La fiabilidad de la edición póstuma de Providencia de Dios, (Madrid, 1720), obra religiosa de Quevedo
Abstract
En este artículo se replantea el problema de la estructura de Providencia de Dios, una obra religiosa de Quevedo constituida –según distintas interpretaciones críticas–por uno o por dos tratados. Sin embargo, tras una reevaluación de los datos bibliográficos conocidos y la presentación de nuevas evidencias textuales, se defiende –como criterio editorial más prudente–respetar la conformación tripartita de la obra en su edición madrileña de 1720, la princeps de dos de sus tres tratados.
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LA FIABILIDAD DE LA EDICIÓN PÓSTUMA DE PROVIDENCIA DE DIOS (MADRID, 1720), OBRA RELIGIOSA DE QUEVEDO María José Tobar Quintanar CPI Camiño de Santiago (España) [email protected].es RESUMEN: En este artículo se replantea el problema de la estructura de Providencia de Dios, una obra religiosa de Quevedo constituida –según distintas interpretaciones críticas– por uno o por dos tratados. Sin embargo, tras una reevaluación de los datos bibliográficos conocidos y la presentación de nuevas evidencias textuales, se defiende –como criterio editorial más prudente– respetar la conformación tripartita de la obra en su edición madrileña de 1720, la princeps de dos de sus tres tratados. Palabras claves: Francisco de Quevedo, Providencia de Dios, estructura tripartita. The reliability on the posthumous edition of Providencia de Dios (Madrid, 1720), a religious work of Quevedo ABSTRACT: This article reconsiders the problem of the structure of Providencia de Dios, a religious work of Quevedo made up of one treatise or of two –according to different critical interpretations–. Nevertheless, after the re-examination of the bibliographical data and the presentation of new textual evidences, it is defended –as the most careful editorial criterion– to respect the tripartite form of the work in the edition of Madrid, 1720, the editio princeps of two of its three treatises. Keywords: Francisco de Quevedo, Providencia de Dios, tripartite structure. ISSN: 2340-1176 Atalanta 2020, 8/1: 5-35
María José Tobar Quintanar 6
LA FIABILIDAD DE LA EDICIÓN PÓSTUMA DE PROVIDENCIA DE DIOS (MADRID, 1720), OBRA RELIGIOSA DE QUEVEDO 7 no de los problemas que afectan al corpus de obras quevedianas consiste en fijar su extensión y límites, es decir, en determinar cuándo nos hallamos ante una o más obras distintas. Esta labor editorial resulta especialmente difícil en el caso de los textos publicados póstumamente, sin garantías de que lo impreso refleje la última voluntad textual del autor. Tal es la circunstancia que afecta a la obra objeto de estudio en este trabajo, Providencia de Dios, difundida en letras de molde por primera vez en 1700 como un único tratado religioso sobre la inmortalidad del alma, pero publicada en 1720 como una obra conformada por tres tratados: el ya mencionado, otro sobre la existencia de Dios y la divina providencia, y un tercero sobre la figura bíblica de Job. En la actualidad no existe consenso en cuanto a la fijación de la estructura de la obra, pues no todos los críticos coinciden en el número de tratados que la integran. En las páginas que siguen se reflexiona, precisamente, sobre esta cuestión y se presentan nuevos datos que apuntan a la fiabilidad del criterio editorial reflejado en el impreso de 1720. I. Breve historia textual y editorial de Providencia de Dios Los testimonios más relevantes en la historia textual de Providencia de Dios son tres manuscritos y dos impresos 1 . En la nómina de los manuscritos figuran un autógrafo (cuya dedicatoria está fechada el 11 de diciembre de 1641), otro manuscrito datado en el siglo XVII y otro copiado en el siglo XVIII 2 . El título de la obra en el manuscrito autógrafo es Providencia de Dios, padecida de los que la niegan y gozada de los que la confiesan. Doctrina estudiada en los gusanos y persecuciones de Job. En cuanto a su contenido, el texto de este testimonio se dedica a defender, frente a los que la niegan, la inmortalidad 1 Resumo a continuación los principales datos bibliográficos aportados por María José Alonso Veloso, «Escritura y transmisión de Providencia de Dios de Quevedo», Analecta Malacitana, 37:1-2, 2014, pp. 39- 82, Sagrario López Poza, Edición crítica de «Providencia de Dios (Tratado de la inmortalidad del alma y Tratado de la divina providencia)» de Francisco de Quevedo, A Coruña, SIELAE, 2015, pp. 67-88, y María José Alonso Veloso, «Prólogo conjunto a Providencia de Dios y Que hay Dios y providencia divina», en Francisco de Quevedo, Obras completas en prosa, dir. Alfonso Rey, Madrid, Castalia, 2018, VII, pp. 429-445. 2 Se trata, respectivamente, de los manuscritos con las signaturas VITR./7/7 (en adelante ms. Q) y 18660/11 (ms. M) en la Biblioteca Nacional de España, y M-135 (Artigas 104) en la Biblioteca de Menéndez Pelayo (ms. S). Por la marca de agua del papel del ms. M, este podría fecharse entre 1649 y 1664 (ver Sagrario López Poza, op. cit., p. 33). U
María José Tobar Quintanar 8 del alma. En la parte inferior central del último folio (f. 75r) aparece la palabra «fin»; en el vuelto del mismo figuran dos citas (una de Séneca y otra de Pedro Crisólogo). El otro manuscrito del siglo XVII seguramente formó parte de un códice más amplio, del que fue separado 3 . Transmite dos tratados: el referido a la inmortalidad del alma y otro dedicado a argumentar la existencia de Dios y su divina providencia. El título del primer tratado es el mismo que tiene en Q (salvo el singular «persecución» en vez del plural «persecuciones»); el título del segundo tratado es Que hay Dios y Providencia divina. Al final del primer tratado no se encuentran ni la palabra «fin» ni las citas de Séneca y Crisólogo. El texto del segundo tratado comienza tras dos folios en blanco. El manuscrito del siglo XVIII comparte título, contenido y rasgos bibliográficos con el autógrafo. Por lo que respecta a los impresos, dos son las ediciones que hay que tener en cuenta: la publicada en 1700 por Pascual Bueno en Zaragoza, y la estampada en la imprenta de Juan Martínez de Casas, en Madrid, en 1720. La primera es la princeps del tratado recogido en el manuscrito Q, cuyo título reproduce. La segunda reúne por primera vez tres tratados –dos de ellos inéditos hasta entonces– cuya finalidad es, según se declara en el título general de la obra, probar la existencia de la providencia divina: Providencia de Dios, obra póstuma de don Francisco de Quevedo y Villegas […] dividida en tres partes, hermosos y utilísimos tratados que, como medios, prueban la providencia divina: el primero es La inmortalidad del alma; el segundo, La incomprehensible disposición de Dios en las felicidades y sucesos prósperos y adversos, que los del mundo llaman bienes de fortuna; el tercero es La constancia y paciencia del santo Job, en sus pérdidas, enfermedades y persecuciones 4 . La estructura tripartita de Providencia de Dios se mantuvo hasta la edición de Fernández-Guerra (1859), quien –basándose exclusivamente en impresiones subjetivas– desacreditó el volumen de 1720. Este editor consideró una innovación ajena a Quevedo 3 Ello se deduce de la doble numeración de sus folios: una antigua –debida a la misma caligrafía que copia el texto– los contabiliza del 35 al 116; una segunda los reenumera del 1 al 78. Se considera, por tanto, un «fragmento desgajado de un manuscrito anterior» (véase María José Alonso Veloso, art. cit., p. 441; para la cita, véase Francisco de Quevedo, Obras completas en prosa. Tratados religiosos, dir. Alfonso Rey, Madrid, Castalia, 2018d, VII, p. 921). 4 El título del volumen –que incluye también la Vida de Tarsia– es: Vida y obras póstumas de don Francisco de Quevedo y Villegas […]. Parte tercera (a partir de ahora me referiré al primer tratado como Inmortalidad, al segundo como Que hay Dios y al tercero como Constancia. Salvo indicación contraria, cito estos tres textos por las ediciones críticas de Alfonso Rey –quien mantiene el título del manuscrito autógrafo, Providencia de Dios, para Inmortalidad–, María José Alonso Veloso y Valentina Nider, respectivamente).
