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Resistencia epistémica a la evidencia en las creencias machistas

Godoy Domínguez, Belén

Abstract

Debido a que actualmente vivimos en una sociedad en la que aún hay numerosas creencias machistas que provocan la opresión de las mujeres y alimentan la desigualdad, este trabajo surge con la pretensión de analizar la persistencia de dichas creencias. Dicha subsistencia tiene que ver con un asunto epistémico que se plantea dentro de los debates de epistemología feminista y de justificación de las creencias. Durante esta investigación, demostraremos tres cuestiones principales. En primer lugar, mostraremos el origen de estas creencias, las características que comparten epistémicamente y las presunciones que poseen. En segundo lugar, veremos que estas convicciones patriarcales continúan debido al fenómeno epistémico que plantea Mona Simion (2024): la resistencia a la evidencia. Para ello, llevaremos a cabo un análisis de cómo dicho fenómeno se da en las creencias machistas, en el que entran en juego las razones prácticas, apoyándonos en Rima Basu (2019). Y, en tercer lugar, ofreceremos una solución basada en la conjunción del responsabilismo con la teoría de los afectos, con el objetivo de reducir estas creencias y promover una sociedad mucho más igualitaria

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1 UNIVERSIDAD DE SEVILLA FACULTAD DE FILOSOFÍA Curso 2023/2024 Resistencia epistémica a la evidencia en las creencias machistas Trabajo de Fin de Grado Autora: Belén Godoy Domínguez Tutor: Jesús Navarro Reyes 2 3 Agradecimientos A mi madre, por ser mi apoyo fundamental y mi inspiración constante. A Juan Manuel y Claudia, por ser lo mejor que me ha dado la filosofía. A mi tutor, Jesús Navarro, por confiar y comprenderme en todo momento. Y a todas las mujeres del mundo. Para que nunca vuelvan a callarnos. 4 Resumen Debido a que actualmente vivimos en una sociedad en la que aún hay numerosas creencias machistas que provocan la opresión de las mujeres y alimentan la desigualdad, este trabajo surge con la pretensión de analizar la persistencia de dichas creencias. Dicha subsistencia tiene que ver con un asunto epistémico que se plantea dentro de los debates de epistemología feminista y de justificación de las creencias. Durante esta investigación, demostraremos tres cuestiones principales. En primer lugar, mostraremos el origen de estas creencias, las características que comparten epistémicamente y las presunciones que poseen. En segundo lugar, veremos que estas convicciones patriarcales continúan debido al fenómeno epistémico que plantea Mona Simion (2024): la resistencia a la evidencia. Para ello, llevaremos a cabo un análisis de cómo dicho fenómeno se da en las creencias machistas, en el que entran en juego las razones prácticas, apoyándonos en Rima Basu (2019). Y, en tercer lugar, ofreceremos una solución basada en la conjunción del responsabilismo con la teoría de los afectos, con el objetivo de reducir estas creencias y promover una sociedad mucho más igualitaria. Palabras claves: creencia, machismo, resistencia a la evidencia, responsabilismo, teoría de los afectos. Abstract Due to the fact that we currently live in a society where numerous sexist beliefs still cause the oppression of women and fuel inequality, this work arises with the intention of analyzing the persistence of such beliefs. This persistence is related to an epistemic issue that arises within the debates of feminist epistemology and the justification of beliefs. During this research, we will demonstrate three main points. First, we will show the origin of these beliefs, the characteristics they share epistemically, and the assumptions they hold. Second, we will see that these patriarchal convictions persist due to the epistemic phenomenon proposed by Mona Simion (2024): resistance to evidence. For this purpose, we will analyze how this phenomenon occurs in sexist beliefs, where practical reasons come into play, drawing on Rima Basu (2019). And third, we will offer a solution based on the conjunction of responsibilism with affect theory, with the aim of reducing these beliefs and promoting a much more egalitarian society. Keywords: Belief, sexism, resistance to evidence, responsibility, affect theory 5 Índice Introducción ............................................................................................................................... 6 Capítulo 1: Estado de la cuestión ............................................................................................. 10 1.1.- Epistemología Feminista .............................................................................................. 10 1.2.- Justificación de Creencias: el Deber de Creer ............................................................. 12 1.2. 1- Intelectualismo ...................................................................................................... 14 1.2.3.- Intrusión Pragmática ............................................................................................. 15 Capítulo 2: Naturaleza de las Creencias Machistas ................................................................. 17 Capítulo 3: Resistencia a la Evidencia en las Creencias Machistas ......................................... 21 3.1.- Resistencia a la Evidencia ............................................................................................ 21 3.2.- El Caso de las Creencias Machistas ............................................................................. 24 3.2.1.- Radical Moral Encroachment ................................................................................ 25 3.2.2.- Canceladores epistémicos ..................................................................................... 27 3.2.3.- Un caso práctico .................................................................................................... 28 Capítulo 4: Responsabilismo y teoría de los afectos: una posible solución ............................ 31 4.1.- Responsabilismo .......................................................................................................... 31 4.2.- Teoría de los Afectos ................................................................................................... 34 Conclusiones ............................................................................................................................ 39 Bibliografía .............................................................................................................................. 41 6 Introducción La realidad histórica dirigida por los diferentes ámbitos del saber: la ciencia, el arte, la literatura y, en concreto, la filosofía; ha estado dominada bajo la mirada masculina, relegando así a la mujer en un segundo plano de manera constante. Afortunadamente, cada vez hay más disciplinas que dan voz a todo un género oprimido durante siglos. No obstante, en la sociedad actual, aún perviven múltiples creencias que consideran la inferioridad de la mujer. Estas creencias son las denominadas creencias machistas, las cuales, son alimentadas estructuralmente 1 por el patriarcado. ¿Cómo podemos explicar que, en una comunidad donde ha habido múltiples avances en materia de género, sigan persistiendo actitudes machistas propiciadas por creencias erróneas? ¿Cómo es posible que, tras una instauración de un corpus teórico feminista 2 , siga habiendo opresión y desigualdad? Son esas preguntas las que motivan el presente trabajo, con el objetivo de indagar las razones por las cuales las creencias machistas aún tienen una presencia notoria en nuestra sociedad actual. La respuesta a estas cuestiones tan complicadas, hemos de buscarlas en el ámbito del conocimiento y más en concreto, desde la epistemología social. En primer lugar, por el poder que tiene el conocimiento. Cuestiones como: ¿Qué podemos conocer? ¿Cómo conocemos?, han conformado las bases del pensamiento moderno (y no sólo moderno, la cuestión del conocimiento es tan antigua como el nacimiento de la filosofía). Sin ir más lejos, a Descartes le preocupaba fehacientemente el conocimiento y la verdad, tanto, que se esforzó en construir un método científico para obtener una certeza 1 Lo explicaremos más detenidamente en el apartado: Naturaleza de las creencias machistas. 