Obras completas de Mistres Bennet. Tomo XI
Abstract
Vols. I-IV: Ana, ó la heredera del País de Gales. Vols. V-XIV: Rosa, ó la niña mendiga y sus bienhechores
Full text
A alo IO
OBRAS COMPLETAS DE — MISTRESS BENNET TOMO Xi e j
Ñ.so06sa ROSA, Ó LA NIÑA MENDIGA Y SUS BIENHECHORES, ESCRITA EN INGLÉS POR LA CÉLEBRE MISTRESS BENNET: TRADUCIDA: AL CASTELLANO POR DON FELIX ENCISOS, A 5 TOMO VIL a MADRID. ImPrewvra De Repunz£s. 1820. Se Rallará en las librerías de Escamilla calla de Carretus +7 de Amposta calle del Príncipes DONACION MONTOTA
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life id fla ed Md do ho de to do efled ROSA, Ó LA NIÑA MENDIGA Y SUS BIENHECHORES, CAPÍTULO PRIMERO. Rosa al rehusar la visita de Monireville se habia impuesto el sacrificio mas penoso , y las lágrimas que bañaban su rostro cuando cerró “la Puerta no pudieron aliviar su corazon oprimido: mas sin embargo el convencimiento interior que: nos con= suela de todas las privaciones cuando tenemos la certeza de haber obrado bien, acaso la hubiera restituido
[12] que está la pacienta. Rosa empezó á llorar, y dejó á Montreville sin fuerzas para proseguir , y despues de algunos minu= tos de silencio ella se levantó para retirarse. , Entonces Montreville recobró el uso de la voz, se quejó amargamente de una conducta tan cruel y tán inexplicable, y preguntó porqué causa podia merecerla. Rosa conoció cuán “Justa era esta reconvencion 5 pues los modales y el celo de Montreville eran demasiado lisonjeros , y estaban muy: de acuerdo con la buena opinion que desde luego habia formado de él pa- Ya que pudiese ofenderse de su obser= yacion; pero su corazon estaba Opri= mido por el dolor, y asi no pudo responder sino llorando. Ñ Montreville, vivamente conmovido, la cogió por la mano > y la suplicós
[131 ue se sentase, y le escuchase por un breve rato, y entonces se esforzó á disculpar la impolítica con que se la habia tratado en Grange-Hous- de, — “Mi historia , añadió él, esun conjunto inexplicable y casi increible de misterios y desgracias , pero: tengo' la esperanza de aclarar aquellos “y. mudar estas en una felicidad permanente. El infame atentado dirigido contra yos- (¿prosiguió él mirando cariñosa y tímidamente 4 Rosa) ha producido un suceso bien afortunado para: mí, y temo que no me sea peramitido contárosle en este momento; pero cuando querais hacerme el ho: Hor de oirle, estoy cierto de que perdonareis el vaparente «descuido del-Al- «mirante Herbert. Todos los remordimientos de Rosa por la indiferencia desnaturalizada que: la inspiraba sy madre, y todos:sus
[14] temorts por el peligro de aquella mu ger no pudieron defender su corazon del encanto de una explicacion tan franca y tan interesante, que la libertó de la penosa idea de haber sido despreciada , é hizo renacer todo su: respeto hácia el Almirante y su estimacion hácia el capitan Seagrove, “Caballero, le dijo, segun la buena opinion que yo tenia de vuestro respetable. abuelo ,mealegro ahora “saber que la conducta:, que me causó tanta pena , no fue-el resultado de una intencion deliberada; por otra parte tengo demasiadas”: obligaciones á vuestra familia , y 4 vos en particular (al decir esto se, puso: colorada), para: no mirar ahora: :comouna pena muy ligera la que pudo--produciros alguna: ventaja.” : ' Montreville la escuchaba como enz cantado: continuó hablando con ella;
551 olvidado de que la conversacion: solo debió durar algunos minutos, cuando fue interrumpido por la enfermera, que vino á anunciar á Rosa que el cirujano estaba 4 la cabecera dela enferma. Sin embargo , Montreville no quiso retirarse hasta haber obteni> do-el permiso de volver la mañana siguiente , y sin que Rosa le permitie= se media hora de conversaciones. ,: Rosa despues que despachó el cirujano empezó á recorrer cuanto la habia pasado durante la visita de Montreville , y se sorprendió de la facilidad con que habia abandonado su «resolucion de no cultivar una relacion tan poco conveniente para ella. Re, «pasó todos los motivos que debian alejarla. de Montreville : la parecieron igualmente poderosos ¿ pero su incli, nacion hácia aquel jóyen era cada ¿vez mas irresistible, ¡
[16] Aquella noche se calmaron mucho los síntomas de la ficbre de la enferma, á pesar de lo que esperaban los fa-, cultativos. Mistress Garnet tenia tal miedo á la muerte , que apenas oyó la terrible sentencia de que si no procuraba tranquilizarse moriria irremediablemente , quedó del todo serena y pacífica como un angel: sejla su= miniswaron muchos calmantes, y cuando..éstos cesaron hacer su efecto, sufrió sus dolores in dar un grito, y no cesaba de mirar á Rosa con la mas viva expresion de gratitud y Cariño. ! Rosa la mañana siguiente despues de haberse ocupado un momento en” su tocador, recibió 4 Montreville, que fue exacto en presentarse á la hora convenida. El amable jóven no estaba desmejorado por haber velado al lado de-la
[173 enferma ; pero su alma, únicamente oeupada en la memoria de un objeto encantador habia alejado de sus ojos el sueño , recordándole mil sucesos tristes y mil aflictivas circunstancias: se habia estremecido al considerar la irresistible inclinacion, que le arrastraba hácia Rosa, y el lector conocerá fácilmente cuál seria el grado de su turbacion cuando sepa que Montreville estaba ya comprometido con otra. La infidelidad que su corazon estaba tentado á cometer , acaso hubiera podido mirarse como una. ligera ofensa , supuesto que él aun no habia visto la jóyen que le destinaban 5 sin embargo , las riquezas de su futura esposa eran muy capaces de asegurar la fidelidad de un hombre; pero Montreville era uno de aquellos que no hacen caso de las riquezas. Un motivo mas poderoso para él le habia o- Tomo VIT, 2
[18] bligado 4 dar” su consentimiento para la boda , y esta circunstancia, le consternó de tal modo toda la noche, que á la mañana se sintió con una fuerte jaqueca. Rosa quedó sorprendida al observar tal mudanza en Su rostro y en sus acciones, pues en lugar de aquella admiracion apasionada que expresaban sus ojos la tarde antecedente, y en vez de aquel tono afectuoso de sus palabras, le halló melancólico y silencioso, en términos que pasaron algunos minutos antes de que pudiese hablarla. Rosa se presentó tambien triste y abatida5 pero bien pronto el poder mágico del amor les rodeó con su encantadora luz , desterró toda sensacion desagradable, y no dejó que hubiese sino franqueza y confianza. El rostro de Montreville se rea-
ode mimó, y ya no pensó en su compromiso, ni en la palabra que habia dado. Rosa preparó el café; y como. Mistress Garnet tenia la cama en el “cuarto inmediato , Montreville se tomó la licencia de observar que nada era mas dañoso que la continua asistencia al lado de una enferma; pero Rosa le interrumpió declarando su firme resolucion de proseguir cuidando á Mistress Garnet. Montreville habia formado el pro= yecto «de empeñar 4 Rosa á que fuese á Grange-Housse: pero viendo que estaba decidida á no abandonar á Mistress Garnet hasta que estuviera fuera de peligro, hubiera querido que por lo menos ella fijase allí su residencia , é ir él á Pontefract las Mas veces que pudiese. Se esforzó á persuadirla Á admitir este plan, y añadió que la proximidad de Sir Ja-
[20] sob Lydear era muy peligrosa. por el poder que tenia en aquel país, y que como la madre de este jóven habia manifestado el mas vivo resentimiento por el modo con que le habian tratado, pudiera muy bien que- -rer vengar en Rosa todas las penas que sufria. Rosa conoció que las observaciones de Montreville eran exactas, y que su auxilio tal vez pudiera serla nuevamente necesario , y así se estremeció contemplando su situacion: sin embargo , á pesar de la justicia que hacia al carácter del Almirante, Grange-Housse era el parage en que menos deseaba refugiarse, y como Montreville no podia ofrecerla su proteccion sino quedándose en aquella posada , cosa que no podia aceptar, se esforzó en aparentar un valor, que realmente no tenia. “Sir Jacob Lydear no puede a-
[21] temorizarme , respondió ella: yo estoy bajo la proteccion de esas mismas leyes que él ha violado: sea cual fuere su autoridad, él no puede hacer que todo un pueblo falte á las leyes de la policia establecida en él. En cuanto á Lady Lydear ella conocia , y conocia demasiado. ...>” pero se detuvo temerosa de lo que iba á decir; pues acordándose de las calumnias de Lady Lodwer, no dudó que su historia , comentada por “esta última», la quitase todos los derecfíos í la justicia que podia reclamar de Lady Lydear. : Montreville redobló su atencion, y no queria perder una sílaba de aquello que Lady Lydear conocia demastado 5 pero en vano aguardó¡á que Rosa se explicase mas. Al cabo de algunos minutos, viendo que ella ho queria continuar , dijo que esta-
[28] taré á“ella, y estoy bien seguro de que hará cuanto pueda para restable= cer á vuestros ojos el crédito de mi casa, si os dignais entrar en ella. ” Rosa le hizo una cortesía ; pero aunque estuviese menos dispuesta que funea á descubrir los verdaderos motivos que la detenian en Pontefract, insistió en el proyecto de no abando: nar á su madre, La situacion de Mistress Garnet, dijo ella, me impone la obligacion de velar 4'su lado , y por mas extraña que pueda parecer semejante determinacion, no me apartáré de su alcoba ínterin su vida esté en peligro.” El Almirante quedó atónito, y sus miradas se encontraron con las de Montreyille, quien con ellas expresó muy bien el pesar y el despecho. E
[297 Pues bien, replicó el Almirante , yo permaneceré en esta posada para protegeros y defenderos , si aun se atreven á insultaros.”-— “Vaya, vaya , Almirante, exclamó Seagrobe, eso es llevar las cosas al extremo. El diablo me lleve si vuestra política y vuestro buen corazon no os hacen perder la cabeza. ¿Será razon que vos cruceis en estos parages para comboyar una barquilla sin lustre, y que querais exponeros al abordage “de un corsario , cuando no debeis pensar sino en virar tranguilamente vuestro viejo casco, incapaz ya de mantenerse en el agua? Eso nO, por mi vida que no lo consen= tiré: ya he dicho otra vez que yo me quedaré en su custodia: yo soy, mas Capaz que yos de esta tarca, y, estoy determinado á mantener mi palabra.”
