Las cárceles de Lemberg : comedia en prosa : en cinco actos
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Núm io. COMEDIA EN PROSA: LAS CÁRCELES DE LEMBERG. EN CINCO ACTOS. PERSONAS. J Rey de Polonia. J. Conde de Novogord. J Barón de Elvingh. I Senescal, c Presidente de Bramann. 7*1 itio i M a yq r £ Diputados del Crimen. Alcalde de las Cárceles. J}r¡ 0s Eolbieski. Marido de ***&» de Wertlay. Secretario del Senescal. Isabel. \ c Un pobre. £ Suplicantes. Un Oficial de la Sala. Mozo de la Cárcel, pages, guardias. Capitán de ellas. Un comparsa lebita. Comparsas de Úsares, de Villanos , Criados. Director del Hospicio. Alguaciles y Pueblo. la Escena se representa en Lemberg, Capital de la Rusia Polaca. ACTO PRIMERO. Sala en casa del Senescal. ESCENA I. Q °'ide de Novogord, Isabel , un Po¬ bre y Brin . En t de. JC¿i]trad , buenas gentes, no ^noais. ( animándolos á entrar. ) Pobr 6 SS ° S ob * ec< T Tenemos que presentar una su- Cond\] d S ? be ^ n o . C * Muy bien; pero ahora está ocunittuo’ y es difícil > en otro m ° - Pobre. Ah Señor I Se trata de todo: se trata del estado y de la exis¬ tencia. Isabel. Si perdemos esta ocasión , sabe Dios quándo volveremos á encontrar¬ la; dicen que su Magestad vuelve á marchar. Cond. Es verdad : pero apenas aca¬ ba de llegar desde su residencia á Lemberg, por primera vez, y quando una infinidad de asuntos cue ha tomado á su cargo, las ocupacio¬ nes que le ocasiona la guerra , que
2 Las Cárceles está ardiendo en los confines le tie¬ nen tan agoviado.... Isabel. Ah, sil Es verdad que él viaja por la Polonia, con el fin de socor¬ rer y reparar los males de los infe¬ lices; si él es tan bueno.... Tan cle¬ mente.... Ayudadnos, señor, favore¬ cednos por piedad.... Vos que estáis á su lado, todo lo podéis; por cari¬ dad , no nos abandonéis. Conde . Vuestras instancias excitan mt compasión , y os prometo hacer.... Mas nada os ofrezco, quedaos aquí. Dentro de un momento el Soberano debe pasar por esta sala, veré.... en fin, procuraré presentaros. Pobre. Ahí Nuestro reconocimiento.... Isabel. Nos dais nueva vida. Conde . Dexáos de eso, y reparad que sale.... Isabel . Quién ? Conde . El Soberano acompañado del Senescal y su séquito: retiraos á aquel lado, y esperad. ( T oma los memo¬ riales , y se queda hablando con ellos.) ESCENA IL El Rey y el Barón de Elvingh , el Senescal , séquito de Caballeros , guardias , y dichos . JBrin . Ay de mí! Aquí el Senescal?... Ahora sí que estoy bien. ( S e retira al fondo.) Rey . Senescal , quedo agradecido al buen recibimiento , y á los cuida¬ dos que os habéis tomado por mí, hospedándome en vuestra casa ; pero . a< á''derto no quiero cum¬ plimientos , y que si se me ofre¬ ciese pasar otra vez por esta Ciu¬ dad , quiero ser tratado sin cere¬ monia. Esta propia mañana pasaré á visitar los Hospitales civiles y mi¬ litares, después las fortificaciones úl¬ timamente construidas, y cu seguida comeré con vos. Necesito comunica¬ ros algunas instrucciones. Senescal. Me confunde el honor que V. M.... Rey. Conde de Novogord, ; qué ha¬ céis ( v iendo al Conde ) tan reti¬ rado ? Conde. Espero ocasicn de presentar á ( acercándose ) V. M. esas po¬ bres gentes, que tienen alguna sú- . plica. Rey. Son esas ? ( señalando á las qttf tiene el Conde.) Vengan. Conde . Aquí las teneis. ( Los acercó se arrodillan y le entregan al Reí un memorial .) Rey. Juan Hermann ! ( Toma el Hit' morial y lee. ) Dónde está ? Conde. Este es. ( señalando al pobre.) Rey . ¿Un pleyto que se está tratan¬ do.... ( después de haber leído h#" xo ) cinco años hace, y aun no es¬ tá decidido? Cómo pues? Pobre. Señor, esta es la pura verdad Hace cinco años que insto por ^ herencia de mis padres, la que bár¬ baramente me niega un cruel é i°" grato pariente ; se dilata , se bus¬ can pretextos, se me lleva de ufl° en otro tribunal, de decisión en d e ' cisión , sin decidir jamás nada : 6°' tre tanto me faltan todos los dios, y me hallo reducido á la 1 U 35 penosa indigencia, con quatro jos, que claman incesantemente p° f pan en la imposibilidad de alinie n " tarlos, y mucho menos de pro$ e ' guir el pleyto. Rey. Senescal, cómo es esto ? No ^ mandado publicar leyes que p reS criben la decisión de las causas É el término de solo un año? Senesc . Así es, Señor j pero la mul u ' tud de asuntos de mayor impor^ cia.... Diversos pleytos de persoi’ de graduación , que merecen al¡S ül1 distinción....
