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Los imponderables literarios: el caso de José María Requena

Acosta-Romero, Ángel

Abstract

La obra literaria de José María Requena (1925-1998) no ha tenido, ni siquiera entre sus paisanos, el reconocimiento que merece, ni antes ni después de El cuajarón, su primera novela, ganadora del Premio Nadal en 1971, circunstancia esta que hizo inscribir su nombre en el famoso y polémico movimiento de los «narraluces». En este trabajo, se intentan esbozar algunas de las razones de todo tipo (biográficas, literarias, sociológicas) que ayuden a comprender el porqué de esa falta de reconocimiento, al tiempo que se resume la trayectoria vital y literaria del escritor de Carmona y se analizan las principales dimensiones de su obra.

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1. Sección Monográfico LOS IMPONDERABLES LITERARIOS: EL CASO DE JOSÉ MARÍA REQUENA THE LITERARY IMPONDERABLES: THE CASE OF JOSÉ MARÍA REQUENA DOI: http://dx.doi.org/10.12795/CAUCE.2021.i44.03 ACOSTA ROMERO, ÁNGEL UNIVERSIDAD DE SEVILLA (ESPAÑA) Profesor Titular de Universidad Código ORCID: 0000-0002-8002-1113 [email protected] Resumen: La obra literaria de José María Requena (1925-1998) no ha tenido, ni siquiera entre sus paisanos, el reconocimiento que merece, ni antes ni después de El cuajarón, su primera novela, ganadora del Premio Nadal en 1971, circunstancia esta que hizo inscribir su nombre en el famoso y polémico movimiento de los «narraluces». En este trabajo, se intentan esbozar algunas de las razones de todo tipo (biográficas, literarias, sociológicas) que ayuden a comprender el porqué de esa falta de reconocimiento, al tiempo que se resume la trayectoria vital y literaria del escritor de Carmona y se analizan las principales dimensiones de su obra. Palabras clave: Narraluces. Nueva Narrativa Andaluza. José María Requena,. Carmona. Abstract: The literary work of José María Requena (1925-1998) has not received, not even among his fellow countrymen, the recognition it deserves, neither before nor after El cuajarón, his first novel, winner of the Nadal Prize in 1971, a circumstance that led to inscribe his name in the famous and controversial «narraluces» movement. In this paper, an attempt is made to outline some of the reasons of all kinds (biographical, literary, sociological) that help to understand the cause of this lack of recognition, while summarizing the vital and literary career of the writer from Carmona and analyzing the main dimensions of his work. Key-words: Narraluces. New Andalusian narrative. José María Requena. Carmona. 30 ÁNGEL ACOSTA ROMERO 1. Sección Monográfico 1. APUNTES BIOGRÁFICOS Y VOCACIÓN LITERARIA José María Requena Barrera nació en Carmona el 18 de abril de 1925. Su padre, Rafael, era farmacéutico y responsable de una botica de la localidad en la calle de San Pedro que aún hoy conserva la familia y donde se encontraba también la vivienda familiar: Mi casa, de dos pisos y azotea, estaba y está a la orilla de la gran carretera que baja de Madrid hacia Sevilla y pasa rozando casi la base de una torre que es réplica la mar de airosa de la gran Giralda, abundante ruido de motores colándose por los balcones de hierros verdes, en una travesía, que, menos de medio siglo antes, recorrían las fatigadas diligencias que tantas y tan doradas tentaciones despertaron en los románticos bandidos de cante y trabuco, patillas de hacha, morenaza a la grupa y fama de mala buena gente guerrera y generosa con los necesitados1. Su madre, Teresa, tuvo que luchar contra la tuberculosis buena parte de su vida, lo que obligó a que los hijos, José María y Rafael, estudiaran internos en colegios salesianos de la provincia de Sevilla, primero en Alcalá de Guadaíra, hasta abril de 1939, después en Utrera a partir del tercer curso de Bachillerato: «Años tristes, casi amargos, de disciplina colegial al son de la guerra de aquí y de la otra más grande y más lejana, bofetadas por nada, por hablar en la