M. A. Río Ruiz: Efectos de la conversión en becario y consecuencias de la reforma… [RASE vol. 7, núm. 2: 468-487] rase | Revista de la Asociación de Sociología de la Educación | www.ase.es/rase | vol. 7, núm. 2, p. 468 EFECTOS DE LA CONVERSIÓN EN BECARIO Y CONSECUENCIAS DE LA REFORMA DEL SISTEMA DE BECAS ENTRE UNIVERSITARIOS DE CLASE OBRERA MANUEL ÁNGEL RÍO RUIZ 1 “Ve la vida como una sucesión de saltos con vallas en los que estas últimas son las becas que se obtienen aprendiendo a acumular y administrar la nueva moneda (…), como una prueba permanente que devuelve algunos elogios y muchas advertencias. Se torna experto en incorporar y producir, sus competencias varían, pero rara vez van acompañadas de un entusiasmo genuino” (Hoggart, 2013:302). Introducción onseguir “mayor eficiencia” a cambio de “pedir un pequeño esfuerzo” a quienes habrían estado beneficiándose de la aportación de los demás “sólo por ser pobres”, “un término antiguo” que no se sabría bien “qué significa”. Estas expresiones condensan buena parte de las argucias ministeriales manifestadas para reformar recientemente el sistema de becas, vigente sin grandes modificaciones desde 1983. Mayor eficiencia, en relación a sus coetáneos universitarios, es lo que revelan los datos disponibles sobre comportamiento académico de los becarios, incluso antes de la reforma emprendida cuyos efectos se evalúan en este artículo. Está dedicado a un colectivo cuyas oportunidades educativas dependen en gran medida del acceso bajo condiciones estables a ayudas; pero cuyas constricciones, dilemas y 1 Departamento de Sociología (U. Sevilla),
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M. A. Río Ruiz: Efectos de la conversión en becario y consecuencias de la reforma… [RASE vol. 7, núm. 2: 468-487] rase | Revista de la Asociación de Sociología de la Educación | www.ase.es/rase | vol. 7, núm. 2, p. 469 tensiones a la hora de afrontar la vida universitaria incluso cuando conservan las becas raras veces se consideran. Los becarios, según datos para años previos a la reforma llevada a cabo entre 2012 y 2013, matriculaban en mayor número de créditos, superaban un mayor porcentaje de éstos y tardaban menos en terminar sus estudios 2 . Estamos, pese a todo ello, ante un colectivo frecuentemente “en el punto de mira” de una sociedad donde dominan actitudes redistributivas regresivas. Éstas han favorecido la escasa –aunque mediáticamente ruidosa– contestación social a una reforma focalizada en buena parte de los jóvenes universitarios que más obstáculos sociales ha debido superar hasta llegar a la educación superior. Sistema que, pese a su “masificación” en las tres últimas décadas, ha seguido manifestando claras divisorias y desigualdades de clase en cuanto a probabilidades de acceso, elecciones de estudios y maneras de vivir los roles atribuidos a la juventud universitaria (Langa, 2003; Rahona, 2006; Langa y Río, 2013; Ariño, 2014; Barañano y Finkel, 2014). La reforma del sistema de becas conlleva tres tipos de cambios. En primer lugar, una elevación de las exigencias académicas para el acceso inicial y la conservación de ayudas en cursos sucesivos 3 . Puede parecer que sólo asistiríamos a un “ajuste técnico”, pero las modificaciones endurecedoras de los criterios académicos antes existentes son sensibles. Así, además del 6,5 exigido ahora para optar por primera vez a las becas salario, los porcentajes de créditos a superar en los sucesivos cursos para poder seguir optando a ellas han acabado misteriosamente situados ahora por encima de lo que años atrás eran las medias de créditos superados por curso alcanzadas por los becarios en sus distintas ramas (MECD, 2011:25). De esta manera, los marcadores fijados para distinguir el grano escolar fértil abonable con dinero público del rastrojo acumulado abandonado a su suerte, más que al servicio de la detección de universitarios meritorios, a lo que viene a servir es a una estratagema de recortes presupuestarios. 2 Los becarios finalizan estudios una media de 2,1 años antes (Hernández Armenteros y Pérez García, 2014: 19). En el curso 2011-2012 su “tasa media de rendimiento”–su porcentaje de créditos superados– fue del 80%: 8 puntos superior a la del total poblacional (MECD, 2013: 83). En el 2008-09 superaban en 14 puntos porcentuales la tasa de rendimiento de la población universitaria global: 79% frente al 65%. La diferenciación positiva de los becarios se daba en todas las ramas de enseñanza. Además, los ubicados en el umbral 1 –los de menor renta y perceptores de mayores cuantías– tenían una tasa de rendimiento del 82,5%: 3 puntos por encima de la media de los becarios y 17 puntos por encima de la media de la población universitaria global (MECD, 2011: 12-13 y 25). 3 Al alumnado nuevo se le exige ahora un 5,5 para poder solicitar la exención de matrícula y un 6,5 para solicitar los componentes de mayor cuantía económica. Para la preservación de los componentes de compensación económica en cursos siguientes se exige aprobar el 100% de los créditos matriculados, excepto para Ciencias y Enseñanzas Técnicas, donde se requiere el 85%. Si no se alcanzan estos requisitos máximos, antes situados entre el 80 y 60% de créditos según titulaciones, el estudiante podría conservar la beca si obtuviera una nota media entre el 6,0 y el 6,5 según carreras. Eso, siempre y cuando no baje su porcentaje de créditos aprobados del 90% (65% para Enseñanzas Técnicas).
