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INNOVACIÓN Y EQUIDAD PARA UN DESARROLLO SOSTENIBLE EN LA INVESTIGACIÓN Peralta Álvarez, María Estela Ingeniería del Diseño Escuela Politécnica Superior. Universidad de Sevilla [email protected] Aguayo, González, Francisco Ingeniería del Diseño Escuela Politécnica Superior. Universidad de Sevilla [email protected] Lama Ruiz, Juan Ramón Ingeniería del Diseño Escuela Politécnica Superior. Universidad de Sevilla [email protected] RESUMEN A lo largo de la historia, el deseo por el conocimiento de las mujeres ha superado toda clase de barreras, haciendo posible que en la actualidad alcancen papeles representativos en todos los sectores de ciencia, tecnología y sociedad. Los avances sobre igualdad de género desintegran los ideales culturales impuestos, donde mujeres más preparadas que valoradas, alcanzan con el doble de esfuerzo los mismos propósitos que los hombres. Pero lentamente, la inserción en los ámbitos sociales, educacionales y laborales de la mujer ha hecho posible que se inicie la destrucción de lo que denominamos “el techo de cristal”. En el ámbito de la investigación, sobretodo en la rama científico-tecnológica, esta inserción crece más lentamente (por ejemplo, las mujeres sólo constituyen el 31,7% del personal investigador de la enseñanza superior de la UE). La solución a este problema reside en un cambio de la educación base y de los roles culturales. Existen muchos paradigmas que aportarán la estrategia adecuada para conseguir las metas planteadas: uno de ellos es Cradle to Cradle, que formalizando la interrelación entre los pilares de la sostenibilidad (ecología, economía y equidad) consigue la participación imparcial y neutra necesaria. Sólo de esta forma, desarrollo, excelencia, progreso e innovación completarán la base para una investigación de calidad. PALABRAS CLAVE Sostenibilidad, Equidad, C2C, Eco-innovación, Igualdad de género, Investigación Sostenible 1451
INTRODUCCIÓN La inserción de la mujer en los ámbitos sociales, culturales, laborales o educacionales es hoy en día positiva, pero existen ciertos campos donde la disparidad entre género es una realidad. Es el caso del papel de la mujer en la investigación científica y tecnológica (Núñez, 2010), que puede describirse como minoritario a pesar de los grandes avances en las últimas décadas. La proporción de mujeres con estudios universitarios es cada vez más significativa (media europea 54,8 %, Alemania 51,4 %, Portugal 53,4 %, España 54,1 %, Francia 55,2 %, Letonia 63,7 % o Islandia 64,3 %) pero aunque un 52 % de las matrículas de la unión europea en cursos de doctorado corresponden a mujeres, tan sólo un 35 % se dedican a la investigación convirtiéndose en un número prácticamente simbólico en niveles jerárquicos superiores (INE, 2010). Figura 1. Derecha: tesis doctorales aprobadas en España (curso 2009-2010); izquierda, tasa de escolarización por edades en España (curso 2007-2008) (INE, 2010) La reivindicación de las mujeres en la ciencia a lo largo de la historia ha conseguido desligar los conceptos de “sexo” y “género” desde su alcance excluyente (donde el rol social apartaba a la mujer de toda actividad intelectual y científica), para imponer un nuevo enfoque donde la igualdad de oportunidades recupera su espacio con una participación justa según formación, aptitud, calidad y capacidad de trabajo. El conocimiento y el saber de las mujeres siempre ha estado presente, aunque sus aportaciones hayan sido silenciadas, expoliadas o no consideradas de una forma objetiva a causa de mecanismos sociales de discriminación como han sido la invisibilización, la ridiculización y menosprecio (atribuyendo la culpabilidad de esta situación segregacionista al propio sexo femenino). Pero a pesar de todos estos inconvenientes, existen muchos ejemplos de mujeres investigadoras actualmente reconocidos: Marie Curie, pionera en el campo de la radioactividad y premio novel en física y en química, Mileva Maric, cuyos trabajos matemáticos fueron considerados como la base con la