[30] ] Entonces Rosa comprendió , no sin mucho disgusto, que por una causa imposible de descifrar habia llegado á ser un objeto de desprecio para aquel mismo hombre, á quien ella miraba con una particular estimacion, y á quien ya debia particulares atenciones , y que á pesar de su tono tosco y severo ocultaba bajo aquel exterior poco agradable un corazon excélente , sensible, y capaz de la amistad mas delicada. Despues de algunos minutos, durante los cuales su sorpresa la hizo guardar silencio, agradeció al Almirante y á su amigo las bondades que la manifestaban 3 pero añadió, que á pesar de su terror en el momento en que Montreville habia supuesto que Sir Jacob podia renovar sus insultos , reflexionando despues mas despacio sus temores, no dudaba que estaba per-
[31] fectamente segura en una casa, donde la visita de una persona tan respetable como el Almirante debia grangearla las mayores atenciones; y concluyó diciendo que por esto esperaba que él y su amigo el capitan desistirian de incomodarse por ella, El capitan no respondió sino con un movimiento de cabeza hácia Rosa, y dirigió al Almirante una ojeada expresiva. Este digno anciano , despues de, haberse abandonado por un instante al, primer arrebato de la galantería, que le era tan natural, reflexionó en la suma delicadeza de su salud, en su edad, y en las incomodidades que le habian resultado de haber tenido que pasar en vela solo una noche, y así, conociendo cuán Exactas eran las observaciones de su amigo , se contentó con repetir 4 Rosa sus excusas por el modo gro
; [323 sero con que se la habia tratado en Grange-House , y la aseguró que la causa de ello habia sido un negocio mas importante para él que su misma vida. En seguida, viendo que el capitan miraba su relox por la trigésima vez , rogó 4 Montreville que hiciese venir el coche, y Rosa despues de haberse despedido de los tres con el modo mas gracioso se retiró de-la sala. Á su regreso á la de Mistress Garnet halló una porcion de frutas, que Montreville habia mandado lle-- yar, y se prendó mucho de una fineza tan delicada: habiéndose acercado á una ventana vió al encantador jóven dar la mano á su abuelo para subir al coche, y €n seguida colocarse 4 su lado, mientras que Seagrobe los hacia besamanos , diciendo: “á Dios, y buen viajes”
E331 Viendo Rosa que el capitan yok via á entrar en la posada, sintió que hubiese insistido en el designio de velar ¡por su seguridad; y cono= ció, reflexionándolo despacio, que semejante precaucion era poco necesaria; pero como la oferta: del capitan no se habia: dirigido particularmente 4 ella, pues se contentó con hacérsela al Almirante, no quiso pedirle una conferencia para disuadirle de su.empeño , y aun supuso tambien que verosimilmente él no la solicitaria, por lo cual dejó las cosas en tal estado, y volvió al lado de Mistress Garnet. Esta pobre muger, demasia= do débil: para poder hablar, expresaba porsignos el deseo que tenia de comer alguna fruta, 4? pesar! de que la enfermera decia que le” seria: perjudicial semejante capricho. Cuando Rosa sevacercó á la ca- Tomo VII, 3
[347 nta , Mistress Garnet la cogió: la ma= no, se la aplicó á los labios y des+ pues al corazon, mientras sus lágri= mas corrian por aquellas mejillas, a= jadas mas que por los años por los excesos de su intemperancia. Rosa se conmovió vivamente: ya no se acordó de. Montreville, y sus lágrimas cayeron sobre aquella ma-= no que estrechaba la suya 5 pero viendo que la pobre muger no cesa= ba de mirar las frutas , envió á con= sultar al cirujano, quien respondió que nada seria mas provechoso ála enferma que el uso de aquellos veje=: tales refrigerantes. Entonces Rosa sumamente conten»: ta se sentó al lado de la cama pa= ra mondar las peras, y escoger las, mas bellas uyas , acordándose con placer de que este era un regalo de Montreville , y que tambien seria 4
[357 él á quien su madre deberia algun alivio en sus dolores. Aunque Rosa no veía al capitan Seagrobe ,* sin embargo escuchaba sm voz entre las de los. muchos que brin= daban en las salas de abajo, y lue= go que llegó la noche, viendo que Mistress Garnet estaba: muy mejora= da , se acostó por la primera vez desde su: llegada 4 Pontefract ; pero: como su alma estaba demasiado agi tada para entregarse al sueño, pasó gran parte de la noche en acordar= se de Montreville. La mañana siguiente el Almirante volvió á Pontefract acompañado de su nieto. Rosa esperaba siempre que cada visita seria la postrera 5 pero ¿cómo habia de estar indiferente con un hombre tan respetable como. el Almirante, y siendo así que Montre ville no pronunciaba una palabra que
: [367 pudiese ser censurada aun por la mu ger mas prudente? ¿Cómo era posi= ble que ella se expusiese á. pasar por ridícula dando»una siniestra interpre. tacion 4. sus visitas? Y segun esto, ¿cómo la erasposible resistirlas? El capitan: Seagrobe «subsistia en la posada, y comunmente acompaña- “ba al Almirante «cuando visitaba á Rosa ; pero aunque ya se habia cal= mado su mal humor, con todo aun se mantenía: serio con ella: mas al contrario ,+Montreville cada dia era mas expresivo y mas atento, infor= mándose' de cuanto la .agradaba, y procurando prevenir sus deseos, á cuyo zclo correspondia ella teniendo en él la mayor confianza, y así le notificó que habia. escrito á Mr, Garnet, cuya venida esperaba con la mayor impaciencia. Mr, Garnet habia ido 4. Chatam
[373 en casa desn amigo , por lo cual no pudo, récibir tan: pronto la: triste nueva del estado de su muger', de modo queno llegó: 4 Pontefract hásta cuatro! dias despues 'del-que sele esperaba. Por fin unausilla de posta se paró ú la puerta de la posada, ¿y se apeó un hombre, que inmedia= «mente voló al cuarto de Mistress ¡Garnett po í “Rossy, mi. bella “Rossy,'¿ qué tienes, amor mio?” fueron las primeras palabras que este hombre: de casi treinta y seis años , pequeño, de cuerpo, flaco y pálido dirigió 4: Mistress Garnet, que por: lo: menos ¿le llevaba diez años.:*¡Ohy Phil! respondió la bella Rosita. con ¿una voz ronca, no me. toques , estoy. hecha pedazos: y. ciertamente mi niño: y yo estariamos debajo de tierra á: no ser. por. esa. angélica - criatura. que
[447 de esa criaturita , que tiene todas Jas señas de hacer desesperar 4 sus amantes para poder mejor conseguir sus fines. Vamos , jóven , valor , volved en vuestro acuerdo , y no pongais mala cara á un amigo que noes demasiado severo, sino por el .celo con que mira por, vuestros intereses. “Si yo os pongo: mala cara , coño quereis suponer , respondió: Montrevis le, es porque me es' imposible ng desaprobar vuestras invectivas contra una jóven tan encantadora como Mis. tress Walsingham.”— “Es cierto Tom, añadió el Almirante +, que vos sois inexcusable por haber+hablado. así de esa jóven.” — “¡Oh! sin' duda, ex> clamó el capitan ; yo «tengo culpa; mucha culpa, pues, hubiera debido formar coro 'eon vosotros, y arrobar. me contemplando el sinnúmero de bues nas cualidades que la distinguen;.por
[457 ejemplo , la delicadeza con que ha sas bido elegir una amiga. ¡Qué tal! ¿no digo bien?”-—"““Pues bien , repli có el Almirante , yo confesaré que efectivamente estais culpado Tom, y repito todavia que Mistress Walsingham es una jóven encantadora , y si yo no estuviese convencido, como ya lo estoi de su íntima relacion con esa muger despreciable , y si Horacio pudiese desentenderse con honor de;...¿? Montreville pareció sumamente agitado , é incapaz de resistir 4 la emocion que experimentó viendo que su venerable abuelo tenia tanta bon. dad para con Rosa, se arrojó á sus pies , y abrazó sus rodillas con un movimiento el mas expresivo, * Horacio, querido hijo , mi amado Horacio , exclamó el Almirante estrechándole en sus brazos, yO co. Bozco , conozco todo lo que no, pues
[46] des explicar; pero piensa que se tra= taria de elevar una aventurera á lg clase de tu madre, é insultar á la inocente jóven 4 quien estás desti nado.” — “¡Oh , señor! exclamó Montreville , estad cierto de. que ja= mas abusaré de vuestra indulgencia. Si he contraido con demasiada lige-= reza un empeño que....” — “Que no es menos sagrado , interrumpió el Almirante , aunque en rigor aquella, cuyo objeto es , no tiene todavia nin= gun derecho á reclamar la ejecucion. ”-— Montreville respondió , “yo conozco bien la exactitud de esa ob= servacion , pero puesto que mi opinion acerca de Miss Walsingham está. corroborada con la vuestra , confieso con franqueza que mi corazon es suyo': yo soy esclavo de un sentimien= to 4 que no puedo resistir; pero sin embargo en semejante caso es mas ho=
[47] : morífico confesar la verdad, que no engañar á una jóven con protestas des cariño que no son verdaderas. Yo-aum, no he tenido el honor de verla ,.aun me es desconocida , y por otra parte ella puede haber elegido dueño, y cuando esto no sea , los bienes consi. derables que la pertenecen la dan motivo á esperar unirse con un esposo mucho mas rico que lo que yo: puedo serlo.” “En ese caso, respondió el Almirante despues de haber. reflexio= ado algunos minutos , yo creo que debeis confesarla con franqueza que Vuestro corazon no es ya vuestro, Porque el crímen mas imperdonable Para una jóven es parecer insensible á sus gracias sin tener un motivo que justifique esta: indiferencia, ¿Qué de cis. Á esto; Tom? ”—""5 Qué digo yo? Bien facil es de adivinar lo que di. ré ; que todas. estas monadas de cora»
[481 razon, franqueza , encantos é indiferen= cia son cuentos. de vieja , que son in= comprensibles para mí > pero lo que me parece claro es que dejareis á Horacio que forme una princesa de esa deidad ambulante, y una señora de honor de esa borrachuela : ¿no es esta vuestra intencion? He aquí á la verdad un buen servicio que hareis á toda: vuestra familia.” “Montreville pareció - arrebatarse. «¡Capitan Seagrobe!” exclamó con un tono fiero : “Señor Montreville,” replicó el otro con el mismo gesto, y despues de algunos minutos añadió: «“Tomadlo como querais , yo no dejaré: por eso de decir la verdad.” Si vuestra ilustre madre viviese todavia , me daria sin duda las gracias por estas justísimas observaciones. ¡Pobre muger! ella era noble, sin necesitar” aliarse-con yuestrás Milores y vuestras"
[49] Miladys 5 y ojalá que nunca hubie. ra tenido conocimiento con tales «gens tes , así hubiera evitado una suer» te deplorable. Pero en fin , volvamos á nuestro punto : he aquí á vuestro venerable abuelo , que es el mas digno oficial con que puede honrarse la maz rina. Vedle aquí expuesto á seren'su vejez el objeto de la risa de todos por ese capricho que se os ha metido en la cabeza. “¿No veis que abusais de su cariño é indulgencia , y que le haceis cómplice de vuestra extravas gancia sentimental? Por otra parte, ¿es así como respetais las últimas voluntades de vuestro bienhechor ? Horacio , yo no tengo que deciros sino una palabra, Tom Seagrobe es imposible negar en ningun caso lo que ha creido justo , ni tampoco es un pececillo de agua dulce que se deja cojer al primer: anzuelo que se Tomo VII, 4
Eso] le: echa. Si no sois amigo de-la ver» dad , peor para vos; pero Él no de- Jará su costumbre para acompañaros en los parajes que crea peligrosos; ” Mientras este discurso ,- estaba Montreville sumamente agitado, tanto ¿por sus propias sensaciones , cúanto ¡por el temor de que las observacio= nes del capitan no hicieron demasiado efecto en el corazon del Almirantez en fin le preguntó : “Mr, habeis concluido?" Sí, señor ,” res= pondió el capitan, — “Pues bien , replicó Montreville, yo os digo á yos, así como á mi respetable abuelo, que yo adoro á Miss Walsingham , esto es una verdad.” —“ Nada es mas natural ,” interrumpió el Almirante. — “Pero de lo que no estoi cierto es de si ella admite mis finezas.”-—"¡Baht exclamó el capitan , decidla que vais á ser un Lord , y ella se rendirá al
