Echando raíces
Abstract
En los primeros años del Siglo XXI, España vivió un proceso de grandes movimientos migratorios debido a la situación económica y social del país. En el año 2000, la población extranjera censada en España era de 923.000 personas. Actualmente, asciende a los 4.559.000. Uno de los colectivos más importante es el latinoamericano. Miles de personas cruzaban el Atlántico en busca de nuevas oportunidades y una vida mejor para luego regresar a su país con mejores condiciones. Lo que para algunos iban a ser tan solo unos años, finalmente se acabaron convirtiendo en más de 20. Durante estos largos años, han tenido que experimentar un periodo de integración y adaptación al nuevo mundo y sociedad que les rodea.
Full text
Trabajo Fin de Grado Facultad de Comunicación UNIVERSIDAD DE SEVILLA Grado en Periodismo SEVILLA 2016-2017 - Luna Cuberos Gallardo Reportaje: Echando Raíces REALIZADO POR: TUTOR: isaac López Redondo
A finales de los años 90 y principios del 2000, España vivió un periodo de grandes movimientos migratorios. Uno de los colectivos más numerosos que llegó venía del otro lado del Atlántico: latinoamericanos. Sevilla no fue uno de los principales focos de atracción pero también recibió miles de inmigrantes que buscaban una vida mejor. Hoy día, la cifra total de extranjeros empadronados en la provincia de Sevilla es de 62.300 personas, siendo más de 15.500 procedentes de Latinoamérica. Todos ellos, desde que llegaron hasta hoy han tenido que pasar por un largo camino de integración y adaptación social y cultural que no para todos ha resultado igual de sencillo.Por Luna Cuberos Gallardo. Echando raíces 2
Un viernes cualquiera, siete de la tarde. Paseas por el barrio de La Macarena y te cruzas con un grupo de latinoamericanos o los encuentras reunidos en una plaza o en la puerta de un negocio. Adultos y niños todos juntos. Y no te sorprende la escena, simplemente sigues caminando. Desde finales de los años 90 esto ocurre a diario, de manera significativa y con total normalidad en nuestra ciudad, sobre todo en algunos barrios concretos. Quizás, en uno de esos paseos te has cruzado con María, Inés o Juan Pablo, tres de los miles de inmigrantes latinoamericanos que llegaron –en un principio de manera temporal- a Sevilla buscando una vida mejor y que acabaron quedándose. María Fredesvinda tiene ahora 65 años y llegó a Sevilla en 1993 siguiendo a su hija Carmen. Salió de Lima (Perú) con un grupo de personas y un viaje organizado por la mafia. Sin papeles y haciendo unas 5 escalas, entre ellas Rusia y Francia, lograron cruzar la frontera de España en taxi, para evitar problemas. Solo atravesar España desde un pueblito de Francia (cuyo nombre no recuerda) hasta llegar a Sevilla le llevó más de tres días. Si recuerda sin embargo un viaje duro y agotador, además de cargado de miedo e incertidumbre. En Sevilla le esperaba su hija mayor Carmen, quién había llegado años anteriores a través de una congregación religiosa de monjas que le ayudaron con el billete y animaron a viajar a Sevilla. Quedarse en Sevilla era más sencillo ya que “en el 92 entraban los inmigrantes sin contrato por la Expo. Entonces abrían todas las fronteras y venía la gente a trabajar”, cuenta María. La vida de María, si algo ha sido, es difícil. No estudió y empezó a trabajar a los 10 años. A los 17 ya tenía dos hijos, una de 1 año y otro de 6 meses, y tuvo que ir llamando puerta por puerta para conseguir un trabajo como interna para tener donde vivir de manera digna. Estuvo 20 años trabajando de empleada en 3
casa de “unos señores” (como ella les llamaba). “Me criaron como una sobrina, no como una empleada”. Los señores llegaron a darle sus apellidos a sus hijos y se criaron como tal, hijos de los señores, creyendo que María era su sirvienta y no su madre hasta que ambos murieron. Dado que se quedaron sin recursos, Carmen se vino a España y María empezó a trabajar en otra casa en Lima. Cuando María tomó la decisión de venir a España lo hizo por necesidad. A su hija Carmen le salió esquizofrenia y como cualquier otra madre del mundo quería acompañar y estar al lado de su hija. Cuando vino, dejó en Perú 4 hijos, la más pequeña con 2 años y medio. Su idea, como la de tantos latinoamericanos que vinieron, era trabajar y trabajar durante un tiempo para ahorrar, comprarse una casa en Perú y volver con su familia, ya que había dejado a sus hijos con unos familiares. “Contaba los días para volver a Perú. Sobre todo cuando me hablaban o preguntaban por mis hijos”. A través de las monjas con las que vino su hija a Sevilla, consiguió un trabajo también como interna en casa de un matrimonio. “Entonces no había problemas para trabajar, llegué un 11 de septiembre y el 27 tuve María sentada en el salón de su casa. 3