LA FIABILIDAD DE LA EDICIÓN PÓSTUMA DE PROVIDENCIA DE DIOS (MADRID, 1720), OBRA RELIGIOSA DE QUEVEDO 9 la inclusión en ese libro del tratado sobre Job y conjeturó la manipulación de los títulos originales del autor a manos de los preparadores de ese impreso 5 . Por ello publicó separadamente La constancia y paciencia del santo Job y Providencia de Dios (reducida esta, pues, a sus dos primeros tratados) y recuperó el título del manuscrito autógrafo para esta última obra 6 . En el siglo XX Astrana y Buendía siguieron el criterio editorial de Fernández-Guerra, conservando la estructura bipartita de Providencia de Dios. En fechas recientes han aparecido dos ediciones críticas de esta obra –a cargo de López Poza (2015) y Rey - Alonso Veloso (2018)– minuciosamente anotadas, que suponen un gran avance para su estudio 7 . En la edición de López Poza Providencia de Dios se compone de dos partes: Tratado de la inmortalidad del alma y Tratado de la divina providencia 8 . Tal decisión se fundamenta en varios argumentos: el estudio caligráfico de la palabra «fin» del manuscrito autógrafo revela que no fue escrita por Quevedo; el segundo tratado de la obra no tiene una dedicatoria independiente; el libro que sirvió de fuente principal a Quevedo –De providentia numinis et animi immortalitate libri duo adversus atheos politicos (1613), del jesuita Leonardo Lessio– ya estaba conformado por dos tratados con una distribución temática similar a la presente en los escritos por don Francisco (aunque con un orden inverso de aparición); y las propias palabras del autor en el texto de la obra reflejan una concepción unitaria de ambos tratados 9 . 5 «Desde luego hízose alteración en el título, para que no se pareciese al de la impresión incompleta de Zaragoza; se añadió como última parte del libro el inédito de Job, que nuestro polígrafo tenía ya bosquejado en 1633; y se atavió con su rótulo particular cada una de las tres en que se les antojó dividirlo» (Aureliano Fernández-Guerra, ed., Obras de don Francisco de Quevedo Villegas, Madrid, M. Rivadeneyra, 1859, II, p. 165, nota a). 6 Desde entonces solo en la edición barcelonesa de 1882, estampada en la Imprenta de la Viuda e hijos de J. Subirana, se han publicado los tres tratados juntos (véase Sagrario López Poza, op. cit., p. 86). 7 En el volumen VII de las Obras completas en prosa de Quevedo la edición de Providencia de Dios –con Inmortalidad como único contenido– corre a cargo de Alfonso Rey, pero el prólogo que la precede –común a Que hay Dios y providencia divina– es responsabilidad de María José Alonso Veloso (encargada esta última estudiosa de la edición del segundo tratado mencionado). 8 Así figura en la portada interior de la obra. Sin embargo, el texto del primer tratado comienza con el título que aparece en el manuscrito autógrafo (véase Francisco de Quevedo, Providencia de Dios (Tratado de la inmortalidad del alma y Tratado de la divina providencia), ed. Sagrario López Poza, A Coruña, SIELAE, 2015b, p. 93), y el del segundo tratado, con el presente –para este texto– en el ms. M (ibíd., p. 213). 9 «Empezaré por la inmortalidad del’alma para que, enterado el hombre de sí mismo en la mejor parte, sea capaz de esotras dos verdades [que hay Dios y providencia divina]»; «haber necesitado de que se escriba y defienda que hay Dios, que su providencia gobierna el mundo y que las almas son inmortales» (textos citados por Sagrario López Poza, op. cit., pp. 39-40). Véase también: «Los que no creen la immortalidad del alma dicen que ni hay dios ni providencia» (Francisco de Quevedo, Providencia de Dios, padecida de los que la niegan y gozada de los que la confiesan [equivalente a Tratado de la inmortalidad en este trabajo], en Obras completas en prosa, ed. Alfonso Rey, dir. Alfonso Rey, Madrid, Castalia, 2018a, VII, p. 496).
María José Tobar Quintanar 10 En el volumen VII de las Obras completas en prosa de Quevedo se editan como obras independientes Providencia de Dios, Que hay Dios y providencia divina y La constancia y paciencia del santo Job. Aun reconociendo la coincidencia en temas y fechas de composición entre los dos primeros tratados, estos se presentan de forma separada por razones bibliográficas y textuales. Se alegan para ello: la palabra «fin» con que termina el texto del manuscrito autógrafo; el envío de cada uno de los dos tratados –con las correspondientes cartas de acompañamiento– a distintos destinatarios (Inmortalidad al padre Pimentel y Que hay Dios a Santos de Risoba, obispo de León); el supuesto uso del término «tratado» por parte de Quevedo como sinónimo de ‘obra completa, independiente’; y las diferencias existentes –según los editores– en el desarrollo argumental y el diseño narrativo entre esos dos tratados 10 . A partir de estas destacadas ediciones precedentes, este trabajo ofrece una nueva reflexión sobre la estructura de Providencia de Dios, aportando algunos datos no manejados hasta ahora en el análisis de esta cuestión. II. Reconsideración del análisis bibliográfico y textual de los testimonios de Providencia de Dios La palabra «fin» que aparece al final del texto del manuscrito autógrafo de Providencia de Dios –haya sido o no escrita por Quevedo– no es concluyente respecto al carácter independiente del tratado ahí recogido. Si –como parece– se debe a una mano ajena al autor 11 , nada impide que este hubiese continuado la obra posteriormente, tal vez en otro soporte material, redactando más tratados sobre el tema de la divina providencia. Si se debe a Quevedo, bien puede –como sucede en el manuscrito autógrafo de Virtud militante– marcar simplemente la conclusión del primer tratado de Providencia de Dios, no el final de la obra (que constaría, como otras de don Francisco, de más partes o elementos integrantes) 12 . Conviene recordar, por tanto, que en el manuscrito autógrafo 10 Véase María José Alonso Veloso, art. cit., pp. 427-445. 11 Véase el cotejo caligráfico llevado a cabo por Sagrario López Poza, op. cit., p. 35. 12 Abundan los ejemplos de obras quevedianas en prosa que engloban varias unidades textuales más pequeñas. Se diría que con frecuencia Quevedo concibió el proceso creador como una continua agregación de piezas textuales de naturaleza diversa, que finalmente organizaba con relativa libertad. El propio autor denominó como «tratado(s)» algunas partes integrantes (o todas, según los casos) de obras como Su espada por Santiago («Dividiré este discurso en los tratados siguientes: [y pasa a enumerar los seis que constituyen
LA FIABILIDAD DE LA EDICIÓN PÓSTUMA DE PROVIDENCIA DE DIOS (MADRID, 1720), OBRA RELIGIOSA DE QUEVEDO 11 que se conserva del tratado moral Virtud militante contra las cuatro pestes del mundo: invidia, ingratitud, soberbia, avaricia se encuentra la palabra «fin», escrita por Quevedo, al final del texto de Invidia, primer capítulo de los cuatro que componen la obra. Solo vuelve a aparecer dicha palabra al concluir la última peste, Avaricia, pero no al final de Ingratitud ni de Soberbia 13 . A la vista de este dato nada garantiza que el tratado transmitido en el manuscrito autógrafo de Providencia de Dios –eso sí, completo, no fragmentario, respecto al contenido de Inmortalidad– no fuese a formar parte de una obra múltiple en cuanto a los materiales de su composición. Las características bibliográficas del manuscrito Q no ofrecen seguridad respecto a la naturaleza independiente del texto que recoge. Se puede afirmar que esta fuente textual transmite un tratado religioso de Quevedo, pero no se puede garantizar que este constituya por sí mismo una obra. Es este memorial]», Francisco de Quevedo, Su espada por Santiago, en Obras completas en prosa, ed. Manuel Ángel Candelas Colodrón, dir. Alfonso Rey, Madrid, Castalia, 2015a, VI, p. 176), La cuna y la sepultura («El tratado “De la sepultura”, previniendo los riesgos de la postrera