Es1] primér ataque." Jamas creeré tal bajeza en tan encantadora criatura,” contextó el Almirante. — “¡Ab! ex» clamó. Montreville yo estoi tan coña vencido de la admirable pureza de su corazon , de su pundonor , de su vis tud y de la nobleza de: sufamilis, que apostaria mi honor: á que ella puede dar sobre todo: esto las expli caciones mas satisfactorias ,-excepto sobre el artículo delos bienes, %= *¡Los:bienes! dijo con viveza el Al mirante : ¿debe hablarse de ellos cuan= do se trata de una muger: encantas dora? Maldito sea el ente mercenas rio que pueda desear bienes cuando se halla poseedor de la + hermosus ra. ”—-“En cuanto á los bienes , dijo el capitan , yo pienso muy poco en ellos: una muger virtuosa: sin dote' €s preferible 4 una bribona con todo el oro del Perú. "Pues bien , dijo
(s2] Montreville , si ambos admitís la exa cepcion de los bienes , yo juro no ofrecerme Á esa muger encantadora, sino cuando esté cierto de que es dig= ha de entrar en la familia de mi respetable abuelo , y de que el hijo de la ilustre Eugenia , ol heredero pre= suntivo de un Par de la Gran Bretaña puede admitir con decoro su mano, ”-—"“ Horacio , querido Horas cio, contextó el Almirante, yo os pido dos cosas con instancia': no ha gais un juramento temerario, ni pro= muncieis delante de mí en vano el nombre de Eugenia. El primer artículo puede haceros víctima de vos mismo , y el segundo despierta todos mis remordimientos. Pensad que no es facil resistir al imperio de la belleza, Cuanto mas extension deis á vuestros sentimientos para con Miss Walsingham, tanto was dificil os será dese
[53] pies separaros de ella. Puede ser ire tuosa , yo no dudo que será bien haz cida:;: pero yo:no exijo. juramento; No quiero: mandar; ámi “hijo , sino que ¡se porte con pundonor y fran= queza respecto á la jóven con quien estaba, dispuesto .4á/ casarse antes de haber visto á.esa. encantadora criatus Fa..." “Sí, respondió el capitan: eso es:hablar:con razon, empezad lomas Pronto á obrar con franqueza con la; jóven: qué os está destinada 5 á fin de que' la. pobre por: contar: con' vos: no pierda:-la: ocasion de hallar un buen esposo. Vamos , buenas noches , Hoz racio : dadmeesa: mano/, y: decid que ho dudais que Tom:es vuestro amigo.” Con.'esto alargó la mano 4 Mon= treville ,: quien: se:la dió. con: cariño, Y ambos se separaron muy conformes; y Aunque el dia que sucedió á esta conversacion fue muy obscuro y ue
[60] gio; pero debemos convenir en que á pesar de sus temores de haber per= dido la costumbre de cantar y jamas su voz fue tan expresiva y melodiosa, y jamas un gusto mas exquisito reis nó en su ejecucion, Montreville escuchaba todavia aún cuando ya no cantaba. “Ahora bien, dijo ella despues:de algunos minutos de silencio 3 3 OS: guse ta este género, Ó deberé ahora cano taros un alegro? %—** Admirable crias tura, ” exclamó. él levantándose: * Rosa se levantó igualmente . 0/5 “No , dijo él ; yo no puedo sub= sistir mas : es preciso que os deje hasta que... Á Dios, % y salió precia pitadamente. j “¡Dios «mio! ¿qué querrá decir con esto?” exclamó Rosa 3 y corrien= do á la ventana, le vió subir en su cabal llo, y marchar á galope antes que su
[61] criado hubiese podido montar en el suyo para seguirle. Sus ojos permanecieron clavados en el camino mientras que su espíritu estaba en la mayor agitacion considerando la precipitacion con que se habia ausentado , y acordándose de la alegría que le habia causado cuando supo que ella habia recibido una educacion brillante: pero ¡ay Dios! 3qué probaba todo esto, sino que Montreville y sus amigos habian for. mado de ella hasta entonces una opinion bastante comun? ¿Y qué otra cosa podia esperar? ¡ Una jóven de su edad viajar sola 3 presentarse en una casa con el título de aya 5 salir despues para continuar su viaje con una muger, cuya conducta era el oprobio de su sexo ¿ verse el blanco del insulto y los ultrajes ; y despues de obtener su libertad hallarse de algun modo bajo la proteccion de los: desconocidos que
: [62] la habian favorecido, sin poder noín= brar un pariente, un amigo, ni ud asilo , y continuar viviendo en una posada con gentes. cuya compañía la hacia avergonzarse! ¡Ah! ¡cómo explicar esta conducta, esta situacion! Y si alguna vez llegaban á descubrir los verdaderos motivos de una y otra, deberia esperar ver acabadas sus relaciones con Montreville por el desprecio que debia inspirarle , mientras la vergiienza y dolor seria su propia parte, Un profundo suspiro terminó estas tristes reMlexiones, se quitó de la ventana , y aquella noche no fue á la alcoba de Mistress Garnet, donde su esposo continuaba fumando tran- .quilamente su pipa. Este hombre amaba sobremanera á su muger , á su hijo y á sus: guineas-, y pensaba poquísimo en el res- to del mundo. Al principio fue muy
[63] atento con Rosa por los cuidados que esta habia dedicado á su muger, y continuó siéndolo , porque no puz do resistir 4 la dulzura encantadora de sus modales , á su: bondad , y ála gracia que añadia atractivos á su mu= cha belleza : así bien pronto sintió para con ella una especie de amis2 tad tal cual podia caber en su cora- 20n ; pero su conversacion vulgar, su tono grosero y su amor propio eran tan nuevos y desagradables á Rosa, que aun la misma compañía de Mis= tress Garnet le era deliciosa en come Paracion de la de su marido: este fue un nueyo motivo que la obligó 4 <onfirmarse en su proyecto de no darse á conocer á su madre, Rosa ya habia anunciado 4 ambos su proyecto de: salir de Ponte fract ; su espíritu estaba tan abatido, y tenia tal deseo de huir de las hu-
[641 millaciones que la aguardaban, qúe tal yez hubiera marchado sin darlos parte , si la escasez de sus fondos no se lo hubiera impedido; y mientras que Montreville hacia en Grange- Housse una pomposa descripcion de sus habilidades , jurando que segun sus modales distinguidos y su educacion brillante no podia menos de pertenecer á una familia ilustre , ella se hallabasen la mayor pena para saber cómo conseguiria juntar algunas guineas, que pudiera proporcio. narla huir de una madre , cuyas costumbres y relaciones excitaban de tal modo sus disgustos. Despues de habér pasado la no. che sin cerrar los ojos , se levantó pensando lo mismo que la tarde antecedente , y con tal viveza que tuvo valor de no admitir la visita de Montreville , quien habia legado 4 Pon-
[65] tefract antes que ella hubiese abier- to la puerta de su cuarto. Abatida por la necesidad de deber favores á Mr. Garnet , supuesto que no podia continuar su viaje sin pedirle algu= nas guineas , fue un instante á la als coba de su madre , despues volvió á su cuarto , y se ocupó en e€mpaquetar sus ropas , esforzándose-á sujetar su orgullo á la necesidad. Por la tarde Montreville la envió segundo recado por medio de su antigua confidenta la criada de la posada : viendo que él decia estaba resuelto á permanecer en Pontefract hasta que la hubiese hablado , le recibió eu aquella propia mesa donde la tarde antecedente habian tomado el té. ] Montreville tenia veinte años, y su aire y sus modales eran igualmente nobles y elegantes, Fuese porque Tomo VII, $
[66] hasta entonces no hubiese hallado una muger tan perfecta , ó porque enton= ces estuviese precisamente en la época en que estaba destinado concibiese una pasion séria , lo cierto es que el corazon de Rosa no era mas libre que el suyo hasta el momento en que la vió. Despues de haberse esforzado á convencer á sus amigos de Grange= Bousse que la encantadora Miss Walsingham era virtuosa , ilustre , y poseía “todas las habilidades ; despues de haber establecido con la misma facilidad las pruebas de que la jóven persona á quien le destinaban sería infinitamente mas feliz en poder disponer de sus bienes á favor de un esposo que eligiese , en vez de dárselos 4 un hombre á quien no conocia , y á quien probablemente deseaba muy poco conocer , obtuvo el permiso del Almirame para dirigirse á
[67] Rosa, con lo cual partió, descán= dole el capitan Seagrove un buen éxito en su comision. Montreville poseía una elocuencia dulce y persuasiva , que le era particular, y así hizo su declaracion 4 Rosa con sencillez , pero con tal expresion que hubiera sido imposible no conocer todo el precio que él daba á su respuesta. La su= plicó le diese alguna esperanza , añadiendo que su felicidad dependia de ella sola , y esperó la sentencia que iba á pronunciar com todo el susto que pudiera aguardarla un reo. Mil diversas sensaciones asaltaron el corazon de Rosa , y la quitaron el uso de la voz : fijó los ojos en Montreville que estaba á sus pies , y luego los bajó confundida , mientras sus mejillas se cubrieron del color mas vivo: sus manos temblaban entre las del jóven que las estrechaba
[68] con entusiasmo , al paso que cónce. bia las mas dulces esperanzas. Encantado con un silencio , que le pareció mil veces mas delicioso que todas las gracias de la elocuencia, habló de su felicidad como de una cosa que le era lícito esperar , y dijo que su fortuna sería aun mas brilante de lo que prometia la sucesion de su abuelo , pues era heredero de un Par de la Gran Bretaña que le habia usurpado sus derechos del mo-= do mas indigno ; que no dudaba que sus contrarios aceptasen los medios de composicion que les habia ofrecido; pues estaba cierto que ellos harian todos los sacrificios antes que permitir se descubriesen sus malos procederes 5 pero como aun quedaba que presentarles una prueba de su legitimidad , añadió que por entonces solo podia ofrecerla dos mil esterlinas de
[69] renta: que el Almirante le habia ses fialado al año , y la esperanza de poseer todos los bienes en la época que él todavia juzgaba distante, aunque con la certeza de creer que nada podria impedirle gozar los bienes de la familia de sn madre, Rosa experimentaba un placer melancólico escuchando 4 Montreville, porque su corazon no: podia concebir la esperanza como el de su amante: y así le preguntó. con una yoztrémula, si el Almirante habia consentido en aquel enlace , y Montreville se dió priesaá responderla diciendo: “mi abuelo es el mas noble y mas generoso de los hombres , y se dirigirá á aquel de vuestros: parientes que vos querais nombrarle , no con el designio de in. vestigar. cosa de intereses, sino para manifestarle el placer que halla en esta alianza,”
[76] férminos pomposos 5 pero os diré re. dondamente que á pesar de «que un favor exige otro , y á pesar de las obligaciones que os debo » Como yo he ganado mi dinero acá á mi modo, quiero tambien gastarlo á mi gusto, Buenas noches. ” Este proceder fue tánto mas penoso para Rosa , cuanto ella menos le habia esperado ; pero el vivo deseo que tenia de librarse de la carin fosa importunidad de Montreville > y ide los buenos oficios del Almirante para con sus parientes, la impidió sucumbir al exceso de su pena. Debia andar diez millas antes de poder reunirse con la diligencia de Londres: mas habiendo oido decir 4 la criada de la posada que. habia una especie de furgon , en el cual ella habia via. jado desde Northampton á Schefield, ¿y que regularmente pasaba por Pon
E771 tefract , Rosa se decidió á usar de este carruage incómodo antes que per= Imanecer mas tiempo en la cruel siz tuación en que se hallaba; y así llas mó á la criada para informarse mejor 5 con lo cual supo que ningun. furgon pasaba diez leguas á la redon. da de aquella posada hasta el vierz es, y aquella conyersacion fue en Martes. Rosa cerró los ojos , suspiró profundamente y despidió 4 la criada. Entregada á sí misma reflexionó sobre la fatalidad que presidia á su destino , y que sin cesar la producia disgustos ó desgracias en todas las situaciones en que se hallaba : empezó á perder toda esperanza > y Casi fora mó la resolucion de darse á conocer Á su madre, é implorar su auxilio; Pero 4 poco rato se estremeció solo de haberlo podido pensar 5 repasó en
[78] su memoria todos los motivos que te» nia 4 preferir su deplorable situacion á la desgracia todavia mayor de sujetarse 4 las Órdenes de una madre. san deplorable, así como á los caprichos de su esposo. Cansada de la suma agitacion de su espíritu , no sabiendo lo que debia hacer, y hallándose igualmente deseosa de salir de Pontefract ; por fin el sueño vino á cerrar sus OjOS, y aliviar algo sus tormentos.