la entrevista”. La acogieron de manera extraordinaria y cuenta emocionada todo lo que los señores hicieron por ella, entre otras cosas, conseguirle sus papeles y ayudarle a traer al resto de sus hijos. A día de hoy, 13 años después de la muerte de estos señores, sigue visitándoles cada mes al cementerio y rezando por ellos. Pero cada llegada y su motivo es un mundo. Cada persona que llega, esconde tras ella una historia que nada tiene que ver una con la otra. Aunque no siempre tiene que ser por necesidad, sí la mayor parte. Unos vienen buscando un futuro mejor, otros para reunirse con sus familiares, otros para conocer mundo y vivir aventuras pero acaban quedándose, otros para seguir formándose académica y laboralmente, otros por amor… Inés Vargas, vivía en Quintinos, (Minas Gerais, Brasil) con sus padres y hermanos. Tenían un negocio que no iba mal pero tampoco sobraba el dinero en casa. Ella era soltera, no tenía más responsabilidades y quería volar y conocer. Además, algo muy habitual que ocurre con los latinoamericanos (y de otros países) es que algunos tienen ya a alguien conocido aquí que les impulsa y anima a viajar a España. Eso precisamente pasó con Inés, tenía una amiga en Madrid y le contaba cómo era su vida aquí. Cosa que fascinó a Inés e que hizo que ella y una amiga más emprendieran el viaje. La excusa –sobre todo de cara a sus padresera buscar trabajo por un tiempo para ahorrar, ya que aquí se ganaba más y para aprender español. “Siempre me gustó la cultura española”. Entonces tenía 29 años y la vida por delante. Primero llegó a Madrid, con un equipaje cargado de ganas de aventura. Al igual que María y otros tantísimos extranjeros que llegan, tenía una persona en España con quién quedarse al menos los primeros días. Recuerda Inés el contraste de llegar: frío y oscuridad de un noviembre a las siete de la mañana en Madrid. “Fueron muy tristes los primeros días”. Inés venía de una zona en Brasil donde el verano dura todo el año y el clima de Madrid le resultó de lo más chocante. Por lo demás, no tuvo problemas para adaptarse. En la época en la que llegaban, no resultaba complicado encontrar un trabajo, más o menos, estable y decente. Inés empezó a trabajar rápidamente cuidando niños gracias a los contactos y amistades de su amiga. Como también le suele pasar a tantos extranjeros que vienen, cuando llegan, tienden a formar una especie de “red social” (que nada tiene que ver con el mundo digital) con personas de su mismo país de origen u otros extranjeros en condiciones parecidas con quienes relacionarse. Algo así le pasó a Inés. A pesar de sus expectativas fijadas, el aprendizaje de español fue muy lento, (a día de hoy aun le cuesta) ya que vivía con dos amigas brasileñas y sus amistades eran brasileñas, por lo que en su círculo más cercana imperaba el portugués. Actualmente, en su casa se habla portugués -con su marido y sus dos hijaspara no olvidar nunca de dónde viene, además de darle así una segunda lengua materna a sus hijas. Es cierto que compartir el mismo idioma es uno de los motivos fundamentales por los que los latinoamericanos vienen a España pero en el caso de los brasileños, obviamente, no es así. Aunque reconoce que no fue fácil al principio, no le daba miedo enfrentarse a otra lengua. En Madrid le pasó algo tan bonito como habitual. Era joven y soltera y se enamoró. De un sevillano en este caso. Y es por esto que es una de las protagonistas de esta historia. “Conocí a mi marido en un bar brasileño que todavía existe: Oba oba”. No tardaron en casarse y en venirse a Sevilla a formar una vida juntos como pareja. Gracias al matrimonio, se legalizó y estableció su situación España. Pasó a ser una ciudadana española más. Inés cuenta como desde el momento que conoció a su marido empezó a sentirse como en casa y nunca a sentirse sola. Ya su vida estaba aquí, aunque no estuviera para nada en sus planes. Todo fue muy rápido y feliz. Pero no todos tienen la misma suerte desde el principio. Y es que comprenderán que no es lo mismo viajar por la aventura, con ganas de comerte el mundo que emigrar por necesidad. Son dos realidades completamente enfrentadas y esta segunda, más triste y frecuente que la primera. Juan Pablo Rodríguez, boliviano de 41 años, tuvo que dejar a su mujer y una hija de dos años en su ciudad natal para buscar lejos un futuro mejor para los tres. 4
