Full text
Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 24, nº 49. Primer cuatrimestre de 2022. Pp. 639-663. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i49.32 Carta de Thomas Paine al Abate Raynal sobre los asuntos de Norteamérica en la que se corrigen y aclaran los errores en el relato del Abate Raynal sobre la Revolución Americana (II) Introducción Ismael Romero Traducción Ismael Romero y Ricardo Bonet Resumen La Carta al Abate Raynal fue publica por primera vez en 1782 como respuesta a la aparición, un año antes, de la traducción al inglés del relato del Abate Raynal sobre la Revolución en América. Aunque empieza reconociéndole su estilo al autor de la muy influyente Historia filosófica y política de los establecimientos y del comercio de los europeos en las dos Indias, le reprocha su falta de sentido práctico, y corrigiendo lo que consideraba errores y falsas suposiciones sobre los orígenes de la Guerra de la Independencia y el papel de Francia en el movimiento independentista, Thomas Paine expone en la Carta la dimensión universal de sus principios revolucionarios. Eclipsada por otras obras y pasada por alto, la Carta, escrita en el contexto de las negociaciones diplomáticas para la paz, representa un punto de inflexión en el pensamiento de su autor al empezar a pensar en términos internacionales. Abstract The Letter to the Abbé Raynal was first published in 1782 in response to the appearance, a year earlier, of the English translation of the Abbé Raynal’s account of the Revolution in America. Although he begins acknowledging the style of the author of the highly influential Histoire philosophique et politique V. Documentos
640 Ismael Romero y Ricardo Bonet Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 24, nº 49. Primer cuatrimestre de 2022. Pp. 639-663. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i49.32 des établissements et du commerce des Européens dans les deux Indes, then he reproaches him for his lack of practicality, and corrects what he considers to be errors and false assumptions about the origins of the War of Independence and the role of France in the independence movement, Thomas Paine sets out in the Letter the universal dimension of his revolutionary principles. Eclipsed by other works and usually overlooked, the Letter, written in the context of diplomatic negotiations for peace, represents a turning point in the author’s thinking as he began to think in international terms. Hasta ahora mis observaciones se han limitado a las circunstancias; el orden en que surgieron y los acontecimientos que produjeron. En esto, siendo mi información mejor que la del Abate, mi tarea era fácil. No estoy tan seguro de cómo podré disputar cuestiones de sentimiento y opinión con alguien a quien los años, la experiencia y la larga reputación han colocado en una línea superior; pero como entran en el ámbito de mis observaciones, sería improcedente pasarlas por alto. Desde esta parte de la obra del Abate hasta el último extremo, encuentro varias expresiones que me parece que parten, con complexión cínica, del camino del pensamiento liberal, o al menos están tan envueltas que pierden muchas de las bellezas que distinguen otras partes de la obra. El Abate, habiendo llevado su obra al período en que comenzó el Tratado de alianza entre Francia y los Estados Unidos, procede a hacer algunas observaciones al respecto. En resumen (dice), la filosofía, cuyo primer sentimiento es el deseo de ver a todos los gobiernos justos y a todos los pueblos felices, al poner sus ojos en esta alianza de una monarquía con un pueblo que defiende su libertad, tiene curiosidad por conocer su motivo. Y ve de inmediato con demasiada claridad que la felicidad de la humanidad no tiene parte en ella. No importa en qué línea de pensamiento o temperamento se encontrara el Abate cuando escribió esta expresión. No matizan el sentimiento, ni aumentan su defecto. Si está bien, no necesita disculpas; si está mal, no merece excusas. Se envía al mundo como una opinión de la filosofía, y puede ser examinada sin tener en cuenta al autor. Parece ser un defecto, relacionado con el ingenio, que a menudo se emplee más en asuntos de curiosidad que de utilidad. El hombre debe ser el consejero privado del destino, o algo no está bien. Debe conocer los resortes, los porqués
641 Carta de Thomas Paine al Abate Raynal sobre los asuntos de Norteamérica... Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 24, nº 49. Primer cuatrimestre de 2022. Pp. 639-663. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i49.32 de cada cosa, o se queda insatisfecho. No voy a investigar si esto es un crimen o solo un capricho de la humanidad. Tomaré el pasaje tal como lo encuentro y pondré mis objeciones contra él. Lo que delimita el campo de la reflexión filosófica no son propiamente los motivos que produjeron la alianza, sino las consecuencias que se derivan de ella. Con los primeros solo penetramos en la estéril cueva del secreto, donde poco puede saberse y todo puede ser malinterpretado; con las otras, la mente se presenta con una amplia perspectiva del bien vegetativo y ve mil bendiciones que brotan en la existencia. Pero la expresión, incluso dentro del ámbito del significado del Abate, parte con un error porque se hace declarar lo que ningún hombre tiene autoridad para declarar. ¿Quién puede decir que la felicidad de la humanidad no formó parte de los motivos que produjeron la alianza? Para poder declarar esto, un hombre debe estar en posesión de la mente de todas las partes involucradas y saber que sus motivos eran otros. En la medida en que la independencia de América fue contemplada y comprendida, las ventajas locales de la misma para los actores inmediatos, así como los numerosos beneficios que prometía a la humanidad, parecían aumentar cada día; y no vimos un bien temporal para la raza actual solamente, sino un bien continuo para toda la posteridad; estos motivos, por lo tanto, sumados a los que los precedieron, se convirtieron en los motivos por parte de América, que la llevaron a proponer y acordar el tratado de alianza como el mejor método efectivo para extender y asegurar la felicidad; y por lo tanto, con respecto a nosotros, el Abate está equivocado. Francia, por otra parte, estaba en una situación muy diferente a la de América. No se vio obligada por la necesidad a buscar un amigo y, por lo tanto, su motivo para convertirse en uno tiene la más fuerte evidencia de ser bueno, y lo que así es debe tener algo de felicidad como objeto. Con respecto a sí misma, vio una serie de ventajas que merecían su atención. Al disminuir el poder de un enemigo al que, al mismo tiempo, no buscaba destruir ni angustiar, obtuvo una ventaja sin hacer un mal, y se creó un nuevo amigo al asociarse con un país en desgracia. Los resortes del pensamiento que conducen a acciones de este tipo, por muy políticas que sean, son, sin embargo, naturalmente benéficos; porque en todas las causas, buenas o malas, es necesario que haya una aptitud en la mente para permitirle actuar de acuerdo con el objeto: Por lo tanto, como una causa mala no puede ser perseguida con un motivo bueno, tampoco una causa buena puede ser apoyada por mucho tiempo por uno malo, y como ningún hombre actúa sin un motivo, por lo tanto en el presente caso, como no pueden ser malos, deben ser admitidos como buenos. Pero el Abate parte de una escala tan amplia, que pasa por alto los grados por los que se mide y rechaza el principio del bien porque el fin no sale de repente.