2 Aunque durante la Antigüedad y la Edad Media ya había pinceladas del pensamiento feminista, fue a partir de la Ilustración cuando se elaboró un corpus filosófico que construyeron las bases del feminismo. Esto desembocó en la elaboración de la primera declaración en la que se tuvo en cuenta los derechos de la mujer: La Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadanía, escrita en 1971. Esto supuso un antes y un después, ya que, un año más tarde, saldría a la luz La vindicación de los derechos de la mujer, de Mary Wollstonecraft, obra revolucionaria en el pensamiento feminista. Véase (De Gouges, 2009, pp. 267-279) y (Wollstonecraft, 2018). 7 indubitable libre de cualquier error. Y esto lo llevó a cabo gracias a la duda metódica, solo dudando de todo cuanto existe, llegó a la certeza del Cogito ergo sum. Planteémonos entonces, con qué objetivo escribió El Discurso del Método o Meditaciones Metafísicas. Su fin no era otro sino rebatir las tesis escépticas que por ese entonces rodeaban el ambiente intelectual (Gallego & Muñoz, 2008, pp. 7-9). He aquí la cuestión: el escepticismo. Esta corriente fue esencial para articular todo un sistema gnoseológico y epistemológico a partir de la razón, en el caso de Descartes, Spinoza o Leibniz (racionalismo) y a partir de la experiencia (empirismo) en el caso de Hume o Locke (aunque Hume comparte tintes escépticos en su teoría de la causalidad) 3 . Es indudable pues, el estatus del conocimiento y la suma preocupación por el mismo. Hay que considerar que, de manera innegable, el conocer puede dar el paso a cambiar las cosas. Eso es lo que defendió Spinoza en una de sus obras principales, Ética demostrada según el orden geométrico y así lo expresó en la V parte 4 : Así, pues, quien intenta moderar sus afectos y apetitos por el solo amor a la libertad, ése se esforzará cuanto puede en conocer las virtudes y sus causas, y en llenar el ánimo del gozo que nace de su verdadero conocimiento; pero de ningún modo en contemplar los vicios humanos y denigrar a los hombres, ni en alegrarlos con una falsa apariencia de libertad. Y quien observe con diligencia estas cosas (pues tampoco son difíciles) y las ejercite, ése podrá en un breve espacio de tiempo dirigir casi siempre sus acciones según el mandato de la razón. (Spinoza, 2000, pp. 245) Esto quiere decir, en resumen, que solo conociendo las causas que determinan los afectos, podremos modificarlos. Es cierto que es un tanto atrevido afirmar con tal rotundidad que conocer implica capacidad de cambiar aquello que se conoce (constituye un debate bastante amplio), pero sabemos que sin conocer qué es lo que determina algo, es muy difícil poder transformarlo. Por tanto, si tenemos la ambición de combatir con las estructuras patriarcales y las creencias machistas de nuestra sociedad, hay que entender cómo funcionan, cuál es su fundamentación y por qué aún persisten en nuestra realidad. Esas son las pretensiones de nuestro trabajo y lo que nos lleva de lleno a la epistemología social. La epistemología social, y más específicamente, la epistemología contemporánea de los últimos años, no se centra tanto en el problema de la verdad, sino que se focaliza en la justificación de creencias y en las prácticas sociales del conocimiento, en relación con el 3 Aunque pongamos ejemplos de la Modernidad, hay múltiples autores que, a lo largo de la historia de la filosofía, trataron la cuestión del conocimiento. 4 La V parte de Ética demostrada según el orden geométrico, versa sobre la potencia del entendimiento. 8 género, la política, la ética, y numerosas disciplinas. Investiga sobre cómo los humanos transmiten, almacenan, revisan, etc., conocimiento (Fricker et al., 2020, pp. 16). El conocimiento, a lo largo de la teoría del conocimiento, ha sido definido como: “creencia verdadera justificada”. Es decir, para que algo sea atribuido o considerado conocimiento, tenía que cumplir las condiciones de verdad, de creencia y de justificación. Dicha concepción la vemos ya en el Teeteto, de Platón, cuando Sócrates pregunta: “¿Estás, entonces, satisfecho con ello y dispuesto a sostener que una opinión verdadera acompañada de explicación es saber? (Teeteto, pp. 202c), si bien la postura es presentada para criticarla. En 1963, el filósofo estadounidense Edmund Gettier publicó un artículo: “Is Justified True Belief Knowledge?”, ofreciendo dos contraejemplos que refutaba la definición tripartita de conocimiento. Fue conocido como el problema de Gettier 5 , el cual consistió en demostrar, a través de los casos sobre Smith y Jones, que, aunque se posea una creencia verdadera y justificada, no necesariamente constituye conocimiento (Gettier et al., 2013, pp. 189-193). Y es que, a veces, una creencia puede ser verdadera por suerte 6 , por puro azar y no porque esté sólidamente justificada. Es por ello por lo que muchos autores han reivindicado la importancia de la justificación en las creencias, asunto que trataremos más adelante. Para el análisis epistémico de las creencias machistas, la justificación será esencial, pues carecen de solidez suficiente como para que constituyan conocimiento 7 verdadero. Es importante destacar que, aunque la cuestión de la verdad no sea un asunto primordial 8 en la epistemología social (ámbito en el que enmarcamos este trabajo), y que esta va a ser asumida en la mayoría de los casos; bien es cierto que el conocimiento es un bien epistémico y que es importante cuidar nuestras prácticas racionales. Para realizar un análisis fructífero, tendremos no sólo que considerar el fin del conocimiento y de la verdad, sino también el intentar no producir daño epistémico ni daño moral (argumentaremos que, al producir daño epistémico se produce inevitablemente un daño moral y viceversa). Esto es fundamental, dado que las 5 Los casos de Gettier fueron propulsores de numerosos debates, dando lugar a la formulación de contraejemplos, como el de la oveja en el campo de Chisholm (1989) o el de los falsos graneros de Alvin Goldman (1976) y tendencias en epistemología como fiabilismo o epistemología de virtudes. 6 Esta suerte, en epistemología, es denominada como suerte epistémica. Autores como Duncan Pritchard han escrito numerosos artículos sobre ello. 7 En el caso de las creencias machistas, vamos a trabajar con el conocimiento proposicional, pero cabe mencionar que hay 3 formas de conocimiento: proposicional (saber qué), relacionado con las habilidades y capacidades del agente (saber cómo o saber hacer) y conocimiento por familiaridad (s conoce x). Véase Navarro (2022). 