“Me vine a España porque no tenía más remedio, en Bolivia no teníamos muchas oportunidades y queríamos tener una vida mejor”. Una dura decisión que tomar y un viaje difícil de hacer. Juan Pablo estaba casado, con una hija y sin un trabajo que le asegurase un futuro estable. Cansado de buscar y aguantar, no vio más alternativa que emigrar a otro país donde poder trabajar un tiempo, lo suficiente para ahorrar un buen dinero y regresar con su familia. Fijó la mirada en España porque unos familiares emigraron años anteriores y estos podían “facilitarle” un poco todo el proceso. Estos familiares, primos de su madre, les hablaban bien de España (por aquel entonces, la situación económica y laboral era bastante favorable), un lugar donde podía conseguir un trabajo rápido y que le permitiría mandar dinero a su familia además de ahorrar. Eso hizo. Con algo de dinero que tenía guardado más otra parte prestada por su madre y su her mano, pagó el billete de ida a Madrid. Tras un largo y tedioso periodo de trámites, gracias a sus familiares pudo conseguir un permiso de trabajo que le abría las puertas, temporalmente, para entrar “Vine a España porque no tenía más remedio, en Bolivia no teníamos muchas oportunidades ”, explica Juan Pablo 6
en España. Su tío y primos vivían y tra bajaban en Sevilla en una empresa de construcción y aquí le estaban esperando. Juan Pablo tenía quienes acogerle y por tanto no sentirse tan solo. “En su casa me acogieron muy bien”. Era su familia, pero aun así recuerda aquellos días como una etapa muy triste de su vida. Su único objetivo era trabajar y ganar dinero, ninguno otro, pero la adaptación y el estar lejos de su familia fue más difícil de lo que esperaba. Contexto: Crisis económica Aunque la crisis afectó a todos los campos laborales del país, los sectores más vulnerables fueron los que ocupaban, principalmente, parte de la población inmigrante. El Doctor en Antropología y experto en inmigraciones Francisco José Cuberos, señala que “cuando vienen, la inmensa mayoría de ellos experimentan un descenso laboral porque vienen a hacer labores que no hacían en sus países: hostelería, servicio doméstico, agricultura, construcción… Mujeres en el servicio doméstico y hombres en la construcción principalmente”. Es importante conocer que no son los sectores empobrecidos los que emigran a otros países a labrarse un futuro mejor sino sectores con una cierta formación, empezando principalmente porque “la propia migración exige una inversión importante pues necesitan tres o cuatro mil de dólares para el billete, para de- Fotografías de Inés: Izquierda: Recuerdo del día de su boda, celebrada en Brasil. Arriba: Recuerdo del verano de 2008 en el Algarve junto a su famiilia y hermano . Abajo: Recuerdo de sus padres. 7
mostrar en la frontera que tenían recursos, etc.”, especific Cuberos. Este descenso laboral y ocupación –generalmentede un trabajo precario da una idea de las dificultades que tienen que vivir los miembros de esta comunidad de inmigrantes cuando llegan a España (o a otro país). Paralelamente, “la inmigración latinoamericana, junto a otras comunidades extranjeras, da lugar al desarrollo de toda una industria alrededor de la inmigración de ONGs que contratan a inmigrantes para llegar a todos los colectivos, negocios, pequeños comercios que hacen que estas personas se empleen ahí también, restaurantes, etc.”, cuenta Cuberos. Actualmente, estos puestos de trabajo han sido directamente suprimidos o muy reducidos. Inés, María y Juan Pablo son tres claros ejemplos de la ocupación laboral de la comunidad inmigrante en España en la última etapa de los 90 y principios del 2000. Inés cuenta que en muy poco tiempo consiguió trabajo en Madrid como cuidadora de niños. “Llegué y no me costó nada encontrar trabajo, había muchísimo, me sobraban trabajos”. Ahora esta afirmación nos resultaría inimaginable… Además de cuidar niños ha trabajado en el servicio doméstico: limpiando casas, cocinando, entre otras tareas del hogar, y cuidando personas mayores. En Sevilla pudo conseguir trabajo