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Alejandro Gómez Camacho 78 | P á g i n a I S S N : 1988-8430 Norma y uso: las ideas educativas en Juan de Robles Etymology and use: The educational ideas of Juan de Robles Alejandro Gómez Camacho Universidad de Sevilla [email protected] Recibido el 1 de octubre de 2013 Aprobado el 11 de mayo de 2014 Resumen: Juan de Robles es uno de los más brillantes humanistas de nuestro Siglo de Oro, entre cuyas obras destaca El culto sevillano (1631). En este trabajo se analizan sus ideas educativas, centradas en la relación entre la ortografía y el aprendizaje de la escritura. Entre las ideas pedagógicas de Juan de Robles es muy relevante el rechazo vehemente de la ortografía fonética, entre otros motivos, porque no favorecía el aprendizaje de la lectura y de la escritura; en consecuencia, censura la creación de nuevas letras y de un nuevo orden para el alfabeto español. Los ortógrafos defensores de la ortografía fonética en el siglo XVII argumentaban que la nueva escritura permitiría a los niños aprender a leer y a escribir con más rapidez y facilidad; así como que la creación de nuevas letras y el establecimiento de un nuevo orden del alfabeto facilitarían su enseñanza. Frente a estas pretensiones, Juan de Robles defendió el alfabeto tradicional y la ortografía etimológica de origen latino porque eran los instrumentos adecuados para la alfabetización en nuestra lengua. También critica los colegios jesuitas y la Ratio Studiorum; las principales discrepancias entre la pedagogía de la Compañía de Jesús y las ideas educativas de Juan de Robles podrían concretarse en la primacía del español sobre el latín, y en el uso de cuentos y refranes populares para la educación en El culto sevillano. En conclusión, con la obra de Juan de Robles se incorpora definitivamente el argumento pedagógico que relaciona la ortografía y la gramática españolas con el aprendizaje de la lectura y de la escritura a la polémica sobre la ortografía española del Siglo de Oro, en defensa de la ortografía etimológica frente a las pretensiones de imponer una ortografía fonética en el primer tercio del siglo XVII. Palabras clave: Juan de Robles; ortografía española; ideas pedagógicas; alfabetización; siglo XVII.
Tejuelo, nº 20 (2014), págs. 78-95. Norma y uso: las ideas educativas en Juan de Robles I S S N : 1988- 8 430 P á g i n a | 79 Abstract: Juan de Robles is considered one of the main humanists in the Spanish Golden Century. The most important of his works is El culto sevillano (1631). This paper focuses on the educational ideals in Robles´s works and the relationships between spelling and teaching of reading. By examining Robles´s pedagogical references, one prominent idea is emphasized: teaching of reading aren´t encouraged by phonetic spelling. Consequently, new letters of the Spanish alphabet and new alphabetical order have been rejected. The grammarians who defended phonetic spelling assert the new letters help Spanish children to learn to read faster and better than the traditional literacy. Letter names and alphabetical order are also changed to facilitate literacy learning. In contrast, traditional alphabet and etymological spelling are reclaimed by Juan de Robles for teaching reading and writing, because the phonetic spelling had slowed down the learning of literacy. Robles also criticizes Jesuit schools and Ratio Studiorum. The primacy of Spanish over Latin and the use of tales and proverbs for education are the major discrepancies between Robles and Jesuit pedagogy. The results of this paper show that pedagogic arguments that link Spanish grammar and spelling with teaching of reading and writing in the Spanish Golden Century are incorporated into the controversy over Spanish orthography reform also to defend traditional spelling around the first third of the seventeenth century. Key words: Juan de Robles; spanish spelling; pedagogical ideas; literacy; XVII century.