hora, he dividido en dos defensas», Francisco de Quevedo, La cuna y la sepultura, en Obras completas en prosa, eds. Claudia D’Ambruoso, Sandra Valiñas Jar y María Vallejo González, dir. Alfonso Rey, Madrid, Castalia, 2010a, IV:1, p. 208), Epicteto y Focílides en español con consonantes, con el origen de los estoicos y su defensa contra Plutarco, y la defensa de Epicuro contra la común opinión («a don Juan de Herrera di el tratado [en alusión a la traducción quevediana del Manual de Epicteto]; a vuestra merced [el licenciado Rodrigo Caro] las cuestiones dél», Francisco de Quevedo, Nombre, origen, intento, recomendación y descendencia de la doctrina estoica, en Obras completas en prosa, ed. Fernando Rodríguez-Gallego, dir. Alfonso Rey, Madrid, Castalia, 2010d, IV:2, pp. 590-591), Primera parte de la vida de Marco Bruto («Reconozco que debo a Quinto Curcio el acabar con hermosas palabras este tratado [en referencia a la sección Cuestión política de esta obra]», Francisco de Quevedo, Primera parte de la vida de Marco Bruto, en Obras completas en prosa, ed. María José Alonso Veloso, dir. Alfonso Rey, Madrid, Castalia, 2012, V, p. 934) o Las cuatro fantasmas de la vida («El tractado es de la pobreza [aludiendo a la Segunda fantasma de la vida]», «yo acabaré este tratado –que es el postrero de todos– [refiriéndose a La enfermedad, la cuarta fantasma]», Francisco de Quevedo, Las cuatro fantasmas de la vida, en Obras completas en prosa, eds. Alfonso Rey y María José Alonso Veloso, dir. Alfonso Rey, Madrid, Castalia, 2010b, IV:1, pp. 322 y 435, respectivamente). En consecuencia, la designación como «tratado», por parte de Quevedo, de los textos de Inmortalidad y Que hay Dios no es garantía de que con ello reflejase una concepción autónoma de cada uno de ellos («Mi tratado, si Vuestra Señoría lo lima, le deberá la inmortalidad que pretende y el alma que le falta», en carta de 27 de agosto de 1642 al padre Pedro Pimentel –véase Francisco de Quevedo, Nuevas cartas de la última prisión de Quevedo, ed. James O. Crosby, Woodbridge, Tamesis, 2005, p. 82–; «En callar sus nombres [los de los filósofos ateos] limpio de asco este tratado [esto es, Que hay Dios y providencia divina]», véase Francisco de Quevedo, Que hay Dios y providencia divina, en Obras completas en prosa, ed. María José Alonso Veloso, dir. Alfonso Rey, Madrid, Castalia, 2018b, VII, p. 582); al contrario, podría estar aludiendo a las distintas partes de una obra superior que los incluiría (Providencia de Dios). 13 Véase Francisco de Quevedo, Virtud militante contra las cuatro pestes del mundo: invidia, ingratitud, soberbia, avaricia, en Obras completas en prosa, ed. Alfonso Rey, dir. Alfonso Rey, Madrid, Castalia, 2010c, IV:2, pp. 478 (final de Invidia), 511 (final de Ingratitud), 540 (final de Soberbia) y 559 (final de Avaricia). En la edición exenta de este tratado moral (Francisco de Quevedo, Virtud militante. Contra las quatro pestes del mundo, inuidia, ingratitud, soberbia, avarizia, ed. Alfonso Rey, Santiago de Compostela, Universidad de Santiago de Compostela, 1985), véanse pp. 93, 131, 166 y 189, respectivamente.
María José Tobar Quintanar 12 posible que este testimonio no refleje el último estado textual, ni el más completo, que Quevedo concibió para su obra Providencia de Dios 14 . Si se repara ahora en la transmisión textual del tratado Que hay Dios y providencia divina, se constata que en los dos testimonios que lo recogen aparece siempre vinculado a Inmortalidad. Tanto en el manuscrito M como en su princeps (Madrid, 1720) se presenta a continuación del primer tratado de Providencia de Dios. Es decir, copistas y editores de la época percibieron ambos escritos como complementarios, unidos textual y temáticamente en torno a la idea de la providencia divina. Asimismo, cabe señalar que el hecho de haber sido desgajado dicho manuscrito de un códice más amplio nos impide saber si en ese volumen se hallaba algún otro tratado de Quevedo relacionado con esos dos. En cuanto a la ausencia de dedicatoria en Que hay Dios, ello no resulta determinante 14 En el caso de obras quevedianas formadas por la suma de partes o textos menores, subsumidos en el conjunto total, resulta dudoso que haya existido siempre una copia completa en limpio –autógrafa o no– plasmada en un único manuscrito. Así parecen dar a entenderlo algunas características textuales y materiales de las primeras ediciones de Epítome a la vida de fray Tomás de Villanueva y Epicteto y Focílides en español con consonantes, con el origen de los estoicos y la defensa de Epicuro, dos obras carentes de tradición manuscrita. En el caso del Epítome, cuyo contenido se organiza en cinco capítulos, su princeps presenta un curioso rótulo en su penúltima parte: «Capítulo 4 y último». La obra continúa, sin embargo, en un breve «Capítulo 5». Como plantea Peraita, este error pudo ser cometido por un componedor en la imprenta, pero «otra posibilidad es que el capítulo 5 hubiera sido bosquejado una vez impreso este epígrafe, y el error no se corrigiera; es decir, a última hora, Quevedo, quien en un principio habría terminado el capítulo 4 con la muerte del santo, las apariciones y milagros post mortem, decidió añadir un capítulo adicional» (Carmen Peraita, ed., Epítome a la vida de fray Tomás de Villanueva, en Francisco de Quevedo, Obras completas en prosa, dir. Alfonso Rey, Madrid, Castalia, 2018, VII, p. 78, nota 87). Cabe suponer, por tanto, que esa redacción tardía y apresurada del capítulo 5 habría llegado a la imprenta en un original independiente del que contenía el texto de los cuatro anteriores. Por lo que respecta a Epicteto y Focílides, su edición príncipe madrileña tiene una foliación diferente para las traducciones en verso, por un lado, y los tratados en prosa, por otro. Ello sugiere que o bien el volumen se compuso a partir de textos distintos –copiados en diferentes manuscritos originales–, o bien Quevedo habría pensado situar en primer lugar los tratados como introducción a las traducciones, aunque finalmente no se imprimieron en ese orden (de hecho, en la «Fe de erratas» figuran antes las de los textos en prosa que las de los versos). Sobre esta cuestión, véase Fernando Rodríguez-Gallego, Edición crítica de «Nombre, origen, intento, recomendación y descendencia de la doctrina estoica», en Francisco de Quevedo, Obras completas en prosa, dir. Alfonso Rey, Madrid, Castalia, 2010, IV:2, pp. 568-569. También puede resultar de interés mencionar lo sucedido con Las cuatro fantasmas de la vida: en el manuscrito autógrafo que transmite este tratado –copiado después de Virtud militante– la sección final «Afecto fervoroso de la alma agonizante» aparece inconclusa y tachada por Quevedo. En cambio, en su editio princeps (Zaragoza, 1651) aparece completa, con un texto más amplio y de redacción posterior. Al tratarse de una edición póstuma bien podría haberse conjeturado que dicha oración final era una innovación ajena al autor o incluso un texto espurio, pero su aparición –aunque fragmentaria y cancelada– en el manuscrito autógrafo ha determinado la ausencia de cuestionamientos críticos acerca de su adición y autoría. Cabe preguntarse qué habría sucedido desde el punto de vista crítico si, por avatares de la transmisión textual, se hubiese eliminado en el manuscrito el folio 145, que sigue a «Restos de dos hojas cortadas entre las foliadas 144 y 145» y acoge esas pocas líneas del «Afecto fervoroso». Sobre ello, véase Alfonso Rey y María José Alonso Veloso, Edición crítica de «Las cuatro fantasmas de la vida», en Francisco de Quevedo, Obras completas en prosa, dir. Alfonso Rey, Madrid, Castalia, 2010, IV:1, p. 295, y Francisco de Quevedo, op. cit., 2010b, pp. 436-444; para la cita, véase Francisco de Quevedo, Obras completas en prosa. Tratados morales, dir. Alfonso Rey, Madrid, Castalia, 2010e, IV:2, p. 808.
