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SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 LOS TIPOS ANFÓRICOS DEL GUADALQUIVIR EN EL MARCO DE LOS ENVASES HISPANOS DEL SIGLO I A.C. UN UNIVERSO HETEROGÉNEO ENTRE LA IMITACIÓN Y LA ESTANDARIZACIÓN* GUADALQUIVIR AMPHORA TYPES WITHIN HISPANIC CONTAINERS FIRST CENTURY BC. A HETEROGENEOUS UNIVERSE BETWEEN THE IMITATION AND THE STANDARDIZATION ENRIQUE GARCÍA VARGAS** RUI ROBERTO DE ALMEIDA*** HORACIO GONZÁLEZ CESTEROS**** Resumen: La dinámica de la investigación actual sobre la cultura material tardorrepublicana y tempranoaugustea en la Ulterior y en el resto de los territorios que constituyeron el Imperio hace que cualquier sistematización de las ánforas fabricadas en el valle del Guadalquivir (en sentido extenso) durante este periodo quede enseguida superada por nuevos hallazgos y materiales. El presente trabajo pretende ser un estado de la cuestión actual respecto al estudio de éstas ánforas del siglo I a. C. que, sin ser exhaustivo, incluya el mayor número de contextos posibles, tanto de las áreas de producción como de las de consumo. Sobre esta base material, se ensaya una ordenación tipológica que incluye diecisiete tipos anfóricos regionales incluidos en cuatro grupos cuyo criterio de formalización es, fundamentalmente, el “éxito comercial” y la duración, mayor o menor de la “vida” de los contenedores que los componen. Al análisis morfológico, que incluye novedosas propuestas de trabajo sobre el origen y el desarrollo formal de tipos como Haltern 70, Oberaden 83 y Urceus, se añade una contextualización histórico-eco- nómica y la necesaria confrontación con los repertorios anfóricos contemporáneos de otras áreas productivas peninsulares. El resultado es una propuesta tipológica y funcional compleja que, a nuestro juicio, es la que mejor parece ajustarse al estado actual del conocimiento arqueológico sobre los tipos anfóricos de la Ulterior interna durante el siglo I a. C. Evidentemente, la propuesta se presenta como tema de reflexión y base para la discusión y confrontación de ideas en los próximos años. Palabras clave: Ánforas, valle del Guadalquivir, República romana, siglo I a.C., tipología Abstract: Current research trends on the material culture in the province of Hispania Ulterior in the late republic and the early years of the Augustean reign, make any systematisation of amphorae in the Guadalquivir valley (in a wide sense) liable to be soon superseded by new finds and evidence. The present work aims at reviewing the state of the question of 1st century b. C. amphorae, not exhaustively but taken as many contexts into account as possible, including production and consumption areas. Starting with the material evidence, we propose a typology divided in seventeen regional amphora types in four groups, according to ‘commercial sucess’ and the duration of the type. The morphological analysis, which includes new proposals on the origin and development of types such as Haltern 70, Oberaden 83 and Urceus, is offered along a historic-economic contextualisation and the comparison with other coeval amphoric repertoires in the Iberian Peninsula. The result is a complex typological and functional proposal which, in our opinion, responds better to the archaeological record for the chronology and geographical context in hand. Obviously, the proposal aims at becoming the base for further discussion in the future. Keywords: Amphorae, Guadalquivir Valley, Roman Republic, 1st. century B.C., tipology * El presente trabajo se inserta en el Proyecto “Amphorae ex Hispania: paisajes de producción y consumo” (HAR2011-28244). ** Departamento de Prehistoria y Arqueología, Universidad de Sevilla *** Bolseiro da Fundação Para a Ciência e Tecnologia, Universidade de Lisboa – UNIARQ **** Instituto Catalán de Arqueología Clásica, Universidad Autónoma de Madrid
186 ENRIQUE GARCÍA VARGAS / RUI ROBERTO DE ALMEIDA / HORACIO GONZÁLEZ CESTEROS SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 0. INTRODUCCIÓN Y RAZONES PARA UN ESTUDIO La investigación enmarcada en la amplia región productora del Guadalquivir (en cuya cuenca se incluye también la del subsidiario Genil y otros afluentes menores como el Corbones y el Guadaira) viene sufriendo una evolución particular, sobre todo en los últimos 20 años, que no va a la par de la desarrollada en otras grandes zonas productoras, como pueden ser la Bahía gaditana y su hinterland inmediato, la Gallia Narbonense o el cuadrante nororiental de la Hispania Tarraconensis. Observando y analizando ese proceso con alguna distancia, e intentando hacerlo de un modo imparcial (en tanto sea posible), resulta en gran medida lógica la atención e inversión dedicada a los demás ámbitos provinciales. Podemos decir que gran parte de la investigación dedicada a los temas anfóricos del Guadalquivir es el resultado de una “descentralización” o “despolarización” de los objetos de estudio. En otras palabras, que gran parte de esa investigación, su consecuente evolución y consolidación, se ha realizado fuera del área de producción original, con un elevado número de trabajos y aportaciones centrados en lugares de consumo por todo el mundo romano. El mejor ejemplo y exponente máximo de este paradigma lo representan las excavaciones españolas en el Monte Testaccio en Roma, seguida por una serie interminable de investigaciones y proyectos desde el Finisterre occidental que es el “mar exterior” atlántico, cruzando todo el Mediterráneo hasta llegar a Iudaea, sin olvidarse de las fronteras de Europa septentrional germanas y británica, y de todo el norte de África. Mientras que en ámbitos como las bahías gaditana y de Algeciras se ha ido definiendo desde los años noventa del siglo XX y “desde dentro” la evolución de los repertorios cerámicos locales, incluyendo el estudio de los procesos de “romanización” de las morfologías anfóricas (García Vargas 1996; Lagóstena Barrios 1996a; García Vargas 1998; Bernal Casasola (dir) 1998; Lagóstena Barrios y Bernal Casasola (eds.) 2004; García Vargas y Bernal Casasola 2008; Sáez Romero 2008), en el interior del valle del Guadalquivir, la falta de excavaciones y la ausencia generalizada de niveles pre-tiberia- nos en los escasos alfares excavados (cf. Sáez Fernández y otros 1997), así como de materiales preimperiales en los muchos prospectados (cf. Berni Millet 2008; Barea Bautista y otros 2008) ha ocultado a la investigación durante mucho tiempo las fases más antiguas de producción de las ánforas de la Ulterior tardorrepublicana. El boom inmobiliario de la primera década del siglo XXI ha permitido, sin embargo, contar con los primeros datos al respecto en la propia zona de producción, poniendo, además, en evidencia, el hecho de que las fases primeras de producción de ánforas de tipología romana en el valle del Guadalquivir tuvieron lugar, a diferencia de la dinámica posterior, en los espacios urbanos o peri-urbanos de las principales ciudades del valle bajo del río como Carmona (la antigua Carmo), Alcalá del Río (Ilipa Magna), Italica y la propia Sevilla (Hispalis) y no prioritariamente en ámbito rural (Chic García y García Vargas 2004; García Vargas 2010) (fig. 1). En la actualidad, el mundo productivo de las ánforas republicanas de tipología romana del valle del Guadalquivir comienza a delinearse fundamentalmente en torno a dos núcleos de los que proceden la mayor parte de la información arqueológica: Carmona y Sevilla. De la antigua Carmo, en el valle medio del río Corbones, afluente del Guadalquivir, se conoce una importante área de alfares en la zona occidental de la ciudad, inmediatamente extramuros, que se hallaba en funcionamiento hacia los últimos decenios del siglo I a.C. Por su parte, los contextos portuarios de Hispalis arrojan datos de primer orden acerca de la circulación de las cerámicas locales y de importación en la ciudad entre las décadas finales del siglo II y el último cuarto del I a.C. (cf. García Vargas e.p.). Estos novedosos datos, junto a los proporcionados por contextos cerámicos contemporáneos a los de Carmona y Sevilla, documentados en otros puntos del valle como Italica e Ilipa, la actual Alcalá del Río (García Vargas 2010), permiten hoy por hoy ampliar el conocimiento de las ánforas del Guadalquivir más allá de la consolidada investigación acerca de los tipos “canónicos” y bien conocidos de la región, como son las ubicuas Haltern 70 y, sobre todo, las Dressel 20 béticas. Una primera aproximación al panorama anfórico del Guadalquivir que incluya las estratigrafías (productivas o no) del propio Guadalquivir, permitirá conocer las grandes líneas de la “evolución” morfológica de las primeras ánforas romanas de la región y, al mismo tiempo, tendrá como resultado “ordenar” y dotar de sentido a los contextos republicanos con ánforas del valle bético conocidos en el resto de la Península Ibérica o fuera de la misma. Estos son los objetivos principales de este artículo, en el que los autores hemos querido que converjan los esfuerzos que cada uno de nosotros hace en un espacio geográfico diferente para la misma época. Pero además, una ordenación del material anfórico republicano del Guadalquivir pretende constituir una aportación meditada a la comprensión de
187LOS TIPOS ANFÓRICOS DEL GUADALQUIVIR EN EL MARCO DE LOS ENVASES HISPANOS DEL SIGLO I A.C... SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 Figura 1. Valle del Guadalquivir y algunos de los principales núcleos urbanos en el siglo I a.C.
188 ENRIQUE GARCÍA VARGAS / RUI ROBERTO DE ALMEIDA / HORACIO GONZÁLEZ CESTEROS SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 la dinámica económica y artesanal que se encuentra detrás del surgimiento del mismo y para contextualizar su desarrollo hasta la “cristalización” de las morfologías anfóricas imperiales de la región, ampliamente exportadas hacia el Atlántico, el Mediterráneo y la frontera reno-danubiana desde los últimos años del siglo I a.C. 1. LA ECONOMÍA DE LA ULTERIOR Y EL SURGIMIENTO DE UN REPERTORIO ANFÓRICO PROVINCIAL EN EL VALLE DEL GUADALQUIVIR Las alfarerías turdetanas del Valle del Guadalquivir habían venido fabricando una serie de contenedores anfóricos hoy relativamente bien conocidos (Belén Deamos 2006; Ferrer Albelda y García Fernández 2008, con bibliografía anterior) cuyo origen se encuentra en las formas de la tradición artesanal semita. Aunque los centros de producción de estas ánforas turdetanas han sido, en general, escasamente estudiados, pueden señalarse en la actual provincia de Sevilla algunos talleres con cronologías de los siglos V al II a.C., como el del Cerro Macareno, en San José de la Rinconada; el del Albollón, en el núcleo urbano de Carmona; el de Pajar de Artillo, junto al teatro de la ciudad romana de Italica, en Santiponce, y el del Palacio Arzobispal de Sevilla (García Fernández y Ferrer Albelda 2010), la vieja Spal prerromana. Todos tienen en común la ubicación periurbana con respecto a oppida prerromanos más o menos importantes (Chic García y García Vargas 2004: 310-311; Ferrer Albelda y García Fernández 2008: 204) y la fabricación de un repertorio homogéneo de ánforas cilíndricas de cuello indiferenciado y asas semicirculares conocidas en la bibliografía regional como Pellicer B-C y Pellicer D ( cf. Pellicer Catalán 1978). Recientes análisis de residuos orgánicos en el interior de ánforas de la forma Pellicer D procedentes de contextos de los siglos III-II a.C. de Alcalá del Río (la antigua Ilipa Magna) y de Sevilla, sugieren aceite de oliva como uno de los contenidos de esta clase anfórica (García Fernández y García Vargas 2010: 118), lo que indica una “tradición” regional en la producción y puesta en circulación de ánforas olearias. La difusión de estos contenedores no parece, sin embargo, haber superado en mucho los límites geográficos del suroeste peninsular, por lo que suelen considerarse ánforas destinadas a la distribución local o regional de las producciones agrícolas del campo turdetano, si bien en determinados casos, se documenta su presencia en áreas atlánticas relativamente alejadas, como Galicia (Castro de Montealegre, Vigo: González Ruibal y otros 2007: 59) y Marruecos ( Lixus, actual Larache: Aranegui, ed. 2005: 129). Hacia las décadas centrales del siglo I a.C., un momento en el que las ánforas de tradición prerromana siguen fabricándose y distribuyéndose en cierta cantidad en el valle de Guadalquivir, al lado de éstas últimas comienza a consolidarse en la región (y hasta en los mismos alfares, caso de Carmona) un elenco de tipos anfóricos de morfología plenamente romanizada, cuyos ejemplares más antiguos, imitaciones más o menos fieles de prototipos de la costa tirrénica italiana (las conocidas Dressel 1), se remontan a los primeros decenios del siglo. A diferencia de las ánforas turdetanas, muchos de estos tipos anfóricos del interior del valle del Betis van a conocer una considerable difusión exterior, lo que se ha interpretado tradicionalmente como un indicio de primer orden sobre la expansión agrícola en la región y sobre el papel de la misma en el abastecimiento en géneros alimenticios de los mercados militares y civiles que emergen un poco por todas partes en el Mediterráneo occidental como consecuencia de la conquista romana (Carreras Monfort y Morais, eds 2010). Aunque la conquista y el control de los territorios hispanos por los ejércitos de Roma desempeñó un papel de primer orden en el “boom” comercial experimentado por las mercancías agrícolas del área interior bética, y aunque una buena parte de este excedente alimenticio estuvo dedicado al abastecimiento de los ejércitos que se esforzaban por controlar a beneficio de la República romana las áreas interiores de la Península, resulta evidente que el abastecimiento militar no debe considerarse en exclusiva como la causa de este “despegue” económico regional. El gran esfuerzo militar realizado tras la parte de la guerra contra Cartago que se libró en suelo peninsular, continuó prácticamente sin pausa hasta las guerras de la cornisa cantábrica ya en época de Augusto. A las continuas guerras de conquista, materializadas principalmente en el conflicto celtibérico-lusitano (154-133 a.C.), hay que sumarle las operaciones de control y sometimiento de las poblaciones vencidas, y las guerras civiles que desde Sertorio a la batalla de Accio tienen en Hispania uno de sus campos de acción principales. Los contextos militares del siglo II y del primer tercio del I a.C., nos muestran que, en estas fechas, el abastecimiento de mercancías en ánforas para las tropas en combate se hace desde la costa púnica hispana y africana y, sobre todo, desde la Italia tirrénica. El mismo panorama muestran los contextos “civiles” de consumo en ciudades como Hispalis, o Ilipa (Alcalá del Río),
189LOS TIPOS ANFÓRICOS DEL GUADALQUIVIR EN EL MARCO DE LOS ENVASES HISPANOS DEL SIGLO I A.C... SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 donde los contextos del último cuarto del siglo II y las primeras décadas del I a.C. (García Vargas y García Fernández 2009) están dominados aún por los contenedores campanos del tipo Dressel 1A, seguidos a distancia por las salazones gaditanas (tipos 7.4.3.3. y 9.1.1.1) y por los vinos y aceites itálicos (Lamboglia 2 y tipos ovoides brindisinos). Sin embargo, ya a principios del siglo I a.C., hacen su aparición, en la propia Sevilla y en otros lugares del interior de la región como la mina de La Loba (Fuenteovejuna, Córdoba: Blázquez y otros 2002), las primeras Dressel 1 de fabricación local que parecen preludiar un abastecimiento regional cuyo máximo no se alcanzará hasta al menos, mediados o el tercer cuarto del siglo I a.C. (García Vargas 2010: 65). Otro de los factores que incidió decisivamente en la creación de una economía agraria excedentaria, orientada a la exportación y al abastecimiento de las necesidades del estado romano, fue la demanda que se creó en las minas del sur y del levante peninsular. ya desde finales del siglo II o principos del I a.C., las amonedaciones del grupo de cecas que emite con una “A” en el reverso (Chaves Tristán y García Vargas 1994: 384- 385), grupo integrado por Ilipa (Alcalá del Río, Sevilla), Ituci (Tejada la Nueva, Paterna, Huelva), Laelia (Cerro de la Cabeza, Olivares, Sevilla) y Caura (Coria, Sevilla), y también por Onuba (Huelva) y Myrtilis (Mértola, Portugal), ya fuera del Bajo Guadalquivir, parecen indicar la existencia de una relación estructural entre estas ciudades y las grandes rutas de salida del mineral del Cinturón Pirítico luso-onubense-sevillano, a través de las cuencas del Guadiana (Mirtylis), el Tinto (Onuba e Ilipa), el Guadiamar o Menoba (Ituci y Laelia) y el Guadalquivir (Caura e Ilipa). Dicha relación, habla bien a las claras del hecho de que, tras los últimos episodios de innestabilidad en la región ligados a las consecuencias de las guerras lusitanas, el “esqueleto” administrativo y comercial de la región minera del Suroeste está perfectamente diseñado (García Vargas y otros 2008: 252-253). Es probable que entre los “itálicos” que según Diodoro (5.36) se abalanzaron ahora sobre las minas de Iberia, atraídos por las posibilidades de negocio en la región e impulsados igualmente por la convulsa situación en la Península Itálica , se encontraran no sólo personas interesadas en el trabajo directo en las minas, sino también un buen número de emprendedores dispuestos a aprovechar las oportunidades de ganancia que la circulación del dinero estaba abriendo en el ya no tan lejano Occidente (Chic García 2008a: 341). Los trabajos recientes de J. A. Pérez Macías y A. Delgado Domínguez (2007; 2011) están poniendo en evidencia una explotación republicana e imperial inicial más amplia de lo esperado en los yacimientos de mineral de plata del área de Riotinto, controlada desde castella con guarnición militar como el de El Castillejo (El Campillo, Huelva: Pérez Macías y Delgado Dominguez 2011: 48-56) que en tantos aspectos se asemeja al del Castelo da Lousa (Mourão: Alarcão y otros 2010) y que vuelve a poner sobre el tapete el controvertido tema de las “casa-fuerte”1. Con independencia de que se trate de establecimientos de defensa del territorio o de casas-fuertes de funcionalidad agrícola y ganadera (cf. Moret y Chapa eds. 2004) vinculadas a la explotación del territorio, la nueva realidad territorial que surge a principios del siglo I a.C. en torno a las áreas mineras debe llamar la atención hacia el hecho de que los desarrollos económicos de estos momentos estaban poniendo las bases de una red de aprovisionamiento y circulación de bienes envasados en ánforas que quedaba regularizada a través de las mismas ciudades, en cuyas manos se encontraba no sólo el control de los recursos y de las vías de comunicación, sino también, la gestión de los “medios de pago” de un “entramado comercial” que comenzaba a demandar abundante numerario, no tanto para financiar los tráficos como para hacer frente a las numerosas transacciones menores y pagos de servicios (Chaves Tristán y García Vargas 1994) que un mundo económico en desarrollo precisaba. Recientemente, F. Chaves Tristán (2005, 2008) ha caracterizado el siglo I a.C. hasta el comienzo de las Guerras Civiles en la Península como una época de transición en la que las acuñaciones ciudadanas hispanas (es decir, las comunidades que están tras ellas) comienzan a mostrar un cierto interés por la imitación de tipos y patrones monetales , incluidos los motivos ideológicos que traslucen los primeros. La autora, no duda en calificar estos motivos ideológicos como claramente itálicos, lo que, al igual que la imitación de tipos cerámicos, especialmente 1. El sistema de organización y control territorial planteado para los territorios mineros meridionales, puede extenderse a otras regiones peninsulares, como ciertas áreas de la Tarraconense. Un ejemplo similar lo tendríamos en la zona de Tarraco, donde dicha ciudad actuaría como puerto de recepción de mercancías, tanto de su propio ager como de otras regiones mediterráneas, y donde está documentada la presencia de una serie de “casas-fuertes” que defenderían los pasos interiores hacia la zona ilergeta o el valle del Ebro. Uno de estos establecimientos de carácter militar parece ser el castellum de Puigpelat (Alt Camp), en el que junto a una buena importación de ánforas itálicas y tarraconenses, se ha podido constatar la presencia de algunas béticas costeras y de una Ovoide 5 con las típicas pastas del valle del Guadalquivir, anteriormente clasificada como Dressel 12 (Díaz García, 2010, fig. 42, 4).
