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Dos nuevos monumenta de la necrópolis norte de Torreparedones (Baena, Córdoba)

Beltrán Fortes, José; Morena López, José Antonio

Abstract

Una excavación de urgencia realizada en 2014 descubrió en la identificada como colonia romana de Ituci (Torreparedones, Baena, Córdoba) los restos de la cámara de una tumba monumental, datada en los inicios del Imperio romano, así como elementos de su ajuar funerario. La cámara era similar a la denominada tumba de los Pompeyos, de la misma Torreparedones. Se reutilizaron en su construcción bloques pétreos procedentes de —al menos— otra tumba monumental más antigua, en forma de edícula abierta, con decoración en relieve al exterior, de época tardorrepublicana.

Full text

Archivo Español de Arqueología 2018, 91, págs. 07-38 ISSN: 0066 6742 https://doi.org/10.3989/aespa.091.018.001 Dos nuevos monumenta de la necrópolis norte de Torreparedones (Baena, Córdoba)* Two new monumenta of the northern necropolis of Torreparedones (Baena, Córdoba) José Beltrán Fortes1 Universidad de Sevilla José Antonio Morena López2 Museo Arqueológico e Histórico de Baena, Servicio Municipal de Arqueología Copyright: © 2018 CSIC. Este es un artículo de acceso abierto distribuido bajo los términos de una licencia de uso y distribución Creative Commons Reconocimiento 4.0 Internacional (CC-by 4.0). RESUMEN12 Una excavación de urgencia realizada en 2014 descubrió en la identificada como colonia romana de Ituci (Torreparedones, Baena, Córdoba) los restos de la cámara de una tumba monumental, datada en los inicios del Imperio romano, así como elementos de su ajuar funerario. La cámara era similar a la denominada tumba de los Pompeyos, de la misma Torreparedones. Se reutilizaron en su construcción bloques pétreos procedentes de —al menos— otra tumba monumental más antigua, en forma de edícula abierta, con decoración en relieve al exterior, de época tardorrepublicana. SUMMARY An emergency excavation conducted in 2014 discovered in the considered as roman colonia of Ituci (Torreparedones, Baena, Córdoba) the chamber’s remains of a monumental tomb, dated from the early Roman Empire, as well as elements of its funerary equipment. The camera was similar to that of the called tomb of the Pompeys, also of Torreparedones. Some of the stone blocks were reused in its construction —an less another— of an older monumental tomb in the form of open aedicule, decorated outside with relieves of Late Republican times. * Trabajo realizado en el marco de los proyectos I+D+i del Ministerio de Economía y Competitividad de España (cofinanciado con Fondos FEDER) HAR2013-42078-P, “Proyecto Marmora. Innovaciones en el estudio arqueológico y arqueométrico de los marmora en la Baetica: Arquitectura, escultura, epigrafía”; y HAR2012-37405-C04-03, “Roma, las capitales provinciales y las ciudades de Hispania romana: Difusión de modelos en la arquitectura y el urbanismo romanos. Subproyecto Corduba e Ituci”. 1 [email protected] / ORCID iD: http://orcid.org/0000-0001- 5841-4140. 2 [email protected] / ORCID iD: http://orcid. org/0000-0001-8051-9205. PALABRAS CLAVE: arqueología hispanorromana; arquitectura sepulcral romana; romanización; Hispania Ulterior Baetica; Ituci. KEY WORDS: Roman archaeology; Roman funerary architecture; Romanization; Hispania Ulterior Baetica; Ituci. CÓMO CITAR ESTE ARTÍCULO / CITATION: Beltrán Fortes, J. y Morena López, J. A. 2018: “Dos nuevos monumenta de la necrópolis norte de Torreparedones (Baena, Córdoba)”. Archivo Español de Arqueología, 91: 7-38. https:// doi.org/10.3989/aespa.091.018.001 1. INTRODUCCIÓN El actual parque arqueológico de Torreparedones (Baena, Córdoba) (Morena 2012) corresponde a uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de España, por los restos que musealiza, así como uno de los más activos3, por los trabajos ininterrumpidos que se han llevado a cabo en él durante los dos últimos lustros, impulsados por el Ayuntamiento de Baena y su Servicio Municipal de Arqueología. Fue declarado Bien de Interés Cultural, con la categoría de Zona Arqueológica, por la Junta de Andalucía, según Decreto 266/2007, de 16 de octubre (BOJA, n. 224, de 14/11/2007: 188). Corresponde a un extenso yacimiento de más de once hectáreas de extensión, 3 La última monografía, que recoge la excavación del macellum en el entorno del foro, en Morena et alii 2012. En este mismo año de 2016 las excavaciones han puesto en evidencia unas termas públicas romanas (entre el foro y la puerta oriental), de época julio-claudia, que se unen a otras de construcción más reciente, sobre las que se construyó a su vez una ermita en el siglo xvii (dedicada al culto de las mártires Nunilo y Alodia). 8JOSÉ BELTRÁN FORTES y JOSÉ ANTONIO MORENA LÓPEZ Archivo Español de Arqueología 2018, 91, págs. 07-38 ISSN: 0066 6742 https://doi.org/10.3989/aespa.091.018.001 Figura 1. Localización del yacimiento de Ituci, Torreparedones, Baena, provincia de Córdoba. situado en la campiña cordobesa, en el límite entre los términos municipales actuales de Baena y de Castro de Río (Fig. 1). El inicio del asentamiento humano en el lugar arranca en la Prehistoria reciente, en torno a mediados del iv milenio a. C., continuándose en época protohistórica, con un destacado oppidum ibérico, y época histórica, con la constitución de la ciudad romana; tras los momentos poco documentados de la tardoantigüedad, se constata su renovada presencia desde el alto Medievo hasta la Edad Moderna, con hitos como el castillo de Castro el Viejo, desde el siglo xiii, o la ermita de las Vírgenes, del siglo xvii (Márquez et alii 2014). Nos interesa especialmente en esta ocasión el período romano y, más en concreto, los momentos intermedios entre la época republicana e imperial, cuando se constituye la colonia romana de Ituci Virtus Iulia, durante el principado de Augusto (Ventura 2014; cfr. addendum). Las labores de acondicionamiento en el entorno del yacimiento en una parcela sembrada de olivos y situada al NE del recinto amurallado pusieron en evidencia, en el año 2014, la existencia de restos muy destruidos de una tumba monumental (monumentum) que formaría parte de la necrópolis septentrional de la ciudad romana (Beltrán 2014a) (Figs. 2-3). Se llevó a cabo una intervención de seguimiento arqueológico en el verano de ese mismo año, dirigida por uno de los firmantes, de cuyos resultados extraemos los datos para llevar a cabo este trabajo4. Por otro lado, no hay que olvidar que precisamente en el ámbito funerario romano de Torreparedones contamos con el descubrimiento excepcional, en 1833, en esa misma necrópolis norte de Ituci, de la llamada tumba de los Pompeyos (Beltrán 2000a; Beltrán et alii 2010). Esta estructura funeraria se soterró poco tiempo después de su descubrimiento, pero recientes trabajos de prospección geofísica han permitido plantear una probable hipótesis de localización (Fig. 4), en función también de los datos que se refirieron en el siglo xix, en concreto un croquis elaborado en 1839 por Aureliano Fernández-Guerra (Morena 2010)5 (Fig. 5). 4 Se remite a la memoria inédita (Morena 2014a), que fue entregada en la Delegación de Cultura de Córdoba y donde puede ser consultada. Los trabajos topográficos y planimétricos fueron realizados por la empresa Arqueocad S.L. 5 Junto al lugar de localización de la tumba de los Pompeyos se sitúan otros restos de probables monumenta correspondientes a una via sepulcralis de la necrópolis norte itucitana Archivo Español de Arqueología 2018, 91, págs. 07-38 ISSN: 0066 6742 https://doi.org/10.3989/aespa.091.018.001 9DOS NUEVOS MONUMENTA DE LA NECRÓPOLIS NORTE DE TORREPAREDONES (BAENA, CÓRDOBA) Figura 2. Localización de las estructuras excavadas en el yacimiento itucitano, según Arqueocad (dibujo Diego Gaspar). Figura 3. Panorámica de la necrópolis septentrional de Ituci, desde el Este: 1. Muralla, 2. Puerta Oriental. 3. “La Mazmorra”. 4. ¿Mausoleo de los Pompeyos?. 5. Nueva tumba. 10 JOSÉ BELTRÁN FORTES y JOSÉ ANTONIO MORENA LÓPEZ Archivo Español de Arqueología 2018, 91, págs. 07-38 ISSN: 0066 6742 https://doi.org/10.3989/aespa.091.018.001 Además, en fecha mucho más reciente, en 2011, con motivo de los trabajos previos a la construcción del centro de recepción de visitantes de Torreparedones se ha excavado buena parte de la necrópolis oriental itucitana, a la que asimismo nos vamos a referir más adelante, para llamar la atención sobre los mausoleos familiares asimismo documentados en ese sector del yacimiento6. (n. 1 a 6), junto a otro mausoleo del que quedan restos visibles y que es denominado como La Mazmorra. El croquis de 1839 se reproduce en: Maier 2010: 61, fig. 8; Beltrán 2010: 79, fig. 2; Morena 2010: 202, fig. 27. 