Alejandro Gómez Camacho 80 | P á g i n a I S S N : 1988-8430 Introducción Juan de Robles (1575-1649) ocupa un lugar muy relevante entre los humanistas y los ortógrafos de nuestro siglo XVII. Su obra más destacada es El culto sevillano (1631), un tratado que se concibe para ofrecer un modelo alternativo que facilite la educación de los verdaderos cultos, frente a la influencia cultista de los seguidores de Góngora y de Fernando de Herrera. En cinco diálogos, un adolescente conversa con su maestro sobre los temas más variados y trata de aprender los conocimientos y las destrezas de lo que hoy llamaríamos un hablante competente de español. La edición de Gómez Camacho (1992) recoge un catálogo exhaustivo de su obra y una amplia noticia de su biografía; recientemente se ha localizado una de las obras que se daban por perdidas (Gómez Camacho y Rico García, 2014). En la bibliografía se han estudiado con detalle la preceptiva retórica y literaria, los cuentos populares y folclóricos, y la ortografía del beneficiado de Santa Marina; pero no se ha prestado atención alguna a las ideas educativas que se recogen en la obra de Robles, a pesar de que El culto sevillano es una obra destinada a la enseñanza en un sentido amplio del término y de que la ortografía inserta en el diálogo quinto entra directamente en los argumentos pedagógicos de la polémica entre los ortógrafos del XVII (Gómez Camacho, 2014). Las ortografías españolas de los Siglos de Oro ofrecen un extenso corpus de reflexiones sobre la educación, y sobre la adquisición de la lectura y de la escritura en los niños, que con mucha frecuencia trascienden el ámbito de la reflexión ortográfica en nuestra lengua. Entre los ortógrafos de la época, dos autores sevillanos, Mateo Alemán y Juan de Robles, destacan por la originalidad de sus ideas sobre la educación lingüística y literaria (Esteve, 2007) y aportan en consecuencia una información muy relevante sobre el enfoque didáctico y pedagógico que en el siglo XVII imperaba para la enseñanza de la escritura correcta. Casi todas las obras de Robles pueden resumirse como una defensa apasionada de la tradición y un rechazo generalizado de cualquier novedad en el español y en la sociedad española del siglo XVII. Es una tendencia que se repite en las polémicas quevedianas sobre el patronato de España, en las preceptivas literarias, en los libros de política, en las propuestas de reforma ortográfica del español, en el gusto por los cuentos populares, y por supuesto en sus reflexiones educativas sobre el aprendizaje de nuestra lengua.
Tejuelo, nº 20 (2014), págs. 78-95. Norma y uso: las ideas educativas en Juan de Robles I S S N : 1988- 8 430 P á g i n a | 81 Junto a las atrevidas ideas pedagógicas que se esgrimían en las ortografías de Mateo Alemán o Gonzalo Correas para justificar la imposición de una nueva ortografía, la irrupción de un nuevo modelo pedagógico de la mano de los jesuitas determina la respuesta de Juan de Robles. En la Sevilla de comienzos del XVII la presencia de la Compañía de Jesús en el ámbito de la educación había crecido exponencialmente, como en el resto del país; Bernabé Bartolomé (1996a) describe cómo la mayoría de los municipios españoles de las grandes ciudades fueron entregando las escuelas de primeras letras a los jesuitas. No podemos olvidar tampoco la encendida polémica que se daba en la ciudad de Sevilla en las primeras décadas del siglo XVII porque el ayuntamiento hispalense pagaba las costosísimas obras de ampliación del Colegio de San Hermenegildo a cambio de que los jesuitas enseñasen religión gratuitamente “a todos los hijos de Sevilla y de su tierra y comarca y cualquier otra parte que a ellas vinieren” (Marín, 2008: 307); un pleito que Juan de Robles vivió en primera persona como secretario de los beneficiados sevillanos y familiar de los arzobispos hispalenses. Como indica Gómez Camacho (1992) en el estudio de su edición, El culto sevillano es una obra que sufre una profunda revisión de la que nace el quinto diálogo que se ocupa de la ortografía. Probablemente, como ocurre con otras obras menores de Robles, la Censura de la ortografía que el Maestro Gonçalo Correas pretende introduzir