190 ENRIQUE GARCÍA VARGAS / RUI ROBERTO DE ALMEIDA / HORACIO GONZÁLEZ CESTEROS SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 anfóricos, apunta hacia el papel creciente de los elementos de procedencia italiana en la región. A partir de esta primera romanización efectiva que incluyó, como se ha indicado, los primeros ejemplos de una ocupación del paisaje a la romana, las evidencias de la presencia de elementos romanos civiles o militares, que necesitaban de un abastecimiento adecuado en alimentos elaborados, no hace más que ampliarse a lo largo del siglo I a.C. De hecho, la activa participación de ciudadanos romanos residentes en la Ulterior en el contexto de las guerras civiles que enfrentaron a pompeyanos y cesarianos hacia mediados del siglo I a.C., muestra una situación “étnica” que incluye ya claramente a comunidades de romano-itálicos con fuertes raíces en la región. En un contexto económico y cultural en el que el estatus de una persona dependía de su capacidad para adquirir y cultivar tierras, no es descabellado pensar que una buena parte de aquellos negociantes itálicos, unidos a soldados asentados en la región y a aquéllos que de una u otra manera habían adquirido la ciudadanía romana, habían acabado ingeniándoselas para establecerse como possessores en las escasas ciudades privilegiadas de Hispania o en los más numerosos conuentus ciuium Romanorum establecidos en los oppida peregrinos. Hacia mitad del siglo I a.C. debieron ser ya tantos como para que fuera posible reclutar una legión vernacula (creada hacia 55-52 a.C. según Marín Díaz 1988: 176) cuyos integrantes, como era de esperar, tenían domicilium aut possessiones in Hispania (Bellum Ciuile, 1.86.3). Que una buena parte de estos legionarios hispanienses eran naturales del sur de Iberia se deduce del hecho de que en el contexto de la rebelión contra el gobernador cesariano de la Ulterior, Q. Casio Longino, “no había entre los (romanos) nacidos en la provincia, ni entre los soldados de la legión vernácula, ni entre los que la asiduidad (en la región) había ya hecho provinciales... nadie que no coincidiera con toda la provincia en el odio a Casio”(Bellum Alexandrinum, 53.4); de modo que parece lógico concluir (García Vargas 2001: 106-107) que debe haber sido en el entorno de los conuentus ciuium Romanorum del valle del Guadalquivir donde surgieron a lo largo del tercio central del siglo I a.C. la mayoría de los tipos anfóricos “italianizantes” que, en su conjunto, constituyeron el repertorio formal a partir del cual “cristalizaron” las morfologías regionales en época tempranoimperial (García Vargas 2009). Aunque parece claro que fueron acontecimientos como la guerra sertoriana los que provocaron un primer incremento considerable de la capacidad productiva de la Ulterior con vistas a abastecer las tropas en combate: Fabiao 1989), la discusión acerca de si el abastecimiento anfórico en el sur de Hispania a estas alturas de siglo tuvo carácter civil o militar carácter civil o militar es, en cierto sentido, una falsa polémica. En primer lugar, porque la presencia militar en el suroeste no se restringe a los momentos de tensión bélica. J. A. Pérez Macías y A. Delgado Domínguez (2007: 123-130) han propuesto un sistema organizativo del coto minero de Riotinto en torno a vici mineros, vías de comunicación y puestos de control militar o castella desde época de Augusto-Tiberio (un momento en el que supuestamente la Provincia Bética era inerme como corresponde a un territorio de la administración senatorial), aunque es probable que la emergencia de este sistema se esté gestando ya a mediados del siglo I a.C., y que incluso acabe sirviendo de referencia para la organización de otros saltus mineros importantes como los de Panonia-Mesia Superior (Dušanić 1989). En segundo lugar, porque la actuación administrativa y organizativa del ejército en los cotos mineros borra en cierto sentido las diferencias entre la administración civil y la militar en un territorio en el que la ausencia de ciudades requería de la coordinación de esfuerzos para mantener en funcionamiento las delicadas infraestructuras mineras. y en tercer lugar, porque el abastecimiento a los cotos mineros se debía organizar de forma centralizada a partir de los territorios urbanizados colindantes con los saltus, desde cuyos oppida se vehicularía el transporte de materias primas (madera, instrumental férrreo, etc.), productos de consumo básico (cereal, aceite en ánforas olearias) y de “prestigio” como los vinos y las salazones envasadas en ánforas (Chic García 2008b). Desde fines del siglo II a.C. existe una correspondencia casi exacta entre las importaciones anfóricas que alcanzan las áreas mineras y los registros cerámicos de los oppida turdetanos y de las incipientes ciudades romanas de la zona. Las coincidencias formales entre los registros de Hispalis, Ilipa o Italica hablan, pues, a las claras del carácter portuario y distribuidor de estos establecimientos urbanos con respecto a los cotos mineros más o menos cercanos. Hacia mediados del siglo I a.C. la red de distribución de las ánforas romanas producidas en el valle del Guadalquivir alcanza también las áreas mineras del Mondego y el Tajo, donde se observa un cambio importante de las estrategias de control territorial a partir del periodo de gobierno de César en la Ulterior (ha. 61 a.C. cf. Fabião 2004a: 60), una época que estuvo presidida para el futuro dictador por el interés de éste en abrir nuevas rutas hacia los centros atlánticos de distribución de metales (Brigantium, en este caso. Cf. Chic García 1995). Aunque este
191LOS TIPOS ANFÓRICOS DEL GUADALQUIVIR EN EL MARCO DE LOS ENVASES HISPANOS DEL SIGLO I A.C... SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 esfuerzo puede considerarse relativamente fracasado hasta la culminación de la tarea en la futura conquista de la Galia libre por parte del propio César, lo cierto es que los movimientos de romanos y gaditanos (representados por Balbo, praefectus fabrum de Cayo Julio César en esta aventura militar por el Atlántico peninsular) debieron abrir para la administración romana los ricos recursos auríferos de la región del Mondego, y posiblemente también del Tajo, en el cual, una vez ya controlada la principal urbe de su desembocadura (Olisipo), se consolida la presencia romana en el área de su cuenca baja, donde la ciudad de Scallabis (Santarem) emergiría como importante centro regional en sustitución de Chões de Alpompé (¿Moron?: Fabião 2004a: 60). Los repertorios anfóricos de establecimientos militares como el de Lomba do Canho (Arganil, fechado en el tercio central del siglo I a.C.: Fabião 1989) o la Alcáçova de Santarém-Scallabis (Almeida 2008) están estrechamente emparentados en lo que se refiere a su repertorio de ánforas del Guadalquivir, evidenciando un importante movimiento de mercancías alimentarias de esta procedencia justo en el momento en el que los cotos mineros del centro-norte de la costa portuguesa comienzan a ponerse en funcionamiento. También aquí se repite un esquema de ocupación militarizado, basado en la presencia de campamentos y castella cuyo abastecimiento no es más que el flujo principal de unos movimientos de mercancías que alcanzaron sin duda los establecimientos civiles de igual modo que los militares, y cuya demanda en ánforas béticas era a la vez causa y consecuencia de la prosperidad regional de las campiñas del Guadalquivir y del Guadalete, así como de la costa del Estrecho (cf. Fabião 2001). 2. PANORAMA ARQUEOLÓGICO Y ESTADO DE CONOCIMIENTO ACTUAL SOBRE LAS ÁNFORAS DEL GUADALQUIVIR ENTRE EL FINAL DE LA REPUBLICA Y EL INICIO DEL PRINCIPADO 2.1. Los tipos del Guadalquivir: propuesta cronológica, tipológica y funcional Hace tan sólo unos años, las ánforas republicanas del Guadalquivir eran absolutamente desconocidas, y por lo tanto obviadas en los estudios sobre economía productiva y comercial de la Hispania preimperial. Se aceptaba una cierta “profundidad” cronológica en algunas producciones imperiales, como las Haltern 70, forma a la que se asignaba un ejemplar nunca publicado del pecio de la Madrague de Giens que se fecharía en la primera mitad del siglo I a.C. (Tchernia 1990). Pero sólo el tipo Clase 67/Lomba do Canho 67 encontró una definición adecuada en los estudios anfóricos gracias a los trabajos de C. Fabião (1989) en el yacimiento homónimo, de J. Molina Vidal (1995; 2001) al respecto de hallazgos y localizaciones del Levante peninsular y de J. Boube (1979-1980; 1987-1988) para las producciones autóctonas documentadas en la costa marroquí y en el yacimiento de Sala (Chellah, Marruecos), que hacen que estas ánforas hayan recibido la denominación alternativa de Sala I. Fue el trabajo de C. Fabião en el Congreso Ex Baetica Amphorae (2001) el que abrió definitivamente el “espacio tipológico” a una serie de contenedores republicanos del Guadalquivir independientes de las Haltern 70 y que, si bien inicialmente agrupados en la propuesta de un tipo o Clase 24 siguiendo la tipología de Peacock y Williams (1986), finalmente han sido “desdoblados” en varios tipos “ovoides” de la Ulterior por R. de Almeida (2008) y analizados por el mismo autor en el contexto de las producciones republicanas del valle bético (cf. Almeida 2010). Con los añadidos y matices propuestos por E. García Vargas (2010 y e.p.), es este mismo universo de producciones republicanas del Guadalquivir (ovoides o no) el que nos proponemos reexaminar en este trabajo contando con los últimos hallazgos y aportaciones conocidos (González Cesteros e. p.; Almeida 2010; García Vargas 2010). Junto con la articulación temporal propuesta por E. García Vargas (2010 e.p.), fundamentada en la cronología de las producciones y dividiéndolas en un periodo de formación, otro de consolidación y uno definitivo de expansión, proponemos ahora una clasificación complementaria basada en la repercusión que tuvieron los distintos envases republicanos del Guadalquivir, ya que pensamos que en cierta medida éste fue un proceso “selectivo” en virtud del cual únicamente perduraron un conjunto restringido de tipos que son los que constituyeron la base sobre la que “cristalizó” el repertorio regional en circulación durante época imperial. 2.1.1. Primer grupo. Contenedores precedentes con demostrado éxito provincial Si bien los tipos republicanos de la Ulterior de mayor personalidad y de acreditado “éxito comercial” fueron los producidos a partir de las décadas centrales del siglo I a.C., no deja de ser cierto que su aparición no se hizo en un vacío tipológico. La producción regional
192 ENRIQUE GARCÍA VARGAS / RUI ROBERTO DE ALMEIDA / HORACIO GONZÁLEZ CESTEROS SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 de ánforas se remonta a fechas muy anteriores en el tiempo (Belén Deamos 2006; Ferrer Albelda y García Fernández 2008), aunque a partir de principios del siglo I a.C. se observan algunas modificaciones en las tradiciones artesanales implicadas en la configuración de las formas anfóricas del valle del Guadalquivir. Así, mientras una parte de las producciones regionales de morfología turdetana aparentemente continúa hasta época de Augusto (infra), otra parte de los contenedores que se comienzan a fabricar, seguramente en los mismos alfares, denuncia un proceso complejo de cambio tipológico que asimila morfologías exteriores y que, en buena medida, se limita a imitar más o menos fielmente, tipologías externas exitosas en el Mediterráneo occidental y, por ello mismo, frecuentes en los “mercados” locales y regionales, donde llegaban de la mano de mercatores y negotiatores romanos o romanizados, para satisfacer la demanda local de vinos, salazones y aceite, sobre todo de los dos primeros . Las “tradiciones” alfareras que sirvieron de referencia a este movimiento de “imitación” de morfologías exteriores fueron la púnica-gadirita y la romano-itálica, responsables de una buena parte de los contenedores en circulación en la zona durante la primera mitad del siglo I a.C. y vehiculadas seguramente por agentes comerciales de las mismas procedencias étnicas que los productos con que traficaban (lo que no significa necesariamente que cada grupo de comerciantes trabajara sólo con los productos de su propio origen). Resulta curioso que áreas “imitadoras”, como la bahía de Cádiz (cf. García Vargas 1996) sean al mismo tiempo imitadas en sus producciones, pero en el fondo nos encontramos ante la configuración de un mercado en proceso de estructuración en el que las mercancías de diversa calidad y origen exigen una cierta diferenciación formal, sobre la que ignoramos qué pesó más, si el carácter del producto contenido en el ánfora o el “público” preferencial al que éste iría dirigido. Como quiera que sea, estas primeras imitaciones tendrán escasa perduración como morfologías diferenciadas y, a excepción de los tipos de tradición turdetana, serán sustituidas antes de la mitad del siglo I a.C. por otras ánforas diferentes, esta vez “inspiradas” en tipologías exitosas antes que fieles imitadoras de repertorios externos. Pellicer D (T.4.2.2.5) (fig. 2) La Pellicer D es un contenedor de transporte que responde a las características formales de las ánforas de tradición turdetana, derivadas a su vez, de prototipos fenicios imitados en la región durante la Edad del Hierro. En particular, las Pellicer D parecen sustituir a las también turdetanas Pellicer B-C (García Vargas y García Fernández 2009: 148). Ninguno de los contextos productivos de la Turdetania fechados entre fines del siglo V a.C. (Cerro Macareno-Fernández Gómez y otros 979; Ruiz Mata y Córdoba Alonso 1991) y fines del IV- principios del III a.C. (Itálica-Luzón Nogué 1973; Carmona, Albollón-Belén Deamos 2006) se asocia con claridad a fallos de cocción del tipo Pellicer D (Belén Deamos 2006: 237-240), aunque sí a evidencias de producción de su “predecesora” la forma Pellicer B-C, lo que invita a revisar los contextos de consumo que han servido de base para darle una datación inicial a las Pellicer D a fines del siglo IV. Es probable, por tanto, que se trate de un contenedor surgido durante la primera mitad del siglo III a.C. en el Guadalquivir y no antes de la mitad de esta centuria en la bahía de Cádiz (cf. Niveau de Villedary y Mariñas 2002: 239-240 y nota 8.). Se asume, por tanto, una dualidad de producciones de la misma forma en talleres del Guadalquivir y de la costa atlántica, sin que hasta el momento se haya asignado con claridad la producción de este tipo a ninguno de los talleres gaditanos conocidos. Recientes trabajos dejan, sin embargo, pocas dudas (Sousa y Arruda 2010: 959) acerca de la procedencia gaditana de un grupo de estos contenedores y añaden, además, la posibilidad de una serie local “algarvia” de la forma. Por contra, se desvanece de momento la serie marroquí que ha sido propuesta a partir de los trabajos de M. Ponsich (1969) en la alfarería de Kouass, en Arcila, pues los estudios más recientes no aseguran una pertenencia local para los ejemplares de la forma detectados en este establecimiento (Aranegui y otros 2004: 366, Kbiri Alaoui 2007: 66). De todas las producciones turdetanas prerromanas, las Pellicer D (Pellicer Catalán 1978) serán las únicas que continúen produciéndose después de la conquista del territorio por Roma. Como se ha indicado, la forma fue probablemente también fabricada en alfares del área de influencia púnica gadirita, siendo frecuente en el Castillo de Doña Blanca (Niveau de Villedary y Mariñas 2002), Castro Marim, en el Algarve portugués, donde, como se ha señalado, se propone una producción tardía del tipo (Arruda y otros 2006b: 171, con reservas) recientemente puesta en duda (Viegas 2011: 498). En Doña Blanca es omnipresente a lo largo de la segunda mitad del siglo III a.C., pero su presencia se documenta de forma masiva en el II y todo el I a.C. en la costa atlántica andaluza, costa atlántica e interior portugués (Sousa y Arruda 2010), costa occidental gallega (González-Ruibal y otros 2007: 51-52) y
193LOS TIPOS ANFÓRICOS DEL GUADALQUIVIR EN EL MARCO DE LOS ENVASES HISPANOS DEL SIGLO I A.C... SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 Figura 2. Pellicer D. Prototipo y fragmentos producidos en el Guadalquivir. 1-2: Alcázar de Sevilla fase I; 3-5: Alcázar de Sevilla fase II; 6: Sevilla, Calle Alemanes Nº 7-9; 7-12: Carmona, calle Dr. Fleming nº 13-15.
200 ENRIQUE GARCÍA VARGAS / RUI ROBERTO DE ALMEIDA / HORACIO GONZÁLEZ CESTEROS SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 La localización de los conjuntos conocidos actualmente, limitada prácticamente a yacimientos del actual territorio portugués9, la mayoría relacionados de alguna forma con la presencia militar, no deja lugar a dudas en cuanto a una comercialización exclusivamente occidental para las Maña C2b manufacturadas en el Guadalquivir, aunque desconocemos el volumen de su aportación dentro de la producción local y consecuentemente del destinado al comercio supra-regional. Sin embargo, los datos que ahora se barajan parecen justificar que sigamos considerándola como una producción minoritaria en su área productiva (Almeida 2008: 58-59). 2.1.2. Segundo grupo. Contenedores de vida breve con escaso éxito en los mercados. Dentro del segundo grupo de ánforas hemos incluido aquellas tipologías que por razones para las cuales en principio no tenemos respuesta, sólo fueron producidas durante un breve periodo, no llegando a tener el éxito necesario para pervivir o evolucionar hacia nuevos modelos. Podemos decir que son tipos que se quedan por el camino, que en cierta medida pueden ser considerados como experimentos “ que no llegan a consolidarse y después de no más de dos o tres decenios desaparecen”, bien sea debido a su rechazo o en los mercados de consumo o por su descarte por parte de los alfareros béticos. Dentro de esta categoría entrarían varios de los “tipos minoritários” que han sido recientemente definidos y caracterizados a raíz de ejemplares documentados en la fachada atlántica, y de los cuales apenas se tiene constancia en escasos yacimientos, casi exclusivamente peninsulares (Almeida 2008; Almeida 2010). Nos estamos refiriendo principalmente a aquellos clasificados 9. De momento, su presencia se encuentra documentada en: Cerro do Cavaco (Tavira), un conjunto recogido en superficie y mayoritariamente encuadrable en la primera mitad del siglo I a.C. (Almeida 2008); poblado de Mesas do Castelinho (Parreira 2009: 50), en contextos del siglo I a.C. anteriores a la implantación del principado; Faro en contextos de la segunda mitad del I a.C. (Viegas 2011: 197); Monte Molião (Lagos), en el interior de un espacio dedicado a actividades metalúrgicas domésticas, fechado, como se ha indicado, en la primera mitad del siglo I a.C. (Arruda e Pereira 2010: 706-707); Quinta do Almaraz (Almada), también de superficie un conjunto con clara connotación tardorrepublicana (Barros y Henriques 2002); Scalllabis (Santarém), en contextos atribuibles a momentos finales de la República e inicios del Imperio (Almeida 2008: 57-59). En la supuesta área productora sólo conocemos un fragmento descontextualizado de boca con pasta del Guadalquivir documentado recientemente en un nivel islámico (siglo XI) del Patio de Banderas del Real Alcázar de Sevilla. como Ovoide 2 y Ovoide 3, y otros tipos ovoides sin apenas difusión o con difusión limitada en el tiempo, como las Ovoides 8 y 9, el tipo 10 y ciertas formas singulares, documentadas por ejemplo en Valeria (González Cesteros e.p.), que carecen de mejor caracterización y definición, si bien no pueden considerarse como envases de tipología ovoide. Ovoide 2 (figs. 5-6) Una de las recientes propuestas de trabajo respecto a los contenedores minoritarios procedentes del Guadalquivir, con base en el conjunto estudiado en Scallabis, fue la definición del tipo Ovoide 2. A pesar de que no existe una evidencia material manifiestamente abundante, las características propias y singulares que presentaban los fragmentos de Santarém –que no solo no se encuadraban en ninguno de los tipos producidos en el ámbito regional, sino que tampoco encajaban en ninguna de las formas de referencia– fueron consideradas como suficientemente relevantes para su individualización como tipo independiente. Se separaron así de las ánforas ovoides “clásicas” del Guadalquivir (como son las Ovoide 1 (LC67) y las Ovoide 4 (”Haltern 70 unusually small variant”) y constituyeron una nueva forma presumiblemente ovoide denominada tipo Ovoide 2 y fechada en la segunda mitad del siglo I a.C. (Almeida 2008: 84ss). Los fragmentos de borde que se definieron como característicos de este tipo (Fig. 6) presentan un perfil simple y macizo, de sección tendente a subrectangular, que arranca directamente en la continuación de la pared del cuello, con una altura entre los 2 y los 3 cm, y definen bocas con diámetros comprendidos entre los 13,5 y los 15,5 cm. En su cara externa el labio se presenta bastante vertical, y en la interna puede presentarse tanto recto como ligeramente convexo. Termina de forma abrupta y bastante marcada, asumiendo al exterior el aspecto de una banda recta. Al conjunto de las características de estas bocas entendemos se asocia un cuello de reducida longitud y de perfil bitroncocónico, que conecta suavemente con el cuerpo, y del cual parten asas de perfil semicircular e igualmente cortas. Teniendo por base estas características, se pueden asimilar fácilmente los fragmentos del tipo Ovoide 2 a las producciones brindisinas o a otros tipos ovoides del siglo I a.C. de procedencia indeterminada como lo fueron en su día las problemáticas formas 24 o 26 de la tabla de Dressel (Zevi 1966: 223; Beltrán Lloris 1970), hoy bien caracterizadas y que se atribuyen a producciones
201LOS TIPOS ANFÓRICOS DEL GUADALQUIVIR EN EL MARCO DE LOS ENVASES HISPANOS DEL SIGLO I A.C... SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 especificas del Mediterráneo oriental y central, respectivamente. Clasificarlas como ánforas ovoides en general, es la solución más cómoda pero también la más peligrosa, puesto que inscribir este “nuevo” tipo del Guadalquivir en la gran familia de las designadas “ánforas ovoides” indeterminadas poco contribuye a su correcta definición y encuadre tipológico. Por otra parte, intentando establecer conexiones más concretas y cercanas, nos parece que la forma en cuestión no sólo no cabe dentro de la variabilidad formal establecida para otros tipos ovoides del Guadalquivir, como pueden ser las Ovoide 4, Ovoide 6 u Ovoide 5, sino que es importante procurar no confundirlas con las mismas, incluso cuando tan sólo se tienen evidencias fragmentarias. Estas ánforas difieren igualmente de las “ovoides gaditanas”, tanto por su procedencia geográfica como por la morfología de la boca y del cuello, únicos elementos que de momento se pueden analizar con alguna objetividad. Algunas de las ovoides gaditanas presentan, es cierto, bordes de labio corto con tendencia rectangular y sin moldura –ejemplares del Museo de Jerez de la Frontera, de La Caleta (según García Vargas 1998: 74) y del Convento de las Concepcionistas de Vejer de la Frontera– pero, aun así, poseen bocas de una apertura más amplia y más exvasada, apartándose más del cuello del cual casi constituyen una prolongación (García Vargas 1998: 74; García Vargas 2001). Como consecuencia de todo lo anterior, y pese a los riesgos que conlleva la individualización del tipo Ovoide 2 (ya algo más que provisional) consideramos que agrupar bajo la simple designación de “tipo ovoide indeterminado” todos los ejemplares que comparten las características morfológicas indicadas supra, puede complicar más que aclarar el panorama (Almeida 2008: 83), pues es sabido que bajo esta genérica designación se pueden agrupar formas no sólo de distinta cronología, sino también de distinta procedencia10. El origen de la forma Ovoide 2, cuya individuación seguimos proponiendo, en la línea de otras publicaciones (Almeida 2008, 2010, García Vargas e. p. González Cestros e. p.), parece radicar una vez más en parámetros formales del repertorio suditálico y medioadriático, por lo que se puede admitir una producción “inspirada” o tipológicamente próxima a las mismas. Es el caso de las formas de la región apula incluidas en los tipos 1A ( nºs 1 y 2) y 1C (nº 3) de Baldacci (Baldacci 1972: 25-27 y Tav.1, nºs 3, 4 y 10), y del Grupo Va de las actualmente designadas producciones de Apani (nºs 4 y 5) (Palazzo 10. Se puede indicar que un escenario con estas características es el que actualmente existe para gran parte de los naufragios fechados en la primera mitad del siglo I a.C. en el Mediterráneo. En conjuntos de enorme relevancia e importancia para la comprensión del tráfico marítimo como pueden ser los pecios de Planier C, Punta Scalleta, Gianuttri, Melilla, Cap Sicié, Planier 5, Grand-Conglué 3 y Titán, en los cuales existe gran cantidad y enorme variabilidad de morfologías ovoides. Desgraciadamente, el grado de desconocimiento que tenemos de las distintas regiones productoras existentes en el Mediterráneo antiguo, y de los tipos anfóricos manufacturados en ellas, no nos permite extraer datos más precisos, persistiendo la imprecisa denominación “ovoide” para referirnos a muchos de esos contenedores. Figura 5. Probables prototipos del tipo Ovoide 2 del Guadalquivir.
202 ENRIQUE GARCÍA VARGAS / RUI ROBERTO DE ALMEIDA / HORACIO GONZÁLEZ CESTEROS SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 1989: 548-549, fig.3, 17-18). De la región del Lacio hay menos ejemplos, aunque ha de tenerse en cuenta el material de algunas de sus alfarerías, concretamente el de Astura (Hesnard y otros 1989: 24)(fig. 5) Hasta fechas cercanas sólo se conocían los ejemplares de Santarém y otra posible pieza procedente de Itálica y depositada en el Museo de Sevilla11, pero ahora contamos con más ejemplares que pueden ser clasificados como Ovoide 2. Tal es el caso de algunos fragmentos de Castro Marim, clasificados como Haltern 70/ Ovoide 4 y Dressel 20A ( incluye Ovoide 6 y Oberaden 83. Berni, 1998) (Viegas 2011: 493-496; Estampa 104. 1321; Estampa 106.1355; Estampa 109.1385), o igualmente del de las piezas de Lixus, del horizonte Mauritano Medio, también clasificadas como Dressel 20A (Bonet Rosado y otros 2005: 122, fig. 16.6 y 7). Más interesante es el caso de un individuo de borde con cuello y arranque del asa de la ciudad de Valeria (Cuenca), en el interior de la Península, para la cual ya se plantearon algunas dudas y reservas (González Cesteros e.p.). El borde y el cuello corto bitroncocónico se ajustan plenamente al tipo Ovoide 2, pero la fractura del arranque del asa parece preludiar un asa hecha de forma tosca con dos bastones o rulos, a la manera característica de las posteriores Dressel 2-4. A pesar de ello, nos resistimos a caracterizar esta pieza como una Dressel 2-4, ya que formalmente el labio y el cuello son completamente distintos del tipo itálico, que además es posterior cronológicamente. Además, en el caso de esta pieza, tampoco habría lugar a que el asa tuviera un perfil semejante a las de las Dressel 2-4, sino más bien ha de tratarse de un asa corta, a semejanza de otros tipos ovoides. Por este motivo, pensamos que o bien se trata de un asa bífida corta o, como alternativa, puede representar un episodio de adaptabilidad mezclada con “savoir faire”, es decir, puede que eventualmente represente un estadio inicial o una variante de asa de cinta acanalada en el dorso, morfología que es típica del Guadalquivir12. 11. El posible ejemplar de Itálica, que no obstante, presenta algunas características peculiares desde el punto de vista formal, se integra en un conjunto extremadamente interesante compuesto por Dressel 1 de producción itálica y regional, Maña C2b, Ovoide 6 y Ovoide 1. Hemos tenido la oportunidad de ver este conjunto en el Museo Arqueológico de Sevilla, y de estudiar algunas de las piezas (García Vargas e.p.). 12. Si no se tiene la costumbre de fabricar un asa con sección ovalada y profunda acanaladura central, se puede conseguir un efecto similar con la simple unión de dos bastones circulares, lo que resulta típico de modelos orientales y suditálicos, y, por ejemplo, alisar la parte inferior del asa. Con ello, se consigue obtener un dorso con aspecto cercano al de las “típicas” asas del Guadalquivir. Se trata de una solución técnica simple ante la carencia de un “saber hacer” Los fragmentos actualmente documentados del tipo Ovoide 2 con cronologías fiables siempre se encuadran en marcos cronológicos ceñidos a la segunda mitad del siglo I a.C. Pese al descubrimiento de los nuevos fragmentos que se presentan aquí, que apuntalan un tanto la definición del tipo, aún no se encuentran absolutamente disipadas las dudas metodológicas y tipológicas referidas supra, acerca de la pertinencia de la formulación del tipo Ovoide 2 (Almeida 2008: 83-85), pero es quizás un referente más a la hora de discutir la existencia de producciones singulares y minoritarias cuya correcta definición se nos sigue escapando en el estado actual de la investigación (García Vargas e.p.) (fig. 6). Ovoide 3 (fig. 7) Al igual que el tipo anterior, también la forma Ovoide 3 fue caracterizada y definida a partir de ejemplares de Santarém, representando otro caso de difícil clasificación debido a lo fragmentario de la evidencia y a la práctica ausencia de paralelos en las tipologías de referencia. Las reservas expresadas al respecto desu individualización continúan aún siendo hoy totalmente validas, pues hay que tener presente que el tipo se encuentra justificado en la singularidad de sus detalles morfológicos, pero la definición del tipo debe ser tomada con prudencia y considerarse abierta la posible asimilación a otros tipos, aunque entendemos que ello es poco probable (Almeida 2008: 86-87). Los fragmentos identificados en Santarém se caracterizan formalmente como bordes que definen bocas con diámetros comprendidos entre los 16 y los 18cm, con labios macizos de perfil moldurado de aproximadamente 3 cm de altura y sección de tendencia subrectangular. La parte externa del labio presenta una concavidad acentuada en su área medial, asumiendo una forma en banda recta con surco, que define a veces un apéndice basal más o menos proyectado (García Vargas e.p.). Este apéndice recuerda en ocasiones el aspecto de una doble moldura, pero no puede clasificarse como tal, determinado. Un fenómeno similar pero a la inversa es el que podrá existir en otros momentos, a raíz de la producción de las Dressel 2-4 del Guadalquivir, en las cuales se puede observar frecuentemente que las asas son “falsas bífidas”. En este caso, en un asa larga con sección longitudinal se practica un incisión profunda en ambos lados, acción bastante más sencilla, pero que a efectos prácticos permite simular el aspecto del asa bífida característica de este tipo de contenedor vinario. Sobre este tipo de ánforas, las Dressel 2-4, debe decirse que, de momento, no están constatadas de modo seguro producciones del Guadalquivir hasta época imperial (García Vargas 2004 a y b; Almeida 2008).