que Einstein elaboró sus investigaciones y obras, Erna Schneider Hoover, investigadora de los laboratorios Bell e inventora de un sistema de conmutación para el tráfico de llamadas telefónicas que reemplazó a los equipos mecánicos y obsoletos de la época (y por lo que se convirtió en una de las primeras mujeres con una patente de software) o Sarah E. Goode, nacida esclava en 1850 y primera mujer afroamericana en recibir una patente oficial gracias a sus diseños de camas plegables para pequeños apartamentos. La implicación de las mujeres en la investigación (Instituto de la Mujer, 2012) ha supuesto y supone un enriquecimiento para la ciencia y la tecnología, consiguiendo el respeto entre géneros gracias a la igualdad de oportunidades, prioridad social que debe incluirse en los esfuerzos que actualmente se llevan a cabo en los planteamientos del desarrollo sostenible. No hay que olvidar 1452
que la sostenibilidad está formada por tres grandes pilares o dimensiones con igual prioridad e importancia: ecología, economía y equidad. Los grandes progresos que se están consiguiendo en temas de ecología y respeto al medio ambiente gracias a las perspectivas de la economía del bienestar, deben desarrollarse paralelamente a los nuevos enfoques de equidad: deber, justicia y conciencia social sin importar cultura, género o religión. Figura 2. Mujeres investigadoras de la historia Esta igualdad de oportunidades hace posible uno de los derechos fundamentales que prohíbe cualquier trato discriminatorio, eliminando la “carga de género” entendida como el conjunto de estereotipos creados en una sociedad y que define el lugar que deben ocupar hombres y mujeres. Una de las herramientas más fuertes para solucionar las desigualdades es la perspectiva de género que aplicada al mundo de la educación y el empleo, permite descubrir los obstáculos de la participación equilibrada dando a conocer los orígenes y las consecuencias de las desigualdades y las discriminaciones laborales sobre las que se debe intervenir para conseguir una igualdad real (Martínez Ambite, 2006) Para entender esta herramienta es necesario distinguir entre dos conceptos: sexo, referencia universal para todas las especies y donde recaen las diferencias biológicas y genéticas existentes entre lo masculino y lo femenino, iguales para todas las sociedades y no variables; y género, referido a la diferencia de roles atribuidos a los hombres y mujeres en una sociedad dada y en un periodo de tiempo determinado (y que por lo tanto, es transformable, variable en el tiempo y en el espacio). El género determina el comportamiento de las personas según el reparto de roles entre mujeres y hombres que pasan a desempeñar papeles y a tener responsabilidades sociales diferentes, aún estando capacitados para todas ellas. Es la construcción social que se hace de lo masculino y lo femenino, determinante de las relaciones humanas en todas las sociedades y culturas. Como consecuencia nacen los estereotipos (ideas preconcebidas que indican en qué las mujeres y los hombres están o no capacitados). La perspectiva de género (Martínez Ambite, 2006) es la herramienta esencial para reinterpretar las relaciones sin recaer en el error de los estereotipos sociales (prejuicios imprecisos e ilógicos, difíciles de eliminar una vez introducidos en una cultura y que nos llevan a la distorsión de la percepción, como por ejemplo hombres eficaces, seguros, dinámicos, agresivos, juiciosos y valientes, mujeres afectivas, inestables, dependientes, subjetivas, débiles e intuitivas), y destruir el rol de la mujer Figura 3. Sexo y género: objetivo sostenible 1453
