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Espacios funerarios y religiosos en la cultura ibérica: lecturas desde el género en Arqueología

Izquierdo Peraile, María Isabel; Prados Torreira, Lourdes

Abstract

Presentamos en este trabajo algunas lineas de investigacion que estamos desarrollando en el marco del Proyecto denominado “La imagen de la mujer en el mundo ibérico” (2002-2004), en el que se integran investigadoras de distintas universidades, el CSIC y los Museos Estatales. Partimos del marco teorico, las ideas y los debates dentro de la llamada Arqueologia del genero para valorar la imagen femenina en la cultura iberica en distintos contextos arqueologicos. Se plantea una reflexion sobre el mundo funerario –con el analisis de los ajuares, los restos antropologicos y la iconografia mostrada en los monumentos en piedra–, asi como el espacio religioso y la valoracion de sus rituales.

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ESPACIOS fUNERARIOS y RELIgIOSOS EN LA CULTURA IbéRICA: LECTURAS DESDE EL géNERO EN ARQUEOLOgÍA 1 por ISABEL IZqUIERDO PERAILE2 LOURDES PRADOS TORREIRA3 RESUMEN Presentamos en este trabajo algunas líneas de investigación que estamos desarrollando en el marco del Proyecto denominado “La imagen de la mujer en el mundo ibérico” (2002-2004), en el que se integran investigadoras de distintas universidades, el CSIC y los Museos Estatales. Partimos del marco teórico, las ideas y los debates dentro de la llamada Arqueología del género para valorar la imagen femenina en la cultura ibérica en distintos contextos arqueológicos. Se plantea una reflexión sobre el mundo funerario –con el análisis de los ajuares, los restos antropológicos y la iconografía mostrada en los monumentos en piedra–, así como el espacio religioso y la valoración de sus rituales. AbSTRACT In this paper we present some important lines of research that we are developing in the project called “The image of the women in the Iberian Culture” (2002-2004). In this project there are researchers coming from different Universities, the CSIC and the National Museums. We start with the theoretical frame, the ideas and the discussions within the so-called Gender Archaeology, to evaluate the female image in the Iberian Culture. We present different Iberian archaeological contexts as the funerary world, with the analysis of the furniture, the anthropological remains and the iconography of the monuments carved on stone; or the religious space of the Iberian sanctuaries and its rituals. Palabras claves Arqueología Ibérica – Arqueología del género – Necrópolis – Santuarios Key words Iberian Archaeology – Gender Archaeology – Cemeteries – Sanctuaries 1. Una avance de este texto fue presentado al XVI International Congress of Classical Archaeology de la Associazione Internazionale di Archeologia Classica (AIAC) (Boston, USA, 23-26 Agosto 2003). Cf. Prados e Izquierdo, en prensa. 2. Ministerio de Cultura. Subdirección General de Museos Estatales. E-mail: Isa[email protected] e [email protected] 3. Universidad Autónoma de Madrid. Departamento de Prehistoria y Arqueología. E-mail: Lourdes[email protected] Este artículo se enmarca en el Proyecto de Investigación: “La imagen de la mujer en la Cultura Ibérica” (2002- 2004), dirigido por L. Prados y financiado por el Instituto de la Mujer (Ministerio de Asuntos Sociales). Cf. Prados e Izquierdo (2002-2003 y en prensa) y Prados y Ruiz (en prensa). SPAL 13 (2004): 155-180 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2004.i13.06 ESPACIOS fUNERARIOS y RELIgIOSOS EN LA CULTURAIbéRICA: LECTURAS DESDE EL géNERO EN ARQUEOLOgÍA1 FUNERARY AND RELIGIOUS SPACES IN THE IBERIAN CULTURE: READINGS FROM THE GENDER ARCHAEOLOGY SPAL 13 (2004) 156 Isabel IzquIerdo PeraIle / lourdes Prados TorreIra I. MARCO TEÓRICO: ARQUEOLOgÍA y géNERO El debate teórico en torno al género en arqueología remite a distintos planos de análisis que afectan, tanto a la concepción de la propia disciplina científica y el posicionamiento intelectual e ideológico del investigador, como a la conceptualización de sus objetivos y desarrollo de métodos de trabajo. Por una parte, desde el sujeto de estudio, las líneas de investigación desarrolladas dentro de la arqueología y el género traslucen y explicitan las discusiones sobre la definición y aplicación de la metodología científica y su supuesta objetividad. Una de las apuestas, en este sentido, es abogar por un rechazo de los patrones generalizadores como única estrategia de método en la investigación, en general, y desde nuestro campo de estudio, en materia de arqueología, en particular (Colomer et alii 1999). Los sesgos, las tendencias, en sentidos muy diversos, constituyen aspectos inevitables y esenciales en la interpretación arqueológica, entendidas como perspectivas a través de las cuales observar y leer el registro material. Por otra parte, desde los propios objetos de estudio, el término género nos traslada a una elemental cuestión de fondo en el análisis y la interpretación arqueológica, la naturaleza de la acción y el comportamiento del ser humano, la valoración e influencia de su construcción y la importancia del contexto histórico específico. Aunque el concepto de género, como es lógico, presenta una concepción distinta según las diversas escuelas teóricas, la definición más comúnmente aceptada es la que considera el género, no como un factor biológico, sino como un concepto construido social y culturalmente, que varía según las sociedades y las épocas (Gilchrist 1999). En cuanto al estudio de las relaciones de género en el pasado, existen diversas aproximaciones teóricas relacionadas, tanto con la cuestión de cómo podemos aproximarnos a las relaciones de género, a partir únicamente del registro arqueológico, como también la cuestión de ¿qué género o relaciones de género estamos buscando? La Arqueología del género se entiende hoy como un campo de investigación, forjado, sobre todo en las últimas décadas, que aglutina o se vincula también con líneas de trabajo y tendencias recientes en torno a la historia de las mujeres, la infancia, juventud o adolescencia –en lo relativo a sus identidades, experiencias, funciones, papel en la familia, la sociedad, la economía, la religión