203LOS TIPOS ANFÓRICOS DEL GUADALQUIVIR EN EL MARCO DE LOS ENVASES HISPANOS DEL SIGLO I A.C... SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 ya que no se trata de dos molduras claramente diferenciadas. El labio termina de forma bastante abrupta, separándose claramente del cuello. A las bocas con este conjunto de características se asocia habitualmente un cuello corto y bitroncocónico del que parten las asas, aparentemente cortas y en forma de cuarto de círculo, macizas y con una sección subcircular. Teniendo por base todos estos elementos, se planteó un contenedor de tendencia ovoide (Almeida 2008: 87), algo que parece confirmarse (infra). Afortunadamente, y al contrario del tipo Ovoide 2 presentado con anterioridad, en este caso sí que contamos con algún ejemplar completo para plantear una morfología general. De este modo, pensamos que algunas de las ánforas transportadas a bordo del pecio Grand-Conglué 3, que fueron clasificadas originalmente como “Dressel 10” (entiéndase tipo ovoide gaditano) (Liou 2001: 1102, lám. J, nº 5), hecho a nuestro entender bastante comprensible dados algunos rasgos similares entre ambos tipos, son en realidad Ovoides 3. Parte de los detalles morfológicos descritos, particularmente el labio “pseudo-moldurado”, recuerda también algunos rasgos de las ánforas de fondo plano Dressel 28, en concreto un ejemplar del naufragio de Lavezzi 1 (Liou 1990; Liou 2001: 1077, Lám.II, 4), pero la forma más maciza del borde de nuestro tipo se aleja de éstas. Así mismo, al diámetro superior y la particular forma de las asas, observable a nivel de los fragmentos, se suma un cuerpo y pivote que se presentan afines a las producciones ovoides provinciales, sobre Figura 6. Formas comparativas sur-itálicas (arriba) y fragmentos atribuibles al tipo Ovoide 2 (abajo).
204 ENRIQUE GARCÍA VARGAS / RUI ROBERTO DE ALMEIDA / HORACIO GONZÁLEZ CESTEROS SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 todo de producción del Guadalquivir, destacando la innegable proximidad morfológica que guarda con el tipo Ovoide 1, lo que en ocasiones podría llevar a equívocos entre ambos tipos. Actualmente, la identificación de nuevos ejemplares, algunos conjugando las distintas características definidas para el tipo, mientras que otros sólo con algunos rasgos que nos llevan a atribuirlos al tipo con algunas reservas, contribuyen a la consolidación de la propuesta de una forma independiente para estos ejemplares, aunque serán necesarias más piezas completas o ejemplares fragmentarios de mayores dimensiones a los que tenemos hasta ahora, para confirmar la correcta constitución de este grupo y su homogeneidad o variabilidad interna. Los fragmentos novedosos que entendemos como integrantes del tipo Ovoide 3 proceden de nuevo de sitios de la fachada atlántica peninsular, concretamente de la meridional: Castro Marim (Viegas 2011: 486ss) y Mesas do Castelinho (Parreira 2009: Est. XVI.158). Se trata en ambos casos de ejemplares que han sido clasificados como Ovoide 1 (Clase 67/LC. 67), aunque nos parece que se deben separar de esta forma (cf. fig. 7). Tal como en otro momento se comentó a propósito de una de las piezas de Santarém, acerca del motivo que llevó a su exclusión del tipo Ovoide 1 (Almeida 2008: 87), en el Figura 7. Tipo Ovoide 3 completo (arriba) y fragmentos atribuibles al tipo Ovoide 3 (abajo).
205LOS TIPOS ANFÓRICOS DEL GUADALQUIVIR EN EL MARCO DE LOS ENVASES HISPANOS DEL SIGLO I A.C... SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 caso del tipo Ovoide 3 la razón para no incluir los fragmentos dentro de las Ovoide 1 es que la supuesta moldura del cuello, propia de éste último tipo, es en realidad la parte inferior del borde, pues éste se presenta, tal y como hemos señalado, con un perfil macizo y sobresaliendo del cuello, así como con un surco o acanaladura de forma más o menos pronunciada en su área central. En los casos en los que se ha conservado el cuello, como por ejemplo en el nº 1271 de Castro Marim, se puede verificar, que no existe la moldura o “baquetón” en el cuello. Además, el asa presenta una sección de tendencia circular, y no ovalada con surcos, como las que frecuentemente se documentan para las Ovoide 1. Menos evidente es el surco o acanaladura en el fragmento nº 1323 de Castro Marim (Fig. 7), pero, no obstante, su aspecto macizo y destacado nos lleva a considerarlo como perteneciente al tipo 3, y a excluirlo de la Ovoide 1 o 6. Los contextos cronológicos para los pocos ejemplares que conocemos se centran en el tercer cuarto del siglo I a.C. (Almeida 2008: 87), como puede verse en Santarém, Castro Marim y el pecio Grand-Conglué 3, y en todos surge recurrentemente asociada a otros tipos ovoides del Guadalquivir, teniendo su mejor expresión en el caso del citado naufragio (Liou 2001: 1102, Lám. J, 5). Su difusión es aparentemente más occidental, pero el pecio nos indica también que estos tipos se comercializaban ya a mediados del siglo I a.C. hacia los territorios itálicos o de la Galia meridional, donde es conocida la presencia de otros tipos ovoides del Guadalquivir. Ovoide 8 (fig. 8) Recientes excavaciones en el Patio de Banderas del Alcázar de Sevilla, bajo la dirección del Prof. M. A. Tabales Rodríguez han sacado a la luz un conjunto de edificaciones en opus africanum interpretadas como horrea portuarios cuyos rellenos de construcción se fechan entre 50 y 25 a.C. De ellos procede un conjunto de piezas singulares con pastas del valle del Guadalquivir, muchas de ellas de tendencia ovoide, que no se dejan clasificar en ninguno de los tipos definidos hasta ahora en la región, por lo que en una publicación anterior, pareció oportuno definirlos con una nueva designación (García Vargas e.p. : 10-11 y fig. 10). Se ha optado por el sencillo sistema de continuar la seriación recientemente establecida para los tipos anfóricos minoritários del Guadalquivir, a raíz de la evidencia documentada en Santarém (Almeida 2008), que termina con la nº 7 , añadiéndole de este modo tres nuevas formas: los tipos 8, 9 y 10. Éstos se hallan representados de momento en su mayoría por los ejemplares del Patio de Banderas, pero se conocen ya nuevos ejemplares, algunos publicados y otros todavía inéditos, identificados en lugares de consumo de la fachada atlántica lusitana. Creemos que su “personalidad morfológica” es lo suficientemente acusada, como para justificar su asignación a tipos nuevos de los que, no obstante, se desconoce aún el perfil completo. Un fragmento de ánfora republicana del Guadalquivir procedente de las citadas excavaciones sevillanas, presentan peculiaridades formales que pensamos que aconsejan su consideración como una nueva forma anfórica. Se caracteriza por tener un cuello similar al de las producciones definidas como Ovoide 5 (infra), de las que sin embargo se diferencia por el tratamiento del borde y del cuello, que carece de la tradicional moldura o “collarín”, tan característica tanto de la Ovoide 1 (Clase 67/LC 67) como de la Ovoide 5. En efecto, lo que en el tipo que nos ocupa ahora puede confundirse con esta moldura, no es más que la parte inferior del mismo borde que, en la parte de arriba se convierte en un labio triangular ligeramente caído. Por su parte, dicha parte inferior crea una moldura en forma de filete, por lo que puede considerarse que estamos ante bordes altos muy moldurados y no ante molduras en el cuello. El ejemplar del Patio de Banderas conserva todo el diámetro de borde y cuello completo carente de asas. El cuello es cilíndrico, algo más corto que la Ovoide 5 (infra) y las asas se insertan justo en la moldura inferior del borde, lo que constituye una nueva diferencia con respecto a las ánforas del tipo Ovoide 5 cuyas asas se integran en el cuello siempre por debajo del anillo medial. Estas características son las que nos llevan a la propuesta de reconstrucción que se presenta en la Fig. 8. Figura 8. Tipo Ovoide 8. Propuesta de prototipo y fragmento procedente del Patio de Banderas del Real Alcázar de Sevilla.
206 ENRIQUE GARCÍA VARGAS / RUI ROBERTO DE ALMEIDA / HORACIO GONZÁLEZ CESTEROS SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 Ovoide 9 (fig. 9) Dos cuellos completos (nos. inv. 693 y 694) con borde, arranque de las asas y hombros procedentes del desmonte de unos testigos relacionados estratigráficamente con el edificio de africanum de la excavación del Patio de Banderas (García Vargas e.p.) (50-25 a.C.) son también de difícil asignación según las tipologías al uso, si bien es indudable, en función del color y aspecto macroscópico de sus pastas, que pertenecen a tipologías republicanas del Guadalquivir. Ambas piezas presentan borde alto subtriangular con un pequeño resalte en los extremos exteriores superior e inferior, lo cual da a los bordes un ligerísimo aspecto moldurado. La parte alta del interior del borde presenta, además, una tenue línea de carenación, mientras que la base exterior del mismo es plana y ligeramente biselada. Los hombros son rectos y parecen sugerir para el cuerpo un perfil ovoide similar o cercano a los de las series ovoides que estamos describiendo. Es por esta razón por la que, siguiendo el ejemplo de publicaciones anteriores de este mismo material (García Vargas e.p.), los incluimos provisionalmente dentro de las ánforas locales de morfología ovoide, dándoles el nº 9 en su clasificación. Un paralelo bastante próximo de esta forma lo encontramos una vez más en Apulia, en concreto en la variante B de la forma VII de los hornos de Apani (Palazzo 1988: 112-113; Palazzo 1989: 549 y 55313), una forma que arranca a finales del siglo II a.C. y de la que tal vez constituyan una variante provincial. Las asas de los ejemplares de Sevilla son muy fragmentarias, aunque el fragmento conservado de una de ellas en el ejemplar 693 sugiere la presencia de una acanaladura dorsal. Un fragmento de bordes sin asas de la UE 1692 (nº inv. 2126) del Patio de Banderas (fig. 9 abajo dcha.), encuadrable en las mismas fechas, podría representar una variación interna del tipo (García Vargas e.p.) que, al igual que todos los demás tipos ovoides tendría cierto grado de variabilidad intrínseco. No obstante, siendo la morfología de éste último borde ligeramente diferente a las de los dos ejemplares anteriores, menos engrosado internamente, la superficie cóncava en su cara externa, el cuello muy corto y de tendencia cilíndrica, así como la ubicación de los arranques de asa, permiten afirmar que se está en presencia de un fragmento que se puede atribuir al tipo. Lo mismo proponemos para un fragmento procedente del Castelo da Lousa, fechado entre 13. cf. de forma complementaria la dirección http://www.dscc. uniba.it/Anfore/Leanfore.html. 40 a.C. y época augustea, aunque clasificado como Dressel 12 (Morais 2010a: 214, Estampa XXXVI.82), y para otro fragmento de la colección del Alto dos Cacos, un yacimiento con evidentes connotaciones militares, localizado muy cerca de la ciudad de Scallabis (Santarém), pero en la orilla opuesta del Tajo (Pimenta, Mendes y Almeida e.p.: Estampa 2.11). Tipo 10 (figs. 10-12) Una boca con cuello y arranque del asa del foro de Valeria publicado recientemente por uno de nosotros (González Cesteros 2010) presenta unas características realmente singulares, lo que nos ha aconsejado siempre clasificarlo aparte, a pesar de su “aire de familia” con las Haltern 70 iniciales y con otras ánforas de morfología ovoide (González Cesteros 2010: 33; González Cesteros e.p.; García Vargas e.p.). Sólo se conserva el tercio superior del recipiente, incluyendo un asa casi completa. El borde es rectangular, de unos 2 cm. de altura, completamente recto con respecto al cuello y ligeramente convexo en su parte interna (González Cesteros e.p.). El asa se une al cuello por debajo del borde y presenta un ligero codo redondeado y acanaladura dorsal, lo que resulta común a la práctica totalidad de las producciones republicanas del Guadalquivir. El interior del cuello está marcadamente acanalado. Por lo demás, sus rasgos morfológicos permiten relacionarla con otros fragmentos de diversa procedencia que tienen un cuello y un perfil del borde similares. Entre ellos, destacan un par de cuellos sin asas procedentes del alfar tempranoaugusteo excavado en la calle Doctor Fleming nos. 13-15 de Carmona (García Vargas e.p.: Fig.10.2-3), en el que las tipologías mayoritarias son Pellicer D y Haltern 70. En un trabajo anterior, uno de nosotros (García Vargas 2010: 594) había asimilado estos últimos fragmentos de Carmona con la forma definida como Ovoide 2 del Guadalquivir (Almeida 2008: 83-85), pero la posterior constatación de su cercanía morfológica con el ejemplar de Valeria, (cf. González Cesteros 2010; González Cesteros e.p.), más completo, aconsejó luego darles un nombre propio: el de Ovoide 10 del Guadalquivir (García Vargas e.p.). A la postre, este nombre puede ser también inadecuado, ya que no existe seguridad de que perteneciera a un tipo/cuerpo de morfologia ovoide. Un examen atento de las piezas en cuestión, permite tentativamente establecer un vínculo formal entre estas piezas (con seguridad la de Valeria) y las ánforas tardorrepublicanas apulas y medio-adriáticas del
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208 ENRIQUE GARCÍA VARGAS / RUI ROBERTO DE ALMEIDA / HORACIO GONZÁLEZ CESTEROS SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 Figura 10. Comparación entre el ejemplar de Valeria y bocas de Lamboglia 2 (arriba), propuesta de reconstitución del Tipo 10 y comparación con ejemplares completos de Lamboglia 2 (medio), comparación entre la propuesta del Tipo 10 y otros tipos (ovoides del Guadalquivir, Haltern 70 y Dr 12).
209LOS TIPOS ANFÓRICOS DEL GUADALQUIVIR EN EL MARCO DE LOS ENVASES HISPANOS DEL SIGLO I A.C... SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 Figura 11. Ejemplo de la variablidad formal dentro del tipo Lamboglia 2. Fragmentos procedentes de Carthago Nova (según Márquez Villora y Molina Vidal 2005).
216 ENRIQUE GARCÍA VARGAS / RUI ROBERTO DE ALMEIDA / HORACIO GONZÁLEZ CESTEROS SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 no obstante se debe mantener abierta como hipótesis de trabajo futuro15. En el reciente trabajo monográfico de síntesis realizado por uno de nosotros (Almeida 2008), se actualizó el mapa de difusión de este tipo, y se concluyó que desde el momento de su definición había crecido de forma muy significativa el número de localizaciones geográficas asociadas a la forma, por lo que se iba alejando ya de la condición de tipo minoritario (Almeida 2008: 72-76). Este mapa, que se encuentra actualmente en revisión, se ve ampliado con algunos sitios más, pero, sin embargo, poco cambia en lo que se refiere a sus principales aspectos y a las lecturas y propuestas entonces realizadas acerca de la difusión del mismo. A pesar de que la comercialización de la Ovoide 1 no parece ser porcentualmente significativa en relación con el total de ánforas documentadas en los contextos del Mediterráneo, su recepción es un hecho incuestionable tal como lo demuestra su exportación hasta parajes lejanos, estando presente en Cesarea Marítima, en niveles herodianos (Oren-Pascal y Bernal Casasola 2001: 993, fig.4c), en Éfeso (Bezeczky 2004: 86, fig. 18), en Ostia en el depósito de la Casa del Pórtico en el tercer cuarto del siglo I a.C. (Van den Werff 1986), en Albintimilium, (Lamboglia 1955: 259-269), Vieille Toulouse (Fouet 1958), Fréjus (Février 1956: 52 y fig. 16) o en Lyon, en el yacimiento conocido como Cybèle, en contextos de 40-20 a.C. (Desbat y Lemaître 2001: 801, fig.1.11). En la mitad oriental de Hispania (Cf. Almeida 2008: 77-76 y Mapa-Figura 17) se convierte en un tipo profusamente exportado en la segunda mitad del siglo I a.C., con documentada presencia en toda la Tarraconensis desde su cuadrante nororiental (Ampurias, en 15. Los distintos tipos de opercula conocidos para el cierre de las ánforas presentan medidas y morfologías cercanas, pudiendo además ser utilizados indistintamente en varios tipos, o por lo menos en más de uno. Independientemente del aspecto exterior de las bocas de las ánforas, el cierre se realiza en la parte superior del interior del cuello, y, a mayor o menor distancia desde la línea de la boca, los opercula encajan prácticamente en la mayoría de los tipos conocidos. De no ser así, se perdería el carácter práctico y “universal” del opérculo, o de otros elementos de cierre. En última instancia, la manufactura en un mismo alfar de distintos tipos o de un repertorio anfórico con significativa variabilidad conllevaría a la fabricación de idéntica proporción y variabilidad tipológica de los elementos de cierre. Asimismo, lo más probable es que los opercula hubiesen llegado acompañando a tipos anfóricos procedentes de la misma región productora, pues éstos están presentes en número igualmente significativo en dichos contextos, nos referimos a las Maña C2b (T-7.4.3.3), las Dressel 1, las Clase 67/LC67 y las Dressel 7-11 con morfologías antiguas, todos ellos de la costa, a los cuales se les aplica los mismos tipos de opérculos (Bernal Casasola y Sáez Romero 2008: 467-469). Baetulo, en Tarraco y posiblemente en Iluro), y documentándose también su presencia a lo largo del principal curso fluvial navegable, el Ebro (Celsa), hasta el sureste de la provincia (Valentia, en los contextos de la Plaza de La Reina y las Corts Valencianes), en prácticamente todos los yacimientos con ocupación tardorrepublicana como Punta del Arenal, Duanes (Alicante), El Monastil (Elda), Lucentum, Ilici, El Molinete (Cartagena), Loma de Herrerías (Mazarrón, Cartagena), o la Cueva de las Peñas Blancas, en claro contraste con los yacimientos de fundación augustea, como por ejemplo el Portus Ilicitanus (Molina Vidal 1997; Molina Vidal 2001: 683; Márquez Villora 1999; Márquez Villora y Molina Vidal 2001). En la propia provincia de la Ulterior, la zona litoral es mucho más rica en hallazgos, destacando Cerro del Mar, con su famosos “complejos 10 y 11”, que van desde mediados del siglo I a.C. a inicios del principado (Arteaga Matute 1985: 216-222), donde tal vez sean de producción local, y en Baelo Claudia desde mediados del siglo I a.C., pudiendo todavía encontrarse aún en el comienzo del período imperial (Domergue 1973: 109). En Cádiz y en su área de influencia inmediata, sólo se conoce un escaso número de ejemplares importados en la Casa del Obispo, en La Milagrosa (San Fernando) y en el Convento de las Concepcionistas (Vejer de la Frontera), en una interesante asociación fechada en el último cuarto del siglo I a.C., constituida por ánforas ovoides gaditana, Ovoide 4 y Oberaden 83 u Ovoide 6 (García Vargas, 1998: 75). En el mismo valle del Guadalquivir, además de los fragmentos identificados en la ciudad minera de Munigua (Fabião 2006: 106-107), el único ejemplar completo de Ovoide 1 publicado, que procede de un depósito anfórico de las cercanías de Itálica, y fechado en torno a la mitad del siglo I a.C., presenta un cuerpo ovoide con amplios hombros y ligeramente apuntado por la base (García Vargas 2010: Fig. 2.2.5., nº 3). Junto con él, se han dado a conocer varios fragmentos de la actual calle Alemanes nº 25, fechado uno de ellos entre 50 y 25 a.C., y apareciendo el otro de manera residual en un contexto del tercio central del siglo I d.C. (García Vargas e.p.). En el Patio de Banderas del Real Alcázar (García Vargas e.p.), nos encontramos este tipo en la UE 1911, datada también entre 50 y 25 a.C., ambas de la época de máxima comercialización del tipo. Pero sin lugar a dudas es en la fachada atlántica donde podemos encontrar la concentración de hallazgos más grande, tanto en densidad como en número (Cf. Almeida 2008: 75 y Mapa-Figura 17). Destacan los hallazgos de Baesuris/Castro Marim (Viegas 2011),
217LOS TIPOS ANFÓRICOS DEL GUADALQUIVIR EN EL MARCO DE LOS ENVASES HISPANOS DEL SIGLO I A.C... SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 Osonoba/Faro (Viegas 2011) Scallabis/Santarém (Almeida 2008), Mesas do Castelinho (Fabião 2001; Parreira 2009), Lomba do Canho ( Fabião 1989), los castros de Vigo y de Santa Tecla (Peña Santos 1986), o aún el castro de Montealegre (González-Ruibal y otros 2007). La imagen disponible certifica que es desde la cuenca del Guadiana hasta la Gallaecia donde el tipo Ovoide 1 está bien presente, principalmente entre 60- 20 a.C., y en destinos con clara naturaleza militar o en contextos civiles militarizados ya que aparece en contextos civiles apenas en su momentos finales y sin que sean muchos los que revelen importaciones en número significativo. Ovoide 4 (figs. 15-19) El tipo Ovoide 4 sigue siendo hoy por hoy uno de los que más problemas de definición ofrece y, de igual modo, uno de los que suscita más animada controversia. La cronología de su difusión y sus características morfológicas, sin precedentes en la producción de la Ulterior interior, se entienden como un reflejo de los influjos itálicos en la manufactura alfarera del Valle, y por lo tanto relacionables con las de los contenedores itálicos que tradicionalmente se agrupan en el universo de las producciones ovoides (Fabião 2001; Almeida 2008: 100). Las bocas definidas por labios cortos y rectos con tendencia subtriangular o subrectangular, así como los cuellos cortos, asas cortas y con secciones ovales, son trazos morfológicos típicos de determinadas producciones itálicas, con sus mejores paralelos en tipos del Lacio, concretamente de la alfarería de Astura (Hesnard y otros 1989: 24-25, fig.6), de la Apulia (Cipriano y Carre 1989, fig.5; Toniolo 1991: 18, fig.7; Toniolo 1996; Toniolo 2000: 183) y brindisinos de Apani, en particular de la forma VII (Palazzo, 1989: 548-549 y fig.4) (fig. 15). Por otra parte, sus afinidades morfológicas y su cercanía con el bien conocido tipo Haltern 70 contribuyen a que persista la incertidumbre de su aceptación como tipo bien individualizado desde fechas tardorrepublicanas (por lo menos mediados del siglo I a.C.). Dichas similitudes con la forma Haltern 70 fueron en un primer momento positivas, ya que permitieron reconocer la existencia de una “anomalía formal”, con manifiestas diferencias respecto al tipo Haltern 70 canónico. No obstante, a posteriori resultaron tener un efecto contrario, ya que acabaron llevando a una escasa valorización y menor atención de dicha singularidad por parte de la investigación. Tal vez sea éste uno de los principales motivos para que el “recorrido tipológico” de esta forma haya acabado siendo bastante tortuoso. Después de que D.P.S. Peacock y D. Williams individualizaran una morfología de ánfora similar a las Haltern 70, aunque de módulo menor, incluyéndola dentro de su Clase 15 bajo la rúbrica “unusually small variant” (Peacock & Williams 1986: 115-116), C. Fabião, de nuevo basándose en otros ejemplares hallados en el campamento militar tardorrepublicano de Lomba Figura 15. Ánforas itálicas de morfología ovoide, posibles prototipos del tipo Ovoide 4.