publicada por Robles en 1629 es el origen de los preceptos ortográficos de El culto sevillano, aunque no se ha conservado ningún ejemplar de este opúsculo que permita confirmar esta hipótesis. Se trata de una preceptiva escrita en la tradición de las obras para la educación de los nobles (Baranda, 1995), en este caso dirigida a la casa de Medina Sidonia. De las licencias de impresión del manuscrito colombino de El culto sevillano se deduce que graves problemas afectaron a la obra. El inquisidor fray Juan Ponce de León, relacionado con Sevilla a través del jesuita fray Juan de Pineda (Truman, 2004), se encargó de la censura de la obra de Robles; sorprendentemente muestra una notabilísima aversión a la obra que aprueba y nos confirma las dos redacciones del libro. Tras insistir en que los libros de críticos y cultos “debilitan la voluntad de los que los leen”, y lo que en ellos se enseña “no es bueno para ser leído ni a propósito para ser imitado”, propone dar licencia a un libro que “segunda vez he visto, le hallo muy reformado al primero y en todo muy ajustado al seguro modo de decir y escribir en semejantes materias” (Robles, 1631: 37). Es evidente por tanto que las ideas pedagógicas que se recogen en el quinto diálogo de El culto sevillano se redactaron de forma apresurada en un contexto tormentoso de polémicas (Gómez Camacho y Rico García, 2014), tras una misteriosa denegación de la licencia de impresión cuyos motivos aún hoy se nos ocultan. Años más tarde, Robles se referirá a sus críticos en términos muy elocuentes “advierta V. M. que no tengo mucho miedo de los cultos: porque soy muy viejo para que aquellos me censuren, hasta que hayan visto, oído y considerado (y aun trabajado) tanto como yo” (Robles, 1631: 197).
Alejandro Gómez Camacho 82 | P á g i n a I S S N : 1988-8430 Todas estas circunstancias favorecieron que la obra ampliase su plan original, donde ya se reflejaba una profunda preocupación por la formación de los jóvenes y el aprendizaje de la lengua y la literatura españolas, e incorporase en su diálogo quinto algunas reflexiones sobre el aprendizaje de la lectura y su relación con la ortografía, así como sobre el papel de los maestros que se ocupaban de estos menesteres. La postura reaccionaria de Robles, contraria a cualquier novedad, le lleva imaginar un pasado mítico en el que la ortografía, y el aprendizaje de la lectura y de la escritura, permanecían ajenos a cualquier controversia; una visión que poco tenía que ver con los cambios profundísimos en el sistema consonántico del español y en la búsqueda de una norma ortográfica que aún tardaría siglos en llegar: “sacando los Maestros de escuela las muestras de aquellos libros con fidelidad, i obligando a los discípulos con curiosidad i cuidado a guardar la misma en sus planas, escrivían todos nuestros abuelos i padres una misma Ortografía” (Robles, 1631: 222-223). Sin embargo, esta Arcadia en la que todos aprendían a escribir en una norma común desaparece para Juan de Robles en una fecha muy concreta. Esto duró hasta el año de 1580, en que, con el contagio de aquella peste que tanto afligió a esta Provincia, entró el de la novedad i alteración, afligiéndonos en su modo mucho más, pues haviendo cessado la aflicción del daño de las Vidas, ha ido sienpre en aumento el de las novedades con multiplicación de Artes i opiniones, que, queriendo algunas que nuestra lengua haya nacido en la torre de Babel, quieren ir edificando otras torres en que muera (223). Las Anotaciones (1580) de Fernando de Herrera a las obras de Garcilaso de la Vega no solo marcan un hito en la literatura española, sino que emplean por primera vez una norma ortográfica que rompe radicalmente con la tradición española del XVI. En los cincuenta años que separan El culto sevillano de las Anotaciones de Herrera, Juan de Robles asistirá impotente a los cambios en la lengua española y en su escritura, así como a las novedades en las ideas pedagógicas de mano de la Compañía de Jesús y de los defensores de que se escriba como se pronuncia; su propuesta no es más que un desesperado intento por volver al siglo XVI que paradójicamente anticipa la norma que triunfará en el XVIII.