8 Hablar sobre la naturaleza de la verdad sería una cuestión metafísica de la que no nos ocuparemos en este trabajo. Procederemos a suponer su existencia y nos centraremos en la justificación que nos acerca a ella. 9 creencias machistas no sólo son creencias mal justificadas e irracionales (veremos por qué), sino que, además, son creencias que hacen daño a los agentes epistémicos y no sólo a las mujeres, que resultan acalladas, oprimidas, silenciadas, etc., sino que también afectan a todos los individuos que convivimos conjuntamente en la sociedad. Es por ello por lo que, decidimos centrar nuestra investigación en las raíces y persistencias de estas dañinas convicciones. Elegimos la rama de la justificación de creencias y el análisis racionalista del proceso de formación de estas, ya que es importante poner el foco en las ideas erróneas sobre la concepción de la mujer y de los hombres que propulsa el patriarcado. La epistemología feminista se ha centrado, como veremos en el siguiente apartado, en determinar cómo el conocimiento se ve afectado por el género (también sobre la raza o la orientación sexual), poniendo el eje en la parte oprimida. Desde nuestro trabajo, vemos significativo destacar aquello en lo que epistémicamente fallan las creencias cotidianas de los individuos, para identificar por qué siguen subsistiendo (incidiendo en su resistencia a la evidencia) pese a estar erróneamente probadas y evitar que se sigan provocando injusticias para conseguir una sociedad muchísimo más igualitaria. Para ello, dividiremos el texto en 4 capítulos principales: En el Capítulo 1: “Estado de la Cuestión”, hablaremos de las últimas investigaciones en epistemología feminista y de las tendencias que se encuentran dentro del debate de la justificación de creencias. En el Capítulo 2: “Naturaleza de las Creencias Machistas”, trataremos el origen de las creencias machistas, señalando su procedencia y veremos cuáles son las características de las mismas. En el Capítulo 3: “Resistencia a la Evidencia en las Creencias Machistas”, analizaremos la persistencia de estas convicciones patriarcales. Lo haremos a través del concepto “resistencia a la evidencia”, desarrollado por Mona Simion (2024) e indagaremos en los motivos por los cuáles el sujeto no logra formar la creencia correcta, a pesar de poseer suficiente evidencia disponible. Esto lo explicaremos a través de la intrusión moral radical de Rima Basu (2019) y los canceladores epistémicos de Jeniffer Lackey (2014). En el Capítulo 4: “Responsabilismo y Teoría de los Afectos: una posible solución”, aportaremos dos alternativas mediante las cuales podríamos reducir el fenómeno de las creencias machistas. 16 prácticas pueden variar. Esto se ha explicado con el ejemplo del banco 16 . Supongamos dos casos: En el primero, dos personas vuelven a casa un viernes y tienen en mente pasar por el banco para depositar dinero. Como había una larga fila para acceder al banco, deciden no depositar el dinero, basándose en la creencia de una de ellas de que el banco abrirá el próximo día. Esta creencia la posee porque el sábado anterior abrió, por lo tanto, infiere que mañana, al ser sábado, también abrirá. En este caso, lo que está en juego es una baja apuesta, puesto que como no les urge depositar el dinero, no pasa nada si mañana el banco no resulta abierto. En el segundo, se plantea la misma situación, pero, lo único que cambia, es lo que está en juego. En este caso, la apuesta es mucho más alta, ya que es muy importante que depositen los sueldos porque tienen que pagar una deuda. Aquí, como lo que está en juego es mucho mayor, no se arriesgan si no tienen una certeza de que el banco abrirá mañana. Con esto se demuestra que, el grado de suficiencia de la evidencia que es requerido para saber si el banco estará abierto, depende, en gran medida, de razones prácticas (Rimoldi, 2022). Las variantes de la intrusión pragmática son múltiples. Hay numerosas formas de defender esta posición, ya sea de manera más radical o no. Posteriormente, explicaremos la intrusión moral radical de la mano de Rima Basu, para afirmar que se da intrusión pragmática en las creencias machistas. 16 Los casos de Hannah y Sarah son planteaos por Stanley (2005) para dar ejemplos de casos que motivan la intrusión pragmática. 17 Capítulo 2: Naturaleza de las Creencias Machistas Los casos paradigmáticos que mostraremos para, en primer lugar, explicar de dónde proceden las creencias machistas y, en segundo lugar, entender por qué resisten a la evidencia, serán casos donde el agente, independientemente de su género, niegue el fenómeno del machismo o del patriarcado. Según la socióloga Ana D. Cagigas Arriazu, el patriarcado es el sistema de dominación de género más opresor. Lo define exactamente de la siguiente manera: “la relación de poder directa entre los hombres y las mujeres en las que los hombres, que tienen intereses concretos y fundamentales en el control, uso, sumisión y opresión de las mujeres, llevan a cabo efectivamente sus intereses. Esta relación de poder provoca desigualdad entre los dominadores: los hombres, y los subordinados: las mujeres” (Cagigas, 2000, pp. 307). El sistema de dominación se ha basado, desde sus orígenes más primitivos, en un conjunto de creencias que sitúan a la mujer por debajo del hombre y que no solo afirma su inferioridad, sino que, además, durante toda la Historia, vemos que filosóficamente, la mujer siempre ha sido concebida bajo la mirada del hombre. Y ahí es donde justamente entra el machismo. Entendemos que es el conjunto de creencias, actitudes y pensamientos que superponen al hombre por encima de la mujer. Estas creencias, propiciadas por esa relación de poder, son múltiples. El sistema patriarcal ha promovido pensamientos como, por ejemplo, que las mujeres debían exclusivamente dedicarse a cuidar a los hijos, que las mujeres no pueden votar, ni ocupar los grandes puestos de empresas o de las disciplinas académicas, que son más débiles y sensibles (entendida esta sensibilidad como algo negativo) que los hombres y un largo etc. Sin embargo, estas convicciones no solo afectan a la mujer, sino que el patriarcado responde a un sistema de creencias estructurales que presupone, de facto, qué es ser un hombre y qué es ser una mujer. Por ejemplo, que los hombres no pueden llorar, no pueden mostrarse débiles, son un ejemplo de creencias machistas que afectan a los hombres. Sin ir más lejos, tan grande es la influencia del patriarcado también en los hombres, que ni siquiera ellos piensan jamás en lo que significa ni cómo se mantiene (Hooks, 2004, pp. 38-48). 18 ¿Qué es lo que epistémicamente nos interesa de estas creencias? En primera instancia, que son creencias estructurales, lo que significa que están cultural y socialmente arraigadas. Esto provoca que, los individuos que pertenecen a una sociedad machista y heteropatriarcal 17 , tienen distorsionada la realidad y conciben como verdadero algo que es opresor y perjudicial. En segunda instancia, y derivado de la primera premisa, al ser algo fuertemente aprendido, las creencias machistas, de primera, no parecen ser algo de lo que poseamos algún tipo de control. Esto choca frontalmente con una de las implicaciones que ofrece Miriam McCormick en su libro: Believing Against the Evidencie. Agency and the Ethics of Believe”. Esa implicación expresa que tenemos un control sólido sobre muchos de nuestros pensamientos y creencias. Este control, afirma, que es suficiente como para fundamentar las atribuciones de responsabilidad por las creencias (McCormick, 2016, pp. 1-9). Sin embargo, las creencias machistas son creencias que asumimos de manera inconsciente, dado a que también hay parte de esas creencias que se transmiten de manera sutil: esto son los denominados micromachismos. A pesar de ello, la responsabilidad de estas creencias, aunque sean asumidas de manera innata, en ningún momento queda eximida. El machismo existe, el patriarcado existe, el hecho de que sea invisible no da derecho a negar la realidad. De hecho, argumentaremos en la siguiente parte que negar las evidencias de que existe el machismo y la violencia de género, es funcionar mal epistémicamente. Las cuestiones en epistemología acerca del control de las creencias tienen que ver con el voluntarismo doxástico. El voluntarismo doxástico afirma que poseemos control sobre lo que creemos, es decir, trata sobre la capacidad de cambiar las creencias dependiendo de la voluntad del sujeto. Hay dos tipos de voluntarismo doxástico: en primer lugar, el voluntarismo doxástico directo. Sostiene que el control sobre algunas creencias es directo, sin estar intermediado por ningún factor. La consecuencia de este tipo de voluntarismo es que somos responsables directos de nuestras creencias y se nos puede atribuir la culpa epistémica. En segundo lugar, el voluntarismo doxástico indirecto afirma que las creencias están intermediadas por multitud de acciones. El control en este tipo de voluntarismo se reduce a la responsabilidad que tenemos para evaluar nuestras creencias y comprobar si son verdaderas o falsas (Vitz, 2024). En las creencias machistas, se da este último tipo de voluntarismo. Aunque no decidamos formar una creencia machista a voluntad, sí que podemos tener acción sobre ellas 17 Por supuesto, el machismo y el patriarcado no afecta de igual forma a todas las sociedades y culturas. Depende también de otros factores como, por ejemplo, las condiciones materiales. Hay sociedades en las que el feminismo ha conseguido erradicar más y otras en las que apenas hay avances feministas. 