y sus rituales o la muerte–, así como la vida familiar, los momentos de tránsito entre grupos de edad, las relaciones entre padres/ madres e hijos/ hijas, la educación o el ocio, que se abordan desde disciplinas muy diversas, como la arqueología, la llamada historia de las mentalidades, la filología, la sociología o la psicología, entre otras. Aunque podemos considerar a algunas investigadoras escandinavas de los años setenta como precursoras de esta disciplina, por su preocupación por el papel jugado por la mujer en la prehistoria, como es sabido el primer artículo que incorpora la preocupación del género en la arqueología pertenece a las investigadoras norteamericanas, Margaret Conkey y Janet Spector y se publica en 1984: Archaeology and the study of gender. A partir de entonces se suceden las investigaciones en torno al estudio de las relaciones del género en el pasado desde diferentes ópticas (cf. Conkey y Spector, 1984; Conkey y Gero 1991; Walde y Willows 1991; AAVV 1992; Bacus et alii 1993; Gilchrist 1994 y 1999; Wright 1996; Milledge 1997; Hays-Gilpin y Whitley 1998; Wicker y Arnold 1999; Sørensen 2000). Estos trabajos, entre otros, ofrecen las claves para comprender sus planteamientos, objetivos y ámbitos de estudio, dibujando un cuerpo teórico con una importante proyección de futuro. Infancia y juventud, por su parte, concebidos como objetos de investigación desde perspectivas histórico-arqueológicas, cuentan con crecientes trabajos monográficos con propuestas metodológicas (Moore y Scott 1997; Roveland 1997; Politis 1998; Scott 1999; Derevenski 2000; Orme 2001). No nos detendremos en los orígenes y precedentes de la arqueología del género, suficientemente conocidos. Únicamente resaltaremos, desde la perspectiva de la historia del pensamiento cómo, desde el positivismo histórico que primaba el estudio del objeto por encima del sujeto, en las ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2004.i13.06 SPAL 13 (2004) 157Espacios funErarios y rEligiosos En la cultura ibérica: lEcturas dEsdE El génEro... últimas décadas, las tendencias postprocesuales y sus planteamientos plurales y de rechazo a los paradigmas generalizadores han volcado su interés hacia el individuo, entendiéndolo con un papel dinámico en la conformación del lenguaje social y cultural. ya hemos mencionado cómo el clásico artículo de M. Conkey y J. Spector introducía por vez primera la definición de género en el marco metodológico de la arqueología, criticando la aparente invisibilidad de las mujeres como resultado de una falsa noción de objetividad y de los paradigmas de género de los arqueólogos (1984). A partir de este trabajo la gender archaeology contará con crecientes desarrollos y líneas diversas de investigación. El estudio de las relaciones de género en las sociedades del pasado ha estado influido por la segunda y tercera ola del feminismo, que ha impactado de forma diferente en las escuelas americanas y europeas. La primera, muy vinculada con la antropología, ha centrado su interés en explorar las motivaciones de las divisiones sexuales del trabajo en contextos históricos específicos y en examinar las conexiones entre procreación y roles de género. En cuanto a los estudios sobre la arqueología del género en Europa, éstos se han centrado más en las manifestaciones simbólicas y culturales. La importancia del fenómeno creado en torno a la llamada “tercera ola” del movimiento feminista, también conocido como postfeminismo o feminismo postmodernista, en la década de los noventa del siglo XX, puso el acento sobre el individuo,, la identidad del género, la diferencia entre hombres y mujeres –sexualidad, etnias o clases sociales–. Se planteó incluso, hasta qué punto la creación del conocimiento –en nuestro caso arqueológico– se ha visto mediatizada por el género de sus artífices, sean varones o mujeres. La incorporación de la mujer a la práctica de la arqueología, en sus múltiples facetas –en su vertiente de trabajo de campo, en el laboratorio, en el mundo académico, así como las instituciones sociales y políticas implicadas en su promoción, gestión y dirección– está paliando paulatinamente carencias planteadas hace dos décadas cuando la investigación estaba, en su mayoría, protagonizada por varones (cf. Nelson et alii, 1994; Díaz- Andreu y Sørensen 1998; Gilchrist 1999; Sánchez Liranzo 2001; Prados y Ruiz, en prensa). Al margen de estas consideraciones sobre el sujeto que realiza la investigación, desde la perspectiva del planteamiento de la misma, las particularidades del registro arqueológico condicionan obviamente los trabajos, ya que el género no es visible inmediatamente (Moore y Scott 1997). En relación con ello, se ha de destacar el énfasis en los métodos de trabajo de cara a la medición e interpretación del dato empírico. Este carácter positivista de la propia disciplina arqueológica ha relegado a un segundo plano la reflexión sobre cuestiones más abstractas como el género que implica, a su vez, una aproximación social y metodológica. Sin embargo hoy, paralelamente al perfeccionamiento de los métodos de medición del registro arqueológico, se concibe la investigación del género en la antigüedad, esos “segmentos invisibles”, según categorías de edad, relaciones entre varones y mujeres, características de los procesos de producción, participación femenina en distintas esferas sociales, entre otros muchos aspectos– como una parte necesaria de cualquier teoría de las relaciones sociales (Stig Sørensen 2000). Si desde la arqueología, nuestro objetivo último es la reconstrucción de las sociedades del pasado en su más completo sentido, los procesos de construcción del género deben formar parte integral, y no periférica, de la interpretación arqueológica. En paralelo a la definición de los objetivos del estudio de género y los métodos de trabajo desde la arqueología, la incorporación de estas materias en los planes de estudios en la universidad ha institucionalizado una disciplina dentro de las “humanidades”. ya mencionamos cómo las universidades escandinavas (Dommasnes y Kleppe 1988; Dommasnes et alii 1998) seguidas de las anglosajonas han sido pioneras en las investigaciones sobre arqueología del género. Por el contrario, en los países