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Cueva de San Patricio

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Aa•) r %n CUE DE SAN DEspues de las prevencioues tan justas, ytan SQlemnes, 'como para tanto caso se piden, yse requieren: ydespués que yode todos con fé, yanimo valiente, para entraren esta Cueva, me despedí tiernaineote, puse tni espíritu en Dios, yIepitiendo mil veces las inysteriosas palabras, de quien los Infiernos temen, pasé, luego sus umbrales, yesperando áque me cierren la puerta estuve algún rato^ Cerráronle al fin, yhailéme en noche obscura negado ála luz tan tristemente, que cerré los ojos yo, (propie efeélo del que quiere vér en las obscuridades) ycon ellos de esta suerte and ando fui ,hasta tocar la pared, que estaba enfrente, ysiguiéndome por ella, como hasta cosa de veinte pasos, encontré unas peñas, yadvertí, que por la breve rotura de la pared entraba dudosameate una ¡«z, que no era luz como álas Auroras suele el crespuseulo dudar, si amanece, óno amanece. Sobre mano izquierda entré siguiendo con pasos leves una acoda, y' al fí'] de ella la tierra se me estremece, ycomo que quiere hundirse, ^hace ámis plantas que tiébleo* Sin sentido quedé, quando hizo, que ásu voz despierte ^de un desmayo, yun olvido un trueno ,que horriblemente SOBÓ, la tierra en que estaba abrió el centro ,en cuyo vientre rae pareció, que caí áun profundo, yque alli fuesen mi sepultura las piedras, ytierra ,que tras mi vienen, *En una sala rae bailé de jaspe ,en quien los pinceles ^obraron la arquiteélura doéta, yadvertidamente. Por una puerta de bronce •Salen, yhacia mi se vienen doce hombres, que vestidos de blanco conforroeroente, me tccibieroB butniitíes, ysaludaron corteses* *Uuo (áel parecer entre ellos saperior )me dixo: Advierte que pongas en Dios la fé, yno desmayes por verte de Demonios combatido, porque i>i boivertií quieres, movido tíe sus ^r«omesas, * oameofiizas, p¿) rs sieropre quedarás eo el Ifjfierno eotie toríTícníos crueles. Angeles para ídí fueron gestos hombres, yde suerte i 4 % -7 i- /|jme admiraron sus razones desperté fíuevaméter^ Lúe 'e iaiprovís# 5 Srti .Ílorií Ir' cfr-tioe áevi >i()oes iuferoates» yde<:spirUus rebeldes coft las formas mas horribles, ymas feas que ellos tienen, qué no hay áqué compararlos. Yuno me dixo: Imprudente, loeo, necio, que has querido antes de tiempo ofrecerte áel castigs, que te aguarda, yálas penas, que mereces ? Si tus culpas son tan grandes, que es fuerza ,que te condenes porque en los ojos de Dios hallar clenaencia no puedes, en qué consiste venir tú átomarla? Buelve ,buelve áel mundo ,acaba tu vida, ycomo viviste, muere. Entonces vendrás ávernos, que ya el lofiern® previene la silla, que has de tener ocupada eternamente. No le respondí palabra, ydándome fieramente de golpes,' de pies, ymanos me ligaron con cordeles; yluego con unos garfias de acero me asen, yhieren, arra^^trandoroe portodos los claustros ,adonde encienden una hoguera, yen sus llamas roe arrojan: JESUS valedme ! (dixé) huyeron los Demonios, 'Vel fu -go se aplaea. ymuere. Lleváronme luego áun campo, cuya negra tierra ofrece frutos de espina, yabrojos por rosas, ypor claveles. Aqui el viento, que corúa, penetraba sutilmente los miembrrrs, agudj espid» era el suspi'O rass débil. Aqoi en profund ts cavernas se quexabao tristemeore 3^condenados, tnaldicieoda ásus Padres, yparientes: tan desesperadas voces de blafemias insolentes, de reniegos ,ypor vidas repetían muchas veces, que aun los Demonios téblaban* Pasé adelante, yhaliéme en un prado, cuyas plantas eran llamas, como suelen (en el abrasado Agosto las espigas, ylas mieses. Era tan grande, que nunca we! termino en que fenece {|] halló ia vista, yaqui estaban diversas gentes recostadas en el fuego, áquien pasan, ytrasciende!! clavos, ypuntas ardiendo, qaal los pies, ymanos tiene clavados contra la tierra, áquallas entrañas muerden víboras de fuego, quai 'mordiendo está con los dientes la tierra, qual ásí mismo se despedaza, ypretende morir de una vez, yvivé para morir ronchas veces. En este campo.me echaron los Ministros de la muerte, '• cuya furia áel Dulce Nombre de JESUS se des vanece. Pasé adelant-e, yhaliéme f eoo tormentos, quécrutíies! Curaban álos feer idos yyCm plomo ,yresina ardiente, que echuido sobre las llagas, eíá cauterios mas fuertes^ QuiS Qulédiiay, qucaqui 00 se aflija? )y fuego, de quieo salea muéfi Quién hay, que aquí uo se slevü?m lira >8, 7áesconderse btjelveo Qae no llore, yno suspire ?