París , poniéndose de acuerdo con Choiseulr primer ministro de Francia , sin anuencia de Wal , - y quin, sin la del embajador francés en Madrid. 1761.  101 Empero la córte de Francia continuaba en su nego- ciacion particular con el gabinete inglés , y se convino en que se abriria un congreso en Augsburgo para ar- reglar las diferencias suscitadas entre las potencias de Alemania y del Norte. El ministro Stanley salió para París, y el conde de Bussy volvió á Lóndres , propo- niéndose por ambas partes preliminares. Los ofreci- mientos de Francia comprendian la cesion del Canadá,, con algunas restricciones ; la restitucion de Menorca, en cambio de la Guadalupe y Mari Galante; la Domi- nica y San Vicente permanecerian neutrales ; se resti- tuirian todas las conquistas inglesas hechas en el Orien- te , corno así mismo se cederian Gorea y el Senegal, corno mejor quisiera la Gran Bretaña; y se devolverla Bello Isle. Los alemanes , por su parte , ofrecian eva- cuar el pais que ocupaban en Hannover , y tambien á Hesse y Hanau ; pero querian conservar las adquisicio- nes hechas en Prusia hasta la paz. No debla Inglaterra prestar ausilios á Prusia, y Francia debia retirar del teatro de la guerra un número doble de tropas del que retirase Inglaterra (julio 23). Acompañaba á estos preliminares una nota confiden- cial , en la que proponían los franceses terminar las de- savenencias con España , corno medio único de evitar otra guerra en Europa y América , y de pedirle la ga- rantía del tratado de paz que se trataba de ajustar. Se hacian al mismo tiempo tres peticiones á favor de Es- paña , á saber: ra restitucion_ de algunos buques espa- ñoles apresados como contrabandistas ; el privilegio de pescar en el banco de Terranova , y la demolicion de los establecimientos ingleses en el golfo de Honduras. Todo esto concluía con la amenaza por parte del rey de Francia , de que se creeria obligado á prestar socorros á, España en el caso de que, no pudiéndose poner de acuerdo acerca de los puntos en litigio, estallase la 'guerra. No ignoraba Pitt los motivos de esta conducta desu- 4 02  CAPITULO SESENTA. sada hasta entonces en las negociaciones diplomáticas, pues por primera vez se veía a una-nacion belicosa in- troducir en una discusion de esta naturaleza los agra- vios de potencias que sa hallaban en paz, y todo para conseguir el terminar la guerra existente. Así pu es,. hizo por su parte otras proposiciones en cambio de las que presentó Francia. Pidió la cesion absoluta del Ca- nadá, del Senegal y Gorea ; la restitucion de todas las conquistas de los franceses en América, en las indias Orientales y en Europa ; la demolicion de Dunkerque conforme al tratado de Utrecht , la evacuacion inme- diata de Ostende y Newport , que ocupaban contravi- niendo á la neutralidad con los Paises Bajos. Los nego- cios de la India se reservaban para una negociacion que debia entablarse entre las dos compañías ; por úl- timo, las dos potencias conservaban la libertad de sos- tener á sus aliados mútuos en. 'Alemania. A. estas pro- posiciones agregó la declaracion de que el rey de In- glaterra no consentiria jamás en mezclar sus desave- nencias con España , en una negociacion cuyo objeto era la paz de las dos coronas , y que mirarla como un insulto á su dignidad, así como un paso incompatible con la sinceridad de la negociacion , cualquier men - cion que se hiciese en lo sucesivo de este negocio. A esta respuesta siguió una gestion directa con la corte de España , se autorizó al conde de Bristol , em- bajador de España , para que declarase que la union íntima del gabinete de Madrid con Francia , no podria contribuir Jamás á que se arreglasen los negocios pú- blicos á satisfaccion de España , aun cuando la mode- racion del rey les moviese á desear una avenencia equitativa. Por lo tocante á la primera pregunta, se ha- cia notar que los tribunales establecidos para entender en esta clase de asuntos , estarian siempre abiertos para quienes quiera que reclamasen contra cualquiera agravio, pero se rechazaba como de todo punto inad- misible la segunda, y en cuanto á la tercera, pódria 4764.  403 M. hablarse de esto en lo sucesivo , en cuanto S.  C . quisiera hacer proposiciones mas e quitativas de otro modo que por mediaron de Francia. Finalmente causa de los rumores esparcidos de intento dellunnterómá: pimi e nto inevitable con España lord Bristol recibió encargo 'de pedir -una, esplicacion clara y terminante acerca de los preparativos marítimos que se hacían en los puertos españoles. La respuesta á esta nota diplomática , puso en da- ro los sentimientos de las dos córtes de la casa de Bar- bon. El general Wal declaró que la nota relativa á Es- paña, habla sido presentada por Francia con pleno con- sentimiento de S. M. C , y que ninguna considera- cion seria bastante' para destruir la union de su gabi- nete con el francés, ni impedir á los dos monarcas de la familia de Borbon, el darse testimonios de su mú- tua amistad y acuerdo. A la pregunta relativa á los preparativos marítimos, respondió verbalmente el general Wall que solo habia veinte buques de guerra, incluyendo las fragatas , las que se empleaban en servicios que especificó , y que las disposiciones v protestas de S. M. seguían siendo las mismas , á sab°er: consolidar y cultivar la amistad tan afortunadamente establecida entre España é In- glaterra. En cuanto á, lo tocante á la respuesta que se diere á las tres preguntas , que no entendía España Ja, importancia que daba Inglaterra á su declaracion de no querer considerar á los ministros franceses como á tri- bunal competente , ante el que consentiria en.que viesen sus reclamaciones. hablando del segundo y ter- cer artículo que los españoles miran su derecho mil- tuo incontestable , y terminaba comparando de un mo- do poco comedido la conducta de Inglaterra, á lo que en el trato privado, se llama ultraje y robo (37). En tanto que se cruzaban estas notas , llegaban al estado, de madurez los convenios de a las cortes de Fran- c ia y España , y se firmó solemnemen te en Versalles 04  CAPITULO SESENTA. (45 de agosto) una alianza con el nombre dada pacto de familia , poco despues de la respuesta dada por el ge- neral Wall á la nota de lord Bristol. En un preámbulo concebido en terrninos de una oscuridad calculada , se dió por motivos de la conclu- sion de este tratado , los lazos de familia y la mutua amistad, objeto se declaró el de dar consisten- cia á los deberes que emanan del parentesco y del afec- to , y el de establecer un monumento duradero , del mútuo interés que debe formar la. base de los deseos de los dos , monarcas y de la prosperidad de las dos familias. Coaviniéronse ambos monarcas en considerar -para lo futuro á toda potencia enemiga de uno , como si fuera enemiga de los dos , garantizándose sus estados respec- tivos en todas las partes del globo ; tales como los po- seía en la época del ajuste de la paz. Estipuláronse tambien en la forma ordinaria mútuos socorros por mar y tierra , esceptuando empero de este convenio las guerras en que Francia Se hallase empeñada á con- secuencia de sus estipulaciones del tratado de Westfa- falia , ó de sus alianzas con los príncipes y estados de Alemania. No debia España prestar socorro ninguno sino en el caso de que alguna potencia marítima tomase parte activa en aquellas guerras , ó si Francia fuese in- vadida por tierra: No se podria hacer á sus mútuos enemigos p ‘ roposi- cion ninguna de paz , sin consentimiento anterior de ambas partes, tanto en tiempos de . paz como en tiem- pos dé guerra. Cada soberano debia considerar los in- tereses de su aliado como suyos propios, haciendo com- pensaciones por sus pérdidas y 'desventajas , obrando de modo como si las dos potencias no formasen mas que una misma nación. Los súbditos de ambas coronas debian disfrutar en sus estados de Europa de todos los beneficios concedidos á los naturales del otro así recíprocamente.  pais, y 4761 .  105 Finalmente , se introdujo una cláusula relativaá la ad.hesion del rey de Nápoles ; así como estipula- cion, mediante la cual no se podria admitir á formar o d trata del d parte tratado, príncipe ninguno que no perteue- p ciese.á la familia de Borbon. De este modo, la cuestion de la guerra ó de la p se hallaba - completamente decidida por las dos córtes -te paz de la dinastía de Borbon; mas corno los galeones des América no habian llegado aun, ni estaban concluidos los preparativos, usaban los ministros españoles toda- vía de un lenguage pacífico, si bien no negaba la union concertada entre las dos coronas. Francia se • condujo con el mismo disimulo , y una semana antes de firmar- se el célebre pacto , se hizo á. Inglaterra otro ofreci- miento que diferia poco de los anteriores , sin que ea él se dijese ni una-sola palabra de las reclamaciones de España, incidente que alió lugar á otra proposicion por :parte de Inglaterra.. En tanto que se trataba (le deslumbrar al gabinete inglés con fingidas negociaciones , v aun antes de que la respuesta del gabinete francés pulese llegar á Lúa- dres, Pitt , con su vigilancia estraordiaaria descubrió las huellas del tratado secreto celebrado entre las cór- tes de Madrid y Versalles. Le bastó esto para creer que tenia pruebas decisivas de un principio de hostilidad; por lo tanto rompió al punto la negociacion , ' con la presteza que era la revelacion de su genio, resolvió adelantarse á, España, declarando la guerra. Abrigaba la esperanza de privarla de sus mas urgentes socorros, interceptando la flota de América á su regreso, quitán- dole los medios de asegurar sus operaciones por medio de ataques iucesaules á sus colonias. Despues de so- meter las islas francesas de las Indias Occidentales, la espedicion destinada para aquella conquist a , refor- zada con tropas de la América del Norte , debia diri- girse á la Habana ,que no estaba preparada para de- lenderse contra una -agresion repentina. Tambien. de- 4 06  CAPITULO SESENTA. biaintentarse al mismo tiempo un ataque contra el ist- mo de Panamá. Aquellos puntos que servían de lazo entre sí á las posesiones orientales y occidentales de España , y de'unas y otras con la Metrópoli ; hallán- dose así ocupadas , se debia enviar otra espedicion á las Filipinas , interceptando las comunicaciones entre el Nuevo Mundo y sus regiones opulentas de Oriente. Sin embargo , el ministro no daba de esta unjan pruebas bastante terminantes para vencer los escrúpu- los de sus compañeros , en quienes la rivalidad política fortificaba la incredulidad. Indignado al ver esta oposi- cion, y no menos irritado por los obstaculos que se ha- bian suscitado anteriormente contra sus planes reforma- dores en otras materias , soltó el timon de la nave del estado , no queriendo , corno él mismo escribió, ser responsable de las medidas que n6 le era lícito dirigir. El conde de A.igremont le remf/lazó ; pero el vérdadero depositario del poder del , gobierno fué el conde de Bute. La repentina retirada de Pitt, y la necesidad en que voluntariamente-se habia puesto el gobierno de sostener el principio en virtud de que habla rechazado la proposicion de aquel ministro , no solo salvó á Espa- ña de un peligro contra el cual no estaba preparada, sino que le dio medios para ir ganando tiempo hasta tanto que se hallase en estado de empezar las hostal- dades con mas ventajas. Por lo tanto, la córte de Ma- drid apresuró sus preparativos , y al mismo tiempo que continuaba las negociaciones, usaba poco áoco del lenguage atrevido de la reconvencion y de la queja. No tardaron mucho en probar los resultados la sa- biduría y prevision de Pitt , y los ministros ingleses á pesar de su incredulidad impolítica con respecto á las protestas de España, salieron por fin del error enque '' estaban al reparar en el , tono lleno de arrogancia de la ,córte de Viena, al ver la actividad de los preparati- vos españoles, y al recibir las noticias que empezaban 4761 .  107 á circular acerca de la conclusion y términos del nuevo pacto de familia. • Con la Misma delicadeza intein )e t. va, ó mas bien con la timidez que hasta entonces hald a servido 'de . ' motivo . para tener resignacion , trataron d e'' impedir, por medio de una negociacion, que tonias España parte en la guerra, hallando en la de,claraciote' del monarca- la justificacion de , aquella hostilidad , _ • imon ( ea - que mostraban tanta repugnancia. Las órdenes dadas á lord Bristol debían dar por resultado la dec • - • 1 r nitiva de este negocio. El general Wall respondió con una -larga série de declamaciones ofensi'vas todas: «Mi soberano , decia, jamás ha podido Conseguir respuesta á las reclamacio- nes que os ha dirigido; vuestros triunfos os han envane- cido, y quereis arruinar á Francia para atacar en se- guida á, España.» Añadió en un tono muy animado'n apariencia al menos: «Puesto que los estados de S.M.. C. están amenazados; yo seré el priméro que aconseje al rey que llame á las armas á sus vasallos antes de ser víctima de vuestra violencia. Vosotros tenéis la culpa de que se haya vue!to desconfiada la nacion española; habeis atacado y saqueado sus hageles, habeis insultado nuestras costas y violado nuestra neutralidad ; habeis desconocido nuestros derechos en nuestros dominios de América, cortando maderas y formando nuevos esta- blecimientos-en el golfo de ' Honduras. Y esto no es todo; habeis privado á los súbditos del rey de España del derecho•que . tenían de pescar en el banco de Ter- ranova. He rogado á mi augusto amo que esperase la .satisfaccion que no podia !unos de dársele por tan re- petidos agravios, y he recibido órdenes para pregun- tar cuando , cómo y en dónde se hará esta repa- racion.» • Las instancias reiteradas del embajador inglés fue- ron primero desatendidas y luego rechazada s , hasta tantoquellegaron por último . los tesoros que se espe.-7 raban hacia tanto tiempo. Tan luego como no se temió 408  CAPITULO SESENTA. que cayesen en manos de los marinos , de la Gran Bretaña (38), el ministro español se espresó en terini- nos nada equívocos acerca de las relaciones de España con Francia:—Es ya tiempo, dijo, de que se corra la venda que cubre vuestros ojos; nosotros no pódenlos consentir que un vecino, un aliado, un pariente y ami- go, corra por mas tiempo el riesgo de recibir la severa le y que le imponga un vencedor insolente. El rey de Francia , añadió, despues de comunicar al rey católico los menores detalles relativos á, la última negociacion, lía resuelto dar publicidad á las condiciones humillan- tes á que se sometia para conseguir la paz , dando á, conocer, al mismo tiempo, las exigencias arbitrarias é injustas de Inglaterra, las cuales han impedido el cum- plimiento de los deseos que ha formado, é inutiliza- do sus buenas disposiciones favorables á la huma- nidad. Lord Bristol insistió en que se le diese una respues- ta categórica al pacto de familia, .y con respecto á esto se remitió el gobierno español á, una comunicacion di- rigida al conde de Fuentes, embajador de España en Londres , quien debía dar cuenta de ella al secretario de Estado. Este escrito • estaba . concebido én términos harto duros; hablábase en él con desprecio de la pro- posicion de anudar .las discusiones que se habian agi- tado con tanta frecuencia é in-utilidad ; en él se defen- dian las condiciones propuestas por Francia, que labia rechazado Inglaterra; en el se presentaban las miras del gobierno inglés como hostiles á todas las naciones que poseian colonias en mares apartados ; y por último, en él se justificaba la intervencion de Francia en las disputas entre la Grau Bretaña y España , como deco- rosa, noble y necesaria , no teniendo por objeto mas que el impedir que estallase la guerra. Como respuesta á la peticion relativa al tratado con Francia, deciase en este escrito: «116 aquí nuestra res- puesta clara y positiva: si, y creemos que hemos hecho 1761. 409 muy bien.» Despues de 'emplear algunas otras espre- siones desdeñosas , se terminaba así : «Estando aho- ra Y. E. informado de todo , segun lo que acabo de es- ponerle, podrá ilustrar al ministerio de viva voz p o escrito , á fin de que no nos acuse -de no contestar oz ó la nota de lord Bristol, y que pueda conocer que seria i 1 a decoroso para la dignidad del rey el sa t isfacer en tod as n- ocasiones la curiosidad del gabinete británico, en tanto que no se ha dado hasta el dia satisfaccion ninguna á sus justas reclamaciones (39).»  • El general Wall , que no quería anunciar la resolu- cion definitiva de su corte, trató por medios de conci- liacion y prudencia de evitar las desgracias que temia tanto como deploraba. No solo escuchó los argumentos del ministro inglés con una condescendencia que daba esperanzas de conseguir una avenencia , sino que difi- rió la conclusion de la conferencia hasta el siguiente dia , tal vez presumiendo producir en este plazo al- guna impresion en el ánimo del rey. Empero, vana fué su esperanza, antes por el contrario recibió órden de usar de un enguage mas firme. En vista de este en- cargo, cuando habló al embajador , hizo la siguiente observacion:—He recibido de mi augusto soberano ór- den de repetiros, que en cuanto al tratado é intenciones de España, no estoy. autorizado á dar mas respuesta que la que contiene mi corhunicacion al conde de Fuen- tes.— Lord Bristol insistió todavía en conseguir una respuesta positiva, añadiendo que—la negativa de dar esplicaciones sobre este punto, seria considerada corno una declaracion de guerra.—El general Wall esclamó entonces con una emocion que descubria sus sentimien- tos:—¿Que sucederáVeneis, pues, órden de retiraros?— Corno le contestasen afirmativamente, replicó:—L a pre- gunta encierra un ataque tan directo contra la dignidad del re y  cr católico, que no- me atreveré á dar dictamen ninguno á, mi soberano, en negocio de esta graveilad.— Sin embargo queriendo aprovecharse de todos 5 110  CAPITULO SESENTA. testos de disculpa  dilacion , pidió que se le pidiese por escrito esta reclamacion. En vista de esto lord.. Bristol escribió al punto en estos términos: «¿Tiene pósito la córte propósito de Madrid de romper, con los &anee-- ses, de conducirse hostilmente ,con Inglaterra, ó de apartarse de cualquier modo que sea de su neutralidad? La negativa de una respuesta categórica será conside- rada como una declaracion de guerra.» Despues de recibir esta carta , se separó Wall de lord Bristol haciendo sinceras protestas de amistad y sentimiento. Cuarenta y ocho horas despues , anunció la declaracion de las hostilidades por medio de una carta que no tuvo sin duda valor para entregar él mis- mo , cu y o tenor era el siguiente: «llabienclome di- cho Y. P. antes de ayer de viva voz y por escrito que tenia órden para pedir una respuesta categórica á la pregunta de saber si tiene intencion España de unirse á Francia contra Inglaterra, declarando al mismo tiem- po que considerarla la negativa de contestar como una declaracion de guerra, retirándose en vista de esto de la córie , estoy autoriz-ado á contestar que el espíritu de discordia y orgullo que ha dictado esta gestion in- considerada, y que por desdicha de la humanidad rei- na todavía ea el gobierno inglés , hace en estos mo- mentos inevitable la, declaracion de guerra , porque es- ta gestion ofende la dignidad del re y . Y. E. puede re-. tirarse cuando guste, y. del modo que mas le convenga;. esta es la única respuesta que S. M. me manda dar- le (40). » A esta carta iba unida una esquela de despedida, en la que por última, vez espresaha su sentimiento y afecto. Despes de algunas dilaciones y hasta algunos in- sultos recibidos, se retiró lord Bristol de Madrid, y desde el mismo dia en que recibió la respuesta del, general all , se dio órden á los -comandantes espa- ñoles de apresar los buques ingleses y embargarlos ea todos los puntos de la monarquía española. 4761.  141 En tanto quz , ocurrian estos sucesos , era tambien Lóndres teatro de disputas y co ntroversias diplomáti- cas cuyo término fue una declaracion de guerra Pu parte de las dos potencias. El 25 de diciembre el con de de Fuentes entregó á lord Egretnont la C01 11Utlica- clon. que tenia encargo de comunicarle ,. acomparián.