fila». Tiempos duros y al mismo tiempo propicios para el desarrollo de un carácter fuerte y una especial sensibilidad para un niño que, dentro de su situación privilegiada, se enfrentaba al absurdo de muchas experiencias: la enfermedad de la madre, la soledad, la disciplina cuartelera del colegio, las guerras… Con once años «de ojos muy abiertos», Requena vive de manera indirecta la Guerra civil, de especial virulencia e irracionalidad en los pueblos: «Guerra entre hermanos, guerra de ajustar cuentas por tantos y tan diferentes motivos, sin descartar, sin más, un saludo no contestado, una vieja y mantenida antipatía de familias vecinas». Esa experiencia fue no solo un conjunto de trágicas anécdotas grabadas en la memoria infantil, también para un niño de especial sensibilidad un motivo de aprendizaje sobre las miserias de la naturaleza humana. No es extraño que el odio y la venganza ocupen un lugar predominante en las futuras historias relatadas por Requena. Terminado el Bachillerato, la opinión paterna se impone a su deseo: 1 A partir de esta nota, no volvemos a referenciar estos apuntes biográficos no publicados y Los imponderables literarios: el caso de José María Requena 31 CAUCE Revista internacional de Filología, Comunicación y sus Didácticas «No están los tiempos para estudiar Filosofía y Letras, carrera para niñas ricas», dice su padre, y Requena comienza la licenciatura de Derecho en Granada, «llevado, como otros tantos cartagineses huidos del Romano que el temible Pelsmaeker impartía en Sevilla»2: «¡Granada! Para el muchacho que escribía ya sus primeras cosas, qué rara experiencia aquella de conocer la belleza granadina en días de hambre de la mala, hambre de pan de los años cuarenta, boniato en todas las comidas […], días de vagar por esas calles y pararse a mirar los perros que hallaban el alivio de algún desperdicio en la basura». Tras ese primer año en Granada, continúa sus estudios en Sevilla; reside en una pensión y viaja a Carmona los fines de semana, para comprobar de nuevo, ahora en su pueblo, los estragos económicos y sociales de la nueva situación surgida de la guerra: Bien tristes aquellos años de pueblo con una mayoría verdaderamente hambrienta, de gañanes parados al filo de la carretera general, delante de mi casa, pendiente de la buena colilla de cigarro apenas apurado y nada digamos, si algún fumador de privilegio echaba al suelo de los alcances el aromático chicote de un cigarrillo rubio americano. De esas escenas de jornaleros y campesinos pendientes del poco trabajo en las haciendas y cortijos señoriales de la Baja Andalucía, de ese enfrentamiento milenario, de ese complejo mundo de injusticia social y sentimientos cruzados, bebe el escritor en ciernes para crear con el tiempo todo un universo literario que, si hoy pudiera parecer parcialmente superado, se eleva por encima de las circunstancias históricas y geográficas concretas para convertirse en un enorme mosaico de humanidad permanente. A mitad de la carrera cumple con sus obligaciones militares en plena guerra mundial (Milicia universitario en Ronda): «… toques de generalas a 2 Para una reseña biobibliográfica de Francisco de Pelsmaeker e Iváñez, Catedrático de Derecho Romano en la Universidad de Sevilla desde 1931, puede consultarse en red el «Diccionario de catedráticos españoles de Derecho (1847-1943)» de la Universidad Carlos III de Madrid: https://portal.uc3m.es/portal/page/portal/instituto_figuerola/programas/phu/diccionariodeca tedraticos/lcatedraticos/pivanez 32 ÁNGEL ACOSTA ROMERO 1. Sección Monográfico medianoche sin decirte si íbamos, por fin, a pegar tiros en Algeciras contra un posible desembarco aliado». En junio de 1947 termina la carrera de Derecho a la que no conseguirá sacar ningún partido por su propia desidia en las oposiciones y, sobre todo, por su apuesta decidida y consciente por las letras: «Prefiero someterme a la renuncia de muchas alegrías. Hacer mío el costosísimo ocio para escribir, ocio para encastillarme en unos propósitos