de cocinera gracias al “boca a boca” de amistades. Amigas y conocidas suyas ocupaban puestos similares. Cuando María llegó a Sevilla, su hija le consiguió en seguida una entrevista de trabajo para cubrirla en casa de un matrimonio mayor como empleada doméstica interna, donde estuvo más de 10 años. Después, siguió otros 8 años trabajando cuidando ancianos hasta que compró un kiosco de prensa y chucherías donde ha trabajado hasta el año pasado que se jubiló. Gracias al trabajo duro y constante pudo ahorrar dinero suficiente para ayudar a traer a sus hijos y otros familiares. Por último, el caso de Juan Pablo representa también la situación que han vivido muchos otros inmigrantes latinoamericanos. Desde Bolivia, a través de unos familiares que vivían y trabajaban en Sevilla acordó un puesto de trabajo en la empresa de construcción donde trabajaban su tío y primo. Ya que la crisis española golpeó especialmente al sector de la construcción, Juan Pablo fue despedido y estuvo en el paro unos meses. Sobrevivieron gracias a que pronto consiguió otro empleo y que su mujer también trabajaba en el servicio doméstico. En definitiva, se hacían cargo de los trabajos que los autóctonos no querían. Actualmente sin embargo, estos indicadores han cambiado ya que son los propios españoles los que necesitan realizar estos trabajos tan dignos como cualquier otro. Ya de por sí, generalmente la situación económica de los inmigrantes no era demasiado favorable y la pérdida de empleo con el consiguiente descenso de la calidad de vida hizo que muchas personas se vieran en la obligación de regresar a sus ciudades de origen y volver a probar suerte. Retorno El “lado positivo” de todo esto es que las personas que regresan, lo hacen como ciudadanos españoles, por lo que pueden entrar y salir de nuestro país sin problemas. Los latinoamericanos cuentan con ciertas ventajas con respecto a otros extranjeros a la hora de acceder a la nacionalidad española. Por un lado, siendo hasta nietos de españoles tienen la nacionalidad de origen, solo deben demostrarlo. Y por otro, a través de la residencia. La legislación española dice que un inmigrante extranjero tendrá su nacionalidad española cuando resida legalmente en España durante 10 años menos en algunos países con los que tiene convenio, como la mayoría de los latinoamericanos, por ejemplo. En estos casos solo necesitan dos años de residencia legal para poder obtener la nacionalidad. “De forma que un inmigrante marroquí por ejemplo tiene que estar aquí diez años mínimo para que le den la nacionalidad mientras que un latinoamericano solo tiene estar dos años”, explica Francisco. Además, si vienen por un periodo inferior a tres meses si quiera necesitan visado para entrar por lo que “solo” necesitaban comprarse un billete de avión y dinero en efectivo para pasar la frontera con menos dificultades. Aunque estas facilidades para entrar no duraron mucho tiempo: España fue suprimiendo paulatinamente los visados a diferentes países latinoamerica- 8
nos. En las estadísticas se comprueba como en el año 1999 (año en que empieza la crisis en Ecuador) hasta 2003, entran muchísimos ecuatorianos, pero en 2003 dejan de entrar porque ese mismo año España rompe el acuerdo con Ecuador y se empieza a pedir visados. Continúan entrando los colombianos hasta 2005, año que España rompe el acuerdo con este país. Es decir, entran muchos del mismo colectivo hasta que se rompen los convenios y ponen más obstáculos para acceder al país. Pero en los años de menos trabas fueron muchos los que aprovecharon estas oportunidades. Y lógicamente, los ciudadanos latinoamericanos no eran ajenos a estas facilidades para acceder a España, por ello se produjo a finales de los 90 y principios del 2000 un periodo de grandes movimientos migratorios. En el año 2005, el porcentaje de la población latinoamericana censada en España era del 36,2% (del total de extranjeros), siguiéndola en segundo lugar los vecinos de Europa occidental con un 21%. Afirma Tabare que Sevilla no fue especialmente una ciudad atrayente para la inmigración ya que no recibió ni recibe una llegada fuerte de extranjeros, sino que la llegada es progresiva y lenta. Esto es debido a que es una ciudad de servicios y no de ganadería o agricultura, como Almería o Huelva, puntos de afluencia importante para la inmigración. No es casual que una inmensa mayoría de ellos coincidiera