- do-la con una nota que podía considerarse como un lla- mamiento á la nacion inglesa , en cuyo escrito trataba de echar la culpa de este rompimiento al insoportable orgullo y desmedida ambicion de aquel (Pita) , que habia manejado las riendas del •Estado y que aun estando estas en otras manos las maneja todavía. Justificaba á su so- berano por su negativa de contestar á la reclamacion relativa al .tratado con Francia , diciendo que España habla sido tratada de un modo insultante durante la negociaciou.. Declaraba ademas que el malhadado tra- tado era completamente inofensivo y que no decia re- lacion ninguna con la guerra actual Se habia demos- trado de antemano , decia, á lord Bristol que el modo de obrar de Francia, ofendida por el ministro altanero, no alteraba en lo mas mínimo las leyes de la neutrali- dad ni la sinceridad de los reyes de Francia y Espa- ña. Su augusto amo , continuaba habia ofrecido aban- donar el pacto de familia si se miraba como un obstá- culo para la paz; pero cuando el gobierno francés anudó la negoci.acion sin hacer en ella mérito de España y propuso condiciones muy benéficas y hasta muy honro- sas para Inglaterra , el altanero ministro las habia re- chazado con desdea mostrando su aversion á España, con grande asombro de los individuos del gabinete británico. Par el mismo tiempo se puldicó en París un estricto del tratado b pacto de familia , con notas , cuyo objeto era el quejarse de Inglaterra, 1:-1, quien se echaba la culpa .de la agresion. Por su parte , el rey de España, manifestaba públicamente su contento con motivo de la nueva alianza, concediendo la grandeza deEspaña al du- 1 1 8  4762  1763. El segundo comandante Gonzalez murió en la bre- cha, y el valiente Velasco, despues de luchar denodada- mente contra fuerzas superiores mientras pudo reunir algunos soldados á la sombra de la bandera española, recibió una herida mortal en medio de los vencedores que admiraron su valor. Los sitiadores dueños ya de esta importante posi- cion dirigieron todos sus esfuerzos contra la Habana y contra el-fuerte del Puntal que esta enfrente al del Morro. Establecieron al Este y Oeste del puerto. nueve baterías é igual número de trincheras, y la plaza fue acometida: con un fuego de canon horroroso, acompa- ñado de un bombardeo sostenido. Una ciudad rica, muy poblada y comerciante como era la Habana, pudo resistir apenas al terror de tan, terrible ataque. Sin embargo, hubo bastante energía en los primeros' momentos; pero cuando se apagó el fuego de casi todas las baterías de la plaza y cuando fueron las tropas rechazadas de• sus posiciones, se enarboló por fin la bandera de paz en diferentes pun- tos de la muralla y en los buques del puerto. Se enta- bló al punto una negociacion para la rendicion de la plaza, y el gobernador fundándóse en las pérdidas la e habian sufrido los sitiados, y en la proximidad de estacion de las tormentas, hizo vanos esfuerzos pa- ra salvarla escuadra y lograr la declaracion de la neu- tralidad del puerto. Se le concedió una capitulaciort honrosa, en virtud de la cual novecientos hombres que' quedaban de la guarnicion debian enviarse á España; la forma del gobierno y la religion continuarían bajo el mismo pie que hasta entonces, los oficiales y gobernado- res pertenecientes á otros departamentos coloniales, se- rian conducidos áEspaña con todos los miramientos po- sibles. Así es como despues de una lucha que habla du- rado dos meses y diez días, los ingleses se apoderaron de la Habana y de un territorio de sesenta leguas al Oeste, con un botín de 15.000,000 de duros, im- CAPITULO SESENTA Y UNO.  119 porte de las propiedades per tenecientes al gobierno cantidad de _  ad español, sin contar el valor de la inmens los ns l a antid municiones militares y navales, y el d la escuadra que no fueron destruidos durante ue de el sitio ls mea, y tres v cuyo número era el de nueve navíos de fragatas (43). , p.st Apenas habia llegado á Madrid la noticia de e (  ali desastre, cuando se supo la pérdida de Manila , t de la isla de Luzon , plaza no menos importante eri t Oriente que la Habana en el Occidente. De Madrás se destacó una fuerza de dos mil trescientos hombres mandados por el general Draper , la cual llegó á•Luzort (24 . de setiembre) antes de que los españoles recibiesen la declaracion de guerra. Esta espedicion desembarcó protegida por la escuadra, ocupó el arrabal de la ciu- dad, y se preparó para el ataque. El arzobispo que desempeñaba interinamente el destinó de gobernador, desplegó mayor denuedo y mas distinguida capacidad militar de lo que era de esperar de su estado. No pudiendo impedir el desembarque, llamó á las armas á, los indios para hostilizar á los sitia- dores , en tanto que una guarnicion de ochocientos sol- dados trataba de impedir que se acercase el enemigo al frente de la plaza. Pero ni las tormentas de la mon- zon, ni los esfuerzos de los españoles y de los indios aliados suyos , pudieron conseguir el moderar el irn- pe tu de las tropas inglesas. Los Indios fueron rechaza- dos con *una pérdida considerable. Se empezaron las obras del sitio con toda actividad, y doce dias despues del desembarque , fueron tomadas por asalto las forti- ficaciones. Al cabo de varios dias de saqueo y de de- sórden, que fué imposible evitar al arzobispo y co- mandante que se habían encerrado en la ciudadela, pu- dieron por fin ajustar una capitulacion. Se salvó la ciu- dad de una destruccion completa, gracias á la genero- sidad del vencedor , ó mejor dicho á su avaricia , pues aceptó como rescate 2.000,000 de duros v una letra de 120  1762.-1763. igual cantidad , pagadera por el tesoro español. Apo- kráronse los ingleses de varios buques que estaban anclados en el puerto , y de una gran cantidad de mu- niciones de guerra. A este triunfo no tardó en seguirse la toma de los navíos Manila y Santísima Trinidad, valuados en 3.000.000 de duros (4k). La sola compensador' de tantos desastres fué la to- ma de la colonia del Sacramento, objeto dé tantas con tiendas con Portugal. Los españoles apresaron allí veinte y seis buques ingleses con ricos cargamentos, ast como con muchas mercancías y municiones de guer- ra y marina , valuadas en 4.000,000 de libras esterli- nas. De este modo paralizaron los esfuerzos de algunos aventureros tanto ingleses como portugueses , quienes llevados de la sed de saqueo , se proponian atacar á Buenos-Aires. Llegó en efecto la espedicion al rio de la Plata , poco tiempo despues de la rendicion del Sa- cramento ; pero privados de los socorros que esperaban allá, en esta colonia, limitaron los aventureros -á vanas tentativas , en as cuales, empero, perdieron á, su gefe , y una parte conside r able del armamento. No sin gran trabajo llegaron á ilio Janiero los restos de la es- pedicion (45). Los esfuerzos que hizo España no tuvieron éxito ninguno en Europa, y sin embargo, no tenia que luchar mas que con un enemigo cuya situacion era lastimosa. Todavía Portugal no se habla rehecho de los resul- tados desastrosos del terrible terromoto que en 1755 habia convertido la tercera parte de la capital en un monton de ruinas. El descontento público, causado por las sangrientas ejecuciones de los nobles que habían conspirado contra el rey , y por la espulsion de los je-• cuitas todavía no se había calmado. Cuantos , por lazos de amistad ó vínculos de familia , se interesaban por la suerte de los perseguidos, y los que llevados de preo- cupaciones religiosas eran partidarios de los jesuitas, aquellos en fin que se rabian opuesto al gobierno de CAPITULO SESENTA Y DOs.  424 Pombal,  n ciertamente no estaban di spuestos á in molar- se en defensa de un gobierno que a borreciau ini y qua«. consideraban como despótico y san guinario. Etlel' er.dt: estaba en el mayor abandono á causa de la tenacidad con que el ministro sostenía su sistema favorito de p-. ° Mica. Todas las fuerzas militares reunidas, no esced. del número de veinte mil hombres mal armados é in- disciplinados, tanto que los oficiales subalternos se habían visto obligados á entregarse á ocupaciones me- cánicas. Ninguna fortaleza se hallaba en estado de sos- tener un sitio , y para colino - de desventura , se habia el gobierno enagenado el favor de Inglaterra , constan- te y natural aliada de la casa de Braganza , á, causa de las infinitas violencias y vejaciones que su comercio es- perimentaha por parte de los portugueses. Recurrió el rey á las principales potencias con quie- nes estaba ligado por tratados ó interés ; pero Inglater- ra fué la única que le manifestó en su desdicha una amistad generosa, sin mezciade ningun interés particu- lar ó político. Sin embargo, antes de que recibiese ausilios eficaces , sus estados fueron invadidos por el ejército español. Un cuerpo de veinte y dos mil hombres man- dado por el marqués de Sarria , penetró en las pro- vincias situadas al Norte del Duero, sometió á Bragan- za ,_ Miranda y Torre (le Moncorbo, asustando de tal modo á los habitantes de Oporto , que se trataba ya de retirar la factoría inglesa. Triunfante el ejército espa- ñol halló resistencia en los paises montañosos , cuya poblacion , valiente y atrevida, voló al punto á empu- ñar las armas haciendo una guerra de puestos continua y terrible dirigida por hábiles oficiales ingleses. Em- pero , no logró esta resistencia pronta y animosa impe- dir que un cuerpo de ocho mil hombres penetrase hasta la provincia de Beira , al Sur del Duero , tomase posi- ciones cerca de Almeida , y permaneciese allí durante las grandes calores del estío. Entonces fué cuando las cortes de la familia de Borbon juzgaron que era opor- e 422  1762.-1763. tuno justificar su agresion por medio de una declara- cion de guerra. En el mes de agosto el conde de Aran- datomó el mando del ejército, atacó á Almeida y des- pues de un sitio de nueve dial , obligó á la guarnicion que se componia de mil quinientos hombres á entregar- se prisionera de guerra. Durante estas operaciones , llegaron de Inglaterra subsidios y socorros. El conde de la Lipp, oficial ale- man , cuya capacidad era estraordinaria , mandaba las fuerzas que deban ausiliar á los portugueses , las cua- les concentró en Ponto de Marcella á fin de impedir que los enemigos avanzasen al Norte. En tanto que se hallaban ocupados en el sitio de Almeida , destacó al brigadier general Bourgoyne con objeto de que cruzase las montañas por Gasten da Vida , para atacar una di- vision que se formaba en Valencia de Alcántara, con objeto de efectuar una inva,sion. á las orillas del Tajo. La espedicion fue dirigida con denuedo y habilidad; hizo Bourgoyne una marcha forzada de cinco dias , á través de un pais cortado y montuoso , sorprendió un destacamento español que hizo prisionero, destruyó una cantidad considerable de armas y municiones , y con- tinuó gracias á este triunfo, dividiendo la atencion de los españoles , y obligándolos á cambiar de plan de- campaña. Despues de la toma de Almeida, renunció el con- de de Aranda á todo movimiento por la parte de la ciu- dad, dejó en esta una guarnicion y otra en Ciudad-Ro- drigo , dirigiendó su marcha hacia Caste! Franco , con intento evidente de pasar el Tajo y penetrar en el Aten- tejo ; pero se adelantó su vigilante adversario , quien con el cuerpo principal corrió á Abrantes , que puede llamarse la llave de Portugal en el Tajo , establecien- do destacamentos considerables en Albite y Niza para impedir el paso de este do á Villavelha. El general es- pañol atacó y tomó la posicion de Albite; pero en tanto que se ocupaba en perseguir á los portugueses poi' las CAPITULO SESENTA Y UNO.  4 2 3 montañas , en la direccion dé Codigos , Bour g oyne q e mandaba en Niza, envió un destacamento de sus t u- del otro lado del Tajo, y sorprendió un cuerpo de es ,a _ fioles en Villavelha. Los españoles se vieron , po '' r lo tanto empeñados eu una guerra de puestos, en unpais montuoso y dificil. Las lluvias de otoño atajaron pi un- to el vuelo de los demas proyectos , así es , que los es- pañoles se replegaron ásus fronteras , con propósito de esperar la llegada de los refuerzos franceses que se ha- llaban en camino. Los anglo-portugueses , alentados con este triunfo, y reforzados por nuevas tropas , se establecieron en una línea que se estendia desde Abran- tes á Guarda, y el cuerpo de Bourgoyne se quedó en Niza para cubrir el paiswal Sur del Tajo (46). Harto conocía España el carácter atrevido y em- prendedor de sus enemigos para no esperar , despues de tan inútil campaña , que hubiese represalias en las costas y fronteras. En tan notable ocasion, se agru- pó el pueblo al rededor del estandarte de su soberano y desplegó toda la firmeza y energía del carácter nacio- nal. 'Los aragoneses , de acuerdo con las provin- cias de Murcia, Granada , Valencia y Cataluña, pre- sentaron al rey un mensage que recordó aquel espíritu caballeresco que han mostrado, en todos tiempos, en los grandes peligros que han amenazado á su pais. Damos aquí traslado de este hermoso monumento de patriotismo.  . « La nobleza de vuestro reino, sosten de la corona de Aragon , uno de los mas bellos florones de la vues- tra, suplica á. V. M. que le confíe la defensa de las cos- tas de este pais: pide ademas permiso para luchar con los ingleses, quienes en escritos públicos é insolentes, han ultrajado á vuestros vasallos, los intrépidos espa- fioles. Si tina larga paz ó querellas de escasa importan- cia han impedidte  el dia el que los nobles castella- SEÑOR: 124  1762.-1763. nos mostrasen aquel ardimiento de que en tiempos antiguos y modernos, han dado tan manifiestas prue- bas, tanto en el viejo como en el nuevo mundo , ardí-. miento que tan fatal rué á esos mismos inglese atreven ahora á insultarnos; la lucha en que peñada España, ha dado á conocer que su valor guer- rero no se ha extinguido aun, y que todavía los animan iguales hidalgos sentimientos. No merece , señor , ser llamado noble, ni lo es, quien no ganó este hermoso dictado con hazañas y hechos valerosos de armas aco- metidos en defensa de la patria. « Arde en nuestros corazones el deseo de luchar por tan bella causa, volando á la defensa del pais. Rogamos á V. M. que acepte la mitad de nuestras fuerzas para combatir en tierra enemiga, sin esperar á que el con- trario venga y nos ataque en nuestros mismos hogares; bastante tenemos con la otra mitad de nuestras fuerzas para rechazarlos de las costas, si tienen la temeridad de acercarse á ellas. No nos cuidaremos de la naturaleza de los puestos á que quiera Y. M. destinarnos, ni menos del pais á donde se nos envie ; no pedimos recompen- sas; bastante es para nosotros el mostrar nuestro arrojo' al enemigo, obligándolo á que conozca cuanto amamos nuestro pais. Vuestros enemigos, señor, conocerán que España es una nave sostenida por dos áncoras en la tempestad, que son la religion y sus costumbres. A. imitacion de los romanos que mendigaron la paz de nuestros antepasados , encarecidamente pedimos á Y. M. que no laconceda sino hallándose en el seno de la victoria. Este es, señor , el momento de dar cuanto brillo merece á la gloria de la nacion: humillemos con vuestro amparo á la altanera Inglaterra, que loca sueña con la destruccion de toda la Europa. Corno su único objeto es el comercio, esto es, su provecho avariento é ilícito, con pesar lucha contra una nacion guerrera que no conoce la bajeza ni abriga mas sentimiento que el amor de su rey y de su patria. CAPITULO SESENTA Y UNO.  125 «Puede necesitarse dinero en Lóndres, como en otro tiempo se necesitaba en Cartagena ; pero la virtud, la constancia y el arrojo no escasearon jamás entre noso- tros, como jamás escasearon entre los antiguos romanos. Vuestros enemigos, señor, se . destruirán por sí mismos á causa de !Os esfuerzos violentos que se verán precisa- dos á hacer á lin de poderse defender contra noso- tros (47). » Si las desdichas no habian entibiado el ánimo de esta magnánima nacion, los anteriores desastres hahian agotado los recursos de las dos monarquías de los Borbo- nes. No alimentaban á España aquellos decantados manantiales de riqueza ; las comunicaciones con las colonias estaban cerradas, su marina destruida, su ejér- cito mermado y sobre todo desalentado despues de tantos esfuerzos inútiles hechos en la última campaña, que habia empezado, empero, con tan lisongeras apa- riencias de éxito. Francia , amenazada fuera por un enemigo implacable , hostigada por continuos desem- barques , sin comercio y sin crédito , presentaba el mismo aspecto de miseria y desaliento que en la época en que el poderío de Luis % 'XIN sucumbió ante los es- fuerzos de la grande alianza. A tantas calamidades públicas preciso es añadir el desarreglo de un monarca que se entregaba á sus goces, á la avaricia, por no decir .mas, de su manceba y parciales, y la impopularidad de- un ministro á quien ciertamente no faltaban pensamien- tos elevados; pero cuy as buenas prendas afeaba un de- sasosiego perturbador. Finalmente , se consideraba la alianza con Austria como una calamidad pública, y hasta $ e miraba del mismo modo la union con España, aunque • a Poyada por los lazos de familia y por la conformidad de las opiniones nacionales. Se creía que antes bien era -una carga que un beneficio. En tan lastimosa situacion, era la paz el objeto de los deseos de ambos soberanos, que la anhelaban con tanta sinceridad y empeño como era grande su cornua miseria. Afortunadamente para 426  1762.-1763. ellos no tenian que temer el hallar en el gabinete britá- nico, la voluntad firme y resuelta de un hombre de estado, que lleno de elevacion hubiera conocido y sabi- do juzgar los beneficios que podían resultar de este estado de cosas para su pais y que hubiese estado dispuesto á, sacar partido de ella. Por el contrario, am- bos ministros tenian que habérselas con un ministro amigo de la paz por carácter y principios, que conocia cuán inferior era al inmenso deber de dirigir con fruto la máquina complicada confiada á su cuidado. Cierto es que, en cuanto renunció Pitt, lord Bute habia hecho proposiciones al Austria y á, Prusia, con ánimo manifies- to de arreglar sus desavenencias, pero se veia claro que era grande la frialdad con que se dirigía al úl timo reino. Retiró, al poco tiempo, el subsidio que se daba á, Prusia á fin de impedir que la lucha se prolongase en. Alemania , manifestando así claramente , con el modo como dirigía la guerra y con su política interior, que deseaba la conclúsion de la paz. Su conducta con Prusia dió lugar á la renuncia del duque de Newcastle , que habia consentido en la calda de su enemigo , y que habia continuado en el ministerio á pesar de su salud delicada, con la esperanza de recobrar el ascendiente de que !labia gozado en otro tiempo (26 de mayo) Lord Bute fué sucesor su y o en el tesoro y concentró en su persona todo el poder delestado, y por efecto de las últimas renuncias de los individuos del partido wigh, quedó sin rival en el consejo. En vista de esto , fácil le fué proseguir ea la ejecucion de sus planes con mayor vigor y actividad igual. Estas circunstancias produjeron una comunicacion directa entre Francia é Inglaterra (setiembre) ). Su mú- tua inclinacion á la paz las movió á una y otra, á man- dar dos comisarios elegidos entre los nobles mas distin- guidos de cada pais. El duque de Bedfort salió para Paris, y el duque de Nivernois para Lóndres. No fué dificil el ponerse de acuerdo en punto á los primeros CAPITULO. SESENTA Y UNO.  427 puntos que produjeron el rompimiento ; pero los %ego- cios de Alemania dieron lugar á una d iscusion. bastante complicada, si bien , de corta duracion, por la razon que Austria y Prusia estaban ambas des contentas de d sus respectivos aliados, animadas hasta el mismo grado del deseo de continuar la guerra. Se las dejó , pue s, que arreglasen sus desavenencias, y ambas córtes de la familia delBorbon, así como Inglaterra, convinieron con. igual satisfaccion en llevar á cabo cuanto antes su avenencia. (10 de febrero de 4763) Mediante el tratado defi- nitivo que se , firmó en París, cedió Francia á In- glaterra la Nueva Escocia , el Canadá , con el pais al Este del Mississipi hasta Ibbeville , que hasta entonces habla formado parte de la Luisiana , la isla del cabo Breton con los islotes y costas del rio San Lorenzo , conservando tan solo el privilegio de pes- car en el banco de Terranova , con ciertas restric- ciones que se especificaron. En las Indias Occidenta- les, cedió la Dominica, San Vicente y Tabag . o ; en las costas de África, el rio Senegal. En el Oriente, abando- naba las adquisiciones que Babia hecho en la costa de Coromandel y Orija, desde 1749 ; no conservaba tropas ningunas en Bengala. Dunkerque debía quedar reducido al mismo estado determinado en el tratado de Aquis- gran y otros posteriores, y todas las demas conquistas habrían de devolverse por ambas partes. Tambien España tuvo que rescatar la restitucion de las conquistas de los ingleses con la cesion de la Florida y de los territorios ál Este y Oeste del Mississipi. Reco- noció ademas, en los súbditos del rey de Inglaterra el derecho de cortar maderas en Honduras y en los demas puntos del territorio español; pero tuvo habilidad para eludir esta concesion, estipulando que serian demolidas todas las fortificaciones edificadas en aquellas comarcas. Tambien abandonó formalmente el derecho, reclamado por tanto tiempo , de pescar en el banco de Terranova. 428  4762. --463. Las tropas francesas y españolas debian salir de Portu— gal y la colonia del Sacramento debia restituirse otra vez. Por medio de un arreglo particular, logró España de Francia lo que le quedaba de la Luisiana , como com- pensacion de la pérdida de la Florida (48). La querella que reinaba entre Austria y Prusia, despues de una disputa muy viva , pero de corta dura- clon, se arregló en la paz de Ilubertsburgh , que dejó á, entrambas partes en el mismo estado que tenían antes de la guerra. Los príncipes de Alemania fueron com- prendidos individual y colectivamente en este trata- do (49) . CAPITULO LXII. 1764. Renuncia de Wall—El marqués de Grimaldi esnombrado ministro de esta- do.—Descripcion de la corte y del ministerio de España, por el conde de Rochefort.Medidas de Cárlos para consolidar su alianza con Francia. —Alianzas matrimoniales entre las casas de Austria y Borbon.