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El verde metropolitano: una revisión de los espacios abiertos públicos en clave pandémica para el Área Metropolitana de Buenos Aires

Fernández, Leonardo

Abstract

El texto reúne argumentos históricos, ecológicos y metropolitanos en la dotación de espacios abiertos públicos para el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) en perspectiva con el actual contexto pandémico. Primeramente, revisa antecedentes memorables sobre la temática contrastando ciertos imperativos higienistas epocales y contemporáneos frente al covid-19. En un segundo apartado, confluyente con el anterior, se define el concepto de “infraestructura ecológica’’ y se enumera a diferentes escalas diversos beneficios fisiológicos, sanitarios y ecológicos que esta noción supone. A modo de discusión, se mapean oportunidades en la geografía metropolitana, en el marco de la interfase pampeana y estuarina, para dotar de los espacios abiertos públicos.

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|| 103 || RESUMEN El texto reúne argumentos históricos, ecológicos y metropolitanos en la dotación de espacios abiertos públicos para el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) en perspectiva con el actual contexto pandémico. Primeramente, revisa antecedentes memorables sobre la temática contrastando ciertos imperativos higienistas epocales y contemporáneos frente al covid-19. En un segundo apartado, confluyente con el anterior, se define el concepto de “infraestructura ecológica’’ y se enumera a diferentes escalas diversos beneficios fisiológicos, sanitarios y ecológicos que esta noción supone. A modo de discusión, se mapean oportunidades en la geografía metropolitana, en el marco de la interfase pampeana y estuarina, para dotar de los espacios abiertos públicos. Palabras clave: Ecología, Área Metropolitana de Buenos Aires, urbanismo, áreas verdes públicas, Covid-19. EL VERDE METROPOLITANO: UNA REVISIÓN DE LOS ESPACIOS ABIERTOS PÚBLICOS EN CLAVE PANDÉMICA PARA EL ÁREA METROPOLITANA DE BUENOS AIRES Leonardo Fernández Investigador-docente del Instituto del Conurbano. Universidad Nacional de General Sarmiento [email protected] ASTRAGALO, 27 (2020) Attribution-NonCommercial-ShareAlike - CC BY-NC-SA Introduction to the issue, ISSN 2469-0503 ASTRÁGALO. Cultura de la Arquitectura y de la Ciudad, 28 (2021). ISSNe: 2469-0503 Attribution-NonCommercial-ShareAlike. Article https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.2021.i28.05 Received: 06/05/2021 Approved: 08/15/2021 ABSTRACT The text brings together historical, ecological and metropolitan arguments in the provision of public open spaces for the Metropolitan Area of Buenos Aires (AMBA) in perspective with the current pandemic context. Firstly, it reviews memorable antecedents on the subject, contrasting certain epochal and contemporary hygienist imperatives with covid-19. In a second section, the concept of “ecological infrastructure’’ is defined and the various physiological, health and ecological benefits of this concept are listed at different scales. By way of discussion, opportunities are mapped in the metropolitan geography, in the framework of the pampean and estuarine interface, to provide public open spaces. Keywords: Ecology, Buenos Aires Metropolitan Area, urbanism, public green areas, Covid-19. EL VERDE METROPOLITANO: UNA REVISIÓN DE LOS ESPACIOS ABIERTOS PÚBLICOS EN CLAVE PANDÉMICA PARA EL ÁREA METROPOLITANA DE BUENOS AIRES 104 || ASTRAGALO Nº 28 | Septiembre 2021 | Articles | ISSN 2469-0503 RESUMO O texto reúne argumentos históricos, ecológicos e metropolitanos na disponibilização de espaços públicos abertos para a Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) em perspectiva com o atual contexto pandêmico. Em primeiro lugar, ela revisa antecedentes memoráveis sobre o assunto, contrastando certos imperativos epocais e higienistas contemporâneos com a covid-19. Em uma segunda seção, o concei- to de “infra-estrutura ecológica” é definido e os vários benefícios fisiológicos, sanitários e ecológicos deste conceito são listados em diferentes escalas. Como forma de discussão, as oportunidades são mapeadas na geografia metropolitana, no âmbito da interface pampeana e estuarina, para proporcionar espaços públicos abertos. Palavras-chave: Ecologia, Área Metropolitana de Buenos Aires, urbanismo, áreas verdes públicas, Covid-19. INTRODUCCIÓN Un organismo microscópico ha puesto patas para arriba la vida en las ciudades de todo el globo. El impacto de la globalización del virus covid-19 colocó en el foco el manejo epidemiológico de las grandes ciudades. En Argentina, el epicentro de contagios es el Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA), conformado por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) y 40 partidos conurbados de la Provincia de Buenos Aires. Hoy en día en el AMBA habitan más de 15 millones de habitantes, representando el 37% de la población del país en un entorno urbanizado cercano a 2.500 km2, menor al 