nada pretenciosos, pero sí muy decidido a entregarme al hermoso mundo de las palabras». En su casa, a veces, le esconden la máquina de escribir para evitar que se encele con sus sueños en forma de palabras. Esa vocación primera y única de su vida le lleva a entrar en contacto con otros jóvenes poetas sevillanos con los que inicia una aventura literaria que se convierte en tertulia trianera (calle Castilla, 43) y se manifiesta en la revista Guadalquivir (1951)3, primera revista poética sevillana de posguerra. En esa revista, Requena inicia sus pasos como poeta antes de desplazarse a Madrid para estudiar en la Escuela oficial de Periodismo, lo que marcará definitivamente su futuro profesional y familiar. En efecto, las prácticas obligatorias del tercer curso de la diplomatura le llevarán a La Gaceta del Norte de Bilbao que se convertirá en su primer destino laboral. Ya situado en Bilbao, consigue publicar en la prestigiosa «Colección Ágora» su primer libro de poemas, La sangre por las cosas (1956), finalista el año anterior del Premio Adonáis. Las escasas y breves reseñas publicadas sobre la poesía de Requena alaban con acierto la universalidad temática de su producción en versos que se extenderá, como veremos, a sus novelas: Puede ocurrir, es el caso de José María Requena, que este hombre tenga un espacio geográfico reconocible, recreado de la peripecia vivencial del propio poeta; mas, trascendentalizada, su problemática es válida siempre. No hay demagogia ni partidismo ni ideología. Es asumir lo esencial humano sin distinciones ni matices… Libro importante este primero de Requena (Rodríguez Pacheco, 1992). A pesar de su aparente diversidad temática (lo religioso, el tiempo, el amor, la muerte), este primer poemario de Requena adquiere una coherencia y unidad muy profundas presididos por un halo de tristeza permanente, como antigua o heredada, impropia de un hombre joven, aunque marcado ya 3 En la nómina oficial del grupo poético estaban Manuel García Viñó, Fausto Botello de las Heras, Amalio García González, Francisco González Tartabull y el propio José María Requena. De la revista, llegaron a aparecer doce números al precio de 4 pesetas el ejemplar. Los imponderables literarios: el caso de José María Requena 33 CAUCE Revista internacional de Filología, Comunicación y sus Didácticas por su propia historia (Acosta, 2001) como él mismo reconoce4. El periódico vasco, como reportero, le dio «cientos y miles de ocasiones para conocer de cerca las gentes, los problemas y las adversidades, los estilos de trabajo y de diversión, las fiestas y los deportes», entre ellas la fiesta de los toros. Se harán, por ejemplo, famosos sus artículos de tema taurino recogidas en la sección «Desde el patio de cuadrillas», que más tarde, reelaborará y ampliará, en forma de ensayos breves, en dos libros sobre el tema: Gente del toro (1971) y Toro mundo (1990). A Requena no le interesaba tanto el espectáculo del ruedo, sus crónicas no hablan de la corrida, sino de los seres humanos que están a punto de enfrentarse a la muerte y ambicionan el triunfo y la gloria material. A pesar de la apariencia, sus artículos no son crónicas de toros ni tampoco El cuajarón, su primera novela y ganadora del Nadal (1972) es una novela taurina. En 1964, el Requena periodista es reclamado por El Correo de Andalucía («cargo ofrecido, no buscado») y vuelve al sur. En ese momento, el decano de la prensa sevillana se encuentra en un momento de claro declive, y, sin embargo, con Requena, primero como subdirector, después como director (1975-1978), y en plena transición política, el diario se sitúa indiscutiblemente en la vanguardia informativa española: El Correo de Andalucía, tras vivir una buena coyuntura al inicio de la transición, con José María Requena al frente, conoce asimismo una caída posterior, mucho más aguda, de su audiencia; en 1978 se hace cargo del diario Ramón Gómez Carrión y el diario atraviesa una etapa gris, con reducción también de su presencia fuera de