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Ganaderos de Coria del Río, Sevilla: Ganadería de Suárez

Rufino Charlo, Luis

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Revista de Estudios Taurinos N.os 45-46, Sevilla, 2019/2020, págs. 207-226 GANADEROS DE CORIA DEL RÍO. SEVILLA GANADERÍA DE SUÁREZ Luis Rufino Charlo* n el primer tercio del Siglo XIX, nos encontramos en Coria del Rio a dos ganaderos que son los más relevantes de dicha localidad, y sus toros de los más demandados de la Provincia de Sevilla. Manuel Suárez Cordero y Anastasio Martín García. En aquel tiempo la riqueza se calculaba principalmente por las cabezas de ganado que se poseían. En las explotaciones ganaderas, el vacuno se podría considerar como el de mayor importancia. Las ganaderías estaban formadas principalmente por el conjunto de vacas de vientre para la reproducción, vacas de carne, y bueyes y vacas que se domaban para ser utilizados tanto para el arado como para el tiro de las carretas. En esas explotaciones había que sumar el ganado lanar, de cerda y especialmente el caballar, incluyendo asnos y mulos que también se domaban. Los mulos se utilizaban para el arado y junto a los burros, para la carga y el tiro. Pero poseer una ganadería de bravo para la lidia en las plazas de toros marcaba la diferencia. Las reses de lidia se vendían a mayor precio y dotaban a sus propietarios de un plus en la escala social. Las fincas no solían ser propiedad de sus ganaderos. Es importante recalcar el dato: la propiedad de la tierra se repartía * Aficionado taurino y escritor. E Luis Rufino Charlo 208 principalmente entre la Iglesia, la nobleza y los Municipios. La actividad ganadera la ejercían en las fincas que arrendaban generalmente para el aprovechamiento de los pastos. Otro hecho destacable es que estos arrendamientos no se fijaban sólo sobre las fincas radicadas en la localidad en la que se residía, si no por distintos pueblos, aunque generalmente entre los más cercanos. En el primer tercio del siglo XIX, Manuel Suárez Cordero formó su ganadería con vacas propias, a las que destinó para sementales una porción de becerros que compró a Pedro José Picavea de Lesaca, procedente de la de Vistahermosa. Esto había sido muy frecuente en el inicio de la formación de ganaderías bravas en esta época. La ganadería brava como actualmente nos la encontramos, es consecuencia de la llegada de los Borbones al trono de España. La fiesta de los toros sufrió una evolución radical de la cual surge un nuevo toreo tanto a caballo como a pie. El primero giraba en torno a la vara de detener y el toreo a pie, en torno a la suerte de matar recibiendo. Este cambio demandó un toro más dinámico, con más fiereza y forma de embestir, para la nueva forma de torear. Para ello, la bravura de las vacadas no podía terminar en la plaza, sino que había que fijarla para después poder trasmitirla. Para este fin se empezaron a seleccionar a las hembras mediante la tienta, a las que se le echaban los machos escogidos, consiguiendo la pureza de la casta para su trasmisión. La ganadería de Manuel Suárez adquirió prestigio casi desde su formación, jugándose sus toros en las plazas de mayor importancia de España. Tomó antigüedad en Madrid en la 11ª corrida de toros celebrada el 6 de julio de 1840, con divisa rosa y caña. Se lidiaron dos toros de D. Juan José Fuentes, de Moral- Zarzal; dos toros de D. José Mª Albareda y D. Pedro Echeverrigaray, y otros dos de D. Manuel Suárez, de Coria del Rio, reino de Sevilla, con divisa celeste y rosa, según rezaba el cartel de la época, que anunciaba a Antonio Rodríguez y Antonio Fernández como picadores en una corrida que estoquearon los Ganadería de Suárez espadas Juan Pastor y Francisco Herrera Guillén, «quienes deseosos de complacer al público se han ofrecido a banderillear solos los cuatro primeros toros verificándolo Arjona a los que corresponda matar a Pastor, y este a los que ha de ejecutar Arjona: al quinto y al sexto lo ejecutará también solo el banderillero Juan Majarón». 209 Fig. n.º 10.- Cartel de una función de toros, con ocho novillos de Manuel Suárez, en la Real Maestranza de Sevilla, 1831. Todas las imágenes de este artículo han sido facilitadas por el autor del mismo siendo casi todas ellas de su propiedad. Fig. n.º 11.