LA FIABILIDAD DE LA EDICIÓN PÓSTUMA DE PROVIDENCIA DE DIOS (MADRID, 1720), OBRA RELIGIOSA DE QUEVEDO 13 acerca de su inclusión (o no) en una unidad textual superior, pues existen tratados quevedianos que, formando parte de una obra, tanto tienen dedicatoria propia como carecen de ella 15 . Por último, el envío de este tratado a un destinatario distinto del de Inmortalidad no parece un dato decisivo respecto a su potencial carácter autónomo 16 . Quevedo, prisionero en San Marcos de León, desearía agradar a quienes pudieran ayudarle en su situación. El intercambio de cartas y textos con cargos eclesiásticos relevantes –que podrían mejorar sus condiciones de vida en prisión o interceder por él ante las autoridades oportunas– posiblemente responde a una actuación interesada de don Francisco. El reparto de sus tratados entre distintos corresponsales debe valorarse antes a la luz de esas circunstancias extraliterarias, que de otras específicamente literarias o creativas. Por lo que atañe a la edición príncipe de Providencia de Dios (1700), integrada exclusivamente por el tratado de Inmortalidad, es indicativa de que a la imprenta zaragozana donde se estampó solo llegó una copia del texto del manuscrito autógrafo Q 17 . Los responsables del impreso no contaron con más tratados de Quevedo: si hubiesen llegado a sus manos Que hay Dios y Constancia, los habrían publicado (bien juntos, bien separados de Inmortalidad) 18 . La inseguridad que afecta al carácter independiente (o no) del texto transmitido por el manuscrito autógrafo es compartida, pues, por esta publicación. 15 Tienen dedicatoria específica, por ejemplo, Doctrina estoica (que, incluida en el libro Epicteto y Focílides […] –cuya traducción del Manual de Epicteto va dirigida a Juan de Herrera– está encabezada por una dedicatoria a Rodrigo Caro), tres pestes de Virtud militante (al margen de la dedicatoria de la obra a Pedro Pacheco, se registran otras en su texto: la de Ingratitud al jesuita Pedro Pimentel, la de Soberbia a don Diego García de Trasmiera, y la de Avaricia al teólogo Joan Martínez) y los tratados de Las cuatro fantasmas de la vida (dedicados, respectivamente, a Manuel Serrano del Castillo, Álvaro de Monsalve, Manuel Sarmiento de Mendoza y Octavio Branchiforte). No tienen dedicatoria propia, por ejemplo, los tratados (o secciones, según los casos) de Su espada por Santiago, La cuna y la sepultura o Primera parte de la vida de Marco Bruto. 16 Se conservan tres cartas de Bartolomé Santos de Risoba, obispo de León, a Quevedo con alusiones a Que hay Dios: del 25 de agosto, 30 de agosto y 25 de octubre de 1642 (véase Francisco de Quevedo, op. cit., 2005, cartas 8, 10 y 26, pp. 79-80, 83 y 101-102, respectivamente). Asimismo, contamos con otras tres cartas de Quevedo al padre Pedro Pimentel con referencias a Inmortalidad: del 27 de agosto, 9 y 15 de octubre de 1642 (ibíd., cartas 9, 19 y 20, pp. 82, 93 y 94, respectivamente). 17 De hecho, el impresor del libro, Pascual Bueno, en las páginas preliminares identifica el texto que estampa con el del Tratado de la inmortalidad del alma. En la mención que hace a las obras perdidas de Quevedo tras la muerte del escritor, aclara respecto a Inmortalidad: «Este es el [tratado] que ahora damos, copiado fielmente de su original, donde no tiene el título que aquí se le da [se refiere a la Vida de Tarsia, donde se alude a un Tratado de la inmortalidad del alma], sino el que nosotros le damos [Providencia de Dios, padecida de los que la niegan…]; aunque el asumpto se conoce bien ser el mismo» (cito por Sagrario López Poza, op. cit., p. 79). 18 Para Fernández-Guerra, «El libro [la edición de 1700] se reduce al primer tratado únicamente, pero desconociendo que no era toda la obra» (Aureliano Fernández-Guerra, op. cit., I, p. CII).