mediterráneos, estos trabajos han tenido menos eco, posiblemente porque su interés específico se centraba en los estudios sobre las mujeres en la antigüedad, presentados desde ópticas más tradicionales (Díaz-Andreu 1995; Gilchrist 1999). Como resultado de esta diversa tradición la investigación anglosajona y escandinava ha generado a lo largo de los últimos quince años, gran ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2004.i13.06 SPAL 13 (2004) 158 Isabel IzquIerdo PeraIle / lourdes Prados TorreIra cantidad de publicaciones y referencias básicas en la materia, mientras que en países como Grecia, Francia, Italia, Portugal o España el panorama es muy diverso (Díaz-Andreu y Sørensen 1998), aunque existe una creciente incorporación de la perspectiva del género en proyectos de investigación, programas de doctorado o publicaciones específicas. II. MUJER y CULTURA IbéRICA: UNA hISTORIA RECIENTE Si nos centramos en las últimas dos décadas, sin ser exhaustivas, es creciente la aparición de trabajos centrados en torno al estudio de la mujer –en sentido amplio y no sólo desde la óptica de las relaciones de género– en la cultura ibérica. Al compás de la evolución de los propios métodos de aproximación a esta cultura, desde la arqueología y con las líneas de investigación que se han ido desarrollando desde los ochenta, el inicial “descubrimiento de la existencia de las mujeres” ha ido forjando un interesante y prometedor campo de trabajo, todavía por definir y desarrollar con precisión. La investigación española, no obstante como ya hemos señalado, ha ido a la zaga en relación con la experiencia anglosajona en el diseño y la aplicación práctica de metodologías de trabajo en torno al tema de la mujer en la antigüedad. Mencionaremos tan sólo algunos trabajos, más vinculados a la historia de la mujer que a plantear las relaciones de género, que desde la arqueología, la iconografía o la historia antigua han explorado distintos aspectos relacionados con el mundo funerario, los santuarios, actividades como el hilado, el tejido o el procesado de alimentos, en el marco de la Protohistoria peninsular y singularmente, de la cultura ibérica. A mediados de los ochenta se publican las Actas de las V Jornadas de Investigación Interdisciplinaria del Seminario de Estudios de la Mujer de la Universidad Autónoma de Madrid, La mujer en el mundo antiguo (AAVV 1986), que reunieron diversos textos en torno al estudio arqueológico, iconográfico e histórico de la mujer en el Mediterráneo antiguo. Concretamente, el trabajo de Lucas (1986) valora la iconografía ibérica desde parámetros diacrónicos que arrancan en la Prehistoria, insistiendo en la idea de la matrona madura que adopta la imagen de señora y soberana, protectora del varón y el porvenir de la comunidad. Posteriormente, señalaremos algunas referencias clave, ya en la década de los noventa, como el volumen colectivo dirigido por G. Duby y M. Perrot de 1991, Historia de las Mujeres en Occidente, donde R. Olmos (1991) estudia las imágenes femeninas en la representación ibérica de lo sagrado, desde la perspectiva mediterránea. Siguiendo esta línea, en el catálogo La sociedad ibérica a través de la imagen (Olmos et alii 1992), De Griñó (1992) analiza la imagen de la mujer en la documentación ibérica. Asimismo, Díaz-Andreu y Tortosa (1998) exploran la dualidad hombre-mujer a partir de la valoración de los códigos iconográficos ibéricos, desde el Ibérico antiguo al período tardío. El volumen de Garrido, por su parte, dedicará un capítulo a las relaciones de género en la cultura ibérica (Garrido 1997). La consideración del fenómeno de las “Damas” (Aranegui 1997a en Olmos y Tortosa 1997) es interesante desde nuestra perspectiva de género. Esta expresión remite a un concepto de hondo calado en la historiografía ibérica, una denominación moderna de interés histórico, al margen de designar una serie tipológica y un esquema representativo. Así, no podemos olvidar otros trabajos anteriores sobre emblemáticas piezas de la cultura ibérica, aunque con visiones muy diferentes en cuanto a su aproximación metodológica y sus planteamientos interpretativos, como la dama de Baza (Presedo 1973 y Olmos 1986), la llamada Dama de Cehegín (Murcia) (Lillo y Melgarés 1983), la Dama del Cabezo Lucero (Llobregat y Jodin 1990) o la más reciente publicada del Cigarralejo (Cuadrado 1995 e Izquierdo, en prensa c). En los últimos años, a través del departamento de Historia Antigua de la Universitat de València se ha impulsado un foro de estudio de la mujer en la antigüedad, SEMA, con la publicación ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2004.i13.06 SPAL 13 (2004) 159Espacios funErarios y rEligiosos En la cultura ibérica: lEcturas dEsdE El génEro... de distintos trabajos (cf. por ejemplo, Alfaro 1999 ó Alfaro y Tirado 2000). También desde el Departamento de Prehistoria y Arqueología de esta misma universidad, se han publicado importantes estudios sobre la imagen femenina en contextos urbanos ibéricos, como el caso edetano (Aranegui 1997b), a partir del estudio exhaustivo de las decoraciones cerámicas de Liria. Este trabajo ha revelado la participación de la dama ibérica de alto rango en escenas de género, en el marco de la ciudad y en el contexto mediterráneo (Figura 1). Sobre esta misma documentación, la decoración figurada en los vasos cerámicos de prestigio, otros trabajos (Bonet e Izquierdo 2000 y 2004) han reflexionado sobre la participación femenina en escenas concretas –de danza y música– en el horizonte del siglo III a mediados del II a.n.e. Por su parte, en el trabajo de Gracia y Munilla (1998), desde la Universidad de Barcelona, se dedica un breve epígrafe al papel de la mujer en el mundo ibérico, donde se plantea la ausencia de directrices de investigación específicas. Los autores consideran la configuración matriarcal de la estructura social de los grupos ibéricos, la idea de la monogamia, las condiciones de vida femeninas, así como el concepto de división sexual del trabajo. queda apuntada, asimismo, la necesidad de análisis paleoantropológicos de cara a la caracterización del segmento social enterrado en las necrópolis. Además del mundo de los vivos, en los espacios funerarios se han planteado cuestiones de género