Sevilla y provincia y visible acercamiento al PSOE (Checa Godoy, 2011). En efecto, el compromiso político adquirido por el periódico, que se manifiesta en artículos y editoriales, provocará a Requena no pocos problemas (denuncias a diario) y, con toda seguridad, influyó para que a los tres años de su nombramiento, fuera despedido sin muchas explicaciones, concretamente el 9 de febrero de 1978: «Uno de los temas más importantes fue la admisión del Partido Comunista […] me costó la salida del periódico; elaboré un editorial diciendo que me alegraba y las fuerzas vivas de la 4 «A veces, me he parado a rebuscar en la memoria los primeros brotes de esa voluntad por las letras y siempre he llegado a la conclusión de que los más decisivos impulsos de tales tendencias coinciden con mis circunstancias más dramáticas y negativas» (Requena, s.f.). 34 ÁNGEL ACOSTA ROMERO 1. Sección Monográfico ciudad no me lo perdonaron» (Cárdenas, 1998). El regreso a sus raíces se verá manifestado literariamente en su Gracia pensativa (1969), conjunto de poemas dedicados a Sevilla que debería estar por su intensidad emotiva y estética, lejos de tópicos y narcisismos vacíos, entre los grandes libros dedicados a la ciudad. Además de otros poemas sueltos, completan la bibliografía poética de Requena, La vida cuando llueve (1987) y A campo ajusticiado, conjunto de poemas no publicados en vida del escritor, pero recogidos en el volumen III de sus Obras completas (2002). Tras el Nadal con El cuajarón, poco después, vendrá el Premio Aljarafe de relatos con su obra La cuesta y otros cuentos (1979), publicado posteriormente por la Caja Rural y reeditado por Lautaro con un prólogo de Rafael de Cózar. La misma editorial edita en 1990 otro libro de relatos cortos: Cuentos de cal y sol y la Diputación de Sevilla hará lo propio con La soledad repartida (2000), ya de forma póstuma. De las vicisitudes de publicación del resto de la novelística de Requena nos ocupamos en el siguiente apartado, pero muy poco conocido aún es el hecho de que el escritor de Carmona se hubiera interesado por la escritura teatral. Se ha conservado al menos una obra de teatro titulada Se apagaron las arañas que, encontrada por la familia, pudimos publicar en uno de los volúmenes de las Obras completas y editar de forma independiente con un breve estudio introductorio (Acosta, 2004). Tras el despido del periódico, la ayuda de algunos amigos y familiares y la inversión en un negocio bien planteado sacaron a Requena y su familia de unos graves apuros económicos. A partir de ese momento, además de seguir cultivando su pasión literaria, escribe colaboraciones semanales en el diario ABC de Sevilla, pero nunca más de contenido político sino «artículos humanos. Me fijo en un objeto y escribo sobre él, también entran personas, pero también cosificándolas» (Cárdenas, 1998). Por uno de esos artículos, «De la Sevilla inexacta», publicado el 26 de noviembre de 1992, recibiría el Premio Ciudad de Sevilla de Periodismo5. Por desgracia, José María Requena nos dejó sin saber que algunos 5 Si muy escasa ha sido la labor analítica y crítica sobre la producción literaria de Requena, por desgracia, nulo ha sido, hasta el momento, el interés de los investigadores por estudiar a fondo su trayectoria periodística, tan rica e interesante, tanto en el ámbito de los reportajes, especialmente los taurinos, como en el ámbito político, sobre todo, en su periodo como director de El Correo de Andalucía en plena transición política española. Los imponderables literarios: el caso de José María Requena 35 CAUCE Revista internacional de Filología, Comunicación y sus Didácticas andábamos ya empeñados en trabajar por situarle en el lugar que merecía en el complejo universo de las Letras, y ni siquiera pudo ver iniciada la edición de sus obras completas bajo el patrocinio del Ayuntamiento de Carmona. 