642 Ismael Romero y Ricardo Bonet Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 24, nº 49. Primer cuatrimestre de 2022. Pp. 639-663. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i49.32 Es cierto que los malos motivos pueden ser llevados en algún grado a apoyar una buena causa o a perseguir un buen fin, aunque esto no durará demasiado, cosa que no ocurre con Francia, porque o el fin reformará la mente, o la mente corromperá el fin, o bien, no pudiendo de ninguna manera llegar al unísono, se separarán con disgusto: y este progreso natural, aunque no percibido, de asociación o contención entre la mente y el fin, es la causa secreta de la fidelidad o la deserción. Cada objeto que un hombre persigue es, por el momento, una especie de amante para su mente: si ambos son buenos o malos, la unión es natural; pero si son contrarios y ninguno puede seducir ni reformar al otro, la oposición se convierte en aversión y sigue una separación. Cuando la causa de América apareció por primera vez en el escenario del universo, había muchos que, al estilo de los aventureros y cazafortunas, se colgaban de su tren y le hacían la corte con toda profesión de honor y apego. Eran ruidosos en su alabanza y ostentosos en su servicio. Por todas partes resonaba su ardor o su ira, pareciendo hombres enamorados. Pero, ¡ay!, eran cazafortunas. Sus expectativas estaban excitadas, pero sus mentes no estaban impresionadas y, viendo que ni les aprovechaba ni les reformaba con su influencia, cesaron en sus demandas y, en algunos casos, la abandonaron y traicionaron. Hubo otros que, al principio, vieron a América con indiferencia y, sin conocer su carácter, se mostraron cautelosos con su compañía. La trataban como a alguien que, bajo el bello nombre de la libertad, podía ocultar la horrible figura de la anarquía o el sombrío monstruo de la tiranía. No sabían lo que era. Si era justa, lo era de verdad. Pero aún así se sospechaba de ella y, aunque había nacido entre nosotros, parecía ser una extraña. Por accidente algunos y por curiosidad otros, la conocieron de lejos. Se aventuraron a mirarla. Sintieron la inclinación de hablar con ella. Una intimidad llevó a otra, hasta que la sospecha se desvaneció y un cambio de sentimiento se apoderó gradualmente de la mente; y no teniendo ningún interés propio que servir, ninguna pasión de deshonra que gratificar, se enamoraron de su inocencia, y, sin ser alterados por la desgracia ni inflamados por el éxito, compartieron con fidelidad las variedades de su destino. Esta declaración del Abate sobre los motivos me ha llevado involuntariamente a un razonamiento metafísico; pero no había otra vía por la que pudiera abordarse adecuadamente. Poner la presunción contra la presunción, la afirmación contra la afirmación, es un modo de oposición que no tiene efecto y, por lo tanto, el método más adecuado era demostrar que la declaración no se corresponde con el progreso natural de la mente ni con la influencia que tiene en nuestra conducta. — Dejaré ahora esta parte y proseguiré con lo que he afirmado antes, a saber, que no son propiamente los motivos que produjeron la alianza, sino las consecuencias que se obtienen de ella, lo que delimita el campo de la reflexión filosófica.
643 Carta de Thomas Paine al Abate Raynal sobre los asuntos de Norteamérica... Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 24, nº 49. Primer cuatrimestre de 2022. Pp. 639-663. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i49.32 Es una observación que ya he hecho en algunas publicaciones anteriores, que el círculo de la civilización está todavía incompleto. Una mutualidad de necesidades ha formado a los individuos de cada país en una especie de sociedad nacional; y aquí se ha detenido el progreso de la civilización. Porque es fácil ver que las naciones entre sí (a pesar de la ley civil ideal, que cada uno explica según le convenga) son como individuos en un estado de naturaleza. No están reguladas por ningún principio fijo, no se rigen por ninguna ley forzosa, y cada una hace independientemente lo que le place o lo que puede. Si hubiéramos podido conocer el mundo cuando estaba en estado de barbarie, habríamos llegado a la conclusión de que nunca podría ser llevado al orden que ahora vemos. La mente indómita era entonces tan difícil, si no más, de trabajar en su estado individual, como lo es la mente nacional en su estado actual. Sin embargo, hemos visto el logro de una, ¿por qué entonces deberíamos dudar del de la otra? Hay una mayor aptitud en la humanidad para extender y completar la civilización de las naciones entre sí en la actualidad que la que hubo para comenzarla con los individuos desconectados al principio; de la misma manera que es algo más fácil juntar los materiales de una máquina después de que están formados que lo que fue formarlos a partir de la materia original. La condición actual del mundo, que difiere tanto de lo que era antes, ha dado un nuevo aspecto a la mente del hombre, más de lo que parece ser consciente. Las necesidades del individuo, que produjeron por primera vez la idea de la sociedad, se convierten ahora en necesidades de la nación, y el hombre se ve obligado a buscar en otro país lo que antes buscaba en la persona más próxima. Las cartas, la lengua del mundo, han puesto en contacto a toda la humanidad y, por una extensión de sus usos, promueven cada día una nueva amistad. A través de ellas, las naciones distantes se vuelven capaces de conversar y, perdiendo poco a poco la torpeza de los extraños y la morosidad de la sospecha, aprenden a conocerse y entenderse. La ciencia, que no es partidaria de ningún país sino la benéfica patrona de todos, ha abierto generosamente un templo donde todos pueden reunirse. Su influencia en la mente, como el sol en la tierra fría, la ha estado preparando durante mucho tiempo para un mayor cultivo y una mayor mejora. El filósofo de un país no ve un enemigo en el filósofo de otro: toma su asiento en el templo de la ciencia y no pregunta quién se sienta a su lado. Esta no era la condición del mundo bárbaro. Entonces las necesidades de los hombres eran pocas y los objetos estaban a su alcance. Mientras podía adquirirlos, vivía en un estado de independencia individual cuya consecuencia era que hubiera tantas naciones como personas, cada una de las cuales contendía con la otra para asegurar algo que tenía o para obtener algo que no tenía. El mundo no tenía entonces ningún negocio que seguir, ni estudios que ejercitaran