- Hierro de D. Manuel Suárez. Luis Rufino Charlo En el año 1848 empezaron a anunciarse corridas a nombre de su hijo Manuel Suárez Jiménez. Llegados a este punto es obligado recordar la historia del toro “Caramelo”. Conviene situar la historia en el tiempo y en el espacio. La primera función de fieras que se dio en Madrid, el jueves 17 de mayo de 1849, había sido un fracaso y se saldó con la pérdida de un tigre de Bengala en la lucha con el toro “Señorito” de José María Benjumea. El domador de fieras y empresario Mr. Charles, con la idea de dar una nueva función de lucha de fieras y mejorando los incidentes acaecidos en la anterior, trajo de África un enorme león de gran ferocidad, al cual le daban de comer todos los días un carnero. El peculiar promotor dispuso la construcción dentro de la plaza, de una gran verja que tuviera solidez y buena vista, la cual formaba verdaderamente una gran jaula. 210 Fig. n.º 12.- Cartel de corrida de toros en Sevilla, el 23 y 28 de Abril 1846. Ganadería de Suárez 211 Esa segunda gran lucha de fieras se fijó para el miércoles 15 de agosto de 1849, provocando que se organizasen muchas apuestas y que el empresario subarrendador de la plaza de toros vendiese los billetes de sombra a los revendedores por dos reales más cada localidad. El asunto no tardaría en ser puesto en conocimiento de la autoridad. A las 5 y media de la tarde del día 15 de agosto, la Plaza de toros ofrecía un cuadro magnífico e imponente. Llenas todas las localidades, se habían colocado 2.060 sillas en derredor de la gran jaula dispuesta para la lucha, y no había un solo asiento vacío. Los alrededores de la plaza estaban llenos de curiosos que esperaban saber el resultado del combate. Terminada las dos primeras partes de la función, salió a la arena un toro de Manuel Suárez, de hermosa estampa, de muchas libras, colorao y bragao, llamado “Caramelo”. “Julio”, que así se llamaba el león, se presentó en la plaza cautivando con su hermosura a los espectadores. Éste saltó sobre “Caramelo”, el cual le sacudió un par de coces y lo recogió sin lograr cornearlo. “Julio” rodó por la arena y se levantó asustado, huyendo cada vez que el toro se le acercaba. Así trascurrió media hora, dándose cumplimiento a lo anunciado en el cartel. Ante el descontento del público, dieron suelta dentro de la jaula a un tigre. Éste, arrastrándose por el suelo con traidora intención, quiso saltar varias veces sobre el toro; pero “Caramelo” se volvía citándole de frente mientras el tigre huía esperando mejor ocasión para acometerle por la espalda. De esta forma estuvieron largo rato, hasta que dieron por terminada la lucha. Con esta decisión no estuvieron muy de acuerdo los espectadores, causando tal enfado que actuaron rompiendo sillas, incendiando otras en medio de un gran alboroto. La autoridad multó a los empresarios, destinando la multa en favor de las casas de beneficencia. El diestro Ángel López Regatero, dando prueba de un valor asombroso, entró en la jaula provisto de su capa consi- Luis Rufino Charlo 212 guiendo levarse al corral a “Caramelo”, que permaneció hasta las tres de madrugada del día 16 de agosto en la plaza de toros. Fig. n.º 13.- Imágenes aparecidas en el periódico La ilustración el 25 de Agosto de 1849. Fig. n.º 14.- Regatero, La Lidia. Ganadería de Suárez 213 El domingo 9 de septiembre de 1849 llegó la décimo sexta media corrida de toros. Era la segunda de esa temporada. El cartel anunciaba dos toros de Aleas, uno de Gómez y tres de Suárez, de los cuales uno iba a ser “Caramelo”, el mismo que ya había salido a la plaza para luchar con el famoso león y un tigre en la última función de fieras. Iba a ser el tercero de la lidia y se presentaría con una gran moña para distinguirlo de sus compañeros. Fig. n.º 15.- Cartel de la corrida de Madrid, 9 de Septiembre de 1849. Luis Rufino Charlo 214 1Carlos Puerto fallecería el 25 de junio de 1852, en la Plaza de toros de El Puerto Santa María, consecuencia de la grandísima cornada que le infirió el toro Medialuna, de la ganadería de Anastasio Martín García, de Coria del Rio. Se anunciaba a los picadores José Trigo y Carlos Puerto, de El Puerto Santa María (nuevo en esta plaza) 1además de los espadas Francisco Arjona Guillén y su hermano Manuel Arjona Guillén. Caramelo, tenía que salir en tercer lugar. Era la segunda vez que se presentaba en la Plaza de toros de Madrid. Tras abrirle la puerta de chiqueros se presentó adornado con una gran moña mientras un aplauso general se adueñaba de la plaza. Según las crónicas se agitaron en el aire 14.000 pañuelos, 7.000 bastones y 6.000 abanicos. El toro tomó siete varas de Puerto y cinco de Trigo, matando tres caballos. El nuevo picador Puerto se llevó un revolcón de primera al quitarle la divisa al toro, que era una magnifica moña lila y blanca. Después de conseguir la “alhaja”, Fig. n.