218 ENRIQUE GARCÍA VARGAS / RUI ROBERTO DE ALMEIDA / HORACIO GONZÁLEZ CESTEROS SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 do Canho (Arganil, Portugal), y que eran claramente integrables en esta “variante”, propuso la separación morfológica defnitiva entre ambos formatos, manteniendo dentro de la Clase 15 a las Haltern 70 “aunténticas” y asignando la clasificación de Clase 15A a la “variante pequeña” de los conocidos contenedores béticos (Fabião 1989: 61-64). Junto a ello, confirmaba también la existencia de otra forma republicana, a la cual se debería aplicar la designación de Clase 24 de la clasificación de Peacock y Williams, puesto que se trataba del verdadero tipo precedente de los contenedores oleícolas béticos de época altoimperial (Fabião 1989: 73-74). Algunos años después, la constatación por parte del mismo investigador de los recurrentes problemas en su identificación fragmentaria, el parecido formal con otros tipos o sub-tipos procedentes del Guadalquivir con cronología igualmente republicana, la gran variabilidad de atributos formales existentes y las frecuentes dificultades en delimitar las fronteras tipológicas entre esos subtipos, especialmente entre la Clase 15A y la Clase 24, llevó C. Fabião a reformular el estado del conocimiento existente en esos momentos y a plantear la posibilidad de que no se tratase de tipos diferentes, sino que representaran distintas caras de un universo formal cuya principal característica era su asumida diversidad. Por ello, propuso que se agruparan en la Clase 24 las dos variantes, la Clase 24 propiamente dicha y la anterior Clase 15A o Haltern 70 small variant (Fabião 2001: 667-669). A partir de entonces, y en gran parte debido a ese trabajo, integrado en las Actas del Congreso Internacional Ex Baetica Amphorae, que alcanzó rápidamente una enorme repercusión, comenzó a denominarse como Clase 24 a un conjunto de contenedores republicanos, que presentaban detalles morfo-tecnológi- cos y un “aire de familia” común a todas las producciones republicana de la Ulterior. De este modo, la Clase 24 quedó marcada por una considerable heterogeneidad, por cuanto se incluían en ella bajo una misma denominación dos subgrupo de contenedores ovoides. El primero se caracterizaban por presentar bocas con collarín marcado y exvasado, en definitiva similares a los de las Haltern 70, pero que destacaban por su pequeño tamaño, su cuello corto y sus asas de reducido arco. El segundo incluía bocas definidas por labios menos exvasados y más engrosados, que se entendían como “más” afines a los tipos olearios, acercándose a la morfología de las llamadas Dressel 20 arcaicas, Dressel 20A de Berni (1998: 26-27 y fig. 4) u Oberaden 8316. 16. Una cuestión relativamente secundaria, casi colateral, pero igualmente significativa que aportó este trabajo fue la caracterización Como alternativa a la genérica Clase 2417, intentándose evitar probables connotaciones o asociaciones directas con otras designaciones tipológicas con las cuales estas ánforas no tienen por qué mantener un relación directa, y por mantener la secuencia interna dentro de la “familia” de ánforas ovoides de la Ulterior (Almeida 2008), dentro del cual se individualizaron hasta 7 tipos, recientemente ampliados a 10 (García Vargas e.p.), se propuso adscribir los diferentes subgrupos a dos tipos diferentes. Por lo tanto, mientras que a los segundos, los pertenecientes a la anterior Clase 24, con bocas definidas por labios de sección “almendrada” o subcircular (afines a los de la posterior Dressel 20A u Oberaden 83), se atribuyó el tipo Ovoide 6, al subgrupo definido por las bocas que se pueden genéricamente clasificar como en collarín, que se corresponden con la anteriormente llamada Haltern 70 small variant, se atribuyó el tipo Ovoide 4, denominación con la que últimamente empiezan a aparecer estas ánforas en las publicaciones que incluyen materiales béticos de época republicana18. En lo que concierne a los atributos puramente morfológicos que se consideran propios del tipo Ovoide 4, se encuentra una boca definida por un labio ligeramente exvasado y corto, con una altura comprendida entre los 3 y 4 cm, con perfiles de tendencia triangular o rectangular, pudiendo presentar igualmente un ligero engrosamiento superior o la pared interna presentarse también ligeramente cóncava. La boca se presenta en forma de collarín marcado, bien diferenciado y destacándose claramente del cuello. A su vez, éste último es bitroncocónico y corto, con una longitud media de 10 cm, y de él arrancan unas asas igualmente cortas pero con una apertura considerable, describiendo un radio abierto y un perfil cercano al semicírculo, algo que deriva directamente de la forma del cuello, al igual que sucede en otros tipos ovoides. Las asas poseen una marcada acanaladura central que las recorre longitudinalmente, de todo el conjunto incluido en la Clase 24 como el ánfora olearia bética probablemente más antigua, con morfología claramente romana, remontando su origen a mediados del siglo I a.C., al menos. 17. Debe recordarse que, como se señala en la nota 14, reservamos la denominación Clase 24 para las ánforas olearias republicanas de la Ulterior de procedencia incierta o de producción litoral, mientras que la misma forma producida en el valle del Guadalquivir será denominada por nosotros Ovoide 6. 18. De momento, carecemos de información acerca de la existencia de un grupo Haltern 70 small variant de producción costera, por lo que no se presenta un problema de denominación similar al que referimos para Ovoide 1 y Ovoide 6. En cualquier caso, ejemplares de formas próximas a Ovoide 4 de producción costera se han integrado aparentemente sin grandes problemas en el grupo de las Ovoides gaditanas o Dressel 10 arcaicas (Berni Millet 2011: 85-86).
219LOS TIPOS ANFÓRICOS DEL GUADALQUIVIR EN EL MARCO DE LOS ENVASES HISPANOS DEL SIGLO I A.C... SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 terminando en una profunda digitación realizada en la base con la pasta bastante fresca. El cuerpo es de forma aproximadamente cilíndrica, semejante al de la Haltern 70, pero en la proporción inversa, es decir, con el diámetro máximo generalmente en su mitad superior sin estar normalmente muy marcado, en otras palabras, la premisa básica de una morfología ovoide. Muchos de estos rasgos tecno-morfológicos, sobre los cuales ya se ha llamado la atención en varias y repetidas ocasiones (Fabião 1989; Fabião 2001; García Vargas 2001; Almeida 2008) resultan comunes a prácticamente todos los tipos del valle del Guadalquivir en la Republica tardía, de modo que, ante la ausencia de varios de los rasgos diagnósticos es, virtualmente imposible distinguir cuando no poseemos más que fragmentos de labio, como ya había advertido C.Fabião (1989: 63). Posteriormente, principalmente con base en el estudio de las piezas de Scallabis (Santarém), fue posible constatar que como regla general los bordes pertenecientes a este tipo no sobrepasaban los 4 cm de altura. No obstante, una antigüedad basada exclusivamente en el criterio de la altura del labio, aunque sea orientativa, no es taxativa, pues, como se puede constatar, existe una verdadera heterogeneidad morfológica a este nivel, que remonta ya a los ejemplares más antiguos (Almeida 2008: 102). Resulta significativo verificar que, al contrario de la generalizada aceptación de idéntica o mayor antigüedad en los entornos productivos costeros, desde siempre existió cierto prejuicio a la hora de aceptar la misma antigüedad para las producciones de morfología romana en el interior de la Ulterior. Paradójicamente, y a pesar de la cercanía existente entre la Ovoide 4 y la Haltern 70, todos los ejemplares completos reconocidos en varios naufragios a lo largo del siglo pasado, como Titan o Grand-Conglué 3, fueron sistemáticamente clasificados, hasta fechas bien recientes (Liou 2001), como indeterminadas o como Dressel 10. Conviene de nuevo resaltar que el problema más importante acerca del origen, caracterización y evolución formal de los contenedores de la forma Ovoide 4 del Guadalquivir resulta ser, tal como se ha referido, el de sus conexiones tipológicas con las Haltern 70 “verdaderas”, si es que podemos hablar en estos términos. Según la lectura realizada hace poco por uno de nosotros, no estaba aún de todo claro si representan dos formas sucesivas, derivadas la una de la otra (Ovoide 4-Hal- tern 70), o si son dos tipos que surgen independientemente y conviven, hasta la desaparición del primero de ellos antes del cambio de era (Almeida 2008: 103-104), continuando la producción de las Haltern 70 hasta fines del siglo I d. C., o incluso más allá si se consideran como tales a las ánforas derivadas de ella como las denominadas Verulamium 1908 (Carreras Monfort y Marimon 2004: 32). La causa principal de duda al respecto residía en la supuesta existencia de una boca presuntamente clasificable como Haltern 70, mencionado por parte de A. Tchernia, que formaba parte del cargamento del barco romano hundido hacia 70-60 en la Madrague de Giens (Var) (Tchernia 1990: 296). Lo cierto es que esta pieza no ha sido jamás publicada de forma gráfica y no se conoce hasta la fecha ningún otro contexto, en el segundo tercio del siglo I a.C., con algún ejemplar que podamos considerar como típica Haltern 70. (Figs. 16, 17 y 18). Lo que sí que podemos constatar actualmente es que los ejemplares más antiguos de Haltern 70 con los que a ciencia cierta se cuenta, provienen de contextos datados a partir del mediados del siglo I a.C., como el alfar de la calle Javier de Burgos en el Puerto de Santa María (Cádiz: García Vargas 1998; García Vargas 2001: 141, nº 6), donde fueron aparentemente fabricadas junto a ánforas púnicas de salazón del tipo 7.4.3.3.(Mañá C2b, antiguamente Dressel 18), ánforas ovoides gaditanas e imitaciones locales del tipo Dressel 1C. Por lo tanto, tal y como ya se ha comentado en otro momento (Almeida 2008: 100-104), se torna difícil aceptar la existencia de la producción de Haltern 70 “típicas” en el espacio de tiempo comprendido en el 2º cuarto del siglo I a.C., y consecuentemente habría que considerar la posibilidad de que haya un error en la clasificación del ejemplar recuperado en la Madrague de Giens, o, en alternativa, considerar que el ánfora documentada en ese naufragio se corresponda en realidad con algún otro tipo ovoide republicano extra-provincial, tal como también hicieron notar R. Étienne y F. Mayet (2000: 90), seguramente de Ovoide 4. La documentación arqueológica actualmente existente certifica que en los contextos de mayor antigüedad, con fechas próximas a la del pecio de La Madrague de Giens y en las dos décadas posteriores, únicamente se documentan ánforas de morfología ovoide, en este caso del tipo Ovoide 4, tales como las conocidas en varios naufragios del Mediterráneo, y siempre con carácter minoritario, como es el caso de la carga de los pecios de Grand-Conglué 3 (Liou 2001), Titan (Benoit 1956), Portopí (Cerdá I Juan 2000), Cap Gros “C” (Gauthier y Joncheray 1993), Cala Bona I o Illes Formigues I, de donde procede el propio ejemplar del Museo Marítimo de Barcelona publicado por Peacock y Williams em 1986 (Martín Menéndez 2008). En contextos terrestres nos las encontramos entre el material del
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221LOS TIPOS ANFÓRICOS DEL GUADALQUIVIR EN EL MARCO DE LOS ENVASES HISPANOS DEL SIGLO I A.C... SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 Figura 17. Ejemplares fragmentarios de ánforas del tipo Ovoide 4.
222 ENRIQUE GARCÍA VARGAS / RUI ROBERTO DE ALMEIDA / HORACIO GONZÁLEZ CESTEROS SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 Figura 18. Ejemplares fragmentarios de ánforas del tipo Ovoide 4.
223LOS TIPOS ANFÓRICOS DEL GUADALQUIVIR EN EL MARCO DE LOS ENVASES HISPANOS DEL SIGLO I A.C... SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 horizonte 1 del denominado santuario de Cibeles (Lemaître, Desbat y Maza 1998), en el cardo D de Ampurias (Aquilué y otros 2004: 113 y fig.68.6), en el campamento de Lomba do Canho (Fabião, 1989), Scallabis (Santarém) (Almeida 2008: 100-104), Mesas do Castelinho (Parreira 2009), Castro Marim (Viegas 2011), Cueva de las Peñas Blancas (Lillo Carpio 1986: 125) o Corts Valencianes, Valencia (Pascual Berlanga y Ribera i Lacomba, 2001), si bien en algunos de estos lugares las cronologías son menos finas. Basándonos en lo hasta ahora expuesto, pensamos que el final de la vida de este tipo anfórico coincide y se solapa parcialmente con el de inicio de la Haltern 70. Nos parece evidente que, en este caso concreto y a pesar de su posible filiación, el surgimiento de un segundo tipo no supone la desaparición inmediata de otro anterior, constatándose la continuidad de producciones que, a falta de mejor término, se pueden definir como “arcaizantes” hasta momentos relativamente lejanos de su fecha de aparición, y que conviven con los tipos dominantes en un nuevo periodo. Así mismo, entendemos como bastante probable que en el lapsus de tiempo correspondiente a lo que puede ser la etapa terminal de la Ovoide 4, e incluso de otros tipos ovoides, comprendido de una forma genérica entre 30-20 a.C., habrían seguramente coincidido con las primeras variantes de Haltern 70, muchas de ellas con trazos morfológicos aún poco claros, fruto de una fase inicial de experimentación, que dificultan de sobremanera una correcta apreciación de los momentos y morfologías de lo que creemos que sería el paso de un tipo a otro. Por lo tanto, en términos de evidencia material, las Ovoide 4 se constatan aún en contextos de los años 30-10 a.C., como Corts Valencianes, en Valencia, con ciertas conexiones con las Haltern 70 iniciales (Pascual Berlanga y Ribera i Lacomba 2001: 576; Ribera i Lacomba 2010), o de los años 20-1 a.C., como el alfar de la calle González Parejo nº 19B de Carmona, donde, no obstante, pueden ser residuales (García Vargas e.p.). Es justamente en un momento tan temprano como principios del último tercio del siglo I a.C., cuando aparentemente se produce la “cristalización” formal y el inicio del empuje comercial de las Haltern 70 del Guadalquivir como tipo bien diferenciado de la Ovoide 4. Las figuras 17-19 que se presentan aquí, y las 27-28 que se presentan infra en el apartado de las Haltern 70 Figura 19. Esquema comparativo entre ánforas de tipo Ovoide 4 y Haltern 70 del período augusteo inicial.
224 ENRIQUE GARCÍA VARGAS / RUI ROBERTO DE ALMEIDA / HORACIO GONZÁLEZ CESTEROS SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 (según la fig. 29 de Almeida 2008: 103; revisada y ampliada), son esclarecedoras respecto de las diferencias morfológicas entre las Ovoide 4 y las “Haltern 70 iniciales”. Entendemos, por lo tanto, que las Ovoide 4 son anteriores a las Haltern 70, que éstas últimas proceden probablemente de aquellas a partir de formas intermedias, tendiendo a imponerse sobre las primeras en los mercados atlántico-mediterráneos a partir de los dos últimos decenios del siglo I a.C., época que vería la desaparición definitiva de las Ovoide 4 del Guadalquivir. (Fig. 19). Nuestra propuesta de trabajo al respecto de la dicotomía del complejo “Ovoide 4-Haltern 70” del Guadalquivir es, por tanto, la siguiente (cf. fig. 19): — Ánforas de morfología antigua, Ovoides 4, tout court, con inicios hacia 70 a.C. y desapareciendo hacia el 20-10 a.C. — Ánforas Haltern 70 iniciales, observables hacia 30 a.C, conviviendo con las anteriores. — Ánforas Haltern 70 plenamente formadas (o “clásicas”) documentadas a partir de c. 20 a.C. La morfología del contenedor no parece ser el único punto de afinidad entre ambos tipos, pudiendo también ser el contenido. Esto al menos es lo que se puede deducir de los ejemplares del pecio de Illes Formigues 1, puesto que todos se encontraban resinados en su interior (Martín Menéndez 2008: 106-107), lo que no parece apropiado para un contenedor oleario. Por lo tanto, con base en esta evidencia, se puede apuntar el vino o un derivado del vino como un probable contenido. No obstante, la ausencia de más datos concluyentes no excluyen la posibilidad de que se trate de un envase multiusos. En lo que concierne a la geografía de su distribución, se pueden observar tres grandes ejes, geográfica, política y económicamente distintos. Analizando desde el origen, en un primer nivel de mercado que podemos definir como de inmediato, se pueden encontrar varios contextos con el tipo en cuestión, tanto en las actuales Sevilla y Carmona (García Vargas e.p.), como en yacimientos con cronologías de mediados y de la segunda mitad del siglo I a.C., dedicados principalmente a actividades mineras o alfareras, centrados esencialmente en las provincias de Córdoba y Cádiz. Tal es el caso de las minas y escoriales de Ermita de San Sebastián, El Piconcillo y Calamón (Domergue 1987), todas en la provincia de Córdoba19, o por ejemplo las documenta- 19. Las tres estaban fechadas en entre la segunda mitad del siglo I a.C. y inicios del I a través de un elemento común, las Dressel 7-11. En todas ellas los conjuntos cerámicos se componen sobre todo por das en los alfares de la Calle Troilo (Niveau de Villedary y Blanco Jiménez 2007: 216; fig. 10.1-2) o de Rabatún, en Jerez de la Frontera (García Vargas y López Rosendo 2008: 295; fig. 10.4). Una segunda región de mercado es el Occidente peninsular, particularmente los escenarios relacionados con el proceso de conquista tardío (Almeida 2008; Almeida 2010), pudiendo documentarse casi de manera sistemática en todos los yacimientos con ocupación clara atribuible a la segunda mitad del siglo I a.C., con clara connotación militar, o militarizados, es decir, donde de algún modo se han instalado militares. Estos representan un abanico más amplio, incluyendo sitios militares propiamente dichos como Santarém o Lomba do Canho, pero también oppida más antiguos con presencia de efectivos in situ o en las cercanias, como pueden ser Mesas do Castelinho o Castro Marim y varios de los castros del Norte de Portugal y de la actual Galicia. Por último, aún relacionados con la clase de yacimientos “militarizados”, el tipo Ovoide 4 está siempre presente en los castella o establecimientos similares, sea en la cuenca del Guadiana (por ejemplo el Castelo da Lousa), en la zona circundante a Ebora (los recintos ciclópeos y los fortines del actual Alentejo Central: Mataloto 2008), o aún en los metalla del suroeste ubicados en la cuenca del Odiel20 (Peréz Macias y Delgado Domínguez 2007). La tercera zona sería la mitad oriental de la Península. En esta gran región se verifica su presencia en yacimientos de idéntica naturaleza, con menor representación en sitios militares o “militarizados” como Pozo Sevilla (Morin de Pablos y otros 2010), pero en contrapartida con mayor número de ejemplos en los oppida romanizados, especialmente en el sureste (Molina Vidal 1997) y en los núcleos urbanos como Tarragona (Ruiz de Arbulo, y otros 2010; Gebellí Borras y Díaz 2001; Díaz García y Otiña Hermoso 2003) o en algunos rurales como El Vilarenc (Revilla Calvo 2010). Por último, pecios como los de Illes Formigues 1, Cala Bona 1, Titán o Grand-Conglué 3 certifican de forma incuestionable la circulación de estos contenedores hacia mercados extra-peninsulares, configurándose la Galia meridional y sus principales ejes de Dressel 1 de procedencia itálica y algunas piezas clasificadas como Dressel 7-11, que parecen documentar casos claros de Ovoide 4. Por lo tanto, deben retrasarse las referidas cronologías basadas en la presencia de los tipos salazoneros. 20. En Cerro del Moro (Nerva, Huelva), creemos que algunos de los fragmentos clasificados como Haltern 70 en realidad se corresponden con Ovoide 4 (Peréz Macias y Delgado Domínguez 2007: 153; fig. 6.1,3,4 y 6).
225LOS TIPOS ANFÓRICOS DEL GUADALQUIVIR EN EL MARCO DE LOS ENVASES HISPANOS DEL SIGLO I A.C... SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 penetración fluviales un mercado civil emergente ya en el tercer cuarto del siglo I a.C., tal como parece entreverse en el horizonte 1 del santuario de Cybèle en Lyon (Lemaître, Desbat y Maza 1998: 55). Ovoide 5 (figs 20-21) Las ánforas del tipo Ovoide 5, propuestas como tal por primera vez por uno de nosotros (Almeida 2008: 126-134) e incluidas desde entonces en los repertorios regionales (Almeida 2010; García Vargas e.p.), representan en cierta medida un caso similar al de las Ovoide 4 (supra) por cuanto ha sido, y es, habitual clasificarlas como pertenecientes a otras formas con las que, no obstante, creemos que no deben ser confundidas. En el caso de las Ovoide 5, se las suele asignar al tipo Ovoide 1 (Clase 67/LC 67) sobre la base de un rasgo común que, por lo demás, no es exclusivo de estos contenedores: la moldura o anillo medial que presentan en el cuello. Resulta evidente que rasgos morfológicos del borde, del propio cuello, de la inserción de éste en los hombros o del cuerpo de las Ovoide 5 son tan peculiares y, en general, definen un recipiente de tan acusada “personalidad” que no conviene que quede “oculto” o “sumido” en el interior de otras morfologías, máxime cuando estas características formales son ya las propias del tipo desde el momento de su aparición, sin que parezca que éste deba nada desde el punto de vista morfológico a las Ovoide 1 (Clase 67/LC 67). Para comenzar, los bordes de las Ovoide 5 son siempre claramente diferenciables de los que corresponden a las Ovoide 1; mientras los de éstas últimas son redondeados o almendrados en la inmensa mayoría de casos, aunque existen ciertos ejemplares con borde de tendencia subrectangular, los de las ánforas del tipo Ovoide 5 son subtriangulares o, menos frecuentemente, subrectangulares, comúnmente rectos y con un labio colgante hacia el exterior “asumiendo casi la forma de un pequeño faldón” (Almeida 2008: 126). Los cuellos, y esto parece especialmente frecuente en los ejemplares de Ovoide 5, tienen una marcada tendencia cilíndrica, por lo que su inserción en los hombros del recipiente marca una violenta ruptura de curva, como si hubiesen sido insertados en el cuerpo “a presión”, característica que sólo volveremos a encontrar en las Ovoide 9 y en algunos ejemplares de variantes tempranas de Haltern 70 (tipo Flota de Agrippa, infra). Las asas, casi siempre con sección sub-circular, con surco dorsal poco pronunciado, y una marcada depresión en la base que parece provocada por la presión del dedo del alfarero en un claro intento de asegurar su adhesión al cuerpo, son muy cortas y horizontales, dada la escasa longitud del cuello, la amplitud de los hombros y la “violenta” inserción del primero en el segundo. Los ejemplares completos de los pecios de Illes Formigues I y Cala Bona I (Martín Menéndez 2008) muestran un cuerpo de perfil apuntado con hombros anchos y rematado en un pequeño pivote macizo, morfología que recuerda con carácter general a la de las mal definidas Dressel 25, cuya producción se duda en atribuir al Egeo o al sur de Italia y, sobre todo, a las ánforas del tipo IV de Apani (Palazzo 1988: tav. XXIX.3) o nº 2 del pecio Cap Gros “C” (Gauthier y Joncheray 1993: 178), suponiendo que este último ejemplar sea una producción brindisina. No hay casi que recordar que estas producciones no pueden ya confundirse, ni ante pequeños fragmentos de borde, con las Dressel 12, por más que algunos ejemplares republicanos afines a éste último tipo que, para simplificar, llamaremos Dressel 12 arcaica, presenten también un anillo en la base del borde. Por una parte, esta moldura se encuentra un tanto más arriba en las Dressel 12 arcaicas y, por otra, los bordes de estas últimas son de perfil redondeado u ovalado, muy lejos del aspecto macizo de los bordes de la Ovoide 5; finalmente, las pastas cerámicas de las Dressel 12 arcaicas no corresponden, en lo que se conoce, con la de las del bajo Guadalquivir, sino más bien con las de la costa del Estrecho, mientras que la mayoría de las Ovoide 5 presentan pastas propias del valle de este río. Decimos la mayoría, porque es posible que pueda separarse algún día una serie costera de Ovoide 5 producida en los alfares de la costa mediterránea. Es lo que se deduce de los contextos del Cerro del Mar (Torre del Mar, Málaga), tanto los publicados por O. Arteaga (1985) como los procedentes de la campaña del Deutsches Archälogisches Institut (y dirigidas por el propio Arteaga) en 1998 que permanecen inéditos. En ambos casos, se asocian a Dressel 1C, LC 67 y 7.4.3.3. (en un contexto general en el que están presentes las campanienses B: Lamb. 1, 2) y presentan pastas peculiares que pueden corresponder a producciones locales. La asociación a LC67 en los mismos contextos parece demostrar una cierta independencia tipológica entre un tipo y otro, independientemente de su lugar concreto de producción, si bien las producciones del Guadalquivir parecen haber sido, si es que existen verdaderamente otras, ampliamente mayoritarias. La escasa “visibilidad” arqueológica, hasta el día de hoy, de las Ovoide 5 (vid. ad.es. García Vargas y Bernal Casasola 2008) les confiere, como sucedió en
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233LOS TIPOS ANFÓRICOS DEL GUADALQUIVIR EN EL MARCO DE LOS ENVASES HISPANOS DEL SIGLO I A.C... SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 hacia la filiación con las ánforas ovoides apulas, especialmente con algunos ejemplares de los poco claros tipos I o IV de Baldacci (1972), del tipo III de Apani, y creemos que principalmente con el grupo de ánforas con sello M. Tuccius Galeo (Cipriano y Carre 1989: 74-77), que tal vez no fuera producido exactamente en la región apula. A tenor de los hallazgos de este grupo, concretados en Italia del sur y tirrénica, así como en la Narbonense y comparando las dataciones de los mismos, parece ser un contenedor producido y exportado en un momento ligeramente posterior a las fechas de máxima expansión de la producción brindisina, centrada en la primera mitad del I a.C, y llegando a época augustea inicial tal como se deduce de la evidencia del alfar de Giancola (Carre y Mattioli 2003: 460). Tipológicamente, pensamos que el ejemplar procedente de las Figura 24. Tipos ovoides brindisinos relacionables con el tipo Ovoide 6 del Guadalquivir.Arriba: Apani (Palazzo 1989), Ostia (Panella 1973), Galia (Loughton 2003). Abajo: Giancola (Manacorda 2001), Agde (Cipriano y Carre 1989), Planier 3 (Tchernia 1968-1970), Apani (Palazzo 1989).