1% del territorio nacional (INDEC, 2010). Esta concentración urbana en la interfase continental y rioplatense, supuso una transformación del entorno natural y rural que alcanza un marco físico extraordinario: sólo en las últimas cinco décadas la ocupación metropolitana ha llegado a duplicar toda la huella urbana de 430 años, iniciada en 1580 con la fundación de Juan de Garay (Fernández, 2016). Actualmente agencias gubernamentales, científicas y comunicacionales recomiendan respetar la distancia física interpersonal o “distancia social” y la realización de actividades de aglutinamiento social en espacios abiertos, como medidas para evitar la transmisión y propagación del covid-19.1 Es que mientras se ejecutan campañas de inmunización del virus, la población está bajo la amenaza del pandémica, sobre todo con la aparición de nuevas variantes del virus que complejizan el cuadro de crisis sanitaria y socio-económica. Sin embargo, esa distancia social de al menos 1 metro, tanto en espacios cerrados como abiertos, tal como recomienda la Organización Mundial de la Salud, depende de muchos factores como la densidad poblacional y disponibilidad de espacios públicos. Ciertamente, la pandemia viene a 1 Además del cumplimiento de distancia social, hay apelativos a otras medidas sanitarias como el uso de tapabocas, lavarse las manos, toser en codos, entre otras. Leonardo Fernández || 105 https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.2021.i28.05 en el contexto actual el ensayo de diferentes formas ecológicas para el AMBA, aunque dotando de valores y significados propios si se piensan en clave pandémica. Metodológicamente, se realiza en un primer apartado una revisión historiográfica de los espacios verdes en la geografía pampeana, metropolitana y rioplatense. En un segundo apartado, relacionado con el anterior, se define el concepto de infraestructura ecológica y se enumera los beneficios a diferentes escalas que esta noción supone para la población en tiempos de pandemia. A modo de discusión, y valiéndose de herramientas de teledetección y Sistema de Información Geográfica (SIG), se mapean oportunidades para dotar de infraestructura ecológica en la geografía metropolitana en su interfase pampeana y estuarina. 1. BUENOS AIRES PAMPEANA, METROPOLITANA Y RIOPLATENSE Desde el abordaje de la historia urbana, diferentes autores privilegian como objeto de estudio las “representaciones” sobre la ciudad, adoptando problemas, temas y matices diversos: ya sea confrontando ideas y prácticas a la hora de analizar cómo se plasman los proyectos y los planes para la ciudad (Novick, 1992); o revalorizando el rol de los técnicos y funcionarios estatales en la concepción y los modos de intervenir en la ciudad (Liernur, 2001); inclusive planteando una “tensión de enfoques” que, en perspectiva de la historia cultural urbana, supone el ejercicio de interrogar, colocar en perspectiva y ofrecer puntos de vista en dimensiones intelectuales, figurativas y representacionales sobre las ideas de la ciudad, incluso sobre cómo la ciudad real revelar el déficit y la desigualdad en el acceso a los espacios abiertos: en la región encontramos una relación de espacios verdes de 3,2 m2/hab., muy lejos de los 10m2/hab fijados en estándares internacionales y la normativa vigente. Ahora bien, desde un abordaje regional de esta cuestión es posible reunir referencias memorables que acontecieron, por diferentes circunstancias, en tiempos de auténticas crisis sociales, de cambios de paradigmas, de contundentes transformaciones materiales, en períodos de ruptura política, económica y social. Quizás al ponerlos en perspectiva, transporten en el actual tiempo histórico los debates metropolitanos y las prácticas del urbanismo y paisajismo, brindando valores y puntos de vistas a la hora de analizar la dotación de espacios libres abiertos. Y este es el aspecto que interroga el texto: ¿qué antecedentes históricos sobre los espacios abiertos es posible reunir de la geografía metropolitana?, ¿qué tipos de espacios regionales podrían amortiguar el impacto de la pandemia? Una base fundamental para ampliar la distancia social, en el marco de una gestión de los espacios abiertos metropolitanos que enfrente efectos de la pandemia, es lo que podemos definir conceptualmente como una infraestructura ecológica. Y aclaremos que la palabra ecológica que se destaca refiere no sólo a esas infraestructuras asociada a los espacios «verdes» como plazas, parques y reservas; sino también de los espacios «azules», cuando pensamos en litorales, cursos o cuerpos de agua; incluso, los espacios «grises», de las infraestructuras del transporte, vial o edilicias de una ciudad (Boada y Capdevilla, 2000). La hipótesis que recorre el texto es que ciertas prácticas higienistas memorables en relación al verde metropolitano permiten colocar EL VERDE METROPOLITANO: UNA REVISIÓN DE LOS ESPACIOS ABIERTOS PÚBLICOS EN CLAVE PANDÉMICA PARA EL ÁREA METROPOLITANA DE BUENOS AIRES 106 || ASTRAGALO Nº 28 | Septiembre 2021 | Articles | ISSN 2469-0503 se va conformando, a la vez, como producto de esas ideas (Gorelik, 2004). En esas perspectivas se reconoce estudios que han tematizado específicamente los espacios verdes públicos para Buenos Aires y su región en diversos contextos históricos (Gorelik, 1999; Caride Bartrons 2004; Ballent, 2005; Fernández, 2020). Al iniciar un recorrido por experiencias memorables sobre los espacios verdes a escala metropolitana de Buenos Aires aparece, por antonomasia, Domingo Faustino Sarmiento con la construcción del Parque Tres de Febrero (1875), popularmente conocido como Bosque de Palermo. Pensemos que hasta comienzos del siglo XVIII el higienismo y el embellissement (u ordenamiento paisajístico) europeo ofrecían los parques escénicos para la nobleza y una ascendente elite burguesa, en espacios como Versalles en París, Hyde Park en Londres y Tiergarden en Berlín. Recién a comienzos del siglo XIX fueron incorporados al uso público. En América el primer parque escénico público fue el Central Park (1850) en Nueva York. Probablemente, Sarmiento se inspiró en este parque durante su permanencia en los Estados Unidos cuando estableció el Parque Tres de Febrero en una geografía excéntrica bonaerense. Esta zona hacia fines del siglo XIX era una franja pantanosa sobre la costa rioplatense al que Juan Manuel de Rosas, gobernador bonaerense, transformó como paseo forestado con un gran edificio para atender los asuntos públicos en primavera y verano. Sarmiento, tras las epidemias de fiebre amarilla y cólera que diezmaron Buenos Aires, mandó a ocupar una franja amplia de terrenos bajos, rellenando con escombros y basuras, en el encuentro de la pampa con el Río de la Plata. De esa manera se desplegó un higienismo decimonónico en Buenos Aires con una operación territorial y culturalista que articulaba el proyecto reformista de “civilizar” un espacio teorizado como “bárbaro” mediante el impulso de parques y lagos, y a la vez, edificios educativos (Gorelik, 1999). Ese espacio público resulta hoy día en una “válvula de escape” de la ciudadanía para llevar a cabo prácticas al aire libre. Sin embargo, las condiciones actuales del acceso al espacio abierto público son muy desiguales en el AMBA. No sólo por intereses de los actores encargados de la producción del espacio urbano, sino que deviene de procesos de larga data que fueron configurando zonas con buena dotación y calidad de espacio público (integradas) y zonas de mala dotación y calidad de espacio público (segregadas), que se encuentran marginadas y excluidas. De acuerdo a datos de superficie y población de cada municipio según zonas del AMBA, la disponibilidad de plazas y plazoletas, solo cubre el 25% (1.168 ha.) de la necesidad, establecida por la Fig. 1. Los Bosques de Palermo. Una escena de los Bosques de Palermo en pandemia. Los espacios abiertos públicos son utilizados para el desarrollo de diversas prácticas: durante una jornada se pueden ver personas realizando rutinas de ejercicios, yoga, cumpleaños infantiles y reuniones de amigos y familiares. Foto: Leonardo Fernández Leonardo Fernández || 107 https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.2021.i28.05 normativa de uso del suelo. Respecto a la disponibilidad de Parques urbanos, tanto locales como regionales, la superficie existente cubre el 36% (3.049 ha) de la necesidad total. De ahí que se encuentran con mayor necesidad de superficie destinada a plazas, plazoletas o espacios libres vecinales, en orden decreciente, las Zonas Norte, Oeste, CABA y Sur del AMBA (Garay y Fernández, 2013). Entre fines de la década de 1920 y la década de 1930 los textos de Carlos María de Della Paolera instalan el urbanismo como disciplina y los imperativos de ampliación de los espacios verdes o libres en la planificación para el Gran Buenos Aires. Con posgrados en la escuela de urbanismo organicista de París Della Polera (1933) se esforzaba en demostrar que “Buenos Aires no tiene noción del espacio libre” argumentando que se tuvo históricamente un concepto erróneo de la razón de ser del “organismo urbano” en su verdadera y doble función: “higiénica” y “estética”. De ahí que concibe a los espacios libres como “pulmones” de la ciudad (Della Paolera, 1977). Esa relación orgánica entre ciudad-entorno ya encontraba aportes en Buenos Aires en los proyectos de Forestier y Carrasco de la Comisión de Estética Edilicia (1925), que en clave d’embellissement et d’extensionafiliado al paisajismo francés dan forma al encuentro de la ciudad y el río. Sin embargo, Della Paolera insistía en sus ideas que acaso tuvieron expresión material con la fáustica Avenida 9 de Julio de 140 metros de ancho, demoliendo manzanas enteras del “asfixiante” centro de Buenos Aires, dando paso con el tiempo a una avenida-parque para el “Gran Buenos Aires”, es decir, a escala regional (Novick, 2011). Escribe Della Paolera (1934) que “la ciudad como el árbol no puede desligarse de la tierra que lo sustenta”. También aparece el rechazo a los problemas de la ciudad-carbón, expresión que alude