6 Las únicas publicaciones que hemos podido utilizar: Tristell 2012 (donde se refiere Tristell 2011, que no hemos podido consultar); y Tristell y López Flores 2014. Figura 4. Plano de los resultados de la prospección geofísica realizada en 2009 en la necrópolis septentrional de Ituci (según Morena 2010). Los restos marcados con el nº 6 deben corresponder al entorno de las estructuras que analizamos en este trabajo. Figura 5. Croquis del yacimiento de Ituci en 1834, dibujado por A. Fernández-Guerra (Colección Emilio Miranda). Figura 6. Resultado final de la excavación de las estructuras funerarias; vista desde el norte (fotografía J. A. Morena). En relación a la tumba que estudiamos ahora, en el marco de la intervención arqueológica de 2014 se pudo constatar, efectivamente, el gran deterioro de la construcción funeraria, fruto no sólo de los efectos negativos de la plantación de un olivo hace unos 25 años, sino de la destrucción y saqueo antiguos, lo que se advierte en la ausencia de la mayor parte de urnas y ajuares, escasamente representados. Finalmente, en este lugar concreto el terreno buza claramente en sentido sur-norte, por lo que la estructura funeraria se había deslizado y volcado en ese sentido como consecuencia de un corrimiento de tierras, provocando que la mayor parte de los elementos estuvieran desplazados, conservando sólo prácticamente in situ parte del pavimento original de la tumba. Sin embargo, la constatación de mayor interés arqueológico que pudo establecerse fue que en la construcción de este monumentum (tumba n. 1) se habían reaprovechado sillares y otros materiales constructivos de —al menos— otra construcción anterior asimismo de carácter funerario (tumba n. 2). Correspondían los bloques pétreos a un tipo de caliza de color blanco, blanda, que originalmente —en aquellos sillares en los que lo disponían— se habían unido mediante grapas seguramente de plomo de las que se conservaban las mortajas en forma de Y en cada uno de los sillares, que iban unidos por la base, constituyendo en cada caso grapas de doble Y. Algunas de ellas se reaprovecharon en el pavimento de la tumba n. 1, sin que tuvieran ya funcionalidad las mortajas referidas y faltando en todos los casos las grapas metálicas, que debieron ser amortizadas antes del reaprovechamiento de los materiales pétreos. En otros casos los bloques o fragmentos reutilizados o recuperados en niveles de relleno presentaban relieves en algunas de las caras, lo que nos ha permitido llevar a cabo una propuesta de reconstrucción asimismo del monumentum más antiguo, que fue reutilizado parcialmente para la Archivo Español de Arqueología 2018, 91, págs. 07-38 ISSN: 0066 6742 https://doi.org/10.3989/aespa.091.018.001 11DOS NUEVOS MONUMENTA DE LA NECRÓPOLIS NORTE DE TORREPAREDONES (BAENA, CÓRDOBA) Figura 7. Planta final de las estructuras funerarias excavadas en 2014, con indicación de las U(nidades) E(stratigráficas), según Arqueocad (dibujo Diego Gaspar). Figura 8. Resultado final de la excavación de las estructuras funerarias; vista desde el este, con indicación de las UUEE (fotografía J. A. Morena). construcción del más reciente. Pasamos, pues, a la descripción y análisis de ambos monumenta desde el punto de vista de su tipología y cronología. 2. LA TUMBA N. 1 2.1. La estructura arquitectónica El resultado final de la excavación denota el alto grado de deterioro de la tumba más reciente (Fig. 6). En la planta —como se dijo— se advierte in situ sólo un sector del pavimento original de la cámara funeraria (Figs. 7 y 8, UE 25), formado por lajas (algunas de ellas reutilizadas), así como los primeros bloques que conformaban el arranque de las paredes internas de la cámara en las caras norte, este y sur (UE 11, 12, 15 y 22). No se delimitan las caras externas de las paredes de la cámara (si es que iban careadas a este nivel, que seguramente no lo estaban), pero sí la gran fosa que se abrió en el terreno para su construcción, en las caras este, sur y oeste (UE 20). Precisamente del muro norte, conservado in situ sólo en su primera hilada (UE 15), se reconocieron los bloques de las hiladas siguientes que están volcadas y desplazadas hacia el norte (UE 19), siguiendo el buzamiento del terreno. Asimismo se reconocieron (en las caras norte, este y sur de los muros) grandes losas rectangulares desplazadas de su lugar original a otros puntos (UE 9, 16 y 13), pero que tenían una similar moldura, muy saliente, con sucesión de caveto, cimacio recto y listel7 (Fig. 9a). Por las marcas dejadas asimismo en la superficie plana superior de esos bloques se deduce que el salien- 7 En concreto la marcada como UE 9, fragmentada en dos piezas, tenía unas dimensiones totales de 1,16 m de longitud, 0,50 m de anchura y 0,19 m de altura; en la parte derecha presentaba un corte en bisel que le permitía su adecuación a la losa repisa UE 16, con un bisel similar. La UE 13, asimismo fracturada en dos fragmentos, tiene 1,45 m de longitud, 0,55 m de anchura y 0,19 m de altura; también presenta un bisel en su lado izquierdo, para acoplarse a la UE 16 por ese lado. 12 JOSÉ BELTRÁN FORTES y JOSÉ ANTONIO MORENA LÓPEZ Archivo Español de Arqueología 2018, 91, págs. 07-38 ISSN: 0066 6742 https://doi.org/10.3989/aespa.091.018.001 Figura 9. a: Perfil de la moldura de la repisa de la cámara sepulcral de la tumba n. 1; b: Perfil de moldura del basamento de la tumba n. 2; c: Perfil de moldura de la cornisa del cuerpo inferior de la tumba nº 2. Según Arqueocad (dibujo Diego Gaspar). te se corresponde con una repisa en esa parte superior, con una superficie saliente de 0,33 m, a partir de la que apoyarían el resto de bloques que conformaban la continuación de las paredes de la cámara por encima de la cornisa. En ese saliente o repisa se colocarían las urnas funerarias y, seguramente, parte de los ajuares correspondientes. Este sistema de repisa moldurada es similar con el que se dispuso asimismo en la cercana tumba de los Pompeyos. En efecto, en los dibujos de secciones (N-S y E-O) de esta tumba, elaborados por Fernández-Guerra en 1834 se aprecia la existencia de una repisa moldurada sobre la que se colocaron las urnas, que ocupaba totalmente las caras norte, este y sur y, parcialmente, la oeste, donde se situaba la puerta de entrada a la cámara sepulcral, cubierta con un arco de medio punto adovelado, según se advierte asimismo en el dibujo de la planta de la cámara del mismo autor (Maier y Beltrán 2010: 254). De la parte superior de la cámara de la tumba que analizamos en esta ocasión apenas quedan restos materiales y no es posible determinar la solución que adoptaría. Sólo quedan in situ varios bloques de piedra de caliza blanca en el muro sur (UE 8), bien escuadrados; el bloque más occidental tiene dos mortajas para grapas de plomo en forma de “Y” en sus lados sur y oeste, tratándose de una pieza reutilizada. Al muro norte de la parte superior de la cámara corresponderían otros bloques de caliza (UE 19), ya citados, desplazados por el deslizamiento del terreno pero que debieron apoyar en ese sector norte de la repisa (UE 13). Desde el punto de vista constructivo podemos constatar, pues, que tras la excavación de la gran fosa fundacional se dispuso el pavimento de grandes losas y se delimitó una cámara sepulcral de planta rectangular, con los lados mayores orientados en sentido SE-NO y con unas dimensiones aproximadas de 2,30 m de longitud y 1,40 m de anchura en el interior de la cámara, sin poderse constatar la anchura exacta de los muros. Esas dimensiones interiores se deducen de las longitudes de la repisa, que rodeaba al menos las caras norte, este y sur de la cámara. Es por ello que pensamos que lo más lógico es que la entrada a la cámara se situara en la cara oeste, aunque no se han conservado elementos evidentes que se le pueda adjudicar, como por ejemplo dovelas de un posible arco de medio punto, según advertimos en el paralelo de la tumba de los Pompeyos8. Asimismo, seguimos este paralelo tan cercano para situar la altura de la repisa —que en ningún caso se conserva in situ—, a una altura hipotética de 0,66 m desde el pavimento. A manera asimismo hipotética se plantea el desarrollo de la continuación de los muros desde la repisa y la cubierta interna, bien mediante una cubierta plana —como se documenta en algunos de los mausoleos de la misma necrópolis occidental de Ituci— o bien como bóveda de medio cañón —según de nuevo se establecía en la tumba de los Pompeyos (Fig. 10). Otra cuestión sería la existencia o no de un segundo cuerpo, así como la cubierta, de los que no parece quedar ningún elemento, a no ser que consideremos la hipótesis que se expondrá en el siguiente apartado 4.1. 