Creatividad y juego en el discurso deportivo de la prensa: aportaciones léxico-semánticas de Susana Guerrero Salazar [Reseña]
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1 CREATIVIDAD Y JUEGO EN EL DISCURSO DEPORTIVO DE LA PRENSA: APORTACIONES LÉXICO-SEMÁNTICAS, DE SUSANA GUERRERO SALAZAR José García Pérez (Universidad de Sevilla) [email protected] Susana Guerrero Salazar, Creatividad y juego en el discurso deportivo de la prensa: aportaciones léxico-semánticas. Madrid, ArcoLibros 2018, 260 págs. ISBN: 978-84-7635-978-5. La presente obra se revela como un acercamiento novedoso y original en la tradición del estudio del discurso deportivo, fundamentalmente por dos razones. Tal y como señala la autora en la Introducción (pp. 13-19), por un lado, ha querido poner de manifiesto que el discurso deportivo de la prensa escrita en
2 España no es que adolezca de conocimientos normativos sobre la praxis del lenguaje periodístico, sino que, dada su triple intención de informar, opinar y amenizar para captar la atención de los lectores despliega una serie de recursos y mecanismos que se desvían de esas pautas del periodismo general, de tal manera que «muchos de los errores que se le han criticado no son sino peculiaridades surgidas de una búsqueda consciente de distinguirse» (p. 16). Por otra parte, y teniendo también en cuenta lo anterior, con esta obra lo que se pretende es desmitificar la idea de que en los últimos años la creatividad del periodismo deportivo ha mermado bastante: nuestra estudiosa se propone reflejar todos los mecanismos que los redactores ponen en marcha para, al mismo tiempo que informan, congraciarse con el lector que también tiene un papel muy activo como conocedor del argot deportivo y sus muchas posibilidades estilísticas. De ahí los dos únicos -pero suficientescapítulos que tiene esta obra. En el primero, que precisamente se titula “Críticas al discurso deportivo” (pp. 21-50), Susana Salazar Guerrero recoge todos los defectos achacados a esta tradición discursiva, demostrando que, lejos de darse por falta de competencia en los periodistas, obedecen a procesos de creatividad y juego (funciones poética y lúdica en términos jakbosonianos) que sirven para «seducir y cautivar» aunque ello conlleve «la transgresión constante de normas gramaticales» (p. 21). Entre las objeciones hechas por gramáticos y demás expertos destacan la tendencia a la subjetividad (no pretensión de neutralidad), la recurrencia a clichés (fraseologismos y demás unidades fijadas), el abuso de coloquialismos y vulgarismos (los más graves, las descalificaciones), la alternancia de diferentes registros (lo arcaico con lo nuevo, lo culto con lo popular) y el exceso de extranjerismos, términos jergales y bélicos (generan oscuridad o incomprensión en «no iniciados»). Nuestra autora denuncia que el hecho de que se considere que con ellos se produce «pérdida de seriedad» se debe a que los estudiosos no han tenido en cuenta el contexto en el que se dan estos fenómenos y su rentabilidad de cara a su recepción casi exclusiva en lectores o interlocutores familiarizados con el mundo deportivo, amén de que muchas de estas supuestas incorrecciones se dan de igual forma en la prensa general. Eso no quiere decir, sin embargo, que la autora considere que el periodismo deportivo no esté exento de defectos. Entre ellos, subraya el