234 ENRIQUE GARCÍA VARGAS / RUI ROBERTO DE ALMEIDA / HORACIO GONZÁLEZ CESTEROS SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 Termas del Nuotatore de Ostia (Panella 1973: 494-496; 625, fig. 2, con el número 66), cuya presencia en un contexto de época flavia es ciertamente residual, entraría dentro del grupo M. Tuccius Galeo. (Fig. 24). Antes de seguir adelante, conviene destacar un ejemplar encontrado durante las excavaciones de la plaza de San Antonio en el centro de la parte antigua de la ciudad de Cádiz (fig. 22), ya que pensamos que es la mejor muestra del parentesco suditálico. Cuenta con un cuerpo similar al que C. Panella (1973) presenta en su número 66 de Ostia, y sobre todo al de la figura 7 de M. T. Cipriano y M-B. Carre (1989: 75). Sin embargo, la pieza gaditana se diferencia de las anteriores en que acaba en un pequeño pivote que parece querer imitar a menor escala la típica forma de los fondos de las ánforas de tradición griega (entre las que habría que incluir el repertorio suditálico), pero que por el contrario, es hueco en su interior, mostrando, a nuestro parecer, un rasgo típico de las ánforas de tradición púnica sudhispanas. Igualmente, las asas se inclinan suavemente hacia el cuello y la sección muestra el característico surco dorsal de otras producciones del valle del Guadalquivir (a modo de una marca de fábrica). Es cierto que la parte superior del ejemplar de Ostia y de otras piezas del grupo de M. Tuccius Galeo, son más altas, rectilíneas y con mayor distancia entre el borde y el inicio de las asas, pero si observamos otros envases que hemos clasificado como Ovoide 6 (Clase 24), nos damos cuenta que guarda enormes paralelismos formales. Volviendo a la pieza de Cádiz, nos encontramos que el tipo de pasta nos indica un lugar de producción en la propia bahía gaditana, lo que parece corroborarse a nivel formal al presentar un pivote hueco, algo que como ya ha sido mencionado, es un rasgo típico de la tradición púnica gadirita y se observa en las ánforas de salazones del Estrecho. No obstante, la producción de tipos olearios en zonas costeras de la Bética es de sobra conocida23. La diferencia con el valle del Guadalquivir es sobre todo cuantitativa, ya que a pesar de que se ha puesto de manifiesto la existencia de almazaras y estructuras de producción relacionadas con el aceite de oliva (Peña Cervantes 2010; Lagóstena y Mata 2007), su volumen no tiene nada que ver con el del Baetis. Hay que destacar que en 1969 García y Bellido (1969: 143-144) dio a conocer un sello de M. Tuccius 23. La cronología dada para el contexto de procedencia, que nos sitúa claramente en un momento tardoaugusteo, si bien junto a nuestra pieza aparecen igualmente ánforas ovoides gaditanas, por lo que por lo menos la residualidad de una parte del conjunto parece fuera de toda duda e impide datar nuestra pieza con mayor exactitud. Galeo sobre un asa proveniente de unos movimientos de tierras para la construcción de unas viviendas frente a la playa de la Caleta, también en el casco viejo de Cádiz, a poca distancia de la plaza de San Antonio. El autor no cita un contexto estrátigráfico concreto, pero creemos que ya es de por sí significativo que el único sello de este tipo con el que se cuenta en todo el sur hispano, se haya encontrado en el mismo núcleo urbano donde se encontró una copia tan similar. Actualmente, el número de piezas documentadas pertenecientes al tipo Ovoide 6, sin ser excesivamente numeroso, sí que nos muestra que contaron con una buena distribución a nivel local/regional que hasta hace poco tiempo era desconocida (Almeida 2008: 145- 146), pero que igualmente sobrepasa los límites de la Península Ibérica, penetrando por el sureste francés y llegando a lugares como Narbona, la región lionesa e incluso al área suiza donde se constata la presencia de un ejemplar en Augusta Raurica en un contexto anterior a la fundación colonial (Martin-Kilcher 1999). En lugares de consumo y de producción de la Ulterior, contamos con algunos ejemplares que confirman las impresiones obtenidas en otros ámbitos. En el alfar de Jardín de Cano, en el Puerto de Santa María (López Rosendo 2008; López Rosendo 2010) se documenta un tercio superior de esta tipología junto con Dressel 1C locales y ánforas de la forma LC 67. Es una pieza con pastas del Guadalquivir en un contexto productivo con material claramente gaditano, pero homogéneo en fechas (60-30 a.C.) En la bahía de Algeciras, en la alfarería de El Rinconcillo (infra) existen ejemplares de la forma de los que carecemos de datos para asignarlos a producciones locales o a importaciones desde el interior (Fernández Cacho 1995, fig. 7.12-13). Volviendo al área gaditana, las ánforas Clase 24 del alfar de Rabatún, en Jerez de la Frontera (Cádiz: García Vargas y López Rosendo 2008: 294, fig. 10 9-11) tienen las mismas pastas que el resto de las producciones del alfar, lo que ratifica la idea de que se trata de un tipo que se produjo simultáneamente en el área cercana a la bahía de Cádiz y en el interior del Guadalquivir, siendo, como en el caso de las Haltern 70 o de las Ovoide 1 (=Clase 67/LC 67) las producciones del Guadalquivir las más numerosas. En el entorno del bajo Guadalquivir, merece la pena destacar la presencia de algunos fragmentos de la forma en niveles augusteos del alfar de la calle Doctor Fleming 25 de Carmona (cf. García Vargas 2010: 597), ciudad en la que se debió producir (aunque no hay fragmentos pasados de cocción) junto a otros tipos mayoritarios como Ovoide 4 y Haltern 70. En Itálica, el depósito anfórico del área portuaria que contenía Dressel 1,
235LOS TIPOS ANFÓRICOS DEL GUADALQUIVIR EN EL MARCO DE LOS ENVASES HISPANOS DEL SIGLO I A.C... SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 Ovoide 1 y Ovoide ¿2? presenta también un cuerpo carente de boca de Ovoide 6 con pasta del Guadalquivir (García Vargas e.p.), junto a un cuello completo de la misma procedencia. Igualmente, dentro de una cronología amplia de la segunda mitad del siglo I a.C. apareció un cuello probablemente residual procedente de la UE 161 de la calle Alemanes nº 25 de Sevilla (García Vargas 2009: fig. 4.15), mientras que unos hombros con arranques de asas (UE 1921, nº inv. 1702) y un borde, adscibible al subtipo XI.1 de Santarém (Almeida 2008: fig. 58) de la UE 1818 del Patio de Banderas (nº de inv. 1578) deben corresponder a momentos en torno al tercer cuarto del siglo I a.C. (García Vargas e.p). A nivel de difusión extrapeninsular, además de los contextos galos, hay que indicar que el Norte de África, podría ser otro de los ejes exportadores para este tipo, ya que dentro del material de la fase púnico-mauritana II de Lixus (Aranegui y otros 2001), hoy en día pueden constatarse algunos ejemplares de Ovoide 6 (Clase 24). Decimos hoy en día pues si bien los dibujos de la publicación de 2001 no permitían determinar si eran ovoides tardorrepublicanas o se ya se trataban de Oberaden 83 (como parecia ser el caso), los nuevos hallazgos testimonian la presencia del tipo más antiguo (Bonet Rosado y otros 2005: 122-123, fig. 16). Por desgracia, la mayoría de los contextos de recepción de la forma Ovoide 6 en el espacio extra-provin- cial no parecen ser demasiado concluyentes y no contamos con la precisión cronológica que tenemos para los envases de época augustea (infra). Asimismo, y a pesar de la difusión exterior con la que contaron, hay que destacar que las Ovoide 6 (Clase 24) presentan una gran variabilidad morfológica, más acusada que en otros tipos de ánforas ovoides sudhispánicas, lo que en cierta medida sorprende si tenemos en cuenta que difusión exterior y estandarización formal suelen ir unidas. A pesar de dichas lagunas, en piezas como la de Ampurias (Berni 2008: 82), de Malard (Anteas1993, 86-87), de Cartagena o Mataró (Pérez Suñé y Revilla Calvo 2001: 596), parece intuirse, hacia los momentos finales de producción del tipo, un cierto desarrollo formal, que llevaría a que estos envases se fueran distanciando cada vez más de los modelos apulos, evolucionando hacia las características de los envases olearios augusteos, aspectos que se pueden apreciar sobre todo al nivel del cuerpo y asas24. 24. En Malard, a las afueras de Narbona (Anteas 1993: 86-87), apareció un ánfora que cuenta con un cuello más estrecho y alargado, con asas que transcurren aproximadamente paralelas al mismo, de perfil ovalado y con mayor separación entre su final y el inicio del La presencia extrapeninsular de Ovoide 6, sobre todo circunscrita al área sur de la Galia y al eje fluvial del Ródano, marca ya la tendencia que va a desarrollarse a partir de época de Augusto, abriendo el que será uno de los mercados más importantes de las productos del valle del Guadalquivir durante el periodo romano. 2.1.4. Cuarto grupo. Primeras exportaciones masivas en época augustea. Último paso hacia la estandarización. Durante el principado de Augusto y en gran medida una vez que las guerras de conquista de la cornisa cantábrica han completado con éxito la unificación de todo el ámbito peninsular bajo el dominio de Roma, puede asegurarse que asistimos a una nueva fase productiva en las alfarerías hispanas, a la cual no son ajenos los centros del valle del Guadalquivir. El final de las operaciones militares en el norte de Hispania hacia el 19 a.C., supone la liberación de un gran número de soldados que van a contribuir a acelerar el proceso de “romanización” al participar en las tareas de construcción de infraestructuras de todo tipo, fundamentales para la comunicación y ordenación de los distintos territorios hispanos. Junto con ello, un gran número de soldados son licenciados y empiezan a participar activamente en la vida urbana peninsular, debido tanto al hecho de que adquieren tierras en el territorio de antiguas colonias y municipios hispanos, como principalmente gracias a la creación de nuevas colonias romanas, algunas de tanto calibre como Caesaraugusta, Augusta Emerita, o Barcino. Este hecho supuso la creación de una gran masa de consumidores “urbanos”, que incidió en la consolidación y aumento del mercado interior dentro de Hispania. No obstante, creemos que para la producción agropecuaria hispana en general, y del valle del Guadalquivir en particular, durante el principado de Augusto hay un hecho aún de mayor trascendencia que la formación de un mercado interno de cierta relevancia. Nos estamos refiriendo a la creación y consolidación de los dos borde, que por su parte es recto y redondeado en su cara externa. A ella le podríamos sumar otra pieza aparecida en Mataró en un contexto datado entre el último cuarto del siglo I a.C. y el primero del I d.C. (Pérez Suñé y Revilla Calvo 2001: 596), si bien las asas se inclinan sobre el cuello. Aún más cercanas parece estar la parte superior de una pieza aparecida en el santuario de Cibeles en Lyon ( Lemaître y otros 1998: fig. 9, 1). Curiosamente, estos tres ejemplares, a pesar de contar con asas de sección oval, no tienen muy marcado el surco dorsal de las mismas.
236 ENRIQUE GARCÍA VARGAS / RUI ROBERTO DE ALMEIDA / HORACIO GONZÁLEZ CESTEROS SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 mercados extrapeninsulares más importantes para los productos de las tierras, campos y mares hispanos durante todo el periodo romano. Estos no son otros que el mercado militar de la nueva frontera septentrional y el mercado civil de Roma25. La recepción de las importaciones hispanas en el área germánica constituye el tema de tesis doctoral de uno de nosotros, por lo que estamos en condiciones de afirmar que, una vez concluidas las campañas cántabras, un gran número de los contingentes son enviados desde allí a la frontera germana, que pasa a ser el nuevo teatro de operaciones militares de relevancia, contando con una enorme concentración de efectivos a partir del segundo decenio a.C. Se ha de tener en cuenta que los inhóspitos territorios en torno al Rin, tanto por su clima como por su geografía, nunca fueron propicios para el cultivo y elaboración de un buen número de bienes típicos de la dieta y forma de vida mediterráneas, la cual era considerada fundamental para el buen funcionamiento de la cotidianidad de las legiones romanas (Davies 1971). La ausencia de bienes tan básicos como el aceite de oliva, el vino y en este primer momento de conquista probablemente la sal, supuso un desafío logístico al que la administración romana nunca se había enfrentado con anterioridad y que debía ser resuelto con celeridad y de la manera más eficaz posible. Como bien nos muestran los restos arqueológicos encontrados en los distintos campamentos de época augustea en el área del Rin, para dar respuesta a esta problemática se puso en funcionamiento la maquinaria estatal en una gran cantidad de las provincias que conformaban el naciente Imperio romano, llegando hasta ellos productos de territorios tan distantes como la costa del Levante y el Egeo26. Sin embargo, es evidente que, en función prin- 25. El tema de la exportación de aceite de oliva bético hacia el norte de Europa y Roma ha sido estudiado desde muy diversos aspectos, haciendo que la bibliografía al respecto sea muy variada. Únicamente destacaremos algunos trabajos, sobre todo centrándonos en la investigación hispana, como pueden ser los dos congresos dedicados a la producción y comercio de aceite en la Antigüedad, celebrados en Madrid y Sevilla a inicios de los años 80, el volumen editado por Paul Erdkamp en el año 2002 titulado The roman Army and the Economy, los trabajos de la escuela española de Roma en el Monte Testaccio, o los realizados por el profesor José Remesal Rodríguez sobre la exportación de aceite bético a Germania. 26. Creemos que excede el ámbito de este artículo el analizar el grado en el que la administración romana participa en la llegada de ciertos productos a los campamentos del Rin. No obstante, somos de la opinión que si bien es cierto que habría ciertos productos como los dátiles del Levante o algunos vinos de especial calidad como los de Chios, Cnidos o Falerno, que habrían sido consumidos por la jerarquía militar y que probablemente hubiesen llegado gracias a la acción de negotiatores privados, éstos habrían seguido las líneas de cipalmente de los restos anfóricos, pero también de los toneles que nos encontramos en un buen número de yacimientos germanos (Marlière 2002), fueron las provincias occidentales las que en mayor número contribuyeron a suplir a las tropas en campaña, y hay que destacar en este periodo histórico que va de inicios del segundo decenio a.C., hasta el segundo cuarto d.C., el porcentaje abrumador, prácticamente de monopolio en productos como el aceite de oliva y las salazones, que las importaciones béticas alcanzan en dichos yacimientos. Junto al extraordinario mercado militar que acababa de abrirse en Germania, se encontraba el no menos importante y ascendente mercado urbano de Roma. A pesar de los cruentos episodios de las guerras civiles que sacudieron el convulso siglo I a.C., el aumento poblacional de la capital del mundo romano durante este periodo fue espectacular, motivado en gran parte por la expansión del sistema de producción latifundista basado en la mano de obra esclava (Carandini 1981), que enviaron a muchos medianos y pequeños campesinos itálicos a formar parte de la plebe urbana. Igualmente, la concentración de riqueza en la capital del mundo romano, que al ser el lugar desde el que se administraba y dirigía un imperio plenamente mediterráneo, atraía a las fortunas más importantes del momento, aumentó las posibilidades de comercio de la urbs, influyendo en su capacidad de importación. Este crecimiento y concentración demográfica no parece tener precedentes en el Mundo Antiguo, conformando una masa de consumidores que apenas producían una minúscula parte de lo que consumían y por lo tanto, al igual que las tropas en Germania, demandaban todo tipo de productos27, que eran traídos desde todos los rincones del mundo romano. A tenor de yacimientos fechados en estos momentos como La Longarina (Hesnard 1988), o posteriores, como los presentados por G.Rizzo (2003) datados entre época de Nerón y la mitad del siglo II d.C. y sobre todo, gracias al extraordinario documento que supone el Monte Testaccio, puede asegurarse que la Bética jugó un papel esencial en el aprovisionamiento de Roma durante todo el periodo imperial, fundamentalcomercio abiertas por el interés del Estado para que se crease una corriente suministradora de los productos básicos carentes en Germania. Para nosotros esta corriente estaría bajo un control riguroso de la administración romana, reforzada aún más tras los sucesos de Dalmacia del 5-6 d.C. 27. Es evidente que en Roma las grandes fortunas demandaban bienes de lujo, que no tienen que ver con los bienes básicos consumidos por las capas sociales más humildes. Sin embargo, tanto unos productos como los otros provenían de todos los rincones del mundo romano e incluso de fuera de sus fronteras, y llegaban mayoritariamente vía marítima al puerto de Ostia.
237LOS TIPOS ANFÓRICOS DEL GUADALQUIVIR EN EL MARCO DE LOS ENVASES HISPANOS DEL SIGLO I A.C... SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 mente como principal región exportadora de aceite de oliva, un producto cuya utilidad en la Antigüedad mediterránea traspasaba el mero ámbito alimenticio. En este panorama de aumento sin precedentes de las demandas de productos anfóricos y dentro del clima de estabilidad que se había creado después de Accio, no es de extrañar que, una vez completado un periodo que podría calificarse como de puesta en funcionamiento y formación de una base agropecuaria de alta productividad y de toda la serie de industrias subsidiarias que giran en torno a la misma, la producción sudhispana se encontrara en unas condiciones óptimas para poder dar respuesta a las grandes demandas que se planteaban en el Occidente del mundo romano. Este proceso de causa-consecuencia tuvo un efecto inmediato en los envases del valle del Guadalquivir, asistiéndose a una nueva transformación tipológica en pro de la definitiva estandarización formal. En los dos últimos decenios antes de nuestra era, observamos la progresiva desaparición de la mayor parte de los tipos caracterizados anteriormente, y cuya fase de mayor producción se había alcanzado en el tercer cuarto de siglo I a.C. Para la debida comprensión de lo que se podría denominar como el final del primer ciclo de la producción anfórica romana del valle del Guadalquivir, cabe destacar que en los campamentos germanos o en los yacimientos de la vertiente norte de Europa, Galia incluida, hasta la fecha estudiados, no han aparecido fragmentos que puedan ser asimilables con los tipos ovoides del Guadalquivir, sin que haya rastro de que sean las Ovoides 1 (Clase 67/LC67) 4 o 5, en este caso un posible fragmento de Ovoide 5 en Dangstteten que no cambia en nada el panorama trazado. De este modo, a partir de c. 20/15 a.C., y hasta el segundo tercio del I d.C., contamos con tres tipos anfóricos fundamentales dentro de la producción del valle del Guadalquivir, como son las Oberaden 83, las Haltern 71, y las Haltern 70. Las tres son muestra inequívoca del nuevo rumbo que parece estar tomando poco a poco la producción anfórica, desapareciendo paulatinamente las formas de tipo ovoide. Oberaden 83 (fig. 25) Se trata de un tipo oleario que a día de hoy sigue siendo clasificado como Dressel 20 por un buen número de investigadores, pero que en realidad resulta evidente que ha de ser enmarcado dentro del denominado Tipo A de contenedores olearios augusteos señalados por P. Berni (1998: 26-28). Fue presentado por primera vez de forma individualizada por S. Loeschke en sus trabajos sobre el material del yacimiento germano de Oberaden (Loeschke 1942) y es de ese mismo lugar de donde toma su nombre al ser clasificado por el investigador alemán con el número 83 de la tabla del material cerámico. El propio marco cronológico del yacimiento alemán, con un preciso intervalo que va del 11 a.C. al 8-7 a.C.28, nos indica el periodo de vida de esta tipología, que debió de estar en vigor en las dos últimas décadas antes de nuestra era. Formalmente, es un ánfora que aún muestra una marcada heterogeneidad, probablemente debido a que si bien es cierto que está camino de conseguir cierta estandarización, aún le queda bastante para llegar a ella. A grandes rasgos, puede afirmarse que presenta un cuerpo todavía un tanto ovalado o incluso cilíndrico, aunque en ocasiones tiene tendencia globular, con una altura media que sobrepasa los 70 cm. En su parte inferior aparece un pequeño pivote semi-macizo (no supera los 8 cm de altura), que en su parte externa inferior es semiplano con los bordes redondeados, y que al interior presenta el característico botón o pella de arcilla de las producciones del Guadalquivir, que no sobrepasa los 4 cm de altura. Muchos pivotes muestran grafitos ante cocturam, bien sean equis o cruces en la cara exterior, astas, o pequeñas incisiones de los dedos del alfarero en la parte superior de las pellas de arcilla. Estas marcas parecen ser una característica común a los talleres del Guadalquivir durante el periodo augusteo, como evidencia el que también aparezcan en Haltern 70 y Haltern 71. En su parte superior, se caracteriza por tener un cuello más o menos recto, que acaba derivando suavemente en un borde ligeramente exvasado. El diámetro de la boca suele estar entre los 13 y 15 cm, aunque es cierto que hay ejemplares que pueden superar los 15. Cuenta con una altura por encima de 3 y normalmente sin sobrepasar los 4,5-5 cm. La forma del labio es lanceolada o ligeramente almendrada, con la parte superior redondeada, tanto en su cara externa como interna. A pesar de que hay ejemplares con labios bastante rectos y cuellos ligeramente exvasados, en ocasiones se observan cuellos más rectos con bordes más salientes. 28. Los campamentos del valle del Lippe, donde se encuadra Oberaden, tienen una datación excepcional, debido tanto a la falta de ocupaciones posteriores al breve periodo de presencia romana, como al buen estado de conservación de los restos lígneos, que permiten hacer exhaustivos análisis dendrocronológicos. Al margen de ello, las series monetales y cerámicas nos aportan unos datos cronológicos también muy precisos que vienen a confirmar las dataciones (Schnurbein 1981).
238 ENRIQUE GARCÍA VARGAS / RUI ROBERTO DE ALMEIDA / HORACIO GONZÁLEZ CESTEROS SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 Para conseguir esta segunda solución formal, parece recurrirse a una ligera hendidura que se presenta en la zona media o inferior de su cara interna y que marca una pequeña carena o ruptura con el desarrollo del cuello. Podemos afirmar, que en líneas generales la forma de labio más extendida entre las Oberaden 83 viene a coincidir con el tipo definido como IX.2 para Santarém (Almeida 2008: 144, tabla 5). Las asas son otro elemento importante a la hora de caracterizar a las Oberaden 83 y poder distinguirlas correctamente de prototipos olearios anteriores y posteriores. Suelen comenzar apenas termina el borde, marcando un suave paso con el mismo. Son de perfil más o menos redondeado, que generalmente se inclina levemente hacia el cuello del ánfora, si bien es cierto que hay ejemplares en los que las asas van más paralelas al cuello del ánfora. Si las comparamos con las asas de las Haltern 71 o de las Dressel 20, no son excesivamente macizas, presentando una sección generalmente redondeada u ovalada y sin acanaladura. Estos son rasgos que individualizan perfectamente a este tipo. En el estado actual del conocimiento, creemos que las Oberaden 83 empezarían a ser producidas coincidiendo groso modo con la instalación de los primeros campamentos militares en la frontera del Rin, es decir, hacia el 20 a.C. Su principal área de importación parece haber sido los propios campamentos germanos, en donde se hallan en porcentajes muy altos, como ponen de manifiesto Oberaden, Neuss, Dangstetten, Vindonissa o Rödgen (González Cesteros y Tremmel e.p; Carreras y González Cesteros e.p a; Ehmig 2010; Martin- Kilcher 2003; Schönberger y Simon 1976). Igualmente, una parte de las ánforas clasificadas por S. Martin-Kil- cher (1987: 53) dentro del grupo A de las olearias de Augst, pertenecen a esta forma. Son piezas importadas en los momentos iniciales de la colonia Augusta Raurica, fundada en torno al 15 a.C. Sin embargo, pensamos que la mayor parte de ánforas clasificadas dentro de este grupo pertenecen en realidad a la forma Haltern 71 y probablemente fuesen importadas a partir del cambio de era. Por el contrario, como ya ha sido mencionado, creemos que las ánforas, o por lo menos parte de las mismas, aparecidas en el santuario de Cibeles de Lyon, o las de Loyasse también en Lyon, aún no pueden denominarse Oberaden 83, sino que todavía habría que incluirlas dentro de las Ovoide 6 (Clase 24). Sin embargo, sí que habría que integrar dentro de nuestro tipo tanto al ejemplar de las excavaciones del taller cerámico de La Muette (20-0 a.C.), como algunas piezas del horizonte 1 de Saint-Romain-en Gal (30/20-15 a.C.) (Desbat y Lemaître 2001: 806-811), que serían la continuación de las primeras importaciones béticas del periodo inmediatamente contiguo a la fundación de la ciudad en el 43 a.C., y que irían aumentando progresivamente a medida que Lyon se va conformando como un núcleo civil de primer rango, al amparo de su importantísimo papel como capital de la Galia Lugdunensis (27 a.C.) y como principal eje de comunicaciones terrestres y fluviales hacia el interior de Galia y Europa septentrional. Haltern 71 (fig. 26) El siguiente paso en la evolución formal de los tipos olearios del Guadalquivir lo encontramos en las Haltern 71. En líneas generales estamos de acuerdo en asimilar este tipo con el B de P. Berni (1998, 30). En su definición, P. Berni delimita perfectamente el marco cronológico en el que pensamos que se mueven las Haltern 71, es decir, entre el cambio de era y finales de1 reinado de Tiberio. Al igual que las Oberaden 83, el tipo fue presentado por primera vez por S. Loeschcke, pero esta vez en la publicación sobre el material del yacimiento de Haltern en 1909. Dicho yacimiento tiene una ocupación posterior al de Oberaden, con una cronología aceptada entre el 9 a.C. y el 9/16 d.C. Sin embargo, conviene precisar que al igual que en otros yacimientos militares, en Haltern contamos con varios campamentos que se superponen cronológicamente, realizándose la mayor parte de las excavaciones en el área del campamento principal que abarca unas 20 ha, y que a su vez parece tener dos fases debido a que sufrió un proceso de ampliación (Asskamp 2010). Actualmente, el material de Haltern excavado con posterioridad a la segunda guerra mundial está siendo objeto de estudio por uno de nosotros (H. González Cesteros , junto con la Dr. B. Tremmel y el Dr. P. Monsieur29). Estas excavaciones, como también parece ser el caso de las anteriores al conflicto bélico, se han centrado en la zona del campamento principal, cuya datación parece ser dudosa, pero a tenor de los tipos cerámicos no sería muy anterior al cambio de era, aportando una buena muestra de las tipologías imperantes durante el primer decenio d.C. Por este motivo y por el material presente en otros yacimientos con buena cronología de este periodo, creemos que la forma Haltern 71 aparecería en un momento cercano al cambio de era. 29. Este proyecto de investigación dirigido por el servicio de arqueología de Westfalia y sus resultados verán la luz a modo de una monografía, cuya aparición esperemos no se retrase excesivamente.