8 No obstante, se conserva un bloque pétreo escuadrado de manera trapezoidal y que en una de las caras adopta un perfil de tendencia curva, que podría haber formado parte, como una especie de dovela, de la puerta del monumentum. Archivo Español de Arqueología 2018, 91, págs. 07-38 ISSN: 0066 6742 https://doi.org/10.3989/aespa.091.018.001 13DOS NUEVOS MONUMENTA DE LA NECRÓPOLIS NORTE DE TORREPAREDONES (BAENA, CÓRDOBA) Figura 10. Dos hipótesis de desarrollo de la nueva tumba n. 1 de Ituci, con cubierta plana o de medio cañón, según Arqueocad (dibujo Diego Gaspar). Figura 11. Tapadera de urna pétrea, de la tumba n. 1; a: Parte superior; b: Parte inferior (fotografías J. A. Morena). Figura 12. Tapadera fragmentada de urna pétrea, de la tumba n. 1; a: Parte superior; b: Parte inferior (fotografías J. A. Morena). 2.2. Urnas y ajuares Como se ha advertido, no es mucha la potencia arqueológica documentada en el desarrollo de la intervención arqueológica, como fruto de la importante destrucción del monumento. Sin fijarnos por ahora en los rellenos de la fosa de cimentación (UE 20), en el interior de la cámara se identificaron varios estratos, algunos sin alterar desde el momento del saqueo, pero otros (los más superficiales) afectados por diversas remociones, que llegan hasta la actualidad en relación con la explotación del olivar9. A estratos sin alterar corresponden las UE 5 y 6, que presentan materiales fruto del momento de expolio de la tumba, que debieron formar parte de las urnas cinerarias y de sus ajuares, aunque —como se ha dicho— estuvieran en posición secundaria. 9 Se han identificado 26 U(nidades) E(stratigráficas), pero que no pasamos a relacionar ahora. Pueden consultarse en Morena 2014a: 38-53. Así, en la UE 6 se recuperaron dos tapaderas de piedra caliza pertenecientes a la cubierta de sendas urnas del mismo material que no se conservan. Una de ellas está completa (Fig. 11), es de forma rectangular y presenta la parte superior de forma curva, con sendos resaltes en las caras cortas; en la parte inferior tiene un rebaje para encajarla con la parte superior de la urna10. La otra (Fig. 12) corresponde a un fragmento de tapadera de piedra caliza, partida aproximadamente por la mitad y con un rebaje similar a la anterior11. Se trata, pues, de las características urnas en piedras locales propias de las necrópolis de la Hispania meridional en momentos tardorrepublicanos 10 Tiene unas dimensiones de 25 cm de longitud, 17,5 cm de anchura y 4,5 de grosor. El rebaje mide 21 cm de longitud, 13,5 cm de anchura y 1,5 de altura. 11 Mide 22,5 cm de longitud (conservada), 21,5 cm de anchura y 3,5 cm de grosor; el resalte tiene 19 cm de longitud (conservada), 15,5 cm de anchura y 1 cm de altura. 14 JOSÉ BELTRÁN FORTES y JOSÉ ANTONIO MORENA LÓPEZ Archivo Español de Arqueología 2018, 91, págs. 07-38 ISSN: 0066 6742 https://doi.org/10.3989/aespa.091.018.001 las que asimismo se ha dicho que “simulan tejados de casa a dos aguas” (Tristell 2012: 19)12. Precisamente de una de esas tumbas familiares de carácter monumental (infra) se recuperaron algunos fragmentos de una urna que conservaba restos fragmentarios de la inscripción, de la que solo se puede leer: [---] M(arci) l(iberta) Grata, elaborada en letras capitales cuadradas datables paleográficamente en los inicios del siglo I d. C., sin más precisión; se conserva inédita. Para el caso de la necrópolis norte itucitana, contamos con la importante serie de urnas de piedra y asimismo epigráficas de la tumba de los Pompeyos (Rodríguez Oliva 2010); así, tapaderas con la parte superior curva, como una de las recuperadas en la tumba que estudiamos, tenían las urnas de Pompeia Nanna, Q. Pompeius Velaunis, Ildrons, Iunia Insghana, Sisean, Velgana y Cn. Pompeius Afer (Rodríguez Oliva 2010: 153-157, 12 En efecto, en el otro trabajo se fotografía una tapadera a doble vertiente y con pulvinos redondeados (Tristell y López Flores 2014: 111-112, fig. 3). Figura 13. Urna cerámica, pintada, de la tumba n. 1 (fotografía J. A. Morena). Figura 14. Urna cerámica de la figura anterior (dibujo Elisabet Conlin). y altoimperiales, según se reconoce, por ejemplo, en la cercana tumba de los Pompeyos, así como en las tumbas semihipogeas de la necrópolis oriental de la propia Ituci. Según estudiara P. Rodríguez Oliva este tipo de urnas de piedra con tapadera corresponde “…a un material arqueológico muy común en las necrópolis de la Hispania meridional entre fines de la República y a lo largo de la primera mitad del siglo i d. C. Trabajadas con forma de cajas cuadrangulares, usualmente en calizas blandas locales, compactas y de color claro o blanco, se fabricaron por doquier en una buena parte de la Ulterior. Son característicos de estas cajas funerarias (cuando no son lisas y de forma prismática) el presentar simuladas unas patas que simplemente son el resultado de un corte a bisel en la arista inferior de la caja en dos o en cada una de sus cuatro caras” (Rodríguez Oliva 2010: 158). Este mismo autor recogía frecuentes lugares donde se documenta esta serie de urnas funerarias, como Galera (Granada), Villargordo, Toya, Torredonjimeno, La Guardia, Martos, Villlardompardo y Arjona (Jaén), Pizarra, Teba y Ronda (Málaga), Bornos (Cádiz), o Villanueva del Río y Minas, Santiponce y las muy abundantes de Carmona (Sevilla), entre otras (Rodríguez Oliva 2010: 158-169). Más recientemente hemos podido engrosar ampliamente esa lista con las urnas pétreas que, como fruto del expolio, se incorporaron en diversas fechas en el llamado Fondo Arqueológico Enrique Marsal Monzón (FAEMM), actualmente en poder público de la Junta de Andalucía: se trata de un conjunto muy amplio de yacimientos urbanos romanos de las actuales provincias de Jaén, Córdoba y, sobre todo, de Sevilla (Beltrán 2014b). En relación a las urnas de piedra establecimos una tipología según la forma de la caja, siempre cuadrangular y que se asocian a diversas variantes de tapaderas: a) urnas en forma de caja plana, 1. con tapadera plana, 2. a doble vertiente y 3. a doble vertiente y con pulvinos redondeados; b) en forma de caja con patas, 1. con tapadera plana, 2. a doble vertiente, 3. a doble vertiente y con pulvinos redondeados y 4. con tapadera curva y con pulvinos redondeados; c) urnas en forma de caja con patas y biseles, 1. con tapadera plana, 2. a doble vertiente, 3. a doble vertiente y con pulvinos redondeados, 4. con tapadera curva y con pulvinos redondeados y 5. con tapadera curva (Beltrán Fortes 2014b: 195-200). Las dos tapaderas de la tumba que analizamos correspondían, pues, a esta habitual tipología de urna funeraria que en la propia Ituci se documenta en la necrópolis oriental, en donde se ha indicado que asimismo de los grandes monumenta expoliados “se han recuperado restos de las tapaderas de las cistas o cajas de piedra” (Tristell y López Flores 2014: 111-112), de Archivo Español de Arqueología 2018, 91, págs. 07-38 ISSN: 0066 6742 https://doi.org/10.3989/aespa.091.018.001 15DOS NUEVOS MONUMENTA DE LA NECRÓPOLIS NORTE DE TORREPAREDONES (BAENA, CÓRDOBA) contabilizamos hasta tres ejemplares, de diversas dimensiones (Beltrán 2010: 138), pero que se asignan mejor al tipo V de la clasificación cordobesa referida, con concretos paralelos en la necrópolis del Camino Viejo de Almodóvar (García Matamala 2002: 285-288, fig. 9, láms. VI-VII; y 2002-2003: 251-278). Deben interpretarse, pues, estas urnas itucitanas de la nueva tumba como una producción propia, seguramente elaboradas en un taller de la misma Ituci, pero que responden a modelos regionales, que encuentran sus precedentes formales en la cerámica prerromana, de la que conservan aún esa típica decoración pintada en bandas de tradición indígena, pero producidas ya en época romana15. A los ajuares de estos enterramientos habría que adjudicar diversos materiales de cerámica y vidrio recogidos en ese mismo estrato (UE 6), algunos más o menos completos y otros de los que sólo se han conservado algunos fragmentos16. Es el caso de varios ungüentarios de cerámica; dos están completos, aun- 15 Un ejemplo reciente de ello puede verse, para el bajo Guadalquivir, en García Fernández 2014. 