644 Ismael Romero y Ricardo Bonet Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 24, nº 49. Primer cuatrimestre de 2022. Pp. 639-663. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i49.32 la mente. Su tiempo se dividía entre la pereza y la fatiga. La caza y la guerra eran sus principales ocupaciones; el sueño y la comida, sus principales placeres. Ahora es diferente. Un cambio en el modo de vida ha hecho necesario estar ocupado; y el hombre encuentra ahora mil cosas que hacer que antes no hacía. En lugar de poner sus ideas de grandeza en los rudos logros del salvaje, estudia las artes, las ciencias, la agricultura y el comercio, los refinamientos del caballero, los principios de la sociedad y los conocimientos del filósofo. Hay muchas cosas que en sí mismas no son moralmente buenas ni malas, pero que producen consecuencias fuertemente marcadas con uno u otro de estos caracteres. Así, el comercio, aunque en sí mismo es una nulidad moral, ha tenido una influencia considerable en el temple de la mente humana. Fue la falta de objetos en el mundo antiguo lo que ocasionó en ellos un giro tan rudo y perpetuo hacia la guerra. Su tiempo pendía de sus manos sin los medios para emplearlo. La indolencia en la que vivían les proporcionaba tiempo libre para el mal y, estando todos ociosos a la vez, e iguales en sus circunstancias, eran fácilmente provocados o inducidos a la acción. Pero la introducción del comercio proporcionó al mundo objetos que, en su extensión, alcanzan a todos los hombres y les dan algo en qué pensar y algo que hacer; por medio de ellos su atención es mecánicamente atraída desde las actividades que un estado de indolencia y una mente desocupada ocasionaban, y comercia con los mismos países con los que en épocas anteriores, tentados por sus producciones y demasiado indolentes para comprarlas, habrían ido a la guerra. Así, como ya he observado, la condición del mundo ha cambiado materialmente por la influencia de la ciencia y el comercio, y se ha puesto en condiciones no solo de admitir, sino de desear, una extensión de la civilización. El principal y casi único enemigo que le queda es el prejuicio, pues es evidente que el interés de la humanidad es ponerse de acuerdo y sacar lo mejor de la vida. El mundo ha sufrido sus divisiones de imperio, cuyas diversas fronteras son conocidas y establecidas. La idea de conquistar países, como los griegos y los romanos, no existe ahora; y la experiencia ha hecho estallar la noción de ir a la guerra en aras del beneficio. En resumen, los motivos para la guerra han disminuido enormemente y ahora apenas queda nada por lo que pelear, sino lo que surge de ese demonio de la sociedad, el prejuicio, y la consiguiente hosquedad y falta de atractivo del temperamento. Hay algo sumamente curioso en la constitución y el funcionamiento del prejuicio. Tiene la singular habilidad de acomodarse a todas las variedades posibles de la mente humana. Algunas pasiones y vicios están muy dispersos entre la humanidad y solo encuentran aquí y allá una buena recepción. Pero el prejuicio, como la araña, hace de cada lugar su hogar. No tiene gusto ni elección de situación y todo lo que requiere es espacio. En cualquier lugar, excepto
645 Carta de Thomas Paine al Abate Raynal sobre los asuntos de Norteamérica... Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 24, nº 49. Primer cuatrimestre de 2022. Pp. 639-663. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i49.32 en el fuego o el agua, una araña vivirá. Así, por más que la mente esté tan desnuda como las paredes de una vivienda vacía y abandonada, lúgubre como una mazmorra, o adornada con las más ricas habilidades del pensamiento, que sea caliente, fría, oscura o luminosa, solitaria o habitada, aún así el prejuicio, si no se le molesta, la llenará de telarañas y vivirá, como la araña, donde no parece haber nada de qué vivir. Si la una prepara su comida envenenándola para su paladar y su uso, la otra hace lo mismo; y como varias de nuestras pasiones están fuertemente caracterizadas por el mundo animal, el prejuicio puede ser denominado la araña de la mente. Tal vez ningún otro acontecimiento se haya unido tan íntimamente y con tanta fuerza para combatir y expulsar los prejuicios como la revolución de América y la alianza con Francia. Sus efectos se hacen sentir y su influencia se extiende ya tanto al viejo como al nuevo mundo. Nuestro estilo y nuestra manera de pensar han sufrido una revolución más extraordinaria que la revolución política del país. Vemos con otros ojos, oímos con otros oídos y pensamos con otros pensamientos que los que antes utilizábamos. Podemos mirar hacia atrás y ver nuestros propios prejuicios como si hubieran sido los prejuicios de otras personas. Ahora vemos y sabemos que eran prejuicios y nada más, y, liberados de sus grilletes, disfrutamos de una libertad de espíritu que antes no sentíamos. No fueron todos los argumentos, por poderosos que fueran, ni los razonamientos, por elocuentes que fueran, los que hubieran podido producir este cambio, tan necesario para la extensión de la mente y la cordialidad del mundo, sin las dos circunstancias de la Revolución y la Alianza. Si América se hubiera separado tranquilamente de Gran Bretaña, no se habría producido ningún cambio material en los sentimientos. En ambos países habrían regido las mismas nociones, prejuicios y concepciones que antes, y, siendo todavía esclavos del error y de la educación, habrían seguido el camino trillado del pensamiento vulgar y habitual. Pero con los medios que se han utilizado, tanto en lo que respecta a nosotros como a Francia e Inglaterra, cada rincón de la mente se ha librado de sus telarañas, veneno y polvo, y se ha hecho apto para la recepción de la tan generosa felicidad. Tal vez nunca hubo una alianza sobre una base más amplia que la de América y Francia, y vale la pena prestar atención a su progreso. Los países habían sido enemigos, no propiamente por sí mismos, sino a través de Inglaterra. Originalmente, no tenían ninguna disputa entre ellos ni ninguna causa para ello, sino lo que surgió del interés de Inglaterra y su armamento de América contra Francia. Al mismo tiempo, los americanos, alejados y desconocedores del mundo y tutelados por todos los prejuicios que gobernaban a los que los gobernaban, concibieron su deber de actuar como se les había enseñado. Al hacer esto, gastaron su sustancia para hacer conquistas, no para ellos, sino para sus amos, quienes a cambio los trataron como esclavos.