--Nega— tiva de admitir á la emperatriz reina á formar parte del pacto de familia. En cuanto quedó ajustada la paz, se dispuso el ge- neral Wall á dejar del todo el ministerio. Obligado á. sacrificar sus principios á la política dominante de la córte, víctima de los celos nacionales, espuesto cons- tantemente á las intrigas de los partidarios del sistema francés, y á las sordas intrigas de los napolitanos que rodeaban á Cárlos III, tiempo haciá que seguía con pe- sar desempeñando su empleo. Sus deseos todos se ci- fraban en abandonar un puesto en donde se veia abru- mado por un trabajo penoso, y por toda la respons,abili- dad ministerial, aun cuando no tuviese ya poder. En vista de esto, pidió varias veces al -monarca permiso para retirarse; pero no pudo conseguirlo, porque no solo profesaba Cárlos III aversion manifiesta á todo cambio, sino que se hallaba sobrado satisfecho de su. integridad y mérito para renunciar á sus eminentes servicios. No pudiendo lograr lo que apetecia, creyó que débia valerse de un pequeño ardid, harto perdo- nable por cierto, á fin de conseguir su libertad y el re- poso amado á que aspiraba Empezó á quejarse de su- frir vabidos y de ir perdiendo notablemente la vista. fin de probar mejor esta enfermedad supe esta, poco 1103 Biblioteca popular.  T.  98 13a  4764. antes de presentarse ante el rey, frotaba los párpados con un ungüento que producia una inflamacion momen- tánea. Cuando salía, llevaba siempre antiparras, y este ardid produjo el efecto apetecido, porque el rey, aun- que muy á pesar suyo, aceptó la renuncia de tan buen servidor. Dejó este, con júbilo, un ministerio incomo- do, retirándose cargado de honores y recompensas, premio de sus largos y leales servicios. Era muy superior á los cálculos de la ambicion, y demasiado contento de haberse escapado á las tor- mentas de la vida política con estremada .felicidad, para no renunciar á todo deseo de conservar ni sombra de influjo, al salir del ministerio. Redujo sus relaciones con la córte á las muestras de respeto y gratitud que debia al , soberano, y le valió su conducta moderada y comedida la estimacion y miramientos de los que an- tes hahian intrigado contra él.. Despues de su renuncia, residió unas veces en el Soto de Roma, palacio real si- tuado en la vega de Granada, y otras en el Mirador, hermosa casa de campo inmediata á tan nombrada ciu- dad, Amáronle los habitantes de aquel reino , por su cortesía, elegancia de modales, buenas costumbres, y gracias á los socorros caritativos que se complacia en distribuir. Murió en 4778 (50). El duque de Choiseul dominaba completamente por entonces en la córte de España, no teniendo rival su influjo. A Wall lo remplazó en el ministerio Grimaldi, embajador de España en París, estrangéro tambien, pe- ro muy diferente de su predecesor por carácter v prin- cipios. El marqués de Grimaldi era segundon ~ de una casa ilustre de Génova. Estudió,, siendo niño, para se- guir la carrera de la iglesia, y fué á Roma, tanto para acabar, su educacion, como con intento de figurar en aquel vasto teatro de negocios religiosos y . políticos. A. lo que parece recibió órdenes menores, sin continuar despues la carrera eclesiástica. A fines del reinado de Felipe V su pequeña república CAPITULO SESENTA Y DOS.  131 lo envió á España con una mision di plomática. Era mu y cuidadoso de su persona y le llamaban g eneralmente e l bello abate. La amenidad de su trato y sus agradable de su modales hicieron tanta impresion corno l ec fisonomía. Estas ventajas le valieron el favor yrotec- cion de varias personas que gozaban de mucho crédit en Madrid. Halló medio de desplegar su capacidad y amabilidad en una córte en que todo estrangero de al- guna capacidad y de un estertor agraciado podia estar seguro de ser bien recibido. Al cabo de. poco tiempo abandonó el trage eclesiástico y el servicio de una pe-1 qUeña república para ocupar un lugar en la adminis- tracion civil de España. A lo que parece, á causa de sus principios políticos y adhesioa á Francia, lo tomó Ensenada bajo su pro- teccion , durante el reinado de Fernando. Á. causa de esto mismo fué empleado en varias misiones 'á Viena, Hanover, el Haya y Estocolmo. Llegó á tan tó)que En- senada trabajó para que se le diese la embajada de In- glaterra en lugar de Wall, mas tarde, lo nombró emba- jador en París Cárlos III, en cuanto subió al trono. Consiguió inspirarcompleta confianza al ministro Choi- seul, y fué el agente principal del cambio político que. produjo el pacto de familia. Desempeñó este impor- tarte destino durante la guerra, y despues hasta tanto que al verificarse la renuncia de Wall fué nombrado ministro, pudiendo así realizar los pensamientos de los dos monarcas de la casa de Borbon. Nos parece oportuno el presentar aquí al lector el retrato, no menos animado que verdadero, de los prin- cipales personages de la córte de Españaen los momen- tos en que se verificaba este cambio de la administra- clon. Será. como una continuacion del que hemos dado de la misma córte al advenimiento de Cárlos. El nuevo embajador en Madrid escribia lo que sigue. 132 4764. lar «Lord Roche fort al conde de Hallifax Madrid á 13 de enero de 1764. SEÑOR CONDE; « Como hace tanto tiempo que no hay embajador de Inglaterra en esta córte, es harto natural el pensar que tenga deseos S. M. de recibir algunos detalles relativos á su estado presente. Desde que he llegado á Madrid, no solo he tratado de adquirir los mejores datos posi- bles, sino que no he de j ado de asistir á la córte de S. M. C.; ademas he cultivado el trato de las personas. con quienes se consultan los negocios públicos, así co- mo de otros personages que, por sí mismos ó por me- dios indirectos, pero seguros, tienen motivos para sa- ber todo cuanto pasa. «Empiezo por S. M. C., y segun mi opinion es ine- saeta la creencia de que es un príncipe débil y sin energía. Si quisiera tomarse el trabajo de vencer su, desmedida pasion á la caza, ocupándose de los nego- cios del gobierno, os aseguro que seria muy superior en el despacho á todos sus ministros. Pero la gran des- dicha está en que esta diversion favorita le roba todo el tiempo; por lo cual, deshaciéndose cuanto antes puede de sus ministros para ir á caza, no tiene profundo co- nocimiento de los negocios. Sin embargo, su modo de ver el estado de Europa y lots intereses políticos de España, es bueno y exacto, y dificil seria el engañarlo en este punto. Su permanencia, ó por mejor decir, su tenacidad eirseguir los principios que ha adoptado una vez, impedirán que susministrosden paso ninguno Con- trario á los pensamientos de su rey. Ciertamente que S. M. C. no deseaba romper con nosotros, y los que lo conocen bien, me han asegurado que se llenaron de asombro cuando lo vieron resuelto á esto, p orque fue; esta la vez primera que cambió de parecer. CAPITULO SESENTA Y DOS.  4 33 « He sabido, por el mismo conducto, y es autoridad digna de tódo crédito, que muchas veces ha dicho et embajador francés a sus confidentes que la revelacion del pacto de familia fué una astucia del duque de Choi- seul,.para empeñar á esta córte en la guerra, lo que prueba evidentemente que él (el embajador) no habla en esto tenido mucha parte, y sobre todo que el prin- cipal instrumento fué Grimaldi. S. M. C. lo sabia tan- to que cuando llamó á Grimaldi, escribió de . su propio puño á S. M. cristianisima , nombrando al sucesor de Grimaldi, á fin de quitar- cualquier protesto para que permaneciese algun tiempo, tan persuadido estaba del influjo que el gabinete francés tenia con 'Grimaldi. Preciso es confesar que S. M. C.tiene elevada opinion de su habilidad, en asuntos con gabinetes estrangeros. «Lo que mas desea en la actualidad el rey de España, es que no se altere la paz. Si no tiene conviccion com- pleta de que lo engañó la córte- deFrancia, por lo menos abriga bastantes sospechas para estar atento, y de vez en cuando suelta algunas' palabras relativas á este pun- to. Me parece oportuno contar á Y. E. lo que pasó úl- tirnamente en esto , porque aunque el asunto no sea muy importante , se puede empero traslucir el modo de pensar- de este soberano. Como se. hallase examinando las obras del palacio que mandó edificar, Grirnaldi, que es poco callado, puso reparos á ciertos puntos de arqui- tectura. Dirigiéndose entonces el rev al duque de Lo- sada , le dijo : —Quisiera que todo lo hiciera á la fran- cesa, y á mí me gusta mas mi sistema. Esta y otras muchas observaciones parecidas que omito referir á V. E. , prueban que S. M. C. no está dispuesto ventajosamente á favor de los franceses , y que el que desee guiarlo por este camino se espone, porque el rey tiene mucha penetracion , y tal vez fin- girá el acomodarse á las miras de sus ministros hasta tanto que penetre su modo de pensar. Mas dé una vez ha sucedido que les , ha dicho con suma sorpresa suya, 434  1764., que no entendian una palabra de tal ó cual negocio, del cual quería encargarse el. «Bien conoce el rey que el pais se halla estenuado, -v no tardará en conocer que carece completamente de recursos. Sus gastos particulares de caza , construccio- nes , caminos , etc. , etc. , son muy crecidos, y Squila- ce pasa muchos apuros para buscar dinero. Por eso se d& tanto estímulo á la introduccion de géneros éstran- geros , porque los derechos que pagan de introduccion proporcionan recursos prontos y disponibles, de lo cual resulta que las manufacturas del reino caen diariamen- te por falta de capitales con que sostenerlas. «El rey , los ministros y la nacion , no desconocen su debilidad, el esperimento de la última guer- ra y reparano en su presente situacion. Es, pues , evi- dente, y harto me lo repiten que se conformarán con los términos y condiciones del último ,tratado defi- nitivo. «V. E. conoce sobrado el carácter de Grimaldi; no deja de tener cierto mérito ; pero ignora completamen- te cuanto dice relacion con el comercio, ó mas bien desconoce los verdaderos intereses de España en este punto. En mis conferencias con él , le ha acontecido el jactarse de haber deslumbrado á, los franceses y de ha- ber conseguido ventajas considerables para el comercio español , en el pacto de familia. Hablando de nosotros, declara positivamente que lo único que desea es que los últimos tratados entre España é Inglaterra sé eje- cuten escrupulosamente , y en esto yo soy de su mis- Ina opinion, «A su llegada á Madrid, se condujo .Grimaldi de un modo altanero é insolente en estremo , espresamente como los ministros estrangeros, sin. esceptuar al emba- jador de Francia. Todos lo trataban con una considera- clon algo servil ; pero mas tarde han cambiado , que- dando cada uno en el lugar que le corresponde. En cuanto á mí , desde el principio me trató de diferente CAPITULO MIENTA Y DOS  135 modo , haciéndome mil distinciones y protestas de aprecio; Oro no cumpliria con mi deber si ocultase á Y. E. que su predileccion á Fran c ia aumenta de dia en dia. Preciso es . que sea muy estremada paraue inspire celos al mismo embajador francés , quien qu hiendo que sigue Grimaldi, correspondencia particular con el duque de Choiseul, es ahora mucho mas circuns- pecto que antes en sus relaciones con el ministro espa- ñol, que es mas francés que él mismo. Sin embargo, sé por buen conducto que ha recibido órdenes de su á  b 0.o- bienio para ayudar á Grimaldi á derribar Squilace, lo cual hace que su posicion sea mas desagradable to- davía. A decir verdad , es completamente indiferente para el duque de Ossun, embajador de Francia, que los negocios de su córte se manejen por una ú otra perso- na, porque lo único que desea es permanecer aquí tres ó cuatro años mas. ((La última cosa que hizo antes de retirarse el gene- ral. Wall , fué el dejar sus amigos á Grimaldi, que son los únicos que este tiene aquí. Los principales son, Fuentes que ha estado empleado en Lóndres , el prín- cipe de Masserano , y el conde de Aranda, á quien se creyó durante algun tiempo destinado para ocupar el lugar de Grimaldi ; pero que en el dia trata de entrar en el ministerio de la guerra , contribuyendo á la calda de Squilace. A estos hay que añadir don Agustin de Lla- no , oficial mayor de la secretaría de Estado , el cual, aunque en tiempos del general Wall desempeñaba este mismo destino , ha sido uno de los partidarios mas de- clarados de los franceses. «No se había reunido el consejo hacia mucho tiem- po , pero Grimaldi con mucha destreza consiguió que se acordase el celebrar una reunion una vez por semana con Squilace y Arriaga , ministro de Marina. El mismo soberano dió órden para que así se efectuase , lo cual no agradó á los otros dos ministros. Sin esto no l!ullle- ra podido tener conocimiento ninguno de lo que l'Itere- 436  1764. - sa saber á un ministro de Estado , en vez de que así se hallará al corriente de cuanto dice relacion con los ne- gocios interiores , y principalmente con et comercio, hallándose en estado de hablar al rey de estos objetos. «Squilace , ministro de Hacienda y Guerra , es per- sona de humilde nacimiento , gran trabajador y amigo de ocuparse de todo. A pesar de los clamores que con- tra él se elevan de todas partes, creese completamente seguro de su destino. Sin embargo , no lo están tanto- sus amigos , porque oí el otro dia que decía á uno de ellos rey me conoce , yo conozco al rey; así, pues no abrigueis el menor recelo.—Las protestas de amistad que me hace me parecen sinceras, y cada dia será mas afecto á Inglaterra, aun cuando no sea mas que por obrar de un modo diametralmente opuesto á Grimaldi. De algun tiempo á esta parte se muestra muy asiduo con Ensenada, á cuya disposicion esta el duque de Lo- sada. La capacidad de este es muy escasa; pero es un. hombre muy de bien , por lp que le estima el rey mas que á nadie, dispensándole hace muchos años una con- fianza ilimitada que nunca ha sido turbada por ningun recelo. Squilace , pues, á Losada por medio de Ensenada , y á esto dee á lo que entiendo, el gozar de mas valimiento con el rey que el mismo Grimaldi. Toda su sistema se limita á conservar la amistad de su amo , conducta que es mucho mas grata á S. M. C. que todas las máximas que quisiera inspirarle Grimaldi. «Don Juan de Arriaga , ministro de Marina y de In- dias es persona de rectas intenciones , pero sometido ciegamente á los jesuitas y aun cuando se reune á, menudo con los otros dos ministros , jamás se le pide su parecer en materia que no diga directa relacion con su ministerio. Debo añadir que segun mis observacio- nes , trata Grimaldi de inspirarle mas energía; pero ya sea por indolencia 6 por hipocresía , no contraria á lo que entiendo en lo mas mínimo, los planes del podero- so ministro (51). -~"1"1111.1~11~ CAPITULO SESENTA Y T RES.  443 tre Francia y España por una parte , y por otra In er la- terra y Portugal , las cuales llegaron á un que ue un año despues de la conclusion de la paz , las princi— pales potencias que habian tomado parte en las guer- ras anteriores manifestaban ya deseos de lucha. Las disputas interminables entre Inglaterra y Es- paña relativas a los'establecimientos y comercio inglés en el golfo de Honduras se aumentaron con los artículos mismos del tratado que tenia por objeto el terminarlos. El consentimiento impolítico de Inglaterra para la de-- molicion de todas las fortificaciones en aquella cos- ta (57) , hizo que los colonos cayesen en manos de los españoles. Mientras los límites no se hallaban bien es- pecificados, daba lugar este descuido á frecuentes vio- laciones del territorio español y á vejaciones por una y otra parte. El mal crecia á causa de los continuos es- fuerzos que hacian los colonos para comerciar subrep- ticiamente en el interior hasta en la misma ciudad de Méjico, y de la proteccion que daban los españoles á los negros cimarrones ó prófugos , que eran quienes se empleaban principalmente en el corte de maderas. En virtud de órdenes comunicadas por el ministro Arriaga, obligando á los colonos á ceñirse á la letra del tratado , el gobernador de Yucatan y el comandante de Bacalaar prohibieron toda comunicacion en general , y exigieron que los colonos presentasen un permiso for- mal , ya fuese de su mismo soberano , ya del rey de España. Siguió á esta interrupcion la espulsion de los colonos de la costa , por no considerarlos como com- prendidos en los límites determinados por el último tra- tado (dicieMbre de 4762); se les mandó que saliesen de Rio Hondo en el espacio de dos meses, y fueron confi- nados á la orilla meridional de Rio Nuevo, y tanto ea este punto como en Rio Wallis se les prohibió que gasea á distancia mayor de veinte leguas lejos del mar. A causa de estas disposiciones ,  lle— fueron. espulsados de sus habitaciones mas de quinientos colonos con pérdida 444  .1764.-1765. de sus bienes , que podian valuarse en 108,000 du- ros (58). Por la misma época , la enemistad secreta que ha- bia contra Portugal se manifestó en la repugnancia que mostró España en restituir la colonia del Sacramento, en las quejas relativas al comercio de contrabando en. Buenos-Aires é interior del Paraguay, y en la disputa relativa á las fronteras mal señaladas de las dos colo- nias. Dirigiéronse inmediatamente varias representacio- nes á la córte de España ; y en tanto que el ministro español trataba de alucinar á la córte de Inglaterra con una negociacion aparente reuniéronse tropas en Gali- cia y Estremadura , y se hicieron todos los preparativos necesarios para que empezasen de nuevo las hostilida- des. Por el mismo tiempo , concibió ó aprobó Choiseul un plan infernal (59) , cuyo objeto era el incendiar los astilleros y arsenales de Plymouth y Portsmouth. Ya se habian encargado algunos ingenieros franceses de eje cutar este funesto proyecto ; Grimaldi estaba en el secreto , y los dos ministros solos (porque no es nuestro intento acusar á los soberanos de Francia y España), esperaban con impaciencia la señal de la conflagracion que debla destruir la fuerza marítima de Inglaterra para dar principio á las hostilidades y realizar la gloria humillada de la casa de Borbon. Afortunadamente la vigilancia de lord Rochefort descubrió la trama , y las precauciones del gobierno inglés, hicieron que fraca- sase tan fatal proyecto. Las negociaciones entre Inglaterra y España, se re- sintieron de este abortado é infame proyecto. Trató Grimaldi de ganar tiempo , aparentando que esperaba informes; una tarde eludió las instancias de lord Roche- fort remitiendo la discusion de , estos puntos al príncipe de Masserano , embajador de España en Londres. Pero tropezó su pensamiento con la rotunda negativa del go- bierno inglés que no quiso dar oídos á la proposicion de CAPITULO SESENTA Y TRES.  445 la transaccion menor de sus indisputables derechos , y con la peticion que hicieron los ingleses de restablecer los colonos, de castigar á los gobernadores y compen- sar las pérdidas. Las comunicaciones s iguientes del embajador de la Gran Bretaña , darán mejor á conocer la impresion que produjeron estas medidas decisivas. 17 de setiembre. «Conociendo esta córte, y persuadido corno estoy de que nada hay que temer tanto como un rompimiento en estos momentos , sé muy bien que cuanto mas la asuste mas seguro debo estar de triunfar. Empecé quejándo- me de Grimaldi que me tendió un lazo , asegurando á V. E. que el príncipe de Masserano se conformada con todo. «En seguida, le di conocimiento de las últimas ór- denes que recibí de V. E. , y á fin de darle pruebas de confianza le leí la parte mas esencial de vuestra carta: cuando escuchó que no entrariais en discusion ninguna con el príncipe de Masserano, alzó las manos al cielo y le saltaron las lágrimas.—iDios mio! esclarnó, si no quieren vuestros ministros entenderse con el embaja- dor del rey , ¿qué medio queda de arreglar negocio ninguno? «Notando que esto era ir demasiado lejos , me valí de un lenguage mas suave.—Deseo, le dije, que os colo- queis en mi lugar , y que juzgueis entonces si podemos consentir entablar discusiones acerca de un asunto ter- minado -ya.—Pero añadió interrumpiéndome , cuanto hubieseis pedido se hubiera concedido , y todavía se os concederá. Quedareis facultados para ir á  Hondo, á Rio Nuevo y á las costas de Honduras, y lejos de modi- ficar el tratado , queremos darle mayor estension ; pero puesto que queno téneis derecho ni imaginais siquiera te– nerlo , ¿qué inconveniente habrá en que lo declareis? porque si intentarais alegar títulos para esto, á pesar de, pibliotew popuior.  