Reseña de Rafael Reyna Fortes, Unidad conceptual y síntesis objetiva en Kant. Un estudio sobre la función de los conceptos en la producción de conocimiento, Hildesheim: Georg Olms Verlag, 2021, ISBN: 978-3-487-15982-9, 216 pp.
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265 Studia Hegeliana vol. VII (2021) STUDIA HEGELIANA Revista de la Sociedad Española de Estudios sobre Hegel Journal of the Spanish Society for Hegelian Studies Nº 8-2022 pp.: 265-268 ISSN: 2444-0809 ISSN-e 2792-176X RESEÑAS Reseña de Rafael Reyna Fortes, Unidad conceptual y síntesis objetiva en Kant. Un estudio sobre la función de los conceptos en la producción de conocimiento, Hildesheim: Georg Olms Verlag, 2021, 216 pp., ISBN: 978-3-487-15982-9 Andrés Ortigosa Peña Universidad de Sevilla El presente libro es una buena pieza para los estudiosos de Kant, pues trata justamente sobre él y uno de sus grandes temas: el conocimiento. Si buena parte de la filosofía de Kant estriba en qué y cómo podemos conocer, entonces un estudio detallado sobre este tema es importante para comprenderle en todos sus ámbitos. Además, uno de los puntos fuertes de esta obra es que estudia un tema que hasta ahora en lengua española había sido muy poco tratado, como es en qué consiste dar por verdadero. Esto se relaciona con la hipótesis, las categorías, y también sus enlaces, afrontando también temas colindantes. Esto se debe que no se abalanza sobre estos temas directamente. Al contrario, el Dr. Reyna comienza estudiando la estructura del conocimiento de la naturaleza. Luego estudia un rara avis, como son los conceptos y objetos de la matemática —pues los conceptos de la matemática, como se verá, son bastante especiales. Y una vez eso está bien cincelado, entonces se da paso al estudio de la síntesis categorial y los conceptos empíricos y, finalmente a las hipótesis y categorías en la investigación de la naturaleza. Dicho llanamente: lo que se estudia son las maneras en que según Kant se produce conocimiento partiendo desde la sensibilidad. Bien puede hacerlo formando conceptos, tanto matemáticos como empíricos, o bien por la síntesis categorial. Lo que está de trasfondo en ambos casos es la constitución del cognoscente que lo habilita, vía actividad sintética, a poder dar por verdadero. Como decíamos, para ello lo primero es la pregunta acerca del conocimiento. Desde la introducción, el autor deja muy clara la importancia de este punto, pues: «podría decirse que el hallazgo kantiano que ha decidido el provenir de la filosofía hasta nuestros días no ha sido otro que el desentraña-
266 STUDIA HEGELIANA Studia Hegeliana vol. VII (2021) miento del papel que juegan las facultades cognitivas, junto con sus distintas prestaciones, en la consolidación de lo que en cada caso es llamado objeto de conocimiento» (p. 13). El problema al que se enfrenta este libro es que, desde la filosofía de Kant, todo conocimiento acontece en la conciencia, pero no todas las unidades de la conciencia pueden ser denominadas como objetivas. O lo que es lo mismo: esta investigación se dedica a reflexionar sobre cómo se puede considerar algo como conocimiento. Cabe señalar también una buena virtud del escrito antes de profundizar en él, que es el reconocimiento de la deuda intelectual que Reyna contrae. En la introducción se comenta la importancia enorme que ha tenido la obra de Wieland, Urteil und Gefühl para entender la relación entre juicios y conocimiento. También la obra Urteil und Erfahrung de Enskat, que estudia los procesos por los que las categorías median en la constitución de la experiencia. Y también, la importancia de Alberto Rosales en su obra Ser y Subjetividad, obra mucho menos conocida, pero que a Reyna le ha servido como apoyo para exponer con claridad la constitución del objeto de experiencia. Como último tema al respecto, me gustaría señalar que esta obra, además de las influencias anteriores, también alberga una fuerte influencia de los estudios acerca de Kant de Vigo. Reyna utiliza los textos de este último autor con detalle y se mueve con soltura en ellos. Por tanto, es una obra que toma una honestidad académica de asumir las influencias de autores de primer nivel, lo que a mi juicio es muy reseñable. Tras esto, pasemos a exponer brevemente los capítulos. El primer capítulo, La estructura del conocimiento de la naturaleza, es extenso, pero fundamental para todo el desarrollo posterior. En él se ofrecen las distintas tareas que cumple la facultad del juicio para constituir conocimiento. Para esta tarea, primero se ha estudiado la relación del «dar por verdadero» en la filosofía de Kant con los enlaces de la conciencia que un cognoscente puede llevar a cabo. De estos, el acto de conocer —Erkennen— exige de conceptos. Estos conceptos surgen, o bien de la sensibilidad, o bien de otros actos que no se relacionan con la facultad sensible, como entender, comprender y concebir. La cuestión que se abría a continuación fue la siguiente: ¿cómo están formados los conceptos empíricos para que puedan participar en los juicios cognitivos? La respuesta de Reyna es que esto nos llevaba a su vez a otro lugar aún más profundo, que es la acción mediadora de la facultad del juicio. Esta acción recibe su principio del entendimiento. Por tanto, la facultad del juicio no tiene principios propios, sino que su actividad tiene como principio la actividad de otra facultad. Pues bien, de acuerdo con Reyna, este mismo modelo puede llevarse a la cuestión sobre cómo se forman los conceptos, —que conecta en el apartado 5 de este capítulo— con el unum, verum y bonum. El segundo capítulo, Concepto y objeto en matemática, parte del capítulo anterior. A mi juicio es uno de los más interesantes debido al propio