M. A. Río Ruiz: Efectos de la conversión en becario y consecuencias de la reforma… [RASE vol. 7, núm. 2: 468-487] rase | Revista de la Asociación de Sociología de la Educación | www.ase.es/rase | vol. 7, núm. 2, p. 470 En segundo lugar, se introducen cambios en el modo de cálculo de las ayudas a percibir 4 . Las becas se convierten en un derecho competitivo, al condicionarse su cuantía no sólo a la renta y al rendimiento del becario, sino también al rendimiento del conjunto de becarios en la misma rama de conocimientos y a la asignación presupuestaría de la partida de becas. Ello supone un retroceso con respecto a anteriores medidas dedicadas a estabilizar el derecho y la percepción de becas con independencia de vaivenes presupuestarios y número de solicitudes (Tiana, 2008). En tercer lugar, se produce una disminución de las cuantías de las ayudas, sobre todo para los solicitantes de menor renta 5 . Ya se ha calculado una pérdida entre 1.940 y 3.146 euros para los estudiantes receptores de las becas de mayor cuantía por su menor renta, sus mayores gastos en los destinos universitarios alejados, y sus mayores necesidades de compensación de los costes de oportunidad derivados de estudiar (Hernández Armenteros y Pérez García, 2013: 12). Ninguno de los cambios resumidos subsanan, así, los tradicionales déficits del sistema español de becas en relación a otros países europeos (Langa y Río, 2013: 84-85). El primero: el escaso gasto público y la insuficiencia de la mayoría de las becas a la hora de compensar los costes de oportunidad derivados de la dedicación plena al oficio de estudiante 6 . El segundo: la existencia de muy exigentes y escasamente modulados umbrales de renta para poder acceder a estas ayudas, especialmente a las de mayor cuantía limitadas a individuos con rentas familiares por debajo del umbral de la pobreza que no tengan la desgracia de asistir a un pequeño incremento del patrimonio familiar 7 . El tercero: los retrasos en la resolución burocrática y percepción de las ayudas, hechos generadores de inseguridades actualmente agravadas por varias razones. Con los enrevesados nuevos baremos los estudiantes no pueden calcular de antemano la cantidad que percibirán, ni planificarse en función de ello 8 . Deben devolver la beca si no superan el 50% de los créditos del curso para el que ésta se otorgó 9 . Se mantiene además el sufrago de las matrículas en casos de 4 Se establece un sistema basado en dos componentes fijos —ligados a la renta del solicitante y a su residencia durante el curso— y un componente variable —con un importe mínimo de 60 euros— que resultará de la ponderación de la nota media del expediente del estudiante y de su renta familiar. La cuantía final de la beca pasa a depender, en vez de únicamente de la renta familiar, también del propio rendimiento del estudiante, del presupuesto disponible, y de la nota media de otros solicitantes en la rama de conocimiento. 5 Han sido eliminados los componentes dedicados a cubrir los gastos directos de los estudios, como las ayudas para los desplazamientos y el material. A su vez, las ayudas ligadas a la renta y residencia se ven sustancialmente mermadas en su cuantía, fijándose en 1.500 euros máximo cada complemento. 6 El gasto público español en becas supone un 9,4% de la inversión total en educación, mientras que en la UE-27 supone un 18,2%. Incluso la inversión italiana (22,2%) es muy superior a la española (OECD, 2012). 7 Para ser –p. ej.–becario salario de una familia de cuatro miembrosdebe reunirse una renta anual inferior a 13.999 euros. En el curso 2010/2011 aproximadamente un 25% de estudiantes universitarios tenía derecho a algún tipo de beca, pero los beneficiarios de ayudas superiores a los 3.500 euros apenas representaban el 4,8% del conjunto de universitarios (Río y Jiménez, 2014a). 8 Las becas con el nuevo sistema han batido records de retraso en su adjudicación definitiva y pago. 9 El problema difundido por las universidades de miles de estudiantes obligados a devolver las becas, al no aprobar el curso anterior el 50% de los créditos, ha sido el único de su reforma fácticamente reconocido por el gobierno:
M. A. Río Ruiz: Efectos de la conversión en becario y consecuencias de la reforma… [RASE vol. 7, núm. 2: 468-487] rase | Revista de la Asociación de Sociología de la Educación | www.ase.es/rase | vol. 7, núm. 2, p. 471 denegación por cualquier motivo, esto es, sin establecerse a la hora del abono de tasas distinciones –necesarias– entre las diferentes condiciones y casuísticas que pueden reunir quienes experimentan denegaciones con la nueva reforma. A todos estos déficits se añadiría la escasa cobertura en becas para los ciclos donde se registra mayor abandono de los estudios, algo que ésta reforma podría fomentar al endurecer también las condiciones de acceso y renovación de becas durante secundaria postobligatoria. Así, el grueso de la inversión en becas se destina a la educación superior, nivel en el que las barreras de acceso y los incentivos externos contra la continuidad escolar ya han causado la mayor parte de sus efectos de clase. Por otro lado, la reforma descrita llega impuesta