646 Ismael Romero y Ricardo Bonet Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 24, nº 49. Primer cuatrimestre de 2022. Pp. 639-663. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i49.32 Una larga sucesión de severidad insolente así como la separación finalmente ocasionada por el comienzo de las hostilidades en Lexington, el 19 de abril de 1775, produjo naturalmente una nueva disposición de pensamiento. A medida que la mente se cerraba hacia Inglaterra, se abría hacia el mundo, y nuestros prejuicios, al igual que nuestras opresiones, se sometieron, aunque con menos observación, a un examen mental; hasta que encontramos que los primeros eran tan inconsistentes con la razón y la benevolencia, como los segundos eran repugnantes para nuestros derechos civiles y políticos. Mientras avanzábamos así, por grados, en el amplio campo de la humanidad extendida, se concluyó la alianza con Francia. Una alianza que no se formó con el mero propósito de un día, sino sobre bases justas y generosas, y con ventajas iguales y mutuas; y la manera fácil y afectuosa en que las partes se han comunicado desde entonces, la ha convertido en una alianza no solo de cortes, sino de países. Ahora hay una unión de mente así como de intereses; y nuestros corazones así como nuestra prosperidad nos llaman a apoyarla. El pueblo de Inglaterra, al no haber experimentado este cambio, tampoco tenía idea de él. Abrazaban en su pecho los mismos prejuicios que nosotros pisoteábamos bajo nuestros pies y esperaban mantener el control sobre América mediante esa estrechez de miras que América despreciaba. Lo que a ellos les enorgullecía, nosotros lo despreciábamos; y ésta es una de las causas principales por las que todas sus negociaciones, construidas sobre este terreno, han fracasado. Ahora somos realmente otro pueblo, y no podemos volver a la ignorancia y los prejuicios. La mente una vez iluminada no puede volver a ser oscura. No hay posibilidad, ni hay ningún término para expresar la suposición, de que la mente desconozca algo que ya conoce; y por lo tanto, todos los intentos por parte de Inglaterra, ajustados al antiguo hábito de América y a la expectativa de su aplicación ahora, serán como persuadir a un hombre que ve para que se vuelva ciego y a uno sensible para que se convierta en idiota. Lo primero es antinatural y lo otro imposible. En cuanto a la observación que hace el Abate sobre que un país es una monarquía y el otro una república, no puede tener ningún significado esencial. Las formas de gobierno no tienen nada que ver con los tratados. Las primeras son la política interior de los países por separado; los segundos, su política exterior conjuntamente: y mientras cada uno cumpla su parte no tenemos más derecho o asunto para saber cómo uno u otro conduce sus asuntos domésticos, de lo que tenemos para indagar en los asuntos privados de una familia. Pero si el Abate hubiera reflexionado por un momento, habría visto que las cortes, o los poderes gobernantes de todos los países, sean cuales sean sus formas, son relativamente repúblicas entre sí. Es el primer y verdadero principio de alianzas. La antigüedad puede haber dado precedencia y el poder naturalmente creará importancia, pero su derecho igual nunca se discute. Asimismo, cabe
647 Carta de Thomas Paine al Abate Raynal sobre los asuntos de Norteamérica... Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 24, nº 49. Primer cuatrimestre de 2022. Pp. 639-663. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i49.32 destacar que un país monárquico no puede sufrir nada en su felicidad popular por una alianza con uno republicano; y los gobiernos republicanos nunca han sido destruidos por sus conexiones externas, sino por alguna convulsión o artificio interno. Francia ha estado en alianza con la República de Suiza durante más de doscientos años, y todavía Suiza conserva su forma original de gobierno tan entera como si se hubiera aliado con una república como ella; por lo tanto, esta observación del Abate no debería servir para nada. — Además, es mejor que la humanidad se mezcle. Siempre hay algo que aprender, ya sea de modales o de principios, y es mediante una comunicación libre, sin tener en cuenta los asuntos domésticos, que la amistad debe extenderse y los prejuicios destruirse en todo el mundo. Pero a pesar de la alta profesión del Abate en favor de la libertad, parece que a veces se olvida de sí mismo, o de que su teoría es más bien hija de su fantasía que de su juicio. Porque casi en el mismo instante en que censura la alianza, por no estar originalmente o suficientemente calculada para la felicidad de la humanidad, acusa a Francia, por una figura de implicación, por haber actuado tan generosamente y sin reservas al concluirla. «¿Por qué (dice él, refiriéndose a la Corte de Francia) se ataron mediante un tratado desconsiderado a condiciones con el Congreso, al que ellos mismos podrían haber mantenido en dependencia mediante suministros amplios y regulares?». Cuando un autor se compromete a tratar de la felicidad pública debe estar seguro de no confundir la pasión con el derecho ni la imaginación con el principio. El principio, al igual que la verdad, no necesita de artificios. Siempre contará su propia historia y la contará de la misma manera. Pero cuando éste no es el caso, cada página debe ser observada, recordada y comparada como una historia inventada. Me sorprende este pasaje del Abate. No significa nada o significa mal; y en cualquier caso muestra la gran diferencia entre el conocimiento especulativo y el práctico. Un tratado según el lenguaje del Abate no tendría ni duración ni afecto: podría haber durado hasta el final de la guerra, y luego expirado con ella. — Pero Francia, al actuar con un estilo superior a la pequeña política de pensamiento estrecho, ha establecido una fama generosa y se ha ganado el amor de un país al que antes era ajeno. Tuvo que tratar con un pueblo que pensaba como la naturaleza le enseñó y, por su parte, vio sabiamente que no había ninguna ventaja presente que pudiera obtenerse mediante términos desiguales, que pudieran equilibrar las más duraderas que podrían surgir de un comienzo amable y generoso. A partir de esta parte, el Abate se adentra en las transacciones secretas de los dos gabinetes de Versalles y Madrid con respecto a la independencia de América y no pretendo seguirle por ellas. Es una circunstancia lo suficientemente llamativa como para no comentarla, que la antigua unión de América con Gran
654 Ismael Romero y Ricardo Bonet Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 24, nº 49. Primer cuatrimestre de 2022. Pp. 639-663. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i49.32 ministerio británico. En este momento se desconoce qué línea seguirá el nuevo Gabinete con respecto a América; tampoco es muy importante, a menos que estén seriamente dispuestos a una paz general y honorable. La experiencia repetida ha demostrado, no solo la impracticabilidad de conquistar América, sino la imposibilidad aún mayor de conquistar su mente, o de hacerla volver a su antigua condición de pensamiento. Desde el comienzo de la guerra, que ahora se aproxima a los ocho años, miles y decenas de miles han avanzado y avanzan diariamente hacia el primer estado de madurez. Gentes que no conocen a Gran Bretaña más que como un enemigo bárbaro y a quienes la independencia de América les parece el gobierno natural y establecido del país tanto como el de Inglaterra se lo parece a un inglés. Y, por otra parte, miles de ancianos, que tenían ideas británicas, han caído y están cayendo diariamente del escenario de los negocios y de la vida. El progreso natural de la generación y la decadencia opera cada hora en detrimento de Gran Bretaña. El tiempo y la muerte, enemigos difíciles de enfrentar, luchan constantemente contra sus intereses; y las cifras de mortalidad, en todas partes de América, son los termómetros de su decadencia. Los niños en las calles son educados desde la cuna para considerarla como su único enemigo. Oyen hablar de sus crueldades, de sus padres, tíos y parientes asesinados; ven los restos de casas quemadas y destruidas, y la tradición común de la escuela a la que asisten les dice que esas cosas fueron hechas por los británicos. Estas son circunstancias a las que el político inglés medio, que considera al hombre solo en un estado de madurez, no presta atención. Se enreda con pares coetáneos o iguales a él en su país, y no piensa en la rapidez con la que la nueva generación en América está creciendo sin saber nada de ellos, o ellos de ella. En pocos años se perderán todos los recuerdos personales y, quien sea Rey o Ministro en Inglaterra, será poco conocido y apenas se preguntará por él. La nueva administración británica está compuesta por personas que siempre han estado en contra de la guerra y que han reprobado constantemente todas las medidas violentas de la anterior. Consideraron la guerra americana como destructiva para ellos mismos y se opusieron a ella por ese motivo. Pero ¿qué significa esto para América? Ella no tiene nada que ver con los partidos ingleses. Tales complejidades no son nada para ella. Es con todo el país con el que está en guerra, o con el que debe estar en paz. Si todos los ministros de Inglaterra fueran el Conde de Chatham, ahora pesaría poco o nada en la balanza de la política americana. La muerte ha conservado en la memoria de este estadista la fama que, de haber vivido, habría perdido. Sus planes y opiniones, hacia la última parte de su vida, habrían tenido tantas malas consecuencias y habrían sido tan reprobados aquí como los de Lord North, abundando, considerándolo un hombre sabio, en inconsistencias que llegan a ser absurdas.