[797 CAPÍTULO I1IL Entretanto Montreville habia 1le- gado á Grange-Housse con una fisonomía tan triste, y modales tan diversos de los que acostumbraba , que el Almirante y su amigo se consternaron. El jóven entregado á su entusiasmo de volver á Pontefract la vispera , se habia expuesto al mas violento temporal , habia pasado una hora en conversacion con Rosa , teniendo sus vestidos calados de agua; y mientras que el encanto de su amor le transportaba , no advirtió que le acometia un fuerte costipado , el cual Se aumentó cuando volvió de nuevo á Grange-Housse despues de su última conversacion , y era dificil averiguar quién sufria mas entonces, si su Cuerpo ó su alma,
[80] Montreville estaba amado y res. petado por todos los criados de su abuelo. La pobre Cristiana con especialidad parecia inconsolable cuando el Almirante despues de haberle tomado el pulso, declaró que tenia una gran calentura. , Inmediatamente envió por un médico , acompañó al nieto á la alcoba, % se sentó junto á la cama , y el capitan Seagrobe con un aire melancólico se sentó 4 su lado , mientras que Montreville , rendido al dolor de cabeza y de garganta , y el corazon oprimido por el dolor, nada deseaba nas sino que le dejasen solo , cerrasen las ventanas , y le abandonasen á sus rellexiones. El Almirante en voz baja y suspirando dijo : “yo temo que esa bella muchacha de Pontefract ha causado alguna pena á mi pobre Horacio. *—
Es: “Eso es muy verosimil ,- contestó. el capitan con el mismo tono; pero siempre lo he dicho , que: el mejor modo de emprender con seguridad el viaje por el »tempestivo mar de la vida es volver el timon contra todos los encantos de. las sirenas. Montreville - suspiró +) y aunque estuviese dispuesto :4 descansar algúna cosa, la conversacion de Jos dos amigos no era acomodada para: inspirarle el sosiego. “¿Qué deberé «yo hacer por:<mi querido hijo,” preguntó el Almirante con una voz sumamente triste? — “¿Qué debereis hacer? respondió el capitan : la cosa.que mas puede agradarle 5 es decir, casarle:con esa! muchacha. Esto está bien: claro.” Montreville se libró de una conversacion, que no podia sufrir ni evitar, cuando llegó el médico ; pero aun- Tomo VII, 6
182] ¡que éste mandó que dejasen solo al enfermo , tuyo «mucha dificultad en conseguir que el Almirante se retirase, “¡Pobre Horacio mio! dijo:al capitan luego que salieron ; yo sospecho con fundamento que no ha tenido buen éxito en su comision ; pero sin embargo pienso «que esa jóyen no pue- -de rehusar la oferta de su mano. ”— ““¡Rehusarla! exclamó el capitan, ella tiené demasiado talento para: obrar de ese modo, ¡Rehusar á Horacio Montreville , el: mejor mozo de la provincia, heredero del Almirante Herbert, «y bien pronto un Lord , por la gracia de Dios! -¡Rehusarle ella! ¡ah! yo quisiera saber«..?” El capitan se detuvo en. esta fra= se , dió las buenas noches al Almirante , y entró en su cuarto , donde puestas las manos en su espalda comenzó á pasearse , reflexionando en
[83] Horacio y en las causas de su tristeza, No dudaba que le hubiese ocurrido alguna cosa que le atormentaba mucho ¿ y aunque el buen capitan no podia aprobar que su jóven amigo rompiese el compromiso que tenia con otra, le compadecia su situacion , y queria mejor verle vagar por el pais de la locura , que dejarle sumergir en la desesperacion , y por lo mismo resolvió favorecerle , y tomar parte en el negocio de Rosa. Por la mañana al amanecer montó á caballo sin decir nada á nadie, y llegandoá Pontefract cuando los criados acababan de levantarse , tomó un cuarto, y mandó que dijesen á Miss Walsingham que tenia un asunto particular que comunicarla. “¡Un negocio particular que comunicarme! respondió Rosa: ¡Dios mio! ¿gué podrá ser?” y se puso á yestir con toda prie-
[34] sa , aunque se vió precisada 4 sen= tarse á cada paso para procurar Se= Tenarse. Sin embargo , convencida de que esto era imposible, no dilató presentarse en el cuarto donde el capitan la aguardaba. Él la: saludó con una especie de benevolencia en lugar de aquel aire sério que acostumbraba , y viendo que permanecia de pie agitada y confusa, la presentó una silla, El buen capitan habia salido de Grange-Housse resuelto á obligar á Rosa á una explicacion , y la última cosa que entonces temió era el no tener valor para entablar la conversacion , pues nunca se habia hallado en el caso de ver su humor áspero contrastado por los modales dulces y cariñosos de una jóven modesta : mas este lance habia llegado , y la indecision en que se hallaba le pareció tan nueya
[857 como el sentimiento que la producia. Rosa mas asustada de su silencio que de su visita se sentó , y ambos quedaron con la pena de explicarse. Por fin levantando los ojos dirigió al capitan una mirada triste y expresiya, que pareció preguntarle á qué iba; y él la respondió con otra amistosa, pero guardando el mismo silencio. No podia comprender la causa de su ti= midez : tosió , se frotó la frente, cru= 26 las piernas , tomó dos Ó tres gran= des polvos de tabaco , y no pudo articular palabra. “Vos teniais un asunto particular que comunicarme, » dijo Rosa con una voz trémula. — “Un negocio... sí, sí, Miss, yo tengo una Cosd QUe... que deciros.” El capitan despues de haber hecho este esfuerzo , sintió renacer su valor y añadió : “el negocio que digo pertenece al jóven Montre-
Eg2] volver con un gesto tan extraordings rio que su sorpresa hizo se la olvidase el resentimiento, Durante este tiem= po reasumió su discurso , continuó paseándose con Rosa , teniéndola cogida por el brazo, y á pesar de ella volvió á excitar su interés. “Querer luchar contra el viento y la marea , continuó él , es trabajar en vano, y asi ya conocercis , Miss, que no debemos hablar mas de la otra persona. Por otra parte , Horacio dice que sabe que vos sois una jóven bien nacida , aunque cree que sois pobre; pero esto no vale nada , porque el Almirante no hace ningun caso del dinero , y yo pienso como él: buenas costumbres , honor y virtud , he aquí las verdaderas riquezas de una muger. Yo supongo por un instante que esa vieja urca hubiera sido vuestra tia, yuestra prima ó vuestra ma-
[931 dre : ¿qué hubierais esperado que se hiciese de ella? El jóven Montreville seguramente no hubiera podido 1le- varla 4 Grange-Housse , pues sin duda hubiera sido un bonito cuadro presentar allí una borracha como un bru- to. Pero perdonadme , Miss, yo conozco que esta es una reflexion fuera de propósito, y el Almirante y yo creemos que sois una jóven honrada , aunque á decir verdad , las apariencias están algo contra vos , segun la mala compañía en que os empeñais estar, á pesar de las ofertas que os hemos hecho para que la abandoneis. Yo creo, pues , que sois una jóven honrada , y todo lo que deseo es que me deis por escrito el nombre de vuestros parientes, y el de la parroquia de que dependeis. Hacedme tambien el gusto de añadir algunas otras explicaciones como por ejemplo si teneis abuelos *ó
[947 abuelas , y cuáles son sus profesiones ó modo de vivir. Nosotros no esperamos sino la respuesta Á estas señales para conduciros al puerto del matrimonio , y en vuestra mano está unicamunte el que sea cuanto antes.” Al concluir este discurso el capi. tan soltó el brazo de Rosa , que hasta entonces habia tenido agarrado , y llamó para pedir papel , pluma y tintero, y luego que se lo trajeron lo colocó sobre la mesa , acercó una silla , sacó sus anteojos , limpió los vidrios con un faldon de su casaca , se los puso á las narices, y dijo mirando á Rosa: “Vamos, Miss , ahora solo falta que... Pero ¿qué es esto? no; yo no me engaño ; vos estais llorando. ¿Será acaso las lágrimas de la alegría, Ó bien es que habeis tenido ayer alguna disputilla con Horacio? porque él volvió muy triste 4 Grange-Housse ; ¡Bueno!