19 en la medida en la que somos responsables de evaluarlas y comprobar su veracidad o falsedad. En la última parte de este trabajo, hablaremos sobre responsabilismo y virtudes intelectuales. Si algo comparten las creencias machistas, es de la idea de la que parten. Todas las suposiciones que hemos mencionado acerca de los roles que deben ocupar los hombres y las mujeres en una sociedad y los estereotipos y prejuicios que se derivan de ellas, parten de un supuesto esencialista que asume que existe una idea acerca de lo que es ser hombre y de lo que, por tanto, debe ser un hombre y que existe algo que dictamina qué es ser una mujer. Esta problemática tiene que ver con la naturaleza biológica y es de índole metafísica. Veamos un ejemplo: Efectivamente, la teoría del eterno femenino sigue contando con adeptos que susurran: “Hasta en Rusia, las mujeres siguen siendo mujeres”, otras personas bien informadas – que suelen ser las mismassuspiran: “La mujer se pierde, la mujer se ha perdido”. Ya no sabemos demasiado si sigue habiendo mujeres, si las habrá siempre, si es deseable o no, qué lugar ocupan en este mundo, qué lugar deberían ocupar. “¿Dónde están las mujeres?”, preguntaba hace poco una revista de publicación irregular. Para empezar: ¿qué es una mujer? “Tota mulier in útero: es una matriz”, dicen unos. Sin embargo, cuando hablan de algunas mujeres, los entendidos decretan: “No son mujeres”, aunque tengan un útero como todas las demás. (Beauvoir, 1949, pp. 34). En este pasaje, una de las pensadoras feministas más importantes de la historia de la filosofía, nos muestra cómo las ideas provienen de un esencialismo y se reducen sobre todo a cuestiones biologicistas. Estas ideas, además de ser epistémicamente erróneas, dado que no existe algo inmutable y fijo a lo que podamos llamar ser mujer ni ser hombre; también son producen daño epistémico y daño moral al género oprimido. Vemos como la normatividad epistémica y la práctica entran en juego y están intrínsecamente relacionadas la una con la otra. He aquí un ejemplo de daño epistémico: A veces me he sentido irritada en una discusión abstracta cuando un hombre me dice: “Usted piensa tal cosa porque es una mujer”; yo sabía que mi única defensa era contestar: “Lo pienso porque es verdad”, eliminando así mi subjetividad; no podía replicar: “Y usted piensa lo contrario porque es un hombre”, pues se da por hecho que ser un hombre no es una singularidad; un hombre está en su derecho de ser hombre, la que se equivoca es la mujer. (Beauvoir, 1949, pp. 36) ¿Qué es lo que ocurre epistémicamente en la cita que expresa Simone de Beauvoir en su obra más famosa El segundo sexo? Epistémicamente, al tener en nuestra mente creencias que provienen de un esencialismo, caemos en el error de anular epistémicamente a la otra persona, por los numerosos prejuicios que invaden nuestro pensamiento (de esto versa la 20 injusticia epistémica de Miranda Fricker). Vemos cómo Simone de Beauvoir (y la mayoría de las mujeres a lo largo de la historia), expresa la anulación como sujeto, tanto portador de conocimiento, como de transmisión de conocimiento, que sufre simplemente por ser una mujer. Esta anulación se produce por las creencias machistas y las concepciones erróneas sobre el género. Hay que prestar atención en que, el hombre que afirma: “usted piensa tal cosa porque es una mujer”, ha obviado el contenido epistémico de lo que la mujer (en este caso, Beauvoir) le ha querido transmitir, por lo tanto, como veremos a continuación, está funcionando mal epistémicamente al negar adquirir conocimiento porque simplemente proviene de una mujer. No está aprovechando un bien epistémico tan valioso como es el conocimiento. En este trabajo, como ya hemos mencionado anteriormente, no nos centraremos tanto en analizar la posición de las mujeres ni de las personas que sufren el daño epistémico, sino que veremos por qué todas estas creencias que parecen antiguas y convencionales siguen persistiendo en nuestra sociedad. Para ello, requerimos de un examen racional de dichas creencias, deteniéndonos por qué resisten a la evidencia. Lo mostraremos a continuación. 21 Capítulo 3: Resistencia a la Evidencia en las Creencias Machistas 3.1.- Resistencia a la Evidencia En su artículo “Resistance to evidence and the duty of believe”, Mona Simion (2024) desarrolla una explicación de la resistencia a la evidencia, un fenómeno que, tal y como reivindica la autora, está muy poco investigado en la filosofía, perteneciendo un poco más al campo de la psicología social. El objetivo principal de la autora es construir una epistemología positiva basada sobre todo en el deber epistémico que tenemos de formar una creencia en el caso de que tengamos suficiente evidencia disponible para creerla. Esto implica que, si no logramos formar una creencia en el caso de que dispongamos de evidencia suficiente disponible, estamos desobedeciendo del deber de creer. De acuerdo con Simion, es importante dedicar unas líneas a las obligaciones epistémicas, debido a la importancia de adquirir conocimiento y realizar un buen funcionamiento epistémico (Simion, 2024, pp. 203). Sin embargo, desde nuestra aportación, consideramos que es importante no solo tener en cuenta como fin último el conocimiento y el desarrollo de prácticas racionales correctas, sino que también hay que tomar en consideración el no ocasionar daño epistémico ni moral a otras personas con nuestras creencias. Defenderemos pues un equilibrio entre normatividad epistémica y normatividad práctica, que llegará a satisfacer ambos objetivos. Para explicar la resistencia a la evidencia, Mona Simion pone 7 ejemplos diferentes. La variedad de ejemplos tiene que ver con la variedad de fuentes del conocimiento. El conocimiento lo podemos adquirir o se puede transmitir a través de la percepción, del a priori (intuición), de la introspección, de la memoria, del testimonio o de la inferencia inductiva, entre otros. Veamos con detenimiento los 7 casos: 1.- Injusticia testimonial: Anna es experta en la geografía de Glasgow y le dice a George que Glasgow Central se encuentra a la derecha. George cree que no se puede confiar en las mujeres y, por lo tanto, no logra formarse la creencia correspondiente. 22 2.- Negligencia política: Bill es un seguidor del presidente Dump. A pesar de todas las pruebas que existen sobre que Dump es un mal presidente, Bill se niega rotundamente a creer que lo sea. 3.- Escepticismo científico: Neda es muy cuidadosa a la hora de creerse las afirmaciones de la comunidad científica. De hecho, cada vez que Expertos reconocidos y fiables afirman que se está produciendo un cambio climático o que las vacunas son seguras, Neda suspende sus creencias pensando que los científicos a veces se equivocan, por lo que decide hacer su propia investigación. 4.- Falta de respuesta perceptiva: Alice mira a la mesa frente a ella, pero no logra creer que hay una mesa justo delante suya. 5.- Optimismo injustificado: María es optimista. Cuando su compañero Dan pasa cada vez más horas nocturnas en la oficina, ella se alegra de que su carrera vaya tan bien. Cuando él llega a casa oliendo a perfume, ella piensa en el buen gusto que tiene en fragancias. En definitiva, se alegra por cada cosa que le pase y tiende a formar solo creencias positivas en torno a Dan. 6.- Atención mal dirigida: un profesor racista enseña matemáticas en la universidad. Él cree que las personas de color son menos inteligentes que los blancos. Como resultado, cada vez que hace una pregunta, su atención se dirige automáticamente a los estudiantes blancos, de modo que ni siquiera se da cuenta de que los estudiantes negros levantan la mano. 7.