2. TRAYECTORIA EDITORIAL DE LA NARRATIVA DE REQUENA En una carta fechada en Barcelona el 30 de mayo de 1984, el responsable de la Editorial Destino, José Vergés, informa a José María Requena, «fiel amigo», de la imposibilidad económica de acometer la edición de su novela Las naranjas de la capital son agrias, ganadora el año anterior del I Premio «Luis Berenguer»6: Querido amigo: Sintiéndolo mucho no puedo publicarle su novela LAS NARANJAS DE LA CAPITAL SON AGRIAS. Estudiada la producción del libro este nos sale excesivamente caro, a pesar de las ventajas de edición que supone el Premio. La situación de ahora no es como antes en que era fácil cualquier edición ya que el precio de venta era asequible a todo el mundo. Hoy, por desgracia, no es así y solo podemos editar las obras que ofrezcan las máximas garantías de venta. Fíjese en su gran libro PESEBRES DE CAOBA, una de las mejores novelas de los últimos años y verá que en dos años no hemos vendido ni 500 ejemplares. No podemos exponernos a perder más dinero y debemos renunciar a muchas cosas. Ello no obsta que LAS NARANJAS sea una buena novela y que Vd. solo merece consideración por su labor y talento. Le ruego me disculpe y comprenda y me tenga siempre por fiel amigo. Esa carta debió producir una enorme decepción en Requena a pesar de los elogios a su obra de uno de los más reconocidos editores del momento. Tardíamente, superados los 45 años, y con muchas dudas, el escritor de Carmona, tras sus inicios poéticos y la reescritura ensayística de sus crónicas taurinas, ya había decidido apostar decididamente por el relato extenso, sobre todo, suponemos, a raíz del inesperado Premio Nadal conseguido con su primera novela, El cuajarón (1972), por un lado, y, por otro, necesitado de ingresos económicos para el sustento familiar (esposa y cinco hijos) tras su aún inexplicada condena al ostracismo periodístico, y 6 El Premio de novela Luis Berenguer (500.000 ptas.), hoy desaparecido, fue instituido en 1983 por el Ayuntamiento de San Fernando (Cádiz) en homenaje póstumo al autor de El mundo de Juan Lobón. 36 ÁNGEL ACOSTA ROMERO 1. Sección Monográfico solo amnistiado parcialmente con colaboraciones esporádicas en el diario ABC de Sevilla. Se esfumaba así para siempre el sueño infantil de vivir de su «oficio» vocacional de escritor. Si en 1978, con 52 años, su despido de El Correo de Andalucía cerraba bruscamente su etapa profesional en el periodismo escrito, antes de cumplir los 60, en plena madurez creativa, la carta de Vergés iba a significar también, como veremos, la imposibilidad del reconocimiento literario generalizado, al menos, ese que supone ser suficientemente retribuido por un producto creativo puesto en circulación por la «industria cultural». Requena, que siempre vivió para escribir, ansiaba a la vez escribir para vivir y, a ser posible, gracias a sus novelas. En efecto, en varias entrevistas publicadas en la prensa con motivo de la publicación de su libro de ensayos sobre el mundo taurino, Gente del toro, a principios de 1971, Requena confiesa que le está interesando la novela y afirma haber escrito ya una de la que no ha quedado satisfecho. No sabemos si se trataba de un primer borrador de El cuajarón; puede que no, puesto que el 15 de febrero de ese año, en una de las entrevistas citadas, manifiesta que va a iniciar una novela que no tiene título «porque a lo mejor no llega a terminarse» (Naranjo, 1971). Y en sus manuscritos autobiográficos: «después de un buen montón de noches estiradas, en los últimos días de septiembre de 1971 di por finalizada mi primera novela… con el tiempo justo para que llegara dentro de plazo, la envié a Barcelona», con el exitoso resultado ya conocido en forma de premio y crítica. Es un lugar común entre críticos e historiadores del momento que la novela española vive una especie de «crisis» de identidad desde 1970 hasta la muerte de Franco, crisis causada por el agotamiento de ciertos moldes narrativos («realismo social») en un cambiante contexto socio político, o acentuada quizá por el «descubrimiento» editorial de los narradores hispanoamericanos: Sexenio de crisis y de búsqueda, de