en la idea de hacer dinero en España y regresar a sus países de manera temporal o definitiva, comprarse una casa en sus ciudades, etc. Esto en algunas ocasiones o no ocurría o pasaba en un –muylargo plazo, pero todos tienen la idea de volver a sus casas. El conseguir la nacionalidad española en menos tiempo y sin tantos impedimentos, brindaba esperanza a la hora de cumplir sus sueños y facilitaba las idas y venidas entre ambos países. Los antropólogos lo llaman “vidas de ida y vuelta”. Los protagonistas de esta historia experimentaron lo mismo, los tres cuentan que cuando llegó la hora de partir, la idea era volver en mejores condiciones. Pero la vida da muchas vueltas y nunca se sabe que va a pasar. María y Juan Pablo comprobaron que aquí podían tener una vida mejor y lograron traer a su familia con ellos e Inés se enamoró y tuvo dos hijas. Los tres han vuelto a Perú, Bolivia y Brasil respectivamente pero solo de visita por un corto periodo de tiempo. Además, con el paso de los años las personas van echando sus raíces y más aun si completan su familia en otro lugar. Los hijos de los inmigrantes latinoamericanos que llegaron pertenecen a donde se han criado y por tanto el retorno de manera definitiva a sus países de origen comienza a verse más lejano y a ser más improbable. Que una mayoría no vuelva o lo Plaza de Armas de Cusco (Perú), lugar de reunión para cientos de autóctonos y turistas. 9
y todo está limpio”. María, también procedente de una gran capital (Lima, más de 7.5 millones de habitantes), pensó que nunca se acostumbraría a Sevilla ya que todo era demasiado distinto. “Al principio llegaba llorando al trabajo todos los días, pero poco a poco pasó el tiempo, los meses y los días y yo veía que esto era otro mundo, no era como mi país. Sobre todo la limpieza”. María valoraba cada vez más los avances y facilidades con los que vivía en Sevilla. En Perú vivía en un barrio muy humilde y recuerda, por ejemplo, que para lavar la ropa (a mano por supuesto) tenía que ir a por agua a un lugar y cargarla hacia su casa. “Sin duda me acostumbré rápido a esto, además, yo quería darle una tranquilidad a mis hijos y aquí sí podía”. Inés llegó en pleno invierno a Madrid y recuerda como su primera impresión fue una ciudad triste y fría, pues donde vivía cuando se vino (Goiana) prácticamente hace calor todo el año. Fue el clima a lo que más le costó acostumbrarse. Le llamó la atención la seguridad con la que podía caminar de día y de noche por Madrid y Sevilla. “Siempre hay mucha vida por las calles y nunca he pasado miedo”, asegura Inés. Algunas diferencias: servicios públicos Tanto María como Juan Pablo e Inés destacan el tema de la seguridad en las calles, pues es uno de los factores más tenido en cuenta por los inmigrantes que llegan a España. Junto a esto, el orden, la tranquilidad de la sociedad y los servicios públicos que presta nuestro país son las cuestiones más valoradas cuando hablan los puntos positivos de nuestro país. Inés recuerda su ciudad como un lugar inseguro en comparación con Sevilla pero dentro de Brasil, era y es una buena ciudad para vivir. Señala que es el propio cuerpo de policía y otras autoridades los que están corrompidos, por lo que se genera un ambiente de vulnerabilidad y desconfianza en la sociedad. “Tienen que buscarse la vida como sea, hay muchos sobornos por parte de las autoridades”. Tras pasar media vida aquí asegura que en cuanto a los servicios públicos no hay comparación. “La sanidad pública de España no es que sea mucho mejor, es que es la mejor he visto jamás, a pesar de los recortes. En Brasil directamente no existe, te pasa lo que sea y puedes morir esperando a que te asistan”. Los buenos médicos eligen las clínicas privadas porque el dinero destinado a los hospitales públicos acaban en manos ajenas y estos se quedan desprovistos de materiales básicos. Cuenta Inés que los médicos públicos trabajan sin motivación porque en los hospitales falta hasta el algodón.En la educación ocurre prácticamente los mismo, los colegios públicos son de muy mala calidad porque faltan recursos y los profesores están muy mal pagados por lo que no tienen interés por estar ahí: “pueden pasar 6 meses y no cobrar”. Las personas (que pueden) mandan a sus hijos a Cementerio en Chile adornado con flores y molinos de colores. 16