- Detective amigable: el detective Dave está investigando la escena de un crimen. Dave es extremadamente minucioso, pero, al mismo tiempo, un amigo cercano del mayordomo. Dave encuentra pruebas concluyentes de que el mayordomo es el asesino, sin embargo, no logra formase dicha creencia, puesto que no puede concebir que su amigo hiciese tal cosa. Después de exponer los siguientes casos, Mona afirma que, aunque todos los ejemplos se diferencian en las fuentes de conocimiento, todos tiene en común que tienen pruebas fácilmente disponibles que no aprovechan. Todos son ejemplos de mal funcionamiento epistémico porque se resisten a la evidencia disponible (Simion, 2024, pp. 204-205). Pero ¿qué consideramos un mal funcionamiento epistémico o un buen funcionamiento epistémico? Para ello, la autora aporta definiciones claves. En primer lugar, la del deber de creer (The Duty to Believe, DTB), que afirma que un sujeto S tiene el deber epistémico de 23 formarse una creencia de que p si existe evidencia suficiente e indiscutible de que S apoya a p. Este deber, según Simion, es independiente de que los sujetos conozcan las normas. En segundo lugar, ofrece la definición de resistencia a la evidencia como mal funcionamiento epistémico (Resistance to Evidence as Epistemic Malfunction (REEM). Este mal funcionamiento tiene que ver con el proceso de formación de creencias. Si ese proceso de creencias P de un sujeto S funciona mal epistémicamente si hay suficiente evidencia que respalde p que esté fácilmente disponible para ser abordada a través de P y S no logra formar una creencia de que p. Apliquemos uno de los ejemplos que ponía la autora para poder comprenderlo mejor. En el caso 1, George está incumpliendo su deber epistémico porque tiene la evidencia suficiente disponible de que Glasgow Central está a la derecha. La puede poseer a través del testimonio de Anna, pero no logra formarse la creencia porque no aprovecha la evidencia disponible, debido al prejuicio de que es una mujer. Por tanto, al incumplir su deber epistémico, Georges está además funcionando mal epistémicamente por no aprovechar la evidencia disponible (Simion, 2024, pp. 205-206). Pero ¿qué es una evidencia? De acuerdo con el evidencialismo, la evidencia conforma una garantía de conocimiento, es decir, disponer de suficiente evidencia, nos acerca al conocimiento, que es lo importante para esta autora y para los intelectualistas. Simion define la evidencia como indicadores de conocimiento. Esa evidencia tiene que estar disponible, es decir, que estemos en condiciones de conocer. La definición exacta de evidencia como indicador de conocimiento es la siguiente: un hecho e es evidencia para uno para una proposición p en caso de que uno esté en condiciones de conocer e, y su probabilidad evidencial de que p sea el caso condicional a e sea mayor que la probabilidad evidencial incondicional de que p sea el caso. ¿Qué quiere decir que alguien esté en condiciones de conocer algo? La autora afirma que, en su opinión, estar en condiciones de conocer tiene que ver con que la evidencia se encuentre disponible, ya sea conformada por hechos internos de cada uno o hechos en el mundo (Simion, 2024, pp. 207-208). Así mismo, plantea en contraposición a la evidencia como indicador de conocimiento, la definición de derrotadores como indicadores de ignorancia, que afirma que, un hecho d es un derrotador de la evidencia (e) de S para la proposición p si y solo si S está en posición de conocer d, y la probabilidad evidencial de S de p condicional a e y de es menor que la probabilidad evidencial de S de p condicional a e (Simion, 2024, pp. 207). Se entiende pues que, si un sujeto S no logra formar una creencia p teniendo una evidencia e disponible, estaría haciendo algo mal epistémicamente y por tanto, seguiría estando en la ignorancia respecto a e. 24 La autora también menciona las limitaciones cuantitativas de la posición de saber. Hemos dicho que un sujeto tiene obligaciones epistémicas, pero somos conscientes de que los sujetos tienen límites cognoscitivos. Un sujeto, explica Simion, puede abarcar solo un número de procesos limitados de generación de conocimiento. La obligación epistémica abarcará entonces lo que el sujeto sea capaz de procesar (Simion, 2024, pp. 208-211). 3.2.- El Caso de las Creencias Machistas La posición de Simion es una posición normativa, ya que sostiene que la normatividad epistémica de los deberes epistémicos de creer tiene que ver con el buen funcionamiento epistémico y la importancia de generar conocimiento. Desde nuestro análisis, defenderemos esto además de darle relevancia también a no generar daño epistémico ni moral al sujeto. ¿Por qué es importante mantener los dos objetivos? En primer lugar, porque la normatividad epistémica y la normatividad práctica están en constante relación. Pongamos el siguiente ejemplo: un hombre cree que la mujer debe ser de su propiedad y solo se debe dedicar a las labores domésticas. Como el hombre posee una creencia de corte machista, supone que la mujer está en una condición de inferioridad con respecto a él. Imaginemos que contrae matrimonio con una mujer que es conocedora de su valía y su autosuficiencia. Esta mujer no va a cumplir las expectativas que el hombre tiene sobre lo que es una mujer (de nuevo, fundado en una posición esencialista), por lo tanto, hará todo lo posible porque se cumpla, aunque eso suponga ejercer contra la mujer una violencia psicológica y/o física. ¿Qué es lo que vemos en este ejemplo? Las creencias machistas del hombre son erróneas porque están basadas en una idea irracional que sostiene que la mujer es inferior al hombre. El hombre, por lo tanto, no ha comprobado sus creencias ni ha realizado un buen trabajo epistémico, dado que asume esas creencias como una verdad absoluta, a pesar de que esa verdad resulta perjudicial para otros sujetos (como las mujeres). Que no haya llevado a cabo un buen funcionamiento epistémico supone un riesgo, no sólo para la práctica epistémica, sino también para la racionalidad práctica. ¿Por qué? Porque en base a esas creencias, el hombre va a llevar a cabo una acción, una acción bastante peligrosa como lo es ejercer violencia contra una mujer. Por lo tanto, el mal funcionamiento epistémico ocasiona un daño moral en este caso. En el caso de Anna, el caso que exponía Simion, el daño que se provocaba era 25 epistémico, generando una injusticia testimonial. Por lo tanto, es importante tener en cuenta como fin el conocimiento, pero también el no ocasionar daño, ni moral ni epistémico a alguien. De hecho, el no querer generar daño moral puede ser una razón práctica motivante que nos lleve a revisar las creencias que provocan daño a otros. Al fin y al cabo, los casos con mal funcionamiento epistémico, afirma Simion, contienen características moralmente problemáticas, debido a que, si fuesen epistémicamente irreprochables, no podrían ser moralmente censurables (Simion, 2024, pp. 205). Simion ofrece un planteamiento normativo sobre el deber de creer. Nuestra aportación será analizar cómo las creencias machistas resisten a la evidencia, es decir, en primera instancia, mostraremos un planteamiento descriptivo acerca de lo que sucede en estas creencias. Argumentaremos que, no sólo se resisten a la evidencia, sino que también entran razones prácticas en juegos, además de que se producen canceladores epistémicos. Para demostrar lo primero, nos basaremos en la intrusión moral radical de Rima Basu y para lo segundo, en los canceladores epistémicos de Jennifer Lackey. 3.2.1.