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240 ENRIQUE GARCÍA VARGAS / RUI ROBERTO DE ALMEIDA / HORACIO GONZÁLEZ CESTEROS SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 Se trata de un envase que parte de los rasgos comunes de las Oberaden 83, con las que en ocasiones es difícil de distinguir si no se tienen fragmentos más o menos amplios, existiendo probablemente formas intermedias o de transición entre uno y otro. Sin embargo, puede decirse que las Haltern 71 ya se acercan bastante a las primeras Dressel 20 de época Julio Claudia, presentando un alto grado de estandarización formal, mayor que en el caso de las Oberaden 83, que incluso parece manifestarse en los módulos de capacidad. Puede afirmarse que son el último paso antes de la aparición de las Dressel 20, un ánfora que se produjo en cantidades astronómicas en toda la Bética y con un elevado índice de estandarización, que hizo que en talleres distantes cientos de kilómetros fueran producidas exactamente de la misma manera, algo que aún no ocurre exactamente con el contenedor augusteo. Se ha de resaltar que contando únicamente con fragmentos de borde o con pivotes, es bastante difícil poder llegar a discernir si se trata de Oberaden 83 o por el contrario Haltern 71. Incluso en algunos casos, aún con el cuello y las asas puede haber individuos que presenten características conjuntas de ambos tipos, como ocurre entre el material del propio yacimiento de Haltern. No obstante, a excepción de los pivotes, sí que pueden resaltarse ciertas características que individualizan claramente a nuestro tipo. Formalmente este envase se caracteriza por tener un cuerpo de tendencia globular, si bien se ha de resaltar que los alfareros aún no han conseguido llegar a fabricar ánforas plenamente globulares, algo que conseguirán ya en época Julio-Claudia con las primeras Dressel 20. Dentro de estos intentos, un buen número de Haltern 71 presentan paredes más o menos rectas, que marcan suavemente el paso hacia la parte superior e inferior del ánfora. La altura completa suele rondar los 65- 70 cm, ajustándose la gran mayoría de los ejemplares a este canon, lo que es una muestra inequívoca del proceso de estandarización al que están sometidos los envases olearios del valle del Guadalquivir. Los pivotes suelen ser muy similares a los del tipo precedente, tal vez con alturas un poco menores (5-6 cm, y 2,5-3 cm la pella de arcilla o botón) y algo más abiertos debido a que el cuerpo es menos ovoide y las paredes inferiores son más rectilíneas. Aún así, como viene de ser mencionado, si únicamente se cuenta con pivotes es imposible llegar a determinar si se trata de uno u otro tipo. Además del cuerpo, es en la parte superior de las Haltern 71 donde mayor diferenciación se observa con las Oberaden 83. El cuello generalmente es más curvo y de menor altura y acaba en un labio exvasado y más grueso que en el tipo precedente. La boca suele rondar los 15 cm de diámetro y en general la altura de los labios es algo menor que en el caso de las Oberaden 83, estando entre 3 y 4 cm de media. La forma del labio puede variar considerablemente de unos ejemplares a otros, si bien creemos que pueden diferenciarse tres grupos mayoritarios. El primero de ellos sería el más cercano a los tipos olearios precedentes, ya que a pesar de ser más grueso sigue siendo fino y lanceolado, presentándose sin grandes rupturas con respecto al devenir del cuello. El segundo también guarda semejanzas con algunos labios de Oberaden 83, al recurrir en su cara interna a una hendidura para romper con la dirección del cuello y de esta forma conseguir cierto exvasamiento. Sin embargo, en el caso de este grupo de labios, las hendiduras o surcos suelen ser ligeramente más pronunciados, iniciándose probablemente un desarrollo orientado a crear un borde en el que fijar bien las tapas del envase (Martin-Kilcher 1987: 53), que desembocará en los típicos bordes de las Dressel 20 de época flavia. El último grupo presenta bordes de tendencia rectangular, con la parte superior más o menos plana y con la carena y hendidura muy marcadas. Sobre este tipo de labio se han encontrado los primeros sellos que se tienen sobre ánforas olearias (Berni 2008: 82), procedentes de Haltern y de Augst (Martin-Kil- cher: 1987). A pesar de estas diferencias, no podemos establecer ninguna secuencia cronológica entre unos y otros tipos de labios ya que nos pueden aparecer los tres en un mismo yacimiento, como puede ser el caso de Haltern o Anreppen. Una característica bastante definitoria de este tipo son las asas. La propia proporción del cuello hace que sean más pequeñas y circulares que en sus predecesoras, mostrando generalmente un perfil más redondeado, con mayor separación entre las paredes del cuello y la cara interna del asa. La mayor parte de las ocasiones suelen ir en paralelo a las paredes del ánfora, aunque en algunas presentan una tendencia curva, que las acerca ya al cuarto de círculo. El inicio de las mismas se produce prácticamente desde el labio, juntándose con éste en su parte inferior, donde normalmente se marca un surco más o menos pronunciado en el punto de unión. La parte más elevada del asa sobrepasa este punto de unión y se queda a la mitad o tres cuartos del labio. La sección de las asas marca también alguna diferencia con la de las Oberaden 83, ya que si bien suelen ser circulares, en muchas de ellas observamos una tendencia a que la parte superior de la misma sea apuntada, o incluso hay ejemplares que presentan una pequeña cresta
241LOS TIPOS ANFÓRICOS DEL GUADALQUIVIR EN EL MARCO DE LOS ENVASES HISPANOS DEL SIGLO I A.C... SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 Figura 26. Ánforas del tipo Haltern 71.
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Un somero estudio métrico, demuestra, no obstante, que este ejemplar se encuentra dentro de los límites inferiores de varianza de la forma, por lo que no estimamos necesario establecer una diferenciación tipológica significativa entre las Haltern 70 “clásicas” de Cala Culip VIII, entre las que pueden incluirse también las extraídas del pecio Cabrera 5, en Baleares por ejemplo (Cerdá I Juan 2000), y las similares a este ejemplar “menor” de la ensenada de Bolonia cuyas características encontramos también entre algunos ejemplares producidos en el alfar de la calle Montáchez nº 15 de Carmona (Gómez Saucedo e. p.). Ánforas tipo Urceus (figs. 31-32) A pesar de que se trata de un tipo de compleja definición que no debió de ser producido de foma generalizada en los talleres sudhispanos, hemos decidido incluirlo en el apartado dedicado a las ánforas del valle del Guadalquivir que llegaron a exportarse “masivamente”, debido a que curiosamente a día de hoy la mayor parte de sus hallazgos se encuentran en ámbitos que sobrepasan en mucho el nivel local o regional. A este respecto, hay que decir, que a tenor de los datos con los que se cuenta actualmente, su principal área de difusión parece estar en la fachada atlántica peninsular (Morais 2007: 402; 2008), destacando el número de piezas en los yacimientos portugueses de Braga, Aljube (Porto) y Castelo da Lousa (Alentejo). Sin embargo, el reciente estudio del pecio de Sud-Perduto 2 en el estrecho de Bonifacio (Bernard 2008), y los datos que aquí presentamos acerca de algunos ejemplares documentados en campamentos del área del Rin, nos amplían el panorama de difusión más allá del ámbito peninsular en época augustea. Esta forma ha sido definida hace relativamente poco tiempo, siendo Rui Morais el primero en individualizarla a tenor del material trabajado tanto en Braga (Morais 2005) como en Castelo da Lousa (Morais 2010a). Dicha individualización ha sido plenamente positiva, poniendo de manifiesto que en el valle del Guadalquivir, al igual que aconteció en las tierras del Ródano y en el valle del Ebro, en época augustea se fabricaron envases de fondo plano con vistas a la presumible exportación de los vinos locales. Sin embargo, pensamos que aún hay que avanzar mucho para que se llegue a distinguir con mayor precisión las ánforas tipo Urceus de sus sucesoras las Dressel 28, y para poder ahondar en el conocimiento de su evolución, incluyendo los primeros estadios de su producción, probablemente a inicios del último tercio del siglo I a.C., y el momento final de la misma, que parece sobrepasar el ámbito cronológico de este estudio, llegando hasta el principado de Tiberio o Claudio. Ésta es una tarea que de momento se presenta bastante complicada, ya que en principio parecen existir varios subtipos (tal vez de carácter local o microregional), que parecen convivir en un mismo momento, siendo el caso más claro el de los ejemplares del pecio de Sud-Perduto 2 y el campamento germano de Dangstetten. A grandes rasgos, sus principales características morfológicas serían el fondo plano o umbilicado, el cuerpo redondeado que en ocasiones presenta una especie de carena a tres cuartos de altura y un cuello corto, recto o bitrococónico, que acaba normalmente en una boca ligeramente exvasada y con un diámetro que tiende a situarse entre 14 y 18 centímetros, si bien es cierto que como indica R. Morais es bastante posible que existan varios módulos, ya que en Castelo da Lousa aparecen piezas de mucho menor tamaño (Morais 2007b: 402. Fig. A, 30-38). Con respecto a estos últimos, hay que considerar incluso la posibilidad de que se tratase de de recipientes menores, como jarros o botellas, producidos en los mismos alfares, y que viajasen junto a los contenedores de la misma forma en calidad de servicio de consumo (contenedor-”servidor”). Los labios y asas son las partes del recipiente que mayor variedad presentan, como bien puede verse en las imágenes que presenta R. Morais (2007b: 406) provenientes de distintos yacimientos del norte de Portugal y Galicia. Dentro de esta marcada heteroeneidad, tal vez puedan distinguirse tres grupos, que sin embargo no pensamos que sean exactamente los mismos que propone R.Morais (2008: 268). El primero (tipo 1 en fig. 31) coincidiría con el grupo 1 de R. Morais, presentando un labio cuadrangular, engrosado y plano en su parte superior, que no suele llegar a los 3 centímetros de altura. El cuello parece ligeramente estrangulado en su parte inferior y las
249LOS TIPOS ANFÓRICOS DEL GUADALQUIVIR EN EL MARCO DE LOS ENVASES HISPANOS DEL SIGLO I A.C... SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 asas, que arrancan desde la parte media del cuello, son habitualmente de sección ovoide o rectangular y parecen mostrar un pequeño surco en su parte superior. Sería el grupo mayoritario en Braga y Castelo da Lousa (Morais2007b: 406). El segundo grupo (tipo 2) englobaría los números 2 y 3 de R.Morais que representan dos variantes distintas. Como rasgos característicos presentaría labios más variados que están ligeramente engrosados desde la pared del cuello y que pueden estar más o menos moldurados pero por lo normal son de tendencia cóncava. Dentro de estos bordes hay algunos que presentan una serie de pequeñas acanaladuras en su parte exterior (variante A), mientras que otros son lisos (variante B). El cuello suele ser más recto y las asas similares a las anteriormente descritas. Este grupo lo encontramos en algún ejemplar en yacimientos de la fachada atlántica y en la zona productora del Guadalquivir, como los ejemplares provenientes del puerto de Hispalis (García Vargas e.p.). Sin embargo, a día de hoy contamos con mayor número de ejemplos allende la Península Ibérica, destacando la presencia de un par de piezas bien conservadas en el pecio de Sud-Perduto 2 (Bernard 2008: fig.2), y sobre todo de varios bordes y un par de fondos en Dangstetten, que U. Ehmig clasifica dentro de su forma “Dangstetten 1” (Ehmig 2010, 56 y taf.32- 33), si bien por las descripciones que da de la pasta y por la propia tipología, no hay duda de que se trata de urcei béticos. El último grupo (tipo 3) es a nuestro entender el que más debió de influir en la formación de las Dresel 28, que acontece en torno a las décadas centrales del siglo I d.C. De hecho, el propio R. Morais (2008), al referirse a un ejemplar del pecio augusteo de Sud-Perduto 2 opina que ya se trata de una Dressel 28, si bien creemos que el borde y el cuerpo difieren considerablemente de los de esta última forma. Igualmente, a día de hoy puede decirse que esta última variante es la versión que mayor homogeneidad presenta y cuenta con un número más o menos importante de piezas completas o fragmentos de buen tamaño, normalmente provenientes de contextos de fuera Figura 31. Ejemplares completos de Urcei y de las posteriores Dressel 28.
250 ENRIQUE GARCÍA VARGAS / RUI ROBERTO DE ALMEIDA / HORACIO GONZÁLEZ CESTEROS SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 del ámbito hispano. De este modo, si bien es cierto que contamos con algún ejemplar de la región del Guadalquivir (Osset, San Juan de Aznalfarache: Vázquez Paz 2005), son los hallazgos de distintos pecios del estrecho de Bonifacio (Sud-Lavezzi 2, Lavezzi 1, Sud-Per- duto 2), de la pieza prácticamente entera encontrada en el contexto lionés de Rue de la Favorite, o de las documentadas en campamentos de la frontera germana (Rödgen, Neuss, Kops Plateau en Nimega31 y tal vez en Dangstetten32), los que nos dejan entrever una difusión externa de cierta importancia. En este caso el labio presenta un característico escalón que hace que tenga dos molduras básicas (fig.31 tipo 3). El cuello es recto o ligeramente exvasado, cercano a los 18 centímetros, y las asas comienzan generalmente en la parte superior. El perfil de las asas es algo más abierto que en los casos anteriores, contando con una sección oval, que normalmente presenta dos pequeños surcos dorsales poco marcados. En los ejemplares que se conocen completos, el cuerpo presenta siempre una marcada carena en la transición del hombro hacia el cuerpo, aspecto que le confiere una morfología particular. Como ya ha sido mencionado, el inicio de la producción de estas pequeñas ánforas parece centrarse en los momentos iniciales del principado de Augusto. De este modo, en los contextos del último tercio del siglo I a.C. de Castelo da Lousa e Hispalis ya contamos con ejemplares que se encuadran dentro de los dos primeros grupos de labios que acabamos de describir. Sin embargo, hay que destacar entre los bordes documentados en recientes excavaciones en el casco urbano de Sevilla uno de ellos (c/ Alemanes 25-27) procedente de un contexto (UE 164) datado a fines del tercer cuarto a.C., que creemos se encuadrabien dentro de nuestro tipo 2 variante b, siendo, por tanto, el representante más antiguo por ahora de un grupo que alcanza los años finales del siglo I a.C., como se constata, por ejemplo, en Dangsteten. Por su parte, el grupo con labio de moldura escalonada (tipo 3) ha sido hallado en yacimientos de carácter militar del último decenio del siglo I a.C., o el primero del I d.C, tales como Rödgen, datado entre el 11/10-8 a.C. (Schönberger y 31. Esta pieza ha sido constatada por dos de nosotros durante la campaña realizada en Julio de 2011 para la clasificación del material anfórico del yacimiento del Kops Plateau, que en breve se espera publicar conjuntamente con otros autores. 32. Entre el material presentado por Ehmig dentro del apartado de indeterminado (2010, Taf. 33), la pieza dibujada con el número1337,054-1 que cuenta igualmente con una fotografía, creemos que puede corresponderse con el borde de un Urceus de este tipo. Simons 1976), probablemente Dangstetten (Ehmig 2010), en la primera fase del campamento del Kops Plateau de Nimega, que se enmarca entre el 12 a.C. y el 10 d.C., o en las fases augustéas de Neuss (Vegas 1975). Igualmente, en el depósito de la Rue de la Favorite en Lyon, datado groso modo en época augustea, contamos con un ejemplar cuya pasta los autores clasificaron como de posible procedencia rodia (Becker y otros 1986: 86). Este grupo parece haber pervivido durante más tiempo que el resto, ya que se encuentra entre el material de época tiberiana de Sud-Lavezzi 2 (Liou y Domergue 1990) y en el del pecio de Lavezzi 1 (Liou, 1990) que creemos ha de datarse hacia mediados del siglo I d.C. Con esta misma cronología, se conocen dos fragmentos de borde procedentes de la supuesta área de producción en el Bajo Guadalquivir. Se trata de los ejemplares de la Plaza de la Aviación de San Juan de Aznalfarache (Sevilla), la antigua Osset (Vázquez Paz 2005), asociados a TSI de época tiberiana (Consp. 18 y 37). El desarrollo de una “familia” de ánforas con fondo plano en época temprano-augustea no nos parece un hecho casual (Carreras y González Cesteros e.p. b). El que empiecen a fabricarse de manera más o menos contemporánea en los talleres ribereños del Ebro, caso de las Oberaden 74 tarraconenses, del Ródano y su desembocadura, para las Gauloise 2, 3, 7 y tal vez 1, y del Guadalquivir en el caso de las tipo urceus, pensamos que se halla intrínsicamente ligado a la adecuación de los envases de fondo plano para el transporte fluvial en grandes barcazas de río (Carreras y González Cesteros e.p. b), descartando que se deba al temprano desarrollo de un comercio fuertemente regionalizado, casi autárquico, en las diferentes regiones occidentales del mundo romano ya en momentos augusteos33. Con anterioridad a la aparición de las ánforas tipo urceus no está constatada la fabricación de ningún envase de fondo plano en la Ulterior, y no hay que descartar que su producción fuera debida a un influjo externo, si bien a tenor de la tipología, no creemos que se pueda establecer una línea de filiación clara. Con ello no queremos descartar que tanto las primeras ánforas galas (G.7, G.1 y sobre todo las G.2 y G.3), como las Oberaden 74 tarraconenses, pudieran haber influido 33. Pensamos que esto no es válido para el principado de Augusto, sino en todo caso para un momento tan alejado como siglo II d.C., cuando la romanización de la mayor parte de los territorios occidentales es un hecho constatado y el relativo clima de seguridad imperante incentiva la roturación de nuevas tierras y la producción agrícola.
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252 ENRIQUE GARCÍA VARGAS / RUI ROBERTO DE ALMEIDA / HORACIO GONZÁLEZ CESTEROS SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 en la formación del modelo de ánfora plana del valle del Guadalquivir. Sin embargo, la total ausencia de esta morfología anfórica en el conjunto de la Ulterior nos lleva a plantear que, antes que la imitación de una tipología de fondo plano y posterior desarrollo de una línea de evolución tipológica, lo que acontece es más bien la adaptación de una idea surgida en las tierras del Ebro o en la desembocadura del Ródano y que se muestra perfectamente adecuada para el ámbito geográfico del Guadalquivir, donde el transporte vía fluvial es primordial. Por último, hay que destacar que creemos que el posible nacimiento de estas tipologías en el Ebro y en el Ródano, tendría que ver en un primer momento con el impulso que provoca la presencia de tropas romanas seguido a continuación por el asentamiento de veteranos y la creación y potenciación de una red urbana de importancia en el interior de ambas regiones, que a su vez se valdría de las posibilidades del comercio que ofrecen las redes fluviales. En este sentido, en el Guadalquivir, a semejanza de los envases galos y tarraconenses, se explotarían las posibilidades de comercio fluvial, que incluso llegarían a ser sobrepasadas, exportando los vinos envasados en estos pequeños contenedores junto con el aceite y otros productos, a los mercados principales de importación, es decir, a las regiones atlánticas, los campamentos militares de Germania y la ciudad de Roma (Fig. 32). Figura 33. Prototipo y ejemplares fragmentarios atribuibles al tipo 7-11.