María José Tobar Quintanar 20 El segundo subtítulo es una especie de apostilla en que se declara el subgénero literario al que se adscribe el texto: un «comentario» sobre el libro bíblico de Job con los correspondientes discursos teológicos sobre el modo de actuar la divina providencia. Esta es su concreta formulación verbal: «Breve comentario de todo el libro y descansado discurso de los designios de la divina providencia, donde las advertencias no se abultan con alegaciones. Discurso previo, teólogo, ético y político». Su autoría quevediana parece más que probable a la vista de algunas cartas y escritos de don Francisco. En la carta al padre Pedro Pimentel fechada el 24 de septiembre de 1642, anima a este jesuita a empezar a escribir una obra a partir de la lectura del Libro de los jueces, la cual –le aconseja– debería ser provechosa y rica en cuanto a la doctrina, pero breve y escasa en lo que a citas de autores se refiere: Mi deseo es que en ella se lean más las advertencias de Vuestra Señoría que alegaciones ni autores. Busco la riqueza, no el bulto. Libro que se acabe de leer presto, y de ponderar nunca: pues las materias que en él se tocan no son de controversia, donde es forzosa en gran número la erudición 32 . Como se ha podido comprobar, en el texto de esta carta de Quevedo aparece la misma alusión a las «advertencias» y «alegaciones» que en el subtítulo de Constancia, así como también se prefiere y pondera la brevedad de lo escrito. En otra carta, del 15 de octubre de 1642, el escritor vuelve a estimular a Pimentel para que comience a redactar sus comentarios sobre dicho libro bíblico: […] creo será la más admirable obra y más útil y deleitosa que sobre el libro sagrado se haya impreso, y sin ejemplar; no abultándola con otra erudición que de sucesos sagrados y profanos, antiguos y modernos 33 . De nuevo, el texto de Quevedo coincide con el subepígrafe de Constancia en el encarecimiento de escritos provechosos pero cortos, y presenta el mismo uso del verbo (no) «abultar» para expresar dicha idea 34 . 32 Véase Krzysztof Sliwa, Cartas, documentos y escrituras de Francisco Gómez de Quevedo y Villegas (1580-1645), Pamplona, EUNSA, 2005, p. 662. 33 Ibíd., p. 663. 34 Nider relaciona la ponderación que Quevedo hace de la brevedad de su tratado con una crítica velada a los extensos Commentariorum in Iob libri XIII del padre Pineda: «A esta obra [los Comentarios sobre Job
LA FIABILIDAD DE LA EDICIÓN PÓSTUMA DE PROVIDENCIA DE DIOS (MADRID, 1720), OBRA RELIGIOSA DE QUEVEDO 21 Por otra parte, los adjetivos «teólogo», «ético» y «político» aplicados al Discurso del tratado de Job relacionan este de manera directa e inequívoca con la obra que don Francisco concibió inicialmente sobre la providencia de Dios. Como es sabido, en la Defensa de Epicuro Quevedo citó un libro suyo titulado Historia teologética, política de la divina providencia (sic) 35 . A la vista de los adjetivos del subtítulo de Constancia se comprueba el error tipográfico en el primero de los aplicados a esa Historia: en vez de «teologética» se trata, en realidad, de «teóloga» y «ética» 36 . En mi opinión, el cruce de adjetivos entre la obra dedicada por Quevedo a la divina providencia a comienzos de la cuarta década del s. XVII y el tratado de La constancia y paciencia del santo Job (de cuya existencia también informa el escritor por esas mismas fechas) 37 , se debe a la integración final de este texto –si es que no se concibió desde su origen como una parte de ella– en la obra múltiple de Providencia de Dios. Téngase en cuenta para ello la identificación de de Pineda] Quevedo hace referencia muy probablemente, de manera antifrástica, también en el título, aludiendo a su inabarcable erudición («DONDE LAS ADVERTENCIAS NO SE ABULTAN / con alegaciones»)» (Valentina Nider, op. cit., p. 261). La alabanza de la brevedad en los comentarios del libro bíblico se reitera en el propio texto de Constancia: «constantemente sigo al doctísimo y eruditísimo padre Saliano en el tomo primero [de sus Annales ecclesiastici Veteris Testamenti], admirando que en seis hojas comentó la paciencia de Job sin cargarla» (Francisco de Quevedo, La constancia y paciencia del santo Job, en Obras completas en prosa, ed. Valentina Nider, dir. Alfonso Rey, Madrid, Castalia, 2018c, VII, p. 392). Ya en Lágrimas de Jeremías castellanas (1613) Quevedo reprochaba a Pineda su exceso verbal en los comentarios al libro de Job: «Aquí Antonio del Río dice de autoridad del padre Pineda, el que amontonó a Job en vez de comentarle, que, en hebreo, ‘pies’ se entiende por todas las cosas bajas» (Francisco de Quevedo, Lágrimas de Jeremías castellanas, Obra poética, ed. José Manuel Blecua, en Francisco de Quevedo, Madrid, Castalia, 1981, IV, p. 391). 35 Véase Francisco de Quevedo, op. cit., 2010d, p. 677 (probablemente se trata del mismo libro que Pérez de Montalbán menciona en su Para todos (1632): Historia de la providencia de Dios; véase Aureliano Fernández-Guerra, op. cit., I, p. CXXXIII). Poco antes de esa referencia a su obra Quevedo defiende a Epicuro de las acusaciones de haber negado la inmortalidad del alma y la providencia: «Comúnmente se dice negó la inmortalidad del alma. Este error tan feo no se colige de su vida ni de sus palabras […]. Acúsanle de que negó la providencia divina. Yo trato este punto en mi libro que intitulo Historia teologética, política de la divina providencia» (Francisco de Quevedo, op. cit., 2010d, pp. 676-677); lo que constituye otra evidencia de que ambas cuestiones estaban estrechamente vinculadas para Quevedo desde el punto de vista temático y creativo. 36 Fernando Rodríguez-Gallego, editor de Doctrina estoica, anotó en la voz teologética: «no he encontrado documentada la palabra (en M2 se editó Theologotica, lectura corregida ya en la “Fe de erratas”), por lo que quizá se trate de un error por “teológica” o “teologal”. De todos modos, no deja de ser curioso que el licenciado Murcia de la Llana escribiese en la “Fe de erratas” de M2 “Theologotica, lee Theologoethica” (f. ¶7v), como si Theologoethica fuese una palabra más usual, además de figurar en el original de imprenta» (véase Francisco de Quevedo, op. cit., 2010d, p. 677, nota 353). 37 Cabe recordar que Quevedo probablemente se refirió a una versión primitiva de este tratado en el proemio de La cuna y la sepultura, fechado el 20 de mayo de 1633, con el título Themanites redivivus in Iob (véase Francisco de Quevedo, op. cit., 2010a, p. 206). Dicho rótulo también se cita en el Para todos (1632) de Pérez de Montalbán, formando parte de la nómina de obras que Quevedo tenía entonces para sacar a luz (véase Aureliano Fernández-Guerra, op. cit., I, p. CXXXIII).
María José Tobar Quintanar 22 Constancia con un «descansado discurso de los designios de la divina providencia» en la primera parte de su segundo subtítulo 38 . El hecho de que también aparezca el adjetivo «previo» calificando al Discurso sobre Job podría indicar que este tratado –finalizado antes que Inmortalidad y Que hay Dios, pues en su texto se alude expresamente al presente de su redacción con la fecha del 20 de octubre de 1641 39 – tal vez estaba destinado a aparecer en primer lugar en Providencia de Dios, de modo similar a como se publicó el volumen de Epicteto y Focílides: primero, los tratados –traducciones y/o comentarios– sobre libros (profanos o bíblicos) ya preexistentes; y después, los que exponen de manera teórica y argumentativa la doctrina encerrada en aquellos (bien la estoica, bien la providencialista). En suma, no hay ningún dato objetivo que permita negar la autoría quevediana de los títulos que aparecen en la edición de Providencia de Dios (1720). Al contrario, más bien parece haber diversas razones de naturaleza textual que apoyan, de forma evidente en ocasiones, la responsabilidad del escritor. Fijemos seguidamente nuestra atención en la dedicatoria –al padre Mauricio de Attodo– que se encuentra en el manuscrito autógrafo Q. Lo primero que sorprende es, una vez más, la importancia de la figura de Job y, en consecuencia, la aparente falta de correspondencia entre este texto y el contenido del tratado al que precede (centrado en la inmortalidad del alma) 40 . Según expone ahí Quevedo, halló este tratado en el muladar de Job después de haberlo escudriñado: así como «Virgilio sacaba joyas del estiércol de las obras de Enio», él sacará «tesoros del que fue cátedra y teatro a las palabras y obras de Job» 41 . Es decir, a partir de un estudio profundo de la historia de Job –recuérdese el 38 Rey comenta en referencia a este epígrafe: «el tema central o, al menos, el dominante [en Constancia], es justamente la reflexión sobre la providencia de Dios, mientras que el elogio de la entereza de Job es un aspecto moderadamente subsidiario» (Alfonso Rey, art. cit., p. XLVIII). 39 Véase Francisco de Quevedo, op. cit., 2018c, p. 327. Para Rey, «Concluido en diciembre de 1641, según manifiesta Quevedo, este libro [el tratado de Job] parece ligeramente anterior en el tiempo a Providencia de Dios [Inmortalidad en este trabajo] y Que hay Dios, y tal vez esta circunstancia explica que la figura de Job sea tan visible en estas dos últimas» (Alfonso Rey, art. cit., pp. XLVII-XLVIII). 40 Villanueva contempla la posibilidad de que «la dedicatoria se corresponda con otra obra, en concreto la Constancia de Job […]. De hecho, el texto de la dedicatoria se refiere a un tratado sacado enteramente del libro de Job» (Jesús Villanueva, «Quevedo y los ateístas: aproximación al contexto polémico de la Providencia de Dios (1642)», La Perinola, 18, 2014, p. 215, nota 2). Según Nider, la constante referencia a Job en la dedicatoria del manuscrito autógrafo podría ser indicio de que Constancia se escribió para constituir una obra bipartita con el tratado de Inmortalidad: «se podría incluso formular la hipótesis de que esta última [La constancia y paciencia del santo Job] se escribiera para constituir una unidad con la Providencia de 1700 [esto es, el texto del ms. autógrafo: Inmortalidad], tenido en cuenta que tal dedicatoria hace referencia al libro bíblico del principio hasta el final» (Valentina Nider, op. cit., p. 250). 41 Francisco de Quevedo, op. cit., 2018a, p. 493.