en el peor de los momentos. En un contexto de incremento bastante generalizado y sustancial de las tasas, y de multiplicación del número las familias que ven multiplicarse sus dificultades para adaptarse y poder responder al incremento de la inversión educativa exigido por reformas que están aumentando los costes, así como menguando o directamente eliminando las ayudas en los servicios educativos. Aunque el baile de datos no cesa, algunos indicarían una reducción del 2,9% en el número de becarios del curso 2012-2013 con respecto al 2011-2012. Tras años de sucesivos incrementos de las solicitudes y becas concedidas, consecuencia de la reducción incesante de rentas familiares por la crisis, el citado sería el primer descenso en el número de becarios desde que se instalara dicha crisis. En las comunidades con más becados –como Andalucía, con uno de cada cuatro de los becarios nacionales– su porcentaje se habría reducido más de un 5% 10 . Hay estimaciones más impactantes que indicarían la exclusión de 19.719 universitarios de nuevo ingreso que, al no llegar al 5,5 de nota media, quedarían sin acceso a la exención de tasas. Esta cifra se elevaría a 83.328 estudiantes sin opción a las ayudas ligadas a renta y residencia por no alcanzar el 6,5 exigido. En general se pronosticaba una reducción del 37,3% del becariado (Hernández Armenteros y Pérez García 2013: 13). Una evaluación de las resoluciones de becas realizada desde la Junta de Andalucía también indica en esta comunidad una considerable reducción del número de perceptores de becas compensatorias no universitarias: de 47.150 registrados en el curso 2011-2012 pasaron a 37.468 en el 2012-2013. A su vez, para el actual 2013-2014 y mediante estimaciones de la citada administración, se informaba también una reducción a la mitad el número de perceptores de becas compensatorias no universitarias: las destinadas a los estudiantes de menores rentas, perceptores también de una transferencia complementaria del gobierno andaluz cuando los ingresos de sus padres no llegan a la mitad de la renta fijada para ser declarado becario estatal (Río y Jiménez, 2014a) 11 . La tendencia es que, mientras el gobierno califica de catastrofistas e injustificados estos acaba de reducir del 50 al 40% los créditos mínimos a superar por becarios de ramas científico-técnicas para evitar devolver las ayudas al curso siguiente. Estas exigenciasrepresentan una doble penalización, especialmente para los becarios que curseningenierías, donde la tasa de rendimiento general se sitúa en el 58, 4% y donde la tasa media de rendimiento de los becarios es del 67,9% (MEC, 2011: 25). 10 Véase: http://sociedad.elpais.com/sociedad/2013/12/16/actualidad/1387227726_593486.html. 11 Véase Consejería de Educación, Junta de Andalucía: nota de prensa 13 de marzo 2013. Disponible en: http://www.juntadeandalucia.es/educacion/educacion/nav/contenido.jsp?pag=/Contenidos/GabinetePrensa/Nota
M. A. Río Ruiz: Efectos de la conversión en becario y consecuencias de la reforma… [RASE vol. 7, núm. 2: 468-487] rase | Revista de la Asociación de Sociología de la Educación | www.ase.es/rase | vol. 7, núm. 2, p. 472 datos, las universidades informan sin cesar de reducción del número de becarios; de multiplicación del abandono entre solicitantes de becas rechazadas; de miles de estudiantes en cada universidad obligados a devolver las ayudas 12 . Siendo necesarios para evaluar las consecuencias del cambio en la política de becas, este tipo de datos y aproximaciones a los efectos de la reforma resultan insuficientes, incluso para la acción política sociológicamente informada. En primer lugar, no permiten comprender y evaluar los múltiples procesos de precarización de las condiciones de estudio y las autolimitaciones formativas que desencadenan las nuevas exigencias e inseguridades que introduce la reforma, la cual afecta a las estrategias de los que pierden las becas, de los que encontrándose a las puertas de la universidad aspiraban a ellas para poder entrar, y de los que consiguen mantenerlas pese a todo. En segundo lugar, los datos existentes hasta el momento tampoco permiten comprender y advertir sobre dos aspectos claves para evaluar la idoneidad o perversidad de la reforma en cuestión. El primero: el papel que juega la aspiración y el mantenimiento de becas en el desarrollo de expectativas y en la materialización de oportunidades educativas. El segundo, un hecho mucho menos explorado: las constricciones específicas a la hora de afrontar los estudios y la vida universitaria que supone convertirse en becario. La estrategia cualitativa que aquí se desarrollará permite, en cambio, aportar nuevas evidencias y profundizar en las cuestiones apuntadas. En un primer punto, se analiza el papel de las becas en la preservación y consolidación de oportunidades y expectativas educativas entre universitarios de clase obrera becados. En segundo lugar, se revelan las constricciones y hándicaps sin embargo derivados de la condición de becario. Finalmente, se analizan los efectos –algunos probables, otros confirmados– de la reforma reciente del sistema de becas en la destrucción de oportunidades, así