a esas fábricas humeantes y la vivienda obrera en íntima relación de promiscuidad. Aunque admitamos en el urbanismo organicista vernáculo, cierto talante eugenésico influenciada en la noción Blut und Boden (sangre y tierra) spengleriano, presente en el escenario cultural sudamericano de comienzos del siglo XX (Outtes, 2002). De acuerdo a esa noción, vivir bajo precarias condiciones físicas suponía que sucesivas generaciones serían cada vez más enfermas, incapaces para el trabajo e inútiles para la sociedad. Esta representación es tan influyente, que se expresa en el manifiesto del “Símbolo del Urbanismo” con elementos naturales con el sol, el aire y la vegetación en “una cruzada de regeneración de las condiciones de vida” (Della Paolera, 1934). Fig. 2. El símbolo del urbanismo. La bandera, que consta de dos franjas horizontales, la superior de color azul profundo representa el “aire”, el verde la “vegetación” y en el centro el “sol”, realizada para enarbolar como un símbolo del urbanismo el día 8 de noviembre de cada año. Fuente: Carlos María Della Paolera. Reproducción del manifiesto original del símbolo del urbanismo. Noviembre de (Della Paolera, 1934). EL VERDE METROPOLITANO: UNA REVISIÓN DE LOS ESPACIOS ABIERTOS PÚBLICOS EN CLAVE PANDÉMICA PARA EL ÁREA METROPOLITANA DE BUENOS AIRES 108 || ASTRAGALO Nº 28 | Septiembre 2021 | Articles | ISSN 2469-0503 Cuando pensamos en la ciudad la imagen que quizás más viene a la cabeza tenga como elementos el cemento, vidrio, ladrillos o pavimento. Irónicamente, la imagen que se enarbola en el Símbolo del Urbanismo hay una respuesta a las consecuencias en el medio físico (y social) de la industrialización y la urbanización, de ahí que asignaban fuertemente el apelativo a simbologías muy elementales de la naturaleza con las que intervenir en el urbanismo. Indudablemente, cobran un lugar protagónico en tiempos pandémicos, bajo el apelativo de ciudades insalubres en pos de un balance con la naturaleza encuentra en los parques urbanos de hoy a cuerpos que buscan sol, agua y verde, en una imagen simbólica del urbanismo organicista que quizás en su vida Della Paolera hubiera soñado. En contrapartida a ese urbanismo organicista desembarca en Argentina desde fines de la década de 1920 Le Corbusier con la “estética de la máquina”, tábula rasa, nihilista, aunque con adopción de elementos regionalistas en algunas realizaciones. Quizás con el convencimiento de que Buenos Aires se contempla en la encrucijada pampeana y rioplatense, ya no como una ciudad industrial sino financiera, reposando en la tecnología de la arquitectura moderna de ese momento. Le Corbusier escribe: “[...] el sol y la topografía son los elementos más importantes para hallar la profunda línea de cada civilización” (Le Corbusier, 1941). También dirá: “[...] el urbanismo es una ciencia en tres dimensiones, y no dos dimensiones”. En esa clave culturalista argumenta que es “haciendo intervenir el elemento altura como se dará solución a las circulaciones modernas y a los esparcimientos, por el aprovechamiento de los espacios libres así creados” (Le Corbusier, 1954). Esta formulación del urbanismo está impresa en la Carta de Atenas (1933) proclamada por el movimiento ideológico, tecnocrático y artístico que, de alguna manera, encarna la figura de Le Corbusier. En ese urbanismo reposa en el concepto del zoning, por analogía con la racionalización del sistema de producción industrial. De ahí las cuatro funciones que especializar: “habitar, trabajar, recrear y circular”, análogamente traducida la ciudad en una ingeniería de cuerpos en movimiento que se igualan al tránsito en una cadena de montaje de una fábrica. La pandemia actual ha puesto en de- Fig. 3. Buenos Aires tiene un límite natural. “Proyecto de un aeropuerto en el río” de Amancio Williams puesta en diálogo con la Cité des Affaires de Buenos Aires sobre el límite rioplatense y la infinitud de la Pampa resumida en el dibujo nocturno de los rascacielos en el encuentro del denso Río de la Plata. Fuente: Le Corbusier et al. (1947). Leonardo Fernández || 109 https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.2021.i28.05 bate la densificación y verticalización de arquitecturas que consagra el urbanismo funcionalista, siendo cuestionado actualmente por los desafíos de compatibilizar medidas de distancia social y de atender el factor “miedo” que suponen la diversidad de actividades y la proximidad de la población. En rigor, en ese debate se interpela al modelo de ciudad compacta consagrado ecológicamente como eficiente (Rueda, 1995, Batty, 2008, Alberti, 2009). Curiosamente, la crítica ecológica al zoning de esta corriente viene de la mano de la baja densidad y la hiper circulación que propone, y el consecuente aumento de entropía que supone. Aunque parecería que la pandemia introduce una nueva legitimidad para la baja densidad con el aislamiento social de base sanitaria, anclado en el desarrollo del teletrabajo (Corti, 2021). Recordemos que durante el período de reformas sociales del primer