LA FIABILIDAD DE LA EDICIÓN PÓSTUMA DE PROVIDENCIA DE DIOS (MADRID, 1720), OBRA RELIGIOSA DE QUEVEDO 23 subtítulo de Providencia de Dios: «Doctrina estudiada en los gusanos y persecuciones de Job» 42 –, don Francisco pasa a escribir un tratado sobre la doctrina contenida en aquella. Parece, pues, que una vez finalizada Constancia –conjunto de comentarios y discursos sobre el texto bíblico de Job– Quevedo afrontó la tarea de extraer de ahí los principios teológicos que encarna ese santo. De hecho, las expresiones verbales que se utilizan en la dedicatoria dan a entender el inicio de la redacción de esos «tesoros», pero no su final: «puede esperarse que sacaré tesoros», «A vuestra paternidad debo el aliento y el caudal para emprender este tratado». No parece que esas líneas se hayan redactado tras la conclusión definitiva del proyecto creativo en torno a las palabras y obras de Job. Es posible, por tanto, que todavía quedase entonces por escribir el tratado Que hay Dios y providencia divina. De esta manera, el modelo compositivo de Quevedo para su obra Providencia de Dios se habría ajustado a la pauta de creación que el propio escritor recomendó al padre Pimentel para escribir una obra a partir de una lectura atenta del Libro de los jueces: Estos meses atrás leí con advertencia el Libro de los jueces; pareciome que de tesoros políticos y militares era mina preciada. Reconocí que aquel parto aguardaba la comadre en la doctrina, erudición y rara agudeza de la pluma de Vuestra Señoría 43 . De igual manera que Quevedo encontró «tesoros» en las palabras y obras de Job, y los plasmó en su tratado Inmortalidad (o tratados, si se tiene en cuenta a Que hay Dios), aconseja a Pimentel sacar a la luz con su pluma –cual «comadre» (´comadrona`) que asiste a un parto– los «tesoros» que se encuentran en la «mina preciada» del Libro de los jueces. Primero se debe, pues, leer advertidamente un texto bíblico, y luego, exponer de manera argumentada –aunque sin excesos de erudición– la «doctrina» contenida en él. Así habría procedido Quevedo en el caso de Providencia de Dios: su estudio constante del libro de Job, que tanto le interesó desde su juventud, probablemente le sugirió una obra inicial en forma de comentarios más o menos ilustrados a esa historia bíblica; pero su evidente 42 Para la misma alusión al estudio de una doctrina, estoica en este caso, véase Francisco de Quevedo, op. cit., 2010d, p. 644: «Yo he tenido su doctrina [la de los filósofos estoicos] por estudio continuo; no sé si ella ha tenido en mí buen estudiante». Así como Quevedo encontró los principios del estoicismo leyendo atentamente el Manual de Epicteto, también halló los del providencialismo a partir de su detenido examen del libro de Job. 43 En la carta de Quevedo al padre Pedro Pimentel fechada el 24 de septiembre de 1642 (véase Krzysztof Sliwa, op. cit., p. 662).
María José Tobar Quintanar 24 relación temática y doctrinal con la noción de la divina providencia pronto subsumió dicha creación en un proyecto más amplio y ambicioso: demostrar la verdad de ese principio católico a través de una sólida argumentación (Inmortalidad y Que hay Dios) y de un exemplum que lo ilustrase (Constancia). También el obispo de León, Santos de Risoba, recomendó a don Francisco ese método de creación para probar la providencia de Dios: El testimonio de San Agustín podrá servir para que Vuestra Merced no se contente con probar su asunto con razones, sino con ejemplos; que dice San Agustín son los más eficaces para probar la divina Providencia, y en la Escritura los topara Vuestra Merced a cada paso 44 . Por otra parte, resultan interesantes –como indicio de la unión temático-estructural de Inmortalidad, Que hay Dios y Constancia– algunas coincidencias lingüísticas entre la dedicatoria que figura en el autógrafo que transmite el primer tratado y el texto de los otros dos. Como ya se ha dicho, en ese paratexto inicial se mencionan los «tesoros» que Quevedo sacará «del [estiércol] que fue cátedra y teatro 45 a las palabras y obras de Job». En el tratado Que hay Dios es Job el «catedrático» que enseña cuáles son las auténticas riqueza y pobreza en este mundo, pues Dios quiso hacer visible a través de él el modo de ejecutar su divina providencia 46 . En Constancia se alude a la demostración de la verdad de la divina providencia a través de la figura de Job, cuyo muladar se convierte en un numeroso «teatro» donde Satanás, los amigos del santo, su mujer y los elementos de la naturaleza –confabulados en persecuciones varias– son testigos de la victoria de su paciencia 47 . Una vez más, por tanto, parece revelarse la coherencia temática de la 44 En la carta de Bartolomé Santos de Risoba a Quevedo fechada el 25 de agosto de 1642 (ibíd., p. 659). 45 cátedra y teatro: «asiento levantado en alto para que desde él puedan leer o explicar los maestros la doctrina que cada uno profesa» y «metafóricamente se llama el lugar donde alguna cosa está expuesta a la estimación o censura universal» (Autoridades). 46 «El santo Job, como catedrático que me preside en estas conclusiones, nos enseña qué son las riquezas y felicidades, qué la pobreza y miseria perseguida, de quién son dádiva» (Francisco de Quevedo, op. cit., 2018b, p. 610). Para Ettinghausen, «Quevedo escoge a Job como el “catedrático que me preside en estas conclusiones” porque, habiendo mantenido la opinión correcta de las cosas, mantuvo su fe en la Providencia» (Henry Ettinghausen, Quevedo neoestoico, Pamplona, EUNSA, 2009 [versión en español de Francisco de Quevedo and the Neostoic Movement, 1972], p. 121). 47 Francisco de Quevedo, op. cit., 2018c, p. 319: «se junta la corte de los hijos de Dios en consejo pleno: el infierno, en Satanás; los elementos, en las persecuciones; la mujer y los reyes, en los amigos, para que en tan copioso teatro nadie ni nada pueda ignorar la victoria».