16 Aparte de los que presentamos a continuación, hay que referir que en la UE 6 se recuperaron: 20 fragmentos de cerámica común sin decoración (7 de ellos de pasta gris), 2 fragmentos de cerámica pintada en rojo, 1 fragmento amorfo de terra sigillata hispánica, 1 fragmento de tegula y 2 fragmentos de piezas de hierro (bolsa 37); diversos fragmentos de una urna cerámica con decoración pintada roja (bolsa 39); idem, junto a restos de huesos calcinados (bolsa 40); idem (bolsa 41). Figura 15. Ajuar de la tumba n. 1; inferior: Parte superior de urna cerámica pintada; centro: Fondo de vaso de terra sigillata marmorata; superior: Vaso cerámico de paredes finas (dibujo E. Conlin). n. 4, 5, 6, 9, 10, 11 y 12, respectivamente); la urna de Ilgachis tenía una tapadera recta como la nuestra fragmentada (Rodríguez Oliva 2010: 154-155, n. 7). También de los niveles amortizados en el interior de la cámara de la tumba que estudiamos proceden diversos materiales arqueológicos que pueden interpretarse tanto como urnas funerarias cerámicas, como elementos de los ajuares asociados. Así, procedente de la UE 6, se puede reconstruir buena parte del cuerpo de una urna cerámica de cuerpo globular u olla, a la que le falta el cuello y el borde, y que dispone de dos pequeñas asas en el centro de la panza, mientras el fondo, sin pie, dispone de un rehundimiento en forma de ónfalo13 (Figs. 13 y 14). Es singular la decoración situada en la superficie exterior mediante pintura de color rojo dispuesta en dos anchas franjas horizontales entre las que se han dibujado series de semicírculos y líneas sinuosas verticales, mientras que en la parte superior se suceden en paralelo estrechas líneas rectas; las asas también están pintadas con series de líneas paralelas. De otra urna de similares material y tipología se conserva sólo parte del hombro, del cuello corto y recto y del borde pequeño exvasado14 (Fig. 15, inferior); la decoración pintada en rojo corresponde —de abajo a arriba— a una franja ancha (similar a la superior que veíamos en la pieza anterior) y a cuatro líneas estrechas, que se completan por encima con otra ancha franja roja hasta el inicio del cuello; éste permanece sin pintura, que sí delimita el borde por el exterior. Ambas piezas pertenecen a la misma tipología y tienen dimensiones muy similares, pero serían efectivamente dos ejemplares diferentes. Parecen corresponder en el perfil del cuerpo al tipo IV de la clasificación de las urnas cerámicas de perfil globular y pintadas, realizada para el caso de Corduba por García Matamala (2002: 283-285, fig. 7, láms. IV-V), aunque la presencia del ónfalo y el cuello más desarrollado, con el borde marcado, se asemeja mejor a las del tipo V, como ocurre en una urna de la necrópolis romana de Cercadillas, en Córdoba (García Matamala 2002: 286, fig. 9). No obstante, los mejores paralelos se localizan de nuevo en las propias necrópolis de Ituci. Así, en una tumba de cremación de la necrópolis oriental se identifican sendas urnas de esta tipología (Tristell y López Flores 2014: fig. 5) (Fig. 16). También de la tumba de los Pompeyos, en la necrópolis septentrional, se localizaron algunas urnas globulares cerámicas: así, 13 Mide 14,5 cm de altura máxima conservada, 16,7 cm de anchura máxima del cuerpo, que llega hasta los 22 cm con el añadido de las dos asas. 14 En este caso lo conservado mide 6 cm de altura y 14,4 cm de anchura máximas, mientras que el borde tiene 7,5 cm de diámetro y el cuello se alza 1,5 cm. 22 JOSÉ BELTRÁN FORTES y JOSÉ ANTONIO MORENA LÓPEZ Archivo Español de Arqueología 2018, 91, págs. 07-38 ISSN: 0066 6742 https://doi.org/10.3989/aespa.091.018.001 Figura 26. Ensayo de restitución de la que hemos denominado tumba n. 2, de la necrópolis septentrional de Ituci, destacando la propuesta de colocación de los fragmentos reutilizados en la tumba n. 1 (dibujo E. Conlin). Oberaden 29, cuyo período de máximo uso es entre época augustea y mediados del s. i d. C.; el fragmento de TS itálica, de época Tiberio-Claudio; el fragmento de TS marmorata gálica, desde época de Tiberio-Claudio a época flavia; y el ungüentario vítreo, entre época Claudio-Nerón a época flavia. Como se observa, la cronología parece algo más avanzada que en los casos antes mencionados de Corduba, aunque se asemejaría a los materiales tanto de la tumba de los Pompeyos cuanto de los monumenta hipogeos de la necrópolis oriental de Ituci. No obstante, debe tenerse en cuenta que esos materiales se refieren al período de uso de la tumba colectiva n. 1 y no sabemos si se corresponden exactamente o no con el de la construcción de la tumba, o cuáles en concreto. Es por ello que podemos concluir un período probable de construcción desde época de Augusto y durante los primeros decenios del siglo i d. C. y un período de uso que incluso pudo llegar a época flavia. 3. LA TUMBA N. 2 Como se indicaba al inicio del trabajo, diversos elementos pétreos correspondientes a otra estructura arquitectónica fueron reutilizados para la construcción de la tumba n. 1, pudiéndose identificarse por su inclusión en la estructura conservada, o por las características del material, como la identificación de una caliza de color más blanco que el resto de materiales pétreos, o la presencia de entalladuras en forma de doble Y (Y sencilla en cada bloque), que no tienen restos de plomo ni cumplen función estructural alguna en la nueva construcción (tumba n. 1). No obstante, cuando no han aparecido colocadas in situ en la tumba n. 1 (por ejemplo, en el pavimento), se concentran sobre todo en los estratos superficiales (UE 2), consecuencia de los movimientos de tierras en momentos recientes, como fruto de la explotación del olivar. Es por ello que consideramos que se trata de la reutilización de materiales de —al menos— un monumentum anterior, localizado en un entorno próximo de este sector SE de la necrópolis septentrional de Ituci. 3.1. Hipótesis de reconstrucción arquitectónica de la tumba n. 2 A manera de hipótesis hemos seleccionado una serie de materiales recuperados en el marco de la intervención arqueológica y hemos llevado a cabo una propuesta de reconstrucción de la estructura original (Fig. 26), con la identificación de los siguientes elementos (descritos de abajo a arriba, según se sitúan en el diseño): - Un bloque con molduras29, de esquina (con molduras en dos caras), que debía formar parte de la molduración inferior exterior de la cámara baja (supra, fig. 9 b). - Dos bloques o sillares que formarían el muro de la cámara baja (con grapas en forma de doble Y). - Dos bloques decorados en una de sus caras con relieves de capiteles acantiformes de pilastras, de la decoración pseudoarquitectónica exterior de la cámara baja. Debieron ocupar puestos centrales en esa disposición. Uno de ellos es de planta triangular y conserva mortaja para grapa en forma de Y en el lateral de la superficie superior (Fig. 27); el segundo, de tendencia rectangular, conserva mortaja para grapa en forma de Y en un lateral y otra en forma de cola de 29 N. 43 (UE 2), de 45 cm (longitud) x 27 cm (anchura) x 18 cm (grosor). Las molduras son doble listel, cuarto de bocel y listel. Archivo Español de Arqueología 2018, 91, págs. 07-38 ISSN: 0066 6742 https://doi.org/10.3989/aespa.091.018.001 23DOS NUEVOS MONUMENTA DE LA NECRÓPOLIS NORTE DE TORREPAREDONES (BAENA, CÓRDOBA) Figura 27. Bloque decorado con parte superior de capitel; a: Frente; b: Cara superior (fotografías J. A. Morena). Figura 28. Otro bloque decorado con parte superior de capitel; a: Frente; b: Cara superior (fotografías J. A. Morena). Figura 29. Fragmento de esquina de capitel; a-b: Laterales; c: Frente; d: Detalle de la palmeta del frente (fotografías J. A. Morena). Figura 30. Otro fragmento de esquina de capitel; a: Lateral izquierdo; b: Detalle de la palmeta del frente (fotografía J. A. Morena). Figura 31. Dos fragmentos pétreos correspondientes al friso del cuerpo inferior de la tumba n. 2 (fotografías J. A. Morena). milano (fragmentada) en el posterior de la superficie superior30 (Fig. 28). - Dos fragmentos de la esquina superior de sendos capiteles acantiformes de pilastras, de la decoración pseudoarquitectónica exterior de la cámara baja, donde debieron ocupar puestos de esquina, dado que están trabajados por ambas caras31. En ambos casos corresponde a los dos extremos de las volutas de cada lado, con una hoja alargada en forma de palmeta decorando la unión, que se superpone a varias molduras longitudinales (Figs. 29 y 30). - Dos fragmentos, que casan entre sí mediante un corte recto (eran, pues, dos bloques diferentes en el original), de un friso de roleos acantiformes32, correspondiente por dimensiones al que coronaría al exterior la cámara baja (Fig. 31). - Un bloque con molduras, que formaría parte de la cornisa que corona al exterior la cámara baja33 (supra, Fig. 9 c). 30 El primero: n. 21 (UE 5), de 67 cm (longitud) x 37 cm (anchura) x 22 cm (grosor). El segundo: n. 20 (UE 12), de 55 cm (longitud) x 29 cm (anchura) x 32 cm (grosor). 