afirmaciones y renovaciones; con fuegos que brillan solo un momento y soles cuyo resplandor verdadero o ficticio tiende a apagarse; sexenio que muestra subidas y descensos, años fastos y nefastos y en cuyo transcurso los premios, numerosos y no poco generosos, siguen, para bien o para mal, haciendo de las suyas (Martínez Cachero, 1979). Requena, desde su propia percepción subjetiva y principios estéticos, Los imponderables literarios: el caso de José María Requena 37 CAUCE Revista internacional de Filología, Comunicación y sus Didácticas parece coincidir con el diagnóstico: «Me animó intentar la novela el despegue último que la narrativa ha tenido con relación al realismo social. La técnica del realismo, tan reseca, me quitaba las ganas de novelar, incluso de leer novelas». Fuera «para bien o para mal» (creemos que para mal), el prestigioso premio Nadal supuso que el nombre de Requena, en principio sin buscarlo, quedara incluido en la nómina del llamado «boom de los narraluces» (Martínez Cachero, 1979). ¿Montaje editorial en respuesta al éxito de los narradores llegados desde Hispanoamérica o tendencia creativa objetivable por lo producido literariamente en el Sur? El caso es que, aproximadamente entre 1968 y 1975 se produce la curiosa coincidencia de que los principales premios y concursos de novela patrios recaen sobre obras de autores andaluces: Efectivamente, como movida por un viento pertinaz, la veleta de los galardones novelísticos del país -después de aquellos finalistas sempiternos del Nadal de los primeros años sesenta -Manuel Barrios, Alfonso Grosso-, a partir del «Planeta» de Ferrand en 1968, la brújula de los premios empezó a señalar inalterablemente al Sur. Recordemos, a título meramente indicativo, algunos de los que durante ese trienio apuntaron al Mediodía: el Nadal a El cuajarón de José María Requena; el «Alfaguara» a Leña Verde de Luis Berenguer; el de la Crítica, a Guarnición de silla de Alfonso Grosso, y luego, también, el Alfaguara a su Florido mayo; el Nacional Miguel de Cervantes a La eliminatoria de Ramón Salís; el Biblioteca Breve a La circuncisión del señor solo de José Leyva; el de la Crítica a El jardín de las delicias de Francisco Ayala; el Ateneo de Sevilla a Epitafio para un señorito de Manuel Barrios; el Novelas y Cuentos a Secretum de Antonio Prieto; el Sésamo a Fin de semana en Etruria de Julio M. de la Rosa. Junto a estos premios -unos con más prestigio, otros con menostambién los incipientes apuntaron al Sur: el Ciudad de Marbella a El contrabandista de pájaros de Antonio Burgos; el Ganivet de la Universidad de Granada a Los caballeros del hacha de Carlos Muñiz-Romero; el Ciudad de San Fernando a El aplazamiento de José Luis Ortiz de Lanzagorta; el Hernani a El régulo de Domingo Manfredi; el Alobele a Violante el Rojo de Manuel Salado... y esto sin citar a Aquilino Duque y Carlos Muñiz, finalistas del Ateneo de Sevilla con La rueda de fuego y El llanto de los buitres, respectivamente; y a Bernardo Carande y su novela Suroeste, finalista del Nada!, obras de las que no se puede prescindir en el recuento del panorama (Ruiz-Copete, J.D., 1976). Ruiz-Copete, no sin argumentos, pero también sin muchas pruebas 44 ÁNGEL ACOSTA ROMERO 1. Sección Monográfico cuajarón: «El cuajarón es penetrante estudio de los efectos destructivos que la ambición, los celos, el resentimiento y el sentido de inferioridad pueden tener en el carácter humano» (Gómez, 1978). Por su parte, el catedrático de Literatura Francisco López Estrada (1972) reseña la premiada primera novela de Requena en las páginas de Archivo Hispalense. En una especie de diálogo con un posible lector El cuajarón, afirma, «pudiera ser que el libro resulte extraño al lector que no ande muy al tanto de las experiencias de la novela actual», reconociendo así que el relato de Requena se aleja de la tendencia realista, no solo decimonónica, también de la llamada «generación del medio siglo»: «Pues, no, no es así. Hay que pensar en barajar […] que la