LA FIABILIDAD DE LA EDICIÓN PÓSTUMA DE PROVIDENCIA DE DIOS (MADRID, 1720), OBRA RELIGIOSA DE QUEVEDO 25 dedicatoria al frente de Inmortalidad si se concibe este tratado como integrante de una obra, Providencia de Dios, de la que también forman parte Que hay Dios y Constancia. Por último, conviene atender a uno de los textos preliminares de la edición madrileña de Providencia de Dios (1720): la «Censura de comisión del Ordinario, dada por el muy reverendo padre fray Francisco Palanco», fechada el 17 de noviembre de 1713. En ella no solo se adelantan el contenido y la finalidad de la obra, sino que también se justifica su estructura múltiple: «he visto este libro cuyo asunto es defender la Divina providencia contra el ateísmo, en cuyo apoyo se expone el libro de Job» 48 . En consecuencia, el tratado Constancia ilustra la actuación de la divina providencia, de manera que sirve de ayuda (o «apoyo») en la defensa de esta, argumentada previamente en los textos de Inmortalidad y Que hay Dios. Asimismo, el padre Palanco enfatiza la exhibición de erudición «sagrada y divina» por parte de Quevedo en dicha apología, en la que desempeña un papel muy relevante el libro de Job, pues mediante los trabajos y las persecuciones del santo se evidencian las «grandezas de su providencia [de Dios]» 49 . Cabe deducir, por tanto, que en el horizonte de expectativas de un lector culto de una época no muy alejada de la de Quevedo no resultaba extraña ni inapropiada la unión de tres tratados religiosos que abordaban, en el marco de una única obra, el mismo asunto: la providencia de Dios. En conclusión, varios datos expuestos en este apartado apuntan a la integración de La constancia y paciencia del santo Job en la macroobra Providencia de Dios: 1) la destacada presencia de Job en el título y en la dedicatoria del texto recogido en el manuscrito autógrafo Q (Inmortalidad); 2) el método creativo recomendado por Quevedo al padre Pimentel en varias cartas, según el cual en los libros bíblicos se encuentran «tesoros» doctrinales sobre los que escribir; 3) la vinculación natural que existe –como reconoce el censor fray Francisco Palanco– entre el tratado quevediano sobre Job y la 48 Véase Aureliano Fernández-Guerra, op. cit., I, p. CXXVII. Para Rey, uno de los impulsos que llevaron a Quevedo a escribir Constancia es «la inserción de la reflexión sobre la providencia en debate con los ateístas», y considera que este aspecto «tal vez no quedó situado en el marco más idóneo» (Alfonso Rey, art. cit., p. L). 49 «[Esta obra excede a las demás] En la erudición, porque aunque [Quevedo] siempre la ostentó general, aquí la manifiesta sagrada y divina; bebida no solo de los libros divinos y sagrados intérpretes, en cuyo coro benemérito se introduce, si también aprendida por experiencia propria en semejante escuela que la del pacientísimo Job, cuyo libro expone con luces tan soberanas de la más alta razón de estado de la providencia de Dios, que se puede creer piadosamente quiso el Altísimo ilustrar a lo divino en los trabajosos y penados fines de su vida aquel grande entendimiento, que […] cantase con más soberanos primores al placer de Dios endechas divinas y grandezas de su providencia» (véase Aureliano Fernández-Guerra, op. cit., I, p. CXXVII).
María José Tobar Quintanar 26 defensa de la divina providencia; y 4) la presencia de los adjetivos «teólogo», «ético» y «político» en el subtítulo de Constancia en 1720, ya que estos mismos aparecen en el rótulo de la obra que Quevedo ideó inicialmente sobre la providencia de Dios (impreso – con errata– como Historia teologética, política de la divina providencia). Además, las significativas concordancias lingüísticas entre algunas cartas de Quevedo y los títulos que encabezan cada uno de los tres tratados en la edición de Providencia de Dios (1720) parecen avalar la autoría de Quevedo, no la de los responsables de ese impreso. IV. Relaciones intertextuales en los tres tratados ( Inmortalidad , Que hay Dios y Constancia ) En el texto de los tres tratados publicados conjuntamente en 1720 bajo el título Providencia de Dios se hallan alusiones significativas a su interdependencia temática y estructural, las cuales bien pueden indicar que los tres fueron concebidos por Quevedo para constituir una única obra. En Inmortalidad se vincula explícitamente el libro de Job a la demostración de las tres verdades de la fe católica que se defienden en los dos primeros tratados: «En estas tres verdades, que hay Dios, que hay providencia, que hay alma immortal, el texto de Job ha de ser mi texto» 50 . En consecuencia, la doctrina expuesta de forma teórica sobre el providencialismo en Inmortalidad y Que hay Dios se enseña posteriormente en Constancia a través del exemplum concreto de Job. Este santo triunfó sobre las calamidades que Dios le envió porque «creyó y supo creer la inmortalidad del alma» 51 . Su fe en esos «misterios tan grandes –como son que hay Dios, resurrección de la carne, alma eterna […]–» sirve «para enseñar que solo con infalible certeza se sabe lo que de Dios y por Dios se cree» 52 . Para Quevedo Job es la prueba irrefutable de los principios doctrinales que sostiene, pues su historia constituye el argumento definitivo que apuntala sus conclusiones: «Esto [en referencia a que el entendimiento (o alma) puede separarse 50 Francisco de Quevedo, op. cit., 2018a, p. 518. 51 Ibíd., p. 518. Para Alonso Veloso, «La doctrina inspirada en Job del subtítulo [Doctrina estudiada en los gusanos y persecuciones de Job] casa bien con el desarrollo de distintos pasajes del discurso analizado [en alusión a Inmortalidad], en especial la idea de que la conducta ejemplar de Job fue posible por su creencia en la inmortalidad del alma» (María José Alonso Veloso, art. cit., p. 437). 52 Ibíd., p. 518.
LA FIABILIDAD DE LA EDICIÓN PÓSTUMA DE PROVIDENCIA DE DIOS (MADRID, 1720), OBRA RELIGIOSA DE QUEVEDO 27 del cuerpo] toca a Job, que es sustentante desta conclusión como de las demás» 53 . Y puesto que Job forma parte de la argumentación quevediana en defensa de la inmortalidad del alma –asunto integrado en la noción de la providencia divina–, el tratado que Quevedo escribió sobre ese libro bíblico hubo de ser concebido en apoyo de la doctrina sobre la providencia de Dios 54 . En Que hay Dios Quevedo delimita el objetivo específico de este tratado: vindicar la existencia de Dios y su providencia. No le corresponde a este escrito la enseñanza de cómo se ejecutan los designios divinos, pero dicha demostración –ofrecida en Constancia– guarda relación temática y argumentativa con su defensa previa. Estas son las palabras de don Francisco: «No es deste tratado discurrir por todas estas partes. Mi pretensión no es enseñar cómo obra la divina providencia, sino que hay providencia divina» 55 . Más adelante Quevedo anticipa que la enseñanza del funcionamiento de la providencia de Dios en el reparto de los bienes materiales se encarna en Job, quien nuevamente evidencia las conclusiones a las que va llegando en los tratados doctrinales sobre esta cuestión: El santo Job, como catedrático que me preside en estas conclusiones, nos enseña qué son las riquezas y felicidades, qué la pobreza y miseria perseguida, de quién son dádiva, cuáles han de ser el rico y el pobre, que son igualmente merced y beneficio de Dios, en que su divina providencia no solo se deja conjeturar, sino que la tratemos y mostremos visible con nuestras acciones y sucesos 56 . Si el propio Quevedo declara que la historia de Job demuestra la divina providencia, la vuelve visible, ¿cómo su tratado sobre Job iba a quedar al margen de una obra titulada Providencia de Dios? Por otra parte, en la argumentación de que el reparto de calamidades y premios está regido por la divina providencia se presenta la paciencia –principal virtud del santo Job, quien la personifica– como condición necesaria para vencer la adversidad: 53 Ibíd., p. 536. 54 Precisamente, Rey considera que «Incluso en Providencia de Dios [aquí Inmortalidad] las referencias a su figura [la de Job] son frecuentes, como si el personaje fuese el punto de referencia que articula todas las demás reflexiones» (Alfonso Rey, art. cit., p. XLVII). 55 Francisco de Quevedo, op. cit., 2018b, p. 595. 56 Ibíd., p. 610.