^ e y- i Qué distinción de personas ó grado puede haber delante de la im¬ pacial justicia de los tribunales?..* ' ¿Qué asunto de mayor entidad que este ) que decide del estado de una entera y honrada familia?. Este templar me disgusta, y rae da mal Agüero para los demás. No , no va “ ■ en; para reparar este desorden, os ruando hagais observar exactamente las leyes relativas á esto , y orden a d que dentro de diez dias se des¬ pache la causa de este buen hombre, y para castigar la indolencia ó la par¬ cialidad de quien ocasionó tal atraso, ^ Ue pague de sus bienes los daños Siue ha sufrido la parte por tan lar¬ ga dilación. Lo habéis entendido? X dos. {al Pobre.) j.- Pobre hace una respetuosa corte - íl> Cespites de la genuflexión , y be¬ sarle los pies, y se va. n y- (Tonta el memorial de Isabel , lo lee , y dice.) ¿Sois vos la Isabel de j Suien habla este memorial ? Sa H La misma que á vuestros au- ^ gustos pies.... e y % Levantad. Conque os halláis mi- > Arable? ^ab. Sí Señor. e I' ¿Y sois hija núvil de un Oficial r ^ murió en la guerra? Sí Señor. < Cómo se llamaba vuestro Padre? ¿W' El Capitán Pasann. Ke I : Y la pensión que yo paso á las ^iudas, y á los hijos de los Oficiales j difuntos, no os basta para.... í ?. > Poderoso Señor, jamás he perd¬ ía uido pensión alguna. i*?: Qué decís? La verdad. Senescal, qué significa esto? ^. Jc * Señor, las necesidades del pulC0 Erario eran tan urgentes, que de Lemberg. 3 creí poder suspender.... Rey. Creiste muy mal: la primera ne¬ cesidad , el primer deber es el de satisfacer las deudas que he contraí¬ do con mis vasallos , y alimentar los hijos y viudas de aquellos sol¬ dados que han sacrificado su propia vida en mi defensa. En adelante guar¬ daos bien de faltar á esta sagrada obligación , y procurad reparad es¬ crupulosamente lo pasado.... Señora, desde hoy se os pagarán las pensio¬ nes, y vuestro atraso, á lo que aña¬ do de mi bolsillo esta suma ( l e da un bolsillo ) la que os puede servir de dote para procuraros una honesta colocación. Isab. Mi corazón, mas que mis labios, bendice la mano que derrama sobre mí el júbilo y ei consuelo, y os ex¬ presa mi eterna gratitud. ( Parte con muestras de agradecimiento.) Rey. ¿Lo veis como muchas veces, de unos asuntos que parecen de poca consecuencia se originan funestos da¬ ños?... ¿A quántos peligros podia ex¬ poner á esa infeliz joven la falta de aquel socorro diario?... Os lo repito, Senescal, no olvidéis un instante, sa¬ tisfaced mis deudas, que en lo demás pensaré yo. ( Toma el memorial de Brin, y le dice'. ) De quién es esta última súplica? {mirándole.) Conde. No repare V. M. en la figura del que la presenta ; sí, en lo que contiene. Senesc. Este hombre aquí?... Qué quer¬ rá? {Aparte receloso.) Conde. No pide gracia alguna para sí: otro desdichado, que no puede echar¬ se á vuestos augustos pies, implora por su medio. Rey. Veamos. «Después de siete años de esclavitud entre los turcos, cu¬ yo acaso le tuvo dividido é igno¬ rado á sus parientes y Patria, Car¬ los Polbieski, Mayor del regimien-
Las Cárceles to del Rey, ■ volvió á. poner los pies en este suelo; con suma sorpresa se vio encarcelado sin delito, y trata¬ do como un vil impostor, negán¬ dose á conocerle: y no teniendo otro recurso que el amparo de la recta justicia de V- M. suplica se le liberte de estas angustias, y que se le devuelva á su esposa y deudos.” ( Queda pensativo.) Senesc. Parece que el corazón me pro¬ nosticaba este accidente. Rey. Senescal , ¿ qué asunto es este, que no comprendo, si no se me ex¬ plica ? Senesc. Señor, me hallo bien informa¬ do de ese particular , y si gustáis os instruiré, dándoos noticias verda¬ deras del caso. Brin. ¡Ah infelice Carlos, de nada te ha servido mi zelo! Senesc. Ya hace siete años que Carlos Polbieski , primo mió, con senti¬ miento de todos, y particular do¬ lor mió, murió gloriosamente en los campos del Caminiec, peleando con¬ tra los enemigos de V. M.: traxeron su cadáver con la cabeza se¬ parada á Lemberg, y fue legalmen¬ te reconocido de todo el Regimiento y de los Tribunales.... Rey. Y bien ?... Senesc. Sin embargo de este recono- . cimiento, y de todos los documen¬ tos que lo certifican , se ha presen¬ tado uno, diciendo que el era Pol¬ bieski. Rey. Es posible? Senesc. Sí, Señor, es un impostor, que se ignora de dónde ha salido , y tiene diversa fisonomía de la del di¬ funto Carlos. Este se presentó fran¬ camente, quiso darse á conocer por Polbieski, pretendiendo de este mo¬ do persuadir á los crédulos á que es el mismo; y lo que mas impor¬ ta, completar el decisivo golpe de despojarme de todo su patrimonio, del qual me hallo en posesión co¬ mo legítimo heredero. Rey. Será un loco? Senesc. Es, Señor, un pérfido impoS' tor, acreedor al mayor castigo. V a tiene empezada la sumaria , y el1 breve quedará despachada, según l aS leyes. Rey. i Lo habéis entendido, buen hom¬ bre ? (á Brin. ) Brin. Sí Señor.... ( c ortesía respe tuo' sa. ) Ya me discurría yo esto mis¬ mo.... ( aparte. ) Nada favorable su¬ cederá al pobre Carlos, ínterin este cruel esté por medio: Dios me libre de sus manos, (vase.) Barón. Señor, la nobleza toda de Lemberg, vestida de gala , espera en I a antecámara el honor de ser admiti¬ da á besaros la mano. Rey. Me fastidia el ceremonial, y me persuado que ti tiempo mas mal em¬ pleado en un Soberano , es el q u e desperdicia en cortejar y ser corte¬ jado.... Mas es preciso conformarse al uso. Vamos. Barón , Ya os seguimos. Rey. A Dios, Senescal: no olvidéis 1 0 que os he dicho.... Senesc. Muy bien , Señor. ( Parí* el Rey con todo su séquito , y ( Senescal le acompaña , y vuelvC'l Este accidente acaecido me desagr 3 ' da, y mas que todo , me pesa q ue se vaya divulgando , y haya lleg a " do á noticia dei Soberano.... Ah'"'* El Carcelero ha obrado muy ^ y es la causa. Veo cada dia patente que el golpe que tengo P r£ '¡ parado es indispensable. (sac¿^ relox.) Quánto tardan!.... me p r °' metieron venir..... Estos Señores & han favorecido otras veces, y no d* 1 do qne también en este lance*"*. mirando ) aiguien viene. es ^ Secretario.