253LOS TIPOS ANFÓRICOS DEL GUADALQUIVIR EN EL MARCO DE LOS ENVASES HISPANOS DEL SIGLO I A.C... SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 Formas asimilables a los tipos Dressel 7-11 (fig. 33) Desde que C. Carreras (2001) individualizara una producción de estos típicos contenedores de la costa bética con pastas de la región de las Marismas, los investigadores comenzaron a percatarse que, efectivamente, varias habían sido las regiones en las que esta forma había sido fabricada. No es nuestra intención hacer un repaso exahustivo de un grupo de tipos anfóricos (los que se engloban habitualmente bajo el nombre Dressel 7-11 que es más bien una etiqueta para un grupo de tipos que un tipo en sí) ampliamente producidos y exportados desde el último tercio del siglo I a.C. cuyo contenido primordial fueron las salsas y conservas de pescado. Sin embargo, conviene señalar su fabricación en el valle del Guadalquivir como un tipo minoritario, pero que de la misma manera que los urcei, fue exportado siguiendo las líneas creadas por el comercio de los principales productos del Guadalquivir. En el estado actual de nuestros conocimientos, puede afirmarse que morfológicamente no existen grandes diferencias entre las producciones costeras y las del interior, dándose por hecho que se trata de un tipo que fue inicialmente producido en los alfares situados entre la bahía de Cádiz y la desembocadura del Velez, evolucionando directamente de las ánforas “ovoides gaditanas”. Este sería el razonamiento evolutivo normalmente aceptado, en el que las producciones del interior quedarían como imitaciones de unos envases que habían logrado un éxito sin precedentes en la costa. Sin embargo, los datos aportados por las excavaciones del foro de Valeria, donde apareció un pequeño lote de ánforas en un contexto del último tercio del siglo I a.C., clasificadas en un primer momento como Dressel 10-Ovoide 2 (González Cestero e.p) y que presentan pastas del bajo Guadalquivir, nos hace plantear la posibilidad de que en ambas regiones se empezaran a producir envases para las salazones contemporáneamente. Igualmente, en campamentos germanos como Oberaden, Kops Plateau, Neuss, Haltern o Anreppen, se ha podido constatar la temprana presencia de ejemplares con pastas del Guadalquivir (González Cesteros y Tremmel e.p; Carreras Monfort y González Cesteros e.p. b). Por último, dentro del mapa de dispersión de esta tipología, no podemos olvidarnos de la costa atlántica y del noreste penínsular, ya que están bien documentadas en yacimientos como Santarém (Almeida 2008), Braga (Morais 2001), Astorga (Carreras y Berni 2003) y Lugo (Carreras y Morais 2011). De esta manera, podemos afirmar groso modo, que en época augustea, anteriormente al cambio de Era, estos envases estaban ya presentes en los mismos mercados que las ánforas olearias y las Haltern 70. Estamos convencidos que en otros muchos lugares, tales como el valle del Ródano, las costas de la Italia tirrénica, o el Levante penínsular, debieron de llegar Dressel 7-11 del interior, que han pasado desapercibidas al no hacerse distinción con las producciones costeras. Actualmente, a tenor de las pastas documentadas, nos atrevemos a plantear que la zona de mayor producción estaría situada en torno al tramo final del Guadalquivir y las cercanías del antiguo Lacus Ligustinus. No obstante, la pasta de determinados ejemplares parece carecer de las típicas inclusiones de hematita que están presentes en los ejemplares fabricados en esa área geográfica. Ello nos induce a pensar que algunos de estos envases podrían haber portado un contenido a base de pescado de río, o en un momento determinado, otro tipo de salazones y salsas no piscícolas. Desgraciadamente al igual que la práctica totalidad de los tipos descritos en este trabajo, en este caso tampoco se cuenta con alfares en los que se haya podido constatar su producción, lo que frena el aventurar más datos acerca de su contenido y precisar aún más su cronología. 2.2. Los Contextos de Producción: avances en el (des)conocimiento Cuando en 2004 se publicaban las actas del encuentro Figlinae Ex Baetica, G. Chic García y E. García Vargas (2004: 307) constataban el absoluto desconocimiento acerca de los talleres productores de ánforas en el Bajo Guadalquivir durante la República. A ocho años vista, la situación ha mejorado relativamente, ya que, aunque todavía son escasas las noticias y las excavaciones relativas a figlinae republicanas en los ríos Guadalquivir y Genil, una serie de hallazgos parcialmente publicados aún (García Vargas 2010; García Vargas e.p.) nos ponen sobre la pista de los lugares de producción de las más antiguas ánforas de tipología romanas del valle bético. En lo referido a las ánforas de tipología romanizada más antigua, en concreto, Dressel 1 con pastas del valle del Guadalquivir, el panorama actual viene revelando algunos datos escasos pero bastante novedosos, que certifican la manufactura inequívoca en la región de imitaciones de esta forma de origen itálico. Se conoce (García Vargas e.p.), un tercio superior, sin asas, de un ejemplar de Dressel 1 del Guadalquivir procedente de hallazgo superficial en el alfar de Guadalbaida
254 ENRIQUE GARCÍA VARGAS / RUI ROBERTO DE ALMEIDA / HORACIO GONZÁLEZ CESTEROS SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 o Dehesa de Arriba en Posadas (Córdoba), la figlina Trebeciana de CIL XV, 3814 (cf. Berni Millet 2008: 483). Esta alfarería, situada a la salida de la población actual de Posadas (la antigua Detumo), aguas abajo de Córdoba, produjo ánforas Dressel 20 con seguridad desde mediados del siglo I hasta el siglo III d. C., conociéndose para la segunda mitad del siglo I d. C. una producción, con sellos propios de este taller, de ánforas vinarias del tipo Dressel 2-4 provinciales (García Vargas 2004a; 2004b). Esto parece sugerir la posibilidad de que en fases anteriores a las documentadas en superficie, la misma figlina produjera contenedores vinarios, aunque el fragmento de Dressel 1 mencionado no es un defecto de cocción y, obviamente, no tiene por qué ser necesariamente una producción local. En cualquier caso, el perfil de esta Dressel 1¿A? de la Dehesa de Arriba que conocemos gracias a la amabilidad de Juan Solís (q.e.p.d.), se asemeja a lo del ejemplar completo publicado como procedente del poblado minero de La Loba (Fuenteovejuna, Córdoba, Benquet y Olmer 2002: 150a) en el tamaño reducido de la pieza y en el borde corto que, sin embargo es morfológicamente diferente (supra). Los contextos de La Loba se fechan en las primeras décadas del siglo I a.C., momento en el que en la ciudad de Sevilla ya se reciben ánforas locales de imitación de la forma Dressel 1A, razón por la que se ha propuesto (García Vargas 2010; García Vargas e.p.) una fecha dentro de la primera mitad del siglo I a.C. para las Dressel 1 regionales como las que, supuestamente, debieron ser fabricadas en la Dehesa de Arriba. La ciudad de Posadas se encuentra unos 100 km al sur de Fuenteovejuna y está relativamente bien conectada por tierra con las mineralizaciones de las Subbéticas cordobesas, estribaciones a las que pertenece Fuenteovejuna, de modo que no es difícil pensar que algunos alfares del curso medio del Guadalquivir comenzaran a producir ánforas vinarias para el abastecimiento minero en un momento (primeras décadas del siglo I a.C.) en que éste estaba aún dominado por las ánforas itálicas, como muestran los contextos de La Loba. Nada hay seguro, sin embargo, al respecto, excepto el hecho de que ésta es la fecha también en que las Dressel 1 locales aparecen en otros contextos de consumo de la región, como la portuaria Sevilla (supra), lo que indica una cierta infraestructura productiva ya en estas fechas iniciales. Por desgracia, y aunque los contextos de consumo evidencian la progresiva expansión de la distribución comercial de las ánforas del Guadalquivir a lo largo del segundo tercio del siglo I a.C., (García Vargas e.p.) no volvemos a tener evidencias de producciones locales en talleres del Bajo Guadalquivir hasta los años iniciales del principado de Augusto, momento en el que en la ciudad de Carmo, la actual Carmona, posee en su zona periurbana, sobre la Vía Augusta y a la salida de la puerta occidental de su muralla (actual Puerta de Sevilla), un conjunto de talleres que se han ido excavando en los últimos 25 años34 y que actualmente se encuentran en curso de publicación (algunas noticias en García Vargas 2010 y García Vargas e.p.). En general, las evidencias de producción cerámica (incluidas ánforas) de este sector occidental extramuros de Carmona se datan por el material cerámico entre 30 a.C. y 50 d.C., produciéndose con seguridad en los hornos aquí excavados ánforas de las formas Pellicer D, Ovoide 4, Ovoide 6, Tipo 10, Haltern “iniciales” 70 y Haltern 70 “clásicas” augusteo-tiberianas. En otras localidades del valle del Guadalquivir como Ilipa (Alcalá del Río, Sevilla), aunque los contextos de amortización indican la presencia de ánforas de tipología preimperial o tempranoaugusteas en lugares como calle Santa Verania, con Ovoide 4 y Haltern 70 (Cervera Pozo y otros 2007: 307-308) o la fosa de fundación de la muralla romana en la excavación del Pasaje Real (Izquierdo de Montes 2007: 202, fig. 14, con Ovoide 4, T. 7.4.3.3 gaditanas y LC 67), los escasos contextos de producción conocidos corresponden ya a época tardoaugustea, cuando no tiberiana (calle Mesones 40-44: García Vargas 2010b, fig. 13). Ninguna evidencia material más puede señalarse hoy por hoy acerca de los centros de producción de las ánforas republicanas del Guadalquivir. Allí donde se ha documentado unos inicios relativamente antiguos de la producción rural de ánforas, como en Las Delicias (Écija: Sáez Fernández y otros 1997) o en La Catria (Remesal Rodríguez 1977-1978; Chic García 2001), Sevilla ( García Vargas 2003, a partir de material residual en un área de alfar de la segunda mitad del siglo I d. C.), los testimonios iniciales de la producción no van nunca más allá de época tiberiana o claudia (Cf. García Vargas 2010b). Esta es también la fecha en la que se documenta el inicio de la práctica de sellado sistemático de los contenedores, de manera que cabe preguntarse si existe una relación más o menos directa entre la práctica del sellado en las ánforas y los inicios de la “industrialización” de su producción con la apertura de los grandes talleres rurales como Las Delicias o La Catria, por poner sólo dos ejemplos bien conocidos. 34. Cf. Rodríguez Rodríguez 2001 para una publicacion de síntesis. Vide también Gil de los Reyes y otros 1987; Cardenete y otros 1989; Gómez Saucedo e.p.; Conlin y Ortiz Navarrete e. p.).
255LOS TIPOS ANFÓRICOS DEL GUADALQUIVIR EN EL MARCO DE LOS ENVASES HISPANOS DEL SIGLO I A.C... SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 Con anterioridad a 30-50 d.C. sólo se conocen de momento producciones suburbanas como las de Carmona que, además, presentan la particularidad de no estar dedicadas en exclusiva a la producción de ánforas y de que las ánforas que fabrican no son en todos los casos de tipología romana. En los talleres más antiguos de Carmona, las Haltern 70 de morfología tempranoaugustea conviven con ánforas Pellicer D producidas aún en cantidad similar o ligeramente superior a la de las ánforas de tipología romanizada. Por su parte, la producción no anfórica en los talleres de Carmona es en buena medida una producción de morfología tardoturdetana, con predominio de urnas pintadas, cuencoslucerna, platos con líneas pintadas o lisos y lebrillos, a veces decorados estos últimos con pintura roja al interior reproduciendo líneas onduladas perpendiculares al borde o retículas formadas por líneas rojas en el interior del recipiente. La producción tardorrepublicana y tempranoaugustea, al menos en Carmona, muestras, pues, escasas evidencias de “especialización”, lo que en parte puede deberse al carácter excéntrico de los talleres carmoneses con respecto a los grandes ejes fluviales, como el Guadalquivir y en parte al hecho de que la gran eclosión exportadora de las ánforas del Guadalquivir hacia la Galia y el limes reno-danubiano es algo posterior a las fechas de plena actividad de los alfares suburbanos de Carmona. Hacia 50 d.C., la actividad en las figlinae carmonenses ha desaparecido casi totalmente y no será hasta época flavia cuando comiencen a producir en cantidad “industrial” las alfarerías de la desembocadura del Corbones, a unos 15 km. al norte de Carmona, pero aún en el área de influencia inmediata de la ciudad. Es sellado es ya habitual en estas producciones del Corbones, lo que, junto al elemento POR(tus?) denota una actividad alfarera volcada totalmente a la exportación masiva de ánforas olearias del tipo Dressel 20 (Chic García 2001). 3. EL VALLE DEL GUADALQUIVIR VERSUS OTRAS REGIONES ALFARERAS HISPÁNICAS. PROBLEMAS EN EL ESTUDIO DE UN UNIVERSO COMPUESTO POR DIFERENTES REALIDADES (A VECES COINCIDENTES...). En este amplio artículo hemos intentado dar un paso más para rescatar del anonimato a la producción de envases cerámicos destinados a la exportación de los bienes agropecuarios del valle del Guadalquivir en época tardorrepublicana y augustea. Por lo tanto, lo que pretendemos es presentar una nueva herramienta de base, o mejor dicho una herramienta actualizada, que nos pueda servir (en primera instancia a los especialistas “hispanos”, los que más probabilidades tenemos de encontrarnos con este tipo de evidencia, pero igualmente, a sabiendas que el carácter actual de su dispersión empieza a mostrarnos la importancia que puede tener para la investigación en otros ámbitos geográficos) para ahondar en el conocimiento de la economía y sociedad de este área geográfica y de las regiones que importaron sus productos. Sin embargo, consideramos que sería un error no echar cuanto menos un vistazo a las evidencias históricas y arqueológicas que nos presentan otros territorios peninsulares en este mismo periodo, ya que podemos afirmar que en el marco del comercio en la Antigüedad, donde el ir y venir de personas y mercancías era constante (cuanto menos en el final de la República y los dos primeros siglos de nuestra era), en rara ocasión las ideas se desarrollaban en un único lugar al margen de la influencia externa. En estos momentos tardorrepublicanos en todas las regiones costeras mediterráneas y en la zona atlántica meridional de la Península Ibérica, al igual que en el valle del Guadalquivir, asistimos a un proceso de influencia y colonización itálica efectiva, que lleva a que la producción agropecuaria y la ordenación del territorio empiecen a regirse por patrones de tipo itálico. De este modo, la orientación de la explotación de los recursos de la tierra y el mar estará marcada por una producción intensiva con vistas a la exportación de sus excedentes, que irán dirigidos principalmente a unos consumidores de origen o costumbres romano-itálicas. Ello tiene evidentemente su reflejo en los envases destinados a la exportación de estos excedentes, creándose un universo formal que tiene como modelo a los contenedores itálicos más difundidos del momento, que en una primera etapa son literalmente copiados, pero que pronto adquirirán en cada región un marcado carácter local, fruto de las tradiciones alfareras precedentes. El caso de las tipologías ovoides es muy ilustrativo, ya que a pesar de ser el valle del Guadalquivir donde mayor relevancia tuvieron, también fueron fabricadas en otras regiones sudhispánicas, e incluso en el noreste peninsular o en la costa occidental de la Lusitania. Este hecho resulta en ocasiones problemático para la investigación arqueológica, ya que parece que un mismo tipo fue fabricado en distintas regiones –caso de las Ovoide 1 (Lomba do Canho 67), de las Haltern 70, o de los distintos tipos de ánforas olearias, e igualmente es posible que ánforas como las Ovoide 4 hayan podido
256 ENRIQUE GARCÍA VARGAS / RUI ROBERTO DE ALMEIDA / HORACIO GONZÁLEZ CESTEROS SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 producirse en alfares de ámbitos geográficos distantes, o cuanto menos que se hayan alcanzado soluciones formales muy similares para el envasado de productos similares– lo que puede llevar a confusiones entre ellos y a imprecisiones a la hora de determinar la importancia de las exportaciones de cada zona. En este apartado, hemos decidido centrarnos en las demás regiones hispanas, principalmente la costa bética y la Tarraconense nororiental, sin duda alguna las áreas más activas en época tardorrepublicana y augustea, al margen del Baetis, pero sin olvidarnos de la emergente Lusitania occidental. La Bética costera con sus distintas áreas productoras comparte una serie de características comunes con el valle del Guadalquivir, ya que en cierta medida se trata de la zona natural de salida de sus productos por vía marítima. La segunda de ellas, el litoral del noreste peninsular, es bastante más distante y presenta una tradición prerromana bien distinta, por lo que creemos que es de gran interés observar la evolución de una y otra al amparo del influjo romanizador y ver su reflejo en el repertorio anfórico. La Lusitania, cuenta actualmente con un volumen de información bastante menor, pero que empieza a mostrar las primeras señales de que podría haber desarrollado un proceso similar, aunque a una escala aparentemente más reducida. 3.1. La Costa Bética: bahía gaditana, bahía de Algeciras y litoral malacitano 3.1.1. Bahía de Cádiz. No resulta fácil realizar una síntesis de la producción de ánforas en la bahía de Cádiz y las costas del Estrecho durante los años finales de la República romana, dada la complejidad en estos momentos de la evolución formal de las mismas. En efecto, desde antes del fin del siglo II a.C., una serie de influencias morfológicas de diversas procedencias comenzarán a transformar lentamente las formas de hacer del artesanado cerámico local, hondamente arraigadas en las tradiciones alfareras semitas occidentales (Ferrer Albelda y García Fernández 2008). La alfarería tardopúnica del sur de Iberia fue, pues, una suma de tradiciones que se superpusieron casi de forma estratigráfica y que afectaron también a los territorios mauritanos, extendidos, entre el Mediterráneo y el Atlántico, al otro lado del estrecho de Gibraltar (Aranegui Gascó y otros 2004). Puede hablarse entonces de un repertorio anfórico propio y común a todos los enclaves púnicos del Círculo del Estrecho en el que, a partir de finales del siglo II / inicios del siglo I a.C., va adquiriendo un peso creciente el factor itálico. Desde el tercer cuarto del siglo II a.C., dos nuevas series de contenedores, las ánforas T.7.4.3.2/7.4.3.3 y las imitaciones de ánforas Dressel 1, sobre todo de la variante C, van imponiéndose sobre el resto de los grupos morfológicos aún en circulación, la casi totalidad de los cuales estaba integrada por formas de más antiguo origen (series: T.12.1.1.0 y T. 9.1.1.1: Sáez Romero 2008). Este será el punto de partida para la gran transformación de la morfología general de los contenedores gaditanos que procederá según una serie de fases crono-tipológicas que pueden resumirse del siguiente modo (cf. Sáez Romero 2008: 517). A) Ánforas gadiritas de transición entre el mundo púnico occidental y el tardopúnico en vías de romanización (140/30-80/70 a.C.). Las ánforas neopúnicas gaditanas del tipo 7.4.3.3 o Mañá C2b son viejas conocidas de la Arqueología tardorrepublicana en Occidente (cf. Mañá 1951), dada su enorme difusión entre el último tercio del siglo II a.C. y los años iniciales del principado de Augusto (Ramón Torres 1994: 635, mapa 83). Se trata de una versión local, relativamente fiel al original, de las ánforas púnicas de Cartago del tipo Mañá C2b o 7.4.2.1/7.4.3.1, de las que surgen a través de una primera imitación occidental denominada 7.4.3.2. (Ramón Torres 1994: 212). Ésta última se interpreta más bien hoy, sin embargo, como una variante contemporánea del tipo más habitual, razón por lo que se comienza a hablar de ambos tipos como una sola forma con la denominación 7.4.3.2/7.4.3.3 (Sáez Romero 2008: 566). En cualquier caso, el protagonismo de las 7.4.3.3. es evidente desde principios del siglo I a.C., habiéndose señalado dos grandes fases productivas. La primera de ellas ocuparía desde los inicios de la producción hacia 140-130 a.C. hasta 80/70 a.C., y la segunda desde estas fechas hasta 40-30 a.C. En ambas fases se produjeron contenedores de morfología muy similar, aunque, como es lógico, con variaciones formales apreciables entre un momento y otro (Sáez Romero 2008: 567-569), aunque, quizás, lo más interesante desde el punto de vista general de la estructura de la producción es que pequeños cambios en la morfología de las variantes de este contenedor se asocian a esquemas productivos específicos: “suburbana” y concentrada en la primera fase, y dispersa en establecimientos rurales en las campiñas gaditanas durante la segunda fase de producción.
257LOS TIPOS ANFÓRICOS DEL GUADALQUIVIR EN EL MARCO DE LOS ENVASES HISPANOS DEL SIGLO I A.C... SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 Las imitaciones de contenedores extrapeninsulares no resultó ninguna novedad en los talleres púnicos gaditanos después de la conquista romana. Imitaciones de contenedores de tradición griega, como las ánforas “marsellesas” fabricadas en Campo Soto en el siglo VI a.C. fueron relativamente frecuentes en los alfares insulares gadiritas, incluso antes de la presencia romana efectiva. Se documenta así en la segunda mitad del siglo III a.C. una serie amplia de ánforas Grecoitálicas de morfología antigua, tipo Will A, Adria 3-4 o MSG V (Sáez Romero 2008: 573), a las que sigue hacia fines de este siglo y comienzos del II a.C. las imitaciones de las series “clásicas” de Grecoitálicas Will C-D, Adria 5-7 o MSG V-VI (Idem: 574. Cf. García Vargas 1998: 69-71) y, ya en el segundo cuarto del siglo II a.C. las Grecoitálicas “evolucionadas”, o de transición entre las Grecoitálicas finales (Will E o MSG VI) y Dressel 1A que perduran probablemente hasta fines del siglo II (Sáez Romero 2008: 574). B) Primer horizonte de romanización de la morfología anfórica gaditana (80/70-40/30 a.C.) Por encima del carácter tradicional o novedoso de las imitaciones de formas itálicas en la alfarería tardopúnica gaditana, merece la pena señalar que los cambios en los modelos de implantación de los talleres, consecuencia sin duda de nuevas realidades territoriales en la Bahía, ponen de manifiesto una efectiva “romanización” de las estructuras de producción anfórica que ya fue apreciada hace unos años (García Vargas 1996). Ésta nueva fase, más romanizada, de la producción está sin embargo presidida por la variante reciente de los contenedores púnicos del tipo 7.4.3.3., caracterizados por un cuello algo más esbelto que sus predecesores y un labio más colgante y moldurado. A ellos, se asocian sistemáticamente las imitaciones de ánforas de tipología itálica que reproducen, con bastante fidelidad, el perfil de las Dressel 1 C. La mayoría de los talleres que produjeron estas formas se conocen sólo por prospección (Lagóstena Barrios 1996a y b; García Vargas 1998), pero, en general, se adivina un horizonte que se hace visible en los decenios iniciales del siglo I a.C. y que incluye las ánforas de tipología ovoide (Ovoides gaditanas), las primeras Dressel 12, que en ocasiones no es fácil distinguirlas de las Dressel 1C y, aparentemente, también las series gaditanas de las ánforas del tipo Lomba do Canho / LC 67. En este mismo contexto productivo empiezan a aparecer las denominadas “ánforas ovoides gaditanas”, un tipo de envases aún por sistematizar de manera precisa, pero que ponen de manifiesto la existencia en los alfares costeros de un proceso evolutivo muy similar al que acontece en el valle del Guadalquivir, resaltando el estrecho vínculo entre una y otra zona, que se manifiesta no sólo en la producción de un mismo tipo de ánforas en los talleres de uno u otro ámbito, sino en la influencia de unos mismos modelos extrapeninsulares dentro del repertorio tipológico, que en este caso se plasma por medio de las ánforas de forma ovoide del sur de Italia, pero también de las Dressel 1 tirrénicas. No obstante, hay que resaltar las diferentes adaptaciones que de estos prototipos itálicos se efectúan en uno u otro lugar, y que a nuestro modo de ver han de ponerse en relación con las diferentes orientaciones de la economía agropecuaria de cada espacio geográfico, primando el vino y el aceite en el interior y las salsas y salazones de pescado en la costa. Este sería el motivo por el que, mientras que en el Guadalquivir las producciones de Dressel 1 tendrían a las variantes A y B como su principal referente, en el ámbito costero, habiéndose producido igualmente estes subtipos (García Vargas y Bernal Casasola 2008: 664-668), son la Dressel 1A35 y sobre todo la C las que en mayor número parecen haber sido fabricadas. La mayor producción de Dressel 1C en el ámbito costero bético podría estar determinada por la utilización de esta tipología como envase para pescado en la propia Italia, como parece indicar la alta presencia de Dressel 1C de producción local aparecidas en las excavaciones de la pesquería y puerto de Cosa (McCan 1987: 201-204). Igualmente, las producciones ovoides gaditanas parecen adaptar las formas al contenido salazonero, teniendo por lo general bocas más exvasadas, cuellos habitualmente algo más anchos, asas más cortas y pivotes huecos, haciendo posible una más fácil extracción de un contenido que suele ser en gran parte sólido (trozos de pescado en salazón o salmuera) o semisólido (salsas que debían ser frecuentemente gelatinosas). Estas primeras series gaditanas de morfología romanizada comparecen en cargamentos como los de los pecios Titán, Grand Conglué C, Cap Bear, Illes Formigues I y Cala Bona I, así como en yacimientos terrestres 35. En los últimos años, han aparecido una serie de contenedores con pastas gaditanas y con restos de pescado en su interior en Baelo Claudia (Arévalo y Bernal Casasola, cord. 2007). Ello que testificaría la utilización en el ámbito costero sudhispano para el envasado de productos piscícolas, de una tipología que, si bien es bastante variable morfológicamente (Tchernia 1986: 312-320) y podría haber portado múltiples contenidos, generalmente suele ser asociada a la exportación de vino.
264 ENRIQUE GARCÍA VARGAS / RUI ROBERTO DE ALMEIDA / HORACIO GONZÁLEZ CESTEROS SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 perfectamente a las características de las ánforas de fondo plano, entre las que destaca la Oberaden 74, producida en época de Augusto y Tiberio en varios alfares del noreste peninsular y que curiosamente parecen tener un destino destacado en los campamentos militares del área renana (Carreras y González Cesteros e. p. b), si bien hay que tener en cuenta siempre que se trata de un tipo minoritario tanto en los alfares en los que fue producida, como en los centros de importación localizados. La producción de estos dos envases amplía el número de alfares conocidos en el noroeste de la tarraconense con respecto al periodo anterior, aunque muchos de los que estaban activos anteriormente parecen seguir haciéndolo en estos momentos, entre otras razones debido a que en muchos de ellos se produjeron de manera contemporánea los tipos Tarraconenses y las Pascual 1 y Oberaden 74. Centrándonos en las características de los nuevos tipos que asoman en este periodo, si bien la creación de los envases de fondo plano parece ser algo totalmente nuevo que estaría en relación con la “conquista” del interior por medio de los ríos en el norte de Hispana y área galo-germana, resulta evidente que las Pascual 1 son unas ánforas que guardan una gran similitud con algunos de los tipos señalados de Tarraconense 1 y que han de derivar directamente de ellas. Sin embargo, en este caso, al contrario que en el valle del Guadalquivir para la Haltern 70, no puede decirse que estemos ante un ánfora con “reminiscencias” ovoides, ya que es plenamente cilíndrica, estando su cuerpo más cercano de tipos tirrénicos como las Dressel 1 o las Dressel 2-4. 3.2.4. Cambio de mercados unido a cambios tipológicos. La fabricación de Dressel 2-4 tarraconenses (fines del siglo I a.C./siglo I d.C.). A mediados del principado de Augusto se da un proceso curioso de vuelta a la imitación de tipos dominantes en las producciones tirrénicas. La causa de este proceso viene motivada por un cambio de mercado, ya que progresivamente el mercado de las Galias comienza a cerrarse para los vinos tarraconenses y pasa a ser Roma el lugar de importación más relevante. No obstante, es cierto que las Dressel 2-4 tarraconenses tienen unas características formales propias, y estamos de acuerdo con A. López Mullor y A. Mártínez que tal vez sería más correcto denominarlas simplemente Dressel 2-3, ya que la forma 4 de la tabla de Dressel no se produjo en los alfares del noreste peninsular. Este cuarto periodo ha de ser considerado como un paso peculiar dentro de la producción anfórica de época romana, y nos atrevemos a asegurar que las regiones vinícolas del conventus Tarraconensis, son las únicas zonas productoras en las que, durante el periodo tardorrepublicano y altoimperial, tras haberse activado la fabricación de ánforas con unas tipologías propias, optan por abandonarlas en pro de la imitación de prototipos ajenos. No vamos a seguir por esta línea, ya que adentrarnos en profundidad en los motivos de esta peculiar evolución formal, sobrepasa con creces el ámbito temporal de nuestro trabajo. Como es evidente, a excepción del vuelco tipológico de la última fase, podemos afirmar a grandes rasgos que estamos ante un esquema similar al que se desarrolla en el sur hispano, en el que partiendo de la imitación de las ánforas itálicas más difundidas, se llega a la aparición de un repertorio tipológico propio que tiene una primera fase “ovoidal”, en este caso materializada por algunas de las distintas variantes de las formas Tarraconense 1 y 2 (López Mullor y Martín Menéndez 2008), al que le sigue un nuevo envase que partiendo de los tipos ovoides más estilizados, se consolida al abrirse hueco de manera definitiva en los mercados exteriores. Pensamos que es bastante lógico que el proceso evolutivo en el sur y noreste hispano sean similares, ya que puede asegurarse que en los dos casos se persigue el mismo fin, que no es otro que exportar los excedentes de la producción local agropecuaria en una cantidad cada vez mayor y a mercados más amplios. 3.3. La Lusitania costera occidental El arranque de la producción anfórica en época romana en la costa occidental lusitana, y las lagunas que se hacen sentir actualmente en su estudio, recuerdan enormemente lo ocurrido en la investigación para la misma etapa en el valle del Guadalquivir. De hecho, parece que asistimos a un dejá vu que radica en: ausencia de datos relativa a centros productores versus abundantes datos en centros de consumo. Así mismo, el panorama de la evidencia material referente al origen de la producción de contenedores de transporte cambió radicalmente en la última década, habiéndose pasado de consolidadas síntesis en que se subrayaba su carácter claramente romano y de época imperial (Fabião 2004b: 401) a la existencia de producciones con origen incierto, pero seguramente atribuibles a la segunda mitad del siglo I a.C. (Morais 2004b; Morais y Fabião 2007).