vida es una partida y ahora el lector tiene solo unas pocas (cartas) para empezar la partida. Las que tiene en la mano, ni son todas, ni están en orden, lo mismo que las partes del libro de Requena». La crítica periodística fue casi unánime en la valoración positiva de ese primer ensayo de narrativa extensa de Requena. Del Río (1972), en una amplia crítica y comentario, desmenuza certeramente la profunda carga de humanidad y mito, bien contextualizada, que sustenta el personaje principal de El cuajarón, el joven Goyo: «Este adolescente introvertido que se pierde o evapora por el torbellino de sus propios sueños […], a mí se me antoja uno de los mejores hallazgos novelísticos de estos últimos años»; y en su valoración global de la obra, apunta no solo la calidad, también la actualidad de su estilo: «El cuajarón es una buena novela y un bellísimo relato que interesa y se ciñe a la atención en línea de la literatura al día en cuanto a la técnica empleada». En el diario barcelonés El Noticiero Universal, Julio Manegat (1972), en una reseña lejana ya a la actualidad del premio, insiste en el valor de la narrativa andaluza del momento, alejada ya de los modos del realismo social y asume la defensa de un lenguaje cuidado en la novela: «El cuajarón es una novela muy bien escrita… y muy bellamente escrita, con fuerza, con luz, con asombro de descubrimiento de la palabra, de la riqueza de la palabra»; al tiempo que descubre la profunda verdad, andaluza y universal, del relato: «Detrás de El cuajarón, el campo andaluz, sus gentes, sus misterios sin folklore ni pandereta […] La tierra. Los hombres. La sangre. Sueño dorado y verdad cumplida. Como en todo. Como siempre». Aún reconociendo la calidad de la novela, «por su técnica, por sus hábiles recursos sintácticos, por su fértil imaginación, Félix Pujol (1972) en Los imponderables literarios: el caso de José María Requena 45 CAUCE Revista internacional de Filología, Comunicación y sus Didácticas las páginas de La Vanguardia, se muestra contrario a la opinión anterior y a la del propio Requena cuando reiteraba que su primera novela no debía ser considerada una «novela taurina»: «El Cuajarón es una novela de toreros y toros». En efecto, El cuajarón es la historia, real y soñada, de un muchacho de pueblo que pretende llegar a ser figura del toreo y algunos han interpretado que es El Cordobés, al que Requena entrevista por primera vez en 1961, el personaje que sirve de modelo al protagonista de su novela. Es posible porque el propio Requena escribe: «El gañán de Palma del Río es carne de novela, una especie de folletín dictado por la realidad o, si se quiere, un tópico cargado de la nitroglicerina estallante de una biografía que, siendo cierta, parece inventada» (Requena, 1971). En El Correo de Andalucía, su periódico en ese momento, el crítico Delavega, firmará una reseña sobre Gente del toro que, sin saberlo todavía, hubiera podido servir para El cuajarón: «Nos preocupaba… si el autor era un poeta, un psicólogo o un aficionado a los toros. La conclusión fue clara… las tres cosas por obra y gracia de su talento (Delavega, 1971). Pero no todas las reseñas críticas a la novela primera de Requena fueron tan positivas. En concreto, el admirado crítico Rafael Conte (1972), entre otras cosas, señala la falta de un lenguaje vivo en los diálogos y monólogos interiores porque de esa forma «Requena ha caído en esa involuntaria edulcoración expresiva que debilita su relato». Esa crítica, que extiende a toda la novelística española del momento, solo está justificada desde unos concretos presupuestos estéticos que, obviamente, no tienen que ser compartidos por otros analistas que apreciaron justamente lo contrario: «su lenguaje, venturosamente huérfano de eruditas pedanterías, es el lenguaje con que las cosas se cuentan en los contactos comunes de la convivencia humana» (F. A., 1972). Conte cree encontrar «la más grave objeción» a la novela: «las intenciones del autor permanecen excesivamente vagas, no hay