Tejuelo, nº 20 (2014), págs. 78-95. Norma y uso: las ideas educativas en Juan de Robles I S S N : 1988- 8 430 P á g i n a | 83 Las ideas pedagógicas en la polémica ortográfica del XVII El culto sevillano inicia la reacción contra los intentos de imponer una ortografía fonética. Durante los siglos XVI y XVII el reajuste consonántico del español y la reivindicación de la lengua vernácula frente al latín favorecieron la aparición de ortografías que defendían un nuevo alfabeto que eliminase las letras sin una clara correspondencia en la lengua oral. Se establece así la polémica entre los defensores de los que comúnmente conocemos como ortografía fonética que responde al principio aparentemente sencillo de un grafema para cada fonema (una letra para cada sonido) y los defensores de lo que solemos llamar la ortografía etimológica basada en la tradición, no tanto del latín como de los escribanos, impresores y maestros calígrafos de los Siglos de Oro. De alguna manera, El culto sevillano desacredita definitivamente las pretensiones de reforma fonética y abre el camino de lo que luego conoceremos como la ortografía moderna del español. Nada menos que Rufino José Cuervo (1954: 241) da por terminadas las ortografías antiguas con la de Juan de Robles: “en suma Robles usaba casi en todo la ortografía que hoy usamos”. Quizá sea excesiva la conclusión del erudito colombiano, aunque sí es cierto que Robles inicia la reacción en defensa de la tradición que integra los aspectos más razonables de las propuestas de Alemán y Correas, lo que nos lleva a las ortografías académicas del siglo siguiente. La polémica sobre la ortografía fonética desemboca inevitablemente en el debate pedagógico a partir de 1609. Es obvio que el empleo de este término refiriéndonos a una polémica del siglo XVII podría considerarse un anacronismo, pero ya aparece en su sentido etimológico en el Tesoro de la lengua castellana o española (1611) de Covarrubias y define con precisión a qué nos referimos en su acepción moderna. Mateo Alemán enuncia y desarrolla el argumento pedagógico que está implícito en la propuesta de una ortografía fonética natural: si se escribe como se habla, el aprendizaje de lectura y de la escritura será mucho más fácil y rápido (Gómez Camacho, 2014). Evidentemente los detractores de esta novedad en defensa de la tradición se ocupan de rebatir este argumento, y es Juan de Robles en El culto sevillano el primero que reformula el argumento pedagógico en contra de la ortografía fonética: escribir como se habla retrasa y dificulta el aprendizaje de la lectura, e imposibilita una escritura común. El propio texto de las ortografías fonéticas evidenciaban que escribir como se habla llevaba a textos ilegibles (Johnston, 1988) e imposibilitaba la mezcla de cultismo y humanismo vulgar propia de los siglos XVI y XVII (Macrí, 1972). No es objeto de este estudio la comparación de los aspectos fonéticos, gramaticales u ortográficos en Alemán, Correas y Robles, ampliamente tratados en la bibliografía (Galán, 1992; Martínez, 1992; Lope, 1997; Paz, 2002). Baste la cita de las intenciones que expresamente enuncia cada ortógrafo como principio general; así Mateo Alemán afirma que “nosotros podemos con propiedad, escribir cuanto hablamos, i hablar cuanto escribimos: y solo esto es lo que pretendo introducir con este