en relación con la participación femenina en los rituales ibéricos. Así, las líneas de investigación de la arqueología de la muerte y la iconografía funeraria han puesto de manifiesto la incorporación, a partir de comienzos del siglo IV a.n.e., de la imagen femenina en el repertorio de la plástica funeraria. La interpretación de estos fenómenos se ha efectuado desde la óptica de la sociedad que genera estas imágenes. Tipos como la dama sedente, la mujer junto al varón en placas y estelas funerarias o las jóvenes en los monumentos del tipo pilar-estela o turriformes revelan, por una parte, lenguajes nuevos en la plástica figurativa de los talleres artesanales indígenas y, por otro lado, una participación creciente y plural de la mujer en el rito funerario (Izquierdo 1997, 1998a y b, 1998-1999, 2000; Izquierdo y Arasa 1999 y 2003; Izquierdo, Rísquez y García Luque, en Sánchez Romero, en prensa). Asimismo, desde los contextos sagrados, los santuarios, punto de encuentro entre la divinidad y la sociedad, se están evidenciando espacios públicos de participación femenina, donde la mujer es protagonista en rituales de tránsito en relación con el ciclo vital, entre otros (Prados 1992, 1996, 1997, en prensa; Izquierdo 2003, en prensa a y b). En este mismo contexto religioso, se ha explorado igualmente el universo simbólico del tejido y el vestido y su asociación con la mujer (Izquierdo 2001; Prados e Izquierdo 2002-2003 y en prensa; Prados y Tortosa, en Sánchez Romero, en prensa). Asimismo, T. Chapa (2004) ha tratado el tema de la infancia en el mundo ibérico, un tema muy vinculado con el género y cuyos estudios están aportando también puntos de vista muy interesantes. Del mismo modo, no podemos dejar de citar, el trabajo de Colomer et alii (1999) que compila textos fundamentales en la materia, así como la obra, de extraordinario interés, coordinada por P. González (2000) que analiza, desde la teoría y los casos de aplicación práctica, los espacios de género en arqueología e incluye interesantes textos en relación con nuestro marco cronológico como el de Curià, Masvidal y Picazo (2000), P. Cabrera (2000), M. D. Fernández (2000) o F. Hornos y C. Rísquez (2000). Fuera del marco específico de la cultura ibérica, resultan imprescindibles las obras de Hernando (2002) y Sanahuja (2002) por sus planteamientos teóricos desde ópticas Figura 1. Figura femenina sobre vaso cerámico del Tossal de San Miguel de Liria (Valencia), según Bonet (1995, fig. 145). ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2004.i13.06 SPAL 13 (2004) 160 Isabel IzquIerdo PeraIle / lourdes Prados TorreIra renovadas en torno al género, así como los trabajos de querol (2000) o de Sánchez Liranzo (1999; 2001). Finalmente, mencionar los recientes proyectos sobre mujer y antigüedad, con aportaciones interesantes, surgidos desde las Universidades de Barcelona. Asimismo, existen en la actualidad grupos de trabajo sobre este tema específico en las Universidades de Jaén o Granada. En esta última universidad, y gracias a la iniciativa de M. Sánchez Romero, se han realizados dos seminarios sobre arqueología y género, en 2003 y 2005 (Sánchez Romero 2005 y en prensa), en uno de los cuales se planteó un estado de la cuestión sobre las mujeres iberas (Rísquez y Hornos 2005). Este interés por conocer cuál fue el papel que desempeñó la mujer en la cultura ibérica, ha llegado incluso a obras recientes de divulgación, desde planteamientos diversos (Eslava Galán 2004; Izquierdo et alii 2004). Concluimos con la reciente celebración en la Universidad Autónoma de Madrid, organizado por el Instituto de la Mujer, de las XV Jornadas sobre Género y Universidad, con aportaciones también desde el marco de la arqueología (Prados y Ruiz en prensa) y el I Encuentro Internacional en la UAM de Arqueología de Género. Se trata, como vemos, de una historia reciente, en la que en paralelo al desarrollo de grupos y proyectos de investigación, a la creación de un cuerpo y un método teórico y práctico, se está construyendo lentamente una historia de los estudios y una creciente institucionalización, sobre la que todavía se ha de avanzar mucho en el presente y el futuro. III. géNERO y CULTURA IbéRICA: CONTExTOS fUNERARIOS y SAgRADOS La interpretación de las imágenes femeninas en sus contextos religiosos-cultuales y funerarios puede constituir una vía de exploración del género en el horizonte Orientalizante peninsular, que todavía no ha sido desarrollada, en parte, debido a las dificultades y carencias de la propia investigación arqueológica –hallazgos descontextualizados, excavaciones antiguas, etc.–. No obstante, el corpus de imágenes existente, en sus distintos soportes y usos, avala la hipótesis que aboga en este período precedente por la importancia otorgada al elemento femenino en el imaginario colectivo, ligado a las esferas y actividades rituales o sagradas4 (Figuras 2 y 3). En el período Ibérico veremos cómo a través de la arqueología y la iconografía, los tipos y los significados se matizan y enriquecen, al compás del desarrollo y la creciente complejidad de la sociedad. Insistiremos en dos características, en el estado actual de la investigación, atribuidas a la cultura ibérica, como son su carácter plural y jerárquico (Ruiz y Molinos 1993; Aranegui 1998). En efecto, la complejidad y jerarquización social, así como la pluralidad de manifestaciones culturales constituyen algunos de los rasgos definidores de la civilización ibérica. Los iberos conforman una sociedad estructurada que en el registro arqueológico se plasma, básicamente, a través de la aparición de marcadas jerarquías en los tipos de asentamiento, su cultura material y en las necrópolis, dentro de territorios organizados, con el surgimiento y el desarrollo del concepto de ciudad. Una cultura, además, que proyecta su ideología a través de un imaginario rico y complejo (Olmos 1992, 1999), con claves de género. Es la élite privilegiada de la sociedad la que se apoya en la iconografía para transmitir su rango, sus valores, ritos, leyendas y creencias. En sociedades jerarquizadas, como la ibérica, la aristocracia monopoliza determinados elementos exponentes de rango como, por ejemplo, a gran escala puede citarse el desarrollo de programas decorativos monumentales en sus tumbas y santuarios –con representaciones de mujeres de alto estatus que se integran en series y tipos iconográficos 4. En la actualidad, y como parte de nuestro proyecto de investigación, estamos preparando una publicación sobre la imagen de la mujer en el mundo tartésico, a partir del análisis de las estelas diademadas y de las representaciones de divinidades en distintos soportes. ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2004.i13.06 SPAL 13 (2004) 161Espacios funErarios y rEligiosos En la cultura ibérica: lEcturas dEsdE El génEro... reconocibles–, o, en otro formato y soporte, la plasmación de ricas figuraciones en cerámicas que a veces constituyen vasos de encargo para ocasiones señaladas. Una cultura mediterránea, con sus características y dinámica propias que diseña, fuera del ámbito doméstico, en las necrópolis y los santuarios, espacios públicos de representación, también femenina. III.1. El contexto funerario ibérico Desde la teoría arqueológica asumimos que el reflejo del mundo de los vivos en los contextos del mundo funerario está codificado desde una serie de presupuestos conocidos y debatidos. En este sentido y más allá de esta discusión que excede los planteamientos de nuestro texto, las necrópolis pueden ofrecer parámetros de análisis para la aproximación a un estudio social, también en clave de género. Topamos en numerosas ocasiones, no obstante, con diferentes obstáculos, sobre todo en antiguas excavaciones, con ausencia de documentación exhaustiva sobre el yacimiento o publicaciones incompletas, lo que limita o añade interrogantes a la interpretación de los materiales y estructuras excavadas. En la Protohistoria ibérica, la evolución de los estudios sobre las necrópolis Figura 2. Timiaterio de La quéjola (Albacete). Foto: J. Blánquez, Proyecto UAM. Figura 3. Dama de Tútugi (Galera, Granada). Foto: CSIC, Madrid. ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2004.i13.06 SPAL 13 (2004) 162 Isabel IzquIerdo PeraIle / lourdes Prados TorreIra y, en general, el desarrollo de la arqueología funeraria ha seguido fases diferenciadas, en las que la perspectiva del género apenas ha sido desarrollada. Los trabajos de Blánquez (1995) o Mata (1996) han señalado el desarrollo de estas etapas en la arqueología española. Los primeros estudios que incorporaron nuevos presupuestos de acuerdo con las líneas metodológicas renovadoras de la anglosajona arqueología de la muerte se inician en la década de los setenta dentro del campo, justamente, de la arqueología ibérica. Así, por una parte, A. Ruiz (1978) presentará un estudio del territorio ibérico del Alto Guadalquivir a partir de un análisis de los datos proporcionados por las necrópolis y los asentamientos y Almagro-Gorbea (1978), por otro lado, establecerá una relación entre la tipología de las tumbas y la sociedad ibérica. Posteriormente, se destacan, asimismo, los trabajos de quesada (1989) en la necrópolis del Cabecico del Tesoro; Santos Velasco (1989) en El Cigarralejo; la síntesis de los distintos territorios que ofreció el congreso en torno a las necrópolis ibéricas (Blánquez y Antona 1992) o las publicaciones de Chapa y Pereira (1986 y 1992), entre otros, sobre Castellones de Ceal, en esta línea de análisis e interpretación social de las necrópolis (Ruiz y Molinos 1993: 207-231). Las perspectivas de análisis han sido diversas, resaltando aspectos como la composición de los ajuares, con particular atención al armamento, la tipología de las tumbas, los rituales llevados a cabo en el recinto funerario o la dimensión espacial. No obstante, apenas contamos con trabajos que aborden de manera monográfica u ofrezcan pautas de cara a la investigación del género en contextos funerarios. Si entendemos el género como una parte necesaria de cualquier teoría sobre las relaciones sociales en el pasado y asumimos que es posible vislumbrar características de las sociedades antiguas a través del registro funerario, hemos de plantear vías de análisis para tratar de interpretar los códigos de género inherentes a la realidad material de los yacimientos. Las estrategias de investigación del género que planteamos pasan por el estudio del propio espacio funerario –topografía, ordenación, disposición–, el diseño, la ejecución y la decoración de las tumbas, y la composición de los ajuares y ofrendas, unido al análisis de los propios restos cremados. Apuntamos en este apartado algunos de estos aspectos, esbozados ya en algunos trabajos aplicados a las necrópolis ibéricas. Uno de los ámbitos de estudio básicos de la arqueología funeraria, según estos planteamientos, es la dimensión espacial. Interesa valorarla desde la perspectiva del género ya que el espacio es diseñado y creado por relaciones sociales, objetos naturales y culturales (Stig Sørensen 2000: 145 y ss.). En este sentido, puede ser un sugerente marco de estudio si partimos, evidentemente, de un exhaustivo registro y documentación del proceso de excavación del yacimiento, que en muchos casos no existe. En la actualidad, se tiende a integrar el análisis espacial en el estudio de las necrópolis. La información que aporta se sitúa en dos amplios niveles, según el trabajo clásico de Goldstein (1981: 52), por una parte, el grado de estructura, separación espacial y orden del área de deposición misma y, por otro lado, la relación espacial entre cada uno de los individuos dentro de ésta área, que puede representar una diferenciación de estatus, de grupos fami liares, grupos descendentes o clases especiales, dependientes de la correlación de estas relaciones espaciales con otras dimensiones de estudio. Muy interesante, en esta línea, es el trabajo desarrollado por el equipo de la Universidad de Jaén5 sobre la necrópolis ibérica de Baza (Ruiz, Rísquez y Hornos 1992), donde se plasma la jerarquización del espacio funerario, que refleja, a su vez, la propia estructuración e ideología de la sociedad, donde una tumba femenina, extraordinaria en muchos sentidos, ordena la necrópolis. El sentido jerárquico y distintivo de la rica tumba de Baza 5. Un trabajo actualmente en preparación sobre el mundo funerario ibérico desde la visión del género: cf. Mª Antonia García Luque sobre la mujer en el espacio funerario, desde el Centro Andaluz de Arqueología Ibérica (Universidad de Jaén). ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2004.i13.06 SPAL 13 (2004) 163Espacios funErarios y rEligiosos En la cultura ibérica: lEcturas dEsdE El génEro... muestra la importancia otorgada al enterramiento de una mujer (Figura 4). Recientemente, para la tumba de Baza, Rísquez y Hornos (2005) han propuesto que la mujer allí enterrada estaría emparentada con el aristócrata local, cuyos restos son cremados y depositados un tiempo después en la cercana tumba núm. 176, que ordena a partir de ese momento el espacio de la necrópolis. Por esta razón plantean que la mujer de la cámara 155 podría ser la madre del varón de la tumba núm. 176. Otro ejemplo nos lo proporciona el registro del Corral de Saus, en la Contestania valenciana (Izquierdo 2000: 340-341), donde la mayor y más destacada tumba de la necrópolis, junto a la de “las damitas”, “la de las sirenas”, un empedrado tumular de grandes dimensiones que reutiliza elementos monumentales correspondientes a un paisaje anterior6, en el que se entierra una pareja de individuos adultos, uno masculino y otro femenino, articula un espacio reducido con enterramientos sencillos alrededor, en hoyo y cista. El área en torno a estas dos grandes tumbas concentra, asimismo, los mayores porcentajes de cerámicas importadas (y sus imitaciones en cerámica ibérica). Otros espacios funerarios, de excavación antigua o reciente, restan por valorar desde estos parámetros espaciales, a partir de un planteamiento de estudio social y de género. En el llamado nivel semi-micro, en términos de arqueología espacial, descendemos al nivel de la tumba, con el análisis del ajuar funerario y los restos cremados. Con respecto al estudio de ajuares, ya Alekshin (1983) planteó la necesidad de establecer métodos unificados y universales para valorar la riqueza de los ajuares, según criterios distintos tales como el número o el tipo de objetos encontrado en una tumba, la frecuencia de los objetos en los conjuntos de ajuares o el establecimiento de “unidades de riqueza” numéricas. Para el caso ibérico, cabe destacar las propuestas teórico-prácticas de Chapa (1991), con aplicación en la necrópolis de Castellones de Ceal, Santos Velasco (1989) para El Cigarralejo y quesada (1989) para Cabecico del Tesoro. Se impone la necesidad de estudios antropológicos en la identificación de las tumbas ibéricas y, a su vez, y el rechazo definitivo al paradigma de los ajuares-tipo, que presuponen tumbas masculinas o femeninas en función de la presencia o ausencia de determinados objetos. Hoy se refutan las atribuciones mecánicas de piezas supuestamente distintivas de género como el armamento –tradicionalmente vinculado a tumbas masculinas, aunque el ejemplo del Cerro del Santuario de Baza cuestionó esta asunción (Reverte 1986)– o las fusayolas, plaquitas perforadas de hueso, punzones o alfileres decorados que se asocian en general, aunque no de manera exclusiva, a enterramientos de mujeres. 6. Tales como elementos arquitectónicos de cornisa decorada como los dos magníficos baquetones decorados, un fragmento de friso decorado, un gran elemento tipo cimacio decorado con elementos vegetales y geométricos, así como el cipo funerario con bajorrelieve de jinete en una de sus caras laterales y el sillar con una inscripción. Como elementos escultóricos destacan los dos cuerpos de sirena, un fragmento de garras de felino y dos fragmentos correspondientes al tipo de bóvido. Figura 4. Dama de Baza (Granada). Foto: Ministerio de Cultura. ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2004.i13.06 SPAL 13 (2004) 170 Isabel IzquIerdo PeraIle / lourdes Prados TorreIra la fertilidad y la procreación. Conocemos casos bien estudiados en otras culturas mediterráneas contemporáneas, que pueden ayudarnos a comprender mejor el fenómeno religioso y el papel de la mujer. En Etruria, por ejemplo, sabemos de la presencia de santuarios con ofrendas que mayoritariamente representan órganos femeninos relacionados con la gestación, como úteros reproducidos en terracota (Edlund 1987; Elvira 1982; Torelli 2000). También creemos que en la Península Ibérica pudieron desarrollarse cultos y ritos específicamente de mujeres. En una publicación anterior (Prados e Izquierdo 2002-2003), señalábamos el ejemplo del santuario fenicio-púnico de La Algaida (Sanlúcar de Barrameda, Cádiz), situado en lo que debió ser una isla boscosa en la desembocadura del río Guadalquivir y en la actualidad convertido en una península. A pesar de que se trata de un yacimiento que sólo ha sido publicado parcialmente (Corzo 2000), las características tanto de su emplazamiento como de sus ofrendas, invitan a profundizar en su carácter femenino. El enclave único de este yacimiento ha hecho que se pusiera en relación con la luz del amanecer y del crepúsculo. Su excavador lo relaciona con una divinidad, luz brillante del atardecer y del despertar del día, protectora de los momentos difíciles de gestación, parto y crianza, una Elythia o Leucina, de rasgos comunes con Artemis, Aphrodita y Hera, las diosas griegas que actuaban también como protectoras femeninas y astrales. (Corzo 2000: 149). Aparte de la cerámica, cuyas características sería muy interesante estudiar, las ofrendas más abundantes en este yacimiento son las piezas relacionadas con la indumentaria de mujer, como las fíbulas, que posiblemente se donarían junto con los mantos y cuentas de collar de distintos tipos y tamaños (Ruano 1996), anillos, etc., junto con colgantes de vidrio en forma de senos, lo que confirmaría la advocación femenina y salutífera del lugar. Cabe destacar, asimismo, que uno de los motivos más repetidos entre las ofrendas de este santuario, es la representación de aves que, como conocemos por numerosos ejemplos, se vincula mayoritariamente con una divinidad femenina. También entre los santuarios del ámbito propiamente ibérico podemos apuntar la posibilidad de que alguno de ellos tuviera una advocación femenina o que, al menos, hubieran sido más frecuentados por mujeres y, por tanto, hubiesen recibido ofrendas de claro carácter femenino. Es el caso del santuario de Torreparedones, (Castro del Río, Córdoba) (Cunliffe y Fernández