- Radical Moral Encroachment En su artículo “Radical Moral Encroachment: The Moral Stakes of Racist Beliefs”, Rima Basu (2019) aborda dos principales pretensiones. En primer lugar, demuestra a través de creencias racistas, que los estándares epistémicos que gobiernan las creencias no son independientes de las consideraciones morales y que creer pragmáticamente en una creencia racista no sólo no se presta atención al riesgo epistémico de estar equivocado, sino que tampoco se presta atención al riesgo moral distintivo de hacer daño a otros. Esto último es lo que hemos demostrado anteriormente en el ejemplo del hombre mencionado arriba. Y en segundo lugar, sostiene que la intrusión moral radical no es una extensión de la intrusión pragmática (Basu, 2019, pp.9). Rima Basu sostiene que un agente que convive en una sociedad racista es más propenso a poseer creencias racistas. Esto es también lo que ocurre en el caso de las creencias machistas. La tesis central de esta autora es que, en la justificación epistémica de las creencias, también encontramos apuestas morales que determinan cómo formamos la creencia. Sin embargo, vemos como la autora considera la evidencia como un indicador de conocimiento, dado que, a 32 de científicos y de filósofos masculinistas que gozan de laboratorios y de abundantes subvenciones y, el nosotras, a las “otras”, esas mujeres a quienes -fuera de nuestros limitados círculos, en los cuales el periódico más vendido sólo puede alcanza unos cuantos miles de lectoras, la mayoría de ellas opuestas a la cienciase nos prohíbe no tener un cuerpo o poseer un punto de vista o un prejuicio en cualquier discusión. (Haraway, 1995, pp. 313-314) Es por ello por lo que ahora más que nunca, tenemos que seguir luchando para que se nos escuche, para que salgamos en los libros y puedan tomarnos como sujetos de conocimiento con los mismos derechos y las mismas facultades que un hombre. Ya hemos defendido, a lo largo de todo este trabajo, que las facultades cognoscitivas nada tienen que ver con el sexo biológico, con ser mujer o hombre, sin que esto signifique afirmar que el género no influye en las prácticas de conocimiento. Hemos demostrado cómo las creencias basadas en prejuicios y en estereotipos, basadas en presuposiciones erróneas, son creencias perjudiciales, tanto para los individuos como sujetos de conocimiento, como para las prácticas del conocimiento. Si la persistencia de las creencias machistas está intrínsecamente relacionada con un mal funcionamiento epistémico y un error en el proceso de formación de creencias, entonces habrá que reivindicar y esforzarse por fomentar la racionalidad individual, de cara a un beneficio colectivo. Hemos observado la solidez del patriarcado, unas creencias tan arraigadas e imperceptibles a veces, requerirán de un proceso largo y costoso para poder ser erradicadas. Y el trabajo siempre empieza por lo más pequeño. ¿Por qué propiciar una racionalidad individual? Porque cada individuo, al ser un sujeto con disposiciones a saber, debe ser responsable de sus prácticas epistémicas y porque, si nos ocupamos de lo que sabemos y cómo afecta lo que sabemos, si nos ocupamos de saber y conocer bien, correctamente, no fomentaremos creencias erróneas que hagan daño al otro; o si las formamos de manera involuntaria, tendremos herramientas para detectar qué es una buena justificación y qué no lo es, qué es una creencia racional y qué no lo es. Si hacemos nuestro trabajo epistémico, mejoraremos nuestras prácticas de conocimiento interpersonales. Aquí pues, es donde entra la tarea del responsabilismo. El responsabilismo es una posición adoptada por Lorraine Code que se opone al fiabilismo de Ernest Sosa, siempre y cuando sea el conocimiento lo que se examina. El responsabilismo pretende darle importancia epistémica al sujeto, a su medio y a la comunidad epistémica. Esta teoría busca poner énfasis en la actividad de los agentes epistémicos. Y es que, los sujetos son eso, agentes epistémicos que tienen agencia, agencia de cambiar sus creencias. El fiabilismo de Sosa es considerado por Code como una posición que puede tener conocedores más pasivos, pues el fiabilismo tiene 33 que ver con la verdad y el respaldo epistémico. Esto puede ser posible porque, un sujeto “fiable” puede simplemente registrar experiencias con facilidad, pero no requiere necesariamente la cualidad de la responsabilidad (Code, 2013, pp. 417-418). La autora analiza el concepto de virtud elaborado por Aristóteles, el cual consistía en el modo de ser por el cual el hombre realiza bien su función propia. A Lorraine Code, lo que le interesa es el ejercicio de las virtudes específicas para un mejor desarrollo del conocimiento. Entre las virtudes que destaca Aristóteles, ella considera como virtudes intelectuales la inteligencia, la sabiduría y la prudencia. Este último no es entendido del modo en el que lo mostraba Aristóteles, ya que este distinguía entre la sabiduría teórica y práctica. La prudencia como virtud intelectual, está en relación con la sabiduría y puede emplearse en el ámbito ético, así como en el epistémico. La prudencia intelectual tiene que ver con reflexionar o juzgar acerca que líneas de investigación seguir, ser conscientes de nuestros límites cognoscitivos. La virtud intelectual, en resumen, tiene que ver con el término medio, así como la virtud en ética y nos ayuda a situarnos epistémicamente en el mundo (Code, 2013, pp. 418-426). ¿Qué es para esta autora una persona intelectualmente virtuosa? La filósofa responsabilista considera que: Una persona intelectualmente virtuosa valora el conocimiento y la comprensión de cómo son las cosas en realidad; resiste la tentación de vivir con explicaciones parciales cuando es posible alcanzar explicaciones más completas; resiste en la tentación de vivir en la fantasía o en un mundo de sueño o ilusión, y considera mejor saber, a pesar de la comodidad y la complacencia tentadoras que una vida de fantasía o ilusión (o una bien teñida de fantasía o ilusión) puede ofrecer. Es más fácil creer que la teoría que preferimos es verdadera y suprimir las dudas persistentes que seguir las implicaciones de esas dudas y riesgos, y tener que modificar la teoría. Algunas veces también es más sencillo creer que no podemos realizar cierta tarea (esto es, engañarnos a nosotros mismos creyendo que es demasiado difícil), que, después de una evaluación precisa de nuestras capacidades, reconocer la posibilidad de realizarla y emprenderla. Alguien intelectualmente virtuoso, en las mismas condiciones, se inclina por la segunda opción en cada caso. (Code, 2013, pp. 426-427) Lo que podemos concluir de lo que expresa la autora en la cita es que, a veces, el conocimiento resulta incómodo. Tan incómodo que muchos individuos optan por una actitud pasiva y por la ignorancia. Por supuesto que es incómodo darnos cuenta de que estamos equivocados. Quizás esa sea una de las razones, como expresábamos en el caso que ponía sobre Juan y Raquel, para no querer revisar nuestras creencias, no querer indagar en la verdad. Y si el fin no es la verdad, que sea el entendernos, el escucharnos y no hacernos daño los unos a los 34 otros. Ya hemos argumentado que, en el caso de las creencias machistas y otros tipos de creencias perjudiciales, como las racistas, etc.; el hecho de querer empatizar y comprender a la persona que tenemos en frente, el hecho de no querer hacer daño a la otra persona ayuda a revisar nuestras creencias, ayuda a hacer un buen trabajo epistémico. Hago especial hincapié en que esto solo se aplica a este tipo de creencias, ya que hay múltiples creencias y cada una deberá tener características muy diferentes. Quizás, en otras creencias, lo prioritario sea acertar en la verdad. En estas también, pero también está el fin de cuidar, tanto epistémicamente, como moralmente al otro. Por lo tanto, concluimos reivindicando la importancia del responsabilismo para mejorar las prácticas de conocimiento, pero sobre todo para adquirir una actitud intelectualmente virtuosa con el fin de revisar creencias que siguen presentes en nuestra vida, creencias que persisten a pesar de los esfuerzos por los colectivos oprimidos por erradicarlas. Un buen trabajo epistémico de cada individuo es necesario para poder ir reduciéndolas poco a poco. 4.2.