Alejandro Gómez Camacho 84 | P á g i n a I S S N : 1988-8430 trabajo” (1609: 9). Idéntico principio sigue el maestro Gonzalo Correas cuando resume su ortografía en que “tenemos de eskrivir, komo pronunziamos: é pronunziar, komo eskrivimos” (1630, 14). A ambos responde expresamente Juan de Robles cuando afirma que “no puede ser buena la regla General que hazen algunos de que se ha de escrivir como se pronuncia, porque la pronunciación es una cosa mui vaga, i por el mismo caso incierta en todo género de estados i sujetos” (1631: 217); en su lugar enuncia con claridad los principios de la ortografía basada en la tradición “la Etimología, que es (como tengo dicho) la lei que está sienpre en su verde observancia, sienpre que la ai cierta i expressa i recibida; mas, en faltando, entra luego […] el uso” (Robles, 1631: 223). Etimología y uso son los principios que consagrarán las ortografías académicas a partir del siglo XVIII hasta la vigente hoy. A pesar de que las incontables ortografías de los siglos XVI y XVII hacen frecuentes referencias a los maestros y a la infancia, es en estos autores en los que se emplea lo que hemos llamado, a pesar del anacronismo, el argumento pedagógico en defensa de la novedad o la tradición. Podríamos citar aquí a algunos ortógrafos muy notables cuyas ideas pedagógicas carecen de interés; por ejemplo, Bartolomé Jiménez Patón inicia el prólogo al lector de su Epítome de la ortografía latina y castellana (1614) con una referencia expresa a la enseñanza y el aprendizaje de la lectura. De algunos de los Maestros que enseñan niños a leer, y escrebir é sido importunado les de alguna cosa con que pueda ayudar su arte, y dotrina […] Buscando pues en que argumento les pudiesse dar cosa que a su arte importasse, y á los niños fuesse provechosa, se me ofreció el presente de la Ortografía Latina y Castellana (XII). Sin embargo, la ortografía de Patón se escribe en los términos tradicionales y no presta atención alguna al aprendizaje de la lectura y de la escritura; las referencias a los niños, como era habitual en las ortografías de la época, se limitan a la necesidad de que los maestros formen buenos cristianos desde las primeras letras sin llegar a la reflexión sobre cómo se aprendía a leer y a escribir, y a su relación con la ortografía. La Ortografia kastellana nueva i perfeta (1630) y el Arte kastellana (1627) de Gonzalo Correas se recuerdan sobre todo por su reforma radical del alfabeto español desde un estricto principio fonético, proponen en consecuencia un abecedario de veinticinco letras que representan un único sonido, lo que lleva al catedrático de Salamanca a eliminar todos los dígrafos y a inventar nuevas letras que no existían en el español del siglo XVII. Como señala Bustos Tovar (1998), el alfabeto de Correas no era perfecto desde una perspectiva fonética, ya que mantenía la oposición entre b y v, la hinicial en recuerdo de la aspiración y desconocía la consonante que hoy se representa con y. Además de los preceptos fonéticos y gramaticales, Correas retoma los argumentos de Mateo Alemán sobre la dificultad del aprendizaje de la lectura y de la
Tejuelo, nº 20 (2014), págs. 78-95. Norma y uso: las ideas educativas en Juan de Robles I S S N : 1988- 8 430 P á g i n a | 85 escritura en el alfabeto tradicional (Gómez Camacho, 2014), y considera que su alfabeto es el adecuado para la enseñanza de la lectura en español y que inevitablemente acortará el tiempo que invierten niños y maestros en este proceso a unas pocas semanas, e incluso días “será mui fazil enseñar i deprender á leer en pokos días” (1625: 120). De donde por no rretener nosotros el propio Abezedario Español se siguió que una letra hiziese dos oficios, i dos, i aun tres, uno, i se inuentasen çerilla, i tilde, i otros rremedios desacomodados que ai, sin saberse quien aia sido el inuentor, para suplir la falta: que es grandisimo enbarazo i dificultad para los que deprenden á leer. Porque siendo cosa de quinze ó veinte dias en xuizios algo capazes, ó de un mes, i a lo sumo de dos en los niños mas tiernos, si uviese buena ortografia (10). Juan de Robles identifica con claridad que hay dos sofismas en la argumentación de los defensores de la ortografía fonética. El primero es sin duda la idea de que existe una