ESCENA III. Secretario y Senescal. Cetario. Los Diputados del Crimen aperan vuestras órdenes. en esc. Los esperaba: que pasen adelante. Entren Vms. ( P arte al bas¬ tidor.) ESCENA IV. bidente , Steing , Mayor y dichos, Ves tidos de negro con toda pro¬ piedad. ^ te hig. Bésoos las manos, Señor Se- J^scal. p a yor. Me ofrezco á vuestras órdenes. g V e tid. Os dedico mi respeto. 67 ^ Sc ' Suplicóos, toméis asiento. (lo g/? Cen ) Que noticias me traéis? e [ n £' Ninguna mas que quedáis ser¬ ado. Aquí teneis un auto auténti— Co de nuestro Tribunal, que contie- ! le la decisión del proceso que se 13 formado contra el supuesto Carlos Polbieski, en el que se declara ^ P°r impostor. eitesc ' Veamos. (Lo toma , abre , y íee baxo) El auto está perfectamen¬ te extendido; pero veo que falta vues- >j t r a firma, Señor Presidente. £ r e *id . Es verdad. p n e *c. Y por qué no la habéis puesto? 1 re sid. Tengo mis motivos para no Ponerla. " e> tesc. ¿ Pues de qué me sirve este do- ^cumento sin vuestra firma? * >r esid. Con las dos que tiene de estos señores, basta: no, no es necesario de la tercera para formar decisión. " e *esc. Pues qué? ¿No estáis persuadi¬ do.... 'Hese. ¿Dudáis de que ere supuesto garlos' es solo un impostor? , r £s id. Aun no he dicho tal. en ?sc. Cómo, pues? de Lemberg . 5 Presid. Permitidme hablar claro y sin las trabas del respeto. Sene se. Decid. Presid. ¿No me dixiste que exírtian ciertos documentos legales de la muer¬ te de Polbieski? Senesc. ¿Qué mas legalidad que la certificación de su muerte extracta¬ da de los libros de registro de su propio regimiento?.... Qué mayor se¬ guridad que su cabeza separada del cuerpo , y reconocida de todo el Exércitr? Presid. Siendo eso cierto, ese hombre que se anuncia por Polbieski , no puede ser sino un impostor; y una sencilla orden vuestra basta á des¬ terrarle del estado ó imponerle per¬ petuo silencio ; obrar de otra suer¬ te, es dar fe ó suponer falsas noti¬ cias de su muerte , dar cuerpo á una sombra, que por sí misma se desvanece. Senesc. Comprendo teneis razón ; pe¬ ro el zelo de mi Gobierno. mi delicadéz. es un asunto este en el que personalmente intereso , y ciertas miras particulares que tengo, requieren que proceda con toda la mayor cautela; y además exigen ma¬ yor pena que su destierro Por último , Señor Presidente , me es muy necesario este auto y vuestra sanción. Presid. Siento no poder complaceros.. Senesc. Vivo persuadido no me haréis tan notable agravio. os aseguro que mi fina amistad y reconoci¬ miento. y para daros un leve in¬ dicio de mi gratitud ( se quita un anillo de diamantes ) recibid esta pequeña expresión en memoria de mi afecto..... Presid. Os equivocasteis , Señor Se¬ nescal. (rehusándolo) Yo adminis¬ tro la juiiicia , y no la vendo. ( con secatura ) Quedaos con tuís -
tro anillo, que 70 me quedaré con mi firma. ( Vase.) Senesc. Tal entereza no la esperaba. Espero que vosotros no me desaira¬ reis esta fineza, y admitiréis. ( Les presenta dos sortijas .) , Steing. O Señor Senescal! { Con pron¬ titud y finura ) Sois demasiado aten¬ to.nosotros no merecemos.Que¬ dad seguro de que en todas ocasio¬ nes tendréis pruebas nada equivocas de nuestro zelo en serviros, y de nuestro inalterable afecto. Mayor . Tenemos á mucho honor el depender de vuestras órdenes. Steing. Servidor de Vmd. Mayor. Bésoos las manos. (Vanse. ) Senesc. Plasta después..... A lo me¬ nos estos no se hacen de rogar. El Presidente es un sugeto que empie¬ za á disgustarme: parece inflexible, mas nada importa: ahora lo que mas conviene es el asunto que forme el argumento de esta carta ; de qualquier mo^o que esté escrita, es su¬ ficiente , y sirve á mis proyectos; con ella no temo, y sé cómo de¬ bo deshacerme de él pero. O herencia!.... Polbieiki Q u á ntos cui¬ dados y afanes me cuestas!.... Quán¬ tos pensamientos y zozobras! Las Cárceles ACTO SEGUNDO. Pequeña sala , en casa del Presi¬ dente , que comunica d las Cárceles por tina puerta rústica con rexas. En las paredes se verán colgados los instrumentos de la tortura. ESCENA PRIMERA. Brin , y dos mozos de Justicia. Brin. Baxad á las Cárceles, y subid al supuesto Polbieski. El Presidente quiere tomarle declaración. ( P ar¬ ten los dos mozos por las reXt , \ \ No sé por qué causa, á pes ar carácter que obtengo por hábito fisonomía y los modales de eS hombre han dispertado en nú. un 3”’j una cierta compasión ó curiosidjh que me interesa y me habla a vor suyo , casi á fe; alguna vez c toy tentado á dudar de su pero no soy yo solo el que p a(í ce esta duda. También el Presidí te me ha hecho unas preguntas*^ El reo llega; Pobre infeliz! Qué trl te y abatido está! ESCENA II. Los dos mozos entran por las •vdtf conduciendo á Carlos , encaden que vendrá pálido , con barba W‘ ga y pelo tendido , con un trag ( grosero. Car. Dexadme sentar: en el flaco cS ' tado en que me hallo , estas & cr leras me han privado el aliento-* 1 ' (respira, y reconoce el sitio .) ¿Ado fl de me han conducido? ( m i ra Á, paredes. ) ¿ Qué se quiere de mi e este sitio? (algo estremecido . ) / Brin. Buen hombre?.... (Le toen 1 hombro.) Car. Ah!. Sois vos?.Qué nue va me traéis? Brin. No muy buenas, amigo. Car Ah! ¿Euistei$ á los pies del Brin. Sí. Car. Y qué respuesta tuvisteis? Brin. Otro respondió por él. Car. Quién? Brin. El Senescal. Car. Cómo?.... Por qué? Brin. Qué queréis que os diga? él todas partes se mete, y es un & 0 vi! universal. Car. Y qué puedo esperar?
7 de Lemberg. brin. Nada. veo el de Polbieski. 7 ; O Dios! Habéis caído en malas manos, a ¡ r ; Qué queréis decir ? r r ^> Si supierais. T- Acabad. ¿Hay algún nuevo infortunio ? No, lo creo, puede que yo me e ngañe..... pero consolaos : enmedio de vuestras desgracias habéis encon¬ trado un protector. A ; X quien esr El Presidente. Sabed también, ^Ue del proceso formado contra vuesj* 3 persona por orden del Senescal, Jj 3 salido poco hace un auto de aquel Tribunal, que os dectara por impos- *?<“» pero el Presidente no le ha que¬ rido firmar, justo Cíelo! 