3 insuficiente trabajo de verificación de las fuentes, la fijación de estereotipos raciales y culturales, el sexismo y la incitación a la violencia. Una vez que ha conseguido su primer objetivo, ahora en el segundo capítulo, “Riqueza del lenguaje deportivo” (pp. 51-235), el más extenso, la autora quiere ir en contra de aquellos que han denunciado el descenso de creatividad que en los últimos años supuestamente ha experimentado esta tradición discursiva que, también apunta la autora, no ha estado nunca exenta de prejuicios y críticas, pues no es hasta finales del siglo XX cuando los lingüistas han querido acometer su estudio filológico, entendiendo por fin que se trata de una manifestación discursiva más, con sus propios fines y mecanismos. Como ya se ha señalado, entre esos fines no está solo el intrínsecamente periodístico de informar, sino que también se persigue entretener y, sobre todo, llamar la atención del lector “más aficionado” (especializado), por lo que los rasgos más llamativos (creativos) en este tipo de discurso los vamos a encontrar fundamentalmente en los titulares. Otro hecho que aduce la autora para probar la gran creatividad o riqueza expresiva de este género textual es que son muchísimas las transferencias léxicas que se producen desde este campo al de la lengua cotidiana y, además, a otras esferas del periodismo, algo que se explica porque, como el discurso deportivo no es estrictamente técnico, los otros ámbitos periodísticos se sirven de sus procedimientos para «contar la realidad de una manera distinta, más cercana al receptor» (p. 53). Esto sucede sobre todo en los temas de economía, sociedad y política, siendo más efectivo el trasvase en este último campo porque también en él «se produce un enfrentamiento entre facciones diversas» (p. 56). Al mismo tiempo, también se dan trasvases dentro del propio ámbito del discurso deportivo, entre unos deportes y otros, por la evidente globalización del deporte dada la coincidencia de finalidades, reglas, etc. Por ejemplo, el término hat-trick, procedente del críquet, es sumamente rentable en el fútbol, que, como deporte rey, es el que más trasvases recibe, sobre todo del boxeo, que, sorprendentemente dada su escasa relevancia en nuestro país, es la disciplina de la que más trasvases se hacen en la prensa deportiva española. No obstante, y con el fin de evitar caer en el excesivo tecnicismo, el discurso deportivo también toma léxico y recursos de otros campos semánticos
4 ajenos y muy diversos, dando la autora exhaustiva cuenta de todos ellos con numerosos ejemplos y sus correspondientes explicaciones. El más recurrente es sin duda alguna la guerra (Nadal gana la ‘guerra’ de sucesión), pero no es el único, sino que también tenemos elementos procedentes de los sentimientos (Lágrimas de crack), la religión (Un gol “messiánico” en el Mini), la mitología (Se retira la nereida de oro), héroes y superhéroes (Superman Messi, Ikerman, Benzeman), la realeza (Kroos, el príncipe del toque), los animales (Karim, el buitre), los juegos de azar (Simeone no quiso desvelar sus cartas), la tauromaquia (El Getafe dio el estoque final), la meteorología (El Barca se nubla), la magia (Mago Iniesta), la educación (El Barça salva el examen ruso), la literatura (Érase una vez el gol), el cine y la televisión (Un placaje de película, El Billy Elliot de la rítmica), la publicidad (Ganga Neymar), la economía (Eurocrisis en Manchester), la política (Y es que vuelve a confirmarse que el bipartidismo también está caducado en el fútbol), el espectáculo (El carnaval de Carmelo), el arte (La obra maestra de Pina), los medios de transporte (Cristiano en punto muerto), la caza y la pesca (A la caza de la otra bota de oro, La Sampodria quiere ‘pescar’ a Dalmau), el vestuario y la moda (Leo se pone el traje), la arquitectura (Un partido memorable, en condiciones adversas, construido con los mejores materiales y resulto por ‘accidentes’ en el área), las ciencias exactas y la geometría (Messi y Benzema definen la ecuación), lo jurídico (El Granada cumple condena en Getafe), la salud (El derbi más sano), la astronomía (Un estadio de otra galaxia), la alimentación (Hambre de gol en Las Gaunas) o las profesiones (cartero: ‘jugador que proporciona muchas asistencias). A su vez, la recurrencia a todos estos campos semánticos sustenta la gran mayoría de figuras retóricas empleadas, de las que la autora también da debida cuenta en este