[ss] no penseis ya en eso : las querellas entre amantes se dice que solo sirven para aumentar el cariño. Vamos, Miss: ¿cuáles son los nombres de pila de vuestro padre -y vuestra madre , Cuáles sus apellidos? Decidlo , Miss, que ya estoy pronto á escribir.” Habia una mezcla tan extraña de aspereza y sensibilidad en los modales del capitan , y tal apariencia de verdad y contradiccion en cuanto. decia , parecia ignorar tan de buena fe cuanto pertenecia á Rosa , y sin embargo hacia alusiones tan claras á su efectiva situacion , que ella no podia ni desechar , ni admitir la sospecha de que estaba instruido en su historia , ni tampoco confirmarse en su primera idea de que habia ido expresamente á mortificarla. “Sus nombres, vamos Miss , sus nombres,” repitió él. —“Yo no puedo ni comprenderos,
[967 ' ni responderos ,” dijo ella. — “¡No podeis ! replicó el capitan: he aquí una cosa muy rara. Yo he comprendido 4;bordo las cuestiones mas dificiles / y he respondido á ellas con mi bdcina mientras que un diabóli. co viento me soplaba en la meji= lla y en las orejas.”-—“Eso puede seros facil , respondió Rosa , pero sin embargo. ..-?— “Facil , exclamó él: por mi vida que no tan facil como ereis : Miss , bien se conoce que ha. blais cuando estan vuestras velas arriba, y teneis el viento por la popa —% Dios mio! exclamó Rosa impaciente , ¿qué tengo yo que. ver con todas esas niñerías? ”—“Niñerías , ex= clamó el capitan quitándose los anteojos , y soltando la pluma con enfado ; ¡niñerías, Miss! Yo. .. yo...” Aquí se detuvo , y encogiéndose de hombros volvió á tomar su pluma con
C97] un gesto que expresaba su desprecio á la ignorancia de Rosa, y la prez guntó otra vez los nombres y. apellidos de sus parientes, ““Permitidme , sefor , dijo ella con una yoz trémula, que os haga una pregunta ; ¿Sabe Montreville que. . ..” Ella no pudo continuar 5 su espíritu estaba agitado por la esperanza de que él ignoratia esta visita , y por el temor , aunque no muy probable, de que un hombre tan pundonoroso y sensible hubiese podido encargar á un agente de esta especie el cuidado de tratar un negocio, sobre el cual él mismo se habia explicado de un modo tan tierno y respetuoso , y que hubicse consentido que se exigiesen de ella estas noticias sobre su familia , quedando decidido , como habia indicado el capitan , 4 que del resultado de estos informes dependia su posterior Tomo VII. 7
[987 conducta. De cualquier modo que fuese, consolada interiormente con el secreto que parecia ocultar á todos su orígen , se halló menos dispuesta que nunca á confesar que era hija de una muger que inspiraba tal desprecio , y su resolucion acerca de Montreville se corroboró desde el instante que oyó que estaba comprometido con otra , y así-supo con alegría que él ignoraba la visita y los proyectos del capitan. “Muy bien, señor , respondió ella, vos podeis evitar el trabajo de escribir mi respuesta , pues yo quiero dar de viva voz á Montreville todos los informes que quiera sobre mi nacimiento.” -—-”Juro , exclamó el capitan encolerizado , juro no volverme á mezclar en ningun negocio de mugeres. Véase lo que he sacado con haber querido servir á ese pobre Horacio que está enfermo en su camarote , y
A [997 aliviar el dolor de mi viejo amigo, que no puede adivinar la causa de la tristeza de su nieto. Muy bien, Miss, guardad vuestros secretos , yO MO trataré de averiguarlos , pues sin duda tendreis poderosos motivos para callarlos : pero el diablo me lleve si na he sido un loco en haber venido á galope hasta aquí como un galancete con la esperanza de obtener una sincera explicacion de parte de una muger: he aquí un viaje bien empleado: doce millas de venida , y otras tantas de vuelta sobre ese maldito potro de Will Ratlin, que me ha disloca= do los huesos : mas quisiera cien veces estar de guardia sobre la toldilla á las doce del dia en medio de la línea , que verme clavado sobre los lomos de ese caballo. Servidor vuestro, Miss , servidor vuestro.” El capitan salió del cuarto , y Rosa ..
[1007 volvió al suyo, llevando en su semblante las señales del dolor mas profundo, Mr. Garnet habia ocultado á su muger que Rosa le habia pedido algunas guineas , y que se las habia negado , y así Mistress Garnet extrafiaba la ausencia de Rosa , y significaba el deseo que tenia de verla, Dijéronla que el capitan Seagrobe hablaba con ella 5 pero no satisfecha con esta excusa la enferma acechó el momento en que se marchó el capitan, y entonces Mr. Garnet la envió á decir que su muger queria hablarla, El niño Philly ; que fue con este recado , volvió diciendo que Rosa estaba rezando. Esta era la segunda vez que ella habia sido sorprendida en este acto religioso ; pero acaso nunca su corazon habia experimentado mayor gra=
[1013 titud por la proteccion del cielo, y jamas le habia dado gracias con mas fervor que en este” momento. Ella habia vuelto á su cuarto , se= gun hemos dicho , enla mas cruel agitacion : parecíala que cuantas personas conocia en el mundo estaban coligadas para causarla las penas mas amargas. Su existencia la era insoportable bajo el peso de tantos tormentos reunidos. Su cabeza se trastornó, sus piernas apenas. podian sostenerla, se arrojó sobre una silla , y con este movimiento derribó su maleta que estaba detrás ; de modo que todas sus ropas se esparcieron alderredor. Per= maneció inmovil en el lugar que ocupaba interin que en su imaginacion repasaba lentemente todos los pormenores de su conversacion con el capitan: cada palabra que él habia pronunciado , y que podia hacer alusion
[108] que se levantase , abrió los brazos para recibir 4 Rosa , y continuó llorando sobre su pecho , y despues de haber excusado el proceder de'su marido , confesó el mútuo deseo de ambos de tenerla en su compañía. Mr. Garnet exclamó : “si necesitais cincuenta Ó cien libras esterlinas , vedlas aquí : tomadlas; ó si quercis enviarlas á alguna parte, yo os-daré una letra de cambio , pero no abandoneis 4 mi pobre Rossy.” Rosa estaba conmovida del dolor de su madre : Mr. Garnet la presentó una porcion de monedas que sacó de su bolsillo , las que ella hubiera que- : rido no tocar ; pero él tenia el sem= blante tan triste y mórtificado , y ella por otro lado estaba tan deseosa de acelerar su viaje para evitar los lan= ces que producirian sus instancias, que se decidió á tomar cinco guineas:
[1091 dió gracias 4 Mr. Garnet, y añadió que aunque todavia no habia fijado el momento de su partida , sin embargo sus negocios no la permitian detenerse en Pontefract hasta que Mistress Garnet pudiese marchar sin peligro. Las lágrimas de Mistress Garnet se redoblaron oyendo esta declaracion positiva , y Mr. Garnet dijo que supuesto que el viaje era indispensable, era preciso tomase mas dinero, Asi es , dijo Mistress , porque Londres es un pueblo maldito para quien no lleva bien provisto el bolsillo. Rosa les manifestó su gratitud, y les dijo que si se hallaba necesitada seguramente recurriria á ellos, Comieron despues juntos , y cuando Mistress Garnet se durmió , y su marido comenzó á fumar su pipa, Rosa se retiró á su aposento, llamó á la
[xro] criada , la mandó que el mozo de la posada fuese á buscarla un coche , que le llevase á la plaza , y que viniese despues para acompañarla , y llevar su maleta, Los motivos de “Rosa para ocultar su partida eran primeramente evitar al despedirse de Mistress Garnet el espectáculo del dolor y sentimiento de su madre, quien á pesar de que ignorase los lazos que la uniam con ella, sin embargo la manifestaba un afecto que probaba que su corazon no era insensible al agradecimiento. Por otra parte queria libertarse de las ins= tancias de ella y de su marido sobre que las diese señas de su paradero en Londres, pues no tenia medio de recibir sus visitas en las casas de los amigos que se lisonjeaba encontrar en Londres , y que jamas podrian sufrir la sociedad de semejante gente. En
[111] tercer lugar queria probar á los nobles parientes de Montreville hasta qué punto se habian engañado , acusándola tal vez de una presunción orgullosa. Estaba profundamente ocupada en estas reflexiones cuando la criada de la posada vino á decirla que se habia alquilado un coche, y que se la aguardaba para conducirla á él con su maleta. Entonces la ocurrió una dificultad, que fue el ignorar de qué modo ¿se portaria respecto al dinero que Mr. Garnet la habia obligado á tomar para apaciguar la cólera de su muger, Pensó primero en meterle en un Paquete con el sobre á Mr. Garnet; pero considerando que este proceder afligiria á su madre , y mortificaria á Mr. Garnet , que creeria que aun conservaba algun resentimiento de su Primer negativa , se decidió á escribir
Er12] un villete á Mistres para asegurarla de su gratitud , y hacerla saber que un negocio importante la obligaba á separarse de allí precipitadamente : al mismo tiempo renovó las gracias por las cinco guineas , prometiendo llevárselas ella misma á su casa de Paradisse= Strect : encargó mil besos al niño: les recomendó que no respondiesen á nada de lo que pudiesen preguntar so= bre ella , y tomando despues un pliego de papel escribió lo siguiente. AL CABALLERO Mr. MoNTREVILLE, “Las últimas palabras que tuve el honor de pronunciar delante de vuestro amigo en la extraordinaria visita que se dignó hacerme , fueron que yo os informaria por mi boca de lo que fuese necesario supieseis sobre mi orígen ¿ pero sin embargo , al de.
[TY cir esto no quise comprometerme Á sas tisfacer una curiosidad indiscreta. Me basta deciros que yo jamas he faltado á ningun compromiso de honor-, ni deseo' que nadie por mí falte al que tenga. El nombre y la residencia de mi padre 'son * secretos ' sepultados en mi corazon 5 pero que “su orígen ó sus Hide sean ó no dignas de los cuidados” que vuestro amigo ha tel nido la bondad de tomíarse para ave. riguarlo , yo ie atrevo á aseguraros que ni mi familia , Mila de nadie se avergonzarian nunca de reconocer á Hou WaLsSINGHAM,” Despues de haber leido este villete como con una especie de triunfo le dió 4 la criada”, pidiéndola le dirigiese con secrelo á á Montreville, la regaló media guinea por este trabajo, y luego bajó ligeramente la es- Tomo VII, $
E1141 calera , salió de la casa, y despues de haber echado una ojeada expresiva - al camino de Grange-Housse se dirigió á la plaza , cuando el repentino estrépi- to de las campanas , y el movimiento del pueblo que corria por las calles la hicieron volver á entrar en la casa. Un correo acababa de llegar con la órden de detener los caballos de posta para la hija del Almirante Her= bert , que despues de haber pasado por muerta hacia muchos años , se encaminaba á la casa de campo de su padre, El Almirante gozaba de tan general estimación , y el suceso que ocurria en su familia pareció tan extraordinario , que en todos los pueblos donde este digno oficial era conocido recibian á su hija con las demostraciones de la mayor alegría. En Ponefract, donde el Almirante era el auxilio de los pobres , y elre-
[ms] + fugio de los desgraciados , se habian sembrado las calles, de flores y ramas, y los mercaderes se esmeraron en ador= har: con cintas á los criados y á los caballos , y habian detenido al posti= llon «para obligarle á adornar del pro= pio modo: sucaballo. Rosa se enterneció conel feliz ima cidente que restituia: una madre :al amáble Montreville ; pero suspiró con la idea de que semejante circunstancia le impedia. pensar en ella ni en su carta , y asi salió nuevamente de la casa, y atravesando las calles en. tre el tropel de la alegría general eñtró en el coche, y tomando sobre: la marcha el camino de Ferry-Bridge, llegó á tiempo de alcanzar la diligencia de Newcastle, donde habiendo hallado un asiento vacío continuó su viage hasta Londres sin experimentar ningun contrario accidente.