t 9 445  l764._.,_1765.. la aversión que profeso á la guerra ,.s . eré el primero lie todo á fin que aconseje al rey mi amo , que sacrifiq de aclarar este punto. «Esto me ha ofrecido la ocasion , señor conde , de decirle que el primer paso para negociar en este nego- cio ó cualquiera otro , debia ser el empezar dando res– puesta puesta completa y satisfactoria á mi nota del 27 de Ju- lio, lo cual no pudiera producir la dificultad menor, es- tando va de acuerdo en el punto mas esencial, el : a° es, en conceder que los súbditos del rey no serán en lo su- cesivo molestados en el corte de maderas en el golfo de honduras y en los otros puntos del territorio español de aquella parte del mundo. «Por la tarde me instó para que entrase en su des- pacho , y al punto anudó la conversacion que habia quedado interrumpida por la mañana , diciendo que si bien estaba dispuesto á concedernos cuanto le pidamos, hay una diferencia muy esencial para ellos , entre hacer otra concesion ahora y reconocer un derecho an- terior ; porque si quisiéramos, añadió , detenernos en el espíritu y no en la letra del tratado, podríamos abri- gar pensamiento de ir á Méjico , puesto que es territo- rio español en aquella parte del mundo. Continuó di- ciendo , que aun cuando nuestra interpretacion fuese justa y conforme al sentido natural del tratado , no era ciertamente literal ; . y ¡cuán injusto añadió , seria el rey de España á los ojos de sus súbditos, si castigase á un gobernador por haberse adherido estrictamente álos tér- minos de un tratado , ó si diese satisfaccion por una in- juria imaginaria ó que no lo fuese siquiera cuando se verificó el caso? Sin embargo , estaba dispuesto á de- clararla como tal si se repetía , y terminó diciéndome que nuestros buques podrian regresar á aquellos mares con. la seguridad mas completa. «En esto nos hallábamos de la co nversacion, cuando me levanté diciéndole que me'doliael ver que se pasaba el tiempo en fruslerías ; pero que si no se daba una sa- CAPITULO SESENTA Y TRES.  4 7 tisfaccion, se vería el rey en. la necesidad de tornar me- didas para reintegrar a sus vasallos ofendidos , á  y que como venia, equivaldria esto declarar la guer- ra. — Teneos razon , dijo , y bien sabe Dios que ha- ré cuanto de mí dependa para evitarlo.—Como le pro- pusiese yo que le enviarla mi nota al siguiente dia pa- ra que pudiera dar contestacion y remitirla yo á y . E., me rogó que antes le diese yo un estracto exacto de las órdenes que habia recibido , del cual me ofreció hacer buen uso.—En negocio de tamaña importancia, añadió, nada haré por mí mismo; mañana 14 daré al rey cue,n- la exacta del negocio ; el 45 , convocaré al consejo , y el 4 6 , ya veis que no pierdo tiempo, podéis volver a y erme. Lo mejor será que prepareis la nota , y la trai- gais vos mismo para entregármela ; entonces os daré al momento una respuesta satisfactoria. 45. «S. M. C. ha comido á las diez para ir á caza, y no he tenido ocasion de hablarle en San Ildefonso, pero he ido á, la secretaría de Squilace, marchó quien hallé conferen- ciando con Ensenada , que se archó en cuanto llegué yo. Despues de hablarme , durante algunos minutkils de asuntos indiferentes, viendo que no tocaba el negocio principal , le dije que entonces se presentaba la oca- sion de ver si las intenciones pacíficas eran tan sinceras como siempre habia, dicho. Entonces empecé á infor- marlo exactamente de lo que había, pasado ; tomándo- me las manos me dijo :—Ahora vereis si conozco vues- tras intenciones ó no; será bien que sepais que se alar- mó mucho el rey al saber vuestras exigencias ; pero yo lo calmé. Como no sé si puedo tener confianza entera con vos,  qué es lo que pedís ; sino he enten- dido mal es que desaprobemos la conducta de nuestros gobernadores , y que se devuelva el uso de sus dere- chos á los vasallos del rey , vuestro señor. Dado este 448  4764.-1765. primer paso, ¿pensais oponeros mas tarde á la discusion de este negocio , y lijar los puntos á donde debeis ir , á fin de que no os apropieis el derecho ilimitado de re- correr toda América?—Conteste á esto, que aun cuando nada fijásemos para lo sucesivo , no podian tener in- conveniente en conceder ahora este primer punto, por- que si mas tarde no estuviesen satisfechos con nuestro modo de portarnos , podrian cuando quisieran obrar del mismo que ahora, y expulsarnos nuevamente de Rio Hondo , puesto que de ellos es , pero que podia asegu- rarle que nuestra intencion no era ni seria jamás obrar de modo que se justificase la repeticion de las mismas escenas, y que habiendo tenido lugar cuanto ha suce- dido sin provocacion por parte nuestra , no les tocaba abrigar recelos de nuestra conducta futura.—No dejeis, me dijo, de ir mañana á ver á Grimaldi , por mi no ha de quedar sin arreglar este negocio.—Entonces me hizo las protestas mas vivas y solemnes , asegurándome que nada hay que no esté dispuesto á hacer para conservar nuestra amistad. 16. Esta mañana muy temprano fui á la córte y al salir de la cámara de S. M. me dirigí al despacho de Grimaldi. Despues de un debate largo y animado en el que me dijo que se le hablan dado instrucciones en el consejo celebrado la víspera , no me habló mas que de dos puntos de mi nota, á saber, la desaprobacion de la conducta de los gobernadores, y la reinstalacion de los que cortaban maderas en las costas de Campeche. Al Irle á entregar la nota que llevaba conmigo y que estaba concebida, á decir la verdad, en los términos mas enér- gicos, me rogó que no se entregase, puesto que tenia-- mos intencion los dos de arreglar el asunto y no agriar los ánimos; que por otra parte, puesto que no tenia yo nuevas proposiciones que ,hacer, no habla necesidad de CAPITULO SESENTA Y 'TRES. ninguna otra nota. Como la víspera le habia dado y no puse dificultad d o no un estracto de este documento , ym re ,d acceder á sus deseos; entonces, tomó la plum la minuta de la carta que se iba á copiar para la al punto al gobernador de Yucatan, de la cuaa lnde entregarme un duplicado, ofreciéndome que la enviaría sin pérdida de tiempo. Modificó' en seguida algunos de este documento en el cual escribí yo mismo os las tres últimas líneas , y quedamos ambos acordesen. este punto. « Cuando llegó el momento de hablar de los desagra- vios, que eran el tercer punto de la nota, dijo lo que creyó necesario para tranquilizarme y manifestó una disposicion sincera á entrar en tratos de paz por parte de los supuestos ofendidos; pero hacer concesiones por lo que llamamos nosotros injuria y ellos juzgan de dis- tinto modo, era esto cosa , segun él, que no podia exi- girse y sirviéndome de sus mismas espresiones , era esto cosa tan estravagante que no se habia atrevido a hablar de ello á su amo. Entonces le dije que las órde- nes que yo tenia eran. terminantes, y que tenia yo moti- vos para creer que mi córte no quedarla satisfeella de esta cláusula. «El otro dia (1 de diciembre) tuve una larga confe- rencia con Grimaldi con motivo de vuestra carta del 23; le manifesté que tan luego como Y. E. estuviese infor- mada de las pérdidas que nuestros buques han sufrido á causa de la obligacion forzosa y violenta de salir de la bahia de Honduras, era natural que mi gobierno espe- rase de la equidad de S. M. C. que se diesen órdenes á fin de. que se concediesen las indemnizaciones conve- nientes. Carece el idioma de espresiones mas fuertes que aquellas que empleó Grimaldi para asegurarme que S. M. C. está en la resolucion fija y constanta_de seguir en cabal amistad con el rey ; pero añadió estas palabras notables: No sabeis con qué mona . rca tengo que habérmelas: cuando toma una resolucion, no hay 450  1765. 4765. quien le haga variar , sobre todo si esta persuadido de q u- lo que se le propone no es justo y natural, y accediend o a ella darla lugar á una interpretacion mas lata del artículo 17 del 'tratado definitivo (60). Juz- gando que todos los argumentos eran inútiles , no dije ni una palabra mas ; bastante era esta esplicacion para renovar la reclamacion cuando esté eompletamente autorizado para ello , lo cual le anuncié que no podio, tardar mucho en suceder (64).» Lord Rochefortconoci a tanto como Grimaldi el carác- ter inflexible del rey y que se negaria Carlos á casti- gar á los gobernadores, pues lo único que habían he— cho estos era dar cumplimiento á las órdenes que tenian; ni tampoco ignoraba que era muy dificil sacar dinero de un tesoro empobrecido. No hizo , pues , caso de las reclamaciones de castigo é in.dernnizacion, abandonán- dolas á la lista de los agravios que cada día se aumen- taban entre las dos. naciones , recibió órdenes del go- bierno para restablecer á los colonos, acompañados de una carta particular en que se censuraba la conducta ligera de los oficiales , prohibiendo para lo sucesivo cualquiera clase de violencia contra los propietarios, aun cuando obrasen igualmente, sin dar antes. aviso al gobierno. Para terminar esta transacion, el re y recibió con mucho agasajo al embajador inglés , á quien dió repetidas muestras de satisfaccion y de amor á Inglater- Por su parte, lord Rochefort, sin hacer mérito ring — no de los puntos que ofendian tanto la susceptibilidad del monarca, se contentó con manifestar la resolucion en que estaba su soberano de impedir el comercio de contrabando, así como el abuso de los privilegios de que gozaban los súbditos ingleses (62). Aun cuando este triste altercado se terminase , al parecer amistosamente por la concesion que hacia Espafia de una parte , y de otra por la indulgencia y dulzura que 'labia 'mostrado Inglaterra, todavía la ir- ritadon no se había calmado. El .gobierno español no CAPITULO SESENTA Y TRES.  451 descuidó sus preparativos militares , y Grimaldi volvió á tornar un tono que se avenia mal con sus protestas de amistad.—Los ingleses, decia con d estemplanza en una conferencia que tuvo con el embajador, son un pueblo tienen sin cesar proyectos demasiado emprendedor , y que no se pueden tolerar (63) Durante este tiempo, la disputa con Portugal se tia- bia agitado con , mas ardor que el desacuerdo con In- glaterra. Las respuestas ambiguas y el aspecto amena- zador de España, así corno la idea evidente concebida por Grimaldi de prolongar las negociaciones, irritaron á. la córte de Portugal. Pombal, ministro altanero, se des- deñaba de contemporizar , y mirando el rompimiento, como inevitable , reclamó el apoyo de Inglaterra que estaba Portugal en derecho de exigir, en virtud de su. alianza. El gobierno inglés, mezclando la dulzura á lafirme- za , calmó el resentimiento de Portugal ; pero declaró al mismo tiempo á España la resolucion de no tolerar la menor agresion contra los estados de su aliado, anunciando que el primer cañonazo disparado contra Portugal seria considerado ccmo una declaracion de guerra. Las instigaciones y sordas intrigas de Choiseul nutrieron la animosidad del gobierno español pero todas las gestiones para conseguir el apoyo de Francia se eludieron por medio de promesas vagas y ambiguas, y , COMO al mismo tiempo , abortase el horroroso pro- yecto contra la marina inglesa, gracias á la vigilancia y precauciones de aquel gobierno, procuró el ministro salir de la situacion peligrosa en que se halla- ba, sobre todo con un tesoro exhausto, y un ejérci- to y marina que se resentían de los resultados de una guerra malhadada. Para colmo de desdicha, era Grimaldi objeto del resentimiento popular, por solo ser estrangero. El cambio que se verificó en los sentimientos y en la conducta del ministro francés no se ocultó á la pene- 153  1761.-1765. trante mirada de lordllochefort. «Debo creer, juzgando por la conducta, presente, corno asimismo por el cambio repentino en. el lenguage y modales de los ministros  aquí, que los franceses sospechan  - que ha sido descu bierto su gran plan , y que de ello han dado noticia á esta córte. En efecto, las tropasespañolas que se prepa- raban á marchar se han detenido, y los coroneles de varios regimientos que tenian licencia hasta el mes de febrero, han conseguido una próroga hasta el mes de ma y o. Tres correos han llegado de París en los últimos diez días; uno de ellos, ayuda -de cámara de Choiseul, ha estado encerrado en casa de Grimaldi, desde que llegó sin que se le haya permitido el hablar con los demas criados de la casa (64) .» En vista de esto se prodigaron á la córte de Portugal las mas lisongeras atenciones, y por último, terminó la disputa sobre poco mas ó .menos como la anterior con Inglaterra. Los puntos del litigio se arreglaron en parte, y lo denlas quedó para servir de pasto á las negociacio- nes y guerras futuras (65). Otra causa de irritacion era el rescate de Manila.. Cuando se rindió aquella ciudad, conviene no olvidar- lo, compró el gobernador la exencion del saqueo con la promesa de 4.00,000 de duros, y dió letras sobre el tesoro español por la mitad de esta suma. Cuando se hizo formal reclamacion, la rechazó Grimaldi eón desden protestando que dicha contidad se habla arrancado' por la fuerza y que el saqueo anterior á la capitulacion, era una violacion del . arreglo .• Los conquistadores obraron ciertamente con mas humanidad que política aceptando una compensacion espuerta á tantos percances ; pero el clamor público, poderoso siempre entre los ingleses, obligó á los minis- tros á hacer reclamaciones reiteradas y amenazadoras para lograr el pago de la suma esplicada. La córte de España, que no desconocia que un. gobierno prudente no se espondria á tantos riesgos ni p aria los gastos CAPITULO SESENTA TRES.  453 qué cuesta una guerra por un motivo de tan ténue im- portancia , miró estas reclamaciones con indiferencia ó ligereza. «El arzobispo, dijo G-rimaldi contestando á las instancias de lord Rochefort, hubiera podido ta,mbien estipular á nombre del rey la cesion de la . provincia de Granada, ó la de Madrid. Mi amo pelearla eterna- mente antes que consentir pagar un solo doblon por re- clamacion tan deshonrosa, y por mi parte quiero que me hagan añicos antes que hacerle semejante proposicion.» No era Squilace mas accesible en este punto, y en tono algo irónico , dijo :—Devolvednos los 2.000,000 de durusquehabeisrecibido ya, y en desquite os devolvere- mos á, Manila con todas sus dependencias (66).—Las reclamaciones hechas posteriormente iban en lenguage mas moderado; pero gestion ninguna pudo alcanzar de España la menor señal de condescendencia. Durante todo el reinado de Carlos III esta reclamacion poco im- portante , pero molesta por sus resultados , se renovó en varias ocasiones, y siempre fué eludida ó rechaza- da. El gobierno inglés no tuvo mas medio que el de re- compensar á sir W. Draper con una pension, calmando á los otros interesados con promesas de indemnizacion que jamas se cumplieron. Los mismos soldados, parte agraviada en este asunto, trataban de ella mas tarde con su acostumbrada ligereza, y se consola r on de su. chasco diciendo que en lo sucesivo no se dejariaa engañar por un general tan sabio cuyo latín les habia quitado el botin (67) . Los celos y mal humor que estas transaciones es citaron de nuevo contra Inglaterra, asi como las reite- radas instancias del ministro francés, á fin de que se reuniesen fondos para llevar á cabo los planes concer- tados entre las dos córtes de Borbon, inspiraron medi- das que agravaron la miseria del pais, aumentando los conflictos, del gobierno. Choiseul y sus partidarios, convencidos de que la fuente de las rentas públicas estaba cegada en España, X15  1764.-1765. 4, pero persuadidos al mismo tiempo de que las regiones vastas y ricas del Nuevo Mundo podian dar poderosos ausilios, recomendaron con empeño el que se adoptase un sistema mejor de administracion y hacienda- en las colonias (68). Se encomendó el plan. de estas mejoras á. Carrasco fiscal de Castilla, sin duda ayudado por ren- tistas franceses y por Ensenada. Este proyecto fué apro- bado por el mismo Squilace á quien teman indignado el fraude y las malversaciones de los corregidores de América. En cuanto se,celebró la paz de 1763, se sometió el provecto á la aprobacion del rey. El autor trataba de probar que todos los ingresos del Perú,. Chile, Méjico, -v Tierra firme no escedian la cantidad de 4.000,000 de duros de los cuales nó entraban mas en las arcas . pú- blicas que 840,000, de lo cual deducia que habla abu- sos infinitos en la administracion, declarando que en Ninguna parte se robaba al rey con mas descaro que en Méjico. Segun él, este reino se hallaba en el estado mas floreciente, con diez y ocho millones de habitantes, y diez y seis ciudades tan .pobladas como Madrid. La capital solamente. tenia mas de doscientos cincuenta mil habitantes; los paises circunvecinos estaban perfec- tamente cultivados; y el pueblo, en general, vivo, con el mayor desahogo. Por lo tanto, proponia que se hiciese un ensayo de su sistema en aquel reino rico y floreciente, y presa- giaba, lleno de con tianza'que el resultado de las mejo- ras propuestas seria de 1.000,000 de duros por año. Aseguraba que las cuatro grandes clases de la ma- gistratura, la milicia, los frailes v el clero, se aprove- chaba casi esclusivamente de todo el comercio del pais y proponia el que se valiera el gobierno de sus desave'l nencias y frecuentes disputas á fin de-ganar dos de es- tas g randes corporaciones y..arruinar las otros dos. El pueblo, así se esperaba al menos, al verse menos sobre- cargado que en tiempos de la administracion. última CAPITULO SESENTA Y TRES.  4 55 abrirla los ojos y conoceria sus intereses verdaderos, y ejecutando este plan en las denlas colonias, seria el rey de España el soberano mas rico de Europa. No podia menos de aprobarse un proyecto que pro- metia tan Crecido aumento de ingresos, con tan. escaso gasto. Carrasco se negó á aceptar el encargo de ejecu- tar su plan, y se eligió en su defecto á don Andrés de Galvez, alcalde de casa y córte, como persona que reu- nia todas las prendas necesarias para encargo tan de- licado. A fin de apoyar estas medidas, se embarcó un refuerzo de dos, mil hombres para Veracruz, y en vez de españoles veteranos, se prefirió á walones y otros estrangeros, por no hallarse estos ligados con ninguna especie de conexiones. Se confirió el mando de la es- pedicion á don Juan de Villalba, último capitan gene- ral de Andalucía, oficial de mucha firmeza y de grande energía, á quien se dieron poderes mas estensos de lo que se solia hacer con los gefes militares en las colo- nias. La noticia de las innovaciones proyectadas esparció una alarma r descontentos universales en todas las clases del Nuevo Mundo. Apenas llegó el comandante á su destino, sé ió empeñado en una disputa con el vi- rey á consecuencia de la cual quedó suspenso elpago del haber de las tropas, y reducido el prest á dos terceras partes. Ocurrieron al punto conmociones entre los sol- dados, quienes despues de entregarse á toda clase de desórdenes, desertaban para internarse en el pais, en donde los acogían muy bien los habitantes descontentos. En medio de semejante crisis llegó Galvez á Méji- co, y no sin mucho trabajo, logró reconciliar al virey y Villalba, pero tuvo que consentir en aplazar la ejecu- cion de las órdenes de que era portador, á instancias de los principales habitantes del vireinato, y la capi- tal- sola, por este favor, concedió un donativo gratuito de 200,000 duros. Dió de todo cuenta á su córte y es- peró nuevas instrucciones. Iklet (,11 456  476 .-1765. La impresion de un riesgo lejano era demasiado li- gera para vencer las instancias del partido francés y el canto seductor de un ingreso soberbio. Se nombróá otro virey y se dieron órdenes á Galvez para que con- tinuase, enviando á dos personas con encargo de aya- darlo y acelerar las operaciones. Con arreglo al nuevo provecto, se establecieron aduanas desde luego. t Estas medidas cambiaron el descontento general en abierta - insurreccion, de resultas de la cual Galvez uno de sus ausiliares, tuvieron que huir de Méjico. El otro no pudo escaparse y se vió precisado á sufrir los ultrages del populacho. La sublevacion se comunicó rápidamente á las comarcas-vecinas. El pueblo de los Angeles, situado en el camino real de Méjico á Veracruz, se armó, sin pérdida de tiempo, y aquellos robustos y atrevidos habitantes, descendien-• tes de los antiguos tlascaltecas, rechazaron á las tropas que tuvieron que refugiarse á los montes. Los subleva- dos destruyeron las casas que servian de aduanas, y no sin trabajo lograron calmar la conrnocion los prin- cipales vecinos que periaanecian fieles á la autoridad real y vestian. y mantenian la milicia á sus espensas. En otras partes del vireinato, siguieron á !as mis- mas medidas los mismos resultados. Pero la insurrec- cion de Quito fué de peor naturaleza, porque despues de espulsar á los empleados reales, ofrecieron la sobe- ranía a uno de ellos, rechazando todos los ruegos que se les hicieron de volver ala obediencia, mediante el ofre- cimiento de un indulto general.—Nosotros, esclama,ban. no necesitamos indulto porque no hemos cometido cri- men ninguno, continuaremos pagando las mismas con- tribuciones, con tal que no tengamos en lo sucesivo gobernadores españoles, y que nombremos nosotros mismos á nuestros magistrados.—Los españoles y los que conocian mejor el carácter de los, americanos esta- ban acordes, por último, en desaprobar el nuevo siste- ma de impuestos; empeñándose en. probar que seria CAPITULO SESENTA Y TRES.  157 menos productivo que el antiguo, y en vista de esto, insistieron, con mueho ahínco, en lo arriesgado que era el irritar á un pueblo dispuesto tan universalmente á la rebelion. Estas manifestaciones produjeron turba- cion en el gobierno, que dió tiempo de calmarse á la agitacion naciente (69). Sin embargo, cundió la fermentacion hasta Cuba, y un impuesto nuevo sobre el tabaco dió causa á una sublevacion. El populacho de todos los puntos de la is- la, destruyó una parte considerable de los ricos inge- nios de donde sacaban las arcas reales mucha parte de sus ingresos (70). CAPITULO LXIV. Máximas y disposiciones de Cárlos con respecto á los estrangeros.— Carácter y rivalidad política de, Grimaldi y Squilace.