º 16.- Ilustración de La Lidia titulada “Por la divisa”. Ganadería de Suárez quiso obsequiar con ella al dueño del toro, y por equivocación fue a parar a manos del Duque de Veragua. La autoridad tocó a banderillas y después tocó a matar. Cúchares brindó y salió a los medios para dar muerte al animal, ante el griterío y alboroto del público pidiendo se le perdonara la vida. El presidente accedió a los deseos de los tendidos y tres cabestros devolvieron el bicho al corral. El dato es relevante. Este es el primer indulto del que tenemos noticia en la plaza de Toros de Madrid. El quinto toro de esa corrida, de nombre “Naranjero” y marcado con el hierro de Aleas también lograría el perdón de su vida en circunstancias más extrañas. Pero no fue por su bravura, pues fue un bicho cobarde que huyó de los picadores y de las capas. Sólo fue terrible para los perros. Más de veinte le echaron, degollando doce de ellos sin que ninguno de estos lograra hacerle presa. El presidente mandó sacar la medialuna, el pueblo se pronunció totalmente en contra y obtuvo la gracia que se le perdonase la vida. Era el segundo indulto en Madrid y, curiosamente, en la misma corrida aunque ‘Naranjero’ sería apuntillado aquella misma madrugada. El toro “Caramelo” fue curado por Cúchares de las heridas que recibió. El diestro, apenas se cambió de ropa se volvió a la plaza y le sajó las heridas que le produjeron las varas y las banderillas; quemándolas luego con aceite hirviendo. Más tarde se echó el toro al campo, al Soto de la Muñoza2, para que acabase de curarse. Era la segunda vez que escapaba este toro de la muerte… El domingo 4 de noviembre de 1849, se anunció una medio corrida extraordinaria. El mayor aliciente del cartel era la reaparición ante el público de Madrid del toro “Caramelo”, plenamente restablecido de sus heridas, pero tuvo que aplazarse por el mal tiempo. 215 2Actualmente aeropuerto de Adolfo Suárez Madrid-Barajas. Luis Rufino Charlo 222 Fig. n.º 22.- Cartel de la 18a. corrida con dos toros de Manuel Suárez, Madrid, 1848. Ganadería de Suárez 223 Fig. n.º 23.- Anuncio de la corrida de 1851 en Madrid con toros de Manuel Suárez. Luis Rufino Charlo Su hija Manuela agregó la parte que le correspondía a la ganadería de su esposo, Anastasio Martín García, aumentando éste la misma. Manuel Suárez Jiménez, por su parte, liquidó en el año 1.864 la ganadería vendiéndola en su integridad a Dolores Monje, viuda de Francisco Murube, representada por su hijo Felipe Murube, vecinos de Los Palacios. Estaba formada por 221 vacas, 77 añojos, 12 cabestros, 34 toros, 11 novillos, 12 era- 224 «Toros en Madrid Décima octava corrida, última de las de este año, celebrada en la tarde del lunes 27» «De Suárez el tercero, negro, bragado y bravo. Llovía a cántaros. Matóle a Chola dos jamelgos en diez varas. Seis le puso Bruno, y dos pares de rehiletes los ya dichos. El tiempo no estaba para bromas, y dióle Cuchares unmete y saca, mareándole muy satisfecho de que lo dejaba muerto; pero tuvo que coger de nuevo el estoque, porque el toro no quiso morir hasta que lo descabelló a la tercera» El Enano, 25 de octubre, 1851 Fig. n.º 24.- Dibujo de Manuel Castellano de un toro negro bragado de Suárez. Apud. Los toros de Castellano. Unión de Bibliófilos Taurinos. Ganadería de Suárez 225 les, 1 caballo de silla, 1 borrico y otros enseres de ganadería. Su precio fue 358.627 reales (100.000 reales en momento de la firma del contrato, otros 110.000 reales a entregar el 1 de mayo de 1864 y los 198.627 reales restantes a liquidar el 30 de noviembre de 1864). Fig. n.º 25.- Cartel de la corrida con toros de Manuel Suárez y de Doña Gala Ortiz en Madrid, 1862. Luis Rufino Charlo 226 Como dato curioso, en el Boletín de Loterías y Toros del 30 de marzo de 1868, la ganadería de Murube se anunciaba como “Viuda de Muruve, antes de Suárez”. «En el número próximo insertaremos el programa que ha de dar al público la empresa de la plaza de toros antes de abrir la renovación de abonos;....... Ya hemos dicho que la empresa baja las localidades de la plaza, y que entre otros toros cuenta ya para que se lidien con bichos de Veragua, Justo Hernández, Saltillo, Miura, Romero Balmaseda, Concha y Sierra, Anastasio Martín, viuda de Moruve, antes de Suárez, y Pedro Varela, antes de doña Gala Ortiz» Boletín de Loterías y Toros 30/III/1868