[nó] CAPÍTULO IV. ' A] principio Rosa se ocupó: profundamente en recordar lo pasado; pero despues las bellas ilusiones: de la esperanza la internaron á su pesar en el yago laberinto de lo futuro de tal modo que ni una sola yez pensó adonde-iba , ni lo que debia bácer cuando llegase. Al fin salió de esta especie de éxtasis cuando la diligen= cia se paró en el patio de una po= sada , y vió un gran número de gentes que habian venido á recibir á los viageros ¿ y mientras que los hombres se daban Jas manos y las mugeres se abrazaban , el conductor , que tenia abierta la porrezuela , la pidió que se apease , y ella se halló hecha el objeto de la curiosidad general. “Señorita , ¿quercis que se lame
[117] un fiacre? Hermosa señorita, ¿no 08 acordais de los postillones?. . .” Esto fue todo lo que ella pudo comprender en la confusion de sus ideas. En fin, se veía en Londres ; pero sola , desconocida en aquella inmensa ciudad, un movimiento de terror la estreme. ció , echó de menos á su madre-, y sintió la ausencia de este único apoyo que la habia dado la naturaleza. Llegó un coche, y ella se metió en él con su pequeño equipaje. El cochero preguntó : “Señora , ¿dónde vamos “¡En casa del Dr, Croack én el Walbrook.”-L:"¡ En casa del Dr, Croack!” repitió el hombre rascándo= se la cabeza. ¿Conoceis vos la casa, señora? — “Yo creo que sí,” respon» dió Rosa, y el coche partió. Los pocos dias que Rosa habia pasado en Londres con Eleonora an= tes de su viaje 4 Escocia recibiendo o
[124] pareció tan extraordinaria , que ni el peligro de que acababan de «librarla, mi los que podrian sobrevenirla se ofre= cieron á su pensamiento , hasta que la tendera la preguntó si yenia sola , y si estaba muy lejos de su casa. Esta pregunta era sencilla y na= tural; ¿pero qué podia responder la pobre Rosa? “¿Venis sola? preguntó otta vez la tendera, “Sí,” respondió Rosa con voz trémula. — “5 Estais lejos de vuesa tra casa?” Ella no respondió sino llorando. Una gran porcion de gente se habia reunido delante de la puerta á pe. sar de la lluvia , y otros rodeaban los coches rotos. Rosa dirigió una ojeada: hácia la puerta , y viendo“tanta gente s2 puso pálida como un cadáver , lo cual advertido por una criada la hizo sentar, y fue á buscar un vaso de agua:
[1257 S Durante este tiempo la atencion de la latonera se dirigió hácia otro objeto. Rosa no era la única persona que habia padecido en el fracaso de los coches , pues'otra imuger menos dichosa en cuanto al cochero se levantó por sí sola entre los fragmentos de su coche, y se dió priesa á acogerse en-el asilo que se la presentaba, dando voces á la gente para que se apartase, y quejándose altamente de cuanto su persona y su adorno habian padecido en aquella infausta caida. a Entró pues en la tienda exclaman= do que estaba casi muerta , que tenia una gran convulsion de nervios, que era sumamente delicada de salud; y en fin, que como muger distinguidísima por su clase queria pedir el severo castigo de los cocheros que habian tenido la audacia de conducirse
1267 de aquel modo. “¿Por qué es esto?” exclamó con un chillido dirigiéndose á la criada , que sin hacerla caso mojaba las sienes de ¿Rosa casi desmayada. “¿Qué estais haciendo? dadme una «silla y un yaso de agua. Yo puedo asegurar que cualquiera que sea esa joven está mas en estado que yo de sufrir este accidente. Su cochero la ha sacado libre dela. lluvia y. del lodo., á pesar de que. su vestido. de yiaje ya usado no puede ser mas feo, mientras que mi, bonita. bata está cnorreando, Pero yo me tengo la culpa.por haberme encaprichado en yenir sola en un fiacre. ¡Véase como me he. puesto!” La dama se quejaba, y no en yano, pues ciertamente era la mas triste figura del grupo que la caida de los fiacres habia reunido á la puerta de la tienda.
Erro Sus mejillas estaban cubiertas de un lustroso colorete., una guirnalda de rosas colocada: en su cabeza for= maba un ridículo contraste con su tez marchita , y las arrugas que se veían en sus sienes y cerca de su boca. Unas plumas, muchas ya rotas y otras mojadas , caían á derecha é izquierda y estaban presas á un extremo de la guirnalda por un grueso alfiler de acero; unos pendientes de diamantes de la fíbrica de: Doyey se balanceaban sobre su macizo cuello , y un collar de muchos órdenes de piedras de la propia clase caía. sobre su grueso y desnudo pecho. Su vestido era de gasa amarilla , unos brazaletes y. sor= tijas de piedras, falsas brillaban tambien sobre sus manos: negras y descarnadas; su cuerpo era pequeño y, rehez cho, su aire ordinario , y SU Voz aguda y penetrante.
[128] Semejante figura, lejos de excitar la compasion , era tan ridícula , que parecia divertir á la turba de curiosos, y la misma Rosa, aunque páz lida y temblando , no pudo dejar ee mirarla con sorpresa. La dama viendo que sus quejas y sus amenazas eran igualmente infructuosas , volvió su cólera contra aquella; cuyos modestos modales , dulzura y paciencia hacian la crítica de su arrebato y sus clamores. “Yo espero, dijo'ella:4 la criada mirarido con desprecio 4 Rosa , yo espero que si los importantes cuidados que os detienen cerca de esa muchacha no son ya necesarios , querreis hacerme el favor de darme algun socorro.” La” natural bondad del caracter de Rosa la hizo superior al desprecio coh que la trataban , y presentó el vaso de agua que acababa de recibir
[1293 á lá dama encolerizada , la cual le re. cibió sin dignarse darla las gracias, “Ya he traido otro friacre , Miss, exclamó el cochero de Rosa , que es. taba junto á la puerta con su coche. La dama olvidó inmediatamente que estaba casi muerta , y que necesitaba socorro, y abriéndose paso ál través de la gente subió con precipitacion en “el “estribo del 'cochs, cuando el cochero , viendo que no era la misma persona por quien se habia dado tanta priesa , exclamó que no entraria en su coche Á menos de que no lo consintiese la joven Miss, “y que no le abónase 'el yiage que acababa de hacer. : Una terrible disputa siguió 4 esta determinacion, y la dama se vió obligada á bajar del :estribo, pero sul maménte colérica : entonces dijo 4 voces que queria yer el número del Tomo VIL 9
[1307 fiacre , en lo que consintió el cochero sin variar de resolucion , sostenien= do que habia ido. 4 buscar aquel coche para una dulce y bonita señora, que era modesta como un angel, y y que no se creia digno de conducir en su coche á una bella señora tan adornada y á tales horas. Este elogio irónico acabó de encender: el enojo de ¿la dama , y. es imposible preyeer hasta qué grado hubiera subido su. cólera , si en aquel “momento un ratero, que se ¿hallaba en el grupo, no la hubiese arrebatado uno de sus pendientes de falsos diamantes , que él sin duda creyó eran verdaderos. Este lance cambió la rabia en furor , y se explicó con un acento , que en nada se parecia á sus primeros clamores, Como el son de su voz al principio del diálogo entre: ella y el coche
Ex31] to anunciaba mas bien una disputa violenta , que una discusion , esta mas dama no se hizo notable sino á los oidos de Rosa. Los gritos de los miz Yones que aturdian á la latonera y su criada no pudieron: impedir que nues= tra interesante viajanta dejase de atenz der á la desgracia sucedida á una por sona de su sexo , y olvidando sus propias penas hizo un esfuerzo para acercarse á la puerta; pero' los repetidos gritos de la dama , á quier acababan de robar todos $us falsos, diamantes , y los nuevos chillidos que -se levantaron entre los 'mirones la hicieron volver á entrar en la tichda exclamando : “¡ Ay Dios! ¿qué me sucederá? ¡Oh , madre mia! 3 por qué he abandonado yo á mi pobre madre??? La latonera oyendo esta exclamacion lanzó una ojeada pei sobre la: pobre Rosa. ..
[132] e"; Habeis abandonado á vuestra pobre madre! exclamó ella. ¿Vos efectivamente sois una criatura tan despreciable? ¡Y yo he podido dejar abierta mi puerta para dar asilo á una picaruela que se ha escapado de su casa! ¡Ah! esa muger gruesa y ridícu» la tenia razon ahora mismo en llamarla esa muchacha : yo me atreyeré á jurar que os conoceis perfectamente una á otra, Vamos fuera de aquí, muchacha mostradme vuestros talones, pues quiero cerrar mi tienda, Yo he “padecido bastante por haber dado entrada á gente de vuestra especie. Una vieja con su rostro pintado como el de vuestra compañera fue precisamente la que echó á perder á mi pobre Sally , y ha hecho de ella una muchacha, ... fuera de aquí , yamos afuera ; Mary , cierra esa puerta.” La latonerá parecia furiosa, la
Er33] idea de su hija seducida pesaba sobre su corazon 5 pero ella era demasiado severa para dulcificarse á vista de la desgracia aun en su propia hija; y asi cogió impetuosamente el brazo de Rosa, y la llevó hácia la puerta. La dama robada , viendo que no podia esperar ningun socorro en la casa , gritó con todas sus fuerzas , la guardia. Los watchmens acudieron : un gran número de espectadores que esperaban el pillage se escaparon ; pero los que se quedaron parecian á Rosa una legion de diablos , entre los, que no eran los menos formidables los watchmens. Ella estaba al umbral de la puerta, Mary hacia todos sus es« fuerzos para ponerla en la calle : “¡oh dejadme por amor de Dios,” exclamó ella arrancándose de sus manos, y corriendo hasta lo último de la tien= da á pesar de los obstáculos que la
[140] fuí por otro coche , y entonces esa señora vieja quiso meterse dentro.” Esta última parte de la narracion del cochero fue una puñalada para la dama. Y en verdad , ¿no bastaba haz ber perdido sus joyas, roto sus plumas , ajado su vestido, sino que aun tenia que oir llamarse señora vieja? Ella no _pudo resistir 4 este último golpe , y la criada Mary, que buscaba las ocasiones de reparar su primer descuido , cogió el primer vaso que halló á la mano, Y que era una tintura de hierro, y se le presentó. “¿Qué maldita droga me ha dado esa criatura?” exclamó ella des pues de haber bebido una buena dosis: Mary pidió perdon, y dijo que iria á buscar otro vaso, —"¿No es necesa= rio,” replicó la dama llevándosele de nuevo á los labios, Durante este intervalo Jeremías Me-
[1413 tal Bronze , acordándose de que era posible que se le obligase ápresentar mejores razones que las del insulto hecho á su persona para haber mandado el arresto de aquella dama , no juzgó debia exponerse á la venganza que el Lord podia tomar de su con= ducta , y se aprovechó de la confu= sion que reinaba en la tienda para retirarse sin ruido, Sea que la bebida ó la presencia del Lord hubiesen :restablecido'el equi= librio en el agitado espíritu de la da ma , ella se volvió tan afectuosa como Milord para con la. jóven desconocida, mientras éste continuaba examinando á Rosa conuna mezcla de interés y admiracion, y. aun se atrevió 4 decir que sería una accion digna de la acostumbrada bondad de la damael conducir á aquella jóyen Miss á su'casa en el coche: que él-la ofrecia hasta
ExaaT que se pudiese informar á sus parien= tes de que se hallaba en un asilo res= petable. La dama pareció consentia en este plan , pero advirtió cierto reparo sobre las costumbres de aquella jóven , pues la eran absolutamente desconocidas. “¡Las costumbres! exclamó la inexorable tendera ; ¿pues qué no. ha confesado ella misma que ha huido de casa de su madre? ¿Qué costumbres debe tener , ó qué protección, pue= de esperar una jóven que se conduce de este modo"—“Y bien, Mistress, respondió Milord con un aire severo, aunque al mismo tiempo compasivo, si ella ha huido de casa de su madre, nosotros debemos esforzarnos á procu= rar que vuelva á su lado. ”—“Decid= me, cochero , preguntó la dama algo enojada con la severidad de la tendera, ¿Á qué paraje condujisteis Á esta józ