31 De similares dimensiones, miden en lo conservado, respectivamente, 23 cm altura total (n. 23) y 20,5 cm (n. 24), con el ábaco de 5 cm. Se recuperaron en la UE 26 (estrato de relleno de la fosa realizada sobre el terreno geológico para la construcción de tumba n. 1, UE 20). 32 El fragmento situado a la izquierda (n. 25, UE 24) mide 18 cm de altura x 11 cm de anchura x 14 cm de grosor; el de la derecha (n. 32, UE 26), mide 33,5 cm de altura x 21 cm de anchura x 20 cm de grosor. Las UUEE 24 y 26 corresponden a estratos de relleno de la fosa (UE 20) abierta para la construcción de la tumba n. 1, relleno realizado en el proceso de la construcción, lo que certifica su procedencia de una edificación anterior. 33 N. 16 (UE 6), mide 56 cm de longitud x 59 cm de anchura x 28 cm de grosor. Las molduras son doble listel, cuarto bocel y triple listel. 24 JOSÉ BELTRÁN FORTES y JOSÉ ANTONIO MORENA LÓPEZ Archivo Español de Arqueología 2018, 91, págs. 07-38 ISSN: 0066 6742 https://doi.org/10.3989/aespa.091.018.001 Figura 32. Dos fragmentos de la celosía correspondiente a la tumba n. 2 (fotografía J. A. Morena). Figura 33. Fragmento de fuste de columna correspondiente a la tumba n. 2 (fotografía J. A. Morena). Figura 34. Fragmento de capitel con láurea correspondiente a la tumba n. 2 (fotografía J. A. Morena). - Dos fragmentos de celosía de forma romboidal34 (Fig. 32), calada, que casan entre sí, por lo que correspondería al segundo cuerpo del monumentum. Conserva uno de los listeles que delimitaban el bloque, que puede orientarse en vertical (como hemos interpretado nosotros), pero asimismo en horizontal, como apoyo inferior. - Un fragmento de fuste de columna estriado35 (Fig. 33), por lo que correspondería seguramente al orden del cuerpo superior del monumentum. 34 N. 26 (UE 24), que miden en total 25,5 cm de longitud x 21,5 cm de anchura x 8,5 cm de grosor. Como se dijo, este estrato corresponde al relleno de la fosa realizada sobre el terreno geológico en el momento de la construcción de la tumba n. 1. 35 N. 27 (UE 26, estrato de relleno de la fosa original de la tumba n. 1), de10 cm de altura y 27 cm de diámetro. - Un fragmento de esquina de un capitel de columna, que se decoraría con una láurea en el centro del kalathos36 (Fig. 34), reconocible a pesar de la fractura, y que debe corresponder al orden del cuerpo superior, pues, además de las menores dimensiones con respecto a los anteriores capiteles de pilastras, puede asociarse por dimensiones al fuste anterior. Establecemos como hipótesis un típico monumento de edícula abierta, que presentaría un frente de algo más de cuatro metros de anchura máxima —en la base—, por un desarrollo en altura de algo más de siete metros, aunque no sabemos cómo se dispondría la cubierta, lo que es posible que la altura fuera mayor (supra, Fig. 26). Se trata de un esquema que está ya bien documentado en la Hispania meridional, desde momentos finales del siglo i a. C. y, especialmente, en la época de Augusto y el período julioclaudio. Lógicamente los elementos determinantes para no plantear que el cuerpo bajo iría coronado con pulvinos37, o incluso con una pareja de leones38, 36 N. 22 (UE 5), de 14,5 cm de altura x 11 cm de anchura; el ábaco mide 1,5 cm de altura. 37 Esplendido ejemplo de esta solución de coronamiento pulvinar con una cámara baja con pilastras al exterior lo tenemos ahora en Segobriga, según Cebrián Fernández 2010 (con paralelos oportunos). En general, sobre el tipo en Hispania, Beltrán 2004. 38 Hemos tratado esta cuestión en Beltrán 2000b y 2002: 238-241; Beltrán y Loza 2005. Archivo Español de Arqueología 2018, 91, págs. 07-38 ISSN: 0066 6742 https://doi.org/10.3989/aespa.091.018.001 25DOS NUEVOS MONUMENTA DE LA NECRÓPOLIS NORTE DE TORREPAREDONES (BAENA, CÓRDOBA) son que los fragmentos de celosía aparecen calados (para conformar una balaustrada sensu stricto) y a la presencia del fuste estriado de columna, que sólo se pueden entender dispuestos en el cuerpo superior de una edícula abierta. Como ya hemos indicado, no sabemos cómo coronarían ni la tumba de los Pompeyos (dejando al margen el carácter hipogeo o no de la cámara o cuerpo bajo), ni los monumenta de la necrópolis oriental itucitana, ni aún la tumba n. 1 en que se reutilizan estos materiales, pero en la misma necrópolis norte de Ituci es muy probable que la tumba denominada tradicionalmente como La Mazmorra39 (su localización, supra, Figs. 3-5) sí tuviera un desarrollo arquitectónico con un segundo cuerpo en edícula, si tenemos en cuenta que a ella debió corresponder un friso de casetones o metopas con decoración en relieve, de tema báquico, así como un capitel de columna, de tipo local, que fueron dibujados asimismo por A. Fernández-Guerra en el siglo xix (reproducidos y analizados en Beltrán 2010: 121-128, figs. 36-38 y 45). Por otro lado, de este sector de la necrópolis septentrional del yacimiento se recuperó en el siglo xix una interesante escultura de “dama oferente”40, elaborada en caliza local y de dimensiones prácticamente asimiladas al natural, de la que —frente a su interpretación como representación de una “dama” en un contexto religioso— hemos planteado, ya en otra ocasión (Beltrán 2014d: 258-259), que pudo corresponder a una adaptación de un taller local a formas “indígenas” de una representación sepulcral de una difunta, aunque lamentablemente le falta el retrato. Ello podría justificarse en el complejo mundo del “mestizaje iconográfico” que parece existir en Ituci (como ocurriera con las exvotos antropomorfos en el santuario extraurbano meridional y las dos representaciones esquemáticas en las necrópolis norte y este), y así la estatua hubiera estado colocada en 39 De esta tumba sí se conservan restos arqueológicos de la cámara, pero aparece realizada en opus caementicium, al menos en lo conservado (Morena 2010: 203-205), por lo que es posible que se construyera más avanzado el siglo i d. C., lo que explicaría su localización más alejada de la ciudad en esa via sepulcralis de la necrópolis norte itucitana, que se observa, supra, en nuestras fig. 3-5. 40 Indicaba A. Fernández-Guerra que “no lejos del panteón [tumba de los Pompeyos] camino del alcázar [castillo medieval] se encontró la estatua” (el texto está reproducido en Maier y Beltrán 2010: 270). El lugar exacto de descubrimiento lo indica aquel autor en su croquis, reproducido en nuestra Fig. 4, como “Estatua de Julia Leta”, ya que elucubraba Fernández- Guerra que: “Esta estatua descabezada, es la de Julia Leta, hija de Marco sacerdotisa de diva Augusta (Faustina). Su pedestal, con inscripción, existe en Cañete de las Torres desde mitad del siglo xvii…” (cit. en Maier y Beltrán 2010: 270, nota 24), para poner nombre a la representada entre las documentadas hasta entonces en la epigrafía itucitana. una edícula abierta de una de esas tumbas familiares de la via sepulcralis de esta necrópolis norte, con una forma iconográfica que no seguía los canónicos modelos romano-itálicos, sino la tradición indígena prerromana: “Sería un fenómeno de perduración… a la vez que —en principio— de pérdida del sentido original de la forma iconográfica que se reproduce”41. También de este sector del yacimiento itucitano proceden tres fragmentos de bloques que se decoran al exterior con un esquema geométrico romboidal, que ornaban con el motivo de celosías bajas los cuerpos inferiores o superiores de monumenta en forma de edícula abierta (Morena 1989: 338, láms. IX, 2 y X, 1-3; Beltrán 2010: 127, fig. 44) (Fig. 35, a-c). El motivo ya lo documentamos en el precioso monumentum familiar turriforme, rematado en el segundo cuerpo por una edícula abierta, de la familia de los Stlaccii de la colonia romana de Salaria (cortijo de doña Aldonza, Úbeda), situándolo en el cuerpo inferior42, con claros paralelos en la arquitectura funeraria altoimperial (s. i d. C.) del territorio del Alto Guadalquivir, como Castulo, Iliturgi, Tugia o La Carolina (Baena y Beltrán 2002: 54-65), además de en la capital Corduba, asimismo situado en la zona baja del cuerpo inferior, entre las pilastras (Ruiz Osuna 2007: 85-91). De una zona más alejada podemos mencionar su uso en la arquitectura funeraria romana de Ilunum, en el Tolmo de Minateda (Hellín, Albacete) (Sarabia 2004), y —en una zona intermedia— asimismo en un monumentum de similar tipología localizado en el cerro del Santuario, de Baza (Granada), y datado —pero sólo por paralelos tipológicos— entre época augustea y primera mitad del siglo i d. C. (Caballero et alii 2015). Desconocemos si la inscripción, que con toda probabilidad llevaría grabada en el frente, se situaría en la pared frontera de la cámara inferior u ocuparía el centro del friso en el arquitrabe, como es más usual en los monumenta del alto Guadalquivir, ya que no ha quedado ningún elemento de la inscripción del 41 Beltrán 2014d: 258. En general, cfr. las atinadas consideraciones de Abad 2003. En general, pueden consultarse Jiménez Díaz 2008; Vaquerizo 2010; Ruiz Osuna 2010; Kobusch 2014 42 Beltrán y Baena 1996: esp. 145ss.; Baena y Beltrán 2002: 54-65 y 143-148, nos 146-147 y 149-152, para el que ya indicábamos el modelo que suponía la tumba de Marcus Popidius de la necrópolis de Porta Ercolano de Pompeya, del último cuarto del siglo i a. C. (Kockel 1983: 191-194). Del monumentum de los Stlaccii conocemos ahora la existencia de un segundo león, que formaría pareja con el conservado en el Museo de Úbeda (Baena y Beltrán 2002: n. 147) y que tenemos en estudio. Asimismo hay que agregar ahora una interesante representación escultórica de Ganimedes con Zeus representado como águila que lo transporta, elaborado en caliza local, para la decoración de otra tumba monumental de la necrópolis de Salaria (Beltrán 2014e). 