como en la multiplicación de obstáculos educativos. Los análisis se sustentan en 21 entrevistas en profundidad a estudiantes preservadores y perdedores de becas que fueron seleccionados a partir de un diseño muestral intencional. Para contactarlos se recurrió a redes en el distrito universitario de Sevilla. Los entrevistados –12 becarias y 9 becarios–se distribuyen por diferentes cursos y por todas las ramas de enseñanza. La mayoría (16) de entrevistados-as, no obstante, comparte ser o haber sido recientemente beneficiarios de becas salario. Las de mayor cuantía, las reservadas a los estudiantes de más bajos ingresos por debajo del umbral 1, las que nos sitúan ante el perfil de estudiantes cuyas posibilidades y condiciones de estudio generalmente fuera de sus lugares de origen más dependen de la existencia de ayudas. El trabajo de campo se realizó entre mayo de 2012 y diciembre de 2013. Por tanto, s_de_prensa/2013/Marzo/nota_prensa_130313_becas). 12 Según datos recogidos en el “Informe del Sr. Rector de la Universidad de Sevilla al Consejo de Gobierno” en sesión de 30 de abril de 2013 (pp. 20-21), las becas concedidas habían disminuido en 1.100 estudiantes, aumentando las renuncias de matrícula a 2.429 estudiantes, 464 por falta de pago. Aún estaban entoncespendientes de realizarse los requerimientos de pago por denegaciones de becas para 2013. Muchas de estas circunstancias han provocado la puesta en marcha de medidas de emergencia universitaria que llegan al extremo muy discutido del fomento de mecenazgos para financiar a estudiantes mucho más empobrecidos al verse también excluidos de las becas. Otro estudio de la Universidad de Valencia calculaba que el 65% de éstos abandonaría los estudios en tal caso.Véase: http://www.upv.es/noticias-upv/noticia-6006-impacto-de-la-c-es.html. Acceso: 19/10/2013
M. A. Río Ruiz: Efectos de la conversión en becario y consecuencias de la reforma… [RASE vol. 7, núm. 2: 468-487] rase | Revista de la Asociación de Sociología de la Educación | www.ase.es/rase | vol. 7, núm. 2, p. 473 distintos casos de varias cohortes de estudiantes afectados en distintos momentos por los cambios imprevistos en las reglas del juego que introduce la reforma –anunciada repentinamente a finales del curso 2011-2012, aplicada durante el curso 2012-2013, y endurecida repentina y sustancialmente otra vez para el curso 2013-2014– han podido analizarse. Algunos de los análisis presentados para estudiantes que pese a todo mantienen sus becas pueden reunir al menos un problema. Aunque se ofrecen ilustraciones recurrentes de cómo estos preservadores de beca están ya modificando y limitando sus estrategias educativas como producto de los nuevos obstáculos e inseguridades para preservar las ayudas que introduce la reforma, el tiempo transcurrido desde la implantación de la misma es escaso. No es por tanto fácil en estos momentos, y para este tipo casos, precisar las diferencias entre lo que algunos plantean y barajan frente a la nueva situación que podría afectarles y lo que finalmente acabarán haciendo en el caso –aún no dado– de perder la beca. El papel de las becas en la proyección, acceso y mantenimiento en el sistema universitario La existencia de becas bajo condiciones estables solidifica –aunque rara vez naturaliza– la proyección, el acceso y la permanencia en el sistema universitario. En primer lugar, estos recursos contribuyen a proyectarse en el porvenir escolar más deseado con mayor autonomía y de manera más segura, con más “tranquilidad” 13 . Por un lado, “abren las puertas de la universidad” a perfiles de estudiantes de notable rendimiento, pero escasos recursos, que identifican “estudiar” exclusivamente con “hacer la universidad”. En ausencia de becas, muchos de estos jóvenes no hubieran seguido estudiando, o lo hubieran hecho mediante una rebaja forzada de sus expectativas y preferencias educativas debida a factores externos a su propia capacidad y voluntad. Por otro lado, “contar con los ingresos de las beca” posibilita rectificar frente a iniciales elecciones universitarias equivocadas: Se me abrieron las puertas de la universidad, vamos, veía la universidad, porque aunque tú digas: “en la universidad también te dan becas”. Sí, pero tú, al entrar, tienes que pagar (…). Era como tener las espaldas cubiertas de poder empezar a estudiar sin problemas. Yo pensaba formación profesional, pero cuando me enteré de que me la habían dado, pues digo: “Bueno, pues a lo mejor tengo oportunidad y puedo estudiar” (…) Tranquilidad, vamos, a mí la beca me ha traído tranquilidad (B1, becaria, 1º Ingeniería Edificación). 13 Las posibilidades de proyectarse en el porvenir dependen de las seguridades objetivas que da una posición (Bourdieu, 1974). El conocimiento de que se cumplen las condiciones para conseguir becas, también el de su cuantía y plazo de percepción, contribuye a estructurar y planificar la apuesta educativa de estudiantes y familias. En cambio, las medias sobrevenidas que alteran las condiciones de acceso y percepción a estos recursos fragilizan y desincentivan las apuestas educativas, como veremos en el punto sobre los efectos negativos de la reforma.