única pronunciación ortológica general en español que permite la transcripción fonética en la escritura, cuando “la pronunciación se reduze a solas las personas que saben qué es hablar i cómo se ha de hablar, i tratan de exercitarlo por particular profesión” (Robles, 1631: 217). El segundo sofisma de la argumentación en defensa de la escritura fonética es precisamente la idea de que facilita a los niños el aprendizaje de la lectura y de la escritura, y a los maestros su enseñanza, lo que hemos llamado el argumento pedagógico de los ortógrafos fonéticos del siglo XVII. Robles se afana en rebatirlo en El culto sevillano respondiendo a Alemán y a Correas sin citarlos. Pues lo peor de todo es que no es esto lo más malo, que otra introdución se intenta peor sin conparación que la pasada de quitar i poner letras al ABC, con otras mudanças de su forma i nonbre, […] será fuerça que los que oi saben leer aprendan de nuevo con nuevo trabajo, i los que aprendieron con los nuevos, estrañen los antiguos i hayan de aprender segunda vez a leerlos con doblado trabajo i dilación, de forma que los niños salgan de las escuelas barbados, i hallen a sus padres en los hospitales, i los Maestros queden ricos, porque ningún médico se perdió jamás por ser larga la cura del enfermo (227). Insiste Correas en las bondades pedagógicas de su alfabeto, así se propone un nuevo orden del abecedario que permita a los niños su memorización y la formación de las sílabas que estaban en la base del aprendizaje de la lectura y de la escritura en los siglos de oro. De la orden ke deven tener las letras en el Abeze ninguno á tratado ni se akordó, siendo lo ke mas inporta para la fazilidad de aprender, i enseñar á leer. Aki las pondremos por orden por sus klases i dinidad: i las kolokaremos kada una en el lugar ke la konpete, no konfusas i arroxadas akaso, komo estavan antes (Correas, 1630: 68).
Alejandro Gómez Camacho 86 | P á g i n a I S S N : 1988-8430 No pasa inadvertida esta observación a Robles que se afana en reformular el argumento pedagógico en defensa del orden tradicional del alfabeto español. En esta ocasión la propuesta de Correas es impecable ya que ordena el alfabeto pensando en la formación de sílabas y de palabras; sin duda alguna se trata de un alfabeto y de un silabario ordenados para la enseñanza de la lectura y de la escritura según el método general en la época (Infantes y Martínez, 2003; Chartier, 2001 y 2004; Viñao, 1999 y 2002). La respuesta de Robles entra en el ataque personal y en consideraciones generales de escasa consistencia. […] aunque las letras se inventaron para tan grave intento […], el modo de aprenderse, viene a ser una cosa tan pueril i menuda, mediante la edad tierna de los niños que las aprenden, que es en cierta manera dificultoso (i no se diga inposible) sujetarlo a méthodo de razón i disciplina curiosa, porque ya se vee que el entendimiento de aquellos sujetos es pues poco organizado, i no percibe cosas mayores que él, i fuera de esso la Naturaleza depravada los incita a huir el trabajo del aprender i amar el ocio i el gusto del jugar (235). Independientemente de la escasa fortuna de la respuesta de Robles, que roza el absurdo, lo cierto es que la reflexión pedagógica (más o menos afortunada) se ha incorporado definitivamente en las ortografías españolas para defender tanto la tradición como la novedad en la escritura de nuestra lengua. El problema ya no reside únicamente en cómo se escribe, sino en cómo se enseña y se aprende a leer y a escribir; la polémica ortográfica del XVII se ha convertido también en una polémica pedagógica. Como los Maestros afables, que dan a los niños alcorças i obleas para que se aficionen a aprender las primeras letras. Esta atención tendrían los antiguos en el ordenar el ABC, que no lo quisieron poner