-^r; pitien io la subida. Que no dude ,yq»e 00 tiemble?)Y >b,ix ¡d imuchas veces. Lueigo de una Cárcel Vi, que por puertas yparedes estcban subiendo rayes, Goino'fleá se vé encenderse una casa, en quien el fuego rebienta por donde puede. E'ti, medixeron, es la Quinta dé los deleytes, el bño dS^ios regalos, ádonde están ias mageres, que en esotra vida fueron, por livianos pareceres, amigas de olores, yaguas, unturas, baños, yafeytes. Dentro entré, yen ella vi, que en un Estanco de nieve 5e estaban bañando muchas hermosuras excelentes. Bebax® dei agua estaban -entre eulebras, ysierpes, que de aquellas ondas eran las Sirenas, ylos pexes. EladoS’tenian los miembros entre elcrystal trasparente, Ics.cabeHos erizados, ytraspilladoslos dientes, ’Salí de aquí, yme llevarooi áuna montaña eminente, tanto, que para pasar de los Cielos, con la frente abolló, sino rompió, ese velo azul celeste. Hay en medio de esta cumbre «n volcan, que exhala, yvierte llamas, ycontra los Cielos que las escupe parece. De este volcan este pozo derato ea rato procede (llU.ídyre abrasado aqui rae abrasó ienprovisameote, |\bacieadome retirar l/de la puerta hasta meterme en aquel profunda abysnjOi Salí de él, yotro ayre viene, que traía mí! legiones, yáempellerles, ybaybeKes me llevaron áotra parte, donde ahora me parece de todas las otras almas, que havia visto juntamente, (que estaban aquí, ycon ser sitio de mas penas este, imii'é átodos íes que estaban alii con rostros alegres, con apacibles sernbiaoies, ao con voces impacientes, ário elevadeis los ojos áel Cielo ,como quien quiere alcanzar piedad, lloraban, tierna, yamorosamente, en que vi, que este lugar el del Purgatorio fuese, que asi se purgan aUi las culpas que son mas leves. No rae veocieroR aquí las amenazas de verme entre ellos, aaies rae dteríín *valor, yaoim® mas fuerte. (Y asi los Demonios viendo raí Gonsfincia.me previenen 11mayor penalidad, /la que mas propiamente llaman Infierno, que fué Yllevarme 4un Rio, que tiene flores de fuego en su margen, yde azufre »u eorrieate, moas- strtfos marinos en él eran bydras, yserpieniés; Era muy ancho ,ytenia una tan estrecha puente, ^ue era una linea no tna$, yella tan delgada, ydébil, que me pareció sin duda que sin quebrar no pudiese pasarlo: aquí me dixeroo: - por ese carriino breve hasde pasar, mira como, ypara su horror advierte como pasan iosqueváa delante, yvi clarameate, que otros, que pasar quisieron, cayeron donde las sierpes ifts hicieron xp.%\ pedazos con las garras, ylos dientes. / Invoqué de Dios el Nombre, yc«n él pude atreverme ápasar dé esotra parte, sin qué temores me diesen ni las oíídgs, ni los vientos, ccmbaiieotiotaeioc:’! ementes. Pasé,al 00, yen uijaselva irie hallé tan dulce, ytan ferti!, que rae puede'divei tir de todo ¡o anlecedente; ’ el camino fai siguiendo de cedros, yde laureles, arboles del Paraíso, ysiendoalU propiamente el sueVo tocio sembrado de rosas, yde claveles, matizaba un espolín encarnado, blanco, yverde. Las mas amorosas aves se quexaban dulcemente áei compás de tos arroyos de mil repetidas fuentes, yála vista descubrí una Ciudad emincHte, . de quien era el Sol retnste átorres, ychapiteles. ^Las puntas eran de »ro, tachonadas sutilmente de diamantes, yesmeraldas» topacios, rubíes, claveles. Antes de llegar se abrieron, yen orden hacia mi viene una Precesión de Santos, (donde niños, ymugeres, 1^' viejos, ymozos venían l] todos contentos, yalegres, Angeles, ySerafines luego en mil choros precede® (con suaves instrumentos ^Xcantando dulces rnotetes. ' 1/ Después de todos venia ., glorioso, yresplandeciente ¡Patricio, gran Patriarcha, ydándome parabienes, mde que yo antes de morirme ly urta palabra cumpliese, ^(me abrazó ,ytodcs mostrando |i gozarse en mis proprios bienes, c, ADimóse, ydespidióme, Ádiciendome, que no pueden .'\V hombres mertaies eutrar (ven la Ciudad excelente. i|1Qus mandaba, que áeste mundo segunda vez me volviese; yal fin por ios propios pasos bolvj, sin que me ofendiesen y'l^espiritus infernales, íj] Llegué Atocar finalmente •á^.la puerta, queodo llegasteis • Anodos abusGfirmc, yverme, \v ypues salí deun peligro, • ’permitidme ,yconcededme, piadosos Padres, que ¡aquí' ;roorir, yvivir espere? Con esto la historia acabe, ysu admiración empieca.' FIN.