655 Carta de Thomas Paine al Abate Raynal sobre los asuntos de Norteamérica... Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 24, nº 49. Primer cuatrimestre de 2022. Pp. 639-663. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i49.32 Al parecer, ha sido culpa de muchos de esta minoría suponer que América aceptaría ciertos términos con ellos, si estuvieran en el poder, que ni siquiera escucharía de la administración de entonces. Esta idea no puede responder a otro propósito que el de prolongar la guerra; y Gran Bretaña puede, a costa de muchos más millones, aprender la fatalidad de tales errores. Si el nuevo Ministerio evita sabiamente esta política desesperada, demostrarán ser mejores timoneles y hombres más sabios de lo que se cree, porque cada día se espera ver cómo su bergantín choca con alguna roca oculta y se hace pedazos. Pero hay una línea en la que pueden ser grandes. No es necesario que se presente una oportunidad más brillante; y es así como la verdadera magnanimidad mejoraría y la humanidad se regocija. Se necesita una reforma total en Inglaterra. Necesita una mente expandida, un corazón que abarque el universo. En lugar de encerrarse en una isla y pelearse con el mundo, obtendría una felicidad más duradera y adquiriría más riquezas reales si se mezclara generosamente con él y dijera valientemente: «No soy enemiga de nadie». Ahora no es el momento de pequeñas maquinaciones ni de políticas arteras. El mundo europeo tiene demasiada experiencia para imponerse y América es demasiado sabia para dejarse engañar. Debe ser algo nuevo y magistral lo que pueda tener éxito. La idea de seducir a América lejos de su independencia, o para que corrompa su alianza, es un pensamiento demasiado mezquino para una gran mente e inimaginable para cualquier mente honesta. Siempre que la política se aplica para despojar a la humanidad de su integridad y disolver la virtud de la naturaleza humana, se vuelve detestable; y ser un estadista al servicio de este plan, es ser un villano por encargo. Quien lo pretende deja un vacío en su carácter que puede ser llenado con el peor de los epítetos. Si la disposición de Inglaterra es tal que no acepta una paz general y honorable, debiendo la guerra, en todo caso, continuar por más tiempo, no puedo evitar desear que las alianzas que Estados Unidos ha establecido o pueda establecer se conviertan en los únicos objetivos de la guerra. Quieren una oportunidad para demostrar al mundo cómo considera su honor tan querido y sagrado como su independencia, y que no abandonará en ningún caso a aquellos a quienes ninguna negociación podría inducir a abandonarla. La paz, para toda mente reflexiva, es un objeto deseable; pero esa paz que va acompañada de un carácter arruinado, se convierte en un crimen para el seductor y en una maldición para el seducido. Pero, ¿dónde está la imposibilidad, o incluso la gran dificultad, de que Inglaterra establezca una amistad con Francia y España, convirtiendo en una virtud nacional el renunciar para siempre a esas inveteradas opiniones sesgadas que ha tenido la costumbre de abrigar y que, a la vez que le sirven para hundirla con una deuda cada vez mayor, al involucrarla en guerras infructuosas, se
656 Ismael Romero y Ricardo Bonet Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 24, nº 49. Primer cuatrimestre de 2022. Pp. 639-663. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i49.32 convierten también en la perdición de su reposo y en la destrucción de sus costumbres? Antes teníamos los grilletes que ella tiene ahora, pero la experiencia nos ha mostrado el error, y pensando con justicia, nos ha enderezado. La verdadera idea de una gran nación es aquella que extiende y promueve los principios de una sociedad universal cuya mente se eleve por encima de la atmósfera de los pensamientos locales y considere a la humanidad, sea de la nación o profesión que sea, como la obra de un solo Creador. El ansia de conquista ha tenido su moda y su día. ¿Por qué las virtudes amables no pueden tenerlos también? Los Alejandro y los Césares de la antigüedad han dejado tras de sí sus monumentos de destrucción y son recordados con odio; mientras que aquellos personajes más exaltados, que fueron los primeros en enseñar la sociedad y la ciencia, son bendecidos con la gratitud de todas las épocas y países. Fue más útil para el mundo un filósofo, aunque pagano, que todos los conquistadores paganos que han existido. Si la presente Revolución se distingue por abrir un nuevo sistema de civilización extendida, recibirá del cielo la más alta evidencia de aprobación; y como este es un tema para el cual los poderes del Abate son tan eminentemente adecuados, lo recomiendo a su atención, con el afecto de un amigo y el ardor de un ciudadano universal. POST SCRIPTUM Desde el cierre de la carta anterior, han llegado a América algunas insinuaciones sobre una paz general. En qué autoridad o fundamento se basan, o cuán cercano o remoto puede ser tal evento, son circunstancias que no estoy investigando. Pero como el tema debe convertirse, tarde o temprano, en un asunto de seria atención, no es impropio, incluso en este primer momento, investigar cándidamente algunos puntos que están relacionados con ella, o que a ella conducen. La independencia de América está en este momento tan firmemente establecida como la de cualquier otro país en estado de guerra. No es el tiempo, sino el poder, lo que da estabilidad. Las naciones en guerra no se miden entre sí por su antigüedad. Es su fuerza actual e inmediata, junto con sus conexiones, lo que debe apoyarlas. A lo que podemos añadir que un derecho que se originó hoy es tanto un derecho como si tuviera la sanción de mil años; por lo tanto la independencia y los gobiernos actuales de América no están en más peligro de ser subvertidos porque sean modernos, que el de Inglaterra es seguro porque sea antiguo. La política de Gran Bretaña, en lo que respecta a América, fue concebida originalmente en el idiotismo y actuada en la locura. No hay un paso que tenga el más mínimo rastro de racionalidad. En su gestión de la guerra se ha esforzado
657 Carta de Thomas Paine al Abate Raynal sobre los asuntos de Norteamérica... Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 24, nº 49. Primer cuatrimestre de 2022. Pp. 639-663. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i49.32 por ser desgraciada y ha estudiado para ser odiada, mostrando en todas sus anteriores propuestas de acuerdo una total ignorancia de la humanidad y de esas sensaciones naturales e inalterables por las que generalmente se rige. Todavía está por demostrar cómo se comportará en el presente o en el futuro en la negociación de la paz. Es un político débil el que no comprende la naturaleza humana ni penetra en el efecto que las medidas de gobierno tendrán en la mente. Todos los errores de Gran Bretaña han surgido de este defecto. El anterior Ministerio actuó como si supiera que la humanidad no tiene mente; y el actual, como si América no tuviera memoria. El primero debió suponer que éramos incapaces de sentir y el otro que no podíamos recordar las heridas. Hay también otra línea en la que los políticos se equivocan, que es la de no calcular correctamente, o más bien juzgar mal, las consecuencias que producirá cualquier circunstancia. Nada es más frecuente, tanto en la vida común como en la política, que oír a la gente quejarse de que tal o cual medio produjo un evento directamente contrario a sus intenciones. Pero la culpa está en que no juzgaron bien lo que iba a suceder; porque los medios solo produjeron sus consecuencias propias y naturales. Es muy probable que, en un tratado de paz, Gran Bretaña dispute algún puesto en América del Norte, tal vez Canadá o Halifax, o ambos: y deduzco esto de la conocida deficiencia de su política, que siempre ha hecho uso de medios cuyo resultado natural era contrario tanto a sus intereses como a sus expectativas. Pero la cuestión con ella debería ser si vale la pena mantenerlos y cuáles serán las consecuencias. Con respecto a Canadá, una u otra de las dos cosas siguientes tendrá lugar, es decir, o bien Canadá llega a estar poblada y se rebelará, o, si no llega a estarlo, no valdrá la pena el gasto de mantenerla. Y lo mismo puede decirse de Halifax y del país que la rodea. Pero Canadá nunca se poblará, no habiendo ocasión de hacer maquinaciones en un sentido u otro, pues la naturaleza se encargará de todo. Gran Bretaña puede hacer grandes gastos enviando colonos a Canadá, pero los descendientes de esos colonos serán americanos, como otros descendientes lo han sido antes. Mirarán a su alrededor y verán a los Estados vecinos soberanos y libres, respetados en el extranjero y comerciando con el mundo; y el amor natural por la libertad, las ventajas del comercio, las bendiciones de la independencia y de un clima más feliz, y un suelo más rico, los atraerá hacia el sur. El efecto será que Gran Bretaña sostendrá el gasto y América cosechará la ventaja. Uno pensaría que la experiencia que Gran Bretaña ha tenido de América la saciarían por completo de todo pensamiento de colonización continental, convirtiendo cualquier parte que pudiera retener solo para ella en un campo
658 Ismael Romero y Ricardo Bonet Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 24, nº 49. Primer cuatrimestre de 2022. Pp. 639-663. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i49.32 de celos y espinas, de debate y contención, para siempre luchando por privilegios y meditando la revuelta. Puede formar nuevos asentamientos, pero serán para nosotros; se convertirán en parte de los Estados Unidos de América en contra de todas sus artimañas para impedirlo, o sin ningún esfuerzo nuestro para promoverlo. En primer lugar, no puede obtener de ellos una renta hasta que sean capaces de pagarla, y cuando lo sean estarán por encima de la sujeción. Los hombres pronto se encariñan con el suelo en el que viven y se incorporan a la prosperidad del lugar, no significando mucho las opiniones con las que llegan, porque el tiempo, el interés y las nuevas conexiones las harán obsoletas y la siguiente generación no sabrá nada de ellas. Si Gran Bretaña fuera realmente sabia, aprovecharía la presente oportunidad para desprenderse de todas las dificultades continentales en América del Norte, y eso no solo para evitar futuras disputas y problemas, sino para ahorrar gastos. Para hablar explícitamente sobre el asunto, si yo fuera una potencia europea, no aceptaría Canadá si se me ofreciera bajo las condiciones que Gran Bretaña debe retenerla. Es uno de esos dominios que es, y siempre será, una carga constante para cualquier poseedor extranjero. En cuanto a Halifax, será inútil para Inglaterra después de la presente guerra y la pérdida de los Estados Unidos. Un puerto pensado para mantener un dominio ya perdido solo puede ser atendido con gastos. Hay, no lo dudo, miles de personas en Inglaterra que suponen que estos lugares son un beneficio para la nación, mientras que son directamente lo contrario y, en lugar de producir cualquier ingreso, hacen que una parte considerable de los ingresos de Inglaterra se extraigan anualmente para apoyar el gasto de mantenerlos. Gibraltar es otro ejemplo de mala política nacional. Un puesto que en tiempos de paz no se necesita, y que en tiempos de guerra no es útil, debe ser siempre inútil. En lugar de ofrecer protección a una armada, requiere la ayuda de una para mantenerlo. Suponer que Gibraltar comanda el Mediterráneo, o el paso hacia él, o el comercio de éste, es suponer una falsedad manifiesta; porque aunque Gran Bretaña mantiene el puesto ha perdido los otros tres y todo beneficio que esperaba de él. Y decir que todo esto sucede porque está asediada por tierra y por agua es no decir nada, pues esto siempre será así en tiempo de guerra, mientras Francia y España mantengan flotas superiores y Gran Bretaña mantenga el puesto. De modo que, aunque, como roca impenetrable e inaccesible, pueda ser mantenida por los unos, siempre está en poder de los otros hacerla inútil y excesivamente gravosa. Supongo que uno de los principales objetivos de España al asediarlo es mostrar a Gran Bretaña que, aunque no pueda tomarlo, puede dominarlo, es decir, puede encerrarlo e impedir que se utilice como puerto, aunque no como
659 Carta de Thomas Paine al Abate Raynal sobre los asuntos de Norteamérica... Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 24, nº 49. Primer cuatrimestre de 2022. Pp. 639-663. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i49.32 guarnición. Pero el camino más corto para reducir Gibraltar es atacar la flota británica, ya que Gibraltar depende tanto de una flota como un pájaro depende de sus alas para alimentarse, y cuando se le hiere en ellas muere de hambre. Hay otra circunstancia a la que el pueblo de Inglaterra no solo no ha prestado atención, sino que parece ignorar por completo, y es la diferencia entre el poder permanente y el poder accidental, considerado en un sentido nacional. Por poder permanente me refiero a una habilidad natural inherente y perpetua en una nación que, aunque siempre esté en existencia, puede no estar siempre en acción, o no ser dirigida ventajosamente; y por poder accidental, me refiero a una disposición o ejercicio afortunado o accidental de la fuerza nacional, en su totalidad o en parte. Hubo sin duda un tiempo en que una nación europea, con solo ocho o diez barcos de guerra, iguales a los actuales navíos de línea, podría haber llevado el terror a todas las demás que no hubieran comenzado a construir una marina, por grande que fuera su capacidad natural para ese fin. Pero esto puede considerarse solo como accidental y no como un estándar para comparar el poder permanente, no pudiendo durar más que hasta que esas potencias construyeran tantos o más barcos que la primera. Después de esto, era necesaria una flota más grande para ser superior; y una aún más grande volvería a superarla. Y así la humanidad ha ido construyendo una flota tras otra, según la ocasión o la situación. Y esto reduce todo a una pregunta original, que es: ¿qué potencia puede construir y tripular el mayor número de barcos? La respuesta natural es que aquella potencia que tenga los mayores ingresos y el mayor número de habitantes, siempre que su situación costera le ofrezca suficientes comodidades. Siendo Francia una nación en el continente de Europa y Gran Bretaña una isla en su vecindad, cada una de ellas derivó diferentes ideas de sus diferentes situaciones. Los habitantes de Gran Bretaña no podían llevar a cabo ningún comercio exterior ni moverse del lugar en el que vivían sin la ayuda de la navegación; pero éste no era el caso de Francia. Por lo tanto, la idea de una marina no surgió en Francia de la misma necesidad original e inmediata que la produjo en Inglaterra. Pero la cuestión es, cuando ambos dirigen su atención y emplean sus ingresos de la misma manera, cuál puede ser superior. Los ingresos anuales de Francia son casi el doble de los de Inglaterra, y su número de habitantes más del doble. Cada uno de ellos tiene la misma longitud de costa en el Canal de la Mancha, además de que Francia tiene varios cientos de millas de extensión en el Golfo de Vizcaya, y una apertura en el Mediterráneo, demostrándose cada día que la práctica y el ejercicio hacen a los marineros, así como a los soldados, tanto en un país como en otro. Si, entonces, Gran Bretaña puede mantener cien navíos de línea, Francia