—Reformas eje- cutadas por Squilace.—Motin del pueblo de Madrid.—Retírase la córte á Aranjuez.—Renuncia d e Squilace.—Cambios en la administracion.— Gobierno vigoroso del conde de Aranda.—Restablécese la tranquili- dad.—Regreso del rey á Madrid. Pronto se desvaneció la alarma producida por insur- recciones de tan distantes paises ante un motivo mu- cho mas peligroso de que fué testigo la misma capital. Causáronlo la misma inquietud, el mismo espíritu de intriga. Aunque habia nacido y educádose en España, Car- los habia salido de su pais demasiado jóven para con- servar una predileccion visible á los usos, leyes y len– o lla de España. Su permanencia en. el estrangero, el g u trato que habla tenido con franceses, le ha- hian iuspirado una inclinacion harto natural al ca- racter francés y alas instituciones de aquel reino. Ade- mas de esta causa, profesaba un afecto declarado á las costumbres y modales diferentes de los españoles, á causa de su larga permanencia en Italia, y del amor que tenia á los napolitanos. Cuando se verificó su ad- venimiento al trono y emprendió su viage á Madrid, lo rodeaban infinitos palaciegos italianos quienes llevaban consigo muchos criados del mismo pais. El marqués de Squilace, de quien hemos hablado ya, y que era  CAPITULO SESENTA Y CUATRO  4 59 uno de estos favoritos, fué nombrado para desempe- ñar el ministerio de hacienda y Guerra . Por otra par– rios te, informes estrangeros, insinuacion:sc  Y  de consejos igual procedencia habian decidido  confiar á Grimaldi, que era tambien italiano, el despacho de estado, vacante por renuncia de Wall. La elevacion de Grimaldi fué causa de una rivalidad política entre estos dos ministros italianos algo secreta, es verdad, pero no menos activa y constante que l que habla existido durante el reinado anterior, entre Carvajal y Ensenada. El resorte comun que impulsaba á los dos á la vez, era un miedo extremado á su soberano, y el temor de desagradarle, contradiciéndolo directamente, si se es- ceptúa, este sentimiento, diferian completamente en todos los demas puntos. Grimaldi, descendiente de una familia ilustre y acostumbrado á la sociedad culta de las cortes, era elegante en sus modales, grande, ge- neroso, amigo del lujo, gustando mucho de tener casa abierta y de obsequiar á los que le favorecian. Despa- chaba los negocios con facilidad suma, y en sus rela- ciones resplandecia un brillo y exactitud que agrada- ba infinito á su soberano. Gustábale el recreo; pero, jamás sacrificó á las distracciones los serios deberes de su empleo (74). En chanto á los principios de su polí- tica, era afecto á Francia, haciendo alarde de esta in- clinacion, y constantemente se dirigía, en sus opera- ciones, por el consejo de Choiseul; pero temiendo los resultados de preocupaciones nacionales contra las alian- zas francesas, halagaba diestramente a su soberano con un celo aparente por el honor é independencia de su corona. Aunque era de caracter tímido, no ha- bia adquirido aquella circunspeccion que es peculiari- dad de los diplomáticos encanecidos en las intrigas A menudo mostrábase hablador y espansivo mas de lo que debiera. Sin embargo, tenia sumo cuidado de ce– ñirse á las atribuciones de su ministerio, y reprimia 4 60  4766. su amor al t poder para dejar á, Squilace la direccion, y, al mismo tiempo, la parte odiosa del gobierno in- terior. Este último, de nacimiento humilde, como no hu- biese frecuentado la sociedad elevada en. la época en que se forman los hábitos de la vida, era de modales duros, impolítico y casi grosero en la conversacíon, sin el menor tinte de literatura ni de ciencia. Su es- mero y aplicacion no podian suplir su falta de alcances, y todo lo que porfia hacer, era emplear su celo en el despacho material y mecánico de los negocios, en su- ma, este ministro no era mas que una máquina. Natu- ralmente circunspecto, de carácter receloso , no tenia sentimientos elevados y su vida era mezquina. Acos- tumbrado á una economía severa desde su tierna edad, y atormentado por la incertidumbre y la fluctuacion de valimiento palaciego, no se saciaba jamás de dinero, y queriendo poner su fortuna á cubierto de las preo- cupaciones nacionales y revoluciones políticas estaba entonces en tratos para comprar una magnífica' posesion que la familia de Alba tenia en Sicilia. Como ministro de hacienda, aborrecía la guerra, temiendo empobrecer el tesoro de donde sacaba sobrado para su propio provecho, y sin duda tambien no queriendo aumentar los conflictos del gobierno. Este único motivo era causa de que fuese enemigo de los franceses y que estuviese bien dispuesto á favor de los ingleses; pero no se atre- vía á manifestar abiertamente su modo de ver, á fin de no desagradar á su soberano. Por otra parte, era severo, inflexible, no tomaba jamás en cuenta la opinion pública, y permanecia afecto de- corazon y gustos á los hábitos é instituciones en que habi a nacido. Por su posicion y á causa de su carácter, era Squi- lace el instrumento de las medidas que mas habiande-: sagradado á la nacion, y por consiguiente, era objeto, mas que los demas ministros, de la animadversion A.costumbrado a ' los pormenores de la hacienda CAPITULO SESENTA Y CUATRO.  464 napolitana, halló establecido en España un sistema to- talmente diferente, tanto en sus combinaciones, como en sus principios. -Como carecia de capacidad y habi- lidad, hizo que fuesen todavía mas odiosas las medidas á que se vela precisado á recurrir para llenar las ar- cas del monarca, tales como la imposicion de nuevas cargas y la concesion de varios monopolios. Verdad es que introdujo, preciso es confesarlo, muchos métodos muy buenos para el fomento de las fábricas. También se le deben planes que se ejecutaron para el ornato, seguridad y recreo de la capital. Las calles, hasta sus dias muy sucias, estuvieron, desde entonces, gracias á él, muy cuidadas y se pusieron mas de cinco mil faro- les para alumbrar la poblacion. Se prohibió el uso de armas ocultas, y se tomaron otras medidas para el es- tablecimiento de una policía activa y regularizada; pe- ro en tanto que se ejecutaban planes tan útiles, su amor algo exagerado á la reforma de los abusos, y su desprecio de la opinion pública, lo movieron á intro- ducir una innovacion 'de la naturaleza mas delicada. Quiso hacer que cambiase de forma el trage nacional, que segun él, encubría los crímenes y asesinatos. En vista de esto, prohibióse el uso de sombreros cham- bergos y capas, y si damos crédito al relato de los viageros, empleó, para obligar á que se acortasen varias prendas del trage nacional, del mismo medio que usó Pedro el Grande contra la crecida barba y trages tala- res de los moscovitas. Sin contar con el ódio de semejantes innovaciones, por beneficiosas que fuesen, el valimiento casi esclusi- y o que tenia Squilace con el soberano espuso á este ministro á los celos de los denlas ministros y á la en- vidia de los palaciegos. Tenian al clero ofendido cier- tas disposiciones dictadas con ánimo de disminuir su poder , y terma otras invasiones en los privilegios de su estado. Al pueblo traíanle descontento los resultados de la última guerra, empezada contra la opinion general, F105 Biblioteca popular  T. IV. 400 468  CAPITULO SESENTA Y CUATRO. que no se fijasen en él ni las sospechas del re y ni el ódio popular. Lejos de esto continuó gozando de v mayor valimiento ; pero no se volvió á dar ningun ministe- rio á estrangros. El despacho de hacienda se dié a don Miguel Muzquiz , que habia sido oficial mayor en tiem- po de Squilace ; el de la Guerra á otro español , resta- bleciéndose la elevada dignidad de presidente de Cas- tilla á favor del conde de Aranda , reuniéndola á la de eapitan general. La firmeza y vigor de este eminente personage , bastó para que pronto se restableciese la subordinacion y renaciese la tranquilidad. Se hizo sa- lir de la capital á los vagos y ociosos , que habian he- cho tan notable papel durante el último motín. Muchas personas de la servidumbre de los grandes de España contra quienes habla sospechas, que no pudieron jus- tificarse , fueron arrestadas y castigadas. Se mandó Cambien que todos los eclesiásticos que se hallaban sin ocupacion en Madrid , saliesen para sus respectivas diócesis. El fatal decreto , que habia sido el principal motivo del motín , se cumplió aunque á medias, tan solo en la capital y sus cercanias. A fin de que se ob- servase , se recurrió al singular medio de que el ver- dugo y sus ayudantes usasen chambergo y capa (73). or CAPITULO LXV. 1701.--1169. Causas que decidieron al rey de España á espulsar de sus estados á los jesuitas.—Misterio singular y precauciones para la ejecucion de esta medida.—Correspondencia entre Cárlos Id y el papa Clemente XIII relativa á este asunto.---Espulsion de los jesuitas de Nápoles y Par- ma.---Bula del papa contra el duque de Parma.--Disputas de los prín- cipes de la familia de Borbon con la Santa Sede.--Muerte del papa y eleceion de Clemente XIV. --Logra el rey de España la abolicion de la órden de los jesuitas.—Terminacion de las disputas á causa de mate- rias religiosas. El año que siguió al motin de Madrid , fué notable por un suceso tan importante como inesperado , la es- pulsion de los jesuitas de los estados del rey de España. No es menester referir aquí la historia del nacimiento y del desarrollo de esta órden célebre ; basta notar que su espíritu de intriga , sus doctrinas perniciosas y su ambicion insaciable , lo habian hecho obj eto de temor y celos de muchos gobiernos de Europa. Ninguna ope- racion política ni conmocion popular se hacia, sin que los jesuitas se hallasen realmente implicados en ello , ó al menos sin que se les atribuyese una gran parte en cuanto sucedia. Tal era, sin embargo , el influjo que egercia esta órden con el número y capacidad de sus individuos, con el monopolio que se [labia arrogado de instruir á la juventud, con la consideracion pública que sacaba de él , con el poder que tenia en el gabinete 470  CAPITULO SESENTA Y CINCO. de los príncipes católicos cuyas conciencias dirigía ; y en fin ' con su ascendiente sobre todos los ánimos, que antes de mediados del siglo pasado , apenas se en- contraba un hombre de estado que se hubiese atrevido á atacar este coloso, cuyas pretensiones y arnbiciou de- sordenadas , parecian aspirara invadir el mundo civi- lizado. Fué en el pequeño reino de Portugal en donde le dió el primer golpe el ministro Carvalho , marqués de Pomba] , durante el reinado de un monarca débil y supersticioso , que habia llenado su palacio y su córte de los personages y prosélitos de esta sociedad. Una de las causas que contribuyeron en sumo grado á la decadencia de los jesuitas en este reino, nació de la conducta que tuvieron en los establecimientos de sus misiones en el Paraguay; en donde escitaron violen- tas conmociones. Por esta causa llegaron á ser objeto del ódío del gobierno, prendióse á-los confesores de las personas de la familia real , y se prohibió 'á todo jesui:- la el que se presentase en la córte, preparando así su entera espulsion. Mas tarde , sospechándose con razon ó sin ella , que se rabian mezclado en' la con.spiracion formada por algunos nobles con intento de asesinar al rey, se dieron órdenes para una proscripcion, irrevo- cable. Conliscáronse sus bienes poniendo en, arresto á todos los individuos de la. sociedad ,, que fueron des- terrados á las costas de Italia , ó á los estados de la iglesia. Disipó en un momento la espulsion. de los jesuitas el terror que:inspiraba su nombre , y el prestigio que nacía de su poder. Dirigiéronse violentos ataques con- tra,su doctrina y su moralidad por parte de los literatos franceses , entre los cuales y los autores distingui- dos de la órden , una polémica habia preparado dema- siado este último combate. El ódio universal á que se hallaban espuestos los jesuitas,, favoreció los designios del duque de Choiseul , su, antiguo enemigo ' , . y allanó los obstáculos que se habian.opu  á esto su espulsion del 4 4767.-1769. 471 reino de Francia. Este gran suceso tuvo lugar en 176.1 pero sin que se les : hiciese sufrir mal -- trato; r e ' d d usando con ellos de mucha mas moderacion ea Portugal. Desde entonces, propúsose el ministerciolefran.-- ces promover su calda en todos los denlas paise p s cet y a sdoe-1 bre todo se ocupó en lograr su espulsion territorió de España. Choiseul no escaseó con este ip.- testo ningun medio y ninguna intriga para inspirar re- celos acerca de sus principios y carácter , atribu y én- doles todos los defectos que parecian deber causar la derrota de su Orden. No tuvo el menor escrúpulo de hacer que circulasen cartas apócrifas bajo el nombre de su general y otros superiores , y esparcir odiosas calumnias contra algunos individuos de la sociedad (74). No sorprenden estos ardides y esta persecucion, cuando se considera que en España fué donde nació esta institucion , que en este pais se le profesaba un afecto particular , que el rey , que era muy devoto, se había dec'arado él mismo su protector, y que habla permanecido inalterable á pesar de las insinuaciones de las córtes.de Portugal y , rancia,, que le rogaban que siguiese su egemplo. No es probable que las re- flexiones hechas acerca de los principios dobles ó po- der de 'esta Orden, hubiesen tenido suficiente .influjo en el espíritu de Cárlos , si no hubiesen ido acompa- ñados de circunstancias mas positivas que contrariasen. sus opiniones personales ó los intereses del reino ; así, y como no escaseaban estas circunstancias , hicieron naturalmente efecto. Varios documentos auténticos le habían ya sido entregados para manifestar que el P. Ra- vago , confesor de :Fernando VI , liarla animado á los jesuitas en las Indias Occidentales para que se opu- siesen á lasejecucion del tratado .de límites , ajustado con.el Portugal en. 1 1750 , á que resistiesen á la ce- sion de las misiones. del Paraguay , en trueque de la olonia del Sacramento (75). Tambien echábase en cara 0 , 1 1 mon á . los jesuitas , el monopolio del comercio 472  CAPITULO SESENTA Y CINCO. de la América meridional, con perjuicio de la renta pública y detrimento de los particulares. Un informe de don Manuel Damas , virev del Perú, afirmaba que tenian casas de comercio en u Lima y en otras ciudades de la América del Sur, que hacian un gran comercio con los indios sin pagar contribuciones , arruinando así los mercaderes establecidos. En Europa se les acusaba de turbar la tranquili- dad pública , con publicaciones sediciosas, hallándose en casa del P. Payons , rector del colegio de Zaragoza, miles de egemplares de una obra impresa secretamen- te , sobre la espulsion de su órden fuera de Francia, y en la que se a mncillaba la reputacion de los magis– trados, y aun se atacaba la persona del rey. En todas partes se esparcieron rumores relativos á sus tramas supuestas y sus conspiraciones contra el gobierno es- pañol, y para darle apariencia de verdad á esta acusa- cion , se fabricó una carta , que se suponia escrita por el general provincial en España , en que se mandaba escala las insurrecciones, enviándola de modo que fue- se interceptada. Se hablaba de las riquezas inmensas y posesiones de la órden, lo que era un atractivo para lo g rar su abolicion. Los jesuitas mismos perdian mu- cho de su influjo en el ánimo de Carlos , oponiéndose á la canonizacion , que deseaba vivamente el rey , de don Juan de Palafox, que habla sido obispo de la Pue- bla de los Ángeles en Méjico , y mas tarde en Castilla la Vieja. Pero la causa principal que ocasionó su espul- sion , fué el buen éxito de los medios que emplearon sus enemigos para hacer creer al rey que el levanta- miento que acababa de verificarse en Madrid habia sido eseitado por sus intrigas, y que estaban formando de nuevo otras intrigas contra su propia familia, y aun contra su persona. Dominado por esta opinion, Úárlos, que hasta entonces habla sido su protector celoso, se .declaró su enemigo implacable, y se apresuró a ' se- guir el egemplo del gobierno francés , echando fuera 1767.-4769. 4,73 tan p de sus estados á una sociedad que le  - parecía t  eli grosa d es Confió la ejecucion de está medida al con I d e asi  Aranda , que habia aquietado tan hábilmente el levan- tamiento de Madrid, en quien la reserva era i trable la vigilancia extraordinaria, grande la Ppeonpeu-- i.  laridad, y sobre todo estrenado el influjo con los prin- cipales habitantes de la capital, haciendo este que fue- 1,  se el instrumento mas , propio para la ejecucion de un designio tan delicado. Trazó su plan con el re y solo, en su calidad de presidente de Castilla , pero como se sabia que el rey no solea firmar mas que los docu- mentos presentados por los ministros, tuvo el conde la precaucion, en apariencia de poca importancia, aunque en realidad muy útil , (le llevar un tintero de bolsillo y papel, á fin muy burlar mas eficazmente la vigilancia de los jesuitas; y disipar las sospechas que pndieran concebir al ver un tintero de despacho en la cámara del rey. Este príncipe escribió de su puño el decreto , y mandó las cartas de aviso á los gobernado- res de cada provincia , con la orden de abrirlas á cierta hora y en lugar determinado. Llegado el momento convenido para la ejecucion del proyecto: los seis colegios de los jesuitas en Ma- drid fueron rodeados á media noche por las tropas que habían llevado con los agentes de policía. Al entrar estos en los colegios, se aseguraron al instante de las campanas; pusieron una centinela á la puerta de cada celda, mandando al rector que reuniese la comunidad, Dieron permiso á cada religioso para tomar un brevia- rio, alguna ropa, chocolate, tabaco y otras cosas ne- cesarias de su uso, así como el dinero que tenias, con tal que declarasen la cantidad por escrito. Despues de cerradas las puertas, fueron conducidos en compañías de diez individuos al lugar donde habían parado los coches para llevarlos; en los cuales fueron repartidos y conducidos hasta la costa; yendo cada coche escol- 474  CAPITULO SESENTA. Y CINCO. fado por dos dragones, para impedir toda comúnica- cion. Los hermanos legos y otras personas agregadas la órden fueron encerrados durante algun tiempo , y luego puestos en libertad. Tomáronse las may . ores pre- cauciones, y fué, tan pronta y ordenada la ejecucioa, que los habitantes de la capital no supieron lo que ha-- bia ocurrido hasta por la mañana, cuando ya estaban lejos (76). En las provincias de España, todos los colegios de los jesuitas fueron cercados del mismo modo ; y con- ducidos los religiosos á, la costa, y embarcados con las mismas precauciones y la misma celeridad. Escoltaron á los trasportes varias fragatas, con rumbo á los esta- dos del papa, anclando en Civita-Vecchia, en donde tienen óc.‘den los comandantes de depositar su desgra- ciado cargamento. rabia preparado estas medidas una sociedad compuesta de los principales ministros y de cinco prelados formada tan pronto como habia sido promulgado el decreto de espulsion. No teniendo instrucciones relativas á esto el go- bernador de . Civita-Vecchia, mandó un correo á Roma pidiéndolas; pero el papa prohibió que recibiese á los desterrados, alegando que, si los re y es católicos de Europa imaginaban que podian abolir las órdenes re- ligiosas, y mandar á todos sus individuos á los estados de la iglesia, serian demasiado estrechos sus dominios, y demasiado pobre , su tesoro para poderlos mantener. Mientras tanto, los infelices jesuitas permanecian amontonados corno criminales á bordo de los buques de trasporte, durante la estacion mas enfermiza , y en un clima mortífero. Un número considerable de ancia, nos, de enfermos, ó de los que habian padecido al cambiar de repente su, modo sedentario de. vivir , recieron á, vista.de tierra; y en fin,: des:pues de haber cruzado por el Mediterráneo, durante muchos días es- puestos á las tempestades y borrascas, fueron- aco g idos i en la isla de Córcega.: Los que tuvieron iwdesgraci ba',de 1 .  4767.-4769.  