María José Tobar Quintanar 28 Si el virtuoso yace en el desprecio y persecuciones, sin el fruto de sus méritos y paciencia, es porque aún no ha llegado su tiempo en la voluntad de Dios en que se le pida. Este tiempo se debe aguardar en unos y otros, para reconocer la justicia de la divina providencia 57 . Los medios que utiliza la providencia divina para sus fines («pobreza, calamidad, persecución y desprecio») son circunstancias sufridas en grado máximo por Job 58 , por lo que el tratado quevediano sobre esta figura bíblica ilustra vivamente la doctrina enunciada en Que hay Dios 59 . Cabe señalar también que la referencia final de Quevedo a que analizará algunas vidas ilustres «para mostrar por dónde vino en los hombres la divina providencia» 60 –demostración que no se llevó a cabo en Que hay Dios– encaja perfectamente con la presentación posterior de La constancia y paciencia del santo Job como tercer tratado de Providencia de Dios 61 . En Constancia los indicios de su vinculación con la noción de la providencia divina y con los dos tratados precedentes son numerosos e inequívocos. 1. No faltan alusiones a los asuntos tratados en Inmortalidad y Que hay Dios: «Estos [los ignorantes y necios], de la misma manera, niegan a Dios, al cielo y la inmortalidad» 62 . 2. Se citan varios pasajes presentes en los tratados antedichos, lo que refuerza y hace evidente su unión temática, argumental y organizativa 63 . 57 Ibíd., p. 622. Según López Poza, «Job, al que nuestro autor declara como guía no solo en La constancia sino también en Providencia de Dios [esto es, en Inmortalidad y Que hay Dios], sufrió enormemente, pero su paciencia lo convirtió en victorioso y triunfante» (Sagrario López Poza, op. cit., p. 21). 58 «Ahora probaré que las armas triunfantes y los instrumentos poderosos y la munición eficaz de la providencia divina contra los poderíos, tesoros y dignidades son pobreza, calamidad, persecución y desprecio» (Francisco de Quevedo, op. cit., 2018b, p. 638). Recuérdese que en el propio título del tratado de Job se mencionan las «pérdidas», «enfermedades» y «persecuciones» que este sufrió. 59 Como ha apuntado Ettinghausen, «Job, que Quevedo proclama reiteradamente como el anticipo y arquetipo del sabio de los estoicos, desempeña un papel primordial en Providencia de Dios [obra compuesta, para este crítico, por Inmortalidad y Que hay Dios] como demostración de que la adversidad, lejos de ser un castigo de Dios, ofrece a los virtuosos la oportunidad para manifestar una heroica santidad» (Henry Ettinghausen, «Reseña a Francisco de Quevedo, Providencia de Dios (Tratado de la inmortalidad del alma y Tratado de la divina providencia), ed. Sagrario López Poza, A Coruña, SIELAE, 2015», La Perinola, 20, 2016, p. 372). 60 Francisco de Quevedo, op. cit., 2018b, p. 668. 61 Para Henry Ettinghausen, op. cit., p. 113, es posible que Constancia se concibiese como una de esas vidas ilustres. 62 Francisco de Quevedo, op. cit., 2018c, p. 356. 63 Véase Valentina Nider, op. cit., p. 252, y sus notas 21, 112, 167, 180, 187, 205, 253, 280, 305, 308, 319, 320, 332, 348 y 390 al texto de Constancia. Para esta editora, «Las relaciones intertextuales entre las dos partes de Providencia de Dios y La constancia y paciencia se fundan también en las citas de los mismos autores clásicos como Juvenal, Lucano, Claudiano e incluso, en la segunda parte, del mismo epigrama de Marcial» (ibíd., p. 253). A este respecto ya Ettinghausen había advertido que «varios de los pasajes que se citan de los mismos [de escritores latinos de la Edad de Plata] son idénticos [en el segundo tratado de
LA FIABILIDAD DE LA EDICIÓN PÓSTUMA DE PROVIDENCIA DE DIOS (MADRID, 1720), OBRA RELIGIOSA DE QUEVEDO 29 3. Se explicita –tal y como avanza el subtítulo de Providencia de Dios en el manuscrito autógrafo: «Doctrina estudiada en los gusanos y persecuciones de Job»– que Job enseña la doctrina de la providencia divina: Con este lugar pruebo, evidentemente, que a Job le escogió Dios para que, con sus trabajos padecidos con tanta paciencia, siendo inocente y justo, dejase anticipada doctrina de los secretos de la providencia de Dios 64 . 4. Se identifica el texto de Job con el de la teología sobre la providencia: De cuánta importancia fue que sus palabras [de Job] quedasen escritas, impresas y esculpidas, este repetido deseo lo manifiesta, y ser sus palabras y sucesos el texto de toda la filosofía de la paciencia santa y de la teología de la materia de providencia, lo que con brevedad probaré 65 . 5. La historia de Job se considera un litigio que pone a prueba la verdad y nobleza de la divina providencia («En esta historia litiga su propria y antigua y soberana hidalguía la divina providencia»), y al final, tras el triunfo del santo, «despacha la ejecutoria de su nobleza, en posesión y en propiedad, la eterna providencia» 66 . 6. Tan inherente es la relación de Job con la providencia de Dios que Quevedo considera errata citar al filósofo Demetrio el Cínico en vez de a Job para aludir a ella: «Aquella que llama Séneca, en el libro De Providentia, “voz animosa de Demetrio” el título del libro la acusa errata y dice que fue de Job» 67 . 7. Para Quevedo la elección de Job por Dios, para demostrar que había hombre que por su amor renunció a todos los bienes terrenales, resulta especialmente importante para probar su providencia: Providencia de Dios] a los que aparecen en La constancia de Job» (Henry Ettinghausen, op. cit., p. 122). 64 Francisco de Quevedo, op. cit., 2018c, p. 361. 65 Ibíd., p. 278. Nider anota: «esta es la quaestio principal de la obra, que enlaza con los textos editados antes de La constancia y paciencia del santo Job en la edición de 1720: Providencia de Dios [tratado denominado aquí Inmortalidad] y Que hay Dios y providencia divina» (Valentina Nider, op. cit., p. 278, nota 38). 66 Francisco de Quevedo, op. cit., 2018c, p. 294. 67 Ibíd., p. 313. Y unas líneas después prosigue: «Estas palabras díjolas el filósofo [Demetrio] con los labios; Job, con las obras».