M. A. Río Ruiz: Efectos de la conversión en becario y consecuencias de la reforma… [RASE vol. 7, núm. 2: 468-487] rase | Revista de la Asociación de Sociología de la Educación | www.ase.es/rase | vol. 7, núm. 2, p. 474 No me iba bien y me iba a llevar más años. Entonces, digo: “si tengo ahí la beca ahora ahorrada prefiero cambiarme, que me vaya mejor en otra carrera, que quedarme en ésta” (B11, exbecaria, 1º Relaciones Laborales). En segundo lugar, la existencia de becas contribuirá a que se materialicen las preferencias universitarias de los jóvenes frente a las preferencias familiares. Diversos estudios (Reay, 1998; Ball, Reay y David, 2002; Langa, 2003) muestran cómo la desigual distribución de capital cultural familiar y las distintas constricciones económicas de los estudiantes influyen a la hora de elegir y orientarse en los estudios superiores. Las elecciones universitarias de los jóvenes de clase obrera estarían frecuentemente dominadas por una anticipación de las dificultades y/o de los costes atribuidos a las distintas titulaciones disponibles, esto es, por la estimación a la hora de decidir de los riesgos que las titulaciones preferidas consideradas “más difíciles” pueden suponer de cara a un objetivo para éstos esencial: “no fallar”, cumplir todos los cursos las exigencias de rendimiento académico que permitan, por ejemplo, renovar las ayudas de las que tanto se depende para mantenerse estudiando o seguir cursando la titulación preferida en el lugar deseado: Mi madre me dijo: "vete a estudiar otra carrera a Cádiz. Prueba una ingeniería, tiene muchas salidas”. Pero yo una ingeniería no estaría nada a gusto (…) Estudiar en Cádiz me sale más barato que en Sevilla. Pero ya no sería lo mismo(B21, exbecario, repite 1º Doble Grado de Física y Materiales). El saber que tenía beca me decidió a venirme aquí, que tenía más prestigio; si no me hubiera ido a Puerto Real, porque hay residencia de alojamiento que te dejan más barato(B16, exbecaria, 1º Magisterio). En ausencia de becas –como las que en los momentos de elegir universidades permitieron a los dos anteriores jóvenes orientarse hacia las ciudades y títulos deseados–, las preferencias estudiantiles pueden verse condicionadas y desincentivadas por las estrategias y apuestas muchas veces más modestas y cautas de los padres, cuyas expectativas educativas suelen verse constreñidas por la escasez crónica de recursos, así como por la necesidad de realizar cálculos constantes sobre la duración, la dificultad académica, los costes de oportunidad, y la utilidad posterior en el mercado laboral de las titulaciones preferidas por los jóvenes. La existencia de becas, en cambio, contribuiría a resolver las discordancias de expectativas generalmente a favor de las aspiraciones estudiantiles allí donde no coinciden con las “preferencias” parentales. Además, la consecución de becas actúa como importante elemento de confirmación de buenas señales escolares de las cuales depende el sostenimiento de expectativas escolares entre padres de clase obrera. En tercer lugar, la reducción de los costes de oportunidad por estudiar que propician las becas contribuye a reducir los sentimientos de culpa y deuda hacia las familias que rodean las apuestas escolares y vitales de aquellos jóvenes de clase obrera que continúan estudiando en edades laborales (Langa, 2003; Río y Jiménez, 2014b). Frente a las habituales imágenes deformadas por el periodismo y cierta sociología de la juventud, las cuales frecuentemente ignoran las divisorias de clase que impiden hablar de “la juventud” como etapa de la vida en la que la dependencia de los padres se considera algo natural (Bourdieu, 1998), los universitarios de clase obrera tienden a mostrarse especialmente conscientes de que mientras los títulos en los que descansaría su promoción social sirven a aspiraciones individuales (“son para mi futuro”), el coste de los mismos
M. A. Río Ruiz: Efectos de la conversión en becario y consecuencias de la reforma… [RASE vol. 7, núm. 2: 468-487] rase | Revista de la Asociación de Sociología de la Educación | www.ase.es/rase | vol. 7, núm. 2, p. 475 se ve en cambio socializado a través de sus económicamente necesitadas familias, especialmente si faltan las becas. Éstas reducen el sentimiento de ser “una carga” y legitiman –frente a padres y grupos de referencia– el rol de estudiante a tiempo completo 14 : Mi padre es pescador, la cosa está muy mal, tengo dos hermanos más, y no tener beca supone un gasto para mi familia que no creo que deba ser así. Por tanto, por propia responsabilidad como persona, no quiero que mis estudios, que son para mi futuro, sean una carga para mis padres (B7, becario, 4º Periodismo y Económicas). Entre el becariado domina un discurso economicista y productivista con respecto a