1)1 • Alentad. No tardará mucho en Vcnt *r.Hablando con él. Quién Sa °e?.... Sí, puede ser..... mas ahora que os veo á la luz del dia fue- * a de aquellos obscuros calabozos, parece distingo en vuestro rostr° algún pequeño indicio del per— ^°nage q Ue representáis , y vuestra Reliada en verdad.Vaya. { C ar- \°* se levanta con desea de sa - Q b er mas.) Vuestra fisonomía no me es nueva. r * n ' Sin embargo de ser tan débil y ret Uota la semejanza que teneiS: con que es casi imperceptible á los °jos mas observantes. Yo le vi Pocos dias antes que perdiese la vi¬ da ; era el Oficial mas bien forma¬ do de todo el exército, pelo rubio, ‘ Q s ojos vivos, su «ara hermosa, y porte magestuoso: vos estáis des¬ colorido , flaco, y con el pelo her ' z ado , de modo que espantáis: la nar >z afilada, y toda la persona mal compuesta;, y si hay alguna cosa en v os q U e se | e p a r ezca , es solo el ^rar vuestro ; pues me parece que Car. Ay amigo! Polbieski era en a ^ tiempo , qual vos le pintáis. mas ahora es tal como me veis: siete años de pena y esclavitud ; el dolor de verme dividido de mi patria, y de una idolatrada esposa; las enferme¬ dades y los trabajos padecidos; han desfigurado mis facciones , mi voz, y todami persona. Sin embargo, el que se halla en vuestra presen¬ cia es Polbieski.Sí, el mismo que os habla. Brin . Pluguiese ai Cielo!.... Pero por desdicha tenemos un testimonio con indudables pruebas de su muerte; yo le amaba , y si viviera, no me ve¬ ría reducido al mísero empleo de carcelero. Car. Explicaos. Brin. Por su protección pasé desde sol¬ dado á Sargento , y quizá hubiera logrado otro ascenso: además le soy deudor de la vida. Car. De qué modo? Brin. Escuchad. Se celebraba un día el cumple-años del Soberano , y todo el regimiento estaba sobre las armas para dar una idea de nuestra peri¬ cia en ellas * nuestros Gefes manda¬ ron que nos dividiésemos en dos columnas ; que la una asaltase y la otra defendiese un puestb atrinche¬ rado , presentando con una acción fingida la imágen de un verdadero combate. En el calor de la acción, mientras entre el polvo y el humo que nos cegaba éramos conducidos al ataque, desgraciadamente tropeze con la bayoneta armada con el Ma¬ yor Polbieski, que defendía la trin¬ chera , y cayó al golpe gravemen¬ te herido. El hecho era demasia¬ do público para que se me pudie r3' ocultar. Me arrestaron y pusie¬ ron en un calabozo: alguna peque¬ ña diferencia que había pasado en-
8 Las Cárceles tre raí y el Mayor pocos dias an¬ tes, dio motivo á los mal inten¬ cionados para imputar el acaso á un golpe premeditado de venganza y de asesinato. Ya estaba conduido el pro¬ ceso , y me hallaba irremisiblemente perdido, quando Polbieski, sin cui¬ dar de la herida, superior al pro¬ pio resentimiento, con la voz y con las pruebas me protegió , desmintió las acusaciones, y me salvó el honor y ¡a vida. Car. Tú eres aquel?.... Tú? Ah! {Trans¬ portado de gozo. ) El Cielo me pro¬ porciona el hallarte, el Cielo. { Se desabrocha el pecho.) Mira: esta es obra de tu mano ; mira la cicatriz de la herida que tú mismo me hi¬ ciste : á estas señas y pruebas dexarás de dar fe?.... Di ahora, si pue¬ des dudar que yo sea el mismo Pol¬ bieski? Brin. Qué es esto?.... La misma cica¬ triz y en el mismo parage la tenia Polbieski. En verdad que empie¬ zo á confundirme.Vaya, si ape¬ nas lo creo.Oh! Es preciso verlo todo mejor, avisar al Presidente, y descubrir Aguardad un momen¬ to. De qualquier modo vuestra si¬ tuación me interesa , y prometo en vuesto favor. quiero probároslo. Llamo al*Presidente, y al momen¬ to vuelvo. ( Vase .) ESCENA III. Carlos , y después el Presidente , y Brin. .Car. Qué querrá decir? Yo no lo en¬ tiendo. Mi relación le ha agitado, y me pareció. Dios mío , tú que ves mi corazón, concédeme el con¬ suelo de abrazar á mi adorada es¬ posa una sola vez, y recibiré con¬ tento la muerte. Brin. Aquel es. , Presid. Despejad. (A los mozos ' habrán estado á la vista, y se ^ Brin. Idos á fuera para lo q u ^ ofrezca. {El Presidente se aC *e la ta mirándole atentamente de r á cabeza.) Car. ¿Qué significa, Señor, esta ce monia? „ Presid. Nada siniestro. Si te -falt® padre, en mis brazos lo hallar» 5. Car. Ah!.... Vos sois el primero dolor ) en quien oygo el idioma la piedad, desde que entré en e funesto pais. Presid. Estás afligido ? Car. Lo estoy de siete años á esta P^ te; pero este último golpe me ^ tanto mas sensible quanto menos e taba preparado para recibirle. ( j Presid. Hijo mió , sabes quién s °)' (tomándole la mano.) Car. Sí Señor. Presid. Querrás fiarte de mí? Me c ° cederás tu amistad? Car. Mi corazón la desea. . Presid. Pues habíame francamente! sin reserva alguna : yo te juro P el carácter sagrado que me hon ^ que guardaré tu secreto con escr 11 pulosi jad. Car. Voy á hablar. , ] Presid. Siéntate. {lo hacen los d°^ ¿Sabes que tu vida se halla en mayor peligro? Car. Es posible! Presid. Un funesto auto que el bunal. # 3 | Car. Os comprendo: me horrorizo mirar la verdad tan lejos de los u ^ £ brales de la justicia. Pocos aú° s ausencia..... Presid. De dónde venirte? En 3 tierras has estado? Qual fue 111 fugio ? / e u Car. Andrinópoli. Desde que entr aquel pais tan fatal para mi ^
de L¿ ta d » parece que desplomó sobre mí Su maldición el cielo : los desastres y los afanes fueron mis compañeinseparables*, herido y casi mo¬ ribundo caí en poder de nuestros enemigos , que sordos á mis roces, 7 á las de la piedad , me sepulta¬ ron en un abismo , en donde mil y mil víctimas desgraciadas gemian palmenta entre los pestíferos alien¬ tos que nos circuían : aquel horren¬ do subterráneo parecía el albergue de la muerte: allí se veían mil sol¬ dados amontonados faltos de todo, ,n iplorando la muerte. Todo era desoperación y lamentos. Un pan ne¬ gro y mohoso era nuestro alimen¬ to ; y una medida de agua pestí- , apagaba la ardiente sed que ^rasaba nuestras entrañas. De im¬ proviso nos sacaron de aquella es¬ pantosa cárcel para conducirnos á °tro encierro : yo supe aprovechar¬ le de aquel instante favorable ; y ya fuese suerte, ó viveza mia, lo¬ gré engañar la vigilancia de las guar¬ dias , y escapar de sus manos. An¬ duve vagando por paises desconoci¬ dos, atravesando montes, y siguien¬ do valles y bosques, sin guia ni so¬ corro , y las mas veces careciendo de los necesarios alimentos; el cam¬ po abierto me servia de albergue, y las yerbas de cama ; después de tantas penalidades, volví á ver mi amada patria : y quando esperaba consolarme en los brazos de mi es¬ posa e hijo , cuyo paradero ignoro, encontré la mayor ingratitud , me Vl desconocido y preso, por orden del Senescal mi pariente. O Dios toioj.... y tal vez no saldré de aquí sino pam el último suplicio. resid. [Infeliz, que ño te se pue¬ de dar otro nombre; si efectivamen¬ te eres Polbieski, si no mientes, pro- Miberg . g cura probarlo auténticamente evitan¬ do el peligro que te amenaza; mas si todo es ficción , estremécete y tiembla! Car. Puesto á vuestras plantas , como si me hallase en el último instante de mi vida, os juro que soy el in¬ feliz y perseguido Carlos Polbieski.... Creedlo á vista de estas lágrimas, hijas de mi dolor.... ( E ntusiasmado .) Creedlo á vista de mi intrepidez y franqueza, que manifiesta mi ver¬ dad. Creedlo á vista de estos ir¬ refragables tesrigos que pude con¬ servar á costa de mi vida. Este so¬ lo es la patente con que se tne con¬ firió el grado de Capitán , pocos me¬ ses antes de mi esclavitud. Este es el retrato de mi esposa Emilia : si mis palabras no os mueven , si tales pruebas no os persuaden; en nom¬ bre de la humanidad y de la justi¬ cia, os suplico que me presentéis al Soberano; yo me sujetaré á qualesquiec careo; yo mismo seré el defensor de mi inocencia; en mis palabras, en mi intrepidez y en mis obras reconoce¬ réis que soy Polbieski. Presid. N > me engaño. ese entu¬ siasmo, ese fuego...... estas señas..... Quién podrá ser sino éi Yo creo será verdad quanto acabais de decir¬ me: sin embargo son necesarias prue¬ bas mas convincentes. ¿Quién testi¬ ficará á vuestro favor? ¿Quién os co¬ nocerá por Polbieski desmintiendo los documentos de vuestra muerte? Car. Quién?.... Aquella que tantas ve¬ ces he pedido en valde : la suspi¬ rada compañera de mi vida, mi es¬ posa Emilia, á quien no he vuelto á ver desde aquel infeliz instante. Ella descubrirá quién soy , á pesar de la mudanza de mi suerte ; solo esta gracia imploro, os la pido ren¬ didamente. a
Las Cárceles Brin. Luego? presid. Al instante. Brin. Obedezco.Que será esta no¬ vedad? {Aparte.) Seguidme Señores. Rey. Voy. . Presid. Sobre todo os impongo silencio en quanto veáis y escuchéis. Brin. Sé mi obligación. Presid. Volved aquí luego. Brin. No perderé tiempo. A este {Aparte.) no le conozco, y al otro apenas le distingo. Quién serán? ( Se va con el Barón por la esca¬ lera de la entrada.) Rey. Quál es vuestro designio? Presid. Os he traído á este parage pa¬ ra haceros testigo de las verdades que antes os declaré. Este es el parage donde el pérfido Senescal vendrá á completar su traición. Rey. Y creereis que venga?. Presid. He tenido aviso cierto. Rey. No podré contener mi furor á su presencia. Presid. Si desea V. M. descubrirlo to¬ do, y convencerle en medio de sus culpas, moderad vuestra ira , sose¬ gaos , y por un solo momento fiaos de mis consejos. Rey. Me contendré? Presid. "Esa es la que busco. Brin. No he sabido su estado etl^ - de seis, años que me hallo aqtu* Presid. Poco importa. Necesito Brin. Señor, las órdenes del Senesca ••• Presid. Y las del Soberano? Brin. Teneis razón, obedezco. Eh. {Llama.) ESCENA IV. Mozo , y dichos. Moz. Qué mandáis? Brin. Las llaves. Msz. Aquí están. r Brin. Ven conmigo. ( Sube a I a ^ calera que conduce d las est cías , y d (a mitad de la esc ra abre una puerta.) No sé si l ¡ drá caminar, después de tantos^ que no hace exercicio. Es reg J haya perdido el uso y la í° c {Entran.) . \i Rey. Infeliz! ¿A tanto ha lleg ac T v crueldad del Senescal con ell j o ¡ Apenas puedo contener mi en<?) Presid. Esta es la primera escenarestantes os llenarán de horror» ESCENA V. ESCENA III. Brin , y los dichos. Brin. Aquí estoy á vuestras órdenes» Presid. Decid: ¿En dónde está la in¬ feliz muger de Polbieski? Brin. No tengo tal muger baxo mi cu'todia. Presid. Cómo! ¿Emilia Polbieski, no se halla en esta cárcel? Brin. Se halla una Emilia, pero no es Polbieski. Presid. Se llama Wértlay? Brin. Esó sí. .ijüi Brin y el mozo sosteniendo d s Jl y ayudándola d baxar , la d ! lí ¡ s t' pálida) vestida con extrema 11 ria,y muy abatida. Emil. ¿ Quién me saca del a ( Con voz desmayada.) en / vivido sepultada? Ay de débiles rodillas no pueden el peso de mi abatido Dexadme , dexadme en rosa situación .... ^ V Brin. Alentaos: estos dos sean veros.
mi !' O vosotros que sois testigos de estado, si teneis un rasgo de compasión en vuestro pecho , quiíadme la vida, y libradme de tatiafanes. r f s *d. -Sentadla allí. [Brin y el mozo ¿ ! *f secutan.) p tn \ Queréis otra cosa? r ^ Sl ‘d. Retiraos, y aguardad mis ór-‘ ocnes ; dentro de poco os riecesi- £ l ‘ > é ‘ ln ■ Hn qué parará ésto \ [Aparte, ^ yanse.) ■ 0 t¡u! r\.-' de Lemberg, 17 ra , la'gloriosa mano dé ese joven héroe, y haced de modo que pue¬ da descubrirle mis afanes, desven¬ turas , y el indigno brazo que me oprime. El Rey es justo , humano y clemente, y por lo mismo será protector de los infelices , y azote de los impíos. si habíais verdad,' si teneis algún poder , libradme de la infamia que me cubre í volved¬ me mi honor, y mi hijo ; que lo¬ gre abrazarle , estrecharle en mi re¬ gazo maternal , y cubrirle con * t * / ujdLUíiidi 9 y cuuiiiic cun 1111 J< l m Quiénes sois, Señores míos?.... llanto de placer.*... os lo pido..... Vué A*, .«. V --r ___J! 1 - ' _ - do quered de mí?.... ¿Habéis venipara verme acabar esta vida inos lo suplico rendida á vuestros pies con el mayor fervor. ¿Podré esperar el último Rey. Levantaos, lograreis vuestros deüfT? Sois enviados del Senescal? seos. Novenimos de orden del So- Emil. Yo abrazaré los pies de mi So- - ^ra n o . 1 ’ berano? "!*L\ Justo Cielo!.... El Soberano!.... Rey. Sí, Yy as tornada.) Gran Dios!.... ¿Ha- Emil. Ve r é á mi hijo? eis oido acaso los fervientes votos ~ — • • S ü e os he dirigido desde mi horren¬ da .prisión? es *ci. Calmaos: no agitéis mas vuesr ° oprimido espíritu con transpor- ^ es de furia. ^7. p ero . J7 S yerbad Llegó á idos del Monarca la triste historia Prg *? desgracias? i S l d ’Sí Señora. El Monarca lo sa- £ ® todo. Lo sabe? J**- Sí ; y está mas cerca de lo 1 ] e °s podéis imaginar; pues se ha- „?• Ml «i Lemberrg? Sll ’ , : armado de todo el rigor de lee C ?* e ra contra los traydores, y vi- Ki. d » Í ! , , , c ' n t ts - Oí . • Si en vuestro corazón qIíj- ^ e ntais la piedad y la-'compasión, g u - ^ ta mis infortunios-; dirigid, t as pasos á sus augustas plan- • -Uexadme besar, antes que muejR e y. También. Emil. Desdichado! Hijo infeliz! Tú vives todavía?.... La crueldad de los hombres te acrimina una culpa la mas infáme entre los vivientes, la de ser fruto de un enlace ilegítimo. Presid. Por qué no habíais de vuestro i esposo ? ; Ertiil. Ay DloSmiod [Llora.) Presid. Lloráis? Emil. ¡Con qué golpe tan cruel me ha beis potado el corazón! Presid. Qué fue de vuestro esposo? Emil. Le -perdió.R.. Ahdesgraciadla Emilia!. Presid. Quáúdo le perdisteis? Emil. Siete años hace, peleando por su Rey en la baíalla de Caminiec. Presid. Estáis cierta de ello? Emil. Ojala no lo estuviese! ojala no hubiese visto los fuñ'eitoi testigos’de su' mtíerte! ! Presid. Sin embargo, hay quien afir¬ ma que Polbieski vive , y qo e est á.