[143] ven: cuando fue á buscar á sus:ámigos?P—""Al Walbrook, respondió el cochero, y allí preguntó por el doctor Croack ó Locke, ó una cosa así *— «¡El doctor Croack L:exclamó la dama: he aquí á la verdad una cosa muy extraña. El doctor Croack es. uno de mis mayores amigos , Ó por mejor decir lo fue en otro tiempo, y ahora se ha retirado á una aldea. ¡Pobre hombre ! ha padecido desgracias que...? “Por. fayor , señora, la interrumpió el Lord , ocupémonos en la desgracia que tenemos presente , y:pues conoceis lostamigos de esta interesante jóven, la proteccion que la concedercis=no podrá menos de hacer honor á vuestro caracter 5 pero-saquémosla de aquí sin perder tiempo. Asistidme , amigo mio , dijo: mirando al. cochero.” Este hombre llevó. en sus brazos á Rosa hasta el coche del Lord, la
[1447 dama le siguió, y aunque Maryrte mia un corpanchon muy ordinario, y varias veces habia incurrido en la desgracia de Madama, obtuvo el honor de'ser recibida en el coche para sostener á Rosa, mientras que Milord tuvo la delicadeza de subir en el fiacre. Recomendó con ardor la jóven á los cuidados de su amiga, y pagó - generosamente al cochero por «todos los cuidados que se habian tomado, puso una moneda de oro en manos de Mary , que por poco no «perdió el juicio á vista de una recompensa tan magnífica , pidió permiso á la señora para encargarse «de todos los gastos que pudiera ocasionar la convalecencia de Rosa , y se despidió de ella con el modo mas afectuoso. El rápido movimiento de un coche tirado por dos briosos caballos no contribuyó poco á hacer que Rosa vol
ErásT viese de su desmayo ; pero aun esta= ba incapaz de hablar cuando se la sacó para transportarla á una bonita casa en Conduit-Strect. La fatiga de un largo viage , seguida de las aflicciones en que se habia visto , su posicion deplorable aun antes del mal trato de la latonera, el terror que la causó la accion de esta: muger cuando quiso echarla de su casa en medio de los gritos de una turba de gente; todo esto en fin habia causado el desmayo de que aun no estaba libre,-Sin embargo fue sen= sible 4 la bondad que se'la manifestaba. , aunque no tuvo fuerzas para expresar su gratitud. La dama no se apartó de allí hasta que la dejó en cama , y la hizo tomar una bebida entonante, y encargándola al cuidado de una de sus criadas , se retiró á su cuar- to con la otra , que era sn favorita, Tomo VIL 10
[146] CAPÍTULO Y. El sueño mas profundo, ó por mejor decir una especie de zorrera se apoderó de Rosa en términos que no dispertó hasta el medio dia siguiente, y aun entonces la costó trabajo acordarsé” de los sucesos de la noche antecedente , y de la situacion en que se hallaba. > La criada que la estuvo velando tuvo que irá sus quehaceres, y fue reemplazada por la otra , que se ofre= ció á vestir á Rosa , diciendo que su ama la esperaba para desayunarse. Rosa se levantó inmediatamente , se vistió de priesa y corriendo , y siguió á la criada á un bonito gabinete, donde la señora de la casa estaba sentada en una postura que expreshba igualmente la sorpresa y la curiosidad.
[147] Rosa reunia á la belleza poco cos mun que distinguia su figura una expresion de candor , que dispuso el ánimo de-su huespeda 4-su favor, y el modo respetuoso con que se presentó, las gracias seductoras que acompañaron á las palabras con que pintó su gra= titud por la proteccion que acababa de concederla , la elegancia de sus frases , y su noble política , todo causó á la dama una sorpresa edo no pudo disimular, «Y bien , dijo esta sin quebrantar la costumbre de las damas del gran tono , es decir sin corresponder á las cortesías de Rosa , ya éstais perfecta= mente recobrada del susto de ayer, Perfectamente sí , por mi vida , y tan fresca ,-tan «bella y tan serena , que temo haber hecho una imprudencia encargándome: de' vos, Sin embargo , me parece que vuestra figura no me es
[48] desconocida, Vamos, sentaos: y'desayunaos : yo. espero que Milord. ven= drá á buen hora : ya veis me he yestido para recibirle 5 pero tomad el café», y despues: os diré qué especie de perjuicio puede causarme la proteccion que os concedo.” + El tosco y los extraños modales de esta mugerhabian dejado «demasiadas impresiones en el espíritu de Rosa para que ella: pudiese olvidarlas.* Temia aun yolyer á presenciar los arrebatós que “la. habian hecho tan'notable á la primera yista 5 pero aungue la fue imposible comprender de qué modo la dama podia comprometerse concediendo su proteccion á una jóven desu sexo, solo la idea de que permaneciendo allí expondria 4: su «protectora á «algunos disgustos" la hizo insensible 4-los reiterados: convites que ésta la hacia para que se sentase, y
(Exa9] pidió-con' iistancia que :sellamase un coche: 4.fin:de que pudiese marchar inmediatamente, y no:sirviese. dexin comodidad 4 quien l4:habia favorecida, es Querida mia replicó cla. dama; vuestra «presencia me:causa* realmente disgusto: =:yo me acuerdo: de qirehace cinéo años» tenia exactamente "la: pra: piw figura; pero ya»weis como estoy ahorw , otalisvez >juzgareis que: estoy gruesa), pero os: equivocais, porque estoy mala , muy mala, y esta apas riencia es 'um:efecto de imisrpoca sálud: de, modo!qué ¡estoy sujera.:al régimen de «los médicos +. «Tomad «café , querida joy no tengais ese vaire de asustadad3sigrib - Brobiridsii” “EzoH La tal enferma durante ' esta «conversaciomivhacia «perfectamente os honores" de la mesa,” y comia con-tul apetito que Rosa tuvo: la misma día ficultad en: conciliar semejantes dispos
[252] ignorancia, Sus pasiones eran siempre vehementes ; mas lo que entonces experimentaba respecto á Rosa era mas bien un tierno respeto y un pesar melancólico de no haber podido agradarla ; pero no tenia valor para perseguir á una criatura tan claramente destituida de todo auxilio. Se esforzó, pues, á calmar sus temores, gratificó á una de las criadas de la quinta para que la acompañase á la posada, y no la perdiese de vista hasta que estuviese en su cuarto. Despues, ignorante de cuanto habia pasado en la sala durante su ausencia , volvió á reunirse , pensando interiormente que el Lord Denningcourt era el amante privilegiado de Rosa , y admirándose de que pudiese abandonar á tal crigtura por todas las riquezas del mundo. . Durante este “intervalo Rosa en tregada á sus reflexiones sufria los mas
[253] wiyos temores : habia sabido por su conductora que Mr, Litleton no estaba en la quinta , é infirió que sin duda por alguna equivocacion se habia entregado á otro su billete; pero la suerte fatal , que de nuevo la exponia á los insultos de dos hombres que eran ignalmente objeto de su terror, la hacia extremecerse. Sam se manifestó sumamente asombrado cuando la criada le contó lo que acababa de pasar en la quinta, y empezó á temer haber desagradado al sefor, é imaginó que se exponia mucho alojando en su casa Úú una persona que desagradaba al caballero Mushroom ; y así se dió priesa á desmentir cuanto habia dicho á Rosa á su llegada; y suponiendo primero que no le quedaba cuarto alguno para a- Quella noche, ofreció buscarla inmediatamente un carruage para Londres.
[254] * Rosa acababa de probar que tenia mucho talento , pero poca prudencia; mas los verdaderos motivos de Sam para desear su viaje eran demasiado claros para engañarla , y aunque dudase de la seguridad del asilo en que se hallaba contra las tentativas y poder de dos hombres tales como el Lord Lodwer y Sir Jacob Lydear , resolvió quedarse hasta la mañana. Observando sobre la fisonomía de Sam una insolencia decidida, se retiró tranquilamente al cuarto de que ya habia tomado posesion , y donde estaba su maleta, y despues cerrando la puerta se sentó cerca de la ventana, resuelta 4 no desnudarse, y velar hasta el dia, en cuyo punto buscaria una persona que le condujese al paraje donde debia hallar los coches que pasaban á Londres: No tenia otra luz en su cuarto qué la de la luna que magestuosamente se
[2557 elevaba sobre las torres de la quinta, y reflejaba alderredor algunos rayos, sin los cuales hubiera estado á obscuras, Ya hacia una hora que estaba en aquella postura cuando la llenó de terror al escuchar una voz que habia dejado una fuerte impresion en su memoria , y era la del Gentilhombre del Lord Lodwer , que se dejó oir cerca de la puerta de la posada. Ella abrió su ventana con una mano trémula, y escuchó atentamente ; pero aunque distinguió perfectamente á quien' hablaba, la conversacion que éste entabló la fue ininteligible , y no pudo oir mas que un murmullo vago y confuso, Mil temores asaltaron á la pobre Rosa , y arrastrando con la mayor dificultad cuantos iuebles habia en el cuarto , los puso delante de la puerla, y la atrancó lo mejor que pudo: hecho lo cual se volvió á su silla,
[256] El hombre que causaba su terror ya se habia marchado , y el mayor silencio reinaba en la posada ; sin embargo algunas. veces afligida por . su situacion presente , y Olas despedazada por los recuerdos que, la escia taba la casa de su bienhechor, sobre la cual esparcian su melancólica ira los rayos de la luna , permaneció sentada hasta que el relox del pueblo dió las diez. Poco despues se dejó oir algun ruido en la casa , luego en la escalera , Y €N seguida un golpe que dieron 4 la puerta de su cuarto la privó de la respiracion. , Sin embargo se dió priesa á aumentar su trinchera , decidida á alborotar todo el pueblo si trataban de abrir. por fuerza , y entretanto guardó silencio , Y temblaba de miedo. Repitieron los golpes á la puerta con mas fuerza. , y Rosa 2penas tuyo
[257] valor para preguntar quién era; pero un golpe mas terrible que los otros transa « tornó la puerta , y al cabo de algu nos minutos de silencio se dejó oir la delicada voz de una dama: “Ved que'os equivócais, querida niña , dijo ella: abrid sin temor,” Rosa saltó de su asiento, sus mejillas se animaron , su respiracion quedó libre , y todos sus temores desaparecieron. ¡Era una muger! ¡una persona de su sexo! Ella conocia 4 muchas , cuyo espíritu y caracter no tenian semejanza con las dulces virtu= des que la distinguian 5 pero la posi=" bilidad de que un libertino pudiese en ningun caso ser alentado en sus viles designios' contra una jóven inocente por la muger mas coqueta y mas in- 'sensible: la pareció una enposicion tera rible: y si se la ocurrió por ua instante, fue para despreciarla como un Tomo VII, 17
[258] sueño funesto , hijo de la ;imaginacion extraida por el terror. Se dió priesa á quitar toda la trinchera, y al abrir la puerta se sorprendió agradablemente viendo una muger que reunia ála mayor belleza una gracia encantadora. , y una fisonomía que Jlevaba el sello del interés , de la benevolencia y de una dulzura in explicable, La alegría y la sorpresa. de Rosa al oir el harmonioso eco de su voz habia animado sus bellos colores ; pero la inquietud y el terror dejaban todavía rastros demasiado sensibles sor bre su rostro para que 5e la oculta sen á la amable dama , cuyas miradas expresaron tambien la sorpresa que . la causaba el desórden de los muebles del cuarto, Tomó la mano de Rosa, y con una sonrisa llena de gracia se disculpó de la visita a semejante hora,
259) y despues. mirando alderredor la dijo; “¿qué significa todo; esto?” - ¡Qué momento para la pobre Rosa! * La sorpresa , el placer, la gratitud la hacian sufrir sucesivamente mil dis versas sensaciones, Excitaba ya el interés de una. persona de su sexo, y que parecia de un rango distinguido, cuyos modales convidaban á la confianza , y cuyas miradas expresaban la bondad misma, Incapaz de pronuns ciar ni una sola palabra, estrechó contra sus labios y su pecho la mano de la amable dama, y se dejó caer sobre una silla , no pudiendo ya contener la yiolencia de su conmocion, La dama, volviendo á mirar el cuar- to , se sonrió. “Vamos , la dijo, no Os asusteis así: yo: veo ahora de lo que se trata, Vos temiais la persecucion de, ese malvado Lord , y no me sorprendo. de ello , porque hay una ..