Castro 1999; Fernández Castro 2002) al que se han referido en una reciente publicación Marín y Belén (2003). Se trata de un santuario extramuros construido a fines del siglo III o inicios del II a.n.e, aunque no se rechaza la posibilidad de que se edificase sobre un espacio sagrado de carácter natural, con la posible existencia de edificaciones anteriores (Morena 1997; Vaquerizo 1997). El edificio, el más antiguo de los documentados hasta ahora, se reformó aproximadamente, un siglo después y, en un momento difícil de precisar de la segunda mitad del I a.n.e., fue reemplazado por otro de carácter más monumental, que estuvo en uso hasta el siglo I d.n.e., aunque este santuario sigue planteando cuestiones de cronología (Morena 1997: 281; Cunliffe y Fernández-Castro 1999: 100-106; Fernández-Castro y Cunliffe 2002; Almagro-Gorbea y Moneo 2000: 24; Marín y Belén 2003: 178). La situación del santuario, en la proximidad de un manantial de aguas con propiedades curativas, se ha relacionado con la presencia de exvotos anatómicos -39 piernas o pies- (Prados 1991), aunque también se ha defendido la existencia de los mismos por su carácter de santuario de entrada, como agradecimiento o súplica por un viaje seguro (Prados 1997; Fernández-Castro y Cunliffe 2002; Cunliffe y Fernández Castro 1999: 145; Seco 1999: 145; Almagro-Gorbea y Moneo 2000: 149-153; Marín y Belén 2003: 179). Aparte de los exvotos anatómicos, la colección de figuritas talladas en caliza del santuario, reúne diversas piezas y entre ellas destacan las representaciones de mujeres sentadas y otras en las que se resaltan ciertos rasgos, como pechos o vientres abultados (Cunliffe y Castro 1999: figs 6.9 y 6.4/6.5 y 6.39), que permitirían resaltar su condición femenina (Marín y Belén 2003: 178). También debemos destacar la pieza más conocida del santuario. Se trata de una pequeña cabeza de muy buena talla, cubierta posiblemente con un velo, en cuya frente se grabó ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2004.i13.06 SPAL 13 (2004) 171Espacios funErarios y rEligiosos En la cultura ibérica: lEcturas dEsdE El génEro... una inscripción a la Dea Caelestis, la divinidad que recibiría culto en el santuario en el siglo I a.n.e. Marín Ceballos (1994), ya defendió que esta diosa, que los romanos asimilaron a Juno, se correspondería con la Tanit del panteón cartaginés. Los rasgos de marcado carácter púnico de este santuario han sido puestos en evidencia también a través del estudio de I. Seco (1999) sobre el culto betílico desarrollado en el mismo. Por todo ello, parece plausible que en Torreparedones se desarrollase un culto o bien a la propia Tanit, o bien a una divinidad indígena con rasgos y atribuciones semejantes, una divinidad propiciadora de la salud y de la fecundidad (Marín y Belén 2003: 178). En este sentido es importante recordar la existencia de algún exvoto (Cunliffe y Fernández Castro 1999: fig 6.4 y 6.39) donde parece clara la intención de representar a una mujer embarazada. Todas estas características permiten plantearnos la existencia de un culto predominantemente femenino, en el que la participación de las mujeres no se limitaría a la mera deposición de ofrendas, sino a un papel más activo en el desarrollo del culto. En este sentido, resulta muy ilustrativa la conocida escena de libación (figura 10), esculpida en un sillar de esquina procedente de este yacimiento, aunque sin un contexto claro, en el que dos mujeres parecen verter el líquido contenido en un vaso caliciforme –forma habitual en los santuarios ibéricos (Izquierdo 2003)– que sostienen entre ambas. A la derecha de las mismas se representa una columna con fuste acanalado acabado en un capitel en forma de león. Esto ha hecho pensar, a distintos autores, que pudiera ser una representación de la fachada del propio templo, o incluso una tumba, mientras que I. Seco (1999: 147), por su parte, interpreta el conjunto como una escena de culto betílico. Estos rasgos, vinculados a una divinidad relacionada con la fecundidad y con aspectos salutíferos, están muy presentes en muchos de los santuarios del ámbito ibérico. De hecho, las diferencias que se observan entre las ofrendas representadas en los exvotos masculinos y femeninos en varios de los santuarios, pudiera estar relacionado con este mismo aspecto. Hace años una de nosotras ya señaló estas características al hablar de los conocidos santuarios jiennenses de Collado de Los Jardines y Castellar (Prados 1992 y 1996). Del mismo modo, entre las ofrendas hay algunas, como las aves, exclusivas del ámbito femenino. Sin duda, su significado hay que asociarlo, una vez más, al mundo de la fecundidad (se ofrecen aves a Artemis, Afrodita, Tanit y a la divinidad indígena asimilable). Figura 10. Escena de libación de Torreparedones (Castro del Río, Baena, Córdoba). Foto: Ministerio de Cultura. ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2004.i13.06 SPAL 13 (2004) 172 Isabel IzquIerdo PeraIle / lourdes Prados TorreIra En este sentido, también señalábamos la posibilidad de que alguna de las representaciones de estos animales que portan los oferentes no fueran aves reales, sino vasos plásticos en forma de palomas, utilizados posiblemente como vasos de libaciones, siguiendo modelos púnicos y cuya presencia tenemos atestiguada en necrópolis y santuarios ibéricos. También los vasos o cuencos entre las figuritas de bronce, con la excepción de un guerrero procedente de Collado (Prados 1996: 138), aparecen asociados al mundo de la mujer, lo mismo que la doble ofrenda que es casi exclusiva de las mujeres. Del mismo modo, hacíamos hincapié en una diferencia esencial entre ambos santuarios, mientras que en el santuario de Despeñaperros el número de exvotos de bronce representaba mayoritariamente figuras masculinas, en Castellar ocurría lo contrario (Prados 1992 y 1997). La existencia de divinidades femeninas, como el caso de la conocida terracota de La Serreta de Alcoy, con la representación de una divinidad nutricia, entre músicos y adorantes de distintas edades, acompañada del ave, posiblemente nos ilustre sobre estos mismos aspectos (Figura 11). Con ello no queremos decir que la mera presencia de una divinidad femenina indicase un culto específico de estas