475 sobrevivir á las-fatigas anteriores fueron depositados} culos almacenes como fardos de mercancias, acostados, en el suelo, y careciendo casi de las cosas necesarias á la vida. Permanecieron en tan deplorable situacion hasta que se fijó su suerte por medio de una transac- clon ajustada con Su Santidad, mediante la que se les permitió que pasasen á Italia en donde cobraron una débil suma otorgada por el rey de España para su sus- tento (77). Adoptáronse iguales precauciones en los paises in- mensos y lejanos de la América del Sur, y separado que fue don Pedro Cevallos, gobernador de Buenos- Aires, lo reemplazó el marques de Bucarelli que tenia conocimiento del proyecto, y llegó á Buenos-Aires á principios del año 1767. Despues de recibir en el mes de junio el decreto, envió correos al Perú y Chile por- tadores de las cartas de aviso de Madrid. En cuanto á su propia provincia, entregó al momento el decreto á los gobernadores inferiores, encargándoles que lo abriesen en época determinada y en presencia de las principales autoridades civiles y eclesiásticas. Fué, pues, ejecutada , en las colonias, la sentencia de la espulsion con no menos misterio y prontitud que en la metrópoli; en el mismo dia y en la misma hora fueron. invadidos los colegios de los jesuitas, arrestadas sus personas embargados sus papeles. Se miraba la ejecucion del decreto corno muy di- fícil en el Paraguay, temiéndose que los jesuitas que se habian opuesto con las armas á las cesiones hechas al Portugal, acostumbrados como estaban, hacia tanto tiempo, a gobernar con un poder absoluto á reciea convertidos que los adoraban , se negasen á someterse tranquilamente á lo que de ellos se exigia; pero no hubo allí tampoco la menor oposicion. Manifestaron: los jesuitas la mayor resignacion; y todavía mas nota- ble porque humillándose ante la mano que'los oprimia, sosegaron á la muchedumbre irritada, y se dejaroa 476  CAPITULO SESENTA Y CINCO. conducir hasta la costa, donde los embarcaron para llevarlos á Europa. Pages, que fué testigo de su espulsion de Filipi- nas, refiere así la conducta de aquellos hombres (los jesuitas de la isla de Sainar); «hallándose en una posi- cion en que hubiera podido el estremadó afecto de los indios hacia sus pastores con muy poca ayuda de su. parte, dar lugar á todos los desórdenes que acompa- ñan á, la violencia é insurreccion, les he visto obede- cer el decreto de su abolicion, con la deferencia debida á la autoridad civil , y al mismo tiempo con la calma y firmeza de almas verdaderamente heróicas (78).» Al considerar esta medida sosegadamente, y al juzgarla con imparcialidad, no se puede menos de con- fesar que, por mas conveniente y . aun necesaria que pareciese la espulsion de los jesuitas, se ejecutó con tanta arbitrariedad y crueldad que al ,considerarla se oprime el corazon y se llena de indignacion. Los indi- viduos de una respetable órden religiosa fueron arres- tados de improviso, como si hubiesen sido culpables, de los crímenes mas grandes; desterrados de su patria sin ser juzgados, expuestos á los padecimientos mas horrorosos, y precisados, en fin á permanecer en los Estados del papa, bajo la pena de perder su mezquina cantidad de dinero concedida para su subsistencia, sin que se alegase razon alguna para justificar me– didas tan. rigorosas , sino la absoluta voluntad del rey (79). Despuzs de reducirlos á tal estado de prosCripcion no solo les fué prohibido el justificar su conducta, sino, que se declaró, que, si un solo jesuita trataba de pu- blicar la mas pequeña defensa a favor suyo, se qui- taria á todos al instante la pension, y que todo súbdi- to de España que se atreviera á publicar un escrito,. fuese en pro ó en contra de la órden abolida, seria castigado como culpable de lesa magestad, cuyas me- didas serian apenas inteligibles para nosotros que vi- 4767.-1769.  477 vimos bajo un gobierno libre, sino fuese probada su verdad por el edicto mismo de su espulsion (80). La única razon que se podia ofrecer para justificar tan se- vera medida, es que, hallándose todos los individuos de aquella órden ligados con un juramento de obede- cer esclusivamente a su general, ninguno de ellos po- dia publicar un escrito, cualquiera que fuese, sin la aprobacion de su superior; su influjo en las concien- cias de personas de toda clase y condicion era grande á tal punto, que, si se hubiese permitido á. algunos que se quedasen en España ó que volviesen á ella, al momento en que subsistía todavía la fermentacion de la insurreccion, hubieran podido escitar conmociones peligrosas en el populacho. Dió parte Cárlos de esta resolucion al gefe de la iglesia en términos respetuosísimos, .pero enérgicos. «El primer deber de un monarca, decía, es cuidar del mantenimiento de la tranquilidad de sus estados, doi honor de su corona, y de la paz interior de sus vasa- llos. Para cumplir con este deber, me veo en la nece- sidad urgente de espulsar á los jesuitas fuera de mis reinos y de hacerles conducir á los estados de la Igle- sia, con el fin de que puedan vivir bajo la tutela é inmediata direceion de Y. S. como padre comun de los fieles. No queriendo empero, que fuese recar- gada la cámara apostólica con su sostenimiento, he dado órdenes terminantes para que sea pagada á ca- da  durante su vida, una pension mas que su- ficiente para subsistir. Ruego á Y. S. que consi- dere esta resolucion como medida de seguridad indis pensable que no he adoptado sino despues de un exa- men serio y la reLlexion mas profunda. Espero, pues, que V. S. y la corte de Roma harán á esta reso- lucion la justicia que se merece, y que reconocerán que resultará de ella la mayor gloria de  dIemin plao: ro vuestra benediccion santa y apostólica. yo de 1761.» 4106 Biblioteca popular.  T. xv. 101 478  CAPITULO SESENTA Y CINCO. No era de esperar que aprobase el papa una es- R ulsion tan repentina, que no miraban con buenos ojos los partidarios mas celosos de la Santa Sede; me— nos todavía que un pontífice tan ardiente é irritable como Clemente XIII que estaba ya exasperado con las disputas que rabia tenido con los príncipes católicos, permitiria esta usurpacion de autoridad, de modo que manifestó su pena y disgusto en el mismo estilo de amonestaciones que habian empleado sus predecesores con buen éxito en tiempos menos ilustrados, pero que no puede de ningun modo salir bien en el siglo en que estamos. Despues de hacer un elogio pomposo del mérito y los servicios de la órden de los jesuitas, y despues de insistir en el daño que haria á la reli- o 'ion católica su abolicion, concluía invocando viva y estraordinariamente la devocion y los sentimientos del monarca (16 de mayo de 1767). «No os presentaremos la súplica de vuestra augusta esposa, que se acuerda tal vez, en la celeste morada, de vuestro antiguo afec- to hacia la compañía de Jesus; sino los ruegos de la esposa de Jesucristo, la santa iglesia, que no puede ver, sin verter lágrimas, 'la ruina total de una institu- cion religiosa de tanta utilidad. Unimos nuestros de- seos particulares á los de la iglesia romana, que se regocija del afecto que V. M. y que sus augustos pre- decesores han profesado siempre á, la Sede de San Pe- dro, honrándole en haber dado á la persona de V. M. así como á la monarquía española , los mayores tes- timonios de amor y consideracion particular. Ruego a V. M., por el dulce nombre de Jesus, que es la glo- riosa divisa de los hijos de Ignacio, por el nombre de la Virgen Santísima cuya concepcion inmalculada siempre han defendido, os rogamos por nuestros mu- chos años, que desistais de severidad tan grande, y que consintais en la revocacion ó al menos en la sus- pension de vuestro decreto, con el fin de que sean discutidos sus motivos con calma y reflexion. Dejad 4767.-1769.  479 á la justicia y á la verdad el tiempo de disipar las nu- bes que forman las . preocupaciones y _ las sospechas; escuchad a los ancianos de Israel,  1  prelados y religiosos esperimentados en un negocio al estado, á la prosperidad de la iglesia, a la-snamelvianctieorned sentirá, las almas y á vuestra propia conciencia. y estamos persuadidos de ello, que seria injustsoen  , - truir la órden entera, por castigar los crímenes des- si existen, de algunos individuos. Igualmente conveni cs dos de la gran devocion. y de la rectitud reconocida de V. M. tenemos plena confianza de que escuchará nuestra tierra exhortacion y que seguirá nuestro con- sejo paternal, cediendo á nuestros ruegos tan razo- nables como justos. Confiados en esta esperanza , da- mos á V. M. y á su augusta familia nuestra hendicion apostólica (84).» La contestacion del rey (2 de junio) manifestaba, como se verá, respeto y afecto hácia el gefe de la iglesia, pero tambien una firmeza inmutable en la re- solucion que habla tomado. ((Lleno está mi corazon de amargura y dolor al recibir la carta de Vuestra Santidad, en contestacion á mi comunicacion relativa á la espulsion de los jesuitas de mis estados, ¿Cuál es el hijo que no se conmoveria al ver á su padre vene- rado y amado lleno de afliccion y anegándose en lá- grimas? Amo sinceramente la . persona de V. S., en lo que reverencio las virtudes mas egemplares, no inferiores á las que debe practicar el vicario de Jesucristo , y por eso podrá juzgar V. S. de la parte que tomó en las penas que le afligen ; pero los motivos y las consideraciones que me han he- cho tomar la resolucion de que se trata son dema- siado poderosos , Santísimo Padre , y demasiado manifiestos para que me limite á espulsar de mis es- tados á, un puñado de jesuitas en lugar de la ór- den entera. De nuevo lo aseguró á V. S., porque nai conviccion con respecto á esto , puede contri- 480  CAPITULO SESENTA Y CINCO. huir á vuestro consuelo, y ruego á Dios que se con-- venza Y. S. de lo que afirmo. Además , la divi– na Providencia ha querido que en este negocio; haya tenido constantemente presente en la mente la cuenta estricta que debo dar un dia de la goberna- cion de mi pueblo, cuyos bienes temporales no sola- mente estoy obligado á defender, sino tambien su felicidad espiritual. ((Dirigido, pues, por semejante principio , y no teniendo en vista mas que estos poderosos intereses, he tomado las medidas oportunas para que no falten aun en los paises mas lejanos, ninguno de los socor- ros que son debidos á los hombres revestidos del ca- rácter eclesiástico. Vuestra Santidad puede estar sin ningun cuidado sobre este punto, que parece ser pa- ra vos el mayor objeto de dolencia. Dignaos fortifi- carme, dándome vuestra benediccion paternal y apos- tólica (82).» El rey de Nápoles no tardó en seguir el egemplo del rey de España. Los jesuitas fueron espulsados de aquel reino con las mismas precauciones que se ha- bian tomado en España; y fueron conducidos hasta la frontera de los estados de la Iglesia. Temiendo ofender á los poderosos monarcas de Francia y España; habia limitado hasta entonces el papa su oposicion á meras amonestaciones y quejas de la violacion de su territorio; pero cuando vió que un pequeño soberano como el de Parma se atrevía tambien á echar fuera de sus estados á los jesuitas, y establecer varios reglamentos para restringir la auto- ridad papal, empezó á salir de Sto estupor y juzgó que era llegado el momento favorable para egercer , con toda seguridad, su poder espiritual, sin que tuvie- se que temer ninguna consecuencia molesta. A este efecto espedió un breve contra el duque, amenazando á sus estados' con una interdiccion, y á su persona con esa comunicacion, si no devolviese las órdenes que 4767.-1769.  481 habia dado en contra de los privilegios y derechos de la iglesia. Los t'' príncipes de la casa de Borbon, que buscaban la ocasion de poner límites á las e xigencias de la gl sia de Roma, no toleraron, de ningun modo, aell' n- sulto que se hacia á un individuo de su familia, y les- torba,ron el ejercicio de la autoridad papal del modo mas enérgico. Apoderóse Francia de A.villoa y del cOndado Venaisino, y Nápoles tomó posesion de Be- nevento. Todas las potencias católicas se pusieron de acuerdo para vituperar el breve del papa, como ilegal y redactado ab trato. Particularmente el rev de España hizo una declaracion en que manifestaba que los mas devotos de sus predecesores se habian negado á la ejecucion de semejantes breves de exco- munion, y mandó ea consecuencia á los prelados que impidiesen su publicacion formal en sus diócesis respectivas. Al mismo tiempo, hizo restablecer la prag- mática sancion contra los repartidores de bulas ó bre- ves, atentorios á la prerogativa real , y amenazó con la pena de muerte , y la de confiscacion de bienes a todos los que contribuyeron á esparcir el breve contra el duque de Parma, y la bula in Cena _Domini en que se apoyaba (83). Las grandes potencias católicas, y sobre todo el rey de España, tenian á cada momento pruebas evi- dentes de los esfuerzos é intrigas que hacian los je- suitas para volver á entrar en los establecimientos que habian perdido, haciendo conocer mas que nunca á este monarca la necesidad de acabar con la destruc- don. de tan peligrosa sociedad , que seria mas formi- dable todavía á causa de su resentimiento y mortifi- caciones que habia sufrido en su reciente persecucion. Túvose en Madrid, un año despees de su espulsion, una prueba notable y alarmante en estremo de su in- flujo. El dia de San Cárlos, cuando el monarca se asomaba al balen de palacio, se quiso seguir la cos- 482  CAPITULO SESENTA Y CINCO Lumbre que habia de otorgar en aquel dia alguna sú- plica general, y con grande asombro de toda la corte, poblaron el aire los clamores de un gentío in menso que manifestaba el deseo de que fuesen amnistiados los jesuitas, otorgándoseles el permiso de vivir en Es- paña y usar el hábito del clero secular. Este suceso inesperado alarmó é incomodó al rey , que, despues de tomar algunos informes, juzgó á bien desterrar el cardenal arzobispo de Toledo y á su vicario , acusados de haber sido los instigadores de esta súplica ruidosa. Aumentó , pues , Carlos sus esfuerzos para lograr del papa la abolicion de la árdea , pidiendo esta con- cesion como una condicion sine qué non para arreglar la disputa con Parma. Fué esta peticion objeto de sé- rias deliberaciones en el sacro colegio; pero fueron otra vez los partidarios de los jesuitas bastante numerosos para rechazarla. La decision del sacro colegio fué que el papa debía seguir dirigiendo breves á los príncipes. católicos, intercediendo por la órden perseguida, y procurando escitar el interés y la compasion á los pa- decimientos que les habian hecho sufrir. Pero mientras se dilataban estas altercaciones, los pesares, la contí- nua inquietud, el disgusto, aceleraron la muerte de Clemente XIII, que estaba ya debilitado por su edad, lo que abrió un nuevo paso á la lucha del poder civil en contra del poder eclesiástico. Cuando fué reunido el cónclave para la eleccion de un nuevo papa (2 de febrero de 1769), los príncipes ca- tólicos no escasearon paso ninguno para aniquilar el influjo de los jesuitas y lograr que se eligiese un pon- tífice que entrase en sus miras, y se desistiese de cier- tos privilegios de la iglesia que estaban muy decidi- dos á, combatir y destruir. Se estableció en el cónclave una lucha vigorosa, en que fueron bastante numerosos los individuos agregados á los varios poderes conten- dientes para escluir á sus adversarios, pero no tanta para hacer elegir á uno de sus partidarios. 4767. 1769. 183 Triunfaron los , esfuerzos reunidos de Francia y Es- paña, y llegaron á hacer nombrar á Ganganelli , fraile franciscano, prelado de vastísima instruccon hombre v cuyos de carácter benigno y desinteresado  senti- mientos -á favor de una reconciliacion con las.ipotencias católicas le habian grangeado algunas señales e dis- gusto de parte de su predecesor. Conseguida la victoria, no se trataba mas por parte de las potencias católicas que_ de presentar peticiones al nuevo pontífice y exigir la abolicion absoluta de la órden de los jesuitas, la renuncia á las pretensiones eclesiásticas, que consideraban como una denresion de su autoridad civil, y aun. la cesion de Aviñon y de Be- nevento. Clemente XIV, por mas que fueron grandes sus empeños anteriores, no quiso envilecer la dignidad de su carácter con una deferencia demasiado servil á sus instancias, y exigió que le diesen tiempo para exa- minar la cuestion relativa á. los jesuitas. Declaró que como padre comun de los fieles, en su calidad de gefe de todas las comunidades religiosas, no destruiria una órden tan célebre sin tener motivos que pudiesen justi- ficarlo delante de Dios y á los ojos de la posteridad. En cuanto á los demas puntos, manifestó su deseo de con- tentar á las potencias católicas. Admitió un embajador de Portugal que el último papa se habia negado á re- cibir , revocó el breve dirigido al duque de Parma, hizo varias concesiones relativas á la disciplina ecle- siástica , y á los derechos de la iglesia, acerca de los puntos que se creian perjudiciales á la felicidad de la sociedad civil. En cuanto al rey de España en particular , á quien debia principalmente Ganganelli su elevacion , le dió las señales mas vivas de consideracion y reconoci- miento ; y entre otras pruebas de condescende ncia á, sus deseos, beatificó al obispo Palafox. En fin , se rin- dió al empeño repetido de las potencias católicas , abo- liendo el 21 de julio de 1773 la órden de Jesus por 4 84  CAPITULO SESENTA Y CINCO. medio de una bula en que declaró que consentiá en esta abolicion por respeto a las manifestaciones del rey de España; que reclamaba con instancia esta medida como necesaria á la tranquilidad de la cristiandad y á la paz de sus estados (84). Satisfecho Cárlos de haber aniquilado el poder de los jesuitas y asegurado la tranquilidad de su reino con la destruccion de su influjó como corporacion peligro- s,, volvió á su dulzura natural, publicando un decreto en que permitió á los individuos de la órden que habian sobrevivido á su desdicha, que regresasen. á España y que disfrutasen de los bienes que les pertenecían por derecho de herencia (junio 1783) (85). CAPITULO ADICIONAL. SECCION PRIMERA. Prevenciones personales de Cárlos III contra lo s jesuitas.--Medios-d;3 que se valieron los enemigos de los jesuitas para decidir al mo- narca que consintiese en la espulsion de la compañía de Jesus. Al leer este relato histórico de la espulsion de los jesuitas de España , no se puede menos de admirar no diré la energía sino la animosidad de Cárlos III contra esta sociedad. No fué una importancia meramente po- lítica la que daba á la medida de su espulsion, porque habia en todos sus pasos relativos á esto algo que se parecia á un interés personal. ¿Cuál era la causa de esta animosidad tan viva del monarca , y cómo se ha- bia llegado á hacer que entrase con ardor tan grande en los planes de los enemigos de la órden espulsada? Esto - es lo que vamos á tratar de esplicar. Al subir al trono de España abrigaba ya Carlos una disposicion poco favorable á los jesuitas. No hubieran bastado tal vez para disponerlo en contra de estos re- ligiosos las querellas en que se hallaba constantemente empeñado su gobierno de, Nápoles con la córte de Ro- ma , aunque en Nápoles como en todas partes mere- ciesen los jesuitas el nombre de milicia papal; sino que fueron las ofensas personales de que creyó tener 186  CAPITULO ADICIONAL. que quejarse por parte del padre Ravago, confesor de su hermano Fernando , las que habian sido causa de que tomase aversion á esta sociedad poderosa y ambi- ciosa. Los celos de la reina de España , Bárbara , á quien tenia alarmada el influjo que pudiera tener en los consejos del rey su esposo la córte de Nápoles , no menos que los sistemas políticos opuestos que seguían las dos córtes, habian convencido á los jesuitas que no podian estar en buena inteligencia con ambas a la vez. Fué menester elegir entre las dos, y no previendo la muerte prematura de Fernando ni la esterilidad ,de su muger, se habian muy naturalmente declarado á favor de la poderosa corona de España , sin nada esca- sear para conservar su agrado , y prefiriendo su pro- teccion á la de la córte, menos importante, de Nápoles. Tuvieron muchísima satisfaccion en poder colocar cer- ca de Fernando al padre Ravago; y sea de intento, sea por descuido , dejaron á Cárlos dueño de elegir su confesor en el clero secular. Protegia la reina Bárbara á los jesuitas, y á imita- clon suya, su favorito el eunuco Farinelli les dispensa- ba su amistad. El marqués de la Ensenada, sobre todo, ministro de un gran mérito bajo el reinado de Fernan- do , era su protector declarado , su confidente , y en fin, un ardiente partidario de su instituto, y despues de la desgracia de este ministro el imperio que egercia la reina en el ánimo de su marido habia garantizado á la sociedad la misma estabilidad , que se hallaba de- masiado asegurada para sufrir menoscabo. Pero á la muerte de Bárbara , á la que siguió inmediatamente la del rey, sufrieron los jesuitas un cambio de fortuna que fué tan súbito como funesto , variando de repente la política de la córte de Madrid. No habia Cárlos olvi- dado las causas de su resentimiento contra Inglaterra, estando todavía presente á su memoria el almirante inglés que habla dejado anclada su escuadra en el puerto de Nápoles para pedirle, con el reloj en la ma- . • SECCION PRIMERA. 4 93 partibus infedilium, era un fraile recoleto, sin instruc- 11 clon ninguna, y sin alcances ni grandes ñi c ortos. 5 1, 111  tenia  ni mas que á su orden, que amabap )íl o,r .tcoNs-o tambre; por lo demas, era estraño á todo es' 1  partido ó ambicion, y carecía completamente de l q u de 11  Ba fuerza de caracter, de aquella vehemencia t g File- 1  ginacion que mueven á los hombres á emprendpero rveTni catna-- 1  des cosas ó á reunirse á otros para ejecutar  a donde 11.  arriesgados. Sin embargo, Rosa, que sa b ia hasta -t CI °s b ra, pueden llevar los afectos nutridos en la vida monás- tica, no tardó en imaginar los medios capaces de cap- tarse-la voluntad del P. Osma. No es fácil formarse 11  idea exacta del efecto que produce ea un entendimien-- ái  to limitado el género de vida de los conventos, si ue .1  cerca no se ha examinado; porque el convento y la al- n;  dea remplaza, en el corazon de los frailes, el afecto )11,  que los mundanos profesan á sus padres, mugeres é poi  hijos. 