267 Reseñas Studia Hegeliana vol. VII (2021) tema de estudio. Se presupone que, si un juicio tiene pretensión de validez objetiva, esta misma está posibilitada por una serie de conceptos. Pero el tema de los conceptos en Kant es complejo. Para ello, Reyna diferencia los conceptos matemáticos de las categorías para no caer en confusiones. Los primeros, los conceptos matemáticos, no nacen de la reflexión, sino que son determinaciones del entendimiento acerca de la intuición en su forma pura. Sin embargo, las categorías tienen su asentamiento en las formas lógicas de juzgar, mientras que los matemáticos son una acción arbitraria del entendimiento. Al ser esto así, y los conceptos matemáticos estar vinculados a la forma pura de la intuición, entonces no pueden ser considerados estrictamente como objetos porque no se conforman a partir de la intuición empírica. Al contrario, lo que son es trascendentales en su idealidad. No obstante, gracias a la intuición pura, aunque no partan de un asidero empírico, sí que tienen realidad empírica. Por tanto, cabe preguntar: ¿qué necesidad tiene entonces el ser humano de estos conceptos matemáticos? Sencillamente, su propia constitución cognitiva lo empuja a ello. Esto se dice con total claridad: «si se preguntara, pues, cómo es posible una ciencia como la matemática, es decir, cómo es posible un conocimiento cuya validez no dependiera de la experiencia (y que, además, ella confirmara todo el tiempo), entonces, habría que afirmar que dicha posibilidad descansa tanto en la dotación epistémica de los hombres, como en el mismo uso que éstos hacen de ella» (p. 107). El tercer capítulo, Síntesis categorial y conceptos empíricos, estudia el conocimiento de la naturaleza. Quizá sea el más complejo de comprender, pues exige ya un manejo de la terminología kantiana bastante avanzado. Sin embargo, su propósito es muy interesante. El conocimiento de la naturaleza hay que entenderlo como un conjunto de fenómenos contactados entre sí mediante las leyes del entendimiento. Esta diversidad de fenómenos debe pensarse en la unidad de un enlace categorial vinculando a dos —o más— conceptos empíricos. Así se obtiene un conocimiento objetivo sobre esta diversidad. Esto supone a que el conocimiento de la naturaleza es obtenido por el juzgar: solo así se lleva de la multiplicidad empírica a la unidad de un objeto. Esto es el pensarla en la unidad de un enlace categorial. Como consecuencia, se revela que la unidad del enlace categorial es la que tiene pretensiones de validez universal. Por último, el cuarto capítulo, Hipótesis y categorías en la investigación de la naturaleza, es un estudio dedicado a las categorías a través de las hipótesis. Resulta verdaderamente innovador. Y es especialmente importante ver cómo el tener por verdadero, con el que comenzó la exposición y que desde la introducción fue una piedra angular, aquí encuentra su máxima expresión. Estas son empleadas para producir conocimiento objetivo. Pero ¿qué papel juega aquí la hipótesis? Pues bien, en el capítulo anterior se había pensado acerca del conocimiento con pretensiones universales sobre la naturaleza. Esto significaba
268 STUDIA HEGELIANA Studia Hegeliana vol. VII (2021) presuponer cierta trascendentalidad, de modo en que hay que pensar a la naturaleza como si ella hubiese sido hecha con base en las formas del entendimiento. Aquí, las hipótesis son la manera en que la multiplicidad empírica es pensada mediante las formas de las categorías. Ahora bien, formular una hipótesis va aún más allá. Para poder hacerlo, hay requisitos de tipo formal, relacionados con las categorías y la razón, o también de tipo empírico, que obedecen a lo fenoménico. Tras una exposición acerca de las hipótesis trascendentales, los juicios preliminares y los prejuicios, el autor considera que las hipótesis son una manera de tener por verdadero para Kant. En conclusión, podemos decir que es un libro que expone con detalle el pensamiento de Kant acerca del tema de estudio. Desde luego, será una buena adquisición para todos lo que deseen sumergirse en puntos importantes de la epistemología kantiana y ahondar en su conocimiento. Los capítulos de en medio, de hecho, son casi comentarios a partes de la obra de Kant, lo que lo vuelve muy sugerente para leer filósofo. En general es una buena obra dirigida eminentemente a los investigadores, pues aborda con valentía varias cuestiones conceptuales difíciles de las obras del filósofo de Königsberg.