características. Así, por ejemplo, en el santuario de La quéjola, (Albacete), la presencia de una posible divinidad femenina desnuda que porta un ave, se vincula con un santuario dedicado a la distribución del vino (Blánquez y Olmos 1993). Por último, queremos señalar otro campo específico de la religiosidad fundamental para aproximarnos al estudio de la arqueología del género en el mundo ibérico. Nos referimos a la posibilidad de la existencia de un sacerdocio femenino, de carácter permanente u ocasional, que dirigiera ceremonias y rituales específicos. ya comentamos, al referirnos a Torreparedones, la presencia de un bajorrelieve con la representación de dos mujeres realizando una libación ante un templo o monumento. La existencia de figuritas de bronce que pueden representar sacerdotes ya fue apuntada por Nicolini (1988) y por una de nosotras (Prados 1992 y 1998), y en los últimos años este Figura 11. Exvoto en terracota de La Serreta (Alcoy, Alicante) Foto: Ministerio de Cultura. ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2004.i13.06 SPAL 13 (2004) 173Espacios funErarios y rEligiosos En la cultura ibérica: lEcturas dEsdE El génEro... mismo investigador ha vuelto a retomar y desarrollar esta propuesta (Nicolini 1998). Esta misma idea, a partir de diversos testimonios de cultura material, ha sido planteada igualmente en los últimos años por otros autores. Un ejemplo interesante sería la posibilidad de que la Dama de Baza pudiera tratarse del enterramiento de una importante sacerdotisa, como han apuntado algunos investigadores (Chapa y Madrigal 1997). Vemos, por tanto, cómo el estudio de las relaciones de género a partir del mundo de los santuarios ibéricos, ofrece enormes posibilidades a la investigación. IV. VALORACIONES fINALES La relación entre la disciplina teórica que conocemos como Arqueología del género y su aplicación a la Protohistoria Ibérica, revela un camino todavía por recorrer, con múltiples posibilidades. En resumen, apenas dos décadas de estudios y proyectos, que se han desarrollado desde distintas disciplinas científicas y líneas de investigación, muy diferentes en sus métodos y objetivos que auguran, no obstante, un campo de trabajo todavía por definir con precisión. Se aprecia una paulatina recuperación de los llamados segmentos sociales invisibles –mujeres, juventud, infancia...–, su historia, funciones, experiencias, identidades y relaciones. Constituyen objetos de investigación significativos en los estudios histórico-arqueológicos recientes que van siendo asumidos, no sin ciertas reticencias, en las reconstrucciones del pasado a partir de indicios arqueológicos, no tanto como una concesión hacia los nuevos parámetros del pensamiento contemporáneo, propicio a otras miradas y planteamientos, sino como parte inherente de un método de trabajo; un método que asume la necesidad de analizar, describir e interpretar, dentro del registro material del pasado, las evidencias para la consideración de esos grupos sociales poco estudiados, como parte de cualquier teoría en torno a las relaciones sociales, públicas y privadas, o las estructuras de pensamiento. En el marco peninsular, la etapa Tartésica Orientalizante, por una parte, precedente indígena esencial para la comprensión de los procesos en ulteriores etapas, se presenta como un campo de estudio de prometedores resultados. En este texto, por otra parte, hemos planteado algunas de las estrategias y ejemplos de investigación del género aplicadas a la cultura Ibérica, a partir del estudio de la representación femenina, desde parámetros arqueológicos –incluimos aquí la iconografía en distintos soportes–, y centrándonos en los contextos funerarios y religiosos, con el apoyo de líneas de investigación como la arqueología espacial, del culto, el análisis de la gestualidad, etc. Así, si admitimos que la comunicación simbólica –de género– en la antigüedad se expresa a través de pautas repetitivas asociadas al registro arqueológico, de tal manera que las normas e ideas se expresan materialmente, en el mundo funerario, hemos de valorar y releer los registros materiales de las necrópolis, para tratar de aproximarnos a ese código social y de género que planteábamos más arriba. La exhaustiva lectura de los espacios, las tumbas y los ajuares en el ámbito de la muerte, puede ofrecer datos sociales, rituales, e ideológicos, de una muestra significativa de la sociedad. y en este sentido, merece la pena impulsar la relectura de yacimientos ya publicados, de antiguas campañas de excavación, desde estas premisas. El espacio de la religiosidad propone, por su parte, retos muy interesantes. Consideramos necesario replantear el significado de algunos santuarios, su papel dentro del territorio, su asociación a establecimientos urbanos o su carácter rural, etc. Pero es fundamental también rediseñar las bases para definir los diversos tipos de culto; las características específicas de los fieles que acudían a los mismos, el tipo de ofrendas –no sólo los exvotos– y su relación con segmentos determinados de la sociedad, tanto en cuanto a su función económica y social, aristócratas, guerreros, campesinos, como su pertenencia a grupos de género y edad, hombres, mujeres, niños. ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2004.i13.06 SPAL 13 (2004) 174 Isabel IzquIerdo PeraIle / lourdes Prados TorreIra Por todo ello, consideramos que la denominada arqueología del género, al margen del reconocimiento, estudio y valoración de esos segmentos sociales tradicionalmente poco visibles, debe concebirse como una aproximación metodológica necesaria para el mejor conocimiento, en nuestro caso, de la sociedad y la cultura ibérica. V- bIbLIOgRAfÍA AAVV (1986): La mujer en el mundo antiguo. Actas V Jornadas de Investigación Interdisciplinaria. Seminario de Estudios de la Mujer. UAM. AAVV (1989): “Inhumaciones infantiles en el ámbito mediterráneo español (ss. VII a.E. al II d.E.)”. Cuadernos de Prehistoria y Arqueología de Castelló, 14. AAVV (1992): Exploring Gender through Archaeology, ed. Claassen. Prehistory Press, Madison. ALEKHSIN, V. A. (1983): “Burial Customs as an Archaeological Source”. Current Anthropology, 24 (2): 137-149. ALFARO, C. 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