11  El P. Osma habia nacido en Castilla la Vieja, en el voto  obispado que habia regido el ilustre y venerable Pala- ba-  fox. La santidad de este prelado eminente, su ferviente eli-  devocion, su beneficencia activa, así como la firmeza TI -   evangélica de su carácter, le habian dado la reputacion de santo, y segun la opinion. de los españoles, merecia coa 111   ser canonizado (89). Era notorio y Roda lo sabia me- jor que nadie que los jesuitas miraban con aversion la ,s110  memoria de Palafox, á causa de las grandes disputas Ill  que habian sostenido con el prelado en las regiones rel  de América; era por lo tanto, fácil de presumir que se ;11.  opondria esta corporacion con todo su poder, á que se ,0/ 1  canonizase al santo Palafox. En vista de esto, hizo en- l oí  tender al P. Osma que seria una grande gloria para 10  él y para su ciudad natal, el que se consiguiere aque— P;  hla tan justa canonizacion, pintándole con los mas vi- 1  vos colores el reconocimiento que este hecho inspira- 13 . ,  Tia á España, la admiracion que causaria, su persona en toda la cristiandad, si por medio de su empeño, el i 11 , i '  9 107 Biblioteca popular.  T. iv. 102 4 94  CAPITULO ADICIONAL. nombre de un eminente prelado español de tan precia— n ra alcurnia se incluyese en el catálogo de los santos. Con grande satisfaccion, pero no sin sorpresa, vió que el P. Osina abrazaba la causa de Palafox con un ar- dor estrado en su carácter. No solo el confesor dijo al rey que debia poner en juego todo su valimiento con el papa para conseguir esta canonizacion, sino que lo hostigaba:para que sostuviese esta reclarnacion justa con todo el poder é influjo que da la corona. En esto se hallaba el asunto, cuando se presentó una dificultad _imprevista, de que Roda se aprovechó diestramente y se sirvió para suscitar cierta frialdad entre la córte de Madrid y la Santa Sede. Cárlos III se prestó de muy buena gana á sostener los derechos del santo que pro- tegia el confesor; pero tenia por su parte, otra peticion igual que hacer á la corte de Roma, y solicitó por lo mismo la cooperacion del P. Osma para conseguir la canonizacion del hermano Sebastian. La historia de este personage oscuro es á tal punto curiosa y dá á conocer el carácter de Cárlos III , que no será inútil el contarla. Durante la permanencia de Felipe V en Sevilla, el hermano Sebastian servia en el convento de San Fran- cisco en clase de donado , que pedia para el convento en las casas principales de la ciudad, llevando siempre consigo una imágen del niño Jesus. El aspecto de san- tidad ' la humildad que manifestaba en su conducta y modales , las máximas de moral que tenia costumbre de inculcar á las mugeres y á los niños, le habian,dado la reputacion de santo entre algunas beatas. Con esto bastó para que el donado se creyese un inensagero de Dios ; compuso, pues , algunas oraciones y Cárlos, que era entonces niño, tomó al punto inclinacion suma al hermano Sebastian del niño de Dios , que así 'O lla- maban comutimente á causa de la imágen que llevaba cuando pedia limosna para el convento. Este anciano trató de captarse la voluntad-del jóven príncipe , rega- SECUION PRIMERA.  4 95 lándole algunas oraciones escritas de su puño, di- ciéndole con aire misterioso y santo que estaulloCierto d e que con el tiempo seria rey de España , e mio de las precoces inclinaciones de resignacion vpdree-- vocion que descubria. Cárlos recibió con júbilo lo ü s re- galos , y aunque era tan joven aun , hicieron en su es- píritu supersticioso profunda impresion las palabras y sentido de la profecía. Rara vez , empero , habló de - esta circunstancia durante muchos años; pero siempre llevó consigo el regalo del hermano Sebastian , de que nunca se apartaba , ni cuando dormia. Pero cuando se realizó la profecía del donado con el advenimiento de Cárlos al trono de España , aquel manuscrito fué para para él un verdadero tesoro. La conviccion en que es- taba de la santidad del hermano Sebastian se fijó mas en su mente , y el agradecido y crédulo monarca ve- neró con mayor ardor la memoria de un hombre tan hábil. Cuando se trató de conseguir de Roma la cano- nizacion de Palafox , diérouse órdenes al embajador español á fin de que pidiese igual honor para el hu- milde hermano Sebastian, y semejante encargo se con- fió al maligno y gracioso Aura. Puede suceder que si no conservó como deseaba los documentos de esta im- portante negociacion , conservase algunas notas entre sus papeles , en los que se hallaron pormenores rela- tivos á esta correspondencia, contados, segun tenemos datos para creerlo , con exactitud , y el genio festivo y delicado que son en él una peculiaridad. En todos tiempos ha sido fértil para hallar recursos la córte de Roma , sobre todo tratándose de suscitar tropiezos y crear dificultades para un objeto cualquiera de su propio interés ; por lo tanto , el espediente para la canonizacion de Palafox se prolongaba mas de lo na- tural. Podia facilmente conocerse que los jesuitas em- pleaban todo el influjo que tenían con el sacro colegio para suscitar cada dia nuevos obstáculos á la canoniza- cien de su adversario. La corte de Roma no pensó 4 96  CAPITULO ADICIONAL. jamás sériamente en dar lugar entre los santos al hermano Sebastian ; mas sin embargo , entretuvo á Carlos III con largas discusiones relativas a sus virtu- des y mérito, entregándose con exactitud minuciosa á las formalidades anteriores para probar la conducta. sin tacha que se exigía para la canonizacion. Es costumbre establecida y máxima general que todo escrito original de la persona cuya beatificacion se pide , debe verse y examinarse por el sacro colegio, y . que ninguna copia , cualquiera que sea la autoriza— clon . que le acompañe, no pueda ser admitida como suficiente prueba, no prestándose fé absolutamente á nada que no sea el original. Se pidió , pues , en Roma el librito á que tenia Carlos III tanto amor , y esto causó muchas dilaciones y dificultades , porque el rey no queria consentir en separarse de su tesoro , y.por otra parte, el sacro colegio no podia sin este requisito continuar en sus investigaciones. Finalmente , Carlos, arrastrado por el ardiente amor que profesaba al santo hermano , cedió , no sin manifestar que hacia un gran sacrificio desprendiéndose de su manuscrito amado, que era para él una reliquia. Azara recibió órden de\ reunir el sacro colegio para que estuviese preparado en el dia y hora señalado , calculando antes el tiempo que necesitaba un correo para ir con toda presteza desde Madrid á Roma , llevando consigo el librito de tan subido precio. Carlos III entregó él mismo la santa reliquia al correo en quien mas confianza tenia , ro- gándole infinitas veces y con el acento »de la mayor angustia que la conservase con el cuidado mas escru- puloso , y que no dejase de salir de Roma y empren- der su regreso tan luego como el sacro colegio se en.- terase del contenido de aquel interesante manus- crito, El intérvalo que fué preciso pareció á Carlos III un, verdadero sueño triste y penoso, una pesadilla que le quitaba el descanso y el sueño. Durante muchos dial SECC ION 'MENTE It A  497 apenas tomó alimento, y su modo de vivir. gularidad era tal , que ni los negocios públicos ni los afectos de familia podian jamás cambiarlo , en 1 1  ocasion cambió de un modo notable , y hasta descuide el placer de la caza , que ni las enfermedades y muerte Ilt  de sus hijos pudieron suspender, todo porque le faltaba el talisman del libritó del hermano Sebastian. X veces se asomaba al balcon y se entretenia en contar las gotas de agua que la lluvia dejaba en los cristales, lanzando de vez en cuando profundos suspiros. Los negocios, lós placeres , la conversacion , la comida , todo fué in.- terrumpido ó variado hasta la vuelta del tesoro que rea  podía tan solo lograr que tornase el monarca á sus ocupaciones ordinarias. ey  Sin embargo, cuando notó el confesor que la córte p or  de Roma no se conformaba á sus deseos mostrando re- pugnancia á canonizar á Palafox ; cuando por su parte el rey empezó a sospechar que se habia sometido inú- filo  tilmente á tan grandes sacrificios , y que á pesar de la raa  dolorosa separacion que de él se habia exigido no habia Jo,  la menor intencion de concederle su peticion , tanto de  Carlos como el confesor se incomodaron de veras. No ido  faltó entonces algun enemigo de los jesuitas que les dió á entender con maña que tan tenaz oposicion hacia '1\V -de la sociedad de Jesus. Por entonces sobrevino 'el motin de Madrid (1766), tol  sublevándose el pueblo, corno hemos dicho ya, á causa del decreto que prohibia el uso de los chambergos y de las capas con que se ocultaban los criminales. Esta )11 :  medida y otras no menos impopulares se atribuian al marqués de Squilace , quien ' -- como estrangero y fa 11  vont» , era un objeto general de ódio. Ya hemos con- ;10  todo cómo se vio el rey precisado á separarlo, y cómo el conde de Áranda , postergado en tiempos de Fer- nando VI , habia sido nombrado , primero capitan neral de Valencia', y despues presidente del Consejo 1/1  de Castilla. Esperabase que este personage calmaria á 498  CAPITULO ADICIONAL. los perturbadores , y en efecto , su vigor enfrenóal populacho. Aranda aprobó sin dificultad todos los planes de Roda, corno buen aragonés, y sobre todo corno enemi- go declarado de los colegios ma y ores , porque estos desdeñaban á los de aquel reino. Ádemas, como hom- bre ilustrado , anhelaba la supresion de los jesuitas. Por aquella época circularon rumores falsos ó ciertos contra la compañía , y los dos elevados personages les daban acogida. Decíase que los jesuitas hablan pagado y • dirigido las turbulencias de Madrid , y repetiase con el ma y or descaro, que se habian conocido á muchos entre los grupos á pesar de su disfraz, y hasta se citaba al padre Ignacio Lopez , asturiano , á quien se tenla por uno de los hombres mas influyentes de la sociedad, asegurando que se le hala visto guiando al populacho. Lo que confirmaba los rumores esparcidos contra los jesuitas , era la indicacion que hizo el populacho de Ensenada, para reemplazar á Squilace, habiendo sido aquel personage el mas acérrimo defensor de los jel- -mi- tas, durante el reinado anterior. A decir verdad, si no existian motivos ciertos, no escaseaban las apariencias para atribuir el descontento de la capital á las intrigas de los jesuitas ó de sus protectores. Es presemible que, con pretesto de profundizar las causas del último motín, Aranda y Roda trataron de recoger todos los datos que pudiesen inflamar el áni- mo del rey contra la sociedad que se habian propues- to destruir. Con este motivo, recordaron la conducta del venerable Palafox, é hicieron que se fijase la aten- cion de Carlos y del público en las cartas célebres de este prelado, en . que cuenta las intrigas de los je- suitas en la América española, cartas que gracias al influjo de la compañía se . quemaron algunos años mas tarde . en la Plaza mayor Ge•Madrid. Pero, aun pudiendo contar con el apo y o del P. Os- ma, con el consentimiento del rey y col" la coopera- SECCION PRIMERA.  499 cion de algunos estrangeros enemigos de lasociedad, todavía necesitaban Roda y A sanda b otros so co rros sa b er CJ r r c o a s r c u e les hablan de suministrar la capacidad, ter de los personages; tan necesario era un conjunto de de sabiduria y prudencia para que tuviese buen éxito un proyecto tan vasto por su naturaleza , cuyos pormenores eran en éstremo, delicados, y de ejecu- clon tan dificil. Afortunadamente todas las cualidades apetecibles se hallan reunidas en el célebre conde de Campomanes. Puede acontecer que Jovellanos, á quien debemos estos detalles, dominado por el recuerdo de los servicios que debia á Campomanes, y sin dar oidos mas que á su carácter generoso, haya elogiado dema- siado la capacidad y virtudes de su primer protector, que fué, al mismo tiempo , su maestro en los ramos que luego cultivó con tanto aprovechamiento; pero de todos modos debe mirarse á Campomanes como á un sabio laborioso y como á un magistrado ilustre á quien debe España gratitud sincera por sus útiles trabajos y escritos notables. En la época de que se trata, era fiscal y gobernador interino del consejo y cámara de Castilla y gozaba , con razon, del mayor prestigio en- tre los togados, así como con las cor p oraciones comer- ciales y políticas de toda España, que lo consideraban como oráculo infalible en , cuanto decía relacion con la administración interior del reino. La coleccion de pro- videncias tomadas por el gobierno sobre el estraña,mtento y ocupacion de las temporalidades de los regulares de la compañía pasa por un monumento eterno de su celo, de su sagacidad y energía. La carta, de donde hemos tomado estos deta- lles (90) cuenta los que hemos referido ya, hablando del decreto aboliendo la compañía de Jesus, y finaliza con estas palabras: «Los padecimientos son conocidos de todo el mun- do, así como la constancia con que los soportaron; lá- grimas y elogios han arrancado á los mismos que es- 200  CAPITULO ADICIONAL. tabas convencidos íntimamente de su influjo funesto en las córtes de Europa. Sin duda alguna, fué mayor la inhumanidad de la espulsion y persecucion de los clérigos, durante la revolucion francesa; pero á pe- nas si estas mismas medidas fueron mas acerbas que los sufrimientos y penas impuestas por gobiernos le- gítimos y ordenados á aquellos jesuitas que babiau fa- vorecido v protegido de un modo manifiesto , desde la creacion °de la órden. Aparte esta persecucion. , la su- presion de la sociedad fué muy favorable á la causa de, la libertad, de la moral y de la, iastruccion univer- sal de los pueblos, dando crédito á, la opinion de mil chas personas; porque se alabará, cuanto se quiera, dicen estas, su sistema de educacion, pero existe un he- cho constante, y es que ea España la literatura se ha- llaba en visible decadencia, y la ignorancia se gene- ralizó desde la época en que se encargaron los jesui- tas de la educacion de la juventud. Si se puede juzgar del estado de la educacion en un pais por los frutos. que produce, añaden estas personas, los jesuitas han sido causa que se paralicen estos adelantos en España. Los españoles estaban mucho mas adelantados en las ciencias y en las letras durante el siglo XV y XVI com- parativamente .á los denlas estados de Europa, que du- rante los siglos XVII y XVIII. Solo despues de la su- presion de ,la compañía, en /767, y no antes,, empezaron á renacer entre ellos, la aficion. a la buena literatura y el espíritu de progreso.» Cualquiera que sea la exactitud de estas últimas reflexiones, se puede poner en duda, á lo que enten- demos, la grande importancia literaria que se da, ya sea á la existencia, ya á la destruccion de los jesuitas:. La aurora de la filosofia y de la buena literatura ha- bia empezado á brillar en España, y hasta la claridad lucia de un modo visible, aun antes de la espulsion de los jesuitas. Feijóo , Sarmiento , don Jorge Juan, Nasarre, Luyando, Burriel, Mayans, .Baye,r y otros SECC1ON PRIMERA  201 muchos sabios y literatos españoles habian ya ilustra- do á su patria, por entonces,  escritos y trabajos, útiles. Sin negar el hecho evdente de los adelantos de la buena literatura en España desde 1767, es de creer: que hubieran sido iguales, si no hubieran sido espul- sados los jesuitas. Esto mismo habla sucedido en Francia; porque su poder no era bastante fuerte para atajar el desarrollo que hubiese habido , á pesar de ellos mismos. Montesquieu ¡lizo brillar las leyes con la antorcha de la filosofía; Voltaire salió de las mismas aulas de los jesuitas; los enciclopedistas y lo que se llamó partido filosófico, á que sé atribuyó la destruc- cion de la compañia existiaa ya_ ¿Qué podía hacer con- tra el ascendiente progresivo de . la razon humana una sociedad tan desacreditada, á causa de sus doctrinas? Es en verdad honrarla demasiado el suponer que hu- biera bastado ella sola para atajar este movimiento len- to y . gradual, pero constante, que empezó con la in- y encion de la imprenta y que es universal é irresisti- ble desde el último siglo. Pero terminemos la historia de la destruccion de los jesuitas en España. Los hombres de estado que habian concebido y realizado el proyecto de destruir á la sociedad de Je- sus, trataron, despues de la espulsion de sus indivi- duos, de rodearse de las luces y consejos de los pre- lados cuya cooperacion les era tan necesaria en las continuas disputas que ocurrian con la córte de Ro- ma; de este modo querian tatribien justificar la me- dida que acababan de tomar y otras que preparaban. Cuando viese el . público que una especie de concilio compuesto -de cinco obispos, auxiliaba al gobierno, debia ser un hecho evidente que no corria riesgo nin-- gano ni la reli?Jon, ni la iglesia. En cuanto se verifi- có la espulsion de los jesuitas, se formó un consejo estraordinario- de que eran individuos Rodriguez de Arenan°, arzobispo de Burgos; Buz caga, arzobispo de Zaragoza; Plana y Castelló, obispo de Tarazona; 902  CAPITULO ADICIONAL. mo, de Orihuela, y Molina, de Albarracin. El estilo de las cartas y comunicaciones con Roma, relativas 111 este punto, de que hemos hablado ya, indica sobra do la cooperacion de estos prelados. Empero todavía quedaban á los espul g ados protec- tores activos, entre los que era el mas poderóso la inquisicion. Don Manuel Qintano y Bonifaz era en- tonces inquisidor general. El santo oficio actuaba se- cretamente contra Roda, Aranda y Campomanes , y tambien se trató de encausar á los obispos del conse- jo estraordinario. No se culpaba á ninguno de ellos por las medidas tornadas contra los jesuitas, y todos los cargos que se les hacian eran relativos á su espíri- tu anti-religioso y filosófico en general. Afortunada- mente para los reos, la inquisicion conocía su flaque- za, y á causa de esto, eran sus gestiones tibias y po- co firmes. Además, no se podía acusar á los ministro S de la corona, por haber combatido proyectos contrarios al poder de la corona y haber tratado de purificar la reli- gion de la impura liga de máximas ultramontanas; no se los podía motejar por esta conducta, sin declararse ene- migos de la corona, y de las libertades de la iglesia na- cional; por estas razones, la causa contra los minis- tros no pudo pasar adelante. Por lo tocante á los obis- pos, no se pudo tampoco probar que hubiesen acogido proposiciones ningunas contrarias al dogma, y todo se reducía á espresiones vagas y generales que, reuni- das en un cuerpo de doctrinas, se presentaban corno el lenguage de un espíritu filosófico que rayaba en impiedad y era favorable á los enemigos de la iglesia. Mas adelante, los obispos del consejo estraordinario se reconciliaron con la inquisicion, emitiendo la idea de reformar algunas proposiciones del juicio imparcial contra el monitorio (le Parma, que consideraban como algo contrarias á los derechos de la iglesia. Consiguie- ron el que se mandasen recoger todos los egemplares de la primera edicion, y se corrigieron muchas tnáxi- SECCION PRIMERA.  203 mas en, la segunda. De este modo , alcanzaron la proteccion del señor Osma, que Roda habia podido ganar para la supresion de los jesuitas, pero que en los demas puntos, era inaccesible, siendo sobre todo acérrimo defensor de la inquisicion, que ciertamente hubiera caido con los jesuitas, si aquel fraile ignorante pero omnipotente con el rey no la hubiese amparado. Débese, empero, agradecer á Roda , y á los hombres ilustrados que lo ayudaban en sus planes, el bien que hicieron con algunas medidas provechosas , y tambien el que deseaban hacer en asuntos muy impor- tantes, si bien no pudieron vencer los obstáculos con que tuvieron que luchar. Cárlos III hubiera consen- tido fácilmente en la - abolicion de la inquision, á la que ningun afecto profesaba, y hasta se presume que así lo manifestó á Roda, añadiendo que había reinado en Nápoles donde no existia la inquisicion sin que la religion estuviese desatendida pero le manifestó que les 'media tomar esta medida la opinion general del pueblo de España que tanto respeto profesaba al tri- bunal de la fe. Mas tarde diremos cómo, durante su reinado, se pusieron trabas al poder de la inqui- sicion. SECCION SEGUNDA. Firmeza del gobierno cóntra invasiones de la autoridad eeleslástica.— Destierro del inquisidor general.