los colegios privados para así asegurarles un futuro mejor. Resulta contradictorio porque las universidades públicas son muy buenas, gratis y por tanto muy demandadas, pero para entrar, los jóvenes deben haber salido de la escuela privada ya que de la pública no salen preparados para la universidad. María también está encantada con educación y sanidad española en comparación con la de Perú. Recuerda con pena su etapa por el colegio pues ella tuvo que ir a una escuela pública porque no tenían suficientes recursos en su familia. Cuenta que, para diferenciar, los uniformes de colegio público son de un color y los de los privados de otro color distinto. Por tanto por la calle todo el mundo sabe dónde estudia cada niño, y lo que eso quiere decir. La calidad de sanidad pública tampoco vale nada, deben contar con seguros privados y pagar lo que pidan. “La sanidad de Perú es todo dinero. Allí los propios médicos tienen su farmacia así que te mandan a comprar las medicinas a sus farmacias”. Juan Pablo, al igual que María e Inés, reconoce la buena calidad de los servicios públicos que existen en España. Cuando llegó su familia a Sevilla, escolarizó a su hija en un colegio público y fue en ese momento cuando experimentó las diferencias con la educación de Bolivia. Juan Pablo tuvo suerte de estudiar en una escuela privada durante 10 años, aunque eso le supuso a sus padres trabajar duro y pedir dinero prestado. A los 16 años dejó la escuela para trabajar con su padre. “Muchas personas quieren seguir formándose y no pueden porque no tienen dinero”. Durante estos años, ha insistido a su hija para que estudie y aproveche las oportunidades que tiene en Sevilla. En cuanto a la sanidad, destaca la limpieza, rapidez, orden y cuidado de los hospitales públicos y sus profesionales. En Bolivia, una vez más, para asegurarte una sanidad decente debes asistir (si puedes pagarlo) a las clínicas privadas y aun así, dice no poder compararse. Otras diferencias: culturales Dentro de las comunidades de inmigrantes que llegan a España, muchos piensan que los latinoamericanos son los más parecidos a nosotros por las características comunes que nos unen. Pero si miramos desde un punto de vista más profundo, existen matices que nos diferencian. El antropólogo Francisco Cuberos explica que a la hora de hablar de proximidad cultural es habitual escoger rasgos como la lengua o la religión, pero hay más. La manera de relacionarse o de usar los espacios comunes es también un tema cultural. En ese sentido, por ejemplo, nos asemejamos más a los marroquíes. Hace unos años se solía ver a los latinoamericanos en los centros de telefonía y envío de dinero, ahora sobre todo en las plazas de sus barrios. También se reúnen habitualmente en parques o canchas deportivas como la de San Jerónimo para jugar al fútbol o practicar algún otro deporte, pero distinto a como se hace aquí. “Ellos se ponen a cocinar y a beber. Juegan al fútbol durante el día pero cuando llega más la noche se ponen a beber. Pasan el día entero allí”, cuenta Cuberos. Por otro lado, escuchar música muy fuerte sin importar la hora es también una cuestión cultural y un hecho que les puede traer ciertos desacuerdos con vecinos. No lo hacen por falta de educación ni para molestar, simplemente es una manera distinta de relacionarse. Respecto a la lengua, aunque sea la misma existen muchas palabras que tienen otro sentido, cambia el significado, el contexto, hay expresiones que no se entienden, etc. No es tan simple como parece a priori. Otro de los rasgos más típicos a la hora de comparar culturas es la religión. Los católicos en los países latinoamericanos suman más del 60% de la población. Cabe destacar que en España, una parte importante de los inmigrantes latinoamericanos son evangélicos. ¿Quién no ha pasado por delante de una iglesia evangélica y ha escuchado esos cantos o sermones tan llenos de pasión? Por otro lado, en algunos puntos de Latinoamérica como Chile, los cementerios son muy coloridos, tienen una imagen mucho más “alegre”: adornan las tumbas y nichos con flores de co- “Los médicos públicos trabajan sin motivación porque en los hospitales falta hasta el algodón”, cuenta Inés 17