como ser socialmente maternal ligada al cuidado familiar o la división sexual del trabajo a partir del cual a lo largo de los años se ha construido un esquema mental donde las actividades se llevarán mejor a cabo por uno u otro sexo. Existe una brecha en el progreso del desarrollo sostenible en este ámbito de estudio. Los progresos en materia social son mucho más lentos que en ecología. Por esta razón es necesario incluir estas herramientas en las metodologías que actualmente se aplican al desarrollo sostenible, para enriquecer el progreso de la dimensión de la equidad y alcanzar el mismo nivel de la economía y la ecología. Nuevas perspectivas sostenibles permiten el progreso paralelo; una de ellas es el paradigma C2C (McDonough, 2002), que gracias a la interrelación de los valores inherentes a las tres dimensiones crea la denominada “estrategia de la triple E” donde antes de llevar a cabo cualquier proyecto, se analizan por igual las necesidades de la sociedad y del medio ambiente para conseguir un objetivo equitativo, justo e imparcial. SOSTENIBILIDAD Y EL PARADIGMA C2C Satisfacer las necesidades de las generaciones presentes sin comprometer las necesidades de las generaciones futuras (Brundtland Commission, 1987): esto es sostenibilidad. Uno de sus principales objetivos implícitos es el que define la equidad intra e intergeneracional entre géneros y respetando la diversidad. La sostenibilidad constituye un marco paradigmático organizador de la sociedad porque enfoca las actividades económicas y productivas desde el punto de vista de las necesidades del planeta (cuidado, mantenimiento y regeneración) y las necesidades sociales (salud, respeto, neutralidad y equidad) en contra a lo ocurrido desde la revolución industrial donde las sociedades y culturas se subestiman y los ecosistemas experimentan un colapso y rápido deterioro. La sociedad sostenible es una visión de futuro pero con actuación presente; es decir, implica considerar, recapacitar y reflexionar sobre los impactos de actividades y de los estilos de vida adoptados, y plantear las soluciones a medio y largo plazo más sostenibles y eficaces para que los objetivos a largo plazo se conviertan en una realidad. Busca el bienestar humano y mejorar la calidad de vida, sin destruir la base biofísica y los sistemas vitales de los que dependen las sociedades (Flores-Bedregal, 2003). El desarrollo sostenible se ha desplegado abarcando todas las escalas y sectores sociales dividiendo su acción en tres vertientes: ecología, economía y equidad. Si estas dimensiones son articuladas de una forma imparcial, ecuánime y paralela, es decir interrelacionando las acciones en una única solución, la actividad será considerada como plenamente sostenible. Esta forma de actuación es la que proclama la estrategia 3E (McDonough, 2002). A lo largo de las últimas décadas y desde que en los años 90 algunas organizaciones empezaron a reivindicar soluciones ante el grave problema ambiental y la destrucción del planeta, estas dimensiones han ido ocupando diferentes posiciones orientándose hasta conseguir los propósitos de cambio. Gracias a la innovación, el desarrollo sostenible se ha modulado en diferentes marcos de trabajo (denominados paradigmas) vertebrados sobre una agrupación de principios, técnicas y herramientas entre los que cabe destacar el Capitalismo Natural, el Paso Natural, Cradle to Cradle (C2C) Permacultura Ecología Industrial. En todos ellos se articula una nueva distribución de los tres vectores de la sostenibilidad 3E, con su disposición en los vértices de un triángulo de triángulos donde la sostenibilidad se aborda por igual desde cualquier punto. La dimensión ambiental pone de manifiesto el equilibrio entre el uso de recursos y la regeneración natural del planeta. Deben ser utilizados y explotados en las actividades productivas y económicas sin desgaste de los ecosistemas a los que pertenecen y sin un deterioro en la “salud” del planeta. Se consigue con la desmaterialización de las actividades o lo 1454