265LOS TIPOS ANFÓRICOS DEL GUADALQUIVIR EN EL MARCO DE LOS ENVASES HISPANOS DEL SIGLO I A.C... SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 Las evidencias más antiguas de la producción romana remontan únicamente al período julio-claudio, concretamente a época tiberiana, y proceden de los alfares del Largo da Misericórdia (en el área urbana/ periurbana de la ciudad de Cetobriga, Setúbal: Silva 1996), Pinheiro y Abul (Mayet y Silva 1998 e Mayet e Silva 2002), todos en el bajo Sado, y aparentemente también en Morraçal da Ajuda, en Peniche (Cardoso y Rodrigues 2005; Cardoso otros 2006), en la costa central atlántica. Las formas producidas en esta esta etapa inicial, y que carecen aún hoy de sistematización, revelan notorias afinidades con las existentes en la Hispania meridional, particularmente con las Haltern 70 del Guadalquivir y la familia de las Dressel 7-11 de los talleres gaditanos, con las cuales a menudo se establecen conexiones formales (cf. Fabião 2004a y 2008, para detallada problemática). Este panorama, que actualmente ya sorprende como tardío, contrasta sobre manera con una serie de yacimientos y conjuntos anfóricos, con contextos y cronologías no siempre muy claros o precisos, pero seguramente atribuibles a la segunda mitad del siglo I a.C., mayoritariamente al último cuarto de la centuria, donde se hace evidente la expresión y presencia significativa de fragmentos con características petrográficas atribuibles al complejo bajo Tajo/Sado y con morfologías que se pueden relacionar con las formas romanizadas de las ánforas béticas (Fabião 2008: 725-726). Los tipos que cobran más relevancia son justamente los que se pueden atribuir a la familia de ánforas ovoides, que, tal como se encuentra definida actualmente (Morais y Fabião 2007), presenta una gran variedad formal. No obstante, el estado muy fragmentario de gran parte de los ejemplares conocidos tampoco permite lecturas tipológicas conclusivas (de hecho para la mayor parte de los mismos no se puede ni siquiera asegurar su “condición” de ánfora ovoide...). Esta premisa parte de la evidente similitud formal al nivel de las bocas entre muchos de estos fragmentos (cf. Morais 2004 y Morais y Fabião 2007 para un análisis detallado) y parte de los tipos béticos romanos que se presentan en este trabajo, concretamente las Ovoide 1 y 4, pero también con morfologías ovoides de origen gaditano, e inclusive morfologías atribuibles a las primeras formas de la serie de las 7-11. De un modo general, y dada la tendencia que se desarrollará posteriormente, se acepta que se trata de formas que se destinaban a contenidos piscícolas (Morais y Fabião 2007: 132). El mapa de distribución no se encuentra circunscrito a un área particular, aunque se observa un mayor número de ocurrencias en la cuenca del Tajo y afluentes directos, presentando más bien una dispersión amplia en la fachada atlántica y en las áreas de penetración inmediata, sobre todo en los cursos de los grandes ríos, incluida la actual Galicia. Importa destacar la ausencia momentánea de estos tipos anfóricos en la costa meridional de la futura provincia Lusitania, aspecto que no se debe seguramente a la ausencia de investigación40, sino a otros factores para los cuales no existen respuestas por el momento. Los sitios cuyos hallazgos de ejemplares “lusitanos antiguos” los convierten en puntos de atención obligatoria son groso modo los mismos de referencia para los circuitos de distribución de los productos béticos del interior y de la costa a partir de mediados del siglo I a.C., mayormente coincidentes con contextos de conquista o de control y gestión de los recursos o del territorio, con carácter militar o militarizado –destacando Lisboa (Bugalhão 2001; Filipe 2008a; Filipe 2008b), Santarém (Arruda, y otros 2006), Castelo da Lousa (Morais 2010a), sitios del Alentejo central (Mataloto 2008)– y yacimientos urbanos y rurales integrantes del proceso de “romanización” y articulación de los territorios interiores de las principales cuencas fluviales –Alcácer do Sal (Pimenta y otros 2006), Coruche (Quaresma y Calais, 2005), Aljube/Oporto (Morais y Fabião 2007) y gran número de yacimientos en el bajo Duero y Miño (Morais 2004b). A pesar del gran número de sitios y conjuntos materiales hoy por hoy conocidos, nos parece - sin que poseamos una base empírica consistente, debido a la referida carencia de contextos y cronologías finas que permitan datar también el “arranque” de su recepción - que el inicio de producción/circulación no deberá retroceder hasta mediados del siglo I a.C., tal como últimamente se viene planteando (Morais 2004: 40; Morais y Fabião 2007). El hecho de que sea justo en estas fechas cuando se asiste al despegue de las importaciones del Guadalquivir en territorio de la futura Lusitania, coincidente con el proceso de conquista tardío de parte de ese territorio; su ausencia, por ejemplo, en los contextos tardorrepublicanos de Santarém (Almeida 2008: Capítulo 7; Arruda y otros 2006), o de Lisboa (Filipe 2008; Filipe 2008b), y su presencia significativa en Castelo da Lousa (Morais 2010a) o en otros castella y fortines del Alentejo central, del entorno de la ciudad de Ebora (Évora) a la cuenca del Guadiana, estos últimos de cronología aparentemente algo posterior, del 40. El reciente estudio de C. Viegas (2011), para los núcleos urbanos del Algarve central y oriental con certificada ocupación del siglo I a.C. y d.C. no reveló la presencia de alguno de los tipos ovoides lusitanos.
266 ENRIQUE GARCÍA VARGAS / RUI ROBERTO DE ALMEIDA / HORACIO GONZÁLEZ CESTEROS SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 inicio del último cuarto del siglo I a.C. (Mataloto 2008: 139ss), nos lleva a considerar que es en un momento algo más avanzado, probablemente coincidente con el inicio del principado, cuando debe de arrancar la producción de esas ánforas lusitanas de clara inspiración bética. La estrecha afinidad entre los repertorios iniciales de ambas provincias, con las debidas reservas impuestas por el lapsus de tiempo existente entre el inicio de la producción en cada una, parece sugerir, tal como otros autores han tenido la sagacidad de plantear, una relación que se puede deber al desplazamiento de alfareros béticos hacia las alfarerías del extremo occidente peninsular (Morais y Fabião 2007: 132). 4. A MODO DE CONCLUSIÓN Dada la extensión que ha tomado ya este trabajo dedicado a la reordenación y actualización tipológica de la evidencia material sobre las ánforas republicanas del valle del Guadalquivir, quisiéramos desarrollar en este apartado unas conclusiones no demasiado extensas, en las que quedaran enmarcadas las líneas de trabajo que creemos han de seguirse en el futuro, pero sin meternos de lleno en las conexiones conceptuales entre la tipología y la investigación histórica y económica, sino tan sólo retocar algunos apuntes de carácter tipológico, cronológico, funcional y económico que se desprenden de lo señalado hasta ahora, es decir, casi como si se tratara de realizar una apretada síntesis de lo dicho en la que enfaticemos sobre todo determinados aspectos de especial interés. El primero de ellos es el esfuerzo por presentar una tipología analítica que reúna en un mismo trabajo la sorprendente cantidad de tipos regionales producidos entre fines del siglo II a.C. y fines del I a.C. A pesar de la aparente falta de unidad y de la caótica proliferación de formas cerámicas para un mismo cometido o para cometidos muy similares, hemos propuesto algunas líneas de sistematización tipológica que nos parecen al menos útiles en el estado actual de la investigación. La primera es la posibilidad de incluir los distintos tipos en varios grupos en función de la procedencia de su morfología y de su “éxito” en los “mercados”. Estos grupos son: — Los tipos regionales que imitan contenedores de otra procedencia geográfica que alcanzaron cierta distribución en las áreas interiores del valle del Guadalquivir. En el grupo se incluyen las formas “heredadas” de la tradición artesanal prerromana, muy influenciada desde siempre por los desarrollos de los establecimientos semitas de la costa andaluza; — Aquellos tipos que no imitan fielmente morfologías extrañas, sino que se inspiran en ellas (especialmente en la suditálica) para dar lugar a un conjunto de contenedores característicos del Guadalquivir que sin embargo pueden ser considerados como formas de vida breve con escaso éxito en los mercados (supra); — Un grupo conceptual y formalmente similar al anterior, pero que está integrado por morfologías regionales con éxito significativo en los mercados. La mayoría de las bien conocidas ánforas imperiales del valle del Betis derivan de uno u otro de estos tipos iniciales, también con un reconocible “aire” suditálico, especialmente adriático; — Un grupo que es el que enlaza ya con las producciones imperiales y que corresponden a los primeros contenedores que sufren un proceso de “estandarización” incipiente, y que será objeto de exportaciones masivas desde época augustea. Hay que señalar que en este grupo hemos incluído contenedores que si bien no fueron producidos de forma masiva, si que llegaron a los mismos mercados que el resto. La segunda es la posibilidad de “entroncar” las producciones regionales con formas “de referencia” que parecen haber servido como punto de apoyo o como “inspiración” para el surgimiento de las morfologías de la Baja Andalucía. El elenco de formas únicamente sigue fielmente las características tipológicas de uno o varios “prototipos” de referencia durante la primera mitad del siglo I a.C., en que se imitan ánforas itálicas de las formas Dressel 1A-C y tardopúnicas gaditanas de la serie de las 7.4.3.3. Hacia el tercio central del siglo I a.C., se desarrollan, sin embargo, formas muy variadas de las que, como se ha dicho, al menos algunas (Ovoide 1, Ovoide 4, Ovoide 5 y Ovoide 6) tuvieron un cierto “éxito” interprovincial. De todas, tan sólo la Ovoide 6 se asocia claramente a un contenido concreto: el aceite, mientras que para la Ovoide 4 se deduce sobre la base de sus problemáticas relaciones con Haltern 70, y en los ejemplares con el interior resinado recuperados en Illes Formigues 1, un contenido vinario o de productos relacionados con la uva. En este segundo momento de producciones regionales “romanizadas”, no se observan copias fieles, sino, todo lo más, influencias cruzadas entre tipos que generan un
267LOS TIPOS ANFÓRICOS DEL GUADALQUIVIR EN EL MARCO DE LOS ENVASES HISPANOS DEL SIGLO I A.C... SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 Figura 34. Repertorio anfórico del Guadalquivir durante el siglo I a.C.
268 ENRIQUE GARCÍA VARGAS / RUI ROBERTO DE ALMEIDA / HORACIO GONZÁLEZ CESTEROS SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 Figura 35. Mapa con los sitios referidos en el texto. 1. Caesarea Maritima 2. Éfeso 3. Brindisi 4. Apani / Giancola 5. Herdonia 6. Palombina 7. Cesano de Senigallia 8. Ostia 8. Ostia, Casa del Porche 8. Ostia, Termas del Nuotatore 9. Roma 10. Lavezzi 1 11. Sud-Lavezzi 2 12. Gianuttri 13. Sud-Perduto 2 14. Cap Gros “C” 15. Titán 16. Cap Sicié 17. Madrague des Giens 18. Planier 5 19. Grand-Conglué 3 20. Port-Vendres II 21. Albintimilium 22. Fréjus 22. Fréjus, Campo de la Flota de Agrippa 23. Castells 24. Vieille Toulouse 25. Malard 26. Sant-Romain-en-Gal 27. Lyon 27.1. Lyon, Loyasse 27.2. Lyon, santuario Cybèle 27.3. Lyon, rue de la Favorite 28. Augusta Raurica / Augst 29. Vindonissa 30. Dangstetten 31. Rödgen 32. Trier 33. Neuss 34. Nimega 35. Haltern 36. Oberaden 37. Anreppen 38. Cartago 39. Ceuta, pecio 40. Kouass, Arcila 41. Lixus 42. Thamusida 43. Sala 44. Rabat, pecio 45. Cabrera 5 46. Colonia San Jordi 47. Portopí 48. Culip VIII 49. Cala Bona I 50. Ampurias 50.1. Ampurias, Cardo D 51. Illes Formigues I 52. Iluro 53. Mataró 54. Badalona, Baetulo 55. Santa Perpétua de Mogoda, Vallès 56. El Villarenc 57. Tarragona, Tarraco 58. castellum de Puigpelat, Alt Camp 59. Celsa 60. Benicarló, pecio 61. Valencia, Valentia 61.1. Valencia, Plaza de la Reina 61.2. Valencia, Corts Valencianes 62. Valeria 63. Ercavica 64. Segobriga 64.1. Segobriga, Rasero de Luján 65. Pozo Sevilla 66. Denia 67. Punta del Arenal (Duanes) 68. Lucentum 69. El Monastil (Elda) 70. Portus Ilicitanus 71. Ilici 72. San Ferreol 73. Cartagena, Carthago Nova 74. El Molinete (Cartagena) 75. Loma de Herrerías (Mazarrón) 76. Cueva de las Peñas Blancas 77. Cerro del Mar 78. Málaga, C/ Carreteria 79. Guadiaro, Barbesula 80. El Rinconcillo 81. Baelo Claudia 82. Ensenada de Bolonia 83. Vejer de la Frontera, Convento de las Concepcionistas 84. San Fernando 84.1. San Fernando, Campo Soto 84.2. San Fernando, Cerro de Los Mártires 84.3. San Fernando, Gallineras 84.4. San Fernando, La Milagrosa 85. Cádiz 85.1. Cádiz, c/ Gregorio Marañón 85.2. Cádiz, Casa del Obispo 85.3. Cádiz, La Caleta 85.4. Cádiz, Plaza San Antonio 85.5. Cádiz, Avenida de Portugal 86. Puerto Real 86.1. Puerto Real, Cerro de Ceuta 87. Puerto de Santa Maria 87.1. Puerto de Santa Maria, Castillo de Doña Blanca 87.2. Puerto de Santa Maria, C/ Javier de Burgos 87.3. Puerto de Santa Maria, Jardin del Cano 88. Jerez de la Frontera 88.1. Jerez de la Frontera, C/ Troilo 88.2. Jerez de la Frontera, Rabatún 89. Rancho Centeno 90. Cerro Overo 91. Dos Hermanas, Orippo 92. Coria, Cauria 93. Osset, San Juan de Aznalfarache 94. Cerro de la Cabeza, Laelia 95. Sevilla, Hispalis 95.1. Sevilla, Calle Alemanes 25 95.2. Sevilla, Palacio Arzobispal 95.3. Sevilla, Patio de Banderas del Alcázar 96. Santiponce, Italica 97. Alcalá del Rio, Ilipa Magna 97. Ilipa 98. Carmona, Carmo 98.1. Carmona, Albollón 98.2. Carmona, C/ Doctor Fleming 98.3. Carmona, C/ González Parejo 98.4. Carmona, C/ Montánchez 99. Munigua 100. Écija, Astigi 101. Posadas, Detumo 101.1. Posadas, Dehesa de Arriba 102. Córdoba, Corduba 103. La Loba 104. Tejada la Nueva, Ituci 105. Cerro del Moro 106. El Castillejo 107. Huelva, Onuba 108. Castro Marim 109. Cerro do Cavaco, Tavira 110. Faro 111. Monte Molião 112. Mesas do Castelinho 113. Mértola, Myrtilis 114. Castelo da Lousa 115. Quinta do Almaraz 116. Lisboa, Olisipo 117. Santarém, Scallabis 118. Alto dos Cacos 119. Chões de Alpompé, Moron? 120. Lomba do Canho 121. Porto, Aljube 122. Braga 123. Castro Santa Trega 124. Castro de Vigo 125. Castro de Montealegre
269LOS TIPOS ANFÓRICOS DEL GUADALQUIVIR EN EL MARCO DE LOS ENVASES HISPANOS DEL SIGLO I A.C... SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12
270 ENRIQUE GARCÍA VARGAS / RUI ROBERTO DE ALMEIDA / HORACIO GONZÁLEZ CESTEROS SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 elenco anfórico amplísimo con un cierto “aire adriático”, o más concretamente, brindisino. Así, un mismo tipo ovoide itálico, parece dar lugar o influir en la formación de varios tipos ovoides hispanos. Este es el caso, por citar sólo un ejemplo, de la forma VII de Apani cuyos rasgos son reconocibles tanto en la Ovoide 4 como en la Ovoide 9 o 6, de la Ulterior, mientras que ésta última recibe a la vez influjos “directos” de la forma IIIA de Apani. Sin embargo, la total ausencia de sellos en la Ulterior hasta después del cambio de Era, frente a su abundancia en Apulia, es un recuerdo oportuno de que, aunque pueda suponerse la existencia de artesanos emigrados de una zona a otra, no debieron ser similares las estructuras de la producción entre ambos mundos, y esto tal vez explique en parte las tempranas diferencias formales. La existencia de dos mundos artesanales muy diferentes es evidente, por ejemplo, en detalles técnicos como la morfología de los hornos cerámicos, que en Italia mayoritariamente son de forma cuadrada con sustentación de la parrilla medial mediante muros con arcos, mientras que en el Guadalquivir casi siempre suelen ser redondos con pilar central y parrilla sustentadas en un trasdós abovedado, lo que puede interpretarse como una perduración de las formas de hacer del artesanado local prerromano o turdetano41. De hecho, el interior del valle del Guadalquivir parece diferenciarse también de la Apulia en que es una región que, si hemos de parafrasear la expresión de Estrabón (3.2.1 –141–), referida a la colonia hispalense, estaba poblado de forma poco “brillante”, es decir, adolecía de miembros de los ordines superiores de la sociedad con residencia fija en ella. Esta es una situación contraria a la que encontramos en la Apulia republicana (Manacorda 1988, 2001) donde los “medios de producción” relacionados con el cultivo y la exportación de las mecancías agrarias se encontraban claramente en manos de élites locales y también de familias senatoriales emigradas o absentistas una parte del año, al tener su residencia en Roma. El repertorio anfórico del Guadalquivir no creemos que refleje entonces un mundo formal ligado a estas estructuras sociales suditálicas, sino que más bien se inspira en un “repositorio” formal surgido en otro lugar y que corresponde a otro universo de relaciones económicas y sociales. En cierta medida puede verse cierto paralelismo en los tipos monetales de las ciudades de la Ulterior republicana en este mismo siglo I a.C., los cuales representan (Chaves 2005) una imitatio formal, más o 41. Cf. la aportación a este mismo volumen de F. J, García Fernández y E. García Vargas. menos próxima, de referentes ideológicos metropolitanos, pero a cargo de elementos subalternos socialmente que, sin embargo, gracias a su ciudadanía romana o latina, comenzaron a destacar en medio provincial. La emergencia social de las elites provinciales es un fenómenos posterior y se encuentra ligada a la intervención estatal en la producción y distribución del aceite bético y, por eso mismo, se relaciona con formas anfóricas ya fuertemente estandarizadas, normalizadas y selladas, cuyos primeros pasos se encuentran aún sepultados en las decenas de alfarerías rurales del Guadalquivir y del Genil que esperan aún ser excavadas y cuyo estudio se encuentra ya fuera del marco cronológico que aquí consideramos. Con respecto a la distribución de las ánforas republicanas sudhispanas, si bien en principio muchas de ellas se constatan en contextos militares previos a la etapa augustea, o abandonados durante estos años, también las encontramos en núcleos civiles del interior peninsular en el tercer cuarto del siglo I a.C. Según nuestra opinión, puede decirse que las necesidades de abastecimiento que durante más de un siglo acuciaron a los ejércitos romanos en la Península Ibérica y las necesidades de abastecimiento de las áreas mineras, acabaron haciendo que se desarrollase una producción agropecuaria significativa en el sur de la Península. Ello llevó a que la región del Guadalquivir, perfectamente comunicada con la costa pero también relativamente bien con el interior, se constituyese como uno de los“epicentros” abastecedores de estos contingentes, principalmente con aceite, lo que no excluye que también fuesen exportados vinos y otros productos derivados de la vid, como bien parecen mostrar desde las imitaciones de Dressel 1 y algunos tipos ovoides, hasta la fabricación de envases de fondo plano, e incluso salazones como parece manifestar la producción de Dressel 7-11. Unido a ello está el desarrollo de una pudiente industria alfarera que satisface la demanda de envases. El punto álgido de este proceso se alcanza ya en el último cuarto del I a.C., cuando una necesária producción adquiere un volumen relativamente importante y alcanza en altos porcentajes “mercados” exteriores, estando capacitada para poder abastecer satisfactoriamente, junto con las producciones de la costa sudhispana, la increíble demanda que va a generar el mercado del Norte de Europa, principalmente militar, pero también el civil oleario y, en menor medida vinario, de Roma, ampliándose el radio de recepción de las ánforas del Guaddalquivir en el Occidente del Imperio y más allá. En este proceso de crecimiento y consolidación de las mercancías agropecuarias sudhispanas no sólo se va
271LOS TIPOS ANFÓRICOS DEL GUADALQUIVIR EN EL MARCO DE LOS ENVASES HISPANOS DEL SIGLO I A.C... SPAL 20 (2011): 185-283 ISSN: 1133-4525 ISSN-e: 2255-3924 http://dx.doi.org/10.12795/spal.2011.i20.12 a “cristalizar” en un elenco provincial con personalidad propia (García Vargas 2010a), sino que, en un fenómeno en buena parte contrario a éste, va a desechar la mayor parte de las formas surgidas durante estos años, que no conseguirán sobrevivir al proceso de “estandarización” que se consolida con el paso al imperio y al que hacemos alusión en el título de este trabajo. La razón principal es, como se ha dicho, que no se constituye hasta relativamente tarde un elenco estándar y plenamente establecido, sino que los alfareros del valle del Guadalquivir y, en menor medida, también los de la región gaditana, se encuentran durante unos años en proceso de “experimentación” ante la ausencia de una tradición regional consolidada que diese lugar a morfologías bien definidas para el transporte de los productos de la región. La constitución de estas morfologías regionales se haría poco a poco, imperceptible e inconscientemente, en medio de un mercado cada vez más ampliado por razones económicas y políticas. El “fermento” para este proceso serían, como se ha señalado, las ánforas del sur de Italia, tomadas como referencia, pero no directamente imitadas, tanto para las series “vinarias” como para las olearias. No quisiéramos poner fin a estas líneas sin enfatizar la necesidad de diferenciar con claridad en las publicaciones de informes de excavación o de presentación de contextos cerámicos los tipos anfóricos presentes más allá de atribuciones genéricas, poco útiles para la investigación, del tipo “ovoide sudhispana” o “ánfora ovoide republicana”. Dado el estado actual de la investigación es ya inexcusable la diferenciación entre los repertorios anfóricos oriundos de cada región del Occidente romano (Italia adriática, costa de la Ulterior, Noreste de la Penísula Ibérica, Tripolitania…). Sólo de este modo puede determinarse con ciertas garantías en cada área de consumo el peso de las importaciones de cada región. Sin la exigencia de la mayor precisión posible en las atribuciones, si no formales por lo menos de procedencia, se corre el riesgo de perpetuar un escenario marcado por la indefinición de lugares de procedencia, que amenaza con anular a efectos de interpretación histórica los loables esfuerzos realizados en la contextualización y presentación de los materiales, y presentarnos un panorama falseado o cuanto menos sumamente sesgado. Por otra parte, la correcta clasificación y, con ella, la segura constatación de la presencia de las ánforas republicanas sudhispanas, y en concreto del valle del Guadalquivir, en sus diferentes áreas importadoras y la cuantificación de los porcentajes de presencia permitirá una valoración más ajustada del desarrollo de la economía agropecuaria del sur peninsular que si bien ya venía desarrollándose con un destacado ritmo productivo desde finales del siglo II a.C., sufre una rapidísima evolución en la segunda mitad del siglo I a.C., que llevará a que productos como el vino o el aceite béticos se conviertan al final del periodo en mercancías protagonistas del proceso de integración económica de las provincias del extremo Occidente en la red “comercial” y económica del imperio, junto a los metales de la misma procedencia. Los cambios constantes y vertiginosos que hemos constatado en las tipologías anfóricas regionales y la enorme diversidad y líneas de desarrollo de las mismas se presentan de momento como un reflejo de contornos aún poco delimitados en un espejo arqueológico que esperamos, sin embargo, no nos devuelva una imagen en exceso distorsionada. BIBLIOGRAFÍA ALARCÃO, J.; CARVALHO, P.J.C. y GONÇALVES, A. (2009): Castelo da Lousa: Intervenções Arqueológicas de 1997 a 2002. Stvdia Lvsitana 5. Mérida, Museo Nacional de Arte Romano / EDIA. ALMEIDA, R.R. (2008): Las Ánforas del Gualdalquivir en Scallabis (Santarém, Portugal). Aportación al Conocimiento de Los Tipos Minoritarios. Col. Leció Instrumenta 8. Barcelona, Publications de la Universitat de Barcelona. — (2010): “The incorporation of the Baetican Hinterland into the Western supply during the Late Republic. A reading based on the distribution of the Guadalquivir’s minority amphora types”, en Carreras Monfort, C. y Morais, R. 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