- Teoría de los Afectos Defendíamos a lo largo de este trabajo dos fines concretos a conseguir cuando hablábamos de creencias machistas: responsabilismo para llevar a cabo un buen funcionamiento epistémico y el llevar a cabo acciones que tienen que ver con el cuidado moral y epistémico. Comprender, escuchar, empatizar, lo hemos definido vagamente como consideraciones prácticas, pero ¿acaso la comprensión no nos acerca al conocimiento? ¿acaso la escucha no es una fuente de conocimiento? Durante toda la tradición filosófica de teoría del conocimiento y la mayoría de las tendencias epistemológicas, nos hemos centrado solo en fuentes de conocimiento como la razón (tradición racionalista) o la percepción (tradición empirista). Sin embargo, el conocimiento también puede orientarse a cómo conocemos nuestras emociones o afecciones y a la inversa, los afectos nos proporcionan conocimiento acerca de lo que sentimos internamente y de los estados de nuestro cuerpo. De hecho, conocer nuestros afectos nos da herramientas para cambiar aquello que nos influye de manera negativa o que nos produce malestar- Así mismo, las emociones también nos ayudan a mejorar nuestras relaciones interpersonales. Veremos durante esta sección cómo puede influir en nuestras prácticas de conocimiento. 35 Será fundamental entonces hablar de Spinoza. Este filósofo racionalista de la modernidad (1632-1677), dedicó todo un sistema filosófico al estudio de las pasiones. Las analizó siguiendo un orden geométrico y a través de la razón. Nos centraremos pues, en su obra Ética demostrada según el orden geométrico, en concreto, en la parte en la que habla de los afectos y la relación que guarda con el conocimiento. Para Spinoza, los afectos y las pasiones son de la misma naturaleza que las demás cosas: “La mayor parte de los que han escrito sobre los afectos y la norma de vida de los hombres, no parecen tratar sobre cosas naturales, que siguen las leyes comunes de la naturaleza, sino sobre cosas que están fuera de la naturaleza” (Spinoza, 2000, pp. 125). De hecho, reivindica su importancia: Así, pues, los afectos de odio, ira envidia, etc., considerados en sí mismos, se siguen de la misma necesidad y virtud de la naturaleza que las demás cosas singulares; y admiten, por tanto, ciertas causas por las que son entendidos y tienen ciertas propiedades tan dignas de nuestro conocimiento como las propiedades de cualquier otra cosa, cuya simple contemplación nos agrada. (Spinoza, 2000, pp. 126) Pero ¿qué entiende Spinoza por afectos? Los afectos, para este autor, son definidos como afecciones del cuerpo con las que se aumenta o disminuye la potencia de actuar del mismo cuerpo. Esa potencia es denominada conatus El cuerpo, argumenta Spinoza, puede afectar y ser afectado de muchos modos que influyen en el conatus (su potencia de actuar). A lo largo de la tercera parte, vemos constantemente cómo el conocimiento juega un papel fundamental. Lo vemos primeramente cuando hace la distinción de ideas adecuadas e ideas inadecuadas. Si tomamos de ejemplo la Proposición número 3 de la III Parte de la Ética: “Las acciones del alma surgen sólo de las ideas adecuadas; las pasiones, en cambio, sólo dependen de las inadecuadas” (Spinoza, 2000, pp. 131); nos damos cuenta de que vincula las acciones y las pasiones al conocimiento. Es decir, las acciones dependen de ideas, de conocimiento. Esto es similar a lo que planteábamos durante el presente trabajo. Las creencias machistas nos hacen ver el mundo de una determinada manera y de esa manera nos disponemos a actuar después. Sin embargo, sí que debemos tener en cuenta que Spinoza articula los afectos y las pasiones en torno a una ética, cuyo fin no es otro, sino perseverar en el ser, como aclara en la Proposición 6: “Cada cosa, en cuanto está en ella, se esfuerza por perseverar en su ser” (Spinoza, 2000, 132). Por lo tanto, todo estará destinado a aumentar la potencia (o esencia actual) de actuar (a perseverar en el ser, al fin y al cabo). Entonces, teniendo esto en cuenta, las acciones dependen siempre de ideas adecuadas y, por el contrario, las pasiones de ideas inadecuadas. Las acciones aumentan la potencia de actuar y las pasiones disminuyen esa potencia. Lo curioso es que ambas dependan del 36 conocimiento adecuado o del conocimiento inadecuado. Con esta distinción, inferimos que Spinoza también hace un análisis normativo del conocimiento: es decir prefiere las ideas adecuadas a las ideas inadecuadas. Las ideas adecuadas e inadecuadas, definidas al principio de la III parte, en el apartado definiciones; son: “Llamo causa adecuada a aquella cuyo efecto puede ser percibido clara y distintamente por ella misma. Llamo, en cambio, inadecuada o parcial a aquella cuyo efecto no puede ser entendido por ella sola” (Spinoza, 2000, 126). Aquí podemos percibir que, la idea adecuada, está relacionada con percibir clara y distintamente. Aunque no podemos igualar esta afirmación a ser virtuoso intelectualmente, sí que vemos ciertos parecidos, en la medida en la que ser virtuoso intelectualmente tiene que ver con revisar creencias, investigar e intentar acercarse a la verdad lo máximo posible. Percibir clara y distintamente quiere decir percibir sin confusión ni error, por lo que hay bastantes parecidos entre esta idea y la idea de funcionar bien epistémicamente al formar creencias bien justificadas. Para Spinoza hay dos afectos principales del que se derivan el resto de los afectos o pasiones: la alegría y la tristeza: Vemos, pues, que el alma puede sufrir grandes cambios y pasar ora a una mayor ora a una menor perfección; y estas pasiones nos explican los afectos de la alegría y la tristeza. En lo sucesivo entenderé, pues, por alegría la pasión por la que el alma pasa a una perfección mayor; por tristeza, en cambio, la pasión por la que la misma pasa a una perfección menor. Además, llamo placer o jovialidad al afecto de alegría que se refiere a la vez el alma y al cuerpo; dolor o melancolía, en cambio, al de tristeza. Pero hay que advertir que el placer y el dolor se refieren al hombre en cuanto que una parte suya está más afectada que las demás; la jovialidad y la melancolía, en cambio, cuando todas ellas son igualmente afectadas […]. Y, aparte de esos tres, no admito ningún otro afecto primario, ya que en lo que sigue, mostraré que los demás surgen de estos tres. (Spinoza, 2000, pp. 134-135) Después de determinar la naturaleza de los afectos según la concibe el autor que nos ocupa, vamos a centrarnos en la parte epistémica de cómo transformar ideas inadecuadas en adecuadas. Esa transformación solo se puede llevar a cabo a través del conocimiento. He aquí dos citas (que explicaremos a continuación) claves e importantes que lo demuestran: En la medida en que el hombre es determinado a obrar porque tiene ideas inadecuadas, padece (por 3/1), es decir (por 3/d1 y 3/d2), hace algo que no puede ser percibido por su sola esencia, esto es (por 4/d8), que no se sigue de su misma virtud. Pero, en cuanto que es determinado a obrar algo porque entiende, entonces (por la misma 3/1) obra, es decir (por 3/d2), hace algo que se percibe por su sola esencia, o sea (por 4/d8), que se sigue adecuadamente de su misma virtud. (Spinoza, 2000, pp. 199) 37 Y de esta manera, todos los apetitos o deseos tan sólo son pasiones en cuanto que surgen de ideas inadecuadas; y los mismos se consideran como virtudes cuando son excitados o engendrados por ideas adecuadas. Pues todos los deseos, por los que somos determinados a hacer algo, pueden surgir tanto de ideas adecuadas como de inadecuadas (ver 4/59). Y, por consiguiente (para regresar allí de donde he partido), no se puede excogitar ningún remedio de los afectos, que dependa de nuestra potestad, que sea más excelente que éste, a saber, el que consiste en su verdadero conocimiento, ya que no existe ningún poder del alma distinto de la potencia de pensar y de formar ideas adecuadas, como antes (3/3) hemos mostrado. (Spinoza, 2000, 248) En estas dos citas de vital importancia, Spinoza