que es lo mismo, la reducción de los flujos (tanto naturales como artificiales). Los ámbitos de estudio para la sostenibilidad ambiental son el análisis de ciclo de vida, el ecodiseño, el biomimetismo, la ecología industrial, de la cuna a la cuna, las mejores técnicas disponibles (MTDs) reunidas en los BREFs, el ecoetiquetado o la ecoeficiencia, entre muchas otras. La dimensión social expone la igualdad, la seguridad, la libertad y la justicia. El principal objetivo es la distribución justa de los recursos, el derecho a las necesidades básicas y un espacio social saludable, un ambiente donde se respeten los derechos fundamentales y la diversidad cultural con igualdad de oportunidades y sin carácter discriminatorio. Aún siendo la dimensión más castigada y con un avance más lento, (el 20% de la población mundial utiliza el 80% de los recursos naturales, mientras que el otro 80% de la población tan sólo tiene alcance al 20 % restante) son muchos los esfuerzos que se están llevando a cabo por parte de algunos sectores de la sociedad para mejorar el sistema actual, promoviendo principios y objetivos de la democracia y el respeto a los derechos humanos. Los ámbitos de actuación se basan en la mejora social llevando a cabo acciones como la erradicación del trabajo Infantil, la eliminación de los roles sociales y el cambio de los estereotipos, la incentivación del empleo, el fomento de la salud y seguridad en el trabajo, la participación en actividades con un liderazgo ético y con emprendimiento social o el respeto por los derechos humanos entre muchas otras. Figura 4. La sostenibilidad y sus tres dimensiones (Peralta, 2011) La dimensión económica (a la que pertenecen a su vez el poder y la acción legislativa), se refiere al crecimiento económico de calidad, viabilidad de acciones y valoración adecuada de los recursos naturales (Aranda, 1992). El modelo económico se plantea y estructura en una base local dentro de la red global, como única forma sostenible para la producción equitativa y distribuida en las regiones. De esta manera, las actividades se llevan a cabo a pequeña escala, aprovechando los beneficios de la interrelación regional y local gracias a la analogía con los ecosistemas naturales (fenómeno sistémico). Los ámbitos de aplicación son la Inversión 1455
Socialmente Responsable (ISR), el modelo de ecocostes, la liberación de impuestos a la tierra, la economía de la cadena de suministros o el biorregionalismo entre otros. Definidos los ámbitos de aplicación de las tres dimensiones, estas serán colocadas en un triángulo fractal donde la sostenibilidad abarca todo el dominio entre los tres vértices, de tal forma que sean considerados con igual magnitud, valor e interés, constituyendo la metodología sostenible de la economía del bienestar. Figura 5. Fractalización sostenible: triángulo 3E El cambio hacia un sistema global sostenible implica una transformación de las actividades desde la perspectiva de la ecoefectividad social y cultural. Actuar desde la raíz, es decir, desde la educación y el cambio de mentalidad es una de las soluciones que plantean los nuevos enfoques y perspectivas de actuación de género. Uno de los paradigmas con los que se puede llevar a cabo esta estrategia es el paradigma C2C. De la cuna a la cuna Cradle to Cradle (de la cuna a la cuna) nació como un nuevo paradigma para el diseño sostenible (Braungart , 2002) encargado de introducir en los proyectos industriales de una forma sinérgica las tres dimensiones de la sostenibilidad, cerrando el ciclo de vida de los productos y sistemas (uniendo la primera etapa de explotación de recursos con el fin de vida con el objetivo de gestionar adecuadamente los recursos (reducir, reutilizar y reciclar). A lo largo de los últimos años, la idea inicial de los autores se ha extendido de tal forma, que no sólo es posible su aplicación en los procesos de diseño y desarrollo de producto, sino que puede adaptarse a todos los sectores gracias a uno de sus 9 principios: la fractalización sostenible con la estrategia 3E, motivo de esta investigación. Los principios generales que articulan el paradigma C2C son: - P1: Reenfoque proactivo. Actuación desde la raíz del problema - P2. Concepción sistémica e integrada del metabolismo: los desechos de unos son recursos para otros (desecho = alimento). - P3. Fractalización de la sostenibilidad con la estrategia 3E: aporta soluciones sostenibles compatibles con el medio ambiente, adaptadas a la sociedad y viables técnica y económicamente. - P4: Ecoinnovación bioinspirada (biomimesis o diseño inspirado en la naturaleza). - P5: Metáfora de actuación natural: las actividades deben ser llevadas a cabo de igual manera que lo haría la naturaleza (neutralidad y equidad) 1456