lores, molinillos de viento, etc. La Semana Santa en Brasil igual es alegre, las calles están adornadas también con flores y no hay ‘pasos’ como los que conocemos aquí. En Perú convive la religión católica con la inca y se mezclan. Hacen los cultos católicos pero con matices incas. En muchas iglesias de Perú, la propia misa se hace en quechua. En algunos casos, por ejemplo, utilizan las imágenes católicas pero con las vestimentas típicas de los incas. Es decir, la religión mayoritaria que se practica en Latinoamérica es la misma que en España pero no se vive de igual forma. Lo que sí es cierto que con el paso del tiempo, muchas de las personas que vienen a nuestro país van perdiendo poco a poco sus costumbres y tradiciones y van adoptando otras nuevas conforme a la ciudad en la que viven. Como tantos otros, María, Inés y Juan Pablo han podido comprobar en primera persona este hecho. Nada más llegar todos intentaron seguir con sus costumbres tal y como hacían en sus países, pero paulatinamente han ido integrándose en nuestra cultura hasta vivir totalmente como un español más. Costumbres y tradiciones “Es inevitable”, contesta Inés cuando se le pregunta si adoptó las tradiciones y costumbres españolas. Según ella, no notó un choque cultural demasiado grande cuando llegó a España. En su caso, obviamente el idioma era lo más diferente. En su casa continúa hablando portugués con su marido e hijas porque no quiere perder esa costumbre (además de ser una ventaja para sus hijas sobre todo). Cuenta que la comida es similar, pero que en su casa hay más arroz y frijoles que pan. Admite que le gusta mucho la dieta mediterránea, las tapas, el puchero, el pescaíto frito y la cerveza. Después de tantos años en Sevilla y con su marido e hijas españoles, Inés se ha integrado 100% en nuestra cultura. En Navidad suele cocinar pavo y frijoles negros y cenan en familia; y para mantener las dos tradiciones, reparten los regalos entre Papá Noel y los Reyes Magos. De Brasil, una de las tradiciones más conocidas es el carnaval de febrero y en Sevilla lo celebran algunas casas y asociaciones de brasileños. Salen a la calle en agrupaciones con bandas, música, carrozas, bailes y los trajes típicos. Inés lo conoce pero admite no haber asistido nunca. Juan Pablo también reconoce estar ya totalmente insertado en la cultura y costumbres españolas. Su hija llegó a España con cinco por lo que no conoce otra sociedad que la sevillana. Sus amistades y todo el mundo que le rodea es autóctono por lo que no sigue ninguna tradición boliviana. Juan Pablo y su mujer han ido adaptándose con el tiempo a este estilo de vida. En cuanto a la alimentación, dice comer muchos guisos, porotos (chicharos), pollo, etc. Comidas de aquí y de allí. Los primeros años sobre todo, se reunían con los vecinos del barrio para comer en los parques y los días especiales lo celebraban con su familia y otros bolivianos con música folclórica, comidas típicas, etc. Actualmente,se reúnen menos seguido pero en Navidad, por ejemplo, igual lo celebra toda la familia y se dan los regalos. A María le encanta la cocina y ha seguido haciendo a menudo platos típicos de Perú. Cuenta que, a pesar de haber comido mucho arroz en su vida, sigue siendo un alimento que no falta en su casa para acompañar las comidas. Entre sus platos favoritos está el ceviche, las papas rellenas, el estofado y el cao cao (cayos) pero también el gazpacho, la paella y el jamón. Puesto que ya lleva muchos años en Sevilla y parte de su familia se ha criado aquí, se ha ido adaptando a nuestras tradiciones sin problemas. Después de las 12 en Navidad, toman leche con panetón (dulce típico peruano) pero los regalos los dan el día de Reyes Magos. María es una persona muy religiosa y aunque ya esté acostumbrada, le gusta mucho la Semana Santa de Sevilla. Explica que en Perú también es una fiesta grande pero muy distinta. Solo el primer año que llegó a Sevilla hizo su penitencia en Semana Santa siguiendo la tradición peruana: recorrer 7 o 14 iglesias caminando hasta llegar al centro antes de las 12 de la noche. Una gran parte de los inmigrantes que llevan en España una serie de años acaban por adoptar ambas culturas y mezclar tradiciones y costumbres de ambos países.. En el ámbito religioso, 18