660 Ismael Romero y Ricardo Bonet Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 24, nº 49. Primer cuatrimestre de 2022. Pp. 639-663. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i49.32 también puede mantener ciento cincuenta, porque sus ingresos y su población son iguales a los de Inglaterra. Y la única razón por la que no lo ha hecho es porque no se ha ocupado de ello hasta hace muy poco. Pero cuando vea, como lo hace ahora, que una marina es el primer motor del poder, podrá lograrlo fácilmente. Inglaterra infiere muy falsamente, y de manera ruinosa para ella, que porque tenía ventaja sobre Francia, mientras Francia tenía la marina más pequeña, esto siempre será así. Sin embargo, puede verse claramente que la fuerza de Francia todavía no ha sido probada en una armada y que es capaz de ser tan superior a Inglaterra en la extensión de una como lo es en la extensión de sus ingresos y su población, pudiendo Inglaterra llegar a lamentar el día en que, por su insolencia e injusticia, provocó en Francia una disposición marítima. Está en el poder de las flotas combinadas conquistar cada isla de las Indias Occidentales y reducir toda la armada británica en esos lugares. Porque si Francia y España enviaran toda su fuerza naval en Europa a esas islas, no estaría en el poder de Gran Bretaña seguirlos con una fuerza igual. Seguiría siendo inferior en veinte o treinta barcos si enviara todos sus buques, y mientras tanto todo el comercio exterior de Inglaterra quedaría expuesto a los holandeses. Una máxima que, estoy convencido, siempre será válida, y más aún en las operaciones navales, es que una gran potencia no debe moverse nunca en destacamentos, si es posible evitarlo, sino dirigirse con toda su fuerza a algún objeto importante cuya reducción tenga un efecto decisivo en la guerra. Si todas las flotas francesas y españolas de Europa hubieran llegado la pasada primavera a las Indias Occidentales, cada isla habría sido suya, Rodney su prisionero, y su flota su premio. Desde los Estados Unidos las flotas combinadas pueden ser abastecidas con provisiones, sin necesidad de sacarlas de Europa, lo que no es el caso de Inglaterra. Accidentalmente se han puesto en el camino de Inglaterra algunas ventajas que, por la inferioridad de su armada, no tenía derecho a esperar. Porque aunque se ha visto obligada a huir ante las flotas combinadas, Rodney ha tenido dos veces la suerte de encontrarse con escuadras separadas, a las que era superior en número. La primera frente al Cabo de San Vicente, donde tenía casi dos a uno, y la otra en las Indias Occidentales, donde tenía una mayoría de seis barcos. Las victorias de este tipo casi se producen solas. Se ganan sin honor y se sufren sin deshonra, atribuyéndose al azar del encuentro, no a la superioridad de la lucha. Porque el mismo Almirante, bajo el cual se obtuvieron, fue incapaz, en tres compromisos anteriores, de hacer la menor impresión en una flota que consistía en un número igual de barcos que los suyos, y compuso los eventos declinando las acciones3. Para concluir: si se puede decir que Gran Bretaña tiene numerosos
661 Carta de Thomas Paine al Abate Raynal sobre los asuntos de Norteamérica... Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 24, nº 49. Primer cuatrimestre de 2022. Pp. 639-663. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i49.32 enemigos, también se demuestra que ha dado numerosas ofensas. La insolencia es segura para provocar el odio, ya sea en una nación o en un individuo. La falta de modales en la corte británica puede verse incluso en sus odas de cumpleaños y de año nuevo, que están calculadas para encaprichar al vulgo y disgustar al hombre refinado. Su antigua rudeza prepotente, así como su insufrible injusticia en los mares, han convertido a todas las naciones comerciales en sus enemigos. Sus flotas fueron empleadas como instrumentos de presa y actuaron en la superficie de los océanos con el carácter que el tiburón tiene bajo ella. Por otra parte, las potencias combinadas están tomando una parte popular y harán su reputación inmortal estableciendo la perfecta libertad del océano, a la que todos los países tienen derecho y están interesados en lograr. El mar es la carretera del mundo y quien se arroga una prerrogativa sobre él transgrede el derecho, atrayendo con justicia sobre sí el castigo de las naciones. Tal vez podría ser de alguna utilidad para la futura tranquilidad de la humanidad, que se introdujera un artículo en la próxima paz general para que ninguna nación exceda, en tiempo de paz, un cierto número de barcos de guerra. Algo de este tipo parece necesario porque según la moda actual la mitad del mundo se lanzará al agua, pareciendo no conocer fin la medida a que las armadas pueden ser llevadas. Otra razón es que las marinas no aportan nada a las costumbres o la moral de un pueblo. La vida aislada que conlleva el servicio impide las oportunidades que brinda la sociedad y es demasiado apta para ocasionar una tosquedad de ideas y de lenguaje, y eso más en los barcos de guerra que en el empleo comercial puesto que en este último se mezclan más con el mundo y están más relacionados con él. Menciono esta observación como algo general y no aplicada a un país más que a otro. Gran Bretaña ha tenido ahora una prueba de más de siete años con un gasto de casi cien millones de libras esterlinas y, cada mes que se retrasa en concluir la paz, le cuesta otro millón de libras esterlinas además de sus gastos ordinarios de gobierno, que son un millón más; de modo que su gasto mensual total es de dos millones de libras esterlinas, lo que equivale a todos los gastos anuales de América, incluidos todos los cargos. Juzgue, pues, quién está en mejores condiciones de continuarlo. También tiene que hacer muchas expiaciones a un mundo herido, tanto en una parte como en otra. Y en lugar de seguir con ese temperamento de arrogancia, que solo sirve para hundirla en la estima y acarrear la aversión de todas las naciones, haría bien en reformar sus modales, reducir sus gastos, vivir pacíficamente con sus vecinos y no pensar más en la guerra. Filadelfia, 21 de agosto de 1782.