muestra cómo, la única manera de poder poner remedio a los afectos que nos producen malestar es generando deseos que estén fundamentados en ideas adecuadas. Como tener ideas adecuadas, hemos dicho, tiene que ver con conocer clara y distintamente algo, elaborar deseos que estén fundamentados en ideas adecuadas requiere antes conocer las causas por las cuales deseamos algo. Por lo tanto, se afirma que el conocimiento es el que ayuda a vivir bien y a perseverar en el ser (en términos de Spinoza). ¿Por qué todo esto es importante? Si bien hemos mencionado que, para Spinoza, todo cuerpo afecta y es afectado por otro cuerpo; entonces en la medida en la que un sujeto tiene un deseo, siempre lo va a ver limitado con el deseo del otro. Sin embargo, si somos capaces de conocer racionalmente nuestros afectos y lograr formar ideas adecuadas, podemos aprender a no coartar el deseo del otro sin renunciar al nuestro. Por supuesto, no podemos confundir deseos con creencias, en este trabajo mencionábamos que son actitudes proposicionales diferentes y que, a la epistemología, en su mayoría, no le interesa tanto los deseos como las creencias. No obstante, promover fundamentar los afectos en ideas adecuadas, nos da una mayor capacidad de gestionar nuestras emociones. Esto, a priori, podría parecer no tener nada que ver con la producción de conocimiento. Nada más lejos de la realidad, puesto que conocer nuestros afectos y las causas de nuestros deseos, nos proporciona un autoconocimiento mucho más completo. Dicho de otra manera, los afectos son formas de conocimiento que incrementan el conocimiento de uno mismo. El autoconocimiento es también algo importante a reivindicar dentro del conocimiento, sobre todo porque el autoconocimiento ayuda a mejorar las relaciones interpersonales. Como mencionaba Spinoza en una de las citas anteriores, entender es de vital importancia. Entender nos pone en el camino de la virtud. Si hacemos un esfuerzo por entender lo que el otro tiene que transmitirnos y no recurrir a ignorar su testimonio porque se produzca 38 una resistencia a la evidencia disponible, al fin y al cabo, estamos mejorando las prácticas racionales de conocimiento. En definitiva, conocer nos otorga poder de cambiar realidades y es justamente esta la motivación de analizar y comprender qué ocurre en la formación de creencias machistas. Esta motivación tenía un propósito claro: comprenderlas para poder efectuar su erradicación. 39 Conclusiones Aún queda mucho por hacer. Sin embargo, tras haber analizado epistémicamente las creencias machistas y haber encontrado el motivo de su persistencia: su resistencia a la evidencia; en primer lugar, afirmamos, como lo hemos hecho en esta última parte, que conocer el funcionamiento por el cual se forman las creencias machistas y prestar atención a su resistencia, nos ayudará a saber cómo proceder para intentar que cada vez, haya menos creencias perjudiciales. Nuestro trabajo tenía tres objetivos principales. En primer lugar, explicar cómo se formaban las creencias machistas, las características que compartían y de dónde procedían. En esta investigación, logramos sacar en claro varias afirmaciones. Una primera afirmación tenía que ver con que las creencias machistas son creencias estructurales, creencias bien arraigadas y consolidadas, tanto cultural como socialmente. Una segunda afirmación derivada de la primera: al estar tan sólidamente instaladas en la sociedad, los individuos no tienen control directo sobre ellas. Para demostrar esto, utilizábamos la posición del voluntarismo doxástico indirecto, con el fin de mostrar que, aunque de primeras no poseamos un control sobre estas creencias, una vez instauradas, sí que somos responsables y sí que tenemos la capacidad de decidir si revisamos las creencias que tenemos. Y una tercera afirmación, que tenía que ver con agrupar las convicciones patriarcales y averiguar qué tenían en común. Llegamos a la idea de que estas creencias compartían una idea de partida: la idea del esencialismo. Presuponían que el hombre debía de ser de determinada manera y la mujer de otra, es decir, que había algo ahí fuera que determinaba lo que era ser hombre y lo que era ser mujer. El esencialismo, concluíamos, es una idea errónea de la que parten las creencias machistas. El segundo propósito de este trabajo tenía que ver con encontrar la razón por la cual las creencias machistas persistían en la sociedad. Esto tenía que ver con la resistencia a la evidencia y lo demostramos aplicando dicho concepto de la mano de Mona Simion. Aquí, afirmábamos que, un individuo que posee una creencia machista incumple el deber de creer y, por tanto, falla en el proceso epistémico (hace un mal funcionamiento epistémico) al no aprovechar la 40 evidencia disponible. Para ilustrar esto poníamos el ejemplo de Juan y Raquel. Juan, al rechazar la doble evidencia que le proporcionaban tanto los datos estadísticos como el testimonio de Raquel, estaba incumpliendo el deber de creer. Pero no sólo nos quedábamos ahí. Explicamos que, esa resistencia a la evidencia se daba por intrusión pragmática, esto era, que consideraciones no epistémicas (ya sean morales o prácticas), interceptaban en el proceso de formación y justificación de creencias. Además, en este apartado, inferíamos que en las creencias machistas entraban en juego tanto la normatividad epistémica como la práctica y que, por esa misma razón, era estratégico considerar ambas como objetivos a seguir, y no solo el conocimiento (como sí hacían los puristas/intelectualistas). Como el propósito que perseguíamos con este trabajo era, sin duda, el poder disminuir las creencias machistas, llegábamos a la conclusión de que las consideraciones morales eran una motivación para poder propulsar el buen trabajo epistémico y, por ende, no provocar ni daño epistémico ni daño moral. Y el tercer fin, tenía que ver con la solución a la persistencia de estas creencias. Si defendíamos una coalición entre normatividad epistémica y práctica, las soluciones que dábamos estaban en consonancia. La primera de ellas, el responsabilismo de Lorraine Code, en la que sostenía que el agente epistémico es un conocedor activo y por tanto tiene la responsabilidad de ser un virtuoso intelectualmente. Ser virtuoso intelectualmente tenía que ver con no caer en la ignorancia. Concluíamos en este apartado que el conocimiento era incómodo, que revisar creencias y darnos cuentas de que andábamos equivocados, no era agradable. Sin embargo, como individuos conocedores, tenemos la responsabilidad de estar dispuestos al saber. La segunda de ellas era la teoría de los afectos, en la que nos basábamos principalmente en el filósofo racionalista Baruj Spinoza, quien defendía que los afectos y las pasiones eran de la misma naturaleza que cualquier otra cosa. Aquí, llegábamos a la conclusión de que el conocimiento que nos proporcionaban los afectos y emociones también era un conocimiento válido y nos podía servir de ayuda para mejorar el autoconocimiento como las prácticas de conocimiento sociales. Y, por último, sacábamos en claro la respuesta a la pregunta que nos hacíamos al principio: ¿habría que apostar por reivindicar la racionalidad individual con virtudes epistémicas o sería preciso reformas estructurales? A lo que respondíamos que era importante promover la racionalidad individual a través del responsabilismo y del deber de creer para que se mejorasen las prácticas de conocimiento interpersonales. 41 Bibliografía Basu, R. (2019). Radical moral encroachment: The moral stakes of racist beliefs. Philosophical Issues, 29, pp. 9-23. https://doi.org/10.1111/phis.12137 Beauvoir, S. (1949). El Segundo Sexo. Trad. A. Martorell. Barcelona: Kayleigh. Ebook digital. Blázquez Graf, N. (2012). “Epistemología feminista: temas centrales” en Blázquez Graf, N., Flores Palacios, F. y Ríos Everardo, M., Investigación feminista. Epistemología, metodología y representaciones sociales. 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