26 JOSÉ BELTRÁN FORTES y JOSÉ ANTONIO MORENA LÓPEZ Archivo Español de Arqueología 2018, 91, págs. 07-38 ISSN: 0066 6742 https://doi.org/10.3989/aespa.091.018.001 Figura 35. a-c. Tres fragmentos de celosías sepulcrales, aparecidas en fecha anterior en la necrópolis norte de Ituci, sin localización precisa (fotografías Morena López 1989). monumentum43. Hay que resaltar que ese friso del cuerpo inferior se decora con un motivo de roleos vegetales. Mientras que para la Península Itálica se ha indicado que el friso de roleos sustituye al friso dórico (Ortalli 1978: 58ss.), o más bien son coetáneos para este tipo de tumbas de dos cuerpos en las que los frisos de roleos acantiformes se situaban en el cuerpo superior, mientras que los dóricos en el inferior, según sucediera asimismo en la Galia Narbonense (Janon 1986: 88ss.; cfr., en general, Joulia 1988), ello no se lleva a cabo en la Hispania meridional, ya que el típico friso dórico casi no se documenta (Beltrán y Ordóñez 2004; en general, Gutiérrez Behemerid 1990) y es sustituido por los que hemos denominado como frisos de metopas alternas o, en todo caso, como ocurre en esta ocasión, por frisos vegetales (Beltrán y Baena 1996: 95ss.; Baena y Beltrán 2002: 59-60). Recuérdese que en Corduba son muy frecuentes los frisos de roleos acantiformes para la ornamentación de estructuras funerarias (Márquez 2002: 227-229). También en el monumentum de Lucius Poblicius, de Colonia, el friso vegetal se sitúa en el cuerpo inferior, mientras que en el cuerpo superior se dispone un friso de armas (Precht 1975). Finalmente, cabe destacar también la singularidad de los capiteles que corresponderían a ambos órdenes, inferior y superior. En el orden inferior corresponden a capiteles acantiformes de pilastras, de los que sólo se han conservado fragmentados cuatro de ellos que nos permite conocer sobre todo la disposición de la 43 Recordemos que en el caso de la tumba itucitana de La Mazmorra, que ya hemos referido, seguramente tuvo una inscripción hecha a base de letras de bronce (Beltrán 2010: 118-119). parte superior del capitel, aunque dos de ellos —más fragmentados— se situarían en las esquinas de la construcción y los otros dos en zonas centrales. Podemos apreciar la atípica disposición de la decoración, sobre todo, en la disposición de los dos elementos que lo delimitan a ambos lados, ya que se trata realmente del final enrollado de dos hélices (sólo se conserva una en el capitel de la fig. 21, pero es evidente que llevaría otra al otro extremo), estando ausentes las dos volutas canónicas. De hecho, el perfil de las hélices es el que deberían tener las volutas inexistentes, marcando los contornos del capitel en esa parte superior. Además, los dos extremos definidos por las hélices se proyectan hacia afuera, dando al frente del capitel un perfil cóncavo, y ello permite que el borde de las hélices se decore con tres molduras longitudinales. Precisamente en los dos ejemplares de esquina ese elemento está desarrollado en las dos caras que ocuparía y se observa que en la parte superior del borde se superpone como decoración añadida sobre las molduras longitudinales una hoja alargada o palmeta con grueso tallo central. De una manera más canónica, pero simplificada, aparece bien definido el ábaco, moldurado, y en su centro se dispone (en los ejemplares conservados) la flor del ábaco, consistente en una media hoja de acanto dispuesta hacia abajo. Finalmente, el cuerpo del kalathos sólo aparece ocupado en esa parte superior por otra gran hoja de acanto con diversos tallos a partir del central bien marcado. Es por tanto un esquema muy simplificado y esquemático, que no sabemos si se completaba con un segundo orden de hojas por debajo del tallo central de ésta, ya que no se puede apreciar en la pieza de la fig. 30, pero donde sí parece apreciarse la continuación del tallo de la hélice de la parte derecha, sin apreciarse otras Archivo Español de Arqueología 2018, 91, págs. 07-38 ISSN: 0066 6742 https://doi.org/10.3989/aespa.091.018.001 27DOS NUEVOS MONUMENTA DE LA NECRÓPOLIS NORTE DE TORREPAREDONES (BAENA, CÓRDOBA) hojas vegetales en esa parte baja, aunque la pieza está muy deteriorada. Podríamos llamar la atención sobre un peculiar capitel corintizante de columna procedente de la necrópolis occidental de Carmo (se desconoce a qué tumba perteneció) (Márquez 2012: 352, lám. 12), que dispone en cada frente del kalathos una gran hoja de acanto central, de cuyos lados salen los largos tallos de —en este caso sí— sendas volutas que marcan el perfil superior del capitel, por debajo del ábaco, aunque en este ejemplar otras dos hojas acantiformes ocupan los extremos en la parte inferior. No podemos dejar de referirnos en estos dos casos al denominado capitel “a sofà”, derivado de formas helenísticas y que se desarrolla en la Roma tardorrepublicana, sobre todo, como coronamiento de pilastra dentro de los capiteles corintio-itálicos44, aunque en los dos casos hispanos no presentan las dos rosetas con tallo (por el contrario, sí aparece flor de ábaco en los ejemplares itucitanos), y —aunque sólo se advierte en el caso carmonense— falta el usual elemento de unión de las volutas a la base del capitel, como asimismo ocurre —por ejemplo— en un ejemplar de procedencia desconocida conservado en el Museo Nacional Romano (Lupi 1984). En los dos casos hispanos serían adaptaciones de formas más canónicas, propias de talleres locales que conocen el modelo pero lo adaptan a sus gustos y necesidades, además del uso de las piedras locales no marmóreas y luego estucadas, que —en el caso de Ituci— se corresponde con “un primer momento caracterizado por el influjo de la tradición arquitectónica itálica y el empleo de las piedras locales, calizas blancas que no permiten un acabado refinado y en cuya labra se evidencia la persistencia de ciertas formas fuera de moda”, como se ha dicho para el campo de la decoración arquitectónica del foro de la colonia (Borrego y Felipe 2014: 99). En esa producción asociada a los edificios forenses itucitanos sí se adaptan de manera más ajustada los modelos itálicos en cuanto a los capiteles jónicos y corintios, elaborados en caliza; no osbtante, en ese contexto arqueológico forense sí se puede apreciar claramente ese doble rasero, más o menos canónico, en dos altares recuperados en la curia (pero que podían proceder de otros lugares del foro): un pulvino elaborado en mármol y con decoración de espigas, a la manera típica romano-itálica de época temprano imperial, que seguramente fue importado ya elaborado, y un altar conservado más completo, elaborado en piedra local, y cuya decoración del coronamiento se resuelve precisamente mediante dos volutas contrapuestas en el frente, y en los laterales el 44 Gutiérrez Behemerid 1992: 59-63, con un único ejemplar catalogado de Tarraco. mismo motivo simplificado, a la manera de acróteras (Borrego y Felipe 2014: 106-107, figs. 8 y 9). Con respecto al capitel (n. 22) correspondiente al orden superior de la tumba, colocado por tanto en la edícula abierta, debido a la fractura sólo podemos reconocer la presencia del ábaco liso, parte quizás del tallo de una voluta —muy perdida en el extremo, por lo que no podemos asegurar que estuviera originalmente— y, como elemento más significativo, la decoración del kalathos con una láurea, fragmentada, y que se superpondría al ábaco en la parte central. Como se dijo, por las dimensiones, debió formar orden con el fuste acanalado del que se conserva un fragmento (n. 27), aunque corresponden respectivamente a la UE 5 y UE 26. 