Las Cárceles ? Car. Yos, Señor, aquí? A estas ho ras * mil. Polbieski!.... üs posible! v,omor Qué me anunciáis? _ Ah! qué débiles esperanzas intentáis Presid. Buenas nuevas; por ahora, oí* pn mí os dieo mas: en otra ocasión, 0 18 pronto á comprobarlo. Emil. Polbieski!.... Es posible! Cómo? Ah! qué débiles espedispertar en mi alma! Presid. Vos misma le oiréis. Emil. Ah, Señor!.... cómo me habéis os digo mas ; en otra ocasión , participaré. entre tanto , ved q ue iquella señora desea hablaros. mil. Ah, Señor!.... cómo me Habéis aqueua señora aesca «auiaiy®. electrizado!.... Qué sudor me cubre! Car . A mí? O Dios!.... En este tr Presid. Recobrad vuestra calma : so segaos. Emil. Quién es?. dónde está ese hombre?.... Que le vea, que le oyga, y* salga de una vez de la cruel inquietud que agita mi pecho. Presid. Ya lo vereis. Emil. Quándo? Presid . Ahora mismo. Ola? ESCENA VI. Brin , y los dichos . JBrin. Qué ordenan? Presid „ Conducid aquí á aquel hom¬ bre á quien esta mañana tomé de¬ claraciones. Brin. AJI instante. Se dirige á abrir otra estancia . Emil. Justo y piadoso Cielo, dadme fuerzas en este momento!.... Cómo se agita mi corazón al renovar la mi + -- ~ . ge. en el estado en que me ha¬ llo. no tengo valor. Presid. No importa: es preciso la oy^ gais , y quizá no os pesará haber tenido esta ocasión. id : este caba' llero y yo nos retiramos, y os dexamos en entera libertad para q u ® os hable. Se retira al fondo con el Rey. Car. Sois vos la que desea hablarme. Acercándose d ella temeroso. ^ Emil. Yo y que después de siete.anos de súplicas y llantos hallo por vez primera á mis semejantes , busco inútilmente algún rayo de es¬ peranza que alumbre la noche mis infortunios. Car. Dios mió!.... Esta voz. Est° acentos no desconocidos ( Apáft 6 ’’ penetran y agitan mi corazón. i n ^ en vano. Ahora veo que no soy e mortal ( A ella. ) solo á quien .suerte ha colmado de desventuras*'*' Vos también?.... memoria funesta del solo hombre que Vos también í.... , 0 ha sido admitido en mi corazón. Lie- Emil. Nadie , mas^ que yo , ha s némonos de una imagen tan dolorosu víctima ; mi juventud ha e * P . «o narlíi panero . de nada me rimentado toda la injusticia y cr sa. Yo nada espero, de nada me lisonjeo, sino de sumergirme mas y mas en el dolor y la desesperación. ESCENA VIL Brin y Polbieski , que salen por la yuertecita y y dichos. Brin. Aquí le teneis. s p re sid. Poned la luz allí,, y retiraos. Brin. Está bien. ( Pone la luz enci¬ ma de un peñasco y y se retira.) su victima ; mi juventua na . rimentado toda la injusticia y cru^ dad de que son capaces los ho>n bres. Yo había nacido para^ la vl tud y felicidad , y me creí yen 1 * rosa. Un solo instante cambio ^ suerte. fui esposa. ya no soy.fui madre, y se me a fr l ye á delito tan sagrado nombre*"^ era inocente , y aun lo soy, de .que es el Cielo buen testigo, y fidamenre se me acusa ilii h ° eS - que antepongo á mi misma v ‘ P a tá vulnerado , cubierto de i° ta
borrones , y de eterno Oprobio. Dios mío!.... ¿Pueden resistirse tan crueles martirios sin morir de dolor? y??. ¡A qué funestas imágenes (Aparte.) á qué ideas llama mi memoria la relación de esta muger!.... qué sos¬ pecha concibe mi corazón!.... por qué palpita? por qué tiembla? Emil. Decidme. Un frió sudor cu¬ bre al preguntaros. Es verdad lo que me han dicho? Q u é ? Emil, Que conocéis í Carlos Polbieski. Cf»r. Le conocí, y le conozco. Emil, Vos! á dónde? cómo? Ah! Sin duda me engañáis;.... os burláis de mis lágrimas. Ah cruel! Lar ' Qué relación teneis con él? y P°r qué causa os interesáis tanto en £ S (J s cosas? E m ' U . Ah!.... Me intereso mucho mas de lo que podéis imaginar. mas de lo que yo misma puedo comprehender. Yo le amaba. Ido¬ latraba en él..... p r . Vos á Polbieski? Emil, Con el mas puro, el mas tierno y-fino afécto. Por deber y de derecho era mió , sí ’, él solo era mió. Líír - n 0 ca g e . (Aparte y con v heza.) esta es mi esposa, sí, ella e s. Bien me lo anunciaba el cora¬ ron. O Dios! Cómo y á dónde la - ■ vuelvo ver?.... Ah. a ’á tirarse d los brazos , y ella t lo rehúsa. Qué intentáis? Qué exceso es este? ar ' Señora, veriais gustosa al desdi¬ chado Carlos? Le renovaríais vuestro Cj miño? Le otorgaríais vuestros aman- >d e s brazos?.... q 7 1 ^' ^ aun la vida. ar ' Sostened vuestra palabra , y le de Lmbsrg. 1 9 vereís. Emil. Justo Cielo !... t . Qué decís f...^ Qiié habíais!.... Car. Polbieski vive. Emil. Dónde se halla? Decidme.dón¬ de está?.... Car. Mas cerca de lo que juzgáis; se halla en esta ciudad , y aun en es¬ te albergue. Emil. Por qué tarda? Cómo no se presenta? Por qué no busca á su amada y tierna esposa? Ah! no quie¬ re ya á su infeliz Emilia! Car. Sí que la ama, mas que nunca, que á sí mismo. Por ella conserva la vida entre el piélago de las des¬ gracias que le rodean. Su bella imagen era el único confortativo que le infundia nuevo vigor para superar sus desdichas , la que solo le con¬ solaba, y solia inundar con las tier¬ nas lágrimas , así como la beso y llanto, depositándola en vuestras ma¬ nos. (Le da el retrato.) Emil. Qué veo! Eres Carlos? (Corre ha¬ cia la luz , y le mira con entusias¬ mo , y Carlos la sigue.) Car. Sí y esposa, y para que lo confir¬ mes mira esta frente. (Se et.ha d sus pies y descubre su frente.) Emil. Justo Cielo! (Le mira y se sor¬ prende y y la sorpresa le causa un. desmayo.) Car. El te abre sus brazos. Emil Carlos..... muero! (Al querer arrojarse en sus brazos desfallecey y . c ae ') Car. Emilia. mira. O Dios!.... Yo soy quien te llama. Tu Carlos. esposa ?.... Rey. No puedo resistir mas; me sien¬ to enternecido , y las lágrima» ba¬ ñan mi rostro. El Rey se adelanta para socorrerla; pero se detiene con la salida de Brin . *3
Z,as' Cdrceks Car. Como? De este modo se atreven ?.,.. Temblad de profanar el aígusto nombre del Soberano con ■ Up ESCENA VIH. Brin, baxando de frisa por la es¬ calera, y dichos. Brin. Ah Señor!... qué desorden!,... . qué peligro!...,-estoy perdido!.... Rey¡ Qué sucede ? Brin. Los he visto ahora yo mismo. . entrarpn ya......j baxan aquí..... Presid. Quién ? ■ Brin. Un Oficial de la sala y dos Ministros. el Senescal y su Secre¬ tario. Presid. Y qué buscan?.... Qué quie¬ ren?... . Brin. Lo ignoro ; no se lo pregun¬ té. Permitidme retirar ; estos pre¬ sos y prevenir..... Presid. No, que deben quedarse aquí. Yo os lo mando. Brin. Señor , si el Senescal descu¬ bre. Presid. Las órdenes • del Rey os de¬ fienden , y yo quedo á la vista. Se retira con el Rey al fondo. ■ acto..,.. ! Ofc. Impostor, tiembla tú mismo. No hay suplicio que pueda castigar t# delito. Car. Ay de mí! Dónde está el Pre¬ sidente?,... Lo que él me dixo? i* 1 ' dignos! no os horroriza asesinar d un inocente? Ojie. Inútiles ardides! Ministros, cual' plid vuestro deber, obedeced. Los Ministros, lo agarran, Carlos st deshace-de ellos, empapa sus cade* , ñas y dice r.esuclto, : C?r. E! Cielo fortalecerá á un inocente* y pereceremos todos. ESCENA X. Senescal, que baxa precipitado , J dichos. Brin. Ya llegan. Rey. No puedo contener mi furor. ESCENA IX. Un Oficial , dos Ministros de justicia, y dichos. Oñc. ¿Dónde se halla el supuesto Polbieski? Brin. Aquel es. ( Señala d Carlas, que se halla ocupado en el socor¬ ro de su esposa .) Ojie. Infeliz! Adora la clemencia del Soberano ( d Carlos ) y venera sus preceptos. El te indulta la pena y el deshonor de un público suplicio, concediéndote la gracia de morir den¬ tro de estas cárceles. Llegad. (A los Ministros.) Senesc. Por qué tardáis? Si se resiste, cayga á mis plantas víctima de obstinación. ( Los Ministros sacA^ las espadas.) Rey. Temblad todos. ( Desasiéndosf del Presidente que le contenia •) Infeliz el que dé un paso! ola !•*** entrad. Se abre la puerta de enmedio , sfi" len Criados con hachas encendidas, L guardias reales conducidas por e * Barón de Elving , formando me' dio círculo .... Car. Qué veo! { A un tiempo-) Brin. Es el mismo. Senesc. Estoy perdido! Ofc. Dónde me ocultaré!