los estudios. Es infrecuente la percepción de la etapa estudiantil como época para ejercer de diletantes legítimos (Bourdieu y Passeron, 2003). Bien al contrario, la mayoría de estos jóvenes que pasan de ser costeados a convertirse en potenciales costeadores de necesidades familiares tienden a percibir las ayudas recibidas –en vez de como premios individuales–como oportunidades que no se pueden desaprovechar para realizar proyectos personales legitimados por los ingresos propios generados; pero también como medios para ejercer la solidaridad intergeneracional solventando carencias domésticas y exonerando a los padres de sacrificios económicos destinados a la educación. En cuarto lugar, la consecución de becas reduce el dilema entre la dedicación íntegra que exigirían los estudios y la necesidad de trabajar. Como veremos, dicho dilema es frecuente e intenso cuando desaparecen las opciones a becas: Durante el bachillerato trabajaba con la idea de poder venir. Si no fuera por la beca, no estaría aquí. Trabajé, pero a una niña de 17 años se la explota, ahorré muy poco dinero. Me podría haber pagado con ahorros un par de meses, y con lo que ahorraba mi madre otros dos. ¿Y el resto de la carrera? ¿Quién me la pagaba? A mí me abrió un mundo la beca (…) Yo tenía la idea de buscarme la vida trabajando, pero cuando me dieron la beca y vi la cuantía y que trabajando te arriesgabas a que te quitaran la beca, decidí centrarme en la carrera (B5, becaria, 5º Periodismo). Por último, la conversión en becario incrementa el sentido de compromiso y de responsabilidad con la sociedad. Aunque entre estos jóvenes subyace continuamente el sentimiento de agravio por no poder permitirse “fallar ni un solo día”, por tener que vivir la universidad como una “carrera de vallas” que les somete a un tenso cálculo a la hora de planificar los estudios, el rol de becario se ejerce inscrito en un sentimiento del deber. Primero hacia la familia, apuntábamos; pero también hacia la sociedad que les concede oportunidades. La condición de becario es de hecho frecuentemente considerada como “un contrato con la sociedad”. Conscientes de que se 14 Como apuntó Hoggart (2013:297-310) y subraya después Lahire (2004:63), los mejores exponentes escolares de la clase obrera, entre los que se encontrarían los becarios, tienden a verse envueltos en dos matrices de socialización contradictorias y en tensión: la del universo escolar y la del universo de origen, donde funcionan principios de jerarquización del valor social de los sujetos diferentes. Frente a estas condiciones –habitual hervidero de tensiones entre hermanos estudiantes y hermanos proletarios– las becas contribuyen a la valorización de las apuestas escolares de chicos procedentes de medios sociales alejados de la norma escolar, como los de buena parte de la etnia gitana (Río y Jiménez, 2014b)
M. A. Río Ruiz: Efectos de la conversión en becario y consecuencias de la reforma… [RASE vol. 7, núm. 2: 468-487] rase | Revista de la Asociación de Sociología de la Educación | www.ase.es/rase | vol. 7, núm. 2, p. 476 encuentran “en el punto de mira” de una sociedad que les exige “más que a los demás” por “cobrar una prestación”, aceptan que existan “reglas del juego” y exigencias “lógicas, no increíbles” para conservar las ayudas. Critican posibles casos de “fraude” y de “mal uso” que deterioran su imagen como colectivo ante la opinión pública. Defienden una distribución “justa” de las ayudas que parta del principio de necesidad económica, pero considere a su vez la rendición de cuentas y la adecuación a criterios económicos, administrativos y académicos que están obligados a conocer con inusitada precisión: La media de aprobados en todas era el 54% de los créditos en las ingenierías, contando becarios y no becarios. Y dijeron: vamos a redondearlo al 60% en todas las ingenierías para conceder la beca; que es lo normal, es lo lógico (…) Pero ahora, ¡subir a un 85-90% de aprobados!, pues no sé. Hay que exigir, yo estoy de acuerdo, siempre un mínimo para que no haya abusos, pero es que en este caso los mínimos puestos son un abuso de por sí (B6, becario, 4º Ingeniería Aeronáutica). Los otros costes de las oportunidades: hándicaps y constricciones asociadas a la condición de becario El análisis también muestra las constricciones y hándicaps de los becarios a la hora de afrontar la vida universitaria y planificar sus estudios bajo la necesidad de conservar estos recursos, algo que influirá en las razones prácticas de esta especie de estudiantes. Por una parte, en sus elecciones iniciales de estudios. Éstas serían habitualmente más utilitaristas y calculadas en términos de costes y riesgos, incluso en casos de estudiantes previamente brillantes cuya trayectoria escolar incentivaría la aspiración a titulaciones “de más prestigio” en las que, sin embargo, puede “costar más” aprobar, “renovar la beca” y acabar. Por otra parte, la conversión en becario influye en las actitudes y estrategias vitales y ante el estudio de esta clase de jóvenes una vez acceden a la universidad. En primer lugar, desde que acceden la vida de los becarios está dominada por inseguridades, carencias y austeridades materiales. Por la planificación y cálculo constante de los gastos en tanto se resuelve y percibe la ayuda, una parte de la cual debe guardarse para comenzar el próximo curso: Llevo un cuadernito absolutamente con todos los gastos. Tengo el presupuesto inicial, cuánto tenía yo de mi beca. Además lo tengo limitado de antes, para la universidad voy a gastar tal, para salir reservo otro poquito. Si no, es que no puedo (B12, becaria, 2º Criminología). Los cálculos están al orden del día. Cada decisión que teníamos que tomar, lo primero era la libretita, el boli y a hacer cuentas de todas clases. (B19, ex-becario, 1º Filología). En segundo lugar, la condición de becario está marcada por limitaciones a la hora de planificar y afrontar los estudios. La presión por la beca –a veces por perderla– somete a sus aspirantes a una lógica productivista de aprobados en serie que dificultaría el genuino entusiasmo
M. A. Río Ruiz: Efectos de la conversión en becario y consecuencias de la reforma… [RASE vol. 7, núm. 2: 468-487] rase | Revista de la Asociación de Sociología de la Educación | www.ase.es/rase | vol. 7, núm. 2, p. 483 universitarios que se realizan. Ello reforzaría las desigualdades de clase en cuanto al uso del tiempo y la proyección en el futuro entre las distintas clases de universitarios. En España estas situaciones desigualitarias producto de la búsqueda “donde sea” de empleos para jóvenes sin recursos, pueden verse agravadas por dos factores. Por las ilusionistas pero discriminatorias adaptaciones al espacio europeo de educación superior, y por la historia de horror verdadero en la que se están transformando las condiciones de empleo. Por un lado, el llamado “Plan Bolonia” ha diversificado horarios e incrementado el número de horas en los centros, así como multiplicado las actividades cotidianas del estudiante en ellos al margen de la preparación de exámenes: multiplicación de prácticas, trabajos grupales, tutorías obligatorias y otras actividades académicas frecuentemente concebidas como si sólo existiesen estudiantes ideales en ideales condiciones. Todo ello provoca que muchos jóvenes sin recursos se vean expuestos a una discriminación negativa a la hora de “intentar compaginar” trabajos con la realización de estudios. Al menos a un ritmo y con una productividad similar a la de los otros estudiantes que sí pueden, en cambio, dedicarse íntegramente a las hoy multiplicadas actividades propias del oficio de universitario y, con ello, conseguir mejores resultados académicos. Por otro lado, la degradación de las relaciones laborales a la que asistimos –donde abundan empleos declarados parciales que en realidad no lo son– dificulta la planificación de este tipo de explotados estudiantes cada vez más supeditados a abusivas flexibilizaciones 17 : a cambios imprevistos de turno, a incertidumbres entre periodos de trabajo-no trabajo que impiden planificaciones, a la ausencia de permisos para presentarse a exámenes… Conclusiones Frente a otros países que redujeron becas y multiplicaron préstamos, España ha mantenido en las últimas tres décadas un sistema de becas con limitaciones, pero que combinaba la solidaridad con la exigencia. El artículo muestra como la conversión en becario, además de intensificar la presión por el logro, suele conllevar la solidificación de las apuestas universitarias entre estudiantes que, en ausencia de becas, difícilmente hubieran llegado a plantearse acceder a la universidad y cursar las titulaciones deseadas. Ahora bien, positiva en muchas facetas, la conversión en becario también supone constricciones y hándicaps poco considerados, pero que dominan la vida de esta clase de jóvenes. Experimentadores habituales de justificadas aversiones al riesgo, y a pesar de su necesidad de calcular y no fallar para poder seguir estudiando, los becarios viven su estancia en la universidad como algo también subordinado a factores externos, como el cambio de exigencias que ha sorprendido a muchos intentando terminar unos estudios que hoy –afirman– no emprenderían. La reforma reciente del sistema de becas, además de multiplicar los hándicaps y constricciones habitualmente asociadas a la condición de becario, extiende e intensifica la 17 Una simple visita a una página –www.abusospatronales.es– revela cómo se generalizan jornadas muy superiores a las declaradas en contratos y exigencias desmesuradas de flexibilidad horaria.