3.2. Valoración tipológica y cronológica de la tumba n. 2 Dentro de la hipótesis planteada nos encontramos, pues, con un esquema típico de monumentum familiar de tipo turriforme, de varios pisos, con una edícula abierta en el primer piso, para exposición de las estatuas funerarias que —en este caso— estarían situados por detrás de una celosía, sin saberse cómo se desarrollaba a partir de aquí, si contaba con más pisos (cfr. lo que se dirá más adelante) o simplemente disponía la cubierta, como hemos planteado nosotros en la hipótesis de reconstrucción. Este tipo, bien desarrollado en el mundo romano desde fines de época republicana y alto Imperio (Hesberg 1992: 121-159), está constatado en Hispania, sobre todo en el ámbito de los territorios mediterráneos, con una alta concentración en necrópolis urbanas de los territorios del alto Guadalquivir (Beltrán y Baena 1996; Baena y Beltrán 2002: 54-65; Beltrán 2002: 243-251; Kobusch 2014), así como en la propia Corduba, especialmente con el monumentum de c/ Muñices y otras piezas que pertenecerían a edificaciones de este tipo (Márquez 2002: 224-235; Vaquerizo 2002: 179-193 y 2010: 118-121; Ruiz Osuna 2007), o lugares próximos de los actuales términos cordobeses de Puente Genil, Montoro o Benamejí (Beltrán 2002: 252-256), amén del anterior ejemplar referido de Baza, en Granada (Caballero et alii 2015), por citar algunos de interés. Precisamente se ha destacado como determinante para el sur hispano la influencia de los talleres cordubenses para la expansión de estos tipos de la arquitectura funeraria según modelos romanos (Ruiz Osuna 2010), pero pensamos que esa hipótesis no está sustentada con argumentos determinantes para el caso del alto Guadalquivir, aunque quizás sí funcionó en el caso de Ituci en determinados momentos, dadas las concomi- 28 JOSÉ BELTRÁN FORTES y JOSÉ ANTONIO MORENA LÓPEZ Archivo Español de Arqueología 2018, 91, págs. 07-38 ISSN: 0066 6742 https://doi.org/10.3989/aespa.091.018.001 tancias que hemos expuesto supra en ciertos aspectos de la monumentalización sepulcral a fines del siglo i a. C. y siglo i d. C. Además, la relación con talleres cordobeses está constatada en otros ámbitos arquitectónicos, como parece demostrar la del foro itucitano en época augustea y julio-claudia, aunque sin olvidar la propia singularidad de Ituci que aparece evidente en otros ámbitos, alejada del mayor cosmopolitismo capitalino cordubense. Es imposible concretar la fecha exacta a la que pertenece el monumentum (tumba n. 2) que hipotéticamente hemos restituido sólo en función del análisis formal de estas piezas arquitectónicas, ausentes otros elementos epigráficos, escultóricos y sobre todo de ajuares funerarios. Grosso modo se puede establecer un marco cronológico que abarca desde mediados del siglo i a. C. e incluye el principado augusteo y los primeros decenios del siglo i d. C. Por otro lado, en ese marco poco sirven los paralelos tipológicos para fijar una datación más exacta, ya que es mucha la variedad de la arquitectura sepulcral itálica y provincial en ese período y, como hemos visto, las piezas itucitanas en algunos casos no tienen paralelos claros, respondiendo a adaptaciones de talleres y clientela locales. Sí es significativo que su reutilización en la tumba n. 1 marca un evidente momento ante quem. La datación de la tumba n. 1 determina, pues, la cronología de la tumba n. 2, por lo que es probable incluso que su construcción deba incluirse antes del cambio de Era. No olvidemos que precisamente los paralelos tipológicos más cercanos de la tumba n. 1 son las tumbas monumentales de la necrópolis oriental de Ituci y, sobre todo, la tumba de los Pompeyos, en la necrópolis norte, cuya construcción fechamos en época tardoaugustea. Dentro de un planteamiento hipotético, la posición alejada de la tumba n. 1 de la que consideramos via sepulcralis principal de esa necrópolis norte, que conduciría a la puerta urbana de ese lado y en la que se sitúa la tumba de los Pompeyos45, podría indicar quizás una datación algo más reciente, pero no mucho tiempo después, por la similitud tipológica y de los ajuares. Por ello, dentro de ese plano de hipótesis, debemos situar la construcción de la tumba n. 2 en momentos tardorrepublicanos de la segunda mitad del siglo i a. C., sin poder precisar más, ni plantear si ello ocurrió en momentos augusteos o preaugusteos. Puede recordarse 45 Su orientación hacia los caminos explicaría la diferente colocación de las puertas en ambos casos, a pesar de que tienen prácticamente similar orientación. Así, la de los Pompeyos orienta los lados mayores en sentido N-S, con la puerta en el lado mayor oeste (que sería el posterior), si seguimos el dibujo de 1834; mientras que esta nueva tumba tiene los lados mayores orientados con una ligera corrección NO-SE, pero la puerta debió situarse en el lado corto noroeste. que en el ámbito de la plástica, en la Hispania Ulterior corresponde al período triunviral preaugusteo el momento de la introducción en las necrópolis urbanas de la escultura funeraria según modas romanas (León 1990), lo que marca un hito de interés46. Además, queda la incógnita del período de uso de este monumentum más antiguo, de gran desarrollo arquitectónico, aunque debió ser sólo de algunos decenios, teniendo en cuenta lo expuesto; ni podemos saber si la destrucción se debió a causas naturales (terremoto, corrimiento de tierras) o antrópicas, si bien la causa de su ruina permitió su desmontaje (por ejemplo, con la extracción sistemática de las grapas de plomo) y el aprovechamiento de los bloques pétreos en la nueva construcción. 4. OTROS MATERIALES ARQUEOLÓGICOS Un nuevo problema de interpretación de estos conjuntos deriva del hecho de que, en el marco de la intervención arqueológica, se recuperaron otros materiales arqueológicos que no hemos podido vincular a ninguno de los dos monumenta analizados, pero que formaron parte del mismo contexto arqueológico excavado. Corresponde tanto a elementos arquitectónicos, simplemente constructivos o con decoración en relieve, así como a un fragmento de escultura de bulto redondo (al menos en lo conservado) y un altar funerario, fragmentado y con el inicio de la inscripción. Para mantener una coherencia en el estudio e interpretación hemos de pensar —en principio— que todos estos materiales deben vincularse a alguna de las dos estructuras que hemos individualizado, sin entrar en la consideración de que para la construcción de la tumba n. 1 se reutilizaran materiales de otras estructuras aparte de la tumba n. 2, ni recurrir al fácil argumento de que pudieron venir arrastradas desde otro sector de la necrópolis (sobre todo, en relación a las piezas de pequeño formato). Es por ello que, a pesar de que no han sido incorporadas a ninguna de las restituciones, es plausible que pudieran formar parte de ellas, aunque no sepamos en qué circunstancias. 4.1. Estructura circular Se han recuperado tres bloques pétreos, rectangulares, pero que presentan la salvedad de que una 46 No obstante, la escultura oficial, elaborada en mármol y según tipos clásicos grecorromanos, no se constata en el foro de Ituci hasta la época tiberiana, en relación con la transformación del foro (Márquez 2014). Archivo Español de Arqueología 2018, 91, págs. 07-38 ISSN: 0066 6742 https://doi.org/10.3989/aespa.091.018.001 29DOS NUEVOS MONUMENTA DE LA NECRÓPOLIS NORTE DE TORREPAREDONES (BAENA, CÓRDOBA) de sus caras largas tiene un frente curvo. Ello indica que formaban parte de una estructura de planta circular, que —teniendo en cuenta la curvatura— pudo tener aproximadamente un diámetro externo de 1,5 m (Figs. 36 y 37). Además, los tres bloques presentan las características de que las caras cortas laterales presentan mortajas en forma de doble Y para grapas metálicas, lo que parece indicar que la construcción formaría parte del monumentum desmontado para su reutilización, es decir, la tumba n. 2. de los Iulii de Glanum, en Saint-Remy, donde sobre el cuerpo inferior, cerrado, se dispone un tetrapylon y sobre éste a su vez una tholos, en la que se exponían las estatuas funerarias, coronado por un tejado cónico (Rolland 1969; Hesberg 1992: 131-132) (Fig. 38). En este caso también se dispondría en Torreparedones una tumba de tres cuerpos con el cuerpo central de planta rectangular (la edícula abierta) y coronado con una tholos o monóptero, según una moda que se documenta en Italia en algunos lugares durante la primera mitad del siglo i d. C., según recoge H. von Hesberg (1992: 136), quien indica que: “Die eigenwillige Variante zu den Aediculen mit rechteckigem Grumdriss bildete die monopterosförmige Tholos als oberer Abschluss, denn sie kontrastierte deutlich gegen den kubusförmigen