peronismo (1944-1955) tuvo lugar expropiaciones de grandes extensiones de tierras que dieron paso a realizaciones de envergadura material y simbólica para el conurbano bonaerense como los Bosques de Ezeiza y el Parque Pereyra Iraola. Entre ellas se destaca la “operación Ezeiza” de seis mil hectáreas, realizada en una zona suburbial de bañados y usos ganaderos, configurando una gran traza vial de conexión al nuevo aeropuerto internacional donde ubicaba la “puerta de entrada al país en la pampa”, desplazando anteriores propuestas como la de Amancio Williams (anexa al Plan Director para Buenos Aires de Le Corbusier 1947), que anteponía al Río de la Plata como lugar de radicación del aeropuerto. Se completaba la operación Ezeiza con extensos parques públicos, balnearios populares y una inmensa reserva forestal para los trabajadores. A su vez, se plasma el iconográfico barrio jardín Ciudad Evita (La Matanza) con una trama urbana y rodeando un “fuelle verde” que adquiere valor patrimonial con la imagen de Evita representada en el pavimento. Agreguemos que el Bañado de Flores en la Capital Federal fue la pieza incompleta de la operación Ezeiza como corolario del derrocamien- to de Juan Domingo Perón en 1955 (Ballent, 2005). Acaso de ese período de trascendentes reformas sociales (y urbanas) se conservan significantes hoy día en aquellos pilares privilegiados de la acción pública como el trabajo y la vivienda. Específicamente reconocibles en la implementación de políticas y nuevos instrumentos para garantizar el acceso a suelo urbano digno para vivir, como es la aplicación de la recuperación de valorización inmobiliaria, conocida también como “plusvalía urbana”. Dicho instrumento cuenta la Provincia de Buenos Aires (Ley 14.449/12 de Acceso Justo al Hábitat), siendo una herramienta de promoción del acceso justo al hábitat para los ciudadanos bonaerense (Scatolini, Duarte y Hutton, 2020), y poniendo de relieve en el “hábitat popular” como un ámbi- to esencial de la acción estatal. A fines de la década de 1970 se impone manu militari el denominado Cinturón Ecológico Área Metropolitana (CEAMSE) con una empresa estatal que ensaya un plan ambicioso para crear un green belt de 30.000 hectáreas en el conurbano, en forma de “muralla verde”, de “cortina forestal” para “oxigenar” Buenos Aires, aprovechando para tal fin las conexiones del ambiente natural: la selva en galería del río de la Plata, el parque Pereyra Iraola, los Bosques de Ezeiza, la presa Rogge- EL VERDE METROPOLITANO: UNA REVISIÓN DE LOS ESPACIOS ABIERTOS PÚBLICOS EN CLAVE PANDÉMICA PARA EL ÁREA METROPOLITANA DE BUENOS AIRES 110 || ASTRAGALO Nº 28 | Septiembre 2021 | Articles | ISSN 2469-0503 ro, franja del Río de la Reconquista, Campo de Mayo y el Delta del Paraná. Un camino parque, aunque luego adoptando forma de autopista, denominada Camino del Buen Ayre uniría la costa rioplatense, la pampa y el delta a través de una gran reserva verde. En rigor, el programa territorial se trató de una versión de reserva verde pública inspirada a imagen de los Bosques de Palermo de Sarmiento (Laura, 1978). Los imperativos de seguridad interna de la década de 1970 le dotan a esos grandes espacios verdes ciertos significantes del período histórico que, según el primer equipo técnico del CEAMSE, proponen “restablecer el equilibrio a fin de reducir la agresividad de la vida de la ciudad”, “encauzar a los jóvenes a través del deporte” y recurrir a “una ‘muralla verde’ para controlar la expansión urbana sin límite” (Fernández, 2020). Si bien el cinturón ecológico no llegó a completarse de forma integral, sí logró plasmar durante el régimen militar y con la vuelta a la democracia, una parte de la formulación prevista como una obra-suma compuesta de rellenos sanitarios para el tratamiento de la basura, grandes parques recreativos y un tramo de autopista de conexión metropolitana. Esa impronta del período dictatorial que se reconoce en los espacios verdes a escala metropolitana hoy día resignificados, y dotando de nuevos sentidos en tiempo pandémico. A los parques recreativos que actualmente administra la actual CEAMSE se agregan varias iniciativas municipales con reservas naturales urbanas (San Miguel, Hurlingham, Morón e Ituzaingó) asociadas a la cuenca del Río Reconquista. También está en desarrollo la iniciativa nacional del Ministerio de Defensa y la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable con la Reserva Ambiental de la Defensa Campo de Mayo (Decreto N.