con la distinción de las clases que quieren los ortógrafos de agora, como cosa dificultosíssima para los niños i nunca necessaria ni para ellos ni para el común de los honbres, […] sino que realmente quisieron dar una forma de nonbres que fuessen como unas dicciones virtuales (digámoslo assí), con que los niños se fuessen informando i caminando (Robles, 1631: 236). También se opone Robles a una de las propuestas más relevantes de Mateo Alemán, que reclama la simplificación de la caligrafía de escritura en un único tipo de letra simplificada que acelere el aprendizaje de los niños. Esto tenemos ya mui enmendado, digo, en parte, pues no se nos enseña más de una letra, en que se comiença y acaba, por ser sola ella la que usamos. I hazen bien, o díganme ¿de qué sirve, a quien se quiere aprovechar de la pluma, para escrevir una carta, formar un libro del gasto de su casa, o de la razón de su hazienda, escrevir un sermón, ya sea latín o romance, saber
Tejuelo, nº 20 (2014), págs. 78-95. Norma y uso: las ideas educativas en Juan de Robles I S S N : 1988- 8 430 P á g i n a | 93 Referencias bibliográficas Alemán, M. Ortografía castellana, edición de J. Rojas Garcidueñas, Colegio de México, México [1609], 1950. Baranda, N. “Escritos para la educación de los nobles, siglos XVI y XVII”, Bulletin Hispanique, 97, 1995, págs. 157-171. Bartolomé Martínez, B. “Las escuelas de primeras letras” en B. Bartolomé Martínez (Dir.), Historia de la acción educadora de la Iglesia en España. Edades Antiguas, Media y Moderna, BAC, Madrid, 1996a, págs. 612-630. Bartolomé Martínez, B. “Los colegios de los jesuitas y la educación de la juventud” en B. Bartolomé Martínez (Dir.), Historia de la acción educadora de la Iglesia en España. Edades Antiguas, Media y Moderna, BAC, Madrid, 1996b, págs. 664-682. Bustos, J. “Las propuestas ortográficas de Gonzalo Correas”, Dicenda. Cuadernos de Filología Hispánica, 16, 1998, págs. 41-62. Chartier, A. M. “La enseñanza de la lectura: Un enfoque histórico”, en L. Martínez Moctezuma (Coord.), La infancia y la cultura escrita, Siglo XXI, México, 2001, págs. 147-190. Chartier, A. M. Enseñar a leer y escribir: Una aproximación histórica, Fondo de Cultura Económica, México, 2004. Correas, G. Arte de la lengua española castellana, edición de E. Alarcos García, CSIC, Madrid [1625], 1954. Correas, G. Ortografia kastellana nueva y perfeta, Xacinto Tabernier, Salamanca, 1630. Cuervo, R. J. “Antigua grafía y pronunciación castellana”, en R. J. Caro, Obras, Bogotá, Instituto Caro y Cuervo, 1954, v. 2, págs. 240-343 Esteve, A. “Contribución al estudio de las ideas ortográficas en España”, Tonos. Revista electrónica de estudios filológicos, 2007, 13, publicación electrónica. http://www.um.es/tonosdigital/znum13/secciones/relecturas_A_ideas.htm [Fecha de consulta: 19-09-2013] Galán, S. “Ideas ortográficas en Gonzalo Correas”, en M. Ariza, R. Cano, J. M. Mendoza y A. Narbona (Eds.), Actas del II Congreso Internacional de Historia de la Lengua Española, Pabellón de España, Madrid, 1992, 1, págs. 265-272. Gil, E.; Labrador, C.; Martínez, J.; Díez, A. El sistema educativo de la Compañía de Jesús. La “Ratio Studiorum”, Universidad Pontificia de Comillas, Madrid, 1992. Gómez Camacho, A. “Los cuentos en la obra de Juan de Robles”, Etiópicas, 2, 2006, publicación electrónica. http://www.uhu.es/revista.etiopicas/num/02/art_2_7.pdf [Fecha de consulta: 07-09- 2013] Gómez Camacho, A. “Las ideas pedagógicas en la Ortografía castellana de Mateo Alemán”, Revista española de pedagogía, 257, 2014, págs. 159-173. Gómez Camacho, A.; Rico, J. M. “La participación de Juan de Robles en la controversia sobre el patronato de Santa Teresa”, La Perinola: Revista de investigación quevediana, 18, 2014, págs. 255-287.
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