una concepción coherente e inequívoca que trabe en su interior esta pesadilla que es este relato imposible» (Conte, 1972). Quien haya leído El cuajarón con cierta atención, no entenderá muy bien el reproche a no ser que el crítico se haya quedado anclado en sus gustos en la novela del s. XIX. Requena hubiera contestado: «En mi opinión, la novela con intenciones de ensayo, ya psicológico, o ya sociológico, pertenece a una tendencia decimonónica, muy valiosa sin duda, pero muy poco de hoy». Es cierto que 46 ÁNGEL ACOSTA ROMERO 1. Sección Monográfico Requena no pretendió nunca hacer una novela de tesis, pero, por muy poco que se busquen, no se encontrará solo una, sino un buen puñado de tesis dispuestas artísticamente en forma de una más que excelente novela. En este sentido, y como muestra de su teoría narrativa, es interesante una distinción del propio Requena entre «narración» y «novela»: «la narración se ajusta más a la experiencia objetiva, en tanto que la novela atiende con preferencia a intentar la creación de un mundo relativamente nuevo, a partir también, cómo no, de unas realidades conocidas» (Gómez, 1978). Para finalizar, y aunque no referida a El cuajarón sino a Agua del Sur, recogemos las palabras de un profesor y crítico que nos parece que resumen muy bien el carácter e intencionalidad creativas de Requena en su amplia obra literaria: Esta obra constituye, según mi opinión, uno de los testimonios más paradigmáticos de un arte literario andaluz, alejado de los cómodos tópicos en los contenidos y de los fáciles recursos en las expresiones. Sin necesidad de acudir a gracias y chistes, a travesuras picarescas, a gitanerías hiperbólicas o a bandoleros folklóricos, y sin tener que transcribir articulaciones ceceantes o sonidos aspirados, José María Requena ha conseguido pintar la fuerza (la violencia) de esta paradójica y abierta geografía de los cruces y de las cruces: de sus cielos, de sus aguas y de sus tierras de triunfo y de derrotas, muertes como semillas de vida (Hernández, 1989). En efecto, por su temática obsesiva, por la forma de jugar con el tiempo del relato, por la presencia absoluta de la muerte, por los personajes populares, llenos de resignada paciencia, como conscientes de un destino ineludible, aunque afloren los odios reprimidos, por los símbolos arcaicos de la cultura del sur (el toro, el caballo, la sangre), por el ritmo marcado, poético, de su prosa, barroca en su buscada sencillez, por el exquisito cuidado en el lenguaje, por la intensidad emotiva en la expresión, por todo ello y por otros muchos rasgos que podrían descubrirse en un análisis más profundo y necesario, José María Requena es un escritor, narrador, profundamente andaluz. Un literato con raíces claro está, pero sin fronteras si sabe apreciarse la radicalidad humana de su escritura. Esa raigambre andaluza, y de pueblo por más señas, y su carácter de poeta vocacional no abandona a Requena ni en los últimos momentos de vida. Un folio manuscrito con tachones, fechado el 14 de mayo de 1998, dos meses antes de su fallecimiento, recoge el siguiente poema, seguramente el último ejercicio creativo del escritor que ya presiente el final cercano: Los imponderables literarios: el caso de José María Requena 47 CAUCE Revista internacional de Filología, Comunicación y sus Didácticas Hoy me siento muy campo Muy calle vacía esperándome Muy nada a punto de llevarse. Prefiero no amargarme con nombres Ni con recuerdos ni futuros. Voy a echar mi alma A rodar por una ladera, A ver si alguien la detiene y la besa: ¿Eres tú el alma de José María? 4. REFERENCIAS Acosta Romero, A. (Ed.) (1999). Obras completas de José María Requena. Vol. I. Ayuntamiento de Carmona. –––– (Ed.) (2000). Obras completas de José María Requena. Vol. II. Ayuntamiento de Carmona. –––– (2001). Vida y obra de José María Requena. Alfar. –––– (Ed.) (2002). Obras completas de José María Requena. Vol. III. Ayuntamiento de Carmona. –––– (Ed.) 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