° Fig. 4. La operación Ezeiza. La imagen del plano de la Operación Ezeiza donde las condiciones de los planteos territoriales se daban en un clima de época de reformas sociales dominados por la retórica programática de planes nacionales, de algún modo, marcando las posibilidades del urbanismo. La figura muestra la ubicación relativa tres proyectos de valor historiográfico y metropolitano, ilustrada por contrastes �entre Capital Federal y Conurbano Bonaerense�, y elementos de paisaje forestado que se integran �como el barrio parque Ciudad Evita, la Autopista Ricchieri y el aeropuerto internacional. Extraído de Presidencia de la Nación (1950). Leonardo Fernández || 111 https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.2021.i28.05 1056/2018) con una extensión de más de 1300 hectáreas. Ahora bien, esta revisión de experiencias memorables da cuenta de diversas ideologías urbanísticas en el tema de estudio y diferentes proyectos políticos en el territorio, atendiendo a problemas, apelando a discursos e interviniendo en el medio físico en diferentes épocas. El tiempo histórico actual está marcado por la lucha contra el covid-19 que se impone con nuevos imperativos higienistas en relación con los espacios abiertos a nivel del AMBA, como en las grandes ciudades de todo el globo, aunque se apoyen en prácticas tradicionales, tal como pudimos dar cuenta. Para mediados de mayo de 2021 el Ministerio de Salud de la Nación reportaba que aproximadamente 1 de cada 2 contagios de covid-19 del país se dan en el AMBA. De hecho, es la región con mayores restricciones de circulación y de suspensión de actividades, dadas las altas tasas de contagios y letalidad en comparación a otras regiones del país. De ahí que por decreto de necesidad de urgencia el estado nacional ordene a las instancias gubernamentales involucradas (Nación, Provincia de Buenos Aires, Ciudad Autónoma de Buenos Aires y municipios bonaerense) cumplan severos criterios sanitarios, sacrificando el normal desarrollo de actividades económicas, de movilidad y educativas, no sólo por tener focos de contagios en geografías urbanas con hacinamiento social crítico sino también serios vectores de transmisión a través del transporte metropolitano. Precisamente, en momentos en que gana terreno el imperativo Fig. 5. Un cinturón ecológico en el área metropolitana. Tres dimensiones del cinturón ecológico (1978), una cintura física en la metrópolis (green belt), un anillo vial metropolitano (park-way) y rellenos sanitarios (landfill) como proyecto de metrópolis a escala regional. Fuente: Archivo histórico de la Biblioteca del CEAMSE. EL VERDE METROPOLITANO: UNA REVISIÓN DE LOS ESPACIOS ABIERTOS PÚBLICOS EN CLAVE PANDÉMICA PARA EL ÁREA METROPOLITANA DE BUENOS AIRES 118 || ASTRAGALO Nº 28 | Septiembre 2021 | Articles | ISSN 2469-0503 que a los problemas de higiene, de movilidad y de acceso al espacio público de aquella época la pandemia le ha dotado en nuestra ciudad actual, diferentes sentidos y agregando nuevos usos esenciales. 3. DISCUSIÓN Podría señalarse que la pandemia puso en crisis el impulso concentracionista, congestivo y de organización interjurisdiccional que caracteriza al AMBA. El imperativo epocal de la distancia física que evite contagios de covid-19 y los argumentos ecológicos, sanitarios y formales que reúne el texto permiten colocar conceptualmente la importancia de una infraestructura ecológica. Los argumentos históricos, ecológicos y metropolitanos reunidos sobre los espacios abiertos públicos permiten poner en contexto la influencia que esta temática tiene en tiempos de pandemia y tendrá de cara a una postpandémica. Los intereses que pugnan en ampliar el acceso a los espacios abiertos, están representados fundamentalmente en la ciudadanía, en municipios, en la gobernación bonaerense, en la jefatura porteña, en el gobierno nacional, en la opinión pública, en las ONG’s ambientales, en agencias gubernamentales, en organismos de cooperación internacional... Si bien hay algunos municipios que han realizado experiencias exitosas, la gran mayoría han tenido muchas dificultades al momento de fijar políticas de escala metropolitana y estrategias de gestión local relacionados con instrumentos de manejo del suelo, como aspectos legales, financieros y económicos para su implementación, y en general el problema de la falta de conocimiento sobre la temática y capacidad de gestión para el manejo del suelo urbano. Precisamente al reunir referencias memorables de los grandes espacios abiertos en la región se pudo brindar diversos puntos de vista en dimensiones ecológicas, formales y representacionales. Como la que refiere a la inspiración corbuseriana de Buenos Aires con una línea del Río de la Plata y la infinitud de la pampa, o el planteo ecuménico de Della Paolera con el sol, el aire, la vegetación para concebir el urbanismo para el “Gran Buenos Aires”. También está la reivindicación que hacía el peronismo a los trabajadores en el acceso y disfrute de grandes espacios abiertos, balnearios y equipamiento sanitario en el conurbano. O las representaciones en el paisaje bonaerense que remiten a la prosa sarmientina y el higienismo con los Bosques de Palermo, o su traducción castrense en un cinturón verde como dispositivo de ordenamiento metropolitano. No encontramos una línea histórica en el tema de estudio, ni continuidades de proyectos políticos en el territorio, pero sí hay rupturas de discursos, hay problemas que persisten, hay condiciones del medio físico que atrapan. Quizás con una pretensión laudatoria de perspectivas regionales