por ejemplo, que muchos tomen nuestras tradiciones o parte de ellas no significa que no sigan prácticas las suyas. En Sevilla, cuenta Francisco Cuberos, existen numerosas asociaciones de inmigrantes que organizan romerías y sacan a la calle sus procesiones. “Los peruanos sacan al Cristo de los Milagros, los ecuatorianos a la Virgen del Quinche, los paraguayos a la Virgen de Caacupé, los mejicanos celebran la Virgen de Guadalupe y hacen sus fiestas donde se reúnen con música mariachi, bailes típicos, etc. Tienen ese tipo de sociabilidad”. No se pueden olvidar de dónde vienen pero también se adaptan a los nuevos contextos. Hoy… En general, el colectivo latinoamericano está bastante mezclado con la población autóctona en todos los sentidos. En cuanto a la zona de residencia, aunque haya sectores donde se concentren más, no existe en Sevilla un barrio exclusivamente de latinos, asiáticos, etc. sino que conviven todos los colectivos juntos, nativos y extranjeros. Lo mismo ocurre con los lugares de reunión, para salir, etc. Actualmente no hay lugares específicamente para ellos pero una parte de la población latina tiende a juntarse por algunos sitios concretos. Los fines de semana es muy corriente ver reunidas a familias enteras en parques como el Miraflores, Alamillo o Amate. Para la noche, por ejemplo, hay discotecas latinas que están abiertos para todo el mundo pero generalmente se concentran más latinos. Alguna de ellas son Amanecer Latino, La Rosa Negra, el Rumberito Cubano o Imperio Latino. Dado el perfil de los inmigrantes que llegan a Sevilla, las personas que suelen asistir estos espacios son gente joven de la 2ª generación, que de origen son latinos pero que llevan viviendo toda su vida aquí. Cada vez es más frecuente ver en estos lugares a jóvenes de origen español con gusto por la música y el baile latino. Estos son los espacios más significativos para señalar a la hora de hablar de “espacios latinos”. Pero lógicamente no todos los inmigrantes que hay en Sevilla concurren estos lugares, nuestros tres protagonistas por ejemplo reconocen no haber asistido nunca. Tanto Inés como María y Juan Pablo están ya completamente integrados en la sociedad sevillana. Ellos tuvieron mucha suerte y nunca les faltó el Niño Jesús con vestimentas Incas en la Iglesia de San Cristobal en Cusco, Perú. 19
trabajo. Muchos otros se vieron obligados a marcharse y a vivir en situaciones de precariedad y marginación. Ellos conviven y se relacionan a diario con personas con personas de aquí, en el trabajo y con los vecinos, sus amistades son españoles e inmigrantes. Sus hijos e hijas se han criado aquí y tienen parejas españolas por lo que todos ya se sienten uno más. Pero 20 años son muchos años y aunque ya estén acostumbrados y bien asentados en Sevilla, han tenido que sacrificar mucho. A la pregunta qué es lo que más echas o has echado de menos, todos contestaron los mismo: mi familia. A Juan Pablo e Inés se le murió su madre y padre respectivamente y no pudieron estar allí para despedirse y acompañar a la familia. Cuentan que lo más duro es la distancia y sentirse tan lejos de los seres más queridos, sobre todo de sus padres y hermanos. A María se le murieron sus padres cuando era joven y desde hace unos años ya tiene a todos sus hijos, nietos y algunos primos en Sevilla por lo que dice que en Perú no le queda nada. Los primeros años si fueron especialmente duros para ella porque dejó a sus hijos muy pequeños. Lloraba todos los días. Cuenta que en los en los 90 mandaba CDs grabados contándole cosas porque no sabía escribir. Le contaba todo lo que estaba viviendo, su vida aquí. “Casi todas las semanas le mandaba un cd a mis hijos para que no se olvidaran de mi”. María no quiere volver, su familia y su vida está aquí. Al principio de este año fue a Lima por 3 meses y ya deseaba volver a su casa. Inés todavía tiene parte de su familia viviendo en Brasil y le sigue gustando mucho su país. Aunque de momento no se plantea volver definitivamente, cuenta que le gustaría jubilarse allí junto a su marido y vivir en el campo. Juan Pablo igual se plantea volver pero no de momento ni de manera definitiva. Quiere aprovechar y disfrutar las oportunidades que le ha traído la vida y quedarse en Sevilla. Ahora están contentos porque después de 3 años sin ir a Bolivia, ya tienen planeado un viaje para estas próximas navidades. “Voy por 2 o 3 años a trabajar y me vuelvo”, frase que tantos dijeron y por un motivo u otro, solo algunos cumplieron. 20 años más tarde, aquellos inmigrantes que llegaron tímidos, con miles de miedos, dudas e incertidumbre, hoy se mezclan entre nosotros enriqueciendo nuestra cultura, sociedad y suprimiendo prejuicios. Procesión de la Virgen de Caacupé en Sevilla “En Perú ya no me queda nada, mi vida y toda mi familia está aquí”, asegura María 20