[260] gran diferencia entre él y vtestro amigo.” —““¡Mi amigo! pensó Rosa poniéndose colorada, ¡ mi amigo! ¿Esta encantadora desconocida tendrá el podér de un ser sobrenatural así como tiene su aspecto? ¿Conocerá ella 4 aquel á quien yo puedo llamar ámigo?” La dama observaba atentamente la fisonomía de Rosa ; pero con la ma-= yor delicadeza”, y sin que Rosa lo conociese observó que se habia puesto colorada. Se sentó á su lado para ex-* plicar los motivos de aquella que llamaba visita indiscreta, y dijo que vivamente compadecida del estado en que la habia visto en la quita de Mushroom, y á pesar del disgusto que causaba á aquella familia el interés que por ella 'habia manifestado, 'hubiera venido siempre á informarse de ella, aun cuando no hubiera “sabido que en hacerlo tenia la dicha de com-
4 Ez611 placer al_Lord Denningeourt, A Rosa prendada de los modales gra eiosos de aquella encantadora descono= cida , y ; animada por la bondad que la imanifestaba ” la miró con asombro repitiendo : “¡El Lord Denningeourt!” Una ligera sorpresa se dejó. yer entonces sobre la fisonomía de la da ma a despues de algunos minutos de silencio añadió : ““Milord está tambien muy afligido de la equivocacion que ha tenido consecuencias tan desagradables para vos, y asimismo disgustado de la cruel conducta de su futura : esposa, » La dama se detuvo como si temiese instruir á;¿Rosa de lo que ignoraba , y la miró, atentamente ; mas la fisonomía tranquila y serena de Rosa no hizo traicion á ninguna de las emociones que la dama sospechaba en ella, Entonces parecia mas ocupada en el placer que la procuraba la inesperat
[2633 el cálculo, y que sin duda juzgó mui económico conducir Á sus hijas una aya, á quien no tendria que pagar. Mistress Buhanum se condujo. precisamente como una jóven que se, casa con un viejo. Wuestra Mistress Walsingham me parece una entusiasta , que dejó el mundo por despecho', porque no podia. brillar en. él 5 yo he conocido mil como ella. Lady Lodwer..es una necia que tiene mas disposieion que facultades. para, ser una pequeña tiranas Lord Lodwer es un hombre de mundo, jóven por.la edad , pero ¡muy veterano en la carrera donde los. im= numerables como Sir, Lydear no son mas que unos .novicios ; y Mistress Fewersham es una, loca. Lord ;Denningcourt 4 «la, verdad. no debe.. ser confundido en el tropel de toda: esta gente ; tiene los ojos, mas hermosos. y los mas bellos dientes; del mundo ; $
[269] tálla es noble , su figura encantado- Ya ¿ pero aun hai personas con quienes se le puede Comparar. Y á mí, Miss, añadió sonriéndose la “amable dama, ¿en qué clase me colocareis?? Rosa contextó: “yo no tengo fuerza para discutir con una tan amable casuistaz pero si las virtudes que me parecen «tan respetables no son á vuestros ojos mas que unas cualidades comunes, ¿en qué mundo encantador vivis , don= de los mismos vicios se toleran con tanta facilidad? En cuanto á vos, señora , añadió , es imposible que seais una persona comun , yo no me atrevo á creerlo: vos no teneis igual, ó por lo menos yo no conozco quien se os pueda comparar”-—““ Muy bien, replicó la dama , me parece que con toda vuestra ingenuidad sois una amaáble aduladora. Sin embargo , “coto el Lord Denningeourt se interesa en vues-
[270] tra suerte, y yo á la verdad me sien- to inclinada á vos , habladme con franqueza , y decid ¿en qué puedo serviros? Pero antes creo que es necesario deciros que soi la Condesa de Gaunthlet. ” Rosa se hubiera levantado inmediatamente por respeto 5 pero la Condesa con la mayor afabilidad la detuvo , y preguntó de nuevo en qué podia servirla. Las lágrimas de placer humedecieron las mejillas de Rosa, no podía explicar su gratitud ni su alegría, y mirando al bello rostro de su pro: tectora creyó ser un espíritu bienhechor que venia 4 sacarla de la desgracia. Exaltada por esta reflexion se deslizó de la silla , y cayó á los pies de aquel ser , á quien se figuraba digno de sus respetos. A La bella Condesa dió una carcar
E2713 jada , y la alargó la mano: para que se levantase. Despues de algunos minutos dados 4 la sensibilidad y al reconocimiento , Rosa habló modesta. mente de sus habilidades , y rogó á Milady que la proporcionase una plaza de aya en alguna familia respetable, La Condesa la prometió ha. cerlo ; pero añadió ; "como el Lord Denningeonrt desea poneros Á cu= bicrto de la persecucion del Lord Lodwer , ¿de qué modo podremos libertarnos de ella interin estás colo. cada?” —" ¡Será posible , exclamó Rosa, que el Lord Denningcourt tenga tanta bondad! ¡Oh, qué gratitud le debo! ¿y cómo podré yo darle las debidas gracias?” Lady Gaunthler prometió servirla de intérprete, y despues de haber reflexionado sobre las Sireunstancias actuales , fue de opinion que mediante el encargo que iba ú ha.
[272] cer de ella 4 las gentes de la posada, en ninguna parte estaria tan segura como en ella aquella noche, y en cuanto al modo de hacer su viage pensó que en la diligencia era el mas á propósito para evitar todo riesgo y toda observacion, “Mi proyec- to es , añadió Milady, daros para que os acompañe un sugeto , Cuyo celo y fidelidad me son conocidas : él os conducirá á Londres á casa de Madama La-Croix, la mejor eríatura del mundo, y allí permanecercis hasta que yo vuelva 4 la capital.” Rosa halló que nada era mas prudente , mas delicado, ni mejor combinado que este plan: besó la mano de su amable protectora con un movimiento apasionado , que expres só su gratitud con mas viveza qUe el mejor discurso , y 12 Condesa ; Fenovándola la seguridad de su pro:
» [273] teccion:, salió del .cuarto. Entonces Rosa oyó con la mas viva satisfaccion que la Condesa la recomendó al cuidado de Sam', el cual habiéndola acompañado hasta cla berja de la quinta de Mushroom, la aseguró respetuosamente que respondia con su cabeza de la jóven Miss, y en seguida volvió á ver á Rosa para preguntarla qué queria cenar. Pero aunque las órdenes de una gran señora fuesen demasiado eficaces para desobedecerlas , Sam temia tanto desagradar al señor de la quinta, que supo con la mayor satisfaccion que á la mañana se vería libre de este cuidado , y 4 finde acelerar momen- to tan agradable para él se levantó antes del alba, y fue á llamar á Rosa una hora antes de lo que era hecesario.: luego la siryió el desayuno observando que Miss no habiendo Tomo VII, 18
[2743 «comido ni cenado , tendria buen apetito, y haria honor á su té y á las excelentes tortas: añadió que se proponia acompañarla él mismo hasta la aldea de Brill; 4 fin de ver que quedaba segura en el coche. Sin embargo , debemos convenir que el zelo extraordinario de Sam en esta circunstancia tenia Otro motivo que el de cumplir el encargo de la Condesa de Gaumblet. Un incidente mui desgraciado, segun él, habia conducido á Penrry mientras que Rosa estaba en la quinta un forastero , cuya presencia le habia parecido tan desagradable como inesperada. Este forastero habia ido tambien en casa: de Sir Salomon , en casa del Doctor Croak , y en fin habia sido encaminado al Withe-Horse por órdenes - secretas del caballero, cuya cólera conta Sam parecia exX-
[275] tremadapor no haber obrado eh a= quella ocasion con bastante rigor. ¡.¿Rosa: despues de haber pagado su cuenta se levantó para marchar. Sam: cogió su maleta. ,. y «ambos salieron de: la. casa 3 pero ¿apenas ella . habia dado algunos. pasos cuando se llenó de. horrorá4,la vista. del gentilhombre del Lord Lodwer;:y que se halló en el camino; pero un' robusto cria= do. que. pasó entonces. con la librea de Gaunthlet , habiendo dicho 4 otro doméstico que iba, á. acompañar la diligencia hasta Londres por órden de la Condesa ,-la «pareció una prueba tan indudable de su proteccion , “que recobró ánimo , y siguió su camino, mientras que los vecinos de Penrry, saludaban con respeto la bella. dama que veían , no sospechando que era. . la, misma mendiga que toda la aldea habia conocido,
[376] 1 Atravesó la: cerca siempre acólm- | pañada de Sam-, y al acercarse al camino real vieron un' hombre''mal vestido, sentado: de espaldas'á' ellos con un libro en la. mano , y 4 “su espalda colgado en un palo un'' lio atado con un pañuelo: de seda. Sam se sobresaltó , y se detuvo.” Rosa! maquiñalmente hizo lo mismo, y el criado siguió su ejemplo: * «¡Dios mio! exclamó Sam-, per donadme; pero he aqhí el 'sitio por donde pasan los: carruages ) yO no puedo ir: mas lejos, pues: he dejado las llaves sobre el: mostrador, y “es preciso vuelva" á mi casa. Aldecir estas palabras soltó! en el suelo la : maleta. Rosa apenas tuvo ' tiempo de manifestar su sorpresa “cuando: Sam estaba' ya muy-lejos 5 y entonces el __griado-, quitándose repentinamente el BN IN M
- [277] sombrero , cogió la maleta , y ofreció llevarla. Rosa le dió gracias , y en aquel momento vieron el coche que venia , y dándose priesa á encontrarle , vieron que el pobre hombre acababa de entrar en él, El criado habiéndose adelantado dijd'al cochero que un miserable como aquel no debia viajar con la jóven dama que le seguia; y ya casi le tenia persuadido á que colocase á aquel medio mendigo en la trasera del coche cuando llegó Rosa 5 y apenas vió que el pobre hombre tenia una pierna de palo, y segun una mano casi descarnada que asomaba por la portezuela, infirió que gozaba poca salud , cuando terminó toda disputa, colocándose en el coche con tania precaucion como si llevase por compañera de viaje la primer Duquesa del reino.
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