propias, hay formas ecológicas que se reconocen en el urbanismo de Della Paolera en el contexto metropolitano. Y también está Le Corbusier, en la escala urbanística, imprimiendo en el paisaje urbano no sólo ese impulso obsesivo de cara al Río de la Plata, sino el contacto con la extensa, biodiversa y fértil planicie bonaerense. Y acaso en esas actitudes se percibe en el paisaje dos planos de intervención, a veces articulados entre sí: uno más biológico (con énfasis en lo corpo- Leonardo Fernández || 119 https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.2021.i28.05 ral, en lo ecológico) y otro más situacional (marcado por lo espacial y estratégico). Ahora bien, se sostiene la posibilidad de ensayar en clave sistémica un conjunto de formas ecológicas para el AMBA. El enfoque ecosistémico comprende a la temática de las áreas verdes como parte integrada de una complejidad metropolitana, rioplatense y pampeana. En este sentido, supone la captura de suelo para el verde metropolitano, tal como plantea Garay y Fernández (2013), mediante la conexión de espacios libres internos con los espacios naturales (humedales, bosques, costas, riberas, arroyos) y rurales periféricos. El objetivo del planteamiento es la creación de una red de espacios interconectados por medio de nodos, corredores y envolventes. En este sentido, el Índice Diferencial de Vegetación Normalizado, conocido por sus siglas en inglés como NDVI, permite ponderar en la región el estado fotosintético de la vegetación (figura 8), combinando dos bandas situadas en el espectro visible “concretamente el rojo” y en el infrarrojo próxi- Fig. 8. El verde metropolitano. 1: Delta, 2: Campo de Mayo, 3: Dique Roggero, 4: Bosques de Ezeiza, 5: Laguna Rocha, 6: San Catalina, 7: Pereyra Iraola, 8: Reserva Hudson, 9: Reserva Costanera Sur, 10: Bosques de Palermo, 11: Palomar, 12: Inta Castelar, 13: Parque Almte. Brown, 14: Reserva Natural Pilar. Fuente: Imagen satelital: CONAE, 9-05-2020. Plataforma: Satélites Aqua & Terra Instrumento: MODIS Sensor: MODIS Proveedor: NASA - EOSDIS. Capa vectorial: IGN Proyecto SIG-250 (capas shape file: cursos de agua, cuerpos de agua, ferrocarriles y rutas) EL VERDE METROPOLITANO: UNA REVISIÓN DE LOS ESPACIOS ABIERTOS PÚBLICOS EN CLAVE PANDÉMICA PARA EL ÁREA METROPOLITANA DE BUENOS AIRES 120 || ASTRAGALO Nº 28 | Septiembre 2021 | Articles | ISSN 2469-0503 mo.4 Esas dos zonas espectrales, mediante el procesamiento de imágenes satelitales de la CONAE (Comisión Nacional de Actividades Espaciales), muestran las diferencias entre la vegetación sana y vigorosa, con alto contenido de humedad (verde intenso) y la vegetación enferma, que no muestra actividad fotosintética (verde degradado). De ahí que la expresión gráfica ponderada permite identificar áreas con suelos de vegetación y áreas edificadas considerando también la presencia de diferentes cuerpos de agua. Superponiendo esa imagen del NDVI están las capas vectoriales del IGN (Instituto Geográfico Nacional) con los cursos de agua, cuerpos de agua, la red ferroviaria y la red vial metropolitana. De acuerdo a estos resultados geográficos, se destacan las siguientes áreas de actividad fotosintética de valor regional para una infraestructura ecológica: - la red hidrográfica, incluyendo el frente ribereño (río, arroyos, pajonales, lagunas) - las grandes áreas de forestación vigorosa y vegetación (reservas, parques y barrios de forestación frondosa) - el borde periurbano (áreas de flori, fruti y horticultura). En contrapartida, se verifica menor actividad fotosintética en las áreas urbanas, donde se destacan las áreas densamente urbanizadas, la red de caminos (avenidas, rutas y autopistas) y el ferrocarril. De acuerdo a este tipo de lectura podemos definir con un sentido práctico y 4 Se seleccionaron y procesaron imágenes satelitales disponibles desde la web de la CONAE (https:// catalogos.conae.gov.ar/). El procesamiento y análisis de imágenes fueron realizadas con el software QGIS 3.6. funcional la infraestructura ecológica en el AMBA en base a su ubicación en el relieve, su origen (antrópico o natural) y la vegetación dominante. Las tres eco regiones presentes en el área de estudio forman una secuencia de diferentes ambientes conectado al área urbana, el pastizal, ríos, arroyos, bosques de tala, selva, pajonales y lagunas (Burgueño, 2014). En líneas generales la topología de una infraestructura ecológica encuentra con las reservas, parques y corredores opciones diferentes de “espacios verdes” con diversas formas y conexiones naturales: una reserva natural como “pulmón” regional se asocia al frente rioplatense (Reserva Costanera Sur, Reserva Hudson, Reserva Otamendi) o borde periurbano pampeano (Reserva Santa Catalina, Laguna Rocha, Dique Roggero), un parque metropolitano como “amortiguador” (Bosque de Ezeiza, Bosque de Palermo, Parque Pereira Iraola,) en “cuñas” verdes de la urbanización metropolitana (Bosque de Ezeiza, Campo de Mayo, Pereira Iraola, Reserva Hudson) actúan como deslinde de la pampa y la urbanización; un