segundo y último capítulo. La justificación de la prominente presencia de estos mecanismos se encuentra en el carácter épico y agonístico que se atribuye en nuestra sociedad a las competiciones deportivas, de tal manera que ello deriva en lo que se conoce como “retórica de la inflación”. Salazar Guerrero divide en dos grupos estas figuras. Por un lado, aquellas basadas en el juego con el significado, como la metáfora (Bale es un cañón, Gol relámpago, Tormenta de fútbol), la metonimia y sinécdoque (Tendrá un puesto en el once, Aduriz con el pie, Neptuno reta a Cibeles), el símil (Un taconazo ocasional, como una sonrisa), la hipérbole (Siete jornadas de infarto), la dilogía
5 (Cristiano, toca Las Palmas), personificación (Hoy habla el Bernabéu), la antítesis (El fútbol quita la vida, el Atleti te la da), la paradoja (Dos amigos enemigos) o la interrogación retórica (¿Hay alguien mejor que Cristiano?). Por otra parte están las figuras que se basan en el manejo del significante, llamadas por la autora figuras de repetición. Entre ellas recoge la germinación (Partido a partido, De doblete en doblete, ¡Suárez, Suárez, Suárez!), la anáfora (Sin liderato, sin lustre y sin gol), la epífora (Juega con asiduidad y ve puerta con asiduidad), la epanadiplosis (Galácticos en busca de galácticos), la anadiplosis (Messi vuelve a ser Dios, el Dios de un Barça enchufado), la antanaclasis (Cristiano solo te falta una falta), el paralelismo (El Barça vuelve a correr, el Barça vuelve a convencer), el políptoton (Messi: Todo ganado, todo por ganar), la derivatio (Balón, pelota, pelotón), la paronomasia (Mestalla estalla), la aliteración (De lujo y De Gea), la rima (Fracaso rima con Laso) o la onomatopeya (Pim, pam... Suárez). También tiene atención nuestra autora para dedicarle un apartado a la creatividad léxica, pues era inevitable si tenemos en cuenta que el periodismo deportivo se ha manifestado como uno de los ámbitos en los que más se practica la experimentación y la creación terminológicas, bien por derivación apreciativa (sufijación: pildorazo, punterazo; prefijación: maxigoleador, ultraofensiva), bien por composición (ortográfica: pisabandas; sintagmática: gol fantasma), bien por cruces léxicos (Iscándalo), por acortamientos (capi, presi, semis), o por siglas (CR7, BBC, MSN). Por último, se detiene Salazar Guerrero en un proceso que demuestra la gran atención que ponen los periodistas en la manipulación consciente del lenguaje para la consecución de sus fines. Se trata de la desautomatización de unidades fraseológicas, que en este tipo de discurso consiguen funcionar tanto por su significado fijado como por su original adecuación al contexto de la noticia. Tenemos desautomatización semántica (Hay que irse de copas) y formal (sustitución: El pique de nunca acabar; supresión: Fabio Capello, que más vale pájaro en mano...; adición: El evangelio de Lucas Vázquez; modificación: Rojiblanca Navidad; alteración del orden: Santo Campo; cambio de modalidad oracional: Bueno, bonito y ¿barato?; fusión: Colorín. Colorado... el cuento chino de Pellegrini se ha acabado).
6 En definitiva, aunque la obra no tiene un apartado final con conclusiones, este no es de ningún modo necesario puesto que la autora ha hecho más que patente que el estado de la creatividad y juego en el discurso deportivo de la prensa es más que fuerte, sin que ello en absoluto tenga que conllevar un no conocimiento de la norma estándar del estilo periodístico, sino que, más bien, el objetivo primario de informar queda supeditado al de generar atención y entretenimiento en tipo de lector muy especializado y, por tanto, muy exigente, que no se acerca a este tipo de medios solo para informarse -pues él es ya conocedor del panorama deportivosino para amenizar esos conocimientos con el barniz de una retórica que continúe la línea de espectacularización que el deporte tiene en nuestras sociedades.