- P6. Ecointeligencia. Respeto al medio ambiente y los agentes involucrados. - P7. Respetar y fomentar la diversidad - P8: Ecoefectividad frente a ecoeficiencia. - P9: Utilización de energías renovables. Estos nueve principios utilizados en ingeniería (en el diseño y desarrollo de productos y sistemas industriales), pueden ser adaptados para crear la estrategia de cualquier proyecto convirtiéndolo en sostenible. Cabe destacar su amplia aplicabilidad, por lo que puede ayudar a la definición de los planteamientos de igualdad de género siempre y cuando se lleve a cabo una correcta combinación de herramientas en cada una de las dimensiones sostenibles. Esta investigación intenta retomar las ideas del paradigma C2C y extrapolar su aplicación a proyectos de igualdad de género. Con la aplicación y combinación de los nueve principios y otras herramientas sociológicas podrán diseñarse y planificarse proyectos sostenibles (herramientas como la perspectiva de género citada con anterioridad y otras como la pirámide de Maslow o la matriz de Max Neef que permiten alcanzar una “vida sostenible” gracias a la definición de las correctas necesidades humanas a satisfacer). Uno de los objetivos prioritarios sería el enfoque de inserción laboral justa (donde tendría cabida la igualdad de género). EL YACIMIENTO DE LA SOSTENIBILIDAD SOCIAL PARA LA IGUALDAD DE GÉNERO. La equidad posee un amplio ámbito de actuación. Se compone del capital intangible como es el capital humano (habilidades, educación, cultura, creatividad, moralidad, etc.), capital social (comunidades, confianza, ayuda, relaciones, etc.) y capital institucional (sistema judicial o eficacia gubernamental). Es la vertiente menos desarrollada al no suscitar un interés global. Antes de plantear las soluciones adecuadas ante el problema de género, es necesario caracterizar el significado de “vida sostenible”. A lo largo de los años, filósofos, sociólogos y psicólogos han desarrollado modelos que describen las relaciones personales desde el punto de vista de la mejor calidad de vida. Un ejemplo lo encontramos en la pirámide de seis niveles que Maslow propuso en su Teoría sobre la Motivación Humana en 1943 (fisiología, seguridad, aceptación social, autoestima y autorrealización). Describe las necesidades humanas jerarquizadas según su cadencia de obtención y satisfacción, alcanzando en el vértice superior la máxima felicidad, calidad de vida y bienestar. Figura 6. Pirámide de necesidades de Maslow Por el momento, estas necesidades no son resueltas de igual forma entre mujeres y hombres: el esfuerzo de ascenso a niveles superiores, es mucho mayor en el caso de la mujer. Es necesario 1457
tener presente la teoría de Maslow en el planteamiento de cualquier proyecto para destruir los inconvenientes que impiden una realización de la vida laboral y social plena del sexo femenino. Otra concepción del desarrollo sostenible social basado en las necesidades humanas es el modelo desarrollado por Manfred Max Neef en su investigación El desarrollo a Escala Humana, centrado en las personas para las cuales se establecen las necesidades en interactuación según dos grupos que el autor distribuye en una matriz: coloca las necesidades existenciales (ser, tener, hacer y estar) para su relación con las necesidades axiológicas fundamentales (subsistencia, protección, afecto, entendimiento, participación, ocio, creación, identidad, libertad). Gracias a la matriz, todas las necesidades están interactuando formando una red que con su pleno consenso equitativo y óptimo, cubrirá la sostenibilidad social global de las personas. La igualdad de género también debe incluir el cumplimiento de todas las necesidades, sin que unas interfieran negativamente en la satisfacción de las otras (realidad que actualmente ocurre cuando las mujeres deciden optar por su carrera profesional). Una sociedad sostenible (Montero-Serrano, 2008) debe satisfacer progresivamente todas las necesidades de la pirámide de Maslow o de la matriz de Max-Neef alcanzando el nivel más elevado para todos sus componentes, haciéndolo posible a través de las tres dimensiones ecológica, económica y social. Figura 7. Matriz de Max-Neef 1458