parque lineal como “conector” se asocia a elementos geográficos de “espacios azules” como un río, arroyos, lagunas o frente litoral (Laguna Rocha, Costanera Sur, Laguna ex Batallón), incluso una “espacios grises” con elementos geográficos como una traza ferroviaria, vial o líneas de media y alta tensión (Ferrocarril Belgrano Norte, San Martín, etcétera). La “hipótesis de la biofilia” (Kellert y Wilson, 1999) y la teoría de “restauración atencional” (Kaplan, 1995) demuestran cómo el contacto con la naturaleza beneficia la salud humana. Investigaciones han demostrado relaciones positivas entre la presencia Leonardo Fernández || 121 https://dx.doi.org/10.12795/astragalo.2021.i28.05 de vegetación en ámbitos hogareños y zonas urbanas en la salud de la población. La exposición de la piel al sol (vitamina D) y el contac- to de los pies desnudos con la tierra (vitamina “G”) –acompañado por una dieta saludable– es una forma de metabolizar nutrientes esenciales y lograr bienestar fundamental. Existen áreas y conjuntos de la región (reservas naturales urbanas, los parques urbanos, las plazas barriales, incluso barrios de baja densidad y arboledas frondosas) que brindan por sus características geográficas un efecto “cortavirus” ya que proporciona condiciones favorables para la distancia física interpersonal. Complementariamente, la incorporación de ciclovías, corredores aeróbicos y sendas peatonales sobre ejes lineales abiertos, como las márgenes de las trazas ferroviarias o viales ofrecen condiciones de desplazamiento ciudadano, además de la instalación de equipamiento social. Además, la perspectiva de una infraestructura ecológica en grandes áreas libres proporciona condiciones para el restablecimiento del paisaje nativo (pastizal, bosque y espinal), especialmente estratégicos frente al cambio climático: medidas para la mitigación/adaptación de lluvias extraordinarias, manejo de la inundación en las cuencas superiores, y amortiguamiento al aumento de las temperaturas, entre otras. El impacto de la pandemia interpela el escenario actual en pos de lograr más espacios abiertos públicos, menos contaminación, menos ruidos para llevar a cabo usos esenciales en la reproducción de la vida en las ciudades. El apelativo gubernamental de una “nueva normalidad” (Presidencia de la Nación, 2020) implica incorporar políticas públicas en relación a los espacios libres. Pero es una deuda social que, además de criterios sanitarios, sean inclusivas en el acceso a los espacios abiertos públicos. En este marco, es posible repensar las infraestructuras ecológicas en perspectiva histórica y aplicando nuevos criterios que respondan a las necesidades esenciales de la población. En este sentido, reconocemos una gobernabilidad en relación al verde metropolitano que refiere a las estrategias de naturalización invocadas en este texto. Se trata de una forma de gobernabilidad que complementa con un abanico muy amplio de circuitos de gestión política y participación ciudadana en la gestión ambiental metropolitana. Es una cuestión que exhorta a renovar la concepción dominante acerca de las políticas de inversión pública en infraestructura. Porque el desafío de este tiempo no es sólo la distancia física mientras dure la amenaza del covid-19, sino crear espacios más democráticos de la ciudadanía en la post-pandemia. EL VERDE METROPOLITANO: UNA REVISIÓN DE LOS ESPACIOS ABIERTOS PÚBLICOS EN CLAVE PANDÉMICA PARA EL ÁREA METROPOLITANA DE BUENOS AIRES 122 || ASTRAGALO Nº 28 | Septiembre 2021 | Articles | ISSN 2469-0503 REFERENCIAS Alberti M. Advances in Urban Ecology: inter-preting humans and ecological processes in Urban Ecosystems. Washington: University of Washington, 2009. Ballent, A., Las huellas de la política: vivienda, ciudad, peronismo en Buenos Aires, 1943- 1955, Quilmes: Universidad Nacional de Quilmes / Prometeo 3010, 2005 Bettini V. Elementos de Ecología Urbana. Madrid: Ed. Totta, Serie Medio Ambiente, 1998. Boada M. y L. Capdevilla. 2000. Barcelona: biodiversidad urbana. Barcelona: Ajuntament de Barcelona, 2000. Barsky, A. Las tensiones del abasto alimentario del AMBA frente al COVID-19. 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LEONARDO FERNÁNDEZ Doctor en Ciencias Sociales (UBA), Master en Desarrollo Urbano y Territorial (UPC, Barcelona). Ecólogo urbano y Urbanista (UNGS). Investigadordocente del Instituto del Conurbano. Director de la Licenciatura en Ecología. Profesor de las asignaturas Ecología Urbana, Taller Urbano Ambiental y Geografía Urbana y Regional. Director de proyectos de investigación sobre ecología y urbanismo (ICO-UNGS) enfocados en la Región Metropolitana de Buenos Aires. Ha publicado diversos trabajos sobre ecología, urbanismo e historia ambiental, entre ellos “La muralla verde” (2020) y “Biodiversidad Urbana” (Garay y Fernández, 2013). Como profesional y consultor participó en programas de cooperación internacional y en la gestión pública municipal, provincial y nacional en temas de planificación territorial e inversión pública de infraestructura.