M. A. Río Ruiz: Efectos de la conversión en becario y consecuencias de la reforma… [RASE vol. 7, núm. 2: 468-487] rase | Revista de la Asociación de Sociología de la Educación | www.ase.es/rase | vol. 7, núm. 2, p. 484 desigualdad de oportunidades educativas. Por un lado, asistiríamos a autolimitaciones de los proyectos formativos por motivos económicos: descartar ir a la universidad o abandonarla; limitar las elecciones a carreras más cercanas, menos costosas y menos difíciles, donde sea más fácil preservar la beca o mantenerse estudiando en el caso más probable de perderla… Por otro, la reforma analizada estaría generando una precarización de las condiciones de estudio que afecta negativamente al rendimiento: realizar viajes diarios para ahorrar en residencias, formarse mediante prácticas autodidactas desde casa, buscar empleos desviantes de los estudios que reducen la productividad e incentivan el abandono de éstos… Harán falta muchos más datos y análisis de diferente naturaleza para identificar otras consecuencias de la nueva política de becas no abordadas aquí. Entre otras lagunas emerge la de saber qué pautas diferenciales de rendimiento podría desencadenar esta reforma entre los distintos perfiles académicos de estudiantes aspirantes a conseguir becas. Esos hallazgos podrían luego contrastarse con los de otras investigaciones que muestran impactos diferenciales sobre el esfuerzo y el rendimiento de las transferencias de rentas condicionadas a resultados educativos (Río y Jiménez, 2014b). Aunque quedaría mucho por evaluar, no deberíamos limitarnos a la cuantificación de una gama limitada de outputs finales de la nueva política de becas. Hay que trascender lo que habitualmente emplea a la economía de la educación, área dominante en las investigaciones sobre becas necesitadas de nuevas perspectivas de análisis. En suma, estamos ante una reforma clasista, implantada en un pésimo momento y que dilapida capital humano. Naturaliza e incrementa la desigualdad entre jóvenes de distintas clases sociales a la hora de proyectarse, acceder y mantenerse en la universidad. Llega impuesta en tiempos de grandes dificultades de aumento del gasto educativo familiar como medio de afrontar pérdidas filiales de becas o incrementos de los costes directos de la educación. Además, frente al tantas veces prometido aumento de las becas para fomentar la movilidad, desincentiva ésta y la posibilidad de que los mejores elementos escolares de las clases populares se vean atraídos hacia las consideradas titulaciones de alto impacto social y económico, tal y como predican los ideólogos del capital humano. En cambio, quienes consideran que nuestra universidad y su sistema de becas se han convertido en fuentes de perversos igualitarismos –a regenerar mediante una activación muy selectiva de la segadora del mercado– probablemente encontrarán en esta reforma un medio más de cierre social para repartirse entre menos competidores las principales porciones de la tarta credencialista sin dar voces ni levantar barricadas. A golpe de BOE.
M. A. Río Ruiz: Efectos de la conversión en becario y consecuencias de la reforma… [RASE vol. 7, núm. 2: 468-487] rase | Revista de la Asociación de Sociología de la Educación | www.ase.es/rase | vol. 7, núm. 2, p. 485 Bibliografía Ariño, A. (2014) “La dimensión social de la educación superior”. Rase. Revista de la Asociación de Sociología de la Educación, 27 (1): 82-103. Ball, S., Reay, D. y David, M. (2002) “It’s taking me a long time but i’ll get there in the end: mature student on access courses and higher education choice.” British Education Research Journal 28 (1): 5-19. Barañano, M. y Finkel, L. (2014) “Transmisión intergeneracional y composición social de la población estudiantil universitaria: cambios y continuidades”. Rase. Revista de la Asociación de Sociología de la Educación, 27 (1): 42-60. Bourdieu, P. (1974) “Avenir de classe et causalité du probable.” Revue Francaise deSociologie, (XV): 3- 42. Bourdieu, P. (1998) “La juventud es sólo una palabra.” En Cuestiones de Sociología (Madrid, Istmo, pp.142-153). Bourdieu, P. y Passeron, J.C. (2003) Los herederos. Los estudiantes y la cultura. (Buenos Aires, Siglo XXI). Elías, M. y Daza, L. (2014) “Sistema de becas y equidad participativa en la universidad.” Rase. Revista de la Asociación de Sociología de la Educación, 27 (1): 233-251. Finkel, L. y Barañano, M. (2014). “La dedicación al estudio y al trabajo de los universitarios en España.” Rase. Revista de la Asociación de Sociología de la Educación, 27 (1): 82-103. Hernández Armenteros J. y Pérez García, J. (2013) Informe sobre el “Proyecto de Real Decreto por el que se establecen los umbrales de renta y patrimonio familiar y las cuantías de las becas y ayudas al estudio para el curso 2013- 2014”.http://www.comunicacion.us.es/sites/default/files/Documento%20de%20trabaj o%20RD%20Becas.pdf. Acceso 28 Julio 2013. Hernández Armenteros, J. y Pérez García, J. A. (2014) “Crisis fiscal, finanzas universitarias y equidad contributiva.” En Studia XXI-Fundación Europea Sociedad y Educación. Cuadernos de Trabajo, núm. 7. Acceso 31 Marzo, 2014. http://www.studiaxxi.com/site/wpcontent/uploads/00.-Cuaderno-de-trabajo-7-PRINT.pdf. Hoggart, R. (2013/1957 ed.) La cultura obrera en la sociedad de masas. (Buenos Aires, Siglo XXI). Lahire, B. (2004) El hombre plural. Los resortes de la acción. (Barcelona, Bellaterra).
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