Para el desarrollo de la equidad son necesarios planes de sostenibilidad social basados en la eficiencia del uso de recursos, fomentando las relaciones individuales y globales, creando una conciencia con responsabilidad medioambiental y sostenible con el entorno y todos sus habitantes. Además, para potenciar la igualdad de género, es necesario hacer énfasis en la ayuda para aquellos sectores desfavorecidos o sin recursos, con objetivos a medio y largo plazo en coherencia con su aplicación (no minimizar el derecho de unos para lograr el bienestar de otros) y establecidos a una escala contingente y atacando las causas y no las consecuencias (la base de la educación). La evaluación del alcance de estos objetivos se consigue con estudios que muestren a la sociedad el progreso en la materia. Para ello, al igual que existen indicadores económicos (producto interior bruto o PIB, o nacional – PNB) o ecológicos (ecoindicadores 95 y 99, producto nacional bruto ecológico PNBE, o nacional PNNE) también se han desarrollado indicadores relacionados con la sociedad (como son el índice de desarrollo humano o IDH, el Índice de Pobreza Humana, índices de densidad de población, de diversidad social o de uso) (Durán, 2011). LA DIMENSIÓN SOCIAL EN EL ÁMBITO DE GÉNERO BAJO EL PARADIGMA C2C El paradigma C2C (McDonough, 2002) desglosa una serie de acciones relacionadas con la ética social, los derechos humanos, la igualdad y la transparencia de las actividades. Cualquier actividad debe respetar la salud, la seguridad y los derechos de las personas y el planeta. Para ello, para la planificación dentro de un proyecto sostenible de la responsabilidad social de género, pueden ser aplicadas las estrategias y objetivos siguientes (Peralta, 2011): - ACTIVIDADES - Fortalecer las relaciones sociales: establecer compromisos de igualdad (promover la educación cultural, social y medioambiental, fomentar la interrelación generacional entre los dos sexos, integración social de la mujer fuera de los estereotipos generales y su participación pública involucrándola según su capacidad, formación y competencias en los procesos de gestión y en las actividades de decisión). - EDUCACIÓN - Acatar el problema desde la raíz: potenciar la formación igualitaria para todos los segmentos de población y para ambos sexos, incrementando la sensibilización ambiental y la educación ecuánime, fomentar las relaciones sociales justas y los hábitos de vida saludables o promover actividades entre diferentes centros educativos para fomentar la integración. Una educación de calidad (UNESCO, 2012) también denominada Educación para el Desarrollo Sostenible – EDS, debe ser el eje fundamental que promueva conocimientos, aptitudes y valores para formar a ciudadanos conscientes y responsables con la vida y la sostenibilidad social, económica, ambiental y cultural, para conseguir un rol activo frente a la sostenibilidad. En el caso de la población adulta, crear campañas de sensibilización para activar el cambio de mentalidad en temas de igualdad de género. - AYUDA SOCIAL – Reconocimiento para el impulso: premiar las actividades sociales llevadas a cabo con buenas prácticas a través de menciones y certificaciones, a la ver de su divulgación a otros grupos, con métodos de formación, difusión de conocimiento y éxitos alcanzados. Permitir a ambos sexos la vida familiar y laboral simultánea debe ser prioritario para potenciar las relaciones internas, incentivar intercambios culturales, establecer el inicio del cambio de mentalidad y para conseguir el objetivo principal: apoyo a la incorporación de la mujer al mercado laboral. 1459
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