de Lemberg, ^ .forma . un quadro , postrándose lodos en diferentes actitudes de sor- Pesa t júbilo y temor ; el Presidente Wfda al lado del Rey , en pie , - el eyiescal también en pie, pero en una postura humilde. Emilia perma¬ nece desmayada. ESCENA II. El Conde y y dichos. 2* Cond. S. M. viene. ¿ Están avisados los que deben estar presentes á esta au¬ diencia ? Bar. Sí Señor, se han avisado á to- Senescal, mañana nos veremos. dos los miembros del Tribunal, al / 7 / S Ti.'. \ TV. Aa>\ l áancpt víltrvrio de los ./• ocnescai, mauaii» { severo. ) que al momento ( dBrin . ) quede libre de sus prisiones este hom¬ bre, y se socorra á esta infeliz. Ma¬ cana comparecerán á mi audiencia quantos se hallan presentes. Presiden¬ te > vamos. La mano del Cielo os c °nduxo á mi lado. Proseguid ilu¬ to binándome. tr 'sid. Siempre será mi deber y glor ' a amaros y ©bedecéros. ^ ar ten todos menos Brin y Carlos que • Quedan socorriendo d Emilia . ACTO QUINTO. onregio con trono] d un lado puer - ] as y y en el foro se dexard ver por ^ r ex a una gran plaza y en la que h*brá pages y guardias de CorpSy distribuidos en buen orden. ESCENA PRIMERA. Director del Censetvatorm de. los huérfanos, . al Senescal, al Carcelero, y demás. Este momento es crítico, y debe excitar mucha agitación en varias almas. Cond. La misino me persuade. Bar. Dónde está el Presidente? Cond. Con el Soberano, ,á quien no abandona un momento : no pueden muchos gloriarse de una confianza tan completa como la que disfruta de S. M. el Presidente. Bar. Es virtuoso, y la merece. Cond. El Senescal viene. ( Mirando.) Bar. Qué discursivo y descolorido! en verdad no cambiaría mi suerte por la suya. . Cond. Querido,amigo, vos conocéis lo que es este paisj y para los grandes las tempestades son pasngeras. Bar. No obstante ; pueden ser terri¬ bles y dañosas. Cond. Mudemos de conversación, que llega. ^uron que entra por una puerta lateral. to ar . Todo esté pronto para la marc ha de S. M. Abranse las puertas y entren los suplicantes, pues antes su marcha se complace el Súbe¬ lo en darles audiencia. ^ «bren las re xas que hay en el fo- °> y entra mucha gente que las guardias detenían . ESCENA III. Senescal muy agitado y muy taciturno, su Secretario , y dichos. Senesc. Me siento atribulado. ( Al Se¬ cretario. Se quita el sombrero , sa¬ lada y y le corresponden . ) Secr-et. Es preciso que mostréis valor, pues que teneis en vuestra defensa tales apoyos. Senesc. Cierto es, mas sin embargo, no
a* Las i puedo tranquilizarme. Secret. Al Presidente tío teneis que te¬ mer; pues se halla despojado de su empleo, y no tiene poder alguno. Cond. S. M. llega. {Todos se prepa¬ ran al saludo como corresponde.) Senesc. Oh! ¡Cómo al oír este nom¬ bre me late el corazón! Secret. Aparentad alegría , sed franco y ocultad vuestro sobresalto , porque de lo contrario os podría perjudicar. ESCENA IV. TI,Rey, el Presidente , y Guardias de Corps que le preceden y cierran la comitiva , y dichos. Senesc. Permitidme, gran Señor, que á vuestros pies. Rey. Qué hacéis, Señor Senescal! Qué ceremonias! Qué intempestiva humi¬ llación! {Disimulando su enojo.) Senesd. O Dios! No estoy en mí: Rey. Perdonad si esta noche os he cau¬ sado una sorpresa , que quizá. ero la necesidad,.... el deber de un uen Soberano es el vigilarlo todo. Sin embargo , me persuado no me re¬ sultará mal alguno, antes bien es ne¬ cesario sepáis por mi boca lo que he resuelto sobre el particular. Barón de E-lviríg , ¿ donde están los que he mandado comparecer? Bar. Esperanj Señor, vuestras órdenes. {El ReyLhce seña de que entren.) Entrad, Señores. ESCENA V. Carlos vestido de Militar ; pero con¬ servando su ayre pálido y marchito. Emilia vestida decentemente , con rostro descolorido y abatido ; el Di¬ rector del conservatorio conduciendo de la mano d un niño ; Mayor Steing y Brin. Rey. Señores, esta es la vez primera os hablo públicamente. Deseo q ue todos se aprovechen de mis palabras y deseos..... Señor Militar, acercaos.-' {Carlos se acerca con modestia'-) Senescal , ahora que ha depuesto ^ indecente trage, mirad á este hotn' bre , examinadle bien , y decid 1 11 ® si le conocéis? Senesc. Y o {Lev anta la cabeza dgri^' mente , le mira y dice. ) no le c0 " nozco. Car. No?.... Ah!.... pérf..... Rey. Moderaos ( d Carlos. ) No ob¿" tante, me parece debierais conocerá' Miradle bieni Qué no conocéis á vue 5 ' tro primo? Senesc. Quién ? Rey. Vuestro primo Carlos PolbiesH Senesc. Gran Señor, eso no puede s ef ' Rey. Por qué? »SV;w¿:.Porqiie mi primo Polfcieski muri°' Rey. Quién lo dice? Senesc. Esta certificación de su prop* 0 regimiento , y la deposición de Tribunal. Rey. De esos dos Señores? {Señalad d los Diputados.) Senesc. De los mismos. Rey. Oid lo que dice esa muger, 4 1,5 es su esposa. A esta biea la conocí reís ? Oidla, que podrá deponer [0 ' cante á si es su marido, mejor ^ esos Señores. Senesc. Qué dice? Emil. Que este es Carlos Polbieskb 01 adorado esposo. . Rey. Oid también á Brin, Alcayóe ^ las cárceles, que le conoció un tíé* 1 ' po mucho mejor que yo os cofl oí co á vos, Senescal. Senesc. Y qué puede decir? Brin. Dig > y afirmo que este es C» ( '° Polbieski. Senesc. ¿Qué fuerza puede tener la v ° de un hombre, á vista de unos d° c