—Quejas del obispo de Cuenea Carvajal, Enloscapitulos adicionales á los reinados de Felipe V y Fernando VI , hemos tenido ocasion de hacer notar que la habilidad de los partidarios de las doctrinas 904  CAPITULO, ADICIONAL. ultramontana s no pudo vencer en España el celo y las luces de la magistratura, tan distinguida siempre ea defensa de la autoridad real contra las invasiones de la córte de Roma. La inquisicion que apoyaba con "todas sus fuerzas las usurpaciones de la autoridad espiritual, Babia obligado , cierto es , al célebre ministro Macanaz á espatriarse 5 evitando así los ,tormentos que le espera- ban en los calabozos del Santo Oficio; pero esta persecu- cion no tuvo resultado ninguno, porque Macanáz: des- terrado.y perseguido , había tenido el consuelo de ver bien acogidos por sus compatriotas sus principios en materia de autoridad eclesiástica. El concordato de 1 1737, si bien distante todavía de establecer la inde- pendencia de la corona, anunciaba sobrado que el gobierno cuidaria en lo sucesivo de impedir los abusos del poder eclesiástico. Las disposiciones que contenta el de 1753 eran un gran paso dado para conseguir la separacion del poder temporal y del espiritual. Los reyes de España, como representantes de sus pueblos, recobraban mediante este concordato facultades que jamás debieran haber abandonado. En tiempo de Carlos III, adelantó todavía teas. el espíritu de lude"- pendencia ' porque á los argumentos tomados _ de la historia de la disciplina eclesiástica española, se agrega- ban los consejos y luces de la filosofia. El gobierno de Carlos tomó varias medidas relativas á materias eclesiásticas , {lude dan todas testimonio del espíritu ilustrado que las dictaba. En 4761 , el inquisidor general don Manuel Quintó noy Bonifaz ,  influido de, acuerdo con el nuncio del papa , para, que se publicase un breve en que se probibia el catecismo de Mesengui titulado: Esposicion de la doctrina cristiana, ó instruccion de las principales verdades de la iglesia, sin ponerlo antes'en conocimiento del gobierno corno debla. Carlos III, irritado por seme- jante abuso de poder, mandó al inquisidor general que .suspendiese la publicacien del breve, recogieado,todos --SECCIGN SEGUNDA.  205 los egemplares repartidos ya. El inquisidor general espuso que causarla escándalo el dictar una disposición lismo contraria á otra del Santo Oficio ,corno así m  á la obediencia que se debia, al gefe supremo de la iglesia, s  b obre todo en un punto que afectaba al doo-rill y  la á doctrina cristiana, y cediendo á esta manifestlCio se dio cumplimiento al decreto. Empero el inquisid or no salió desterrado de Madrid,' retirándose á San Ant onio tic la Cabrera, convento situado en medio de riscos. Al cabo de algun tiempo confesó el inquisidor su error, pidió perdon y volvió á disfrutar de la benevolencia real. Pero, queriendo que en lo sucesivo no ocurriesen casos análogos , pidió el rey al consejo un informe detalfado acerca de este asunto. Este informe fué muy instructivo é interesante: «La censura de los libros ,  decía en tan notable docu- mento, no depende tanto del inquisidor y de los conseje- ros como de la inteligencia y opinion y los censores, que ponlo general son personas devotas y retiradas , y que á causa de su profesion , profesan amor á esta máxima del Evangelio: « Dad c Dios lo que es de Dios» sin recordar del mismo modo la segunda parte; «.Dad -á Cesar lo que es de Cesar. .» A consecuencia de las doc - trinas establecidas en aquel informe , se publicó en 4762, un real decreto mandado: 4.° que en lo sucesi- vo, ningun breve, bula , rescripto ó carta pontificia.: dirigidos á un tribunal cualquiera que fuese , á una j unta ó á un magistrado, á los arzobispos, obispos en. general ó á uno de ellos en particular , cualquiera que fuera la materia de que se tratase en estos documentos, ya se tratase de establecer leves, reglas ó precepto s , 6 -tan solo de meros avisos , q6 estas bulas, escritos etc. no pudieran circular ni ser obedecidos sin haber . sido antes presentados á S. M. por el conducto ordinario.. 2.° Que cualquier bula ó breve relativos á negocios entre partes ó personas partículas, ya sea de gra c ia ,ya de justicia , se habia de presentar . al consejo, 906  CAPITULO ADICIONAL. á a su entrada en España y que el consejo antes de conceder su ejecucion examinaria si podia resultar de su contenido alguna contravencion al concordató, menoscabo á los derechos de la corona , á los bue- nos usos y costumbres legitimas , á la tranquilidad del reino, ó á los derechos de los particulares. Se escep- tuaban de esta obligacion general los breves y dispen- sas espedidas por la penitenciaria. 3.° Que en lo sucesivo no podia públicar el in- quisidor general edicto ninguno que no le fuese remiti- do por el rey. 4.° Que antes de condenar libro ninguno por la inquisicion, se oiria la defensa de las partes interesadas, á quienes se citaría conforme á la regla prescrita á la inquisicion de Roma por el papa Benedicto XIV , ea constitucion apostólica sollicita et providct. Este decreto ei4,- 4 , hostil á la córte de Roma y á la inquisicion , y al establecer que segun las reglas de la justicia, se oyera á los autores antes de condenar libro alguno , se daba la razon de que los escritores deben saber mejor que nadie el sentido de sus expresiones. De este modo, se añadia, podrán disipar las persecucio- nes contra su doctrina, suscitadas con frecuencia por la sola ignorancia de los calificadores, sin fundamento ninguno. Por justo que fuese este decreto, que  r' aco o ieron con aclamaciones cuantos hombres ilustrados habla en. Europa, fué posteriormente anulado. Es de creer que el motivo verdadero de este paso retrógrado fué el mal uso que hizo el P. Osma del influjo que con el - rey egercia ; porque este fraile ignorante sostenia con todas sus fuerzas la inquisicion y las exigencias de la córte de Roma. Cárlos Hl se hallaba colocado entre ministros ilustrados y su confesor. Los primeros traba- jaban abiertamente por libertar al gobierno de las trabas con que tropezaba la accion de la autoridad pública á, cada paso, pensando en destruir todas las instituciones SECCION SEGUNDA.  207 funestas ; el otro, movido por los partidarios de estas mismas instituciones, atemorizaba la conciencia de su penitente pintando los peligros de destruir el esplen- dor de la religion en España.. A pesar de estas trabas, cuando los ministros ven- cieron mas tarde y se dieron órdenes segunda vez para que se ejecutase el decreto, Campomanes,  b maoistrado amante de la dignidad de la corona, no menos que ministro íntegro é ilustrado, dió por disculpa de haber suspendido el decreto, que concedia al inquisidor general mas facultades de las que debia tener relativa- mente á los breves contrarios a la circulaeion de libros, porque el exequatur, , como la suspension de dichos breves, no era atributo de la inquisicion , sino que pertenecía al consejo de Castilla, único depositario en- cargado de custodiar la prerogativa real. « Si se sus- pendió este decreto, decía Campomanes , fué solo para esplicar mejor el pensamiento verdadero del rey , porque el gobierno tiene un deber de honor de fijar los limites de estas facultades, á fin de poderlas luego ejecu- tar acompañando la -pragmática y el decreto de las esplicaciones oportunas. Los obispos, añadia, tienen en esto demasiado interés á causa de sus derechos ; pues por falta de esta declaracion , un clérigo de Mallorca tuvo la'audacia, en 1766, apoyándose en decisiones de la cancilleria romana, de escomulgar al obispo de Mallorca , prelado respetable por muchas razones. Publicamente manifestó estas cartas en Menorca, con escándalo y asombro de la autoridad pública ; por lo cual interesa á los mismos obispos que =gua breve de Roma se admita en el reino, á fin de que los prelados puedan egercer libremente sus funciones.» Campomanes trataba, como se ve, de persuadir á los obispos que las disposiciones del gobierne les eran 'favorables. Era esto tanto mas necesario que acahaha de estallar repentinamente una oposicion violenta y po- co meditada contra las miras del gobierno, por parte 2O8  CAPITULO ADICIONAL. de un prelado que gozaba de mucho prestigio a causa de su nacimiento y virtudes. El obispo de Cuenca don Isidoro Carvajal, no vió en las sabias reformas que el ministerio introducía para consolidar el poder de la corona, y desarraigar los abusos introducidos por la autoridad espiritual, mas que un plan concertado de destruir los altares, y el poder de la iglesia. En una carta que dirigió al confesor, decia que España, no solo corría, sino que volaba á su ruina; que se decia públicamente en. la corte que el reino estaba perdido, á causa de la persecucion que padecia la igle- sia; que á fin de que no recayese sobre él aquella mal- dicion: Vce mihi quia tacui, y á causa del interés que profesaba al monarca, le habia dirigido algunas amones- taciones en diversas ocasiones; pero que por desdicha, no hablan logrado arrancar al religioso monarca de su letargo. En seguida el obispo entraba en pormenores relativos á los agravios que tenia que esponer la auto- ridad eclesiástica contra lo que él llamaba invasiones del gobierno. El cuadro que trazaba de los males de la iglesia parcela una pintura de los tiempos del empera- dor Juliano. El confesor enseñó al-rey esta carta del pre- lado, cuyos temores le parcelan, sin duda fundados, y Carlos, lleno de recelos ya, dió órdenes á su confesor para que escribiera á Carvajal encargándole que se es- plicase con mas claridad y exactitud, diciendo en qué consistía la persecucion de la iglesia; cuales eran los ultrages, las ofensas; los saqueos hechos en daño de los bienes de la iglesia ó de sus ministros é inmunidades; de qué medios se habia hecho uso para ilustrar á S. M. de diferente manera que por conducto de su confesor, y finalmente, que motivos habia tenido para suscitar esta cuestion. El ministro Roda fué quien aconsejó al rey que pidiese mas amplias esplicaciones al prelado, a medrentado con el peligro de riesgo que correa la iglesia. El obispo notó entonces, 5i bien algo tarde, que SECCION SEGUNDA.  209 habia ido mas lejos de lo que debla y que no era facil justificar los asertos atrevidos que contenía su carta. Así, pues, se disculpó de que no podía redactar por en- tonces, sus cargos, ,á causa del mal estado de su salud; pero como se le instase, no pudo presentar mas capí- tulos de culpa que las bajas declamaciones de suri- mer carta. Todo se reducia á decir que sobre el estado eclesiástico pesaban demasiados subsidios, y el clero estaba abrumado de cargas . y contribuciones; que no se respetaba la jurisdiccion é inmunidad local de los tem- plos, ni á los ministros de los altares; que se leian en losperiódicos hechos y noticias injuriosos  na uriosos al papa y á los jesuitas; que era preciso convocar concilios ciona- les y provinciales; que el gobierno se mos t raba hostil al derecho de poseer que tenia la iglesia, que ademas que ría, disminuir el número de clerigos y religiosos, y finalmente mediante á la pragmática de que hemos ha- blado antes, se habia llevado la falta de respeto á la iglesia hasta el estremo de pedir que las bulas del papa se presentasen al consejo, antes de ser ejecutorias. Esta acusacion de Carvajal se sometió al consejo de Castilla, á fin de que examinase los puntos que encer- raba don Pedro Ramirez, despues conde de Campo- manes, y don José Moñin.o, mas tarde conde de Florida Blanca, eran por entonces, fiscales del consejo. Sus in- formes se encuentran en el espediente del obispo de Cuen- ca, Carvajal, y llamaron mucho la atencion pública, en aquella epoca, á causa de las doctrinas que sostenian favorables á, los derechos de la autoridad real, y de los principios de legislacion eclesiástica que defendian, opuestas á las exigencias de la córte de Roma. El resul- tado de este negocio fué que el rey, despues de oír al consejo, mandó recoger las cartas del obispo, y las co- pias que de ella habian circulado. Se intimo al obispo que compareciese ante el tribunal para ser amonestado; se escribió de real órden, una circular á todos los obis- pos y arzobispos del reino, instruyéndolos de la con- 1108 Biblioteca popular  T • IV . 4 03 210  CAPITULO ADICIONAL. docta, imprudente del obispo de Cuenca, que desapro- barían sin duda, decia la circular. 41 mismo tiempo, se les prometia que «S. M. no cesaria de escuchar coa benevolencia sus manifestaciones, y que las acogerla bien siempre que se le dirigiesen con los datos, verdad, moderacion v respeto que era de esperar de su carác— ter dignidad episcopal. » Én efecto, el obispo compareció ante el consejo de Castilla, y fue amonestado por el presidente. Este ne- gocio terminó así, consolidando los principios que pro- fesaban los ministros de Carlos III. Veremos, en lo que sigue, que continuaron estos introduciendo reformas y mejoras en la administracion eclesiástica. CAPITULO LXVI. 1764.-1111. Mejoras hechas en el ejército, marina y hacienda de España.—Estado de Francia.—Situacion de Europa.—Union íntima entre Francia y España. —Cesion de la Luisiana.—Proyectos hostiles de Grimaldi y Choiseul cona tra Inglaterra.—Ocupan los franceses la isla de Córcega.- - Disputas y avenencias relativas á las islas Falkland. Cuando se restableció la tranquilidad, se ocupó el gobierno con mayor empeño de establecer su sistema político, tanto interior como esterior, teniendo en cuen- ta los cambios que acababan de verificarse. Grimaldi se limitó al despacho que le estaba confiado, y no , pensa- ba mas que en realizar los planes que habia trazado, de acuerdo con 'Choiseul. Por su parte, el conde de Aranda, cuya imaginacion era tan fecunda, contando con el apoyo de un gobierno absoluto, no descuidaba atencion ninguna para reformar conforme á un plan nuevo la administracion interior y restaurar el ejército 'y marina. Introdujéronse en la hacienda mejoras con- siderables, gracias al celo y cooperacion de los dos mi- nistros, y adoptóse para el ejército aquella sábia tácti- ca -que los triunfos de Federico II presentaban á la ad- miracion de todas las naciones. El embajador inglé hablaba con tanto asombro como dolor de la estraordi- naria perfeccion de la táctica que adoptaba Esp-aria, sobre todo del aumento de su ejercito. Anunciaba que. iguales mejoras se introducian en la marina , llamando • 948  CAPITULO SESENTA Y SEIS. dera española , la insurreccion fué general. Algunas personas influyentes propusieron el no dejar que des- embarcasen las tropas , sino que se procurasen destruir los buques que las !levaban , y otras volvieron a su pensamiento antiguó de buscar refugio en territorio inglés. Finalmente , la mediacion del gobernador fran- cés v las amonestaciones de los magistrados calmaron la indignacion general , y las tropas españolas desem- barcaron y tomaron posesion de la colonia. No supo, empero el nuevo gobierno adoptar las medidas-opQr- tunas á fin de conciliarse el afecto de los nuevos súb- ditos , á quienes se trató como á. rebeldes. Seis de sus gefes murieron á manos del verdugo , -y otros perecie- ron en los calabozos .de la Habana. Esta severidad pro- dujo una surnision violenta , pero indudable , sobre todo desde que los propietarios mas ricos abandonaron sus ingenios y posesiones. Los habitantes de las cer- canías cesaron poco á poco de frecuentar un mercado que  , era tan precario , y se notó con razon , que . con aquella adquisicion lo único que habia hecho España era agregar un desierto á su imperio (94). En tanto que este negocio se alargaba asf, Choiseul y Grimaldi concertaban sus planes de hostilidades pe- ro como los caracteres pacíficos de sus soberanos res- pectivos eran un obstáculo para su ejecucion , toda su sagacidad se empleó en suscitar disputas que pudieran provocar ataques y hacer necesarias las estipulaciones del pacto de familia.  Uno de estos motivos de discordia,  la apropia– cion de Córcega por los franceses. Cl;  p oiseul des ues de buscar inútilmente un pretesto para intervenir-en la disputa que existia entre los insulares y los genoveses, sus señores , fomentó una lucha queestenuo' genoveses los dos partidos , y en seguida aprovechánd ose de su mútua flaqueza , ocupó la isla,suponiendo que Francia la habia comprado á la república  aquel, v a le rso patriota que durante  habla, habi de-. e taato ég ti o e va. tie mp o 4764.-1774.c- .2 49 fendido animosamente las libertades de su pais, se vió obligado á buscar un asilo en Inglaterra. La isla de Córcega ,.tan importante á causa de su posicion en el Mediterráneo , quedó reunida formalmente á Fran- cia. Esta manifiesta usurpacion hecha ea medio de la paz , produjo en Inglaterra una indignacion general, y fue esta tanto mas , fuerte cuanto que todo el mundo, grandes y pequeños, habla cobrado interés á un pueblo que luchaba por su independencia , especialmente á la persona , carácter y padecimientos del general pa- triota , cuya llegada á Londres escitó un entusiasmo universal. Aun cuando los ministros ingleses hubieran tenido bastante desidia para cerrar los ojos ante esta hazaña de los franceses, no les hubiera dejado la opinion pública guardar silencio. Lord Rocheford , que acababa de dejar su, embajada de Madrid , llegó á Pa- rís con encargo de exigir la pronta evacuacion de Cór- cega. Pero á despecho de las protestas mas vivas de amor á la paz , la conducta y lenguage de Choiseul presenta- ba una serie de insultos bastante graves , para provocar un rompimiento en los momentos mismos en que que- ria evitar las operaciones de una agresion. Negóse á retirar las tropas , valiéndose del gastado pretesto de que siempre se valla para justificar la agresion de Fran- cia, á saber, el deshonor de retroceder en una empresa una T ez empezada. Declaró varias veces que , si bien no deseaba la guerra, no la temia tampoco ; y hasta tuvo la serenidad de terminar una conferencia con esta observacion ofensiva:—Cumpliremos escrupulosamen- te las condiciones del último tratado; pero os engaña- riais singularmente si os imaginaseis que las amenazas pueden impedirnos que ejecutemos los proyectos que no son contrarios á, nuestros compromisos. No daré ni un solo paso en mi despacho para calmar vuestro re- celo (95). Un ministro vigoroso y resuelto como Pitt , hubiera I 920  CAPITULO SESENTA Y SEIS.  'II' I contestado á esta mezcla de engaño e' insulto con la in.-  II 10 ato t rmentado por turbulencias políticas , testigo de un descontento universal en todos los puntos del reino, sin  111 esperanza de cooperacion ninguna esterior, no pensaba,  11/11/ mas que en la continuacion de la paz. Los ministros   111 0 1( a rr otaron toda su elocuencia para probar que la Córcega era una adquisicion de escaso interés. Contemporiza-  1 ron mientras el entusiasmo nacional predominaba , y  0 entonces anunciaron al gobierno francés que consentían  ,Ii5 en esta adquisicion (96).  1,1 Semejante condescendencia no impidió , empero, 1/9 que de tiempo en tiempo cometiese Inglaterra algunos Irl actos pequeños de provocacion con propósito de enco- talló mas y mas con motivo de las tentativas que hicie-  l'II: nar los ánimos. El carácter irritable que los españoles b.1 mostraban siempre que de sus colonias se trataba, , es- ron los ingleses para establecerse en las - islasAlaluinasó  'II de Falkland , situadas en la parte opuesta á la entrada oriental del estrecho de llagallanes, y que habian sido reclamadas ó visitadas por los ingleses , holandeses, franceses y españoles. El editor del famoso viage del  ,, almirante Auson al rededor del mundo había encareci-  , 1 i 1 do mucho la fertilidad de aquellas islas, y su posicion geográfica como ventajosa tanto para el comercio , co— mo para las operaciones militares en el Océano Pacífi- co , y á consecuencia de esto , se preparó en 4;48 una espedicion destinada á . esplorarlas , cuyo proyecto se abandonó á causa de quejas de Carvajal (97). Queriendo Choiseul llamar á eSte punto la atencion de las potencias marítimas , y principalmente la de In-. glaterra, envió al célebre navegante Bougainville COD. encargo Je tomar posesion de la parte mas oriental de aquellas islas, en donde formó en 1764 una colonia á que puso el nombre de Puerto Luis, e ' n tnemoria del rey de Francia. Esta de terminaeion tuvo el resultado que era de es-. 1111 dignacion que merecia pero el gobierno de entonces, 1764.-1771.  224 perar. El gobierno inglés , envidioso de esta hazaña de los franceses , alegó el derecho que le a a sisti l a t por ha- ber hecho el primer descubrimiento iir al capitan apar- tadas regiones , y al mismo tiempo envio Byron á . esplorar y ocupar la isla mas o ccidental. caP l C oa arreglo á su informe, se formó en 1;66 una colonia el puerto llamado puerto Egmont, en memoria delprgil: -1- mer lord del almirantazgo. Los franceses é ingleses publicaron relaciones de sus viages , acompañadas de descripciones exageradas relativas á los nuevos esta- blecimientos. La córte de España se quejó sériamente á la de Versalles de la ocupacion de aquellas islas , que con- sideraba corno parte de su territorio. Se atendió al punto á esta reclainacion , y Bougainville , á nombre de susoberano, hizo una renuncia con toda formalidad, y regresando á aquellas regiones, entregó la colonia al gobernador enviado desde Buenos Aires que cambió el nombre de Puerto Luis en el nombre de Puerto So- ledad. Aquellas Islas tan alabadas se vió entonces que no eran mas que un pais estéril que no ofrecia, ventaja ninguna. Es probable que la colonia inglesa hubiera quedado abandonada , si la viveza de los ministros de Franciay España les hubiese dejado tiempo para re- flexionar; pero en vez de una queja formal dirigida á la córte de Inglaterra, atencion que se tuvo con Fran- cia , el comandante del Puerto Soledad envió órdenes á los nuevos colonos para que se retirasen ; y como estos se negasen á ello , se presentó un buque español para reconocer el puerto. Las medidas del capitan Hunt de Tamar que era el oficial mas graduado de la escuadra, obligaron al buque á retroceder. Poco tiempo despues, una espedicion de mil y seiscientos hombres , armada por don Francisco Buccarelli , gobernador de Buenos Aires , se presentó á la vista de Puerto Egmont. En cuanto recibió permiso para entrar , con pretesto de [Document text truncated for crawler view.]