Sockel” (Hesberg 1992: 135). Figura 36. Restitución ideal de la planta de una estructura circular, con base en tres bloques de la estructura itucitana excavada en 2014 (dibujo E. Conlin). Figura 37. Bloque pétreo con una cara curva, perteneciente a la estructura reconstruida en la figura anterior (fotografía J. A. Morena). Figura 38. Tumba familiar de los Iulii de Glanum, en Saint- Remy (fotografía J. Beltrán). En ese caso podríamos pensar que se tratara de una estructura cilíndrica que coronara el cuerpo superior en forma de edícula abierta, en una solución arquitectónica de tres cuerpos, que es más inusual, pero no extraña, ya que encuentra paralelos en Italia, como una en Roma, en la milla IV de la via Appia, otra en Nettuno, cercana a Roma, y otra en Aquileia, así como en la Narbonense, donde destaca la tumba La reconstrucción de esa hipotética estructura de planta circular ofrece reducidas dimensiones (1,5 m de diámetro), lo que puede parecer insuficiente para coronar como tercer cuerpo la tumba n. 2, ya que la anchura del cuerpo de edícula sobrepasaría los tres metros en la cara frontal (es por ello que no hemos llevado a cabo ese intento en nuestro dibujo reconstructivo). Por ello incluso parecería más apropiada 30 JOSÉ BELTRÁN FORTES y JOSÉ ANTONIO MORENA LÓPEZ Archivo Español de Arqueología 2018, 91, págs. 07-38 ISSN: 0066 6742 https://doi.org/10.3989/aespa.091.018.001 como coronamiento para el caso de la tumba n. 1, que presenta unas dimensiones muy similares para el interior de la cámara de 1,57 m. Se ajusta en este caso mejor a otros paralelos itálicos de diseño más simple, en los que sobre el cuerpo cuadrangular inferior se dispone un cuerpo cilíndrico cerrado, como se testimonia en algún ejemplo de tumba de la necrópolis de Porta Nocera en Pompeya (D’Ambrosio y De Caro 1983) (Fig. 39). En cierto modo se relacionaría formalmente con el tipo de monumenta romanos en los que el cuerpo inferior se corona con una estructura cónica en piedra (Hesberg 1992: 113-116), que tiene en la arquitectura funeraria hispanorromana el excepcional testimonio de la Torre Ciega de Cartagena (Abad 1989). Si fuera así, en este caso se resolvería la cuestión del desarrollo de la tumba n. 1, cuya cámara no considerábamos hipogea —según se dijo, como hipótesis más plausible— y que dispondría de ese segundo cuerpo cilíndrico como desarrollo47. Cabe traer a colación el comentario que A. Fernández-Guerra en 1839 hace con respecto al posible segundo cuerpo de la tumba de los Pompeyos, que es el mejor paralelo para la tumba n. 1: “Por cima no se ve otra 47 Se ha defendido que en tumbas de cámara recubiertas por bóveda de medio cañón en ocasiones quedaba bóveda como elemento emergente, con una finalidad propagandística e ideológica (la conexión con la forma de la cupa) (Ruiz Osuna 2010: 163). Un ejemplo de esa solución la tendríamos, por ejemplo, en el caso de la tumba familiar de Acilia Plecusa, en Bobadilla (Málaga) (Romero 1993-1994). cosa que restos de un obelisco que sería el remate de aquel monumento” (cit. en Beltrán 2010: 116). Dado que la tumba se volvió a enterrar al poco tiempo y no ha sido analizada desde entonces no podemos saber exactamente a qué se refería al describir los restos como de un “obelisco”, pero parece indicar la existencia de un segundo cuerpo en aquel caso48. No obstante, debe concluirse que, por el carácter de los tres elementos conservados, que conservan mortajas en forma de Y, debieron pertenecer al monumento sepulcral construido en un primer momento. 4.2. Bloque con decoración de friso circular y motivos de roleos vegetales (¿frontón? ¿clípeo?) Un singular fragmento pétreo49 (n. 18) (Fig. 40) fue recuperado formando parte como elemento constructivo del muro oriental de la cámara en su parte inferior (UE 22), por lo que debe de pertenecer asimismo a la tumba n. 2. Aunque la pieza está fracturada, presenta perfiles rectos (y retallados en su superficie) en dos de sus bordes (los situados arriba y en bajo a la izquierda en la fotografía), por lo que el bloque original debía ser trapezoidal, para favorecer el encaje con otras piezas. En la cara principal el bloque se decoró con un friso de roleos vegetales, del que se aprecian los tallos y —en la parte derecha de la foto— una hoja. Lo más significativo es que el friso tiene un desarrollo curvo, como se aprecia fácilmente en la línea que marca su contorno externo, que se enmarca al exterior por un listel liso de diferente grosor, pues se adapta a la curva. Es significativo que, en la parte interior de la decoración de ese bloque, por debajo del friso de roleos vegetal, se reconoce el inicio de una decoración que lo relaciona con otros fragmentos pétreos recuperados, de similar decoración, que también se emplearon como elementos constructivos de ese mismo muro (UE 22) de la cámara de la tumba n. 1. Es por ello evidente, en primer lugar, que no formarían parte de 48 Tampoco debe olvidarse que, de nuevo, en el texto de la memoria de A. Fernández-Guerra sobre la tumba de los Pompeyos se indicaba que en el centro de la bóveda que cubría la cámara existía “un agujero que taladra la bóveda perpendicularmente, el cual serviría para dar alguna respiración a aquella estancia” (cit. en Maier y Beltrán 2010: 254). Asimismo reprodujo ese agujero en los dibujos que realizó de la tumba, apreciándose en la bóveda un orificio rectangular de pequeñas dimensiones, que amén de esa función de respiradero o estructural, incluso pudo tener una finalidad ritual, como una especie de canal de libación, que comunicara la cámara superior con la cámara sepulcral. 49 Mide 38 cm de longitud x 34 cm de altura x 16 cm de grosor máximos conservados. Figura 39. Tumba familiar de los Cuspii, de Pompeya, necrópolis de Porta Nocera (fotografía J. Beltrán). Archivo Español de Arqueología 2018, 91, págs. 07-38 ISSN: 0066 6742 https://doi.org/10.3989/aespa.091.018.001 31DOS NUEVOS MONUMENTA DE LA NECRÓPOLIS NORTE DE TORREPAREDONES (BAENA, CÓRDOBA) la decoración de la tumba n. 1, sino de la tumba n. 2 (o de otra en todo caso), y en segundo lugar el que, aunque el fragmento con el roleo no case directamente con ninguno de estos otros fragmentos, formaron parte del mismo conjunto. Dos de los nuevos fragmentos casan entre sí50 (n. 19) (Fig. 41) y disponen unos motivos alargados, formados por una especie de hojas cortas y dispuestas en forma de espina de pescado, pero que no podemos reconocer a qué representan. El otro fragmento51 (n. 17) (Fig. 42) asimismo tiene un decoración similar, que en uno de los extremos conserva una superficie más plana, aunque muy deteriorada en la superficie, que debe corresponder a parte del friso (pero muy deteriorado), por la disposición de los motivos alargados. En efecto, es significativa la disposición radial de los motivos alargados desde un punto que debemos considerar el centro. Si unimos los diversos fragmentos y tenemos en cuenta que el arco de la circunferencia exterior del friso ofrece un diámetro de 1,25 m, debemos pensar que nos encontramos con parte de un frontón triangular en cuyo interior se desarrollara otro semicircular, lo que proponemos en nuestra fig. 43. Tampoco debe descartarse su desarrollo como una circunferencia completa, lo que llevaría a considerarlo como un clípeo (Fig. 44), pero cuya localización exacta no podemos discernir52. En ambos casos esos elementos alargados se 50 Miden en conjunto 26 cm de longitud, 21 cm de anchura y 15 cm de grosor. 51 Mide 32 cm de longitud, 30 cm de anchura y 13 cm de grosor. 52 Quizás pudo situarse en la decoración exterior de los intercolumnios del exterior de la cámara baja, pero no es posible afirmarlo. Figura 40. Bloque con decoración de friso circular y motivos de roleos vegetales, de Ituci (fotografía J. A. Morena). Figura 41. Dos fragmentos de un bloque pétreo con decoración no identificada, de Ituci (fotografía J. A. Morena). Figura 42. Fragmento de un bloque pétreo con decoración no identificada (fotografía J. A. Morena). 38 JOSÉ BELTRÁN FORTES y JOSÉ ANTONIO MORENA LÓPEZ Archivo Español de Arqueología 2018, 91, págs. 07-38 ISSN: 0066 6742 https://doi.org/10.3989/aespa.091.018.001 funerarios en la Colonia Patricia de los siglos iniciales del Imperio, Córdoba. Vargas Cantos, S. 2002: “El conjunto funerario de La Constancia (Córdoba). Ajuares y cronología”, D. Vaquerizo (ed.), Espacios y usos funerarios en el Occidente Romano Córdoba II, 297-310. Vargas Cantos, S. y Moreno Romero, M. 2002-2003: “Análisis de un contexto cerámico en el sector meridional de la Colonia Patricia”, Anales de Arqueología Cordobesa 13-14, 201-227. 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