lentos tan respetables? ¿Ni qué au¬ toridad la confesión de una muger, <]ue por la ley ha sido castigada de Un feo delito, y como tal se halla privada^ de probar cosa alguna en derecho de justicia? y • Cierto es: Una muger que las le¬ yes han condenado, no puede hacer prueba alguna en juicio; pe?o antes es preciso examinar si esta muger se halla verdaderamente culpada del de¬ lito que se la imputa, y si es este toismo , ó la malicia , como creo, ^uien la ha condenado. ynesc. Su sentencia habla claro, f0'- Quál sentencia ? ^iesc. La que pronunció el Tribunal crimen. r __ De esos Señores?.... Ya. Y en 0 la fundaron ? * e »es c . En haber dado esa muger un niño á luz después de diez meses cum¬ plidos que se había ausentado su es¬ poso. 9 yy. Presidente, teneis aquellas cartas? ^ e sid. Aquí están. Estas son de Polbieski, escritas des¬ de el campo á su esposa, pocos dias antes que sucediese su supuesta muer¬ to; y halladas por el Presidente en¬ toe los procesos del Tribunal, y sepa¬ radas con artificio de la causa que se r seguido. Se. Y bien? •^y. Esto comprueba , que desde en¬ tonces su esposa llevaba en su seno el fruto de su feliz unión. esc . Pero Señor, cómo es **- e y. Esto supuesto: vos, Presidente, que tois legal, decid: ¿nuestras leyes reco¬ nocen por legítimo á un hijo que haya ^ nacido aun después de diez meses? Pr esid. Sí Señor; no hay la menor du¬ da; pues la naturaleza ha presentado toil naturalidades. Y varios observa¬ dores en sus escritos nos lo dicen. de Lemberg. 2 3 Rey. Además: si él mismo Pelbieskt en sus cartas reconoce por suyo este hijo, la sentencia que condenó á esta mu¬ ger es injusta , y queda anulada des¬ de este instante: luego si la muger es inocente, puede probar en juicio ; y testificando una esposa la existencia de su marido, ¿quál declaración pue¬ de ser válida y segura? Senesc. Pero la fe debida á los Señores Diputados.su sentencia. Rey. ¿Qué fe queréis que yo dé á unos miembros corrompidos, que venden al peso del oro la recta justicia, y las vidas de sus conciudadanos?.... lodo lo sé , Senescal: dos preciosas sortijas {Señalando.) hicieron decidir la in¬ existencia de ese infeliz: quatrocientos sequíes, del honor y la libertad de su muger, de los bienes, y la fama; de un inocente niño encerrado en el pues-? to del oprobio. Ahí está ese desdicha¬ do. ( iodos le miran , y sus padres con mayor ternura indicándola ale¬ gría que les causa el hallazgo de su hijo.) Oid desde el fondo de su cora¬ zón , como agoviado de sus desven¬ turas, os habla por mi boca. Pérfi¬ do pariente, ¿no te basta haberme quitado los bienes y la existencia ci¬ vil, haberme sepultado en el olvido, quitar el honor y la libertad á mi ma¬ dre, sino que quieres también usurpar la vida de mi amado padre?.... ¿Qué te he hecho para que de este modo me odies ? ¿Qué te ha hecho toda esta I r , c v • infeliz familia?.... Temblad de la jus- I fruto de su feliz unión. Gdo y del Soberano: ella Pero Señor, como es posible..... lé ; os . t i émbla, tiembla, ó des- '• Esto supuesto: vos, Presidente, que > ,,, .¡cotes.Alto- IIU CSlet JV-JVJO. - - y afinado! de sus justos rigores.Aho¬ ra lo que yo mfimo te digo, y sean estas las últimas expresiones que oygas de mis labios: infame, detestable, hombre con acciones de fiera, despó¬ jate de esas respetables insignias que te distinguen. La voz del pueblo opn-
24 Las Cárceles mido por tus exterioridades, ’ por tus injusticias; la voz de tu Rey te lo im¬ pone; sí, depon aquellas honradas insignias que has profanado, y aquel carácter y grado que has envilecido. Otro mas digno , mas prudente y sa¬ bio que tú, está elegido para ocupar¬ le. Este ( P or el Presidente.) es tu sucesor.Ruborízate, confúndete de haberle perseguido: en el mismo tiem¬ po que empleabas en su ruina, has fabricado la tuya. Prepárate á dar cuenta de tu conducta, y á ser casti¬ gado con rodo el rigor de las leyes. Capitán, á vos os lo entrego: me res¬ ponderéis de su persona. El Senescal abrumado del peso de su delito , dice : Ah!.... Estoy perdido! ( Se va entre la tropa .) Presid. Ah!.... mi Soberano!.... Esta recompensa tan generosa. (De ro¬ dillas.) estos premios exceden. Rey. Callad y levantaos. Y vosotros, iniquos corruptores ( A los Diputa¬ dos. ) de la justicia. mas no quiero envilecerme con castigaros ni repre¬ henderos. Salid de aquí: os destierro de mis dominios para siempre; y oja¬ la pudiera echar de vuestros pérfidos y contaminados corazones tantas hor¬ ribles'y abominables culpas. (Se van el Mayor y Sieing muy afligidos >) Presidente, á vuestro cargo dexo subs¬ tituir sus empleos en unos hombres de F ] de Lemberg. luces y providad cbñócidd.V.. VuéSíf®* primeros pa<os en la carrera del g 0 ' bierno sean dignos de aquella alma no¬ ble que os engrandece. Amad al jm t0 > y proteged al oprimido; sed el am¡g°> y no el lirano de la humanidad: y v0 ‘ r sotros, esposos hasta aquí desgracia*' dos, reunios: Yo os devuelvo vuestro legítimo hijo (Le reciben y abrazó’) ' vuestros bienes y empleos, y os con¬ cedo mi amistad. Amadme, y vivid felices. Nobleza y plebe de Lembergr yo os dexo; mas antes de haceiló ® s he querido dar una prueba de mi car*', ño, accediendo á vuestros votos, y parando vuestras necesidades. SedmC tan fieles como mi amor lo es para to-" dos, y no olvidéis que en qualquier 3 . cirdunwancia, uno de mis primeros cu>' dados y de todo buen Soberano , es el, hacer dichosos y felices á sus vasallo 5 *' Presid. Ah Señor! Car. Príncipe justo y clemente...., Emil. Generoso Monarca!.... Brin. Padre benigno. Cond. La comitiva espera. Rey. Amigos.Hijos mios. A Di 05, ' Se encamina por las rexas seguid 9 de todos ; e> Presidente d la derC' cha , y Je da el brazo para ent.rtf en el coche. Barón y Conde entra * 1 después ; otros cortesanos entran t * 1 otros coches ; y todos los que que~ . dan, gritan : Viva. N. CON LICENCIA: VALENCIA: EN LA IMPRENTA DE ILDEFONSO MOMPÍ& Año 1816. Se hallará en la librería de Miguel Domingo , calle de Caballeros , mero 48; asimismo otras de diferentes títulos , y un surtido de i 8 d netes por mayor y d la menuda .