662 Ismael Romero y Ricardo Bonet Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 24, nº 49. Primer cuatrimestre de 2022. Pp. 639-663. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i49.32 1 Extracto de A short Review of the present Reign, en Inglaterra, p. 45, en el nuevo «Annual Register», para el año 1780. «Los comisionados que, como consecuencia de los proyectos de ley conciliadores de Lord North, fueron a América para proponer términos de paz a las colonias, no tuvieron ningún éxito. Las concesiones que antes habrían sido recibidas con la mayor gratitud, fueron rechazadas con desdén. Era el momento del orgullo y la altanería norteamericana. Es probable, sin embargo, que no fueran solo el orgullo y la altivez los que dictaron las resoluciones del Congreso, sino la desconfianza en la sinceridad de las ofertas de Gran Bretaña, la determinación de no renunciar a su independencia y, sobre todo, los compromisos que habían contraído en su último tratado con Francia». 2 Sentido Común AbAte RAynAl «Algunos escritores han confundido «Hay que tener cuidado de no confundir de tal manera la sociedad con el gobierno, sociedad y gobierno. Para que se conozcan que dejan poca o ninguna distinción entre claramente, hay que considerar su origen». ellos; mientras que no solo son diferentes, sino que tienen orígenes distintos». «La sociedad es producida por nuestras «La sociedad se origina en las necesidades necesidades y los gobiernos por nuestra de los hombres, el gobierno en sus vicios. maldad; la primera promueve nuestra La sociedad tiende siempre al bien; felicidad positivamente, uniendo nuestros el gobierno debe tender siempre a la afectos; la segunda negativamente, represión del mal». frenando nuestros vicios». En los siguientes párrafos hay menos similitud en el lenguaje, pero las ideas de uno están evidentemente copiadas del otro. sentiDo común «Para tener una idea clara y justa del diseño y el fin del gobierno, supongamos un pequeño número de personas, reunidas en algún lugar aislado de la tierra, sin conexión con el resto; entonces representarán la población de cualquier país o del mundo. En este estado de libertad natural, la sociedad será su primer pensamiento. Mil motivos los moverán a ello. La fuerza de un hombre es tan desigual a sus necesidades, y su mente tan poco apta para la soledad perpetua, que pronto se ve obligado a buscar la ayuda de otro, que a su vez requiere lo mismo. Cuatro o cinco personas unidas serían capaces de levantar una vivienda tolerable en medio de un desierto; pero un solo hombre podría trabajar durante el período común de la vida, sin lograr nada; después de haber talado su madera, no podría trasladarla, ni erigirla después de haberla transportado; el hambre, en el ínterin, lo instaría a dejar su trabajo, y cada necesidad diferente lo llamaría a un camino diferente. La enfermedad, más aún, incluso la desgracia implicaría la muerte, pues aunque ninguna de las dos fuera inmediatamente mortal, cualquiera de ellas lo incapacitaría para vivir y lo reduciría a un estado en el que más bien podría decirse que perece que que muere. Así, la necesidad, como una fuerza gravitatoria, formaría a nuestros emigrantes recién llegados en una sociedad, cuyos beneficios recíprocos sustituirían y harían innecesarias las obligaciones de la ley y el gobierno, mientras siguieran siendo perfectamente justos entre sí. Pero como nada más que el cielo es inexpugnable para el vicio, sucede inevitablemente que, en la medida en que superen las primeras dificultades de la emigración, que los unió en una causa común, comenzarán a relajarse en su deber y apego mutuo, y este descuido señalará la necesidad de establecer alguna forma de gobierno para suplir el defecto de la virtud moral». AbAte RAynAl «El hombre, arrojado, como por casualidad, sobre el globo, rodeado de todos los males de la naturaleza, obligado a defender y proteger continuamente su vida contra las tormentas y tempestades del aire, contra las inundaciones del agua, contra el fuego de los volcanes, contra la intemperancia de las zonas frígidas y tórridas, contra la esterilidad de la tierra que le niega el alimento, en resumen, contra los dientes y las garras de las bestias salvajes, que le disputan su morada y su presa, y que,
663 Carta de Thomas Paine al Abate Raynal sobre los asuntos de Norteamérica... Araucaria. Revista Iberoamericana de Filosofía, Política, Humanidades y Relaciones Internacionales, año 24, nº 49. Primer cuatrimestre de 2022. Pp. 639-663. ISSN 1575-6823 e-ISSN 2340-2199 https://dx.doi.org/10.12795/araucaria.2022.i49.32 atacando su persona, parecen decididos a convertirse en gobernantes de este globo, del que se cree dueño: El hombre, en este estado, solo y abandonado a sí mismo, no podía hacer nada para su conservación. Por lo tanto, era necesario que se uniera y se asociara con sus semejantes, para reunir su fuerza e inteligencia en un tronco común. Es por esta unión que ha triunfado sobre tantos males, que ha modelado este globo para su uso, ha contenido los ríos, ha subyugado los mares, ha asegurado su subsistencia, ha conquistado una parte de los animales obligándolos a servirle, y ha expulsado a otros lejos de su imperio, a las profundidades de los desiertos o de los bosques, donde su número disminuye de edad en edad. Lo que un hombre solo no hubiera podido realizar, los hombres lo han ejecutado de común acuerdo: y en conjunto conservan su obra. Tal es el origen, tales las ventajas y el fin de la sociedad. El gobierno debe su nacimiento a la necesidad de prevenir y reprimir las injurias que los individuos asociados tenían que temer unos de otros. Es el centinela que vigila para que los trabajadores comunes no sean molestados». 3 Véanse los relatos, ingleses o franceses, de tres acciones en las Indias Occidentales, entre el Conde de Guichen y el Almirante Rodney, en 1780.